• Estela, la abuela de plaza de Mayo

      

    PH: Gaspar Galazzi

     

     

    Su nombre está vinculado a los Derechos Humanos en nuestro país y también afuera. A los 87 años la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, cuenta como es “no rendirse”.

      

    Por Cecilia Ghiglione

    Redacción COLSECOR

     

    Lleva casi la mitad de su vida en la causa de Abuelas. Antes de la desaparición de su hija Laura, su marido Guido también fue secuestrado en 1977. “Cuando se lo llevan, Laura - que se había mudado a Buenos Aires - se da cuenta que la estaban buscando a ella. Guido fue liberado 25 días después mediando el pago de un rescate. Pesaba 15 kilos menos. Lo torturaron. Todas las barbaridades que contaba hacia que lo miráramos con desconfianza, no era creíble lo que decía...” Un mes después Laura Carlotto fue secuestrada, estaba embarazada de dos meses y medio. Otros dos hijos de Estela -  Claudia y Guido – también fueron perseguidos por la dictadura militar.

    Estela cuenta que la última vez que hablo con Laura fue el 26 de noviembre del ´77 cuando su hija le habló por teléfono a la escuela donde trabajaba. “Se hacía pasar por Silvia y charlábamos como dos amigas. Teníamos los teléfonos intervenidos”, recuerda. Ese ritual que se repetía una vez a la semana de pronto se prolongó por 10 días y ella supo, entonces, que algo le había pasado a su hija.

    Estela era maestra, en ese entonces directora de escuela, y este hecho traumático de la desaparición forzada de su hija mayor la llevó a cambiar el guardapolvo por el pañuelo blanco en la cabeza. 

    En octubre se cumplieron 40 años de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. En 1977, mientras el terrorismo de Estado desaparecía a sus hijos y se apropiaba de sus nietos, 12 mujeres decidieron organizarse para recuperar a sus seres queridos. No se conocían, poco tenían en común más que una pregunta - ¿dónde están? - y se fueron encontrando en comisarías y golpeando puertas de despachos judiciales preguntando por sus familiares desaparecidos. Estela no estuvo en ese grupo inicial. “Yo me sumé en el 78, cuando me jubile”. “Fue mi consuegra Nelba Falcone – mamá de Claudia, una de las chicas desaparecidas en la Noche de los Lápices -  la que me dio el teléfono de Alicia de la Cuadra, Licha como le decíamos, – la primera presidenta de Abuelas - y así me encontré con estas compañeras que han sido madres y hermanas en el dolor”.

    En un documental que narra su vida ligada a los Derechos Humanos, Estela cuenta que nació y se crio en dictadura – la del 55- , y eso de algún modo la formó. “Mi familia era radical, éramos gorilas digo yo haciendo un mea culpa y lo repito bastante para que le entre a todo aquel que todavía conspira con la antinomia que nos educaron a nosotros. No teníamos la actitud contestataria que tuvo la generación del 70. Yo era una maestra cariñosa con mis alumnos, que trataba de subsanar las falencias que tenían porque eran muy humildes y mis hijos me decían que eso no servía, que estaba bien, pero eso era limosna. A mí me fue entrando toda esa filosofía de un cambio para la justicia social”.

     

    ¿Cómo fueron esos primeros años de Abuelas todavía en Dictadura?

    “Esos primeros tiempos fueron de ilusión. Recorríamos las Casas Cuna buscando a nuestros nietos. Fue un tiempo de inocencia de parte nuestra cuando en realidad estábamos tratando con gente inhumana  porque el proyecto era que nuestros nietos jamás vivieran con nosotros. Pero en el diccionario de las Abuelas no existe el ´no puedo´, entonces juntas con otras señoras que buscaban a sus hijos y a sus nietos seguimos adelante. Por suerte, en estos años de democracia estamos encontrando a nuestros nietos Son 125 pero todavía faltan.

     

    Muchos de esos nietos que hoy rondan los 40 también son padres. ¿Esto cambia el enfoque de las campañas buscarlos?

    Teniendo en cuenta que muchos ya son padres, y nosotros bisabuelas, nuestro deseo es llegar a los más chicos; por eso cada cartel que sale en una cancha con la frase: “Te estamos buscando” es algo fuerte; o lo que significó Teatro por la Identidad o Música por la Identidad en esta llegada. Cualquier niño o adolescente puede ser uno de nuestros bisnietos, y como sus padres, pueden tener su historia cambiada. El derecho a la identidad es un derecho humano.

     

    La historia del colectivo Abuelas es, sin duda, la de Estela como sujeto político. Su drama familiar la empujó hacia una transformación política y aunque no eligió estar en ese lugar, sí eligió hacer lo que hizo.

    “Si me hubiese quedado llorando, sin construir nada, quizá hubiera sido mortal”, reflexiona. “Buscar a los nietos fue, en cambio, un acto de vida y un desafío. Eso me mantiene. Acá gané un mundo que no era el que yo tenía, donde hay gente muy buena. De cualquier manera, si volviera a nacer, preferiría ser una burguesa tonta pero estar con Laura”, confiesa.

     

    Índice de abuelidad      

    Al poco tiempo de comenzar la búsqueda de los nietos y las nietas, uno de los interrogantes era cómo saber que eran ellos y a qué familia pertenecían. De alguna manera, “nos transformamos en detectives cuando empezamos a recibir datos de dónde estaban”, cuentan las Abuelas que alternaban visitas a juzgados de menores, orfanatos o jardines de infantes cuando sabían que ahí podía estar un hijo de sus hijos. “Pero eran los años 80, no podíamos hacer mucho. Y apareció un avisito en un diario que hablaba de un padre que no quería reconocer a su hijo y que con un análisis de sangre la comparación había dado que era su hijo. La sangre estable el vínculo, dijimos, pero en nuestro caso los papás no estaban. Nos preguntamos ¿servirá la sangre de las abuelas?”

    Lo que vino luego fue una incesante búsqueda llena de interrogantes. “Viajamos a EEUU en 1983 a un simposio de antropólogos forenses y genetistas y ellos nos confirmaron que podíamos hacer los análisis con nuestra sangre”, recuerda Estela. 

    La genetista Marie Claire King viajó luego a nuestro país y encontró en el Hospital Durand el laboratorio donde poder hacer estos análisis. Esto dio origen al Banco Nacional de Datos Genéticos, a partir de un proyecto que Alfonsín envió al Congreso. El lugar atesora las muestras de sangre de las familias que buscan a los desaparecidos. Hasta la fecha, gracias a los datos del BNDG se ha podido recuperar la identidad de 125 nietos.

     

     

     

    ¿Cómo es un día en su vida? 

    Me levanto todos los días con la ilusión de encontrar a un nieto más. Antes de que apareciera el mío, pensaba en Guido [Ignacio Guido Montoya Carlotto] cada día – así le puso Laura a su hijo que nació en cautiverio. Si es fin de semana trato de estar en casa con la familia, con mis hijos, mis 14 nietos y 5 bisnietos. A veces desprecio la atención de algún medio pero necesito que entiendan que es mi espacio. El resto de los días ordeno la casa cuando me levanto y voy a Abuelas hasta que las velas no ardan. 

     

    Ya hace 3 años que encontró al hijo de Laura, su nieto ¿Cuánto ha ganado este vínculo?

    De alguna manera siento que recuperé a Laura después de 36 años. Tenemos una hermosa relación, Guido ya es papá ahora. Nos vemos poco, menos de lo que quisiéramos, porque él es músico y yo tengo la tarea de Abuelas. Pero el cariño y el amor no necesitan de estar siempre cerca sino que a veces con cariño y la comunicación virtual se lleva. Y este tiempo ha sido un irnos conociendo. Él a mí no me conoce y yo tampoco a él, aunque es tal cual lo soñé. De manera que lo conozco mucho. Y él irá encontrando en el archivo biográfico que le entregamos muchas respuestas sobre su origen, aunque Guido también ha investigado siempre por su lado. Así fue como llegó a Abuelas. La verdad que a mí encontrarlo me devolvió el ánimo y me dio más energía, estoy convencida que hay que seguir buscando a los que nos faltan. 

     

    La Abuelas han sabido construir su lucha a partir del dolor, de la alegría y la búsqueda. Y en ese camino nunca hubo venganza sino amor. “Nuestra consigna es trabajar en paz, en concordia”, expresa Carlotto. “Nuestros nietos recuperados también piensan lo mismo. No hay venganza ni revancha sino una búsqueda implacable de justicia plena que finalmente obtuvimos luego de la caída de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En los juicios vamos a dar testimonio, acusando con las pruebas en la mano a estos genocidas que algunos los toman como viejitos enfermos pero son viejos malos y peligrosos. Entonces, esa tenacidad que tenemos es una demostración de firmeza, pero no de odio. Esto es algo que nos identifica en todo el mundo y no es casualidad que haya surgido en quienes sufrimos la desaparición forzada de nuestros hijos. Pero todos esperamos Justicia porque el amor todo lo puede; por el respecto a nuestros hijos que querían un país mejor, con errores y con virtudes, pero por eso dieron o les quitaron la vida. Una madre es una leona cuando le tocan a un hijo”.

     

    ¿Cómo es la relación con el actual Gobierno?

    Las Abuelas tenemos una conducta de dialogar con todos los Gobiernos, así lo hemos hecho siempre. No bien asumió el último, los organismos de DDHH más históricos pedimos una audiencia con el presidente pero no fuimos recibidos por él porque no tenía tiempo y nos derivaron con otra persona con quien tuvimos una charla muy dura, controvertida y sin ningún resultado. De ahí en más la relación no es buena, en particular con el secretario de DDHH Claudio Avruj, porque se contradice, sale a minimizar nuestras palabras. Esas ofensas a nosotras no nos agradan porque no las merecemos y no estamos acostumbradas a tolerarlas. En cambio con el ministro de Justicia, Germán Garavano, tenemos una relación más fluida porque da respuesta a las demandas de Abuelas, pero queremos que den respuestas a todas las organizaciones de DDHH. Entonces, nosotras no somos enemigos y vamos a seguir esta relación. Simplemente estamos disconformes con las actitudes de este Gobierno, contrarias a lo que prometieron en campaña, y que se ocupa de que los ricos sean más ricos y que la pobreza avance. Los DDHH deben respetarse al nacer y al vivir; y todos deben tener la posibilidad de tener lo que se merecen como seres humanos: un hogar, comida, educación, salud atendida. El respecto fundamental a la vida, al otro que es diferente, es lo fundamental; y soñar que no exista nunca más la búsqueda de alguien que no volvió.

     

     

    Gracias por la esperanza, Abuelas