Género

Carina Jacobo es la primera mujer al frente de una cuadrilla eléctrica

 

 

Hace 25 años que trabaja en la Cooperativa Popular de Santa Rosa (CPE), La Pampa, y desde hace un tiempo conduce una de las cuadrillas que realizza tareas en la calle.

 

Carina Elisabet Jacobo es la primera mujer que se sale del molde en el trabajo dentro de una cooperativa. Lo habitual sería verla en áreas como atención al usuario o administrativa pero ella se sube a la grúa e inspecciona las conexiones eléctricas domiciliarias en las calles de la capital pampeana.

La historia la rescata Mario Vega, en el diario La Arena, señalando que “todo cambia”, por suerte. Y vaya que este es un hallazgo porque hasta ahora no hemos tenido noticias de una mujer al frente de una cuadrilla eléctrica que trabaje en alguna de las cooperativas que brindan este servicio a lo largo de todo el  territorio. “No ocasiona menos que asombro en los vecinos ver en una cuadrilla a una mujer con ropa de grafa e instrumentos eléctricos inspeccionando medidores y subiendo escaleras para una determinada maniobra”, describe Vega.

Carina comenzó a vincularse con el cooperativismo en la escuela secundaria donde integró la primera promoción de egresados en cooperativismo de un curso que dio en su escuela la propia CPE.

“Cuando finalizamos preguntaron quién quería trabajar y yo me anoté junto a una compañera, Marcela Ambrosio. Estábamos en la parte de Educación Cooperativa, y lo que hacíamos era el fomento de la actividad en escuelas de Santa Rosa y de localidades interconectadas”, precisa. “La verdad es que hubiera querido seguir en la universidad, hubiera estudiado óptica pero no había medios económicos en la familia y tomé la alternativa de comenzar a trabajar”.

Inquieta, Carina no se quedó con su primer trabajo y ocupó otros puestos en la cooperativa hasta que decidió formarse como electricista. Esta capacitación le permitió integrar el área de energía en la CPE.

Hace unos cinco años pasó a trabajar en el sector de pérdidas no técnicas, que es una dependencia que se dedica a actuar en casos de hurto de energía, “una práctica muy peligrosa, porque más allá de ser un delito, pone en serio riesgo las vidas de las personas que la realizan”, advierte.

Carina destaca el apoyo de dos jóvenes compañeros de su sector (Emannuel Polisuk y Leonel Mángano) que la ayudaron a conocer los secretos del oficio. “Lo que pasa es que soy muy buena cocinera, me fascina cocinar, así que les traigo desde tortas hasta comida… en ese sentido no se pueden quejar”, dice sonriendo.

Cada vez con más confianza en sus conocimientos, aprendió a moverse en la calle, a cambiar medidores y se animó “con la supervisión de los técnicos a realizar cortes de directa”.

 

La primera vez en las alturas

Trabajar con la energía es una tarea riesgosa y quien la realiza no debe confiarse y tomar todas las medidas de seguridad necesarias. Carina se considera una mujer valiente pero confiesa que su primera subida a la grúa fue complicada: “tuve que pedir ayuda a uno de mis compañeros para que me acompañe. Cuando puse mi pie en el balde (la olla a la que se sube el operario para que la grúa lo eleve), ahí por un rato se me fue toda la valentía. Pero con el tiempo pasó y ahora lo hago tranquila”, cuenta mientras se ríe.

 

Los problemas en la calle


A veces la tarea que deben llevar adelante reconoce momentos “nada amables”, y en más de una oportunidad se han producido hechos poco gratos: “A la cuadrilla le han arrojado objetos contundentes y hasta llegó el caso de que los muchachos fueron amenazarlos con un arma”, revela.
No obstante, a la distancia, se acuerda ahora con cierto humor de algunas circunstancias. “Recuerdo una vez que hicimos una inspección en un domicilio donde sabíamos que estaban conectados en forma ilegal… golpeamos la puerta para dialogar y desde dentro de la casa un hombre hablaba en tono alto diciendo que él no tenía ‘nada que ver…’, y mandaba a su mujer a hablar con nosotros. Pensaba que éramos policías. Se alivió cuando se dio cuenta que éramos de la CPE. Pero igual le cortamos, y después la familia se insertó en el sistema”, comenta.
Cuando la cuadrilla asiste a una denuncia de robo de energía pueden pasar cosas complejas. “Una vez fuimos a cortar una conexión directa y una mujer empezó a amenazarnos con una botella rota y un palo… pero de repente agarró un cuchillo y empezó a cortarse las venas gritando ‘¡me suicido si me cortan la luz!’. Se armó un gran lío y tuvimos que llamar a la policía. Terminamos todos en la comisaría declarando”, contó.

“Soy de la gente que piensa que en la vida nada es imposible, y que aunque lo que hago parezca ser un trabajo para hombres también nosotras las mujeres tenemos las condiciones para llevarlo a cabo. Hay que animarse”, reafirma.

 

 

Fuente: La Arena