Por Néstor Piccone

Francella es un animal

La película que estuvo en carteleras durante 2018 se estrena en televisión. Para mirar con respeto y cuidado.

 

 

Néstor Piccone | Periodista y licenciado en psicología

                                                                                                                       

Armando Bo y Nicolás Giacobone son nietos del legendario Armando Bo, aquel diseñador del cine erótico argento que inscribió para todos los tiempos la blanca palidez de los pechos de Isabel Sarli.

Ellos no heredaron del abuelo las inclinaciones más sensuales pero si supieron ampliar el imaginario transgresor de su paterfamilias recorriendo los  inacabados caminos del deseo.

Armando y Nicolás  triunfaron en el mundo como guionistas junto al mexicano Alejandro González Iñárritu, ganador de cinco premios Oscar, alguno recordado por el histrionismo exhibido por los tres en la entrega de la famosa estatuilla.

Cualquiera que haya visto Birdman o Biutiful, películas en las que compartieron staff con el multipremiado director, sabrán de su amor por  la locura; esa manifestación que a veces elige el sujeto inconsciente para enfrentar  situaciones límites.

Animal, la nueva película de Bo y Giacabone, es una aventura que cuestiona las reacciones humanas frente a las encrucijadas o las encerronas trágicas. Esos momentos paradojales a los que debemos enfrentarnos y en los que cualquiera de las soluciones que adoptemos nos hará pagar un alto costo afectivo o económico y, lo que es peor, nos llevará a violentar nuestras propias reglas morales, los principios  éticos que aparentemente nos rigen y por qué no, saltar las barreras del buen gusto. Momentos en los que las reacciones de nuestro cuerpo, las acciones menos pensadas y las interacciones con los demás nos resultarán ajenas.

Animal resume de manera inquietante, con un suspenso de cine policial,  muchas de las innumerables ocasiones en las que uno parece traicionarse a sí mismo, resolviendo problemas de manera inédita. Con acciones para las cuales no puede encontrar experiencias previas o antecedentes personales que lo justifiquen.

 

 

Animal, una producción de: Bowfinger International Pictures, MyS Producción, Rebolucion, Telefe,

con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA)

Protagonistas: Guillermo Francella, Carla Peterson. Gloria Carrá, Federico Salles,

Mercedes De Santis, Marcelo Subiotto.

Dirección: Armando Bo.

Guion: Armando Bo y Nicolás Giacabone.

Género: suspenso.

Calificación: apta mayores de 16 años

Disponibles en FOX App | COLSECORPlay | Sensa VOD

 

“Siempre hice lo correcto” grita en un momento Guillermo Francella, en el personaje de  Antonio Decoud, tratando de explicar lo que resulta inexplicable para todos sus seres más cercanos.

El tema de Animal es la donación de órganos entre seres vivos. Con todos los conflictos que acarrea, para quien lo necesita, como para el que decida cederlo. A no ser porque alguna situación morbosa le permita espectacularizar la noticia, son pocas las veces en las que los medios de comunicación se ocupan de esta problemática,

En Animal el caso se dispara por la necesidad de un trasplante renal. Sin espoilear al lector, nos atreveremos a enumerar una serie de pistas que puede orientar el calibre con el que se atreven a disparar Bo y Giacobone.

El Antonio Decoud de Francella es un hombre que trabaja de gerente en un frigorífico de carne vacuna, donde el contraste entre el rojo y el blanco es de una limpieza increíble, de quirófano. A pesar de que hay escenas con trabajadores que operan con las bamboleantes medias reses.

Francella luce una máscara hiperrealista y ninguna escena remite a sus mejores actuaciones del rubro humorístico o el hombrecito gris de El secreto de sus ojos. Aquí es un hombre contenido (siempre a punto de explotar) en busca de un hígado compatible. Superada la instancia de donación familiar, con algún grado de pérdida afectiva, el guión lo lleva a realizar una búsqueda lejana a sus convicciones y a las normas establecidas para la donación de órganos.

La verdad duele en la realidad cotidiana de nuestro país. La gente es reacia a desprenderse de una parte de su físico: por miedo, por no padecer con ese recorte una insuperable pérdida narcisista o por múltiples razones; no siempre explicables, ni traducibles en palabras.

Antonio Decoud es un típico exponente de la clase media argentina. De los que creen que todo lo que alcanzaron en su vida es porque se rompieron el culo y no le deben nada a nadie, ni a los amigos, ni al Estado, ni al sistema de salud o económico, ni a sus compañeros de trabajo. Está casado con Susana-Carla Peterson y tiene tres hijos: dos adolescentes y uno casi bebé, esos que las parejas tienen casi por descuido.

El donante Elías Montero es un joven, también de clase media que tiene una pareja de su edad pero con un detalle: viven como pordioseros en un edificio siempre amenazado por algún violento desalojo. El papel lo realiza Federico Salles, excelente poniendo el cuerpo a un personaje complicado. La desfigurada contracara complementaria del “perfecto” Antonio.

Las escenas, siempre sombrías, evolucionan en una Mar del Plata de invierno, ennegrecida por la mirada de una cámara que persiste en mostrar una ciudad bella, con olas bullentes, pero nublada, y  con lluvias cortadas a cuchillo por limpiaparabrisas de vehículos con destinos imprevisibles.

A pesar de todo, Mar del Plata se luce. No es la ciudad feliz que pueden disfrutar o padecer quienes la visitan en verano sino los que se atreven en invierno. La Casa Tomada de la película es el viejo y lujoso Chateau Frontenac, residencia de la familia Leloir-Unzué que muchos marplatenses recuerdan por haber celebrado allí su fiesta de egresados.

Animal tiene en la música un personaje más. Los acordes metálicos o corales inciden en la trama. Duelen, atemorizan o acompañan plácidamente. Es una crítica radical a personajes de una reconocible clase media argentina; con herramientas del grotesco, giros rayanos a lo repulsivo que pueden afectar a quienes estén pasando por situaciones de donación.

Mirada en positivo, es una provocación para comprender la imperiosa necesidad que tienen miles de próximos que no quieren morir sabiendo que otros podrían seguir viviendo sin mayores problemas con un órgano menos.