Perfil - Mario Díaz

"Me considero un artesano de la canción"

El cantautor rescata los saberes populares y los referentes de la música de raíz folklórica que han marcado su vida y la de Argentina.

 

Por Ricardo Cortés

Con la pava lista Mario espera  en un complejo en Barrio Juniors de la ciudad de Córdoba. Paredes cubiertas de discos, fotografías junto a sus queridos amigos, cuadros con retratos de grandes artistas, una pared llena de discos, guitarras, adornos, un par de bebidas para los amigos, invitan a tomar posición en el sofá, el mismo en dónde estuvieron charlando y tocando figuras como Raúl Carnota, Hamlet Lima Quintana, y tantos otros.

Nos disponemos a hablar de su trayectoria en la música necesariamente ligada a su vida. Luego de los comentarios ineludibles sobre los festivales veraniegos, cedo la palabra para remontarnos al pasado. “Guardo los mejores recuerdos de la niñez en Huinca Renancó, una infancia mágica” dice Mario.  “En casa había una gran afición por escuchar música y por la lectura. Me acuerdo que los primeros discos eran de colores, uno azul y otro amarillo, de donde salía una voz desaforada cantando `¡Don Quinoto plancha y plancha y Quinota quita mancha, Quinotina hace el reparto y la ayuda Quinotín!´. Entona, cantando rapidito, sin pausas para terminar en una sonrisa. “Mi abuela paterna, que vivía con nosotros, me había regalado un silloncito de caña. Yo me sentaba frente al tocadiscos a mirar.”

Recuerda su infancia como llena de juegos, que luego se transformaron en realidad. “Mi papá tenía maderas y cosas, entonces fabricamos una “guitarra eléctrica” de juguete, respetando todo el formato, el cable, cabezal, parlantes, todo. Y venían amigos a casa con los cuales jugábamos a que éramos músicos.” El juego se transformó en oficio, no sin antes pasar por transiciones de vida. Tal vez por eso Mario guste hablar más de camino que de carrera. “Si hubiera querido estar en una carrera me compraba una moto”, dice. Volviendo a su relación con la música y en qué momento se decidió a dedicarse a ella recuerda “Siempre está el deber ser. Hay una necesidad de buscar una seguridad. Yo me vine a Córdoba, empecé a estudiar derecho y para mi suerte, como digo siempre, el derecho se torció ahí nomás. Integré coros, hice arreglos, comencé a buscarle la vuelta. Vivía solo en una pensión, cada tanto volvía al pueblo y tenía que mostrar resultados. Era muy angustiante porque tenía que desdoblarme para hacer lo que quería y al mismo tiempo cumplir con el mandato.”

La tradición oral y los referentes

Viajando en el tiempo por las enseñanzas y la familia rozamos los recuerdos. Mario añora la visita a la casa de sus abuelos en dónde recogía saberes populares. “Iba a visitar a mi abuelo y mi tío que eran bien campechanos. Se divertían mucho conmigo. El que hablaba era yo principalmente, era un monólogo. Tomábamos mate en una ceremonia ritual con un vasito de ginebra. Imaginate, tenía 17 años. Recuerdo que una vez le dije a mi abuelo que quería tener fama, minas… esas cosas de joven. Mi abuelo me dijo sentado y cruzado de brazos: `Mirá hermano, el problema es tuyo, porque en lo único que se comienza de arriba es en los pozos.´ Esa fue una gran reflexión. Todo lo demás crece desde el pie. Y la mejor definición de la coherencia también me la dio mi abuelo: ´Lo que dice con el pico se sostiene con el cuero”.   Otro de los saberes que adquirí fue por escuchar a los referentes, aquellos artistas que por su trabajo y sintonía con lo popular lograron dejar una Huella. De Falú a Piazzolla y de Spinetta a Serrat. De Troilo y Manzi a Leguizamón y Castilla”.
Sin embargo en su camino existió un momento bisagra “gané el Pre Cosquín. Ahí de algún modo comencé profesionalmente con la música. Me empezó a llegar trabajo de todos lados. Hice singles, conocí a músicos de la escena”. 

 

"Mi abuelo me dijo: Mirá hermano, el problema es tuyo,
porque en lo único que se comienza de arriba es en los pozos."

 


Por la dirección correcta

El camino comenzó a rumbear inevitablemente hacia la música. Haber compartido momentos inolvidables con los históricos del canto popular no sólo en el escenario sino en la vida misma, le dieron la convicción para tomar el sendero correcto, con pasos firmes, seguros y una exposición equilibrada. Sus shows y discos tienen mucho trabajo y conciencia.  “En ese sillón en donde estás ahora estuvo sentado Carnota y un día hablando me dijo…alguna vez voy a tener que incluir la palabra movicom en una zamba, el tema es como hacerlo…” cuenta refiriéndose al folklore ya que se encuentra entre quienes lo consideran como algo vivo y en transformación permanente. También brinda su opinión sobre la cartelera de los festivales y la decisión artística que implica programar. Su experiencia como jurado de 11 precosquines avala la opinión.  “Hay que equilibrar. Está bien que exista lo romántico y eso del corazón a besos… pero también tiene que haber otra forma de decir las cosas. Suma Paz tenía una frase muy interesante, decía que el público es como un gran niño. Si le das todo el día chocolates y gaseosas, es probable que te quiera más, pero si tenés que remplazarle eso por cosas más nutritivas, te va a querer menos. En el mediano y largo plazo lo va a entender y agradecer, pero en el corto plazo lo va a sufrir. Entonces, uno hace lo que siente que tiene que hacer.”

Cuando Mario habla de festivales, no se refiere a Cosquín sino a todos en general. “Hay mucha canción amorosienta, me acuerdo que una vez vino Carnota a tocar y dijo, voy a cantar una hora y media y no van a escuchar en ningún momento la palabra piel. No está mal cantarle al amor, pero una cosa es hablar de la ropa por el piso y otra es decir `pídele al viento firmeza, y al río que vuelva atrás, no me pidas que me quede si toda mi vida contigo se va´ como decía Jaime Dávalos. Hay maneras más imaginativas. Lo masticado no te hace crecer. Como decía Tejada Gómez, obligalos a que vayan al diccionario. Me gusta una metáfora bien elaborada. Lima Quintana decía `el pueblo no escribe sinfonías porque no le dan elementos para hacerlas´. Tampoco hay que subestimar al público”.
Mario se refiere a lo que se difunde y no en los medios. “Uno tiene preocupación porque hay mucha gente que hace cosas buenas y no tiene posibilidades. Proyectos piolas que terminan volviéndose comerciales, cosas que quedan truncas.”

 

 

 

Un joven en Cosquín

Tengo una relación de siempre, pasé de escucharlo de niño por la radio en Huinca a ganar un pre Cosquín como solista y luego tocar después de Atahualpa Yupanqui. En ese momento estaba más preocupado por peinarme porque iba a salir por la televisión que por estar después de él, una inconsciencia total.  Luego fui jurado once años  del pre Cosquín así que lo conozco bastante.

 

Un mate amargo da pie para ahondar sobre su relación con el folklore. “Yo tengo una formación heterogénea. Acá empecé a escuchar a Stevie Wonder, a Serrat, a Silvio Rodríguez, a Milton Nascimento, que me marcó muchísimo, a Jaime Roos, descubrí a Oscar Alem. En fin, cuando me dicen que soy un folclorista, respondo que soy un músico que toca música de raíz folklórica y que eligió esa forma para expresarse.  Siempre he estado muy atento y eso me formó para trabajar desde un modo en el que trato de no repetirme, pero un buen artista tiene que nutrirse de muchos géneros.”
Mario Díaz tiene listo su disco a dúo con su pareja, Valeria Arnal. Una hermosura que rescata un sonido íntimo, con precisión y entendimiento profundo. Orgulloso del trabajo, me invita a la cocina a escuchar el máster, “se tiene que escuchar igual a lo que toco, fíjate”. Toma la guitarra y retumban suavemente las paredes mientras todo fluye. La torre de barrio Juniors se llena de música. En efecto, las grabaciones se escuchan igual a sus interpretaciones. Si alguien tiene sus discos y concurre a sus shows en vivo puede dar fe de lo dicho.  Ante la interrogación de por qué elige ser tan certero con sus presentaciones y sus pasos  responde “Creo que eso viene de una convicción de lo que uno está haciendo donde no hay pose. Uno no está sentado simulando o tratando de agradar. Las propuestas se definen abajo del escenario no arriba. Tocar mucho no te hace mejor. Está bueno pensar qué vamos a proponer y ofrecer para la próxima. En el escenario soy muy conversador y a veces hasta sonrío demasiado. La otra vez se acercó un señor de traje, mayor y formal, me dijo que le gustó lo que hago pero a la vez le intrigaba por qué río tanto. Le contesté que lo jocundo no está reñido con lo profundo. Voy a hacer otro disco, solo canciones, sin zambas, una búsqueda muy personal.”

Tras una breve pausa le pregunto que escucha en este momento: “Hoy me gusta lo que hace Juan Falú, Juan y Luna, Laura Albarracín, Omar Moreno Palacios, José Luis Aguirre de Traslasierra que tiene una forma muy particular y eso es lo bueno, y algunos artistas locales como Lucas Heredia, Cecilia Mezzadra, Clara Cantore... Gente con la cual uno encuentra un interés común.”
Díaz ya  está ya en el cancionero popular, muchas de sus canciones son conocidas aunque no sepamos quién es el autor.  Tal vez que sean de la gente es el mayor premio que un artista puede recibir. “Siento un gran orgullo  de que mis canciones sean elegidas por algunos intérpretes, incluso por coros como el del maestro Hugo de la Vega. Por ejemplo, escucho ´Versos chiquititos` por Juan Quintero y Luna Monti y me emociono, siento que le encontraron la vuelta. Independientemente de los resultados, siempre le agradezco al intérprete. Porque uno no está pensando en el público.  En ese mismo sillón nació un Huayno que cantó Mercedes Sosa, y que es interpretado por coros de todas partes. Gente que admiro como Juan Iñaqui de pronto se reconoce en una canción, para mí es más de lo esperado. Tampoco hay que tomárselo tan en serio. El término de compositor es grande, yo me considero un artesano de la canción.