#Aniversario

COLSECOR cumple 25 años

 

Hace un cuarto de siglo, 13 entidades de raíz cooperativa se reunían en la localidad cordobesa de Hernando para dar inicio a esta integración.

En  2020, las circunstancias mundiales signadas por la pandemia, volvieron imposible el encuentro previsto con todas las asociadas a COLSECOR para celebrar el aniversario.

 

 

 

 

CARTA ABIERTA 

25 años de COLSECOR

 

Martes, 5 de mayo, 2020.

 

COLSECOR cumple hoy sus primeros 25 años.

Nuestra intención era festejar, todos juntos, en el marco de la Jornada que desde hace once años nos reúne periódicamente en Córdoba. Razones por todos conocidas vuelven ese encuentro imposible.

Sin desconocer esa realidad, pero, al mismo tiempo, quienes hoy integramos el Consejo de Administración comenzamos la tarea de imaginar cómo podíamos establecer comunicación con todas y cada una de las cooperativas asociadas.

De común acuerdo, decidimos recuperar un instrumento quizás olvidado en estos tiempos digitales pero que muchos recordarán, ejerciendo la nostalgia, porque alguna vez fueron redactores y alguna vez, también, fueron lectores.

A través de la presente CARTA nos proponemos dar curso a las emociones, reflexiones, declaraciones e inquietudes que son habituales en el diálogo cooperativo.

Hablamos con la base y el sostén que da la confianza entre personas e instituciones que comparten una identidad y una convivencia. Nos gusta hacerlo así, nos sale hacerlo así.

Nuestra legitimidad, por origen y hábito, se construye en la transparencia y en la honestidad. Pertenecemos a los principios y a los compromisos que declamamos. Creemos con convicción en ser plurales, sabemos que los intereses diversos pueden ser armonizados.

Nos amenaza una nueva crisis y comprobamos que, una vez más, el valor de la solidaridad vuelve a ser refugio natural de los ideales humanitarios. No nos sorprende. Viene siendo nuestra práctica cotidiana entender a la comunidad como una cooperativa. Y viceversa.

Es en estos tiempos de inclemencia cuando cobra valor de novedad para otros lo que para nosotros es sentido común.  Sabemos de largo, como dicen las sabias palabras del querido Pepe Mujica, presidente Honorario de la Fundación COLSECOR, que: “La persona es comunidad.”

Somos cooperativa, somos comunidad.

Lo somos desde el momento en que esas trece entidades, nuestras Cooperativas Madres, decidieron la conformación de COLSECOR.

Lo somos en la obra cotidiana que, con compromiso y responsabilidad, cada asociada desarrolla en su pueblo.

Porque ésa fue, y seguirá siendo, la razón de ser de nuestra existencia. El desarrollo de los pueblos. Pueblos chicos, medianos, grandes. Pueblos COOPERATIVOS.

Defendemos una idea de soberanía comunitaria que reivindica para la Argentina de Tierra Adentro el pleno acceso a la comunicación de todos sus territorios locales.

No podemos, tampoco queremos, pasar por alto el contexto actual.

La emergencia sanitaria, de magnitudes e impactos nunca vistos, se tramita con dificultades coyunturales, pero, también, expone a la luz pública un devenir histórico con problemas de raíz. Muchos, entre ellos, estructurales.

La emergencia será, muy pronto, social. Así como las personas estamos indefensas frente al temido virus, la sociedad también será acechada por miedos y padecimientos inéditos.

Democracia es hoy una forma de gobierno, pero, sobre todo, una elección de vida. La solidaridad no puede quedar encerrada en ninguna cuarentena, porque sólo con participación ciudadana será posible atravesar este drama colectivo.

Nuestras cooperativas no pueden imaginarse hoy sólo cumpliendo las misiones del pasado. La inteligencia dirigencial nos exige pensarnos como organizaciones capaces de crear las alternativas de solución a los innumerables inconvenientes del presente y del futuro.

Si queremos aspirar a comunidades de bienestar, con paz social y progreso distribuido, tenemos que entender los problemas con una mirada integral que nos sirva para apropiarnos de perspectivas superadoras y que nos posicione en tiempo y espacio para delinear con suficiente claridad, el mejor trazo del interés general.

No podemos darle lugar central al desánimo, legítimo por otra parte, que nos producen las actuales restricciones y sus consecuentes daños.

Podemos permitirnos ser optimistas por el oficio solidario que hemos adquirido durante todos estos años como un saber consolidado en el obrar diario.

Ese capital nos enorgullece y distingue. Es un acopio de destrezas humanas y comunitarias ganado a fuerza de convicción y método. Frente a la convulsión que el terremoto actual contagia a evidencias y certezas, el principio rector de nuestro accionar se vuelve tierra firme: Cooperación es, SIEMPRE, Inclusión.

Desde nuestros orígenes, hemos entendido que la economía social es mucho más que la oferta de buenos servicios al asociado, con precios razonables y adecuada atención. Somos agregadores de valor a la sociedad. Tenemos la demostrada capacidad de darle respuestas conjuntas, coordinadas y superadoras a problemas difíciles.

Creemos, en consecuencia, que el cooperativismo que hacemos cada día debe ser comunicado, sin falsa modestia, a partir del reporte de los beneficios que genera. Narrarse bien es parte del hacer bien.

No creemos exagerar si decimos que una cooperativa es, en sí misma, una escuela de democracia, una que nos enseña a crear y compartir valor social.

Todo aprendizaje sucede en contexto y, hoy, ese contexto supone la acelerada digitalización de la vida en general y de la economía en particular.

Frente a esa novedad disruptiva, nos preguntamos, en voz alta y con oído dispuesto:

 

¿De qué modo vamos a participar en esa economía digitalizada?

¿Cómo será la proporcionalidad en la distribución de esa nueva renta?

¿Con qué proyectos nos incorporaremos?

¿Habrá eslabones cooperativistas en las cadenas de valor tecnológico a niveles local, regional y nacional?

¿La inclusión y la igualdad serán concebidas como ejes estructurantes del fenómeno o habrá expulsiones, dependencias y desigualdades?

¿Las personas serán dueñas de sus identidades y destinos digitales o serán avasalladas en sus derechos por el mercado, ahora en versión “electrónica”?

¿Cómo será la relación entre las personas, entre las fuerzas del trabajo y entre los territorios?

¿De qué manera va a impactar la dimensión digital en las comunidades y sus valores?

Estos interrogantes, a su vez, se amplifican y aceleran por la conmocionante actualidad que instala la pandemia.

¿Cómo va a ser nuestra vida el día después?

¿En qué tipo de espacios volveremos a reunirnos?

¿A qué distancias unos de otros? ¿Durante cuánto tiempo cada vez?

¿Cómo seguiremos adelante con nuestras actividades habituales si el aislamiento social, en alguna de sus versiones atenuadas, se vuelve rutina? 

¿Cómo se hará cooperativismo en esas circunstancias?

¿Los pueblos pequeños sentirán menos el cambio que las grandes ciudades?

¿Habrá migraciones en sentido inverso a las habituales, gente regresando desde las grandes metrópolis a sus lugares de origen?

¿El control tecnológico pondrá en riesgo libertades individuales?

¿La Democracia será jaqueada por un nuevo tipo de autoritarismo?

 

De repente, hemos pasado del ruido atronador de un consumo sin freno al silencio sombrío del posible cese de toda actividad.

Ya nada parece predecible. El corto plazo es tan incierto como el tiempo que se proyecta lejos.

Está claro que vivimos en un gran desorden establecido y que la sociedad se volverá cada vez más viral, en más de un sentido.

En esa oscuridad avasalladora, vemos una tenue luz.

Disponer de un hábitat tecnológico digital, concebido con modernidad y teniendo al cooperativismo como artífice determinante, puede ser otra oportunidad para desarrollar la sana interdependencia que caracteriza a nuestras cooperativas. El paso a dar para volvernos protagonistas de la recuperación de la convivencia al interior de nuestras comunidades.  

Sin paralizarnos, sin desanimarnos, podríamos resignificar lo que ya sabemos. Que la inclusión es la condición de existencia y posibilidad para nuestras organizaciones y lo es, también, para nuestras comunidades. Para toda la sociedad.

Nuestro pragmatismo potente nos ha permitido desarrollar capacidades para la reinvención y la regeneración en un país que se autoproclama federal, pero muchas veces desoye a sus ciudadanos y fractura a sus comunidades.

COLSECOR seguirá estudiando, planificando, consensuando. Nuestro trabajo se desarrolla haciendo todos los esfuerzos para ayudar a cada asociada en todos los temas en los que se ocupan.

Dialogamos con todas las entidades para elegir las mejores claves de análisis de las situaciones locales. Las conocemos de cerca.

Perseveramos en la integración. Invertimos en saberes y tecnologías, porque sabemos que el costo del atraso puede ser muy alto.

En el ideal del cooperativismo y en la defensa de una comunicación construimos una posición común. Hemos avanzado de manera notable, respetuosos de los ritmos y velocidades de cada asociada.

Hoy, nuestras cooperativas son el punto nodal de la conectividad tecnológica y, por, sobre todo, de la conectividad social. Son fuentes de servicios esenciales tanto como de amistad cívica.

Como cada vez que el dilema se plantea entre dependencia y exclusión versus interdependencia e inclusión, ya sabemos de qué lado estamos.

Vaya, entonces, nuestro abrazo de agradecimiento y reconocimiento a cada una de las personas que aportan su compromiso y esfuerzo para que esta gesta colectiva sea posible.

 

Consejo de Administración