Santa Fe

COMMUNITAS | Un proyecto cooperativo de locos

En Rosario, bajo el modelo cooperativo, se puso en marcha un espacio de atención en salud enfocado en las adicciones y la salud mental que hace foco en la inclusión laboral y social.  

Por Cecilia Ghiglione | Redacción COLSECOR

 

Trabajar en el ámbito de la salud, y en particular vincularse con la atención de padecimientos mentales,  es una tarea que demanda hoy nuevos enfoques en función de los cambios de paradigmas.

La Ley de Salud Mental  de nuestro país, votada en 2010 por el Congreso,  concibe a esta condición como un entramado en el que intervienen factores sociales, culturales, económicos, biológicos y psicológicos; y que demanda, en tanto, un abordaje interdisciplinario. La norma sancionada por unanimidad por el cuerpo legislativo, contempla a los usuarios de salud mental como sujetos de derecho y promueve un cambio de modelo al desplazar la hegemonía psiquiátrica y con ésta los manicomios como instancia de depósito de las personas. (*)

En este marco legal nació Communitas, en la ciudad de Rosario, en 2013; una cooperativa de trabajo enfocada en la atención de personas con problemas de adicción, de salud mental y situaciones de vulnerabilidad social. Cuenta Camila Bettanin, su joven presidenta, que previo a conformarse recorrieron otros espacios de atención en salud estatales y se vincularon con gente que participó de la redacción de la Ley de Salud Mental “para darle forma al proyecto a partir de las necesidades detectadas”.

Hoy Communitas abarca un grupo de 5 cooperativas de trabajo que sostienen la idea de la inclusión social y laboral para el abordaje de ciertos padecimientos.

 

El origen

Nada es por que sí. Los miembros iniciales de Communitas se conocieron trabajando en el territorio. Camila cuenta que “realizaban capacitaciones interdisciplinarias  en el marco de un programa nacional de pasantías”. En ese contexto – explica – surgieron inquietudes que no se podían abordar en el corto tiempo que duraba el trabajo. “Si bien el programa era positivo porque vinculaba por primera vez a cierto grupo de personas con el Estado, surgían

problemáticas que la estructura no alcanza a resolver”.   Entre éstas, había personas con problemas de consumo de drogas y de vulnerabilidad social que no alcanzaban a tener continuidad en estos programas. “Nuestra idea fue crear algo que tuviera herramientas de capacitación y al mismo tiempo  una estructura que pudiera garantizar la asistencia ". 

 

Invertir la ecuación

Communitas está formada por trabajadores de la salud pero también del ámbito de las ciencias sociales y políticas que abordan interdisciplinariamente los dispositivos que utilizan.  Al año de su conformación ya habían abierto la Casa Terapéutica Productiva y hoy cuentan con dos de estos espacios en la ciudad de Rosario y persiguen la idea de un centro de noche. En lo que va del año han atendido cerca de 100 consultas.

Pero para dimensionar a Communitas hay que comprender el abordaje que la cooperativa propone en su espacio, de la mano de los cambios propuestos en la ley 26.657 de Salud Mental.  En un momento – dice  Camila – “entendimos que la inserción social y laboral, que en los tratamientos habituales suele ser un módulo ubicado al final de un recorrido, o una vez que la persona obtiene el alta médica, debía estar desde el inicio. Entendimos que a un sujeto, además de la atención profesional respecto de su problemática y todo lo que su caso pueda demandar de una institución de salud, es necesario darle herramientas para que pueda involucrase en un espacio productivo; porque el problema está ahí todo el tiempo, en esa doble cara. No somos partidarios de que una persona deba estar por dos años excluida de su medio de vida. A veces puede ser necesaria una internación, que debe ser lo más breve posible, pero lo que buscamos es que ese sujeto regrese a enfrentar su día a día”.

 

El Mejunje se subió al camión

La cooperativa El Mejunje es la pata gastronómica del proyecto terapéutico con el acento puesto en la autogestión y en generar una alternativa transformadora. Allí se hacen panificados, pre pizzas y está la opción de contratar el catering. Si bien es uno de los proyectos más exitosos en cuando a la demanda, “no lográbamos encontrarle la vuelta en cuanto a la rentabilidad para generar más trabajo genuino”.La posibilidad de obtener una franquicia municipal de food truck – una forma de venta de comida en la vía pública que tiene sus adeptos y detractores – les permitió de alguna manera dar ese gran paso. “Pensar en abrir un restaurante o un bar estaba lejos de nuestras posibilidades”, dice Camila. Subirse al camioncito a vender comida fue una el paso necesario.

 

 La opción cooperativa

Communitas es la matriz de un grupo de cuatro cooperativas de trabajo formalmente constituidas, y una quinta en proceso de armado, que contienen los proyectos productivos que surgieron de los talleres en la Casa Terapéutica. Camila explica que previo a conformarse en una entidad de la economía social recorrieron otros espacios dedicados a la atención en salud mental y, entonces, eligieron ser cooperativistas. “Estamos convencidos que bajo otra figura sería difícil pensar un proyecto de estas características”.

Además de la cooperativa Communitas, que tiene un modelo de atención que se visualiza en el espacio de la Casa Terapéutica Productiva, están las cooperativas dedicadas a producir con el objetivo de acompañar la inserción laboral y social. Cronopios, es una de éstas, ofrece  servicios de sonido e  iluminación para eventos. También producen la revista Que Sapa. El Mejunje,  otro de los proyectos, es de servicios gastronómicos.  Naranja y Verde es un emprendimiento textil que tiene una línea de mochilas, bolsos y cartucheras confeccionados a partir de lonas de camión. Por último, el grupo trabaja en el armado de una cooperativa de consumo. “Todas se conformaron con la idea de ampliar los espacios productivos que nacieron en el centro de día con la idea de mejorar las condiciones laborales y apostar por un crecimiento que tiene que ver con nuestra forma de pensar. Estamos convencidos que el camino está dentro de la economía social. Somos una experiencia local que muestra cómo el cooperativismo hace posible que esto exista. A diferencia de otras experiencias, nosotros no venimos del proceso que implica recuperar una empresa abandonada por la patronal sino que elegimos constituirnos de modo cooperativo”

 

Cronopios es actualmente proveedor de servicios escénicos del municipio de Rosario, entre otros clientes. El proyecto surgió de las necesidades planteadas por jóvenes que asistían a la Casa Terapéutica y se capacitaron con referentes en la materia. Los chicos que concurren al centro de día deben asumir su rehabilitación pero también tienen afrontar la exclusión laboral y social ya que pocos logran conseguir trabajo en su condición. Cronopios es un proyecto colectivo y heterogéneo que les posibilita asumir el doble desafío de superar el consumo problemático y trabajar en un espacio que los dignifica como sujetos.