• Atlanta sabe de negros

    La serie presentada por Fox Premium TV & APP es un audaz, divertido, por momentos increíble formato de comedia que interpela a espectadores con ganas de romper con lugares comunes.

  • El Hipnotizador: el goce también está en los juegos preliminares

    Néstor Piccone | Licenciado en Psicología y periodista 

     

    Las cajas de sorpresas tienen un atractivo especial. Aunque algunos puedan sentir fascinación por cada envoltorio la mayoría se deja ganar por la ansiedad y rompe rápidamente las cajitas cada vez más pequeñas en busca del regalo sorpresa.

    Este camino no es el más aconsejable para ver El Hipnotizador, serie original de HBO Latinoamérica, que se puede ver por HBO GO. Aunque todos queremos llegar al final, con esta serie está bueno detenerse en cada trampa, seguir las pistas aunque parezcan mentirosas o esquivas.

    El Hipnotizador tiene ese encanto. Va de menor a mayor y en la sucesión de historias construye “la” historia. En la sucesión de imágenes despliega un sueño que, como sucede en la vida, siempre tiene algún punto de contacto con la realidad, que es donde se goza. El sueño siempre entraña sufrimiento ya que el goce, si lo hay, es efímero.

    “Toda historia, mientras uno la piensa, inaugura un laberinto mental que abre a cada paso nuevas ramificaciones y dudas.” Pablo de Santis, al momento de escribir el prólogo del cómic hecho libro, allá por el año 2010 ya insinuaba el juego que El Hipnotizador algunos años después provocaría en los espectadores de la serie. Plena de ramificaciones y dudas que alientan a buscar el próximo capítulo para cortar la angustia que abre lo desconocido por conocerse.

    El Hipnotizador fue concebido por el maridaje logrado entre el guionista Pablo de Santis y el dibujante Juan Sáenz Valiente. El responsable de semejante encarnación fue Juan Sasturain, director de la revista Fierro, segunda época. De Santis introducía su esperma de ideas en la cabeza de Sáenz Valiente y de ese encuentro nacían cientos de cuadritos de historieta llenos de misterio, suspenso, nostalgia y melancolía.

    Algunos años después aquel juego de hipnosis creativo, por obra y gracia de HBO Latinoamérica, se convirtió en una guía para la serie que lleva el mismo nombre y que multiplica las sombras del cómic en alucinantes imágenes oníricas. Las miradas, el péndulo en movimiento, la sugestión y el mismo texto que el hipnotizador utiliza para introducir en el sueño a sus partenaire: “La hipnosis, señores, no es magia. Es una poderosa forma de la sugestión, es la ciencia del sueño inducido,” dicho lo cual, Arenas, el hipnotizador, moviendo el péndulo de izquierda a derecha, pronuncia el rezo pagano que producirá el milagro del trance: “El sueño llega con los pies ligeros… pero los pasos se hacen más pesados. Y más pesados…”

    La sugestión se hizo poder en el aquel encuentro fundacional, hace de esto miles de años cuando el hombre y la mujer unieron idea, palabra y mirada en una misma acción, con una misma intención: influir en el otro.

    Los egipcios ya hablaban de la cura de sueño. Los romanos y los griegos tenían templos como el de Esculapio o Asclepios e inmortalizaron la serpiente enlazada a una vara en vertical como uno de los símbolos de la medicina. Platón y Aristóteles hicieron escuela con la retórica, la dialéctica, la poética y la búsqueda de la catarsis.

    En América los mayas y los aztecas dejaron huellas en la memoria histórica sobre la palabra que cura a través de un ejercicio de poder que la tiene como señuelo. Aunque ese ejercicio de poder, como todo poder que se precie tuvo enemigos: la inquisición mandó gente a la hoguera por practicar este culto, aunque los árabes lo reivindicaron.

     

    El Hipnotizador tiene buenos actores. María de Medeiros, actriz portuguesa que podemos recordar en Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Carla Quevedo, quien fuera Liliana Colotto en El Secreto de sus Ojos de Juan José Campanella y más cerca en el tiempo en la serie El Maestro. Alejandro Awada que hace un paso efímero por la serie y otros que también nos dejan con las ganas de disfrutarlos un poco más como Marilú Marini, Luis Machín, el Chino Darín o Darío Grandinetti. Menos mal que Leonardo Sbaraglia es el protagonista y Daniel Hendler gana en la segunda temporada un coprotagonismo incluyente que nos permite volverlos a encontrar en los próximos capítulos. Excelente actuación, plena de matices y despliegue dramático en Sbaraglia y un Hendler distinto pero efectivo en su rol del hijo del inventor del experimento de Puente Blanco.

    Los escenarios aunque son alucinantes y se construyen en laboratorio hacen pie en territorios reales del departamento Río Negro y Montevideo en la República Oriental del Uruguay.

    Así como en el cómic del 2010, Sáenz Valiente, en un guiño político identificaba a Felipe Domingo Cavallo como un prestidigitador antagonista de Arenas, cargado de perfidia; en la serie la voz de Mercedes Sosa sorprende con un Gracias a la Vida en un momento donde la muerte parece adueñarse de todos los personajes.

     

    La historia de la psiquiatría y el psicoanálisis reconocen un pasado en el que la hipnosis es un buen camino hacia la cura de las enfermedades mentales Dicen que Freud se chocó con el inconsciente humano y la clínica psicoanalítica por haber fracasado como hipnotizador.

    Leonardo Sbaraglia es el hipnotizador-hipnotizado. Su principal dolencia es justamente la contraria del sueño hipnótico, el insomnio.

    En su afán por encontrar la verdad, el amor, o la solución para el sueño perdido El Hipnotizador conocerá el éxito en Finisterra, de donde tendrá que huir perseguido políticamente hasta recalar en la isla de Puente Blanco. Arenas-Sbaraglia lleva en su recorrido el interés del espectador aunque a veces lo deje solo enfrentando los atajos o pistas falsas. Es un camino de 15 capítulos, un trance en el que hay que dejarse llevar al sueño inducido para poder descubrir el secreto de la búsqueda o la búsqueda secreta del amor y la verdad.

    Dirigibles, serpientes, mariposas, relojes, péndulos juegan con pitonisas y prestidigitadores, cantantes desafinados y pianistas perdidos. Personajes que se entrecruzan con médicos, jueces, políticos, policías amorales que no toman demasiado en serio, sublevaciones, protestas o revoluciones de un pueblo que luchando por sus sueños quiere dejar la hipnosis del sometimiento.

    El secreto de El Hipnotizador- hipnotizado está en descubrir si algo de lo que ve y siente es lo que parece.

    En la serie, el bien y el mal juegan a las escondidas. El relato puede quedar en manos de “El coleccionista de días” un apropiador serial que responde a quienes son capaces de desprenderse de 24 horas de su vida, tal vez porque le agobian o no le sirven para nada. En otro momento la historia de El Hipnotizador se recreará en El Archivo de las identidades pasadas, una especie de biblioteca de valijas con recuerdos que perviven en el Cementerio de Equipajes en el sótano del Hotel de los Pasos Perdidos. Hacia allí va Arenas, El Hipnotizador, detrás vamos los espectadores.

    Sin apelar al juego fácil de los zombis, creados para simplificar la existencia de los muertos vivos; El Hipnotizador encuentra un juego más inquietante en esa metáfora y es la interacción entre los Originales y los Renacidos que viven (¿?) en Puente Blanco.

    Con el suspenso de un policial, con la fantasía de una serie de ciencia ficción, El Hipnotizador nos transporta a esos mundos lejanos, pero que están ahí nomás: en nuestra mente, en nuestra historia.

  • Las historias detrás de los héroes de la pelota

     

     

    La mesa está servida.  En la previa mundialista, el menú a la carta lo propone HBO con sus mejores ingredientes y las recetas más originales para contar historias humanas.