EL SEÑOR DE LA MONTAÑA

Sebastián “Chiquitín” Pedernera nació en la localidad cordobesa de Tanti, cuando el pueblo era solo un caserío. Se crió a unos kilómetros en Los Gigantes, cerro que conoce como la palma de su mano y que se convirtió en uno de los paseos preferidos para quienes visitan la zona.

Enclavada en las sierras cordobesas, cerquita de Carlos Paz, se encuentra la localidad de Tanti. Ahí vive Chiquitín, que me estaba esperando en su casa con sus tesoros: Tres libros de 1920 propiedad de su abuelo que tenía campos en Los Gigantes, un cerro cercano. Son libros de visita de quienes pasaban por el lugar, que guardan cientos de firmas dentro de las que se encuentran, por ejemplo, las de Quinquela Martín, Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. Antes que nada, los abre y busca con orgullo estos y otros mensajes plasmados en las páginas.

Chiquitín es muy querido en el pueblo. Su familia ya vivía en la zona cuando Tanti comenzó  a crecer. Empieza a recordar su historia y sus ojos se llenan de lágrimas al inicio, cuando cuenta que sus padres fallecieron cuando era chico. “Me crié con mis abuelos paternos en Los Gigantes, mi abuelo tenía la estafeta de correo allá. Yo era chiquito y ya salía a cuidar a las ovejas en el cerro”.

Hoy tiene 77 años y al entrar a su casa se observa un bastón de trekking apoyado en la pared. Es que Chiquitín debe haber sido uno de los primeros guías de montaña. “Con mis primos acompañábamos a los visitantes al cerro y  también vendíamos piedras, para ganar algún dinerito”, recuerda.

Cuando era chico “había muy pocas casas y muy dispersas, las calles eran de tierra, era muy chiquito el pueblo. Mi abuela materna Juvencia Bustos era jefa de la estafeta de correos de Tanti. Fui al colegio acá e hice sólo el primario, porque empecé a trabajar a los 16. Creo que había secundario en Carlos Paz, acá no había”, recuerda Chiquitín.

Es un pueblito entre las sierras, con un bello entorno. Quienes lo visitan,  realizan paseos a diferentes lugares, dentro de los que pueden nombrarse el Cerro Blanco, La Cascada y Los Gigantes, donde se crió Chiquitín. Este hombre que hoy, a los 77 años se siente bendecido porque pudo conservar ese espacio que perteneció a su familia. En el mismo lugar donde estaban las ruinas de la casa de su abuelo, construyó una casita y hoy lleva adelante un emprendimiento familiar donde recibe a los turistas que llegan para subir al cerro. “Cuando van los jardines de infantes se abre la puerta del colectivo y salen corriendo  los chicos como pajaritos volando.  Hay gente grande que se baja del coche y sus ojos se llenan de lágrimas, es que la sierra es tan fuerte… es muy fuerte estar ahí”.

Conoce muchas leyendas e historias del lugar. Desde chico generó una conexión muy fuerte con la naturaleza y a pesar de eso, la montaña lo sigue sorprendiendo. “Con el tiempo encuentro en las piedras  algunas cosas que me contaba mi abuelo en las leyendas, porque si uno observa, ni con un molde podés hacer las formas que se encuentran ahí. Por eso quiero que a la montaña no la toquen, que no le hagan nada. Tuve ofertas de extranjeros para hacer un hotel `de primera´, pero para mí es importante  que se mantenga todo natural”.

La gente le dice que el cerro tiene una energía muy fuerte y le pregunto por esa conexión con la naturaleza ¿Usted siempre ha hablado con la montaña? “A la noche cuando mi esposa se va a dormir yo salgo, rezo. Una vuelta estaba en silencio, concentrado y siento que alguien me toca la espalda, se me heló la sangre…  me doy vuelta y era el caballo”, finaliza la charla entre risas cómplices con Fermina, quien hace 50 años es su gran compañera.

 

TANTI: “Un pueblo que no pierde la esencia”

En este lugar, que fuera tierra indígena, un terrateniente fundó tres estancias, una de ellas denominada Tanti,  que desarrolló una importante actividad comercial con el alto Perú. Con el tiempo se fue formando la localidad.

Mario Castro nació en el pueblo hace 73 años y siempre estuvo vinculado con las instituciones. “Participé en el club de abuelos, el club deportivo y el Instituto Secundario San José, entre otras. Me gusta mucho la acción comunal, fui concejal 10 años alternados y este año me retiro. Uno conoce el pueblo y el pueblo lo conoce a uno, eso facilita mucho las cosas en lugares chicos”.

Explica que los alumnos suelen buscarlo por datos de la localidad y que “gracias a Dios tengo todavía buena memoria, por suerte `el alemán´ no me visita”, dice entre risas.

“Es un pueblo totalmente serrano que se desarrolló a lo largo de la ruta. De la plaza al arroyo hay cuadrita, cuadra y media. La Iglesia más antigua es de 1848 y tiene la misma edad del pueblo, 167 años. Tuvimos la primera administración municipal en el ´53, una intervención del gobierno de la provincia. “Para el crecimiento del pueblo ayudó bastante el pavimento. Me acuerdo que en una época el padrón era de 2000 habitantes, hoy estamos llegando a los 10.000, el área de Los Gigantes también es parte de la jurisdicción electoral. Antes sólo estaba el nombre de las calles, no había nomenclatura.  El pueblo fue cambiando, se fue consolidando y hubo avances como por ejemplo en el área salud, cuando llegó la primera ambulancia”.

 Asegura que “aunque sea un lugar turístico, no pierde la esencia de pueblo. Hay muchas historias, mucha naturaleza, mucha cultura. Gente que aún vive en el campo, en la montaña y suele bajar, por ejemplo para el 7 de octubre, cuando se festejan las patronales en honor a Nuestra Señora del Rosario. Hubo un sacerdote, el padre Marcos Favre, que hizo mucho por el pueblo. He jugado mil veces al truco y a las bochas con ese cura. Estaba mucho con la gente, iba a las casas, charlaba y tomaba mate. Era como el cura gaucho, pero no iba a la montaña en burro porque tenía un Ford A modelo ´29”.

Finaliza rescatando “una cosa que no sé si todo el mundo la nota. Podremos tener diferencias políticas, religiosas o económicas, pero solidaridad es lo que sobra. Hay una necesidad y no hay nadie que mire para otro lado. Se hacen rifas, festivales y todos colaboran”.