Por Ramón Becco

El Cabildo que no se ve

 

La historia de los porteños y por prepotencia unitaria, la memoria de los argentinos, tiene un paseo obligado donde reconocer nuestros mitos fundacionales. Y medianera de por medio, un paseo de yapa, el Pasaje Roverano con la barbería que usaba el papa Francisco.

 

 

 

Ramón Becco | Cronista de mitos y leyendas populares.

 

 

El Cabildo de Plaza de Mayo es uno de los símbolos más sorprendentes de la historia porteña. Los desguaces a los que fue sometido lo convierten en una parábola de la argentinidad.

El Cabildo es una institución española. Una señal inequívoca de que un conquistador estaba dispuesto a pelear por el territorio que había ocupado, usurpando de hecho a quienes lo habitaban anteriormente, estaba en dividir las tierras en solares y en designar un lugar para el cabildo. Era la expresión edilicia del rey. No había ciudad reconocida por España si no se constituía el cabildo.

Fruto de una historia nacional fuertemente unitaria, cuando se habla de cabildo se piensa en el de la Plaza de Mayo. Sin embargo hay muchas ciudades del país que conservan los suyos y algunas lo hacen con menos arrogancia pero tal vez con mayor rigor histórico ya que el de Buenos Aires es el que más transformaciones ha sufrido a lo largo de la historia colonial. Y un detalle más, querido lector de provincia, recomiendo observar si el cabildo más cercano a tu domicilio tiene torre o no, ya que este símbolo medieval es también una señal de meritocracia edilicia. Torre, reloj y campanario como legitimación de poder, marcaban la importancia de cada cabildo.

Por aquella idea de que se debe comenzar por la cabeza y que la palabra cabildo viene de capitolium y este a su vez de caput, provenientes del latín. Es interesante imaginar el poder de la impronta racionalista y vertical que se imponía: cabeza, corona, capital y poder.

Luego de los primeros escarceos mantenidos con el director de esta revista, Ramoncito Becco encontró una guía muy personal y lo suficientemente ecléctica para resolver la secuencia y la selección de estas recorridas mensuales.

Fue el mes pasado en el cementerio de la Recoleta donde Ramoncito supo cómo y por dónde llegar a marzo. Lo condujo la historia de los Roverano desde la Recoleta. Luego de saber que el mausoleo de esta familia con la estatua de un migrante italiano no guarda ninguna tumba pero sí una rica historia, tomó la decisión.

Descubrió que el recuerdo más importante de la famiglia no está en los cementerios sino justamente en el pasaje que lleva el nombre de los Roverano. Fue construido en 1878 por Ángel y Pascual, hijos de Don Francisco, gringos que desgraciadamente murieron muy jóvenes. Para aprovechar el recorrido cuando ande por el Cabildo no deje de visitar el Pasaje Roverano que está ahí nomás, contra la medianera del patio trasero. Allí podrán conocer a Omar Ruiz, encargado del edificio desde hace 45 años, responsable de que los bronces de la galería brillen como hace más de un siglo y también de aportar memoria a la memoria.

Ruiz sabe que Jorge Bergoglio antes de ser Francisco asistía religiosamente a la barbería que está en la entrada principal del Roverano. Y un secreto: es el único edificio que tiene salida propia al subte A. Dato que hasta los porteños desconocen.

A Ramoncito Becco, le parecía un pecado que los visitantes del Cabildo dejaran de sin recorrer el pasaje Roverano, máxime cuando ambos edificios en el año 1889, fruto del afrancesamiento porteño, quedaron arquitectónicamente mutilados. Don Torcuato de Alvear decidió en 1889 abrir un boulevard que permitiera enfrentar visualmente la Casa Rosada con el Congreso de la Nación. La ampliación fue de 30 metros de ancho y el primer empedrado se construyó en madera de pinotea.

El Cabildo sufrió recortes por derecha, por izquierda y hasta una de sus  cúpulas, tal vez la más alta y ornamentada, fue suprimida. Quienes decidieron quitarle esos metros de base vieron que corría peligro de derrumbe. Antes de la operación de Alvear, los italianos le habían construido una torre de tres pisos que incluía un reloj traído desde Inglaterra. El poder político, efímero como las modas, en lugar de respetar el pasado eligió un cabildo prêt-à-porter.

Es el edificio histórico con más modificaciones.

Con los años la pérdida de poder institucional lo convirtió en un comodín decorativo, muchas veces descuidado por el presupuesto nacional o municipal. De todos modos la categoría de museo le permite hoy permanecer como guardián de la memoria.

Lo más interesante del Cabildo son los relatos de las visitas guiadas (con ingreso gratuito). Así se puede conocer que fue prisión, tribunal de justicia y sólo podían acceder los hombres que tuvieran tez blanca. Un día, y tal vez por esa misma razón, el poder no pudo frenar que aunque más no fuera para derrocar al virrey se constituyera un frente patriótico. La unidad de tendencias políticas diferentes como las que profesaban Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, el cura Manuel Alberti, Juan José Castelli o Manuel Belgrano hizo que hubiera 1810. Tal vez una metáfora de este 2019.