Tecno

CREC, acercando mundos

Organizados en una cooperativa, técnicos en computación, ingenieros y comunicadores acercan el lenguaje de la programación en formato taller para quien quiera aprender "el lenguaje del futuro".  

 

Por Redacción COLSECOR 

 

Estamos atravesados por computadoras: un celular, televisor, un auto o los electrodomésticos tienen tecnologías programables. Sabemos manejarlas pero poco conocemos lo que hay dentro, aquello que permite que cumpla ciertas funciones.

En la tarea de tratar de acercar a todos el mundo de la programación, cifrado y lejano para la mayoría, se han embarcado los 12 integrantes de la Cooperativa Robótica Educativa Córdoba (CREC). Lejos de cualquier  actitud quijotesca, sostienen que hay que conocer el lenguaje del futuro: la programación. 

“Donde hay una computadora hay un programa corriendo que fue pensado y construido con un lenguaje específico”, dice Eduardo Rodriguez, analista en computación y miembro de CREC. Aprender programación nos ayuda a entender cómo funciona una parte del mundo que nos rodea, sostienen los especialistas.

Somos “analfabetos en programación”, dice Eduardo, “terminamos la secundaria con algunas nociones de matemática, física, historia pero nada de ciencias de la computación. Y ahí está la paradoja porque todo el tiempo interactuamos con estos dispositivos. Ahí creemos que yace la importancia de que en la escuela debe haber un abordaje de esta temática.

 

Las ventajas de aplicar programación en las aulas

La programación y la robótica mejoran el rendimiento escolar, explica Cecilia Martínez, profesora en la carrera de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía de la UNC. La especialista resalta que la integración de esta enseñanza en la escuela permite la formación de futuros ciudadanos en los alfabetos  de nuestros tiempos y contribuye a que los alumnos sean posibles creadores de tecnología, no sólo usuarios.    

En cuanto a los aportes para el aprendizaje, otros profesionales de la educación destacan que el pensamiento lógico que supone la robótica, desarrolla estrategias de resolución problemas, de abstracción, de pensamiento secuencial. También aumenta las capacidades cognitivas de memoria, cálculo y comunicación.

  

 

La iniciativa

CREC es una cooperativa de trabajo integrada por egresados de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física y Computación (Famaf), de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del Instituto Técnico Superior Córdoba, de Villa El Libertador. Hay técnicos, ingenieros electrónicos, analistas en computación y comunicadores. “Nos dedicamos a gestar herramientas que tienen por objetivo llevar las ciencias de la computación a diversos ámbitos educativos formales y no formales”, explica Eduardo Rodriguez.

“Lo hacemos en formato de talleres adaptamos a quienes los demanden” que pueden ser escuelas, clubes de barrio y público en general. Es estos espacios en lugar de plantear conceptos, se aprende por indagación y de manera colaborativa; explorando los estudiantes descubren y construyen los conceptos.

Pensar computacionalmente es hacerlo de “forma ordenada para poder construir una solución”, explica Eduardo. “El desafío es desarrollar esa secuencia en pasos lógicos para llegar a un destino. Pero a medida que van pasando los desafíos surgen otras habilidades que tienen que ver con la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la abstracción, la generalización, el trabajo secuencial. Son habilidades transversales a otras actividades de la vida. En los talleres además de solucionar problemas específicos apelamos a que los participantes desarrollen estas habilidades a través de actividades lúdicas y todos se enganchan a tal punto que los chicos no salen al recreo o termina la actividad y cuando los vienen a buscar los padres no se quieren ir"

 Los talleres “son para quienes los quieran hacer. Sólo hay que ser curiosos, tener ganas de conocer y que te guste la tecnología”.

 

 

Docti, el robot que va a las aulas

La estrella es Docti, el robot creado para trabajar en los talleres. “Es un auto con ruedas, tiene luces led y un sensor de ultrasonido que le permite calcular distancias a las que tiene un objeto sólido. Todo se puede controlar en Docti  a través de la programación”, explica Eduardo. El robot llega a los talleres desarmado en bolsitas. Los chicos lo ensamblan, lo cablean y lo programan para su desplazamiento. En todo el proceso, se aprende a manipular las herramientas y a encontrar soluciones de software que comanden al robot. En grupo deben llegar por su cuenta al objetivo: que Docti fucnione. Tanto el producto (hardware) como los programas (software) son abiertos en consonancia con la filosofía que une a los miembros de CRERC: la del conocimiento compartido, colaborativo y público.