• General Acha, y una historia para el cine

    Por Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador  

     

    Una mujer se entera a los 60 años de que podría ser hija de un hacendado que dejó una herencia de 40 millones de dólares.  A partir de ese momento comienzan a ocurrir una serie de acontecimientos que convierten a esta localidad del sur de La Pampa en el escenario de un macabro policial negro.

     

    “Mirá esos muchachos lo mal que están y lo bien que podrían estar con la plata de Rufino Otero”, escuchó Miguel Juárez en medio de un asado.  Hasta ese momento nadie se había atrevido a mencionar ese parentesco delante de los Juárez, pero el vino de esa noche no le permitió medir el tono del comentario a Pancho Larzábal, ni tampoco  percatarse de que uno de ellos estaba presente en el lugar.

    Era 1997, hacía 14 años que Rufino Otero había muerto dejando  26 campos por un total de 50 mil hectáreas, 15 casas, 5000 cabezas de ganado, y hasta dos aviones.

    Cuando Rufino Otero murió todo eso quedó para su mujer,  Elisa Arenaz, quien poco antes de morir, en 1990, dejó toda la herencia en manos de su sobrino Darío Sarasola Arenaz.

    El rumor que daba vueltas por el pueblo era que doña Eva Paole, viuda de Raúl Juárez y madre de Miguel, Horacio y José, era hija de Rufino Otero.

    El 2 de agosto de 1999, Eva Paole  presentó  una demanda de filiación por la supuesta paternidad de Rufino Otero y una reivindicación de bienes, es decir, el reclamo de la herencia de Otero.

    El 29 de septiembre de 1999, la justicia comprobó que la tumba de Rufino Otero había sido profanada.  

     

    Portal de ingreso a la localidad 

     

    El show de los muertos

    “Ese no es Rufino”, afirmó Omar Otero, sobrino y médico personal de Rufino Otero, cuando abrieron el Cajón para corroborar las denuncias de profanación del cadáver.

    Eva Paole podía demostrar ser hija biológica de Rufino Otero con un estudio de ADN, ahora, con la confirmación de la profanación del cadáver del hacendado, se iniciaba una nueva batalla legal. Esta causa a cargo del juez  Álvarez quedó estancada.

    Tras las denuncias de Eva Paole, la justicia había ordenado la inhibición de los bienes de Sarasola, sospechosamente, los abogados que por aquel entonces defendían a Paole no  impulsaron este expediente y un año después esta orden se levantó. Además pidieron estudios de ADN para Eva Paole y el cadáver que estaba en el féretro de Otero, estos estudios se hicieron en el año 2003 y, obviamente, el cotejo genético dio negativo.

    En 2006 se hizo un nuevo cotejo genético, esta vez entre los cadáveres de los padres de Rufino Otero y el cuerpo que se encontró en el féretro, con lo cual se confirmó el cambio de cadáveres, pero la muestra no fue suficiente para corroborar si eran o no los abuelos de Eva Paole.

    Mientras los Juárez trataban de dar con alguna veta de la justicia que impulsara sus demandas, el caso seguía dando vueltas por los bares, las esquinas, las plazas de Acha y, ahora también por las radios y los diarios del país.

    En 2007, un informante anónimo  se contactó con diferentes medios de comunicación contando que el cuerpo que ocupaba la tumba de Otero pertenecía a Alberto Salvini, un hombre que había muerto en la calle en 1989 y que debía estar sepultado en el cementerio de Toay, localidad pegada  a Santa Rosa de La Pampa.  El hijo de Salvini pidió a la justicia que se abriera la tumba de su padre, cuando los forenses fueron hasta allí se encontraron con el cadáver de una mujer.

    El informante dijo también que toda esta información había sido entregada a la policía en 2004, y que una de las personas que habían participado del cambio de cadáveres era un  pintor llamado Hugo Bustos, que además trabajaba en el sector de la funeraria de la cooperativa de Santa Rosa.

    Hugo Bustos murió, junto a su hijo, el 18 de mayo de 2004 en un “extraño accidente”: se desengancho el andamio en el que estaban parados mientras pintaban el décimo piso de un edificio en Santa Rosa.

     

    El largo camino hacia la identidad

    Con nuevos abogados Eva Paole logró que se hicieran estudios de ADN de su madre, Josefa Paole, y de la madre de Rufino Otero, Justina Portas.  También se analizaron todos los patrones genéticos obtenidos de los restos cadavéricos de los hermanos de Rufino.  Todos estos estudios, cotejados  con el patrón genético de Eva Paole, dieron información necesaria para que el Pricai (Primer Centro Argentino de Inmunogenética, dependiente de la Fundación Favaloro) estableciera que existía un 99.999 % de probabilidad de que Rufino Otero sea el padre biológico de Eva Paole.

    Eva tuvo que esperar hasta septiembre de 2012 para que la justicia pampeana sentenciara que era hija de Rufino Otero.  La sentencia fue emitida por el Juez Claudio Soto cuando la jueza titular, Gabriela Pibotto, quien estuvo a cargo de la extensa causa, se encontraba de licencia con carpeta médica.

    Mientras tanto, los bienes dejados por Rufino Otero se seguían vendiendo.  La jueza Gabriela Pibotto había rechazado dos medidas cautelares para inhibir los bienes en manos de Darío Sarasola, quien, según registros oficiales, muere en el año 2007.

    A pesar de la sentencia del Juez Soto, la bicicleta judicial seguía pedaleando en falso.  Cansada de tanto vericueto y de instancias  de apelación, sumado a la muerte de su hijo Miguel, Eva Paole terminó arreglando con los abogados de los herederos de Darío Sarasola por una cifra muchísimo menor a lo que le correspondía como heredera del millonario hacendado.

     

    Ingreso a la estancia donde trabajó la madre de Eva Paole y donde ella misma vivió y trabajó sin saber que era la hija del sueño

     

    Orgullo y prejuicio

    “Es un tema escabroso”, me dice alguien de la cooperativa cuando le digo que ando buscando información sobre la herencia de Otero. “Darío Sarasola se equivocó, tendría que haber arreglado desde un principio”, asevera convencido un vecino de Acha, que además es abogado.

    “El dinero,  y las relaciones de poder lo llevaron a creerse capaz de cualquier cosa”, Mauro, un camionero conversando en la estación de servicio.

    Cuando Sarasola se quedó con la fortuna de Otero se fue a vivir a un country a Buenos Aires y desde allí solía venir de visita a sus estancias acompañado de personajes como  la ex esposa de Carlos Menem, Zulema, y su hija Zulemita, el corredor de autos Silvio Oltra, quien falleció junto a Carlitos Menem en un accidente en helicóptero, el ex senador nacional y ex secretario de Agricultura, Antonio Berhongaray y el ex fiscal de la Cámara de Casación Penal, Juan Martín Romero Victórica.

    “estaba acorralado”, dice Jessica Juárez, nieta de Eva Paole,  una de las que sostiene la teoría de que Sarasola no está muerto: “Había testigos que vieron gente de su entorno cuando murió el pintor que cambió los cadáveres en Toay.  Se lo vio pocos días antes por Acha y nadie sospechaba que estuviera gravemente enfermo, además el panteón de su familia está en este pueblo y él fue enterrado en Bs As, nadie que yo conozca vio su cadáver el día del supuesto entierro”.

     

    La Chacha

    Eva abre la puerta de su casa. Me presento y le cuento que vengo de Córdoba para hablar con ella.  Ella amaga a cerrar la puerta, dice que no tiene ganas de hablar de ese tema por el que seguramente la estoy buscando.  Pero se queda, y habla.  Eva Paole nació en General Acha hace 80 años.  Ella es de ahí. De Acha; desde siempre.  Ella está cansada y decidió hace un tiempo no volver a hablar del tema.  Pero Eva Paole, viuda de Juárez, es del pueblo.  Y si alguien golpea su puerta ella atiende.  Eva tiene valores claros y no es irrespetuosa con sus visitas.  Eva Paole, “la Chacha”, sabe ahora que su apellido verdadero es Otero, pero “no me sale decirlo”, dice.

    La Chacha se relaja, sonríe, y habla.  Dice que decidió firmar un acuerdo por migajas vencida por el cansancio y la injusticia. “Tendrían que estar todos presos, toda esa mafia de abogados, jueces y empresarios corruptos”, y ahora sí habla con bronca. Le pregunto por qué firmó ese acuerdo cuando ya se había demostrado que era hija de Otero, entonces su cuerpo se desinfla y sus ojos se tildan como si estuviesen detrás de unas lentes 3 D mirando su autobiografía. “Éramos cuatro, ahora somos tres.  Todo esto nos desgastó mucho y mi hijo mayor murió  en el medio.  Esto no se terminaba más, se dilataba y estaban todos comprados, tenía que seguir luchando hasta que quedaran todos presos.  Pero yo nunca quise nada, lo único que quería era saber si Otero era mi padre. Lo que me dieron es para mis hijos y mis nietos”.

     

    La casa donde vive la Chacha frente al hospital local 

     

    La madre de Eva, Josefa, vivía en General Acha pero trabajaba en la estancia de Rufino Otero.  Cuando Eva se casó con Raúl Juárez, éste empezó a trabajar de capataz para Otero y se fueron a vivir a la laguna de Utracán.  La chacha piensa ahora que seguramente su marido también sabía que Otero era su padre. “En Acha todos lo sabían, y yo me vine a enterar a los 60 años”.  

    La laguna de Utracán es un remanso de flora y fauna autóctona rodeada por un bosque de chañares y caldenes en medio de la pampa patagónica agroganadera. La laguna, que ahora es un hermoso  balneario de agua salada que la municipalidad de Acha concesiona a unos encargados, era parte de la estancia San Ernesto, donde Josefa trabajaba de mucama.  De todo lo que los Sarassola se habían quedado, lo que más le dolía a  Eva era esta Estancia. “yo no quería que se la quedaran ellos”, afirma con sólida y aquilatada firmeza.

    En Utracán, pegada a la estancia San Ernesto, se encuentra la Escuela Hogar N° 13 Justina P. de Otero.  “Lleva el nombre de la madre de Rufino”, aclara Eva.  ¿Su abuela?, Le pregunto, ella sonríe y dice con desencanto “Sí, mi abuela”.  

    Cuando Eva tenía 26 años y vivía en la laguna de Utracán, Raúl Juárez murió fulminado por un rayo.  Don Rufino (que además de empleador del obrero fallecido en ejercicio de su tarea,  era el padre biológico de la viuda), dejó a la chacha y sus hijos viviendo en el rancho del capataz.

    “Cuando mis hijos vinieron con eso de que Otero era mi padre empecé a relacionar algunos hechos, como la relación de confianza que tenía mi marido con el patrón y la ayuda indirecta que nos dio después de la muerte de Raúl, como dejarnos  algunos animales y que viviéramos en San Ernesto”.

    Eva ni se imaginaba lo que en realidad le correspondía y consideraba a Don Rufino un buen hombre que reconocía el trabajo de un empleado honesto. Ella decidió volver  a Acha  y empezar de nuevo con la ayuda de sus hijos quienes, con menos de 13 años, tuvieron que salir a trabajar.

    “Mis hijos pudieron salir adelante, nos costó mucho esfuerzo. No me quejo de nada, todo lo hice por ellos y mis nietos.  La gente de Acha me conoce, me quiere y me apoya”.  Eva Paole, la Chacha, apoyada en el picaporte de la puerta de ingreso a su casa, se estremece en un inocente lamento de niño despojado de un deseo: “no puedo dejar de pensar que diferente hubiese sido todo”.

    Eva sigue viviendo en su casita frente al hospital de Acha con su jubilación mínima. Pero la Chacha sigue siendo noticia en General Acha porque, como si fuera una fantochada de la diosa fortuna, de vez en cuando se gana el telebingo o la lotería.

     

    Apuntes de Acha
    General Acha, primer capital de la provincia de La Pampa, fue fundada el 12 de agosto de 1882 cuando el genocidio planificado por el Gral. Roca llega a Quetré Huitrú Lauquen  y se le ordena al general Manuel J. Campos ocupar militarmente el valle cubierto de antiguos caldenes, que con el tiempo también irían siendo erradicados de su territorio. Dos años después de su fundación se establece oficialmente la capital pampeana en General Acha y allí funcionaría hasta 1900, momento en que se la traslada a Santa Rosa de Toay.  Queda todavía el juzgado y cuando se decide su traslado, en 1904, un importante grupo de vecinos intenta impedirlo enfrentándose a la policía y ocultando documentación. Este hecho, “la revolución de Acha”, finalizó con la llegada de refuerzos policiales que detuvo a los manifestantes y se los llevó a Santa Rosa, junto con el organismo judicial.
     Así, sin originarios, ni caldenes, ni capital, ni juzgado, el pueblo de Acha siguió su camino. Quedó el tendido de vías férreas y el modelo agroexportador con el cual el Estado argentino se acopló a la distribución mundial de trabajo. Evidentemente, esta combinación fue bastante conveniente para algunos hacendados como Otero.Punta y Acha.