Por Roxana González

Mujeres que cambiaron la historia de la computación

La vida de la actriz Hedy Lamarr, precursora del Wifi; Ada Lovelace, la primera programadora de la historia y las misteriosas mujeres de Eniac, la primera computadora electrónica digital que se hizo en Estados Unidos.

 

 Roxana González

 

Ada Lovelace, hija del famoso poeta Lord Byron y de la activista política y matemática Anne Isabella Noel, es considerada la primera programadora de la historia. Nació el 10 de diciembre de 1815, en Londres, y en 1841 desarrolló el primer algoritmo pensado para ser ejecutado por una máquina.

Lovelace se contactó con Charles Babbage, quien había ideado una máquina mecánica de 10 metros de ancho y 30 de largo que sería potenciada por un motor a vapor. Esa máquina (que en realidad Babbage nunca llegó a construir) contaría con una unidad para leer tarjetas perforadas con diferentes funciones, entre ellas, las de hacer operaciones aritméticas y almacenar datos.

La británica quedó fascinada al enterarse de este proyecto y le propuso a Babbage traducir al inglés un artículo que había sido escrito en italiano por Luigi Menabrea, donde describía en detalle este invento.

Claro que la inquietud intelectual hizo que Lovelace no se limitara a traducir el texto sino que fue un paso más allá e incluyó un detalle de cómo las tarjetas perforadas podrían ser utilizadas para crear una secuencia numérica. Así ideó un algoritmo parecido al Assembly Language (ensamblador) que se emplea en la computación moderna para que se ejecuten instrucciones básicas en circuitos integrados.

Según explicó, la máquina analítica también sería capaz de componer música, escribir literatura y hacer prácticamente cualquier cosa, si se aprendía cómo darle órdenes. Fue, sin dudas, una adelantada para su época.

Ese artículo con la explicación sobre el invento de Babbage y la secuencia numérica desarrollada por Lovelace se publicó en septiembre de 1843, en la revista Scientific Memoirs.

El texto solo llevó sus iniciales porque Lovelace sabía que en ese contexto histórico era muy difícil lograr que le permitieran a una mujer hablar sobre cuestiones científicas. Pero su identidad salió a flote al poco tiempo y el universo intelectual de aquel entonces le dio la espalda. A ella y a su invento.

Su contribución adquirió valor muchos años después. Hay premios y asociaciones que llevan su nombre, Google le dedicó un doodle hace unos años y se han escrito cientos de artículos revalorando su aporte. Incluso el lenguaje de programación Ada elaborado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, aprobado en 1980, fue nombrado en su honor.

 

 

 

 

 

 

  La actriz que tuvo un rol clave en el desarrollo del wifi 

La actriz e investigadora Hedy Lamarr solía decir que para tener glamour sólo hacía falta “quedarse quieta y poner cara de tonta”. Nació en Viena, en 1914, y falleció en Estados Unidos, en el año 2.000. Su belleza, de a ratos, fue un karma para ella que quería sobresalir no solo por su estética sino también por su intelecto.

Lamarr, cuyo nombre real era Hedwig Eva Maria Kiesler, es considerada una de las precursoras del Wifi. Junto con el pianista George Antheil desarrollaron la técnica del espectro ensanchado, patentado el 11 de agosto de 1942.

De espíritu inquieto y con gran capacidad intelectual, siempre estuvo interesada por las ciencias. A los 16 años comenzó a estudiar ingeniería pero tres años más tarde dejó los estudios y empezó a cultivar su costado artístico. Estudió teatro con el director Max Reinhardt y llegó a la pantalla grande de la mano de Éxtasis, estrenada en 1933.

Con esa película, donde se la ve en dos escenas sin ningún tipo de vestimenta, se hizo mundialmente conocida. Fue la primera mujer en la historia cinematográfica en aparecer totalmente desnuda.

Al poco tiempo se casó con el empresario Friedrich Mandl, involucrado en el negocio de las armas. El matrimonio fue arreglado por sus padres, contra su voluntad. Durante esos años vivió un infierno. Según contó, la sometía a un estricto control y hasta la encerraba en su casa para que no saliera en su ausencia.

Dejó su carrera artística y se tuvo que limitar a seguirlo a él durante los viajes de negocios. Durante ese período de encierro retomó sus estudios y aprendió sobre tecnología armamentista, a través de los contactos del marido.

Así fue su vida hasta que finalmente escapó por la ventana de un baño de un restaurante parisino. De ahí fue a Londres, donde conoció a Louis B. Mayer, el empresario de la Metro Goldwyn Mayer (MGM), quien luego le daría trabajo en Hollywood como actriz.

Ya entrados los años 40, Lamarr y Anthiel idearon un sistema de comunicación basado en las teclas del piano pensado para evitar las interferencias o escuchas del enemigo. Ese sistema, al que llamaron “espectro expandido” o “salto en frecuencia” sirvió como puntapié para el posterior desarrollo del Wifi.

 

Las mujeres de ENIAC 

ENIAC es el nombre con el que fue bautizada la primera computadora electrónica digital desarrollada en Estados Unidos. Se presentó al mundo el 15 de febrero de 1946 y era enorme: tenía 167 metros cuadrados de superficie y pesaba 27 toneladas.

Además, contaba con 17.468 válvulas electrónicas que permitían realizar 5.000 sumas y 300 multiplicaciones por segundo. El gigante informático tenía como finalidad hacer un cálculo de las trayectorias balísticas para el Ejército.

Los ingenieros John Presper Eckert y John William Mauchly pasaron a la historia por haber sido quienes idearon el hardware de la ENIAC. Pero durante muchos años quedó invisibilizado el aporte que hicieron las programadoras de esa computadora.

Las mujeres que se encargaron de programar el equipo fueron las matemáticas Ruth Lichterman Teitelbaum, Jean Jennings Bartik, Betty Snyder Holberton, Frances Bilas Spence, Marlyn Wescoff Meltzer y Kathleen McNulty Mauchly Antonelli. Fueron quienes escribieron el sistema binario que terminó de darle vida a ENIAC. Hasta ese entonces, los cálculos eran realizados a mano.

Al igual que ocurrió con otras grandes mujeres de la historia, su aporte permaneció en las sombras durante años. De hecho, en el evento de presentación oficial de ENIAC ni siquiera se las nombró. Recién en 1997 se reconoció el mérito de estas seis mujeres y pasaron a ser incluidas en la ONG Women in Technology International (Mujeres en Tecnología Internacional).

Cuando terminó el proyecto de ENIAC, algunas siguieron abocadas al mundo de las ciencias y otras dejaron de lado su desarrollo profesional. Entre las primeras están

Holberton y Bartik que se ocuparon de desarrollar las instrucciones en C-10 para BINAC. Holberton, además, participó de la elaboración de los estándares para los lenguajes Fortran y COBOL.

Antonelli y Lichterman, por su parte, continuaron su carrera en Aberdeen Proving Ground Ballistics Research Lab., a donde se trasladó la computadora ENIAC. En tanto que Meltzer y Spence ya no volvieron a participar de otros emprendimientos informáticos.