COOPERAR

En el Congreso Argentino de la Cooperación ocurrido en la ciudad de Rosario en el 2012 con motivo de la celebración del Año Internacional de las Cooperativas, nuestra entidad expresó que el proyecto COLSECOR tv cooperativa había sido una verdadera quijotada.

Aquella adjetivación se sustentaba en la censura establecida por la dictadura impuesta a las cooperativas en el campo de las comunicaciones audiovisuales y en el proceso de concentración mediática excluyente, que al amparo de la política se consolidó como un poder imperturbable hasta la promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en octubre del 2009.

En este marco, no podemos pasar por alto la descripción del contexto socioeconómico en el que comenzamos a delinear los primeros trazos del proyecto televisivo. Fue en medio de la profunda crisis que vivía el país desde aquellos fatídicos días del 19 y 20 de diciembre del 2001. Las cooperativas fueron un obrador en aquel baldío de los escombros que dejo el neoliberalismo y los medios presentes en las grandes densidades poblacionales no incorporaban esta realidad nacida desde la sociedad civil en la agenda de temas públicos.

Vale hacer un repaso de aquellos padecimientos porque fueron las huellas indelebles que vieron todos los habitantes de esta Nación como testigos implacables de la ruptura del tejido social, ocurrida luego de que la mitad de los argentinos quedó bajo la línea de la pobreza.

Se corporizaba la necesidad de comunicación y había que dar los primeros pasos. Frente a esto, se siguió la “lógica de manual” de toda cooperativa: Construir una solución frente a un problema.  Y así nació nuestra señal el 2 de septiembre del año 2002.

Fue la materialización de una iniciativa valiente del movimiento cooperativo integrado en una entidad de carácter federal como es COLSECOR.

En este sentido, siempre es oportuno releer aquella decisión fundacional de nuestra cooperativa que buscaba dar visibilidad a la economía social, rompiendo el silencio impuesto durante 28 años. 

Definitivamente alguien tenía que hacerlo. No se podía languidecer en el  jaque mate del poder del libremercadismo de los años noventa frente a las cooperativas. Había que abrir camino poniendo el brazo comunicacional  a disposición de toda la economía solidaria.

Vamos a ser claros. Salvo, excepcionales participaciones, sólo COLSECOR y sus asociadas comprendieron la importancia de este medio de comunicación y la necesaria construcción del mensaje que había que desarrollar. Haciendo revisionismo histórico, queda clara la inocultable e innegable ausencia de los esperados protagonistas.

Siempre creemos que tenemos que seguir desplegando los argumentos iniciales y continuar poniendo esta iniciativa al alcance de la mano.

La dirigencia puede asumir esta oportunidad. Los contextos y los problemas cambiaron en cuanto a la comunicación en Argentina. Las nuevas voces no pueden ser letra de molde en una ley.

A  doce años vista, aquella decisión de fondo no fue una tozudez sin pies ni cabeza. 

 Estamos convencidos de que para dar la batalla cultural, el cooperativismo tiene que ser protagonista en la comunicación democrática del país.

Nuestro crecimiento con una mayor participación en la producción para el desarrollo de un país más equitativo y justo depende en gran parte de la generosidad que tengamos para pensarnos juntos.

Las certezas del emprendimiento desde el origen siempre fueron que un canal de televisión es un potente defensor de toda la economía solidaria a la que pertenecemos. La legitimidad del proyecto fue respetar y jerarquizar el valor del federalismo real donde trabajan las entidades sin fines de lucro.

Cooperar es la necesaria acción que nuestras entidades de la economía solidaria tienen que decidir para transitar este tiempo histórico que ofrece oportunidades para el desarrollo sustentable del proyecto.

Es la solidez de la identidad del bien común la que tenemos que entender como el gran eje organizador de la solidaridad entre cooperativas. Hay que integrar estableciendo relaciones de confianza en la gestación de los desafíos que sinteticen los genuinos intereses del conjunto del sector social que representamos.

Se impone definitivamente el sentido del profundo compromiso con la ciudadanía cuando trazamos el camino que nos permita avanzar en  proyectos de manera mancomunada, en el marco de la riqueza de la diversidad cultural que emana de las mejores experiencias de gestión que se han construido en miles de empresas de capital social en nuestro país.