• "No puede haber gobiernos sin una política de Derechos Humanos"

     

    Cecilia Ghiglione | Revista COLSECOR 

     

    Amnistía es una organización identificada mundialmente con la defensa de los derechos humanos. La sede en Argentina existe desde 1984 pero su activismo ha trascendido en los últimos siete años, a partir del impulso de una agenda enfocada en la defensa de los derechos de las mujeres, en la libertad de expresión, en la causa de los pueblos originarios, de los migrantes y en la formación de jóvenes. Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina desde 2011, es en parte responsable junto a su equipo de este proceso.

     

     –¿Cómo es hablar de derechos humanos en Argentina?   

    –La misión de Amnistía es la defensa de estos derechos en el mundo a partir de una agenda histórica que se viene trabajando, como la libertad de expresión, el derecho a no ser torturado, al aborto; los derechos civiles, políticos y sociales como el acceso a la educación, a la salud y al trabajo. La particularidad de nuestro país es que los derechos humanos (DDHH) están reconocidos en nuestra Constitución a través de la incorporación de los tratados internacionales. Esto no es común, no sucede en todos lados. Por lo tanto, exigir su cumplimiento es más fácil que en Estados Unidos, por ejemplo. Ahora bien, que nuestros derechos en Argentina estén mejor garantizados no implica que el país los cumpla. Entonces, gran parte de nuestro trabajo es vigilar y denunciar cuando no sucede y celebrar cuando sí se hace.

     

    El kirchnerismo hizo de los DDHH un símbolo. ¿El macrismo dio continuidad a esta política?

    –El gobierno anterior tomó como propio el discurso de los DDHH adueñándose del término, y eso nos perjudicó como movimiento porque cada vez que levantamos la voz en defensa de los DDHH, somos kirchneristas. Nosotros hemos sido muy críticos del kirchnerismo, pero también muy halagadores. Tuvieron políticas muy activas y progresistas como las de Memoria, Verdad y Justicia, las políticas vinculadas al matrimonio de personas del mismo sexo, de identidad de género e incluso las migratorias; pero también  hubo temas que a nosotros nos preocupaban como salud sexual y reproductiva, aborto, indígenas, por darte un ejemplo, en los que no hicieron nada.  Sí nos preocupa la apropiación de un término y que esté asociado a un partido político. No puede haber ningún gobierno que no tenga una política de DDHH porque eso significa que no se están preocupando por la sociedad. Respecto al actual gobierno, lo que decimos es que no han ponderado los DDHH ni han tenido una política activa en este sentido. Pero también hay que señalar que el macrismo no hizo lo que todos dicen en cuanto a cortar los fondos para Memoria, Verdad y Justicia. Es cierto que algunas cosas han tocado pero las políticas han continuado.

     

    En particular Amnistía ha sido muy crítica del caso Maldonado. ¿Qué entienden que se hizo mal?

    –Nosotros no decimos que este gobierno es responsable de la desaparición de Santiago Maldonado sino que hemos dicho que no pudieron administrar el caso. No puede ser que hayan dicho que Maldonado se ahogó solo cuando el chico se ahoga en un contexto de represión de la Gendarmería. Al día de hoy no hay responsables y para nosotros es inaceptable. De ese tipo de cosas hay un montón en este gobierno que tiene una postura muy defensiva. Y es entendible porque creo que ellos necesitaron diferenciarse del gobierno anterior y los DDHH estaban muy identificados con la anterior gestión.

     

    2018 fue un año de desafíos para las mujeres, como lo señalan en su anuario, con un tema central como fue el debate por el aborto legal y la Educación Sexual Integral (ESI). ¿Cómo transitaron ese momento?

    –Hace más de siete años que desde Amnistía lanzamos una campaña internacional denominada “Mi cuerpo, mis derechos” que entre otros objetivos pretendía lograr que se debata el aborto en el Congreso. Y esto sucedió junto a otras organizaciones. Despenalizar el aborto es un paso ineludible hacia el pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres, adolescentes y personas con capacidad de gestar. La ESI es un tema que venimos trabajando porque toca nuestra agenda de aborto y porque entendemos que sin educación es imposible que los chicos aprendan cómo cuidarse. Empezamos a trabajar en el tema porque veíamos que había una ley en Argentina, que tiene 12 años y no se estaba implementando de manera eficiente. La ESI es clave para que los niños, niñas y jóvenes puedan tomar decisiones sobre su cuerpo, su sexualidad y su salud, puedan prevenir el abuso sexual, identificar situaciones de violencia, prevenir embarazos no intencionales y conocer sus derechos.

     

    ¿Qué cambios hubo en materia de derechos de las mujeres con la irrupción del movimiento de mujeres?

    –La robustez del movimiento de mujeres es impresionante, las movilizaciones del 2011 no tienen nada que ver con las actuales, pero lo que más nos ha impactado en estos años es el rol de los jóvenes, la apropiación que han tenido de la causa aborto que la sienten muy propia y común. Esto de ver a los chicos con un pañuelo verde en su mochila es muy nuevo, se habla más del tema, hay más información en todos los niveles, los jóvenes les hablan a sus padres y hasta los convencen de estar a favor de esta lucha. La marea verde también generó los pañuelos celestes que hasta hace tres años atrás no existían porque no había necesidad. Tanto empoderamiento de la mujer, que bienvenido sea porque es por lo que luchamos, toda esta movida tan fuerte del movimiento de mujeres hizo que aparezca un actor nuevo con el que hay que aprender a convivir. Y es toda una novedad para nosotros, porque no sabemos convivir. 

     

    ¿La Iglesia sigue teniendo peso en los temas de derechos de las mujeres?

    –Nosotros estamos a favor de la división Iglesia-Estado, eso es lo que sostiene Amnistía, pero no hay una posición crítica contundente contra la Iglesia. Lo que sí puedo decir es que la Iglesia no esperaba que el proyecto de aborto se aprobara en Diputados, por eso hasta el momento de la votación tampoco se la veía tan activa. No hubo dos plazas en Diputados. Una vez que se aprueba la ley, aparecen organizados quienes se identifican con los pañuelos celestes. La verdad es que desde Amnistía no tenemos un estudio hecho para decir qué tipo de iglesia es, no sabemos quiénes son los actores, no sabemos si son evangelistas o católicos. Ahora es el estudio que hay que hacer en Argentina, mirar un poco eso. Lo que sí sabemos es que desde ese día se organizan y lo hacen muy bien, son muy verticalistas y ordenados, responden a un líder y, además, tienen financiamiento del Estado, no para esto puntual pero lo reciben. El movimiento de mujeres es un poco más caótico porque somos muchas organizaciones y somos más horizontales, incluso una de las cuestiones que hoy nos planteamos es cómo nos organizamos mejor porque ellos están más ordenados. Esto no es un tema de competencia sino que cada uno tiene una causa por la que lucha y cada uno quiere lograr su objetivo.

     

    Debate público limitado

    Una creciente preocupación de Amnistía Internacional pone el foco en los ataques y las agresiones en las redes sociales a personas que tienen posiciones críticas porque manifiestan un agravio contra el derecho humano a la libertad de expresión.

    Belski señala que “Amnistía tiene una posición respecto a la retórica del odio en Internet. Creemos que no es absoluto el derecho a decir lo que uno quiere, como todos los derechos tiene que haber una limitación”.

    En Argentina, en particular, un estudio realizado desde la sede local documentó entre octubre y noviembre de 2017 las agresiones contra nueve periodistas - entre los que estaban Nelson Castro, Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni y Reynaldo Sietecase -  y dos defensores de los DDHH – Adolfo Pérez Esquivel y Mariela Belki -y describió esas acciones como “ataques propios de las campañas del odio”. El estudio indica que no todos los nombres analizados tienen perfiles en Twitter.

    En el documento final se analiza el accionar de “cibertropas en Twitter con el fin de descalificar, agredir o intimidar a periodistas y defensores de DDHH de la Argentina se advierte sobre este fenómeno reciente que reclama atención pública”.

    “Nos parece que durante el gobierno actual se ha dado mucho el uso de la agresión en las redes sociales. Hay mucha gente que ha denunciado esta situación ante la Secretaría de DDHH y en lugar de investigar, no han hecho nada” agrega la vocera de Amnistía Internacional Argentina, quien también fue víctima en Twitter de una acción coordinada desde cuentas ficticias con información falsa sobre su trayectoria (fake news) que fue amplificada por referentes oficialistas.

    Entre las recomendaciones de Amnistía en las conclusiones de su documento le pide al Estado “garantizar que la conversación pública se construya sin amenazas ni ataques”. También se sugiere que tanto el Estado como las empresas de redes sociales digitales “generen normas de uso transparentes y den respuesta a las denuncias de los usuarios para evitar cercenamiento de derechos vía ataques de cibertropas”.

    Fuente: Trolling y agresiones a la libre expresión de periodistas y defensores de DDHH en Twitter Argentina