Contexto: Paro de Mujeres

La violencia de género, una cuestión política

Que en Argentina muera una mujer cada 30 horas víctima de un varón nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, alejada de los mandatos sociales.

 

 

 Por Cecilia Ghiglione / Colsecor Revista 

El 19 de octubre de 2016, el escritor Hernán Casiari publicó #MeHagoCargo. Ese no fue un día cualquiera y en el texto disparó un claro mensaje: hacernos cargo de que vivimos en sociedades machistas y de que somos criados, en especial por madres y abuelas, para reproducir ese sistema de dominación. “Durante la infancia, mi mamá mandaba a mi hermana a hacer los mandados al almacén, nunca me mandaba a mí”, dice Casiari. Cuántos encontramos en ese relato coincidencias con nuestra infancia. “Mi papá nunca pisó el almacén de enfrente. Tampoco nunca nos hizo el almuerzo o la cena. Nunca barrió el piso ni cosió un guadapolvo. Ninguna mujer de la casa se lo habría permitido”, cuenta el escritor describiendo otras situaciones vividas a lo largo de cuatro décadas. Parece que ese día a Casiari le terminó de caer la ficha.

Ese 19 de octubre, en 154 ciudades del mundo las mujeres tomaron las calles vestidas de negro haciéndose eco del asesinato de la joven marplatense Lucía Pérez. Ese día se hizo en Argentina la primera huelga de mujeres y luego una marcha en repudio por los casos de femicidio. Meses antes, en junio, el colectivo de mujeres ya había gritado en las calles “Ni Una Menos/Vivas nos queremos”, en un año donde 275 mujeres fueron víctimas de la violencia machista. Este 8 de marzo -  día internacional de las mujeres - un nuevo paro mundial de mujeres buscará poner de manifiesto el aporte económico y laboral que hacemos al sistema económico.

Vivimos en sociedades donde las instituciones y los vínculos humanos están organizados según categorías y valoraciones masculinas, explica el médico y psiquiatra argentino Enrique Stola. Para sostener la dominación, “el patriarcado necesita ejecer la violencia simbólica y otras formas de violencia de género para disciplinar los cuerpos y las disposiciones de las mujeres y otros cuerpos feminizados”.

Además del femicidio, que es la instancia más extrema de dominación de las mujeres, el machismo adopta otras formas que provocan daños en la integridad física y emocional, que vulneran el derecho a decidir sobre la vida sexual y reproductiva de las mujeres  o ejercen violencia económica o patrimonial.

La investigadora, filósofa y docente Diana Maffia argumenta que: “la violencia de género, una de las maneras de denominar en nuestro sistema político a la violencia ejercida contra las mujeres,  es una cuestión política aunque se exprese en el marco de  las vínculos interpersonales, porque se da en un contexto de relaciones de poder desiguales que hacen víctimas sistemáticas a las mujeres”.

Maffia, que es directora del Observatorio de Género del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires, señaló a Colsecor Revista que si bien hay aspectos culturales sobre los que es necesario intervenir para provocar acciones y erradicar esta violencia, de ningún modo esos cambios están circunscriptos a ese ámbito al estar atravesado por relaciones de poder. “Es una decisión política y económica acerca de la distribución sexual del trabajo, el hecho de que las mujeres tengan la responsabilidad de las tareas domésticas y de cuidado no-remunerativo, mientras que los varones están asignados al ámbito público. Cuando una mujer va al ámbito público a trabajar, no descarga de su rol en el terreno privado y termina asumiendo jornadas dobles. También es habitual que trabajen medio tiempo para equilibrar la vida profesional y familiar, y eso implica una menor retribución. Por eso, las mujeres siempre están en peores condiciones económicas”.

En cuanto al rol del Estado frente a estas desigualdades, Maffia dice que “debería garantizar relaciones paritarias, de equilibrio y de seguridad para las mujeres. Las formas más dramáticas de violencia no pueden quedar impunes. La prevención y la erradicación requieren de políticas públicas desde todas las áreas de gobierno”.

 

#NiUnaMenos

Se alzó como grito colectivo frente a la violencia machista para decir “basta de femicidios”. Luego de la primera marcha, los medios masivos debieron incluir el ´Ni Una Menos´ en sus agendas. Hoy el término remite a un lugar de la discusión donde pararse,  pero también delata cierto efecto “narcotizante”, señalan desde PAR, una red de periodistas argentinas que viene trabajando hace una década por una comunicación no sexista.

Pate Palero, integrante de la RedPAR, advierte sobre la banalización del término `Ni Una Menos´. “Los propios medios trabajan la saturación y el amarillismo con temas sensibles  a la sociedad y eso termina desgastándolos y vaciándolos de contenido. Es fácil para los medios construir consenso contra la violencia extrema, en eso estamos todos rápidamente de acuerdo. “, sostiene la periodista y agrega: “Es necesario trabajar sobre lo que no se ve, sobre lo que está naturalizado y se mama todos los días, y que permite que se fundamente esa violencia extrema. Es importante trabajar sobre lo simbólico y en cómo esto habilita otras formas más extremas de violencia. Es uno de los desafíos más importantes que tenemos”.

 

¿Efecto contagio?        

Con las movilizaciones de mujeres, multiplicadas por la caja de resonancia de los medios y las redes, la furia de los violentos parece haber recrudecido. Los casos de Lucía Pérez en Mar del Plata, de Irma Ferreyra en Misiones o de Diana Sacayán, la referente trans asesinada en su domicilio porteño de Flores, parecen tener mensajes y una suerte de “venga pública con dedicatoria”, opina la psicoanalista Patricia Faur, investigadora de la Fundación Favaloro.

Sin embargo, otros especialistas no adhieren a la idea del “efecto contagio” de los asesinatos de mujeres. Según la periodista española Pilar López Diez: “Ningún protocolo en España, ni en otros países, contempla preguntarle al femicida si antes de matar vio o escuchó información que lo movió a asesinar a una mujer”.  Con una extensa trayectoria en el análisis y en los cambios en las coberturas mediáticas de la violencia machista, López Diez dice que para argumentar el “efecto contagio” debería primero haber una investigación seria. “Los hechos solo confirman la razón por la que los varones asesinan: para controlar y dominar como consecuencia de la ideología de la superioridad machista”.

Desde la RedPAR coinciden en la ausencia de datos para analizar el vínculo entre las marchas del Ni Una Menos y el recrudecimiento de los crímenes de mujeres. Sin embargo, Pate Palero sugiere que es posible identificar un incremento de la violencia a la luz de la visibilidad del tema. “Nosotros decimos que las violaciones y los femicidios son acciones ejemplificadoras a la sociedad. Además de la víctima, hay un llamado para mostrar que siguen sometiendo a las mujeres al poder masculino”. Palero dice que al correrse la línea a partir del empoderamiento de las mujeres, “se observan reacciones en pequeñas acciones”. Por ejemplo, “nosotras damos talleres desde hace años y antes seguramente había gente que no coincidía con nuestros planteos pero se callaba o no participaba. Ahora nos encontramos con reacciones agresivas, en especial de los más jóvenes. Yo creo que esto tiene que ver con que no encuentran un relato alternativo a lo que la sociedad les señala que debe hacer un varón y están desorientados. Ahí sí creo que puede haber un vínculo entre mayor visibilidad y aumento de violencia”.

Y Hernán Casiari sigue haciéndose cargo: “Soy un varón heterosexual de 45 años. Me cuesta mucho, cada vez que lloro, no decir `parezco una mina´ o `me puse putito´.  Son muchos años de ser un imbécil que se creía gracioso. Pero me esfuerzo porque entendí.

Hoy es 19 de octubre y llueve. Soy casi un viejo que vivió por todos lados. Quiero decir que jamás había visto a un grupo humano acorralar un problema con tanta fuerza, pasión y creatividad. Esta lucha es, sin dudas, lo más revolucionario que le pasó al país en décadas. Un día vamos a mirar para atrás y nos parecerá increíble que nosotros hayamos tardado tanto en reaccionar”.