Santa Rosa

LA ENTRAÑABLE SEÑO OLGA

Olga nos recibió en su casa un día de mucho calor. Pero en ese lugar el calor no se siente. Es una casa como `las de antes´, con zaguán, ambientes amplios, techos altos y un hermoso patio, ubicada a una cuadra de la plaza. “En esta casa nací. Mi papá era uno de los sastres del pueblo y él la hizo construir. Calculo que puede tener cerca de 100 años”, comenta.

 Ya sentadas en el living donde se lucen los cuadros pintados por Gaby, Olga habla de su infancia. Es un lugar luminoso, donde antaño funcionaba la sastrería. `En el pueblo había varios sastres, es un oficio que con el tiempo se perdió´. Recuerda que Villa Santa Rosa era un poblado mucho más pequeño, que fue a la escuela primaria y como en esa época no había secundario estudió en Jesús María, donde vivía su prima. “Se abrió el colegio en Villa Santa Rosa y terminé los últimos dos años acá. Me recibí de maestra y empecé con suplencias en escuelas rurales, en distintos lugares, hasta que se produjo una vacante en la escuela Presbítero Brochero, donde trabajé cerca de 30 años. Enseñaba Lengua en los últimos años del primario, después fui nombrada vicedirectora y luego directora”.

Es curioso pero para quienes fueron sus alumnos, sigue siendo “la seño” o “la señorita Olga”. Y cuando uno la nombra, les arranca una sonrisa. “Fue mi maestra”, dicen con orgullo.

Olga añora aquel tiempo y dice que extraña el aula, el pizarrón y la tiza. “Era de llenar pizarrones, siempre me dijeron que era exagerada, porque tocaba la campana y yo todavía estaba escribiendo con el infaltable ¡vamos chicos!”.

Recuerda que nunca se sentaba. “Explicaba, les daba las actividades y pasaba entre los bancos. Entonces los chicos terminaban el día con la carpeta corregida. Y sin gritar, porque nunca me gustaron los gritos. Tengo gratos recuerdos, los chicos me quisieron mucho, siempre se portaron bien”.

Hoy sigue dando clases particulares. “Para mantenerme en la docencia, porque me gusta. Sé que si dejo un año, no voy a retomar más”.

El libro del pueblo

Hace unos años fue convocada junto a Inés Olmos, que se desempeñó en el Instituto Secundario El Salvador, para escribir la historia del pueblo en la serie `Historias populares cordobesas´ que editó la provincia de Córdoba.

“Haber trabajado en el libro es algo que me llena de satisfacción, porque amo a mi pueblo. Fue un trabajo arduo y destaco que además de lo que lo que realizamos acá, Inés se ocupó de viajar y recabar los datos que estaban, por ejemplo, en el archivo histórico de Córdoba. Estuvimos un año en total y los últimos 4 meses fueron intensivos, sin fines de semana libres”, recuerda.

Y no hay duda que tuvieron que moverse para conseguir la información, ya que la zona donde hoy se encuentra el pueblo es muy antigua. Ya en 1573 hay registros de ella. Este lugar, morada de comechingones y sanavirones, se llamaba Chamasacate, nombre indígena que significa “cerro de arena”. Don José de Pucheta compró las tierras a mediados del SXVII y cambió su nombre en homenaje a Santa Rosa de Lima. A fines de ese siglo construyó la capilla ubicada cerca del río, donde fue bautizado el Cura Brochero y cuya réplica hoy puede visitarse. Cien años después, se estableció la primera escuela. La localidad no tuvo fundación y un dato que se destaca es que en 1855 un decreto la declaró como `Villa Santa Rosa´.

Hay muchas características de este pueblo, una de ellas es que la plaza siempre fue un lugar de reunión. “Allí había un molino y la población iba a proveerse de agua. Luego se realizaros obras para mejorar ese servicio y la plaza se remodeló, ahora está muy bonita. Cuando era chica solíamos ir a caminar con mis amigas, y mi papá contaba las vueltas a la plaza, estábamos muy controladas. `Conté 12 vueltas´, me decía. Frente a la plaza estaba en tradicional bar El Cairo, donde los hombres solían ir a tomar algo. Actualmente, la plaza sigue siendo el centro y los domingos es notable el movimiento. Las familias van a pasear, en invierno los chicos jóvenes llevan mate”, cuenta Olga.

Un pueblo que crece

Santa Rosa es una localidad de alrededor de 8.500 habitantes. “Realmente ha crecido mucho. Lo único que necesitaríamos son algunas industrias, para que haya mano de obra y los chicos se queden. Tenemos todos los servicios públicos. Sólo falta el gas, sobre todo para la posible instalación de una empresa”.

A Olga le encanta vivir Santa Rosa. “En este pueblo está perfectamente distribuido todo, tenemos un centro bien delimitado, con la plaza rodeada por las instituciones como la Municipalidad, Policía, Iglesia y bancos. Muchos de ellos en inmuebles antiquísimos”, asegura.

El pueblo está rodeado de campos. La zona es principalmente agrícola- ganadera y hay algunos tambos. El principal festejo es el 30 de agosto, en honor a la patrona Santa Rosa de Lima, una tradición de alrededor de 200 años, que reúne a miles de personas, tanto a residentes como a quienes ya no viven en el pueblo pero vuelven para la ocasión.

Después de recorrer la plaza y las callecitas del pueblo, llega la siesta y la hora de volver de este lugar tranquilo, la tierra del Cura Brochero, primer santo argentino.

 

El Cura Gaucho

 

 “Sombrerito alón, hormiguita negra,

de sol a sol por entre las breñas;

un rezo aquí, un rezo allá,

desgranando rosarios el Cura va...

Va con su mula, firme y segura,

va don Brochero, va”

Carlos Di Fulvio

 

José Gabriel del Rosario Brochero nació e1 16 de marzo de 1840 en Carreta Quemada, un puesto cercano a Villa Santa Rosa. Pasó su niñez en la casa que hoy es museo y asistió a la escuela de la localidad. “A los 16 años decidió seguir la carrera sacerdotal e ingresó al seminario de Córdoba. Cuando fue ordenado sacerdote, trabajó en la catedral y después se va a Villa del Tránsito, hoy Villa Cura Brochero, donde realizó una intensa actividad pastoral. No sólo fue sacerdote, sino que también fue un visionario. Siempre luchó por el progreso y estuvo cada vez que el pueblo lo necesitó. Para Santa Rosa es muy importante ser la cuna del Cura Brochero. Falleció en 1914 en Villa del Tránsito”, explica Olga.

“Junto a Brochero se nombra a Villa Santa Rosa a nivel mundial. Su casa, el río, sus padres, su familia. Santa Rosa siempre va a ser importante porque es la cuna del Cura Brochero”, finaliza Olga Barreto.

En enero de este año el Papa Francisco firmó el decreto que confirma un segundo milagro del sacerdote, que se convertirá en el primer santo que transcurrió toda su vida en Argentina.