• “La familia ha dejado de ser una socia educativa”

     La psicopedagoga  Liliana González es actualmente una de las profesionales más escuchadas en temas vinculados a la infancia. 

     

     

    Por Cecilia Ghiglione 

    Psicopedagoga y cordobesa, Liliana lleva cerca de 50 años atendiendo niños y adolescentes en el consultorio y más de 30 en la docencia formando psicopedagogos y educadores especiales.  También ha escrito libros, el año pasado publicó el noveno, y da conferencias en todo el país donde habla sin reservas sobre la educación, los chicos y los padres.  Fue por la “viralización” de una de las charlas que dio en Tucumán  que su trabajo cobró mayor notoriedad. Sorprendida en su momento dijo: “hace años que hablo de los mismos temas y no me explico por qué tanta repercusión”.  

    Pensar en los niños de hoy nos lleva a hablar de la escuela y del lugar que hoy tiene esta institución. “La verdad es que está desprestigiada socialmente. En el discurso político parece ser que la escuela remedia todos los males, pero en la realidad viene faltando desde infraestructura hasta capacitaciones. La escuela está complicada por muchas razones: por la cultura de la imagen que  invadió la vida de los chicos y los aburre por más tecnología que haya; por la caída de la lectura en los adultos que no dan el ejemplo leyendo y los niños ven a los padres con pantallas en lugar de libros. Los niños no leen y cuando un niño tiene dificultades para leer, toda la escuela se hace difícil. Hay un gran sector de chicos que va a la escuela sin encontrarle sentido, asisten porque es obligatoria y hacen el mínimo esfuerzo para zafar.  Veo que la familia ha dejado de considerarse una socia educativa o piensa que la escuela tiene que hacer todo el trabajo que ella no hace; y en vez de acompañar critican, boicotean, usan el whatsapp para denostar  la figura del docente. Hay  una ruptura del pacto familia-escuela/escuela-familia que hay que sanar y volver a enamorarse porque este divorcio nos está haciendo mucho daño”.

     

    La escuela de estos tiempos

    Parece que la incorporación de tecnología en las aulas no es suficiente para generar esa empatía con los chicos. ¿Qué debería cambiar en las escuelas?

    Hay que empezar por la capacitación docente. Si los docentes no sienten vocación de verdad, sino tienen pasión y no sienten la alegría de enseñar por más que llenemos la escuela de tecnología no resulta porque es la dimensión humana la que está en cuestión. Bienvenida la tecnología pero a los fines de la investigación, no del copio y pego.  Los chicos tienen muy claro que si quieren saber cuánto mide el Everest lo buscan en Google, saben que esos conocimientos están en los servidores. Entonces,  la escuela ya no es el lugar para ir a buscar el conocimiento y después repetirlo de memoria como lo hacía yo en mi época. Los chicos tienen que usar los servidores pero a los fines de un proceso de investigación que produzca nuevos conocimientos y no para copiar.   Es así que, por un lado, la escuela debería pensar en el trabajo cooperativo, en el trabajo interdisciplinario entre varias materias y  en lo posible salir del aula para ver otros mundos.

     

    ¿Qué más imagina para esta escuela de hoy?

    Creo que hoy los chicos están tan mudos con las pantallas, tan sin mirar, tan sin hablar con otros, que me parece que la escuela debería ser  el espacio ideal para que se miren, aprendan a hablar y a escuchar al otro. Haría de la escuela un centro de debate a partir de temas que les interesen, donde la palabra explote y la verdad circule. Yo vengo de una escuela muda donde teníamos que estar callados. Hoy los chicos están callados porque no hay nadie en la casa con quien hablar o porque están enchufados con las pantallas. Si también van a seguir callados en la escuela…. La persona que no habla no produce pensamiento, la escuela tendría que ser el lugar de la palabra.

     

     

    Niñez y pantallas

    Además de docente y conferencista, el consultorio es un gran termómetro para ver qué está pasando con los niños y las pantallas. ¿Qué observa en sus pacientes?

    Veo a mamás que le ponen el Sapo Pepe en el celu o en la tablet para que el niño coma o tome la mamadera o dan el pecho con el celular en la mano. Esa mamá le está privando la mirada a ese niño. Los pediatras y neurólogos dicen que hasta los dos años cero pantalla y después de esa edad apenas dos horas por día y nunca dos horas antes de dormir. Y en muchas casas no está pasando esto, algunos duermen hasta con el celular debajo de la almohada. Por eso tenemos epidemias de chicos con hiperactividad que no pueden parar el cuerpo y tiene déficit de atención. Esto hace que se aburran en la escuela donde tienen que escuchar por muchas horas la misma voz del maestro y no puedan hacerle clic para que desaparezca. Hay que ponerse en la piel de los niños porque son dos culturas distintas: la de la imagen en la casa y la de la palabra en la escuela. Y no se están encontrando. Como psicopedagoga veo la terrible resistencia a la lectoescritura y hay mucha pobreza lingüística porque no saben escribir un cuento, por ejemplo. Claro, si resuelven  las emociones con emoticones que podemos esperar. 

     

    González  sostiene  que es la escuela el lugar donde los chicos tienen que poder a través de la palabra y agrega que “el sistema educativo tiene que acercarse urgente a los niños que no son los mismos alumnos de hace unos años”.  La experta considera, además, que los colegios deberían incluir el apoyo escolar dentro de sus horarios para que no tengan que buscarlo afuera ya que el tiempo lúdico de los chicos debe ser una prioridad.

    La especialista cita como ejemplo el modelo educativo finlandés, tanto en la formación docente que reviste carácter universitario como en la enseñanza  en el nivel secundario, donde los chicos inician el  primer año con poca dificultad y van incorporando herramientas para lograr aprender. “Acá es al revés, empiezan el primer año con un montón de materias que se terminan llevando y muchos sienten el fracaso y dejan la escuela”.

     

     

     

    Los límites y la hiperestimulación

    No toda la carga está sobre la escuela. ¿Qué pasa en el hogar para que a la escuela le resulte tan difícil acomodarse con los niños?

    Los padres no tienen que tener miedo a los límites. Si no pueden lograr que un niño de 3 años coma lo que ellos proponen o que no tengan una pantalla en la mano todo el día, menos van a poder poner límites a futuro. También tienen que leer más cuentos y hablar más en los hogares. Les digo a los padres que tienen que estar más atentos porque a un niño se le nota cuando vuelve mal de la escuela, sólo hay que mirarlo. Y por no ver esto a tiempo, muchos casos terminan en bullyng y cuando nos damos cuenta suele ser tarde y el niño viene sufriendo hace meses.

    Otro de los puntos que destaca la especialista en la pérdida de la lectura en los hogares. “Hoy en muchas casas no se leen cuentos. Yo les digo a los papás que no se obliguen a contar un cuento todas las noches pero que lo hagan con ganas, sin apurar el relato y con la magia para que los chicos vean que eso sale del libro”.

     

    ¿Qué sucede con los niños pequeños que llegan hiperestimulados a la escuela?

    Si hablás con fonoaudiólogos te van a contar que hoy hay explosiones de trastornos del lenguaje: niños que hablan mal, en neutro o con gestos robóticos. Hay padres que creen que sus hijos son más inteligentes porque repiten lo que ven en la televisión. Yo no quiero a un hijo o a un nieto que repita lo que escucha sino a alguien que haga cosas nuevas, que sea autor de algo. Me parece triste que se confunda la hiperestimulación con la inteligencia. Es más, hay padres que aseguran que los niños nacen más inteligentes porque le dan un celular y lo saben usar. No hay forma de decir que los chicos hoy nacen más inteligentes porque no hay un test para fetos ni para bebés. Yo sigo diciendo que los chicos nacen como siempre. Lo que ha cambiado es la sociedad que los espera: una mamá que mira el celular cuando le da de mamar, el papá que no está, etc.

    También trabajo con los padres la idea de que no todos los chicos nacen con la misma inteligencia (pensando que hay inteligencia emocional, matemática, lingüística) y la escuela tradicional termina condenando estas diferencias. Incluso observo que los padres sólo miran la parte izquierda de las libretas – matemáticas, ciencias, lengua – y todo lo que está a la derecha – plástica, música, educación física – no se valora por más que el niño sobresalga ahí. Incluso llegan a decir: lo único que me falta es que salga artista. No todo el mundo tiene que ser contador, abogado o médico…  Por supuesto que estoy generalizando, hay familias que lo hacen bien, docentes que hacen milagros a pura tiza y pizarrón porque sino pareciera que todo es apocalíptico. Yo por ahí tengo esta mirada sesgada porque lo que veo son personas con problemas, pero son un parámetro de lo que puede estar pasando.   Me duele cuando le digo a algunos padres que por lo menos le dedique media hora de calidad a sus hijos y me responden que no pueden. La verdad, entonces, sería preguntarse para que los trajeron al mundo. No creo que esto sea imposible, hay muchas familias que han dejado de ver los noticieros con los hijos a la hora de comer para estar con ellos y contarse cosas. Es posible.

     

     

     

  • En busca del sonido propio

    El músico tucumano, de 27 años, ha acompañado con su violín a importantes artistas latinoamericanos. Desde YouTube conquistó a Pat Metheny.

  • Estela, la abuela de plaza de Mayo

      

    PH: Gaspar Galazzi

     

     

    Su nombre está vinculado a los Derechos Humanos en nuestro país y también afuera. A los 87 años la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, cuenta como es “no rendirse”.

      

    Por Cecilia Ghiglione

    Redacción COLSECOR

     

    Lleva casi la mitad de su vida en la causa de Abuelas. Antes de la desaparición de su hija Laura, su marido Guido también fue secuestrado en 1977. “Cuando se lo llevan, Laura - que se había mudado a Buenos Aires - se da cuenta que la estaban buscando a ella. Guido fue liberado 25 días después mediando el pago de un rescate. Pesaba 15 kilos menos. Lo torturaron. Todas las barbaridades que contaba hacia que lo miráramos con desconfianza, no era creíble lo que decía...” Un mes después Laura Carlotto fue secuestrada, estaba embarazada de dos meses y medio. Otros dos hijos de Estela -  Claudia y Guido – también fueron perseguidos por la dictadura militar.

    Estela cuenta que la última vez que hablo con Laura fue el 26 de noviembre del ´77 cuando su hija le habló por teléfono a la escuela donde trabajaba. “Se hacía pasar por Silvia y charlábamos como dos amigas. Teníamos los teléfonos intervenidos”, recuerda. Ese ritual que se repetía una vez a la semana de pronto se prolongó por 10 días y ella supo, entonces, que algo le había pasado a su hija.

    Estela era maestra, en ese entonces directora de escuela, y este hecho traumático de la desaparición forzada de su hija mayor la llevó a cambiar el guardapolvo por el pañuelo blanco en la cabeza. 

    En octubre se cumplieron 40 años de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. En 1977, mientras el terrorismo de Estado desaparecía a sus hijos y se apropiaba de sus nietos, 12 mujeres decidieron organizarse para recuperar a sus seres queridos. No se conocían, poco tenían en común más que una pregunta - ¿dónde están? - y se fueron encontrando en comisarías y golpeando puertas de despachos judiciales preguntando por sus familiares desaparecidos. Estela no estuvo en ese grupo inicial. “Yo me sumé en el 78, cuando me jubile”. “Fue mi consuegra Nelba Falcone – mamá de Claudia, una de las chicas desaparecidas en la Noche de los Lápices -  la que me dio el teléfono de Alicia de la Cuadra, Licha como le decíamos, – la primera presidenta de Abuelas - y así me encontré con estas compañeras que han sido madres y hermanas en el dolor”.

    En un documental que narra su vida ligada a los Derechos Humanos, Estela cuenta que nació y se crio en dictadura – la del 55- , y eso de algún modo la formó. “Mi familia era radical, éramos gorilas digo yo haciendo un mea culpa y lo repito bastante para que le entre a todo aquel que todavía conspira con la antinomia que nos educaron a nosotros. No teníamos la actitud contestataria que tuvo la generación del 70. Yo era una maestra cariñosa con mis alumnos, que trataba de subsanar las falencias que tenían porque eran muy humildes y mis hijos me decían que eso no servía, que estaba bien, pero eso era limosna. A mí me fue entrando toda esa filosofía de un cambio para la justicia social”.

     

    ¿Cómo fueron esos primeros años de Abuelas todavía en Dictadura?

    “Esos primeros tiempos fueron de ilusión. Recorríamos las Casas Cuna buscando a nuestros nietos. Fue un tiempo de inocencia de parte nuestra cuando en realidad estábamos tratando con gente inhumana  porque el proyecto era que nuestros nietos jamás vivieran con nosotros. Pero en el diccionario de las Abuelas no existe el ´no puedo´, entonces juntas con otras señoras que buscaban a sus hijos y a sus nietos seguimos adelante. Por suerte, en estos años de democracia estamos encontrando a nuestros nietos Son 125 pero todavía faltan.

     

    Muchos de esos nietos que hoy rondan los 40 también son padres. ¿Esto cambia el enfoque de las campañas buscarlos?

    Teniendo en cuenta que muchos ya son padres, y nosotros bisabuelas, nuestro deseo es llegar a los más chicos; por eso cada cartel que sale en una cancha con la frase: “Te estamos buscando” es algo fuerte; o lo que significó Teatro por la Identidad o Música por la Identidad en esta llegada. Cualquier niño o adolescente puede ser uno de nuestros bisnietos, y como sus padres, pueden tener su historia cambiada. El derecho a la identidad es un derecho humano.

     

    La historia del colectivo Abuelas es, sin duda, la de Estela como sujeto político. Su drama familiar la empujó hacia una transformación política y aunque no eligió estar en ese lugar, sí eligió hacer lo que hizo.

    “Si me hubiese quedado llorando, sin construir nada, quizá hubiera sido mortal”, reflexiona. “Buscar a los nietos fue, en cambio, un acto de vida y un desafío. Eso me mantiene. Acá gané un mundo que no era el que yo tenía, donde hay gente muy buena. De cualquier manera, si volviera a nacer, preferiría ser una burguesa tonta pero estar con Laura”, confiesa.

     

    Índice de abuelidad      

    Al poco tiempo de comenzar la búsqueda de los nietos y las nietas, uno de los interrogantes era cómo saber que eran ellos y a qué familia pertenecían. De alguna manera, “nos transformamos en detectives cuando empezamos a recibir datos de dónde estaban”, cuentan las Abuelas que alternaban visitas a juzgados de menores, orfanatos o jardines de infantes cuando sabían que ahí podía estar un hijo de sus hijos. “Pero eran los años 80, no podíamos hacer mucho. Y apareció un avisito en un diario que hablaba de un padre que no quería reconocer a su hijo y que con un análisis de sangre la comparación había dado que era su hijo. La sangre estable el vínculo, dijimos, pero en nuestro caso los papás no estaban. Nos preguntamos ¿servirá la sangre de las abuelas?”

    Lo que vino luego fue una incesante búsqueda llena de interrogantes. “Viajamos a EEUU en 1983 a un simposio de antropólogos forenses y genetistas y ellos nos confirmaron que podíamos hacer los análisis con nuestra sangre”, recuerda Estela. 

    La genetista Marie Claire King viajó luego a nuestro país y encontró en el Hospital Durand el laboratorio donde poder hacer estos análisis. Esto dio origen al Banco Nacional de Datos Genéticos, a partir de un proyecto que Alfonsín envió al Congreso. El lugar atesora las muestras de sangre de las familias que buscan a los desaparecidos. Hasta la fecha, gracias a los datos del BNDG se ha podido recuperar la identidad de 125 nietos.

     

     

     

    ¿Cómo es un día en su vida? 

    Me levanto todos los días con la ilusión de encontrar a un nieto más. Antes de que apareciera el mío, pensaba en Guido [Ignacio Guido Montoya Carlotto] cada día – así le puso Laura a su hijo que nació en cautiverio. Si es fin de semana trato de estar en casa con la familia, con mis hijos, mis 14 nietos y 5 bisnietos. A veces desprecio la atención de algún medio pero necesito que entiendan que es mi espacio. El resto de los días ordeno la casa cuando me levanto y voy a Abuelas hasta que las velas no ardan. 

     

    Ya hace 3 años que encontró al hijo de Laura, su nieto ¿Cuánto ha ganado este vínculo?

    De alguna manera siento que recuperé a Laura después de 36 años. Tenemos una hermosa relación, Guido ya es papá ahora. Nos vemos poco, menos de lo que quisiéramos, porque él es músico y yo tengo la tarea de Abuelas. Pero el cariño y el amor no necesitan de estar siempre cerca sino que a veces con cariño y la comunicación virtual se lleva. Y este tiempo ha sido un irnos conociendo. Él a mí no me conoce y yo tampoco a él, aunque es tal cual lo soñé. De manera que lo conozco mucho. Y él irá encontrando en el archivo biográfico que le entregamos muchas respuestas sobre su origen, aunque Guido también ha investigado siempre por su lado. Así fue como llegó a Abuelas. La verdad que a mí encontrarlo me devolvió el ánimo y me dio más energía, estoy convencida que hay que seguir buscando a los que nos faltan. 

     

    La Abuelas han sabido construir su lucha a partir del dolor, de la alegría y la búsqueda. Y en ese camino nunca hubo venganza sino amor. “Nuestra consigna es trabajar en paz, en concordia”, expresa Carlotto. “Nuestros nietos recuperados también piensan lo mismo. No hay venganza ni revancha sino una búsqueda implacable de justicia plena que finalmente obtuvimos luego de la caída de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En los juicios vamos a dar testimonio, acusando con las pruebas en la mano a estos genocidas que algunos los toman como viejitos enfermos pero son viejos malos y peligrosos. Entonces, esa tenacidad que tenemos es una demostración de firmeza, pero no de odio. Esto es algo que nos identifica en todo el mundo y no es casualidad que haya surgido en quienes sufrimos la desaparición forzada de nuestros hijos. Pero todos esperamos Justicia porque el amor todo lo puede; por el respecto a nuestros hijos que querían un país mejor, con errores y con virtudes, pero por eso dieron o les quitaron la vida. Una madre es una leona cuando le tocan a un hijo”.

     

    ¿Cómo es la relación con el actual Gobierno?

    Las Abuelas tenemos una conducta de dialogar con todos los Gobiernos, así lo hemos hecho siempre. No bien asumió el último, los organismos de DDHH más históricos pedimos una audiencia con el presidente pero no fuimos recibidos por él porque no tenía tiempo y nos derivaron con otra persona con quien tuvimos una charla muy dura, controvertida y sin ningún resultado. De ahí en más la relación no es buena, en particular con el secretario de DDHH Claudio Avruj, porque se contradice, sale a minimizar nuestras palabras. Esas ofensas a nosotras no nos agradan porque no las merecemos y no estamos acostumbradas a tolerarlas. En cambio con el ministro de Justicia, Germán Garavano, tenemos una relación más fluida porque da respuesta a las demandas de Abuelas, pero queremos que den respuestas a todas las organizaciones de DDHH. Entonces, nosotras no somos enemigos y vamos a seguir esta relación. Simplemente estamos disconformes con las actitudes de este Gobierno, contrarias a lo que prometieron en campaña, y que se ocupa de que los ricos sean más ricos y que la pobreza avance. Los DDHH deben respetarse al nacer y al vivir; y todos deben tener la posibilidad de tener lo que se merecen como seres humanos: un hogar, comida, educación, salud atendida. El respecto fundamental a la vida, al otro que es diferente, es lo fundamental; y soñar que no exista nunca más la búsqueda de alguien que no volvió.

     

     

    Gracias por la esperanza, Abuelas 

     

     

      

     

     

  • Inés Estévez. La actriz que se reveló cantante después de los 50

    Por Cecilia Ghiglione

    Cantante y actriz, actriz y cantante. Inés se define como ambas, aunque también escribe novelas, enseña teatro y dirige. También es mamá de dos niñas. Luego de un retiro voluntario de la actuación por varios años, volvió al cine y se la vio en los últimos meses en la pantalla chica en El Maestro. Pero Estévez fue por más y a los 52 años  decidió reinventarse levantando la voz.

    Hace dos años se animó a cantar en público de la mano de Javier Malosetti, por entonces su pareja. Hoy la relación sentimental con el músico concluyó, pero Estévez reconoce en él no sólo a su mentor musical sino a un ser especial que la redescubrió como artista.

    Del otro lado del teléfono, mientras toma un descanso en el rodaje de una nueva película, Inés dice que “la música siempre estuvo presente en mi vida” pero que hacerlo en público no estaba en sus planes. “Mi padre, Carlos Augusto, era oficinista pero un amante del jazz; tocaba de oído. Tenía un grupo donde se juntaban una vez por semana y me llevó con él desde los 8 años. Un tipo hermoso, alto, rubión y un soñador. Mi madre, que todavía vive, fue profesora de francés y era muy amante de la lírica. La música es algo que me acompañó toda mi vida pero nunca pensé tomármelo seriamente por respeto,  porque me parece que hay gente formada para eso. Pero, bueno, se dio así y estamos ahora haciendo giras con la banda”.

    Antes de imaginarse cantando sobre un escenario, Inés grabó algunos singles e intervino en bandas sonoras (Matar al abuelito), allá lejos y hace tiempo. Pero todo sucedió  bajo el amparo de un  estudio de grabación y nada hacía suponer este presente solista, frente al público, de swing, bossa y jazz  con la Esteves&Magic3.

     

    ¿Cuándo se puso seria la cosa arriba del escenario?

    Cuando en esa relación afectiva tan profunda, tan hermosa y valiosa que tuvimos con Javier Malosetti nos dimos cuenta que nuestros padres (Walter Malosetti y Carlos Estéves) escuchaban la misma música y los mismos intérpretes. Él en El Palomar y yo en mi casa de Dolores. Creo que algo digitaron los viejos, amantes de la música los dos, bohemios, colgados, disfrutadores de la vida. Entre esas coincidencias Javier me llevó de la mano y armamos ese binomio que terminó resultando en 50 shows en un año.

     

     Y ahora, ¿cómo es la Inés sin su mentor?

    Cuando nos separamos con Javier  desestimé en un primer momento seguir, pero la banda quiso y acá estoy como solista, con un montón de shows e invitados, quizá con un disco en vivo. Todas mis fichas están puestas acá, es algo que me abruma pero me fascina, es lo primero que produzco en mi vida por propia cuenta.

     

    La Inés cantante tuvo ahora que educar sus cuerdas vocales ya que es larga la lista de presentaciones.

    ¿La experiencia actoral te ayuda al momento de enfrentar al público en un escenario?

    A mí no, no sé a otras personas; esto es muy personal. La actuación requiere de una disciplina que compromete todo mi ser: el cuerpo, el espíritu la memoria, la concentración, el estado físico y mental. Son muchas horas que requieren estudio previo. Cantar tiene una bohemia, puedo tomarme un vino y salir a cantar. De todas maneras, lo que compensa es que cuando actúo tengo la protección de la ficción, la loca que grita no soy yo, es el personaje; mientras que cuando cantando me paro frente al público, lo miro a los ojos y eso me genera un pequeño terror  extra.

     

    Se la escucha feliz, a pesar de las presentaciones, los rodajes, las clases y la maternidad, mientras repite que “no esperaba vivir esta experiencia después de los 50”.

    ¿Parece que no sos fácil de encuadrar?

    Soy atípica. Recién supe que podría ser madre, que podía hacerme cargo de la vida de otro después de los 40. A los 52 estoy empezando una nueva carrera y con gran intensidad mientras que otros empiezan a pensar en jubilarse.

     

    Hace unos años, en 2006, decidiste dejar de actuar. ¿Qué pasó y que hizo que volvieras?

    Yo no tengo formación académica, me forme trabajando en el cine y el teatro  que era lo más parecido al arte. Cuando empecé a trabajar en televisión con más visibilidad coincidió con el momento de la hipercomunicación, de la explosión de Internet  y lo audiovisual en ese momento empezó a ser de las ramas del arte lo más alejado del hecho artístico, empezó a ser la fama un valor en sí mismo y yo no estaba acostumbrada a eso, no sabía manejarlo, no tenía ese entrenamiento  que sí tenían muchos de mis compañeros para lidiar con el tema; para mí era muy ajeno todo. Para mí la actuación era exclusivamente artística y ese ir contra ese sistema que le daba lo mismo quien estaba ahí por el arte que por la experiencia de la notoriedad me confundió. Después de meses de pensarlo tuve un accidente en un rodaje televisivo bastante bravo y ahí me tomé unas vacaciones con el objetivo de dejar la actuación.

      

         

    Con pasado de bailarina  Inés dice que su única formación académica fue la danza entre los 4 a los 13 años, en Dolores, todo lo demás ha sido pura experiencia. Desde septiembre se la puede ver en la miniserie El Maestro (El Trece y TNT), encarnando a la villana Paulina, un personaje “quebrado”, según la propia actriz.

    “Me atrajo el proyecto apenas me lo propusieron porque responde a los trabajos de Polka que revisten calidad”, dice, “además de trabajar con Julio Chávez (Prat) con quien compartí poco y hace mucho tiempo”.

    “Me gustan los personajes que ofrecen el desafío de las contradicciones, me interesan especialmente porque tienen una amplitud expresiva muy superior. Así que lo disfruté muchísimo”.

    A pesar de estar formada en la danza, “soy la única de los personajes centrales que no baila”, agrega.

     

     

    En este paréntesis de la actriz llegaron a la vida de Inés (que en ese momento compartía con el actor Fabián Vena)  sus hijas: Vida (8) y Cielo (7). “Adopten hermanitos porque es hermoso”,  dice orgullosa  de sus hijas.  

    Siempre te has ocupado de desmitificar  la maternidad como un estado idílico.

    Mi estado como madre sigue siendo un sacerdocio; hago lo que puedo, como puedo, lo mejor que puedo. Yo creo que tener hijos es un acto que requiere de una entrega  que en general nos excede. Está muy identificado para el lado idílico pero la paternidad y la maternidad no son así. Ser padres es una tarea irrenunciable y que demanda toda la energía  de uno. En mi caso  particular hay un plus que tiene que ver con la condición de mis dos hijas con quien tengo tenencia compartida con el papá, los dos estamos muy atentos a ambas. Después de mucho buscar hemos logrado buscar soluciones terapéuticas que acompañen la condición de ambas que no entran dentro de los cuadros patológicos típicos. Esa fue la mayor sorpresa, que los lugares dedicados a la educación especial también son dogmáticos; hay colegios para hipoacúsicos, para chicos down, para autistas  pero cuando el chico no reviste la patología específica sino que tiene un retraso madurativo, que es una condición producto de vivencias que tuvieron, era muy difícil encontrar un ámbito que las cobijara. Finalmente encontré una institución maravillosa, sostenida por una comisión de padres que todos los meses aportamos lo que cada uno puede de manera anónima para ayudar a la institución porque las coberturas de las obras sociales no alcanzan.

     

    Sos en general muy crítica del sistema educativo.

    Hay lugares y profesionales importantes pero en materia de inclusión hay mucho por hacer todavía,  me refiero a que la enseñanza acepte que cada ser humano es singular y no necesariamente está capacitado para adherir al manual de rigor, es un cráter que tiene el sistema educativo.

     

    Como usuaria frecuente en twitter, ¿qué pensas de las redes sociales?

    Antes me rehusaba a usarlas pero después aprendí a sacarles el jugo….  Con el tiempo vi que podía ser un lugar desde donde aportar una mirada, de búsqueda, de verdad porque me parece que la verdad es algo imbatible. Me parecen una herramienta interesante desde donde intento ser constructiva, ayudar, despertar conciencia y también difundo mi trabajo. Me molesta el anonimato en las redes, esa falsa valentía que produce un perfil falso…. 

     

     PH Alejandra López 

  • Juan Falú, nuestra entrevista del mes

    Tucumano, guitarrista, compositor y docente. Todos estos adjetivos le caben a Falú. También el de escritor, aunque se empeñe en aclarar que escribe como toca la guitarra, “de oído, sin escuela y en versiones libres”.