• “La clase media hipócrita defiende la escuela pública para los pobres, pero privatiza la educación de sus hijos”

     

    Cada vez que un paro docente se prolonga o dan mal los resultados de las evaluaciones a los alumnos argentinos, a Mariano Narodowski lo acosan con llamados para que hable de Educación. Cuando la noticia pasa, la presión cede, los problemas permanecen y Narodowski persiste entre los que piden un debate de fondo, que nunca empieza.  “Los diagnósticos los tenemos, los especialistas estamos y cada vez más economistas se suman. Ahora necesitamos un liderazgo fuerte, una masa crítica en la política y una clase media que lleve adelante el debate, como sucedió con el aborto”, dice. Con más de 30 años dedicados a la investigación académica y más de 20 libros escritos, el actual profesor titular en la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella reclama que los sectores medios revisen la hipocresía de defender una moral pro-pública y mandar a sus hijos a la escuela privada para motorizar un debate como el que impulsaron en el caso de la interrupción voluntaria del embarazo. De ese llamado urgente, forma parte su más reciente y -según dice- último libro, “El colapso de la educación”. El exministro de Mauricio Macri en la Ciudad analiza las diferencias y continuidades entre macrismo y kirchnerismo, habla de los sindicatos docentes y dice que hoy el problema más urgente de la escuela pública es el abandono masivo de los adolescentes pobres.

      

    Diego Genoud | Periodista  

     

    ¿Cuál es el cambio principal que operó la llegada de Macri y Cambiemos en el sistema educativo?

    –No veo rupturas significativas. Creo que hay un problema de financiamiento, como en otras épocas, hay un interés del Gobierno nacional por provincializar parte de la gestión con financiamiento sin función específica -con lo cual puede ser usado para cualquier cosa- y está también la desaparición de la paritaria nacional, una decisión unilateral del Gobierno. Era una herramienta que podría haber sido mejorada, ordenaba, daba un piso de financiamiento y tendía puentes hacia los sindicatos docentes. 

     

    La ausencia de paritaria nacional provoca paradojas como el acuerdo de Vidal, que este año, con un retroactivo, lleva la paritaria al nivel de la inflación de 2018.

    –Sí. Usufructuar el enfrentamiento es un error. Fue la política que tuvo el gobierno bonaerense los tres años anteriores y por suerte no tiene este año. Puede servir electoralmente y creo que le sirvió a María Eugenia en 2017 pero no le sirve a la educación. La idea del Baradel feo, sucio y malo es muy nociva para la educación. Es el representante de los docentes y demonizar esa figura no sirve para mejorar la educación.

     

    ¿Cuál es el punto ciego de la meritocracia aplicada a la educación?

    –El Gobierno no tiene una política meritocrática en materia educativa. Si la tuviese, yo estaría en desacuerdo. La política de evaluación puede tener que ver o no con eso. Hay países que tienen evaluaciones educativas y posiciones igualitaristas, como Suecia. Las pruebas Aprender fueron un dato muy positivo, ahora están siendo discontinuadas, se van a hacer cada dos años, se eliminan las evaluaciones muestrales y creo que hubiera sido mejor seguir con la misma serie. Las evaluaciones censales que se van a hacer tienen un bajo nivel de respuesta, no hay trabajo del Gobierno para sensibilizar a la población. No creo que sea solo un tema sindical, muchas veces los maestros y los chicos no saben para qué sirve.

     

     

    La comunidad perdida

     

    ¿Qué podría haber hecho el macrismo para tener como aliada a la comunidad educativa y desatar la tensión inicial con los sindicatos?

    –En principio, no sé cuánta comunidad educativa hay en las escuelas argentinas porque no son unidades de decisión: son terminales burocráticas del gobierno central. Crear comunidad en la escuela pública es muy difícil, depende mucho de los directores. En segundo lugar, veo dos problemas, uno es el salarial y el otro es que la lógica de la carrera docente y la propia organización burocratizada del sistema no permiten a las gestiones identificar docentes comprometidos e innovadores -sean militantes o no- para llevar adelante los cambios. Esa imposibilidad hace que el sindicato sea el único actor que sobresale. Pero es un problema que excede al PRO, no hay grandes diferencias entre distintas provincias. Habría que preguntarle a Alicia Kirchner, que perdió un año lectivo por huelgas docentes.

     

    ¿Qué pasa hoy con la familia en relación a la escuela?

    –La investigación muestra que los sectores medios abandonan la educación pública desde hace 60 años. En la peor crisis de 2001, la educación privada bajó, pero después volvió a subir. En general, las familias de clase media hacen un enorme esfuerzo para mantener a sus chicos en escuelas privadas. Los sectores medios progresistas, que podrían pagar una escuela privada y no la pagan, están muy disconformes con el gobierno de Macri, pero no sé si no sucede lo mismo en provincias gobernadas por otro signo político.

     

    “Seguir sosteniendo la moral pro pública, cuando tus decisiones no acompañan esa moral, es una posición muy hipócrita. La clase media defiende la escuela pública para los pobres, pero mientras se va recuperando, privatiza la decisión respecto de sus hijos”. 

     

     Clase media y escuela pública

     

    ¿Por qué destaca el doble discurso de la clase media?

    –Mandar a sus hijos a escuela pública o escuela privada es una decisión de la familia. Pero seguir sosteniendo la moral pro pública, cuando tus decisiones no acompañan esa moral, por lo menos merece una revisión. Si no, yo defiendo la escuela pública para los pobres, pero mientras se va recuperando, privatizo la decisión respecto de mis hijos. Me parece una posición moral muy hipócrita.

     

    ¿Por qué cree que sucede?

    –Cuanto más gente paga por algo que tiene gratis más claro es el problema. Digámoslo con sinceridad: la mayor parte de la clase media piensa que la escuela pública no cumple con sus expectativas. ¿Por qué? Bueno, ahí hay un debate, empecemos a darlo. Algunos dicen falta financiamiento, otros la organización, otros nichos de corrupción. Algunos colegas míos dicen que las clases medias van a la escuela privada por un efecto de autosegregación, para no estar con los pobres. No estoy de acuerdo, pero discutámoslo. La pregunta es cómo hace la escuela pública para no solamente incluir, sino también integrar a personas diferentes. De lo contrario, termina siendo una escuela para pobres.

     

     ¿Por qué plantea la necesidad de la autonomía?

    –Porque el sistema, como está ahora, centralizado y burocratizado, no tiene capacidad de gobierno. Hay que darles más poder, más capacidad de decisión y más recursos a los educadores. Con la responsabilidad por los resultados, como en cualquier profesión. La idea de que el ministerio debe ordenar y la escuela girar alrededor del ministerio fracasó. En esto tampoco hay diferencias entre kirchnerismo y macrismo. El ministerio como usina pedagógica y un gobierno que decide la adopción de una pedagogía es de una ambición impotente. No va a ocurrir.

     

     

    La privatización permanente

     

     ¿Por qué remarca la privatización de la educación durante el kirchnerismo?

    –Durante los años kirchneristas, no pasó nada muy distinto a lo que venía pasando. Pero se produce una cosa insólita: el 10 por ciento de la matrícula de la escuela primaria pública abandona, mientras que la primaria privada crece el 22 por ciento. Todo el crecimiento se explica por la educación privada. Hay un proceso de privatización muy fuerte, no porque el kirchnerismo la haya promovido. Pero la pérdida neta de alumnos en las primarias públicas nunca había sucedido. Hay tendencias muy profundas que ningún gobierno enfoca en políticas educativas como para poder modificarlas.

     

    ¿Rescata algo de esos 12 años?

    –Argentina tuvo un fuerte crecimiento económico hasta 2008, que se notó en el financiamiento educativo. Las medidas que se tomaron, algunas realmente muy positivas, no mueven el amperímetro en la educación. Una ley de 180 días de clase, que nunca fueron 180 días de clase; una ley de financiamiento educativo que no resolvió los problemas de fondo.

     

    ¿Se mantuvo esa partida?

    –Con Mauro Moschetti mostramos que la Argentina nunca llegó al 6 por ciento del PBI. La situación cíclica de la macroeconomía es muy difícil de resolver. Años pares, no electorales, baja el gasto en educación. En los últimos 20 años no hay una política educativa significativamente diferente de las tendencias pro-privatización, con problemas de financiamiento, de asimetrías, de inclusión social. Probablemente 2018 haya sido un año extremo que impacte en 2019. Pero creo que diferenciar la política educativa por ciclos políticos no tiene sentido.

     

    Dice que la privatización es una política exitosa que nadie la reivindica. ¿Es intencional?

    –No es intencional, pero no hay políticas para salir del deterioro de la escuela pública. Lo único que le reprocharía a Filmus es que tuvo un gran momento para hacer una reforma educativa. Teníamos un presidente con alto nivel de legitimación, con mucho poder, creciendo a tasas chinas, con un ministro muy capacitado -de los más capacitados que tiene la Argentina para el cargo- y los sindicatos apoyando. Nunca más se van a alinear así los planetas. Creo que Kirchner eligió priorizar su alianza política con los sindicatos y no las reformas que posiblemente le hubieran traído un conflicto. Pero podría haber sido algo parecido a lo que se hizo en el final de Lula y Dilma con Fernando Haddad.

     

    ¿Cómo se puede revertir ese proceso?

    –Es muy difícil, si la dirigencia no está dispuesta a pagar costos con un debate honesto y un proyecto. No tenemos capacidad técnica en los ministerios ni gimnasia de debate sobre estos temas, la diferencia pública/privada crea burbujas de ignorancia. Hay problemas macroeconómicos y un problema fiscal de orden federal por resolver: Buenos Aires tiene cuatro veces más de gasto por alumno que Misiones. Y si el Gobierno no interviene, las asimetrías se hacen más visibles.

     

    “En cualquier escuela secundaria pública, el abandono es el problema más urgente. De los cinco cursos que arrancan primer año llegan dos a quinto año. ¿Dónde están los otros tres cursos? ¿Qué destino de vida tienen? Trabajo precario, economía del delito o economía popular”.

     

     

     

    Abandono y precariedad

     

    ¿El abandono también es una política deseada?

    –Es tremendo. En cualquier escuela secundaria pública, tenés primero segundo, primero tercera, primero cuarta y primero quinta. Y en quinto año, tenés quinto segunda y quinto cuarta. ¿Dónde están los otros tres cursos?

     

    ¿Dónde están? ¿Trabajando o fuera del sistema?

    –Es el problema más urgente porque un chico de 16 años, sin el secundario completo, ¿qué destino laboral tiene? ¿Qué destino de vida tiene? Es trabajo precario o economía del delito o economía popular. Planes sociales y subsistencia en el barrio. Por otro lado, la inmensa mayoría de los estudiantes que abandona el secundario son varones, por lo cual hace falta una perspectiva de género. Por algún motivo que desconocemos, las mujeres calzan mejor en el sistema escolar.

     

    Salvo en Santiago del Estero, según su libro.

    –Salvo en Santiago del Estero, porque las mujeres ahí también quedan al margen del sistema. Pero en el resto del país, los que abandonan son adolescentes varones pobres, la combinación perfecta para un problema social muy grave de violencia urbana.

    No se pone el mismo acento en ese dato que en los proyectos para bajar la edad de imputabilidad.

    –Evidentemente. Las cárceles están llenas de jóvenes varones y los que abandonan el secundario son adolescentes varones pobres. El sistema educativo, el gobierno de la educación, no está dando respuesta a un problema social gravísimo. Si queremos resolverlo, tenemos que atacarlo como un problema de género: entender esa masculinidad. ¿Por qué es el varón el que se hace cargo, el que va a poner el pecho, el que sale? El que por ahí no encuentra laburo, pero dice ‘yo no me banco acá adentro’. Por ahí afuera tampoco encuentra nada pero ya no se siente atrapado, perdiendo el tiempo. Algo hay que hacer con eso.

     

     Se menciona siempre el Congreso Pedagógico de Alfonsín como referencia. ¿Hace falta algo así hoy?

    –Lo que falta es un consenso para delimitar disensos, porque en todo no habrá acuerdo, y apuntar a cuestiones centrales. Los diagnósticos los tenemos hechos, los especialistas estamos disponibles, cada vez hay más economistas que se suman. Necesitamos un liderazgo fuerte y una masa crítica en la política. Me llama la atención que los empresarios argentinos y la CGT no tengan una postura clara sobre educación. Los únicos que la tienen son los sindicatos docentes. Y también hace falta una clase media urbana que lleve adelante el debate, como pasó con el aborto legal, seguro y gratuito.

     

    ¿Por qué no lo hace?

    –Porque se refugia en las escuelas privadas. En el caso del aborto, también son las mujeres de clase media las que lo tienen mejor resuelto porque pueden pagar. Entonces, la invitación de las militantes feministas fue al resto de la sociedad, a las mujeres que no son de clase media y a los varones que se quieran comprometer. Hay una ventana de oportunidad pero no hay actor político ni social que se embandere atrás de una escuela pública renovada. Hay un problema de los dirigentes, no se conforma una red de la política para buscar cambios en educación.

  • El Cordobazo, la rebeldía en las calles

     

     

    El 29 de mayo de 1969 se producía en la capital mediterránea un movimiento de protesta que unió a obreros, estudiantes y gran parte de la ciudadanía contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. A casi medio siglo, es un emblema aún ardiente en la memoria argentina.

     

     

     

     

      

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    “La sensación que tuve es que fue una reacción del pueblo contra el gobernador, en primer término, y contra el gobierno nacional, después”. El general Alejandro Lanusse, quien fuera el último eslabón presidencial de la dictadura cívico-militar que se presentó con el nombre de Revolución Argentina, describía así sus impresiones sobre el ánimo de los hechos al cabo de recorrer la ciudad todavía humeante, dos días después del gran estallido. 

    El 29 de mayo de 1969 había estallado en las calles de Córdoba un movimiento de rebelión popular que alcanzó una intensidad inusitada y dejó una profunda huella en el devenir argentino. 

    “Esa mañana, en Córdoba, reventaba todo el estilo ordenado y administrativo que se había venido dando a la gestión oficial”, escribiría Lanusse en su libro de memorias “Mi testimonio”. 

    Claro, era su mirada de las cosas. Pero acaso ese punto de vista de parte de uno de quienes no sólo creían tener todo el poder bajo sus botas sino además haber atrapado a la historia en un puño y ahogarla por la fuerza, de pronto se asombraban una vez más frente a la existencia real del pueblo. 

    Es decir, asistían estupefactos a una demostración de que el pueblo no era un concepto maleable sino un sujeto de la historia capaz de entrar en acción, capaz de desordenarlo todo en busca de otro orden. 

    Aquel 29 de mayo de hace casi medio siglo (se cumplirá el año próximo) los trabajadores, junto con los estudiantes sacaron sus protestas y su malestar a la arena pública y el impulso inicial pronto se vio multiplicado con la adhesión de gran parte de la ciudadanía. La ciudad quedó por unas horas en manos de la rebelión. 

    La historia suele ser retratada como un faro que guía la marcha a través del brumoso océano del tiempo: aunque, claro, son los propios hombres y mujeres los que dejan encendida la luz del pasado. En cierto sentido la historia, por sí misma, no es una fuente de la que brotan las respuestas más esenciales, sino el instrumento necesario para organizar las preguntas frente al presente y al porvenir. 

    Luego de la crónica de los hechos, cuando la búsqueda intenta llegar a la intimidad del sentido del acontecimiento y sus consecuencias, su razón y su carácter, suelen presentarse versiones diferentes. 

    El Cordobazo, ¿fue una pueblada absolutamente espontánea o una revuelta elaborada? Entre la iracundia general, ¿hubo violencia organizada? ¿Fue una señal de madurez revolucionaria o, en cambio, el reclamo aspiraba a restablecer la vigencia de la voluntad popular censurada entonces desde hacía una década y media? 

    Por lo pronto, fue uno de los grandes episodios de la rebelión popular de la historia argentina. Hubo otros, antes y después, pero aquel tenía además la ardorosa marca de una época de alto voltaje político, con multitudes en las calles de todo el planeta.

      

    Ardorosos años 

    Los años ’60 habían presentado un estado de inquietud política general, particularmente en la juventud que fue avanzando por diversos caminos ideológicos. 

    El tiempo argentino estaba marcado principalmente por la proscripción del peronismo y la supresión total de los derechos constitucionales con el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia por parte de un movimiento militar y civil conducido por el general Juan Carlos Onganía. 

    En 1966, la dictadura no sólo anuló el sistema político democrático, disolviendo incluso los partidos, sino que también avanzó sobre la universidad, sobre los sindicatos, conculcó derechos como el de huelga y puso en práctica la censura, en una arremetida autoritaria que sólo sería superada por la gran dictadura que vendría 10 años después, la más feroz y sangrienta que sufrimos. 

    Entre tanto, el espíritu de la época estaba señalado por una efervescencia mundial que se conmovía con  episodios como los de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles europeas como el Mayo Francés y otras que sacudieron las ideas y las pasiones. 

    De distintos modos, la violencia se había ido incorporando a la arena política, hasta que finalmente terminó en la hoguera de los ‘70. 

    Lo precedieron episodios de rebeldía sucedidos poco antes en Corrientes y en Rosario, pero el que sería dado en llamar Cordobazo sería el punto más alto de la resistencia política a la dictadura autodenominada como Revolución Argentina, la piedra en el zapato de las ansias de perpetuidad del general Juan Carlos Onganía.

      

    Altos salarios en lucha  

    “Los salarios pagados a los obreros de la industria automovilística de Córdoba eran los más altos del país y teníamos a mediados de 1969, la tasa más baja de desempleo de los últimos 20 años. ¿Dónde estaba el problema social?”. Las palabras son de quien entonces fuera ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena  y las dijo al periodista Juan Carlos De Pablo en el libro “La Economía que yo hice”. 

    Los movimientos que calentaron el ambiente habían sido las asambleas y planteos gremiales generados a partir de la derogación del llamado sábado inglés, por el cual se pagaba jornada entera por cuatro horas trabajadas. 

    Sucede que, una vez resueltas las necesidades básicas, las reivindicaciones elementales, salarios y derechos, el paso que sigue es sumarse a la discusión por las grandes decisiones políticas. Por eso es que los sueldos bajos y la precariedad laboral son una manera de acorralar el horizonte político de los trabajadores. 

    Entonces, había más, mucho más en el contenido de la rebelión que se estaba gestando. 

    Córdoba era un centro agitado de la vida productiva argentina: desde la gran conmoción industrial de mediados del siglo 20, la ciudad se había convertido en una gran reunión de energías y destinos proletarios de la provincianía argentina. 

    El Smata, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, sería uno de los grandes protagonistas de la jornada. Pero "el Cordobazo se hace, no por reivindicaciones propias del Smata, sino por las reivindicaciones de toda la ciudadanía, sino por la lucha de la libertad y en contra de la tiranía", ha dicho Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista y presente en la intimidad de aquellas decisiones, desde su puesto junto al líder de Luz y Fuerza, Agustín Tosco. 

    "Al Cordobazo lo piensan Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (Smata) entre la primera y la segunda semana de mayo. Luego lo invitan a Agustín Tosco, quien acepta inmediatamente", apuntaría Garzón Maceda. 

    Para la historiadora Mónica Gordillo, el rasgo distintivo fue “la convergencia con la cuestión estudiantil”. 

    “Este sector venía movilizándose para reclamar frente a las intervenciones en las universidades. Los estudiantes de Corrientes habían sido reprimidos luego de una protesta que culminó con la muerte de uno de ellos y esto a su vez produjo una serie de marchas del silencio que causaron dos muertes más en Rosario”, dice la autora de “Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social”, escrito junto a James Brennan.

     

    Las horas calientes

    Momentos de dos días de acción en el centro y en los barrios de la ciudad de Córdoba. 

    El estallido del Cordobazo fue la coronación de un malestar que recorría todo el país. En Corrientes, Rosario y Tucumán había asomado la rebelión y como respuesta el  gobierno soltó una furiosa represión que se cobró la vida de dos estudiantes correntinos. Esto no hizo más que avivar el fuego, y en el ánimo cordobés se reabrió la herida por la muerte del estudiante y obrero mecánico Santiago Pampillón, provocada por una descarga policial en setiembre de 1966. 

    En ese clima, se decretó un paro general nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, se resolvió extenderlo a 36 horas, desde las 11 de la mañana del 29, y ganar la calle. 

    A media mañana del día señalado se cortó el último hilo de calma. Alrededor de 3000 trabajadores de la fábrica IKA-Renault  abandonaron la planta de Santa Isabel y se pusieron en marcha hacia el centro. En el camino apareció la Policía con sus gases lacrimógenos y volaron las primeras piedras como respuesta a la represión. 

    Un poco más adelante, ya en el centro de la ciudad, sobre la ex plaza Vélez Sarsfield, la Policía volvió a cargar y esta vez sonaron disparos. Allí cayó muerto el joven Máximo Mena y entonces el enardecimiento se volvió feroz, sin retroceso. 

    Más gremios habían ganado ya las calles, los estudiantes ya se habían plegado y el ímpetu de la revuelta se redobló con la adhesión de los sectores medios. La acción policial sería respondida con piedras y otros objetos (memoriosos recuerdan que se arrojaban bolitas al paso de los caballos de la policía montada). Mientras tanto, se incendiaban autos para contener el avance uniformado y combatir los gases lacrimógenos. 

    Las barricadas  se armaban, en muchos casos, con la ayuda de los vecinos. Es decir, la espontaneidad de la reacción de la ciudadanía fue un rasgo esencial para  la intensidad que llegaron a alcanzar los hechos. 

    El paso de la multitud dejaba atrás vidrieras rotas (sobre todo de los negocios de empresas extranjeras) y en llamas algunos edificios públicos. La situación se presentaba fuera de control con focos esparcidos por toda la ciudad y algunos barrios tomados por los manifestantes. El más emblemático era el barrio Clínicas, entonces lugar de residencia de la mayoría de los estudiantes venidos desde otros lugares de la provincia y del país. 

    También aparecieron francotiradores y, a las cinco de la tarde, finalmente irrumpió en la acción el Ejército.                    

     Al día siguiente aún se registraban choques dispersos, pero a la medianoche, cuando las tropas rompieron el cerco con el que los estudiantes habían rodeado el barrio Clínicas, sobrevino el silencio y la ciudad quedó sola con su imagen devastada y sus heridas. 

    La lucha había dejado unos 15 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos, entre ellos los líderes sindicales  Elpidio Torres y Agustín Tosco (luego condenados a prisión por un tribunal militar en juicio sumarísimo).También había quedado sentenciado el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, que caería finalmente un año después, en consonancia con la irrupción de Montoneros y el secuestro de Pedro Aramburu. 

    Casi dos años después, en marzo de 1971, la ciudad volvería a ser escenario de otra rebelión, llamada esta vez El Viborazo, en respuesta a la frase del gobernador interventor José Camilo Uriburu (reemplazante de Carlos José Caballero, que cayó con El Cordobazo): “En Córdoba anida una serpiente venenosa, cuya cabeza quizá Dios me depare el honor de cortar de un solo tajo”. 

    Finalmente, en 1973, la “Revolución Argentina” se retiraría de la escena sin haber alcanzado su máximo objetivo: detener el regreso al poder de Juan Domingo Perón.

     

    Identidad rebelde 

    Córdoba, la cuna de la Reforma Universitaria de 1918 -otro hito de rebelión-, estaba repleta de obreros y estudiantes, precisamente dos sectores que agitaban la respiración política de aquellos años, y que solían encontrarse en las calles para manifestar en la misma dirección. Aunque había muchas maneras de ver las cosas, el rechazo al gobierno militar afirmaba las coincidencias. 

    El Cordobazo confirmaría a la capital mediterránea como un faro rebelde, una personalidad acaso trazada por la desobediencia original de su fundador, Jerónimo Luis de Cabrera, que la plantó más allá de dónde le había sido ordenado. 

    Este episodio quedaría grabado a fuego en el rencor y la venganza que vendría luego con la dictadura que sobrevino en 1976, que en su feroz y sangrienta represión se ensañaría especialmente contra Córdoba, sus sindicatos, sus ideas, su cultura y particularmente contra su identidad industrial. 

    Como quedó patentizado en 1980 con el cierre de IME, la fábrica del Rastrojero, que entonces tenía 3000 empleados y una presencia dominante en el mercado de las pick ups diésel. Córdoba ya no volvería a ser la misma tras el paso devastador del represor Luciano Benjamín Menéndez. 

    En 2013, la Legislatura de la Provincia de Córdoba estableció al 29 de mayo como Día de las luchas populares. Y en la memoria argentina, aquellas calientes horas quedarán definitivamente ardiendo con el espíritu de la rebelión de un pueblo.

     

     

  • El hombre de la calle Garibaldi

     

    En mayo de 1960, un comando del Mossad secuestró a Adolf Eichmann en un suburbio de San Fernando. El criminal de guerra nazi llevaba una vida rutinaria, bajo la insospechable apariencia de un empleado de la fábrica Mercedes Benz. Fue el caso que empezó a develar la trama de protección que rodeó a los fugitivos del Tercer Reich.

  • El trabajo, fuente esencial de sustento, dignidad y destino de la gente

    La crisis, los intereses desmedidos y la complejidad de la época arrinconan no solo los índices de desocupación, sino también la calidad de los empleos y la protección de los derechos de los trabajadores.

  • La inestabilidad, en el ADN de la República Italiana

     

    La elección de marzo marca una nueva estación en la sempiterna inestabilidad italiana. Con el Movimiento Cinco Estrellas como favorito, la ciudadanía reitera su malestar con un sistema que hace 25 años está mutando.

       

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    La historia política de la Italia republicana es la historia de la inestabilidad. Hasta principios de los ´90, fue también la historia de una paradoja: el matrimonio entre inestabilidad política y crecimiento económico continuado. Rodeada de países donde los gobiernos duraban años y no meses como en Roma, Italia acompañó el crecimiento de la Europa de posguerra y del mundo en general y llegó a ser la sexta economía del mundo en 1990. Al lado de ese avance en línea recta, la política dibujaba un electrocardiograma alocado: hasta hoy, cuando la república italiana se acerca a cumplir 72 años, hubo 64 gobiernos, presididos por 28 presidentes del consejo de ministros distintos. Coaliciones de gobierno de hasta 14 partidos, 20 grupos parlamentarios distintos más como regla que como excepción: una curiosidad para los politólogos, un parque de diversiones para los políticos profesionales. 

    Sin embargo, por detrás de la maraña de siglas y nombres, la Guerra Fría impuso un principio ordenador: cualquier combinación para formar mayoría parlamentaria (el requisito para que se pueda formar un gobierno) valía, mientras eso mantuviera al Partido Comunista Italiano (PCI) en la oposición. Mientras el desarrollo económico diferenciado trazaba una línea divisoria entre el norte y el sur de Italia, una frontera ideológica invisible separaba en toda Europa Occidental a los partidos que podían estar en el gobierno sin alarmar a los Estados Unidos de los partidos que simpatizaban con su enemiga en esa guerra de amenazas nunca concretadas, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La Democracia Cristiana, con su sempiterno 40 por ciento de los votos, necesitaba siempre de aliados para componer una mayoría parlamentaria y para asegurarse de que el PCI, oscilando entre representar entre un cuarto y un tercio de los votantes italianos, permaneciera siempre fuera del gobierno. 

    Ese esquema, esa “inestabilidad estable” se mantuvo hasta principios de los ´90, cuando sus fundamentos sufrieron una serie de terremotos. En primer lugar, la caída del Muro de Berlín y la disolución posterior de la URSS significó el fin de la Guerra Fría y puso en entredicho el principio no escrito de la exclusión del PCI del gobierno. En segundo lugar, el proceso judicial Mani Pulite, que empieza a investigar en 1992 el sistema de sobornos por la concesión de obra pública con el que se venían financiando los partidos políticos tradicionales. Por último, como un telón de fondo y como causa accesoria de los cambios políticos que sobrevendrían, un frenazo al impulso económico de posguerra: el producto interno bruto de Italia de 1992 no sería superado en volumen hasta 2004. 

    Los dos primeros cimbronazos tuvieron consecuencias inmediatas. Los procesos judiciales por corrupción transformaron en reos a muchas de las más importantes figuras políticas, empezando por el líder socialista y jefe de gobierno Bettino Craxi. Su partido, aliado indispensable de la Democracia Cristiana, y ésta última fueron arrasados electoralmente a consecuencia de las investigaciones sobre el financiamiento ilegal de la política (esquema que se conoció como Tangentopoli, que podríamos traducir como “sobornópolis”). El otro cimbronazo impulsó a la dirección del PCI a abandonar el adjetivo “comunista”, para transformarse en Partido Democrático de la Izquierda (PDS). Dos años tras el inicio de Mani Pulite, las siglas de los partidos que habían dominado la política italiana durante medio siglo habían sido reemplazadas por otras y el descontento con la corrupción abría la puerta a la irrupción de la Liga Norte, un partido que pregonaba la secesión del norte rico del país para independizarse de “Roma ladrona”. 

    Apenas la investigación judicial rebasó la política y empezó a ocuparse de la corrupción empresaria y de las relaciones cotidianas entre los ciudadanos y la administración pública, llegó otra reacción, de signo contrario a la de la Liga, que tuvo como insignia a uno de los que financiaban a Craxi: el magnate mediático Silvio Berlusconi. Enarbolando un discurso garantista contra el “giustizialismo” de una magistratura que a veces abusó de sus procedimientos, el magnate de los medios de comunicación se lanzó a la política a la búsqueda de un blindaje (fueros y la posibilidad de hacer más benignas las leyes contra la corrupción, la evasión fiscal y el lavado de dinero o de dictar amnistías y blanqueos) y detrás de un programa de desregulación de la economía para favorecer los negocios, incluidos los propios. Su éxito fue instantáneo: recicló parte de la derecha que había anidado en los viejos partidos y obtuvo el apoyo no sólo de la élite empresarial, sino también de las clases medias que se sentían tan potencialmente objeto de indagación judicial como los políticos de los que venía de desembarazarse. 

    Naturalmente, Berlusconi, como jefe de gobierno trajo su propia clase de inestabilidad: cambios permanentes de ministros, malabares para esquivar citaciones judiciales, escándalos continuos. Así y todo, logró una longevidad inusual para los patrones italianos, no sólo al frente del gobierno, sino como hombre a vencer del nuevo sistema político. 

    La pérdida de dinamismo económico del país y el impacto brutal de la gran recesión global a partir de 2008, fueron las arenas movedizas en las que no logró asentarse el nuevo bipolarismo que imaginaban poscomunistas y posdemocristianos, que en 2007 habían confluido en el Partido Democrático (PD). Ellos ocupaban el espacio a la izquierda del centro y el magnate milanés reinando sobre el otro hemisferio político. Para los italianos de a pie la obra de demolición del sistema político previo a Mani pulite no era una tarea terminada. 

    Por el contrario, con la gran recesión se abre en Europa la temporada de los movimientos de protesta, que en Italia se van a cristalizar en el Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Lanzado en 2009 por el comediante Beppe Grillo, es el único partido de protesta en el continente que surge de la nada (a diferencia de las ultraderechas que recobran fuerza en los países vecinos) y que rechaza cualquier ideología (a diferencia de los “indignados” españoles).

    En su debut electoral, en 2013, el M5S fue el partido más votado para la Cámara de Diputados, con más del 25% de los votos, pero el sorpasso llegó el 4 de marzo de 2018: uno de cada tres italianos los eligieron para que Luigi Di Maio, a sus 31 años, sea el próximo presidente del gobierno. Como se trata de un sistema parlamentario, ser el primer partido no alcanza: en un parlamento con nada menos que siete partidos y media docena de grupos regionales representados, el movimiento antisistema tiene que buscar aliados para conformar una mayoría entre los políticos que nació para denostar y defenestrar. Sean cuales sean los colores del gobierno que surja de esta elección, hay una cosa de la que no pueden estar seguros los políticos italianos, sean de la vieja escuela o recién llegados: nadie puede adivinar si la tarea de demolición del sistema político emprendida por la ciudadanía hace más de 25 años ha terminado o se ha tomado un respiro.

     

  • Las historias detrás de los héroes de la pelota

     

     

    La mesa está servida.  En la previa mundialista, el menú a la carta lo propone HBO con sus mejores ingredientes y las recetas más originales para contar historias humanas.

  • Legalización del aborto: tras años de demora, el Congreso aborda un debate de fondo

     

    La discusión divide de manera transversal a la Cámara de Diputados, donde la reforma se votaría a principios de junio. Con una leve ventaja de los que se oponen a la medida, la definición está en manos de unos 40 legisladores que todavía no decidieron o no anunciaron su voto.

  • Mirtha en la ruta digital

    Por Aleja Páez | Investigadora y profesora universitaria

     

    Pese a llevar cincuenta años al aire, el programa de Mirtha Legrand es uno de los pocos que atraviesa exitosamente la crisis de la TV. La clave reside en una innovadora estrategia digital en redes y nuevos formatos.

    Con el lanzamiento de su 50° temporada en enero, Almorzando con Mirtha Legrand se convirtió en el programa más antiguo en el aire conducido por una misma persona en la televisión mundial. El hito se extiende si se considera que Legrand alcanza 77 años de carrera profesional, la mayoría de ellos al frente de los ciclos que llevan su nombre en el título.

    No resulta casual la nomenclatura, puesto que, tras su nacimiento en junio de 1968, Almorzando con las estrellas –luego rebautizado con la denominación actual- rápidamente se enfocó más en la figura de la conductora que en la de los invitados. En un formato inédito, la propuesta del director de Canal 9, Alejandro Romay, fue realizar almuerzos con personalidades en vivo, en una mesa encabezada por la artista. Lo que vino después fue un proceso de experimentación y crecimiento al ritmo del desarrollo de la televisión en el país.

    A lo largo de cinco décadas, el ciclo ha logrado prevalecer sin grandes modificaciones en su formato y una conductora nonagenaria, en un sistema televisivo preocupado por la volatilidad de las audiencias. Gran parte de su vigencia obedece a la capacidad de interpelar los gustos del público masivo y al estilo de la anfitriona, que armoniza una anacrónica estética aristocrática con una actitud en la que se autoproclama embajadora de las incertidumbres del ciudadano de a pie (“la gente dice que”). Otro tanto se debe a que se trata del único espacio que congrega simultáneamente a los protagonistas coyunturales de las agendas política y artística del país. Sin distinciones, todos ocupan lugares idénticos en la mesa y se someten a los cuestionarios y comentarios, a veces naif, a veces irreverentes de la diva.

    Sin embargo, en un contexto donde el encendido de la TV de aire tiende paulatinamente a la baja, se necesita más que la repetición de la fórmula para mantener el rating y retener a los anunciantes. Es por eso que desde 2013, el programa comenzó un proceso de adaptación digital y apertura hacia otros formatos, liderado por la productora Story Lab de Nacho Viale con la ayuda de Agustina Vivero, más conocida como Cumbio.

    Esta nueva apuesta arroja resultados más que llamativos. En el curso de los últimos cuatro años, luego de comenzar a generar contenidos sobre el ciclo desde los perfiles en redes sociales de Legrand y haber lanzado subproductos asociados, “Mirtha se volvió un negocio 360°”, según el propio Viale.

      

     

     

    Mirtha 360º   

    El año pasado, Nacho Viale fue uno de los principales disertantes en el Media Day de la Cámara Argentina de Agencias de Medios. Por primera vez, expuso sobre el modo en el que se planeó la transformación de los programas de Mirtha Legrand a partir de la activación de la presencia de la conductora en redes sociales y el lanzamiento de dos proyectos asociados: Recetazas y Lookazo. Desde su punto de vista, la televisión necesita cada vez más de las audiencias digitales y, por eso, convocan invitados que “generen conversación” más allá del programa.

    En ese camino, una de las primeras medidas fue pasar del modelo diario de lunes a viernes al fin de semana con dos emisiones, los sábados a la noche (La noche de Mirtha) y los domingos al mediodía con el clásico Almorzando…, en ese entonces en América TV.  La medida tuvo éxito en el rating y motivó que Canal 13, donde estuvo de 1976 a 1980, les propusiera regresar a su grilla en 2014.

    Aquella transición coincidió con la iniciativa de la productora del ciclo Agustina Vivero de administrar las redes de la diva, en especial Twitter. Hasta ahora los resultados la acompañan. La cuenta @mirthalegrand pasó de tener 200 mil seguidores, en 2013, a más de 1 millón en la actualidad. Y más destacable aún, según Twitter, fue el tercer usuario más mencionado en Argentina durante 2017. Por otro lado, de acuerdo con el Ranking Kantar Twitter TV Ratings Argentina de Ibope, que muestra a los 10 programas de TV abierta más conversados semanalmente, Legrand se mantiene siempre en las primeras posiciones. Este es un aspecto muy llamativo, si se tiene en cuenta que su principal target son personas de 50 años en adelante, lo cual no coincide necesariamente con la edad de la mayoría de la población activa en esa red social.

    Según Viale, la nueva estrategia digital les permite “transformar un producto del mundo viejo en uno para el mundo nuevo”, a partir de la ampliación demográfica su target, así: de un 80% de mujeres y un 20% de hombres pasar a un 60% - 40%, y de un rango de edad de 50+ acceder a uno de 55% 25-49 años, 26% 50+, 15% 13-24 años y 4% infantil. 

    La presencia en redes sociales se reforzó con la creación de los formatos multiplataforma Recetazas y Lookazos. El proyecto Recetazas se lanzó a comienzos de 2017 e incluye un canal en Youtube donde se genera contenido autónomo y relacionado con los programas de Legrand. Frente a cámara está Francisco Sade, chef oficial de los almuerzos y las cenas. Además, en diciembre pasado, Planeta editó un libro homónimo de Sade en el que se compilan los platos que se sirven en el programa. Por su parte, Lookazo tiene un canal de Youtube y, en especial, se usa como hashtag (temática en redes), para que los invitados compartan su vestuario y accesorios. Ambos emprendimientos echan mano de la fama de los invitados para viralizar clips con el clásico paneo para exhibir la ropa. Además, están patrocinados por los anunciantes del ciclo y un puñado de nuevas marcas.

    Habida cuenta de lo que Viale define como un “negocio 360º”, cabe preguntarse si todo es absolutamente novedoso en esta estrategia. O más bien se trata de un proceso de adaptación de las herramientas tecnológicas y nuevas formas de presentar el mismo tipo de contenidos. Después de todo, a diferencia de las estrellas nativas de las redes sociales, el recorrido de Mirtha Legrand por la ruta digital no parte desde cero sino que se apalanca en la explotación de figuras ya conocidas en el circuito mediático y en una forma similar de relacionarse con los anunciantes. 

     

     

  • Miss Bolivia | Pequeña gigante

     

    Nació en La Paternal, vivió parte de su adolescencia en Estados Unidos y fue acompañante terapéutica durante la tragedia de Cromañón. Perfil de una artista que reivindica la pista de baile y es portavoz de una nueva generación de mujeres arriba del escenario.

     

    Valentina Cardozo | Periodista 

     

    Cuando recién empezaba a dar pequeños shows bajo el seudónimo de Miss Bolivia, a María Paz Ferreira la despidieron del Canal de la Ciudad en el que trabaja como productora porque “no encajaba con el perfil”. Un poco antes se había separado de su novia de entonces. Sin empleo ni casa ni pareja, se mudó a una panadería abandonada en La Boca con el dato que le pasaron unas amigas.

    —Me instalé en una cocinita que había ahí, con un colchón en el piso. Fue mi búnker durante un año y medio en el que viví con lo poquito que me dejaba la música. Ahí resigné el confort para siempre. Me curtí. Aprendí de veras a vivir con muy poco— recordó en una entrevista.

    Corría el año 2007 y era bastante difícil imaginar este presente como figura destacada de la música argentina, siempre en progresivo ascenso. Sus videos alcanzan millones de reproducciones en YouTube; sus composiciones forman parte de manifestaciones feministas que reclaman aborto legal, seguro y gratuito. La convocan a programas de televisión para que cante, cuente y opine. Hasta pudo comprarse una casa, gracias a “Tomate el palo”, un hit que es parte del repertorio en canchas de fútbol, tarareado por chicos y jubilados. Se casó con un científico que trabaja en Conicet y que pronto se convertirá en rabino. La pareja ya inició los trámites para adoptar.

    Paz nació en Buenos Aires en 1976, hija de riocuartenses que se habían mudado a la capital. La madre era secretaria de una multinacional petrolera; el padre vendía lotes, terrenos y estancias a comisión. Mientras el matrimonio duró, la familia pasaba las vacaciones en Río Cuarto. Después del divorcio, todo cambió.

    O casi. Porque la niña siguió siendo alumna ejemplar. Incluso en la adolescencia, con toda la rebeldía a cuestas, mantuvo un impecable desempeño escolar. Tanto como para acceder a una beca y terminar los dos últimos años del secundario en Fort Ann, un pueblito de 1.500 habitantes dentro del estado de Nueva York, habitado en su enorme mayoría por blancos anglosajones. Allí, dice, se sintió minoría. “Las distintas éramos una chica negra y yo”.

    Terminado el colegio, Paz se quedó un tiempo más en Estados Unidos. Conoció el hip hop, la marihuana y a muchos hippies que vivían en casas rodantes y seguían la misma banda que ella: Grateful Dead. Durante un año asistió a todos los shows mientras conseguía trabajos temporales o elaboraba comida casera para vender.

     

    Cromañón y después 

    El regreso a la Argentina se produjo en el apogeo menemista. Sin muchas opciones laborales, vendía milanesas de soja que repartía a domicilio en bicicleta. Se inscribió en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y egresó con medalla de honor y un título como Licenciada con especialización en políticas comunitarias y preventivas.

    —El diploma se lo terminó comiendo mi gato. Como sale tan caro hacerlo de nuevo, decidí dejarlo así—contó hace un tiempo, en la misma línea desprendida que tenía cuando se mudó a La Boca.

    Comenzó a trabajar en Buenos Aires Presente, el servicio de contención psicológica del Gobierno de la Ciudad. Estaba de guardia la noche del 30 de diciembre de 2004 cuando se produjo el incendio de Cromañón que dejó 130 muertos durante un recital de Callejeros. En el cementerio de Chacarita le tocaba recibir a padres que iban a reconocer los cuerpos de sus hijos en bolsas cerradas hasta el pecho. Nunca jamás escuchó a nadie gritar así. Un padre comenzó a aspirar pegamento ahí mismo, otro salió corriendo a la calle para que lo atropellara un auto. Cada ocho personas que atendía, necesitaba esconderse en un mausoleo para llorar, llorar y llorar. El estrés postraumático después de aquella noche resultaba inevitable. Pidió licencia.

    —Pasaron todos estos años y a veces todavía escucho esos gritos.

    Cuando ya no pudo seguir de licencia, pidió traslado a otra área y llegó a un canal de televisión en el que aprendió a producir con escasos recursos, experiencia que le sería de utilidad en su primera etapa artística. De aquel empleo la echaron. Fue en ese momento en el que Paz Ferreira empezó a convertirse en Miss Bolivia, una criatura que mantiene la curiosidad y el desempeño académico pero que también es capaz de gritar una frase memorable detrás de otra.

    Quizás las letras plagadas de juegos de palabras, citas del lunfardo, oda al baile, libertades sexuales y aventuras nocturnas al borde de la cornisa generan una falsa impresión. Quizás su licuadora estética (hip hop mezclado con cumbia; algunas cuotas de reggae, pop y punk como ingredientes ocasionales) la coloque erróneamente en una etiqueta de entretenimiento pasajero. Nada más alejado de sus intenciones. La nena que aspiraba a ser abanderada y la universitaria estudiosa siguen presentes.

    La artista de 43 años y 1,53 metros de estatura aprovecha cada espacio con un micrófono disponible para romper con la monotonía y lanzar mensajes disruptivos, como en 2017, cuando la invitaron a almorzar con Mirtha Legrand.    

    —Estos zapatos me los compré en Once. Este chupín es de Mora Mía, Natalia, una amiga. Esta remera es de feria americana. Esta campera la compré, también, en un negocio de Once. Estos anillos son del Barrio Chino y salen 50 pesos. Me pintó y me peinó mi amiga personal Mechi Moréteau. Y, a la gilada, ni cabida- dijo con frescura.

    No fue el único momento destacado de aquella mesa. Contó también que durante mucho tiempo tuvo novias pero que en ese momento estaba enamorada y casada con un hombre. Legrand, sorprendida, la felicitó por “confesar su homosexualidad”. Rápida de reflejos, Miss Bolivia habló del deseo nómade y cambiante.

    —Nunca fui prejuiciosa. Nunca tuve un totalitarismo o absolutismo del tipo “solo me gustan las mujeres”-le contestó.  

    A esas intervenciones mediáticas las define como “ir a tirar bombas”, plantear otras realidades y otras miradas mediante un discurso sólido y argumentado pero nada elitista. Las repercusiones continúan hasta hoy, cuando la siguen llamando para charlar en TV. Mientras eso ocurre, el videoclip de “Paren de matarnos”, una canción surgida al calor de las demandas de Ni Una Menos y protagonizada por actrices reconocidas, aumenta su exposición. La premisa que la guía es la misma que tenía cuando dormía en el colchón de la panadería abandonada: coherencia entre lo dicho y lo hecho. O en sus propias palabras:

    —Que el audio pegue con el video y que la acción pegue con el discurso.

  • No bombardeen la comarca

     

     

    Tornquist está ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Es cabecera del partido homónimo y forma parte de la hermosa comarca turística Sierras de la Ventana.

    En 1955, este apacible y tranquilo lugar estuvo a punto de ser escenario de una cruenta batalla entre las fuerzas del Ejército  y la Armada Argentina. 

  • The Wire | Nadie hizo algo mejor

     

     

    Los tres negocios ilegales más importantes de la humanidad están vinculados, se financian entre sí y son el tráfico de drogas, de armas y de personas. El Estado, por acción u omisión, es siempre parte del negocio.

  • This is Us o los caminos de la vida

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

     

    Todas las familias guardan un secreto que cada uno relata a su manera.

     

    El relato familiar que construimos es fruto de distintas interpretaciones de la realidad; pequeños trozos de historia que nunca llegan a unirse para mostrarnos una única verdad.

    Pero que no sea la única realidad no quiere decir que todos esos pedazos de vida finalmente no puedan hacerse mito. El mito nacido del seno familiar sirve para encubrir historias o negar sucesos dolorosos, pero también para armar una base en la cual pararse para enfrentar cada momento de nuestras vidas.

    Ese juego en el que todos estamos incluidos no deja de reproducirse cada vez que alguien lo pone en palabras. Son hechos reales que no cesan de recrearse aún después de la muerte.

    This is Us, la serie estadounidense que Canal Fox volverá a emitir completa este mes, como anticipo antes del estreno de la 2ª temporada y que podemos encontrar en COLSECOR Play, nos permitió en sus primeros 18 capítulos internarnos en los pliegues de ese mito familiar que, como dijimos, no cesa de construirse.

    La serie con permanentes flashbacks nos mete en la historia de una pareja estadounidense de clase media que debe enfrentar el nacimiento de trillizos, con el agregado de que desde el primer momento debe asumir una pérdida.

    Una pérdida que intentarán superar con la adopción de otro bebe recién nacido al que conocen en la nursery al mismo tiempo que observan detrás de un vidrio a los dos hermanos sobrevivientes de ese parto traumático.

    This is Us comienza con el relato (en construcción) de los trillizos Kate, Kevin y Randall cuando están cumpliendo 36 años. Con un despliegue accesible y bien resuelto por el creador Dan Fogelman, los espectadores podemos construir los trozos de historia desde la mirada de cada uno de los integrantes de esa célula familiar y acceder a la información de vida que surge de los relatos parciales de los hermanos que expresan y sintetizan diversidades conflictivas: uno es flaco, actor famoso y sex symbol, la hermana es acomplejadamente gorda y el tercero, el adoptado, es negro.

    Pero si algo sobresale en la serie es que los personajes son dibujados en su inacabada formación de seres imperfectos que gozan y sufren una vida que los muestra sumergidos en las contradicciones del devenir estadounidense de mediados del siglo XX. Incluyendo, en ese ida y vuelta audiovisual, palabras, temas musicales y guiños que dan cuenta de la segregación y discriminación que vivían los negros, las huellas que dejó en la juventud la guerra de Vietnam y una cultura embebida en los destellos del hippismo americano. Con olor a marihuana, sabor a cerveza bajo los acordes disruptivos del rock, el blues o la música country a lo Creedence Clearwater Revival.

    Fogelman acierta cuando historiza partes de vida mostradas en un mismo lugar que cambian al ritmo de la transformación física y psicológica de los personajes. Un par de hallazgos audiovisuales que se agradecen por la rápida resolución de un relato que de otra manera podría demorarse innecesariamente, espantando a la audiencia.

    This is Us es un drama matizado por muchos momentos de comedia. Permite al público argentino encontrar similitudes de la vida diaria nacional con la estadounidense. Pero, conviene aclararlo, no está hecha para imponer modelos de vida. Y aunque parezca mentira logra momentos de suspenso en escenas simples de la vida cotidiana. Sea que se devenga en una muerte siempre anunciada, como al momento de un nacimiento que por anticipado no deja de entrañar riesgos. Suspenso y sorpresa en las actitudes siempre deplorables como en las acciones más reparadoras. Eso sí, Fogelman no condena a ninguno de sus personajes, pero tampoco nos propone monstruos ejemplares de perfección.

    La primera temporada deja inconclusa la mayoría de las historias de vida.

    Hay mucha televisión y cine en la serie. Pero también gestos y vivencias que permiten la identificación aunque más no sea parcial con algún rasgo, manía o adicción en la que todos caemos en algún momento de nuestro increíble y fantástico paso por la vida.

    La serie ha sido nominada y ha recibido varios premios. Sobresalen los trabajos de Milo Ventimiglia, el padre de la familia; Sterling K. Brown como el hijo adoptado, nunca del todo contenido por una realidad que condenaba al apartheid a todos los que no tuvieran piel blanca. Chrissy Metz es la querible mujer que no cesa de luchar contra la gordura y finalmente un entrañable Ron Cephas Jones dando encarnadura a William H. Will, alias Shakespeare, quien nos permite reconocer - en una breve pincelada- la siempre mítica y jazzística ciudad de Memphis.

    Quienes hayan visto House of Cards, podrán encontrar una versión del actor Gerald McRaney en un papel que lo aleja del millonario, influyente y corrupto Raymond Tusk. Aquí es el Doctor K, abreviatura de Nathan Katowsky, un médico tan comprometido con la salud pública como con la medicina que reconoce en los pacientes la integralidad de seres bio, psico, sociales.

    Una recomendación para almas sensibles: saquen los pañuelos. This is Us tiene escenas de fuerte contenido emocional. Pero ante tanta serie de superhéroes, políticos demolidos por empresarios devenidos en gobernantes y mundos distópicos, esta propuesta nos invita a hurgar en el cómo somos.

     

    This is Us: 1 temporada. Disponible completa en FOX App (logos FOX APP y COLSECORPlay)

    Elenco: Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Sterling K. Brown, Chrissy Metz, Justin Hartley, Susan Kelechi, Chris Sullivan, Ron Cephas Jones.

    Una serie de 20th Century Fox Television y otros.

    Creador: Dan Fogelman

  • Un equipo para Messi

    De una buena vez, la Selección necesita una estructura que contenga y potencie al mejor del mundo. ¿Se puede conseguir en menos de un mes? ¿Qué Argentina llegará a un nuevo Mundial? Lo que piensa Jorge Sampaoli.

  • Una década de gastronomía federal y algo más

     

     

     

    Lo que comenzó como un especial de verano en 2009, hoy es lo más visto de la TVP. Cocineros Argentinos se toma en serio la tarea de llevar la cocina de todas las provincias a la pantalla de la TV.

  • Voces y poemas de Justiniano Posse

     

    Retazos de la historia y personajes del pueblo donde nació y creció el mundialista Martín Demichelis, desde la palabra y la poesía de algunos de sus habitantes.

     

    Matías Cerutti| Viajero, cronista y narrador 

    Pito Campos| Ilustraciones 

     

    En julio del año pasado, los descendientes de José Marcellari se juntaron en un salón de eventos de Justiniano Posse para festejar un nuevo aniversario de la llegada de la familia al país. En 1906, don José había llegado desde Macerata junto a sus hijos Nicolás, Juan y Luis. Fue el primer desembarco de la familia en Argentina.

    –Mi abuelo es Nicolás Marcellari, que vino a la Argentina desde Italia con sus dos hermanos y su padre– cuenta Adriana mostrando las fotos del álbum familiar que se exponen en el salón de La Arboleda–. Eran barcos que llegaban repletos a Buenos Aires. Los que podían, trabajaban en el puerto un tiempo y luego se iban a trabajar la tierra a Santa Fe o a Córdoba. Mi abuelo, que tenía 16 años, estuvo un tiempo y se volvió a Italia con su padre. Allí se casó y vio nacer a Eduardo, mi papá. Cuando mi abuela estaba embarazada de mi tío Humberto, mi abuelo se volvió a la Argentina y se instaló aquí, en lo que más adelante se conocería como estancia “La Josefa”. Con el tiempo mandó a llamar a mi abuela que se vino con mi padre y mi tío, a quien mi abuelo todavía no conocía. Aquí nacieron mi tío Carlos y mi tío Marcelo que murió hace un mes y medio.

    El salón contiene a los Marcellari de varias generaciones. Sentados frente a largas mesas se reencuentran los descendientes de Nicolás, Juan y Luis. Mientras se escucha una guitarra y un bandoneón que afinan y prueban sonido para animar el evento, Adriana muestra fotos de Don José y su esposa María, del abuelo Nicolás con la abuela Teresa, de su padre y su tío Humberto cuando vivían en Italia, y de la casa donde nacieron los tíos Carlos y Marcelo. El dúo musical se larga con “Desde el alma”. Sentado junto a su primo Pablo, don Carlos, de 88 años, me espera para conversar sobre los primeros años de Justiniano Posse.

     

    Carlos y Pablo

    –Al pueblo lo veo bien– dice Pablo–. Nosotros hace nueve años que estamos aquí. Antes estábamos en el campo, pero ahora que uno es grande y empieza a tener problemas de salud, acá estamos tranquilos. 

    De fondo suena un pasodoble, Pablo ha tomado la palabra con entusiasmo, en su mirada se advierte que el encuentro familiar le sienta bien. Cuenta que la zona rural ha cambiado mucho en los últimos años.

    –Yo criaba chanchos en el campo, después lo dejé a mi hijo y me vine para el pueblo. Antes de venirme se estaba dejando la cría de animales para trabajar solo la agricultura. El campo antes estaba más poblado y había un boliche que se llamaba San José, íbamos a jugar a las bochas ahí. En la esquina del campo había una escuela, a la que fueron mis hijos. A mi mujer la conocí en un casamiento acá en Posse. Cuando éramos chicos veníamos al pueblo; nos traían. Vivíamos acá cerquita a siete kilómetros. Mi papá tenía un auto grandote. Me acuerdo que una vez, para el carnaval, le corrió toda la capota para atrás y nos vinimos todos a dar vueltas por el corso.

    Su primo Carlos, con la mirada hacia adentro, asiente las palabras de su primo, confirmando presencia y predisposición para exteriorizar recuerdos, toma la posta y continúa:

    –A mí me gustaba el fútbol. Alguna vez jugué para Teniente Origone, en tercera. Acá hay dos clubes y la gente venía mucho a ver los partidos, pero en el campo también había fútbol; la gente no podía venir al pueblo y en el campo había boliche, cancha de bochas y fútbol. Acá en este pueblo, el 90 por ciento eran descendientes de italianos, era todo agricultura, no había industria, las chacras eran más o menos mixtas. La diversión que tenía la gente eran los boliches. A veces venían los circos, los parques, las compañías de teatro; y la gente iba.

    –¿Te acordás del cine Pauloni? – pregunta Pablo.

    –Sí, era un cine con una máquina muy buena… había de todo, como todo pueblo de campaña. Nosotros íbamos a los bailes. Acá se bailaba tango y pasodoble. Ahora ya no, pero yo bailaba tango. El tango había que bailarlo, eh. Había que tener una habilidad, un porte. Me acuerdo que en la Primera Guerra Mundial en las filas del ejército francés, aprendían a bailar el tango. Era algo nuevo que había que aprender, y había que bailarlo bien. La letra del tango no es cualquier pavada como ahora… bla, bla … no, no, había una historia.

    –Claro… claro– comparte su primo.

    –A mí me gustaba la orquesta de Canaro, que nunca vino, pero sí vino Feliciano Brunelli. D’Arienzo vino a Monte Buey, y ahí fuimos todos. Esas orquestas venían porque la gente iba a los bailes. Desde el campo veníamos porque era música popular: el tango, el pasodoble, el vals. Con la particularidad de que el italiano es muy alegre. Una tía de mi cuñada, que estaba en Canadá, se casó con un oficial canadiense y se fue para allá. Ella decía que es como acá: el italiano es agricultor, es médico, es mecánico, porque el italiano se adapta a todo porque el italiano responde donde lo pongan. Y la tía decía, con humor: ¡hasta es mafioso y todo! Me hubiera gustado viaja, pero hace 60 años que me casé, uno tiene sus cosas que cuidar y antes era más difícil que ahora viajar. Igual, siempre estuvimos en contacto con parientes. Mi papá se mandaba cartas con los otros hermanos que se habían quedado en Italia. En el campo, hasta que uno tenía 10, 12 años, hablaba italiano. El que se hablaba en nuestra familia era el cercano a Roma, los que están al sur tienen su dialecto y los del norte, los piamonteses, tienen acento francés.

    También recuerda:

    –A mi papá le llegaba el diario italiano por correo. Cuando yo empecé a ir a la escuela aprendí a leer en italiano con esos diarios. A la escuela veníamos acá al pueblo y vivíamos en la pensión de la escuela. Era difícil, pero ahora hay más facilidades, los hijos de los colonos pueden ser médicos o ingenieros. Este es un país donde se puede estudiar una carrera, por eso viene mucha gente de afuera a estudiar porque acá es gratis. No es como en Norteamérica, ahí hay que pagar, eh; eso es muy bueno: que todo el mundo tenga la oportunidad. Yo nací acá pero mis hermanos más grandes, Eduardo y Humberto, nacieron en Italia. A veces íbamos al río. Al Carcarañá o a La Boca, que es la desembocadura del Saladillo. En esta zona se vive bien. Recién ahora, en los últimos años ha empezado a haber problemas con el agua. Las napas han subido mucho y se inunda, no sé cuál será el motivo. A mí me sabía decir Pérez, del Hotel España, que tenía un pozo de siete metros y tenía el fondo seco. Ahora noooo.

     

     

    Agricultor y cooperativista

    Ricardo Rosso tiene 69 años y también es descendiente de italianos. Su padre era hijo de piamonteses y fue uno de los fundadores de la cooperativa La Possense.

    -Este pueblo es un emblema del coopertivismo. En una época había tres cooperativas agropecuarias. Sumando la eléctrica y el banco teníamos cinco cooperativas conviviendo en un pueblo de menos de 8.000 habitantes. Las cooperativas eran independientes una de otras y se daba una sana competencia, pero llegó un momento en que se hizo necesaria la integración. Al principio esta alianza fue resistida por cooperativistas viejos, pero luego empezó a dar sus frutos y hoy gran parte del progreso de Posse se da gracias a esa integración; por ejemplo ahora se está asfaltando con capital netamente cooperativo.

    Yo soy de Posse, pero viví en el campo hasta los 13 años. Iba a la escuela rural Nacional 345, allí tuvimos un gran maestro, Honorato Laconi.

     

    “La escuela de campo su mayor amor”

    Testimonio de María Teresa Laconi, hija del maestro Honorato.

    -El padre de Honorato había decretado que uno de sus hijos sería sacerdote y el otro militar. Por eso entra al seminario cuando termina el secundario, pero pronto se da cuenta de que quería formar una familia, entonces lo deja y estudia magisterio. Cuando comienza a trabajar como maestro pide un traslado para el sur del país, pero lo trasladan al sur de la provincia y llega al pequeño poblado de Justiniano Posse para trabajar en la escuela de campo que distaba a 12 kilómetros del pueblo. Se iba todos los días en bicicleta. Junto a otros profesores fundaron el colegio secundario donde dieron clases ad honorem hasta que salieron los aportes provinciales. Le gustaba mucho escribir y publicaba poemas y textos en revistas de educadores que se editaban en la ciudad de Córdoba. Tuvo seis hijos, cuando estaba por nacer la séptima hija una inspectora le dijo que no podía tener dos direcciones, la del campo y la del pueblo. Como dejar una dirección le complicaba la economía familiar, rindió para inspector y se trasladó a Córdoba con toda su familia donde llegó a ser Director General de Escuelas Primarias y siguió siempre participando en la comunidad y escribiendo. Cuando estaba por terminar su libro de poemas le dio un infarto y murió un mes más tarde, tenía 64 años. Dos de sus hijos decidimos terminar el libro y lo publicamos. Su mayor amor ha sido siempre la escuela de campo, ser maestro en escuela de campo. Allí era feliz, mirando la pampa, contemplando los árboles, viendo a los chicos jugar al aire libre; gozaba con ello.

    Lejos de su querida escuela de campo y de Justiniano Posse, Laconi pasó los pesados años de la Dictadura militar en la ciudad de Córdoba y tuvo que padecer la detención por cinco años de uno de sus hijos.

     

    Homenaje de un veterano de guerra

    José Luis Alarcón es uno de los seis excombatientes de la guerra de Malvinas que residen en Justiniano Posse. El pasado 1 de abril ha presentado oficialmente su libro “Grabadas a Fuego”, selección de poemas sobre Malvinas. Es el décimo libro que publica Alarcón. Anteriormente ha editado un libro testimonial sobre su experiencia en la guerra, libros con cuentos para niños y otras obras poéticas entre las que se encuentran el himno a Justiniano Posse y un poema dedicado a Honorato Laconi.

    -Yo no lo conocí personalmente a Laconi –cuenta José Luis- pero es una de las grandes personalidades que hubo acá en el pueblo y después de leer su libro “Pampa, cielo y trigo” me decidí a escribir un poema en su memoria.