• Escrito en el cuerpo

     

    Sharp Objects, un thriller que hace honor a la literatura

     

    Por Dante Leguizamón | Periodista 

     

    Para el cronista, la serie que lanzó HBO en 2018 es imperdible. Nuestro fanático de las series se muestra subyugado ante una trama que describe fascinante e inquietante.

     

    El tempo de A sangre fría, la gran obra de Truman Capote para narrar el sur de los Estados Unidos. La sutileza literaria de la maravillosa escritora Flannery O´Connor para aproximarse a la opaca vida de la conservadora sociedad sureña de ese país. La misma calidad televisiva que tuvo la primera temporada de True Detective y el exacto perfume estético que sólo logran algunas películas de los hermanos Coen. Todo eso sumado al sonido de hielos (y vidas) ahogándose en el whisky de La Ciénaga de Lucrecia Martel, amalgamado con un complejo misterio que, como todo buen caso policial, habla no sólo del hecho en sí sino de la sociedad en la que se produce. Eso es el sutil thriller psicológico Sharp Objects, basado en la novela homónima de Gillian Flynn.

    Disculpas, esta no es una crítica a una serie ni pretende serlo, pero quien escribe no va a poder evitar mostrarse feliz de haber disfrutado de un producto excelente que definitivamente superó sus expectativas como televidente o como sea que se llame ahora a los fanáticos de las series.

    Para decirlo en pocas palabras, HBO lo hizo de nuevo y demuestra que series hay muchas, pero sólo una productora es capaz de elevar el nivel del género a lugares no antes visitados.

     

    La trama

    Camille Preaker, una reportera con problemas emocionales, es enviada a su pueblo natal para escribir una serie de crónicas sobre dos homicidios ocurridos en el lugar. Todo sencillo. Pero Camille no es sólo una reportera. Es una sobreviviente. A decir verdad, no es sólo eso o, mejor dicho, no es eso sino una víctima que viaja hacia una escena del crimen que es su pueblo y es, además, un oscuro lugar en su memoria donde habita el dolor de una infancia cuya trama comienza a complejizarse a medida que recorre las opacas calles por las que transitó de niña.

    Me detengo aquí, no quiero revelar ni un mínimo secreto de una trama que los buenos lectores del policial quizá logren intuir desde el principio, pero que no por eso deja de resultar fascinante por la manera en que la historia está narrada.

    Me atrevo a decir que para llegar al pueblo en cuestión hay que recorrer el mismo camino que Capote relata al comienzo de su novela de no ficción escrita en los años 50: “El pueblo está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman <allá>”.

    El pueblo en cuestión es Wind Gap y aunque la historia transcurre en la actualidad, uno de los secretos de la trama y del sur descripto en la serie es que en esos lugares de Estados Unidos las cosas no cambian. Los negros siguen siendo casi esclavos, los pobres siguen envidiando y odiando a los ricos y los ricos siguen concentrando el poder.

    Camille (la periodista) es hija de Adora Crellin, literalmente la dueña del pueblo. Disculpen, mientras escribo este texto estoy viendo el último capítulo y sé que no me va a gustar el final, pero no puedo evitar verlo aunque ya sean las 4.38 de la mañana y tenga que despertarme temprano para ir a trabajar.

    Al regresar a Wind Gap, Camille vuelve a convivir con Adora y descubrimos que en el pasado ambas tienen una pérdida desoladora y terrible que ha marcado su vida. La hija de Adora y la media hermana de Camille, Marian ha muerto tiempo atrás.

    El trabajo de la reportera entonces no sólo consiste en escribir sobre la muerte de las dos adolescentes, sino en indagar sobre su propio pasado atravesado por la compleja trama de envidias y recelos de un pueblo donde nadie dice lo que sabe, nadie sabe lo que dice y nadie hace lo que quiere pero todos se subordinan al poder de los secretos y el control que ejercen los silencios.

    ¿Quién mató a las chicas? ¿Cómo murió Marian? ¿Quién es la dama de blanco?

     

    El cuerpo

    Quienes hemos consumido policial tenemos una manía. Leemos las historias de una manera especial, nos dejamos llevar por ellas buscando señales, mensajes que nos ayuden a descifrar el misterio antes de que la trama nos hable. Resulta impresionante la manera en que esta historia manda señales para que alimentemos esa pasión. En este caso las señales están escritas en el cuerpo de la protagonista y no es un eufemismo. Camille Preaker se daña a sí misma, una extraña pulsión la lleva a escribirse palabras en el cuerpo, a canalizar la culpa de no haber podido salvar a su media hermana haciéndose daño.

    Por ello resulta agobiante verla volver a ese lugar que le ha hecho tanto mal y al que parece obligada a pertenecer aunque no pertenezca allí. En su casa de la infancia sólo una cosa la contiene y es la existencia de otra integrante de la familia. Una adolescente que tiene la edad de su media hermana cuando murió y que también es su media hermana. Becca comienza siendo expulsiva pero acaba conquistándonos y demostrándonos que el amor es lo único que sostiene en medio de la desolación de esas vidas que, hasta que se dan cuenta, sólo parecen tener una mínima contención en el alcohol y el sórdido tintinar de los cubos de hielo derritiéndose en el whisky para soportar el calor y el agobio del sur norteamericano.

     

    Sutilezas

    En Sharp Objects nada está de más. El perfume de la novela de Gillian Flynn está presente, pero se trata de otro producto creativo a la altura o superior al libro. En la serie, lo que parece obvio, no lo es. Lo obvio es necesario y tiene o tendrá una vuelta de tuerca a lo largo de los capítulos siguientes. Otra clave que la destaca sobre las demás es que el guión se permite no mostrar todo -por momentos muestra demasiado poco para lo que estamos sospechando- pero finalmente queda claro que siempre nos mostraron lo suficiente.

    La creadora de la serie es Marti Noxon y ya adelantó que ni se está hablando de la posibilidad de darle a la serie una segunda temporada. Ojalá sea así. Quienes le reconocemos a HBO esa capacidad impresionante de llevar productos hasta el máximo nivel televisivo, sabemos que hay que dejar a las buenas historias allí sin exprimirlas demasiado.

    Ocurre que el libro en el que se basa la serie termina exactamente en el mismo lugar en el que termina el octavo capítulo y, créanme, es perfecto.

    Son las 5.40 de la mañana. Acabo de ver el final y debo decir que estaba equivocado. Es uno de los más temibles finales que he visto. Y, les advierto, vean los títulos finales.

    Definitivamente HBO lo hizo de nuevo.

     

    Sharp Objects

    Una producción original de HBO

    Creador: Marti Noxon basado en el libro de Gillian Flynn

    Dirección: Jean-Marc Vallée (Big Little Lies)

    Guion: Marti Noxon, Gillian Flynn y otros.

    Protagonistas: Amy Adams, Patricia Clarkson, Chris Messina, Eliza Scanlen, Matt Craven

    Miniserie disponible en HBO GO | COLSECORPlay

     

  • La familia es lo segundo; lo primero, es el control

     

    Succession, la nueva serie original de HBO, reescribe la vieja tensión por heredar el poder en un contexto familiar donde el dinero es todo y las personas son nada.

    Por Dante Leguizamón |Periodista 

     

    La anécdota pertenece a Julio Cortázar, el escritor argentino. Es parte de una extensa entrevista en la que se explaya como nunca y sobre todos los temas. Lo hace con una fluidez asombrosa. Le preguntan sobre literatura y habla de literatura todo el tiempo que haga falta. Preguntan sobre el amor y responde. Sobre la Revolución Cubana y cada respuesta da pie a nuevas preguntas que derivan en Ernesto “Che” Guevara y Nicaragua para después pasar por Buenos Aires, el exilio, París, Europa y la vida en general. Sin embargo, todo se detiene un instante cuando el periodista le consulta sobre su familia, sobre su vínculo con la familia. Entonces, Cortázar hace un largo silencio, suspira y responde secamente en tono de resignación: “Y bueno… qué quiere que le diga, uno ya sabe lo que son las familias”.

    Succession, la nueva serie de HBO parece estar en la misma línea que el autor de Rayuela. La familia es maravillosa, pero… “uno ya sabe” lo compleja que puede llegar a ser. Esta tira es también una muestra cabal de que la familia no siempre es aquello que escribíamos en nuestros cuadernos de la escuela primaria: “la familia, escuela de humanismo, es la que promueve el desarrollo físico y espiritual de cada uno de sus miembros”.Sino que en el interior de estos grupos -todos tenemos uno- se construyen alianzas, tensiones, silencios, memorias que van marcando no sólo nuestra relación hacia dentro de ellos, sino también hacia fuera.

     

     

    La trama

    Logan Roy es un empresario multinacional que ha creado un verdadero imperio de las comunicaciones. Tras años de éxito alineado con el sueño americano, un día decide alejarse de la vida pública y detona entre sus cuatro hijos una verdadera batalla para sucederlo en el control del imperio. Con 80 años, el patriarca parece haber tomado su decisión, pero apenas inicia el primer capítulo las cosas cambian y comienzan a pudrirse.

    La serie es tortuosa pero muy simbólica a la hora de imaginar las complejidades de una familia que, lejos de la carencia, está esclavizada por la riqueza, la ostentación y el poder.

    El personaje del patriarca recae en el veterano actor escocés Brian Cox y parece inspirado en el controversial empresario de medios Rupert Murdoch (director ejecutivo de Fox News -incluyendo los diarios The Sun y The Times- y de cadenas de televisión como Fox y Sky, en su momento también dueño de 20th Century Fox antes de vendérsela a Disney). 

    Los cuatro hijos de Logan, verdaderos “hijos de”, presentan claras limitaciones para liberarse espiritual y económicamente de la dependencia de su padre, pero como saben que Roy está por dejar todo, desatan una disputa cruel por ocupar el lugar de poder que siempre han envidiado.

    En ese camino papá Roy se muestra como un manipulador perverso que ha criado a sus hijos con ese mismo perfil. El problema es que es difícil pasar del lugar de víctima al de victimario y que, mientras él es lo que es, sus hijos sólo pueden intentar emularlo y en ese camino pasan de malvados a patéticos de segundo en segundo.

    Cualquiera diría que el contenido de esta crónica está avanzando demasiado sobre la trama, pero una de las cosas interesantes de esta serie es que pese a sostenerse más en el diálogo que en la acción, todo ocurre tan vertiginosamente que basta el primer capítulo para tener una idea acabada de la historia que contiene. En ese primer capítulo los cuatro hermanos son retratados con mucha efectividad. Primero, “el elegido” o al menos el que cree ser el elegido y no ha dudado en presentarse como tal en sociedad para rápidamente encontrarse con que esa identificación no supone ninguna seguridad. Más tarde entra en escena el hermano que dejó la empresa porque buscaba una vida más cercana a la naturaleza y vive en un rancho ecológico donde impulsa sus sueños de hippie con dinero para despilfarrar. También está la hermana que se dedica a la política y parece no querer volver a la empresa a no ser, claro, que se la den toda a ella. Finalmente tenemos al hermano descarrilado que desdeña el poder y rápidamente demuestra que lo único que le interesa de la vida es justamente el poder.

    Todos tienen algo de patético y al mismo tiempo se los ve tan descarrilados y desesperados por alcanzar algo que les ayude a convertirse en alguien que se vuelven tiernos y dan ganas de tratarlos de “pobre gente”. En medio de esa lucha, la trama melodramática incluye a la actual pareja del millonario (una mujer de origen latino, obvio) que lejos de ser la “mosquita muerta” que los hijos imaginan, podría ser o la principal aliada en el juego enfermo del patriarca para alimentar la disputa entre los hermanos, o una especie de manipuladora perfecta que se va a quedar con todo.

    Además de ella hay una larga lista de personajes cercanos a la familia que se vinculan a la historia con la única aspiración de quedarse con una parte del poder que el patriarca parecía querer dejar y que, a medida que avanza la trama, queda demostrado que no tiene ningún interés en perder.

    Entre esos personajes aledaños se destacan el novio de la hija, sumiso con el padre y entregado con la novia, pero prepotente y hasta violento con los empleados; también los miembros del Directorio que no sólo esperan la muerte del millonario sino la caída de sus hijos para poder quedarse con todo. Además, todos los empleados que parecen vivir colgados de lo que ese hombre que les da de comer les puede otorgar para lograr algún tipo de ascenso social. Finalmente la larga lista de empresarios que ofrecen ayudar a la empresa en crisis con el único objetivo de apoderarse de ella.

    La serie tiene mucho potencial. Los personajes son atrapantes y resulta estimulante pensar en cómo seguirán desarrollándose. Quizás el gran desafío de los guionistas está en demostrar que podrán mantener la tensión entre esos cuatro sucesores sin que sus personajes queden enmarcados en la impresión inicial donde fueron presentados con tanta eficacia. Por otro lado, la pregunta es si la sucesión lanzada por el patriarca no se le volverá en contra si por alguna razón él decide “postergar” su decisión de abandonar la compañía.

    El poder es el control de la situación, decía un filósofo, y lo único claro en esta serie es que ninguno de los herederos controla nada y que el padre (aún inconsciente después de sufrir un derrame cerebral) los controla a todos ellos y a sus deseos, impulsos, odios y pretensiones.

    Succession llama a la reflexión. Por momentos parece que entre esos hermanos desesperados hay amor y complicidades más allá del poder, o que serán capaces de ponerse de acuerdo. Por momentos inclusive parece que las cosas podrían ser mucho más sencillas. Sin embargo, en esta trama el universo es complejo porque se desarrolla en el seno de una familia y, como decía Cortázar, “uno ya sabe lo que son las familias…”.

     

    La serie es protagonizada por Brian Cox, Jeremy Strong, Hiam Abbass, Sarah Snook, Kieran Culkin, Alan Ruck, Nicholas Braun, Matthew Macfadyen, Natalie Gold, Peter Friedman y Rob Yang.

    SUCCESSION fue creada por Jesse Armstrong, quien también escribió el piloto dirigido Adam McKay. Los productores ejecutivos son Jesse Armstrong, Adam McKay, Frank Rich, Kevin Messick, Will Ferrell, Jane Tranter y Mark Mylod; Armstrong es también showrunner de la serie.

    Presentada y distribuida por HBO . Para verla en HBO GO | COLSECOR Play