• Gaza: la represión israelí y la historia de un conflicto

     

    Una mirada a vuelo de pájaro de 70 años de conflicto árabe israelí nos sitúa en el contexto de la violenta represión desatada por Israel contra la población de Gaza. Trump y Netanyahu mantienen la paz bien lejos.

  • Qué puede ocurrir con la inflación

     

     

     

    Por Gastón Utrera| Presidente de Economic Trends 

     

    Durante los últimos 10 años, la inflación ha mostrado en Argentina dos patrones muy marcados, útiles para pensar qué puede ocurrir con ella durante el resto del año.

    El primer patrón es una marcada estabilidad de la inflación en torno al 2 por ciento mensual, independientemente del ritmo de emisión de dinero y del nivel de las tasas de interés.

    La teoría económica afirma que tal cosa no es posible porque la inflación, cuando es elevada (2 por ciento mensual lo es), no puede ser al mismo tiempo estable, porque considera que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno estrictamente monetario. Esto implica que, para mantener la inflación estable en un nivel elevado, harían falta autoridades monetarias muy disciplinadas que mantuvieran estable el ritmo de emisión de dinero, algo contradictorio con una inflación elevada, que da, por el contrario, la señal de indisciplina, y hasta de cierto descontrol monetario.

    En otras palabras, para mantener estable una inflación del 30 por ciento anual se requiere de las autoridades monetarias, siguiendo con el enfoque monetario de la inflación, la misma disciplina que para mantener estable una inflación del 5 por ciento anual; pero, si la inflación es del 30 por ciento anual, significa que las autoridades monetarias no son disciplinadas y, entonces, no resulta razonable esperar estabilidad en la inflación.

    La explicación de cómo es posible entonces, en contra de la teoría, tener una inflación alta y, al mismo tiempo, estable, como efectivamente viene ocurriendo en Argentina (excepto luego de fuertes devaluaciones, como veremos enseguida) es que la inflación, una vez que alcanza niveles elevados, deja de ser un fenómeno estrictamente monetario, ya que se ponen en marcha otros fenómenos, no monetarios, como el proceso circular por el cual salarios suben porque suben los precios y luego precios suben porque suben los salarios, y así sucesivamente, manteniendo elevada, en un nivel relativamente constante, la inflación. Entre otras cosas, esta inercia inflacionaria implica que la inflación se hace muy persistente, resistiéndose a la “medicina” tradicional de aplicar ajustes monetarios para reducirla. Por eso fracasan en Argentina los planes anti-inflacionarios de tipo monetarista.

    El segundo patrón es una aceleración durante los meses posteriores a cada devaluación, como ocurrió luego de las devaluaciones de enero de 2014 (gestión de

    Axel Kicillof al frente del Ministerio de Economía), de diciembre de 2015 (gestión de

    Alfonso Prat Gay) y de abril a agosto de 2018 (gestión de Nicolás Dujovne), efecto que va reduciéndose con el paso de los meses.

    Esto es consecuencia de que, en un país con décadas de inflación crónica, la formación de precios internos termina, tarde o temprano, utilizando al dólar como valor de referencia, haciendo entonces que las devaluaciones se trasladen rápidamente a los precios internos.

    A pesar de este patrón tan marcado, la elevada inflación de 2016 tomó por sorpresa al Gobierno (llegó a casi el 40 por ciento, muy por encima de la meta oficial de entre 20 y 25 por ciento) porque creyó equivocadamente que los precios internos tenían en cuenta un dólar a 16 pesos (por el valor del dólar paralelo) en lugar de un dólar por debajo de 10 pesos (por el dólar oficial), y lo sorprendió nuevamente en 2018 (casi 50 por ciento de inflación, por encima de la meta oficial de entre 8 y 12 por ciento), aunque por otro motivo: creyó que era posible el funcionamiento de un esquema de tipo de cambio flexible sin que se produjeran fuertes subas del dólar en caso de cambio de expectativas de ahorristas e inversores.

    Cuando las expectativas cambiaron y aumentó entonces la demanda de dólares, el esquema flexible generó bruscas subas del tipo de cambio que impactaron fuertemente sobre los precios internos.

    Se trata de errores de diagnóstico que conviene tener en cuenta al momento de mirar hacia adelante. No hay que olvidar que los esquemas de tipo de cambio flexible no funcionan en Argentina (el olvido de 2018), y que las subas del tipo de cambio se trasladan rápidamente a los precios internos (el olvido de 2016).

     

    ¿Y entonces? 

    Estas claves de análisis deberían servir para reflexionar sobre qué puede ocurrir con la inflación durante el resto del año.

    El riesgo de una nueva aceleración de la inflación como consecuencia de una fuerte devaluación es menor desde que, a fines de abril, el Gobierno decidió forzar un cambio en la política acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el manejo del dólar.

    Había pasado de una política de tipo de cambio flexible (primer acuerdo con el FMI, junio de 2018) a una política de bandas cambiarias (segundo acuerdo con el FMI, septiembre de 2018) entre las cuales el Banco Central quedaba imposibilitado de intervenir comprando o vendiendo dólares (zona de no intervención, es decir, de tipo de cambio flexible) y por fuera de la cuales el Banco Central podría intervenir, aunque de manera acotada.

    Como esto generó una inquietud creciente por la posibilidad de que la dolarización de activos que suele producirse en cada año electoral presionara al dólar y, con él, a la inflación, el Gobierno finalmente decidió imponerle al FMI una nueva política: posibilidad de intervención del Banco Central en el mercado cambiario aun dentro de la denominada “zona de no intervención”, sabiendo que al FMI no le quedaba otra alternativa que convalidar la decisión, porque no le conviene que caiga el acuerdo con Argentina.

    Esta nueva política cambiaria, más discrecional y menos predecible que la anterior, puede ser bien utilizada, para disciplinar al mercado y guiar la evolución del dólar, evitando saltos bruscos y reduciendo la incertidumbre; o puede ser mal utilizada, dando simplemente liquidez a un mercado ávido por comprar dólares a cualquier precio. En sus primeras semanas de funcionamiento sirvió, al menos, para calmar al mercado cambiario, con un dólar más estable que durante los meses previos.

    En la medida en que el Gobierno logre, a través del Banco Central, mantener estable al dólar hasta las elecciones, es natural pensar que la inflación podría regresar una vez más al 2 por ciento mensual, un nivel todavía elevado, pero más parecido al que hemos tenido durante gran parte de los últimos 10 años, compatible con la posibilidad de una recuperación económica.

    Perforar ese 2 por ciento mensual y alcanzar, entonces, una inflación más baja es, en cambio, mucho más improbable, porque implicaría romper el persistente proceso de inercia inflacionaria (salarios que suben porque suben los precios y precios que suben porque suben los salarios), algo que no ha ocurrido en los últimos 10 años, y que se realimenta con cada nueva paritaria. Con aumentos salariales por encima del 30 por ciento este año, la inercia inflacionaria seguramente continuará, aun cuando tales aumentos no permitan todavía que los trabajadores recuperen el poder adquisitivo perdido.

    De tal manera que el escenario más probable es una inflación, como mínimo, en torno al 2 por ciento mensual durante gran parte de lo que resta del año, acumulando así un piso del 37 por ciento anual durante 2019. Una inflación menor al 37 por ciento anual requeriría perforar el 2 por ciento mensual, algo que hoy parece improbable.

    Mirando más allá de diciembre, habría que esperar inflación elevada por varios años, porque superar el obstáculo generado por la inercia inflacionaria requiere algo más que políticas monetarias y suele ser, en el mejor de los casos, un proceso lento.

  • “La educación es un derecho y un bien social”

    Hugo Juri es el actual rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), espacio al que accede por segunda vez. Médico, docente e investigador, ocupó otros cargos ejecutivos relacionados con la educación como la titularidad, por menos de un año, en el Ministerio de Educación durante la gestión De la Rúa.

  • “La polarización gira al centro y el progresismo está desbaratado”

     

     

    Diego Genoud| Periodista

     

    Dice que la fórmula de los Fernández busca salir de la polarización con una opción de apertura “centrista” y marca con preocupación que las alternativas no aparecen. Afirma que, de la centroizquierda y el progresismo que tuvo cierto protagonismo durante los años del kirchnerismo “ya no quedan sino restos”. Socióloga, investigadora principal del Conicet y autora de una decena de libros, Maristela Svampa forma parte del grupo de intelectuales que rechazan el “desastroso” rumbo de la Argentina gobernada por Mauricio Macri, pero no adhieren al cristinismo.

    Remarca que, con la llegada de Cambiemos al poder, la discusión fue tomada por los economistas y los medios clausuraron por completo el debate sobre el extractivismo, la megaminería y la soja transgénica. “El retroceso es enorme y el cierre es total. Ahora se defiende el avance del capital sobre los territorios y se coloca a los indígenas en el lugar del enemigo interno”, dice.

    Sin embargo, no parece desanimarse. Después de escribir “Chacra 51, regreso a la Patagonia en los tiempos del fracking”, está preparando, junto al abogado ambientalista Enrique Viale, un trabajo sobre la Ley de Glaciares que la Corte Suprema revalidó en junio pasado. 

      

    –¿Qué modelos se enfrentan en estas elecciones? ¿Hacia dónde cree que va el escenario político?

    –La fórmula Fernández-Fernández funciona como un llamado a la despolarización y obliga a otros sectores políticos a hacer una señal en la misma dirección. No es casual que el gesto sea leído como una oportunidad de oxigenar una sociedad que arrastra con hartazgo los efectos tóxicos de la polarización, junto con la peor crisis económica desde 2001. Es una opción centrista, una promesa de gobernabilidad para poner fin a la espiral de lo hiperconfrontativo. Macri, por lo desastroso de su gestión y su ceguera de clase, no tiene un imaginario conservador positivo como propuesta alternativa. Lo único que ofrece es antikirchnerismo en estado puro, lo que el oficialismo presenta una y otra vez como un “populismo irresponsable”, sinónimo de corrupción, mayor riesgo país y retorno al conflicto y a la venganza. El escenario político se ha inclinado al centro, por razones políticas (polarización) y económicas (la crisis). Pero el costo es la ausencia de horizonte progresista a la vista, como programa alternativo. Ni Lavagna encarna ese campo, ni tampoco la centroizquierda que acepta la polarización y elige ir como furgón de cola del kirchnerismo.

     

    –¿Por qué no se pudo -ni antes ni ahora- desbaratar la polarización y dar paso a otro cosa?

    –Es la trampa típica del populismo. Si uno mira la historia de América Latina, los tiempos de populismos siempre son de fuerte incomodidad para los sectores de izquierda. Porque no es que uno rechace por completo toda la gestión: hay elementos positivos y otros sumamente negativos. Uno está en contra de esa idealización y de ciertas políticas de Estado que tuvieron que ver con el pacto con el gran capital, como el que hubo con el capital extractivo y en algunos casos con el capital financiero. La incomodidad está justificada, lo cual no quita que haya habido una expansión de la frontera de derechos.

     

    –¿No hay falencias propias en los que no adhieren ni a un modelo ni al otro?

    –La llamada centroizquierda o izquierda no tuvo la capacidad -no tuvimos la capacidad- de abrir y generar esos otros espacios. Fuimos absorbidos por la dinámica de la polarización, donde no había margen para otras opciones. Y todavía estamos entrampados en esa dinámica.

     


    “La centroizquierda y el progresismo están desbaratados. Ya no quedan sino restos de todo eso. No tuvimos la capacidad de abrir y generar otros espacios. Fuimos absorbidos por la dinámica de la polarización y todavía estamos entrampados ahí”.


      

    Los restos del progresismo 

     

    –La sensación es que si Cristina hubiera decidido directamente no competir, la oportunidad se hubiera planteado para el PJ alternativo y no para el progresismo.

    –La centroizquierda y el progresismo están desbaratados. Tenían fuerza en el 2008, 2010 y hasta 2011 creo yo. Hoy en día todo eso está sumamente fragmentado. ¿Qué es lo que queda de esa fuerza que tuvo cierta potencia detrás de Proyecto Sur, inclusive en algún momento con Stolbizer? Ya no quedan sino restos de todo eso. Varios están llamando a un frente de unidad como Pino (Solanas) y va a costar rearmarlo porque la derecha no solo ha deslegitimado a los progresismos realmente existentes: ha deslegitimado a todas las izquierdas, en toda América Latina. Hay que rearmarse desde un espacio común, tratar de tender puentes entre las diferentes izquierdas. Y yo creo que eso solo podría hacerse si se abre el juego y no se ubica a Cristina Fernández de Kirchner como la única posibilidad de cambio.

    Fotos: Juan Casas

     

    –Algunos sectores de aquel progresismo también confían en Lavagna.

    –Lavagna puede ser una salida no neoliberal dentro este infierno que nos toca vivir. Hay mucha gente que tiene expectativas en eso. Todo lo que rompa con la dinámica de polarización abre un nuevo escenario y se puede pensar en términos de gobierno de transición. Pero me temo que alguien como Lavagna también puede hacer un pacto de élites, que puede ser bastante negativo.

     

    –¿Cuál es su discusión con Solanas?

    –No tengo discusión con Pino. La última discusión que tuve fue cuando se juntó con Lilita Carrió y yo me opuse. Lo respeto mucho, creo que tiene una visión de país y un proyecto sumamente interesante, algo que tienen pocos políticos en Argentina. Al mismo tiempo, es un gran artista. Pero me parece que estamos empobreciendo la política si hablamos de un frente de unidad en apoyo a Cristina.

     

     

    El lenguaje de la era Cambiemos 

     

    –¿Cuál es el rol y la tarea de los intelectuales en esta coyuntura?

    –Desde el año pasado, empezamos a trabajar en el Espacio Autónomo de Pensamiento Crítico con Beatriz Sarlo, Horacio Tarcus, Rubén Lo Vuolo, Roberto Gargarella y Pablo Alabarces, entre otros. Creo que los intelectuales no tienen el poder o la capacidad de interpelación que tuvieron en su momento el Club Socialista y más recientemente un grupo como Carta Abierta. Tampoco el que tuvo el Club Político Argentino o que pudimos tener nosotros también al inicio, desde Plataforma.

     

    –El intelectual no tiene ni el lugar ni la influencia de otros tiempos.

    –No lo tiene, sobre todo porque entramos en una coyuntura de crisis económica. La agenda la fijan en gran medida los medios y ya no buscan más la voz de los intelectuales, salvo dos o tres que aparecen en televisión, interpelados constantemente. Lo que buscan ahora son economistas. No se trata más de pensar la Nación, el futuro: se trata de ver cómo salimos de esta coyuntura económica.

     

    –Vuelve a hablarse de riesgo país y endeudamiento.

    –Bueno, ese es un tema también interesante para analizar: cómo en tres años cambió el lenguaje político y cómo se diluyeron los conceptos que atravesaron el ciclo progresista. ¿Quién hubiese pensado que la Argentina iba a volver tan rápido al FMI? No es el único país, volvió Ecuador también. Ajuste, tarifazo, riesgo país, FMI. Todos esos vocablos que formaban parte del lenguaje político-económico de los años 90, ahora están otra vez en el centro. Y eso no te permite pensar en la política.

     

    –¿Y qué quiere decir que hayan regresado tan fácilmente?

    –¿Qué quiere decir? Que creo que la salida del ciclo progresista fue catastrófica. El kirchnerismo obturó la posibilidad de otra salida con un candidato que estaba lejos de ser progresista.

      

    La clausura del debate

     

    –¿Qué cambió en materia de extractivismo, del kirchnerismo al macrismo?

    –Lo que hay es una continuidad y una profundización del modelo extractivo. Vaca Muerta lo sintetiza: creada por el kirchnerismo, ha sido profundizada en clave neoliberal por el macrismo. La mayor diferencia es que ahora, de manera mucho más desembozada, se defiende la lógica del capital y se desdibuja todo aquello que tenga que ver con la lógica de derechos. El lenguaje de derechos humanos, que era un espacio de disputa con el kirchnerismo no está más en la agenda pública. Se ve con los mapuches, se los criminaliza y se los coloca en el lugar del enemigo interno. De lo que se habla es del avance del capital en los territorios, vistos como territorios extractivos, que han sido “usurpados” por indígenas.

     

    –El acuerdo YPF-Chevron en Vaca Muerta, en cambio, fue muy cuestionado en los medios.

    –Los medios se han cerrado por completo a la discusión. No hay más lugar para la disonancia en grandes medios como Clarín, donde yo antes publicaba. El retroceso es enorme y el cierre es total. Periodistas que les daban espacio a los asambleístas de Famatina y Andalgalá, ahora hacen apología de la megaminería durante 20 minutos o media hora en el prime time de la televisión. No se habla más de los riesgos y se banaliza todo.

     

    –¿Por qué cree que funcionaba distinto durante el kirchnerismo?

    –A ver… había más espacio en los medios hegemónicos, les convenía en la medida en que se suponía que eso atacaba la base del kirchnerismo. En realidad, ellos nunca dudaron del modelo extractivo: siempre apostaron a él. Pero, además, en el mismo gobierno kirchnerista había una apuesta por la frontera de derechos y se sentía incómodo ante la violación de derechos colectivos. La cuestión ambiental aparecía como un punto ciego, no conceptualizable. ¡Para estos no! Para ellos es claro que lo único que importa es el avance del capital en esos territorios. Con el kirchnerismo había un debate, no saldado, pero había un debate.

     

    –Macri quiere además avanzar con un proyecto minero en Chubut, el primer lugar en que se le dijo “no” en 2003 a la megaminería.

    –Hay una obsesión particular con Mendoza y Chubut. En las dos hay un activo militante importante y una ley que prohibe la megaminería. En Mendoza, se aprobó por decreto el fracking y quieren revisar la ley, pese a las resistencias. En Chubut, de la mano de Bergman, que es un virtual ministro de Minería, existe el Proyecto Navidad, uno de los proyectos de plomo y plata más grandes del mundo. La empresa que es Pan American Silver nunca se fue, hizo una apuesta muy grande y encontró la oportunidad de avanzar en la asociación con este gobierno, sobre todo después de la muerte de Das Neves. Seguro van a insistir después de las elecciones.

     


    “No hay más lugar para la disonancia en los grandes medios. El retroceso es enorme y el cierre es total. Periodistas que les daban espacio a los asambleístas de Famatina y Andalgalá ahora hacen apología de la megaminería en el prime time de la televisión. No se habla más de los riesgos y se banaliza todo”.


     

      

    El discurso del desarrollo

     

    –¿Qué pasa hoy con las comunidades en Vaca Muerta?

    –Hay graves problemas. Están operando en un territorio donde hay 20 comunidades declaradas y no reconocidas. Hace poco hubo un juicio por “usurpación” contra la comunidad Campo Maripe y el juez declaró que hay derechos de los pueblos originarios que son reconocidos por nuestra Constitución, que deben ser tenidos en cuenta y que la cuestión debe salir del Derecho Penal, que es lo que buscan las empresas -incluida YPF-, las corporaciones y el Gobierno. Hay que sacarlo del ámbito penal para pasar al ámbito civil. Lo más importante en este momento para mí es que se cuestiona la viabilidad económica financiera de Vaca Muerta. Desde 2013 venimos diciendo que el fracking necesita una masa de subsidios enorme y tiene un bajo rendimiento energético. Ahora, eso mismo lo dicen los investigadores asociados al establishment y se publica en el Wall Street Journal.

     

    –En su último libro cuenta un cruce con un miembro de la familia Sapag que defiende el fracking. ¿Cómo se discute con los que hablan en nombre del progreso?

    –Yo hago ciencias sociales críticas y creo que se trata de problematizar. Es necesario desmontar el discurso del progreso y el desarrollo como discurso del poder. Vengo trabajando mucho hace tiempo sobre eso.

     

    –¿No es más difícil cuando retorna la crisis y se asocian los proyectos extractivos con la posibilidad de trabajo?

    –No es fácil, es muy difícil. La gente quiere progresar y quiere crecimiento económico. Ahora bien, cuando efectivamente se encuentra frente a una situación de confrontación, ante la expansión de las fronteras petrolera, minera, sojera; ante la posibilidad de una megarrepresa, los impactos de la contaminación industrial en la cuenca Matanza-Riachuelo, que se han constituido en todos los casos como zonas de sacrificio, la gente lo piensa desde otro lugar. Y ahí sí, la gente se demuestra mucho más sensible y piensa en términos más concretos y toma partido por la vida. Para que esto se constituya en un problema público, la gente tiene que experimentar esa dimensión que tiene que ver con el daño y el sentimiento de injusticia.

  • A conquistar América

    Por primera vez, todos los equipos argentinos pasaron de ronda en la Libertadores y el sorteo deparó un clásico en octavos de final: River-Racing. Boca, Independiente, Estudiantes y hasta Atlético Tucumán sueñan con la madre de todas las Copas.

  • Cáncer: crean plataforma de búsqueda de drogas selectivas

     

    El desarrollo tecnológico permite buscar, con una alta capacidad de análisis, compuestos activos selectivos con un blanco preciso: atacar únicamente a las células tumorales, sin dañar a las saludables.

  • Con el mate en una mano y el mouse en la otra

    Aunque sin estadísticas oficiales, se calcula que en Argentina hay dos millones de personas que tienen la oficina en su propio hogar. Tienen flexibilidad horaria pero muy poca estabilidad. No les afecta el clima ni les preocupa el transporte para ir a trabajar. Cruzan los dedos para que no se corte la conexión a Internet.

  • El Rey León: la remake más esperada

     

    A 25 años del lanzamiento de la cinta original, este mes se estrena una nueva versión de la película más memorable de Disney. La apuesta del multimedios por las reversiones en live-action y la diversidad cultural.


     

    Aleja Páez | Periodista e Investigadora especialista en TV y OTTs 

     

    La conmovedora historia de Simba y sus aventuras junto a Nala, Timón y Pumba quedaron inmortalizadas en la generación que atravesaba la niñez e incluso la adolescencia en la década del 90. No en vano El Rey León está catalogada como uno de los estandartes en la historia de Disney como productora de contenidos.

    Todo un fenómeno de su tiempo que envejeció bastante bien a la luz de la cuantiosa suma de críticas que ha recibido el multimedios por haber legitimado históricamente valores contrarios a la diversidad de género, de origen e incluso de clase. Un peso que no solo carga la compañía de Mickey Mouse sino en general todas las productoras hollywoodenses, que en gran medida han sido reflejo de los mandatos presentes en la sociedad occidental desde hace más de 100 años.

    En línea con una fuerte apuesta por mantener cautiva la atención de las audiencias más jóvenes, hoy disgregadas en múltiples plataformas y redes sociales, Disney viene apostando por las remakes y adaptaciones de sus éxitos. Más allá del giro nostálgico que también interpela a generaciones anteriores, la gran novedad en estos proyectos es el formato live-action, que se postula como tendencia con producciones como El Libro de la Selva (2016), Dumbo (2019), Aladdin (2019) y Mulán (2020), entre otras en camino.

    A diferencia de las animaciones tradicionales que suelen combinar técnicas de animación por computadora o CGI (por sus siglas en inglés), esta modalidad de acción real presenta imágenes hiperauténticas y de gran calidad visual, casi como si se tratara de personajes de carne y hueso. En el caso de la versión renovada de El Rey León, que también será un musical y se estrenará en salas de todo el mundo el 19 de este mes, se esperan impactos significativos en los aspectos técnico y narrativo.

    Desde ese punto de vista, puede interpretarse como una propuesta del estudio en dos sentidos. Por un lado, es una forma llamativa de atraer al público que no fue contemporáneo con el film original de 1994. Y por otro, como sostiene Sofía Seren, Regional Marketing Supervisor de Disney para América Latina, se trata de “una película que va a tener mucha repercusión. En especial en el público que hoy tiene entre 25 y 30 años, porque es un clásico para una generación entera. Será un evento cinematográfico importantísimo que va a estar entre los momentos más importantes en la historia del cine”.

    En concordancia, Julieta Brunero, Senior Producer y especialista en Branded Synergy de Disney para América Latina, considera que los más pequeños “se van a sorprender mucho con lo realista de los paisajes y los personajes, que tienen un nivel de detalle de la talla de cualquier documental de National Geographic”.

    De acuerdo con algunos sectores de la crítica, este último aspecto representará un desafío puesto que la versión más realista puede disminuir el efecto ternura y de humanización de los entrañables personajes de la versión animada en 2D. También hay incertidumbres acerca de cómo se verán las secuencias más divertidas de la película como el segmento Hakuna Matata, mediante el que se muestran las hazañas de Simba en compañía de sus dos mejores amigos, Timón y Pumba.

    Sin embargo, ambas ejecutivas sostienen que esta apuesta de Disney cuenta con mucha elaboración y propondrá acciones de marketing dignas de este clásico de clásicos. Entre otros aspectos, la remake incluye “versiones nuevas de las canciones (en el film original obra de Elton John), nuevas voces y un cast confirmado hace más de un año, que presenta como una de las apuestas más destacadas a Beyoncé poniéndole voz a Nala”, señala Brunero. Además, el reparto está integrado por otras célebres figuras de Hollywood como Donald Glover (Simba), Chiwetel Ejiofor (Scar), James Earl Jones (Mufasa), Billy Eichner (Timón) y Seth Rogen (Pumba), entre otros.

     

    En pos de la diversidad

    Aunque en los últimos años la familia Disney ha lanzado proyectos que constituyen puntos disruptivos frente al modelo de identidad de la cultura blanca norteamericana, con símbolos como Pantera Negra (2018) por ejemplo, aún llama la atención este giro ideológico en sus producciones.

    Según Seren, la compañía se está tomando tan en serio esta transformación que decidió conformar “un equipo destinado a que la representación cultural sea respetuosa y adecuada sin banalizar”. Esto “representa un cambio de paradigma y de mentalidad que sucede actualmente no solo en Disney sino en la cultura cinematográfica en general y resulta digno de destacar”, afirma. En el caso de El Rey León es destacable la selección de un cast liderado por representantes de la cultura afrodescendiente, con todo y lo que eso implica en un país tan marcado por la segregación racial como Estados Unidos.

    El encargado de liderar la versión live-action es el director Jon Favreau, cuyo trabajo en El Libro de la Selva, que recaudó más de 966 millones de dólares en la taquilla global, le valió la confianza de Disney. Mientras que a cargo de la producción musical se encuentra el multigalardonado Pharrell Williams, que se encargará de reflejar las raíces africanas a través de la banda sonora de la película.

    Independientemente de las dudas que genera su formato realista, sin dudas esta remake se conduce a convertirse en uno de los grandes tanques de la temporada y, probablemente, de la industria audiovisual moderna.

     

  • La brecha desde la periferia global

    Por Martín Becerra | Prof. e investigador UBA, UNQ y Conicet 

     

    La estructuración de la llamada brecha digital es más compleja de lo que supone el abordaje habitual, que reduce el problema a la tenencia de dispositivos de conexión.

  • La creación del valor compartido

     

     

    Revista COLSECOR, julio 2018

     

    Habrá que convenir que las tecnologías están configurando un presente donde nada es totalmente predecible. Es el marco situacional del cambio permanente en el que irrumpen las circunstancias novedosas que demandan decisiones de inversión en la economía, entre otras cosas. Las creencias ya no se condicen fácilmente con los hechos, que aun verificados, están cruzados por la innovación y cristalizados por el tiempo efímero.

    La racionalidad del funcionamiento cooperativista tiene que entender que hoy, toda validez de indicios de la realidad es absolutamente relativa. Se produce la extirpación del largo plazo. Suena duro al sentimiento de las necesidades de certezas. No es fácil para nadie porque, primero nos afecta como personas en todo orden de la vida y más aún cuando se participa en una organización de la sociedad civil con responsabilidad en el ejercicio de representación.

    Es un fenómeno que acompaña mientras se reducen los márgenes de inclusión. Problema tan actual como eterno que no se sabe bien què hacer para revertirlo. En un punto, es como la basura que no es reciclable y que solo se la intenta tapar con tierra pero que queda intacta por largos años. Todo un dilema que nos lleva a preguntarnos lo más básico: para què se la hace, si solo lo que produce, es un profundo mal para todos. La exclusión es a la sociedad, la garantía irremediable de injusticia. Como los desechos contaminantes son a la salud de las poblaciones.

    Los problemas no son inconexos, ni sus causas ni sus efectos. Si comenzamos un riego de soluciones con múltiples goteos de humanismo y fraternidad nos podemos dar cuenta de la tenacidad que requiere la tarea de aprendizaje. Hacer posible lo necesario, sin soltarle la mano a nadie en ningún caso cuando estamos embarcados en la causa de ayuda mutua y el progreso, disminuirá la incertidumbre porque podemos tener un proyecto con soluciones integradas.

    De nuestras entidades se esperan lecturas, interpretaciones y propuestas del mundo real. Para mundo creado ya tenemos la ficción que bastante entretiene. Abrir la reflexión en la sociedad y poner en la visión de las personas, la verdad, es una acción de tensión innegable. No pasa inadvertido el cooperativismo porque es un paradigma en permanente dialogo colectivo que cuestiona los limites estructurales que impiden la conformación de la dignidad de las personas cancelando su futuro.

    Con visión general, desde la mirada de los emprendimientos cooperativos, podemos decir que el reto de construir las oportunidades en la sociedad, es una larga marcha para cambiar situaciones y reglas viejas que no se adaptan a la etapa embrionaria de derechos que fueron postergados con resignación de porciones de libertad. Allí, las personas y los pueblos nuestros que están en los suelos argentinos buscan establecer un equilibrio en momentos de transición entre las manifestaciones del cambio y sus magnitudes.

    Para el cooperativismo, adquiere relevancia tener el desvelo de sostenerse aferrados a bases de colaboración reciproca que eviten las fragmentaciones. Ser sensibles al cambio es parte de la autodefensa creativa para una vital existencia.

     

  • La humanidad en la Luna, viaje a la “magnífica desolación"

     

    Hace medio siglo, el 20 de julio de 1969, la especie llegaba a la superficie de nuestro viejo y querido satélite, a través de la misión espacial Apolo 11. Neil Armstrong fue el primer ser humano en pisarla. Después de aquellos viajes impulsados por el ardor de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ya nadie regresó.

  • La Independencia, nuestro coraje original

    La conmemoración de aquella declaración inaugural es un candil que vuelve a encenderse cada vez que llega el mes de julio. Son días también para reflexionar dónde estamos parados, qué hicimos y qué hacemos con aquel legado.

  • Osvaldo Soriano | La lengua popular

    Criado en pueblitos de provincia, llegó a Buenos Aires para describir con agudeza las paradojas del país mediante personajes imperfectos y bien argentinos. Pese a que pasaron más de 20 años desde que falleció sus libros se siguen vendiendo.

     

    Facundo Miño| Periodista 

     

    La leyenda comenzaba más o menos así. Un muchacho regresaba a Tandil, el pueblo de la infancia y conseguía trabajo como sereno en una empresa metalúrgica. Las noches eran largas, para no aburrirse leía historietas y novelas policiales. Después se animó a llevar una desvencijada máquina de escribir. En una modesta oficina se sentaba a tipear los primeros cuentos de su autoría. El tiempo dejaba de pasar lento y los amaneceres lo encontraban en plena actividad, tratando de dar forma a esos relatos. De allí en más, el resto de su vida, no pudo -posiblemente tampoco quiso- escribir o trabajar durante el día.

    Osvaldo Soriano se hizo aliado inseparable de la noche. Aceptarle una invitación a cenar significaba que muy probablemente el encuentro terminara cerca de las siete de la mañana y ningún bar, bodegón o cantina quedara abierto. Rara vez se despertaba antes de las tres de la tarde; rara vez se acostaba antes de que despuntaran las primeras luces del alba. Así lo describían quienes lo conocieron desde fines de la década del 60, cuando llegó a Buenos Aires, hasta su muerte prematura en 1997, a los 54 años, víctima de un cáncer de pulmón.

    Nació de casualidad en Mar del Plata y vivió en distintos pueblos del interior como Río Cuarto, San Luis y Cipolletti, destinos a donde era enviado Soriano padre, un empleado de Obras Sanitarias. Osvaldo quería ser futbolista y llegó a jugar en ligas regionales pero nunca dio el salto hacia los clubes importantes. Frustrado el sueño con la pelota, ya convertido en un joven, fue empleado en la metalúrgica por un tiempo y luego entró al diario El Eco de Tandil.

    De allí pasó a Primera Plana, la revista más importante del país aunque dejaría de publicarse apenas unos meses más tarde. Soriano peregrinaría por otras revistas y diarios hasta convertirse en un cronista respetado y admirado por sus colegas.

    Cuando se produjo el golpe de Estado de 1976 se exilió en Bruselas y en París. Tres años antes había publicado Triste, solitario y final, la primera novela. No habrá más penas ni olvidoy Cuarteles de invierno fueron obras emblemáticas que salieron en España con muy buenas ventas pero recién tendrían edición en Argentina en 1983, sobre el filo del retorno de la democracia. Fanático de San Lorenzo, buscaba cualquier excusa para llamar por teléfono desde Europa a Buenos Aires cada domingo y preguntar cuál había sido el resultado de su amado club. Mientras tanto, colaboraba con el diario italiano Il Manifesto.

    Pese a vender un impresionante número de libros, el regreso a Argentina con Catherine Brucher, su esposa de nacionalidad francesa, no fue sencillo. Estuvo en distintas revistas sin lograr acomodarse del todo, sin encontrar un lugar hasta el nacimiento de Página 12, diario en el que formó parte de la generación fundadora.  

    –Creo que no se respeta mucho el trabajo que uno hizo afuera. Exiliado si no es una mala palabra por lo menos te pone entre paréntesis- dijo en una entrevista.

     

    Retratar la argentinidad 

    Durante los años 80 Soriano se convirtió en el autor más leído de la época. “Un argentino que escribía como un argentino”, lo definía Adolfo Bioy Casares. “Una sabiduría popular escrita en un idioma absolutamente popular. Se metía bien en las venas de lo que es el argentino y eso es lo que lo hizo triunfar tanto”, afirmaba su amigo Osvaldo Bayer.

    –En el fondo, mis libros plantean por infinitésima vez en la literatura argentina el problema de la identidad. Yo hago historias de tipos como todos. Por eso mis personajes son contradictorios y se parecen tanto a los comunes mortales– explicaba el autor.

    No exagera Soriano, tampoco lo hacen sus colegas. 

    No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de invierno retratan la violencia política de la década del 70 desde dos bandos enfrentados dispuestos a matar y morir en nombre de Perón en un pueblo inexistente llamado Colonia Vela. A sus plantas rendido un león cuenta las desventuras de un cónsul argentino en África que está “livianito de papeles”: todos los meses debe pedirle a su par británico que llame al banco para cobrar su sueldo y vive un dilema cuando estalla la guerra de Malvinas. En Una sombra ya pronto serásel protagonista es un ingeniero en desgracia que viaja hacia ningún lado en el medio de la pampa en pleno ajuste menemista.

    Las novelas posteriores, las recopilaciones de artículos y cuentos desperdigados continuaron abordando la misma pregunta obsesiva sobre la identidad nacional, con relatos insólitos y muchísimo humor. Cada libro lo consagraba un poco más. Por entonces lo llamaban “el último gran bestseller argentino”.   

    En 1995 la editorial Norma pagó 500.000 dólares –una cifra enorme incluso en aquellos años- para obtener los derechos de publicación de toda su obra. Vendía. Vendía mucho más que sus contemporáneos. La sorpresiva muerte dejó textos inconclusos y una posterior disminución en la circulación pero nunca fue olvidado.

    De hecho, la editorial Seix Barral compró los derechos por 120.000 dólares en 2003. Resultó un negocio redondo. Entre 2004 y 2016 vendió más de 400.000 ejemplares, un promedio superior a los 30.000 anuales. Sin campañas publicitarias ni exhibiciones destacadas en las vidrieras, se sostiene en el tiempo. En librerías de usados y saldos editoriales, dos décadas después del fallecimiento, sigue en la lista de los autores más solicitados.

    Por supuesto, el mundo académico lo miraba con algo de desconcierto y bastante de suficiencia. Le cuestionaban la estructura simple en las narraciones, le adjudicaban escaso vuelo literario. Se decía que sus historias eran puro hueso, no les sobraba ni una letra. No encontraban valor en esas formas, como si simple fuera sinónimo de superficial. Todo lo contrario.

    Soriano, el narrador popular, el amante de los gatos, el futbolero fanático de San Lorenzo, el amigo de las noches sin fin tomaba distancia de cualquier postura elitista. La descripción que hacía del oficio es sencilla y, a la vez, bellísima.

    –Un escritor está siempre igual de solo que un corredor de maratón. De esa soledad debe sacarlo todo: música celeste y ruido de tripas. Y también la peregrina ilusión de que un día, alguien decida abrir su libro para ver si vale la pena robarle horas al sueño con algo tan absurdo y pretencioso como una página llena de palabras.

  • Plata dulce, muerte amarga

    Yiya Murano fue condenada a prisión perpetua por los asesinatos de tres amigas que le habían prestado dinero para colocar en plazos fijos. Una historia policial que encuentra su sentido en el contexto en que ocurrió, los años de la especulación financiera y el terrorismo de Estado durante la última Dictadura.

  • Plaza de Mayo, entre la guerra y la paz

    Espacio privilegiado desde la fundación de Buenos Aires, a su alrededor se construyeron edificios que simbolizaron el poder. Buena parte de la historia argentina la tuvo como escenario para marchas, protestas y festejos.

  • Robledo Puch, la muerte con rostro humano

     

    Relatos Criminales 

     

    Hace 47 años que está preso y exige su libertad. El criminal más famoso de la historia argentina todavía provoca miedos profundos y revela aspectos de una violencia social solapada. 

     

    Osvaldo Aguirre| Escritor y periodista

    Desde hace 20 años, Carlos Eduardo Robledo Puch pide que se le otorgue la libertad condicional y le permitan salir de la cárcel de Sierra Chica, donde cumple una condena de reclusión perpetua con accesoria de prisión por tiempo indeterminado por 11 asesinatos cometidos entre 1971 y 1972, entre otros delitos. No le faltan argumentos: con 47 años en prisión la pena se encuentra virtualmente agotada, según los planteos reiterados de la defensa. Pero el rechazo de la Justicia a sus reclamos y el peso de la opinión pública lo mantienen detrás de las rejas.

    Desde el momento en que fue detenido, el 3 de febrero de 1972, en su casa de Villa Adelina, en la provincia de Buenos Aires, Robledo Puch no dejó de estar presente en los medios. Su impresionante saga de crímenes, la fuga de la cárcel de Olmos en 1973, el juicio oral en el que lo condenaron en 1980, los periódicos recordatorios de la prensa, sus declaraciones extravagantes y la película de Luis Ortega basada en su historia, entre otros episodios, recrearon la oscura fascinación que provoca su figura.

    El 23 de mayo fue internado en el Hospital Municipal de Olavarría por un cuadro de intoxicación con psicofármacos. Un rumor afirmó que había intentado suicidarse. Sin embargo, Robledo Puch mantiene las gestiones por su libertad ante la Cámara de Apelaciones y Garantías de San Isidro, de la que depende, y en consecuencia la esperanza de tener una vida fuera de la prisión.

    El 22 de marzo de 2017 la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires ordenó que fuera incorporado a un régimen “semiabierto de modalidad limitada”, dentro del penal de Sierra Chica, como paso previo a una posible libertad condicional. Si bien su conducta tiene una evaluación positiva, las pericias psiquiátricas y psicológicas siguen sucediéndose con informes que plantean dudas sobre el modo en que asume la propia historia criminal.

     

     

    Fuera de serie

    La captura de Robledo Puch sorprendió a sus contemporáneos. No respondía al prototipo del criminal: era un joven de clase media y provenía “de un hogar legítimo y completo, ausente de circunstancias higiénicas y morales desfavorables”, según el dictamen de Osvaldo Hugo Raffo (1930-2019), médico legista de la Policía bonaerense que contribuyó decisivamente al diagnóstico y a la imagen pública del múltiple criminal.

    Raffo describió a Robledo Puch como “un león herbívoro”, que podía ser inofensivo mientras estuviera encarcelado. La pena podía estar agotada pero el peligro se mantenía latente. “Es un psicópata agresivo, cruel homicida, incendiario, violador, destructivo y cobarde”, dijo, por si quedaba alguna duda de su opinión.

    Según un informe psicológico de octubre de 2018, Robledo Puch persiste en negar la responsabilidad de sus crímenes y en reivindicarse a sí mismo con una mezcla de rasgos mesiánicos y valores altruistas. “Frente a los delitos que se le imputan refiere que él solo comete robos. Dice: 'yo vaciaba las joyerías, luego iba y ayudaba a los pobres'. (…) Reitera que nunca asesinó a nadie. Utiliza reiteradamente a Dios como que fue predestinado por él para estar en este lugar -la cárcel-, ya que si no 'me juntaban en cucharitas en la calle por la vida que llevaba'”, sostuvieron los especialistas.

    La vida de Robledo Puch, hasta su detención, no fue en apariencia demasiado distinta a la de los jóvenes de su edad. Con su búsqueda desenfrenada de autos, vértigo y dinero, escribió Osvaldo Soriano en una gran crónica sobre el caso, “desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito”, para lo cual “tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo”.

    Una de sus frases célebres lo muestra como una especie de vocero de su generación: “Los jóvenes de ahora no nos conformamos con poco -declaró Robledo Puch en 1972-. Necesitamos coche y mucha plata para divertirnos. La mente de los tipos de mi edad cambió mucho”. Sus ideales parecían ser los básicos de la sociedad: la competencia, el individualismo, el afán de éxito inmediato.

     

    Los hechos y la leyenda

    Nacido el 22 de enero de 1952, Robledo Puch comenzó por robar una moto el 4 de febrero de 1969, por lo que fue enviado a un correccional de menores en La Plata. Parecía un chico que tenía una relación complicada con el padre, Víctor Elías Robledo Puch, empleado jerárquico en una empresa automotriz.

    La confesada “pasión por los fierros” se extendía a los autos, las motos y también a las armas. La amistad con Jorge Antonio Ibáñez, muerto en un dudoso accidente de tránsito cuando estaba con Robledo Puch, impulsó su carrera delictiva después de que se escapara de su casa el 10 de enero de 1971. Luego, el 15 de marzo de ese año, asesinó al encargado Félix Mastronardi, de 34 años, y al empleado Manuel de Jesús Godoy, de 23, en el club nocturno Enamour, de Olivos. Fueron sus primeros crímenes.

    Robledo Puch sorprendió a Mastronardi y Godoy cuando dormían. El doble crimen prefiguró los siguientes: mataba por la espalda, sin encontrarse en peligro y sin que ninguna de sus víctimas tuviera la posibilidad de defenderse. Asesinó a 11 personas sin necesidad.

    El espanto tuvo su máxima expresión el 9 de mayo de 1971 cuando se introdujo en un negocio de autopartes, en Olivos. En la planta alta del local vivía el encargado, José Carlos Bianchi, con su esposa y su hija de pocos meses. Robledo Puch e Ibáñez los encontraron dormidos, con el televisor encendido, y después de apoderarse de unas pocas cosas de valor asesinaron a Bianchi, hirieron y violaron a la mujer y trataron de asesinar a la bebé, que se salvó porque el disparo impactó en la cuna donde dormía.

    El 3 de febrero de 1972, el dueño de la ferretería industrial Masserio, en la localidad bonaerense de Carupá, se encontró con el sereno Manuel Acevedo, de 58 años, muerto de un tiro en la cabeza. En la administración había otro cadáver, el de un joven con una herida de bala en el pecho y quemaduras en la cara y en las manos. Era un desconocido, pero tenía los documentos entre sus ropas: se llamaba Héctor Somoza.

    Los policías fueron a la casa de Somoza. La madre dijo que el día anterior se había ido con su amigo Robledo Puch. En la casa de Villa Adelina, donde fueron a continuación, encontraron a plata robada en la ferretería de Carupá, cheques a nombre de la empresa, una colección de revólveres y gran cantidad de balas.

    No hubo muchas más pruebas para la acusación. Robledo Puch sostiene que las confesiones que le atribuyeron fueron el resultado de las torturas que recibió en la comisaría de Tigre donde fue alojado en los primeros días de su detención y que en las reconstrucciones de los crímenes se limitó a repetir un guion preparado por los policías.

    El 9 de febrero de 1972 un grupo de vecinos intentó lincharlo en medio de la reconstrucción de uno de los crímenes. Robledo Puch provocaba indignación por lo que había hecho y por las explicaciones insólitas que proporcionaba, o que le adjudicaban, y entonces despertaba la sed de sangre de muchos, que pedían la aplicación de la pena de muerte. El modo en que todavía hoy revela la violencia social solapada es notable en los comentarios que cada una de sus apariciones públicas provoca en foros de lectores y en las redes sociales.

    Robledo Puch causó rechazo por sus crímenes y por los desplantes y declaraciones en las que demostraba no tener la menor conciencia del dolor que había provocado. Frases como “que conste, maté siempre por la espalda”, “¿qué querían que hiciera, que los despertara?” en alusión a sus víctimas o “lo hice una vez, dos, tres, siempre fue fácil, el dedo en el gatillo y chau”, perduran como cifras del enigma de su personalidad.

    No obstante, Robledo Puch rechaza como inventos muchas de las afirmaciones que se le atribuyen, y de hecho es posible señalar cierta reelaboración mítica en un episodio clave de su historia. El 25 de noviembre de 1980, en la última jornada del juicio oral en que se lo condenó, al final de los alegatos dijo: “Esto es un circo romano y una farsa. Estoy juzgado y prejuzgado de antemano”. La declaración es citada una y otra vez desde entonces, en las crónicas y las memorias del caso, pero con el tiempo se le agregó una corrección significativa: “Esto es un circo romano y una farsa. Cuando salga los voy a matar a todos”.

    Los diarios de la época demuestran que la segunda versión es un invento posterior y que no amenazó a los jueces que lo condenaron a reclusión perpetua por 11 homicidios, dos violaciones y otros cargos por robos y daños. Lo que esa reelaboración pone al descubierto es el temor social a la libertad de Robledo Puch y su visión como un peligro para la seguridad que no ha sido conjurado.

    Su historia contiene enseñanzas e interrogantes respecto al crimen y al castigo que todavía no terminaron de despejarse. La crónica suele prestarse para disquisiciones acerca de los asesinos en serie y, no siempre con la terminología adecuada, sobre los trastornos de la personalidad, mientras otros aspectos permanecen sin ser analizados.

    Si Robledo Puch sigue siendo un peligro, la primera conclusión es que la cárcel no ha servido más que para mantenerlo bajo encierro. Como si lo hubieran ubicado en una especie de congeladora, para conservarlo tan irrecuperable como ingresó hace casi medio siglo, su caso es también el testimonio del fracaso del sistema penitenciario en la resocialización de los presos. Y si padece trastornos psiquiátricos, no ha recibido el tratamiento que merece como cualquier persona y por el que la sociedad debería también velar, en función de su propia seguridad. El criminal más famoso de la historia argentina podría mirarse en el espejo de Aníbal González Igonet, el Loco del Martillo, también alojado en Sierra Chica, que salió en libertad con el cuadro de enajenación que presentaba después de ser capturado por tres asesinatos, agravado por 43 años de encierro.

    Desde la cárcel, Robledo Puch se manifestó con frecuencia partidario de fenómenos que exaltan la violencia: los carapintadas, el antisemitismo y “el nacionalismo con z, porque mis abuelos eran alemanes”. Su fascinación por los regímenes que se basan en la eliminación física del opositor es significativa: “Me gusta la dictadura –dijo alguna vez-, hace falta una mano de hierro para encauzar el país”.

    Pero esa atracción hacia la muerte no es un atributo personal. La detención de Robledo Puch interrumpió su saga de crímenes, pero abrió otra historia de violencia: su primer lugar de detención, donde las torturas eran de rutina, fue un centro clandestino durante la Dictadura; su primer abogado desapareció en la misma época; a las palizas de los guardias se sumaron las de otros presos después de su fuga en 1973, cuando se mantuvo prófugo durante un par de días; fue testigo de innumerables crímenes en la cárcel y de motines sangrientos, como el de “los doce apóstoles”, en 1996, que según la leyenda incluyó actos de canibalismo.

    “Robledo Puch no es el monstruo inhumano que aparecía en la tapa de los diarios y revistas en la década del 70”, dice Rodolfo Palacios en El ángel negro, la feroz vida de Carlos Robledo Puch, el libro que dio origen a la película sobre el personaje. “En su adolescencia fue maltratado por sus amigos (le decían afeminado); lo he visto recordar a sus padres y llorar de emoción, angustiarse por un sueño recurrente que lo atormentaba (cuando le avisan que está en libertad y puede irse, llega el fin del mundo), denunciar con nombre y apellido a los violadores del penal que tienen privilegios”, agrega el periodista.

    Ese otro aspecto no lo exculpa de los hechos que cometió. En todo caso nos muestra que los criminales tienen rostro humano, son parte de la sociedad, y que la misma sociedad y los valores que consagra como modelos no son ajenos a su construcción. Las explicaciones también deberían buscarse dentro de la normalidad, como parecía aquel estado de cosas insospechables en el que vivió Robledo Puch mientras cometía sus crímenes.

     

     

  • Una década de encuentros cooperativos

     

    Dos días, cuatrocientas personas y veintisiete disertantes son los números que dejó la 10ª Jornada de COLSECOR, el 29 y 30 de mayo pasados en la ciudad de Córdoba.