• “Alfonsín fue una excepción en la historia radical de los últimos 50 años”

    Entrevista a Jesús Rodríguez 

     

     

    Está en el reducido grupo de radicales que no duda en tildar como positivo el balance de la alianza con Mauricio Macri, dice que la UCR sigue siendo un espacio progresista y hasta se anima a pronosticar un futuro en el que capture la comandancia de Cambiemos, el lugar que desde hace tres años el PRO controla con mano de hierro. “Hoy no hay un radical que lidere la coalición pero muy probablemente lo haya en 2023”, dice. A 10 años de la muerte de Raúl Alfonsín, con un partido que no logró nunca reemplazar su liderazgo, Jesús Rodríguez traza una línea directriz que une el regreso de la democracia con este presente a puro sacrificio, gobernado por el ajuste y la recesión. El exministro de Economía que asumió a los 34 años, en medio de la hiperinflación y con Carlos Menem ya electo, hoy ocupa un sillón en la Auditoría General de la Nación, es vicepresidente de la Internacional Socialista y conduce el espacio de la Fundación Alem, el think tank que acerca propuestas a la Casa Rosada con un éxito discutible. Aún con matices con respecto a la “política new age” que incuba el núcleo duro del macrismo, piensa que el actual es el único camino.

     

     Por Diego Genoud | Periodista 

    Juan Casas | Fotógrafo

     

    ¿Cuál es la línea que lleva al radicalismo de Alfonsín a Macri?

    –Alfonsín fue el abanderado de la inauguración democrática y el camino que la sociedad eligió para evitar el ejercicio populista en Argentina. Después de Alfonsín, tuvimos una experiencia populista de 10 años con Menem y una de 12 con Kirchner, el experimento político más extenso desde 1930. Con el mejor contexto internacional posible, mayorías parlamentarias y apoyo mediático, social y productivo, se fue con uno de cada tres argentinos bajo la línea de pobreza. El hilo conductor entre Alfonsín y la experiencia Cambiemos es la voluntad de construir una opción política que evite la continuación populista.

     

    Más allá de las diferencias entre Menem y Kirchner, ¿por qué encarna y funciona el populismo en Argentina?

    –América Latina vive una tercera ola populista. En los ‘40, vino de la mano de variantes nacionalistas; en los ‘90, estuvo acompañada por una práctica neoliberal y hoy tiene una visión más estatista que neoliberal. Pero es la misma esencia, que es el desapego de la democracia representativa y la división de poderes. Fujimori y Maduro, más o menos lo mismo. ¿Por qué no hay populismo en Uruguay y en Chile? Porque hay un Estado que funciona, respeto a la ley de los ciudadanos, un sistema con partidos y una cultura del acuerdo y el compromiso entre los actores. En cambio, acá está la anomia boba de la que habló (Carlos) Nino.

     

     –¿El radicalismo en sus orígenes no era también el nombre del caudillismo y el populismo?

    –Sí, sí, por supuesto. Evolucionó con Alvear, con Yrigoyen, con Frondizi, con Illia y con Alfonsín. Pero el radicalismo reivindicó el partido desde siempre. El partido no es el representante del pueblo, es una fracción de la sociedad y hay otras visiones políticas. La Argentina, en definitiva, tiene dos almas: una más atlántica, cosmopolita republicana y otra más populista, movimientista.

     

     También están -dentro y fuera del Gobierno- los que ven al radicalismo como parte de la vieja política.

    –Está claro. Si no, cómo se entendería la emergencia de figuras antisistema como se ve en lugares de Europa y América Latina, ante la frustración social, el desencanto y la desilusión.

     

    Sufrir el poder 

     

    Dijo en una entrevista con Clarín que el radicalismo sufre el poder.

    –Sí, eso dije.

     

    Pero al mismo tiempo reclama mayor participación y más poder.

    –El radicalismo rechaza las supuestas ventajas del poder y se siente incómodo, no disfruta el ejercicio del poder porque ve la desigualdad y todo lo que falta. Pero al mismo tiempo, como corresponde a un partido político, aspira a influir en las decisiones, algo que no se traduce en un puesto en un banco.

     

    ¿Por qué no existe hoy un jefe radical?

    –Alfonsín fue una excepción en términos de la historia radical de los últimos 50 años. A Balbín se le disputaba la conducción, no era aceptado unánimemente. Frondizi, Yrigoyen, Alvear y tantos otros... A pesar de eso, Alfonsín también tuvo cuestionamientos internos. El discurso de Parque Norte fue cuestionado por muchos radicales.

     

     –Hoy parece que se administra la heterogeneidad radical.

    –Difícil que no exista esa heterogeneidad cuando se da en la sociedad. Salvo la figura de Cristina Kirchner, que tiene su base social, no parece haber liderazgos políticos tan consolidados en Argentina. El radicalismo necesita un liderazgo institucional que sea capaz de construir los espacios para procesar las diferencias. No esperaría al Mesías.

     

    Después de 2001 ¿la UCR se ve condenada a ser socio menor o piensa que puede superar esta etapa?

    –Vivimos una época de coaliciones. En Uruguay, en Brasil, en Chile, en Argentina. El último presidente de un solo partido que tuvimos fue Alfonsín. El radicalismo estará en condiciones de liderar Cambiemos tal vez para la elección de 2023, con gobernadores con experiencia y con gestión. 

     

    Usted dice que el radicalismo crece con Macri, pese a todo.

    –Tenemos un papel en el Congreso, las gobernaciones, las intendencias y las legislaturas que es extraordinariamente más relevante de lo que era hace tres años y menor a lo que será en el futuro. Visto desde esa perspectiva, el saldo es absolutamente positivo para el país y para el partido.

     

      


     

    “El liderazgo de Alfonsín fue una excepción en términos de la historia radical de los últimos 50 años. Salvo la figura de Cristina Kirchner, no parece haber liderazgos políticos tan consolidados en Argentina. El radicalismo necesita un liderazgo institucional que sea capaz de construir los espacios para procesar las diferencias. No esperaría al Mesías”.


     

    Sacrificio new age

     

    ¿El radicalismo asume una postura refractaria al populismo de turno?

    –Si el populismo es neoliberal, el radicalismo es progresista y viceversa. Yo creo en una democracia republicana con una economía mixta de base capitalista. Tuvimos gasto público récord con presión tributaria récord. Si me decís que está bien porque es popular que las tarifas estén atrasadas y haya un subsidio, yo cuestiono eso.

    ¿Les ofrecen a sus votantes de clase media una larga temporada de sacrificio, con el aliciente de que las instituciones funcionan?

    –No. Es así. La hipoteca que nos dejó el populismo, a pesar de disponer de una extraordinaria cantidad de recursos, agigantó los problemas de Argentina. En nuestra concepción, las instituciones explican buena parte del fracaso económico. Para otros, esto es una demostración pequeñoburguesa o es un vicio democratista.

     

    El Gobierno dice que la única alternativa era ajuste, devaluación, recesión y monitoreo del Fondo Monetario Internacional.

    –¿Alguien podía pensar que se podía seguir viviendo con un déficit fiscal del 7 o el 8 por ciento? El déficit se puede financiar con emisión, aumento de los impuestos, endeudamiento interno o endeudamiento externo. El tema es cómo hacemos para marchar a un reequilibrio de las cuentas fiscales y el sector externo que permita recuperar el crecimiento. Y si viene Kicillof, también va a tener que dar cuenta de eso.

     

    Dijo que la política new age desatendió los planteos de la UCR.  ¿Cuál es la diferencia central con el núcleo duro del PRO?

    –Todavía no está formulada la propuesta de Cambiemos. Para mí, es una coalición electoral como la actual pero una coalición de gobierno distinta, para buscar una mayoría política estable en el Congreso.

     

    ¿Implica un acuerdo con el peronismo?

    –En mi interpretación, sí.

     

     –¿Es una manera de reconstruir el bipartidismo?

    –Puede ser. Una bilateral donde no hay partidos sino coaliciones. Un sistema político de dos fuerzas coalicionales que le dé previsibilidad al funcionamiento político.

     

     –Mientras exista Cristina, parece difícil.

    –Eso teóricamente lo va a dilucidar la elección. Dependerá de cómo el peronismo procese su salida del gobierno, su conflicto interno, sus disputas y sus distintas maneras de ver las cosas.

     

     –Juan Carlos Torre sugiere que quizás al peronismo le llegó ahora su 2001.

    –Es posible que haya algo de eso. Si la pulsión populista amaina en Argentina, el peronismo probablemente se encamine a un formato de partido y menos movimientista. Sería deseable.

     

     –Un peronismo racional o prolijo.

    –Que tenga visiones distintas, que plantee desafíos nuevos y dé cuenta de los cambios que el mundo evidencia. Pero que abjure de esa idea de unanimidad, esa idea clerical de la política.

             

     

     La generación consumida

     

     –Moreau, Nosiglia, usted, Manzano, Grosso, De la Sota... ¿Qué quedó de esa generación de políticos que marcó el regreso de la democracia?

    –Hay una cuestión biológica también ¿no? Y de relevos generacionales que siempre son necesarios y bienvenidos.

     

     –¿Fue consumida por la crisis?

    –Es probable, sí, ¿por qué no? Hay momentos y hay demandas sociales que cambian y son distintas. Para un radical, no hay representación posible en una sociedad mayoritariamente frivolizada. Y si hay una sociedad que reivindica egoísmos y narcisismos y proyectos individuales y de salvadores providenciales, el radicalismo no será mayoría. Sus raíces culturales no conectan con esas demandas.

     

     –¿Por qué dijo que le da tristeza Moreau?

    –Me pone triste no compartir hoy la misma visión con una persona con la cual compartí muchos momentos difíciles, complejos y emocionantes.

     

     –Con Nosiglia, compartieron experiencias comunes, tienen una edad parecida y están en Cambiemos, pero tienen visiones antagónicas.

    –Hemos tenido coincidencias y desencuentros de miradas políticas, hacia el radicalismo y del radicalismo hacia otros actores. Es así el recorrido de una vida política en el radicalismo. Yo creo que Cambiemos es la opción política que la Argentina nos demanda hoy. No todos piensan lo mismo.

     

    Progresistas o posmodernos

     

    ¿El radicalismo se considera todavía parte del progresismo o ya no?

    –Si el progresismo se propone una democracia moderna e igualitaria, con libertad para desarrollar potencialidades, integrado al mundo, el radicalismo sin dudas es una expresión progresista. Puede que haya otras, pero esta es nuestra mirada. Formamos parte de una coalición donde no todos piensan lo mismo, hay visiones más tradicionales y más conservadoras.

     

     –Posmodernas también.

    –Ponele, lo cual no está mal.

     

    Esas visiones posmodernas dirían que el radicalismo es conservador.

    –Puede ser. Que el radicalismo es antiguo, dirían esas visiones posmodernas. No me perturba, si esa coalición tiene como objetivos fortalecimiento institucional, transformación productiva y progreso social.

     

    ¿Por qué?

    Mirá Chile y la Concertación. Hubo dos períodos de Democracia Cristiana antes de que llegara Lagos y Lagos fue ministro de Aylwin y de Frei. Y en la última experiencia con Bachelet coexistían la Democracia Cristiana y el Partido Comunista y nadie le pedía al otro que se hiciera creyente o ateo. En el Frente Amplio de Uruguay, también conviven marxistas declarados con cristianos asumidos y el Congreso votó la despenalización del aborto que fue vetada por Tabaré. En sociedades complejas y con muchos matices, las identidades no se dan como antes en función del lugar que tenía cada uno en el proceso de producción. Hoy pesan desde las preferencias sexuales hasta preocupaciones como la del cambio climático.

     

    La alianza UCR-Frepaso no sólo terminó mal sino que además se divorció. Una parte terminó en el kirchnerismo y la otra terminó aliada al macrismo. ¿Fue un malentendido?

    –No. Fue una coalición política que estuvo justificada históricamente por una situación dramática e inédita de la historia argentina, como fue la Convertibilidad, un grillete extremo. El problema de la frustración de la alianza no es ni su conformación ni el estilo de sus líderes, sino eso. 

     


    “El déficit se puede financiar con emisión, aumento de los impuestos, endeudamiento interno o endeudamiento externo. El tema es cómo hacemos para marchar a un reequilibrio de las cuentas fiscales y del sector externo que permita recuperar el crecimiento. Y si viene Kicillof, también va a tener que dar cuenta de eso”.


     

     –No planteó una alternativa.

    –No lo hizo porque no podía, porque las encuestas decían que había que mantener la Convertibilidad. Y el señor Kirchner no fue jefe de Gabinete de Rodríguez Saá porque no la mantuvo.

     

    Pero fue la alianza la que quedó prisionera de un esquema heredado.

    –Exacto, eso quiero decir. La frustración, el fracaso de la experiencia de la Alianza está explicada por la Convertibilidad.

     

     –Duhalde proponía la devaluación y perdió.

    –Sí, bueno.

     

     –Vuelve el nombre de Lavagna como candidato del peronismo. ¿Fue un error del radicalismo en 2007?

    –No. Fue una opción política frente a una circunstancia que, analizada en su momento, llevó a esa decisión.

     

     –¿Por qué hoy Lavagna no?

    –Porque no expresa la visión que hoy tenemos, de continuidad y de cambio dentro de Cambiemos, no de rechazo. 

  • “Los hombres son producto de una máquina social de producción de violencia”

     

     

    ENTREVISTA | Pionera en los estudios de género en la Argentina, la psicoanalista Irene Meler reflexiona sobre el “entrenamiento en la violencia” que atraviesa las relaciones sociales y destaca que los femicidas “son como el rostro que no queremos ver de nosotros mismos”.

  • Ciudadanos en busca de derechos digitales

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Inv. UBA, UNQ y Conicet

     

    La diseminación urbi et orbe de las tecnologías digitales que permiten comunicar volúmenes de información extraordinarios, junto con la transformación de los procesos productivos, afectan la organización de las actividades humanas donde para el ejercicio pleno de la ciudadanía es preciso redefinir los nuevos derechos comprendidos en las “sociedades informacionales”.

     

    El concepto de ciudadanía está en ebullición a raíz de la emergencia de la cultura digital. El ejercicio de derechos, el acceso a bienes y servicios y la creación de una institucionalidad que pueda contener la escala global de operaciones de las tecnologías digitales son cuestiones que desafían los marcos de regulaciones y el reconocimiento de derechos del mundo analógico. Hoy se expanden prácticas sociales (de producción, de consumo, de contacto y comunicación) masivas y personalizadas en red, constitutivas de un nuevo espacio público, pero hasta el presente hay pocos derechos consagrados para los usuarios, en general relativos a que reconozcan los derechos fundantes de la ciudadanía digital, así como su articulación con los derechos humanos y su proyección a los entornos digitales. 

    La ciudadanía está relaciona con el (y depende del) ejercicio de derechos. Para ello, los derechos estos deben estar previamente reconocidos y debe haber políticas que garanticen su concreción. Sin embargo, en el contexto de las llamadas “sociedades de la información” el reconocimiento de derechos y su promoción a través de políticas activas resultan tareas pendientes. Sobre todo en América Latina, región del mundo que se caracteriza por desigualdades que condicionan precisamente el ejercicio pleno de derechos sociales, culturales, políticos y económicos. 

    El ser ciudadano habilita a una persona o a un grupo social a participar activamente, con derechos y obligaciones, de determinada comunidad, generalmente nacional. En las últimas décadas, procesos de unificación geopolítica regional como en el caso de la Unión Europea, o de aceleración global de flujos económicos en el mundo (la globalización), motivaron debates fundamentales acerca de la constitución de ciudadanías supranacionales (la ciudadanía europea o la ciudadanía global). Desde luego que las redes digitales interconectadas en el mundo entero reforzaron estos debates, aún cuando no hayan madurado en instituciones planetarias capaces de contenerlos y de concretarlos. 

    Por cierto, el concepto de ciudadanía es problemático ya que no implica únicamente inclusión sino que, a la vez, regula el acceso. De hecho, en su versión tradicional la ciudadanía excluía (y en muchos países sigue excluyendo) a inmigrantes, menores de edad y a grupos que en algunos países son considerados “ilegales” como los refugiados y los llamados “inmigrantes económicos” o “sin papeles”. 

    Además de esa limitación inherente a la propia categoría, la ciudadanía está ligada a una comunidad de intereses de tipo cultural e histórico, en un sentido laxo, que el alcance global de las tecnologías digitales recombina en un formato original e inestable. El ejercicio de derechos en una demarcación geográfica está siendo cuestionado con la masificación de Internet y, de modo más abarcativo, con la aceleración de la globalización político-económica a partir de la década de 1990. 

    De su primera acepción afincada en el Ágora ateniense, el concepto de ciudadanía avanzó para comprender también derechos económicos y sociales. Sobre todo en los dos últimos siglos, la ciudadanía fue perdiendo su inicial carga reducida a la dimensión individual. Fue, pues, convirtiéndose en un concepto cada vez más social. Como dice el sociólogo Manuel Garretón, “en la actualidad, las relaciones de género, los medios masivos de comunicación, el medio ambiente y el lugar de trabajo han llegado a constituir nuevos espacios de discusión de los derechos de ciudadanía”. De modo que en la armonización entre la soberanía popular, la libertad y la igualdad ante la ley, la ciudadanía asume formas diversas. Ahora bien, ¿cuál es la ley del ciberespacio ante la que pueden reclamarse y ejercerse la libertad y la igualdad? ¿qué significa soberanía en entornos digitales? 

    La primera respuesta a estos interrogantes es que la regulación excede la sanción de leyes y, en consecuencia, la falta de regulación legal en las redes digitales es reemplazada con prácticas y con un régimen de propiedad que es concentrado, global, y que mercantiliza la lógica de funcionamiento de servicios y aplicaciones. Esta situación, sumada a las prácticas de vigilancia y controles ejercidas por agencias de seguridad y gobiernos, en muchos casos sin amparo legal, enfatiza la necesidad de pensar en los derechos de las ciudadanías digitales. Al no existir una “carta magna” sobre derechos en Internet consolidada a nivel mundial y al carecer de un poder instituido con legitimidad como para tomar decisiones que, a imagen y semejanza del Leviatán  del filósofo Thomas Hobbes, sean respetadas por el conjunto, el debate y las tensiones están a flor de piel. O, mejor dicho, a flor de red.

     

     

     Redes troncales submarinas de Internet

  • Cuando la Policía mató a los cooperativistas

      

    En 1974 un grupo de policías cordobeses protagonizó una masacre contra un grupo de cooperativistas.

    El hecho anticipaba el terrorismo de Estado y todavía continúa impune.

  • Desarrollo local

     

    Editorial | Revista COLSECOR, marzo 2018

     

    Es el contexto sobre el que trabajan nuestras cooperativas asociadas a COLSECOR. Es el territorio donde hablan los beneficios tangibles que podemos generar como entidad de integración, para que se transformen en hechos que construyan progreso.

    Nuestros pueblos han sido capaces de enfrentar el futuro porque comprendieron que el cooperativismo era la salida de emergencia para sostenerse y poder crecer. No es menos cierto que, desandando aquellas decisiones de solidaridad creativa, no aparecían en el horizonte muchas otras opciones razonables.

    La sensación del deber cumplido de aquellos tiempos nos tiene que dinamizar las capacidades de respuestas ante la actualidad que entraña un peligro mayúsculo: las pequeñas y medianas comunidades se están despoblando. Los grados de afectación del fenómeno se extienden y lo peor es que no hay una discusión publica que nos permita advertir la crisis que ya la tenemos encima.

    Seguramente reviste poca importancia el tema cuando lo que se mira prioritariamente son los grandes conglomerados de personas en Argentina. Mientras se dejen a los pueblos librados a su suerte y no se distingan en el campo de los problemas sociales tanto las causas para corregirlas como los efectos para revertirlos, vamos a seguir en la simplificación de los debates como Nación.

    Tenemos pobreza porque obtenemos pobres avances en educación. Los seguimientos de las políticas públicas con una enorme burocracia estatal vuelven casi imposibles las correcciones permanentes y la comunidad educativa se entumece ante el discurso político correcto porque no puede pasar a las acciones. Explota la inseguridad en las ciudades porque el delito opaca el trabajo y la droga inunda las calles. Nos alejamos de la realidad con adicciones y somos cada día, más violentos. Ninguna de las observaciones que caracterizan el momento son un mundo aparte, todo lo contrario, expresan un sistema de decadencia traumática.

    Es definitivamente más difícil, resolver problemas en las voluminosas magnitudes poblacionales. Mientras no se promuevan los desarrollos de las localidades de menos de cien mil habitantes, vamos a continuar horadando esos pedazos de suelo argentino para que sea tierra de nadie. En simultaneo, la gran mayoría de los argentinos continúan agolpándose en la estrechez de los conurbanos que no permite las libertades y estruja el futuro de millones de ciudadanos.

    No vamos a poder tener una mejor persona si primero no intentamos hacer una sociedad más justa y equilibrada. El cooperativismo representa un modo de organización económica y social que va en esa dirección y el Estado tiene que tender a promover mejores condiciones de integración social en aquellos lugares donde puede haber más eficacia y eficiencia en cuanto a la inversión de los recursos de todos.  

     

  • El confuso camino hasta octubre, empedrado de decisiones provinciales

     

    Con un panorama nacional todavía poco claro, 10 provincias resolvieron adelantar sus comicios para despegarlas de las elecciones presidenciales. Se intenta evitar el impacto que tendría un eventual choque excluyente entre Mauricio Macri y Cristina.

  • El desafío de construir una psicología con perspectiva de género

     

    Tener en cuenta las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, las identidades y las sexualidades es un aspecto central de la propuesta de la Red de Psicólogxs Feministas, en tiempos donde la violencia contra las mujeres cobra cada día más visibilidad. 

     

    Luz Saint Phat | Periodista

     

    “Es que me he venido de zapatillas y no me he dado cuenta” dice Pilar al llegar a la casa de su hermana, casi al inicio del film Te Doy Mis Ojos. La película, que se encuentra disponible en la plataforma Colsecor Play, narra la historia de una mujer víctima de violencia de género que -luego de nueve años de matrimonio- decide dejar a su esposo y huye de su casa en la madrugada.

     El relato transcurre en Toledo (España) pero aborda una problemática que hoy no conoce fronteras y que, incluso, cada día se hace más visible.

    “Pilar, no me voy a marchar hasta que no me abras”, grita Antonio, el marido de la protagonista. “Tengo miedo, lo siento, tengo miedo”, contesta la mujer. “Yo sin ti no puedo vivir”, vocifera el hombre, mientras patea la puerta.

     “He visto los partes del hospital. Pero Pilar ¿cómo estás aguantando eso?, ¿por qué no te separas”, interroga Ana, la hermana. “Cuando una mujer sale de su casa antes de que su marido vuelva, da para plantearse que es mejor que estuviera sola”, agrega y vuelve a cuestionar “¿A qué estás esperando para contarnos? ¿A que termine mal? ¿A que no podamos ayudarte?”.

    Pero, y a pesar de todo, Pilar retorna a su hogar, intentando reconstruir el vínculo de pareja. "Si estamos juntos yo puedo con todo, pero si no, no puedo hacer nada, cariño", asegura Antonio. “Tienes que prometerme que vas a cambiar de verdad”, insiste ella. Y una vez más, todo vuelve a empezar. “¿Qué, ahora quieres andar buscándote novios?”; “No me mientas Pilar ¿qué estás pensando? ¿Que soy una mierda porque me va peor que a mi hermano”; “¿Dónde has comido?”; “¿Por qué no contestas, que te he dejado mensajes?”; “No sabes hacer nada Pilar, no sabes hacer dos cosas a la vez, no sabes trabajar y contestar el teléfono”; “Para las cosas inútiles siempre has sido muy buena”. Y así continúa Antonio, hasta llegar a lo peor.

    Los diálogos que mantienen los personajes principales de esta propuesta cinematográfica española parecen corresponder –con más o menos matices- con algunas de las características del círculo violento en el que se encuentran miles de mujeres en todo el mundo, según precisan las investigaciones que difunden académicos, juristas, medios de comunicación y las propias sobrevivientes.

    Pero lo cierto es que esta compleja problemática es uno de los muchos y graves conflictos que existen en una sociedad caracterizada por relaciones asimétricas de poder entre los géneros, las identidades y las sexualidades que causan profundos malestares subjetivos, no sólo en mujeres sino también en distintas poblaciones que poseen características de vulnerabilidad.

    Teniendo como aspecto central el reconocimiento de este entramado, en Argentina se creó la Red de Psicólogxs Feministas. Tiene alcance nacional y sus integrantes trabajan en la ciudad y provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, San Luis, Ushuaia, Río Negro y Santa Fe. La organización se constituyó en 2016 en el marco de un trabajo de consejería que desarrollaba un conjunto de profesionales para sobrevivientes de abuso y violencia sexual y, desde entonces, ha registrado un crecimiento exponencial en cantidad de integrantes y en cuanto al número de consultas que recibe.

     “En un comienzo, lo que más nos llegaba eran casos de abuso y de violencia, pero con el tiempo se acercaron personas con otras problemáticas que buscaban un espacio donde puedan hablar de cualquier cosa. Entonces, comenzaron a venir personas que tienen relaciones abiertas, familias homoparentales, población trans y población no binaria, que buscan un refugio confiable”, explica la licenciada Antonella D’Alessio, cofundadora y coordinadora de la red, quien también se desempeña como docente en la cátedra Introducción a los Estudios de Género de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

    “Dentro de la red tenemos todas las orientaciones psicológicas que existen. Aunque la mayoría trabajamos desde una perspectiva psicoanalítica, hay quienes desarrollan su tarea desde la Gestalt o la corriente sistémica, entre otras. Pero el desafío mayor es poder ser críticas con aquello que nos han enseñado, sobre todo hacia aquellas teorías que parecían ser eternas y universales, pero que en realidad invisibilizan su propia construcción histórica”, agrega la especialista.

    Por eso, la perspectiva de género en el campo de la salud mental permite advertir los efectos que tiene la cultura patriarcal en las subjetividades y en el sufrimiento psíquico para, desde allí, prevenir y disminuir el malestar, siempre respetando la diversidad y la particularidad de cada caso.

    “Creo que el mayor desafío es comprender cuáles son las consecuencias de la construcción histórica de la diferencia sexual”, dice D’Alessio, enfatizando que “la identidad sexual y la identidad de género son derechos humanos”.

    Por otro lado, específicamente al referirse a la violencia contra las mujeres por parte de sus parejas masculinas, la cofundadora de la red señala que hoy puede vislumbrarse un “estallido” del fenómeno. “Nosotras avanzamos en los últimos años respecto de la conciencia social sobre este tema, pero a la vez pareciera que los crímenes contra las mujeres y las personas del colectivo LGBT se hacen cada día más cruentos. Hay un nivel de crueldad que está por sobre las evidencias y las estadísticas de hace hasta dos o tres años. Es verdad que hoy también hay una visibilización de esos casos que antes no existía. Estamos todo el tiempo escuchando estas historias porque ahora son de interés público y están en la agenda de los medios”.

    “Yo creo que es muy complejo, que hay que tener en cuenta varios factores, y que es muy difícil decir 'esto pasa por esto', por lo que hay que poder analizar varias instancias de reflexión para poder realmente discutir o debatir cómo sigue la lucha”, afirma.

     Por otro lado, respecto del involucramiento de las nuevas generaciones en el movimiento feminista, D’Alessio asegura que “llama mucho la atención que tanta gente joven esté tomando conciencia, y que esa población interpele a las madres, que también se están dando cuenta de que hay un montón de violencia naturalizada dentro del hogar y hay muchas situaciones injustas. Esta es la revolución de las hijas y lo podemos ver todo el tiempo en las calles, los medios y las escuelas”.

     

    La violencia contra las mujeres en Argentina / Indec – 2018

     

    CANTIDAD DE CASOS INFORMADOS

                                     

                                                          CASOS SEGÚN EL TIPO DE VIOLENCIA                                                                                             

    CASOS SEGÚN VÍNCULO CON EL AGRESOR

     

     

  • El largo invierno del Brexit

    Votar por irse de la Unión Europea ha resultado mucho más sencillo para el Reino Unido que irse en la práctica. Ante el riesgo de un divorcio no pactado surgen nuevas divisiones que ponen en riesgo el gobierno.

     

     Gabriel Puricelli | Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas

     

    El pragmatismo realista por el que son conocidos los británicos se puede sintetizar en un apotegma que circula como un dicho de los más habituales en el inglés hablado: no hay tal cosa como un almuerzo gratis. En el debate parlamentario del 15 de enero, cuando el parlamento británico rechazó por una mayoría aplastante el acuerdo de retiro del Reino Unido de la Unión Europea (UE) que había negociado la primera ministra Theresa May con el vértice de Bruselas, el líder de los nacionalistas escoceses en la Cámara de la Comunes parafraseó: “no hay tal cosa como un buen Brexit”. A casi tres años del referéndum en el que una ajustada mayoría de ciudadanos del reino se decidió por la salida (British Exit), su gobierno se encuentra completamente paralizado y al borde de la crisis y la disolución, atrapado por su incapacidad de asegurar el divorcio menos malo posible.

    Entre la sencilla pregunta “¿El Reino Unido debería permanecer como miembro o abandonar la Unión Europea?” y los miles de arreglos comerciales, aduaneros, políticos y administrativos que hay que deshacer para concretar la separación hay una distancia sideral. Desmadejar las normas comunes concebidas y puestas en práctica en 46 años de asociación, intentando evitar efectos bruscos en la vida económica y comercial del país y en los planes de vida de cientos de miles de británicos y norirlandeses que viven en otros países de la UE y de ciudadanos de esos países que viven en el Reino Unido se ha revelado trabajoso, casi imposible. Para dar una idea aproximada de la complejidad, hasta ahora estamos hablando tan sólo de un acuerdo de separación temporario, hasta que las condiciones de una nueva asociación (estrictamente comercial, no política) entre el Reino Unido y la UE hayan sido acordadas, a más tardar el 31 de diciembre de 2020.

    Los efectos prácticos de la separación son múltiples. Van desde las condiciones en que miles de toneladas de mercancías cruzan el Canal de la Mancha todos los días para mantener abastecidos los supermercados y las farmacias y para asegurarle al país su principal ingreso de divisas, hasta el estatus migratorio de quienes aprovecharon durante las pasadas décadas la libertad de movimiento de las personas.

    La cuestión de la integración con el resto de Europa Occidental siempre fue motivo de división en el Reino Unido. El país ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) en 1973 y sólo dos años después el gobierno de entonces consultó a la ciudadanía sobre la permanencia en el bloque: dos tercios dijeron que sí y un tercio se opuso. Para 2016, no sólo las condiciones se habían invertido (en lugar de ser convocados a ratificar una situación de hecho, los ciudadanos fueron convocados a decidir si querían abandonar un acuerdo vigente y abrazar una hipótesis), sino que los actores políticos habían invertido sus roles: en 1975, los laboristas habían convocado al referéndum porque estaban divididos frente a la cuestión de la integración europea; en 2016, fueron los conservadores los que forzaron un nuevo referéndum porque no podían ponerse de acuerdo entre ellos acerca del papel a jugar en (o fuera) de la UE. En 1974 los laboristas se presentaron a las elecciones prometiendo un referéndum; en 2015, fueron los conservadores. Junto a esa inversión de roles respecto de cuál era el partido más euroescéptico, la opinión y la actitud de la ciudadanía también habían variado: no sólo la antigua mayoría preeuropea se había encogido, sino que la predisposición a aceptar pasivamente una decisión del Gobierno (como la entrada a la CEE sin consultar, en 1973) se había transformado en una abierta resistencia a ciertos consensos de la elite política.

    Muchos de los políticos encargados de poner en práctica la decisión ciudadana de 2016, incluida la primera ministra May son antiguos convencidos de la impractibilidad de la separación. Hoy están obligados a poner en práctica un mandato referendario que no vino con manual de instrucciones. Con ello, nuevas divisiones se han consolidado. La principal opone a partidarios de un Brexit blando y a los de uno duro. May ha sido la cabeza visible de los primeros, esperanzados en una separación que supusiera cambios casi exclusivamente en política migratoria y en materia de acuerdos comerciales extrarregionales. Como si el Reino Unido viajara de colado en la UE, sin pagar su parte de las expensas comunes del bloque. Del otro lado están los que minimizan los riesgos de un divorcio sin acuerdo. Estos últimos fueron el factor decisivo para bochar el acuerdo al que May había llegado con la UE.

    El mayor motivo de discordia es la solución que el acuerdo proponía (y que la UE continúa proponiendo) a la cuestión de la frontera terrestre entre la porción norirlandesa del Reino Unido y la República de Irlanda. La total libre circulación en la isla que ocupan la república y los seis condados irlandeses del Ulster, que siguen bajo la soberanía de la monarquía, fue uno de los resultados del acuerdo del Viernes Santo, que terminó con el conflicto civil entre unionistas y partidarios de una Irlanda unificada. Lo que habían pactado la UE y May no afectaba en lo inmediato esa circulación, ya que el Reino Unido seguiría siendo parte de una misma unión aduanera con la UE hasta el último día de 2020. Sin embargo, la cláusula del documento referida al día después desató la controversia: si en ese momento no hubiera modo de implantar de controles aduaneros que no restrinjan la circulación, Irlanda del Norte seguiría dentro de la unión aduanera con la UE y el resto del Reino Unido no. Así, una aduana separaría a Irlanda del Norte no de la República, sino de Gran Bretaña, algo inaceptable para los unionistas, que son no sólo la primera minoría política de esa comunidad, sino que tienen una bancada de diputados en Londres sin los cuales el gobierno de May caería, por falta de mayoría parlamentaria.

    Los perdedores del referéndum de 2016, entretanto, se esperanzan. Ante la certeza del caos logístico (el transporte de carga, demorado en los nuevos controles podría tardar días, en vez de horas, en ir y venir desde el continente) y económico de un divorcio sin acuerdo, esperan que haya suficientes arrepentidos entre quienes votaron por irse de la UE como para forzar una nueva consulta. La opción tendría tal vez fuerza si toda la oposición y los eurófilos del oficialismo conservador la abrazaran. Sin embargo, el líder laborista Jeremy Corbyn, euroescéptico a lo largo de buena parte de su carrera, se rehúsa a impulsar un nuevo people vote, porque sabe que para ganar una elección su partido necesita el apoyo de una parte de quienes siguen convencidos de que hay que divorciarse de la UE.

    Justo cuando el invierno boreal debía empezar a quedar atrás, el Reino Unido está sumido en la incertidumbre. Del debate parlamentario de enero quedan las palabras de Michael Gove, ministro de Medio Ambiente, que citó al héroe de ficción Jon Snow para decir, como si se tratara (y tal vez así sea) de Game of Thrones, que si su país rechaza el acuerdo que la UE está dispuesta a ofrecer, winter is coming.

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  • El viejo romance de un pueblo y el agua

    Está rodeada y atravesada por cursos caudalosos y pequeños que definen su ánimo. Es una de las provincias agroganaderas más fecundas. Ha sido protagonista de la historia nacional. Desde la vida a orillas del Paraná hasta la alegría de los carnavales de Gualeguaychú contiene un gran universo.

  • Entre las tareas del hogar y el trabajo, la sobrecarga

     

     

    La conmemoración del Día Internacional de la Mujer es una excelente oportunidad para abordar las problemáticas actuales a las que se enfrenta la población femenina. La labor doméstica no reconocida,  la desigualdad laboral, las dificultades para crecer profesionalmente y el rol materno son algunos de los temas puestos en cuestión. La psicología brinda herramientas para la reflexión.

      

      

    Por Luz Saint Phat | Periodista 

     

    Wadjda es una niña que vive en los suburbios de Riad, capital de Arabia Saudí, y quiere tener su propia bicicleta. Para hacer realidad su sueño, la pequeña atraviesa distintas dificultades. Éste es el argumento del galardonado film “La bicicleta verde”, estrenado en 2012 y escrito y dirigido por Haifaa al-Mansour. Se trata de la primera película realizada por una directora saudita.

    Más allá de las claras diferencias culturales entre occidente y la vida que se retrata en esta historia, hay puntos en común en lo que hace a la cuestión de género. Mientras Wadjda persigue su deseo, el film profundiza en temáticas que son hoy sustantivas para las mujeres: la labor doméstica, el trabajo fuera de la casa, el rol materno, la desigualdad de oportunidades respecto de los hombres y los mandatos sobre el amor.

    En este mes, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer brinda una oportunidad de abordar estos temas y la psicología otorga herramientas para la reflexión.

    Claudia Cedrón es psicóloga (MP 5913) y trabaja en uno de los centros de salud municipal de Córdoba. También es parte una comisión interdisciplinaria del primer nivel de salud del municipio que aborda la violencia de género e integra la Comisión de Género del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba. La especialista señala que la “doble” o “triple” jornada de trabajo (que incluye las tareas realizadas en el hogar y en los ámbitos laborales y comunitarios) significa hoy un problemática trascendente.

    “Existe todo un trabajo no reconocido en el ámbito doméstico, que podemos denominar invisible, que no tiene ningún tipo de reconocimiento desde lo simbólico ni desde lo económico. Sabemos que las mujeres son las que llevan adelante principalmente el sostenimiento de las tareas que se realizan en el hogar, a lo que se suman las tareas de cuidado de los niños, de las personas mayores de la familia y de los enfermos”, indicó Cedrón.

    “En este punto, es interesante recalcar todo el impacto que este rol tiene en la vida y en la organización del tiempo de las mujeres, pero también la cuestión del aporte económico que esto representa para la economía familiar y la mundial. Hay cálculos realizados donde se reconoce que entre 40% y 60% del valor producido en el mundo por la economía, corresponde a estas tareas que históricamente vienen desarrollando las mujeres”, agrega la psicóloga.

    “Pensando en el trabajo asalariado – y teniendo en cuenta la distinción que también produce la existencia de trabajos precarizados o informales-, también allí se presentan desigualdades respecto de los varones. Lo que más se conoce tiene que ver con el pago: por igual tarea generalmente no corresponde igual salario. También otro tema es el techo de cristal, que hace referencia a las posibilidades reales que tienen las mujeres para ascender en su carrera. Y en todo esto, también se cruza de manera fundamental el tema de la maternidad -tal como se entiende hoy- que impacta fuertemente en las posibilidades y opciones que tiene el género. Además, algo muy frecuente y poco reconocido es el acoso sexual en el trabajo”, explicó Cedrón.

    “Existe un contexto que no es sólo un marco de lo que le pasa a las personas, sino que nos socializa y nos va subjetivando. La cuestión de género no es sólo algo individual sino que también es cultural”, dice la especialista.

     

     

     

    Mente y cuerpo

    En este contexto, las mujeres pueden manifestar distintas dolencias subjetivas que son motivo de consulta para la psicología clínica.

    “Lo que aparece más como malestar o padecimiento psíquico son los ataques de pánico y síntomas vinculados a la sobrecarga. El avance en el mercado laboral no ha representado un retiro de las mujeres de las tareas del hogar. Esto realmente significa una altísima sobrecarga”, dice Cedrón.

    “El uso del tiempo es totalmente desigual respecto de los varones. El tiempo que las mujeres tienen para sí es prácticamente nulo y, a veces, cuando uno trata de interrogar sobre el tema, esto se vive con mucha culpa, debido a los roles históricamente asumidos por las mujeres”, agrega.

    “El problema es que muchas veces los recursos psíquicos se van agotando y va a apareciendo el cuerpo. En general, hay mucho cansancio y pocas posibilidades de hacer otro tipo de actividades”, dice.

     

    El valor de la pregunta

    ¿Podría el contexto ser más favorable para las mujeres? ¿Es viable una transformación que tienda a mejorar las condiciones de igualdad de género en los distintos ámbitos? Seguramente este es un camino que se hace al andar, como tantas otras modificaciones culturales que se han efectuado desde hace al menos un siglo en este terreno en todo el mundo.

    En la película, Wadjda tiene tan sólo 11 años, pero presiente de manera acertada que la fuerza del deseo permite derribar las barreras sociales cimentadas por la misma historia.

    “Una de las potencialidades más grandes que tiene la psicología es interrogar y generar espacios para la reflexión, que rompan con la dinámica cotidiana. Así es posible pensar en que las cosas sean de otro modo”, indica Cedrón.

    “En las organizaciones, la psicología también puede hacer sus aportes y acompañar procesos que habiliten nuevos acuerdos sobre los modos de producir y tomar decisiones. No es tan sencillo, pero se puede”, indicó la especialista.

     

    Revista COLSECOR, marzo 2018

  • La amistad nos hace libres

     

    My Brilliant Friend, la novela basada en la saga de la escritora italiana Elena Ferrante es un canto a lo que hoy se llama sororidad  y conmueve a cada paso.

  • La construcción de la realidad

     

    Mario Riorda

    Director  de la Maestría en Comunicación Política (Univ. Austral)

    Pte. ALICE (Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales) 

     

     

    Entramos en épocas de promesas. Promesas que se realizan por convicciones y promesas como resultados de investigaciones en la opinión pública. Promesas que buscan hacerse realidad.

    La realidad es el resultado de la coordinación humana, es una construcción a través del lenguaje. Los términos por medio de los que conseguimos la comprensión de la realidad son productos de intercambios sociales situados histórica y culturalmente sostiene Kenneth Gergen.

    La realidad, producto de la coordinación humana, es vida con el lenguaje que comparto con mis semejantes y por medio de él. Por lo tanto, la comprensión del lenguaje es esencial para cualquier comprensión de la realidad.

    Hace 4 siglos, John Locke advertía que si no hay acuerdo entre quién habla y quién escucha acerca de la idea significada por la palabra, el argumento no será sobre cosas, sino sobre nombres.

    La función primaria del lenguaje es la construcción de mundos humanos contextualizados. Es el lenguaje el que posibilita la construcción de acciones conjuntas entre quienes comparten contextos específicos, y estas acciones tienen significados para quienes intervienen en ellas y las comprenden. Somos seres en contexto.

    La comunicación política es el espacio en donde se intercambian discursos contradictorios de los tres actores con capacidad de expresión política: los políticos, los periodistas de los medios de comunicación y la opinión pública, el reto de cada actor es definir la interpretación política de la situación. Y cada uno de esos actores intenta incidir en los otros.

    En campaña, los actores de la política prometen un cambio a partir del lenguaje, prometen una nueva realidad para dotar de significados a los eventos políticos. Quien gana las elecciones, cuando está en el gobierno, trata de generar lazos de confianza y una narrativa que haga posible la transmisión de esos sentimientos que construyan esos lazos de confianza.

    Un proceso de construcción de la realidad, en base a lenguajes simbólicos por los cuales la gente adquiera el sentido del mundo político le otorga al gobierno la posibilidad de construir universos simbólicos que lo doten de legitimidad. Pero ni ganar es sencillo ni mucho menos generar un relato legitimado en la sociedad una vez que se ha ganado.

    Esa doble construcción de la realidad -discurso electoral y legitimidad gubernamental- tiene al menos dos condicionantes muy grandes. Por un lado, el clima de opinión -o los climas- y por el otro lo que se llama clima de época.

    A mitad del siglo XVII en Inglaterra, Joseph Glanvill utilizó la expresión “climas de opiniones” por primera vez. Escribió: “Así que ellos [los dogmáticos], que nunca se han asomado más allá de la creencia en la que sus cómodos entendimientos fueron adoctrinados inicialmente, están indudablemente seguros de la verdad, y de la excelencia comparativa de lo que han heredado, mientras que las almas más grandes, que han trabajado los diversos climas de opinión, son más cautas en sus decisiones y más parcas al sentenciar”.

    “Clima de opinión” se refiere a las corrientes de opinión predominantes en una sociedad. Dice Noëlle-Neumann: “… rodea totalmente al individuo desde el exterior. El individuo no puede escapar de él. Pero simultáneamente está dentro de nosotros, ejerciendo la mayor influencia sobre nuestra sensación de bienestar. El término “clima”, además, trae a la mente la imagen del espacio y el tiempo, también incluye el sentido más completo de lo “público”.

    Por el contrario, el concepto de Zeitgeist, expresión del idioma alemán, significa "el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)”. Zeitgeist es la experiencia de un clima cultural dominante que define una era en el mundo. El concepto podría definir el alma o sentido de un periodo particular en la historia, como reflejo de las ideas y creencias del momento. Podría decirse que se refiere a la ética y moral de una era y un lugar, como también al espíritu colectivo de un tiempo y espacio como reflejo de su cultura: “cuando uno de los lados se yergue, se apodera de la muchedumbre y se despliega hasta el punto de los que se oponen a él tienen que retirarse a un rincón y, por el momento al menos, refugiarse en el silencio, a este predominio se le llama el espíritu de los tiempos (Zeitgeist), que, durante un período se sale con la suya” escribe Johann Wolfgang von Goethe.

    Por lo dicho, el clima de opinión parece ser considerado de manera general como un marco un tanto más débil a través del cual los líderes políticos toman sus decisiones. De acuerdo con esta definición, el clima de opinión puede o no influir las actitudes y opiniones o decisiones de un líder político. De hecho, puede haber un clima de opinión con varios ejes importantes en la agenda pública. Y puede ser cambiante y además no compartido por todos. No necesariamente efímero, pero sí cambiante. Los climas de opinión pueden variar en tiempos breves incluso, por la aparición de nuevos elementos, hechos conmocionantes o de alto impacto.

    En cambio, el clima de época condiciona mucho más la toma de decisiones porque define una porción de la historia en la que la sociedad está inmersa. Y si tiene cambios, los tendrá en el largo plazo. Las variaciones de los climas de época son bastante imperceptibles en lo cotidiano y necesitan de décadas para ser comprendidas. 

    Por eso, muchas veces, la realidad posibilita que se asocie, que haya una buena química entre las promesas y los climas de opinión. Aún entre quienes confrontan con esos climas de opinión.

    Sin embargo, las promesas de un cambio de época, de cambio de valores, son sólo buenas intenciones que escapan al cortoplacismo de un gobierno y mucho más de una campaña. Claro está que todos contribuyen -contribuimos- a ser parte de un clima de época y a sus transformaciones a lo largo del tiempo. Pero cuidado con quienes ofrecen un cambio total en el corto plazo. No es que no sea verdad. Es, según indica la historia, un imposible.  Cuando esto no se comprende, la frustración de expectativas está agazapada esperando…

  • Las aulas de marzo: el regreso de la rutina y la esperanza

    Por Alejandro Mareco | Periodista

     

    El comienzo de las clases pone en funcionamiento la gran rutina que sigue al tiempo laxo del verano. La escuela juega otra vez su papel decisivo en el destino de la sociedad.

     

    Hay una mañana en la que los engranajes de los días, de las cosas, se vuelven a acomodar en su lugar y entonces sí, verdaderamente el mundo parece ponerse finalmente en acción. Esa es la mañana del gran lunes, porque no hay lunes más inmensamente lunes que el día en el que se abren las puertas de las aulas y cientos de miles de niños y chicos argentinos y miles de maestros comienzan a respirar el cotidiano aroma de las escuelas.

    Marzo es el mes en el que el imperio de la rutina deja atrás los escarceos soleados de las  vacaciones, el tiempo laxo del verano, e impone el rostro más riguroso de la rutina semanal. El nuevo orden de los días no sólo sucede en las escuela, sino en cada una de las casas que acomodan sus movimientos a los horarios de los estudiantes, y también en el espacio común: las calles, sobre todo en las ciudades en los que las unidades de transporte escolar vuelven a sumergirse en el oleaje del tránsito, y los mediodías se congestionan frente a las puertas de las escuelas.

    Hay nuevas multitudes en movimiento. Son los chicos que viven la frescura de su tiempo a plena luz. Cada cual lleva consigo, además, su circunstancias.

    Muchos han llegado con ansiedad al término de un azaroso verano, y encuentran otra vez un lugar de contención que en miles y miles de caso incluye un plato de comida, una merienda y la chance de sostener un lugar en la sociedad a través de la escuela pública.

    También atraviesan las calles los que tienen oportunidades educativas superiores, y las legiones de clase media que fluctúan entre escuelas públicas y privadas en busca de los viejos anhelos de encontrar en la educación la fuente de la que se bebe el agua del futuro.

    Sí, el aroma de las aulas que en estos confines del sur de planeta comienza a fluir en marzo (salvo escuelas que por condiciones geográficas de frío adverso tienen régimen distinto), impregnará definitivamente la memoria de los días de la infancia: goma, tinta, sudor, guardapolvo, uniforme nos dan el rastro claro de la infancia común que nos ha tocado vivir a muchas generaciones.

    Pero que hace no mucho más allá de un siglo que se asume como un recuerdo de la totalidad.

     

     

    Papel decisivo

    La escuela no sólo representa sino que es de hecho el comienzo de la vida social. Es la institución por la que la sociedad, el proyecto colectivo de la gran comunidad, toma a los chicos de cada uno de los hogares para sumarlos.

    Es el cuerpo nacional el que de algún modo interviene para ser parte del destino de los hijos argentinos, a los que dotará de un sentido de pertenencia y de instrumentos del conocimiento teórico y práctico para que se conviertan en instrumentos que contribuyan a desarrollar el porvenir del conjunto. Para eso, claro, se necesita un proyecto común, entender un horizonte

    Es lo que se espera que suceda. Pero las cosas casi siempre no son las ideales. Y menos en una nación atravesada por los barquinazos de la historia, por las mareas y contramareas que nos han hecho dar pasos adelante y pasos hacia atrás, algunas veces demasiados hacia atrás.

    Hace 138 años (1884), la ley de Educación Común impulsada por el gobierno de Julio Argentino Roca, le dio carácter laico, gratuito y obligatorio a la escuela argentina. Entonces, menos de uno de cada cinco habitantes de este suelo sabía leer y escribir. Luego al llegar al Centenario de 1910, esa ecuación se había modificado a dos de cada tres. En estos tiempos, el índice de alfabetismo en Argentina es inferior al dos por ciento.

    Esa condición obligatoria y gratuita de la escuela tendría un papel constructivo decisivo en la consolidación nacional y cultural de aquella Argentina que abrió sus puertas a las inmensas oleadas inmigratorias que a finales del siglo 19 y principios del 20 llegaron sobre todo de Europa hablando diversidad de lenguas y portando rastros de otras historias lejanas.

    El aula pública fue lentamente neutralizando esa torre de Babel en la que se convirtió el país, a medida que los pequeños inmigrantes y los hijos de los venidos de otras latitudes asumieron nuestra lengua y nuestra historia para sumarse a la maceración de una identidad común.

     

    “Buenos días, se-ño-ri-ta!

     Las mujeres al frente de las aulas, una constante de la educación argentina.

     

    "La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños".

    Las palabras fueron pronunciadas por Nicolás Avellaneda durante los días de su presidencia (1874-1880).

    La presencia de la mujer al frente de las aulas sería un rasgo definitivo de la educación argentina - y de muchos otros países -,  pues siguen siendo abrumadoramente mayoritarias, sobre todo en lo que a escolaridad primaria se trata.

    Pero el primer maestro del que se tiene registro en estas tierras fue el español don  pedro de Vega, en Santa Fe. Y tanta era su valoración, que tenía prohibido dejar la ciudad bajo pena de pagar una multa de “200 pesos castellanos”, según un acta capitular de mayo de 1577.

    Ya en el siglo 19, un grupo de maestras emblemáticas fueron las que Domingo Faustino Sarmiento convocó a venir desde Estados Unidos, en su presidencia (1868-1874). La tentación fueron los altos sueldos, que doblaban o triplicaban los 50 pesos horas que ganaban en Seattle, su lugar original. Claro que debían reunir condiciones muy precisas: provenir de buenas familias, ser muchachas jóvenes solteras, en incluso bien parecidas.

    Las exigencias para las maestras en los finales del siglo 19 serían aún más severas, y se estipulaban claramente en los contratos que firmaban.

    “No podían tomar alcohol en público, no podían usar vestido que se les viera el talón, no podían estar a solas en un coche con un hombre o en un salón, no podían ir a las heladerías porque eran algo así como bares, y no podían tener novio ni casarse. O sea, obviemos que tuvieran novio, si no que de un día para el otro dijeran bueno, me casan con tal, o me caso con tal, o mis padres me casan; bueno, al otro día perdían el trabajo. No podían. Era como una especie de sacerdocio, las querían 100 por ciento para enseñar. Y bueno, estas mujeres estaban dispuestas a eso, firmaban ese contrato. Era tal la vocación que estaban dispuestas a renunciar a todo”.

    La explicación es de la escritora Viviana Rivero, autora del libro “Mujer y maestra”, según consta en una entrevista del periódico Infobae.

    Pero también sería una maestra la iniciadora de la primera huelga docente en la historia de la educación argentina. Se produjo en 1881, durante la presidencia de Julio Argentino Roca,  en la Escuela Graduada y Superior de San Luis. Encabezadas por su directora, Enriqueta Lucero de Lallemant, las docentes reclamaron por un largo atraso en el pago de sus sueldos y contra recortes salariales de todos los empleados públicos que se venían aplicando desde 1874.  

    “Nos hemos resignado muchos años, con la esperanza de que esto mejorase; más viendo las nuevas dificultades que se presentan para el pago, no nos queda otro recurso que suspender las tareas escolares hasta que el Excelentísimo Gobierno tome las medidas que crea del caso”, plantearon.

    Muchas veces palabras similares volverían  a repetirse a lo largo de la historia de nuestras aulas y la constante postergación de los docentes.

     

     

    Historia y mitos

    Claro que la escuela fue cuestionada también por ser parte de la estrategia de un proyecto de país que muchas veces ha impuesto, hasta incluso con la fuerza, una manera de ver las cosas (la historia, los valores, el presente) y entender la educación.

    No bien entramos al aula el primer día de clase, empezaron a contarnos. Quizá comenzamos por pintar la escarapela, o a armarla con papel glasé o bolitas de papel crepé. Qué bien quedaba el celeste sobre el cuaderno blanco, sobre todo cuando estaba recién abierto, como nuestras mentes.

    Después, coloreamos la silueta argentina al final del sur. Éramos parte de un mundo en el que la porción que nos tocaba estaba rodeada por altas montañas y por un inmenso océano. Y adentro había ríos, desiertos, campos, ciudades.

    Pero, ¿por qué éramos argentinos, cómo se había hecho la patria? Entonces, la historia hizo su gran entrada en nuestras cabezas.

    Asomó apuntalada por mitos, como el de aquel lluvioso 25 de mayo de escarapelas y paraguas; es que había que consolidar la pertenencia argentina. Pasaron los grados y los docentes nos fueron fijando ideas, del mismo modo que habían sido fijada en ellos.

    Así fue que José de San Martín era un ser de bronce inmaculado en su moral y en su humanidad, un militar capaz de las hazañas más gigantes, aunque poco se habló de su convicción revolucionaria, de su proyecto americano, de su ansia de justicia que ayudó a cambiar el mundo de su tiempo. Y sobre Bernardino Rivadavia, identificado como el hombre del sillón y de las luces del progreso, poco se decía de su condición de enemigo interno de San Martín, de las provincias y de la causa americana.

    Sin  embargo, en la evolución social del país, la escuela pública significó durante décadas  una puerta a la oportunidad de progreso personal y colectivo. En algún pasaje del siglo 20, el país fue una gran referencia latinoamericana de la movilidad social, y la institución escolar tuvo en ese sentido un aporte decisivo. Los instrumentos del conocimiento repartidos hicieron posible que generaciones alcanzaran la chance de dar un salto cualitativo que, en medio de condiciones sociales favorables, se vio reflejado en el acceso a la formación universitaria, incluso de los sectores más bajos.

    Mientras tanto, la escuela ha sufrido con los dolores del país. Como pasó al despuntar el siglo 21, cuando en la profundidad de la crisis  se vio desbordada por la angustia de la necesidad. Los estragos de la pobreza nos hicieron retroceder décadas y se pronunció un abismo entre la educación pública y la privada.

    Pero es en las aulas donde se gesta la Argentina del futuro. Por eso, volver a clases es de algún modo volver a remontar el vuelo de la esperanza. la oportunidad todavía es posible.

     

     

  • Me tocó ser hija de un genocida

     

     

    Erika Lederer  integra el colectivo de  hijas e hijos de represores que desmandaron el precepto familiar y con sus relatos dan testimonio de una de las épocas más oscuras del país. “No elegimos esto, pero es nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad”, dice.

     

    Ricardo Lederer, el padre de Erika, fue obstetra en la maternidad clandestina de Campo de Mayo a finales de los años `70.  Erika era una niña de apenas 5 años en esos tiempos tortuosos. Entre sus recuerdos hay una jirafa grande que le regalaron a los dos años y también las palizas que recibía por infiltrarse entre las botas durante los desfiles militares.

    Fue en tercer grado, en 1984, cuando algunas cosas del relato hegemónica familiar empezaron a no encajar, cuenta en una nota que escribió para la revista Anfibia movilizada por el testimonio de Mariana Dodero, la hija de Etchecolatz, a quien Erika abraza como a una hermana. “Mariana nos cuida bastante, vamos pensándonos y aprendiendo sobre todo porque la prensa nos pone en un lugar de sacrificio y eso es al pedo”.

    Usando la red social Facebook, Erika convocó a los hijos de represores que “no avalamos sus delitos” a juntarse con “la consigna de aportar datos y contar historias que a otros les sirvan”. Fue en mayo del año pasado, luego de la multitudinaria marcha en contra del fallo (finalmente fallido) de la Corte Suprema por la acordada del 2x1 que reducía las penas de los acusados por delitos de lesa humanidad.

    “No elegimos la familia que nos toca”, dice Erika, “pero podemos elegir cómo construirnos”.

     

    - ¿Cómo surge la necesidad de encontrase con otros hij@s de represores?

    El 2x1 generó en la sociedad en general un rechazo absoluto porque era volver atrás muchos años de lucha para los procesos de lesa humanidad, entonces en ese sentido nos pasó que sentimos que algo había que hacer y decir y no quedarse en el dolor propio. El intento fue decir: si tenemos datos, como hijos de genocidas, juntémonos los que perseguimos la lucha por la Verdad, la Memoria y la Justicia. Somos pocos, porque la mayoría pertenece a la misma ideología de sangre, pero juntémonos  con mucha humildad porque en realidad éramos niños en aquel momento. Yo nací en el 76, era chica, pero lo que podamos decir sirve para ir armando este rompecabezas que es la historia, que todavía le faltan tantas piezas. De hecho hay anécdotas que pueden servir para rellenar; por ahí no aportan datos concretos para una causa sino para generar un contexto, para comprender mejor una situación y también para reconstruir entre todos lo que fue el entramado más perverso de la época de la dictadura en el país. Y tomar parte en esta co-construcción de la historia. A mí me tocó ser hija de un genocida.

     

    - ¿Cuándo lo personal se volvió político?

    Más o menos desde los 9 años empecé a entender lo que está bien y lo que está mal y eso me parece que es la clave y el punto para interpelar la figura paterna, con mucho dolor. Y todo eso genera síntoma de alguna manera porque el mismo tipo que te abrazaba era el que hacía un parto clandestino. No quedaba otra que disociar porque en la mesa te sentabas con él a comer. No quiero quedarme en eso porque me hace mal hablar…

     

    El cuerpo entra en equilibrio, Erika vuelve a tener voz y sigue contando  que en ese tiempo -  cuando tenía 9 – le “empezó a caer la ficha” sobre su padre. “Primero lo habían escrachado en Página/12 porque era íntimo amigo de Camps. En casa hablaban mal del diario pero yo no sabía por qué”. También a esa edad le preguntó si había matado. La respuesta fue contundente y desgarradora. “Imaginá  esas preguntas, a esa edad, mi viejo era médico, el juramento hipocrático… de ahí ya no podes construir mucho más. Siempre me replicaron con cuestiones básicas pero no hay forma de argumentar lo que significa matar a nadie”.

     

    - ¿Cuándo pudiste contar por primera vez quién sos?

    Antes de aparecer en la marcha del 2x1, había un spot de Abuelas que decía: Soy hijo de tal…. Y a mí me salió escribir algo muy duro explicando que era la hija de un genocida. Pero me parecía muy amarillo y no lo publiqué.  Y se lo mande a Camilo, uno de los nietos que en ese momento no conocía, después fue mi primer abrazo reparador, y él me dijo que lo hiciera público. Me animé. Esa fue la primera vez que dije quién soy.

     

    El Capitán Médico (R) Ricardo Nicolás Lederer murió el 9 de agosto de 2012. Una misiva publicada en el diario El Pregón de La Plata, firmada por el Coronel (R) Guillermo César Viola,  señaló: “Otro Camarada que sin encontrarse aún en cautiverio, se  hallaba bajo proceso judicial”.   Lederer se suicidó a pocas horas de haberse difundido la noticia de la restitución del nieto 106, Pablo Javier Gaona Miranda, cuando se supo que con su firma abaló la identidad falsa con la que fue entregado a sus apropiadores. Erika también recordó que su padre estuvo involucrado en “los vuelos de la muerte sobre el  río de La Plata y fue carapintada”.

    “Según me cuentan mis vecinos, porque mi familia no me da información, la noche anterior a pegarse un tiro fueron a mi casa unos milicos a avisarle que lo iban a detener. O sea, todavía hay peligro de que eludan la Justicia, nosotros sabemos de lo que estos tipos son capaces, siguen vinculados al poder económico y se cuidan entre ellos, por eso no les daría prisión domiciliaria”.

     

    Álbum familiar

     

     

    Las marcas en el cuerpo

    El cuerpo es evidencia. Cuando “la mano que cura y te abraza es la misma que tortura y decide sobre la vida de los demás hay un devenir de disociaciones, ninguna gratuita”, dice Erika y recuerda de aquellos años de infancia sus problemas para vincularse, el asma y el miedo a hablar. También los golpes y las lecturas prohibidas de la adolescencia.

    “Me gustaba la filosofía pero estudié Derecho porque lo otro estaba vedado”. Todos esos años en la facultad sostuvo un único objetivo: recibirse para irse de su casa.

     

    - ¿Llegaste a pensar que no eras su hija por eso te hiciste un ADN en el Durand?

    En realidad me llamaron de Abuelas antes que mi viejo se mate, ante la posibilidad de que mi ADN fuera compatible con el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).  Yo realmente pensaba que no era hija de desaparecidos. Mi viejo pensaba y parafraseaba que le daría asco mezclar la sangre. Asco. Mi viejo está mencionado en el Nunca Más como el loco con pretensiones de depurar la raza, imagínate.  Entonces, yo de verdad pensaba que este no me hubiese adoptado si yo era hija de un desaparecido. Entonces, desde ese lugar yo sabía que no era hija de desaparecidos. Me hago el ADN y no da compatible con ninguno de esos datos. Y bueno, hay que hacerse cargo de lo que nos toca, pagaré el psicólogo, lo que sea. Me tocó esta pero pude construir desde un lugar seguro. La duda es un terreno muy fangoso. De golpe fue la primera certeza, era una mierda, pero era lo que tenía.

     

    - ¿Cómo tomó tu familia la decisión de contar quién era Ricardo Lederer?

    Cuando los familiares de genocidas tomamos estas decisiones y pedimos cárcel común el costo es alto al interior de nuestras familias. Yo no tengo familia, mis hijos no tienen con quien pasar las fiestas. El 24 a la noche, mis hijos lloraban porque no tenían a los primos ni a la abuela. Uno cuando toma una decisión ética debe asumir estas consecuencias. El año pasado atravesé algunos problemas de salud y ahí me di cuenta que no tenía a nadie, todos me cerraron la puerta. Ojo, lo volvería a hacer porque uno es un ser consecuente.

     

    - ¿Alguna vez tu papá se arrepintió de algo?

    Mi viejo jamás se arrepintió. No hay que olvidarse de eso, nunca se arrepintieron por eso  pedimos cárcel común porque nosotros sabemos de lo que estos tipos son capaces. Pensemos en Julio López.

     

    - ¿Cómo hij@s de represores, son víctimas también?

    Cuando me intentan encasillar como víctima, como víctima de mi viejo, yo digo que no. No soy víctima del Estado ni del Estado terrorista. En todo caso seré víctima de un delito común como cualquiera. Si tenés un padre que te cagó a trompadas, eso es violencia familiar, no es un delito de lesa humanidad. Me preocupa cuando nos quieren poner bajo el estigma de víctimas y serlo sería peligroso. No voy a hacer ese juego, hay que ir con humildad y sabiendo que no somos protagonistas. La espectacularidad no nos pertenece, nos somos héroes de nada. Hay que ser respetuosos de las verdaderas víctimas: los HIJOS, las Abuelas, las Madres. A mí como subjetividad no me sirve habitar ningún concepto de víctima porque eso te ancla y no podes hacer otra cosa. Eso también es una punta de cómo nos queremos manejar como colectivo: estamos al servicio de y si no servimos nos mandamos a guardar. Si durante 40 años me cayó mi viejo y de manera injusta, si me llaman de Abuelas para decirme que me calle, por supuesto. Lo que intentamos es coadyuvar a la construcción de la memoria, la verdad y la justicia. Si lo nuestro confunde nos vamos para seguir luchando, que se yo, por los derechos de los pibes en las villas. Yo soy hija de un tipo que hizo partos clandestinos pero a mí el Estado no me quitó la familia, no tengo gente desaparecida, la verdad es que fui a los colegios más caros. La pase mal, sí. Pero como cualquier persona que sufre violencia en la casa.  

     

     

    Álbum familiar 

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Migrantes: más allá de las fronteras

    A través de una serie documental, Canal Encuentro presenta a distintas comunidades extranjeras que habitan el país desde su propia experiencia en estas tierras.

  • Oficios | El llamado de la sirena

     

     

    Los bomberos voluntarios dejan su vida cotidiana de lado cuando los llaman a intervenir. No tienen salario ni viáticos. Conviven en un ambiente familiar y de camaradería para realizar una actividad tan necesaria como poco conocida.

     

    Facundo Miño| Periodista

     

    Un escape de gas provoca una explosión que derrumba un edificio completo y genera serios daños en otros dos cercanos. Mueren 22 personas, otras 60 resultan heridas. La onda expansiva afecta unas 200 viviendas en los alrededores. Los medios de comunicación de todo el país se ocupan del tema. El suceso ocurrió en 2013 y se lo considera la peor tragedia de la historia reciente en Rosario.

    Mientras se abre un inesperado debate sobre las medidas de seguridad y las inspecciones en los edificios, un equipo numeroso trabaja en silencio, en medio de las ruinas para rescatar víctimas. Durante una semana, hombres y mujeres que llegaron desde distintas partes de la provincia de Santa Fe buscan sobrevivientes entre escombros y nubes de polvo.

    Para Mauricio Visconti esa tragedia marcó un punto de inflexión en la percepción social sobre los bomberos voluntarios de Argentina. A partir de entonces, muchas personas se enteraron de lo que significaba tener ese oficio que no tiene retribución económica ni viáticos, se hace ad honorem como un servicio a la comunidad.

    Visconti tiene 43 años y trabaja como remisero cuentapropista en Bigand, a 80 kilómetros de la ciudad de Rosario. Es también oficial principal del cuerpo activo de ese pueblo. Desde hace dos años está cargo del cuartel, compuesto por 24 varones y cuatro mujeres.  

    –Como todo chico, cuando me preguntaban que quería ser de grande, respondía bombero. Siempre tuve esa vocación de ayudar– cuenta.

    Cuando Mauricio tenía 18 años, a fines de los años 90, cada aspirante mayor de edad solamente debía manifestar su voluntad, anotarse en una lista, recibir una instrucción de pocos meses y conseguir el aval de sus superiores para comenzar a formar parte de la institución.

    –La mitad de mi vida, la mejor mitad de mi vida, la he pasado dentro del cuartel– asegura.

    El cuartel al que se refiere es un galpón de 900 metros cuadrados con vestuarios y 42 camas que suelen utilizar con delegaciones externas para cursos y capacitaciones. Además, es el lugar de encuentro de todos los integrantes. Los sábados a la noche hacen guardias activas en forma rotativa. Los demás días, cada vez que alguien tiene un rato libre se da una vuelta para realizar tareas de mantenimiento.

    Visconti dice que los tiempos cambiaron y que los nuevos integrantes deben sortear un proceso de selección bastante más riguroso, acorde a la profesionalización que fue adquiriendo la tarea. Cualquier aspirante debe aprobar un curso de 200 horas reloj que se va rindiendo mensualmente. Dice también que los habitantes del pueblo valoran muchísimo el trabajo desinteresado de sus miembros.

    –Bomberos es la institución mas honorable del país y creo que del mundo. Es un grupo de personas que dejan parte de su vida por los demás; toca la sirena a las dos de la mañana y dejan de lado lo que están haciendo y no saben si van a volver, todo para ayudar al prójimo.

     Bomberos de Bigand, Santa Fe

    Otra perspectiva

    Al mismo cuartel de Bigand llegó por curiosidad hace 10 años Natalí Flores y se quedó definitivamente. Ocupa el cargo de sargento (este año piensa rendir para acceder al escalafón de oficiales) y es la mujer más antigua del cuerpo.

    –Se tiene muy arraigada la figura del hombre vinculada a los bomberos voluntarios. Cuando entraron mujeres cambió totalmente la perspectiva que tenía. Una vez que te metés te das cuenta de que podés tener la misma pasión, la misma resistencia y los mismos niveles que los de un hombre. No tiene nada que ver el género, forma parte de un cambio cultural que se dio en muchos ámbitos– dice.

    La década en funciones le dio experiencias de todo tipo. Acostumbrada ya a su labor, Natalí destaca el valor de las capacitaciones en psicología de la emergencia que reciben. Por un lado les permite contar con estrategias de intervención en momentos de tensión; por el otro, les brinda herramientas para despegarse de las situaciones traumáticas que van sedimentando con el paso de los años.

    –Somos personas comunes y corrientes con ciertas herramientas y habilidades y un espíritu de ayudar desinteresadamente. Nos pasó en las inundaciones de Sanford que nos miraban como si fuéramos héroes porque los fuimos a rescatar. Tenés que cuidarte de no largarte a llorar en ese momento. Pareciera que no tenés sentimientos pero esas cosas nos marcan un montón a lo largo de la carrera.

    Natalí tiene 32 años, es ama de casa. Su hijo ya cumplió siete y se mueve por el cuartel con la soltura de quien se crió en ese espacio.

    –Viene desde que estaba en la panza. A los 20 días de nacido ya lo llevé a un curso. Siempre está atrás mío. De las cuatro mujeres, tres somos mamás y venimos a las capacitaciones con nuestros hijos que se quedan sentaditos esperando mientras estudiamos. Nos ha pasado de dejarlos a cargo de algún compañero al que le toca quedarse cuando nosotras salimos a atender alguna emergencia.

    Existe un espíritu de camaradería especial entre los bomberos. Hace poco una de las mujeres tuvo un accidente en una salida y cuando Natalí llegó al hospital para ver cómo estaba se encontró con la totalidad de sus compañeros, también fueron a verla.

    –Es como una familia. Cuando vamos a otra provincia y nos encontramos con gente de otro lado, nos sentamos a la mesa y nos ponemos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida. Es un ambiente muy familiar.

    El clima de fraternidad facilita la dedicación y ayuda a explicar la cantidad de horas que cada miembro entrega de modo cotidiano. Y así se hace frecuente también que otros familiares se acerquen para integrarse. Lo más habitual es el traspaso de la pertenencia de una generación a otra.

      

     

    Bomberos de Villa Huidobro, Córdoba 

    Línea fundadora 

    Cuando era chico, Cristian Giménez salía de la casa familiar y se iba a la vereda de enfrente para jugar en un baldío con máquinas agrícolas abandonadas. Cuando era un poco más grande, atravesaba la calle y armaba una canchita de fútbol con los amigos en el mismo descampado. Tiempo después, allí se construyó el cuartel y como su papá fue uno de los fundadores, el adolescente Cristian mantuvo la costumbre de cruzarse. Junto a sus cuatro hermanos estaban anotados como aspirantes menores.

    En Villa Huidobro (“el último pueblo de Córdoba antes de llegar a La Pampa”, lo describe Giménez) se fogueó. Aunque legalmente no estaba habilitado, apagaba incendios de pastizales. La precocidad caracterizaría su carrera. Hizo el curso antes de los 18, fue suboficial a los 19 y rindió el examen para oficial a los 24 años (“el más joven de la promoción en toda la provincia”, dice con orgullo). En 1999 en un lapso de pocos meses a sus dos jefes los convocaron para cargos superiores y quedó a cargo del cuartel. Pero al año siguiente renunció por diferencias insalvables con la comisión directiva de entonces (funciona de manera similar a una cooperadora escolar, encargada de la parte administrativa y contable del cuartel, no forma parte del cuerpo activo). Regresó recién en 2012 cuando su esposa le contó sus ganas de participar. Enseguida Cristian aprobó una adaptación curricular y poco después accedió al cargo de instructor. Desde 2017 está a cargo del cuartel del pueblo.

    –Sentimos el respeto de toda la comunidad más allá de que cuando se produce una emergencia siempre hay alguno que te anda diciendo lo que tenés que hacer o te insulta porque cree que llegaste tarde y no se da cuenta de que sonó la sirena y te fuiste al cuartel a cambiarte y saliste lo más rápido que pudiste– dice.

    Giménez es empleado de una empresa constructora que prepara armazones encastrados de gran volumen. Los últimos seis meses los pasó en Córdoba capital, con regresos cada 15 días al pueblo natal. De los 23 integrantes del cuartel de Villa Huidobro, 12 cursaron la capacitación con él como instructor y cuatro de ellos van a asumir próximamente como oficiales. Para definir su tarea, apela a una característica común, el llamado a cualquier hora.

    –Cuando toca la sirena uno se olvida del trabajo y de los problemas; te agarró en tu casa, en la calle o en el trabajo y no importa. Hasta que no se termina, no hay nada más. Después, cuando volvemos, hablamos con los patrones si hace falta explicar algo. Pero casi nunca hay problemas.

    Bomberos de Lugue, Córdoba 

     Fuego y mucho más 

    En Argentina existen alrededor de 900 cuarteles de bomberos voluntarios diseminados por toda la geografía del país. Sus atribuciones exceden largamente el apagado de incendios. Existen distintas divisiones a nivel regional: materiales peligrosos (sobre todo químicos), accidentes de tránsito, rescates en altura, K9 (binomio humano-perro rastreador de personas), acuáticas (para inundaciones), forestales, búsqueda y rescate en estructuras colapsadas (Brec, en la jerga), socorrismo.

    Para muchas de esas acciones se requiere una indumentaria específica. Cada integrante debe contar con un equipo estructural completo que se compone de un chaquetón, un pantalón, botas, guantes, antiparras, monjita (una capucha diseñada para trabajar con altas temperaturas) y un equipo de respiración autónoma (lo que suele confundirse con el tubo de oxígeno).

     –Vestir a un bombero cuesta arriba de 100.000 pesos– calcula Marcelo Peralta, miembro de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Luque, provincia de Córdoba.

    El mantenimiento de una estructura conformada por individuos, cuartel, vehículos, capacitaciones, seguros, infraestructura, equipamiento y gastos cotidianos inherentes al funcionamiento se obtiene mediante subsidios fijos (nacionales, provinciales y municipales). Aun así, es frecuente que cada cuerpo cuente con un sistema de asociados que aportan cuotas mensuales y otro de donaciones para cubrir algunos montos.

    Marcelo tiene 21 años y es estudiante de medicina. Durante los fines de semana y las vacaciones -de invierno y de verano- regresa al pueblo. Apenas pisa Luque, enciende el handy y avisa que ya está disponible. Se suma a los otros 16 que conforman el cuerpo. Además, integra el departamento de prensa y tiene  facilidad para explicar tareas y funciones.

    –Nosotros salvaguardamos vidas, bienes y medio ambiente. Son los ejes en los que trabajamos. Tratamos de enfocarnos en la prevención. Por eso decimos que el mejor accidente es el que no se produce y el mejor bombero no es aquel que hace todo sino el que sabe distinguir cuáles son sus límites.

    Peralta destaca que en Luque, por suerte, no se están produciendo hechos graves en los últimos años. De todos modos, después de cada participación, utilizan una técnica denominada defusing que consiste en generar una sesión informal en un clima de apoyo mutuo.

    –Cada uno relata lo que hizo en tiempo pasado para que quede mentalmente como un recuerdo. Comentamos lo que se hizo bien y lo que habría que mejorar. La idea es cerrar el rompecabezas, se hace un aplauso al final y cada uno se retira a su casa.

    Dice que ningún integrante quiere perderse un suceso. Evita usar palabras negativas para referirse a los hechos en los que actúan para restarle dramatismo y disminuir el factor emocional.

    –Por una cuestión psicológica no le decimos siniestro ni nada que se le parezca, hablamos de intervenciones. Cada intervención tiene una carga dramática por detrás y apenas volvemos al cuartel buscamos la manera de desprendernos de esa carga. Así como dejamos la ropa, también tenemos que dejar estas historias. Los que elegimos ser bomberos somos nosotros, no nuestras familias.

  • Pampa y fierros

    El norte de La Pampa vive el automovilismo con una intensidad que se ve en pocos lugares de nuestro país. En un garaje de Caleufú nació la leyenda del TC pampeano y de Ricardo Lencioni, emblemático animador del deporte motor del caldenal.

  • Participación de los asociados en las cooperativas

     

    Editorial | Revista COLSECOR, marzo 2019

     

    Una de las problemáticas más mentadas en el sector cooperativo se vincula con el papel que asumen los asociados dentro del proyecto colectivo. Con frecuencia parte de la dirigencia cooperativista destaca la pasividad de estos actores en los procesos de acción y decisión de las organizaciones. Un primer paso será preguntarnos por qué motivos los asociados no participan o lo hacen poco, ¿cuáles son las causas detrás de esta problemática?

    Seguramente en las raíces más profundas encontremos la primacía de valores culturales como el individualismo o la competencia, que son disfuncionales a toda construcción colectiva. La interiorización de estos valores promueve, entre otras cosas, la apatía, no identificación y desinterés hacia procesos grupales, la insolidaridad hacia sus comunidades o la ausencia de corresponsabilidades con el contexto próximo y con un proyecto común. En última instancia, la preeminencia de estos valores genera una limitación en el ejercicio de la ciudadanía en las comunidades.

    Sin embargo, también podemos hallar orígenes más cercanos a las organizaciones para indagar sobre esta falta de participación. Entendemos que existen algunos factores controlables por las organizaciones que limitan o desmotivan a los asociados a participar. Por ejemplo, detrás de esta problemática podemos encontrar aspectos como la ausencia o la ineficacia de las estrategias, instancias y mecanismos dispuestos por las cooperativas para la participación, la comunicación, el desarrollo de aptitudes o de un sentido de pertenencia hacia un proyecto común.

    Esto contribuye a que, en muchos de los núcleos sociales locales, las cooperativas no tengan la capacidad de despertar el interés y sean percibidas por sus asociados como espacios poco atractivos, o incluso cerrados.

    Para dimensionar de forma más precisa la cuestión de la falta de participación es importante identificar también cuáles son algunas de sus consecuencias. Como punto de partida, cuanto menor es la participación de los asociados en los procesos de debate, deliberación y decisión de las cooperativas, menos garantizada estará la calidad y la eficacia de la democracia interna, tendiendo a una mayor concentración del poder de las entidades en pocas manos, voces y conciencias.

    Asimismo, ¿qué tipo de relación de pertenencia se genera con un asociado que no participa? Al debilitarse lazos de confianza, compromiso y solidaridad, cuando un asociado no participa se puede asumir como un mero consumidor o cliente que recibe un servicio de una organización que, sea cooperativa o sociedad anónima, el vínculo se expresa básicamente en grados de satisfacción – insatisfacción con dicha prestación.

    Cuando los asociados no se conciben como parte de una propiedad colectiva con derechos y obligaciones, se está poniendo bajo amenaza uno de los ejes fundamentales de la identidad y cultura, el ADN cooperativo.

    Finalmente, cuando existen niveles bajos de participación se dificulta que las cooperativas puedan conocer, gestionar y dar una respuesta efectiva a las necesidades e inquietudes de sus asociados. Esto, a su vez, tiende a generar una falta de satisfacción, de motivación e identificación de sus asociados con el proyecto cooperativo, formando todo un vaciamiento participativo.

     

  • Rusia y la era Putín, lejos de terminarse

     

    Gabriel Puricelli |  Coordi. Programa de Política Internacional del  LPP

     

     

    La URSS, que poco quiere decir para quienes hoy tienen menos de 50 años, se disolvió en 1991. Rusia, que era su corazón, su cabeza y la federación de repúblicas más grandes de aquella unión, retuvo de aquella el atributo más importante: el poder nuclear. Y lo retuvo de manera exclusiva. Con la anuencia de las otras potencias nucleares, Rusia se quedó con todas las ojivas nucleares que estaban repartidas por Ucrania, Kazajistán y los demás estados en los que se desmembró el gigante soviético. 

    Ese sólo recurso militar le permite a Rusia seguir teniendo al menos un atributo de potencia global. Sin embargo, eso no le ha alcanzado para retener el rol decisivo que tuvo en el mundo la URSS, actor indispensable de la derrota de la Alemania nazi y contradictor esencial de los EE.UU. durante 40 años de Guerra Fría. La disolución de la URSS es un crudo recordatorio de que el todo es mucho más que la suma de las partes. Más aún cuando ese todo formaba parte de un “mundo” que también se disolvió, con la caída del muro de Berlín como el hecho simbólico que marca ese estallido. 

    En moneda contante y sonante, la disolución de la URSS significó, inicialmente, un retroceso económico fabuloso para todos los países que surgen de esa diáspora. La dislocación del proceso productivo fue de la mano con una etapa de caos político (con intento de golpe de estado restaurador incluido) y no sería sino hasta el boom de los precios de las materias primas que Rusia podría estabilizar su economía y, con ella, su régimen político. 

    Recuperada de esa turbulencia, Rusia hoy no es más que la duodécima economía del mundo, tres puestos por debajo de nuestro vecino Brasil. Tampoco es el centro de un mundo: sólo su frontera centroasiática está bordeada de países amigos. El Báltico y la Mitteleuropa que alguna vez tuvieron a Moscú como capital de hecho, son áreas sobre las que hoy Rusia no proyecta casi ninguna influencia. 

    Rusia no es hoy, por lo tanto, una potencia global, pero sí sigue siendo una potencia nuclear, ha llegado a ser una potencia energética (gasífera, sobre todo) y proyecta la influencia política y militar necesaria para ser una potencia regional en su inmediato entorno (como lo vemos en Ucrania, con su apoyo a los separatistas rusófonos) y un poco más allá (como lo vemos en Siria, con su sostenimiento del régimen dictatorial laico de Bashar Assad). 

     

     

    Los equívocos de los que hablábamos al principio proyectan, sin embargo, una imagen más poderosa. La identificación (desde 1999) del nombre del país con el de un hombre, Vladimir Putin, refuerza ese efecto. Hace ya casi tres décadas que el ex-teniente general de la KGB soviética y ex-jefe de su agencia sucesora, la FSB rusa ocupa el cargo de jefe de gobierno (primer ministro) o jefe de estado (presidente). Después de reformar la constitución para alargar los mandatos presidenciales, su actual mandato de seis años (tuvo dos de cuatro entre 2000 y 2008) culmina en breve. No ha sido un período extraordinario como el de la primera década del siglo, cuando la suba a las nubes del precio del gas y de petróleo permitieron a la economía rusa recuperar todo el terreno perdido desde 1989, y sobre todo desde 1998, cuando bajo la presidencia de Yeltsin el país tocó fondo. La combinación de recesión y crecimiento anémico de estos últimos años no parecen amenazar la continuidad de Putin. Veamos por qué. 

    En cuanto a su régimen político, Rusia puede ser considerada un autoritarismo competitivo. En Rusia hay elecciones periódicas, pero habitualmente con algún candidato opositor proscripto o limitado en su capacidad de hacer campaña. Entre elecciones, el poder de Vladimir Putin carece de contrapesos en los otros poderes del estado. La oposición que siempre participa de las elecciones es la denominada “sistémica”. Dos partidos, además del oficialista Nuestra Rusia, están presentes siempre en el cuarto oscuro: un partido de nombre engañoso, el ultraderechista Liberal Democrático (PLD) y el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), una especie de club de nostálgicos desdentados del stalinismo. Ambos partidos tienen liderazgos casi vitalicios, Vladimir Zhrinovsky y Guennadi Ziuganov, quienes son intermitentemente, además, candidatos presidenciales. Este 18 de marzo, cuando la ciudadanía rusa concurra a las urnas, se encontrará con la boleta de Putin, con la del PLD postulando a Zhirinovsky y la del PCFR proponiendo al empresario Pavel Grudinin. 

    El gran ausente en estas elecciones es Alexei Navalny, alguien que probablemente en Europa occidental podría ser calificado como liberal. Como sucede desde el ascenso de Putin al poder, el poder judicial está siempre dispuesto a proscribir a cualquier candidato que se atreva a organizar o participar de manifestaciones callejeras no autorizadas o que (pretendidamente) reciba financiamiento extranjero para su campaña electoral o su actividad política habitual. Si además ese candidato adquiere visibilidad mediática o las encuestas lo posicionan en un lugar de popularidad, como ha sido el caso de Navalny tras el tímido movimiento de protesta contra la corrupción gubernamental de los últimos años, su exclusión de la competencia electoral puede darse por descontada. 

    Proscripto Navalny, cierto interés se concentra en Grudinin un empresario millonario que está al frente de la ex-granja colectiva (sovjoz) Lenin. La identificación de Grudinin con un programa como el del Manifiesto Comunista es seriamente puesta en cuestión por la mayoría de los comentaristas más informados, aunque el hecho de que lidere una empresa (hoy privada) que lleva el nombre del padre fundador del comunismo ruso y es un espejismo de la antigua producción colectiva parece ser suficiente para un partido de nostálgicos que recoge la mayoría de sus votos entre jubilados. Como dato adicional, la granja Lenin hoy conoce un gran éxito productivo y comercial, lo que ha hecho millonario a su propietario, pero también les ha dado a sus trabajadores la posibilidad de habitar buenas viviendas dentro del complejo de la granja y ganar salarios por encima de la media rusa. Grudinin fue diputado en el parlamento regional de Moscú por Nuestra Rusia, el partido de Putin. Abandonó el mismo con críticas a la corrupción, lo que le dio alguna visibilidad en la prensa opositora. Sin embargo, en lo que hoy puede entenderse como la decisión de ser candidato “sistémico” a la presidencia, pronto abandonó la insistencia en ese tema. Ya consagrado candidato, juró hacer una campaña “propositiva” (o sea, sin ataques a Putin). La intención de voto que se le atribuye (algo menos del 20%) ayudará sin dudas a mejorar el aspecto visual de la segura reelección de Putin, aún si no logra forzar la segunda vuelta que se realizaría el 8 de abril si Putin, por primera vez en 18 años, obtuviera menos del 50% de los votos.

     

  • Viejos son los trapos

    La Superliga tiene 58 jugadores mayores de 35 años, una edad a la que varios llaman "de jubilación" en el fútbol. Las razones de un fenómeno que por suerte enaltece a Guiñazú, Bértoli, Braña, Maxi Rodríguez, Ponzio y varios "viejitos" más. 

     

     Martín Eula |Periodista

    Pito Campos | Ilustrador

     

    "Hay gente que se jubila a los 65 años y se siente rara. Está incómoda porque quiere ir al trabajo, seguir con su rutina. Nosotros nos jubilamos a los 35, 36 años. Y es muy duro ser jubilado a los 36. Decís '¿y ahora? ¿Y ahora qué hacemos?'. Hay una vida por delante y enfrentarla no es fácil". Días antes de su debut como entrenador de Banfield, Hernán Crespo describía un mal que atormenta a la mayoría de los jugadores de fútbol profesional. Verdaderos elegidos por jugar muy bien a este deporte que mueve montañas y asegurarles un futuro económico a sus familias y -cientos de ellos- a varias generaciones, se enfrentan a una especie de abismo con el retiro.

    El exdelantero de la Selección fue uno de ellos y contó a corazón abierto una sensación generalizada que se hace carne en el final de la carrera. Tanto tiempo haciendo una actividad que -justamente- el inexorable paso del tiempo se los impide a una edad prematura para cualquier otra profesión. Ser técnico como el caso de Crespo, manager, dirigente, empresario y/o comentarista deportivo son distintas actividades que desarrollan los ex, pero de ninguna manera logran paliar lo que sintieron en pantalones cortos dentro de una cancha.

    En los clubes de la Superliga Argentina hay varios "jubilados" que se resisten a finalizar sus carreras, dan el ejemplo, son polos de consulta constantes y corren, juegan, atajan como cualquier pibe o maduro que no pudo dar el salto a Europa.

    Sebastián Bértoli es el abanderado en ese sentido. A los 41 años es el arquero de Patronato de Paraná. "Sigo disfrutando", dice el también concejal de su ciudad, hombre del ascenso profundo que jugó al básquet, manejó un taxi y le llegó la hora en Primera División cuando ya ningún jugador nacido en 1977 alcanzó algo semejante en la actualidad.

    El club de los 40 lo completan otros seis futbolistas con distinta continuidad y ascendencia en sus clubes. Sin dudas la principal atracción es Pablo Guiñazú, el más longevo de los jugadores de campo, en general único volante central de Talleres, capaz de correr a un pibe de 20 en el último minuto de un partido. ¿El secreto? "Un fernecito y un asado con la familia y los amigos", sonríe antes de explicar: "Busco vivir plenamente, algo que me llena el alma y me lleva a intentar transmitirlo en el campo de juego. Además, pesa mucho el cariño de los hinchas y lo que corren y se esfuerzan los chicos, eso también me mantiene vivo en la cancha. Y también está el cuidado personal, claro".

    Fabián Cubero no es sólo el padre de los hijos de Nicole Neumann y, por lo tanto, conocido hasta por la persona que jamás vio un partido de fútbol (¿habrá alguna en nuestro país?). “Poroto” es un emblema de Vélez, con una gran preparación física y temperamento, y en un equipo repleto de jóvenes es muy necesario más allá de que Gabriel Heinze le da pocos minutos. Rodrigo Braña es otro que deja la piel, entiende como pocos lo que es la mística pincharrata y se mantiene en el siempre exigente y especial Estudiantes. Adrián Bastía, como Guiñazú y Braña, es otro 5 de 40 años que brinda un argumento esencial para que se produzca este fenómeno: "Soy consciente de que el retiro se acerca y entonces vivo el día a día de la mejor manera. Disfruto de entrenar, de estar con mis compañeros, de una pretemporada y de los partidos, claro. Desde los cinco años corro atrás de una pelota y soy feliz donde estoy", sostiene el Polaco de Colón. De nuevo la palabra "disfrutar" como elemento central de la historia. Dos arqueros completan el sexteto de las cuatro décadas: Cristian Lucchetti es titular en Atlético Tucumán mientras que Mauricio Caranta espera como relevo en Talleres.

    Cuando dirigió a San Lorenzo y River, el chileno Manuel Pellegrini siempre decía que el gran problema del fútbol argentino era que no tenía figuras entre 25 y 28 años en sus torneos, edad en la que un futbolista alcanza -en promedio- el cenit de su carrera. Hace 19 años que el ingeniero dejó nuestro país por lo que no es difícil concluir en que ese desguace se profundizó: con pibes que cada vez se van más pibes, es ahí donde cobran trascendencia los grandes. Como agregado nada menor, la suba del dólar del año pasado provocó un desfase gigante con el peso que pegó de lleno en las tesorerías de los clubes con contratos -muchos de ellos- dolarizados.

    Inmunes a todo, los veteranos están y mueven a los fanáticos. Con 38 años, Maximiliano Rodríguez regresó a Newell's para ponerle cierre a una gran carrera. Ya cerca de los 39, José Sand volvió a Lanús tras un breve paso por Colombia y se mantiene vigente como Santiago Silva en Gimnasia. Nereo Fernández da garantías en el siempre confiable Unión y el Pichi Mercier es otro volante de marca que orilla los 40 y enseña en Atlético Tucumán.

    "Ponzio está... digamos que rejuvenecido, es la verdad. Me acuerdo de cuando llegamos, a mediados del 2014, parecía el actor de la película Náufrago, era Tom Hanks: estaba barbudo, despeinado, demacrado en la cara, estaba mal... Y mirá ahora. Eso es el fútbol, cuando un jugador agarra confianza". Marcelo Gallardo describió a su capitán, al único jugador que -ya sin Maidana ni Mora- lo acompaña desde el inicio de su ciclo en Núñez, al mediocampista que volvió a River en la peor hora y hoy es un ídolo que está a la altura de los grandes ídolos del club. Con 37 años, ya es el jugador -junto a Astrada- que más títulos festejó en River y, parece, todavía tiene cuerda para un rato más. Las exigencias del medio, del club donde juega y del entrenador que lo dirige le elevan la vara de manera sistemática. Con un año menos, Javier Pinola corrió casi a la par del Pity Martínez en esa corrida histórica para el 3-1 a Boca en el Santiago Bernabéu. El zaguero central lo hizo al minuto 120 de un partido abrasivo en todo sentido.

    Cholo Guinazú 

    Apenas llegó a Boca para iniciar la reconstrucción post caída en la final de la Libertadores y post era Barros Schelotto, Gustavo Alfaro -viejo zorro en estas lides- elogió, valoró y ungió a Carlos Tevez como líder y factor distintivo del nuevo equipo. A los 35 años, el Apache afronta el último año con contrato con el club y podría coincidir con el año de su adiós.

    Que River y Boca tengan a quienes tienen como referencias de sus planteles desnuda todavía más este fenómeno.

    Pero claro, de los 35 a los 37, esa edad que Crespo expuso como de jubilación prematura, no sólo es potestad de los gigantes de nuestro fútbol. Lisandro López es un toque de distinción, de docencia y de goles en Racing. Fabricio Coloccini es clave en San Lorenzo, donde Belluschi derrocha talento y Román Martínez busca mostrar su vigencia. Licht juega y patea los penales como los dioses en Gimnasia. Gelabert y Ardente son claves en San Martín de San Juan. Nelson Ibáñez ataja en Newell's y Figueroa genera juego. Damonte, Araujo y el paraguayo Antony Silva sostienen a Huracán.  El Chino Luna aprovecha los minutos que tiene en Tigre. Lugüercio, Pavone, la Gata Fernández y Andújar se suman a Braña para bancar a Estudiantes. Machín y Pisculichi son motores en Argentinos. Germán Herrera ataca en Rosario Central. Renzo Vera y Pablo Ledesma rinden en Patronato.

    De los 26 equipos de la Superliga solamente Independiente y Godoy Cruz de Mendoza no cuentan con jugadores de 35 años en adelante en sus planteles. En los otros 24 se acumulan 58 hombres que lejos están de mostrarse como jubilados en una cancha pero que cada vez más están más cerca de ese momento.