Por Dante Leguizamón

Neverland, abuso, porno y caramelos

 

El documental que narra las denuncias de abusos de dos víctimas de Michael Jackson, invita a pensar sobre las complicidades detrás de los episodios.

 

 

 Dante Leguizamón | Periodista 

 

Nota del autor: “Siento asco, repulsión, lástima y vergüenza. Nunca más voy a escuchar la música de Michael Jackson. Nunca jamás voy a mover una mano para bailar una canción suya”.

Así de contundente es la reacción que genera Leaving Neverland (Dejando el país de nunca jamás), el documental que cuenta la historia de Wade Robson y James Safechuck, dos de los niños que fueron abusados durante años por el músico norteamericano ya fallecido.

Nota del autor: “No puedo creerlo y, lo peor, es que algo dentro de mí lo sabía. Quiero decir, cuando era chico y veíamos a Jackson con niños en medio de sus giras internacionales, lo sabíamos. Cuando los medios de comunicación y las revistas del corazón mostraban su mansión que era visitada por niños que eran sus ‘amigos’, lo intuíamos”.

Lo que queda en evidencia al ver el documental de HBO es que la complicidad que tuvo -y tiene aun muerto- Jackson fue una complicidad sistémica que hace cómplices a todos. Claro, nosotros somos menos culpables que la industria de la música, o la del espectáculo, o la de las gaseosas. Somos menos responsables que la industria del cine o las discográficas y los parques de diversiones, pero también tenemos que ver en el asunto.

 

El negocio, antes que nada

 

Todos sospechaban que Jackson abusaba de los niños a los que presentaba como sus “amigos”, pero era tan fenomenal el negocio que significaba el nombre del cantante que miraron para otro lado. Por eso es tan valiente el documental de una empresa como HBO que soportó las presiones de la industria del entretenimiento (a la que pertenece) y, sin embargo, puso en pantalla este documental.

A lo largo de más de cuatro horas el trabajo de Dan Reed (director) muestra que, con el dinero que le dio su talento, Jackson dio vía libre a su perversión aprovechándose de los beneficios y del poder que tenía para imponer silencio a sus víctimas.

“Era una de las personas más atentas, amables, cariñosas y afectivas que he conocido. Me ayudó muchísimo en mi carrera, con mi creatividad, con todas esas cosas. Y también abusó sexualmente de mí durante siete años”, dice Wade Robson, que tenía siete años cuando fue abusado por primera vez.

Es difícil escribir sobre las cosas que pasaban en Neverland. Pero podríamos decir que el hecho de que Jackson les mostrara pornografía a esos pequeños, es uno de los menos violentos.

 

Leaving Neverland, Dejando Neverland fue producido y dirigido por Dan Reed.

Productores: Amos Pictures en asociación con HBO y Channel 4.

Disponible en HBO GO |COLSECOR Play

 

La crueldad (teñida de falso amor) desplegada por el músico contra los hombres que relatan los abusos que sufrieron de niños, resulta descomunal. El meticuloso y perverso lavado de cerebro al que fueron sometidos, la trama de complicidades —que va desde los empleados de Jackson a los que se enriquecieron a la par del músico— estremece y, finalmente, la “inocencia” (por llamarla de alguna manera) con la que los padres de los niños permitieron —indudablemente gozando de los beneficios económicos que aportaba “entregar” a sus hijos a la “amistad” de Jackson— resulta patética.

Los sitios especializados aseguran que, cuando se conoció que el documental estaba en producción la familia Jackson presionó por todos los medios para que no se terminara. Cuando se terminó, coaccionó a todos los que pudo para que no viera la luz y, cuando se hizo público; dio rienda suelta a los fanáticos para poner en duda la veracidad de los chicos abusados.

Las voces usadas para intentar desprestigiar a las víctimas fueron múltiples. Además de su familia que todavía vive de las regalías del músico, salieron otras declaraciones. Una de las más crueles es la de la cantante Barbra Streisand: “Las necesidades sexuales (de Jackson) eran sus necesidades sexuales, que seguro eran provenientes de la infancia que tuvo o de su ADN”, reflexionó. “Puedes decir que los 'molestaron'. Pero esos niños, tal como los pude escuchar, estaban encantados de estar allí. Después se casaron y ahora ambos tienen hijos, así que en rigor no los mataron”, señaló la cantante. Finalmente, Streisand reconoció que tiene sentimientos encontrados frente a la situación: “Me siento mal por los niños. Me siento mal por él. Culpo, supongo, a los padres, porque permitieron a sus hijos dormir con él”.

La estrategia de esta defensa es perversa. Si algo queda claro en el documental es que los niños por supuesto estaban “encantados de estar en Neverland”, pero eso no significaba que estaban en condiciones de defenderse ante las manipulaciones perversas que su ídolo ejercía sobre ellos. 

La trama de la verdad

Leaving Neverland está producido y dirigido por Dan Reed. Estrenó el sábado 16 de marzo.

Allí, James Safechuck, una de las víctimas, actor infantil de Simi Valley, California cuenta que en 1986, logró una participación en un comercial de Pepsi junto a Jackson. En solo meses, Jackson se convirtió en un querido amigo de la familia. Wade Robson por su parte, era un bailarín infantil de Brisbane, Australia. En 1987, el niño de cinco años tuvo la oportunidad de conocer al artista tras ganar un concurso imitándolo a Jackson. En 1990, la madre de Robson siguió en contacto con el cantante, quien invitó a toda la familia a su casa a pasar un fin de semana.

El documental muestra que Robson se convirtió en uno de los coreógrafos jóvenes más exitosos de su generación, trabajando con NSYNC y Britney Spears en sus periodos de mayor apogeo. Pero su éxito estuvo opacado por un secreto que lo afectó por años. Uno de los momentos más dolorosos del documental es verlo mentir frente a las cámaras -a pedido de Jackson- afirmando que lo que aseguraba una de las familias que sí se animó a denunciar al músico no era cierto, que su relación con el creador de Thriller, era de absoluta inocencia.

Safechuck, un aspirante a director de cine y músico de rock, también enfrentó ataques de depresión y adicción. Ambos se casaron y tuvieron hijos. A medida que sus hijos pequeños crecían, la agitación emocional aumentaba. Surgió la necesidad de hablar sobre lo que les había ocurrido.

El documental es también un acompañamiento a ese proceso de empoderamiento que significa para ambas víctimas hablar de algo que han querido esconder toda la vida. Según se desprende del documental, el abuso de Jackson no solo era físico, sino -quizá sobre todo- psicológico. Ambos fueron manipulados por el músico y entrenados para odiar a sus padres. Al mismo tiempo desarrolló en ellos un especial rencor hacia las mujeres en general. Los indujo mediante juegos y palabras hasta hacerles creer que Dios los había unido y el mismo Dios quería que lo que hicieran juntos nadie lo supiera. En ambos casos -y otros que ellos aseguran haber visto— a medida que iban creciendo, Jackson los reemplazaba por otros más pequeños y los hacía sufrir por el abandono.

Paralelamente manipulaba a los padres que, al menos por omisión, terminaron siendo cómplices de lo que sufrían sus hijos. En este sentido, el final de este doloroso y necesario trabajo de HBO es revelador. Absolutamente recomendable.