• El Cordobazo, la rebeldía en las calles

     

     

    El 29 de mayo de 1969 se producía en la capital mediterránea un movimiento de protesta que unió a obreros, estudiantes y gran parte de la ciudadanía contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. A casi medio siglo, es un emblema aún ardiente en la memoria argentina.

     

     

     

     

      

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    “La sensación que tuve es que fue una reacción del pueblo contra el gobernador, en primer término, y contra el gobierno nacional, después”. El general Alejandro Lanusse, quien fuera el último eslabón presidencial de la dictadura cívico-militar que se presentó con el nombre de Revolución Argentina, describía así sus impresiones sobre el ánimo de los hechos al cabo de recorrer la ciudad todavía humeante, dos días después del gran estallido. 

    El 29 de mayo de 1969 había estallado en las calles de Córdoba un movimiento de rebelión popular que alcanzó una intensidad inusitada y dejó una profunda huella en el devenir argentino. 

    “Esa mañana, en Córdoba, reventaba todo el estilo ordenado y administrativo que se había venido dando a la gestión oficial”, escribiría Lanusse en su libro de memorias “Mi testimonio”. 

    Claro, era su mirada de las cosas. Pero acaso ese punto de vista de parte de uno de quienes no sólo creían tener todo el poder bajo sus botas sino además haber atrapado a la historia en un puño y ahogarla por la fuerza, de pronto se asombraban una vez más frente a la existencia real del pueblo. 

    Es decir, asistían estupefactos a una demostración de que el pueblo no era un concepto maleable sino un sujeto de la historia capaz de entrar en acción, capaz de desordenarlo todo en busca de otro orden. 

    Aquel 29 de mayo de hace casi medio siglo (se cumplirá el año próximo) los trabajadores, junto con los estudiantes sacaron sus protestas y su malestar a la arena pública y el impulso inicial pronto se vio multiplicado con la adhesión de gran parte de la ciudadanía. La ciudad quedó por unas horas en manos de la rebelión. 

    La historia suele ser retratada como un faro que guía la marcha a través del brumoso océano del tiempo: aunque, claro, son los propios hombres y mujeres los que dejan encendida la luz del pasado. En cierto sentido la historia, por sí misma, no es una fuente de la que brotan las respuestas más esenciales, sino el instrumento necesario para organizar las preguntas frente al presente y al porvenir. 

    Luego de la crónica de los hechos, cuando la búsqueda intenta llegar a la intimidad del sentido del acontecimiento y sus consecuencias, su razón y su carácter, suelen presentarse versiones diferentes. 

    El Cordobazo, ¿fue una pueblada absolutamente espontánea o una revuelta elaborada? Entre la iracundia general, ¿hubo violencia organizada? ¿Fue una señal de madurez revolucionaria o, en cambio, el reclamo aspiraba a restablecer la vigencia de la voluntad popular censurada entonces desde hacía una década y media? 

    Por lo pronto, fue uno de los grandes episodios de la rebelión popular de la historia argentina. Hubo otros, antes y después, pero aquel tenía además la ardorosa marca de una época de alto voltaje político, con multitudes en las calles de todo el planeta.

      

    Ardorosos años 

    Los años ’60 habían presentado un estado de inquietud política general, particularmente en la juventud que fue avanzando por diversos caminos ideológicos. 

    El tiempo argentino estaba marcado principalmente por la proscripción del peronismo y la supresión total de los derechos constitucionales con el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia por parte de un movimiento militar y civil conducido por el general Juan Carlos Onganía. 

    En 1966, la dictadura no sólo anuló el sistema político democrático, disolviendo incluso los partidos, sino que también avanzó sobre la universidad, sobre los sindicatos, conculcó derechos como el de huelga y puso en práctica la censura, en una arremetida autoritaria que sólo sería superada por la gran dictadura que vendría 10 años después, la más feroz y sangrienta que sufrimos. 

    Entre tanto, el espíritu de la época estaba señalado por una efervescencia mundial que se conmovía con  episodios como los de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles europeas como el Mayo Francés y otras que sacudieron las ideas y las pasiones. 

    De distintos modos, la violencia se había ido incorporando a la arena política, hasta que finalmente terminó en la hoguera de los ‘70. 

    Lo precedieron episodios de rebeldía sucedidos poco antes en Corrientes y en Rosario, pero el que sería dado en llamar Cordobazo sería el punto más alto de la resistencia política a la dictadura autodenominada como Revolución Argentina, la piedra en el zapato de las ansias de perpetuidad del general Juan Carlos Onganía.

      

    Altos salarios en lucha  

    “Los salarios pagados a los obreros de la industria automovilística de Córdoba eran los más altos del país y teníamos a mediados de 1969, la tasa más baja de desempleo de los últimos 20 años. ¿Dónde estaba el problema social?”. Las palabras son de quien entonces fuera ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena  y las dijo al periodista Juan Carlos De Pablo en el libro “La Economía que yo hice”. 

    Los movimientos que calentaron el ambiente habían sido las asambleas y planteos gremiales generados a partir de la derogación del llamado sábado inglés, por el cual se pagaba jornada entera por cuatro horas trabajadas. 

    Sucede que, una vez resueltas las necesidades básicas, las reivindicaciones elementales, salarios y derechos, el paso que sigue es sumarse a la discusión por las grandes decisiones políticas. Por eso es que los sueldos bajos y la precariedad laboral son una manera de acorralar el horizonte político de los trabajadores. 

    Entonces, había más, mucho más en el contenido de la rebelión que se estaba gestando. 

    Córdoba era un centro agitado de la vida productiva argentina: desde la gran conmoción industrial de mediados del siglo 20, la ciudad se había convertido en una gran reunión de energías y destinos proletarios de la provincianía argentina. 

    El Smata, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, sería uno de los grandes protagonistas de la jornada. Pero "el Cordobazo se hace, no por reivindicaciones propias del Smata, sino por las reivindicaciones de toda la ciudadanía, sino por la lucha de la libertad y en contra de la tiranía", ha dicho Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista y presente en la intimidad de aquellas decisiones, desde su puesto junto al líder de Luz y Fuerza, Agustín Tosco. 

    "Al Cordobazo lo piensan Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (Smata) entre la primera y la segunda semana de mayo. Luego lo invitan a Agustín Tosco, quien acepta inmediatamente", apuntaría Garzón Maceda. 

    Para la historiadora Mónica Gordillo, el rasgo distintivo fue “la convergencia con la cuestión estudiantil”. 

    “Este sector venía movilizándose para reclamar frente a las intervenciones en las universidades. Los estudiantes de Corrientes habían sido reprimidos luego de una protesta que culminó con la muerte de uno de ellos y esto a su vez produjo una serie de marchas del silencio que causaron dos muertes más en Rosario”, dice la autora de “Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social”, escrito junto a James Brennan.

     

    Las horas calientes

    Momentos de dos días de acción en el centro y en los barrios de la ciudad de Córdoba. 

    El estallido del Cordobazo fue la coronación de un malestar que recorría todo el país. En Corrientes, Rosario y Tucumán había asomado la rebelión y como respuesta el  gobierno soltó una furiosa represión que se cobró la vida de dos estudiantes correntinos. Esto no hizo más que avivar el fuego, y en el ánimo cordobés se reabrió la herida por la muerte del estudiante y obrero mecánico Santiago Pampillón, provocada por una descarga policial en setiembre de 1966. 

    En ese clima, se decretó un paro general nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, se resolvió extenderlo a 36 horas, desde las 11 de la mañana del 29, y ganar la calle. 

    A media mañana del día señalado se cortó el último hilo de calma. Alrededor de 3000 trabajadores de la fábrica IKA-Renault  abandonaron la planta de Santa Isabel y se pusieron en marcha hacia el centro. En el camino apareció la Policía con sus gases lacrimógenos y volaron las primeras piedras como respuesta a la represión. 

    Un poco más adelante, ya en el centro de la ciudad, sobre la ex plaza Vélez Sarsfield, la Policía volvió a cargar y esta vez sonaron disparos. Allí cayó muerto el joven Máximo Mena y entonces el enardecimiento se volvió feroz, sin retroceso. 

    Más gremios habían ganado ya las calles, los estudiantes ya se habían plegado y el ímpetu de la revuelta se redobló con la adhesión de los sectores medios. La acción policial sería respondida con piedras y otros objetos (memoriosos recuerdan que se arrojaban bolitas al paso de los caballos de la policía montada). Mientras tanto, se incendiaban autos para contener el avance uniformado y combatir los gases lacrimógenos. 

    Las barricadas  se armaban, en muchos casos, con la ayuda de los vecinos. Es decir, la espontaneidad de la reacción de la ciudadanía fue un rasgo esencial para  la intensidad que llegaron a alcanzar los hechos. 

    El paso de la multitud dejaba atrás vidrieras rotas (sobre todo de los negocios de empresas extranjeras) y en llamas algunos edificios públicos. La situación se presentaba fuera de control con focos esparcidos por toda la ciudad y algunos barrios tomados por los manifestantes. El más emblemático era el barrio Clínicas, entonces lugar de residencia de la mayoría de los estudiantes venidos desde otros lugares de la provincia y del país. 

    También aparecieron francotiradores y, a las cinco de la tarde, finalmente irrumpió en la acción el Ejército.                    

     Al día siguiente aún se registraban choques dispersos, pero a la medianoche, cuando las tropas rompieron el cerco con el que los estudiantes habían rodeado el barrio Clínicas, sobrevino el silencio y la ciudad quedó sola con su imagen devastada y sus heridas. 

    La lucha había dejado unos 15 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos, entre ellos los líderes sindicales  Elpidio Torres y Agustín Tosco (luego condenados a prisión por un tribunal militar en juicio sumarísimo).También había quedado sentenciado el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, que caería finalmente un año después, en consonancia con la irrupción de Montoneros y el secuestro de Pedro Aramburu. 

    Casi dos años después, en marzo de 1971, la ciudad volvería a ser escenario de otra rebelión, llamada esta vez El Viborazo, en respuesta a la frase del gobernador interventor José Camilo Uriburu (reemplazante de Carlos José Caballero, que cayó con El Cordobazo): “En Córdoba anida una serpiente venenosa, cuya cabeza quizá Dios me depare el honor de cortar de un solo tajo”. 

    Finalmente, en 1973, la “Revolución Argentina” se retiraría de la escena sin haber alcanzado su máximo objetivo: detener el regreso al poder de Juan Domingo Perón.

     

    Identidad rebelde 

    Córdoba, la cuna de la Reforma Universitaria de 1918 -otro hito de rebelión-, estaba repleta de obreros y estudiantes, precisamente dos sectores que agitaban la respiración política de aquellos años, y que solían encontrarse en las calles para manifestar en la misma dirección. Aunque había muchas maneras de ver las cosas, el rechazo al gobierno militar afirmaba las coincidencias. 

    El Cordobazo confirmaría a la capital mediterránea como un faro rebelde, una personalidad acaso trazada por la desobediencia original de su fundador, Jerónimo Luis de Cabrera, que la plantó más allá de dónde le había sido ordenado. 

    Este episodio quedaría grabado a fuego en el rencor y la venganza que vendría luego con la dictadura que sobrevino en 1976, que en su feroz y sangrienta represión se ensañaría especialmente contra Córdoba, sus sindicatos, sus ideas, su cultura y particularmente contra su identidad industrial. 

    Como quedó patentizado en 1980 con el cierre de IME, la fábrica del Rastrojero, que entonces tenía 3000 empleados y una presencia dominante en el mercado de las pick ups diésel. Córdoba ya no volvería a ser la misma tras el paso devastador del represor Luciano Benjamín Menéndez. 

    En 2013, la Legislatura de la Provincia de Córdoba estableció al 29 de mayo como Día de las luchas populares. Y en la memoria argentina, aquellas calientes horas quedarán definitivamente ardiendo con el espíritu de la rebelión de un pueblo.

     

     

  • El hombre de la calle Garibaldi

     

    En mayo de 1960, un comando del Mossad secuestró a Adolf Eichmann en un suburbio de San Fernando. El criminal de guerra nazi llevaba una vida rutinaria, bajo la insospechable apariencia de un empleado de la fábrica Mercedes Benz. Fue el caso que empezó a develar la trama de protección que rodeó a los fugitivos del Tercer Reich.

  • La inestabilidad, en el ADN de la República Italiana

     

    La elección de marzo marca una nueva estación en la sempiterna inestabilidad italiana. Con el Movimiento Cinco Estrellas como favorito, la ciudadanía reitera su malestar con un sistema que hace 25 años está mutando.

       

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    La historia política de la Italia republicana es la historia de la inestabilidad. Hasta principios de los ´90, fue también la historia de una paradoja: el matrimonio entre inestabilidad política y crecimiento económico continuado. Rodeada de países donde los gobiernos duraban años y no meses como en Roma, Italia acompañó el crecimiento de la Europa de posguerra y del mundo en general y llegó a ser la sexta economía del mundo en 1990. Al lado de ese avance en línea recta, la política dibujaba un electrocardiograma alocado: hasta hoy, cuando la república italiana se acerca a cumplir 72 años, hubo 64 gobiernos, presididos por 28 presidentes del consejo de ministros distintos. Coaliciones de gobierno de hasta 14 partidos, 20 grupos parlamentarios distintos más como regla que como excepción: una curiosidad para los politólogos, un parque de diversiones para los políticos profesionales. 

    Sin embargo, por detrás de la maraña de siglas y nombres, la Guerra Fría impuso un principio ordenador: cualquier combinación para formar mayoría parlamentaria (el requisito para que se pueda formar un gobierno) valía, mientras eso mantuviera al Partido Comunista Italiano (PCI) en la oposición. Mientras el desarrollo económico diferenciado trazaba una línea divisoria entre el norte y el sur de Italia, una frontera ideológica invisible separaba en toda Europa Occidental a los partidos que podían estar en el gobierno sin alarmar a los Estados Unidos de los partidos que simpatizaban con su enemiga en esa guerra de amenazas nunca concretadas, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La Democracia Cristiana, con su sempiterno 40 por ciento de los votos, necesitaba siempre de aliados para componer una mayoría parlamentaria y para asegurarse de que el PCI, oscilando entre representar entre un cuarto y un tercio de los votantes italianos, permaneciera siempre fuera del gobierno. 

    Ese esquema, esa “inestabilidad estable” se mantuvo hasta principios de los ´90, cuando sus fundamentos sufrieron una serie de terremotos. En primer lugar, la caída del Muro de Berlín y la disolución posterior de la URSS significó el fin de la Guerra Fría y puso en entredicho el principio no escrito de la exclusión del PCI del gobierno. En segundo lugar, el proceso judicial Mani Pulite, que empieza a investigar en 1992 el sistema de sobornos por la concesión de obra pública con el que se venían financiando los partidos políticos tradicionales. Por último, como un telón de fondo y como causa accesoria de los cambios políticos que sobrevendrían, un frenazo al impulso económico de posguerra: el producto interno bruto de Italia de 1992 no sería superado en volumen hasta 2004. 

    Los dos primeros cimbronazos tuvieron consecuencias inmediatas. Los procesos judiciales por corrupción transformaron en reos a muchas de las más importantes figuras políticas, empezando por el líder socialista y jefe de gobierno Bettino Craxi. Su partido, aliado indispensable de la Democracia Cristiana, y ésta última fueron arrasados electoralmente a consecuencia de las investigaciones sobre el financiamiento ilegal de la política (esquema que se conoció como Tangentopoli, que podríamos traducir como “sobornópolis”). El otro cimbronazo impulsó a la dirección del PCI a abandonar el adjetivo “comunista”, para transformarse en Partido Democrático de la Izquierda (PDS). Dos años tras el inicio de Mani Pulite, las siglas de los partidos que habían dominado la política italiana durante medio siglo habían sido reemplazadas por otras y el descontento con la corrupción abría la puerta a la irrupción de la Liga Norte, un partido que pregonaba la secesión del norte rico del país para independizarse de “Roma ladrona”. 

    Apenas la investigación judicial rebasó la política y empezó a ocuparse de la corrupción empresaria y de las relaciones cotidianas entre los ciudadanos y la administración pública, llegó otra reacción, de signo contrario a la de la Liga, que tuvo como insignia a uno de los que financiaban a Craxi: el magnate mediático Silvio Berlusconi. Enarbolando un discurso garantista contra el “giustizialismo” de una magistratura que a veces abusó de sus procedimientos, el magnate de los medios de comunicación se lanzó a la política a la búsqueda de un blindaje (fueros y la posibilidad de hacer más benignas las leyes contra la corrupción, la evasión fiscal y el lavado de dinero o de dictar amnistías y blanqueos) y detrás de un programa de desregulación de la economía para favorecer los negocios, incluidos los propios. Su éxito fue instantáneo: recicló parte de la derecha que había anidado en los viejos partidos y obtuvo el apoyo no sólo de la élite empresarial, sino también de las clases medias que se sentían tan potencialmente objeto de indagación judicial como los políticos de los que venía de desembarazarse. 

    Naturalmente, Berlusconi, como jefe de gobierno trajo su propia clase de inestabilidad: cambios permanentes de ministros, malabares para esquivar citaciones judiciales, escándalos continuos. Así y todo, logró una longevidad inusual para los patrones italianos, no sólo al frente del gobierno, sino como hombre a vencer del nuevo sistema político. 

    La pérdida de dinamismo económico del país y el impacto brutal de la gran recesión global a partir de 2008, fueron las arenas movedizas en las que no logró asentarse el nuevo bipolarismo que imaginaban poscomunistas y posdemocristianos, que en 2007 habían confluido en el Partido Democrático (PD). Ellos ocupaban el espacio a la izquierda del centro y el magnate milanés reinando sobre el otro hemisferio político. Para los italianos de a pie la obra de demolición del sistema político previo a Mani pulite no era una tarea terminada. 

    Por el contrario, con la gran recesión se abre en Europa la temporada de los movimientos de protesta, que en Italia se van a cristalizar en el Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Lanzado en 2009 por el comediante Beppe Grillo, es el único partido de protesta en el continente que surge de la nada (a diferencia de las ultraderechas que recobran fuerza en los países vecinos) y que rechaza cualquier ideología (a diferencia de los “indignados” españoles).

    En su debut electoral, en 2013, el M5S fue el partido más votado para la Cámara de Diputados, con más del 25% de los votos, pero el sorpasso llegó el 4 de marzo de 2018: uno de cada tres italianos los eligieron para que Luigi Di Maio, a sus 31 años, sea el próximo presidente del gobierno. Como se trata de un sistema parlamentario, ser el primer partido no alcanza: en un parlamento con nada menos que siete partidos y media docena de grupos regionales representados, el movimiento antisistema tiene que buscar aliados para conformar una mayoría entre los políticos que nació para denostar y defenestrar. Sean cuales sean los colores del gobierno que surja de esta elección, hay una cosa de la que no pueden estar seguros los políticos italianos, sean de la vieja escuela o recién llegados: nadie puede adivinar si la tarea de demolición del sistema político emprendida por la ciudadanía hace más de 25 años ha terminado o se ha tomado un respiro.

     

  • Las historias detrás de los héroes de la pelota

     

     

    La mesa está servida.  En la previa mundialista, el menú a la carta lo propone HBO con sus mejores ingredientes y las recetas más originales para contar historias humanas.

  • Legalización del aborto: tras años de demora, el Congreso aborda un debate de fondo

     

    La discusión divide de manera transversal a la Cámara de Diputados, donde la reforma se votaría a principios de junio. Con una leve ventaja de los que se oponen a la medida, la definición está en manos de unos 40 legisladores que todavía no decidieron o no anunciaron su voto.

  • Mirtha en la ruta digital

    Por Aleja Páez | Investigadora y profesora universitaria

     

    Pese a llevar cincuenta años al aire, el programa de Mirtha Legrand es uno de los pocos que atraviesa exitosamente la crisis de la TV. La clave reside en una innovadora estrategia digital en redes y nuevos formatos.

    Con el lanzamiento de su 50° temporada en enero, Almorzando con Mirtha Legrand se convirtió en el programa más antiguo en el aire conducido por una misma persona en la televisión mundial. El hito se extiende si se considera que Legrand alcanza 77 años de carrera profesional, la mayoría de ellos al frente de los ciclos que llevan su nombre en el título.

    No resulta casual la nomenclatura, puesto que, tras su nacimiento en junio de 1968, Almorzando con las estrellas –luego rebautizado con la denominación actual- rápidamente se enfocó más en la figura de la conductora que en la de los invitados. En un formato inédito, la propuesta del director de Canal 9, Alejandro Romay, fue realizar almuerzos con personalidades en vivo, en una mesa encabezada por la artista. Lo que vino después fue un proceso de experimentación y crecimiento al ritmo del desarrollo de la televisión en el país.

    A lo largo de cinco décadas, el ciclo ha logrado prevalecer sin grandes modificaciones en su formato y una conductora nonagenaria, en un sistema televisivo preocupado por la volatilidad de las audiencias. Gran parte de su vigencia obedece a la capacidad de interpelar los gustos del público masivo y al estilo de la anfitriona, que armoniza una anacrónica estética aristocrática con una actitud en la que se autoproclama embajadora de las incertidumbres del ciudadano de a pie (“la gente dice que”). Otro tanto se debe a que se trata del único espacio que congrega simultáneamente a los protagonistas coyunturales de las agendas política y artística del país. Sin distinciones, todos ocupan lugares idénticos en la mesa y se someten a los cuestionarios y comentarios, a veces naif, a veces irreverentes de la diva.

    Sin embargo, en un contexto donde el encendido de la TV de aire tiende paulatinamente a la baja, se necesita más que la repetición de la fórmula para mantener el rating y retener a los anunciantes. Es por eso que desde 2013, el programa comenzó un proceso de adaptación digital y apertura hacia otros formatos, liderado por la productora Story Lab de Nacho Viale con la ayuda de Agustina Vivero, más conocida como Cumbio.

    Esta nueva apuesta arroja resultados más que llamativos. En el curso de los últimos cuatro años, luego de comenzar a generar contenidos sobre el ciclo desde los perfiles en redes sociales de Legrand y haber lanzado subproductos asociados, “Mirtha se volvió un negocio 360°”, según el propio Viale.

      

     

     

    Mirtha 360º   

    El año pasado, Nacho Viale fue uno de los principales disertantes en el Media Day de la Cámara Argentina de Agencias de Medios. Por primera vez, expuso sobre el modo en el que se planeó la transformación de los programas de Mirtha Legrand a partir de la activación de la presencia de la conductora en redes sociales y el lanzamiento de dos proyectos asociados: Recetazas y Lookazo. Desde su punto de vista, la televisión necesita cada vez más de las audiencias digitales y, por eso, convocan invitados que “generen conversación” más allá del programa.

    En ese camino, una de las primeras medidas fue pasar del modelo diario de lunes a viernes al fin de semana con dos emisiones, los sábados a la noche (La noche de Mirtha) y los domingos al mediodía con el clásico Almorzando…, en ese entonces en América TV.  La medida tuvo éxito en el rating y motivó que Canal 13, donde estuvo de 1976 a 1980, les propusiera regresar a su grilla en 2014.

    Aquella transición coincidió con la iniciativa de la productora del ciclo Agustina Vivero de administrar las redes de la diva, en especial Twitter. Hasta ahora los resultados la acompañan. La cuenta @mirthalegrand pasó de tener 200 mil seguidores, en 2013, a más de 1 millón en la actualidad. Y más destacable aún, según Twitter, fue el tercer usuario más mencionado en Argentina durante 2017. Por otro lado, de acuerdo con el Ranking Kantar Twitter TV Ratings Argentina de Ibope, que muestra a los 10 programas de TV abierta más conversados semanalmente, Legrand se mantiene siempre en las primeras posiciones. Este es un aspecto muy llamativo, si se tiene en cuenta que su principal target son personas de 50 años en adelante, lo cual no coincide necesariamente con la edad de la mayoría de la población activa en esa red social.

    Según Viale, la nueva estrategia digital les permite “transformar un producto del mundo viejo en uno para el mundo nuevo”, a partir de la ampliación demográfica su target, así: de un 80% de mujeres y un 20% de hombres pasar a un 60% - 40%, y de un rango de edad de 50+ acceder a uno de 55% 25-49 años, 26% 50+, 15% 13-24 años y 4% infantil. 

    La presencia en redes sociales se reforzó con la creación de los formatos multiplataforma Recetazas y Lookazos. El proyecto Recetazas se lanzó a comienzos de 2017 e incluye un canal en Youtube donde se genera contenido autónomo y relacionado con los programas de Legrand. Frente a cámara está Francisco Sade, chef oficial de los almuerzos y las cenas. Además, en diciembre pasado, Planeta editó un libro homónimo de Sade en el que se compilan los platos que se sirven en el programa. Por su parte, Lookazo tiene un canal de Youtube y, en especial, se usa como hashtag (temática en redes), para que los invitados compartan su vestuario y accesorios. Ambos emprendimientos echan mano de la fama de los invitados para viralizar clips con el clásico paneo para exhibir la ropa. Además, están patrocinados por los anunciantes del ciclo y un puñado de nuevas marcas.

    Habida cuenta de lo que Viale define como un “negocio 360º”, cabe preguntarse si todo es absolutamente novedoso en esta estrategia. O más bien se trata de un proceso de adaptación de las herramientas tecnológicas y nuevas formas de presentar el mismo tipo de contenidos. Después de todo, a diferencia de las estrellas nativas de las redes sociales, el recorrido de Mirtha Legrand por la ruta digital no parte desde cero sino que se apalanca en la explotación de figuras ya conocidas en el circuito mediático y en una forma similar de relacionarse con los anunciantes. 

     

     

  • No bombardeen la comarca

     

     

    Tornquist está ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Es cabecera del partido homónimo y forma parte de la hermosa comarca turística Sierras de la Ventana.

    En 1955, este apacible y tranquilo lugar estuvo a punto de ser escenario de una cruenta batalla entre las fuerzas del Ejército  y la Armada Argentina. 

  • The Wire | Nadie hizo algo mejor

     

     

    Los tres negocios ilegales más importantes de la humanidad están vinculados, se financian entre sí y son el tráfico de drogas, de armas y de personas. El Estado, por acción u omisión, es siempre parte del negocio.

  • This is Us o los caminos de la vida

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

     

    Todas las familias guardan un secreto que cada uno relata a su manera.

     

    El relato familiar que construimos es fruto de distintas interpretaciones de la realidad; pequeños trozos de historia que nunca llegan a unirse para mostrarnos una única verdad.

    Pero que no sea la única realidad no quiere decir que todos esos pedazos de vida finalmente no puedan hacerse mito. El mito nacido del seno familiar sirve para encubrir historias o negar sucesos dolorosos, pero también para armar una base en la cual pararse para enfrentar cada momento de nuestras vidas.

    Ese juego en el que todos estamos incluidos no deja de reproducirse cada vez que alguien lo pone en palabras. Son hechos reales que no cesan de recrearse aún después de la muerte.

    This is Us, la serie estadounidense que Canal Fox volverá a emitir completa este mes, como anticipo antes del estreno de la 2ª temporada y que podemos encontrar en COLSECOR Play, nos permitió en sus primeros 18 capítulos internarnos en los pliegues de ese mito familiar que, como dijimos, no cesa de construirse.

    La serie con permanentes flashbacks nos mete en la historia de una pareja estadounidense de clase media que debe enfrentar el nacimiento de trillizos, con el agregado de que desde el primer momento debe asumir una pérdida.

    Una pérdida que intentarán superar con la adopción de otro bebe recién nacido al que conocen en la nursery al mismo tiempo que observan detrás de un vidrio a los dos hermanos sobrevivientes de ese parto traumático.

    This is Us comienza con el relato (en construcción) de los trillizos Kate, Kevin y Randall cuando están cumpliendo 36 años. Con un despliegue accesible y bien resuelto por el creador Dan Fogelman, los espectadores podemos construir los trozos de historia desde la mirada de cada uno de los integrantes de esa célula familiar y acceder a la información de vida que surge de los relatos parciales de los hermanos que expresan y sintetizan diversidades conflictivas: uno es flaco, actor famoso y sex symbol, la hermana es acomplejadamente gorda y el tercero, el adoptado, es negro.

    Pero si algo sobresale en la serie es que los personajes son dibujados en su inacabada formación de seres imperfectos que gozan y sufren una vida que los muestra sumergidos en las contradicciones del devenir estadounidense de mediados del siglo XX. Incluyendo, en ese ida y vuelta audiovisual, palabras, temas musicales y guiños que dan cuenta de la segregación y discriminación que vivían los negros, las huellas que dejó en la juventud la guerra de Vietnam y una cultura embebida en los destellos del hippismo americano. Con olor a marihuana, sabor a cerveza bajo los acordes disruptivos del rock, el blues o la música country a lo Creedence Clearwater Revival.

    Fogelman acierta cuando historiza partes de vida mostradas en un mismo lugar que cambian al ritmo de la transformación física y psicológica de los personajes. Un par de hallazgos audiovisuales que se agradecen por la rápida resolución de un relato que de otra manera podría demorarse innecesariamente, espantando a la audiencia.

    This is Us es un drama matizado por muchos momentos de comedia. Permite al público argentino encontrar similitudes de la vida diaria nacional con la estadounidense. Pero, conviene aclararlo, no está hecha para imponer modelos de vida. Y aunque parezca mentira logra momentos de suspenso en escenas simples de la vida cotidiana. Sea que se devenga en una muerte siempre anunciada, como al momento de un nacimiento que por anticipado no deja de entrañar riesgos. Suspenso y sorpresa en las actitudes siempre deplorables como en las acciones más reparadoras. Eso sí, Fogelman no condena a ninguno de sus personajes, pero tampoco nos propone monstruos ejemplares de perfección.

    La primera temporada deja inconclusa la mayoría de las historias de vida.

    Hay mucha televisión y cine en la serie. Pero también gestos y vivencias que permiten la identificación aunque más no sea parcial con algún rasgo, manía o adicción en la que todos caemos en algún momento de nuestro increíble y fantástico paso por la vida.

    La serie ha sido nominada y ha recibido varios premios. Sobresalen los trabajos de Milo Ventimiglia, el padre de la familia; Sterling K. Brown como el hijo adoptado, nunca del todo contenido por una realidad que condenaba al apartheid a todos los que no tuvieran piel blanca. Chrissy Metz es la querible mujer que no cesa de luchar contra la gordura y finalmente un entrañable Ron Cephas Jones dando encarnadura a William H. Will, alias Shakespeare, quien nos permite reconocer - en una breve pincelada- la siempre mítica y jazzística ciudad de Memphis.

    Quienes hayan visto House of Cards, podrán encontrar una versión del actor Gerald McRaney en un papel que lo aleja del millonario, influyente y corrupto Raymond Tusk. Aquí es el Doctor K, abreviatura de Nathan Katowsky, un médico tan comprometido con la salud pública como con la medicina que reconoce en los pacientes la integralidad de seres bio, psico, sociales.

    Una recomendación para almas sensibles: saquen los pañuelos. This is Us tiene escenas de fuerte contenido emocional. Pero ante tanta serie de superhéroes, políticos demolidos por empresarios devenidos en gobernantes y mundos distópicos, esta propuesta nos invita a hurgar en el cómo somos.

     

    This is Us: 1 temporada. Disponible completa en FOX App (logos FOX APP y COLSECORPlay)

    Elenco: Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Sterling K. Brown, Chrissy Metz, Justin Hartley, Susan Kelechi, Chris Sullivan, Ron Cephas Jones.

    Una serie de 20th Century Fox Television y otros.

    Creador: Dan Fogelman

  • Un equipo para Messi

    De una buena vez, la Selección necesita una estructura que contenga y potencie al mejor del mundo. ¿Se puede conseguir en menos de un mes? ¿Qué Argentina llegará a un nuevo Mundial? Lo que piensa Jorge Sampaoli.