• Fragmentado y con clima electoral, el Congreso se reunió menos que nunca

    En minoría, el oficialismo no logró construir una alianza duradera con sectores de la oposición que habían apoyado leyes importantes en los dos años anteriores. Se alcanzó un récord de improductividad en cantidad de leyes aprobadas y de sesiones realizadas.

  • Fundación COLSECOR | Identidad colectiva y horizonte de largo plazo

  • G20: la sombra de Trump sobre la cumbre de Buenos Aires

    Argentina se apresta a ser anfitriona del G20. Trump, que ha confirmado su presencia, ha aguado la fiesta en las dos últimas cumbres en las que estuvo: ¿pasará lo mismo en Buenos Aires?

     

    Por Gabriel Puricelli

    Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.

     

    Establecido en 2008, cuando el mundo se asomaba al abismo de la crisis desatada con la quiebra del banco Lehman Brothers, el Grupo de los 20 (G20) tendrá su decimotercera cumbre en Buenos Aires, el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Los 20 socios de este grupo, 19 países y la Unión Europea, producen hoy tres cuartas partes del producto interno bruto del mundo. La idea de sentarlos alrededor de una mesa surgió del reconocimiento por parte de Estados Unidos tanto de que se hacía necesario un mecanismo de coordinación macroeconómica ante un momento difícil, como de que en el mundo había una ecuación de poder en la que China y los llamados países emergentes tenían un papel que ya no se podía soslayar.

    Esas dos constataciones fueron suficientes para decidir jerarquizar una instancia que ya había puesto en marcha en 1999 el entonces Ministro de Finanzas de Canadá, Paul Martin, bajo la forma de una reunión periódica de ministros de economía y finanzas y presidentes de bancos centrales, y transformarla en una reunión de jefes de gobierno. Desde el primer encuentro a ese nivel, en 2008 en Washington, sucesivos líderes se han reunido en 12 ocasiones, a ritmo anual desde 2011. En 2009 y 2010, mientras duró la Gran Recesión, estuvieron obligados a reunirse dos veces cada año.

     

    El G20 no existiría si los países de mayor desarrollo relativo, que en 1977 establecieron el Grupo de los 7 en su configuración actual (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) no hubieran llegado a la conclusión de que era imprescindible el reconocimiento político de los poderes emergentes y la coordinación macroeconómica y financiera con ellos para salir de la espiral descendente que había desatado la quiebra del banco de inversión de Nueva York. La apuesta inicial de sumar a Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México y Sudáfrica rindió algunos frutos: evitó respuestas proteccionistas que hubieran podido limitar el comercio internacional en un momento en que se necesitaba de su dinamismo para relanzar la actividad económica y estableció acuerdos de regulación financiera (conocidos como Basilea III) que obligaron a los bancos del mundo a aumentar sus reservas de capital para hacerlos menos vulnerables a eventos como la crisis de las hipotecas en Estados Unidos.

    Nacido bajo el signo de esa crisis, cuando la recuperación de la economía global se mostró firme, algo del interés inicial de los países del G7 se debilitó y la ruptura entre Estados Unidos y Europa Occidental, por un lado, y Rusia, por el otro, a raíz de la anexión por parte de esta última de la península de Crimea, en 2014, puso en duda su continuidad. Sin embargo, una circunstancia ayudó a salvarlo: ese año, la organización de la cumbre anual le tocó a Australia, un país que tenía (como varios otros dentro del grupo) un interés muy fuerte en preservarlo. En tanto Australia no forma parte ni del G7, ni es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, el G20 es para ese país la instancia internacional más importante de la que participa. Al país-continente del sur lo sucedió otro en la misma condición: Turquía, en 2015. Se puede decir que los poderes medianos rescataron al G20 de su pérdida de relevancia en un momento clave.

    Para la cumbre de 2016, en China, país que sí está en el Consejo de Seguridad, pero no en el G7, el proceso parecía recuperar una velocidad de crucero: aún sin recuperar la centralidad de sus primeros años, todo apuntaba hacia su consolidación.

    Sin embargo, en enero de 2017 llegó a la Casa Blanca un presidente que vendría a hacer trizas la siempre problemática relación de Estados Unidos con el multilateralismo. Con Donald Trump, la idea de que para el poder casi absoluto de la superpotencia es conveniente buscar algún consenso con las otras naciones en algunos temas de interés común para obtener el asentimiento de éstas a aquel poder fue reemplazada por la noción cruda de que ese poder se va a imponer cuando y como lo considere necesario y que cualquier negociación va a ser de a dos y no en mesas que incluyan actores no indispensables. La cumbre del G20 del año pasado en Hamburgo fue testigo de la puesta en práctica de ese nuevo enfoque, alejado tanto del intervencionismo de alta intensidad de los años de George W. Bush, como del más solapado y prudente de Barack Obama.

     Aislado en su fortaleza, Trump se desentiende de los asuntos del mundo en tanto éstos no afecten de manera directa la vida en su país y rehúsa poner límites a las acciones de su país que puedan ser nocivas para el resto del planeta. Una expresión clara de esa visión fue el retiro de Estados Unidos del Tratado de París sobre cambio climático y del plan de acción apoyado por el resto del G20. La cumbre de Alemania, estaba destinada a ser un momento de discordia: por primera vez en su historia, los líderes emitieron un comunicado en el que convivían dos visiones distintas sobre el asunto crucial del calentamiento global.

    Sin sospechar que esos eran los Estados Unidos que se venían, Argentina se había postulado en la cumbre de Hangzhou para ser sede de la cumbre en 2018. Como anfitriones no sólo de esta reunión de jefes de estado en Buenos Aires, sino de la multitud de reuniones ministeriales y de grupos temáticos que han tenido lugar desde principios de año, nuestro país sabe bien que Estados Unidos tiene hoy tan poca vocación de acordar como la que mostró en Hamburgo. Tiene, además, enfrentamientos bilaterales abiertos y en su fase álgida con otros dos miembros del G20: China y Turquía.

    Con el cambio de gobierno en 2015, Argentina entró en una fase de optimismo internacionalista que la llevó a ofrecerse como anfitriona de varios eventos que representan importantes desafíos logísticos y que ofrecen interesantes oportunidades de visibilidad. Esa apuesta al multilateralismo se ha topado con un entorno internacional cada vez más receloso de la apertura y la colaboración. La reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio llevada a cabo en Buenos Aires en diciembre de 2017 concluyó en un sonoro (y previsible) fracaso, a pesar de haber brillado en términos logísticos. ¿Es ese el destino de la cumbre del G20?

    De los múltiples obstáculos que la cumbre debía atravesar, hay uno que parece haber sido franqueado: Trump ha confirmado su participación. El nubarrón que pendía sobre el evento era la posibilidad de que el presidente estadounidense eligiera seguir radicalizando su actitud: pasó de manifestar un desacuerdo puntual en Hamburgo a, más recientemente, en junio pasado, retirar (con notificación vía Twitter) su firma del comunicado de la cumbre del G7 en Canadá. En Buenos Aires, una cumbre sin la representación del país más importante del grupo hubiera sido un fracaso desde el principio: con su presencia, ¿lo terminará siendo en el final?

    La situación del mundo desde la llegada de Trump no deja de ensombrecerse: que los líderes del mundo lleguen pronto a una Argentina también ensombrecida es una postal elocuente de esta hora.

     

     

     

  • General Acha, y una historia para el cine

    Por Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador  

     

    Una mujer se entera a los 60 años de que podría ser hija de un hacendado que dejó una herencia de 40 millones de dólares.  A partir de ese momento comienzan a ocurrir una serie de acontecimientos que convierten a esta localidad del sur de La Pampa en el escenario de un macabro policial negro.

     

    “Mirá esos muchachos lo mal que están y lo bien que podrían estar con la plata de Rufino Otero”, escuchó Miguel Juárez en medio de un asado.  Hasta ese momento nadie se había atrevido a mencionar ese parentesco delante de los Juárez, pero el vino de esa noche no le permitió medir el tono del comentario a Pancho Larzábal, ni tampoco  percatarse de que uno de ellos estaba presente en el lugar.

    Era 1997, hacía 14 años que Rufino Otero había muerto dejando  26 campos por un total de 50 mil hectáreas, 15 casas, 5000 cabezas de ganado, y hasta dos aviones.

    Cuando Rufino Otero murió todo eso quedó para su mujer,  Elisa Arenaz, quien poco antes de morir, en 1990, dejó toda la herencia en manos de su sobrino Darío Sarasola Arenaz.

    El rumor que daba vueltas por el pueblo era que doña Eva Paole, viuda de Raúl Juárez y madre de Miguel, Horacio y José, era hija de Rufino Otero.

    El 2 de agosto de 1999, Eva Paole  presentó  una demanda de filiación por la supuesta paternidad de Rufino Otero y una reivindicación de bienes, es decir, el reclamo de la herencia de Otero.

    El 29 de septiembre de 1999, la justicia comprobó que la tumba de Rufino Otero había sido profanada.  

     

    Portal de ingreso a la localidad 

     

    El show de los muertos

    “Ese no es Rufino”, afirmó Omar Otero, sobrino y médico personal de Rufino Otero, cuando abrieron el Cajón para corroborar las denuncias de profanación del cadáver.

    Eva Paole podía demostrar ser hija biológica de Rufino Otero con un estudio de ADN, ahora, con la confirmación de la profanación del cadáver del hacendado, se iniciaba una nueva batalla legal. Esta causa a cargo del juez  Álvarez quedó estancada.

    Tras las denuncias de Eva Paole, la justicia había ordenado la inhibición de los bienes de Sarasola, sospechosamente, los abogados que por aquel entonces defendían a Paole no  impulsaron este expediente y un año después esta orden se levantó. Además pidieron estudios de ADN para Eva Paole y el cadáver que estaba en el féretro de Otero, estos estudios se hicieron en el año 2003 y, obviamente, el cotejo genético dio negativo.

    En 2006 se hizo un nuevo cotejo genético, esta vez entre los cadáveres de los padres de Rufino Otero y el cuerpo que se encontró en el féretro, con lo cual se confirmó el cambio de cadáveres, pero la muestra no fue suficiente para corroborar si eran o no los abuelos de Eva Paole.

    Mientras los Juárez trataban de dar con alguna veta de la justicia que impulsara sus demandas, el caso seguía dando vueltas por los bares, las esquinas, las plazas de Acha y, ahora también por las radios y los diarios del país.

    En 2007, un informante anónimo  se contactó con diferentes medios de comunicación contando que el cuerpo que ocupaba la tumba de Otero pertenecía a Alberto Salvini, un hombre que había muerto en la calle en 1989 y que debía estar sepultado en el cementerio de Toay, localidad pegada  a Santa Rosa de La Pampa.  El hijo de Salvini pidió a la justicia que se abriera la tumba de su padre, cuando los forenses fueron hasta allí se encontraron con el cadáver de una mujer.

    El informante dijo también que toda esta información había sido entregada a la policía en 2004, y que una de las personas que habían participado del cambio de cadáveres era un  pintor llamado Hugo Bustos, que además trabajaba en el sector de la funeraria de la cooperativa de Santa Rosa.

    Hugo Bustos murió, junto a su hijo, el 18 de mayo de 2004 en un “extraño accidente”: se desengancho el andamio en el que estaban parados mientras pintaban el décimo piso de un edificio en Santa Rosa.

     

    El largo camino hacia la identidad

    Con nuevos abogados Eva Paole logró que se hicieran estudios de ADN de su madre, Josefa Paole, y de la madre de Rufino Otero, Justina Portas.  También se analizaron todos los patrones genéticos obtenidos de los restos cadavéricos de los hermanos de Rufino.  Todos estos estudios, cotejados  con el patrón genético de Eva Paole, dieron información necesaria para que el Pricai (Primer Centro Argentino de Inmunogenética, dependiente de la Fundación Favaloro) estableciera que existía un 99.999 % de probabilidad de que Rufino Otero sea el padre biológico de Eva Paole.

    Eva tuvo que esperar hasta septiembre de 2012 para que la justicia pampeana sentenciara que era hija de Rufino Otero.  La sentencia fue emitida por el Juez Claudio Soto cuando la jueza titular, Gabriela Pibotto, quien estuvo a cargo de la extensa causa, se encontraba de licencia con carpeta médica.

    Mientras tanto, los bienes dejados por Rufino Otero se seguían vendiendo.  La jueza Gabriela Pibotto había rechazado dos medidas cautelares para inhibir los bienes en manos de Darío Sarasola, quien, según registros oficiales, muere en el año 2007.

    A pesar de la sentencia del Juez Soto, la bicicleta judicial seguía pedaleando en falso.  Cansada de tanto vericueto y de instancias  de apelación, sumado a la muerte de su hijo Miguel, Eva Paole terminó arreglando con los abogados de los herederos de Darío Sarasola por una cifra muchísimo menor a lo que le correspondía como heredera del millonario hacendado.

     

    Ingreso a la estancia donde trabajó la madre de Eva Paole y donde ella misma vivió y trabajó sin saber que era la hija del sueño

     

    Orgullo y prejuicio

    “Es un tema escabroso”, me dice alguien de la cooperativa cuando le digo que ando buscando información sobre la herencia de Otero. “Darío Sarasola se equivocó, tendría que haber arreglado desde un principio”, asevera convencido un vecino de Acha, que además es abogado.

    “El dinero,  y las relaciones de poder lo llevaron a creerse capaz de cualquier cosa”, Mauro, un camionero conversando en la estación de servicio.

    Cuando Sarasola se quedó con la fortuna de Otero se fue a vivir a un country a Buenos Aires y desde allí solía venir de visita a sus estancias acompañado de personajes como  la ex esposa de Carlos Menem, Zulema, y su hija Zulemita, el corredor de autos Silvio Oltra, quien falleció junto a Carlitos Menem en un accidente en helicóptero, el ex senador nacional y ex secretario de Agricultura, Antonio Berhongaray y el ex fiscal de la Cámara de Casación Penal, Juan Martín Romero Victórica.

    “estaba acorralado”, dice Jessica Juárez, nieta de Eva Paole,  una de las que sostiene la teoría de que Sarasola no está muerto: “Había testigos que vieron gente de su entorno cuando murió el pintor que cambió los cadáveres en Toay.  Se lo vio pocos días antes por Acha y nadie sospechaba que estuviera gravemente enfermo, además el panteón de su familia está en este pueblo y él fue enterrado en Bs As, nadie que yo conozca vio su cadáver el día del supuesto entierro”.

     

    La Chacha

    Eva abre la puerta de su casa. Me presento y le cuento que vengo de Córdoba para hablar con ella.  Ella amaga a cerrar la puerta, dice que no tiene ganas de hablar de ese tema por el que seguramente la estoy buscando.  Pero se queda, y habla.  Eva Paole nació en General Acha hace 80 años.  Ella es de ahí. De Acha; desde siempre.  Ella está cansada y decidió hace un tiempo no volver a hablar del tema.  Pero Eva Paole, viuda de Juárez, es del pueblo.  Y si alguien golpea su puerta ella atiende.  Eva tiene valores claros y no es irrespetuosa con sus visitas.  Eva Paole, “la Chacha”, sabe ahora que su apellido verdadero es Otero, pero “no me sale decirlo”, dice.

    La Chacha se relaja, sonríe, y habla.  Dice que decidió firmar un acuerdo por migajas vencida por el cansancio y la injusticia. “Tendrían que estar todos presos, toda esa mafia de abogados, jueces y empresarios corruptos”, y ahora sí habla con bronca. Le pregunto por qué firmó ese acuerdo cuando ya se había demostrado que era hija de Otero, entonces su cuerpo se desinfla y sus ojos se tildan como si estuviesen detrás de unas lentes 3 D mirando su autobiografía. “Éramos cuatro, ahora somos tres.  Todo esto nos desgastó mucho y mi hijo mayor murió  en el medio.  Esto no se terminaba más, se dilataba y estaban todos comprados, tenía que seguir luchando hasta que quedaran todos presos.  Pero yo nunca quise nada, lo único que quería era saber si Otero era mi padre. Lo que me dieron es para mis hijos y mis nietos”.

     

    La casa donde vive la Chacha frente al hospital local 

     

    La madre de Eva, Josefa, vivía en General Acha pero trabajaba en la estancia de Rufino Otero.  Cuando Eva se casó con Raúl Juárez, éste empezó a trabajar de capataz para Otero y se fueron a vivir a la laguna de Utracán.  La chacha piensa ahora que seguramente su marido también sabía que Otero era su padre. “En Acha todos lo sabían, y yo me vine a enterar a los 60 años”.  

    La laguna de Utracán es un remanso de flora y fauna autóctona rodeada por un bosque de chañares y caldenes en medio de la pampa patagónica agroganadera. La laguna, que ahora es un hermoso  balneario de agua salada que la municipalidad de Acha concesiona a unos encargados, era parte de la estancia San Ernesto, donde Josefa trabajaba de mucama.  De todo lo que los Sarassola se habían quedado, lo que más le dolía a  Eva era esta Estancia. “yo no quería que se la quedaran ellos”, afirma con sólida y aquilatada firmeza.

    En Utracán, pegada a la estancia San Ernesto, se encuentra la Escuela Hogar N° 13 Justina P. de Otero.  “Lleva el nombre de la madre de Rufino”, aclara Eva.  ¿Su abuela?, Le pregunto, ella sonríe y dice con desencanto “Sí, mi abuela”.  

    Cuando Eva tenía 26 años y vivía en la laguna de Utracán, Raúl Juárez murió fulminado por un rayo.  Don Rufino (que además de empleador del obrero fallecido en ejercicio de su tarea,  era el padre biológico de la viuda), dejó a la chacha y sus hijos viviendo en el rancho del capataz.

    “Cuando mis hijos vinieron con eso de que Otero era mi padre empecé a relacionar algunos hechos, como la relación de confianza que tenía mi marido con el patrón y la ayuda indirecta que nos dio después de la muerte de Raúl, como dejarnos  algunos animales y que viviéramos en San Ernesto”.

    Eva ni se imaginaba lo que en realidad le correspondía y consideraba a Don Rufino un buen hombre que reconocía el trabajo de un empleado honesto. Ella decidió volver  a Acha  y empezar de nuevo con la ayuda de sus hijos quienes, con menos de 13 años, tuvieron que salir a trabajar.

    “Mis hijos pudieron salir adelante, nos costó mucho esfuerzo. No me quejo de nada, todo lo hice por ellos y mis nietos.  La gente de Acha me conoce, me quiere y me apoya”.  Eva Paole, la Chacha, apoyada en el picaporte de la puerta de ingreso a su casa, se estremece en un inocente lamento de niño despojado de un deseo: “no puedo dejar de pensar que diferente hubiese sido todo”.

    Eva sigue viviendo en su casita frente al hospital de Acha con su jubilación mínima. Pero la Chacha sigue siendo noticia en General Acha porque, como si fuera una fantochada de la diosa fortuna, de vez en cuando se gana el telebingo o la lotería.

     

    Apuntes de Acha
    General Acha, primer capital de la provincia de La Pampa, fue fundada el 12 de agosto de 1882 cuando el genocidio planificado por el Gral. Roca llega a Quetré Huitrú Lauquen  y se le ordena al general Manuel J. Campos ocupar militarmente el valle cubierto de antiguos caldenes, que con el tiempo también irían siendo erradicados de su territorio. Dos años después de su fundación se establece oficialmente la capital pampeana en General Acha y allí funcionaría hasta 1900, momento en que se la traslada a Santa Rosa de Toay.  Queda todavía el juzgado y cuando se decide su traslado, en 1904, un importante grupo de vecinos intenta impedirlo enfrentándose a la policía y ocultando documentación. Este hecho, “la revolución de Acha”, finalizó con la llegada de refuerzos policiales que detuvo a los manifestantes y se los llevó a Santa Rosa, junto con el organismo judicial.
     Así, sin originarios, ni caldenes, ni capital, ni juzgado, el pueblo de Acha siguió su camino. Quedó el tendido de vías férreas y el modelo agroexportador con el cual el Estado argentino se acopló a la distribución mundial de trabajo. Evidentemente, esta combinación fue bastante conveniente para algunos hacendados como Otero.Punta y Acha.
  • Inés Estévez. La actriz que se reveló cantante después de los 50

    Por Cecilia Ghiglione

    Cantante y actriz, actriz y cantante. Inés se define como ambas, aunque también escribe novelas, enseña teatro y dirige. También es mamá de dos niñas. Luego de un retiro voluntario de la actuación por varios años, volvió al cine y se la vio en los últimos meses en la pantalla chica en El Maestro. Pero Estévez fue por más y a los 52 años  decidió reinventarse levantando la voz.

    Hace dos años se animó a cantar en público de la mano de Javier Malosetti, por entonces su pareja. Hoy la relación sentimental con el músico concluyó, pero Estévez reconoce en él no sólo a su mentor musical sino a un ser especial que la redescubrió como artista.

    Del otro lado del teléfono, mientras toma un descanso en el rodaje de una nueva película, Inés dice que “la música siempre estuvo presente en mi vida” pero que hacerlo en público no estaba en sus planes. “Mi padre, Carlos Augusto, era oficinista pero un amante del jazz; tocaba de oído. Tenía un grupo donde se juntaban una vez por semana y me llevó con él desde los 8 años. Un tipo hermoso, alto, rubión y un soñador. Mi madre, que todavía vive, fue profesora de francés y era muy amante de la lírica. La música es algo que me acompañó toda mi vida pero nunca pensé tomármelo seriamente por respeto,  porque me parece que hay gente formada para eso. Pero, bueno, se dio así y estamos ahora haciendo giras con la banda”.

    Antes de imaginarse cantando sobre un escenario, Inés grabó algunos singles e intervino en bandas sonoras (Matar al abuelito), allá lejos y hace tiempo. Pero todo sucedió  bajo el amparo de un  estudio de grabación y nada hacía suponer este presente solista, frente al público, de swing, bossa y jazz  con la Esteves&Magic3.

     

    ¿Cuándo se puso seria la cosa arriba del escenario?

    Cuando en esa relación afectiva tan profunda, tan hermosa y valiosa que tuvimos con Javier Malosetti nos dimos cuenta que nuestros padres (Walter Malosetti y Carlos Estéves) escuchaban la misma música y los mismos intérpretes. Él en El Palomar y yo en mi casa de Dolores. Creo que algo digitaron los viejos, amantes de la música los dos, bohemios, colgados, disfrutadores de la vida. Entre esas coincidencias Javier me llevó de la mano y armamos ese binomio que terminó resultando en 50 shows en un año.

     

     Y ahora, ¿cómo es la Inés sin su mentor?

    Cuando nos separamos con Javier  desestimé en un primer momento seguir, pero la banda quiso y acá estoy como solista, con un montón de shows e invitados, quizá con un disco en vivo. Todas mis fichas están puestas acá, es algo que me abruma pero me fascina, es lo primero que produzco en mi vida por propia cuenta.

     

    La Inés cantante tuvo ahora que educar sus cuerdas vocales ya que es larga la lista de presentaciones.

    ¿La experiencia actoral te ayuda al momento de enfrentar al público en un escenario?

    A mí no, no sé a otras personas; esto es muy personal. La actuación requiere de una disciplina que compromete todo mi ser: el cuerpo, el espíritu la memoria, la concentración, el estado físico y mental. Son muchas horas que requieren estudio previo. Cantar tiene una bohemia, puedo tomarme un vino y salir a cantar. De todas maneras, lo que compensa es que cuando actúo tengo la protección de la ficción, la loca que grita no soy yo, es el personaje; mientras que cuando cantando me paro frente al público, lo miro a los ojos y eso me genera un pequeño terror  extra.

     

    Se la escucha feliz, a pesar de las presentaciones, los rodajes, las clases y la maternidad, mientras repite que “no esperaba vivir esta experiencia después de los 50”.

    ¿Parece que no sos fácil de encuadrar?

    Soy atípica. Recién supe que podría ser madre, que podía hacerme cargo de la vida de otro después de los 40. A los 52 estoy empezando una nueva carrera y con gran intensidad mientras que otros empiezan a pensar en jubilarse.

     

    Hace unos años, en 2006, decidiste dejar de actuar. ¿Qué pasó y que hizo que volvieras?

    Yo no tengo formación académica, me forme trabajando en el cine y el teatro  que era lo más parecido al arte. Cuando empecé a trabajar en televisión con más visibilidad coincidió con el momento de la hipercomunicación, de la explosión de Internet  y lo audiovisual en ese momento empezó a ser de las ramas del arte lo más alejado del hecho artístico, empezó a ser la fama un valor en sí mismo y yo no estaba acostumbrada a eso, no sabía manejarlo, no tenía ese entrenamiento  que sí tenían muchos de mis compañeros para lidiar con el tema; para mí era muy ajeno todo. Para mí la actuación era exclusivamente artística y ese ir contra ese sistema que le daba lo mismo quien estaba ahí por el arte que por la experiencia de la notoriedad me confundió. Después de meses de pensarlo tuve un accidente en un rodaje televisivo bastante bravo y ahí me tomé unas vacaciones con el objetivo de dejar la actuación.

      

         

    Con pasado de bailarina  Inés dice que su única formación académica fue la danza entre los 4 a los 13 años, en Dolores, todo lo demás ha sido pura experiencia. Desde septiembre se la puede ver en la miniserie El Maestro (El Trece y TNT), encarnando a la villana Paulina, un personaje “quebrado”, según la propia actriz.

    “Me atrajo el proyecto apenas me lo propusieron porque responde a los trabajos de Polka que revisten calidad”, dice, “además de trabajar con Julio Chávez (Prat) con quien compartí poco y hace mucho tiempo”.

    “Me gustan los personajes que ofrecen el desafío de las contradicciones, me interesan especialmente porque tienen una amplitud expresiva muy superior. Así que lo disfruté muchísimo”.

    A pesar de estar formada en la danza, “soy la única de los personajes centrales que no baila”, agrega.

     

     

    En este paréntesis de la actriz llegaron a la vida de Inés (que en ese momento compartía con el actor Fabián Vena)  sus hijas: Vida (8) y Cielo (7). “Adopten hermanitos porque es hermoso”,  dice orgullosa  de sus hijas.  

    Siempre te has ocupado de desmitificar  la maternidad como un estado idílico.

    Mi estado como madre sigue siendo un sacerdocio; hago lo que puedo, como puedo, lo mejor que puedo. Yo creo que tener hijos es un acto que requiere de una entrega  que en general nos excede. Está muy identificado para el lado idílico pero la paternidad y la maternidad no son así. Ser padres es una tarea irrenunciable y que demanda toda la energía  de uno. En mi caso  particular hay un plus que tiene que ver con la condición de mis dos hijas con quien tengo tenencia compartida con el papá, los dos estamos muy atentos a ambas. Después de mucho buscar hemos logrado buscar soluciones terapéuticas que acompañen la condición de ambas que no entran dentro de los cuadros patológicos típicos. Esa fue la mayor sorpresa, que los lugares dedicados a la educación especial también son dogmáticos; hay colegios para hipoacúsicos, para chicos down, para autistas  pero cuando el chico no reviste la patología específica sino que tiene un retraso madurativo, que es una condición producto de vivencias que tuvieron, era muy difícil encontrar un ámbito que las cobijara. Finalmente encontré una institución maravillosa, sostenida por una comisión de padres que todos los meses aportamos lo que cada uno puede de manera anónima para ayudar a la institución porque las coberturas de las obras sociales no alcanzan.

     

    Sos en general muy crítica del sistema educativo.

    Hay lugares y profesionales importantes pero en materia de inclusión hay mucho por hacer todavía,  me refiero a que la enseñanza acepte que cada ser humano es singular y no necesariamente está capacitado para adherir al manual de rigor, es un cráter que tiene el sistema educativo.

     

    Como usuaria frecuente en twitter, ¿qué pensas de las redes sociales?

    Antes me rehusaba a usarlas pero después aprendí a sacarles el jugo….  Con el tiempo vi que podía ser un lugar desde donde aportar una mirada, de búsqueda, de verdad porque me parece que la verdad es algo imbatible. Me parecen una herramienta interesante desde donde intento ser constructiva, ayudar, despertar conciencia y también difundo mi trabajo. Me molesta el anonimato en las redes, esa falsa valentía que produce un perfil falso…. 

     

     PH Alejandra López 

  • Inmigrantes | La eterna búsqueda de un lugar bajo el sol

    El 18 de diciembre la ONU conmemora el Día Internacional del Migrante, en medio de reacciones de intolerancia. En Argentina, las grandes olas que llegaron sobre todo desde Europa, entre finales del siglo XIX y principios del 20, dejaron una profunda marca en la identidad común.

     

     

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    De todas las capacidades con las que la naturaleza y la evolución dotaron a los seres humanos, la de pararse sobre dos piernas fue decisiva en su camino a la conquista del planeta.

    Acaso todavía era un homínido cuando empezó a sentir no sólo que le daba en la cara una brisa más fresca que los vapores calientes que subían desde el piso cercano para su vieja condición de cuadrúpedo, sino que fue capaz de mirar más allá, de descubrir con sus propios ojos el horizonte y,  con él, la tentación de andar, de perseguir esa inalcanzable línea en la que se reúnen el cielo y la tierra.

    Caminar fue todo un verbo decisivo para la humanidad. La especie, algo más frágil en algunos otros aspectos, no podía competir con otras en velocidad pero tenía una virtud única: la capacidad de andar más lentamente pero con persistencia y resistencia, de modo de derrotar las más apabullantes distancias.

    Todos los hombres y mujeres venimos de África: allí en el paisaje de la sabana nació la humanidad. Y si hoy estamos repartidos en todo el mundo es porque un día fuimos capaces de treparnos sobre nuestros pies y salir hacia otros rumbos.

    Hay pueblos enteros que han marchado por generaciones en búsqueda de lugares más hospitalarios, como lo cuenta el relato bíblico sobre los 40 años que el pueblo judío anduvo en el desierto guiado por Moisés, desde Egipto a la tierra prometida.

    Nuestra capacidad para dejar atrás las condiciones de la naturaleza original ha sido la clave del éxito de la humanidad.

    Aquellas legiones que atravesaron continentes en busca de lugares donde fuera posible sobrevivir con la provisión de la naturaleza, con el andar de los siglos se convirtieron en los inmigrantes que por diferentes razones, desde la guerra hasta el hambre, dejaron sus países originales por otros donde fueran acogidos.

    Bien lo sabemos todos los hijos de este continente: luego de la feroz conquista, América fue la tierra de promisión para millones de europeos acorralados, como así también de asiáticos.

    Y sobre todo bien lo sabemos los argentinos, que amasamos nuestra identidad con el enorme impacto que trajo la inmigración de finales del siglo XIX y que se sostuvo en multitudinario flujo hasta mediados del 20.

    De esas grandes oleadas de inmigrantes están salpicados de nombres y apellidos nuestros pueblos y ciudades.

    El preámbulo de la Constitución de 1853 ya se dirigía “a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Luego, la intención de atraer población extranjera, sobre todo europea, para desplegarla por el vasto territorio nacional, se convertiría en una política de Estado.

     

    El mar, las guerras, el hambre

    El primer gran desafío de aquellos inmigrantes fue cruzar el mar. En el siglo XIX hacía ya tres centurias que de algún modo el mundo era un pañuelo, pues las orillas de los continentes estaban más conectadas con la aparición de los barcos a vapor y los progresos de la navegación comercial.

    Un sinnúmero de empresas marítimas se presentaban dispuestas a trasladar multitudes y llevarlas desde Europa hasta el otro lado del Atlántico por precios que eran relativamente accesibles, aunque los más humildes empeñaban su última moneda en un único billete, con el sueño y la promesa de llegar a destino, juntar dinero y enviar para los pasajes de la familia que había quedado en la otra orilla.

    En los afiches de las compañías que invitaban a cruzar el mar y se pegaban aun en los pueblitos más pequeños, proponían destinos bellos y venturosos. Uno de los más mentados era Argentina.

    Los inmigrantes se embarcaban con el imprescindible sueño de que el destino cumpliría sus promesas de prosperidad, pero para llegar debían atravesar un viaje que estaba lejos de ser una simpática aventura. Más bien era una larga y dificultosa experiencia, cuando no penosa, ya que acechaban todo tipo de incomodidades: hacinamiento, mala alimentación, incluso enfermedades. Las precarias condiciones de algunas naves llevaron a las autoridades de ciertos países a regular la cuestión sanitaria de los viajes.

    Eran a veces tan dramáticas estas situaciones que los capitanes solían manejarse con la decisión de arrojar al mar a aquellos enfermos que podían propagar su mal entre tanto pasajero hacinado, aun cuando se tratara de un niño que había contraído sarampión. Eran épocas sin médicos ni remedios para algunos males.

    De alguna manera, con los inmigrantes el mundo venía a estas tierras a través de los relatos más tremendos de las experiencias extremas vividas allá lejos.

    La ilusión de la prosperidad no fue el único motor que impulsó la marcha, sino que estas latitudes representaron un cobijo para miles de viajeros que llegaron con  la memoria atormentada por las guerras y las persecuciones.

    El mundo, como siempre ha sucedido, ardía en decenas de conflictos. Podía ser una guerra civil como la que enfrentó a España, conmovió tanto a los sentimientos argentinos y deparó además la llegada de multitudes.

    Podían ser feroces persecuciones en nombre de la intolerancia, como la que sufrió el pueblo armenio de parte de Turquía a comienzos del siglo 20 o la que padecieron los judíos en los pogromos rusos y luego en el tremendo Holocausto de la segunda gran guerra.

    Las dos inmensas guerras del siglo 20, que juntas provocaron 70 millones de muertos, desataron aluviones de inmigrantes en todas las direcciones. Llegaron aquí con el último aliento, abrazados al instinto de vivir por encima de todas las cosas. Muchos no pudieron volver jamás a sus tierras de origen ni al afecto familiar. Por ellos, nosotros supimos tanto del mundo, tanto de tantos horrores. 

    Y luego el hambre: millones venían marcados por el dolor de los estómagos vacíos. 

    Hemos visto escenas cotidianas así: cada vez que concluía el almuerzo, y mientras se levantaban las cosas que quedaban en la mesa, la abuela tomaba un pan de los que habían sobrado y le daba un beso sutil, íntimo, sin decir nada. No era un beso de despedida (el pan no iría a la basura sino que tal vez sería rallado o convertido en budín), sino un beso de amor, de gratitud y hasta de disculpa por desaprovechar su frescura. El pan era el preciso símbolo diario de la sobrevivencia.

    Oíamos extasiados y angustiados a la vez aquellas historias de hambrunas que dejó la devastación de la guerra, y cómo nuestros abuelos, sus familias se las ingeniaban para comer. Los platos populares, como la pizza, son ejemplos de cómo resolvían con lo mínimo que se tenía a mano.

     


    La larga fila de los desesperados

    Cuando se habla de los grandes valores de la libertad, muchos hablan sólo de la libertad de las mercancías: que las cosas, el dinero, traspasen todas las fronteras sin rendir cuentas; pero la gente no, que se quede en su lugar, a cumplir su papel de objeto del mercado, con las miserias de un destino que tantas veces ha sido impuesto por la voracidad de otros.

    Hoy, los migrantes del mundo que huyen del hambre, de las guerras, del sin destino, de la necesidad, parecen estar acorralados en un mundo central que se cierra para no distribuir recursos ni ceder privilegios.

    El 18 de diciembre ha sido la fecha elegida por las Naciones Unidas para conmemorar el Día Internacional del Migrante.

    “Reconocemos la contribución de los 258 millones de migrantes del mundo y celebramos su dinamismo”, dijo el año pasado el secretario general de la ONU, el portugués António Guterres.

    “Está más que probado que los migrantes generan beneficios económicos, sociales y culturales para todas las sociedades. Pese a ello, por desgracia, la hostilidad hacia los migrantes está aumentando en todo el mundo. Nunca ha sido tan urgente ser solidarios con ellos”, sostuvo además.

    En estos últimos años hemos asistido a dramáticos episodios que dan cuenta de la desesperación de los migrantes que abandonan territorios en conflicto, como es el caso de los ciudadanos sirios que huyen en busca de un lugar donde poder ejercer, simplemente, la vida. Muchos naufragan en el mar Mediterráneo sin terminar de conmover a las autoridades europeas.

    La larga fila de los desesperados no se detiene, y asume maneras nuevas, como la caravana de hondureños y guatemaltecos que buscaban llegar a México y atravesar el muro que levanta Estados Unidos.

    También ha dicho Guterres: “La migración es un fenómeno que ha existido siempre. Desde tiempos inmemoriales, las personas han migrado en busca de nuevas oportunidades y de una vida mejor. El cambio climático, la demografía, la inestabilidad, las desigualdades cada vez mayores y las aspiraciones a una vida mejor, así como las necesidades no satisfechas en los mercados laborales, nos indican que la migración seguirá existiendo”.

    Cuando los paisajes ya estaban pintados, los hombres todavía éramos acuarela seca. No hemos brotado del suelo como plantas, sino que siempre hemos llegado desde algún impreciso punto de partida.


     

    Raíces en el porvenir

    Sorpresa, confusión, soledad, miedo, nostalgia... todos esos rastros cabían en esos rostros raros, distintos. Pero en el fondo de aquellas intensas miradas de ojos bien abiertos, había una luz que titilaba como una estrella inapagable: era la luz de los soñadores dispuestos a la conquista de la vida en otra tierra.

    Traían en la memoria otros recuerdos, otros paisajes, otra historia, otros sabores, otros afectos; hablaban otra lengua, cantaban otras canciones, vestían otras ropas.

    Eran extraños sin disimulos en un país de criollos, de indios, de los frutos de la mixtura original de esta tierra. Hasta que fueron un aluvión y lo extraño ya no tuvo nada de extraño.

    Luego, a finales del siglo pasado, hijos de países vecinos y hermanos latinoamericanos protagonizaron los flujos inmigratorios hacia aquí. Incluso hasta estos días cuando en reacciones sin memoria ni enseñanzas tomadas de los valores de la historia, hay quienes convocan a hacer fronteras selectivas.

    En lo que va del siglo, también se incluyen caudalosas llegadas de inmigrantes asiáticos y africanos.

    Muchos argentinos también han necesitado ser acogidos en otras partes. Sucedió en los años de plomo y los exilios de la Dictadura, y en la abrupta crisis del comienzo de este siglo, que dejó a muchos sin presente y, sobre todo, a tantos jóvenes con la sensación de que aquí ya no los esperaba el futuro.

    Aquellos inmigrantes que plantaron su marca en la identidad argentina dejaron atrás el ayer y alcanzaron el horizonte de pertenencia en sus hijos, en el porvenir. Es decir, hundieron sus raíces más en el futuro y ya no en el pasado, que es la manera americana de hacerlo.

     

  • Intereses de la neutralidad de la red

     

    Por Martín Becerra (@aracalacana)

    Revista COLSECOR | DIC 

     

     

    Durante una década, la expansión de Internet fija y móvil en el mundo estuvo acompañada por la consagración del principio de “neutralidad de la red” que algunos países, incluso, institucionalizaron con leyes. Si bien el sentido de este principio fue cambiando con el tiempo y con la evolución de las tecnologías de conectividad, en general se lo define como el tratamiento de todo dato que circula por la red sin discriminación. Pero, como dice el refrán, el diablo está en los detalles… 

    En efecto, a los fines prácticos, se fue construyendo un consenso para restringir el principio de neutralidad de la red a los proveedores de servicios de conectividad (ISPs), mayormente operadores telefónicos y de tv cable. En vez de garantizar un tratamiento equivalente a datos de igual naturaleza (por ejemplo, datos audiovisuales por un lado, independientemente de quien los haya producido o comercializado; texto por el otro, sin importar su autoría o destino) y de atenuar la capacidad de priorizado y filtración de aplicaciones, datos y contenidos, y servicios, por parte de tanto de los proveedores de acceso a las redes como también por parte de los agregadores de contenidos, indexadores e intermediarios en las propias redes, el principio de neutralidad de la red se interesó sólo por los primeros (ISPs). Tal consenso contó con un importante activismo de organizaciones de la sociedad civil y el manifiesto sponsoreo de Google y Facebook. 

    De esta manera, se tendió un manto de sospecha y prevención sobre eventuales prácticas discriminatorias de las telecomunicaciones y de los cableros proveedores del servicio que, aún sin evidencia empírica de que estuvieran realizando priorización (y su contracara, la discriminación) de datos en la red, debían precautoriamente evitar toda maniobra que, al distinguir por origen o destino de la información, distinga su tratamiento y afecte su circulación en beneficio de unos y en perjuicio de otros. En cambio, se quitó –convenientemente- de responsabilidad a los llamados intermediarios de Internet en su capa de contenidos, sean buscadores, indexadores (como Google), plataformas de redes sociales (como Facebook, Youtube, Instagram o Twitter) generadores de aplicaciones (como WhatsApp) o servicios de empaquetamiento audiovisual (como Netflix o Spotify). 

     

    Ahora bien, frente a la evidencia de la injerencia rusa en las elecciones de EEUU, del bombardeo de noticias falsas en la elección británica que definió el Brexit o de las prácticas anticompetitivas consistentes en jerarquizar productos y servicios propios o asociados en los sistemas de indexación y búsqueda de datos en la red, cada vez se expande más la pregunta de por qué los gigantes digitales globales están exentos de respetar las reglas que ellos mismos promovieron para otros actores, más tradicionales, de la cadena de valor de Internet, como los ISPs. ¿No deberían Google y Facebook, por ejemplo, asegurar, también, la neutralidad y someterse al escrutinio público, con auditorías sobre el control, la gestión y la explotación de datos que realizan privadamente? 

    Hasta el algoritmo de los intermediarios de Internet, tan caprichoso a la hora de decidir la remoción de ciertos contenidos como dependiente de la captura de datos de individuos y organizaciones e inescrutable por parte de esos individuos y organizaciones, merece discutirse, a la luz de sentencias de tribunales europeos que condenaron por prácticas anticompetitivas a Google y Facebook. 

    Los intermediarios de conectividad, de edición, empaquetado, distribución y exhibición de contenidos, tienen hoy un control editorial sobre lo que puede ser accesible (o no) sin precedentes. Que los contenidos puedan ser hallados, que sean accesibles y que no sean discriminados, son condiciones fundamentales para la convivencia democrática, la libre expresión de ideas y la profundización del conocimiento. ¿Cómo asegurar que esas actividades respeten los principios de libertad de expresión y derecho a la cultura? 

    En una Internet con crecientes filtros y dispositivos de segregación y agregación de datos masivos a cargo de la discrecionalidad de conglomerados privados, el principio de la neutralidad de la red puede tener una segunda oportunidad de servir al interés público si comienza a exigirse la transparencia que en su momento se requirió sólo a los operadores del servicio de conectividad. La neutralidad no sólo involucra a los “fierros” sino, crecientemente, a la información misma.

     

  • Jujuy, una conmovedora aventura argentina

     

    Por Julián Capria

      

    El gran Éxodo del 23 de agosto de 1812 lo consagró como uno de los pueblos que más ofrendó a la Independencia. En sus maravillosos y célebres paisajes, se guarecen viejos desafíos humanos.

  • La brecha desde la periferia global

    Por Martín Becerra | Prof. e investigador UBA, UNQ y Conicet 

     

    La estructuración de la llamada brecha digital es más compleja de lo que supone el abordaje habitual, que reduce el problema a la tenencia de dispositivos de conexión.

  • La calle está dura

     

    En cada periodo de crisis económica crece la cantidad de vendedores en la vía pública. Subsisten envueltos en la informalidad. Cuando el trabajo deja de ser provisorio y se transforma en permanente, gestionan los permisos necesarios y se quedan en un puestito durante casi toda una vida. 

     

     Facundo Miño |Periodista 

     

    Cuatro repasadores por 100 pesos, tres alfajores por 20, dos turrones por 10, o tres encendedores por 20. Son las principales ofertas disponibles que anuncian los vendedores por las calles céntricas de la ciudad de Córdoba. En veredas y peatonales cada uno atiende su juego, saluda colegas y conocidos, sonríe a la clientela potencial y se prepara para una larga jornada de rebusque individual.

    Aunque a simple vista no se note, el comercio callejero tiene escalafón propio. En una escala de menor a mayor quienes realizan venta en mano trabajan en condiciones más precarias que los manteros y éstos, a su vez, tienen menos comodidades que los puesteros. La comodidad mencionada es tan relativa que roza el eufemismo. Tener un puesto implica contar con una habilitación municipal para funcionar –un dato para nada menor- pero son pequeñas estructuras metálicas que en muchos casos ni siquiera cuentan con un asiento. Tan a la intemperie como todo el resto del ecosistema que sobrevive con el menudeo y los clientes al paso. No son los únicos porque están quienes realizan venta ambulante: de hierbas (la peperina lidera el ranking de lo más solicitado), comidas y ensalada de fruta, medias, artículos de limpieza (plumeros, cepillos, escobillones), golosinas.

    Las jerarquías se expresan también en la negativa para contar su oficio. Porque no tienen tiempo, por la ocupación, porque recién llegan o porque ya se están yendo. Aunque nadie lo diga abiertamente no suelen dar notas periodísticas. Se disculpan y sugieren volver otro día. No es falta de interés sino temor o desconfianza. Prefieren el anonimato. Generalmente son actividades de mera supervivencia, informales. En carritos de frutas, salames, pan casero, praliné, puestos de diarios y de ropa evitan hablar con COLSECOR. En cambio, los trabajadores con puestos fijos tienen más predisposición.

    –Es una tradición familiar, mi bisabuelo cuando vino de Italia empezó vendiendo pescado y al poco tiempo se cambió a las flores. Ya hace 70 años que estamos en el rubro, soy la cuarta generación. Ya lo llevamos en la sangre.

    Valentín Adduci usa barba prolijamente descuidada y sonríe con orgullo para mencionar su linaje en el vínculo con el rubro. Tiene 24 años y pasó un tercio de ellos vendiendo flores en la peatonal. Es estudiante universitario de la Facultad de Ciencias Económicas y reparte su día entre el negocio y los últimos años de cursado. Don Adduci, el bisabuelo, comenzó en la vereda. Fue su abuelo quien unos años más tarde consiguió el permiso para establecerse de manera fija. Valentín cuenta que a cada rato se le acercan para preguntarle por el papá o por el abuelo porque muchos ya les compraban a ellos.

    A excepción de los domingos, se levanta a las 7 de la mañana para retirar el pedido de mercadería y armar los ramos que exhibe sobre un mostrador. Los sábados termina alrededor de las 15 pero los demás días se queda hasta las 20 cuando ya oscureció.

    –Mientras el centro esté abierto, nosotros abrimos– asegura.

    El plural que utiliza es para incluir a su hermano, estudiante de abogacía y jugador de fútbol, que viene a dar una mano. O al padre que se transforma en el comodín cuando los hijos deben ir a clases.

    Trabajan con flores de temporada. En agosto y septiembre venden fresias. De octubre a marzo se concentran únicamente en jazmines. De abril hasta agosto eligen rosas, gerberas o montoneras que son más caras y delicadas.

    –En otoño y en invierno se las puede mantener. Si traigo una rosa ahora en pleno mes de octubre se me hace pedazos. El calor, el sol y el viento las destruyen. Y no son baratas tampoco, son importadas y las afecta el precio del dólar.

    Esas flores vienen de Colombia y de Ecuador. Si la corrida financiera del dólar hubiera ocurrido en invierno, tendría un problema serio.

    –En casos así tratamos de no comprarlas y buscar otra alternativa. No puedo comprar un día a 80 pesos, al día siguiente a 100 y al tercer día a  70. La gente no se va a fijar en el dólar, va a decir que somos unos ladrones– ejemplifica–. O traemos otra flor o achicamos el ramo pero tratamos de mantener el precio fijo.

    Dice que mujeres mayores son el núcleo duro de la clientela. Y que los horarios más fuertes son la mañana bien temprano, el mediodía y la noche, cuando los demás comercios van cerrando.

    –El ramo de fresias que son éstas, bien primaverales vale 60 pesos– señala los paquetes envueltos en celofán con flores de distintos colores, forma acampanada y aroma intenso-. Tiene seis varas y con esa plata no te alcanza para pagar un café.

    El puesto exige un trámite de renovación anual que incluye la ausencia de deudas impositivas, un carnet sanitario y un certificado de buena conducta. Cada tanto aparece algún inspector municipal que revisa la documentación.

    En un rincón que no está a la vista del público, Adduci apila las cajas en las que trajo la materia prima. Las trajo hasta acá en un vehículo que es propiedad de su familia. Como tiene experiencia casi nunca falla en el cálculo y las cajas suelen regresar vacías.

    –Al no ser un producto de primera necesidad, se siente el bajón. En comparación con años anteriores bajaron mucho las ventas pero nos las rebuscamos. Tenemos una clientela fija y mantenemos precios bajos. Esa es nuestra clave para mantenernos.

     

    Comerciante todoterreno

    –Hoy sólo tuve dos ventas y ya es mediodía.

    La frase de Román Bulacio no suena a queja sino a descripción descarnada. Tiene 73 años y un largo historial de crisis sobre la espalda. A los 14 años perdió la visión en un episodio del que no brinda detalles. A los 15 comenzó como vendedor ambulante y nunca más abandonó el rubro. Vivió etapas mejores y peores. No se apichona pero sí parece resignado.

    En 1965 Bulacio puso un kiosco en la Ciudad Universitaria. Llegó a tener dos empleados fijos y lo cerró 27 años más tarde cuando se licitaron nuevos comercios y perdió la exclusividad. En aquella época pasaba todo el día fuera de su casa. Por lo que cuenta, la falta de visión no era un impedimento para aventuras y travesuras.

    –Cuando los estudiantes estaban en clases y faltaba para el recreo, con mis empleados nos metíamos en unos túneles de la cocina. Queríamos recorrerlos y salíamos llenos de telaraña. Había que pasar el rato porque me quedaba desde la mañana temprano hasta las 10 de la noche.

    Aunque ganaba mucho más que ahora, ya no extraña esa época. Sus hijos crecieron, ampliaron la familia y trabajan por su cuenta.

    Desde 1992 tiene un carrito en la peatonal, al costado del Cabildo. La tercera venta de un lunes flaco es un portadocumentos de 20 pesos. Tiene encendedores, cordones, medias, paraguas, enchufes, plantillas, bombillas, pegamentos, calculadoras y unos cuantos despertadores que suenan y suenan en forma continuada. Román habla largo rato sin prestarles atención. Lo conoce mucha gente y lo saludan al paso, él responde con un brazo extendido aunque algunas veces no llega a reconocer las voces.   

    –El comercio es un trabajo muy esclavo porque tenés que estar todo el día pero me gusta la calle, es mi vocación. Me gusta sobre todo cuando hay plata para que los clientes compren.

     

    Fotos: Fernanda Márquez 

     

    Bulacio dice que la crisis se nota en el bolsillo y pronostica meses duros. Avisa que todos los carritos de su tipo pertenecen originalmente a personas ciegas y por eso están permitidos. Agrega que los propietarios deben contar con un acompañante. El suyo fue a comprar mercadería. Con la inflación la plata se desvaloriza así que prefiere renovar el stock. Al mediodía va a almorzar a su casa. A la noche deja el carro en una playa de estacionamiento donde se guardan motos y paga un alquiler pequeño.

    Entre 2004 y 2008 pudo dar otro salto económico. Tuvo la concesión de un bar dentro de la sede local de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) al ganar la licitación entre 15 candidatos con discapacidad.

    –Figuré como empresario ahí dentro. Era todo en blanco porque estábamos en la boca del lobo –sonríe detrás de unos lentes negros con la humorada–. No seguí porque no me gustaba el ambiente, gente muy jodida, tienen otra cultura. Eran todos muy nariz parada.

     

    Economía de subsitencia

    La bolsa de pururú, el cubanito y las obleas cuestan 25 pesos; el mantecol, 10; dos paquetes de caramelos por 15; el praliné de maní vale 25, el de almendra o de nuez cuesta 50. El carrito está pintado de color rojo pero la mirada se detiene en los anuncios pegados sobre el vidrio. A la altura del mostrador, los productos ya empaquetados y listos para el consumo. Detrás de todo eso, sentados en pequeños bancos plásticos están Gabriel Piazzi y su esposa.

    –Acá entre los pralineros no hay un precio fijo. Depende de cada uno y de cuánto quiera vender. Mientras la gente camine por la calle se puede hacer un manguito más- explica Piazzi.

    Hace 31 años que está instalado prácticamente en la misma cuadra. Llega antes de las nueve de la mañana y se va a las ocho de la noche. Puede calcular cuánto venden los puestos de los alrededores con los que compite de acuerdo a la ubicación más o menos estratégica de cada carro. Mira las ofertas del resto, tiene claro dónde comprar sus insumos. Es, por supuesto, enemigo acérrimo de las marchas y protestas que cortan el tránsito y afectan lo que llama “un día normal”.

    –En los días de paro te tenés que quedar en tu casa, ni vale la pena venir. Las manifestaciones te cortan la calle y no te dejan laburar. El otro día traje 100 paquetes de cubanitos y me quedaron 60 sin vender. Pero lamentablemente no podés hacer nada, te la tenés que bancar y agachar la cabeza.

    Dice que en este rubro las estaciones fuertes, lógicamente, son el otoño y el invierno. Pero que igual viene durante el verano porque los demás puestos se van y al no tener competencia, algo gana.

    –Hacemos unas moneditas. Venimos temprano y nos vamos temprano, a las tres de la tarde. Pasar las tardes en casa vendría a ser como nuestras vacaciones. Los otros se van a los festivales, Jesús María o Cosquín pero ya estoy grande, tengo más de 60 años y si no lo hice antes, no lo voy a empezar a hacer ahora ¿no?

    En la parte inferior del carro hay una garrafa de 10 kilos que utilizan para prender el fuego y preparar la especialidad.

    –Esto lleva maní, azúcar y agua pero no le sale a cualquiera. A cada rato viene gente a preguntarnos cómo se hace porque lo intentan en sus casas y no les sale ni parecido. El praliné no lo hace cualquiera.

    De fondo, en una radio a muy bajo volumen suena Radio Popular pero la pareja parece no prestarle atención. Cuando alguien viene a comprar es ella quien atiende. Piazzi cuenta que una bolsa de maní de cinco kilos les dura dos días (la compra a 300 pesos) y que el kilo de nueces o almendras ronda los 500 pesos de costo. Dice también que las ventas son fluctuantes pero en promedio anda por los 1000 pesos diarios.

    –Por ahí veo a chicos jóvenes que andan con una cajita o dos para hacer una monedita en las paradas y me da cosa. Nosotros gracias a Dios tenemos el carrito. Acá estamos, así estamos y acá nos vamos a morir, me parece.

     

  • La comunidad organizada desde el cooperativismo

     

     

    Editorial | septiembre 2018

     

    El objetivo amplio como integración de entidades solidarias es el desarrollo local en el que está presente el cooperativismo de servicios públicos y particularmente, el de las comunicaciones. Desde la reciente Fundación COLSECOR nos planteamos construir en esas posiciones territoriales, economía social sostenible. En esa misión va la idea convergente que presenta al cooperativismo como comunidad organizada.

    La experiencia de 23 años con una convivencia consolidada de 220 organizaciones autónomas, nos impulsa con certezas para avanzar en la planificación institucional.

    Sabíamos que el nuevo espacio de trabajo debía despertar expectativas y que una razón fundamental para consagrar la propuesta era poner en valor la conducta convincente de intecooperación que se supo adoptar como sana costumbre.

    La buena ponderación se avala en la trayectoria comprobada por la construcción de consensos. Los logros de soluciones sobre la base de los equilibrios en las diversidades de dimensiones pequeñas, medianas y grandes con preeminencia en la importancia de la identidad colectiva con un horizonte compartido de largo plazo, fueron una realidad verificable.

    Hoy esos frutos nos permiten avanzar en los nuevos desafíos que estamos comenzando a diseñar para el futuro deseable.

    La orientación para recorrer los caminos implicara examinar contextos, conocer las capacidades y armonizar los intereses en el tiempo presente con los cambios situacionales que habitualmente suceden en el país que nos toca habitar. Por cierto, nada fácil.

    No perdemos de vista que una lectura posible para evaluar todo proyecto de empresas es el de la eficiencia. Somos tan exigentes con ese axioma que, en el caso de las cooperativas, esa eficiencia es social porque es medible por los asociados, en forma democrática y con amplitud participativa.

    Por tanto, la síntesis de las iniciativas será tanto con los datos de la dimensión socio-económica, como con los significados de la institucionalidad cultural. Para COLSECOR, la coincidencia de esas dos referencias tienen que ser los aspectos formativos para una verdadera legitimidad que quede clara a todas luces: en los procesos y las conductas como en los fines y los valores que se sedimentan en los hechos.

    De este modo, pretendemos motorizar unidades productivas en los estados municipales con trabajo digno y sustentable que se puedan movilizar con el vigor de escalas integradas a niveles provinciales en todo el país para una mayor inclusión con equidad distributiva que pueda redundar en cambios culturales con solidaridad.

    Para ello es fundamental una dirigencia social emprendedora que pueda activar gestiones que se apoyen sobre el registro de las constantes auditorias comunitarias que se tienen que realizar para la eficacia de los proyectos.

    La Fundación COLSECOR estará atenta con todos sus signos vitales: para observar, escuchar y sentir el contacto con las poblaciones, percibiendo los aromas de épocas y sabiendo de los gustos de una sociedad justa y ética que merece nuestra Argentina para la prosperidad de toda la ciudadanía en los lugares donde vivimos.

  • La creación del valor compartido

     

     

    Revista COLSECOR, julio 2018

     

    Habrá que convenir que las tecnologías están configurando un presente donde nada es totalmente predecible. Es el marco situacional del cambio permanente en el que irrumpen las circunstancias novedosas que demandan decisiones de inversión en la economía, entre otras cosas. Las creencias ya no se condicen fácilmente con los hechos, que aun verificados, están cruzados por la innovación y cristalizados por el tiempo efímero.

    La racionalidad del funcionamiento cooperativista tiene que entender que hoy, toda validez de indicios de la realidad es absolutamente relativa. Se produce la extirpación del largo plazo. Suena duro al sentimiento de las necesidades de certezas. No es fácil para nadie porque, primero nos afecta como personas en todo orden de la vida y más aún cuando se participa en una organización de la sociedad civil con responsabilidad en el ejercicio de representación.

    Es un fenómeno que acompaña mientras se reducen los márgenes de inclusión. Problema tan actual como eterno que no se sabe bien què hacer para revertirlo. En un punto, es como la basura que no es reciclable y que solo se la intenta tapar con tierra pero que queda intacta por largos años. Todo un dilema que nos lleva a preguntarnos lo más básico: para què se la hace, si solo lo que produce, es un profundo mal para todos. La exclusión es a la sociedad, la garantía irremediable de injusticia. Como los desechos contaminantes son a la salud de las poblaciones.

    Los problemas no son inconexos, ni sus causas ni sus efectos. Si comenzamos un riego de soluciones con múltiples goteos de humanismo y fraternidad nos podemos dar cuenta de la tenacidad que requiere la tarea de aprendizaje. Hacer posible lo necesario, sin soltarle la mano a nadie en ningún caso cuando estamos embarcados en la causa de ayuda mutua y el progreso, disminuirá la incertidumbre porque podemos tener un proyecto con soluciones integradas.

    De nuestras entidades se esperan lecturas, interpretaciones y propuestas del mundo real. Para mundo creado ya tenemos la ficción que bastante entretiene. Abrir la reflexión en la sociedad y poner en la visión de las personas, la verdad, es una acción de tensión innegable. No pasa inadvertido el cooperativismo porque es un paradigma en permanente dialogo colectivo que cuestiona los limites estructurales que impiden la conformación de la dignidad de las personas cancelando su futuro.

    Con visión general, desde la mirada de los emprendimientos cooperativos, podemos decir que el reto de construir las oportunidades en la sociedad, es una larga marcha para cambiar situaciones y reglas viejas que no se adaptan a la etapa embrionaria de derechos que fueron postergados con resignación de porciones de libertad. Allí, las personas y los pueblos nuestros que están en los suelos argentinos buscan establecer un equilibrio en momentos de transición entre las manifestaciones del cambio y sus magnitudes.

    Para el cooperativismo, adquiere relevancia tener el desvelo de sostenerse aferrados a bases de colaboración reciproca que eviten las fragmentaciones. Ser sensibles al cambio es parte de la autodefensa creativa para una vital existencia.

     

  • La democracia, un viejo sueño argentino

     En estas latitudes, los aromas de octubre están cargados de democracia, y hasta es posible que parezcan parte del aire de primavera.  Pero en estos 34 años que pasaron desde 1983, el camino estuvo acechado por dolores y desventuras.

  • La época de la transición

    Revista COLSECOR 

    Noviembre 2018

     

    La conectividad y la digitalización crean y sepultan: significados, experiencias y dimensiones culturales en todos los campos de la sociedad. En la economía con sus nuevos estándares de consumo, en la productividad y el mundo del trabajo, en la política y los modos de representación que adoptan las instituciones; podríamos pensar sin exageraciones que no hay hábitos cotidianos y conductas de las personas que no queden alcanzados por el fenómeno que viene a cambiar todo.

    En ese marco de realidad, COLSECOR y sus entidades asociadas en cuanto al modelo de negocio y actividad, los diferentes roles en la cadena productiva y el vínculo cooperativo para la conformación de economía de escala, se encuentran comprendidos en este momento transitorio que describimos.

    Dato relevante: nuestra integración cooperativa nació en el año 1995, tiempo exacto en el que Internet llego a la Argentina. Comenzó a implementarse inicialmente solo en espacios de carácter científico. Pensemos la trascendencia que hoy tiene la banda ancha y su inserción en la sociedad y ya no hay lugar para el asombro.

    Las personas que escapan a la naturaleza de las pantallas pegadas al cuerpo son una rara excepción y ese hecho nos lleva a una naturalización adquirida que es inopinada. Logra despertar curiosidad saber cómo pueden vivir aquellos escindidos del dispositivo.

    Vale decir que hace pocos años atrás, esto no existía. Mirar por el espejo retrovisor los acontecimientos sucedidos en poco más que 20 años a esta parte da más vértigo que observar aquello que se presenta en el horizonte que alcanzamos a observar.

    Estamos seguros de algo: lo nuevo nunca se puede negar. Se convierte en un significado de orientaciones para las organizaciones que también vale decir, tienen de algún modo ciclos de vida y claramente se pueden ver afectadas por el paso del tiempo.

    Ante el contexto que se describe a modo introductorio, es pertinente apropiarse de una textual con preaviso de Charles Darwin: “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio.”

    En líneas generales podemos decir que todos estamos en tiempos de transición. Un fuego que quema y que pone a prueba la existencia y el costumbrismo. Las entidades cooperativas no son ajenas a ese haz de luz sobre los acontecimientos.

    Tenemos responsabilidad y legitimidad social, originalidad y sostenibilidad solidaria en décadas y una singularidad suficiente como para intentar representar lo nuevo que puede hacer el cooperativismo. En el proceso sucede una realidad que no es nueva pero que se consolida: la concentración económica lucrativa empuja brutalmente a millones de personas sobre la puerta de salida que no le ofrece ningún destino para vivir con dignidad. La dominación excluye y de ahí viene una importante razón de los migrantes que se multiplican en el mundo.

    Sobre la incertidumbre instalada se tiene que potenciar el talento asociativo en las comunidades organizadas y la productividad social en las metodologías de las políticas públicas de los estados. La época de transición de la que hablamos sucede en tiempos que son de crisis. Este el rasgo que permite comprender el contexto en el que estamos.

    Para el lucro desmedido suele ser una oportunidad para ganancias incalculables. Para el cooperativismo es un tiempo bisagra para transformaciones estructurales inclusivas de ciudadanía. Por esos motivos es que desde nuestra organización solidaria tanto apelamos al desarrollo tecnológico en nuestros pueblos con economía social.

    No somos redundantes si reafirmamos que la madre de todas las pobrezas será la pobreza tecnológica. En ese camino de reparaciones con inversión estamos trabajando con las cooperativas comunicacionales en COLSECOR. Cuando habitualmente señalamos la existencia de la brecha digital ya no hablamos de un problema. Es un peligro que se puede transformar en tragedia social.   

  • La ESI reabre la guerra entre verdes y celestes en el Congreso

     

    Sancionada en 2006, la ley sólo se aplica en 10 de las 24 provincias. Los promotores de la legalización del aborto empujan una reforma para garantizar la enseñanza en todas las escuelas del país. Fuerte oposición de los colegios religiosos. 

  • La familia es lo segundo; lo primero, es el control

     

    Succession, la nueva serie original de HBO, reescribe la vieja tensión por heredar el poder en un contexto familiar donde el dinero es todo y las personas son nada.

    Por Dante Leguizamón |Periodista 

     

    La anécdota pertenece a Julio Cortázar, el escritor argentino. Es parte de una extensa entrevista en la que se explaya como nunca y sobre todos los temas. Lo hace con una fluidez asombrosa. Le preguntan sobre literatura y habla de literatura todo el tiempo que haga falta. Preguntan sobre el amor y responde. Sobre la Revolución Cubana y cada respuesta da pie a nuevas preguntas que derivan en Ernesto “Che” Guevara y Nicaragua para después pasar por Buenos Aires, el exilio, París, Europa y la vida en general. Sin embargo, todo se detiene un instante cuando el periodista le consulta sobre su familia, sobre su vínculo con la familia. Entonces, Cortázar hace un largo silencio, suspira y responde secamente en tono de resignación: “Y bueno… qué quiere que le diga, uno ya sabe lo que son las familias”.

    Succession, la nueva serie de HBO parece estar en la misma línea que el autor de Rayuela. La familia es maravillosa, pero… “uno ya sabe” lo compleja que puede llegar a ser. Esta tira es también una muestra cabal de que la familia no siempre es aquello que escribíamos en nuestros cuadernos de la escuela primaria: “la familia, escuela de humanismo, es la que promueve el desarrollo físico y espiritual de cada uno de sus miembros”.Sino que en el interior de estos grupos -todos tenemos uno- se construyen alianzas, tensiones, silencios, memorias que van marcando no sólo nuestra relación hacia dentro de ellos, sino también hacia fuera.

     

     

    La trama

    Logan Roy es un empresario multinacional que ha creado un verdadero imperio de las comunicaciones. Tras años de éxito alineado con el sueño americano, un día decide alejarse de la vida pública y detona entre sus cuatro hijos una verdadera batalla para sucederlo en el control del imperio. Con 80 años, el patriarca parece haber tomado su decisión, pero apenas inicia el primer capítulo las cosas cambian y comienzan a pudrirse.

    La serie es tortuosa pero muy simbólica a la hora de imaginar las complejidades de una familia que, lejos de la carencia, está esclavizada por la riqueza, la ostentación y el poder.

    El personaje del patriarca recae en el veterano actor escocés Brian Cox y parece inspirado en el controversial empresario de medios Rupert Murdoch (director ejecutivo de Fox News -incluyendo los diarios The Sun y The Times- y de cadenas de televisión como Fox y Sky, en su momento también dueño de 20th Century Fox antes de vendérsela a Disney). 

    Los cuatro hijos de Logan, verdaderos “hijos de”, presentan claras limitaciones para liberarse espiritual y económicamente de la dependencia de su padre, pero como saben que Roy está por dejar todo, desatan una disputa cruel por ocupar el lugar de poder que siempre han envidiado.

    En ese camino papá Roy se muestra como un manipulador perverso que ha criado a sus hijos con ese mismo perfil. El problema es que es difícil pasar del lugar de víctima al de victimario y que, mientras él es lo que es, sus hijos sólo pueden intentar emularlo y en ese camino pasan de malvados a patéticos de segundo en segundo.

    Cualquiera diría que el contenido de esta crónica está avanzando demasiado sobre la trama, pero una de las cosas interesantes de esta serie es que pese a sostenerse más en el diálogo que en la acción, todo ocurre tan vertiginosamente que basta el primer capítulo para tener una idea acabada de la historia que contiene. En ese primer capítulo los cuatro hermanos son retratados con mucha efectividad. Primero, “el elegido” o al menos el que cree ser el elegido y no ha dudado en presentarse como tal en sociedad para rápidamente encontrarse con que esa identificación no supone ninguna seguridad. Más tarde entra en escena el hermano que dejó la empresa porque buscaba una vida más cercana a la naturaleza y vive en un rancho ecológico donde impulsa sus sueños de hippie con dinero para despilfarrar. También está la hermana que se dedica a la política y parece no querer volver a la empresa a no ser, claro, que se la den toda a ella. Finalmente tenemos al hermano descarrilado que desdeña el poder y rápidamente demuestra que lo único que le interesa de la vida es justamente el poder.

    Todos tienen algo de patético y al mismo tiempo se los ve tan descarrilados y desesperados por alcanzar algo que les ayude a convertirse en alguien que se vuelven tiernos y dan ganas de tratarlos de “pobre gente”. En medio de esa lucha, la trama melodramática incluye a la actual pareja del millonario (una mujer de origen latino, obvio) que lejos de ser la “mosquita muerta” que los hijos imaginan, podría ser o la principal aliada en el juego enfermo del patriarca para alimentar la disputa entre los hermanos, o una especie de manipuladora perfecta que se va a quedar con todo.

    Además de ella hay una larga lista de personajes cercanos a la familia que se vinculan a la historia con la única aspiración de quedarse con una parte del poder que el patriarca parecía querer dejar y que, a medida que avanza la trama, queda demostrado que no tiene ningún interés en perder.

    Entre esos personajes aledaños se destacan el novio de la hija, sumiso con el padre y entregado con la novia, pero prepotente y hasta violento con los empleados; también los miembros del Directorio que no sólo esperan la muerte del millonario sino la caída de sus hijos para poder quedarse con todo. Además, todos los empleados que parecen vivir colgados de lo que ese hombre que les da de comer les puede otorgar para lograr algún tipo de ascenso social. Finalmente la larga lista de empresarios que ofrecen ayudar a la empresa en crisis con el único objetivo de apoderarse de ella.

    La serie tiene mucho potencial. Los personajes son atrapantes y resulta estimulante pensar en cómo seguirán desarrollándose. Quizás el gran desafío de los guionistas está en demostrar que podrán mantener la tensión entre esos cuatro sucesores sin que sus personajes queden enmarcados en la impresión inicial donde fueron presentados con tanta eficacia. Por otro lado, la pregunta es si la sucesión lanzada por el patriarca no se le volverá en contra si por alguna razón él decide “postergar” su decisión de abandonar la compañía.

    El poder es el control de la situación, decía un filósofo, y lo único claro en esta serie es que ninguno de los herederos controla nada y que el padre (aún inconsciente después de sufrir un derrame cerebral) los controla a todos ellos y a sus deseos, impulsos, odios y pretensiones.

    Succession llama a la reflexión. Por momentos parece que entre esos hermanos desesperados hay amor y complicidades más allá del poder, o que serán capaces de ponerse de acuerdo. Por momentos inclusive parece que las cosas podrían ser mucho más sencillas. Sin embargo, en esta trama el universo es complejo porque se desarrolla en el seno de una familia y, como decía Cortázar, “uno ya sabe lo que son las familias…”.

     

    La serie es protagonizada por Brian Cox, Jeremy Strong, Hiam Abbass, Sarah Snook, Kieran Culkin, Alan Ruck, Nicholas Braun, Matthew Macfadyen, Natalie Gold, Peter Friedman y Rob Yang.

    SUCCESSION fue creada por Jesse Armstrong, quien también escribió el piloto dirigido Adam McKay. Los productores ejecutivos son Jesse Armstrong, Adam McKay, Frank Rich, Kevin Messick, Will Ferrell, Jane Tranter y Mark Mylod; Armstrong es también showrunner de la serie.

    Presentada y distribuida por HBO . Para verla en HBO GO | COLSECOR Play

     

  • La formación profesional, en la encrucijada del desarrollo personal y el mercado de trabajo

    Por Luz Saint Phat | Periodista 

     

    Comenzar una carrera, cursar un postgrado o realizar cursos en áreas específicas son decisiones que, actualmente, comprometen distintas variables. Mientras existe un importante abanico de ofertas educativas y una heterogeneidad de trayectorias ocupacionales, el mundo laboral es cada vez más exigente y competitivo.

     

     “¿Un título de grado es una pérdida de tiempo?”, le pregunta un profesor a un joven alto y flaco que camina descalzo por un campus universitario. “Para algunos. Para otros es una validación, seguridad laboral”, responde el estudiante.

    Esta conversación pertenece a una escena de los primeros minutos de la película “Jobs”, la cual relata la vida del fundador de Apple, uno de los destacados empresarios del sector informático y de la industria del entretenimiento de Estados Unidos.

    La historia de Steve Jobs es conocida: su tránsito por la educación superior formal fue breve pero se destacó por su capacidad autodidacta, su espíritu emprendedor, el éxito masivo que tuvieron sus ideas y cierta habilidad (muchas veces cuestionada) para realizar negocios.  No obstante, esta misma receta no funciona para todos los casos. Hoy, mientras existen múltiples ofertas educativas y las trayectorias ocupacionales son muy heterogéneas, el mundo laboral es cada vez más exigente y competitivo.

    Aun así, este pequeño fragmento del film biográfico sirve de disparador para realizar algunas preguntas que son significativas para quienes están decidiendo sobre comenzar una carrera, realizar un postgrado o capacitarse en algún área especializada  ¿Qué lugar ocupa la formación profesional en el desempeño laboral y en la realización individual de cada persona? ¿Es necesario transitar la educación formal para alcanzar metas en el ámbito del trabajo? ¿Cuál es la importancia que el mercado y las empresas otorgan hoy al conocimiento? ¿Qué tipos de competencias son las más requeridas?

    Además, es necesario tener en cuenta que la cuestión de la formación profesional y las posibilidades de inserción laboral se enmarcan en un contexto global donde el desempleo de grandes masas de la población es una problemática central para los países.

    Según datos estimativos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el total de personas desempleadas para este año será de 192 millones en todo el planeta, mientras que –para 2019- se espera que esa cifra se incremente en 1,3 millones. En tanto, también señala el último relevamiento de esta organización, la desocupación o el empleo precarizado afectan preferentemente a mujeres y jóvenes.

    En este contexto, la psicología laboral ofrece herramientas para pensar la potencialidad de la educación superior o especializada, poniendo en juego distintas variables.

    “El desarrollo personal a través de la capacitación es más un desafío de los profesionales en su necesidad de lograr inserción laboral con mejores estándares, superación personal y avances en su formación inicial, respondiendo de alguna manera a sus intereses y -por supuesto- a la percepción de las demandas del mercado al cual pretenden incorporarse de manera independiente o como empleados. No olvidemos que hoy las trayectorias ocupacionales son más heterogéneas que anteriormente”, explican las licenciadas en Psicología Adriana Lana y Martha Tenaglia.

    Lana es directora del Centro de Empleo Universitario de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y consultora independiente en Recursos Humanos, mientras Tenaglia se desempeña en las áreas de orientación vocacional y ocupacional, trayectorias laborales y selección de personal.

    “Por otro lado, vale destacar que en las nuevas demandas laborales hay un aumento en el nivel educativo exigido y mayor necesidad de competencias de carácter intelectual y comportamental, mayor capacidad de responder a nuevas situaciones laborales y exigencias de nuevas tecnologías”, agregan las especialistas.

    En este marco, Lana y Tenaglia señalan que el psicólogo interviene en lo que tiene que ver con el despliegue de aptitudes del sujeto, orientación de carrera y estrategias de reflexión-acción. “De lo que se trata es de recuperar el protagonismo del sujeto”, apuntan.

     

     

     

    Empresas

    También hoy, en un escenario laboral complejo, cobra relevancia para las organizaciones y las empresas la importancia que dan en sus planes de carreras a la formación de sus colaboradores.

    “En  Argentina, las organizaciones valoran mayormente la experiencia al momento de incorporar personal,  aquella experiencia que se logra acompañada de formación práctica o capacitación teórica” evalúan las especialistas en psicología laboral y agregan que actualmente “se torna importante la formación pero en la gran mayoría de las organizaciones, en este momento no se apuesta a planes de capacitación permanente de sus empleados. Las empresas reconocen la necesidad de tener una dotación de personal capacitada, pero predomina la percepción de la capacitación como un costo y no como una inversión y optan por la contratación de personal ya entrenado”.

    No obstante, advierten Lana y Tenaglia  “el hecho de que las empresas cuenten con planes de capacitación para su plantel y sus puestos a cubrir, es sumamente valioso y enriquecedor para las dos partes, y se retroalimentan con sus resultados”. “El empleado -además de mejorar su performance en el puesto- crea vínculos de pertenencia, siente reconocimiento, valoración personal y percepción de crecimiento dentro de la organización”, indican.

    “La capacitación mejora las competencias de los trabajadores y colabora en el proceso de aprendizaje e innovación en la empresa”, aseguran las especialistas, quienes recalcan la importancia de restituir “el protagonismo del sujeto dentro de la organización”.

  • La gran celebración del tiempo y de la vida

     

     

     

     

    Las fiestas de fin de año le ponen otro ánimo al transcurrir de los días, que asumen un especial humor colectivo. Comienzan por la Navidad, acaso la mayor celebración que nos atañe en esta parte del mundo.

  • La inestabilidad, en el ADN de la República Italiana

     

    La elección de marzo marca una nueva estación en la sempiterna inestabilidad italiana. Con el Movimiento Cinco Estrellas como favorito, la ciudadanía reitera su malestar con un sistema que hace 25 años está mutando.

       

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    La historia política de la Italia republicana es la historia de la inestabilidad. Hasta principios de los ´90, fue también la historia de una paradoja: el matrimonio entre inestabilidad política y crecimiento económico continuado. Rodeada de países donde los gobiernos duraban años y no meses como en Roma, Italia acompañó el crecimiento de la Europa de posguerra y del mundo en general y llegó a ser la sexta economía del mundo en 1990. Al lado de ese avance en línea recta, la política dibujaba un electrocardiograma alocado: hasta hoy, cuando la república italiana se acerca a cumplir 72 años, hubo 64 gobiernos, presididos por 28 presidentes del consejo de ministros distintos. Coaliciones de gobierno de hasta 14 partidos, 20 grupos parlamentarios distintos más como regla que como excepción: una curiosidad para los politólogos, un parque de diversiones para los políticos profesionales. 

    Sin embargo, por detrás de la maraña de siglas y nombres, la Guerra Fría impuso un principio ordenador: cualquier combinación para formar mayoría parlamentaria (el requisito para que se pueda formar un gobierno) valía, mientras eso mantuviera al Partido Comunista Italiano (PCI) en la oposición. Mientras el desarrollo económico diferenciado trazaba una línea divisoria entre el norte y el sur de Italia, una frontera ideológica invisible separaba en toda Europa Occidental a los partidos que podían estar en el gobierno sin alarmar a los Estados Unidos de los partidos que simpatizaban con su enemiga en esa guerra de amenazas nunca concretadas, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La Democracia Cristiana, con su sempiterno 40 por ciento de los votos, necesitaba siempre de aliados para componer una mayoría parlamentaria y para asegurarse de que el PCI, oscilando entre representar entre un cuarto y un tercio de los votantes italianos, permaneciera siempre fuera del gobierno. 

    Ese esquema, esa “inestabilidad estable” se mantuvo hasta principios de los ´90, cuando sus fundamentos sufrieron una serie de terremotos. En primer lugar, la caída del Muro de Berlín y la disolución posterior de la URSS significó el fin de la Guerra Fría y puso en entredicho el principio no escrito de la exclusión del PCI del gobierno. En segundo lugar, el proceso judicial Mani Pulite, que empieza a investigar en 1992 el sistema de sobornos por la concesión de obra pública con el que se venían financiando los partidos políticos tradicionales. Por último, como un telón de fondo y como causa accesoria de los cambios políticos que sobrevendrían, un frenazo al impulso económico de posguerra: el producto interno bruto de Italia de 1992 no sería superado en volumen hasta 2004. 

    Los dos primeros cimbronazos tuvieron consecuencias inmediatas. Los procesos judiciales por corrupción transformaron en reos a muchas de las más importantes figuras políticas, empezando por el líder socialista y jefe de gobierno Bettino Craxi. Su partido, aliado indispensable de la Democracia Cristiana, y ésta última fueron arrasados electoralmente a consecuencia de las investigaciones sobre el financiamiento ilegal de la política (esquema que se conoció como Tangentopoli, que podríamos traducir como “sobornópolis”). El otro cimbronazo impulsó a la dirección del PCI a abandonar el adjetivo “comunista”, para transformarse en Partido Democrático de la Izquierda (PDS). Dos años tras el inicio de Mani Pulite, las siglas de los partidos que habían dominado la política italiana durante medio siglo habían sido reemplazadas por otras y el descontento con la corrupción abría la puerta a la irrupción de la Liga Norte, un partido que pregonaba la secesión del norte rico del país para independizarse de “Roma ladrona”. 

    Apenas la investigación judicial rebasó la política y empezó a ocuparse de la corrupción empresaria y de las relaciones cotidianas entre los ciudadanos y la administración pública, llegó otra reacción, de signo contrario a la de la Liga, que tuvo como insignia a uno de los que financiaban a Craxi: el magnate mediático Silvio Berlusconi. Enarbolando un discurso garantista contra el “giustizialismo” de una magistratura que a veces abusó de sus procedimientos, el magnate de los medios de comunicación se lanzó a la política a la búsqueda de un blindaje (fueros y la posibilidad de hacer más benignas las leyes contra la corrupción, la evasión fiscal y el lavado de dinero o de dictar amnistías y blanqueos) y detrás de un programa de desregulación de la economía para favorecer los negocios, incluidos los propios. Su éxito fue instantáneo: recicló parte de la derecha que había anidado en los viejos partidos y obtuvo el apoyo no sólo de la élite empresarial, sino también de las clases medias que se sentían tan potencialmente objeto de indagación judicial como los políticos de los que venía de desembarazarse. 

    Naturalmente, Berlusconi, como jefe de gobierno trajo su propia clase de inestabilidad: cambios permanentes de ministros, malabares para esquivar citaciones judiciales, escándalos continuos. Así y todo, logró una longevidad inusual para los patrones italianos, no sólo al frente del gobierno, sino como hombre a vencer del nuevo sistema político. 

    La pérdida de dinamismo económico del país y el impacto brutal de la gran recesión global a partir de 2008, fueron las arenas movedizas en las que no logró asentarse el nuevo bipolarismo que imaginaban poscomunistas y posdemocristianos, que en 2007 habían confluido en el Partido Democrático (PD). Ellos ocupaban el espacio a la izquierda del centro y el magnate milanés reinando sobre el otro hemisferio político. Para los italianos de a pie la obra de demolición del sistema político previo a Mani pulite no era una tarea terminada. 

    Por el contrario, con la gran recesión se abre en Europa la temporada de los movimientos de protesta, que en Italia se van a cristalizar en el Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Lanzado en 2009 por el comediante Beppe Grillo, es el único partido de protesta en el continente que surge de la nada (a diferencia de las ultraderechas que recobran fuerza en los países vecinos) y que rechaza cualquier ideología (a diferencia de los “indignados” españoles).

    En su debut electoral, en 2013, el M5S fue el partido más votado para la Cámara de Diputados, con más del 25% de los votos, pero el sorpasso llegó el 4 de marzo de 2018: uno de cada tres italianos los eligieron para que Luigi Di Maio, a sus 31 años, sea el próximo presidente del gobierno. Como se trata de un sistema parlamentario, ser el primer partido no alcanza: en un parlamento con nada menos que siete partidos y media docena de grupos regionales representados, el movimiento antisistema tiene que buscar aliados para conformar una mayoría entre los políticos que nació para denostar y defenestrar. Sean cuales sean los colores del gobierno que surja de esta elección, hay una cosa de la que no pueden estar seguros los políticos italianos, sean de la vieja escuela o recién llegados: nadie puede adivinar si la tarea de demolición del sistema político emprendida por la ciudadanía hace más de 25 años ha terminado o se ha tomado un respiro.

     

  • La integración cooperativa, clave de la nueva plataforma móvil de contenidos Sensa

     

    Editorial | Agosto

    Revista COLSECOR

     

    En todo el mundo crece cada vez más la tendencia de los usuarios a consumir contenidos de distinto tipo mediante un sistema de multiplataforma que incluye a los dispositivos móviles (celulares y tablets), a las computadoras de escritorio y a la televisión tradicional.

    Específicamente, en el transcurso de los últimos años se ha registrado un incremento de los consumos efectuados solamente a través de móviles. Este año, por ejemplo, esta forma de acceder a distintos tipos de información alcanzó a 30 por ciento de la población mundial. En la misma línea, el entretenimiento y el video prosperan en estos dispositivos con un crecimiento exponencial entre 2017 y 2018.

    Reconocer estas transformaciones en la industria de la distribución del contenido es fundamental para el movimiento cooperativo argentino hoy, ya que éste se constituye como uno de los prestadores de servicios audiovisuales más importantes del país, sobre todo en las comunidades donde no llegan ni el Estado ni los operadores lucrativos.

    La importancia de estas reflexiones radica en poder entender hacia donde evoluciona el mercado y, a partir de allí, afrontar el desafío de reconvertir las alternativas que se ofrecen a los asociados en cada localidad que deben ser acordes con las nuevas modalidades de consumo que presenta la población.

    En esta línea, fruto de un auténtico esfuerzo de integración cooperativa entre alrededor de 270 entidades que se desempeñan en todo el país, COLSECOR lanzó a finales del mes de junio la nueva plataforma móvil de contenidos Sensa. La aplicación es una propuesta de calidad que posee todo lo necesario para destacarse en un mercado altamente competitivo. 

    Actualmente, la plataforma está disponible en Google Play Store para Android, a partir de la versión 4.0 y, próximamente, también podrá descargarse desde la App Store para el sistema operativo iOS. Además, será compatible con Chromecast para acceder a los contenidos desde la TV.

    Sensa ofrece la posibilidad de ver de una manera sencilla e intuitiva más de 80 señales en vivo y, prontamente, alrededor de 1000 contenidos on demand, con estrenos mensuales. Además, la plataforma se adapta a la conexión y al dispositivo del usuario; posee un buscador que permite encontrar las películas, series o programas favoritos; y posibilita crear usuarios con control parental; entre otras funcionalidades.

    Sensa fue desarrollada por COLSECOR con la velocidad que hoy requiere el proceso de convergencia digital que existe a nivel mundial. La idea tomó forma a partir de octubre de 2017 y, luego de su reciente lanzamiento, ya tiene usuarios en distintos puntos del país.

    Este desarrollo es posible con el aporte de todas las entidades que conforman COLSECOR y es un paso decisivo en la evolución de la disponibilidad del contenido para miles de habitantes del Interior de Argentina.

    Sensa también representa un logro trascendente para el cooperativismo nacional que, mediante esta nueva propuesta, se posiciona una vez más a la vanguardia de la industria del contenido y el entretenimiento, mediante un modelo de negocio competitivo, sostenible y solidario.