Entrevista

Una radiografía de la desigualdad

La irrupción de las mujeres en la calle, a partir de las movilizaciones de Ni Una Menos, ha cambiado por completo la discusión pública al punto de envejecer a los partidos políticos en su representación. En medio de ese debate, los conceptos de la economía feminista son claves para entender las asimetrías entre mujeres y varones en el mercado laboral. En esta entrevista, Mercedes D´Alessandro explica por qué es necesario hablar de una economía feminista.  

 

 Mercedes D´Alessadro

Nació en Posadas (Misiones), estudió economía en Buenos Aires y vive

en Nueva York donde trabaja como consultora en macroeconomía.

Doctora en Economía (UBA), escritora, feminista y DJ, es una de las referentes

de la organización Economía Femini(s)ta que surgió en 2015 como un blog

y actualmente produce datos y análisis sobre género y mercado laboral.

En 2016 publicó el libro “Economía Feminista” donde da cuenta

de las disparidades que existen en el mercado laboral entre mujeres y varones.

 

 

Por Cecilia Ghiglione | Periodista 

 

–¿Cómo llega el feminismo a tu vida?

–En mi familia no había ni mujeres ni varones feministas, en la academia solo hubo dos mujeres a las que leí, incluyendo el doctorado. Una fue Rosa Luxemburgo – porque tuve un tutor de tesis marxista- y otra fue Joan Robinson que hizo unos aportes espectaculares a la teoría de distribución del capital. El feminismo me atravesó desde afuera de la universidad. Fui profesora durante mucho tiempo, militaba en el gremio docente y cuando organizábamos charlas para hablar de inflación o de crisis económica, en la lista de los expositores eran todos varones. Entonces, cuando sugería que podíamos traer a alguna profesora me decían que fuera yo, pero como moderadora.  Hay una cosa implícita de que los varones son mejores, que ellos se juntan a discutir ciertos temas y que nosotras asistimos.

 

–Así fue también, en cierto modo, el origen de Economía Femini(s)ta.

–Nacimos como un blog en 2015, unos días antes de la primera marcha de Ni Una Menos. Lo creamos con Magalí Brosio, un poco a partir de nuestra presencia activa en redes sociales donde veíamos que las discusiones sobre economía eran entre varones y casi no teníamos espacio para opinar. Para los economistas varones, las mujeres no estamos a su nivel para discutir, nos ignoran y si nos enojamos nos dicen “estás en uno de esos días”. Ellos pueden discutir y son apasionados, nosotras somos “locas indispuestas”. Eso nos impulsó a crear el blog y a participar con datos duros en debates cotidianos. Hace un año nos convertimos en una organización.

 

¿Qué es la Economía Feminista?

–La Economía Feminista (EF) es una forma de entender el proceso económico que incluye como variables determinantes de la desigualdad, por ejemplo, las formas en las que organizamos socialmente el trabajo. Es muy fácil ver la desigualdad, la notamos todos los días cuando salimos a la calle y vemos gente muy pobre y gente muy rica; sabemos que las tendencias globales van hacia una mayor concentración de la riqueza en pocas manos y si a esto le trazamos la perspectiva de género se nota con mayor magnitud. Las cifras indican que el  76 por ciento de los pobres en el mundo son mujeres y cuando miramos a los ricos, sólo el 11 por ciento son mujeres. Las visiones más importantes y conocidas de la economía como la teoría neoclásica, el keynesianismo y el marxismo, no tienen perspectiva de género. Como todo en la economía está explicado en base al precio, hay una gran cantidad de trabajos que desarrollamos socialmente y quedan fuera de la órbita de lo económico porque no tiene precio. Para la EF ese es un tema central que explica gran parte de la desigualdad y los problemas del sistema. Uno de los problemas de la economía política es el trabajo, que aparece como asalariado en esta sociedad capitalista en la que vivimos, pero esto deja fuera del marco del análisis de la economía a los trabajos que se hacen todos los días en los hogares, que no están remunerados y son vitales para el funcionamiento de la reproducción de la sociedad: lavar, planchar, cocinar, cuidar a los niños y niñas, a algunas persona mayor en el hogar. A estas tareas, que demandan en promedio seis horas diarias, las hacen mayoritariamente las mujeres, lo cual implica toda una jornada laboral. Después, por supuesto, plantea obstáculos para que las mujeres se puedan insertar en el mercado laboral pago y, por lo tanto, pasan a convertirse en personas que dependen de un salario que no es el propio, tienen problemas para crecer en sus trabajos o simplemente tienen doble jornada laboral trabajando fuera del hogar y adentro. Esto recorta también horas de formación, de disfrute y de ocio.  Es decir, si la economía todo el tiempo está mirando precios y tenemos un trabajo que no tiene precio, lo que hacemos, como dice nuestra filósofa feminista Diana Maffia, es reproducirlo. Para mí uno de los puntos clave de la EF es visibilizar y poner en la teoría, en las políticas y en las estadísticas el trabajo doméstico no remunerado y a partir de ahí aparecen otros fenómenos como los pisos pegajosos, el techo de cristal o las brechas salariales.

 

 

¿Qué explican estos conceptos?

–El techo de cristal es una metáfora que refiere a esa fuerza invisible que está por encima de nosotros, que nos permite ver que hay algo más arriba pero no traspasarlo. Y para ponerlo en datos, si uno toma las 500 empresas más grandes del planeta encuentra que solo el 4 por ciento de los cargos jerárquicos, o sea 20, son mujeres. Si uno mira en los órganos de gobierno esto es similar. En la historia argentina, solo hubo 16 ministras sobre 154 varones, o sea un 10 por ciento en los últimos años. Que hayamos tenido mujeres en altos cargos no implicó un derrame ni el avance de las mujeres en igualdad de condiciones y eso se nota en todos los niveles. Los pisos pegajosos están íntimamente relacionados a las tareas de cuidado y del hogar. La ausencia de la perspectiva de género hace que las mujeres no puedan despegar o avanzar porque tienen obstáculos en su vida cotidiana, como pueden ser la ausencia de jardines maternales y paternales o de licencias maternales y paternales, que impiden que puedan desarrollarse.

 

¿Qué participación tienen las mujeres en el mercado laboral?

–En Argentina, las mujeres son el 40 por ciento de la fuerza laboral y en los últimos 50 años han aumentado su participación de una manera extraordinaria. En los años 60, dos de cada 10 mujeres trabajaban fuera del hogar y hoy son seis de cada 10 las que participan en las actividades económicas, pero no se han desligado del todo de las actividades al interior de la casa y tienen doble jornada laboral.

 


 Documental Period. End of Sentence

La menstruación es también un tema de desigualdad

En la última entrega de los premios Oscar un documental sobre la menstruación se llevó el máximo reconocimiento. "No lloro porque esté en mi periodo ni nada por el estilo. No puedo creer que un documental sobre la menstruación acaba de ganar un Oscar", exclamó emocionada Rayka Zehtabchi, directora de Period. End of Sentence. El  corto premiado se filmó en Kathikhera donde, como en el resto de India, la menstruación es un tema tabú. Las mujeres en su periodo son consideradas impuras y tienen prohibido ingresar a lugares religiosos. También son excluidas a menudo de los eventos sociales.

A la menstruación se la nombra poco en público y en privado. Es, además, un factor de disparidad económica, señalan desde Economía Femini(s)ta por eso hace dos años realizan acciones para transformar esta realidad.

En 2017 lanzaron la campaña MenstruAcción para plantear que la menstruación presenta particularidades como la necesidad de acceder a elementos de gestión menstrual, instalaciones sanitarias adecuadas, conocimientos y visibilización de la temática. 

A valores actuales, una mujer necesita entre 2.000 y 2.800 pesos anuales para adquirir toallitas o tampones. Estos costos resultan en muchos casos inaccesibles en especial para mujeres de bajos recursos  y esta situación impacta en la salud, en el derecho a la educación e implica una “violación del derecho a la dignidad de las personas que menstrúan”, señala Unicef a través de su programa Wash.

La campaña de EF, además de recolectar productos de gestión menstrual en las marchas del 8 de marzo, establece tres reclamos centrales: eliminación del IVA a los productos de gestión menstrual, provisión gratuita en escuelas, cárceles, universidades e investigación y acceso a la información para promover políticas públicas.

 


  

También hay desigualdad económica frente al trabajo remunerado. ¿Cuáles son las cifras de la brecha salarial en el país?

–La brecha salarial no tiene un sentido uniforme pero sí decimos que existe desigualdad económica de género. Las mujeres ganan en Argentina, en promedio, un 27 por ciento menos que los varones y las trabajadoras precarizadas un 40 por ciento menos. Estas cifras se explican por varios factores: la educación, si vive en la ciudad o en el campo, los grados de preparación y experiencia previa, pero un aspecto importante de estos indicadores se manifiesta por las relaciones de género. Las mujeres trabajan menos horas, en puestos de menores salarios y más precarizados pero no porque quieran sino porque cargan con la responsabilidades domésticas y del cuidado. En general, suelen tomar empleos más flexibles y eso hace que cobren menos.

 

Esta división sexual del trabajo se asume tan naturalmente que es difícil ver el problema.

–Culturalmente desde pequeñas nos entrenan a las mujeres para que asumamos las tareas domésticas y de cuidado como un acto de amor, como algo de la naturaleza femenina. Ser mujer implica que llegado el caso vas a renunciar a tu carrera intelectual, política, artística o deportiva para cuidar de tus hijas e hijos, algo que no se espera de los varones. De hecho si conocés una familia donde el varón no trabaja y se queda en la casa es porque es un mantenido, un perdedor, pasó algo raro ahí. Está fuera de lo esperable de un varón que decida quedarse con la familia. El estereotipo pesa para los dos lados. Y si bien los hombres ahora hacen tareas que antes eran impensables dentro de la casa, no se comparten en la misma proporción. También el propio sistema les impide a los varones ocuparse de sus hijos. Por ejemplo, tengo amigos que están separados y tienen a sus hijos unos días en la semana y no está naturalizado que tengan que irse antes del trabajo porque tienen una actividad con su hija o hijo. Los hombres tienen solo dos días por paternidad. Ahí tenemos todas y todos un gran trabajo. Está claro que las leyes están pensadas para una familia tipo que ya no existe, apenas el 22 por ciento son familias consideras clásicas, y para mujeres que ya no son las mismas. El trabajo que venimos haciendo desde EF es ponerle visibilidad a esto. Si bien hoy más mujeres participan del mercado laboral pago, el 76 por ciento sigue realizando las tareas domésticas asumiendo una doble jornada laboral. Aunque estas tareas son imprescindibles para que la sociedad funcione y se reproduzca, suelen ser menos valoradas que el trabajo pago. Una mujer dedica en promedio seis horas diarias a planificar las rutinas de la casa y ese trabajo doméstico no remunerado cae en una especie de limbo, tanto para las teorías económicas como para las políticas públicas. Su valor monetario aparece cuando esas tareas se tercerizan ya sea en empleadas domésticas, en jardines maternales o geriátricos.

 

¿Cómo se propone ese cambio?

–Una forma importante de dar batalla es entendiendo el problema. Cuando nos empezamos a preguntar el porqué de estas cosas, ahí es donde podemos empezar a pensar soluciones. Desde 2015 hubo cambios, se ha logrado instalar una agenda de género a partir del Ni Una Menos y se ha comenzado a instalar no solo el tema de la violencia machista, que es una de las formas más graves que tiene el problema, sino también otros puntos vinculados con lo laboral, con las tareas dentro del hogar, con la Justicia. Hay un montón de cosas que tenemos naturalizadas y es necesario desandar ese camino y transformar nuestra relación cotidiana con los varones, ser más igualitarios.