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Las cooperativas y la acción por el clima

 

 

Por Eduardo H. Fontenla

Lic. en Cooperativismo y Mutualismo y Lic. en Ciencia Política y Gobierno

 

En conmemoración del 98º Día Internacional de las Cooperativas y del 26º Día Internacional de las Cooperativas de Naciones Unidas

 

29 días separan la conmemoración del Día Mundial del Ambiente, 5 de junio, que tuvo como tema LA BIODIVERSIDAD en el marco del lema LA HORA DE LA NATURALEZA, con la conmemoración del Día Internacional de las Cooperativas, 4 de julio, cuyo lema es LAS COOPERATIVAS Y LA ACCIÓN POR EL CLIMA.

Dos efemérides importantes que se complementan y potencian a través de la oportuna invitación de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) que busca sensibilizar, pensar, recuperar y fortalecer actitudes constructivas en favor de un desarrollo cooperativo sostenible que cuide y mejore el ambiente.

Aunque son celebraciones mundiales, nosotros desde Argentina debemos encauzar el análisis y las acciones desde el mandato de la Constitución Nacional, que en su artículo 41 dice: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras y tienen el deber de preservarlo”.

Apoyados por este mandato constitucional, esta conmemoración debe tener una significación especial para las empresas cooperativas que han adquirido una gran relevancia en el ámbito empresarial, convirtiéndose en entidades socio-económicas de importancia en la construcción de un dinámico desarrollo local/regional articulado con el territorio para generar mayores ingresos, una equitativa distribución de la riqueza y la disminución de conflictos de intereses. 

Su relevancia económica está acompañada por una matriz empresaria que tiene como componente principista el ambiente.  Desde una concepción sistémica, está cohesionado y conectado por el criterio de identidad cooperativa, con los componentes económicos, sociales y de gobernabilidad.   De ello surge la obligación de profundizar este compromiso en todas las decisiones y gestionado de la mejor manera para un cambio positivo.

Es necesario entender que el componente ambiental no es un obstáculo para el desarrollo sostenible, por el contrario, es parte de la solución.

Hoy, atravesados por la dolorosa crisis sanitaria producto del Covid -19 que tomó por sorpresa a toda la humanidad, nos enfrentamos con situaciones nuevas que debemos resolver teniendo en cuenta las señales ambientales y lo que significan para nuestro futuro, para crecer y conseguir un buen vivir.

Esta dura advertencia de la pandemia global nos indica que existe un vínculo estrecho entre los problemas de las pandemias y la crisis ambiental y que la presión inaudita de las personas sobre la naturaleza está aumentando la ocurrencia de epidemias. Esta pandemia nos ha enseñado mucho sobre la vulnerabilidad.

Por ello, nos parece importante sumar y vincular de forma global los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la agenda 2030 de la ONU y, en particular los referidos al planeta: n° 6. Agua limpia y saneamiento; 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos; 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible y 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, efectuar una ordenación sostenible de los bosques, luchar contra la desertificación, detener y revertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica, con el pensamiento y la acción cooperativa acelerando su concientización y el trabajo sobre el sistema de sinergias.

Es evidente que hay sectores y actividades del movimiento cooperativo con mayor intensidad, escala y vínculo con el ambiente, pero aumentar el alcance y el compromiso,  es una responsabilidad que requiere la acción de todos ya que con el ambiente no podemos hacer lo que se nos ocurra o sea más rentable. Las cooperativas deben producir y prestar sus servicios con criterios ambientalistas y seguramente pensar y diseñar procesos de gestión e innovación abierta en armonía con los recursos naturales.

En materia de preservación de los bienes naturales, desde el movimiento cooperativo  y de las distintas ramas de actividad nos debemos preocupar y ocupar de problemas reales y complejos como la pérdida de la biodiversidad, el cuidado del suelo, los procesos de erosión y desertificación; el calentamiento global, la emisión de gases, la descarbonización de la economía, la contaminación atmosférica y del agua, la tala indiscriminada de árboles, bosques y selvas, la desaparición de áreas naturales y de los humedales.  Es imprescindible tener presentes los límites que impone la naturaleza al desarrollo económico y la relación entre las crisis ecológicas y las crisis sociales.

También este año, y a fines del mes de mayo celebramos y compartimos - del 16 al 24 de mayo- el 5to. Aniversario de la Encíclica Laudato sí, (alabado seas) que es un documento ecológico y una carta de navegación social sobre el cuidado del ambiente, protección de la vida y crítica al consumismo, en que el Papa Francisco nos recuerda “…la casa común de todos, donde todos somos parte y cuidadores de ella...” y nos dice que “…la tierra está entre los pobres más maltratados…”.  Ante los problemas del Covid-19 que no representa algo prometedor para el ambiente y frente a los desafíos que tendremos que asumir, hoy el Papa nos pide que seamos grandes y buenos administradores de la naturaleza y que mostremos valentía en la innovación experimentando nuevas soluciones y explorando nuevos caminos. (Papa Francisco, La Vida Después de la Pandemia, Libreria Editrice Vaticana, mayo de 2020, página 14).

El cuidado del ambiente nos es un debate abierto,  es una construcción, un mandato para “cuidar el ahora” para el “mañana”. En este 98° día internacional de las cooperativas y del ambiente debemos concientizar, profundizar, implementar y sostener nuestro compromiso en la acción cotidiana. Porque en esta construcción se están poniendo en juego los valores de la cooperación.

Es momento de desplegar voluntades, abrir diálogos intensos, documentados,  y desarrollar acciones políticas claras para recomponer y recalobrar en el mundo y en la Argentina la relación del hombre con la naturaleza, siendo las cooperativas un excelente puente de doble vía para hacerlo asociativamente, en democracia y con sostenibilidad.