Turismo

La misteriosa y cautivante Mar Chiquita

La gran laguna cordobesa obsequia inmensidad y belleza natural, junto a un pasado de historias y enigmas que aún esperan ser develados.

 

Los atardeceres de Mar Chiquita no tienen desperdicio. El horizonte se dibuja a lo lejos, mientras que el agua regala mágicos e interminables reflejos rojizos.

Mirando desde la costa uno llega a imaginar que es infinita, que nunca nadie llegó a la otra orilla de este enorme `mar interior´ de 6.000 kilómetros cuadrados.

El agua de esta reserva natural que es permanentemente visitada por biólogos y amantes de la naturaleza, es salada. Y si por algo se destaca la zona es por su biodiversidad. Para dar solo un dato, quizás el más significativo, este lugar alberga más de 300 especies de aves y no sólo eso, es morada de una de las colonias de flamencos rosados más grandes del mundo. Estas aves son el emblema de la laguna y ahí pueden encontrarse 3 de las 6 especies de flamencos que habitan en el mundo.

Mar Chiquita o Mar de Ansenuza, es el quinto lago salado del mundo y el primero de Argentina. Un lugar ideal para el ecoturismo, avistaje de aves, para tomar unos matecitos en la costa, recorrer senderos naturales y las callecitas del pueblo de Miramar, que se posicionó como uno de los destinos turísticos por excelencia del noreste cordobés.

Historias y leyendas

La silueta del Gran Hotel Viena, recortada a la vera de la gran laguna, guarda historias teñidas con un halo de misterio. Sus ruinas, parte de las cuales hoy se convirtieron en museo, son una postal inconfundible de Miramar.

Se dice que la localidad tomó impulso tras la construcción de este lujoso hotel que se inauguró en 1945. Más de 80 habitaciones, cerca de 7.000 metros cubiertos y comodidades como aire acondicionado, calefacción y un pabellón termal. También recintos para institutrices y choferes que acompañaban a las familias, una usina eléctrica propia y toda clase de lujos. Lo construyó el matrimonio de él alemán, ella austríaca nacida en la ciudad de Viena, de allí el nombre. En el 46 esta familia dejó Miramar y a cargo del hotel quedó el jefe de seguridad. Mucho no se sabe de los huéspedes que pasaron por allí desde ese año hasta el 48, pero en el pueblo se dice que podría haber sido el refugio de alemanes que llegaban del viejo continente.

Otra curiosidad está relacionada a la existencia de “fantasmas” en la construcción. Según explican desde el museo, hace unos años científicos estadounidenses se instalaron en el lugar y detectaron actividad paranormal, como reiterados golpes en un lugar que se supone era utilizado como hospital y refugio en la post guerra. También tomaron una imagen de lo que sería una persona en la habitación 106. Crease o no, estas historias le dan al lugar una investidura propia. A esto se le suma su estructura, parte de la cual se derrumbó en 1985 por acción de las aguas y que hoy es venerada por los amantes de la fotografía.

Paola Perticarari

Rastros de antiguas civilizaciones

La zona está poblada al menos desde hace 6.000 años. Hay más de 40 yacimientos arqueológicos mapeados, por lo que se estima que siempre estuvo habitada y que allí vivieron gran cantidad de personas. Se encontraron puntas de flecha, hachas, morteros, boleadoras, adornos y cuchillos, entre muchos otros objetos. Estos pueden observarse en el museo de Miramar y los museos de otras  localidades de la zona como Altos de Chipión, Marull o La Para, donde alrededor del 80% de sus piezas son arqueológicas.