• "El deterioro de Macri ha consolidado las tesis de Cristina"

    El consultor político Carlos Fara dice que el Gobierno pecó de ingenuidad y sostiene que en el círculo rojo hoy nadie ve bien lo que está haciendo Macri. Pero asegura que la sociedad quiere que el presidente termine su ciclo, que el peronismo ya no puede ser bombero de las crisis y que la mayor fortaleza de Cambiemos está en la oposición que avanza dividida hacia 2019. 

     

     

    Por Diego Genoud |Periodista 

     

    “La gente prefiere que Mauricio Macri termine el mandato y que lo termine lo mejor posible. La decepción ha sido fuerte y la angustia que siente su propio público es importante. Pero no hay alternativa tampoco”, dice Carlos Fara.

    Consultor político, analista y encuestador, acostumbrado a trabajar con candidatos y gobiernos de distinta orientación en toda América Latina, Fara se para lejos de las teorías apocalípticas pero advierte que la situación es complicada. Dice que vamos a vivir con el aliento del Fondo Monetario en la nuca, afirma que hoy es muy difícil encontrar a alguien en el círculo rojo que piense que Macri está haciendo bien las cosas y sostiene que los mercados son los primeros que desconfían de que cumpla el acuerdo que firmó con Christine Lagarde. Sin embargo, no descarta un triunfo electoral de Cambiemos, si la economía no colapsa antes. Porque, asegura, el peronismo avanza dividido hacia 2019 y el que rechaza la vuelta del PJ no tiene otra opción que no sea Macri.

     

    -La corrida bancaria trajo al Fondo y sepultó el entusiasmo que promocionaba Macri. ¿El Gobierno tuvo mala suerte, no quiso ver o subestimó los problemas que existían?

    -Creo que hubo cierta ingenuidad y algunos errores conceptuales. Todos sabíamos que la tasa de interés de Estados Unidos iba a subir en algún momento. Evitaría llamar mala suerte a un fenómeno que de alguna manera sabés que iba a pasar. El tablero de control no funcionó y hubo una sucesión de mala praxis en lo político y en lo económico.

     

    -Se acortaron los tiempos.

    -Sí, empezó el segundo tiempo y sabemos que va a ser más complicado que el primero, por más cambios que hagas. De acá hasta la elección, vamos a vivir con el aliento del Fondo Monetario en la nuca. Va a haber revisiones trimestrales y comentarios no positivos cuando no se alcancen las metas.

     

    -¿Qué podría jugar a favor del Gobierno a la hora de las elecciones?  

    -Primero, que el peronismo sigue fragmentado y la probabilidad de que siga así es alta. Segundo, que Cristina decida ser candidata. No va a ganar pero salir segunda la convierte en la jefa de la oposición. Tercero, el cansancio con el peronismo bombero que siempre viene a resolver las crisis del no peronismo. La sociedad está cansada de eso y creo que preferiría no volver a pasarlo.

     

    -Con esos argumentos, Cambiemos ganó ya dos elecciones. ¿Puede seguir siendo un activo después de cuatro años?
    -Puede seguir.

     

    -¿Para darle el triunfo o para mantener un núcleo de votantes?

    -Obviamente, no hay que descartar que vaya a una segunda vuelta, pero me parece que el final de la película todavía puede serle favorable.

     

     Dogmatismo vs pragmatismo

     -El Gobierno ajusta, va al Fondo y se endeuda pero también devalúa, analiza reinstalar retenciones, sube el techo paritario y busca escalonar la suba de tarifas que exigen las empresas. ¿Cuál es el modelo?

    -Intentaría no encasillarlo. No tiene un afán privatizador, tiene un afán ordenador de la economía más cercano a lo ortodoxo pero sin serlo por completo. El gradualismo quería mantener el valor del salario para que el consumo no se caiga y se enfrentó con la realidad de siempre de la Argentina. El principal problema no es el déficit fiscal sino el déficit de cuenta corriente: no alcanzan los dólares por más que hagas los deberes del ajuste. Ahora, el Gobierno está reconceptualizando en la práctica muchas cuestiones.

     

    -¿Cuáles serían?

    -El sólo hecho que haya desplazado a Sturzenegger, que era lo más parecido al pensamiento de Macri en materia económica, y la incorporación de Dante Sica, que viene del peronismo, fue funcionario de Duhalde y es claramente un tipo ligado a la lógica más productiva, me parece que es un despertar del Gobierno. Se dan cuenta de que no pueden quedar presos del discurso del déficit fiscal y el ajuste, como quedó De la Rúa. Con Sica, me parece que buscan un entusiasmo en el sector productivo que hasta hoy no existió.

     

    -¿Quién es el autor de este giro que se insinúa?

    -Las dos mesas perdieron: la económica y el control de la Jefatura de Gabinete. Pero tampoco prosperó la idea de un acuerdo más orgánico con el peronismo. Gana la política del realismo, la mesa chica real de Vidal y Rodríguez Larreta, que juegan sus propias fichas. Hasta la crisis, la pregunta era si Macri era un pragmático o un dogmático más y me parece que ahora está tratando de revelar la respuesta. Se ataron a ciertos dogmas desde la tríada con Quintana y Lopetegui hasta los 20 ministerios y cosas como pensar que los empresarios argentinos son buenos pero estaban maltratados.

     

    El peronismo y Cristina 

     

    -¿Cómo reacciona el peronismo ante la crisis, en el día a día y hacia 2019?

    -En el corto plazo, veo un peronismo cauteloso porque el Gobierno hizo sus movidas y hay que esperar para ver cómo le va. Mucho menos, cuando puso en Producción a alguien que podría haber sido ministro de un presidente peronista. El peronismo sabe que no puede comprarse el título de desestabilizador del gobierno no peronista. Necesitan que el Gobierno efectivamente termine y no llegue a una crisis terminal que les cargue sobre las espaldas algún grado de culpabilidad.

     

    -¿Usted descarta la posibilidad de que confluyan todos en un acuerdo y una PASO?

    -Lo veo más en los deseos y en las conversaciones que en la posibilidad de llevarlo a la práctica realmente. La mejor manera de que el peronismo se recupere sería matándola a Cristina. Eso significaría ganarle en una primaria de un peronismo amplio que los incluya a todos.


    -Ganarle a uno de sus herederos.

    -O a ella.

     

    -Pero a ella no le van a ganar.

    -Claro, por eso los mismos que lo dicen aclaran que no pueden ir a perder para entregarle todo. Lo veo muy complicado. Ahora ¿Cristina aceptaría eso? ¿Poner un candidato para que pierda una interna? Tengo mis dudas y veo que lo más probable es que Cristina se presente.

     

    -No tiene motivación para bajarse.

    -No. Y además el primer interesado en que Cristina compita es el Gobierno, que puede facilitarle muchas cosas a su campaña.

     

    -¿Qué cosas?

    -Desde espacios en los medios, recursos, no entorpecerla, torearla.

     

    La alternativa a Macri

     

    -¿Cómo ve al círculo rojo frente a Macri?

    -El año pasado, el círculo rojo quedó sorprendido con la elección de Macri y en los últimos meses volvió a confirmar todas las dudas que tenía sobre él. Macri no quería devaluar y ahora dice que esto favorece a las economías regionales. Es muy difícil encontrar a alguien en el círculo rojo que piense que el Gobierno está haciendo bien las cosas. En todo caso, algunos entienden que trata de arreglar un problema que el mismo gobierno creó.

     

    -¿El círculo rojo, que buscó desde 2008 un candidato que le gane al kirchnerismo, vuelve a pensar ahora en un peronismo moderado?

    -Sí, el tema es que no encuentra la figura. Los tipos apostaron a algo que efectivamente cierre. Por eso salió a girar la hipótesis Tinelli. A Massa le va a costar a mucho que vuelvan a confiar en él, Randazzo no mostró músculo, Schiaretti no tiene carisma.


    -No aparece el gobernador que pueda encarnar esa salida.

    -No, porque esta liga de gobernadores es la de menor volumen político que se recuerde. Y está el caso Urtubey, que de a ratos se queda solo porque el resto de los gobernadores desconfía y no cree que sea garantía de nada.

     

    -La liga de gobernadores ¿que preanuncia para el peronismo?

    -Es probable que sean el futuro del peronismo, a la corta o a larga. Pero el deterioro de Macri ha consolidado las tesis de Cristina, que cobran efecto en una parte de la sociedad. Por eso, su voto duro no se diluye. Eso le impide crecer a ese peronismo.

     

    -O sea que el kirchnerismo tiene más futuro del que le anunciaban.

    -Siempre me opuse a la idea de que el kirchnerismo se terminaba el 10 de diciembre de 2015. Primero porque Cristina tiene un liderazgo fuerte, segundo porque el kirchnerismo sedimentó ideológica y culturalmente la sociedad mucho más de lo que todo el mundo piensa y tercero porque tiene que surgir otro líder y otro núcleo político suficientemente fuerte. Hoy, hasta acá, los gobernadores están cada uno cuidando su propia quinta y no saben cómo salir de la situación.

     

    Perdón al Fondo 

     

    -El malentendido entre Macri y aliados naturales como los mercados o el campo ¿no pone en riesgo el gobierno más afín que podrían esperar esos sectores?

    -Insisto: hubo ingenuidad del Gobierno de pensar “nos conocemos con ellos y entonces nos van a entender”. Los mercados esperaban algo distinto a lo que quiere la opinión pública y el Gobierno jugó, con las encuestas en la mano, al gradualismo. Decía que no tenía plan B pero evidentemente estaba y era terminar en el Fondo Monetario.

     

    -Escribió sobre el waiver del Fondo. ¿En 2019, Macri va a desoír el acuerdo que acaba de firmar y lo compromete a un ajuste muy severo en el año electoral?

    -Los mercados son los primeros que desconfían. Es muy raro que vayas a cumplir con todo lo que te pide el Fondo, en medio del año electoral, siendo el gobierno más débil en el Congreso desde que llegó la democracia. No me llamaría la atención que el Gobierno haya llegado a una negociación rápida y prolija sobre algo que no está seguro de poder cumplir. Ahí vamos a ir a los waiver.

     

    -¿Persiste en el macrismo la ambición política de ganarle a todo el peronismo?

    -Creo que sí. Eso explica que no quieran ir a un acuerdo con el PJ ni sacarse una foto con ellos. El Gobierno dice “yo quiero hacer ciertas cosas” pero también dice “quiero ganar la elección”. Se tienen que olvidar de las encuestas por unos meses, porque van a pagar costos y no es un problema pagar costos. El tema es si vas a lograr algún objetivo de los que te propusiste al final del camino o no.

     

    -Las consultoras pronostican por lo menos dos trimestres de recesión. ¿El Gobierno tiene herramientas para recuperar la economía antes de las elecciones?

    Crecer al 3 por ciento anual como decía Macri ya no es posible: este año no y el año que viene hace falta mucho viento a favor. Entonces, el tema es cómo entrar en un ciclo de reducción de inflación. Que el año que viene se llegue a una inflación por debajo del 20 por ciento, que hace mucho no tenemos, sería razonable. Un año sin turbulencia, donde la gente se anime otra vez al consumo. Eso puede pasar.

     

    Cambiemos y las dos Argentinas

     

    -¿Quién está sufriendo más con Macri, a quién perjudicó más o quién le tiene menos paciencia?

    -El sector bajo y sobre todo el sector informal es el más angustiado. Incluso los que no lo votaron pero preferían que le fuera bien. La sensación es que con Cristina había inflación, había cepo, había Moreno, había Kicillof, pero había plata en la calle y la economía parecía que se movía. Eso ahora no está sucediendo. Lo sufre la clase media pero no recorta su nivel de vida básico. Abajo, en cambio, lo sienten más porque son los que viven de la changa, la construcción y hay una gran masa de servicios informales que se mueve cuando hay plata en la calle.

     

    -¿Puede terminar en un desborde?

    -Me parece que con algo de Stanley y algo de María Eugenia Vidal el Gobierno tomó nota de cómo hace para contener abajo. Por supuesto, no es la contención de la época de Cristina pero hasta acá ha logrado que la bomba no explote. Por eso pone mucho énfasis en que el Fondo no le pide recorte social y el recorte va a estar en la obra pública.

     

    -Mientras el oficialismo habla de volver al mundo y respetar la seguridad jurídica, la oposición pide más Estado y más integración social. ¿Macri y Cristina expresan dos visiones antagónicas que los trascienden?

    -Hay por lo menos dos Argentinas. La coalición de las instituciones, los valores, el trabajo y el esfuerzo, de generar oportunidades pero “tenés que laburar” y otra Argentina que te dice “dame pan para comer porque no tengo”. Uno es garantista y el otro es proveedor. Y hasta que no tengamos un proceso de crecimiento de mucho tiempo, consistente y sin turbulencias, esa es la grieta real y va a ser difícil superarla.

     

    -¿Cómo ve el papel de Carrió en la alianza de gobierno?

    -Estuvo bastante razonable dentro de todo. Estuvo bastante astuta y colaborativa aunque hay muchas cosas que no le gustan. Sabe que un tuit suyo puede matar a una persona, políticamente hablando. Ahora, Lilita quiere estar en la mesa de discusión 2019 y la mesa chica no quiere. Ahí se presentan los mayores interrogantes. ¿Ella va a poder opinar sobre la vicepresidencia, sobre los ministros o va a seguir siendo un francotirador como ahora? Si fuera por la mesa chica, lo segundo. Salvo que se venga todo abajo, como pasó con De la Rúa, ella tampoco tiene tanto margen para romper con el Gobierno. Ella no se puede convertir en el Chacho Álvarez de Cambiemos.

     

    -¿Por qué?

    -Porque me parece que los votantes de Cambiemos le dirían “ayudalo, romper no sirve en Argentina”.

     

    -¿No tiene mucho destino tampoco afuera?

    -Sola, me parece que no, salvo que se produzca una catástrofe y yo no creo eso. Creo que vamos a tener muchos problemas pero no una catástrofe 2001.


    Fotos: Juan Casas 

  • “Como progresista, ahora me interesa más la eficacia política que la consistencia teórica”

     

     

     

    Entrevista a Marcelo Leiras 

     

    Sin ser kirchnerista, parece llamado a ser una de las voces más potentes entre los intelectuales que rechazan a Mauricio Macri y apoyan al Frente de Todos. Dice que el espacio opositor encontró en el “inspirado gesto político” de Cristina Kirchner y la candidatura de Alberto Fernández una chance para estar a la altura del desafío que plantea la crisis económica. Pero advierte que Cambiemos conserva mucha fortaleza porque expresa “con convicción y con disciplina la versión antipopular del antiperonismo”, una fuerza muy potente desde 1946 que el radicalismo dejó huérfana. Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet, Marcelo Leiras advierte que el Gobierno actúa de manera irresponsable, demoniza al adversario político y pone en riesgo como nunca el consenso democrático alfonsinista. Siempre progresista, dice que el progresismo tiene que cambiar.

     

    Diego Genoud | Periodista 

    ¿Qué es el Grupo Fragata?

    –Es un grupo de mujeres y hombres, profesores universitarios o gente de la cultura definido ampliamente que, después del resultado electoral de 2017, nos reunimos como un grupo de opositores a Macri, que nos definimos como no antiperonistas. La mayoría con militancia peronista, un grupo con experiencia como funcionarios en el segundo gobierno de Cristina, pero básicamente lo que teníamos en común era la oposición a Macri. Motivó esa oposición, yo creo, la deriva hacia la derecha que tuvo el Gobierno a partir de la muerte de Santiago Maldonado y el modo en que la ministra de Seguridad, el Gobierno y sus partidarios reaccionaron frente a la muerte de ese chico.

     

    Los juntó Macri.

    –Sí, absolutamente. Nos juntó el giro hacia la derecha, mucho antes de que Cambiemos mostrara su impericia en la gestión económica.

     

    ¿En qué se distingue la coalición del Frente de Todos del kirchnerismo reciclado?

    –Creo que no es kirchnerismo reciclado y que se distingue por el reconocimiento de que los problemas que enfrentamos son profundos y graves. La gestión de Cambiemos generó problemas que no existían antes, van a ser muy difíciles de resolver y hace falta reunir a una fuerza social y política que excede largamente al kirchnerismo, pero que no puede excluir al kirchnerismo. Hay una pregunta que no se formula en el debate público: ¿por qué hay tanta gente que siente tanto afecto por Cristina Kirchner?

     

    ¿Por qué?

    –¿Son locos? ¿El clientelismo kirchnerista fue fuerte? Cualquiera de esas respuestas sería una tontería. Hay mucha gente que siente genuino afecto, que tiene memoria de una experiencia que fue valiosa. Yo me pregunto: ¿podemos encontrar una fórmula política para resolver los problemas que existen, que excluya a esa gente? ¿Esa fuerza afectiva y ese apoyo político pueden estar ausentes en un gobierno popular? Creo que no y por eso creo que el frente político está bien constituido, incluyendo al kirchnerismo pero incorporando otra que nunca estuvo cerca del kirchnerismo, como yo. Es gente que encuentra una chance de armar algo que funcione. Va a ser muy difícil porque es un frente tan plural que incluye gente que quiere cosas muy distintas.

     

    ¿Qué lugar puede tener esa fuerza emotiva en un nuevo gobierno que llega en un contexto de ajuste y relaciones casi de cautiverio con el Fondo? ¿Puede seguir representando lo mismo, tiene que transformarse en otra cosa o debe resignarse a que conduzcan otros?

    –Es muy interesante. Yo creo que no debe resignarse pero que tiene que cambiar y que ha cambiado. Tiene que recuperar una vocación mayoritaria, de compartir el apoyo a un gobierno con gente que puede pensar distinto y tener un compromiso ideológico menos intenso. Tratar de entender las motivaciones de una persona preocupada por no poder comprar dólares o por la inseguridad ciudadana que no apoya la represión violenta. Ese es el cambio importante. Pero también es importante que no se resigne porque el riesgo de un gobierno progresista es sobreactuar la moderación. Es lo que le pasó a Dilma en Brasil, que empezó su gobierno con gestos ortodoxos que tenían como propósito calmar a sectores opositores y esos sectores estaban dispuestos a hacerla caer, es lo que hicieron. No digo que eso va a ocurrir en Argentina, confío en que las fuerzas democráticas -aun las de derecha- tienen un compromiso con la estabilidad democrática más fuerte. No somos Brasil, afortunadamente.

     

    ¿Qué se puede valorar, desde el progresismo, de un proyecto político que va hacia el centro?

    –Que va a ser un gobierno amplio, que va a ejercer la autoridad del Estado ocasionalmente y no considerando que el Estado es un problema. Que reconoce que de las capacidades del Estado va a surgir la energía para una sociedad más igualitaria. El programa progresista no puede prescindir de la autoridad del Estado, no hay ninguna otra herramienta para proteger a los más débiles. Ahora, necesita recuperar su salud fiscal. Un Estado que necesita pedir plata prestada todo el tiempo es un Estado débil, que no puede hacer nada por nadie.

     

    Dijo que Cristina venía repitiendo una lógica política desde 2011. ¿Cómo describiría el cambio en su liderazgo ahora, con la designación de Fernández?

    –Vi durante su segundo gobierno a una Cristina que no quería hablar con Moyano, ni con Massa ni con Alberto Fernández. Era una Cristina que en general hablaba muy poco con dirigentes políticos y sociales, excepto con los funcionarios más cercanos de su gabinete. Observo a una persona que conversó mucho con muchos de ellos antes de constituir esta fórmula y que encontró una salida muy inteligente: entregarle el poder a un candidato, estando ella presente. Hizo lo mejor que podía hacer para que Macri no sea reelecto. El éxito de esa movida debe leerse en el reagrupamiento de la enorme mayoría de los dirigentes peronistas y de mucha dirigencia social, sindicatos, trabajadores desocupados. Ese reagrupamiento indica que de algo sirvió. Algo entendió Cristina. Presumo que la derrota de 2017 le debe haber dolido mucho. Me parece que hizo un movimiento muy inspirado. Cuando un gesto político genera tanto alrededor, hay un dirigente que está haciendo bien la tarea representativa.

     

    ¿Se puede transferir el liderazgo con ese movimiento?

    –No, el liderazgo no se puede transferir, se elabora, se conquista. Alberto tiene vocación de ejercer la presidencia, va a construir su liderazgo con su estilo, sus argumentos, sus aliados. La gran incógnita es si Cristina, retirándose a la vicepresidencia, se está retirando de la disputa por el poder. Una hipótesis es que sí, que crea que su legado lo tiene que defender otra gente, la segunda generación, La Cámpora. Y otra respuesta es que no, que se queda en el banco de suplentes, por las dudas haga falta intervenir en algún momento de modo más decidido. No tenemos una respuesta ahora.

     

    –Tampoco hay antecedentes, ¿no?

    –Va a depender de cómo funcionen las cosas.

     

    ¿Cuál es la fortaleza que le queda a Cambiemos?

    –Le queda mucha. Con los errores que han cometido que tengan la chance de llegar competitivos a la elección, indica muchas virtudes políticas, de interpretación, más que electorales. Representan vocacionalmente, y con mucha disciplina, el voto antiperonista. La versión antipopular del antiperonismo. Aunque hay antiperonistas de clase media, más liberales o más progresistas, que se pueden identificar con Cambiemos, yo creo que el liderazgo de Macri representa el antiperonismo antipopular. Me parece que hoy no solo es insuficiente como fórmula de gobierno sino también como fórmula electoral. Pero es una inversión a mediano plazo, porque el antiperonismo es una fuerza electoral muy potente en Argentina desde 1946. El radicalismo lo expresaba de un modo muy eficiente hasta 1993, Alfonsín rifó eso con el Pacto de Olivos y desde entonces ese electorado estuvo “yirando” para encontrar algo que lo representara. La representación más fiel, más clara y más disciplinada es este gobierno. Veo que hay sobrevida para Cambiemos, no sé si para Macri, pero sí para esa posición.

     

    ¿Alfonsín rifó eso o apostó a otro tipo de sistema político?

    –No. Creo que Alfonsín en el ‘93 apostó a volver a la escena él y el modo fue ese pacto. Algo de esa ingeniería electoral aspiraba a generar espacio para el radicalismo con atajos institucionales como el tercer senador en cada provincia. Se esperaba bloquear el ascenso de terceras fuerzas y se hizo a costa de una decepción muy grande para una proporción alta de votantes que, desde entonces, abandonaron el radicalismo y nunca volvieron a acompañarlo. El radicalismo volvió al gobierno con la ayuda del Frepaso en el ‘99 y, como traicionó también esa coalición, cayó y no volvió a recuperarse. Hoy es una fuerza que carece de relevancia nacional y ese declive empezó en 1993 cuando abandonó la función de representación del electorado no peronista.

     

    En ese momento aparecía como una variante progresista frente al peronismo de Menem.

    –Por supuesto, frente al peronismo de centroderecha, pero sobre todo era una variante no peronista. La inteligibilidad me parece un recurso político valiosísimo. Cuando algo no se entiende políticamente, estás complicado. El Pacto de Olivos no se entendió, era una jugada muy fina, solo para los interesados en la política. Para mí, es la ciénaga del radicalismo.

     

    Me sorprende porque siempre se piensa en el ‘89 y, sobre todo, en el 2001 como el origen de la crisis del radicalismo y se suele culpar a De la Rúa.

    –La última candidatura radical fue la de Massaccesi-Hernández en 1995, que salió tercera. Nunca más hubo una fórmula radical y ahora terminamos sin un radical en la fórmula. Con Lavagna, con De Narváez, el radicalismo ha probado a la marchanta formas de influir en las presidenciales y no hay forma porque ha dejado vacante ese lugar. Cambiemos va muy decidido a ocupar ese lugar, con los radicales como aliados.

     

    ¿Qué podría haber sido Cambiemos? ¿Podría haber sido otra cosa o siempre quiso ser esto?

    –PRO y Cambiemos son fuerzas de centroderecha, han sido plurales desde el punto de vista de la composición y la estrategia de gobierno en la Ciudad fue y sigue siendo otra cosa. El Gobierno traduce las convicciones personales del Presidente. Lo dijo claro Kirchner con su discurso de asunción: “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada”. Macri tampoco. Peña es un funcionario fiel, con un poder completamente delegado, que traduce la convicción del Presidente y representa esa visión que ellos llaman purista. Macri cree ser parte de una renovación de la política argentina y creo también que hay un proyecto de clase ahí.

     

    ¿Por qué lo decís?

    –Recuerdo que, cuando la crisis de 2001 todavía no se había desatado, aparecieron hombres de negocios que se mostraban sensibles. Grobocopatel, De Narváez y Macri eran parte de ese grupo. Inclusive la Fundación Creer y Crecer incluía a De Narváez y a Macri. Mi interpretación es que ahí una parte de la élite social argentina elaboró la convicción de que la clase política estaba a punto caramelo para ser reemplazada. Había que correr a gente que no sabía lo que hacía y ellos lo podían hacer mejor. Ese es el proyecto de largo plazo de Macri y me parece que es su vocación histórica.

     

    ¿Está herido de muerte ese proyecto?

    –Absolutamente, es una idea que no tiene destino. No se puede reemplazar a una clase política fuerte como la argentina, por suerte. Conoce el Estado, los resortes del manejo de la cosa pública, del vínculo con la Policía, con la Justicia, con los medios, con la gestión parlamentaria. Todo eso que el Presidente llama despectivamente “la rosca”. Le gustaría una política de otro tipo, que él entiende es éticamente superior. Tiene un firme proyecto ideológico, inclusive diría como evangelizador, la idea de transmitir una nueva verdad. Lo expresa muy bien con vocabulario cristiano Peña cuando dice que esta es una disputa por el alma de la Argentina. Eso está fracasado, aun cuando Macri sea reelegido. Es el fracaso del Presidente que eligió no tener ministro de Economía y eligió equivocarse él. El desastre económico que ha generado corresponde a Macri, que quería todo el rédito político si salía bien y ahora tiene que pagar todas las facturas, porque salió mal.

     

    ¿Cuál es la racionalidad política de esas élites, de los que apostaron y apuestan a Cambiemos?

    –Es una parte de la élite, no es toda. Expresa los prejuicios que en realidad todas las élites económicas tienen en todo el mundo. La idea de que la gestión de los políticos es o miope o deshonesta, que el Estado es un obstáculo frente a sus capacidades productivas, que creen que su posición social es atribuible a su virtud gerencial, aun cuando sean herederos, como es el caso del Presidente.

     

     

    Rodrigo Zarazaga me dijo en 2017 que los Ceos habían aprendido de la crisis de 2001.

    –No creo. En 2001 todos experimentamos el riesgo de disolución nacional, la sensación de desorden, de caos y también la piedad o la pena por el padecimiento de mucha gente. A todos nos conmovió y probablemente postergó por un tiempo el conflicto distributivo. Pero no veo en la élite social un compromiso social más marcado que antes.

     

    O una conciencia de que, si hay un desborde, termina peligrando su propia posición.

    –No, no me parece.

     

    Hay un componente un tanto suicida.

    –Sí, bueno, pero sería exigirles mucho. El conflicto distributivo es sesgado y autocentrado de parte de todos los sectores sociales. Lo que sí creo es que este proyecto de clase influyó mucho en la gestión presidencial de Cambiemos. Ahí se vuelve problemático, cuando un proyecto político está tan influido por las perspectivas sesgadas de un segmento de una clase social.

     

    ¿Podría haber sido Cambiemos ese centro popular, ese conservadurismo popular del que hablaron Pablo Gerchunoff y Juan Carlos Torre?

    –Con otro presidente, sí. Con un presidente que no tuviera instintos tan de derecha como Macri, sí, claro. Si Rodríguez Larreta hubiera sido el primer presidente de centroderecha, probablemente hubiera sido un centro popular. Si hubiera sido Vidal, quizá. Macri es un dirigente muy de derecha y es una tontería negarlo. Cada cosa que dice es muy de derecha. ¿Representa eso todo Cambiemos? No, pero el presidente es él.

     

    También su propia historia, hijo de un grupo económico beneficiado en determinados ciclos históricos.

    –Desde ya, todo lo que dice va para ese lado. Insisto, el PRO es otra cosa, Cambiemos podría haber sido otra cosa. Pero el Presidente pesa mucho.

     

    ¿Qué crees que esperaban tus amigos de Cambiemos cuando estaba virgen como proyecto político?

    –Esperaban una gestión económica más competente que la del Frente para la Victoria y fue menos competente creo yo. Esperaban también algo de sensibilidad social. Y eso lo expresaba bien Pablo Gerchunoff con su apoyo a lo que se llamaba durante un tiempo –mal, creo yo- gradualismo. Se percibía una sensibilidad a la dificultad de implementar un ajuste fuerte rápido. Pero creo que no hubo gradualismo. Hay muchas cosas que no fueron graduales. La salida del cepo, el ajuste de tarifas, el fin de las retenciones, el aumento de inversión en infraestructura para tapar con obras todos los caminos para que el peronismo volviera al poder en la provincia de Buenos Aires, que generó un agujero fiscal muy difícil de tapar. Nada de eso fue gradual.

     


    “El programa progresista no puede prescindir de la autoridad del Estado, no hay ninguna otra herramienta para proteger a los más débiles. Ahora, necesita recuperar su salud fiscal. Un Estado que necesita pedir plata prestada todo el tiempo es un Estado débil que no puede hacer nada por nadie”.


      

    ¿Cómo se altera, si se altera, el proyecto antiperonista de Macri con Pichetto en la fórmula?

    –Al principio, pensé que era un intento sincero de incorporar al peronismo de derecha que quedaba fuera del Frente de Todos y que comprometía las credenciales no peronistas de Cambiemos. Sobreestimé ese gesto. Es Pichetto y nada más. El Gobierno está sin rumbo desde septiembre de 2018, muy desarmado internamente. Saca un globo de ensayo distinto cada 10 días y ninguno dura más que unos minutos.

     

    Escribiste sobre el divorcio de la familia progresista entre populistas y liberales.  ¿Cómo se reordenan esas dos almas con Cambiemos en el poder?

    –Que el Gobierno haya adoptado una posición liberal conservadora tan fuerte y un compromiso represivo tan agresivo, nos facilitó las cosas a muchos progresistas para agruparnos en la oposición. Sin embargo, todavía hay progresistas afuera del Frente de Todos, probablemente porque descreen de su compromiso plural. Hace falta un examen del progresismo también. Escribí medio en broma que los progresistas queremos la chancha y los 20 y el durazno sin pelusa. Me parece que hay que priorizar, sosteniendo la tensión de estas dos almas, pero comprometiéndose con el ejercicio del poder.

     

    ¿Eso no es hacerse peronista?

    –Bueno, posiblemente. El problema del peronismo es su corazón conservador y sus raíces conservadoras también. Siempre les cuento a mis alumnos que mi abuelo materno era sindicalista peronista y mi abuelo paterno, que había sido dirigente político conservador, luego se hizo peronista para ganarles a los radicales en el conurbano bonaerense. El peronismo es eso. Con ese corazón conservador, los progresistas convivimos peor. En la medida en que el peronismo pueda comprometerse más con su corazón popular sin ceder a sus raíces conservadoras, vamos a estar más cómodos. Lo que me parece interesante es que el progresismo sea una alternativa política, no doctrinaria. Como decía un ensayo del filósofo norteamericano John Rawls, en otro contexto: política no metafísica. Me interesa más ahora la eficacia política de las posiciones que puedo tomar que la consistencia teórica y las justificaciones que puedo hacer para esas opciones.

     

    ¿Qué diría de la sociedad argentina la reelección de Macri en este contexto?

    –Que es una sociedad como la que busca el Gobierno en su campaña electoral. Una sociedad enojada, resentida, dispuesta a ejercer crueldad. Lo que nos separa de la selva es que cedemos al Estado la posibilidad de ejercer violencia y nos sometemos a la ley. Quien renuncia a eso, está jugando con fuego. Es muy irresponsable la campaña del oficialismo y trabaja sobre las peores pasiones. Un gobierno está para hacernos mejores, no para reflejar como un espejo nuestra peor versión. Si hay una ministra de Seguridad que dice que está bien que un policía corra a un chico de 18 años y lo mate por la espalda, las personas que están dispuestas a ejercer violencia, se sienten liberadas. Y eso nos hace vivir a todos mucho peor. Es lo que más preocupa de este gobierno.

     

    ¿Por qué dice que está en peligro el consenso alfonsinista?

    –En Argentina, después de la Dictadura, se dio una inclinación anti-violenta muy fuerte. Muchos partidarios y funcionarios del Gobierno respaldan el ejercicio de la violencia desde el Estado, inclusive en conflicto con la ley, de un modo irresponsable. Chocobar y el prefecto que mató a Rafael Nahuel están procesados y ambos fueron defendidos en público muy vehementemente por Bullrich. El segundo punto donde se deteriora ese consenso es la demonización del adversario político. El Gobierno ha avalado el uso teatral e irresponsable de la fuerza pública por parte del poder judicial. Creo que está justificado el procesamiento de Boudou, no se justifica sacarle fotos en pijama. Eso tiene como único propósito demonizar al adversario en busca de una ventaja electoral.

     

    Está pasando también en otros países de la región.

    –En Brasil, el juez ejemplo de los jueces argentinos, hoy ministro de Bolsonaro, llevó adelante un proceso sesgado, e ilegal diría yo, contra un expresidente. En todas las constituciones latinoamericanas hay fueros para evitar usar la ley como herramienta de combate político. El Gobierno está pegando en un partido sin árbitro: eso termina mal. Lo probamos muchas veces. Lo más difícil en América Latina no fue la participación electoral, fue la competencia política. América Latina tuvo participación electoral amplia desde el siglo XIX pero lo que era muy difícil era aceptar que haya oposición. Nos costó 70 años en Argentina después de la Ley Sáenz Peña conseguir que haya oposición y lo conseguimos en 1983. El Gobierno está jugando con eso. Es gravísimo.

  • “Estamos llenos de contenidos globales pero no tenemos contenidos cercanos”

    El colombiano Omar Rincón no es sólo periodista, es también académico y ensayista en temas de cultura, medios y comunicación política. Su mirada aguda y cínica es siempre bienvenida para ayudarnos a desplegar una visión crítica de la enmarañada realidad que nos atrapa diariamente.

     

     Por Cecilia Ghiglione | Periodista 

     

    —¿Cómo ves hoy los medios públicos? 

    —Los medios públicos están en un mal momento en América Latina porque se siguen utilizando como propaganda política o simplemente como algo por cumplir. En Argentina pasaron de ser un proyecto político de gobierno a ser simplemente un estorbo, los deben tener ahí para mostrar que no son tan autoritarios.  En Colombia los medios públicos se salvaron de una ley que quería acabarlos a partir de la desfinanciación.  Digamos que, dicho de una forma un poco sarcástica, son como un mueble que tienen todos los gobiernos y no saben bien qué hacer. Y es una lástima porque realmente podrían servir muchísimo, sobre todo cuando el mundo se volvió cada vez más privado. Ante el predominio de las redes sociales, de las plataformas digitales, de la TV privada más interesada en los negocios; los medios públicos son como el último baluarte que nos queda con relación a otro tipo de contenidos y de estéticas. Pero en este momento ningún gobierno de América  Latina los está contemplando como algo que sirva. Hay una tendencia en la región a decir que lo público no sirve y otra vez escuchamos que lo privado es más eficiente.  En Argentina, donde actuó más rápido el actual gobierno fue en la Ley de medios y ahí hay un mensaje clarísimo de que no les interesa lo público, no les interesan los derechos del ciudadano sino el negocio para unos pocos. El caso argentino es extremo pero de alguna manera las empresas de telecomunicaciones están haciendo mucha fuerza para quedarse con todo el negocio del entretenimiento, que es el negocio del futuro, de los bienes simbólicos. Lo increíble del caso argentino es que nada es para la ciudadanía. La televisión pública que tenían, la están destruyedo. COLSECOR  mismo es un modelo de negocio que no existe en ninguna otra parte, también hacen lo posible para cercarlo.  A mí me impresiona el cinismo y la arrogancia con que están destruyendo todo, hay una gran carga de odio. Es muy complicado construir sociedad así porque además lo que hace este modelo es poner a los argentinos a pelearse entre sí en lugar de enfrentar al poder. El problema argentino es su mayor éxito: la clase media que se volvió fascista y no quiere que nadie tenga sus privilegios que fueron construidos por la educación pública que ahora quieren destruir. Pero también Argentina es la solidaridad de la gente. El otro día participé en Salta de un encuentro por los trabajadores despedidos de Agricultura Familiar y fue maravilloso, la gente se juntaba. Hay que cuidar eso porque es lo que están tratando de romper. Están promoviendo el capitalismo del yo para romper la vida colectiva.  

     

    —¿Y qué está sucediendo con la TV tradicional, más allá de si es privada o pública? 

    —El concepto de la televisión clásica ha muerto, no se puede seguir pensando en la televisión como un aparato que da entretenimiento o relajación sino que hoy hablaríamos de entretenimiento audiovisual expandido, lo que significa que la categoría es entretenimiento y no televisión, donde el ciudadano se convierte en el programador de su entretenimiento.  En ese panorama de pantallas múltiples o expandidas hay tres características básicas. Una, es que cada pantalla narra distinto, tiene una estética diferente y emociones distintas; y ese es el error más común que cometen muchos operadores que hacen el mismo contenido para todas las pantallas. En segundo término, cada una implica una posibilidad de interacción diversa: hay momentos del día en que quiero ser descerebrado, otros en los que quiero ver televisión clásica y popular, y otros donde quiero videojuegos. Esto también implica modelos de negocios diferentes. Si pensamos que el televidente es el programador, la televisión que triunfaría es aquella de plataformas donde tengo todo disponible y yo mismo decido el menú. Pero también la televisión abierta clásica va a seguir existiendo para la información local porque eso no lo hace nadie. La que está en entredicho es la TV por cable que es jurásica porque de nada sirve tener tantos canales cuando ya podemos escoger los que queremos. Creo que en ese escenario surgen tres tendencias de contenidos y de creatividad. Una, es que estamos llenos de contenidos globales, pero no tenemos contenidos cercanos. Entonces, la regla de oro es: si quiero llegar a mi gente, tengo que hacer televisión para mi gente porque para la otra ya hay de todo.  Esto implica crear formatos y contenidos para la cercanía, que no sean masivos. Segundo, tenemos que hacer medios que pongan más al ciudadano en pantalla, que ellos sean las estrellas y no los periodistas; el ciudadano quiere estar en las pantallas. Tercero, de alguna forma hay que hacer menos televisión y  trabajar más colaborativamente porque técnicamente no podemos tener este exceso de producción audiovisual para que nadie la vea. Si cada canal hiciera media hora de producción al día y se juntaran en una única plataforma probablemente tendríamos una televisión de muchísima mejor calidad y más potente para el ciudadano. Casi que nos toca generar la cancha donde los ciudadanos se junten a pasarla bien. 

     

    —¿Qué estrategias debería pensar un medio local para ocupar ese espacio de ciudadanía? 

    —Yo siempre he dicho que hay tres tipos de programación. Hay televisión muy barata y es la que se hace con los ciudadanos. Esto que te digo es fatal, pero es cierto. Si tú tienes un canal local puedes convertir en celebrities a toda la gente de la comunidad y le dedicas 10 horas a que el ciudadano sea productor de sus propias historias y cuentos. Luego está la televisión de mantenimiento, tampoco te cuesta mucho, la que tienes por convenio. En ese sentido COLSECOR es una excelente oportunidad para brindar horas compartidas de programación a todos los canales. Eso te permite conocer cosas de la región, otras historias parecidas, casi una televisión turística, cultural y patrimonial. Una tercera televisión, la más pequeñita, tiene que ver con la calidad que te aumenta la autoestima. Se dedica a narrar en serio la localidad. Por ejemplo, una serie sobre la historia de la comunidad que la ponga en valor y se pueda compartir con otros canales y repetir cuantas veces quiera. Esa es una manera de pensar, la segunda es que de alguna manera hay que “desnoticiar” la televisión. En Argentina, sobre todo, hay un exceso de querer hacer noticias y esa información se vuelve inútil y ahí está parte del problema. Es que todos los programas son de entrevistas o de noticieros y creo que eso tiene a todos absolutamente cansados. Tenemos que empezar a buscar otras maneras de contar ya sea a través de la ficción o en formatos que se parezcan mucho más a la comunidad. Habría que darse la posibilidad de experimentar y de fracasar si se quiere. La parte complicada es convencer a la gente que hace televisión local que tiene que arriesgarse a hacer otra cosa. En la televisión local haría muchísimo directo porque la comunidad está ahí, está cercana. Imagínate que todos los días se haga televisión desde un barrio y sea el barrio el que se cuenta hasta generar un tejido social. Se pueden hacer muchas cosas, pero nos da miedo innovar. No es un problema de los canales locales porque todos hacen exactamente lo mismo. Ahora que pasó el Mundial de fútbol, fue como una tragedia porque fueron más periodistas que jugadores y todos fueron a hacer lo mismo. Para colmo de males, se fueron hasta Moscú y montaron un set de televisión igualito al que tenían acá en Argentina. ¿Para qué se fueron hasta allá si parece que estuvieron en Buenos Aires y no en Rusia? El asunto es que de alguna forma, no van al mundo a narrar distinto sino que van al mundo a repetir lo mismo. Las universidades tampoco están enseñando a hacer cosas distintas, critican el noticiero pero enseñan a hacer lo mismo, no hay creatividad. Hay un síndrome de producción pero sin saber para qué. Estamos haciendo mucha televisión que no vemos. Hay que volver al minimalismo porque hay exceso de pantallas y poco tiempo para ver televisión. 

     

    —¿Cómo juegan las redes sociales en la producción de la realidad? 

    —Las redes se han vuelto tristemente la noticia. La gente opina ahí y los periodistas leen lo que la gente dice; y está buenísimo hacerlo pero hay que pasar a otra etapa. Las redes permiten hacer una televisión cooperativa donde cada uno pueda producir sus propias imágenes más allá de participar solamente con un tuit. Ahora está sucediendo algo interesante en la política, y también sucedió en el Mundial, y es que la gente empieza a producir memes como forma de opinión tal que se podría dedicar un programa a verlos. Pero no solamente la cuestión es pasarlos y celebrarlos sino que estaría bueno dar criterio sobre lo que la gente manda, hacer una devolución sobre lo que se está diciendo. El meme como columna de opinión me parece maravilloso, funciona y está demostrado que la gente sí puede crear cosas buenas, malas, grotescas o no. El papel de uno como periodista o emisor de mensajes tiene que ser el de evitar la polarización, la grieta, y mirar los sentidos, buscar cosas de construcción colectiva.  

     

    —Las redes  “gratuitas” en el fondo tienen un costo ¿Hay ciertos riesgos para el ciudadano al participar exponiéndose allí? 

    —Lo que debemos tener es más conciencia crítica sobre nuestros datos. Nosotros cada vez que entramos a internet  o a una red social o a una plataforma dejamos una huella de lo que hacemos. Eso se configura como dato y se vende a empresas o políticos para manipularnos y controlarnos mejor. En ese sentido estamos dando datos para que hagan negocio: el petróleo de hoy son nuestros datos. Como ciudadanos debemos tener conciencia y resistirnos a ser un dato, somos seres humanos y antes de consumir deberíamos pensar por qué lo hacemos, antes de ver un meme deberíamos preguntarnos si es verdad y así. Esta conciencia crítica es fundamental y falta aprender mucho sobre esto porque cuando uno entra a una red gratuita, por más que le haya dado datos falsos y piensa que engaña al algoritmo, lo que usted hace con esa red social el algoritmo sí lo vio. Creo que es complicado que tomemos conciencia de nuestra vida íntima.

  • AMLO y la cuarta revolución mexicana

     El 1 de julio, los mexicanos eligieron presidente a Andrés Manuel López Obrador. AMLO, como abrevian todos su nombre, promete “una cuarta revolución”, tras una elección que ratifica que la tercera es la vencida.

     

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.  

     

  • Atlanta sabe de negros

    La serie presentada por Fox Premium TV & APP es un audaz, divertido, por momentos increíble formato de comedia que interpela a espectadores con ganas de romper con lugares comunes.

  • Computación cuántica y teletransportación para vencer la barrera de las distancias

     

    Una nueva forma de procesamiento que está basada en la física y podría tener múltiples beneficios. Los avances y desafíos de esta tecnología.

  • Córdoba | Un viejo faro en el corazón del Interior

    La universidad pública y el estallido industrial de mediados del siglo 20, entre otros imanes como el turismo, atrajeron legiones de argentinos a ese corazón mediterráneo. La música del cuarteto, el humor y otros rasgos cotidianos la identifican claramente.

  • Del jet set al mundo tumbero

     

    Fernando Farré no se resigna a la pena de prisión perpetua que la Justicia le impuso por el asesinato de Claudia Schaefer y sostiene su inocencia con versiones cada vez más inverosímiles. Un crimen que se convirtió en caso testigo de la violencia de género en la Argentina.

     

    Osvaldo Aguirre |Escritor y periodista 

     

    Boca abajo, en el piso del chalet donde acababa de asesinar a su esposa, Fernando Farré alzó la cabeza para enfrentar al fotógrafo. La imagen de su rostro ensangrentado y la mirada encendida de odio se convirtió en un ícono y desde el 21 de agosto de 2015, cuando cometió el crimen, retorna cada vez que una crónica relata su historia, un caso testigo de la violencia de género en la Argentina.

    En un hombre preocupado por su imagen pública, como Farré, las fotografías eran importantes. El álbum donde posaba con Kate Moss, Paris Hilton, Halle Berry y otras figuras del espectáculo mundial probaban su importancia como ejecutivo, así como los retratos con su esposa y sus hijos lo mostraban como parte de una familia feliz. Un maquillaje que disimulaba cada vez con mayor esfuerzo las situaciones de violencia que lo tenían como protagonista y que terminó de descomponerse con el crimen.

    Condenado a prisión perpetua, no se rinde. Todavía espera que la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires revise la sentencia. Es un personaje público que simboliza el horror del femicidio.

     

    De manual

    En el juicio oral y público que se realizó en los Tribunales de San Isidro, la fiscal Laura Zyseskind definió el caso como “un femicidio de manual”. Esa familia modelo había incubado un crimen horrendo. “Mucha gente identifica la violencia de género con la violencia física. La violencia verbal, la violencia económica, no están registradas por las víctimas ni por la sociedad. En el caso de Claudia Schaefer se daban todos los aspectos”, explicó la fiscal.

    Los audios de las conversaciones entre Farré y Schaefer, difundidos durante el juicio, probaron la violencia doméstica. “Vos administrá tu caja de bombachas y tu caja de zapatos y yo me encargo de los bienes económicos de la familia”, “tenés un sueldito de mucama”, decía Farré a Schaefer. “Él escondía bienes, escondía sus cuentas, mientras le reclamaba por el costo de una hamburguesa o por la peluquería a la que ella iba después de un viaje”, recordó Zyseskind.

    Schaefer había planteado su deseo de separarse a fines de 2014 y poco a poco empezó a dar los pasos legales necesarios. El crimen fue el último acto de una serie de intimidaciones, amenazas y agresiones con las que intentó mantenerla bajo su dominio.

    Farré se había desempeñado como ejecutivo de primeras marcas: Carrefour, Coca Cola, Banco Santander, L'Oreal, Avon, Coty. En prisión le sacaría lustre a su curriculum vitae, como si mereciera una atención especial por esos títulos: egresado de la Universidad Católica Argentina, especialidad en marketing en negocios internacionales en la Universidad de Pittsburgh, hablante de inglés, francés y portugués, beca Fulbright. Los presos de la unidad 48 de San Martín observaron que se paseaba con una bata de American Airlines, como resto de su vida de CEO.

    El despido de Coty puso en crisis el imaginario que sostenía su visión del mundo, el estereotipo machista del hombre proveedor y la mujer que se encarga de las tareas del hogar. Claudia Schaefer salía a trabajar, mientras él, según sus declaraciones, tenía que quedarse a cuidar a los hijos. Sin embargo, la fiscalía relativizó su versión como un padre dedicado a su familia, tanto como la carta dirigida a sus hijos que leyó en el juicio, una estrategia para ganarse el favor del jurado que consiguió lo contrario de lo que buscaba.

    Farré, entonces de 52 años, asesinó a Claudia Schaefer, de 44, en el country Martindale, de Pilar. Se habían encontrado para repartirse pertenencias en medio de la división de bienes acordada en un proceso de divorcio. Tenían tres hijos de 13, 12 y 9 años. Esa mañana de agosto de 2015, se convirtió en una celebridad. A expensas de la vida de su mujer.

     

    Farré y Schaefer

     

    La creación de un personaje

    El suceso adoptó el nombre del asesino. Terminó por ser “el caso Farré”, al punto que el nombre y la historia de Claudia Schaefer parecen borrarse detrás de su figura y, en algunas crónicas, comienzan a perderse en el olvido.

    La brutalidad del crimen salió de lo común. Farré mató a su exmujer con dos cuchillos a la vez. Le asestó 66 puñaladas, varias de ellas post mortem, le provocó 74 lesiones y por último la degolló. El médico forense Juan Raúl Cheuquel dijo que varias de las heridas fueron infligidas “no para matar, sino para generar algo cruel”. Ahora, en un nuevo intento por zafar de la Justicia, el femicida sostiene que Schaefer fue asesinada por los primeros policías que llegaron al lugar del hecho.

    Los protagonistas, de clase media alta, encarnaban un tipo de personaje que los medios de comunicación seleccionan con preferencia como tema de noticia. El escenario era un exclusivo barrio provisto de canchas de golf, polo, espacios verdes para equitación y seguridad las 24 horas. El crimen abría las puertas de un mundo habitualmente cerrado a la gente común.

    Los contrastes agregaron otro motivo a la curiosidad pública: del management empresarial a la premeditación de un crimen espantoso, del jet set al mundo tumbero, Farré apareció como un personaje excepcional. Si antes posaba para los fotógrafos en el Caribe o en salones de fiestas, ahora caminaba con la cabeza gacha, llevado del brazo por policías, o asistía a su juicio con la vista perdida en algún punto de la sala de audiencias.

    Por si hacía falta, el juicio ofreció un nuevo motivo de interés. El abogado defensor, Adrián Tenca, se plantó ante los miembros del jurado y les prometió una revelación sorprendente: “Esta es una película de la que ya sabemos el final. Ustedes van a tener que desentrañar la trama que desencadenó el asesinato. De este juicio surgirá una historia oculta hasta ahora, una historia traumática y shockeante que conoció Farré pocas horas antes del crimen y que perturbó su conciencia”, dijo en la primera jornada, el 28 de junio de 2017 en el Tribunal Oral de San Isidro. La promesa terminó en el más trillado de los lugares comunes jurídicos: la versión de que el femicida actuó bajo emoción violenta.

     

    Una causa paralela

    Un año después del crimen de Claudia Schaefer, una mujer llamada Adela Maciel murió en una plaza de Villa Diamante, en el partido de Lanús, después de ser degollada por su pareja. Fue el 7 de junio de 2016.

    Adela Maciel, de 41 años, tenía ocho hijos. El más pequeño, de nueve meses, estaba en sus brazos cuando el asesino, José Aranda, la atacó. Ambos mantenían desde hacía un año, en secreto, una relación sentimental, de la que había nacido la criatura.

    Como el crimen de Claudia Schaefer, el de Adela Maciel se dirimió en un juicio por jurados. El Código de Procedimiento Penal de la provincia de Buenos Aires admite la posibilidad de resolver en juicios orales aquellos casos donde se traten delitos muy graves. El Tribunal se conforma entonces con un juez y un jurado integrado por 12 personas comunes.

    Pero a diferencia de lo que ocurrió con el caso del country, el de la plaza de Villa Diamante apenas llamó la atención de los medios y del público, y en mayo de 2018 los jurados absolvieron a Aranda del cargo de femicidio y sostuvieron que correspondía una condena por homicidio simple.

    La resolución del crimen de Adela Maciel tampoco tuvo mayor repercusión. Pero debió tenerla, porque reveló que el juicio por jurados no es tampoco una garantía para remediar las fallas de la Justicia: los jurados consideraron que no estaba demostrada la relación de pareja y en consecuencia desestimaron el femicidio. Aranda fue condenado a 18 años de prisión.

     

     

    Tumberos

    En junio de 2018, Farré denunció un plan para asesinar al fiscal de San Isidro Patricio Ferrari. El supuesto instigador compartía con él una celda en la unidad penal 48, de San Martín. Era otro preso mediático, aunque menos conocido: Ignacio Pardo Paso, exsaxofonista de Los Fabulosos Cadillacs.

    Un mes después Farré dijo que otro preso lo había amenazado de muerte a causa de la denuncia, por lo que comenzó a ser trasladado a distintas cárceles de la provincia de Buenos Aires hasta llegar a la de Bahía Blanca, donde se encuentra. Sin pruebas ni evidencias más que su propia palabra, pareció un recurso para obtener la prisión domiciliaria.

    Sus denuncias, además, comenzaron a sucederse a partir de un hecho significativo: en junio de 2018, el Tribunal de Casación de la provincia de Buenos Aires confirmó la pena de prisión perpetua por el crimen de Schaefer. La defensa apeló el fallo, y el femicida comenzó a plantear una nueva versión.

    Después de la condena, dio varias entrevistas para la televisión. Reconoció entonces su responsabilidad en el crimen, pero reclamó ser considerado como otra víctima: “Ella me pedía un paso al costado, quería un poco de aire. Yo era una persona enferma, mucho más enferma de lo que estoy ahora. Mi salud mental y física estaba totalmente deteriorada. Tuve dos intentos de suicidio, de los que me salvó Claudia”.

    Con la asistencia de un perito de parte, dijo que “no era él” cuando mató a su esposa: “Lejos de ser premeditado y a sangre fría, ocurre un acto bajo el concepto de inimputabilidad, del que yo no tenía conciencia -argumentó-. No fue a sangre fría, fue a sangre muy caliente”. Insistió en que el crimen fue un episodio irracional y que, como suelen argumentar los femicidas para no confrontar con sus actos, no recordaba nada de lo que había hecho. No sabía si llamarlo emoción violenta, pero se consideraba inimputable, “algo explotó en mi cabeza que me llevó a hacer eso”.

    Ahora sostiene que fue la policía bonaerense la que mató a Schaefer, después de encontrarla herida. Mientras tanto, sumó una nueva denuncia en su contra de las fiscales Carolina Carballido y Laura Zyseskind, quienes pidieron que se investiguen las amenazas de muerte en su contra que habría proferido Farré en la cárcel.

    Con sus penurias de presidiario, la tensión permanente en la que vive con los otros presos -como un reflejo de que no acepta la cárcel y en definitiva el castigo por el crimen- y sus versiones insólitas, Farré sigue siendo un personaje de actualidad. Quizás sea el momento de cambiar el foco y recuperar la historia de vida de Schaefer, para tratar de comprender entre otras cuestiones cómo fue posible que una mujer que había acudido a la Justicia, que contaba con asistencia legal y se encontraba teóricamente a salvo, sucumbiera de todas formas a la violencia de género.

     

    Un epicentro

    Un hecho policial es un epicentro, dice Ivan Jablonka en Laëtitia o el fin de los hombres, un ensayo a propósito del femicidio de Laëtitia Perrais, ocurrido en Francia en 2011: un episodio que muestra en la superficie social problemas y fenómenos que circulan de manera más o menos solapada.

    El crimen cometido por Farré, en ese sentido, expuso el fenómeno del femicidio, pero también las representaciones convencionales que, aun cuando pretenden aportar una explicación, desconocen el problema. El análisis, dice Jablonka, suele ser que un hecho policial horrible exige un monstruo como responsable, alguien finalmente ajeno a la sociedad, y un monstruo debe ser encerrado. Ese simplismo traduce un movimiento de fondo en la sociedad, la necesidad de asignar a todo crimen un responsable ante el cual desviar la propia responsabilidad.

    Pero no hay buenos y malos, ni ángeles y monstruos. Lo inquietante de los femicidios es que, entre otras revelaciones, desarticulan los lugares comunes: se trata de crímenes que, en la mayoría de los casos, ocurren en la esfera familiar, y en consecuencia obligan a examinar las ideas, las creencias y las costumbres socialmente aceptadas que sostienen la violencia.

  • Derecho al olvido o cómo borrarse de la web

    ¿Se puede exigir a los buscadores que eliminen datos que se consideran perjudiciales para la vida personal? La protección de la privacidad versus el derecho a la información.

     

    Por Roxana González| Periodista

     

    Uno es lo que el ciberespacio dice de uno. Todo queda allí archivado, a la vista del mundo: el propio y el de los otros. A veces se trata de información que uno mismo ofrece, con mayor o menor grado de conciencia, voluntariamente.  

    Pero también están esos datos que se filtran, como ocurrió en el caso de Facebook y Cambridge Analytica, que otros comparten con el fin de hacer daño. O, en el mejor de los casos, que se difunden para informar sobre algún asunto que se considera relevante. ¿Y si ese dato se considera personal? ¿Cuál es el límite entre lo público y lo privado? Son muchas las cuestiones que hay que considerar y todo depende desde qué perspectiva se consideran. Y sobre todo, del lugar donde se encuentre el usuario.  

    En Europa, desde 2014, los ciudadanos pueden solicitar a los buscadores que supriman o quiten información personal que se considera obsoleta, irrelevante o que carece de interés público. Esto es conocido como derecho al olvido y surge a partir del caso Mario Costeja.  

    Costeja es un abogado español que se embarcó en una lucha contra Google porque quería que el buscador dejara de indexar una publicación donde su nombre aparecía vinculado a un embargo por una deuda. Costeja consideraba que el tema ya estaba solucionado (la deuda ya estaba saldada), no era relevante y por lo tanto tenía que desaparecer de la web. 

    Su caso llegó al Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea en 2014 y le dio la razón. Desde entonces, los usuarios pueden solicitarles a los buscadores que eliminen los links que lleven a páginas donde se incluyan datos personales para hacer valer su derecho al olvido. 

    Así es que los diferentes buscadores como Google, Yahoo o Bing cuentan con una solicitud para que los usuarios completen y pidan que se respete este derecho. Esas solicitudes son luego evaluadas y la empresa decide si las acepta o no.  Y el usuario, en caso de que no esté de acuerdo con la negativa, puede iniciar acciones legales para que se retire esa información. Así funciona en la Comunidad Europea. 

    De hecho, a fines de abril Google se vio forzado a borrar información sobre un exconvicto en Inglaterra. Fue porque el juez Mark Warby entendió que debía primar el derecho al olvido para preservar la intimidad de la persona. El caso en cuestión era sobre un empresario que había sido condenado a seis meses de prisión hacía 10 años por interceptar comunicaciones. 

    Ahora bien, ese mismo juez le negó la solicitud a otro empresario que también pedía que se eliminara una condena previa. Pero en ese caso, el magistrado dijo que la persona había continuado haciendo otros engaños y “no se había mostrado arrepentido”. 

    Como se ve, en gran parte la capacidad de hacer valer el derecho al olvido depende del tema o juez en cuestión. Cabe destacar, igualmente, que este derecho al olvido (así, tal como se conoce) rige sólo en  la Comunidad Europea y que ahora además quedó regulado por una nueva ley de protección de datos (GDPR, por sus siglas en inglés) que entró en vigencia en Europa a partir del 25 de mayo. En esta norma se especifica que “este derecho no es absoluto, sino que se protegen también otros derechos como el derecho a la libertad de expresión y a la investigación". 

     

    La situación en Argentina

    En Argentina están contemplados los derechos ARCO (acceso, rectificación, cancelación y oposición) en la ley 25.326 de Protección de Datos Personales. Allí se establece, por ejemplo, que el usuario puede pedir supresión de datos personales cuando haya información errónea o falsa. Se establece, sin embargo, una excepción: “La supresión no procede cuando pudiese causar perjuicios a derechos o intereses legítimos de terceros, o cuando existiera una obligación legal de conservar los datos”. 

    También se remarca que los antecedentes penales o contravencionales “sólo pueden ser objeto de tratamiento por parte de las autoridades públicas competentes, en el marco de las leyes y reglamentaciones respectivas”.

    Y en cuanto a la información crediticia, se destaca que “sólo se podrán archivar, registrar o ceder los datos personales que sean significativos para evaluar la solvencia económico-financiera de los afectados durante los últimos cinco años. Dicho plazo se reducirá a dos años cuando el deudor cancele o de otro modo extinga la obligación, debiéndose hacer constar dicho hecho”. 

     

    La responsabilidad de los buscadores 

    En la Argentina, según surge de los fallos en los casos María Belén Rodríguez y Valeria Gimbutas, la responsabilidad de los buscadores surge cuando no eliminan la información no bien son intimados a hacerlo por medio de una orden judicial. 

    A su vez, se establece una excepción y es que en el caso de ilicitudes manifiestas y groseras -como ser la difusión de videos o fotos íntimas, información que desbarate investigaciones judiciales o que hagan apología a la violencia, racismo u otras formas de violencia- alcanza con solicitar que se retire la información por medio de una carta documento.  

    Se estima que hay unos 50 casos en el país en los que los buscadores fueron hallados responsables por la Justicia. Uno de los más conocidos fue el de Jesica Cirio que le ganó a Google por la aparición su nombre en sitios de prostitución vip y fue indemnizada con 500 mil pesos.  

    Pero no es el único ejemplo de demandas a buscadores por indexar información que se consideraba lesiva del honor o errónea: también lograron torcerle el brazo a los gigantes informáticos Paola Krum, Nicole Neumann, Analía Maiorana y Wanda Nara, entre otras. 

    En la actualidad hay un proyecto de ley sobre la responsabilidad de los intermediarios de Internet que tiene media sanción del Senado. Allí se describen como intermediarios o proveedores de Internet a los buscadores, los sitios, los proveedores de conectividad y servicio de almacenamiento.  

    Según se destaca en el proyecto de ley, los proveedores de Internet no serán responsables por los contenidos de terceros, excepto cuando habiendo sido notificados por medio de una orden judicial sobre una remoción o bloqueo, no cumplan con ese pedido.  

    Como se ve, para solicitar que se quite un contenido se debe apelar primero a expedir una solicitud al buscador, pero no hay un mecanismo que garantice que el mero pedido vaya a implicar que se bloquee o borre la información.

  • El negocio de la violencia

    Durante casi dos décadas la banda de los Monos controló el tráfico de drogas en la zona sur de Rosario y se impuso a sangre y fuego contra sus competidores. Después de las condenas de prisión que recibieron sus líderes, el grupo vuelve a desafiar a la Justicia con atentados intimidatorios.

  • La economía de datos y los derechos ciudadanos

     

    En pleno auge de la economía digital, la protección de los datos personales es materia pendiente de legislación en la Argentina. El Gobierno presentó un proyecto que es criticado por organizaciones expertas por contradecir los estándares iberoamericanos y la más reciente y ambiciosa norma europea de datos personales.

  • La familia es lo segundo; lo primero, es el control

     

    Succession, la nueva serie original de HBO, reescribe la vieja tensión por heredar el poder en un contexto familiar donde el dinero es todo y las personas son nada.

    Por Dante Leguizamón |Periodista 

     

    La anécdota pertenece a Julio Cortázar, el escritor argentino. Es parte de una extensa entrevista en la que se explaya como nunca y sobre todos los temas. Lo hace con una fluidez asombrosa. Le preguntan sobre literatura y habla de literatura todo el tiempo que haga falta. Preguntan sobre el amor y responde. Sobre la Revolución Cubana y cada respuesta da pie a nuevas preguntas que derivan en Ernesto “Che” Guevara y Nicaragua para después pasar por Buenos Aires, el exilio, París, Europa y la vida en general. Sin embargo, todo se detiene un instante cuando el periodista le consulta sobre su familia, sobre su vínculo con la familia. Entonces, Cortázar hace un largo silencio, suspira y responde secamente en tono de resignación: “Y bueno… qué quiere que le diga, uno ya sabe lo que son las familias”.

    Succession, la nueva serie de HBO parece estar en la misma línea que el autor de Rayuela. La familia es maravillosa, pero… “uno ya sabe” lo compleja que puede llegar a ser. Esta tira es también una muestra cabal de que la familia no siempre es aquello que escribíamos en nuestros cuadernos de la escuela primaria: “la familia, escuela de humanismo, es la que promueve el desarrollo físico y espiritual de cada uno de sus miembros”.Sino que en el interior de estos grupos -todos tenemos uno- se construyen alianzas, tensiones, silencios, memorias que van marcando no sólo nuestra relación hacia dentro de ellos, sino también hacia fuera.

     

     

    La trama

    Logan Roy es un empresario multinacional que ha creado un verdadero imperio de las comunicaciones. Tras años de éxito alineado con el sueño americano, un día decide alejarse de la vida pública y detona entre sus cuatro hijos una verdadera batalla para sucederlo en el control del imperio. Con 80 años, el patriarca parece haber tomado su decisión, pero apenas inicia el primer capítulo las cosas cambian y comienzan a pudrirse.

    La serie es tortuosa pero muy simbólica a la hora de imaginar las complejidades de una familia que, lejos de la carencia, está esclavizada por la riqueza, la ostentación y el poder.

    El personaje del patriarca recae en el veterano actor escocés Brian Cox y parece inspirado en el controversial empresario de medios Rupert Murdoch (director ejecutivo de Fox News -incluyendo los diarios The Sun y The Times- y de cadenas de televisión como Fox y Sky, en su momento también dueño de 20th Century Fox antes de vendérsela a Disney). 

    Los cuatro hijos de Logan, verdaderos “hijos de”, presentan claras limitaciones para liberarse espiritual y económicamente de la dependencia de su padre, pero como saben que Roy está por dejar todo, desatan una disputa cruel por ocupar el lugar de poder que siempre han envidiado.

    En ese camino papá Roy se muestra como un manipulador perverso que ha criado a sus hijos con ese mismo perfil. El problema es que es difícil pasar del lugar de víctima al de victimario y que, mientras él es lo que es, sus hijos sólo pueden intentar emularlo y en ese camino pasan de malvados a patéticos de segundo en segundo.

    Cualquiera diría que el contenido de esta crónica está avanzando demasiado sobre la trama, pero una de las cosas interesantes de esta serie es que pese a sostenerse más en el diálogo que en la acción, todo ocurre tan vertiginosamente que basta el primer capítulo para tener una idea acabada de la historia que contiene. En ese primer capítulo los cuatro hermanos son retratados con mucha efectividad. Primero, “el elegido” o al menos el que cree ser el elegido y no ha dudado en presentarse como tal en sociedad para rápidamente encontrarse con que esa identificación no supone ninguna seguridad. Más tarde entra en escena el hermano que dejó la empresa porque buscaba una vida más cercana a la naturaleza y vive en un rancho ecológico donde impulsa sus sueños de hippie con dinero para despilfarrar. También está la hermana que se dedica a la política y parece no querer volver a la empresa a no ser, claro, que se la den toda a ella. Finalmente tenemos al hermano descarrilado que desdeña el poder y rápidamente demuestra que lo único que le interesa de la vida es justamente el poder.

    Todos tienen algo de patético y al mismo tiempo se los ve tan descarrilados y desesperados por alcanzar algo que les ayude a convertirse en alguien que se vuelven tiernos y dan ganas de tratarlos de “pobre gente”. En medio de esa lucha, la trama melodramática incluye a la actual pareja del millonario (una mujer de origen latino, obvio) que lejos de ser la “mosquita muerta” que los hijos imaginan, podría ser o la principal aliada en el juego enfermo del patriarca para alimentar la disputa entre los hermanos, o una especie de manipuladora perfecta que se va a quedar con todo.

    Además de ella hay una larga lista de personajes cercanos a la familia que se vinculan a la historia con la única aspiración de quedarse con una parte del poder que el patriarca parecía querer dejar y que, a medida que avanza la trama, queda demostrado que no tiene ningún interés en perder.

    Entre esos personajes aledaños se destacan el novio de la hija, sumiso con el padre y entregado con la novia, pero prepotente y hasta violento con los empleados; también los miembros del Directorio que no sólo esperan la muerte del millonario sino la caída de sus hijos para poder quedarse con todo. Además, todos los empleados que parecen vivir colgados de lo que ese hombre que les da de comer les puede otorgar para lograr algún tipo de ascenso social. Finalmente la larga lista de empresarios que ofrecen ayudar a la empresa en crisis con el único objetivo de apoderarse de ella.

    La serie tiene mucho potencial. Los personajes son atrapantes y resulta estimulante pensar en cómo seguirán desarrollándose. Quizás el gran desafío de los guionistas está en demostrar que podrán mantener la tensión entre esos cuatro sucesores sin que sus personajes queden enmarcados en la impresión inicial donde fueron presentados con tanta eficacia. Por otro lado, la pregunta es si la sucesión lanzada por el patriarca no se le volverá en contra si por alguna razón él decide “postergar” su decisión de abandonar la compañía.

    El poder es el control de la situación, decía un filósofo, y lo único claro en esta serie es que ninguno de los herederos controla nada y que el padre (aún inconsciente después de sufrir un derrame cerebral) los controla a todos ellos y a sus deseos, impulsos, odios y pretensiones.

    Succession llama a la reflexión. Por momentos parece que entre esos hermanos desesperados hay amor y complicidades más allá del poder, o que serán capaces de ponerse de acuerdo. Por momentos inclusive parece que las cosas podrían ser mucho más sencillas. Sin embargo, en esta trama el universo es complejo porque se desarrolla en el seno de una familia y, como decía Cortázar, “uno ya sabe lo que son las familias…”.

     

    La serie es protagonizada por Brian Cox, Jeremy Strong, Hiam Abbass, Sarah Snook, Kieran Culkin, Alan Ruck, Nicholas Braun, Matthew Macfadyen, Natalie Gold, Peter Friedman y Rob Yang.

    SUCCESSION fue creada por Jesse Armstrong, quien también escribió el piloto dirigido Adam McKay. Los productores ejecutivos son Jesse Armstrong, Adam McKay, Frank Rich, Kevin Messick, Will Ferrell, Jane Tranter y Mark Mylod; Armstrong es también showrunner de la serie.

    Presentada y distribuida por HBO . Para verla en HBO GO | COLSECOR Play

     

  • La integración cooperativa, clave de la nueva plataforma móvil de contenidos Sensa

     

    Editorial | Agosto

    Revista COLSECOR

     

    En todo el mundo crece cada vez más la tendencia de los usuarios a consumir contenidos de distinto tipo mediante un sistema de multiplataforma que incluye a los dispositivos móviles (celulares y tablets), a las computadoras de escritorio y a la televisión tradicional.

    Específicamente, en el transcurso de los últimos años se ha registrado un incremento de los consumos efectuados solamente a través de móviles. Este año, por ejemplo, esta forma de acceder a distintos tipos de información alcanzó a 30 por ciento de la población mundial. En la misma línea, el entretenimiento y el video prosperan en estos dispositivos con un crecimiento exponencial entre 2017 y 2018.

    Reconocer estas transformaciones en la industria de la distribución del contenido es fundamental para el movimiento cooperativo argentino hoy, ya que éste se constituye como uno de los prestadores de servicios audiovisuales más importantes del país, sobre todo en las comunidades donde no llegan ni el Estado ni los operadores lucrativos.

    La importancia de estas reflexiones radica en poder entender hacia donde evoluciona el mercado y, a partir de allí, afrontar el desafío de reconvertir las alternativas que se ofrecen a los asociados en cada localidad que deben ser acordes con las nuevas modalidades de consumo que presenta la población.

    En esta línea, fruto de un auténtico esfuerzo de integración cooperativa entre alrededor de 270 entidades que se desempeñan en todo el país, COLSECOR lanzó a finales del mes de junio la nueva plataforma móvil de contenidos Sensa. La aplicación es una propuesta de calidad que posee todo lo necesario para destacarse en un mercado altamente competitivo. 

    Actualmente, la plataforma está disponible en Google Play Store para Android, a partir de la versión 4.0 y, próximamente, también podrá descargarse desde la App Store para el sistema operativo iOS. Además, será compatible con Chromecast para acceder a los contenidos desde la TV.

    Sensa ofrece la posibilidad de ver de una manera sencilla e intuitiva más de 80 señales en vivo y, prontamente, alrededor de 1000 contenidos on demand, con estrenos mensuales. Además, la plataforma se adapta a la conexión y al dispositivo del usuario; posee un buscador que permite encontrar las películas, series o programas favoritos; y posibilita crear usuarios con control parental; entre otras funcionalidades.

    Sensa fue desarrollada por COLSECOR con la velocidad que hoy requiere el proceso de convergencia digital que existe a nivel mundial. La idea tomó forma a partir de octubre de 2017 y, luego de su reciente lanzamiento, ya tiene usuarios en distintos puntos del país.

    Este desarrollo es posible con el aporte de todas las entidades que conforman COLSECOR y es un paso decisivo en la evolución de la disponibilidad del contenido para miles de habitantes del Interior de Argentina.

    Sensa también representa un logro trascendente para el cooperativismo nacional que, mediante esta nueva propuesta, se posiciona una vez más a la vanguardia de la industria del contenido y el entretenimiento, mediante un modelo de negocio competitivo, sostenible y solidario.

     

     

  • La leyenda continúa

    La Generación Dorada, el mejor equipo de la historia del deporte argentino, dejó un legado que Scola y los nuevos jugadores buscarán mantener en el Mundial de básquet en China. Fundamentos para creer.

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    "Pretender que Argentina vuelva a tener una Generación Dorada es pensar que Dios es argentino".

    Por demostrar que un equipo siempre está por encima de todo en una evidencia que debería aplicarse a cualquier actividad. Por dejar en un rincón del vestuario el lucimiento personal en función de lo colectivo (claro, si lo colectivo necesitó y necesita de ese ego ahí estuvo y estará). Por ser un puño apretado y unido. Por sentido de pertenencia. Por haber sido el primer equipo en ganarle al Dream Team estadounidense. Por un título olímpico y un subcampeonato mundial. Por un legado.

    La Selección Argentina de básquet de Ginóbili, Scola, Nocioni, Oberto y todos esos monstruos fue la mejor Selección Argentina de la historia de cualquier deporte. Y aunque los hechos, en varios sentidos, desnudan que Dios no es argentino, solo basquetbolistas que mamaron todo lo anterior y que se criaron bajo aquel manual de acción pueden (intentar) emularlos.

    Argentina vuelve a un Mundial con Sergio Hernández una vez más como entrenador, con Luis Scola como sempiterno capitán y con un grupo de talentos que conocen perfectamente qué, cómo y cuándo hacerlo. Claro que ninguno es Ginóbili, pero Manu hizo escuela y sus pollos están en condiciones de actuar en consecuencia. De hecho, uno de los mejores deportistas de nuestra historia los alienta y mantiene una comunicación de manera constante.

    "Si como entrenadores estamos minuto a minuto repitiéndoles que Ginóbili jugaba mejor o que hay que volver a ganar esto y lo otro, contaminaríamos a un jugador joven que no puede estar preparado -ni debe estarlo, además- para asumir una presión tan grande y tonta. El objetivo no es copiar lo que hicieron todos esos monstruos y ahora tenemos cosas interesantes, con potencial real", asegura el Oveja, ese bahiense que respira básquet y equipo. El mismo director técnico que amplía su idea: "Acá parecía que luego de la Generación Dorada iba a resultar imposible competir a nivel internacional y a mí no me gustan mucho las comparaciones. Soy de la época de Marcelo Milanesio y el Pichi Campana y se decía que no iban a salir basquetbolistas como ellos. Aparecieron Ginóbili, Nocioni, Oberto... ¿Entonces? La clave está en trabajar, en entrenar y más que nada en tener un proyecto desde las divisiones formativas". Facundo Campazzo, Nicolás Laprovittola, Lucio Redivo, Luca Vildoza, Nicolás Brussino, Marcos Delía, Gabriel Deck y Javier Saiz son los nombres que se transformaron en mucho más que un proyecto: son la más pura realidad de cara al Mundial de China.

    Otra frase de Hernández sirve para entender y explicar cómo vive, se forma y se alimenta el seleccionado de básquet. "Admiro profundamente a los jugadores de este grupo, especialmente en estos momentos en los que predomina el egoísmo y la necesidad de protagonismo en la sociedad misma. En el último partido clasificatorio rumbo a la Copa del Mundo, les dije que dejaron la vida, que fueron comprometidos y disciplinados y tuvieron un compromiso espectacular aun sabiendo que no iban a ser convocados para jugar en China. Se comprometieron con la camiseta, con el proceso y con el deporte, hicieron un gran esfuerzo y por eso también estoy orgulloso".

    El sorteo fue ameno para la Argentina. Por los rivales iniciales y porque en la siguiente instancia se emparejará con los del Grupo A (China, Venezuela, Costa de Marfil y Polonia). En la Zona B tendrá enfrente a Rusia, Nigeria y Corea del Sur. Los rusos son una potencia sin jugadores NBA pero con nombres pesados como Shved, Antonov, Vorontsevich, Kurbanov y Kulagin. Los africanos dependerán en gran parte de las presencias de sus NBA, como Metu y Okogie, sostenidos por Al Farouq-Aminu. Mientras que los coreanos tienen como principal figura a Guna Ra, un estadounidense que se llama Ricardo Ratliffe y se nacionalizó.

     

    El gran capitán

    Scola, superprofesional, llega listo a un país donde es querido y respetado. Se entrenó hasta en un campo para dar el ejemplo. 

     

    "Luis es un jugador increíble, un líder y un capitán fantástico. Su amor por la Selección resulta asombroso y se transformó en un ejemplo para los jóvenes. Es una leyenda". Nicolás Laprovittola refleja lo que siente el grupo por Scola. "Tenemos la suerte de tener un capitán como Luis. Él les enseñó a todos la diferencia entre la alta competencia y el alto rendimiento", certifica Sergio Hernández.

    Y el tipo actúa en consecuencia. Desde que jugó con Yao Ming (hoy cara visible del Mundial) en Houston Rockets de la NBA, Luifa es una debilidad para el público chino. En 2008, luego de los Juegos Olímpicos, se quedó una semana allí para filmar publicidades y descansar con su familia. Ahora vive en China porque juega en el Shanghai Sharks. Después del cierre de la liga local, Scola viajó a la Argentina, se instaló en un campo que tiene en Castelli -provincia de Buenos Aires-, se llevó al especialista en técnica individual Mariano Sánchez y al preparador físico Marcelo López y trabajó durante un mes en una exigente pretemporada. A los 39 años, sabe que será su último Mundial, es consciente de que deberá fajarse con basquetbolistas más jóvenes y quiere rendir una vez más con el seleccionado. No rendir y no ser competitivo es algo que el eterno número cuatro no se perdonaría más allá del resultado final.

    Scola fue piedra basal de la Generación Dorada. No faltó nunca cuando lo citaron de la Selección. Siempre tiró del carro colectivo a partir de su calidad y jerarquía individuales. Mostró una inteligencia por encima de la media. Vio cómo sus históricos y legendarios compañeros se retiraron y él sigue: ahí está, intacto, motivado y -por supuesto- preparado para un nuevo desafío.

    En este contexto, es para ilusionarse lo que dice. Porque cuando Scola se manifiesta públicamente, no lo hace en vano. "El equipo del 2001 tuvo un nivel de juego que nunca más conseguimos y tiene muchas similitudes con el que ahora jugó las Eliminatorias y también la Americup: el anterior ganaba los juegos por 30 puntos y los rivales no le competían un solo cuarto. Por supuesto que podemos perder partidos y también bajar el nivel, pero sucede lo mismo en la actualidad. Por eso veo muchas similitudes. Por supuesto que esto no quiere decir que vamos a jugar la final del mundo en China, para nada, no es mi intención manifestar algo así. Simplemente significa que ahora veo cosas parecidas a lo que fue el puntapié inicial de la Generación Dorada".

     

    "En una Copa del Mundo es imposible hablar de adversarios fáciles. Antes que nada porque no los hay y después porque te fajás en un solo partido. A veces, en un juego no gana siempre el equipo que es superior y sí el que mejor jugó o estuvo menos mal esa tarde o noche. En lo particular, Rusia es una potencia y siempre es candidata para acceder a las semifinales. Nigeria, en tanto, es muy superior a los nuestros en cuanto a lo físico y mejoró mucho desde lo táctico, con basquetbolistas en Estados Unidos y Europa, pero de todas formas estamos por encima por nivel de juego y jerarquía individual. Finalmente, Corea puede ser complejo ya que son corredores, verticales, intensos y tiradores: debés estar preparado para enfrentarlos porque, además, juegan siempre igual independientemente del resultado".

    En general da gusto escuchar o leer (en este caso) a tipos como Sergio Hernández. En el deporte, la costumbre es escuchar declaraciones de entrenadores de fútbol que, en la mayoría de los casos, esconden más de lo que muestran. El Oveja no lo hace, dice las cosas por su nombre y no teme quedar preso de sus palabras. "Mi impresión es que estamos para clasificarnos para después cruzarnos con rivales ante los que también tendríamos alguna que otra chance. Y es algo realmente importante porque este Mundial te clasifica a los Juegos Olímpicos. Los dos mejores de América van a Tokio 2020 y les adelanto que el campeón mundial será Estados Unidos". Esa selección de estrellas de la NBA juega a otro deporte, claro. Debe readaptarse un poco a las reglas FIBA (las que rigen la Copa del Mundo), pero como las pelotas son iguales y los aros miden lo mismo, la adaptación al nuevo escenario es casi inmediata.

    España, Francia, Croacia y Serbia aparecen como otras formaciones siempre importantes, con chapa de candidatos en un torneo que ha modificado su realización. Si en España 2014 fueron 24 los clasificados, ahora son 32. Si antes eran seis grupos de cuatro equipos cada uno, ahora son ocho las zonas. A la segunda fase se clasificarán los dos primeros, que se agruparán en otros cuatro grupos arrastrando puntos de la etapa inicial. Y de ahí saldrán los ocho mejores.

    La ilusión argentina empezará en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, una ciudad con 10 millones de habitantes si se considera el área metropolitana. El primer partido es el sábado 31 de agosto, a las 9.30 horas de nuestro país ante Corea; la secuencia continuará el lunes 2 de septiembre, a las 5.30, frente a Nigeria, y cerrará la fase de grupos el miércoles 4, a las 9.30, contra Rusia. "Acá ocurre lo de siempre. Antes con la Generación Dorada y ahora con esta camada, el objetivo es jugar al más alto nivel, ser competitivos en todo momento y como objetivo primordial superar la primera ronda. Desde ahí en adelante, en torneos cortos como este, podés tener una noche buena y te vas para arriba, aunque te toca un mal día en el que la pelota no entra y te volvés a casa. Y yo confío en mis jugadores, pero más que nada en mi equipo", cierra Hernández. No hay argumentos que lleven a no creerle: el pasado y el presente lo avalan.

     

     

     

     

  • La política en las redes sociales: de la satisfacción irracional al lazo social

    Luz Saint Phat | periodista 

    Cada vez más estas todavía novedosas plataformas de contenidos son utilizadas para plantear debates, visibilizar causas sociales o realizar denuncias. Aportes del psicoanálisis para pensar un fenómeno contemporáneo, cuyo efecto sobre lo real aún está en discusión.

  • Oficios | Las horas contadas

    Aunque el avance tecnológico de los teléfonos celulares amenaza con ponerlos al borde de la extinción, los relojeros se las ingenian para resistir el embate. La reputación y la experiencia son claves para continuar vigentes.

  • Patrona de patronales

      

    Por Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador

     

    Entre el 9 y el 18 de agosto de cada año, más de 100.000 personas llegan a Villa de Soto para conmemorar el onomástico del patrono San Roque; aquel que nos libra de las pestes, las epidemias, las falsas acusaciones, las mordidas de perros y hasta de los sobreprecios del infierno inflacionario.

  • San Martín, señalado por la historia y la libertad

    Es el máximo habitante del Olimpo argentino y, junto a Bolívar, el gran héroe americano. Cada vez que regresa agosto su figura se proyecta en lo alto de los Andes. Fue nuestro gran intérprete de la hora libertaria, del anhelo de independencia.

      

    Por Alejandro Mareco| Periodista

     

    Con el mismo sigilo con el que caía aquella noche temprana de julio sobre Yapeyú, atravesamos las calles quietas hasta llegar al lugar señalado, algo así como el sitio de la epifanía argentina y americana: la casa natal de José de San Martín. 

    El aire del pueblo todavía estaba estremecido por la espesura fría de la garúa. Pero había algo que estremecía más, como el presentimiento de una emoción profunda que daba vueltas en el pecho. 

    La casa natal contorneada de luces al final de la penumbra ya traía zozobra a las sensaciones. Pero fue en el interior de la otra casa, la de piedra que está al lado, que entre souvenirs y otros testimonios se confirmó la conmoción. 

    Una frase escrita de puño y letra por el Libertador sobre una hoja enmarcada y colgada en la pared, lo decía todo: “Seamos libres y lo demás no importa nada”. 

    Ese repentino estado de conciencia emocional sobre lo que representaban esas palabras, ese nombre y ese hombre en la fundación de un destino argentino y americano -para uno, sus antepasados y sus descendientes- suele ser un asunto de lágrimas comunes.

    José Ramón Lugo, entonces guía del lugar y un yapeyuano de pura cepa sanmartiniana, nos contaría cómo algunos de los miles de ojos que llegan sedientos acaso sólo por guardar unas fotos más en la memoria, de pronto empiezan a ver con el corazón y las miradas se enturbian, se empañan de otra garúa, la sentimental. 

    “Uno ve cómo la gente se emociona, incluso hasta el llanto. Es muy fuerte. Nosotros, los yapeyuanos, que estamos parados sobre la historia, no tenemos una dimensión precisa del sentimiento del visitante. A través de la expresión de los rostros, apenas si podemos calcular lo que están sintiendo”, nos decía.

     Allí, en ese rincón bajo el cielo correntino, el 25 de febrero de 1778 nació San Martín. En 1784, seis años después, se fue a vivir con su familia a España, y recién regresó en 1812 a Buenos Aires, con 34 años y al cabo de haber alcanzado el grado de teniente coronel en el ejército español. Pero venía a combatir por la causa americana, y así lo haría, hasta que después de liberar a Chile y Perú, garantizando así la libertad argentina, volvería a Europa en 1824. 

    Es decir, el máximo héroe de nuestra historia, el gran prócer fundacional americano y argentino, sólo vivió 18 años en este continente, incluyendo los seis de su infancia correntina. Puede parecer que el lejano ayer, un tiempo inaugural como de leyenda, es la sustancia de los héroes de la historia. Pero su condición esencial, la “inmortalidad” de la que se habla, es haber alcanzado la consistencia de persistir en un presente constante. 

    Convivimos con el nombre de San Martín en pueblos, ciudades, calles, teatros, cines, clubes, instituciones de todo tipo, con su cara en monedas y billetes (su rostro anciano ilustró el billete mayor emitido en estas tierras, el de un millón de pesos ley 18188), al menos hasta que llegaron los ahistóricos animales a dibujar nuestro dinero. 

    Su imagen sobre el caballo con el brazo y el dedo índice apuntando al cielo de la libertad, de la patria, está señalando el cielo del destino en decenas de plazas argentinas. 

    Y en estos confines del sur, mientras los vientos de agosto hacen que el invierno se meta en los huesos; en las aulas, sobre los renglones de los cuadernos, en la solemnidad de los actos escolares, se alza la figura de aquel gigante conquistando la eternidad de las nieves de los Andes, la eternidad de la memoria nacional.

     

    Héroe americano 

    Esa figura  de San Martín, cargada de dimensión mítica e idealización sobrehumana, ocupa el sitio más alto en el Olimpo de nuestros próceres. Su dimensión es mayor aún puesto que tiene estatura continental: junto con Bolívar, es el campeón de la libertad sudamericana. 

    Es decir, antes que nada, fue un héroe americano, pues no estaba en su concepción histórica ni política la fragmentación en todos estos países que surgieron como resultado de la puja de intereses de las oligarquías regionales. 

    “Bolívar y San Martín realizaron la unidad de la América latina, antes de formular la teoría de la unión”, ha dicho José María Torres Caicedo, escritor colombiano. 

    Es que “San Martín había asumido la misión de sustantivar la idea de Provincias Unidas de Sudamérica, emergente del acta de Tucumán. Y estaba dispuesto a lograr su objetivo malogrado por las escisiones, los localismos y los intereses partidarios. Para él no había más partido que el ‘americano’ ni más objetivo que la unificación nacional de Sudamérica independiente. Todo lo demás era accesorio y secundario”. Así lo refleja A. J. Pérez Amuchástegui, en su libro Ideología y acción de San Martín. 

    Esa dimensión sanmartiniana es parte también de una convención, de una mirada histórico-política que lo puso en ese sitial de máximo referente, “Padre de la patria” aceptado por todos. 

    “San Martín encarnaba la ideología de toda la revolución americana, en su condición de político militar desvinculado de los ganaderos y comerciantes”, sostiene Jorge Abelardo Ramos en su mítica obra Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. 

    En este punto de vista se encuadra su frase: “Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas”, según una carta que le escribe al caudillo santafecino Estanislao López. 

    Esta posición tenía que ver con negarse a combatir a los caudillos del Litoral y a los gauchos en armas de las montoneras según las órdenes de Buenos Aires, que lo quería activo en ese derrame de sangre propia antes que en la guerra por la libertad americana. 

    Su gran y genial desobediencia en 1819 a la orden de regresar de la campaña de Chile para aplastar al Litoral, lo puso en otro plano, más allá de la pequeñez del combate entre hermanos. A la altura de su trascendencia continental. 

    El otro gran patriota y uno de nuestros máximos héroes, Manuel Belgrano, en tanto, no pudo sustraerse y, ya gravemente enfermo, obedeció el mandato para regresar desde el norte a Buenos Aires para luchar contra los federales. En el camino de vuelta con sus tropas, el 8 de enero de 1820 se produjo el motín de Arequito, encabezado por los oficiales Juan Bautista Bustos y José María Paz que se negaron a ser parte de esa misión.

      

    LA GENIAL DESOBEDIENCIA   

    En enero de 1817, San Martín emprendió su campaña libertadora con la extraordinaria organización del cruce de los Andes, y dos años después, en 1819, Buenos Aires le ordenó regresar para arrasar a los caudillos del Litoral.

    Pero no obedeció, y así pudo sustraerse de combatir en favor del bando que comandaría Bernardino Rivadavia, su gran enemigo en estas tierras.

    “Todo era cuestión de aplazar un año la frenética ambición de expedicionar sobre el Perú que lo devoraba. Con sus tropas unidas al Ejército de Tucumán y a las de la Capital, podría haber concentrado diez mil hombres sobre Santa Fe y Entre Ríos y ahogar en el Uruguay (...) todos los caudillos montoneros sin dejar uno solo capaz de caminar sobre sus dos pies”, escribió el historiador Vicente Fidel López.

    Cuando estaba a punto de regresar definitivamente del Perú, Estanislao López le manifestaría en una carta:

    “Sé de una manera positiva, por mis agentes en Buenos Aires, que a la llegada de V.E. a aquella Capital será mandado a juzgar por el gobierno en un Consejo de Guerra de Oficiales generales, por haber desobedecido sus órdenes de 1819 haciendo la gloriosa campaña de Chile, no invadir Santa Fe, y la expedición libertadora del Perú. Para evitar ese escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y la del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes que se hallaba en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que a un solo aviso estaré con mi provincia en masa a esperar a V.E. en el Desmochado para llevarlo en triunfo hasta la Plaza de la Victoria”.

    Pero San Martín llegó sigilosamente a Buenos Aires en enero de 1824, recogió a su hija Merceditas y también sigilosamente se fue a Europa, donde permaneció hasta su muerte en  Francia, el 17 de agosto de 1850.

    Nunca fue sencillamente un guerrero retirado: es que su nombre, su figura sería siempre emblema de la causa americana.

     

    Lucidez, convicción, ardor 

     Era así de sencillo: o éramos todos libres o no lo era ninguno. Como San Martín  lo decía claramente en aquellas palabras colgadas en Yapeyú. Por eso tanta conmoción: la gigante determinación de aquel hombre que había nacido en ese rincón correntino nos dio identidad y destino. 

    “Seamos libres, lo demás no importa nada”. Esas palabras eran algo más que teoría o ideología: era la realidad puesta en términos concretos, en la encrucijada del momento y como resultado de una identidad recién amasada en tres siglos de colonialismo y milenios de existencia originaria. 

    O América daba una respuesta unísona al llamado de la historia, o no sería jamás. 

    Es difícil de comprenderlo en su estatura humana. Montado en el bronce y su nombre multiplicado en toda la toponimia del país, también se ha diluido su esencia de revolucionario americano y de hombre de intensa vocación política. 

    Hay momentos en los que la fuerza y la dimensión del llamado de la historia hacen que los hombres y las mujeres (que colaboraron activamente con San Martín en Mendoza) ofrenden sus suertes personales en aras de un anhelo superior, de un gran  sueño colectivo. 

    Quizás una de las maneras de sentirse parte de aquella gesta libertadora, de aquellas generaciones que persiguieron el sueño, es asumir que San Martín no fue un mesías ni un hacedor individual de la historia, pues a la historia la hacen los pueblos. 

    Por convicción, lucidez, ardor y valentía fue el hombre señalado para ponerse al frente de un pueblo que deseaba tanto la libertad y la independencia que no vaciló en regar de sangre estas tierras, sabiendo que sólo así era posible una patria verdadera. Y con ella, una mejor existencia en valores, derechos, cultura y recursos propios para sus hijos y los hijos de sus hijos. 

     

  • Socios del ritmo

     

    La consagración nacional les llegó cuando eran veteranos de la música tropical y ya habían puesto a bailar a varias generaciones de santafecinos. Con casi 50 años de trayectoria ininterrumpida siguen saliendo de gira.

  • Tecnoadicciones: cuando estar online es más que un juego

     

    La relación de dependencia que pueden crear los sujetos con los objetos tecnológicos se encuentra en el centro de atención de quienes trabajan hoy en el campo sanitario. Aportes del psicoanálisis y observaciones de la neurobiología para comprender el fenómeno.