Por Luz Saint Phat

El humor como herramienta para cuestionar los roles de género tradicionales

 

Una articulación entre psicología, comunicación social y comedia posibilita -desde el absurdo y la exageración- que las mujeres se replanteen elecciones, ideales preestablecidos y su relación con el cuerpo, en tiempos de deconstructivismo y reinvención de la femineidad.

 

 Luz Saint Phat |Periodista

 

“Hice todo lo que debía hacer. No lloré en las reuniones. No usé faldas cortas. Toleré a los ejecutivos que te besan en la boca en Navidad. ¿Es justo que sea la vicepresidenta más joven de mi compañía y la madre más vieja de preescolar? No realmente, pero es parte del acuerdo. Yo hice una elección. Algunas mujeres se embarazan y yo conseguí ascensos. Y todavía aspiro a conocer a alguien, enamorarme, casarme, pero esa es una hipótesis muy arriesgada. Quiero un hijo ahora, tengo 37 ¿Es mucho para una primera cita verdad?”, dice la ejecutiva Kate Holbrook al comienzo del film titulado Baby Mama.

 

En esta película de Universal Studios que se encuentra disponible en Fox Premium, la actriz Tina Fey interpreta a una mujer profesional de mediana edad que quiere tener un hijo, aun cuando todo parece estar en su contra, incluyendo a su propia madre, quien la interpela en un almuerzo familiar diciendo: “Espero que abandones esa manía por un bebé ¿Sabes Kate? No todos son tan tolerantes con tu forma alternativa de vida”.

 

En tono gracioso, y muchas veces rozando el absurdo, esta cinta da cuenta -una y otra vez- de las presiones que sufren las mujeres en todo el mundo, al tratar de equilibrar su vida personal con su trabajo, sobre la base de ideales inalcanzables de género que impone la sociedad moderna.

 

Sin embargo, y a pesar de los estereotipos, la historia de la protagonista va tomando un rumbo desconocido (como la vida misma) cuando decide subrogar un vientre con el objetivo de conseguir la anhelada maternidad. La mujer seleccionada para gestar al niño -ubicada en las antípodas de todo modelo femenino occidental tradicional- y una nueva relación con un hombre desnudan la importancia del deseo y del humor para sortear los retos reales (no los impuestos) que todos atravesamos en nuestra vida.

Así, esta comedia cinematográfica permite cuestionar desde el humor temas como la amistad, el amor, la maternidad y la familia, sobre todo en épocas de deconstrucción y reinvención de la femineidad.

 

En la ciudad de Córdoba, y con la expectativa de poder extender la propuesta a otros lugares, una innovadora articulación posible entre psicología, comunicación social y comedia también persigue el objetivo de utilizar el humor como herramienta para cuestionar los roles de género tradicionales.

 

Se trata del proyecto “Touché” y es llevado adelante por la psicóloga Melina De Bernardo y la comunicadora social Silvana Spinelli. Ambas son también comediantes y, a través de talleres para mejorar la autoestima de las asistentes, buscan derribar preconceptos de la sociedad.

 

“Cuando nosotras comenzamos en esto, Melina había vivenciado en el consultorio los beneficios de trabajar con el humor como herramienta terapéutica, mientras yo venía preparando comediantes y notaba cómo ellos elegían referirse de sus temas más complejos en los monólogos. Y juntas empezamos a darnos cuenta de que había una gran puerta para abrir”, dice Spinelli.

 

“El humor nos permite hablar de eso que no nos animamos a decir del todo. Entonces, con este lenguaje, las mujeres pueden cuestionar funciones y características que nos han impuesto. El humor sirve para poner bajo la lupa los prejuicios, los propios y los sociales”, aseguró la comunicadora.

 

“Me parece que en mi vida es permanente el uso de esta herramienta y que eso sirve para desdramatizar lo que puede ser un reclamo, en el caso de los estereotipos de género”, señaló por su parte De Bernardo al comentar una anécdota personal. “Yo era psicóloga deportiva en fútbol y permanentemente me estaba relacionando con hombres.  En una ocasión, tenía un compañero que siempre decía piropos y chistes cuando una mujer llegaba, quienes en ocasiones se ofendían o incomodaban. Entonces un día llegué y le dije un piropo a él primero. Y todos se empezaron a reír porque él no supo qué contestar. Así,  sin generar tanta fricción, lo puse en la posición de tener que sobrellevar ese momento. Estuvo bueno: todos nos reímos y él pudo entender lo que a muchas nos sucedía”.

 

“En los talleres -muchas veces desde el absurdo- promovemos que las participantes puedan cuestionar estos ideales, poniendo en relieve distintas cuestiones de la vida, como por ejemplo la paternidad y la maternidad o lo cánones de belleza”, explica la psicóloga; mientras Spinelli detalla que en estas instancias, en varias ocasiones se analiza también el mensaje de los medios de comunicación y las publicidades. “Nos venden un maquillaje que tapa los poros y las imperfecciones del rostro y cuando nos ponemos a pensar, si se le da una vuelta de humor, te podés llegar a preguntar por qué el poro abierto es un defecto si está allí para que la piel respire”. “A veces, la gente se descoloca y se da cuenta de que hace tiempo viene pensando de una manera automática”, agrega.

 

“Uno nunca dice ‘qué chica tan linda, lástima que es tan porosa’ (risas). La idea es aprender a corrernos de ese lugar y reconocer, por ejemplo, que nadie le mira lo poros a la gente. Es poder ver lo irreal de este planteo y empezar a mirarnos al espejo con menos crueldad”, asegura De Bernardo.

 

Mujeres reales

Romper con las concepciones tradicionales de género es un trabajo que se realiza cotidianamente. Aunque seguramente queda camino por recorrer, las mujeres ahora están más advertidas sobre los modelos profesionales, familiares y de belleza que muchas veces circulan en los medios.

 

Así lo indica una encuesta realizada por la consultora D’Alessio IROL sobre la base de datos pertenecientes a la Asociación Argentina de Publicidad. En el estudio, se registran distintos puntos referidos al consumo de publicidad entre las cordobesas quienes, en general (85 por ciento), no se sienten identificadas con las campañas que existen.

 

Las principales razones de esta distancia entre el contenido publicitario y sus consumidoras es que los modelos de belleza son irreales (63 por ciento de las respuestas), que las mujeres se exhiben como trofeo (45 por ciento), que las imágenes refieren al género como compradoras compulsivas (44 por ciento), que se presenta una exigencia de ser “mujeres maravilla” (39 por ciento) y que existe una unicidad con productos de limpieza y tareas del hogar (38 por ciento).