• Cuando las series de narcotraficantes narran la complejidad de las ciudades

  • Danzando en el espejo

     

    Monte Buey está ubicado a la vera de la ruta 6, al sudeste de la provincia de Córdoba. Un rico abanico de propuestas artísticas y culturales lo destacan de otras localidades de la zona. El predio ferroviario, que anteriormente dividía al pueblo, es hoy la sede de festivales y eventos que hacen bailar a todos los vecinos.

     

    Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador

    Pito Campos | Ilustraciones

     

    Los ingresos a Monte Buey son tan parecidos que cuando alguien lo visita desde el este y retoma la ruta 6 para seguir hacia Santa Fe, puede llegar a pensar que ha tomado el sentido contrario, y que está volviendo hacia Justiniano Posse, o viceversa. El mismo efecto reflexivo se nos presenta si observamos a esta localidad desde un ángulo cenital. Vemos que la vía del ferrocarril la atraviesa, como si fuera la línea media de una de esas láminas de Rorschach que fueron dobladas al medio cuando la tinta aún estaba fresca. Da la impresión de que sobre la vía hubiera un muro imaginario, o transparente. Da la sensación de que los habitantes no tienen necesidad o interés en atravesar las vías porque sus servicios están completamente cubiertos. De ambos lados tienen banco, plaza, mutual, club y escuela. La simetría es tan precisa que pareciera que el pueblo estuviese separado por un espejo. Dicen que en una época hubo quien traspasaba todos los fines de semana los límites de ambos lados del espejo. Lo hacía gracias a la magia del cine. Es que tanto el norte como el sur tenían su propia sala, pero al pueblo llegaba una sola cinta cinematográfica, entonces el proyeccionista, con los rollos de celuloide bajo el brazo, atravesaba el espejo a bordo de su bicicleta y llevaba las películas de una sala a otra para que nadie se perdiera el espectáculo. 

     

    Allí donde se dice gol

    San Martín y Matienzo son los clubes de uno y otro lado de Monte Buey. Para ver el clásico también se tiene permitido franquear el cerco reflectante. Cuando se juega, se le puede gritar al reflejo; es como el mito de Narciso, pero invertido. Una catarsis dominguera que atenta contra la propia imagen. Como aquel rey que se ofuscaba ante la representación teatral del crimen que sólo él sabía que había cometido, hinchas albicelestes y tricolores se arrojan ondas en el aire.

    La final de la liga bellvillense 2017 se jugaba en cancha de Matienzo, el local enfrentaba a los del otro lado de las vías. Iban 2 a 2, a los 32 minutos del segundo tiempo, cuando comenzaron a caer proyectiles al campo de juego. Quizás aquella noche el árbitro al suspender el partido evitó que alguna bengala perdida hiciera trizas al cristal de los reflejos escindidos.


    Tierra linda

    Más allá de lo folclórico y anecdótico de las diferencias entre los vecinos de cada lado de las vías, hay siempre instancias de encuentro, momentos gloriosos en los que el espejo devuelve una imagen de equilibrio y bienestar que enorgullece a los monteboyenses. Por ejemplo, para dar funcionamiento al hogar para la tercera edad “Días Felices”, que en septiembre pasado inauguró la Cooperativa Eléctrica, se creó una fundación donde, entre otras instituciones, participan Matienzo y San Martín. Este emprendimiento que significa calidad de vida y bienestar para los adultos mayores, es uno más de la amplia diversidad de propuestas artísticas, deportivas y culturales que generan inclusión y contención, sobre todo para jóvenes y adolescentes que encuentran en Monte Buey actividades con las que formarse y entretenerse, utilizando el tiempo libre de forma recreativa, evitando el sedentarismo y otras problemáticas que acechan por estos tiempos.

    Una de las propuestas, que desde hace muchos años acompaña a esta localidad es la Escuela Municipal de Danzas Nativas Alpazuma. Desde 1995 forma a niños, jóvenes y adultos y depende de la Dirección de Cultura de la Municipalidad. En la actualidad la institución cuenta con más de 80 alumnos, encontrándose varios de sus egresados dictando clases en academias, escuelas de danzas y talleres de la región.  Del alumnado avanzado se desprende el ballet estable Alpazuma (tierra linda), elenco oficial de la Municipalidad que representa a la comunidad en distintos puntos del país y del exterior.

    Abel Cerrutti es el director de la Escuela  Alpazuma. Cuenta que surgió con la idea de formar a niños para ser integrantes del ballet estable municipal y  con el tiempo se fue conformando una propuesta que asegura constancia y perseverancia para los jóvenes monteboyenses. “Monte Buey es la localidad con mayor diversidad de propuestas culturales de la región, estamos muy orgullosos de sostener este espacio con un número considerable de alumnos que se comprometen con nuestra disciplina”, dice Abel, y comenta que el ballet estable muy pronto presentará en la ciudad de Córdoba un espectáculo llamado “Mi pueblo junto al riel”, que tuvo su debut en el marco de los festejos de los 100 primeros años de la biblioteca de Monte Buey.

     Las puestas en escena de Alpazuma son reconocidas a nivel nacional por la síntesis histórica que ofrecen con coreografías y vestuarios de primer nivel, resultados de una gran dedicación, pasión y experiencia. Después de tantos años, espectáculos, caminos y escenarios recorridos, Abel recuerda los primeros tiempos, cuando se presentaban al aire libre, sobre las vías del ferrocarril. Por una cuestión de espacio e iluminación, los artistas solicitaron a los espectadores un cambio de posición, pidiéndoles que se pusieran del otro lado de las vías, pero no lograron que todos los espectadores accedieran al pedido. Una señora, muy convencida y acomodada en su reposera explicó: “No me pienso mover porque yo vivo de este lado del pueblo”.

      

    Zona neutra

    La escuela de danzas y un grupo de colaboradores son los encargados de realizar todos los años el espectáculo denominado “Navidad Gaucha”, que ya lleva 28 ediciones ininterrumpidas. Se trata de un festival enmarcado dentro de los festejos de la navidad, que reúne grupos de folklore, canto, danza y artesanos de diferentes puntos del país. A lo largo de todos estos años han sido partícipes grupos de las provincias de Santa Cruz, Chubut, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, San Luis, Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y La Pampa, además de la presentación de artistas de la talla de Peteco Carabajal y Los Nocheros, y contó con la presencia internacional de delegaciones de Ecuador, Uruguay, Paraguay y México.

    La Navidad Gaucha se realiza en el Salón de Usos Múltiples que está ubicado en “zona neutra”: sobre las vías, en el predio del ferrocarril. El SUM ferroviario es el corazón del espejo. Aquí se llevan adelante las actividades que nuclean a toda la comunidad. Una de ellas es la Fiesta Tradicional de Comidas al Disco que se realiza desde hace seis años. Durante estas jornadas hay talleres de cocina, peña folclórica y competencias gastronómicas, en las cuales tres cocineros que representan a alguna institución preparan comidas al disco. Imaginemos que un equipo del sur se despacha con un tiburón al disco, en Monte Buey hay quienes llegan a apostar que para la próxima edición algún equipo del norte se presentará con un pez globo o algo por el estilo. 

     

    Disolviendo los cristales del espejo

    Es domingo 8 de julio, ingreso a Monte Buey por el oeste, viniendo desde Justiniano Posse por la ruta provincial 6. A mi izquierda, me recibe un triángulo escaleno obtusángulo de unos 15 metros de altura. Más adelante, un arco verde con letras blancas y amarillas anuncia “Bienvenidos a Monte Buey, capital nacional de la siembra directa”. La calle Maipú bordea las vías del ferrocarril, por el lado del club San Martín. Veo silos y molinos sobre la zona neutra, observo un nuevo arco que dice “Paseo del Encuentro”, es el ingreso a una calle adoquinada que invita a conocer la zona de Matienzo. Sobre un lateral del arco se aprecian las placas que recuerdan la inauguración del paseo: “La obra que consolida la unidad de nuestra geografía, 30 de mayo de 2015”; “Hay en este espacio singular, digno de nuestro pueblo, un nuevo camino que a partir de hoy acompaña a la integración de nuestra comunidad”; “En homenaje a todos los habitantes de la comunidad de Monte Buey, por su unidad y crecimiento”, rezan las placas, augurando el comienzo de una nueva era.

    Anochece en Monte Buey, me pregunto qué hora es y veo, sobre la esquina de 25 de Mayo y Belgrano, unos números encendidos. Me acerco, el letrero luminoso me recuerda que estoy en la capital de la siembra directa, donde son más importantes el precio del maíz, del trigo y de la soja que la hora misma.

    Vuelvo al Paseo del Encuentro, el SUM neutral comienza a encenderse; hoy es día de apertura de los márgenes del espejo. Alpazuma organiza un evento denominado “Monte Buey Celebra”, las inferiores del ballet municipal tendrán la oportunidad de mostrarse para toda la comunidad, habrá delegaciones regionales, artistas invitados, y todos juntos  recibirán el 9 de julio entonando el Himno Nacional Argentino.

    Atravieso la niebla y, como Alicia, penetro al interior del espejo. Lo veo a Abel, corriendo del vestuario hacia el buffet, del buffet al escenario. Festejo la diversidad que reflejan los murales y cuadros que decoran las paredes del salón. Escucho al locutor que  comienza la cuenta regresiva hacia un nuevo aniversario de la independencia. Me acerco al buffet, y me encuentro con Cesar Morassi, que colabora con la caja. “La verdad, es todo circo”, explica Cesar por debajo de su boina, “No hay enfrentamiento real en Monte Buey. Si preguntás, vas a ver que hay gente de un lado que es socio de la mutual del otro lado”. El cajero sigue argumentando, mientras el locutor continúa con la cuenta descendiente, “…el problema en la final fue con el árbitro, no entre las hinchadas de San Martin y de Matienzo”, explica. Cesar está dispuesto a fundamentar su teoría a tal punto que coquetea con la autoinmolación: “yo mismo, que soy del sur, reconozco que, Matienzo es más …”, los primeros y aturdidores acordes del himno no me dejaron escucharlo. Si alguien me pregunta, no puedo contestar como terminó esa frase de Morassi.

    Ya es 9 de julio, me voy por la mañana rumbo a Santa Fe. Salgo por Maipú hacia el este. Paso un arco verde con letras blancas y amarillas, más adelante, un triángulo escaleno  obtusángulo, de unos 15 metros de altura. Ya estoy sobre la ruta provincial 6, y fuera del espejo.

     

     

     

  • De finales y comienzos en la era digital

     

    COLSECOR Revista llegó a su último número. La mirada del psicoanálisis sobre la conclusión de etapas y el devenir de las noticias en tiempos acelerados.

  • De puro Cabezón

     

     

    Por Pablo Beron

    Fotos: Gentileza Olé 

     

     

    Su nombre trae recuerdos y hace volar la memoria hasta aquellas noches gloriosas que lo tuvieron como uno de los actores principales de nuestra Liga Nacional durante las décadas del ‘80, ’90 y comienzos de los 2000. Nacido el 11 de febrero de 1965 en Hernando, Departamento de Tercero Arriba, Marcelo Gustavo Milanesio no pasa inadvertido dentro de la constelación de estrellas que tiene la historia de nuestro básquetbol y es, sin dudas, el mejor base que ha dado nuestra competencia doméstica y uno de los más destacados en la rica trayectoria de la Selección Argentina hasta la fecha. Sin embargo, es posible que algunas personas no conozcan al Cabezón más allá de lo que refleja su nombre colgado en el techo del Polideportivo Carlos Cerutti, acompañado de la ahora emblemática Nº 9, armadura que vistió entre 1985 y 2002, cuando defendía los colores de Atenas, único equipo con el cual disputó torneos oficiales en nuestro país.
    El Gringo no se fue por la puerta chica hace poco más de 15 años, sino que dejó la práctica profesional como debía ser: se retiró siendo campeón con el club que lo vio nacer, desarrollar y convertirse en la figura de la Liga por aquellos años. Marcelo se fue, pero antes cosechó siete títulos ligueros, dos Copa de Campeones y cinco torneos internacionales (dos Campeonatos Sudamericanos de Clubes Campeones, dos Ligas Sudamericanas y un Panamericano de Clubes), un Torneo de la Asociación Cordobesa, tres Atenas International Tournament y tres Campeonatos Argentinos de Selecciones Mayores representando a Córdoba. Pero su rica vitrina no se reduce solamente a las competencias con Atenas; más allá de lo conseguido con el Griego, fue campeón del Sudamericano de 1987 y en los Juegos Panamericanos de 1995 con la celeste y blanca.

     

    Resulta ineludible repasar la trayectoria de Milanesio, dado que su presencia en cualquier lugar representa un fragmento de historia para todos aquellos que, de alguna manera, transitaron los años gloriosos del elenco cordobés. Atenas dominó los primeros momentos de la Liga Nacional creada por León Najnudel en 1985, año en el que Marcelo Gustavo daba sus primeros pasos en la competencia. No debió esperar demasiado para festejar un título, ya que en su tercera temporada de la LNB se consagró y tuvo su revancha de la final perdida en el año de estreno del torneo, cuando cayó a manos del mismo adversario al que derrotó por 3-1 en el ’87, Ferro Carril Oeste, que llegaba como bicampeón. Al año siguiente, repetiría en el lugar más alto del podio, otra vez de la mano de Walter Garrone al frente del banco de suplentes, pero en esta ocasión barriendo 3-0 en la definición a River.
    La hegemonía del Griego volvió a cortarse en 1989, cuando otra vez los de Caballito, con Najnudel como entrenador y Miguel Cortijo y Sebastián Uranga en cancha, vencieron por 3-2 a Atenas. Pese a este revés, no debió esperar demasiado para volver a levantar la copa de campeón, ya que al año siguiente barrieron al Sport Club Cañadense, equipo que contaba con Julio Lamas y Sergio Hernández en el banco, y Luis Oroño, Diego Maggi y Alejandro Montecchia, entre otros, en sus filas. ¿Qué tuvo de especial esa consagración? Fue la primera en que el Cabezón se quedó con el trofeo al Mejor Jugador de las Finales, también conocido como MVP según su sigla en inglés.
    Tras la 1991/92, último título de esa etapa, debió esperar hasta 1998 y 1999 para volver a gritar campeón. Su despedida de la Liga Nacional llegó en 2002, año en el que, como no podía ser menos para su enorme trayectoria, volvió a coronarse en la elite de nuestra competencia. “Extraño mucho jugar al básquet. Hubo momentos en los que sentí alguna necesidad de volver o lamentarme el no haber estirado un poco más mi carrera, pero ya está. Ahora puedo mirar cualquier liga por televisión o ir a la cancha de Atenas, pero siempre voy a extrañar tener una actividad que me permitiera estar más cerca”, sostuvo Milanesio tiempo atrás.

     


    Más allá de que pasaron 15 años de su despedida, el Cabezón siempre se mantuvo firme en que eligió el momento indicado para despedirse y que nada le garantizaba que el físico lo acompañase mucho tiempo más. “En el momento que elegí dejar todo estaba súper convencido. No sé si se trataba del estrés, desgaste o simplemente cansancio. En mi interior sentía que mi nivel había comenzado a declinar y pensaba que era mi oportunidad de irme. Pude seguir un par de años, pero no me arrepiento”, manifestó.
    Luego de su alejamiento de las canchas, Milanesio tomó diversos rumbos para continuar con su vida. Es reconocido que tuvo una agencia de seguros, un restaurante llamado “M y M” y, además, diversos negocios inmobiliarios en una sociedad con un grupo de amigos. Sin embargo, lejos de quedar en el olvido por estas circunstancias, tras unos años distanciado del básquet debió volver a pisar un estadio, pero esta vez para ver los partidos desde afuera. Sergio Hernández, aquel asistente que cayó contra el equipo de Marcelo en las finales de 1990, lo convocó para ser parte del staff de la Selección Argentina de cara al Mundial de Turquía 2010. Lamentablemente, en aquel torneo el seleccionado perdió en los cuartos de final con Lituania y el sueño de la medalla quedó reducido a un quinto lugar.
    En su regreso al país, el Cabezón continuó con sus negocios, pero sólo hasta 2013, cuando asumió como asistente de Mario, su hermano, en Atenas. Pese a las expectativas, la experiencia no duró mucho: el 16 de diciembre de ese mismo año, tras un inicio de campaña con tres victorias y dos derrotas, la dirigencia del Griego decidió rescindir el contrato del cuerpo técnico de manera unilateral a horas de haber ratificado la continuidad de los DT’s en sus cargos. 
    Con los pies definitivamente fuera de la Liga Nacional, más allá de sus visitas al Cerutti para ver a Atenas, Marcelo tomó un rol distante de la actual conducción, expresando su disconformidad con algunas normas de la competencia, como el aumento del número de jugadores foráneos permitidos. “Este camino cambia nuestra esencia. Creo que si se despertara León (Najnudel) estaría muy enojado. No me puedo imaginar una Liga con muchos extranjeros, no miraría un partido en el cual solamente pueda verlos a ellos. El mayor problema de estas resoluciones es que atenta contra el desarrollo de los chicos argentinos. Sin dudas, se perjudicará su progreso por la falta de lugar en el equipo”, afirmó en aquella oportunidad.
    Hoy, su único contacto con el básquet se reduce a las diversas movidas solidarias que realiza, en las que demuestra que su mano, la visión y la clase que supo derrochar a lo largo de toda su carrera siguen estando en poder del hernandense. Con un balón o sin él, la única certeza que queda al final del camino es que nadie puede irse de este mundo sin ver, al menos una vez, a esta gloria de nuestro básquet. Porque hoy reluce una Generación Dorada, pero antes hubo un Milanesio.

     

     

     

  • De una idea universitaria a gigante informático

     

    Google, el gigante informático que hoy ofrece decenas de productos nació como un proyecto de dos estudiantes de Stanford: el estadounidense Larry Page y el ruso Sergey Brin. La idea era generar un buscador que permitiera “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil".

  • Decime vos ¿cómo te enteraste?

    Yo no recuerdo bien, pero fue en la calle. No había ESI.

  • Del jet set al mundo tumbero

     

    Fernando Farré no se resigna a la pena de prisión perpetua que la Justicia le impuso por el asesinato de Claudia Schaefer y sostiene su inocencia con versiones cada vez más inverosímiles. Un crimen que se convirtió en caso testigo de la violencia de género en la Argentina.

     

    Osvaldo Aguirre |Escritor y periodista 

     

    Boca abajo, en el piso del chalet donde acababa de asesinar a su esposa, Fernando Farré alzó la cabeza para enfrentar al fotógrafo. La imagen de su rostro ensangrentado y la mirada encendida de odio se convirtió en un ícono y desde el 21 de agosto de 2015, cuando cometió el crimen, retorna cada vez que una crónica relata su historia, un caso testigo de la violencia de género en la Argentina.

    En un hombre preocupado por su imagen pública, como Farré, las fotografías eran importantes. El álbum donde posaba con Kate Moss, Paris Hilton, Halle Berry y otras figuras del espectáculo mundial probaban su importancia como ejecutivo, así como los retratos con su esposa y sus hijos lo mostraban como parte de una familia feliz. Un maquillaje que disimulaba cada vez con mayor esfuerzo las situaciones de violencia que lo tenían como protagonista y que terminó de descomponerse con el crimen.

    Condenado a prisión perpetua, no se rinde. Todavía espera que la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires revise la sentencia. Es un personaje público que simboliza el horror del femicidio.

     

    De manual

    En el juicio oral y público que se realizó en los Tribunales de San Isidro, la fiscal Laura Zyseskind definió el caso como “un femicidio de manual”. Esa familia modelo había incubado un crimen horrendo. “Mucha gente identifica la violencia de género con la violencia física. La violencia verbal, la violencia económica, no están registradas por las víctimas ni por la sociedad. En el caso de Claudia Schaefer se daban todos los aspectos”, explicó la fiscal.

    Los audios de las conversaciones entre Farré y Schaefer, difundidos durante el juicio, probaron la violencia doméstica. “Vos administrá tu caja de bombachas y tu caja de zapatos y yo me encargo de los bienes económicos de la familia”, “tenés un sueldito de mucama”, decía Farré a Schaefer. “Él escondía bienes, escondía sus cuentas, mientras le reclamaba por el costo de una hamburguesa o por la peluquería a la que ella iba después de un viaje”, recordó Zyseskind.

    Schaefer había planteado su deseo de separarse a fines de 2014 y poco a poco empezó a dar los pasos legales necesarios. El crimen fue el último acto de una serie de intimidaciones, amenazas y agresiones con las que intentó mantenerla bajo su dominio.

    Farré se había desempeñado como ejecutivo de primeras marcas: Carrefour, Coca Cola, Banco Santander, L'Oreal, Avon, Coty. En prisión le sacaría lustre a su curriculum vitae, como si mereciera una atención especial por esos títulos: egresado de la Universidad Católica Argentina, especialidad en marketing en negocios internacionales en la Universidad de Pittsburgh, hablante de inglés, francés y portugués, beca Fulbright. Los presos de la unidad 48 de San Martín observaron que se paseaba con una bata de American Airlines, como resto de su vida de CEO.

    El despido de Coty puso en crisis el imaginario que sostenía su visión del mundo, el estereotipo machista del hombre proveedor y la mujer que se encarga de las tareas del hogar. Claudia Schaefer salía a trabajar, mientras él, según sus declaraciones, tenía que quedarse a cuidar a los hijos. Sin embargo, la fiscalía relativizó su versión como un padre dedicado a su familia, tanto como la carta dirigida a sus hijos que leyó en el juicio, una estrategia para ganarse el favor del jurado que consiguió lo contrario de lo que buscaba.

    Farré, entonces de 52 años, asesinó a Claudia Schaefer, de 44, en el country Martindale, de Pilar. Se habían encontrado para repartirse pertenencias en medio de la división de bienes acordada en un proceso de divorcio. Tenían tres hijos de 13, 12 y 9 años. Esa mañana de agosto de 2015, se convirtió en una celebridad. A expensas de la vida de su mujer.

     

    Farré y Schaefer

     

    La creación de un personaje

    El suceso adoptó el nombre del asesino. Terminó por ser “el caso Farré”, al punto que el nombre y la historia de Claudia Schaefer parecen borrarse detrás de su figura y, en algunas crónicas, comienzan a perderse en el olvido.

    La brutalidad del crimen salió de lo común. Farré mató a su exmujer con dos cuchillos a la vez. Le asestó 66 puñaladas, varias de ellas post mortem, le provocó 74 lesiones y por último la degolló. El médico forense Juan Raúl Cheuquel dijo que varias de las heridas fueron infligidas “no para matar, sino para generar algo cruel”. Ahora, en un nuevo intento por zafar de la Justicia, el femicida sostiene que Schaefer fue asesinada por los primeros policías que llegaron al lugar del hecho.

    Los protagonistas, de clase media alta, encarnaban un tipo de personaje que los medios de comunicación seleccionan con preferencia como tema de noticia. El escenario era un exclusivo barrio provisto de canchas de golf, polo, espacios verdes para equitación y seguridad las 24 horas. El crimen abría las puertas de un mundo habitualmente cerrado a la gente común.

    Los contrastes agregaron otro motivo a la curiosidad pública: del management empresarial a la premeditación de un crimen espantoso, del jet set al mundo tumbero, Farré apareció como un personaje excepcional. Si antes posaba para los fotógrafos en el Caribe o en salones de fiestas, ahora caminaba con la cabeza gacha, llevado del brazo por policías, o asistía a su juicio con la vista perdida en algún punto de la sala de audiencias.

    Por si hacía falta, el juicio ofreció un nuevo motivo de interés. El abogado defensor, Adrián Tenca, se plantó ante los miembros del jurado y les prometió una revelación sorprendente: “Esta es una película de la que ya sabemos el final. Ustedes van a tener que desentrañar la trama que desencadenó el asesinato. De este juicio surgirá una historia oculta hasta ahora, una historia traumática y shockeante que conoció Farré pocas horas antes del crimen y que perturbó su conciencia”, dijo en la primera jornada, el 28 de junio de 2017 en el Tribunal Oral de San Isidro. La promesa terminó en el más trillado de los lugares comunes jurídicos: la versión de que el femicida actuó bajo emoción violenta.

     

    Una causa paralela

    Un año después del crimen de Claudia Schaefer, una mujer llamada Adela Maciel murió en una plaza de Villa Diamante, en el partido de Lanús, después de ser degollada por su pareja. Fue el 7 de junio de 2016.

    Adela Maciel, de 41 años, tenía ocho hijos. El más pequeño, de nueve meses, estaba en sus brazos cuando el asesino, José Aranda, la atacó. Ambos mantenían desde hacía un año, en secreto, una relación sentimental, de la que había nacido la criatura.

    Como el crimen de Claudia Schaefer, el de Adela Maciel se dirimió en un juicio por jurados. El Código de Procedimiento Penal de la provincia de Buenos Aires admite la posibilidad de resolver en juicios orales aquellos casos donde se traten delitos muy graves. El Tribunal se conforma entonces con un juez y un jurado integrado por 12 personas comunes.

    Pero a diferencia de lo que ocurrió con el caso del country, el de la plaza de Villa Diamante apenas llamó la atención de los medios y del público, y en mayo de 2018 los jurados absolvieron a Aranda del cargo de femicidio y sostuvieron que correspondía una condena por homicidio simple.

    La resolución del crimen de Adela Maciel tampoco tuvo mayor repercusión. Pero debió tenerla, porque reveló que el juicio por jurados no es tampoco una garantía para remediar las fallas de la Justicia: los jurados consideraron que no estaba demostrada la relación de pareja y en consecuencia desestimaron el femicidio. Aranda fue condenado a 18 años de prisión.

     

     

    Tumberos

    En junio de 2018, Farré denunció un plan para asesinar al fiscal de San Isidro Patricio Ferrari. El supuesto instigador compartía con él una celda en la unidad penal 48, de San Martín. Era otro preso mediático, aunque menos conocido: Ignacio Pardo Paso, exsaxofonista de Los Fabulosos Cadillacs.

    Un mes después Farré dijo que otro preso lo había amenazado de muerte a causa de la denuncia, por lo que comenzó a ser trasladado a distintas cárceles de la provincia de Buenos Aires hasta llegar a la de Bahía Blanca, donde se encuentra. Sin pruebas ni evidencias más que su propia palabra, pareció un recurso para obtener la prisión domiciliaria.

    Sus denuncias, además, comenzaron a sucederse a partir de un hecho significativo: en junio de 2018, el Tribunal de Casación de la provincia de Buenos Aires confirmó la pena de prisión perpetua por el crimen de Schaefer. La defensa apeló el fallo, y el femicida comenzó a plantear una nueva versión.

    Después de la condena, dio varias entrevistas para la televisión. Reconoció entonces su responsabilidad en el crimen, pero reclamó ser considerado como otra víctima: “Ella me pedía un paso al costado, quería un poco de aire. Yo era una persona enferma, mucho más enferma de lo que estoy ahora. Mi salud mental y física estaba totalmente deteriorada. Tuve dos intentos de suicidio, de los que me salvó Claudia”.

    Con la asistencia de un perito de parte, dijo que “no era él” cuando mató a su esposa: “Lejos de ser premeditado y a sangre fría, ocurre un acto bajo el concepto de inimputabilidad, del que yo no tenía conciencia -argumentó-. No fue a sangre fría, fue a sangre muy caliente”. Insistió en que el crimen fue un episodio irracional y que, como suelen argumentar los femicidas para no confrontar con sus actos, no recordaba nada de lo que había hecho. No sabía si llamarlo emoción violenta, pero se consideraba inimputable, “algo explotó en mi cabeza que me llevó a hacer eso”.

    Ahora sostiene que fue la policía bonaerense la que mató a Schaefer, después de encontrarla herida. Mientras tanto, sumó una nueva denuncia en su contra de las fiscales Carolina Carballido y Laura Zyseskind, quienes pidieron que se investiguen las amenazas de muerte en su contra que habría proferido Farré en la cárcel.

    Con sus penurias de presidiario, la tensión permanente en la que vive con los otros presos -como un reflejo de que no acepta la cárcel y en definitiva el castigo por el crimen- y sus versiones insólitas, Farré sigue siendo un personaje de actualidad. Quizás sea el momento de cambiar el foco y recuperar la historia de vida de Schaefer, para tratar de comprender entre otras cuestiones cómo fue posible que una mujer que había acudido a la Justicia, que contaba con asistencia legal y se encontraba teóricamente a salvo, sucumbiera de todas formas a la violencia de género.

     

    Un epicentro

    Un hecho policial es un epicentro, dice Ivan Jablonka en Laëtitia o el fin de los hombres, un ensayo a propósito del femicidio de Laëtitia Perrais, ocurrido en Francia en 2011: un episodio que muestra en la superficie social problemas y fenómenos que circulan de manera más o menos solapada.

    El crimen cometido por Farré, en ese sentido, expuso el fenómeno del femicidio, pero también las representaciones convencionales que, aun cuando pretenden aportar una explicación, desconocen el problema. El análisis, dice Jablonka, suele ser que un hecho policial horrible exige un monstruo como responsable, alguien finalmente ajeno a la sociedad, y un monstruo debe ser encerrado. Ese simplismo traduce un movimiento de fondo en la sociedad, la necesidad de asignar a todo crimen un responsable ante el cual desviar la propia responsabilidad.

    Pero no hay buenos y malos, ni ángeles y monstruos. Lo inquietante de los femicidios es que, entre otras revelaciones, desarticulan los lugares comunes: se trata de crímenes que, en la mayoría de los casos, ocurren en la esfera familiar, y en consecuencia obligan a examinar las ideas, las creencias y las costumbres socialmente aceptadas que sostienen la violencia.

  • Del saqueo y el dolor a la luz de la mixtura

    El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegaba a estas tierras e iniciaba la gran aventura de la globalización. La conquista sembró sangre y muerte, pero hoy ya no celebramos la raza sino la diversidad.

     

     Por Alejandro Mareco | Periodista 

    José Nasello | Ilustraciones 

     

    Cristóbal Colón ya sabía que el mundo era redondo. Por eso, cuando después de 72 días de navegación sin toparse con ninguno de los abismos tan temidos por algunas teorías-leyendas de entonces el vigía gritó que había tierra a la vista, acaso sintió el embriagador sabor de la victoria, sólo reservada para aquellos audaces que empeñan hasta la vida en sus convicciones. 

    Pero en esa lonja de tierra firme que quebró la larga monotonía de mar y cielo en aquel 12 de octubre de 1492, había mucho más que la confirmación de la circularidad del planeta y, en consecuencia, de que también era posible llegar a Asia navegando hacia el oeste. 

    Por empezar, al final de su largo viaje, Colón había inventado la aventura de la globalización para la humanidad. 

    Y más allá de los enormes efectos que el episodio significaría para el conocimiento científico, el impulso original había sido la búsqueda de riquezas a través del comercio: en el “mercado” europeo de entonces había ansiedad (“demanda”) de consumos exóticos. Pero no era el Asia de los sabores raros, las especias y las telas de ensueños que había grabado en las quimeras los relatos de Marco Polo, con la que se había topado. 

    Era un continente entero, gigante, tan extendido de sur a norte y de norte a sur que casi acariciaba los dos polos. Semejante coloso era desconocido para los saberes europeos y de sus navegantes que no se habían atrevido a alejarse demasiado de las orillas conocidas. 

    Ese continente que estaba detrás de las islas caribeñas que inicialmente alcanzaron sus carabelas, era un pequeño universo con prodigios naturales que cambiarían la vida cotidiana de los próximos siglos: papa, maíz, tomate, tabaco, cacao. Y, sobre todo, tenían oro y plata, el gran desvelo de la voracidad de aquellos tiempos. 

    Pero además de alimentos y riquezas, también había hombres y mujeres, millones de seres humanos desplegados en distintos pueblos y culturas que tenían su manera de relacionarse con la naturaleza, los dioses y entre sí, a través de sociedades con reglas, valores y organizaciones propias. 

    La ignorancia sobre su existencia hizo que Europa se sintiera “descubridora” de estas tierras que luego se llamarían América. 

    Del mismo modo podría decirse que los originarios americanos de entonces “descubrieron” con la llegada de los españoles, que había otra porción de humanidad allende los mares. 

    América no era un mundo nuevo, pues existía hacía milenios y había desarrollado culturas de siglos, con sus propias sofisticaciones. 

    La conciencia de que no se trataba de Asia sino de un lugar diferente con el que no había necesidad de obtener riquezas a través del comercio  sino que la diferencia tecnológica-cultural de entonces ofrecía la posibilidad de un inmenso saqueo por la fuerza, abrió uno de los procesos más oscuros de la historia de la humanidad: la conquista y la colonización.

     

    La tragedia de la conquista 

    Es decir, el 12 de octubre de 1492 se puso en marcha uno de los capítulos más feroces y sangrientos de dominación territorial, física, cultural y espiritual de la historia. 

    Las riquezas arrancadas del suelo americano por el imperio español y también por Portugal durante más de tres siglos tienen una dimensión inconmensurable, pero lo más terrible fue la matanza de millones y millones de hijos de estas tierras. 

    Perdieron su vida no sólo por las guerras para defenderse de los conquistadores sino también por las condiciones de explotación infrahumana a las que se vieron forzados para extraer los bienes, así como el hambre, las enfermedades y el dolor espiritual en el que fueron arrinconados. 

    “Europa encontró una justificación científica y filosófica de esta empresa colonial. Un mundo tan diferente de la colosal civilización europea tenía que ser salvaje o ‘bárbaro’, como llamaron los romanos a los extranjeros. Aunque los mayas conocieran el cero o tuvieran un calendario superior al gregoriano, conocido recién en 1582. Aunque la hermosa capital azteca Tenochtitlán, fuera 10 veces mayor que Londres y que Madrid”, ha escrito el ensayista argentino Raúl Dargoltz. 

    El sitio web Wikipedia señala que antes de la llegada de los españoles, en América Latina había una población de aproximadamente 70 millones de originarios, y 150 años más tarde quedaban sólo tres millones y medio. “Los indios fueron el combustible del sistema productivo colonialista español”, ha sostenido el intelectual brasileño Darcy Ribeiro. 

    La “leyenda negra” de la conquista española (y portuguesa) es verdadera, aunque se la haya presentado muchas veces como fruto de una invención propagandística antihispánica. 

    Sí vale señalar que de todos modos, la colonización fungió como un  aglutinador cultural de América Latina, que encontró en el idioma castellano (o portugués, en la porción brasileña) un denominador común para el desarrollo del conocimiento, la integración regional y la cultura compartida. Aunque no haya sido eso parte de las intenciones originales. 

    “Latinoamérica fue el producto de una violación, pero así como el hijo nacido del abuso puede hablar el idioma del padre sin estar obligado a ensalzar al propio ofensor, así nosotros, hijos de América Latina, hablamos el idioma de España y Portugal y defenderemos la cultura heredada y mezclada, sin tener por ello la obligación de hacer la apología de la Conquista que, como toda conquista, es siempre un acto repudiable y odioso”, ha sostenido Roberto Ferrero, historiador. 

    Ferrero también advierte sobre una mirada exclusivamente indigenista, y pone el acento en la condición latinoamericana del mundo nuevo. “Como ya lo dijo perspicazmente Bolívar en su célebre Discurso de Bucaramanga ‘No somos indios ni somos europeos’. Somos latinoamericanos, y como tales, tanto la corriente hispanista como la indigenista, con sus verdades parciales, nos son esencialmente ajenas”. 

     

    Raza o diversidad 

    Un siglo después de declarada la independencia del dominio de España, en 1917 un decreto del entonces presidente Hipólito Yrigoyen declaraba al 12 de octubre jornada festiva nacional por tratarse del “Día de la Raza”. 

    Acaso en ese momento el concepto vino empapado de las circunstancias: el país se había conmocionado por la llegada de inmensas legiones de inmigrantes. La decisión saludaba a la hispanidad ya desde otra mirada de la historia. Incluso, se entendía como raza a la reivindicación de los sectores tradicionales que fungían como los “dueños” de la pertenencia argentina. 

    En sus fundamentos, el decreto sostenía: “La España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la nación americana”. 

    Y casi otro siglo después, en 2010, cuando la revisión histórica de los hechos, la conciencia de lo padecido por los pueblos originarios más la persistencia de situaciones de discriminación sobre estos ya había abierto una gran huella, por decreto de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner el 12 de octubre pasó a ser “Día de la Diversidad Cultural Americana”. 

    El objetivo fue “promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios”. 

    En estas tierras americanas, en especial en Argentina que tanto se vio conmovida por la inmigración europea de finales del siglo XIX y comienzos del 20 (y por corrientes de múltiples procedencias también), el concepto de afirmación de la raza es de lo más disonante. 

    Si es que hay algo que distingue a gran parte de nuestro continente, y sobre todo a nuestro país, es la mixtura. En consecuencia, va de suyo la superación del estigma de la identificación por raza, que tantas desventuras ha causado y causa en el mundo. 

    Nuestro orgullo debería ser esa mixtura y el respeto por cada una de las partes de esa mezcla, comenzando por los pueblos que habitaban aquí en comunión con la naturaleza de esta parte del mundo, los que vivieron el dolor y el saqueo que sustentó siglos de prosperidad europea. 

    América es un mundo nuevo no sólo porque hace 523 años era desconocido para los europeos, sino porque la razón de la sangre americana no se aferra al ayer –como en el mundo viejo– sino, sobre todo, al futuro. 

    Esta es nuestra gran ofrenda al futuro de los hombres. América es el proyecto de la fecundidad de la mixtura: al cabo de la colonización y de la inmigración, sumada a la esclavitud que diseminó en inmensas proporciones también la raíz africana, este continente lleva en sus entrañas un variopinto racial que, si alguna vez termina de asomar como un esplendor, será una luz para la humanidad entera.   

     

    Américo Vespucio y el nombre de un continente

    “Cuando las cosas llegaron al límite, en medio de una horrible tempestad, plugo al Todopoderoso mostrarnos el continente, una tierra nueva y un mundo desconocido”. 

    En estas palabras escritas en una carta a Lorenzo de Médicis está la semilla de la razón por la cual el marinero florentino Américo Vespucio terminaría dándole su nombre a todo el inmenso nuevo continente, en desmedro de lo que aún parece más lógico: que del nombre de Cristóbal Colón surgiera el bautismo de estas tierras.

    El relato de sus aventuras que él situó en un nuevo mundo, identificándolo como un continente distinto a los conocidos, fue lo que hizo que el geógrafo alemán Martin Waldseemüller, miembro de una sociedad de científicos aficionados, en 1505 publicara un mapamundi incluyendo esta porción de la tierra con el nombre de América, en honor a Vespucio, a quien consideraba el descubridor. 

    Pero los relatos de las aventuras por el nuevo mundo que hizo Vespucio pronto fueron señalados como poco confiables. Entre otras cosas, hablaba de mujeres insaciables en la lujuria, sumamente deseables  (“ninguna tienen los pechos caídos”) y de hombres devoradores de hombres (“Conozco a un hombre que tiene la fama de haber devorado más de 300 cadáveres…”). 

    Cuando los cuestionamientos arreciaron, Waldseemüller quiso retroceder pero ya era tarde. Los relatos de sexo y antropofagia le habían dado enorme fama a Vespucio y el nuevo continente quedó grabado en la gente con su nombre. 

    “Hoy en día se sabe que Américo Vespucio jamás realizó ese viaje, si fue un año más tarde con Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa como piloto y él como subordinado de este último, en todo caso, el mérito sería de Ojeda y Juan de la Cosa por estar al mando. Aún así, Colón ya había conseguido este logro en su tercer Viaje, la expedición de Ojeda y De la Cosa no hizo otra cosa que seguir la ruta que un año antes había realizado Colón”, sostiene el sitio web www.cristobal-colon.com que exalta la figura del almirante. 

    Es posible que semejante honor de darle su nombre al continente desconocido le reportara numerosos cuestionamientos. Pero uno de esos críticos fue nada menos que Fray Bartolomé de las Casas que lo llamó “mentiroso” y “ladrón” al “pretender tácitamente aplicar a su viaje y a sí mismo el descubrimiento de la tierra firme, usurpando al almirante Cristóbal Colón lo que tan justamente se le debía”. 

    Ralph Waldo Emerson, el insigne escritor y poeta  estadounidense, escribió: “Extraño, que el Nuevo Mundo no debería tener mejor suerte, que la América amplia debe llevar el nombre de un ladrón: Amerigo Vespucci, el vendedor de pepinillos de Sevilla”. Lo de “vendedor de pepinillos” aparentemente es por su ocupación anterior de vendedor de provisiones para los barcos. 

    Tal vez las palabras de Emerson estén cargadas de ironía, pero coinciden con los detractores del marinero florentino que, de todos modos, méritos ha de tener para haber alcanzado semejante lugar en la historia. Al menos, estaría entre los primeros que comprendió que se trataba de un nuevo continente.

  • Demanda social a la TV

    Las demandas sociales a la televisión muestran que, aún en una etapa crítica para los medios tradicionales, socialmente se percibe la necesidad de que haya un espacio de responsabilidad en las versiones sobre lo real que ponen en circulación. 

  • Derecho al olvido o cómo borrarse de la web

    ¿Se puede exigir a los buscadores que eliminen datos que se consideran perjudiciales para la vida personal? La protección de la privacidad versus el derecho a la información.

     

    Por Roxana González| Periodista

     

    Uno es lo que el ciberespacio dice de uno. Todo queda allí archivado, a la vista del mundo: el propio y el de los otros. A veces se trata de información que uno mismo ofrece, con mayor o menor grado de conciencia, voluntariamente.  

    Pero también están esos datos que se filtran, como ocurrió en el caso de Facebook y Cambridge Analytica, que otros comparten con el fin de hacer daño. O, en el mejor de los casos, que se difunden para informar sobre algún asunto que se considera relevante. ¿Y si ese dato se considera personal? ¿Cuál es el límite entre lo público y lo privado? Son muchas las cuestiones que hay que considerar y todo depende desde qué perspectiva se consideran. Y sobre todo, del lugar donde se encuentre el usuario.  

    En Europa, desde 2014, los ciudadanos pueden solicitar a los buscadores que supriman o quiten información personal que se considera obsoleta, irrelevante o que carece de interés público. Esto es conocido como derecho al olvido y surge a partir del caso Mario Costeja.  

    Costeja es un abogado español que se embarcó en una lucha contra Google porque quería que el buscador dejara de indexar una publicación donde su nombre aparecía vinculado a un embargo por una deuda. Costeja consideraba que el tema ya estaba solucionado (la deuda ya estaba saldada), no era relevante y por lo tanto tenía que desaparecer de la web. 

    Su caso llegó al Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea en 2014 y le dio la razón. Desde entonces, los usuarios pueden solicitarles a los buscadores que eliminen los links que lleven a páginas donde se incluyan datos personales para hacer valer su derecho al olvido. 

    Así es que los diferentes buscadores como Google, Yahoo o Bing cuentan con una solicitud para que los usuarios completen y pidan que se respete este derecho. Esas solicitudes son luego evaluadas y la empresa decide si las acepta o no.  Y el usuario, en caso de que no esté de acuerdo con la negativa, puede iniciar acciones legales para que se retire esa información. Así funciona en la Comunidad Europea. 

    De hecho, a fines de abril Google se vio forzado a borrar información sobre un exconvicto en Inglaterra. Fue porque el juez Mark Warby entendió que debía primar el derecho al olvido para preservar la intimidad de la persona. El caso en cuestión era sobre un empresario que había sido condenado a seis meses de prisión hacía 10 años por interceptar comunicaciones. 

    Ahora bien, ese mismo juez le negó la solicitud a otro empresario que también pedía que se eliminara una condena previa. Pero en ese caso, el magistrado dijo que la persona había continuado haciendo otros engaños y “no se había mostrado arrepentido”. 

    Como se ve, en gran parte la capacidad de hacer valer el derecho al olvido depende del tema o juez en cuestión. Cabe destacar, igualmente, que este derecho al olvido (así, tal como se conoce) rige sólo en  la Comunidad Europea y que ahora además quedó regulado por una nueva ley de protección de datos (GDPR, por sus siglas en inglés) que entró en vigencia en Europa a partir del 25 de mayo. En esta norma se especifica que “este derecho no es absoluto, sino que se protegen también otros derechos como el derecho a la libertad de expresión y a la investigación". 

     

    La situación en Argentina

    En Argentina están contemplados los derechos ARCO (acceso, rectificación, cancelación y oposición) en la ley 25.326 de Protección de Datos Personales. Allí se establece, por ejemplo, que el usuario puede pedir supresión de datos personales cuando haya información errónea o falsa. Se establece, sin embargo, una excepción: “La supresión no procede cuando pudiese causar perjuicios a derechos o intereses legítimos de terceros, o cuando existiera una obligación legal de conservar los datos”. 

    También se remarca que los antecedentes penales o contravencionales “sólo pueden ser objeto de tratamiento por parte de las autoridades públicas competentes, en el marco de las leyes y reglamentaciones respectivas”.

    Y en cuanto a la información crediticia, se destaca que “sólo se podrán archivar, registrar o ceder los datos personales que sean significativos para evaluar la solvencia económico-financiera de los afectados durante los últimos cinco años. Dicho plazo se reducirá a dos años cuando el deudor cancele o de otro modo extinga la obligación, debiéndose hacer constar dicho hecho”. 

     

    La responsabilidad de los buscadores 

    En la Argentina, según surge de los fallos en los casos María Belén Rodríguez y Valeria Gimbutas, la responsabilidad de los buscadores surge cuando no eliminan la información no bien son intimados a hacerlo por medio de una orden judicial. 

    A su vez, se establece una excepción y es que en el caso de ilicitudes manifiestas y groseras -como ser la difusión de videos o fotos íntimas, información que desbarate investigaciones judiciales o que hagan apología a la violencia, racismo u otras formas de violencia- alcanza con solicitar que se retire la información por medio de una carta documento.  

    Se estima que hay unos 50 casos en el país en los que los buscadores fueron hallados responsables por la Justicia. Uno de los más conocidos fue el de Jesica Cirio que le ganó a Google por la aparición su nombre en sitios de prostitución vip y fue indemnizada con 500 mil pesos.  

    Pero no es el único ejemplo de demandas a buscadores por indexar información que se consideraba lesiva del honor o errónea: también lograron torcerle el brazo a los gigantes informáticos Paola Krum, Nicole Neumann, Analía Maiorana y Wanda Nara, entre otras. 

    En la actualidad hay un proyecto de ley sobre la responsabilidad de los intermediarios de Internet que tiene media sanción del Senado. Allí se describen como intermediarios o proveedores de Internet a los buscadores, los sitios, los proveedores de conectividad y servicio de almacenamiento.  

    Según se destaca en el proyecto de ley, los proveedores de Internet no serán responsables por los contenidos de terceros, excepto cuando habiendo sido notificados por medio de una orden judicial sobre una remoción o bloqueo, no cumplan con ese pedido.  

    Como se ve, para solicitar que se quite un contenido se debe apelar primero a expedir una solicitud al buscador, pero no hay un mecanismo que garantice que el mero pedido vaya a implicar que se bloquee o borre la información.

  • Desinformación: échale la culpa a Internet

     

    Desde los medios tradicionales y la política se manifiesta una creciente preocupación sobre el impacto de las fake news y las campañas de desinformación en Internet. Pero ¿es Internet el problema?

  • Directo al Guinness

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    En Rusia, el arquero egipcio El-Hadary se transformará en el jugador más veterano en jugar un Mundial. La historia del Buffon africano dirigido por el argentino Héctor Cúper.

  • El año que pasamos y el tiempo por venir

     

    Revista COLSECOR - Diciembre 2017

     

    Cuando arribamos a la culminación del año encontramos el deseo de hacer reflexiones al calor del clima de los festejos. Suele ser una muy buena excusa la temporalidad de los últimos días de diciembre. La coyuntura que va del 24 al 31, nos sirve como vértice de apoyo para posar la mirada sobre algunas verdades que se desprenden de los hechos transcurridos en nuestras vidas. Se piensa en las causas que los generaron o en las circunstancias inesperadas que aparecieron.

    Las transformaciones en la vida cotidiana generan variados impactos. Vienen con emociones que nos invaden y ante ello, necesitamos abundancia de racionalidades para que sopesen con su aporte, un sentido de utilidad para entender aquello que paso para sacar el mejor provecho. Nunca es otro el mejor camino que el aprendizaje que podamos capitalizar.

    Hacemos esfuerzos para hacer pie con alientos afectivos de una institución familiar cada día más lejos de los modelos que supimos experimentar. Distinguimos el mundo de lo real y concreto en las realizaciones. Nos inquietan los proyectos pendientes, los sueños y aparece en la cabeza da cada uno, un gigantesco tablero que nos proporciona los registros que indica entre otras cosas, cómo le fue a cada uno: en su economía, a la familia, a los amigos, al pueblo donde habitamos, al país, a la sociedad.

    Le damos permiso a los consuelos y concedemos los perdones propios y ajenos. Un poco de indulgencia no viene mal. Provocamos los encuentros y facilitamos las satisfacciones en los efímeros brindis. Todo junto. Tanto, como también todos los saludos que van y vienen por las redes sociales. El nuevo universo del que somos parte.

    Así como los platos en las fiestas tienen que estar a tope en alimentos y sabores, las pantallas de los celulares encendidas no pueden carecer de la máxima carga posible. Rogamos la plena capacidad de conectividad y que los sistemas de comunicación no se caigan ni un solo instante, sobre todo después de la hora cero.

    Alguien puede entender las conductas de fin de año como una voluminosa bola de banalidad de la que es difícil escapar. Nos choca, la esperamos y no es nada fácil desestimarla. Pude ser cierto que las ansias de frivolidades y fantasías son un antídoto ante tanta desmesura de rigurosidad que nos ofrece una sociedad nerviosa.

    Las fiestas son un hecho social y cultural que cruza a todas las clases sociales; por tal motivo, en esta edición proponemos a nuestros lectores, algunos textos en muchos centímetros de papel.  

    A modo de anticipación les decimos que en esta edición van a encontrar en la revista, nuevas secciones con el aporte de colaboradores que elaboran enfoques y tratamientos de temas muy diversos.

    La tapa como la ven, no podía ser otra. Argentina clasifico al mundial 2018 de la mano del genial Lio Messi. De no haber entrado esos goles en Ecuador, el año que esperamos, definitivamente iba a ser muy triste. Pero zafamos y Rusia nos espera, tal vez para vivir otros momentos de alegrías acotadas. Justo en el medio del calendario. Propicio para pasar el invierno.

     

     

  • El año que vivimos en peligro

     

     

     

    Por Gastón Utrera| Presidente de Economic Trends S.A. 

     

    La economía argentina se caracteriza por la frecuencia y profundidad de sus crisis económicas y financieras. Los economistas tucumanos Ana María Cerro y Osvaldo Meloni, en un detallado análisis de la historia argentina, detectaron 28 crisis en los 180 años que van desde 1823 a 2002, que insumieron 49 años, es decir, 27,2 por ciento del tiempo. Casi un tercio del tiempo viviendo años de crisis.

    Tal vez por eso no parezca excepcional lo ocurrido durante 2018: el tipo de cambio se incrementó casi 110 por ciento, la inflación finalmente rondará el 48 por ciento y la actividad económica habrá caído alrededor de 2 por ciento. Son números que reflejan una inestabilidad macroeconómica muy grande.

    A diferencia de otros episodios registrados en la larga historia de crisis económicas y financieras, esta vez no hubo problemas con los bancos que resistieron la suba del tipo de cambio porque, a diferencia de 2001, no hubo descalce de monedas (créditos en dólares a personas y empresas con ingresos en pesos).

    Sí hubo, en cambio, problemas con la deuda pública que, sin llegar al extremo del defaultde fines de 2001, incrementó la relación deuda/PBI de alrededor de 55 por ciento a más del 80 por ciento, como consecuencia de que en dicho cociente la deuda (en el numerador) está fundamentalmente en dólares, mientras que el PBI (en el denominador) está fundamentalmente en pesos. Y, tal vez más importante aun por sus implicancias económicas y políticas, se generó un problema de iliquidez: los mercados financieros se cerraron para nueva deuda argentina y, por lo tanto, se hizo imposible refinanciar vencimientos de deuda pública.

    Esto obligó al Gobierno a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) como último recurso, para solicitar un acuerdo stand-by que redujera el riesgo de default y permitiera estabilizar los mercados. El acuerdo, firmando durante junio, establecía para 2018 y 2019 un ajuste fiscal más acelerado que los objetivos iniciales del Gobierno, y una política cambiaria de libre flotación, sin intervención del BCRA en el mercado cambiario. Entre otros compromisos, el acuerdo establecía que en caso de que la inflación anual durante 2018 superara el 27 por ciento, se requeriría consulta con el staff del FMI, y en caso de que superara el 32 por ciento, se requeriría consulta con el directorio de la institución.

    Ya en agosto, en medio de una fuerte corrida cambiaria, que llevó al tipo de cambio de 27 a 40 pesos, ante la imposibilidad de cumplir con la meta de inflación, y ante la persistente desconfianza de los mercados financieros, el Gobierno anunció públicamente la negociación de un nuevo acuerdo, que adelantará la mayor parte de los fondos comprometidos (más de 50.000 millones de dólares) al año 2019 para garantizar el pago de la deuda pública, contra el compromiso de déficit primario cero.

    El acuerdo estableció una nueva política cambiaria, consistente en un esquema de bandas cambiarias, con un piso de 34 pesos y un techo de 44, ajustables diariamente a un ritmo del 3 por ciento mensual entre octubre y diciembre de 2018 y del 2 por ciento mensual entre enero y marzo de 2019, y a un ritmo a definir, entre abril y junio de 2019, con intervenciones acotadas del BCRA, comprando dólares con emisión monetaria (hasta 50 millones de dólares diarios), sólo en caso de que el tipo de cambio cruce la banda inferior, e intervenciones acotadas, vendiendo dólares (hasta 150 millones de dólares diarios), sólo en caso de que el tipo de cambio cruce la banda superior.

    Y estableció también una nueva política monetaria, consistente en emisión nula de dinero hasta junio de 2019, con dos excepciones: una transitoria (la emisión durante diciembre para atender la mayor demanda estacional de pesos) y otra permanente (la eventual emisión de dinero para comprar dólares por debajo de la banda cambiaria inferior).

    Estas políticas comenzaron a regir formalmente en octubre con la expectativa, por parte del Gobierno, de estabilizar el tipo de cambio y reducir drásticamente durante 2019 la inflación, al costo de una muy elevada tasa de interés. Logró, al menos inicialmente, lo primero (estabilizar el tipo de cambio) y el transcurso de los meses mostrará si logra lo segundo (reducir drásticamente la inflación).

    Se trata de un conjunto de políticas económicas muy recesivas porque generan altas tasas de interés, y con riesgo de nuevos procesos de inestabilidad, porque dejan un amplio rango de evolución del dólar, que podría subir en caso de que se produzca un proceso de dolarización de carteras, algo que tiende a ocurrir en cada año de elecciones presidenciales. Ocurrió, por ejemplo, en 2011 y 2015, cuando se produjo una fuerte demanda de dólares. Pero en aquellas ocasiones el BCRA podía intervenir para impedir bruscas subas del tipo de cambio, algo que durante 2019 no podrá hacer, por el compromiso de no intervención dentro de las bandas cambiarias.

    Todo esto puede sonar muy negativo, y de alguna manera lo es, pero es conveniente no perder de vista que, como ha ocurrido siempre en la historia argentina, la inestabilidad económica amplifica los riesgos, obviamente, pero también las oportunidades, algo que suele perderse de vista.

    Las oportunidades están vinculadas fundamentalmente a los sectores beneficiados por el nuevo tipo de cambio alto, como las actividades agropecuarias, los distintos tipos de energía, tanto provenientes de hidrocarburos (en especial los no convencionales del yacimiento Vaca Muerta) como de fuentes alternativas (eólica y solar), el turismo receptivo, el software y otros servicios basados en el conocimiento que quedan con bajos costos en dólares.

    Y esto tiene implicancias regionales, ya que tienden a favorecer al interior del país con relación a los grandes centros urbanos, más afectados por la fuerte caída del consumo generada por la caída del poder adquisitivo de los salarios.

    Muy importante para pensar el futuro de nuestros pueblos y ciudades del interior.

     

     

  • El arte de elegir para otros

    En Argentina el precio de los libros está fijado por las editoriales para que los comercios pequeños convivan con las grandes cadenas. La especialización temática es clave para sobrevivir en un mercado donde la oferta supera largamente a la demanda.

  • El confuso camino hasta octubre, empedrado de decisiones provinciales

     

    Con un panorama nacional todavía poco claro, 10 provincias resolvieron adelantar sus comicios para despegarlas de las elecciones presidenciales. Se intenta evitar el impacto que tendría un eventual choque excluyente entre Mauricio Macri y Cristina.

  • El consumo de la palabra impresa en tiempos de digitalización

    Actualmente las personas pasan menos tiempo leyendo libros o revistas y más horas navegando en distintas plataformas de Internet. Estudios psicológicos internacionales advierten cómo las nuevas prácticas pueden incidir en la focalización de la atención y en la resolución de problemas complejos. Datos sobre cuánto leemos hoy los argentinos.

  • El Cordobazo, la rebeldía en las calles

     

     

    El 29 de mayo de 1969 se producía en la capital mediterránea un movimiento de protesta que unió a obreros, estudiantes y gran parte de la ciudadanía contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. A casi medio siglo, es un emblema aún ardiente en la memoria argentina.

     

     

     

     

      

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    “La sensación que tuve es que fue una reacción del pueblo contra el gobernador, en primer término, y contra el gobierno nacional, después”. El general Alejandro Lanusse, quien fuera el último eslabón presidencial de la dictadura cívico-militar que se presentó con el nombre de Revolución Argentina, describía así sus impresiones sobre el ánimo de los hechos al cabo de recorrer la ciudad todavía humeante, dos días después del gran estallido. 

    El 29 de mayo de 1969 había estallado en las calles de Córdoba un movimiento de rebelión popular que alcanzó una intensidad inusitada y dejó una profunda huella en el devenir argentino. 

    “Esa mañana, en Córdoba, reventaba todo el estilo ordenado y administrativo que se había venido dando a la gestión oficial”, escribiría Lanusse en su libro de memorias “Mi testimonio”. 

    Claro, era su mirada de las cosas. Pero acaso ese punto de vista de parte de uno de quienes no sólo creían tener todo el poder bajo sus botas sino además haber atrapado a la historia en un puño y ahogarla por la fuerza, de pronto se asombraban una vez más frente a la existencia real del pueblo. 

    Es decir, asistían estupefactos a una demostración de que el pueblo no era un concepto maleable sino un sujeto de la historia capaz de entrar en acción, capaz de desordenarlo todo en busca de otro orden. 

    Aquel 29 de mayo de hace casi medio siglo (se cumplirá el año próximo) los trabajadores, junto con los estudiantes sacaron sus protestas y su malestar a la arena pública y el impulso inicial pronto se vio multiplicado con la adhesión de gran parte de la ciudadanía. La ciudad quedó por unas horas en manos de la rebelión. 

    La historia suele ser retratada como un faro que guía la marcha a través del brumoso océano del tiempo: aunque, claro, son los propios hombres y mujeres los que dejan encendida la luz del pasado. En cierto sentido la historia, por sí misma, no es una fuente de la que brotan las respuestas más esenciales, sino el instrumento necesario para organizar las preguntas frente al presente y al porvenir. 

    Luego de la crónica de los hechos, cuando la búsqueda intenta llegar a la intimidad del sentido del acontecimiento y sus consecuencias, su razón y su carácter, suelen presentarse versiones diferentes. 

    El Cordobazo, ¿fue una pueblada absolutamente espontánea o una revuelta elaborada? Entre la iracundia general, ¿hubo violencia organizada? ¿Fue una señal de madurez revolucionaria o, en cambio, el reclamo aspiraba a restablecer la vigencia de la voluntad popular censurada entonces desde hacía una década y media? 

    Por lo pronto, fue uno de los grandes episodios de la rebelión popular de la historia argentina. Hubo otros, antes y después, pero aquel tenía además la ardorosa marca de una época de alto voltaje político, con multitudes en las calles de todo el planeta.

      

    Ardorosos años 

    Los años ’60 habían presentado un estado de inquietud política general, particularmente en la juventud que fue avanzando por diversos caminos ideológicos. 

    El tiempo argentino estaba marcado principalmente por la proscripción del peronismo y la supresión total de los derechos constitucionales con el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia por parte de un movimiento militar y civil conducido por el general Juan Carlos Onganía. 

    En 1966, la dictadura no sólo anuló el sistema político democrático, disolviendo incluso los partidos, sino que también avanzó sobre la universidad, sobre los sindicatos, conculcó derechos como el de huelga y puso en práctica la censura, en una arremetida autoritaria que sólo sería superada por la gran dictadura que vendría 10 años después, la más feroz y sangrienta que sufrimos. 

    Entre tanto, el espíritu de la época estaba señalado por una efervescencia mundial que se conmovía con  episodios como los de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles europeas como el Mayo Francés y otras que sacudieron las ideas y las pasiones. 

    De distintos modos, la violencia se había ido incorporando a la arena política, hasta que finalmente terminó en la hoguera de los ‘70. 

    Lo precedieron episodios de rebeldía sucedidos poco antes en Corrientes y en Rosario, pero el que sería dado en llamar Cordobazo sería el punto más alto de la resistencia política a la dictadura autodenominada como Revolución Argentina, la piedra en el zapato de las ansias de perpetuidad del general Juan Carlos Onganía.

      

    Altos salarios en lucha  

    “Los salarios pagados a los obreros de la industria automovilística de Córdoba eran los más altos del país y teníamos a mediados de 1969, la tasa más baja de desempleo de los últimos 20 años. ¿Dónde estaba el problema social?”. Las palabras son de quien entonces fuera ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena  y las dijo al periodista Juan Carlos De Pablo en el libro “La Economía que yo hice”. 

    Los movimientos que calentaron el ambiente habían sido las asambleas y planteos gremiales generados a partir de la derogación del llamado sábado inglés, por el cual se pagaba jornada entera por cuatro horas trabajadas. 

    Sucede que, una vez resueltas las necesidades básicas, las reivindicaciones elementales, salarios y derechos, el paso que sigue es sumarse a la discusión por las grandes decisiones políticas. Por eso es que los sueldos bajos y la precariedad laboral son una manera de acorralar el horizonte político de los trabajadores. 

    Entonces, había más, mucho más en el contenido de la rebelión que se estaba gestando. 

    Córdoba era un centro agitado de la vida productiva argentina: desde la gran conmoción industrial de mediados del siglo 20, la ciudad se había convertido en una gran reunión de energías y destinos proletarios de la provincianía argentina. 

    El Smata, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, sería uno de los grandes protagonistas de la jornada. Pero "el Cordobazo se hace, no por reivindicaciones propias del Smata, sino por las reivindicaciones de toda la ciudadanía, sino por la lucha de la libertad y en contra de la tiranía", ha dicho Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista y presente en la intimidad de aquellas decisiones, desde su puesto junto al líder de Luz y Fuerza, Agustín Tosco. 

    "Al Cordobazo lo piensan Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (Smata) entre la primera y la segunda semana de mayo. Luego lo invitan a Agustín Tosco, quien acepta inmediatamente", apuntaría Garzón Maceda. 

    Para la historiadora Mónica Gordillo, el rasgo distintivo fue “la convergencia con la cuestión estudiantil”. 

    “Este sector venía movilizándose para reclamar frente a las intervenciones en las universidades. Los estudiantes de Corrientes habían sido reprimidos luego de una protesta que culminó con la muerte de uno de ellos y esto a su vez produjo una serie de marchas del silencio que causaron dos muertes más en Rosario”, dice la autora de “Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social”, escrito junto a James Brennan.

     

    Las horas calientes

    Momentos de dos días de acción en el centro y en los barrios de la ciudad de Córdoba. 

    El estallido del Cordobazo fue la coronación de un malestar que recorría todo el país. En Corrientes, Rosario y Tucumán había asomado la rebelión y como respuesta el  gobierno soltó una furiosa represión que se cobró la vida de dos estudiantes correntinos. Esto no hizo más que avivar el fuego, y en el ánimo cordobés se reabrió la herida por la muerte del estudiante y obrero mecánico Santiago Pampillón, provocada por una descarga policial en setiembre de 1966. 

    En ese clima, se decretó un paro general nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, se resolvió extenderlo a 36 horas, desde las 11 de la mañana del 29, y ganar la calle. 

    A media mañana del día señalado se cortó el último hilo de calma. Alrededor de 3000 trabajadores de la fábrica IKA-Renault  abandonaron la planta de Santa Isabel y se pusieron en marcha hacia el centro. En el camino apareció la Policía con sus gases lacrimógenos y volaron las primeras piedras como respuesta a la represión. 

    Un poco más adelante, ya en el centro de la ciudad, sobre la ex plaza Vélez Sarsfield, la Policía volvió a cargar y esta vez sonaron disparos. Allí cayó muerto el joven Máximo Mena y entonces el enardecimiento se volvió feroz, sin retroceso. 

    Más gremios habían ganado ya las calles, los estudiantes ya se habían plegado y el ímpetu de la revuelta se redobló con la adhesión de los sectores medios. La acción policial sería respondida con piedras y otros objetos (memoriosos recuerdan que se arrojaban bolitas al paso de los caballos de la policía montada). Mientras tanto, se incendiaban autos para contener el avance uniformado y combatir los gases lacrimógenos. 

    Las barricadas  se armaban, en muchos casos, con la ayuda de los vecinos. Es decir, la espontaneidad de la reacción de la ciudadanía fue un rasgo esencial para  la intensidad que llegaron a alcanzar los hechos. 

    El paso de la multitud dejaba atrás vidrieras rotas (sobre todo de los negocios de empresas extranjeras) y en llamas algunos edificios públicos. La situación se presentaba fuera de control con focos esparcidos por toda la ciudad y algunos barrios tomados por los manifestantes. El más emblemático era el barrio Clínicas, entonces lugar de residencia de la mayoría de los estudiantes venidos desde otros lugares de la provincia y del país. 

    También aparecieron francotiradores y, a las cinco de la tarde, finalmente irrumpió en la acción el Ejército.                    

     Al día siguiente aún se registraban choques dispersos, pero a la medianoche, cuando las tropas rompieron el cerco con el que los estudiantes habían rodeado el barrio Clínicas, sobrevino el silencio y la ciudad quedó sola con su imagen devastada y sus heridas. 

    La lucha había dejado unos 15 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos, entre ellos los líderes sindicales  Elpidio Torres y Agustín Tosco (luego condenados a prisión por un tribunal militar en juicio sumarísimo).También había quedado sentenciado el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, que caería finalmente un año después, en consonancia con la irrupción de Montoneros y el secuestro de Pedro Aramburu. 

    Casi dos años después, en marzo de 1971, la ciudad volvería a ser escenario de otra rebelión, llamada esta vez El Viborazo, en respuesta a la frase del gobernador interventor José Camilo Uriburu (reemplazante de Carlos José Caballero, que cayó con El Cordobazo): “En Córdoba anida una serpiente venenosa, cuya cabeza quizá Dios me depare el honor de cortar de un solo tajo”. 

    Finalmente, en 1973, la “Revolución Argentina” se retiraría de la escena sin haber alcanzado su máximo objetivo: detener el regreso al poder de Juan Domingo Perón.

     

    Identidad rebelde 

    Córdoba, la cuna de la Reforma Universitaria de 1918 -otro hito de rebelión-, estaba repleta de obreros y estudiantes, precisamente dos sectores que agitaban la respiración política de aquellos años, y que solían encontrarse en las calles para manifestar en la misma dirección. Aunque había muchas maneras de ver las cosas, el rechazo al gobierno militar afirmaba las coincidencias. 

    El Cordobazo confirmaría a la capital mediterránea como un faro rebelde, una personalidad acaso trazada por la desobediencia original de su fundador, Jerónimo Luis de Cabrera, que la plantó más allá de dónde le había sido ordenado. 

    Este episodio quedaría grabado a fuego en el rencor y la venganza que vendría luego con la dictadura que sobrevino en 1976, que en su feroz y sangrienta represión se ensañaría especialmente contra Córdoba, sus sindicatos, sus ideas, su cultura y particularmente contra su identidad industrial. 

    Como quedó patentizado en 1980 con el cierre de IME, la fábrica del Rastrojero, que entonces tenía 3000 empleados y una presencia dominante en el mercado de las pick ups diésel. Córdoba ya no volvería a ser la misma tras el paso devastador del represor Luciano Benjamín Menéndez. 

    En 2013, la Legislatura de la Provincia de Córdoba estableció al 29 de mayo como Día de las luchas populares. Y en la memoria argentina, aquellas calientes horas quedarán definitivamente ardiendo con el espíritu de la rebelión de un pueblo.

     

     

  • El debate público limitado

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Investigador UBA, UNQ y Conicet

    Las redes sociales digitales como Facebook o Twitter permiten el acceso masivo y global a información y a contactos valiosos, a la vez que son una prolongación y una recreación del debate político y social e inauguran problemas relativos a la custodia y preservación de datos personales y a la amenaza a quienes ejercen la crítica.

  • El desafío de construir una psicología con perspectiva de género

     

    Tener en cuenta las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, las identidades y las sexualidades es un aspecto central de la propuesta de la Red de Psicólogxs Feministas, en tiempos donde la violencia contra las mujeres cobra cada día más visibilidad. 

     

    Luz Saint Phat | Periodista

     

    “Es que me he venido de zapatillas y no me he dado cuenta” dice Pilar al llegar a la casa de su hermana, casi al inicio del film Te Doy Mis Ojos. La película, que se encuentra disponible en la plataforma Colsecor Play, narra la historia de una mujer víctima de violencia de género que -luego de nueve años de matrimonio- decide dejar a su esposo y huye de su casa en la madrugada.

     El relato transcurre en Toledo (España) pero aborda una problemática que hoy no conoce fronteras y que, incluso, cada día se hace más visible.

    “Pilar, no me voy a marchar hasta que no me abras”, grita Antonio, el marido de la protagonista. “Tengo miedo, lo siento, tengo miedo”, contesta la mujer. “Yo sin ti no puedo vivir”, vocifera el hombre, mientras patea la puerta.

     “He visto los partes del hospital. Pero Pilar ¿cómo estás aguantando eso?, ¿por qué no te separas”, interroga Ana, la hermana. “Cuando una mujer sale de su casa antes de que su marido vuelva, da para plantearse que es mejor que estuviera sola”, agrega y vuelve a cuestionar “¿A qué estás esperando para contarnos? ¿A que termine mal? ¿A que no podamos ayudarte?”.

    Pero, y a pesar de todo, Pilar retorna a su hogar, intentando reconstruir el vínculo de pareja. "Si estamos juntos yo puedo con todo, pero si no, no puedo hacer nada, cariño", asegura Antonio. “Tienes que prometerme que vas a cambiar de verdad”, insiste ella. Y una vez más, todo vuelve a empezar. “¿Qué, ahora quieres andar buscándote novios?”; “No me mientas Pilar ¿qué estás pensando? ¿Que soy una mierda porque me va peor que a mi hermano”; “¿Dónde has comido?”; “¿Por qué no contestas, que te he dejado mensajes?”; “No sabes hacer nada Pilar, no sabes hacer dos cosas a la vez, no sabes trabajar y contestar el teléfono”; “Para las cosas inútiles siempre has sido muy buena”. Y así continúa Antonio, hasta llegar a lo peor.

    Los diálogos que mantienen los personajes principales de esta propuesta cinematográfica española parecen corresponder –con más o menos matices- con algunas de las características del círculo violento en el que se encuentran miles de mujeres en todo el mundo, según precisan las investigaciones que difunden académicos, juristas, medios de comunicación y las propias sobrevivientes.

    Pero lo cierto es que esta compleja problemática es uno de los muchos y graves conflictos que existen en una sociedad caracterizada por relaciones asimétricas de poder entre los géneros, las identidades y las sexualidades que causan profundos malestares subjetivos, no sólo en mujeres sino también en distintas poblaciones que poseen características de vulnerabilidad.

    Teniendo como aspecto central el reconocimiento de este entramado, en Argentina se creó la Red de Psicólogxs Feministas. Tiene alcance nacional y sus integrantes trabajan en la ciudad y provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, San Luis, Ushuaia, Río Negro y Santa Fe. La organización se constituyó en 2016 en el marco de un trabajo de consejería que desarrollaba un conjunto de profesionales para sobrevivientes de abuso y violencia sexual y, desde entonces, ha registrado un crecimiento exponencial en cantidad de integrantes y en cuanto al número de consultas que recibe.

     “En un comienzo, lo que más nos llegaba eran casos de abuso y de violencia, pero con el tiempo se acercaron personas con otras problemáticas que buscaban un espacio donde puedan hablar de cualquier cosa. Entonces, comenzaron a venir personas que tienen relaciones abiertas, familias homoparentales, población trans y población no binaria, que buscan un refugio confiable”, explica la licenciada Antonella D’Alessio, cofundadora y coordinadora de la red, quien también se desempeña como docente en la cátedra Introducción a los Estudios de Género de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

    “Dentro de la red tenemos todas las orientaciones psicológicas que existen. Aunque la mayoría trabajamos desde una perspectiva psicoanalítica, hay quienes desarrollan su tarea desde la Gestalt o la corriente sistémica, entre otras. Pero el desafío mayor es poder ser críticas con aquello que nos han enseñado, sobre todo hacia aquellas teorías que parecían ser eternas y universales, pero que en realidad invisibilizan su propia construcción histórica”, agrega la especialista.

    Por eso, la perspectiva de género en el campo de la salud mental permite advertir los efectos que tiene la cultura patriarcal en las subjetividades y en el sufrimiento psíquico para, desde allí, prevenir y disminuir el malestar, siempre respetando la diversidad y la particularidad de cada caso.

    “Creo que el mayor desafío es comprender cuáles son las consecuencias de la construcción histórica de la diferencia sexual”, dice D’Alessio, enfatizando que “la identidad sexual y la identidad de género son derechos humanos”.

    Por otro lado, específicamente al referirse a la violencia contra las mujeres por parte de sus parejas masculinas, la cofundadora de la red señala que hoy puede vislumbrarse un “estallido” del fenómeno. “Nosotras avanzamos en los últimos años respecto de la conciencia social sobre este tema, pero a la vez pareciera que los crímenes contra las mujeres y las personas del colectivo LGBT se hacen cada día más cruentos. Hay un nivel de crueldad que está por sobre las evidencias y las estadísticas de hace hasta dos o tres años. Es verdad que hoy también hay una visibilización de esos casos que antes no existía. Estamos todo el tiempo escuchando estas historias porque ahora son de interés público y están en la agenda de los medios”.

    “Yo creo que es muy complejo, que hay que tener en cuenta varios factores, y que es muy difícil decir 'esto pasa por esto', por lo que hay que poder analizar varias instancias de reflexión para poder realmente discutir o debatir cómo sigue la lucha”, afirma.

     Por otro lado, respecto del involucramiento de las nuevas generaciones en el movimiento feminista, D’Alessio asegura que “llama mucho la atención que tanta gente joven esté tomando conciencia, y que esa población interpele a las madres, que también se están dando cuenta de que hay un montón de violencia naturalizada dentro del hogar y hay muchas situaciones injustas. Esta es la revolución de las hijas y lo podemos ver todo el tiempo en las calles, los medios y las escuelas”.

     

    La violencia contra las mujeres en Argentina / Indec – 2018

     

    CANTIDAD DE CASOS INFORMADOS

                                     

                                                          CASOS SEGÚN EL TIPO DE VIOLENCIA                                                                                             

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