• “Tenemos un gobierno amnésico que no tiene idea del pasado”

    Beatriz Sarlo es dueña de una rara vitalidad que le permite ser una opinión considerada por fuera del círculo académico, sin desviarse nunca de su propósito de leer, analizar y producir una mirada sobre la cultura contemporánea. Ensayista, escritora y autora de un continente de libros clave, Sarlo no se deja arrastrar por demandas ajenas: elige cómo, cuándo y ante quién hablar. Así sobrevivió a las festividades de un kirchnerismo que no pudo deglutirla y así se convirtió rápido en un juicio ingrato para el macrismo que ahora pierde el entusiasmo. Destacada por muchos como la intelectual más importante de la Argentina, publicó en agosto su último libro, “La intimidad pública”, una serie de ensayos breves -y a contracorriente- en los que trabaja la frontera difusa entre lo público y lo privado; la competencia despiadada por llamar la atención y ganar fama en la era de las selfies y las redes sociales; y el populismo tecnológico que expande el reinado de la subjetividad y la ilusión de una igualdad que se restringe al mundo de la opinión. En la charla que sigue, habla también de Mauricio Macri, del debate social por el aborto y de la posibilidad de que la lógica del escándalo también se apodere de la política

     

     

    Por Diego Genoud | Periodista 

     

    Entre las conclusiones que aporta el libro se destaca que estamos ante el fin de la intimidad y ante la victoria del escándalo como género. 

    –De algún modo veo que, en el mundo de los privados, las estrategias para mostrarse reproducen las de los famosos. Darse a conocer públicamente es una tendencia irrefrenable en este momento. Para los famosos, es su modus vivendi: de ahí sacan el sueldo. Con las selfies, se puede hasta monetizar el nacimiento de un hijo o la emergencia de una pasión o una traición. Pero también funciona en los que no son famosos ni lo serán jamás. Sobre todo las chicas muy jóvenes imitan las poses de las famosas.

     

    Marca un contraste entre las estrellas y los famosos y habla de una lógica del escándalo que es parte de una nueva cultura plebeya. ¿Por qué?

    –Algunos escandalosos tienen una vida muy corta en las redes y en las revistas, hay que ponerse a pensar qué es lo que saben hacer. Saben unos pasitos de baile, algunos saltitos y algo más. Por ejemplo, Pampita ¿qué sabe hacer? Es una pregunta que se le puede hacer a cualquiera. Sarlo ¿qué sabe hacer? Bueno, yo podría contestar pero es difícil saber qué sabe hacer Pampita, que está en la cima de la pirámide. Este estilo no toca a los grandes actores de cine y de teatro, que no recurren a eso. Es un estilo que crece en las redes y en la televisión, probando que hoy son una plataforma única.

     

    ¿Por qué afirma que la maternidad y el escándalo, antes mundos disociados, son ahora complementarios?

    –Hay una disposición al uso público de la maternidad. Desde que nacen, los chicos aparecen o levemente pixelados o sin pixelar, lo cual sabemos que va en contra de disposiciones. Muchas veces, las fotos de dos famosos semidesnudos evocan la foto de la madre con un bebé en brazos.

     

    “Es probable que en el peronismo haya una cierta impaciencia y una cierta desesperación. Si Cristina dice voy a la reorganización del partido, ahí tienen un problema. Y si Cristina dice no voy, también tienen un problema”.

     

     Dice que algunas corrientes del feminismo ven a la maternidad como moda, a contramano de Simone de Beauvoir que la veía como un mandato impuesto.

    –Es la versión feminista de que las mujeres se empoderan porque pueden hacer algo, tener un hijo, que los hombres no pueden. Es una línea muy débil de la teoría feminista contemporánea pero existe. Son mujeres que pueden practicar la radical independencia: no es que van a tener tres hijos y después no saben cómo les dan de comer. Son muy independientes por sus ingresos, en algunos casos más que sus propias parejas masculinas. Esto es una transformación respecto del mundo de los pobres y de las capas medias. Es un mundo muy irreal en un punto.

     

    Esta forma de comunicar trasciende el espectáculo y toca a la política, que también cae en los privilegios de una élite.

    –Sí, hablo de una diputada, convencida feminista, que lo hizo una sola vez. Quizás no tuvo en cuenta que una mujer que amamanta en una estación de trenes está pasando por una situación de violencia. Aunque los principios digan que no debe ser así, lo es. Está siendo mirada, observada, incluso en algunos casos puede estar siendo cuestionada.

     

    “Estamos en una sociedad de imitación. Se imitan poses, palabras, frases. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un reparto más plebeyo o más democrático de todo lo que tiene todo el mundo”.

     

    Se reproduce la diferencia.

    –Por supuesto, es tal cual. Lo que hace una diputada o una gerenta no es lo que hace la generalidad de las mujeres y me gustaría someter a todas las que tienen el poder de amamantar en público a que sus auxiliares también lo hagan. 

       

    Política, escándalo y peronismo

     

    ¿Cómo afecta la lógica del escándalo a la política?

    –Por suerte, poco. Si uno piensa por ejemplo en Palito Ortega y en Reutemann, tuvieron recorridos mediocres pero no fueron elegidos por escandalosos sino por sus imágenes de padres de familia. En Estados Unidos, Trump es el primer presidente escandaloso de la historia, que puede decir “le pago” o “no le pago” a una chica de Playboy.

     

     Dijo que si Tinelli es vivo, no se va a meter en política. ¿Existe una posibilidad para él, a medida que la crisis recrudece?

    –Depende. De lo que haga este gobierno y de la reorganización del peronismo. En principio, Duhalde pronunció el nombre Tinelli y es todavía uno de los grandes políticos del justicialismo. A mí me corrió frío por la espalda porque sé que Duhalde no tira nombres de manera fortuita. Es un político que respeto porque logró timonear la crisis de 2001.

     

    También pronunció el nombre de Lavagna.

    –Bueno, si a mí me decís que pronuncia el nombre de Lavagna, una dice sí. 

     

     Sorprende que Pichetto admita conversaciones con Tinelli, mientras se enoja con el Gobierno por el ataque a la política.

    –Es probable que en el peronismo haya una cierta impaciencia y una cierta desesperación. Si Cristina dice yo voy a la reorganización del partido, ahí tienen un problema. Y si Cristina dice no voy porque sigo en Unidad Ciudadana, también tienen un problema. Y Macri también tiene un problema ahí, porque la necesita para presentarse, otra vez, como el encargado de frenarla con sus guerreros.

     

    Entre la ansiedad y la ilusión de igualdad

     

    Primacía de la subjetividad y de la opinión, la competencia por atraer y ganar a los demás para una idea. ¿Qué implica esa nueva forma de ser y estar?

    –La ansiedad predomina. Si hubiera grabaciones de famosos y políticos de los últimos 40 años, yo creo que la gente habla muchísimo más rápido ahora. Predomina la disputa por la palabra. En los programas de media tarde, se ve la tensión que tiene que ver con la ansiedad por llamar la escucha del otro. Eso sin duda se traslada: estamos en una sociedad de imitación.

     

    ¿A qué se refiere?

    –En la década del 30, una mujer podía imitar el sombrero de una mujer de Hollywood. Hoy se imitan poses, palabras, frases. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un reparto más plebeyo o más democrático de todo lo que tiene todo el mundo.

     

    Y hay, como dice el libro también, una ilusión democratizadora.

    –Una completa ilusión. Por eso, yo oscilo entre llamarlo democrático o plebeyo. Porque democrático es cuando realmente se está haciendo un reparto que cambia las condiciones culturales o económicas de las otras personas. Pero sí, el derecho a la opinión se ha expandido y todo el mundo opina. 

     

    Atribuye ese reinado de la opinión a subjetividades que están a la intemperie, sin el armazón de las creencias y las ideologías.

    –Quiebre de la autoridad. Un colectivo formado por estudiantes del Nacional Buenos Aires o el Carlos Pellegrini puede cambiar el sistema de género de la lengua española y todos tenemos que empezar a hablar en catalán y a decir “les maestres”, “les mucheches”, “les jóvenes”. Se sienten con derecho de avanzar sobre la quiebra de autoridad. Me parece bárbaro porque eso siempre amplía derechos, a veces de manera ridícula y a veces de manera positiva.

     

     Usted se excusa por no participar del nuevo código.

    –Soy mujer hace siete décadas. Mi inclusión tuvo que ver con otras batallas, tuvo que ver con que debía ser la mejor en latín si quería tener una ayudantía en latín. Tuvo que ver con frenar a los compañeros que podían pensar que eran mejores que las mujeres simplemente por ser hombres. La quiebra de la autoridad está bien. Si los chicos del Pellegrini y el Nacional quieren hablar en catalán, que hablen. Yo no.

     

     

     

     

     

    “El debate por el aborto es la primera experiencia de acción en la esfera pública para una generación.Cuando vos tenés 17, 18, 20 años y es tu primera movilización, tu primera gran batalla política,no te la olvidás nunca más en la vida. Eso es incluso de más largo plazo,porque la ley tarde o temprano va a salir”.

     

     

     

     

     

     La primera vez 

     

    ¿Cuál es su balance del debate por el aborto legal?

    –La ley va a volver porque es muy transversal y hay apoyo de los bloques mayoritarios. Tenés a Pichetto que está con la ley y está dando una batalla muy respetable, tenés a Lipovetsky y Lospennato que son del PRO y están con la ley.

     

    -A Cristina también.

    –Sí, pero no dio ninguna batalla, se plegó a la postura de su bloque. Pero el mismo día que entró la ley en el Senado, Pichetto recibió a la gente que estaba impulsando el proyecto. Y Lospennato y Lipovetsky estuvieron en todas las movilizaciones. Eso vuelve, le guste o no a Marcos Peña, pero sí a la mujer de Marcos Peña. Le guste o no al Papa, eso vuelve.

     

     ¿Qué es lo que más valora de este proceso?

    –Que es la primera experiencia de acción en la esfera pública que tuvo una generación. Cuando vos tenés 17, 18, 20 años y es tu primera movilización, tu primera gran batalla política, no te la olvidás nunca más en la vida. La mía fue la lucha por la enseñanza laica y la defensa del petróleo, acusábamos -creo que sin razón- a Frondizi. Quedás marcado. Eso es incluso de más largo plazo. Pero esta primera experiencia de chicas -y también chicos- de 16, 17 y 18 años. Uno me paró y me dijo: vine por mi mamá. Extraordinaria razón me dio. ¿A dónde irán, se organizarán como movimiento social? eso ya depende incluso de generaciones más grandes, que ya están en la política. Pero esto ya no se borra.

     

     Es decir que están naciendo ahora nuevas subjetividades y una nueva generación en la política.

    –Como nació el movimiento de derechos humanos. Con la primera vuelta de las Madres. No estaba y tardó años en nacer y hay conflictos en ese movimiento y los seguirá habiendo, como pasa en los movimientos sociales. Es gente que por primera vez se tomó un colectivo para ir a la plaza.

     

     Pasado y macrismo 

     

    ¿Cómo se redefine el pasado en el tiempo de la velocidad, cuando dependemos de Google para acceder a la historia disponible?

    –Es muy difícil esa pregunta. Lo que sé es que la plataforma en la que te enterás del pasado, tiene un cierto grado de importancia. En mi casa, estaba la primera edición de la historia de San Martín escrita por Mitre. Varios años después, descubrí que estaba en la casa de Borges. Es decir, que había una comunidad cultural. No sé si eso existe en el presente.

     

    ¿Cómo opera el pasado en la política actual?

    –Un presidente de derecha, como es Macron, habla permanentemente de la República, que en Francia es recordar una historia que comienza con la Revolución Francesa y sigue con la escuela del siglo XIX, de Ferrière. Macron tiene eso permanentemente en la cabeza. Nosotros, en este momento, tenemos un gobierno amnésico. No era el caso del gobierno anterior. Todo el mundo sabe que yo no fui kirchnerista pero no era un gobierno amnésico.

     

     El macrismo borra ese pasado y cae a su manera en la historia, como parte de con una corriente clara de intereses.

    –Ojalá cayera en la historia. Porque si no, no hubiera sido tan torpe en la reforma de las Fuerzas Armadas. ¿Vos te imaginás un gobierno en Brasil que vaya a encarar Bolsa Familia y no mida, vea y converse lo que hizo el gobierno anterior? Son muy verticalistas. No conozco ningún gobierno más verticalista que este, después de la Dictadura. Es para gente amnésica que no tiene idea del pasado. Porque el pasado no tiene interés en sus vidas y yo creo que para Macri tampoco el pasado tiene interés en su vida.

     

    Fotos: Juan Casas 

  • Beatriz Sarlo: "El subjetivismo en las redes sociales no tiene equivalente con otros tiempos"

     

    La escritora y ensayista Beatríz Sarlo fue una de las disertante en el evento organizado por COLSECOR el 29 y 30 de mayo.