Entrevista

Las cooperativas sociales son interlocutores del sistema de bienestar italiano

 

Desde su reconocimiento legislativo en 1991, las cooperativas sociales se convirtieron en actores centrales en la administración de los servicios sociales y tienen un rol importante en la economía de aquel país.

 

 

La experiencia italiana en estas nuevas formas de cooperativas que buscan satisfacer el interés de la comunidad  puede  rastrearse en los años 70, explica Pablo Cangiano, un argentino que vive en Italia hace 25 años. Especialista en Sociología Sanitaria, Cangiano ha desarrollado su labor en el mundo de las cooperativas sociales italianas.

Desde hace 15 años es director General de la Cooperativa Social Duemilauno Agenzia Sociale, vinculada a servicios educativos, sociales y de rehabilitación en favor de personas vulnerables.

En una entrevista con COLSECOR Noticias, el especialista contó la labor que llevan adelante las cooperativas sociales italianas y la posibilidad de replicar el modelo en Argentina.

 

¿En qué contexto surgen las cooperativas sociales en Italia?

Es un contexto bastante particular. Italia tiene un sistema muy desarrollado donde el Estado tiene una función importante de garantizar los derechos de los ciudadanos. Para poder concretar esto, a partir de 1991 se estableció una ley que dice que las cooperativas sociales son uno de los actores principales en la administración de servicios a favor de la comunidad.

 

¿Cómo se vinculan estas cooperativas con el Estado? 

Hay distintos vínculos. El Estado licita servicios o hace convenios. Las cooperativas compiten entre ellas en las licitaciones  y organizan servicios muy complejos de cuidados a domicilio  para ancianos, jardines de infantes, geriátricos, de limpieza, jardinería, etc. Hay una ley que organiza todo el sistema, la 381/91, que da vía a la construcción de todo un sistema de cooperativas sociales. Para que tengas una dimensión, en 1991 había aproximadamente 1.000 cooperativas en Italia, con 27.000 socios-empleados en cooperativas de trabajo y de producción; hoy estamos hablando de más de 13.000 cooperativas y medio millón de personas que trabajan regularmente en un sistema de servicios con un valor de la producción alrededor de los 13 mil millones de euros.

 

En términos jurídicos, ¿qué es una cooperativa social?

Es una cooperativa de producción-trabajo  donde los socios son también  trabajadores, cada socio un voto. La característica fundamental  es que tienen un objeto definido, es decir que las cooperativas tiene que favorecer el bien de la comunidad y la integración humana utilizando dos instrumentos: las cooperativas que la ley define de tipo A que se dedican a los servicios educativos, de cuidados y asistencia a menores, ancianos, discapacitados y gente con problemas mentales; y las de tipo B, que son cooperativa de producción y trabajo que pueden hacer cualquier tipo de actividad a condición que un 30 por ciento de sus asociados sean personas con algún tipo de vulnerabilidad. Estas cooperativas tipo B tienen un sistema de beneficios económicos específicos, no tienen cargas jubilatorias y participan en el mercado como empresas. En todos estos casos el sistema está muy controlado, no se puede hacer lo que uno quiere, hay un acuerdo nacional sobre los precios entre los Ministerios, los sindicados y las centrales cooperativas. La característica central de estas empresas es la capacidad de organizar servicios en modos mucho más económicos que el Estado. Hay una idea ligada a hacer bien el servicio, pero hacerlo bien también en términos económicos, de equilibrio y de derecho porque los socios son empleados y la empresa tiene que andar bien para pagar los sueldos.

 

¿Por qué el Estado italiano optó por esta figura para organizar la asistencia?

El Estado italiano tiene dificultades  para organizar este tipo de servicios que son nuevos en el sentido que responden a una población adulta que está sola. Las municipalidades tiene a su cargo el cuidado de los ancianos en sus casas, lo que significa que tienen que organizar equipos de trabajo para hacerse cargo diariamente de un promedio de 600 adultos mayores que reciben servicios de limpieza, de cuidados personales , viandas, transporte, etc. Organizar esto desde la planta del Estado es muy difícil. Entonces, las cooperativas donde prevalece la idea de hacer bien el servicio, de no derrochar recursos, de que haya un equilibrio entre los derechos de los trabajadores y la continuidad de la empresa, lo hacen mejor. Son empresas que tienen continuidad  y eso es fundamental. En la institución que yo trabajo, que nació en los año 90 con 50 socios hoy tiene más de 700, hemos crecido siempre.

 

En Argentina, la experiencia de las cooperativas de trabajo suele ser diferente en su origen y en los procesos de toma de decisiones. ¿Cómo se lleva adelante una cooperativa de trabajo con tantos asociados?

Hay muchos instrumentos, fundamentalmente de formación del personal, de concientización  que el puesto de trabajo es suyo y tiene que ser garantizado. Nosotros hemos apuntado especialmente a la tecnología, toda la gestión de la cooperativa es on line, todos tienen un celular desde donde administran su hoja de trabajo, hay un intento muy fuerte de llevar adelante una gestión transparente con el compromiso del trabajador.

 

¿Tienen en general algún espacio físico común?

Las características de las cooperativas sociales es que tienen pocos espacios físicos comunes porque están distribuidas en todo el territorio. Obviamente que cuando tenés una comunidad para menores tenés ese espacio físico, pero la cooperativa funciona porque tiene una buena administración económica. Doy el ejemplo de mi cooperativa, pero que es el de casi todas. Nosotros tenemos un giro de sueldos de más de 1 millón de euros al mes y el 20 de cada mes el sueldo está, es eso lo que crea el vínculo. Se ha desarrollado una tecnología de la organización social, se apunta mucho a crear grupos de trabajo donde se resuelven problemas específicos porque no es lo mimo trabajar en un grupo de maestras integradores de una escuela que en un servicio de salud mental, son lógicas totalmente distintas y hay que personalizarlas. Hay punto en común como el derecho a votar, el derecho a participar de la vida de la sociedad  y el derecho a tener un sueldo todos los meses.

 

En nuestro país hay experiencias de cuidadores domiciliarios organizados en cooperativas, pero en general su inserción es marginal y precaria. ¿Crees posible desarrollar experiencias similares a la italiana sin un marco legal que las impulse?

En Italia funcionan porque hay una ley,  no es que son todos buenos  y están enamorados de la idea. Doy un ejemplo muy simple: a un hospital hay que limpiarlo, hacer manutención, etc. Si a esos recursos que vas a usar los orientas hacia las cooperativas hiciste tres cosas: tenés el hospital limpio, tenés una cooperativa que funciona y tenés integración social. Lo fundamental es que la idea no sea momentánea, tiene que perdurar en el tiempo y estar construida de modo  tal que esté en competitividad de mercado y no estar estrangulada.  Las grandes cooperativas se vuelven sujetos de diálogo del sistema. El Estado tiene un problema y llama a la cooperativa para resolverlo y la cooperativa tiene recursos para hacerlo.

 

 Por Cecilia Ghiglione