• “Macri quería ser presidente y es posible que vaya al infierno por eso”

     

    Diego Genoud |Periodista 

    Juan Casas |Fotos

    A contramano de la corriente, como todos en su familia, Rafael Bielsa se define como kirchnerista pero asegura que una candidatura de Cristina Fernández para enfrentar a Mauricio Macri abre la puerta al peor escenario. El excanciller de Néstor Kirchner sigue pensando que la unidad de todo el peronismo es posible, pide dejar de lado el show de egos y advierte que, si gana, la expresidenta puede enfrentar una realidad endemoniada en la que gobernar se le complique “muchísimo”. Hoy replegado en el sector privado, Bielsa dice que hace falta apostar al mediano plazo, ve al fracaso del Presidente como consecuencia lógica de su pensamiento y cuestiona la “diplomacia de manada” que elige Cambiemos para volver al mundo. Además, sostiene: “El pensamiento épico de Cristina no tiene plafón en la Argentina que viene, marcada por el sacrificio”.

     

    –¿A qué dedicó su esfuerzo y su interés político desde que Macri es presidente?

    –Desde que Macri asumió, me puse a pensar qué alternativa opositora podía ser la más conveniente. En un primer momento, pensé en una convergencia entre distintas facciones del peronismo. Yo soy peronista, soy kirchnerista, peronista lo fui siempre, kirchnerista desde 2002, nunca me moví de ese lugar ni me voy a mover. Empecé con Lavagna hace tres años y la fertilidad de mis esfuerzos está a la vista: cada uno anda por su lado.

     

    –En diciembre dijo “tengo un pálpito y veo que la unidad es posible”. ¿Falló ese pálpito?

    –Sigo creyendo porque lo que no disciplina la razón lo termina disciplinando el espanto. Me parece que los fuegos de artificio que hoy vemos van a ser disciplinados por lo que se avecina. No sé si las consecuencias de tener que afrontar los servicios de una deuda de 100.000 millones de dólares en el 2020 son perceptibles. Para mí sí, porque trabajo de leer cotizaciones, diagramas de flujos, cronogramas de barras y de verificar retracción de inversiones. Veo cómo funciona la economía del mundo y en Argentina nada lleva al optimismo. Sería un llamado a la sensatez y a la definición de un modelo que va a necesitar de mayorías parlamentarias. El pálpito lo sigo teniendo. Más que pálpito, la esperanza, que es el sueño de los insomnes.

     

    –¿El peronismo puede encontrar una fórmula a tiempo?

    –Cuando yo empecé a hablar con Roberto, él se rió. A los seis, siete meses de la asunción de Macri, le planteé que iba a haber una coyuntura histórica. El peronismo puede haber adoptado en distintos momentos históricos distintas expresiones. Uno se puede burlar de eso o puede odiar eso. Yo no. Para mí populismo es una hermosa palabra, que ha sido resignificada y tendremos que volver a resignificar. El problema del populismo, en la última parte de nuestro gobierno, fue su falta de sustentabilidad. En el futuro, va a haber que exigirle muchísimo sacrificio a toda la sociedad argentina y para pedir sacrificio vos tenés que empezar mostrando el tuyo. ¿Y qué mejor que una mesa de individuos, que tienen el bastón de mariscal en la mochila y dicen “yo no voy a ser” para empezar a construir un camino?

      

    La mesa del peronismo

     

    –¿Cómo sería esa mesa imaginaria para la unidad del peronismo?

    –Sería una primera cena. ¿Quién debería estar? Cristina, Roberto, Duhalde, Scioli, Felipe Solá, Schiaretti, Uñac, Sergio Massa, Pichetto, Urtubey. Y me olvido de alguno. Es mucho más difícil que los invitados vengan a esa mesa a que se coman el postre.

     

    –¿Quién está sentado hoy a esa mesa? ¿Duhalde solo?

    –No, no. Porque muchos de esos actores se reúnen de manera bilateral y no pública. Esto tendría que ser algo sin ningún tipo de promesa, de una manera seria. Es el mínimo respeto que uno le puede rendir a la mayoría de los argentinos que está sufriendo. Y tratar de alcanzar sobre 10 puntos, 10 identificaciones de problemas básicos y 10 abordajes a esos problemas. Argentina tiene un problema de redistribución del ingreso, de productividad, de no saber si la industria nacional se vincula con la manufactura o con el conocimiento...

     

     


     “Sigo creyendo en la unidad porque lo que no disciplina la razón lo termina disciplinando el espanto. Me parece que los fuegos de artificio que hoy vemos van a ser disciplinados por lo que se avecina”.

     


     

    –Pensar a mediano plazo.

    –Tomar decisiones respecto de eso demanda un período de seis años. ¿Cuánto tiempo lleva formar un ingeniero, un especialista en biología molecular?  Si vos me decís tomamos 150.000 millones de dólares del Fondo y lo dedicamos al desarrollo nacional y al conocimiento”, es una cosa. Si los tomamos para erogaciones corrientes, es otra. ¿Por qué razón Vietnam sale airoso en las calificaciones Pisa en matemática y es un caso de estudio de las universidades del mundo? Un país que tiene la tercera parte de nuestro ingreso per cápita. Porque saben que la formación de ingenieros de conocimiento les va a dar la posibilidad de un salto como el que dio Corea del Sur. Tienen un modelo y un propósito.

     

    –¿Qué consecuencias tiene la imposibilidad de llegar a un acuerdo de ese tipo entre los opositores a Macri?

    –Y me parece que en un show de los egos, en la pelea por un porcentaje del cero, se le falta mucho el respeto a los que hoy sufren en serio. Estoy muy en contacto con esos sectores, los que por ejemplo pierden el hábito de la limpieza, del baño, del cumplimiento de un horario, de tener un laburo al que ir todos los días. ¿Quién tiene la culpa de eso? No sé, no me importa. Me importa que tengo cuatro hijos varones, de 26 años a 8 años y yo quiero que vivan en Argentina. Que la patria, que es la tierra de los padres, sea su patria.

     

     Horno para todos

     

    –Si el peronismo y la oposición que es mayoría en la sociedad no se unen, ¿pueden perder con el peor Macri?

    –La realidad, que es la verdad, va empujando a Cristina a ser candidata. No estoy seguro de que ella lo apetezca, desde las razones por las cuales una persona quiere el poder: desde la ambición, desde la realización, desde el lugar en la historia. No veo presente ninguna de esas razones en Cristina y creo que para ella la aceptación sería un acto de generosidad y renunciamiento. Ahora, la realidad la va llevando y si efectivamente queda Cristina contra Macri las chances se emparejan en el balotaje. Están los kirchnerófilos y los kirchnerfóbicos pero hay una gran parte de la población que no está en eso. Entonces, creo que es el peor escenario para Argentina. Porque el pensamiento de Cristina, que es un pensamiento épico, reivindicativo, de extensión de derechos, de empoderamiento de sectores desapoderados, tiene muy poco plafón en la Argentina que viene. La Argentina que viene es una Argentina de sacrificio compartido.

     


    “El pensamiento de Cristina, que es un pensamiento épico, de empoderamiento de sectores desapoderados, tiene muy poco plafón en la Argentina que viene. La Argentina que viene es una Argentina de muchísimo sacrificio compartido, equitativo”.

     


     

    –Usted dice que Cristina puede ganar pero gobernar se le puede complicar mucho.

    –Muchísimo, muchísimo, incalculablemente se le puede complicar el gobierno. Si gana, que es lo que yo desearía frente a este Macri, que no es el peor Macri. Macri es uno solo.

     

    –Sí, pero antes era una esperanza para sectores que le permitieron llegar al 51 por ciento en balotaje.

    –No te quepa duda. Como dice Santa Teresa, se va mucho más al cielo por las plegarias que Dios escucha que por las que no escucha. Macri quería ser presidente y es posible que vaya al infierno por eso. Macri siempre fue lo que estamos viendo. Ahora está padeciendo y no me da ninguna alegría. Pero también me parece que la sociedad argentina tiene que tener una dosis de autocrítica. La pregunta que yo me hago todos los días: ¿quién pudo pensar que esto iba a ser distinto?

     

    –Macri vendió la promesa de que nadie iba a perder nada.

    –Nosotros nos equivocamos. Nuestro gobierno abusó de la comunicación directa, de una retórica convocativa que la sociedad no acompañaba. Cansamos, no fuimos capaces de demostrar que el modelo podía sostenerse en el tiempo. Dejamos envejecer el sistema de asistencialismo, que es un modelo para un momento, no es un modelo permanente. Dejamos crecer los subsidios de manera insostenible. Son autocríticas que nos tenemos que hacer y la verdad es que no he visto que las hayamos hecho públicamente.

     

    –¿Pero por qué entonces el peronismo vuelve a Cristina, después de todo eso y de haber perdido ella incluso una elección en 2017?

    –¿Y porque le vamos a pedir a las grandes mayorías que sofistiquen su razonamiento si no lo hacen los dirigentes? Las grandes mayorías populares tienen el recuerdo de una década donde ganaron derechos, donde vivieron mejor, donde fueron más respetados y se pudieron dar pequeñísimas recompensas de la vida cotidiana. Hay que decir la verdad. ¡La verdad es que estamos en el horno! Y solo le podemos prometer a la gente ejemplaridad.

     

    –¿Quién está en el horno? ¿El país o el peronismo?

    –El peronismo es una expresión de la argentinidad, guste o no. Expresa el deseo del subsuelo de la patria sublevada frente a los que acumulan, que son menos y han acumulado más. Ese sentimiento sigue vivo, en Argentina se llama peronismo, en otros lugares se llama de otra manera. Las clases sociales siguen existiendo. ¿Cómo no van a existir si Warren Buffet dijo “los ricos les estamos dando una paliza a los pobres”?

     

    –En todo este tiempo en que no habló con Cristina, habló mucho con Massa. ¿Hay posibilidad de un acuerdo entre ellos?

    –Lo veo posible. Cristina es una mujer muy inteligente y Sergio es excepcionalmente inteligente. Por supuesto, la política es timing y no es un modelo matemático, si no, las elecciones se resolverían en una computadora. Creo que ese acercamiento sería bueno para los dos. Le veo un solo inconveniente, que forma parte de una lógica bilateral, que no le rinde homenaje a los que más sufren. El peronismo es colectivo, es multitudinario, es aluvional, de muchedumbre. Es mejor Cristina y Massa juntos que solos. ¿Es lo mejor? No. Lo mejor es tener a todos hoy.

     

    –¿Y qué es lo posible hoy?

    –No sé qué es lo posible porque no estoy en modo político activo. Kennedy decía: “Si la política es el arte de lo posible, entonces el arte de la política es hacer más ancha esa posibilidad”. No me gustan las descalificaciones, no me gustan los exabruptos, no me gustan los esfuerzos por diferenciarse. ¿Qué palabra más linda hay que igualarse? El tema es con quién te igualás.

     

    –¿Cómo se resuelve en el peronismo la gran pregunta de quién conduce?

    –Si predomina la razón, de una manera. Si predomina el espanto, de otra. Si se juntan 10 dirigentes de primer nivel, ese grupo genera una dinámica y ahí los mejores son mejores y los peores son peores. Y las buenas ideas son mejores que las malas y los apetitos de cada uno pueden ser satisfechos en la medida de un acuerdo colectivo. Esa es la solución virtuosa.

     

     

    Diplomacia de manada 

     

    –¿Cuál es el saldo del G20 y la puesta en escena del apoyo internacional?

    –Descreo profundamente de la diplomacia del club house, de la diplomacia del ceremonial y el casco de estancia. La diplomacia es una cosa dura donde vos le decís de movida al que te quiere apurar: “Mire, yo puedo esperar cuatro años, 40 años, 400 años. Las Malvinas son mías, no me importa cuánto tengo que esperar”. Esa frase amilana mucho más a un británico que una bravata o un halago sin consecuencias. ¿En qué redundan las efemérides del G20 o el caso del “querido rey”? O redundan en un papelón como el de José Luis Borges o en un rédito de uso interno, que es lo que siempre el neoliberalismo argentino cuestionó.

     

    –Macri diría “yo tengo relaciones autónomas con China y Estados Unidos”.

    –Sí, muy autónomas no son porque China apoya a Venezuela y vos estás en el grupo de Lima. ¿A dónde te lleva esa diplomacia de manada?

     

    –Muchos piensan que con Bolsonaro y con Piñera, la región no da para un regreso de Cristina y ni siquiera del peronismo.

    –No está dicho que el peronismo solo pueda expresarse en términos altisonantes y dándole clase de Laclau al G20. Lavagna es peronista.

     

    –Sí, pero Massa y Pichetto están más cerca de Macri en el caso Venezuela.

    –Son peronistas y eso es ser distinto a Macri. Macri no es un gobierno oligárquico, es un gobierno de élite. Ningún peronismo se parece a Macri, salvo los que quisieron parecerse a Macri porque pensaron que eso les podía convenir electoralmente. La región puede dar o puede no dar. Bolsonaro es un exabrupto de la historia y se va a extinguir. No forma parte de la fisiología de Brasil, sino de la patología de Brasil, un país que adoro. Me tiene sin cuidado Bolsonaro porque sé que es un episodio y la historia no se puede pensar en términos de coyuntura. A lo mejor, no es el mejor momento para pensar en el kirchnerismo, en términos de lo que expresó como fenómeno de época. Pero ¿dónde está dicho que el peronismo no se puede expresar de una manera diferente? ¿En qué manual está escrito?