Por Bibiana Fulchieri

Teatro del Libertador San Martín

Texto y fotos: Bibiana Fulchieri

 

Considerado como una de las máximas joyas arquitectónicas del país, “el Libertador” -como le dicen los cordobeses- es hermano del Teatro Colón de Buenos Aires, ambos nacidos de los planos del arquitecto italiano Francisco Tamburini.

Este coliseo dio apertura el 26 abril de 1891 con una función especial de beneficencia y a partir de allí comenzó su historia, llena de datos curiosos, celebridades, leyendas…con gloria y algunas penas.

Su monumentalidad está asentada en una superficie total de 3640 metros cuadrados. Tiene un subsuelo y cinco niveles donde es interesante observar cómo también se pueden marcar las jerarquías sociales a través de la arquitectura. Nació como un lugar para los sectores de gran poder adquisitivo y era sitio de rigurosa etiqueta- salvo el episodio del gobernador Eléazar Garzón que tomó mate en uno de sus palcos- donde se bebía champán.

Por su escenario brillaron artistas de la talla del tenor italiano Enrico Caruso y las actrices Lola Membrives y Libertad Lamarque. En 1940 dirigió la orquesta el talentoso español Manuel de Falla.

Hubo bodas celebradas allí y un funeral, el del socialista Deodoro Roca, una de las mentes más brillantes de la Córdoba de la Reforma Universitaria.

Recientemente restaurado, luce con gran esplendor, aunque -dicen- perdura el fantasma del poeta Romilio Ribero, quien se refugió allí hasta su muerte, como si fuera su casa.