• Llámame Bruna, un drama erótico que desafía al espectador

    Por Lic. Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

     Llámame Bruna, la serie realizada por la Agencia Nacional de Cine, dependiente del Ministerio de Cultural de Brasil que Fox Premium exhibe a través de ColsecorPlay, nos da la oportunidad  de penetrar en los meandros de la vida de una adolescente de clase media alta que decide adoptar la prostitución como forma de vida.

    La serie exhibe con gran honestidad intelectual, el contradictorio, escabroso pero siempre enigmático mundo del sexo pago.

    Para quienes gusten del porno, con Llámame Bruna no se sentirán defraudados, pero me atrevo a decir que quienes desechan o repudian el sexo explícito en la pantalla,  tal vez puedan transitar  los 14 capítulos -existentes hasta el momento- sin inquietarse demasiado.

    En esta serie las escenas eróticas son de alto voltaje pero sin provocar con la exhibición morbosa o de mal gusto.

    La temporada 2016 fue dirigida por Marcia Faria y la del año 2017 por Pedro Amorín y el argentino  Octavio Scopelleti. Un dato adicional: en los capítulos del segundo año aparece  Miriam Lanzani, chaqueña, separada actualmente del Animal Suelto Alejandro Fantino.

    En el capítulo especial que da inicio a la segunda etapa, los autores y actores definen que en Llámame Bruna, el sexo no es un recurso oportunista, o una sucesión de imágenes destinadas a excitar al espectador sino que la idea es introducirlo en una realidad social de seres muy vulnerables.

     

    Una historia real

    Llámame Bruna, está basada en la historia real  de Raquel Pacheco una adolescente,  de 17 años,  hija adoptiva de una familia de clase media alta. Raquel en busca de la independencia y la libertad personal, sin medir consecuencias, decide adentrase en el camino de la prostitución o según se lo mire en el trabajo del sexo.

    Sin agotar todos los personajes que se mueven en el mundo paralelo de la sexualidad comercializada, Llámame Bruna, exhibe una muestra bastante acabada de personalidades que conviven en cada personaje y tal vez en este juego dual resida la riqueza de la propuesta.

    La mujer casada que trabaja en el burdel por necesidad y no por deseo; el homosexual y una familia que no lo contiene en su opción de vida, la travesti que asume su elección de género, los proxenetas y los variopintos clientes, todos se entrelazan en la serie mostrando sus virtudes y miserias.

    A lo largo de los capítulos, hay momentos para todos los sentimientos humanos. Amor, odio, soledad, locura, abuso, ambición, compulsión, alegría, ternura se suceden en la pantalla casi sin estridencias ni golpes bajos.

    Bruna Surfistinha, nombre elegido por Raquel Pacheco para ejercer el oficio más antiguo del mundo, vive en constante tensión y si bien pone el cuerpo para asumir el desafío de su elección, la pelea de fondo se da en su cabeza y en su corazón. En la vida real el raid de Bruna corrió entre los 17 y los 21 años, edad en la que abandonó la experiencia.

    El éxito en una sociedad competitiva y consumista se mide por resultados monetarios y fundamentalmente por la instalación mediática. Surfistinha atraviesa sin descanso ese recorrido. Sorteando romances botineros, peleando un lugar en la prostitución Vip, cubriendo en ese devenir el juego habitual que propone  la espectacularización de la noticia.

      

    Ese objeto del deseo

    La actriz María Bopp es Raquel y Bruna a la vez. Y esa dualidad que la convierte en el objeto de deseo o envidia de los personajes que la rodean es también un anzuelo deseante para los espectadores, habituados a las sagas hiperrealistas de la televisión chimentera.

    El atractivo de María, Raquel, finalmente Bruna no está dado por la mera exposición de su cuerpo desnudo sino por la pulsión escópica que emana y generan sus ojos: síntesis del goce humano, que no siempre concluye en sonrisa o alegría sino que puede derramar en llanto, soledad y tristeza.

     

    Llámame BrunaDrama erótico.

    Producción de ANCINE, Brasil y  Fox distribuida por Fox Premium.

    Basada en la vida real de Bruna Surfistinha, ex trabajadora del sexo y ex actriz porno brasileña.

    Primer capítulo: octubre 2016; segunda temporada, en curso.

    Calificación: Más que menos.

    (Categorías posibles: 1. Lo más, 2.  Más que menos, 3. Menos que más. 4. Menos cero).

     

     

    MI EXPERIENCIA CON PROSTITUTAS

    Alguna vez como secretario de Comunicación y Difusión de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), por curiosidad y necesidad de información hube de alternar con la primera agrupación de mujeres que se reunían por el derecho al trabajo sexual.

    Acostumbrado a hablar con dirigentes sindicales me preguntaba por qué esas mujeres habían elegido organizarse sindicalmente.

    Debo confesar que a pesar de la amplitud de miras, con la que encaré el encuentro, guardaba mis prejuicios. Tenía para mí que se reunían para dejar de ser prostitutas y conseguir algún trabajo dignamente reconocido por la sociedad. Fue en los 90, esos tiempos donde por primera vez, en muchos años, los desocupados comenzaban a ser más que los empleados.

    Ante mi pregunta sobre por qué querían armar un sindicato, me contestaron que ellas “querían cobrar sin que nadie les robara parte de lo ganado y que la policía no les pegara.” O sea sin cafisho ni represión.

    De ese núcleo de mujeres que lideraba Elena Reynaga surgió luego AMMAR, Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas, un sindicato reconocido y respetado en varias ciudades argentinas.

    Con esas consignas como base lucharon contra los edictos policiales y los códigos de convivencia de muchas provincias y distritos. Trabajaron incansablemente contra el SIDA y bregaron por el uso del preservativo. Muchas consiguieron tener Obra Social y hasta lograron que algunas policías fueran menos bravas con ellas.

    La mayoría de las chicas dejaron de ser objetos de consumo para convertirse en sujetos de derecho. Muchas accedieron a distintos niveles de estudio y tal vez sin proponérselo, abandonaron la calle.

    La sindicalización les permitió discutir el modelo de sociedad en la que están insertas, bajando simultáneamente los niveles de discriminación en sus interlocutores.

    Llámame Bruna permite visualizar que detrás de los “taco aguja, las polleras cortas y los escotes amplios,” hay seres humanos, mujeres al fin, movilizadas laboralmente desde un trabajo que  no siempre se realiza para la obtención del goce ni por elección sino que la más de las veces se ejerce por obligación o necesidad.