Salud

La “gerontofobia”

La gerontofobia intenta poner en una sola palabra ese desprecio por los viejos, el terror enfermizo a envejecer, el descartar de la sociedad a los adultos mayores: negarlos, ocultarlos, marginarlos.



La gerontofobia impregna todos los ámbitos de la vida, incluida la asistencia médica. ¿Atendemos con igual dedicación a un bebé o un joven que a un adulto mayor? ¿Cuántas veces despreciamos la atención de los ancianos por las escasas posibilidades diagnósticas y terapéuticas? ¿Cómo influye en la asistencia la mala remuneración de la atención a los adultos mayores? ¿Cómo afecta el mandato mediático y farmacológico de la eterna juventud?

Habría que dejar establecido que ante cualquier consulta de un adulto mayor, el médico debe pensar que es una enfermedad tratable hasta que se demuestre lo contrario. Adjudicar cualquier síntoma a la vejez, entendiendo que envejecer es igual a enfermar, es mala praxis. Pacientes, médicos, todos llevamos un viejo adentro. Una sombra imperceptible nos dice que al dejar afuera de la convivencia a los viejos, nos estamos eliminando a nosotros mismos.

La primera barrera que hay que atravesar para atender adultos mayores son nuestros propios prejuicios sobre la vejez. Hay que tratar siempre al paciente de usted y por su nombre. Consultas posteriores podrán admitir el tuteo o la utilización de apodos o sobrenombres. Decirle “abuelo” al paciente anciano, cuando no se trata del abuelo del profesional, puede parecer un modo de afecto y simpatía pero es un error. El mismo que comete un obstetra al decirle “gordita” a la embarazada o el pediatra que le dice “nene” o “pibe” al niño. Superado el prejuicio y conociendo la identidad del paciente, que abarca no sólo el nombre sino también la familia y en especial con quién vive, se comienza a indagar sobre el síntoma. Es aquí donde se aplica la “regla de los tercios”: cuánto del dolor de una rodilla se debe al envejecimiento normal de la articulación, cuánto a patologías propias como artrosis y cuánto por inmovilidad o cambio de hábitos al caminar. Entonces, es muy importante no asociar vejez a enfermedad. Aunque no sea lo habitual, se puede llegar a los 100 años con los inevitables cambios propios del envejecimiento y libre de patologías.

La vida se parece a una larga carrera. Si el terreno fuera llano, el desarrollo hasta la ancianidad sería diferente. Lo cierto es que entre nosotros y la meta, es decir, entre el nacimiento y la muerte suelen interponerse las enfermedades. Pero, a pesar de ellas, los índices de mortalidad siguen disminuyendo y esto provoca que cada vez haya más gente que supera los 65 años y que sea frecuente llegar a los 80 y más. Sin embargo, no debemos olvidar que la etapa que se prolonga cada vez más es la vejez, llegando incluso a los 100 años, lo que se conoce como “envejecimiento del envejecimiento”.

La especialidad de geriatría trabaja y estudia los grandes síndromes que afectan a los adultos mayores: incontinencia urinaria, inmovilidad y sus consecuencias, la inestabilidad con las caídas, el deterioro cognitivo que incluye las demencias, el síndrome confusional agudo y la depresión. Estos síndromes son propios de los ancianos y son los componentes esenciales de la especialidad médica. Al ser el mayor número de consultas e internaciones de este tipo de pacientes, el mundo ha comenzado a hablar de “geriatrización” de la medicina.

Es muy importante no asociar vejez a enfermedad. Se puede llegar a los 100 años con los inevitables cambios propios del envejecimiento y libre de patologías. Pero la enfermedad no se diagnostica ni se trata igual en un anciano, se deberían valorar los riesgos y los beneficios que tendrían un estudio diagnóstico o un tratamiento en cada paciente en particular.

Todo indica que la población continuará aumentando su promedio de vida, cada vez seremos más y más viejos. Es hora que dejemos de lado los prejuicios hacia la vejez, que dejemos de negarla y asociarla con “lo malo” y “lo feo” porque es el futuro que nos espera a nosotros.

Una sociedad que no se piensa en el tiempo, que niega su propio envejecimiento, es una sociedad que no advierte el futuro. El rechazo, desprecio y abandono de los viejos es una enfermedad de auto agresión.

El viejo soy yo más tiempo. Esa idea nos permitirá revertir la gerontofobia y construir un futuro donde todos, en especial los viejos, tengan su lugar.

No sabemos cómo se construirá un mundo mejor, pero estamos seguros que incluirá acercarse a los ancianos y brindarles una buena vida. O como dice Juan Manuel Serrat:

“Quizá llegar a viejo /sería todo un progreso / un buen remate / un final con beso /simplemente si todos / entendiésemos que todos / llevamos un viejo encima.”

*Por Carlos Presman

Médico especialista en Gerontología, Docente, Escritor