Editorial

La empresa social

 

 EDITORAL | Revista COLSECOR

 

Las organizaciones asociadas a COLSECOR son empresas sociales que tienen el reto de integrar en un único objetivo la eficiencia económica y el bienestar social. La realización de este binomio que podríamos traducir como “eficiencia y solidaridad” no es de ninguna manera una utopía. Es decir, las cooperativas poseen una racionalidad económica, lo que implica una búsqueda por organizar del mejor modo posible elementos materiales, ecológicos y sociales para crear valores de uso.

Esta racionalidad comprende una idea de eficacia, que refiere a la consecución de los objetivos, y también de eficiencia, en cuanto a la utilización de los recursos de los que se dispone. Sin embargo, advertimos que el sentido que le damos a estos términos no es el mismo que tienen en una empresa con finalidad de lucro, y en consecuencia debemos reconocer y vigorizar desde la Fundación un modelo de gestión que responda genuinamente a los valores y convicciones del sector.

En la empresa lucrativa la eficiencia se vincula con una utilización de los recursos que permite maximizar la acumulación y rentabilidad del capital invertido, precisamente porque se trata de una empresa organizada por el factor capital y éste es el que condiciona sus objetivos. En cambio, en el caso de las cooperativas, la eficiencia supone un uso adecuado de los recursos colectivos para satisfacer en calidad y cantidad oportuna las necesidades de los agentes que cooperan: sus asociados, trabajadores, dirigentes y las comunidades de las que son parte.

En las organizaciones de la Economía Social, quienes trabajan, dirigen y gestionan la empresa no lo hacen en subordinación del capital, sino que se los debe integrar en la medida de lo posible comprometiéndolos con los objetivos de bien común o bienestar general que procura la entidad.

En este contexto, cabe introducir la siguiente pregunta: ¿de qué manera podemos incluir significativamente a estos hacedores? En primer lugar, diseñando espacios y mecanismos de participación efectivos que singularicen el modelo de gestión cooperativa y lo diferencien claramente de una matriz lucrativa.

Cuando hablamos de un modelo de gestión nos referimos a un esquema o un marco de referencia edificado a partir de los principios, ideas, conceptos y herramientas generales que hacen a la identidad o al núcleo fundamental de una organización. Estos modelos son los que permiten desempeñar las acciones necesarias para poder alcanzar los objetivos.

En una cooperativa el modelo de gestión supone la realización de una solidaridad recíproca. Es importante que esto no quede en un plano declaratorio de principios: la aplicación de una solidaridad recíproca al modelo de gestión demanda un sistema de implementación, reconocimiento y evaluación, que efectivamente valore los esfuerzos por llevar adelante una gestión con estas características.

 Por otra parte, para poder implementar una gestión solidaria, cuando las organizaciones adquieren cierta escala es necesario crear unidades intermedias de cercanía entre el equipo de trabajo, la dirigencia y los asociados.

Es decir que el crecimiento de las organizaciones se tiene que corresponder con un desarrollo de las actividades de proximidad que sensibilice sobre los valores cooperativos, involucre activamente a las personas en la gestión del proyecto colectivo y permita una viva retroalimentación desde y hacia la comunidad.

 Asimismo, una gestión cooperativa debe procurar una recuperación o compensación justa para todas las partes interesadas de los aportes invertidos, tratando de evitar inequidades, privilegios y jerarquizaciones.

En síntesis, desde la Fundación impulsamos una gestión social y económica en el cooperativismo que, además de validar su carácter de empresa, también tenga muy presente el objetivo de satisfacer necesidades y aspiraciones económicas sociales y culturales de la ciudadanía en general y los asociados en particular.