Caso Dalmasso

Esa muerte que el público “ama”

A punto de cumplirse once años del crimen de Villa Golf, el caso de la mujer de Río Cuarto es un emblema de violencia de género mediática, un fracaso judicial y un enigma con pocas certezas.

 

 

Por Dante Leguizamón 

 

A lo largo de la causa Dalmasso hubo cinco imputados y sólo un culpable. En el caso de Gastón Zárate (el pintor) y Facundo Macarrón (el hijo) se dio el absurdo de que ambos estuvieran imputados del homicidio al mismo tiempo, pero por mecánicas asesinas diferentes: uno “con acceso carnal” y otro “sin acceso carnal”. El único condenado es un periodista. Algún medio llegó a sugerir que Nora tenía 18 amantes, pero ella sólo tenía una relación matrimonial y estaba enamorada. ¿Le sorprende?

En esta crónica no vamos a revelar quién mató a Nora Dalmasso, pero le vamos a hablar de cosas que sí se saben y que pocos le han contado. 

 

Paradigmático. Unos días después del entierro de Nora Dalmasso el fiscal Carlos Di Santo –que condujo el caso por casi diez años fracasando con el más rotundo éxito- ordenó la exhumación del cuerpo. De impecable guardapolvo blanco una perito forense de la Policía Judicial de Córdoba -bajo la atenta mirada de los peritos de las partes- comandó las tareas. Entre chistes de mal gusto de los presentes y con el cuerpo ya en descomposición de la mujer asesinada, le realizaron extracciones buscando rastros genéticos.

No se horrorice. Si no se horrorizó con la manipulación de la verdad de la que todos fuimos testigos en aquellos días por parte de los medios de comunicación, no hay nada que le impida saber esto. La razón del trabajo científico es paradigmática y muestra el nivel de improvisación que desde un inicio rodeó la investigación. Al momento de la muerte, los peritos de Río Cuarto habían cometido varios y graves errores a la hora de analizar el cadáver. Como en ninguna farmacia de la ciudad consiguieron los hisopos especiales que se requieren para extraer muestras genéticas de un cuerpo, realizaron esas “extracciones” con algodones y utensilios improvisados. Además en lugar de proteger una parte de esas muestras genéticas para mantenerlas inalteradas por si fuera necesario hacer otros análisis, utilizaron todo el material recolectado y le aplicaron reactivos que los dejaron sin prueba en estado original.

Por eso debió hacerse la exhumación y extraer nuevas pruebas que sirvieron para enviar al Ceprocor y al FBI para su cotejo.

 

Hechos. El viernes 24 de noviembre de 2006 en el Cantegril Country Club de Punta del Este Marcelo Macarrón (el marido) comenzaba la segunda vuelta del torneo semi-senior del Mercosur. Después de una mediocre primera vuelta que lo tenía en el noveno lugar, con 75 golpes, 4 por encima del par de la cancha, realizó un golpe exacto que recorrió 486 yardas hasta ubicar la pelota a cuatro golpes del hoyo 1. Hasta él se sorprendió.

Ese mismo día, en Río Cuarto, Nora Dalmasso Grassi de Macarrón, despertó minutos antes de las ocho y bajó a abrirle la puerta a Carina del Valle Flores, la mucama. A las nueve se despidió y partió rumbo al trabajo: la casa de sepelios Grassi. Allí –no era gerenta- se encargada de tareas administrativas menores por las que cobraba 465 pesos como beneficiaria de un plan social por entonces de moda: El Jefas y Jefes de Hogar.

Aunque su horario era hasta las 14, Nora salió antes y se dirigió a la casa de su madre en Villa Golf donde comieron pescado frito. En la mesa la mujer de Macarrón comenzó a enviar mensajes de texto hacia Punta del Este, pero los mensajes –no existía Whatsapp- no eran para su marido, sino para su amante: Guillermo Albarracín.

La página web del Cantegril Country Club, dice que la “Cancha del Venado” se llama así porque su trazado “imita la cabeza de un animal con dos grandes cuernos hacia el este y oeste”. Allí Marcelo Macarrón seguía esquivando bunkers  y superando cada uno de los obstáculos del terreno mientras Dalmasso volvía a su casa donde un ejército de albañiles trabajaba en las remodelaciones. Cuando la mucama partió, quedaban todavía en la casa un obrero que colocaba parquet y Nora, poniéndose la bikini para tomar sol.

A esa hora Nora ya había intercambiado varios mensajes con sus amigas del barrio para juntarse a cenar, también seguía enviando SMS hacia Punta del Este: “Cómo te está yendo en el juego angelito”, preguntó y Albarracín contestó: “Me va mal, no pegué una”.

Ese día Macarrón terminaría firmando una tarjeta con 68 golpes y tres bajo el par de la cancha, sus amigos en cambio comenzarían a despedirse del campeonato. Los peores fueron Daniel Lacase y Ricardo Ruiz. Pero a todos les fue mal. Osvaldo Carmine terminó con 77 golpes, Guillermo Masciarelli con 71, Daniel Bonino con 85, Justo César Magnasco con 82, Gustavo Gagna con 87 y Albarracín con 76.

Silvia Albarracín –la mujer de Guillermo– fue ese viernes a las 18 horas a la casa de Nora Dalmasso, que estaba tomando sol y la atendió con su celular en la mano. Hablaron de sus maridos. Con el teléfono corporativo de la empresa, Dalmasso llamó a Macarrón y lo felicitó. Cuando Silvia se fue, cerca de las 18.30, Nora le comentó que pensaba hacerse un brushing. Al quedar sola le mandó un mensaje al marido de Silvia: “Mala suerte en el juego y también en el amor. Vos estás allá y no me tenés a mí que estoy acá, solita”.

 

 

Dos noches. Cuando terminó la jornada Macarrón y sus 16 amigos se organizaron para cenar juntos. Esa noche, Nora se dirigió al Resto Bar Alvear, en pleno centro de Río Cuarto, para juntarse con sus amigas. En la reunión estuvieron Rosarito, mujer de Gonzalo Gagna; Silvana, la señora del ex legislador provincial Alfonso Mosquera, también en Punta del Este; Silvia Magallanes, entonces novia de Daniel Lacase, ex subsecretario de Lucha contra el Narcotráfico durante el gobierno de Carlos Saúl Menem; Graciela Bonino de Compagnucci; Paula “Poli” Fite de Ruiz; Patricia Funes de Carmine y Norita.

Decidieron continuar la reunión en casa de los Gagna. Cuando llegaron, Nora se olvidó el celular en el auto. Dalmasso permaneció allí hasta cerca de las 3.15. Al terminar todo, sus amigas la vieron subir a su auto bajo una lluvia torrencial y esperaron unos minutos antes de arrancar. Los cruces de llamados indican que desde el vehículo leyó tres mensajes de Albarracín y le envió uno: “Perdoname angelito, me olvidé el celular en el auto”.

La última persona –además de su (o sus) asesino(s)– que la vio con vida, fue “Poli” Ruiz que en el camino a su casa pasó frente a la propiedad de Dalmasso y le tocó bocina mientras Nora cruzaba la tranquera del chalet.

Al día siguiente en Punta del Este Macarrón definió el hoyo 18 con un putter de madera y conoció el encanto del triunfo. La falta de contacto con Norita, que no atendía los llamados telefónicos, no le impidió terminar con 77 golpes dejando atrás, entre otros, a Guillermo Albarracín.

Nora Dalmasso y Macarrón llevaban varios años de casados. Tenían dos hijos. Si bien tenían un buen pasar económico, no eran ricos ni mucho menos. No vivían en un country, ni Villa Golf era por entonces un barrio cerrado pese a que los periodistas destinados a cubrir el caso nunca lo dijeran.

 

El crimen. Dalmasso fue encontrada muerta por un vecino el domingo 26. Ese hombre, a quien la madre de Nora le pidió que entre a la casa porque su hija no atendía el teléfono, ingresó por la puerta trasera (se encontraba abierta), caminó hasta la habitación y encontró el cadáver. Su nombre es Pablo Radaelli. Según explicó al dar testimonio, pensó que se había suicidado. Asustado llamó a su hijo Adrián, para que lo ayudara. Éste llegó, observó el panorama que había impresionado a su padre y llamó a la Policía.

Los Radaelli salieron a la calle impresionados por el olor y se encontraron con la mujer de un primo lejano de Dalmasso. Los policías también ingresaron a la casa. Después llegó al lugar Jorge Grassi, el primo, y su mujer, que también entraron y más tarde, otros cuatro policías. Cada una de esas personas caminó por el hall de ingreso, por la puerta trasera, por las escaleras, por el piso de parquet y por las habitaciones destruyendo las pruebas que podrían haber dejado él (o los) asesinos. Entre esos visitantes estaba Silvia Magallanes, la novia de Daniel Lacase, el amigo personal de Marcelo Macarrón que llamó a Uruguay y le comunicó al traumatólogo que su mujer había sido asesinada.

Hasta allí los hechos. Ahora algo imprescindible para entender el caso: desmentir las falsedades. 

Nora Dalmasso tenía un solo amante. En los 90 días previos al crimen, intercambiaron 300 mensajes de texto. El último, ingresó al celular de Nora horas antes del homicidio. Facundo Macarrón no tenía una excelente relación con su padre; apenas se hablaban hasta que ocurrió la muerte. El padre renegaba de la intimidad de su hijo. Según el testimonio de Carlos Curiotti, el amigo del “perejil” Gastón Zárate que fue el segundo imputado en el caso, éste le había confesado haber matado a Dalmasso. En su testimonio Curiotti dice que el pintor no fue el único que ingresó a la habitación para matar a la mujer. Iba, según dijo el testigo, acompañado de otra persona que nunca fue interrogada. A esa otra persona Curiotti la identificó como “El Porteño Dawn”. En la misma declaración, Curiotti dice que el pintor le confesó que ultrajaron a Dalmasso utilizando un vibrador “guardado en uno de los cajones del baño”. Algunos medios dijeron que la confesión era falsa porque Curiotti era “discapacitado”. Eso nunca se probó. La pericia psicológica lo muestra como “influenciable”, pero no como discapacitado.

Zárate fue acusado por su madre, antes de estar vinculado al caso, de haberse subido encima de ella e intentar ahorcarla. El asesino de Dalmasso la habría ahorcado estando encima de ella.

Un grupo de los investigadores policías que fue el que más trabajó en el caso fue acusado de haber recibido dádivas de Daniel Lacase. Por ese hecho fueron sobreseídos, pero lo cierto es que efectivamente fue el amigo de Macarrón quien les ofreció pagarles la estadía aunque más tarde –para evitar ser descubiertos- fue la Provincia la que pagó hotel y comida de los policías. Los policías acusados de apretar a Curiotti todavía no fueron absueltos, ni condenados por ese hecho que nunca quedó del todo claro.

El fiscal Di Santo ordenó investigar a los trabajadores de la casa de Nora, y a la Policía Judicial indagar en los vínculos económicos del viudo. Hasta que se fue del caso no hubo un informe completo de la situación económica del marido de Dalmasso.

Cuando el fiscal pidió el ADN de las personas que estuvieron en contacto con el cuerpo para constatar que no habían afectado el lugar del crimen, obvió de la lista a Adrián y Carlos Radaelli, los vecinos que descubrieron el cuerpo y alteraron la escena por primera vez. Lo que sabemos del caso es mucho menos de lo que consta en el expediente.

 

 

Imputados. El caso tuvo varios imputados. El primero de ellos fue un hombre de apellido Magnasco. La imputación fue una “imputación leve”, un eufemismo que se utiliza en la justicia de Córdoba a veces de manera perversa. Se trata de una imputación por el artículo 306 in fine del código procesal penal. El propio Magnasco fue el que pidió que lo imputen para quitarse de encima las sospechas que las propias amigas de Nora desplegaron en el expediente cuando sugirieron que entre ambos había una relación. Magnasco no tenía nada que ver.

El segundo imputado fue Gastón Zárate. Fue por el delito de “homicidio por abuso sexual agravado por el acceso carnal –violación- seguido de homicidio y hurto calificado” del teléfono celular de la víctima.

El tercer imputado fue el hijo de Nora. Facundo. A él se lo imputó, también por el 306 in fine pero por el delito de “homicidio calificado y abuso sexual agravado sin acceso carnal agravado por el vínculo”. También fue sobreseído.

El cuarto imputado es Marcelo Macarrón. Su imputación la realizó otro fiscal porque Di Santo –tras chocar con su propia incapacidad- se había apartado y la causa quedó en manos de Daniel Miralles que imputó al marido por “Homicidio calificado por el vínculo”.

El quinto imputado es el más absurdo, porque fue el único condenado. Se trata del periodista Hernán Vaca Narvaja contra quien fue la familia por sus publicaciones sobre el caso en la Revista Sur que dirige. Se lo imputó -¡y condenó!- por el delito de “daño moral” por su cobertura del crimen.

 

Otro fiscal que se va. La última novedad del caso fue el apartamiento del fiscal Daniel Miralles. Este fiscal anunció con bombos y platillos que tenía elementos para llevar a juicio al viudo. Su desopilante teoría era que Macarrón logró la complicidad de sus 16 amigos en Punta del Este, más la complicidad de los operadores del aeropuerto de aquella ciudad uruguaya, más la complicidad de operadores en algún aeropuerto de Córdoba para viajar desde Punta del Este a matar a su mujer –después de cenar- y volver a Uruguay para ganar el primer torneo de golf de su vida.

Los bombos y los platillos nunca sonaron. El motivo del apartamiento fue que Miralles “adelantó opinión sobre el caso” en dos notas periodísticas. Ese fue el último fracaso de la Justicia cordobesa en torno al caso. Sin embargo, a 11 años, no sería de extrañar que pronto vengan otros.

Finalmente no desentrañamos el misterio, pero dejamos elementos para que sepan que mucho de lo que se dice del caso es falso.

La mecánica del caso funciona cíclicamente de esta forma: unos días antes del aniversario en estos once años alguien aparece mágicamente con alguna novedad. La misma es fogoneada por los abogados vinculados al caso. De esa manera se mueve un poco el avispero y parece que a los involucrados les interesa la pobre Nora.  El autor de esta nota no les cree. Sabe que la principal apuesta de la mayoría es la prescripción del caso. Eso ocurrirá en 2021.