• “La clase media hipócrita defiende la escuela pública para los pobres, pero privatiza la educación de sus hijos”

     

    Cada vez que un paro docente se prolonga o dan mal los resultados de las evaluaciones a los alumnos argentinos, a Mariano Narodowski lo acosan con llamados para que hable de Educación. Cuando la noticia pasa, la presión cede, los problemas permanecen y Narodowski persiste entre los que piden un debate de fondo, que nunca empieza.  “Los diagnósticos los tenemos, los especialistas estamos y cada vez más economistas se suman. Ahora necesitamos un liderazgo fuerte, una masa crítica en la política y una clase media que lleve adelante el debate, como sucedió con el aborto”, dice. Con más de 30 años dedicados a la investigación académica y más de 20 libros escritos, el actual profesor titular en la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella reclama que los sectores medios revisen la hipocresía de defender una moral pro-pública y mandar a sus hijos a la escuela privada para motorizar un debate como el que impulsaron en el caso de la interrupción voluntaria del embarazo. De ese llamado urgente, forma parte su más reciente y -según dice- último libro, “El colapso de la educación”. El exministro de Mauricio Macri en la Ciudad analiza las diferencias y continuidades entre macrismo y kirchnerismo, habla de los sindicatos docentes y dice que hoy el problema más urgente de la escuela pública es el abandono masivo de los adolescentes pobres.

      

    Diego Genoud | Periodista  

     

    ¿Cuál es el cambio principal que operó la llegada de Macri y Cambiemos en el sistema educativo?

    –No veo rupturas significativas. Creo que hay un problema de financiamiento, como en otras épocas, hay un interés del Gobierno nacional por provincializar parte de la gestión con financiamiento sin función específica -con lo cual puede ser usado para cualquier cosa- y está también la desaparición de la paritaria nacional, una decisión unilateral del Gobierno. Era una herramienta que podría haber sido mejorada, ordenaba, daba un piso de financiamiento y tendía puentes hacia los sindicatos docentes. 

     

    La ausencia de paritaria nacional provoca paradojas como el acuerdo de Vidal, que este año, con un retroactivo, lleva la paritaria al nivel de la inflación de 2018.

    –Sí. Usufructuar el enfrentamiento es un error. Fue la política que tuvo el gobierno bonaerense los tres años anteriores y por suerte no tiene este año. Puede servir electoralmente y creo que le sirvió a María Eugenia en 2017 pero no le sirve a la educación. La idea del Baradel feo, sucio y malo es muy nociva para la educación. Es el representante de los docentes y demonizar esa figura no sirve para mejorar la educación.

     

    ¿Cuál es el punto ciego de la meritocracia aplicada a la educación?

    –El Gobierno no tiene una política meritocrática en materia educativa. Si la tuviese, yo estaría en desacuerdo. La política de evaluación puede tener que ver o no con eso. Hay países que tienen evaluaciones educativas y posiciones igualitaristas, como Suecia. Las pruebas Aprender fueron un dato muy positivo, ahora están siendo discontinuadas, se van a hacer cada dos años, se eliminan las evaluaciones muestrales y creo que hubiera sido mejor seguir con la misma serie. Las evaluaciones censales que se van a hacer tienen un bajo nivel de respuesta, no hay trabajo del Gobierno para sensibilizar a la población. No creo que sea solo un tema sindical, muchas veces los maestros y los chicos no saben para qué sirve.

     

     

    La comunidad perdida

     

    ¿Qué podría haber hecho el macrismo para tener como aliada a la comunidad educativa y desatar la tensión inicial con los sindicatos?

    –En principio, no sé cuánta comunidad educativa hay en las escuelas argentinas porque no son unidades de decisión: son terminales burocráticas del gobierno central. Crear comunidad en la escuela pública es muy difícil, depende mucho de los directores. En segundo lugar, veo dos problemas, uno es el salarial y el otro es que la lógica de la carrera docente y la propia organización burocratizada del sistema no permiten a las gestiones identificar docentes comprometidos e innovadores -sean militantes o no- para llevar adelante los cambios. Esa imposibilidad hace que el sindicato sea el único actor que sobresale. Pero es un problema que excede al PRO, no hay grandes diferencias entre distintas provincias. Habría que preguntarle a Alicia Kirchner, que perdió un año lectivo por huelgas docentes.

     

    ¿Qué pasa hoy con la familia en relación a la escuela?

    –La investigación muestra que los sectores medios abandonan la educación pública desde hace 60 años. En la peor crisis de 2001, la educación privada bajó, pero después volvió a subir. En general, las familias de clase media hacen un enorme esfuerzo para mantener a sus chicos en escuelas privadas. Los sectores medios progresistas, que podrían pagar una escuela privada y no la pagan, están muy disconformes con el gobierno de Macri, pero no sé si no sucede lo mismo en provincias gobernadas por otro signo político.

     

    “Seguir sosteniendo la moral pro pública, cuando tus decisiones no acompañan esa moral, es una posición muy hipócrita. La clase media defiende la escuela pública para los pobres, pero mientras se va recuperando, privatiza la decisión respecto de sus hijos”. 

     

     Clase media y escuela pública

     

    ¿Por qué destaca el doble discurso de la clase media?

    –Mandar a sus hijos a escuela pública o escuela privada es una decisión de la familia. Pero seguir sosteniendo la moral pro pública, cuando tus decisiones no acompañan esa moral, por lo menos merece una revisión. Si no, yo defiendo la escuela pública para los pobres, pero mientras se va recuperando, privatizo la decisión respecto de mis hijos. Me parece una posición moral muy hipócrita.

     

    ¿Por qué cree que sucede?

    –Cuanto más gente paga por algo que tiene gratis más claro es el problema. Digámoslo con sinceridad: la mayor parte de la clase media piensa que la escuela pública no cumple con sus expectativas. ¿Por qué? Bueno, ahí hay un debate, empecemos a darlo. Algunos dicen falta financiamiento, otros la organización, otros nichos de corrupción. Algunos colegas míos dicen que las clases medias van a la escuela privada por un efecto de autosegregación, para no estar con los pobres. No estoy de acuerdo, pero discutámoslo. La pregunta es cómo hace la escuela pública para no solamente incluir, sino también integrar a personas diferentes. De lo contrario, termina siendo una escuela para pobres.

     

     ¿Por qué plantea la necesidad de la autonomía?

    –Porque el sistema, como está ahora, centralizado y burocratizado, no tiene capacidad de gobierno. Hay que darles más poder, más capacidad de decisión y más recursos a los educadores. Con la responsabilidad por los resultados, como en cualquier profesión. La idea de que el ministerio debe ordenar y la escuela girar alrededor del ministerio fracasó. En esto tampoco hay diferencias entre kirchnerismo y macrismo. El ministerio como usina pedagógica y un gobierno que decide la adopción de una pedagogía es de una ambición impotente. No va a ocurrir.

     

     

    La privatización permanente

     

     ¿Por qué remarca la privatización de la educación durante el kirchnerismo?

    –Durante los años kirchneristas, no pasó nada muy distinto a lo que venía pasando. Pero se produce una cosa insólita: el 10 por ciento de la matrícula de la escuela primaria pública abandona, mientras que la primaria privada crece el 22 por ciento. Todo el crecimiento se explica por la educación privada. Hay un proceso de privatización muy fuerte, no porque el kirchnerismo la haya promovido. Pero la pérdida neta de alumnos en las primarias públicas nunca había sucedido. Hay tendencias muy profundas que ningún gobierno enfoca en políticas educativas como para poder modificarlas.

     

    ¿Rescata algo de esos 12 años?

    –Argentina tuvo un fuerte crecimiento económico hasta 2008, que se notó en el financiamiento educativo. Las medidas que se tomaron, algunas realmente muy positivas, no mueven el amperímetro en la educación. Una ley de 180 días de clase, que nunca fueron 180 días de clase; una ley de financiamiento educativo que no resolvió los problemas de fondo.

     

    ¿Se mantuvo esa partida?

    –Con Mauro Moschetti mostramos que la Argentina nunca llegó al 6 por ciento del PBI. La situación cíclica de la macroeconomía es muy difícil de resolver. Años pares, no electorales, baja el gasto en educación. En los últimos 20 años no hay una política educativa significativamente diferente de las tendencias pro-privatización, con problemas de financiamiento, de asimetrías, de inclusión social. Probablemente 2018 haya sido un año extremo que impacte en 2019. Pero creo que diferenciar la política educativa por ciclos políticos no tiene sentido.

     

    Dice que la privatización es una política exitosa que nadie la reivindica. ¿Es intencional?

    –No es intencional, pero no hay políticas para salir del deterioro de la escuela pública. Lo único que le reprocharía a Filmus es que tuvo un gran momento para hacer una reforma educativa. Teníamos un presidente con alto nivel de legitimación, con mucho poder, creciendo a tasas chinas, con un ministro muy capacitado -de los más capacitados que tiene la Argentina para el cargo- y los sindicatos apoyando. Nunca más se van a alinear así los planetas. Creo que Kirchner eligió priorizar su alianza política con los sindicatos y no las reformas que posiblemente le hubieran traído un conflicto. Pero podría haber sido algo parecido a lo que se hizo en el final de Lula y Dilma con Fernando Haddad.

     

    ¿Cómo se puede revertir ese proceso?

    –Es muy difícil, si la dirigencia no está dispuesta a pagar costos con un debate honesto y un proyecto. No tenemos capacidad técnica en los ministerios ni gimnasia de debate sobre estos temas, la diferencia pública/privada crea burbujas de ignorancia. Hay problemas macroeconómicos y un problema fiscal de orden federal por resolver: Buenos Aires tiene cuatro veces más de gasto por alumno que Misiones. Y si el Gobierno no interviene, las asimetrías se hacen más visibles.

     

    “En cualquier escuela secundaria pública, el abandono es el problema más urgente. De los cinco cursos que arrancan primer año llegan dos a quinto año. ¿Dónde están los otros tres cursos? ¿Qué destino de vida tienen? Trabajo precario, economía del delito o economía popular”.

     

     

     

    Abandono y precariedad

     

    ¿El abandono también es una política deseada?

    –Es tremendo. En cualquier escuela secundaria pública, tenés primero segundo, primero tercera, primero cuarta y primero quinta. Y en quinto año, tenés quinto segunda y quinto cuarta. ¿Dónde están los otros tres cursos?

     

    ¿Dónde están? ¿Trabajando o fuera del sistema?

    –Es el problema más urgente porque un chico de 16 años, sin el secundario completo, ¿qué destino laboral tiene? ¿Qué destino de vida tiene? Es trabajo precario o economía del delito o economía popular. Planes sociales y subsistencia en el barrio. Por otro lado, la inmensa mayoría de los estudiantes que abandona el secundario son varones, por lo cual hace falta una perspectiva de género. Por algún motivo que desconocemos, las mujeres calzan mejor en el sistema escolar.

     

    Salvo en Santiago del Estero, según su libro.

    –Salvo en Santiago del Estero, porque las mujeres ahí también quedan al margen del sistema. Pero en el resto del país, los que abandonan son adolescentes varones pobres, la combinación perfecta para un problema social muy grave de violencia urbana.

    No se pone el mismo acento en ese dato que en los proyectos para bajar la edad de imputabilidad.

    –Evidentemente. Las cárceles están llenas de jóvenes varones y los que abandonan el secundario son adolescentes varones pobres. El sistema educativo, el gobierno de la educación, no está dando respuesta a un problema social gravísimo. Si queremos resolverlo, tenemos que atacarlo como un problema de género: entender esa masculinidad. ¿Por qué es el varón el que se hace cargo, el que va a poner el pecho, el que sale? El que por ahí no encuentra laburo, pero dice ‘yo no me banco acá adentro’. Por ahí afuera tampoco encuentra nada pero ya no se siente atrapado, perdiendo el tiempo. Algo hay que hacer con eso.

     

     Se menciona siempre el Congreso Pedagógico de Alfonsín como referencia. ¿Hace falta algo así hoy?

    –Lo que falta es un consenso para delimitar disensos, porque en todo no habrá acuerdo, y apuntar a cuestiones centrales. Los diagnósticos los tenemos hechos, los especialistas estamos disponibles, cada vez hay más economistas que se suman. Necesitamos un liderazgo fuerte y una masa crítica en la política. Me llama la atención que los empresarios argentinos y la CGT no tengan una postura clara sobre educación. Los únicos que la tienen son los sindicatos docentes. Y también hace falta una clase media urbana que lleve adelante el debate, como pasó con el aborto legal, seguro y gratuito.

     

    ¿Por qué no lo hace?

    –Porque se refugia en las escuelas privadas. En el caso del aborto, también son las mujeres de clase media las que lo tienen mejor resuelto porque pueden pagar. Entonces, la invitación de las militantes feministas fue al resto de la sociedad, a las mujeres que no son de clase media y a los varones que se quieran comprometer. Hay una ventana de oportunidad pero no hay actor político ni social que se embandere atrás de una escuela pública renovada. Hay un problema de los dirigentes, no se conforma una red de la política para buscar cambios en educación.