• El único héroe en este Lío

     

     

     

     

    Por Martín Eula | Fotos: Gentileza Olé 

     

    Y una noche fue el que todos los argentinos quieren-querían-queríamos que fuera.

    Somos bravos, inconformistas, soberbios, criticones, exigentes, pasionales... Somos tan argentinos que nos cuesta disfrutar en su justa dimensión a un tipo que trasciende fronteras, al que le rinden pleitesía vaya donde vaya, en quien depositamos varias de nuestras frustraciones para endilgarle cualquier derrota, un faro que hace mucho ya se sentó en la mesa de los grandes de la historia del fútbol.

    "¿Cómo no vamos a ir al Mundial? Somos Argentina". Todos se lo preguntaron y la mayoría se respondió solo sin necesidad de esperar una respuesta. Argentina hizo todo lo posible para quedarse afuera de Rusia. La AFA fue un cambalache interminable por la que pasaron tres presidentes en los dos años y dos días que duraron las Eliminatorias. Hubo tres entrenadores diferentes -con sus estilos contrapuestos, naturalmente-en la Selección. Se mudó la localía como se cambia un cuadro de lugar y como si un estadio tapara tanto desmadre y ganara partidos. Se hicieron cuentas y se armaron conjeturas de las más disparatadas. Se caminó por la cornisa con los pies enjabonados como el bendito fútbol argentino patina desde hace mucho tiempo.

    Y una noche, el genio se embarró las patas, frotó la lámpara y rescató a todos: a un equipo que no es tal, a una dirigencia "nueva" con indisimulables vicios viejos (hasta llevaron a un brujo a Ecuador) y a un país futbolero en estado de alerta total. Tan argentinos somos, tan extremistas, que enseguida aparecieron encuestas sobre si la Selección era candidata a ganar el Mundial. De terapia intensiva a la gloria en 90 minutos...

     

    "Los argentinos piensan que saben todo sobre fútbol. Siempre digo que si hubiéramos llegado a una final del Mundial y a dos finales de Copa América para otro país, habría sido diferente. Pero esto es Argentina", sostuvo en julio pasado en el programa Alma de Potrero el pibe que juega como en el potrero, que es un competidor nato, un insaciable, un talento único, un futbolista por el que debemos agradecer ser contemporáneos y no necesitar que nuestros abuelos nos cuenten lo que hacía en una cancha.

    Hastiado por las desprolijidades de la dirigencia (hasta llegó a criticarla desde un vuelo hacia la final del torneo), sacudido por una nueva caída en un partido decisivo en el que una foto suya rodeada de chilenos recorrió el planeta, apuntado por renovadas críticas y fundamentalmente triste, el capitán dijo basta en los pasillos del gigantesco MetLife de Nueva Jersey. En junio del 2016, se iba de la Selección vacío. Poco más de dos meses después volvía luego de que Edgardo Bauza, reemplazante de Gerardo Martino, viajara a Barcelona para una "charla de fútbol en la que no hablamos de su regreso" como misión básica en su desembarco como sorpresivo entrenador del seleccionado. Un año después, y luego de que la FIFA le redujera la sanción de uno a cuatro partidos por insultar a un árbitro, recibía en su casa de Casteldefells a Jorge Sampaoli, el hiperquinético director técnico que lo había amargado con Chile en la Copa América 2015 y a quien valoraba y valora por sus ideas de juego.

    Los tres goles en Quito, esa actuación -salvando las distancias- a la altura de las de Maradona en México 86 y Kempes en la final de Argentina 78, espantaron fantasmas, enterraron críticas, disimularon miserias, cubrieron errores generales y se gritaron desde Ushuaia a La Quiaca. "Hubiera sido una locura no estar en el Mundial, no sólo para mí sino también para toda la Argentina. Esto nos da paz porque estábamos todos inquietos. Estaba el temor de quedar afuera, pero lo logramos y ahora la Selección va a crecer, va a ser otra", dijo en las entrañas del estadio Atahualpa de Quito, rompió su silencio con un discurso maduro, no necesitó maradonear ni vengarse públicamente de nadie, utilizó un mensaje componedor, alimentó públicamente un liderazgo que ejercita a su manera en lo privado.

    Ahora es donde emerge el enorme desafío de acá a junio del año que viene: armar un equipo, rodear al mejor del mundo, buscarle un lugar cercano al área rival como en Ecuador, ponerle jugadores que le pasen la pelota y no se obnubilen con su presencia. De los ocho partidos que faltó en Eliminatorias, Argentina ganó apenas uno; en los diez partidos que disputó, la Selección perdió sólo uno y ganó seis. Las estadísticas muchas veces necesitan concepto: ésta es demasiado contundente como para necesitar una explicación. En esa decena de encuentros, los tres entrenadores que lo dirigieron usaron seis esquemas tácticos diferentes y el único jugador que repitió junto a él del medio hacia adelante en cada partido fue Di María. Y hubo cinco centrodelanteros goleadores en sus equipos que no lograron trasladar esa eficacia al seleccionado: Higuaín, Agüero, Pratto, Icardi y Benedetto (hubo un partido de Alario, pero Bauza lo puso de volante por derecha). Un contexto que de tan variable resultó desconcertante. Es cierto que esto es un deporte en el que le tenés que pasar lo mejor posible la pelota a un compañero y no se requiere de pócimas mágicas o soluciones científicas, pero necesitas un armado y una idea que sostengan al distinto. No mimarlo como se dijo erróneamente muchas veces: el mimo queda para otros escenarios de la vida.

    Y ahí, perseverante y sufrido, estuvo él. El que no transmite nada. El que no suda. El que digita las convocatorias por sus amigos. El que acá no juega como allá. El que no canta el himno... "No siento que tenga que hacerlo. Cada persona siente el himno nacional de diferente manera y la mía es sentirlo dentro de mi cuerpo mientras lo escucho". Sensatez y sentimientos. Un liderazgo -vale la pena insistir- distinto. La necesidad de no vociferar para transmitir -a sus compañeros- e igual ser escuchado. La luz que alumbra el horizonte de la Selección.

    En Rusia también estará. Irá por la madre de todas las revanchas. Es de esperar que ahora ya sin la presión por resultados urgentes, Sampaoli pueda armar una formación confiable en el puñado de amistosos que habrá hasta el comienzo de la Copa del Mundo. Los nombres los conocemos todos porque jugaron (casi) todos. Una mochila los acompañó en el duro camino y él se encargó de liberarlos. El llanto de Enzo Pérez, apenas consumaba la clasificación, refleja como nada ni nadie el desahogo.

    Un desahogo que tiene padre, tutor y encargado. Y se llama Lionel Andrés Messi.

     

     

  • El verdugo en el umbral

    La historia del petizo orejudo, el primer asesino en serie de la Argentina.

  • El viejo anhelo de la paz, ¿sólo una quimera?

    Cada 21 de septiembre también es el Día Internacional de la Paz, según lo estableció Naciones Unidas hace 25 años. Mientras tanto, es posible que la humanidad no haya tenido un minuto sin guerras desde hace milenios.


    Por Alejandro Mareco |Periodista

     

    Acaso no hay mayor tesoro para la humanidad desde que habita la Tierra y el tiempo, ni mayor anhelo para los hombres y mujeres que atraviesan la sencillez cotidiana de los días, que vivir en paz. Simplemente eso: poder ejercer la existencia en mínima armonía con los pares (familia, vecinos, pueblos, países) tanto como con la fecundidad proveedora de la naturaleza y el trabajo.

    Por eso es que desearle la paz al prójimo es el saludo esencial de las grandes religiones monoteístas. Pero tal vez ese deseo tan viejo ha sido el más quimérico de alcanzar por una especie que ha llegado muy lejos en el desarrollo de su conocimiento científico y de sus hazañas tecnológicas; capaz de domesticar la materia, la energía y muchas de las fuerzas adversas de su escenario vital, el planeta.

    Es posible que las originales luchas por territorios de caza, por espacios de supervivencia, hayan encendido la chispa de los enfrentamientos desde los primeros momentos. Y que de las disputas individuales se pasaran a las grupales. Y que luego de combatir por necesidad, se haya pasado a hacerlo para mantener privilegios en detrimento de una situación más frágil para otros grupos. O, visto de otro modo, que la decisión de romper ese cerco de privilegios y ventajas haya alimentado las luchas de los postergados.

    En 2012, el hallazgo arqueológico de una treintena de cadáveres con claros rasgos de haber muerto en forma violenta hace unos 10.000 años, cerca del lago Turkana, en Kenia, fue interpretado por algunos científicos como una prueba de la existencia de una manera de guerra entre pueblos cazadores recolectores.

    Incluso, hay quienes sostienen que las guerras han funcionado como un instrumento para el control del número de población posible en relación con los recursos disponibles y el desarrollo alcanzado en algunos momentos. La Guerra de Troya tiene una mirada posible en ese sentido, entre tantas otras.

    Entretanto, en medio de esas contiendas se han enarbolado banderas ideológicas, religiosas, culturales, nacionales.

    Las guerras probablemente no hayan tenido descanso en la historia de la humanidad. Es difícil pensar que en algún momento, al menos en un rincón del planeta, no existieran dos bandos combatiendo a matar o morir.

    El paroxismo llegó en el siglo 20 con las dos gigantes conflagraciones que extendieron el conflicto a una enorme porción del planeta, involucrando a numerosos países, aunque el eje del combate fue la lucha de poder en el viejo centro del mundo que era Europa. Pero además se trataron de momentos de la historia en los que asomaría el protagonismo de Estados Unidos, y luego, lo que sería la otra cara del poder en el globo, la Unión Soviética.

    Las cosas fueron demasiado lejos. El final de la Segunda Guerra Mundial demostraría que el febril desarrollo científico y tecnológico de los instrumentos para matar en el que tanto empeño se había puesto, había dado finalmente con el arma de la autodestrucción de la especie y del planeta.

    Las bombas atómicas que en 1945 cayeron sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lanzadas desde aviones estadounidenses, congelaron por un instante la sangre de los hombres y mujeres.

    Habíamos dado con la fórmula para arrasarlo todo. “No es nada honroso para el talento humano, en la edad de oro de la ciencia, haber concebido el modo de que un proceso multimilenario tan dispendioso y colosal pueda regresar a la nada de donde vino por el arte simple de oprimir un botón”, diría el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

    Pero lejos de retroceder, poco después las potencias le harían firmar al mundo un acuerdo por el que sólo cinco países (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, China y la Unión Soviética, lugar asumido luego por Rusia) podían tener armas nucleares; es decir, quedaban en condiciones de amenazar al resto. La vieja metáfora del poder se repetía: lobos al cuidado de las ovejas.

    Más allá de que las experiencias son intransferibles –es decir, no pueden comprenderse de un modo cabal si los sentidos y sentimientos no han estado involucrados–, es probable que lo que sintieron los habitantes de aquellas ciudades japonesas no pudiera ser expresado en palabras, pues los conceptos de cualquier idioma no estaban ni están preparados –acaso no lo estén nunca– para significar algo tan tremendo.

    Los niños, mujeres y hombres de Hiroshima y Nagasaki le vieron los ojos al espectro del fin del mundo. La conciencia humana, nosotros, aún no se atreve a mirar los suyos.

     

     

    De próceres guerreros y paz con los vecinos

    Es posible que casi todos los pueblos del mundo, pueblos que son naciones o sólo alcanzaron la estatura de países (“Somos argentinos porque no pudimos ser americanos; somos un país porque no pudimos ser una nación”,

    decía el  pensador Jorge Abelardo Ramos), seamos hijos de la guerra.

    Ése ha sido el modo de ganarnos nuestro lugar en la historia y, sobre todo, en el presente. Bien lo sabemos desde Estados Unidos hasta la Argentina: dar batalla contra los imperios de hace dos siglos y más fue nuestro modo de amanecer.

    Por eso es que la mayoría de los próceres que nutren nuestro Olimpo patrio son guerreros, héroes del tiempo fundacional que nos puso en la historia.

    Que los tiempos de paz pueden ser nuestros mejores tiempos, lo ha mostrado el grado de convivencia que alcanzamos con los vecinos latinoamericanos, en la conciencia de que la unidad regional nos alcanzará una mejor oportunidad para todos.

    Pero las hipótesis de conflicto durante mucho tiempo carcomieron la relación con los vecinos. Por ejemplo, Brasil.

    Alguna vez, Formosa fue una tierra casi abandonada a su suerte, donde el Estado nacional no invertía en infraestructura, ni atendía a sus pobladores, ni le preocupaba que pudieran portar la condición de argentinos los pueblos originarios que habitaban ese paisaje. Una de las razones principales de ese abandono fue el viejo fantasma de guerra con Brasil.

    Las relaciones entre Argentina y Brasil habían nacido a sablazo puro en nuestros primeros años de existencia. La reunión llegó en la década de 1860 cuando, junto con Uruguay, se formó la Triple Alianza que salió a destruir al Paraguay de Solano López, que de manera independiente había alcanzado un desarrollo admirable (y envidiable) por aquellos tiempos y fue reducido prácticamente a cenizas.

    La victoria no sirvió para sellar una amistad, acaso por lo poco noble que había sido el motivo del acercamiento. Así es que seguimos mirándonos con recelo. Y el mapa de la desconfianza se propagaba: por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Chile, con quien estuvimos siempre en tensión por cuestiones limítrofes, se suponía aliado de Brasil.

    El desvelo tuvo una pausa a mitad del siglo 20, cuando el gobierno de Juan Perón planteó el ABC (Argentina, Brasil, Chile) junto con sus colegas de entonces, Getulio Vargas, en Brasil, y Carlos Ibáñez, en Chile. “Lo único que hay que vencer son intereses; pero cuando los intereses de los países entran a actuar, los de los hombres deben ser vencidos por aquellos; esa es nuestra mayor esperanza”, diría en su recordado discurso integrador en la Escuela de Guerra, en noviembre de 1953.

    Finalmente, en marzo de 2004 se creó el Día de la Amistad Argentino-Brasileña. Así lo convinieron los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva, en conmemoración de la Declaración de Iguazú, que en 1985 firmaron los entonces mandatarios Raúl Alfonsín y José Sarney, puntapié inicial del Mercosur.

    Esa impronta se proyectó al subcontinente fecundando en la creación de la Unión Sudamericana de Naciones. Acaso el espejo fue la unión de los países europeos, que tres décadas después de masacrarse mutuamente entendieron que como bloque regional cuidarían mejor sus intereses.

    La rivalidad con Brasil sobrevive en el folklore del fútbol, en las críticas muchas veces mal intencionadas sobre el saldo de la balanza comercial, entre otras dificultades en el intercambio. Pero las viejas hipótesis de guerra han sido cerradas como se cierran las heridas de los pueblos maduros: la paz es también un buen negocio.

     

     

    Pobreza y justicia 

    La Liga de las Naciones, creada en 1919, al finalizar la primera gran guerra del siglo 20, no pudo detener la segunda, que vendría apenas 20 años después. Luego, al final de la segunda, en octubre de 1945 se crearían las Naciones Unidas, que tampoco podría acallar tantos sangrientos combates esparcidos en el mundo a un costo de millones y millones de vidas desde entonces.

    Pero antes de que se apagara el hasta entonces más violento de los siglos, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Día Internacional de la Paz, dedicado “a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo entre ellos”. Primero lo ubicó en el almanaque en el segundo martes de septiembre, pero en 2001 estableció una fecha fija: cada 21 de septiembre.

    Más allá de lo que puede parecer sólo una declaración de deseos, el espíritu de la creación del Día Mundial de la Paz, como también se lo conoce, consideró que no es posible alcanzar un mundo pacífico si no se logra el desarrollo social y económico de todas las personas y se garantiza la protección de sus derechos.

    En ese sentido, se han planteado objetivos sostenibles que apuntan a temas que tienen que ver con un mínimo punto de partida de justicia, distribución de recursos económicos y sociales capaces de hacer posible un estado de armonía elemental.

    Pobreza, hambre, salud, educación, cambio climático, igualdad de género, agua, saneamiento, electricidad, medioambiente y justicia social son algunos de esos objetivos, recursos y desafíos sobre los que se debe trabajar para que la paz finalmente tenga una oportunidad, como cantaba John Lennon.

    Incluso existe desde hace algunos años una disciplina del conocimiento llamada irenología (Irene significa paz), o estudios de la paz y los conflictos. Se ocupa del estudio multifactorial de los conflictos internacionales y concibe la paz no sólo como la ausencia de guerra, sino como un concepto positivo que incluye la justicia, el desarrollo económico y social equilibrado y el conocimiento y respeto mutuo entre las naciones.

    Albert Einstein, el científico sobre cuyos descubrimientos se afirmó la tecnología nuclear, decía: “La ciencia es un instrumento poderoso. La forma en que se utiliza, será una bendición o una maldición para la humanidad”. Luego, en 1922, el mismo Einstein escribiría: “El desarrollo de la tecnología ha hecho que las economías del mundo sean interdependientes, por lo que cada guerra tiene efectos mundiales”.

    Sí, cada una de las guerras como a las que asistimos en estos días, nos atañen a todos.

    No hay dudas de que no hay camino de paz posible si siguen causando estragos la ambición, la voracidad y los privilegios a costa del sufrimiento de miles de millones. Es sobre los más débiles sobre los que se descarga el monstruo de la guerra.

     

  • En animales, la comida “chatarra” provoca sobrepeso hereditario

     

    Experimentos realizados con roedores evidencian que las crías de padres habituados a una dieta hipergrasa nacen con más peso o lo ganan rápidamente al llegar a la adolescencia.

  • En busca del sonido propio

    El músico tucumano, de 27 años, ha acompañado con su violín a importantes artistas latinoamericanos. Desde YouTube conquistó a Pat Metheny.

  • En el fondo se trata de una aventura

     

     

     

     

     

    Por Mario Riorda 

    Politólogo. Director de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Austral  

     

    En la aventura, las garantías de normalidad quedan suspendidas o abolidas dice el filósofo Fernando Savater. Nadie decide por nosotros y lo hacemos en base a lo imprevisible. Así transcurre cuando se deposita la confianza en el otro. Se confía, a secas. Muchas veces en base a la reputación ganada. Racionalidad pura. Porque hizo eso, hará lo otro. Y aparece así, más tarde, la confianza, bastante más irracional, o emotiva si se quiere. Cuando confío, la racionalidad pasa a segundo plano. Confío y listo.

    A veces, incluso, se otorga un certificado de confianza sin que haya mediado reputación antes. Es como un cheque en blanco a la espera de fondos. Si no llegan, se cae todo. Se desploma.

    Así, en ese contexto, actúan las promesas. Las promesas electorales también. Lo que llamamos contrato electoral. Toda una aventura que no sabemos cómo terminará.

    ¿Ahora bien, se cae la confianza si una promesa no se cumple?

    Depende. Si una promesa se fijara muy fuerte es probable. Si hablamos del voto, habría que imaginar que cada ciudadano tiene una muy buena información para votar y que los medios reflejaran cotidianamente esa información para que no desaparezca de la agenda. Pero esto no es así. Hay información imperfecta y los medios no garantizan lo segundo. Y no sólo conoce poco el elector, sino que está condicionado por emociones, compromisos y juicios morales e ideológicos.

    El contrato electoral implica los compromisos que el candidato adquiere con sus votantes para ponerlos en práctica si triunfa. Pero no es lo mismo el incumplimiento por engaño que el incumplimiento por modificación de condiciones en el sistema político.

    Y asimismo, el incumplimiento por engaño puede ser matizado o reducido en sus consecuencias cuando la efectividad de lo ofrecido a cambio (esto pasó parcialmente con algunas medidas de Carlos Menem) es percibido como efectivo o útil, aunque no tuviese nada que ver con el contrato inicial. "Si yo decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie" se le atribuyó a Menem aunque él nunca la pronunció. Pero esa frase daba cuenta de un fuerte cambio de políticas que fueron contradictorias con su eslogan “salariazo y revolución productiva”. Y lo más importante es que, aún después de modificar sustancialmente el contrato electoral, gobernó durante 10 años, reelección mediante.

    En el caso de promesas como las del presidente Eduardo Duhalde, "van a ser respetadas las monedas en que fueron pactados originalmente los depósitos (...) el que depositó pesos, recibirá pesos, y el que depositó dólares, recibirá dólares", tienen más que ver con un voluntarismo o errores de cálculo ante realidades no previstas.  

    En la primera elección de Cristina Fernández de Kirchner, en la campaña del 2007, uno de los ejes de su discurso fue la inauguración de un nuevo tiempo político que diera lugar al diálogo y la mejoría de la calidad institucional de la democracia argentina, dejando atrás el ciclo de emergencia permanente inaugurado en la última década.

    El intelectual Ricardo Forster escribía: “nos preparábamos para despedirnos de la larga primavera camporista que, en muchos aspectos, caracterizó el tiempo de Kirchner; es probable que lo que vendrá se asemejará más a un gobierno a lo Bachelet, con mayores dosis de prolijidad institucional y mejores vínculos con el insaciable mundo empresarial”. Su eslogan “A la Argentina que viene la hacemos entre todos”, apuntaba a la idea de una Concertación.

    Ni la calidad institucional ni la concertación perdurarían como ejes, dándose paso a la idea la gobernabilidad como factor dominante. Era la contracara del contrato electoral del 2007, castigado duramente en las elecciones intermedias del 2009, y aun así se permitió una revancha electoral en el 2011 con un aplastante triunfo a su favor.

    Sin linealidad ni futurismo -como se vio con Menem y con el kirchnerismo-, es algo impredecible el comportamiento electoral como castigo o como premio, asociado al cumplimiento de promesas. Ahí radica la imposibilidad de predecir lo que sucederá con Cambiemos, recordando que ya hubo un episodio (las elecciones intermedias del 2017) donde obtuvo un muy buen resultado electoral, aun con incumplimientos electorales visibles. Una elección donde se votó más ideológicamente que desde la economía.

    Sin embargo, hoy el contexto es otro, dominado por una fuerte crisis económica. Desde lo electoral, Cambiemos tuvo afirmaciones grandilocuentes que ahora se hacen más complejas de sobrellevar. “Descarto completamente un ajuste: sería loco y tonto hacer algo que ya fracasó”, expresó la vicepresidente Gabriela Michetti. De modo literal respondía:

    - “¿Con qué intensidad se animaría a descartar un ajuste si ustedes llegan al gobierno?

    - Con total vehemencia. Descarto un ajuste completamente. Por tres razones. La primera: la Argentina aprende de sus experiencias. El país probó políticas determinadas y nos fue mal. La Argentina pasó mucho dolor: sería loco y tonto, poco inteligente hacer algo que ya fracasó. Las políticas de ajustes se estrolaron en todos lados. Segundo: hay liquidez en el mundo, ¿por qué ajustar? Y tercero: nosotros queremos expandir la torta y cuando lo logremos no vamos a necesitar ningún ajuste. Van a entrar divisas y el Estado va a crecer. No hay que apretar. Hay que expandir.

     - ¿Qué harían con las tarifas?

     - No es necesario ajustar tarifas en lo inmediato”.

    Aquí sí hay una desconexión contractual evidente que tendrá que corroborarse en su impacto sobre los niveles de aprobación futuros que estas mismas políticas provoquen, más allá de su nivel de coherencia con la expresión electoral de la que se despegan. Hoy el impacto es evidente. Las evaluaciones del Gobierno están en su registro más bajo.

    El propio presidente ha sido protagonista de situaciones frente a posturas o promesas electorales que también habrá que analizar en el futuro dependiendo de los niveles de aprobación. Con la inflación el Gobierno admitió que el error fue haber prometido un descenso mucho más rápido del que era posible, despegándose de la promesa electoral: “eliminar la inflación será la cosa más simple que tenga que hacer como presidente”. Más episodios incluso: "Mentís, Daniel", le espetó Mauricio Macri a Scioli durante el debate presidencial, cuando el entonces gobernador bonaerense y candidato del FpV le recriminaba que, si Macri ganaba, iba a realizar un fuerte ajuste de la economía, dentro de lo que encuadraron como “campaña del miedo”.

    Lo interesante es que parte del contrato electoral de Cambiemos se dio desde el “decir la verdad”. Y no sólo electoral. Ya en gobierno, en el marco de columnas de opinión que el propio presidente publica con alguna regularidad en medios del Interior, una de ellas se titulaba: “Gobernar para mí es decir la verdad”.

    Sumado a ello, muchas frases han quedado guardadas como complementarias de ese contrato electoral. "Mi primer compromiso es lograr una Argentina con Pobreza Cero": resignificada como meta aspiracional, ya que el número de personas pobres aumentó considerablemente tras la devaluación. “El Estado no tiene que quedarse con el fruto de tu trabajo. En mi gobierno los trabajadores no pagarán Impuesto a las Ganancias” decía el presidente cuando era candidato.

    No puede dejarse de lado tampoco el corrimiento de promesas asociados a hashtags discursivos, preferentemente económicos: #segundosemestre, #brotesverdes. No son electorales pero abonan también a la percepción de credibilidad. No llegaron a ser ciertas al día de hoy. Habrá que esperar.

    La más actual: "No creo que la devaluación sea la solución”. Son muchas las grandes propuestas y los saldos negativos desde la perspectiva del contrato electoral que se reparten en casi tres años de gobierno. El devenir futuro juzgará. Y la sociedad también.

    Ya Maquiavelo decía que gobernar es establecer una lógica de mutua adecuación, siempre inacabada, entre el príncipe y el pueblo, porque es el pueblo la causa principal de la estabilidad e inestabilidad del Estado. Allí también entran en juego la contingencia, lo aleatorio que impone sus leyes sobre los acontecimientos. Y entre ellos, la ideología. Siempre presente y explicativa de los movimientos electorales de la población.

    Recordemos, aun cambiando el contrato electoral, si a la política (la nueva política) se la percibe como eficaz, no implica ello un castigo electoral necesariamente. Incluso puede ser un elemento positivo para el gobernante si con el cambio demuestra que pudo adaptarse a otros contextos, como un piloto de tormenta. Algo así como acomodarse a la realidad.

    El problema del Gobierno es ese. No se lo percibe eficaz y encima carga con un estigma instalado en el 60 por ciento de la población argentina: “gobierna para los ricos”. Más aún, para sus propios votantes, la frase que sintetiza el pensamiento de la gestión es “no le sale una”. Es el resultado de estudios cualitativos en varias provincias, donde también se mezclan errores involuntarios, tanto como medidas -que no son errores- carentes de legitimidad pública que obligaron a retroceder en su implementación ante su rechazo.

    Hace años que Bernard Manin sostiene que, al momento de presentarse a un cargo, los políticos reconocen que de uno u otro modo se enfrentarán a situaciones imprevistas, así que generalmente no tienen una propensión a atarse las manos comprometiéndose con programas electorales detallados. Por eso es que ese autor advierte que quizás haya pasado la época de votar los programas de los candidatos y más bien se esté comenzando el tránsito a la era de votar por el historial de los gobernantes. Lo curioso es que el historial del presidente es rico en reputación, tanto en su faz privada como pública. Su problema empezó con el mandato presidencial.

    Queda una buena cantidad de meses para que inicie un nuevo ciclo de aventuras. Quedan meses para poder capear la tormenta. Gestionar una crisis es tener que explicar (todo el tiempo) que interesa la continuidad. Una crisis genera amenazas, urgencias e incertidumbre y pone a prueba la flexibilidad de las élites ante retos velocísimos y altamente entrelazados. Si la crisis aminorase, habría ahí una chance de reputación en el presente, eso que tanto necesita el presidente y más la Argentina. Sólo ahí se sabrá si la confianza persiste… o más bien resiste.

     

  • En las arenas blancas danza la historia

     

    Por Ramón Becco | Cronista de historias y leyendas populares

     

    Entre Ríos tiene en sus costas las playas de río más extensas de Latinoamérica. El enclave, de una inusual belleza, ocupa un lugar central en la silenciada historia de la patria.

    Para quienes llevan al extremo la idea de una tierra definida por los ríos que la circundan, Entre Ríos es una isla.

    Las vacaciones son un momento propicio para el descanso y en ese descanso nunca está demás navegar por las costas del pasado. Y en eso, pocos lugares como esta Villa de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay.

    Cuando Argentina era un modelo en construcción, la Villa llegó a ser Capital de una República que incluía a Misiones y Corrientes. Tampoco la Banda Oriental era todavía un paisito cuando José Gervasio Artigas ya lidiaba con los concepcioneros, luchando por una Nación suma de varios estados confederados, incluido el progresista y esquivo Paraguay

    Esa historia, controvertida, ninguneada por los grandes historiadores que -como muchos políticos y periodistas- miran el país desde Buenos Aires; está en cada monte y en cada recodo del río Uruguay que, en Concepción, se desnuda en extensísimas playas blancas.

    Todo es historia en Concepción. Historia, leyenda y misterio.

    La mismísima playa, lugar de convocatoria de la Fiesta Nacional, esconde en su nombre, Banco Pelay, un par de sucesos populares. En la trashumancia del boca a boca perdió su letra final: Pelayo, era una familia de Concepción y lo de Banco, tiene que ver con los bancos de arena que forma el río en su derrotero.

    Hasta los años ´70 el Banco era inaccesible; sólo los pibes, baqueanos modernos, disfrutaban de sus aguas aventurándose  a caballo o en bicicleta. Hoy el acceso es deslumbrante y sus arenas blancas recorren una extensión de 7 kilómetros junto al río, bajo la protección de tupidas galerías de árboles.

    Ese es el lugar donde por las noches se despliega la Fiesta Nacional de la Playa de Río.

    En Concepción del Uruguay a cada paso se pisa civilización.

    La primera escuela laica y gratuita todavía perdura en Concepción y, además de su belleza arquitectónica, guarda nombres de tres presidentes argentinos que trajinaron sus aulas. Julio Argentino Roca, Victorino de la Plaza y Arturo Frondizi. Un presidente paraguayo, Benigno Ferrerira, varios mandatarios de las provincias argentinas y dos vicepresidentes como Hortensio Quijano y Francisco Beiró.

    Poetas y escritores estrenaron tinta, tiza, pizarrón y papel. Olegario Víctor Andrade, Eduardo Wilde y Fray Mocho, por nombrar algunos. El constitucionalista Arturo Sampay, el cardiocirujano Domingo Liotta y hasta el mediático Gustavo “Gato” Silvestre pasaron por la Escuela Justo José de Urquiza de Concepción.

    Y justamente Urquiza dejó para todos los tiempos y a pocos kilómetros del centro de la ciudad, el Palacio San José. El fantasma del caudillo se corporiza en vajilla, enceres, camas y baldosas; y por si todo esto fuera poco, su sangre derramada sigue intacta en la  puerta de uno de sus aposentos. Una visita obligada para quien circule por la moderna ruta 14.

    Pero hay más, mucho más, en Concepción del Uruguay.

     

     

     

    CUANDO PASA

    Fiesta Nacional de la Playa de Río 2018.

    Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

    Desde el 17 al 21 de enero.

     

     

    Ni una Menos

    Una historia dentro de las mil y una recorre plazas, playas, islas y palacios… es la de Thadea Jordán. Esta mujer nacida en el siglo XVIII ocupó un lugar de preeminencia. En épocas donde las mujeres peleaban el Ni una Menos a sable y fuego, Thadea supo dar forma al cuerpo y la ideología federal entrerriana. Ella no pidió permiso para meterse en los pliegues de la construcción de la sociedad, fue –según cuentan- una bellísima mujer que además de parir  a Francisco Pancho Ramírez, el Supremo Entrerriano, con su segunda pareja alumbró a Roberto López Jordán, otro referente  clave en la disputa de modelos de país.

    Pero Thadea no fue  sólo una mujer pariendo héroes, fue la construcción ideológica de sus hijos.

    La permeable ribera entrerriana  permitió a las familias luchadoras y mujeres como Thadea cruzar de un lado al otro del río, con exilios y pasos furtivos, no exentos de prisiones defendiendo a sus hijos, pero influyendo en ellos con los ideales federales y entrerrianos.

    Los restos de Thadea Jordán fueron basamento de la Iglesia principal. Mausoleo de Urquiza, la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción y filial de la Iglesia de San Juan de Letrán, es otro monumento histórico de la Villa.

     

    Un cuento de verano

    Juan Izaguirre, periodista y memoria de la ciudad, cuenta que ese lugar de frontera es fuente de relatos a dos orillas.

    Según Izaguirre, alguna vez, faltó el hielo en Concepción. Al quedar paralizada la  usina, alguien, para paliar el problema, se animó a traer un barco cargado del  sólido elemento desde la vecina Paysandú.

    Un ortiva, que nunca falta, denunció a la prefectura de ese entonces que un cargamento de hielo estaba siendo contrabandeado desde la banda oriental del Río Uruguay hacia Concepción. Grande fue la decepción de la milicada cuando a la hora de embargar sólo encontró agua a granel.

     

  • Encuentro íntimo con la música

     

    Entre testimonios y melodías, desde la pantalla de los canales públicos se ofrece una antología sobre los íconos de la escena musical argentina. Un ciclo que cumplirá 10 años en 2019.

  • Entre la creencia y la realidad

     

    Editorial octubre | Revista COLSECOR

     

    A caballo de las circunstancias, cuando se hace un verdadero y riguroso ejercicio de revisión de aquello que sucede, muchas veces puede caer bajo sospecha la creencia como a veces la realidad misma.

    La creencia se puede presentar con señal inconfundible, pero es imprescindible exigir la prueba contundente para que no se la desacredite como la invención forzada de una realidad que no es. En el proceso de transformación que implica toda investigación seria que intenta confirmar la constancia de los hechos con datos de respaldo, tiene que estar claro que el objetivo establecido siempre será la validación de la verdad. Eso esperamos de todo proceso que intenta plasmar justicia. Lamentablemente, la aceptabilidad de ver que todo puede quedar en la nada nos invade y eso ya no es un hecho conmovedor.

    Para nada es algo pocas veces visto y menos en un país como Argentina que se atrofia entre tanta vocación de secretos y falsedades. Se impone mucha improvisación y desorganización por todos lados y se acrecientan las chances de obtener una baja probabilidad de funcionamiento correcto. La democracia y su baja calidad institucional continúan la erosión de la credibilidad ciudadana y el pozo en que estamos es cada día mas ciego.

    Tanto acuñar trampas en el país: venimos, andamos y vamos entre fracasos varios que se apelotonan en nuestra historia sin saber leer ni aprender de ese fenómeno de la mentira recurrente que ya nada puede tapar y que nos estigmatiza como portadores de dudosa palabra. Estamos hablando de la grave carencia de fuentes de certezas y de la falta de disciplina responsable que padecemos como Nación. No poder romper la inercia de la secuencia de errores hace que la cuenta sea cada día más pesada.

    La opinión pública, con argentinos hiperinformados y muy politizados, no es indiferente ante ningún tema. Uno, claramente en la agenda de actualidad, es el de la corrupción estructural que vincula, por un lado, los estados y los funcionarios circunstanciales de distintos gobiernos: provinciales, municipales y el nacional y, por otro, las empresas con finalidad de lucro con muchos dueños inescrupulosos e irracionales en apetencia de ganancias. El combo que se desencadena ya se lo conoce: sobornos y sobreprecios y lógicamente, mas carga a la presión tributaria.

    Se ha dinamitado la legitimidad ética que los ciudadanos esperan de las inversiones sociales en obra pública. Constatar al momento de la realización de las infraestructuras: las coimas, la impunidad garantizada y los negociados, nos lleva invariablemente a descreer de casi todo. Pero no todo está descompuesto y aquí cabe señalar la distinción como ejemplo notable: hay 600 cooperativas de servicios públicos que, con concesiones públicas en distintas prestaciones, durante décadas, no se han contaminado del germen de la corrupción.

    Desde el cooperativismo no podemos mirar para otro lado. Y tenemos que decirlo: la reserva ética de nuestras entidades de la economía social en relación con el sistema político no ha tenido descomposición.

    La democratización de los asociados a las cooperativas, el control efectivo y el proceder de la dirigencia como personas de bien, ha hecho que la política sepa que con el sector sin fines de lucro no hay lugar para conductas delictivas. Es simple legitimidad social. Se sabe que nos comprometemos con las personas. Los hechos hablan y resuenan con fuerza. Veremos cómo continúan y a que resultados arriba el Poder Judicial.

    La sociedad tiene al cooperativismo como referencia comprobable que las cosas se pueden hacer de un modo licito como corresponde. Mientras tanto nosotros debemos abocarnos a la tarea solidaria de hacer comunidades sostenibles. Es la misión que nos hemos propuesto. Como dijo el presidente honorario de la Fundación COLSECOR, José Pepe Mujica: el futuro es cooperativo o no será.

  • Entre las tareas del hogar y el trabajo, la sobrecarga

     

     

    La conmemoración del Día Internacional de la Mujer es una excelente oportunidad para abordar las problemáticas actuales a las que se enfrenta la población femenina. La labor doméstica no reconocida,  la desigualdad laboral, las dificultades para crecer profesionalmente y el rol materno son algunos de los temas puestos en cuestión. La psicología brinda herramientas para la reflexión.

      

      

    Por Luz Saint Phat | Periodista 

     

    Wadjda es una niña que vive en los suburbios de Riad, capital de Arabia Saudí, y quiere tener su propia bicicleta. Para hacer realidad su sueño, la pequeña atraviesa distintas dificultades. Éste es el argumento del galardonado film “La bicicleta verde”, estrenado en 2012 y escrito y dirigido por Haifaa al-Mansour. Se trata de la primera película realizada por una directora saudita.

    Más allá de las claras diferencias culturales entre occidente y la vida que se retrata en esta historia, hay puntos en común en lo que hace a la cuestión de género. Mientras Wadjda persigue su deseo, el film profundiza en temáticas que son hoy sustantivas para las mujeres: la labor doméstica, el trabajo fuera de la casa, el rol materno, la desigualdad de oportunidades respecto de los hombres y los mandatos sobre el amor.

    En este mes, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer brinda una oportunidad de abordar estos temas y la psicología otorga herramientas para la reflexión.

    Claudia Cedrón es psicóloga (MP 5913) y trabaja en uno de los centros de salud municipal de Córdoba. También es parte una comisión interdisciplinaria del primer nivel de salud del municipio que aborda la violencia de género e integra la Comisión de Género del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba. La especialista señala que la “doble” o “triple” jornada de trabajo (que incluye las tareas realizadas en el hogar y en los ámbitos laborales y comunitarios) significa hoy un problemática trascendente.

    “Existe todo un trabajo no reconocido en el ámbito doméstico, que podemos denominar invisible, que no tiene ningún tipo de reconocimiento desde lo simbólico ni desde lo económico. Sabemos que las mujeres son las que llevan adelante principalmente el sostenimiento de las tareas que se realizan en el hogar, a lo que se suman las tareas de cuidado de los niños, de las personas mayores de la familia y de los enfermos”, indicó Cedrón.

    “En este punto, es interesante recalcar todo el impacto que este rol tiene en la vida y en la organización del tiempo de las mujeres, pero también la cuestión del aporte económico que esto representa para la economía familiar y la mundial. Hay cálculos realizados donde se reconoce que entre 40% y 60% del valor producido en el mundo por la economía, corresponde a estas tareas que históricamente vienen desarrollando las mujeres”, agrega la psicóloga.

    “Pensando en el trabajo asalariado – y teniendo en cuenta la distinción que también produce la existencia de trabajos precarizados o informales-, también allí se presentan desigualdades respecto de los varones. Lo que más se conoce tiene que ver con el pago: por igual tarea generalmente no corresponde igual salario. También otro tema es el techo de cristal, que hace referencia a las posibilidades reales que tienen las mujeres para ascender en su carrera. Y en todo esto, también se cruza de manera fundamental el tema de la maternidad -tal como se entiende hoy- que impacta fuertemente en las posibilidades y opciones que tiene el género. Además, algo muy frecuente y poco reconocido es el acoso sexual en el trabajo”, explicó Cedrón.

    “Existe un contexto que no es sólo un marco de lo que le pasa a las personas, sino que nos socializa y nos va subjetivando. La cuestión de género no es sólo algo individual sino que también es cultural”, dice la especialista.

     

     

     

    Mente y cuerpo

    En este contexto, las mujeres pueden manifestar distintas dolencias subjetivas que son motivo de consulta para la psicología clínica.

    “Lo que aparece más como malestar o padecimiento psíquico son los ataques de pánico y síntomas vinculados a la sobrecarga. El avance en el mercado laboral no ha representado un retiro de las mujeres de las tareas del hogar. Esto realmente significa una altísima sobrecarga”, dice Cedrón.

    “El uso del tiempo es totalmente desigual respecto de los varones. El tiempo que las mujeres tienen para sí es prácticamente nulo y, a veces, cuando uno trata de interrogar sobre el tema, esto se vive con mucha culpa, debido a los roles históricamente asumidos por las mujeres”, agrega.

    “El problema es que muchas veces los recursos psíquicos se van agotando y va a apareciendo el cuerpo. En general, hay mucho cansancio y pocas posibilidades de hacer otro tipo de actividades”, dice.

     

    El valor de la pregunta

    ¿Podría el contexto ser más favorable para las mujeres? ¿Es viable una transformación que tienda a mejorar las condiciones de igualdad de género en los distintos ámbitos? Seguramente este es un camino que se hace al andar, como tantas otras modificaciones culturales que se han efectuado desde hace al menos un siglo en este terreno en todo el mundo.

    En la película, Wadjda tiene tan sólo 11 años, pero presiente de manera acertada que la fuerza del deseo permite derribar las barreras sociales cimentadas por la misma historia.

    “Una de las potencialidades más grandes que tiene la psicología es interrogar y generar espacios para la reflexión, que rompan con la dinámica cotidiana. Así es posible pensar en que las cosas sean de otro modo”, indica Cedrón.

    “En las organizaciones, la psicología también puede hacer sus aportes y acompañar procesos que habiliten nuevos acuerdos sobre los modos de producir y tomar decisiones. No es tan sencillo, pero se puede”, indicó la especialista.

     

    Revista COLSECOR, marzo 2018

  • Entre navajas, peines y tijeras

     

    Usar barba se puso de moda y no distingue clases sociales, ámbitos laborales o edades. ¿Quiénes se encargan de darle forma a esa tendencia y cuáles son sus herramientas?

     

     Facundo Miño |Periodista 

     

    –Cuando veías por el centro a una persona con el pelo largo o con barba, era seguro que también tenía zapatillas. En esa época el 99 por ciento de la gente andaba de traje. Hasta para ir al cine, se ponían saco y, por supuesto, zapatos.

    Juan Rodríguez se refiere a los usos y costumbres de la sociedad cordobesa durante la década del 60 cuando se inició en el mundo de la peluquería. Hoy tiene 68 años, el pelo canoso prolijo y arreglado, está impecablemente afeitado y lleva una chaquetilla celeste. Se toma un respiro en la agenda diaria para contarle a COLSECOR cómo viene la mano en esta moda.

    Rodríguez comenzó como cadete en uno de los grandes salones de la ciudad cuando tenía 10 años. Miraba con curiosidad, tratando de no perderse detalle. Aunque ya ensayaba con amigos y vecinos, recién en 1965, cinco años después de ser contratado, tuvo su primer cliente real en aquel trabajo. Otra época, otros tiempos, otras costumbres.

    –Antes los que tenían barba eran “crotos” o hippies. Quizás los arquitectos, los  estudiantes de Bellas Artes o la gente de la bohemia también se la dejaban pero los demás se afeitaban cotidianamente, todos los días o día de por medio. Hoy está de moda porque la impusieron los futbolistas pero estoy seguro de que el 90 o 95 por ciento de la gente la usa por “vagancia”, solamente porque no tienen ganas de afeitarse– sostiene.

    La peluquería está ubicada a una cuadra de la plaza San Martín y se llama R.R. porque con su hermano –fallecido hace algunos años- colocaron las iniciales de su apellido: Rodríguez. Una foto encuadrada, en blanco y negro, los muestra en su juventud, peine y tijera en mano. El local es pequeño, con vista al exterior y cortinas que otorgan discreción. Una mampara lo divide en dos partes: una más chica para el lavado, otra para el corte propiamente dicho. Hay dos espejos; un mueble con herramientas, máquinas, productos para el cabello, alguna foto familiar; una bandera argentina y una estampita de San Cayetano.

    Juan atiende un celular antiguo con ringtonemonofónico y confirma el horario a un cliente sin necesidad de revisar ningún papel. A cada visitante le entrega un almanaque 2019 con el nombre de su negocio y la leyenda “salón masculino”. Cada elemento, cada gesto, cada detalle refuerzan la idea de sobriedad clásica. Muchos de sus clientes son bancarios, abogados, profesionales que se hacen una escapada durante el día o van antes de comenzar la jornada laboral. Por eso atiende de lunes a viernes desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde.

    –El “lunes peluquero” no existe más. Todo eso cambió. Antes decíamos que si en una fiesta una persona no tenía talco en el cuello, ese que ponemos nosotros después de cortarles el pelo, era “deshonroso”. Lo decíamos en broma pero era una señal de que esa persona había estado en la peluquería. Era sagrado trabajar los sábados porque los hombres que tenían casamientos, cumpleaños o festejos venían ese mismo día pero ya no; si pueden, vienen una semana antes. Los fines de semana directamente cierro – explica.

    Durante mucho tiempo ir a la peluquería era un símbolo de estatus, había que tener dinero suficiente para confiar en el criterio y en el pulso de quien rasuraba con navaja. La aparición de afeitadoras domésticas y descartables implicó la gradual competencia con la comodidad de la propia casa. La tarea del barbero fue menguando hasta quedar casi como una excentricidad de algunos pocos. Para Rodríguez esa práctica hogareña derivó en un desconocimiento de la tarea.

    –Hay un montón de gente que no se sabe afeitar y cree que puede usar la máquina debajo de la ducha. Y no, no, ¡no!– enfatiza y arruga la frente–. Pierde el filo, dura menos, se reduce la vida útil. Se necesita espuma para aflojar. No hace falta agua caliente, es recomendable que esté tibia pero sobre todo se necesita humedad para abrir los poros y ablandar el pelo. Con 30 segundos de aflojar bien ya alcanza.

    Con 58 años en el rubro, la palabra de Rodríguez adquiere un peso específico que está avalado por la experiencia. Dice que la llegada de los shoppings cambió toda la dinámica comercial en el centro (“quedó devaluado”) porque no hay posibilidades concretas de competir. Le alcanza con mirar desde lejos y unos pocos detalles para reconocer la antigüedad de cualquier peluquería.

    –Desde hace 25 o 30 años fueron apareciendo las unisex. ¿Por qué? Porque las mujeres gastan más dinero. Ahora brotaron las peluquerías y barberías para hombres porque cortarles a las mujeres no es tan sencillo como parece, se necesita conocimiento y experiencia, hace falta dedicación, hay que manejar las tijeras. En cambio para los varones jóvenes alcanza con saber usar un poco la máquina. Si encontrás una exclusiva de “caballeros y niños” es casi seguro que tiene más de 30 años.

    Enseguida se ocupa de señalar que el cambio de época no es ni positivo ni negativo, simplemente es distinto. A sus clientes, a sus sobrinos, a quienes le pregunten les recomienda mucha práctica. Ponerse un día fijo y cortar siempre en esa fecha.

    –Si lo hacés con regularidad el pelo tiene siempre el mismo tamaño y es más fácil trabajarlo. Hay que amigarse con el espejo, animarse a probar y practicar, practicar, practicar. La barba te cambia el estado anímico.

     

     

    Coquetería masculina

    Hasta hace un tiempo, Cynthia Bosio trabajaba en un comercio mayorista. Se entretenía cortándoles la barba a su papá y a su hermano con una tijera común y corriente. Llamaba la atención la prolijidad del resultado final. Entonces no tardaron en sugerirle que hiciera un curso; después, los instructores del curso le sugirieron ser capacitadora de un instituto pero ella prefirió ser empleada. Luego fue cuentapropista, volvió al rubro mayorista y finalmente, hace tres años, se instaló en la peluquería Peinate que Viene Gente.

    Sentada en un sofá pegado a la puerta de calle, está aburrida. De fondo suena música electrónica pero ella no le presta ninguna atención. A la siesta los clientes no son tantos, hoy el salón está vacío.

    –No podés tener ningún error, tenés que ser detallista. En la mujer, como tiene más cantidad, una equivocación se puede disimular mejor, quizás pasa desapercibida. En la barba un cortecito extra directamente te cambia la fisonomía de la cara– asegura.

    Cuenta que los estilos clásicos demandan alrededor de 20 minutos y los más complejos rondan los 40. Lo más complicado es el “degradé”, un rebajado progresivo que combina pelo en distintas alturas escalonadas.

    Se levanta del sofá, camina algunos pasos y abre un cajón para mostrar sus herramientas indispensables. Saca una navaja, una patillera, una rasuradora y una máquina de afeitar. Después va hacia otra mesita y señala aceites, ceras, shampoo y cremas. Destinados particularmente al mercado masculino, son productos muy utilizados para conseguir una apariencia que no se consigue sin manos especializadas.

    Dice que todavía cuesta la convivencia entre varones y mujeres dentro del local.

    –A ellas no les gusta estar arreglándose los pelos rodeadas de hombres. Y al revés tampoco, ellos suelen esperar que haya más varones para sentarse y relajarse.

     Cynthia va hasta una habitación del fondo y trae un pequeño bolso con amplia variedad de tijeras: una microdentada simple autoafilable que se va afilando con el uso; otra de pulir que utiliza para sacar las marcas, una tercera de estilo navaja que deja el corte más parecido a una máquina; y una cuarta que suele emplear para entresacar volumen. Dice que las redes sociales y los tutoriales por Internet le facilitan descubrir nuevas técnicas y que los propios clientes más osados traen alguna foto de Instagram. Esos, los curiosos y arriesgados, son ideales para experimentar.

    –Es un mimo que se hacen a sí mismos, estar bien prolijos. No se lo pueden hacer ellos en sus casas y vienen para que yo me encargue. Acá hay muchos varones coquetos. Algunos vienen cada dos semanas. Igual, ojo que ahora empieza a ponerse de moda dejarse únicamente el bigote.

     

    Estilo europeo

    Un elemento distintivo que identifica a las barberías es un cilindro que combina azul, rojo y blanco y se coloca en la entrada. Algunas versiones indican que esa marca viene heredada desde la Edad Media cuando los barberos cumplían también el rol de cirujanos, según parece, por su habilidad en el manejo de  navajas. Las casas que se dedicaban a esas actividades solían dejar las telas manchadas con sangre en postes y árboles. Aunque mitológica y poco creíble, esa es la explicación que más adhesiones obtiene. Así, cada color tendría un significado específico: el blanco representa los vendajes, el rojo la sangre y el azul las venas.

    Manchester, el negocio más renombrado del rubro en Córdoba, tiene, por supuesto, el poste tricolor en la fachada. Es un salón largo y espacioso, con varias habitaciones. En la recepción hay una radio a válvula, un viejo teléfono de discado con cable al lado de un posnet que sirve para los pagos electrónicos o con tarjeta de crédito y una notebook. Un empleado ofrece bebidas para tomar, algunos clientes esperan sentados en sillones y sofás mientras revisan sus celulares. Suena rock británico en los parlantes. Las paredes blancas tienen varios percheros y  un sinfín de cuadros con pinturas y fotos de peinados clásicos. Sobresale uno en particular que no hace juego, Maradona en el Mundial 86. Los precios de cada servicio están colocados en una pizarra (corte, 330 pesos; barba, 250; niños 300).  

    Toda la escenografía da un aire retro de una meticulosa búsqueda por generar un ambiente distendido, propio de otra época. José María Lasa es uno de los dueños y señala que tratan de recrear una atmósfera que se asemeje a los años 30,40 y 50, la edad de oro europea.  Lasa tiene 33 años, trabajó en distintas peluquerías hasta que en 2015 se lanzó –junto a un socio- con un emprendimiento personal.

    Ayudado por el auge del estilo hipster (sucesor del metrosexual, de estética cuidada y con barba trabajada como elemento distintivo), decidió probar y armar un espacio en el que le gustaría ser atendido.

    –Cuando abrimos la mayoría de la gente no sabía lo que era conceptualmente una barbería. Tuvimos que enseñarles a nuestros clientes qué servicios incluía. Pensamos en un estilo muy tradicional. Usamos toallas calientes, sillones reclinables, muy en la vieja escuela. La única diferencia es que usamos navajas de filo descartable por una cuestión de higiene y de modernidad-dice Lasa.

    Para ser atendido hay que solicitar turno con antelación porque la demanda es alta. La clientela tiene una franja etaria bastante definida: entre 20 y 40 años. Varios reservan turnos fijos y regresan cada 15 días.

     Los empleados usan una chaquetilla negra con el nombre de la empresa en el pecho. Uno está de bermudas pero la mayoría usa jeans. Casi todos tienen el pelo rapado a los costados, a tono con la época.

    José María explica que en realidad esos peinados son adaptaciones con pequeños detalles nuevos pero ya existían en las décadas del 30 y del 40. Dan un aire varonil y requieren poca tijera y mucha máquina. Algo similar ocurre con las barbas. Dice también que esta novedad generó un impensado mercado de productos orientados a la estética de los hombres: cremas, aceites, fijadores, pomadas ya no son tan raros en el lenguaje cotidiano. Cree que no es solamente una moda sino una búsqueda más profunda.

    –El que se dejó el bigote y le gustó, probablemente se lo deje toda la vida. Cuando encontrás tu estilo, lo mantenés. El oficio del barbero es ayudarte a descubrirlo pero, sobre todo, a sentirte cómodo con la estética que elegís.

     

     

  • Es leyenda

     

    Marcelo Gallardo se transformó en religión para los hinchas de River después de ganarle la madre de todas las finales a Boca y darles la segunda Copa Libertadores en cuatro años. Las razones de un proceso que le va a dejar al fútbol argentino un legado brillante.

     

     

    Martín Eula| Periodista 

     

     

    "Nací para esto".

    Viernes 6 de junio del 2014. La Argentina se prepara para el Mundial y toda la atención mediática gira en torno al equipo argentino que está a punto (nadie lo sabe en ese momento) de ser finalista Brasil 2014. Hace frío y sale un sol remolón en Buenos Aires cuando un hombre vuelve a su club en otra función para poner la historia patas para arriba.

    Domingo 9 de diciembre del 2018. La Argentina, de manera absurda, ve por televisión la final de la Copa Libertadores entre los dos gigantes del fútbol argentino que se juega en la fría Madrid. En un palco del estadio Santiago Bernabéu, un hombre disfruta de su obra cumbre ya consumada.

    Ese hombre no es otro que Marcelo Daniel Gallardo.

    En cuatro años y medio, con un legado que ya es leyenda, rompió todos los paradigmas en River y se transformó en la persona más influyente de la historia de la institución al conquistar la madre de todas las batallas. Porque una final de Copa Libertadores contra el máximo rival es la madre de todas las batallas (deportiva, por supuesto, para que no se interprete como un chorrito de nafta extra en ese fuego temerario y vergonzoso que rodeó las finales).

    Mentalidad. Determinación. Inteligencia. Corazón caliente. Cabeza en el freezer. Concentración. No rendirse jamás. Valentía. Prudencia. Calma en medio de cualquier tempestad. Presencia. Hidalguía. Vergüenza deportiva. Y fútbol, porque de esto se trata este bendito deporte: por si algún desprevenido perdió el eje, se trata de jugar y River juega y jugó.

    Cuando asumió el Muñeco, River había ganado cinco torneos internacionales. En este tiempo, con él al mando, el club consiguió seis. Hasta aquella mañana de junio del 2014, Boca era más que una piedra en el zapato; ahora, en la Bombonera y alrededores ven a Gallardo y se les pianta un lagrimón después de las cuatro eliminaciones seguidas que le propinó en duelos directos. La última, la del Santiago Bernabéu, claro.

    En ninguna de esas series ni en ninguna serie -salvo aquella semifinal de 2017 con Lanús-, River fue infiel a los principios de su líder. Ni siquiera cuando su líder no pudo estar en el banco, como en ambas finalísimas de la Libertadores (la del 2015 con Tigres y la más reciente e inolvidable). Ahí, en su lugar estuvo Matías Biscay, su otro yo, el amigo al que llamó a España para que lo acompañara cuando en 2011 empezó su carrera como entrenador en Nacional de Montevideo. El hijo del exárbitro dejó su emprendimiento en Europa -de bolsos y bijouterie- y ahora hasta escucha canciones que le dedican los hinchas.

    Gallardo, además, es un estratega. Su primer River, el del primer semestre del 2014, fue el más brillante en cuanto a juego. Desde entonces, jamás perdió la intención de jugar pero le agregó agresividad y entendimiento de cada situación de la mayoría de los partidos. Y en ese punto hay alguien esencial: Leonardo Ponzio. Desde la primera hora del ciclo, junto a Jonatan Maidana y Rodrigo Mora, el capitán es el Muñeco dentro de la cancha. "Está rejuvenecido, de verdad. Cuando llegamos, era el actor de la película Náufrago, era Tom Hanks porque estaba barbudo, despeinado, demacrado en la cara, estaba mal... ¡Y ahora mirá! Eso es el fútbol, cuando un jugador toma confianza. Y con él y Jony voy a cualquier batalla deportiva", sostuvo el entrenador sobre sus soldados más fieles, sobre sus capitanes para alcanzar la gloria.

    Habituado a reinventar a su plantel y equipo durante todo este período, el 2018 no fue la excepción, más que nada en ese verano millonario para el Millonario con la contratación de Lucas Pratto como prenda top: River pagó 14 millones de dólares, una cifra casi obscena para nuestro fútbol ya en ese momento con el dólar a 20 pesos: los goles del Oso en las finales licuaron la discusión y generaron que lo caro se transformase en una transacción más barata teniendo en cuenta la magnitud del logro.

    En enero pasado, también, el Muñeco instaló lo de la "guardia alta" porque Mauricio Macri -extitular de Boca- es el presidente de la Nación, porque Daniel Angelici tiene llegada directa a Macri y es presidente de Boca y porque Daniel Tapia es simpatizante xeneize y arribó a presidente de la AFA por -entre otras cosas- la ayuda de Angelici. La guardia alta y la vara más elevada aun. Siempre la sangre en el ojo y los dientes apretados hasta en medio del zafarrancho que rodeó la definición y todas las denuncias, dudas y guerra subterránea y no tanto que alimentaron las mayores miserias desde ambos bandos entre el 2-2 en la Bombonera y el 3-1 de River en España.

    "La única manera que tenemos de defender a nuestros hinchas, a quienes les robaron la ilusión de definir en nuestra cancha, es en el campo de juego del Bernabéu. Y estamos preparados para hacerlo", advirtió el Muñeco, apodado Napoleón por el principal relator de las campañas de River antes de viajar a Madrid. Al mismo tiempo, pidió internamente que dejaran de lado la polémica y ese enojo redundara en energía para encarar la revancha.

    Ahí, en el momento cúlmine, respetó otros principios básicos que también adornan su mandato. Así tragó veneno tantas veces y tomó decisiones pesadas: mantener la formación de un 0-5 con Boca en un amistoso de verano para ganarle la Recopa Sudamericana 2015 a San Lorenzo; poner a Ponzio por Pisculichi para formar el bloque defensivo con el que eliminó a Boca y ganó la Libertadores 2015; apostar por un desconocido como Lucas Alario para suplantar a Teófilo Gutiérrez en aquella Copa; superar el gris inicio del 2018 con el triunfo a Boca en la Supercopa Argentina; cambiar de acuerdo a las necesidades para eliminar a Racing e Independiente ayer nomás; saltar al vestuario estando suspendido para intentar -y dar vuelta- esa semifinal que parecía imposible en la cancha de Gremio de Porto Alegre, en la casa del anterior monarca de la Libertadores; y llegar a esa definición a la que le sobraron adjetivos frente a Boca. Y ahí mismo, con su equipo 0-1 abajo en el resultado, sacó a Ponzio, puso a Juan Fernando Quintero y el colombiano fue la figura del partido. "Leo sabe perfectamente que acá nadie juega por el nombre", confesó después el entrenador. 

    Es la obra maestra de Gallardo, la que lo posiciona como el máximo ídolo de la inmensa historia de River. La que lo debería situar, por si hacía falta algo más, como candidato de fierro para dirigir a la Selección. Pero esa es otra cuestión, una cuestión que está directamente relacionada al origen de "la guardia alta". Es imposible imaginar al Muñeco como entrenador de la Selección con la actual conducción de la AFA: no hay compatibilidad. Así de simple y crudo. Hoy, en este contexto, es una utopía.

    Además, Rodolfo D'Onofrio y Enzo Francescoli -el principal impulsor de su llegada- advirtieron que el propio Muñeco les dijo que "iban por más" apenas concretado el 3-1 a Boca. Ese vamos por más incluye un análisis de lo que se viene, la exigencia de un compromiso de parte de todos, la profundización del proyecto infanto-juvenil que apunta a recuperar esa fábrica de talentos de River que había quedado devastada por dirigencias anteriores, el necesario recambio del plantel campeón por las ventas que comenzaron con la salida del Pity Martínez al Atlanta United de Estados Unidos y la misión de encarar con todo la Superliga, la Recopa Sudamericana y la defensa del título en la Libertadores, los objetivos iniciales para el primer semestre de 2019.

    A esa exigencia, el primero que debe asumirla y enfrentarla es el propio Gallardo. "Esto es imborrable y eterno. Me siento pleno", dijo después de sacudir las entrañas de Boca una vez más y de brindarle a River la gloria eterna. Una gloria en la que Marcelo Daniel Gallardo no se va a permitir dormir. El "nací para esto" es todo lo que consiguió en cuatro años y medio. El "nací para esto" es ir por más.


     

    Las Copas que se vienen

     En este 2019 comenzará una nueva era en competiciones sudamericanas porque por primera vez en la historia, la Libertadores y la Sudamericana se definirán a partido único en sede ya determinadas, como ocurre habitualmente con la Champions y la Europa League. Hay 13 equipos argentinos clasificados que ya conocen a sus rivales.

    A la fase de grupos de la Libertadores irán River por ser campeón de la edición 2018; Boca, Godoy Cruz, San Lorenzo y Huracán por la Superliga y Rosario Central por haber obtenido la Copa Argentina. Mientras que Talleres buscará el acceso a alguna zona desde la segunda fase del repechaje. Una participación más federal que nunca con las presencias de los mendocinos, los Canallas y la T. La final de la Copa será el 23 de noviembre en Santiago de Chile.

    A la Sudamericana, en tanto, accedieron Independiente, Racing, Defensa y Justicia, Unión, Colón y Argentinos Juniors. Los dos equipos grandes de Avellaneda y los dos de Santa Fe generarán una atención especial para el segundo torneo en importancia a nivel continental, el que conocerá a su campeón el 9 de noviembre, en la finalísima que se disputará en Lima, la capital de Perú.

    El gran desafío para todos los equipos argentinos será equiparar sus fuerzas ante el poderío económico de muchos de los clubes de los demás países de Sudamérica luego de que el dólar pegara el salto que pegó en nuestro país, un elemento que sin dudas repercute en las economías de todas las instituciones y en la competitividad.

    El desafío de la Conmebol es dejar de lado todos los desaguisados que cometió el año pasado, los que le podrían dar forma a un libro que daría para reír y llorar al mismo tiempo.

     

  • Esa muerte que el público “ama”

    A punto de cumplirse once años del crimen de Villa Golf, el caso de la mujer de Río Cuarto es un emblema de violencia de género mediática, un fracaso judicial y un enigma con pocas certezas.

  • Escrito en el cuerpo

     

    Sharp Objects, un thriller que hace honor a la literatura

     

    Por Dante Leguizamón | Periodista 

     

    Para el cronista, la serie que lanzó HBO en 2018 es imperdible. Nuestro fanático de las series se muestra subyugado ante una trama que describe fascinante e inquietante.

     

    El tempo de A sangre fría, la gran obra de Truman Capote para narrar el sur de los Estados Unidos. La sutileza literaria de la maravillosa escritora Flannery O´Connor para aproximarse a la opaca vida de la conservadora sociedad sureña de ese país. La misma calidad televisiva que tuvo la primera temporada de True Detective y el exacto perfume estético que sólo logran algunas películas de los hermanos Coen. Todo eso sumado al sonido de hielos (y vidas) ahogándose en el whisky de La Ciénaga de Lucrecia Martel, amalgamado con un complejo misterio que, como todo buen caso policial, habla no sólo del hecho en sí sino de la sociedad en la que se produce. Eso es el sutil thriller psicológico Sharp Objects, basado en la novela homónima de Gillian Flynn.

    Disculpas, esta no es una crítica a una serie ni pretende serlo, pero quien escribe no va a poder evitar mostrarse feliz de haber disfrutado de un producto excelente que definitivamente superó sus expectativas como televidente o como sea que se llame ahora a los fanáticos de las series.

    Para decirlo en pocas palabras, HBO lo hizo de nuevo y demuestra que series hay muchas, pero sólo una productora es capaz de elevar el nivel del género a lugares no antes visitados.

     

    La trama

    Camille Preaker, una reportera con problemas emocionales, es enviada a su pueblo natal para escribir una serie de crónicas sobre dos homicidios ocurridos en el lugar. Todo sencillo. Pero Camille no es sólo una reportera. Es una sobreviviente. A decir verdad, no es sólo eso o, mejor dicho, no es eso sino una víctima que viaja hacia una escena del crimen que es su pueblo y es, además, un oscuro lugar en su memoria donde habita el dolor de una infancia cuya trama comienza a complejizarse a medida que recorre las opacas calles por las que transitó de niña.

    Me detengo aquí, no quiero revelar ni un mínimo secreto de una trama que los buenos lectores del policial quizá logren intuir desde el principio, pero que no por eso deja de resultar fascinante por la manera en que la historia está narrada.

    Me atrevo a decir que para llegar al pueblo en cuestión hay que recorrer el mismo camino que Capote relata al comienzo de su novela de no ficción escrita en los años 50: “El pueblo está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman <allá>”.

    El pueblo en cuestión es Wind Gap y aunque la historia transcurre en la actualidad, uno de los secretos de la trama y del sur descripto en la serie es que en esos lugares de Estados Unidos las cosas no cambian. Los negros siguen siendo casi esclavos, los pobres siguen envidiando y odiando a los ricos y los ricos siguen concentrando el poder.

    Camille (la periodista) es hija de Adora Crellin, literalmente la dueña del pueblo. Disculpen, mientras escribo este texto estoy viendo el último capítulo y sé que no me va a gustar el final, pero no puedo evitar verlo aunque ya sean las 4.38 de la mañana y tenga que despertarme temprano para ir a trabajar.

    Al regresar a Wind Gap, Camille vuelve a convivir con Adora y descubrimos que en el pasado ambas tienen una pérdida desoladora y terrible que ha marcado su vida. La hija de Adora y la media hermana de Camille, Marian ha muerto tiempo atrás.

    El trabajo de la reportera entonces no sólo consiste en escribir sobre la muerte de las dos adolescentes, sino en indagar sobre su propio pasado atravesado por la compleja trama de envidias y recelos de un pueblo donde nadie dice lo que sabe, nadie sabe lo que dice y nadie hace lo que quiere pero todos se subordinan al poder de los secretos y el control que ejercen los silencios.

    ¿Quién mató a las chicas? ¿Cómo murió Marian? ¿Quién es la dama de blanco?

     

    El cuerpo

    Quienes hemos consumido policial tenemos una manía. Leemos las historias de una manera especial, nos dejamos llevar por ellas buscando señales, mensajes que nos ayuden a descifrar el misterio antes de que la trama nos hable. Resulta impresionante la manera en que esta historia manda señales para que alimentemos esa pasión. En este caso las señales están escritas en el cuerpo de la protagonista y no es un eufemismo. Camille Preaker se daña a sí misma, una extraña pulsión la lleva a escribirse palabras en el cuerpo, a canalizar la culpa de no haber podido salvar a su media hermana haciéndose daño.

    Por ello resulta agobiante verla volver a ese lugar que le ha hecho tanto mal y al que parece obligada a pertenecer aunque no pertenezca allí. En su casa de la infancia sólo una cosa la contiene y es la existencia de otra integrante de la familia. Una adolescente que tiene la edad de su media hermana cuando murió y que también es su media hermana. Becca comienza siendo expulsiva pero acaba conquistándonos y demostrándonos que el amor es lo único que sostiene en medio de la desolación de esas vidas que, hasta que se dan cuenta, sólo parecen tener una mínima contención en el alcohol y el sórdido tintinar de los cubos de hielo derritiéndose en el whisky para soportar el calor y el agobio del sur norteamericano.

     

    Sutilezas

    En Sharp Objects nada está de más. El perfume de la novela de Gillian Flynn está presente, pero se trata de otro producto creativo a la altura o superior al libro. En la serie, lo que parece obvio, no lo es. Lo obvio es necesario y tiene o tendrá una vuelta de tuerca a lo largo de los capítulos siguientes. Otra clave que la destaca sobre las demás es que el guión se permite no mostrar todo -por momentos muestra demasiado poco para lo que estamos sospechando- pero finalmente queda claro que siempre nos mostraron lo suficiente.

    La creadora de la serie es Marti Noxon y ya adelantó que ni se está hablando de la posibilidad de darle a la serie una segunda temporada. Ojalá sea así. Quienes le reconocemos a HBO esa capacidad impresionante de llevar productos hasta el máximo nivel televisivo, sabemos que hay que dejar a las buenas historias allí sin exprimirlas demasiado.

    Ocurre que el libro en el que se basa la serie termina exactamente en el mismo lugar en el que termina el octavo capítulo y, créanme, es perfecto.

    Son las 5.40 de la mañana. Acabo de ver el final y debo decir que estaba equivocado. Es uno de los más temibles finales que he visto. Y, les advierto, vean los títulos finales.

    Definitivamente HBO lo hizo de nuevo.

     

    Sharp Objects

    Una producción original de HBO

    Creador: Marti Noxon basado en el libro de Gillian Flynn

    Dirección: Jean-Marc Vallée (Big Little Lies)

    Guion: Marti Noxon, Gillian Flynn y otros.

    Protagonistas: Amy Adams, Patricia Clarkson, Chris Messina, Eliza Scanlen, Matt Craven

    Miniserie disponible en HBO GO | COLSECORPlay

     

  • Estela, la abuela de plaza de Mayo

      

    PH: Gaspar Galazzi

     

     

    Su nombre está vinculado a los Derechos Humanos en nuestro país y también afuera. A los 87 años la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, cuenta como es “no rendirse”.

      

    Por Cecilia Ghiglione

    Redacción COLSECOR

     

    Lleva casi la mitad de su vida en la causa de Abuelas. Antes de la desaparición de su hija Laura, su marido Guido también fue secuestrado en 1977. “Cuando se lo llevan, Laura - que se había mudado a Buenos Aires - se da cuenta que la estaban buscando a ella. Guido fue liberado 25 días después mediando el pago de un rescate. Pesaba 15 kilos menos. Lo torturaron. Todas las barbaridades que contaba hacia que lo miráramos con desconfianza, no era creíble lo que decía...” Un mes después Laura Carlotto fue secuestrada, estaba embarazada de dos meses y medio. Otros dos hijos de Estela -  Claudia y Guido – también fueron perseguidos por la dictadura militar.

    Estela cuenta que la última vez que hablo con Laura fue el 26 de noviembre del ´77 cuando su hija le habló por teléfono a la escuela donde trabajaba. “Se hacía pasar por Silvia y charlábamos como dos amigas. Teníamos los teléfonos intervenidos”, recuerda. Ese ritual que se repetía una vez a la semana de pronto se prolongó por 10 días y ella supo, entonces, que algo le había pasado a su hija.

    Estela era maestra, en ese entonces directora de escuela, y este hecho traumático de la desaparición forzada de su hija mayor la llevó a cambiar el guardapolvo por el pañuelo blanco en la cabeza. 

    En octubre se cumplieron 40 años de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. En 1977, mientras el terrorismo de Estado desaparecía a sus hijos y se apropiaba de sus nietos, 12 mujeres decidieron organizarse para recuperar a sus seres queridos. No se conocían, poco tenían en común más que una pregunta - ¿dónde están? - y se fueron encontrando en comisarías y golpeando puertas de despachos judiciales preguntando por sus familiares desaparecidos. Estela no estuvo en ese grupo inicial. “Yo me sumé en el 78, cuando me jubile”. “Fue mi consuegra Nelba Falcone – mamá de Claudia, una de las chicas desaparecidas en la Noche de los Lápices -  la que me dio el teléfono de Alicia de la Cuadra, Licha como le decíamos, – la primera presidenta de Abuelas - y así me encontré con estas compañeras que han sido madres y hermanas en el dolor”.

    En un documental que narra su vida ligada a los Derechos Humanos, Estela cuenta que nació y se crio en dictadura – la del 55- , y eso de algún modo la formó. “Mi familia era radical, éramos gorilas digo yo haciendo un mea culpa y lo repito bastante para que le entre a todo aquel que todavía conspira con la antinomia que nos educaron a nosotros. No teníamos la actitud contestataria que tuvo la generación del 70. Yo era una maestra cariñosa con mis alumnos, que trataba de subsanar las falencias que tenían porque eran muy humildes y mis hijos me decían que eso no servía, que estaba bien, pero eso era limosna. A mí me fue entrando toda esa filosofía de un cambio para la justicia social”.

     

    ¿Cómo fueron esos primeros años de Abuelas todavía en Dictadura?

    “Esos primeros tiempos fueron de ilusión. Recorríamos las Casas Cuna buscando a nuestros nietos. Fue un tiempo de inocencia de parte nuestra cuando en realidad estábamos tratando con gente inhumana  porque el proyecto era que nuestros nietos jamás vivieran con nosotros. Pero en el diccionario de las Abuelas no existe el ´no puedo´, entonces juntas con otras señoras que buscaban a sus hijos y a sus nietos seguimos adelante. Por suerte, en estos años de democracia estamos encontrando a nuestros nietos Son 125 pero todavía faltan.

     

    Muchos de esos nietos que hoy rondan los 40 también son padres. ¿Esto cambia el enfoque de las campañas buscarlos?

    Teniendo en cuenta que muchos ya son padres, y nosotros bisabuelas, nuestro deseo es llegar a los más chicos; por eso cada cartel que sale en una cancha con la frase: “Te estamos buscando” es algo fuerte; o lo que significó Teatro por la Identidad o Música por la Identidad en esta llegada. Cualquier niño o adolescente puede ser uno de nuestros bisnietos, y como sus padres, pueden tener su historia cambiada. El derecho a la identidad es un derecho humano.

     

    La historia del colectivo Abuelas es, sin duda, la de Estela como sujeto político. Su drama familiar la empujó hacia una transformación política y aunque no eligió estar en ese lugar, sí eligió hacer lo que hizo.

    “Si me hubiese quedado llorando, sin construir nada, quizá hubiera sido mortal”, reflexiona. “Buscar a los nietos fue, en cambio, un acto de vida y un desafío. Eso me mantiene. Acá gané un mundo que no era el que yo tenía, donde hay gente muy buena. De cualquier manera, si volviera a nacer, preferiría ser una burguesa tonta pero estar con Laura”, confiesa.

     

    Índice de abuelidad      

    Al poco tiempo de comenzar la búsqueda de los nietos y las nietas, uno de los interrogantes era cómo saber que eran ellos y a qué familia pertenecían. De alguna manera, “nos transformamos en detectives cuando empezamos a recibir datos de dónde estaban”, cuentan las Abuelas que alternaban visitas a juzgados de menores, orfanatos o jardines de infantes cuando sabían que ahí podía estar un hijo de sus hijos. “Pero eran los años 80, no podíamos hacer mucho. Y apareció un avisito en un diario que hablaba de un padre que no quería reconocer a su hijo y que con un análisis de sangre la comparación había dado que era su hijo. La sangre estable el vínculo, dijimos, pero en nuestro caso los papás no estaban. Nos preguntamos ¿servirá la sangre de las abuelas?”

    Lo que vino luego fue una incesante búsqueda llena de interrogantes. “Viajamos a EEUU en 1983 a un simposio de antropólogos forenses y genetistas y ellos nos confirmaron que podíamos hacer los análisis con nuestra sangre”, recuerda Estela. 

    La genetista Marie Claire King viajó luego a nuestro país y encontró en el Hospital Durand el laboratorio donde poder hacer estos análisis. Esto dio origen al Banco Nacional de Datos Genéticos, a partir de un proyecto que Alfonsín envió al Congreso. El lugar atesora las muestras de sangre de las familias que buscan a los desaparecidos. Hasta la fecha, gracias a los datos del BNDG se ha podido recuperar la identidad de 125 nietos.

     

     

     

    ¿Cómo es un día en su vida? 

    Me levanto todos los días con la ilusión de encontrar a un nieto más. Antes de que apareciera el mío, pensaba en Guido [Ignacio Guido Montoya Carlotto] cada día – así le puso Laura a su hijo que nació en cautiverio. Si es fin de semana trato de estar en casa con la familia, con mis hijos, mis 14 nietos y 5 bisnietos. A veces desprecio la atención de algún medio pero necesito que entiendan que es mi espacio. El resto de los días ordeno la casa cuando me levanto y voy a Abuelas hasta que las velas no ardan. 

     

    Ya hace 3 años que encontró al hijo de Laura, su nieto ¿Cuánto ha ganado este vínculo?

    De alguna manera siento que recuperé a Laura después de 36 años. Tenemos una hermosa relación, Guido ya es papá ahora. Nos vemos poco, menos de lo que quisiéramos, porque él es músico y yo tengo la tarea de Abuelas. Pero el cariño y el amor no necesitan de estar siempre cerca sino que a veces con cariño y la comunicación virtual se lleva. Y este tiempo ha sido un irnos conociendo. Él a mí no me conoce y yo tampoco a él, aunque es tal cual lo soñé. De manera que lo conozco mucho. Y él irá encontrando en el archivo biográfico que le entregamos muchas respuestas sobre su origen, aunque Guido también ha investigado siempre por su lado. Así fue como llegó a Abuelas. La verdad que a mí encontrarlo me devolvió el ánimo y me dio más energía, estoy convencida que hay que seguir buscando a los que nos faltan. 

     

    La Abuelas han sabido construir su lucha a partir del dolor, de la alegría y la búsqueda. Y en ese camino nunca hubo venganza sino amor. “Nuestra consigna es trabajar en paz, en concordia”, expresa Carlotto. “Nuestros nietos recuperados también piensan lo mismo. No hay venganza ni revancha sino una búsqueda implacable de justicia plena que finalmente obtuvimos luego de la caída de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En los juicios vamos a dar testimonio, acusando con las pruebas en la mano a estos genocidas que algunos los toman como viejitos enfermos pero son viejos malos y peligrosos. Entonces, esa tenacidad que tenemos es una demostración de firmeza, pero no de odio. Esto es algo que nos identifica en todo el mundo y no es casualidad que haya surgido en quienes sufrimos la desaparición forzada de nuestros hijos. Pero todos esperamos Justicia porque el amor todo lo puede; por el respecto a nuestros hijos que querían un país mejor, con errores y con virtudes, pero por eso dieron o les quitaron la vida. Una madre es una leona cuando le tocan a un hijo”.

     

    ¿Cómo es la relación con el actual Gobierno?

    Las Abuelas tenemos una conducta de dialogar con todos los Gobiernos, así lo hemos hecho siempre. No bien asumió el último, los organismos de DDHH más históricos pedimos una audiencia con el presidente pero no fuimos recibidos por él porque no tenía tiempo y nos derivaron con otra persona con quien tuvimos una charla muy dura, controvertida y sin ningún resultado. De ahí en más la relación no es buena, en particular con el secretario de DDHH Claudio Avruj, porque se contradice, sale a minimizar nuestras palabras. Esas ofensas a nosotras no nos agradan porque no las merecemos y no estamos acostumbradas a tolerarlas. En cambio con el ministro de Justicia, Germán Garavano, tenemos una relación más fluida porque da respuesta a las demandas de Abuelas, pero queremos que den respuestas a todas las organizaciones de DDHH. Entonces, nosotras no somos enemigos y vamos a seguir esta relación. Simplemente estamos disconformes con las actitudes de este Gobierno, contrarias a lo que prometieron en campaña, y que se ocupa de que los ricos sean más ricos y que la pobreza avance. Los DDHH deben respetarse al nacer y al vivir; y todos deben tener la posibilidad de tener lo que se merecen como seres humanos: un hogar, comida, educación, salud atendida. El respecto fundamental a la vida, al otro que es diferente, es lo fundamental; y soñar que no exista nunca más la búsqueda de alguien que no volvió.

     

     

    Gracias por la esperanza, Abuelas 

     

     

      

     

     

  • Facebook: tropezón y crisis

    La compañía de Mark Zuckerberg atraviesa un periodo de turbulencias como nunca jamás vivió. Escándalos, falsificaciones y sospechas atentan contra su valoración financiera. Su impacto en el ecosistema digital perdurará aun si la empresa cayera al precipicio.

    Por Martín Becerra | Profesor e Investigador UBA, UNQ y Conicet

     

    La noticia, esperable, no deja de impactar: por primera vez desde su concepción en 2004, Facebook acusó un descenso en el número de usuarios activos en Europa. Si tan sólo se tratara de la moderación de su, hasta ahora, crecimiento vertiginoso representado en 2230 millones de usuarios, el amesetamiento no sería una mala nueva. En sus mercados más rentables y maduros, Estados Unidos y Europa, es lógico que Facebook detenga su crecimiento ya que en la población adulta se acerca a un nivel de saturación estadística (más del 90 por ciento es usuaria de la red). Es una escala envidiable para cualquier otra compañía, sea cual sea su rama de actividad. Lo que para Facebook es estancamiento, para el resto es utopía. 

    Pero el escenario es bastante más complejo y se combina con el escándalo de la venta de datos de millones de personas por parte de la red social, con la manipulación canalizada vía Cambridge Analytica en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y del Brexit (entre otras), con el efecto contagio de las fake news, con la falsificación de cuentas para incrementar artificialmente la audiencia de la plataforma, y con la censura privada de cuestiones tan emblemáticas como la foto de la niña del Napalm o la Declaración de la Independencia estadounidense, donde la corporación tiene su casa matriz. Las citaciones recurrentes a Mark Zuckerberg y otros ejecutivos de la empresa por parte de legisladores en los países centrales le agregan pimienta a un combo en el que la palabra “pérdida” (de ingresos, de usuarios, de prestigio) se repite con cada vez mayor frecuencia. Tanto, que la valorización bursátil de Facebook sufre una erosión tan importante como impensada hace un año. 

    El periodista Gerrit De Vynck, de Bloomberg, dijo el jueves 26 de julio pasado, cuando las acciones de Facebook se desplomaron en Wall Street casi un 20 por ciento, que “la pérdida de Facebook es de aproximadamente 2/3 del tamaño de la pérdida de mercado total en el Martes Negro de 1929, incluso ajustada por inflación. Ese fue el peor día del terrible mes que terminó con los pujantes años 20 y marcó el comienzo de la Gran Depresión". El tiempo dirá si las desventuras bursátiles de la compañía se reducen a una ralentización de los beneficios que produjo hasta este año o si el problema, como todo parece indicar, es mayor. 

    La acumulación de tropiezos se traducen en pérdidas, de tenor y naturaleza distintos, y esa senda conduce a la crisis. Puede que no sea crisis terminal, que el tropezón no sea caída definitiva, pero es una situación de descontrol desconocido por uno de los gigantes tecnológicos globales más exitosos y el de mayor calado. Y las respuestas, prometidas por Zuckerberg y sus voceros, no llegan o carecen de eficacia. Sobre llovido, mojado: las nuevas normas europeas de protección de datos personales son más rigurosas con los intermediarios de Internet cuyo negocio se basa, esencialmente, en la gestión y comercialización de esos datos, restringiendo su discrecionalidad y, en consecuencia, afectando su modelo de negocios. Malas noticias no sólo para Facebook, sino también para Google o Amazon. 

    Crisis es el término que usan, con cierto regocijo, los medios tradicionales, que amplifican los traspiés de Facebook y la errática senda que tomó su conducción corporativa. Cada fallido de Zuckerberg en el Congreso de Estados Unidos fue festejado por los editores periodísticos de los principales medios como un guiño a aquel refrán que recomendaba esperar en la puerta de casa que pase el cadáver del enemigo. Aunque los periodistas más lúcidos saben en su fuero íntimo que su casa ya no es lo que era, que Facebook es más bien un “eneamigo” (ya que les aportó tráfico y visitas a sus contenidos) y que no hay nostalgia que pueda reconstruir los medios de su edad dorada. Aún si los tropiezos que por ahora son accidentes de Facebook (no su deceso) se agravaran, el ecosistema digital llegó para quedarse y la aparición de nuevos intermediarios reemplazará, eventualmente, a la compañía fundada por Zuckerberg. 

    La crisis de Facebook puede ser una oportunidad para que los medios tradicionales promuevan la discusión pública sobre el destino de los ingresos que produce la circulación de los contenidos que los tienen a ellos como usinas principales, aunque la intermediación de Facebook o Google haya logrado capturar gran parte de su comercialización. Tal vez el saneamiento de varias de las prácticas más nocivas que protagonizó Facebook en los dos últimos años, hoy en pleno proceso de estallido, pueda ser aprovechado por los medios para revisar uno de los nervios más sensibles y menos transparentes del ecosistema digital. 

     

  • Felices Grietas

     

     

     

    Por Carlos Presman | Ilustración: Luis Paredes

    Médico especialista en gerontología, docente y escritor 

     

     

    Prefiero la información al consejo médico. Todos deberían acceder a los conocimientos de la salud y en especial a los de contenido preventivo. Por experiencia, las fiestas de fin de año son una excepción, razón por la cual me permitiré sugerirle algunas recetas:

     

    Celebraciones múltiples

    Existe la compulsión a festejar el fin de año con cuanta persona tiene usted contacto. Vecinos, compañeros de trabajo, ex alumnos (desde el jardín de infantes a la universidad); los del gimnasio, los del fútbol, la pesca, la peluquería, el naranjita que cuida el auto, los muchachos de la recolección de residuos, las chicas de pilates. La convocatoria es siempre la misma: tenemos que juntarnos a brindar. El menú también es idéntico: sidra con pan dulce. ¿Por qué "tenemos"? ¿Quién lo obliga a celebrar con quienes no tiene nada en común? ¡Y con una sidra tibia a media mañana que le garantiza jaqueca para el resto del día! Simplemente diga no, verá que su hígado se lo agradece y sus vínculos personales no sufren ningún cambio.

     

    El pan dulce

    Los hay de dos tipos, el seco que le regalan en su trabajo y el esponjoso especial que compra para el veinticuatro. Ambos desagradan casi por igual; cómo serán de feos que se elaboran, gracias a Dios, una vez al año. Son contados con los dedos de la mano los que lo comen sin sacarle las frutas abrillantadas (que sólo sirven para manchar el piso de rojo intenso y verde flúo, ya que no las consumen ni las hormigas). Con la mano en el corazón, en los 40 grados de la siesta cordobesa, ¿usted preferiría un pan dulce o una sandía helada? Para agravar la molestia, el popular pan dulce viene en el combo de garrapiñadas y turrones. Una ingesta mínima de esos componentes le garantiza las calorías para todo el año.

     

    El pino de Navidad

    ¿Por qué insistir con esta conífera réplica en plástico made in China? ¿Por qué agregarle esas lucecitas que aumentan la temperatura del living, impiden la oscuridad para el sueño, consumen electricidad y en el mejor de los casos son horribles? Termine con la foránea ornamentación del pinito, y si su familia insiste para el pesebre o los regalos, opte por el autóctono algarrobo de Navidad, o el piquillín (que ya viene con las bolitas), o el tala, o el espinillo, o el árbol que tengamos en el patio o la vereda: olmos, paraísos o crespones. Pasadas las fiestas, las lucecitas, los adornos y el famoso pinito ocuparán todo el placard por un año, cuando no tenemos dónde guardar la ropa de invierno.

     

    Los regalos

    Usted debe ser parte del 99,99% que compra los regalos el 24 de diciembre a la tarde, en fervorosa peregrinación a shoppings, supermercados y jugueterías. Cuando por fin consigue lo que le pidió su hijo, porque todos los niños se complotan en requerir el mismo objeto de determinado color y marca, debe hacer una cola que sale fuera del local para poder pagar (o sea que ya no hay aire acondicionado), y al llegar a la caja la tarjeta no tiene fondos o no se la autorizan. Entonces manda un WhatsApp a su esposa que no responde, intenta llamarla al celular pero las líneas están saturadas y todos los de atrás lo quieren matar como a Cristo pero sin incluir la resurrección. Esto sucede mientras eructa la sidra que tomó a media mañana y lo invade una acidez retroesternal (más fea que fruta abrillantada de pan dulce) que usted presiente como un infarto, para colmo en Navidad.

    Considere comprar los regalos de las fiestas el 15 de enero: no hay nadie, pagará la mitad y sobretodo ganará en salud.

     

    El chequeo

    Para estas épocas se preparan las cenas, cierran los balances comerciales, se rinden materias finales, se elaboran informes de culminación del año y la lista sigue para cuanta tarea el hombre inventa con la finalidad de que diciembre sea literalmente fatal.

    Entonces, su médico no tiene mejor idea que pedirle el popular chequeo de fin de año y usted sale presuroso a su obra social. Allí descubre que algunos estudios no tienen cobertura, a otros les falta la firma del profesional y/o el diagnóstico y/o el resumen de historia clínica y/o el sello médico y/o alguien descubre que debe tres cuotas y no se los pueden autorizar. Respira hondo, sortea todas las dificultades burocráticas y sale a buscar los turnos personalmente porque todas las líneas con sus operadores están ocupadas. Los consigue en distintos centros médicos y a diferentes horarios. Nada más importante que la salud, reflexiona. Pero cuando va a buscar el auto que dejó unos minutitos estacionado en el caos céntrico, descubre que se lo está llevando la grúa municipal.

    Al retirarlo del corralón, le anuncian que además le han robado la rueda de auxilio y la radio, por lo que no podrá disfrutar de los clásicos villancicos navideños mechados con publicidad.

    El calor agrega el ingrediente ideal para el accidente cerebro vascular. Evite accidentes: no se haga el chequeo, que como se sabe es diagnóstico y no terapéutico. Insisto, no se haga chequeos a fin de año que todo lo que vivirá es en sí mismo una prueba ergométrica cardiovascular.

     

    La cena

    Antes del menú caben algunas reflexiones sobre la escenografía y los actores. Si después de horas de debates telefónicos, su esposa le confirma que cenan en su casa como el año pasado, el ante año y tantos otros como tenga memoria, relájese y ponga en piloto automático la situación. Diga a todo que sí, desde buscar un ananá el 24 a las 23 horas, hasta comprar una docena de sillas plásticas en el supermercado que está atestado por el 99,99% que está buscando regalos.

    Prepárese psíquicamente para que su cuñada/o, con quién está en los bordes opuestos de la “grieta”, caiga con los cinco chicos, con la suegra/o y aporte como único presente una sidra Rama Caída que le regalaron en la empresa (como el año pasado, el ante año y tantos otros como tenga memoria). Evite tocar cualquier tema del año electoral, incluso ningún tópico que incluya los apellidos Macri, Kirchner, Nisman o Maldonado; y tampoco palabras como: impuestos, lluvia de inversiones, fútbol paras todos, segundo semestre, asignación universal por hijo, gendarmería, maestros y CONICET.

    Aproveche y agregue en la lista invitados a su mamá/papá, abuela/o y logre el efecto neutralizador de juntar en un mismo evento a la familia propia y la política. Logrará así contrarrestar los comentarios sobre el pasado íntimo de cada uno.

    Si sabiamente concilia un umbral alto de tolerancia (piloto automático) con el efecto neutralizador de las presencias múltiples en la misma mesa, podrá brindar a las doce sin riesgos adicionales.

     

    Papá Noel

    Si por razones de necesidad y urgencia tuviera que disfrazarse de este globalizado personaje, adhiera a la indumentaria sugerida por el sindicato cordobés de papás noel para este año: ojotas rojas con short o zunga del mismo color y un fresco sombrerito tipo Piluso. Camiseta musculosa blanca con la inscripción roja en el pecho, tipo graffiti: Soy Noel... papá! El conjunto incluye el repelente de mosquitos y una cómoda mochila para transportar los regalos. Este disfraz le garantiza la prevención del golpe de calor, la deshidratación y el mal humor depresivo que le causaría impostar a un gordo friolento en la época en que Febo derrite el asfalto.

    Para terminar, y como buen médico, debería sugerirle que se haga un regalo: abandone el tabaco, coma equilibradamente y todo casero, realice actividad física, modérese en el alcohol y duerma ocho horas. Pero como nada molesta más que escuchar lo que uno ya sabe, sólo le recuerdo que el 29 de diciembre es casi igual al 2 de enero y que el 31 de diciembre es el último día del año, no de la vida. Actúe en consecuencia y pase unas fiestas tranquilas, porque para la felicidad, no alcanza con el deseo.

     

     

  • Fiestas de fin de año: del deseo de renovación a las compras impulsivas

    Es un hecho global que las festividades de diciembre son acompañadas con la adquisición de objetos nuevos de distintas clases. Según los datos disponibles, la segunda quincena del último mes del año es fundamental para las ventas en Argentina, incluso en épocas críticas. La psicología económica y el psicoanálisis realizan interpretaciones que permiten comprender el fenómeno del consumo en la actualidad.

     

    Por Luz Saint Phat

    Revista COLSECOR | DIC

    Desde A Christmas Carol de Charles Dickens –novela que ha sido llevada al cine en distintas versiones- hasta películas más recientes como The Holiday, la gran pantalla rescata cada diciembre los valores que tradicionalmente están asociados a las fiestas de fin de año. La fe, la generosidad, la importancia de los seres queridos y el agradecimiento son los protagonistas más frecuentes en un sin número de producciones cinematográficas y televisivas.

    Pero -en este caso- lo que pasa en las películas, pocas veces pasa en la realidad.

    En contraposición, pareciera que cada fin de año el actor central es el consumo. En general, la sociedad occidental asiste en los últimos meses a una explosión en las compras. Se adquieren artículos de indumentaria, dispositivos tecnológicos, y hasta variados alimentos y bebidas. Este es, decididamente, un fenómeno global que se manifiesta como un incremento importante en las ventas.

    En este sentido, la psicología económica y el psicoanálisis brindan algunas herramientas para comprender el fenómeno y para reflexionar sobre nuestras propias acciones.

     

    Cuestión de época

    En la Navidad de 2016, en Argentina se facturó un total de $30 mil millones de pesos relacionados con las compras de la festividad, según informó oportunamente la Federación de Cámaras y Centros Comerciales de la República Argentina (Fedecámaras).

    Mientras, para la misma época, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) indicó, que aunque el año pasado se caracterizó por una baja en el consumo en general, el mes de diciembre “superó las expectativas de los empresarios del sector”.

    En el caso particular del país, durante las últimas festividades, se conjugaron una serie de factores que impulsaron las compras, específicamente durante la segunda quincena del mes de diciembre. Entre estos, CAME destacó el cobro del aguinaldo, los planes de compras con cuotas extendidas y las promociones y descuentos de comercios y tarjetas de crédito. En tanto, entre ambas asociaciones, indicaron que el ticket promedio de los regalos se ubicó el año pasado en alrededor de 500 pesos.

    Pero más allá de las singularidades y las cifras que adquiere este fenómeno en el país, la cuestión del aumento del consumo en fin de año puede interpretarse como una cuestión de época.

     “Es posible que la idea de fin de año, como corte simbólico en lo real del tiempo, produzca un sentimiento de caducidad y la necesidad de una renovación que se acompaña del deseo de cosas nuevas. Es común que las personas al terminar el año hagan evaluaciones sobre lo positivo y negativo, un balance, como se dice, y siempre llegan a que se merecen un premio”, explicó sobre este tema José Vidal, quien es  psiquiatra, psicoanalista miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), y adherente al Centro de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC).

    “También es frecuente que ante este cierre del ciclo se quiera premiar a los hijos, a los empleados y seres queridos por el esfuerzo realizado. Y el modo es hacer regalos, objetos que se compran”, agregó el especialista.

    No obstante, Vidal también advirtió que estas conductas se enmarcan en el auge del capitalismo. “Lo que comanda nuestra época es el discurso capitalista. Y en él se trata de sumar cada vez un objeto más. Es el discurso que promete la felicidad que vendría asociada a un objeto nuevo. La técnica proporciona constantemente nuevos objetos ofrecidos en el mercado. La astucia del mercado es asociar este empuje al consumo con los elementos simbólicos propios de la tradición y los lazos sociales, como son las fiestas navideñas, las de Año Nuevo o el Día de la Madre. Las relaciones humanas quedan así colonizadas por el mercado que las torna fiestas de compras.”

    “La mercancía, como lo observó Marx, es un fetiche, es decir, no es algo útil, sino que es un objeto misterioso y metafísico. De ahí el éxito del mercado. Lo importante es ese brillo, lo fascinante y subyugante de la mercancía en sus intercambios. Las fiestas de fin de año mezclan lo religioso con la dionisíaco y ahí es donde el mercado mete su influencia porque la mercancía tiene ese carácter místico”, agregó Vidal.

     

     

    El desafío de la racionalidad

    Por otro lado, según la información disponible en el campo disciplinar de la piscología económica, durante las fiestas de fin de año se incrementan las compras por impulso, las cuales aumentan aún más si el individuo posee mayores ingresos.

    Se trata de un consumo poco informado y circunstancial que puede ser del tipo no planeado –que es cuando se realizan adquisiciones no planificadas pero los objetos se encuentran en el repertorio de las necesidades de la persona- y las compras propiamente impulsivas de artículos no necesarios.

    “El consumo se concentra en diciembre porque las personas disponen de mayores recursos económicos. Se juntan el medio aguinaldo y las vacaciones, en general. También, por otro lado, las fechas ponen un límite que incrementa la angustia por tener el objeto”, explicó por su parte Patricia Altamirano, psicóloga, magister en Administración de Empresas y profesional a cargo del Área de Psicología Económica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). “En este sentido, es importante reflexionar sobre los errores que cometemos”, agregó Altamirano.

    “Lo primero, sería evitar las compras que requieren de racionalidad en la decisión por los montos, por la importancia estratégica que tienen en el hogar y porque son bienes duraderos. Este tipo de operaciones económicas requieren de un análisis profundo de las ofertas existentes en el mercado. Por eso hay que evitar comprar estos artículos en diciembre y adquirirlos con más tranquilidad e información en otra época del año”, dijo la especialista.

    “Otra cuestión para tener en cuenta es lo que, en psicología económica, se denominan heurísticos de disponibilidad. Esto se aplica a cuando tenemos información precisa sobre una compra que vamos a realizar y, por ejemplo, nos cruzamos con una persona que nos hace cambiar de opinión y adquirimos otro objeto. Así, muchas veces -erróneamente- valoramos más la información disponible a mano que las decisiones racionales que hemos evaluado previamente”, indicó Altamirano.

    En tanto, para las personas que están más predispuestas a comprar impulsivamente, la psicóloga recomendó poseer mucha información antes de ir a los lugares donde se adquiere el producto y pasar poco tiempo en las tiendas para evitar las compras más irracionales.

    Por último, Altamirano también recomendó evaluar en profundidad las ofertas existentes durante estas fechas. “Si analizamos bien, 70% de las ofertas que llegan por distintos medios no son reales. A pesar de que se incrementan hacia fin de año, no hay grandes ofertas en Navidad”, dijo.

    “Lo importante es, fundamentalmente, adquirir objetos que están vinculados con la generación de espacios de afectividad, intercambio y alegría de las familias y dejar las compras más importantes para otro momento”, concluyó la especialista.

     

    Final de película

    El poder reflexionar sobre distintos aspectos ligados al consumo puede ser una herramienta útil para discernir qué importancia le da cada uno a la compra de objetos durante las fiestas de fin de año.

    En este sentido, reconocer a las personas cercanas con obsequios puede ser una tradición que contribuye a la generación y sostenimiento de los vínculos y a la renovación de los compromisos.

    No obstante, desarrollar conductas impulsivas no sólo puede poner en jaque la economía familiar, sino que además otorga al mercado un rol protagonista durante las fiestas.

    Aún a pesar de la fascinación que generan las mercancías, las compras informadas, racionales y rápidas pueden ser también el final de una película que deja espacio para disfrutar de los rituales de fin de año y de los lazos más cercanos.

  • Figuras ocultas en órbita

     

     

     

     

     

    Por Aleja Páez | Investigadora y profesora universitaria

     

    En los 60, la pregunta sobre quién sería ‹‹el primero›› marcaba el ritmo de la carrera espacial entre los EEUU y la Unión Soviética. En lanzar naves, en llevar vida al espacio y, por acumulación progresiva, quién sería el primero en consagrase como potencia espacial.

    En la película basada en hechos reales Figuras Ocultas (2016) se muestra la obsesión de la NASA por superar a sus competidores rusos que, antes del alunizaje, los aventajaban en todo. A diferencia de otros productos sobre el tema, este film no focaliza en peripecias tecnológicas ni en las hazañas de los astronautas. Sí detalla la minucia de la competencia y la importancia de los cálculos humanos, más la incorporación del cómputo de máquinas IBM.

    En ese contexto, narra la historia de tres matemáticas afroamericanas hasta ahora desconocidas. Se trata de Katherine Johnson, Mary Jackson y Dorothy Vaughan, cuyo desempeño resultó fundamental para el éxito estadounidense en la carrera espacial.  Al igual que sus colegas astronautas, estas mujeres, llamadas entonces las calculadoras con falda, también fueron las primeras en conquistar terrenos inexplorados. En la NASA, ubicada en un estado segregacionista del sur, en un momento en el que los afroamericanos luchaban por sus derechos civiles, para estas mujeres el progreso resultaba más difícil que ir a la luna.

    Gracias a su esfuerzo y, un poco, la apertura de algunos sin actitudes racistas, lo lograron. Aunque el hilo conductor pasa por el rol de las científicas en la serie de ensayos que culminaron en la misión tripulada del Friendship 7, el aspecto más destacable del film es que cuenta en paralelo la cotidianeidad de tres madres, devotas religiosas y amigas determinadas por la contundencia de la discriminación legal de su época.

    Ahí radica la originalidad de esta película, basada en el bestseller homónimo de Margot L. Shetterly. A través de un montaje minimalista, con secuencias dinámicas musicalizadas con ritmos emblemáticos para los afroamericanos como el R&B, el jazz y algunas notas de rock (autoría de Pharell Williams, también co-productor), el film da cuenta de la segregación sin regodear en el sufrimiento. Desde esa perspectiva, Figuras Ocultas se separa de otros films memorables como 12 Años de Esclavitud, que encarnan la violencia y vejaciones físicas que padecieron históricamente los afroamericanos en su país. Esto no significa que la marginación no sea visible. Se la representa desde el ángulo de la resiliencia de las protagonistas, como en una  escena que se repite: el trote de 800m en tacos de Johnson para ir al baño, ya que en su edificio no habían sanitarios para ‹‹gente de color››.

    En un año en el que las academias toleraron reivindicaciones culturales, este film fue nominado a Mejor Drama en los Oscars. Además, impuso el tópico #HiddenFigures para reconocer el rol de mujeres oculta(da)s en la historia y la actualidad. Así, el público y las cuentas de la película en redes colaboran en poner a más figuras ocultas en órbita.

     

     

    “HIDDEN FIGURES” (Talentos Ocultos) es la increíble historia jamás contada de Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe), tres mujeres afroamericanas que trabajan en la NASA y que sirvieron de cerebros detrás de una de las más grandes operaciones en la historia: el lanzamiento del astronauta John Glenn, un logro impresionante que restauró la confianza de la Nación, dio vuelta la carrera espacial y recorrió el mundo. El trío visionario cruzó todas las líneas de género y raza para inspirar a las generaciones a soñar en grande.

     

     

  • Fragmentado y con clima electoral, el Congreso se reunió menos que nunca

    En minoría, el oficialismo no logró construir una alianza duradera con sectores de la oposición que habían apoyado leyes importantes en los dos años anteriores. Se alcanzó un récord de improductividad en cantidad de leyes aprobadas y de sesiones realizadas.