Por Martín Eula

Viejos son los trapos

La Superliga tiene 58 jugadores mayores de 35 años, una edad a la que varios llaman "de jubilación" en el fútbol. Las razones de un fenómeno que por suerte enaltece a Guiñazú, Bértoli, Braña, Maxi Rodríguez, Ponzio y varios "viejitos" más. 

 

 Martín Eula | Periodista

Pito Campos | Ilustrador

 

"Hay gente que se jubila a los 65 años y se siente rara. Está incómoda porque quiere ir al trabajo, seguir con su rutina. Nosotros nos jubilamos a los 35, 36 años. Y es muy duro ser jubilado a los 36. Decís '¿y ahora? ¿Y ahora qué hacemos?'. Hay una vida por delante y enfrentarla no es fácil". Días antes de su debut como entrenador de Banfield, Hernán Crespo describía un mal que atormenta a la mayoría de los jugadores de fútbol profesional. Verdaderos elegidos por jugar muy bien a este deporte que mueve montañas y asegurarles un futuro económico a sus familias y -cientos de ellos- a varias generaciones, se enfrentan a una especie de abismo con el retiro.

El exdelantero de la Selección fue uno de ellos y contó a corazón abierto una sensación generalizada que se hace carne en el final de la carrera. Tanto tiempo haciendo una actividad que -justamente- el inexorable paso del tiempo se los impide a una edad prematura para cualquier otra profesión. Ser técnico como el caso de Crespo, manager, dirigente, empresario y/o comentarista deportivo son distintas actividades que desarrollan los ex, pero de ninguna manera logran paliar lo que sintieron en pantalones cortos dentro de una cancha.

En los clubes de la Superliga Argentina hay varios "jubilados" que se resisten a finalizar sus carreras, dan el ejemplo, son polos de consulta constantes y corren, juegan, atajan como cualquier pibe o maduro que no pudo dar el salto a Europa.

Sebastián Bértoli es el abanderado en ese sentido. A los 41 años es el arquero de Patronato de Paraná. "Sigo disfrutando", dice el también concejal de su ciudad, hombre del ascenso profundo que jugó al básquet, manejó un taxi y le llegó la hora en Primera División cuando ya ningún jugador nacido en 1977 alcanzó algo semejante en la actualidad.

El club de los 40 lo completan otros seis futbolistas con distinta continuidad y ascendencia en sus clubes. Sin dudas la principal atracción es Pablo Guiñazú, el más longevo de los jugadores de campo, en general único volante central de Talleres, capaz de correr a un pibe de 20 en el último minuto de un partido. ¿El secreto? "Un fernecito y un asado con la familia y los amigos", sonríe antes de explicar: "Busco vivir plenamente, algo que me llena el alma y me lleva a intentar transmitirlo en el campo de juego. Además, pesa mucho el cariño de los hinchas y lo que corren y se esfuerzan los chicos, eso también me mantiene vivo en la cancha. Y también está el cuidado personal, claro".

Fabián Cubero no es sólo el padre de los hijos de Nicole Neumann y, por lo tanto, conocido hasta por la persona que jamás vio un partido de fútbol (¿habrá alguna en nuestro país?). “Poroto” es un emblema de Vélez, con una gran preparación física y temperamento, y en un equipo repleto de jóvenes es muy necesario más allá de que Gabriel Heinze le da pocos minutos. Rodrigo Braña es otro que deja la piel, entiende como pocos lo que es la mística pincharrata y se mantiene en el siempre exigente y especial Estudiantes. Adrián Bastía, como Guiñazú y Braña, es otro 5 de 40 años que brinda un argumento esencial para que se produzca este fenómeno: "Soy consciente de que el retiro se acerca y entonces vivo el día a día de la mejor manera. Disfruto de entrenar, de estar con mis compañeros, de una pretemporada y de los partidos, claro. Desde los cinco años corro atrás de una pelota y soy feliz donde estoy", sostiene el Polaco de Colón. De nuevo la palabra "disfrutar" como elemento central de la historia. Dos arqueros completan el sexteto de las cuatro décadas: Cristian Lucchetti es titular en Atlético Tucumán mientras que Mauricio Caranta espera como relevo en Talleres.

Cuando dirigió a San Lorenzo y River, el chileno Manuel Pellegrini siempre decía que el gran problema del fútbol argentino era que no tenía figuras entre 25 y 28 años en sus torneos, edad en la que un futbolista alcanza -en promedio- el cenit de su carrera. Hace 19 años que el ingeniero dejó nuestro país por lo que no es difícil concluir en que ese desguace se profundizó: con pibes que cada vez se van más pibes, es ahí donde cobran trascendencia los grandes. Como agregado nada menor, la suba del dólar del año pasado provocó un desfase gigante con el peso que pegó de lleno en las tesorerías de los clubes con contratos -muchos de ellos- dolarizados.

Inmunes a todo, los veteranos están y mueven a los fanáticos. Con 38 años, Maximiliano Rodríguez regresó a Newell's para ponerle cierre a una gran carrera. Ya cerca de los 39, José Sand volvió a Lanús tras un breve paso por Colombia y se mantiene vigente como Santiago Silva en Gimnasia. Nereo Fernández da garantías en el siempre confiable Unión y el Pichi Mercier es otro volante de marca que orilla los 40 y enseña en Atlético Tucumán.

"Ponzio está... digamos que rejuvenecido, es la verdad. Me acuerdo de cuando llegamos, a mediados del 2014, parecía el actor de la película Náufrago, era Tom Hanks: estaba barbudo, despeinado, demacrado en la cara, estaba mal... Y mirá ahora. Eso es el fútbol, cuando un jugador agarra confianza". Marcelo Gallardo describió a su capitán, al único jugador que -ya sin Maidana ni Mora- lo acompaña desde el inicio de su ciclo en Núñez, al mediocampista que volvió a River en la peor hora y hoy es un ídolo que está a la altura de los grandes ídolos del club. Con 37 años, ya es el jugador -junto a Astrada- que más títulos festejó en River y, parece, todavía tiene cuerda para un rato más. Las exigencias del medio, del club donde juega y del entrenador que lo dirige le elevan la vara de manera sistemática. Con un año menos, Javier Pinola corrió casi a la par del Pity Martínez en esa corrida histórica para el 3-1 a Boca en el Santiago Bernabéu. El zaguero central lo hizo al minuto 120 de un partido abrasivo en todo sentido.

Cholo Guinazú 

Apenas llegó a Boca para iniciar la reconstrucción post caída en la final de la Libertadores y post era Barros Schelotto, Gustavo Alfaro -viejo zorro en estas lides- elogió, valoró y ungió a Carlos Tevez como líder y factor distintivo del nuevo equipo. A los 35 años, el Apache afronta el último año con contrato con el club y podría coincidir con el año de su adiós.

Que River y Boca tengan a quienes tienen como referencias de sus planteles desnuda todavía más este fenómeno.

Pero claro, de los 35 a los 37, esa edad que Crespo expuso como de jubilación prematura, no sólo es potestad de los gigantes de nuestro fútbol. Lisandro López es un toque de distinción, de docencia y de goles en Racing. Fabricio Coloccini es clave en San Lorenzo, donde Belluschi derrocha talento y Román Martínez busca mostrar su vigencia. Licht juega y patea los penales como los dioses en Gimnasia. Gelabert y Ardente son claves en San Martín de San Juan. Nelson Ibáñez ataja en Newell's y Figueroa genera juego. Damonte, Araujo y el paraguayo Antony Silva sostienen a Huracán.  El Chino Luna aprovecha los minutos que tiene en Tigre. Lugüercio, Pavone, la Gata Fernández y Andújar se suman a Braña para bancar a Estudiantes. Machín y Pisculichi son motores en Argentinos. Germán Herrera ataca en Rosario Central. Renzo Vera y Pablo Ledesma rinden en Patronato.

De los 26 equipos de la Superliga solamente Independiente y Godoy Cruz de Mendoza no cuentan con jugadores de 35 años en adelante en sus planteles. En los otros 24 se acumulan 58 hombres que lejos están de mostrarse como jubilados en una cancha pero que cada vez más están más cerca de ese momento.