• El consumo de la palabra impresa en tiempos de digitalización

    Actualmente las personas pasan menos tiempo leyendo libros o revistas y más horas navegando en distintas plataformas de Internet. Estudios psicológicos internacionales advierten cómo las nuevas prácticas pueden incidir en la focalización de la atención y en la resolución de problemas complejos. Datos sobre cuánto leemos hoy los argentinos.

  • El Cordobazo, la rebeldía en las calles

     

     

    El 29 de mayo de 1969 se producía en la capital mediterránea un movimiento de protesta que unió a obreros, estudiantes y gran parte de la ciudadanía contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. A casi medio siglo, es un emblema aún ardiente en la memoria argentina.

     

     

     

     

      

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    “La sensación que tuve es que fue una reacción del pueblo contra el gobernador, en primer término, y contra el gobierno nacional, después”. El general Alejandro Lanusse, quien fuera el último eslabón presidencial de la dictadura cívico-militar que se presentó con el nombre de Revolución Argentina, describía así sus impresiones sobre el ánimo de los hechos al cabo de recorrer la ciudad todavía humeante, dos días después del gran estallido. 

    El 29 de mayo de 1969 había estallado en las calles de Córdoba un movimiento de rebelión popular que alcanzó una intensidad inusitada y dejó una profunda huella en el devenir argentino. 

    “Esa mañana, en Córdoba, reventaba todo el estilo ordenado y administrativo que se había venido dando a la gestión oficial”, escribiría Lanusse en su libro de memorias “Mi testimonio”. 

    Claro, era su mirada de las cosas. Pero acaso ese punto de vista de parte de uno de quienes no sólo creían tener todo el poder bajo sus botas sino además haber atrapado a la historia en un puño y ahogarla por la fuerza, de pronto se asombraban una vez más frente a la existencia real del pueblo. 

    Es decir, asistían estupefactos a una demostración de que el pueblo no era un concepto maleable sino un sujeto de la historia capaz de entrar en acción, capaz de desordenarlo todo en busca de otro orden. 

    Aquel 29 de mayo de hace casi medio siglo (se cumplirá el año próximo) los trabajadores, junto con los estudiantes sacaron sus protestas y su malestar a la arena pública y el impulso inicial pronto se vio multiplicado con la adhesión de gran parte de la ciudadanía. La ciudad quedó por unas horas en manos de la rebelión. 

    La historia suele ser retratada como un faro que guía la marcha a través del brumoso océano del tiempo: aunque, claro, son los propios hombres y mujeres los que dejan encendida la luz del pasado. En cierto sentido la historia, por sí misma, no es una fuente de la que brotan las respuestas más esenciales, sino el instrumento necesario para organizar las preguntas frente al presente y al porvenir. 

    Luego de la crónica de los hechos, cuando la búsqueda intenta llegar a la intimidad del sentido del acontecimiento y sus consecuencias, su razón y su carácter, suelen presentarse versiones diferentes. 

    El Cordobazo, ¿fue una pueblada absolutamente espontánea o una revuelta elaborada? Entre la iracundia general, ¿hubo violencia organizada? ¿Fue una señal de madurez revolucionaria o, en cambio, el reclamo aspiraba a restablecer la vigencia de la voluntad popular censurada entonces desde hacía una década y media? 

    Por lo pronto, fue uno de los grandes episodios de la rebelión popular de la historia argentina. Hubo otros, antes y después, pero aquel tenía además la ardorosa marca de una época de alto voltaje político, con multitudes en las calles de todo el planeta.

      

    Ardorosos años 

    Los años ’60 habían presentado un estado de inquietud política general, particularmente en la juventud que fue avanzando por diversos caminos ideológicos. 

    El tiempo argentino estaba marcado principalmente por la proscripción del peronismo y la supresión total de los derechos constitucionales con el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia por parte de un movimiento militar y civil conducido por el general Juan Carlos Onganía. 

    En 1966, la dictadura no sólo anuló el sistema político democrático, disolviendo incluso los partidos, sino que también avanzó sobre la universidad, sobre los sindicatos, conculcó derechos como el de huelga y puso en práctica la censura, en una arremetida autoritaria que sólo sería superada por la gran dictadura que vendría 10 años después, la más feroz y sangrienta que sufrimos. 

    Entre tanto, el espíritu de la época estaba señalado por una efervescencia mundial que se conmovía con  episodios como los de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles europeas como el Mayo Francés y otras que sacudieron las ideas y las pasiones. 

    De distintos modos, la violencia se había ido incorporando a la arena política, hasta que finalmente terminó en la hoguera de los ‘70. 

    Lo precedieron episodios de rebeldía sucedidos poco antes en Corrientes y en Rosario, pero el que sería dado en llamar Cordobazo sería el punto más alto de la resistencia política a la dictadura autodenominada como Revolución Argentina, la piedra en el zapato de las ansias de perpetuidad del general Juan Carlos Onganía.

      

    Altos salarios en lucha  

    “Los salarios pagados a los obreros de la industria automovilística de Córdoba eran los más altos del país y teníamos a mediados de 1969, la tasa más baja de desempleo de los últimos 20 años. ¿Dónde estaba el problema social?”. Las palabras son de quien entonces fuera ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena  y las dijo al periodista Juan Carlos De Pablo en el libro “La Economía que yo hice”. 

    Los movimientos que calentaron el ambiente habían sido las asambleas y planteos gremiales generados a partir de la derogación del llamado sábado inglés, por el cual se pagaba jornada entera por cuatro horas trabajadas. 

    Sucede que, una vez resueltas las necesidades básicas, las reivindicaciones elementales, salarios y derechos, el paso que sigue es sumarse a la discusión por las grandes decisiones políticas. Por eso es que los sueldos bajos y la precariedad laboral son una manera de acorralar el horizonte político de los trabajadores. 

    Entonces, había más, mucho más en el contenido de la rebelión que se estaba gestando. 

    Córdoba era un centro agitado de la vida productiva argentina: desde la gran conmoción industrial de mediados del siglo 20, la ciudad se había convertido en una gran reunión de energías y destinos proletarios de la provincianía argentina. 

    El Smata, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, sería uno de los grandes protagonistas de la jornada. Pero "el Cordobazo se hace, no por reivindicaciones propias del Smata, sino por las reivindicaciones de toda la ciudadanía, sino por la lucha de la libertad y en contra de la tiranía", ha dicho Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista y presente en la intimidad de aquellas decisiones, desde su puesto junto al líder de Luz y Fuerza, Agustín Tosco. 

    "Al Cordobazo lo piensan Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (Smata) entre la primera y la segunda semana de mayo. Luego lo invitan a Agustín Tosco, quien acepta inmediatamente", apuntaría Garzón Maceda. 

    Para la historiadora Mónica Gordillo, el rasgo distintivo fue “la convergencia con la cuestión estudiantil”. 

    “Este sector venía movilizándose para reclamar frente a las intervenciones en las universidades. Los estudiantes de Corrientes habían sido reprimidos luego de una protesta que culminó con la muerte de uno de ellos y esto a su vez produjo una serie de marchas del silencio que causaron dos muertes más en Rosario”, dice la autora de “Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social”, escrito junto a James Brennan.

     

    Las horas calientes

    Momentos de dos días de acción en el centro y en los barrios de la ciudad de Córdoba. 

    El estallido del Cordobazo fue la coronación de un malestar que recorría todo el país. En Corrientes, Rosario y Tucumán había asomado la rebelión y como respuesta el  gobierno soltó una furiosa represión que se cobró la vida de dos estudiantes correntinos. Esto no hizo más que avivar el fuego, y en el ánimo cordobés se reabrió la herida por la muerte del estudiante y obrero mecánico Santiago Pampillón, provocada por una descarga policial en setiembre de 1966. 

    En ese clima, se decretó un paro general nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, se resolvió extenderlo a 36 horas, desde las 11 de la mañana del 29, y ganar la calle. 

    A media mañana del día señalado se cortó el último hilo de calma. Alrededor de 3000 trabajadores de la fábrica IKA-Renault  abandonaron la planta de Santa Isabel y se pusieron en marcha hacia el centro. En el camino apareció la Policía con sus gases lacrimógenos y volaron las primeras piedras como respuesta a la represión. 

    Un poco más adelante, ya en el centro de la ciudad, sobre la ex plaza Vélez Sarsfield, la Policía volvió a cargar y esta vez sonaron disparos. Allí cayó muerto el joven Máximo Mena y entonces el enardecimiento se volvió feroz, sin retroceso. 

    Más gremios habían ganado ya las calles, los estudiantes ya se habían plegado y el ímpetu de la revuelta se redobló con la adhesión de los sectores medios. La acción policial sería respondida con piedras y otros objetos (memoriosos recuerdan que se arrojaban bolitas al paso de los caballos de la policía montada). Mientras tanto, se incendiaban autos para contener el avance uniformado y combatir los gases lacrimógenos. 

    Las barricadas  se armaban, en muchos casos, con la ayuda de los vecinos. Es decir, la espontaneidad de la reacción de la ciudadanía fue un rasgo esencial para  la intensidad que llegaron a alcanzar los hechos. 

    El paso de la multitud dejaba atrás vidrieras rotas (sobre todo de los negocios de empresas extranjeras) y en llamas algunos edificios públicos. La situación se presentaba fuera de control con focos esparcidos por toda la ciudad y algunos barrios tomados por los manifestantes. El más emblemático era el barrio Clínicas, entonces lugar de residencia de la mayoría de los estudiantes venidos desde otros lugares de la provincia y del país. 

    También aparecieron francotiradores y, a las cinco de la tarde, finalmente irrumpió en la acción el Ejército.                    

     Al día siguiente aún se registraban choques dispersos, pero a la medianoche, cuando las tropas rompieron el cerco con el que los estudiantes habían rodeado el barrio Clínicas, sobrevino el silencio y la ciudad quedó sola con su imagen devastada y sus heridas. 

    La lucha había dejado unos 15 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos, entre ellos los líderes sindicales  Elpidio Torres y Agustín Tosco (luego condenados a prisión por un tribunal militar en juicio sumarísimo).También había quedado sentenciado el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, que caería finalmente un año después, en consonancia con la irrupción de Montoneros y el secuestro de Pedro Aramburu. 

    Casi dos años después, en marzo de 1971, la ciudad volvería a ser escenario de otra rebelión, llamada esta vez El Viborazo, en respuesta a la frase del gobernador interventor José Camilo Uriburu (reemplazante de Carlos José Caballero, que cayó con El Cordobazo): “En Córdoba anida una serpiente venenosa, cuya cabeza quizá Dios me depare el honor de cortar de un solo tajo”. 

    Finalmente, en 1973, la “Revolución Argentina” se retiraría de la escena sin haber alcanzado su máximo objetivo: detener el regreso al poder de Juan Domingo Perón.

     

    Identidad rebelde 

    Córdoba, la cuna de la Reforma Universitaria de 1918 -otro hito de rebelión-, estaba repleta de obreros y estudiantes, precisamente dos sectores que agitaban la respiración política de aquellos años, y que solían encontrarse en las calles para manifestar en la misma dirección. Aunque había muchas maneras de ver las cosas, el rechazo al gobierno militar afirmaba las coincidencias. 

    El Cordobazo confirmaría a la capital mediterránea como un faro rebelde, una personalidad acaso trazada por la desobediencia original de su fundador, Jerónimo Luis de Cabrera, que la plantó más allá de dónde le había sido ordenado. 

    Este episodio quedaría grabado a fuego en el rencor y la venganza que vendría luego con la dictadura que sobrevino en 1976, que en su feroz y sangrienta represión se ensañaría especialmente contra Córdoba, sus sindicatos, sus ideas, su cultura y particularmente contra su identidad industrial. 

    Como quedó patentizado en 1980 con el cierre de IME, la fábrica del Rastrojero, que entonces tenía 3000 empleados y una presencia dominante en el mercado de las pick ups diésel. Córdoba ya no volvería a ser la misma tras el paso devastador del represor Luciano Benjamín Menéndez. 

    En 2013, la Legislatura de la Provincia de Córdoba estableció al 29 de mayo como Día de las luchas populares. Y en la memoria argentina, aquellas calientes horas quedarán definitivamente ardiendo con el espíritu de la rebelión de un pueblo.

     

     

  • El debate público limitado

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Investigador UBA, UNQ y Conicet

    Las redes sociales digitales como Facebook o Twitter permiten el acceso masivo y global a información y a contactos valiosos, a la vez que son una prolongación y una recreación del debate político y social e inauguran problemas relativos a la custodia y preservación de datos personales y a la amenaza a quienes ejercen la crítica.

  • El desafío de construir una psicología con perspectiva de género

     

    Tener en cuenta las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, las identidades y las sexualidades es un aspecto central de la propuesta de la Red de Psicólogxs Feministas, en tiempos donde la violencia contra las mujeres cobra cada día más visibilidad. 

     

    Luz Saint Phat | Periodista

     

    “Es que me he venido de zapatillas y no me he dado cuenta” dice Pilar al llegar a la casa de su hermana, casi al inicio del film Te Doy Mis Ojos. La película, que se encuentra disponible en la plataforma Colsecor Play, narra la historia de una mujer víctima de violencia de género que -luego de nueve años de matrimonio- decide dejar a su esposo y huye de su casa en la madrugada.

     El relato transcurre en Toledo (España) pero aborda una problemática que hoy no conoce fronteras y que, incluso, cada día se hace más visible.

    “Pilar, no me voy a marchar hasta que no me abras”, grita Antonio, el marido de la protagonista. “Tengo miedo, lo siento, tengo miedo”, contesta la mujer. “Yo sin ti no puedo vivir”, vocifera el hombre, mientras patea la puerta.

     “He visto los partes del hospital. Pero Pilar ¿cómo estás aguantando eso?, ¿por qué no te separas”, interroga Ana, la hermana. “Cuando una mujer sale de su casa antes de que su marido vuelva, da para plantearse que es mejor que estuviera sola”, agrega y vuelve a cuestionar “¿A qué estás esperando para contarnos? ¿A que termine mal? ¿A que no podamos ayudarte?”.

    Pero, y a pesar de todo, Pilar retorna a su hogar, intentando reconstruir el vínculo de pareja. "Si estamos juntos yo puedo con todo, pero si no, no puedo hacer nada, cariño", asegura Antonio. “Tienes que prometerme que vas a cambiar de verdad”, insiste ella. Y una vez más, todo vuelve a empezar. “¿Qué, ahora quieres andar buscándote novios?”; “No me mientas Pilar ¿qué estás pensando? ¿Que soy una mierda porque me va peor que a mi hermano”; “¿Dónde has comido?”; “¿Por qué no contestas, que te he dejado mensajes?”; “No sabes hacer nada Pilar, no sabes hacer dos cosas a la vez, no sabes trabajar y contestar el teléfono”; “Para las cosas inútiles siempre has sido muy buena”. Y así continúa Antonio, hasta llegar a lo peor.

    Los diálogos que mantienen los personajes principales de esta propuesta cinematográfica española parecen corresponder –con más o menos matices- con algunas de las características del círculo violento en el que se encuentran miles de mujeres en todo el mundo, según precisan las investigaciones que difunden académicos, juristas, medios de comunicación y las propias sobrevivientes.

    Pero lo cierto es que esta compleja problemática es uno de los muchos y graves conflictos que existen en una sociedad caracterizada por relaciones asimétricas de poder entre los géneros, las identidades y las sexualidades que causan profundos malestares subjetivos, no sólo en mujeres sino también en distintas poblaciones que poseen características de vulnerabilidad.

    Teniendo como aspecto central el reconocimiento de este entramado, en Argentina se creó la Red de Psicólogxs Feministas. Tiene alcance nacional y sus integrantes trabajan en la ciudad y provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, San Luis, Ushuaia, Río Negro y Santa Fe. La organización se constituyó en 2016 en el marco de un trabajo de consejería que desarrollaba un conjunto de profesionales para sobrevivientes de abuso y violencia sexual y, desde entonces, ha registrado un crecimiento exponencial en cantidad de integrantes y en cuanto al número de consultas que recibe.

     “En un comienzo, lo que más nos llegaba eran casos de abuso y de violencia, pero con el tiempo se acercaron personas con otras problemáticas que buscaban un espacio donde puedan hablar de cualquier cosa. Entonces, comenzaron a venir personas que tienen relaciones abiertas, familias homoparentales, población trans y población no binaria, que buscan un refugio confiable”, explica la licenciada Antonella D’Alessio, cofundadora y coordinadora de la red, quien también se desempeña como docente en la cátedra Introducción a los Estudios de Género de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

    “Dentro de la red tenemos todas las orientaciones psicológicas que existen. Aunque la mayoría trabajamos desde una perspectiva psicoanalítica, hay quienes desarrollan su tarea desde la Gestalt o la corriente sistémica, entre otras. Pero el desafío mayor es poder ser críticas con aquello que nos han enseñado, sobre todo hacia aquellas teorías que parecían ser eternas y universales, pero que en realidad invisibilizan su propia construcción histórica”, agrega la especialista.

    Por eso, la perspectiva de género en el campo de la salud mental permite advertir los efectos que tiene la cultura patriarcal en las subjetividades y en el sufrimiento psíquico para, desde allí, prevenir y disminuir el malestar, siempre respetando la diversidad y la particularidad de cada caso.

    “Creo que el mayor desafío es comprender cuáles son las consecuencias de la construcción histórica de la diferencia sexual”, dice D’Alessio, enfatizando que “la identidad sexual y la identidad de género son derechos humanos”.

    Por otro lado, específicamente al referirse a la violencia contra las mujeres por parte de sus parejas masculinas, la cofundadora de la red señala que hoy puede vislumbrarse un “estallido” del fenómeno. “Nosotras avanzamos en los últimos años respecto de la conciencia social sobre este tema, pero a la vez pareciera que los crímenes contra las mujeres y las personas del colectivo LGBT se hacen cada día más cruentos. Hay un nivel de crueldad que está por sobre las evidencias y las estadísticas de hace hasta dos o tres años. Es verdad que hoy también hay una visibilización de esos casos que antes no existía. Estamos todo el tiempo escuchando estas historias porque ahora son de interés público y están en la agenda de los medios”.

    “Yo creo que es muy complejo, que hay que tener en cuenta varios factores, y que es muy difícil decir 'esto pasa por esto', por lo que hay que poder analizar varias instancias de reflexión para poder realmente discutir o debatir cómo sigue la lucha”, afirma.

     Por otro lado, respecto del involucramiento de las nuevas generaciones en el movimiento feminista, D’Alessio asegura que “llama mucho la atención que tanta gente joven esté tomando conciencia, y que esa población interpele a las madres, que también se están dando cuenta de que hay un montón de violencia naturalizada dentro del hogar y hay muchas situaciones injustas. Esta es la revolución de las hijas y lo podemos ver todo el tiempo en las calles, los medios y las escuelas”.

     

    La violencia contra las mujeres en Argentina / Indec – 2018

     

    CANTIDAD DE CASOS INFORMADOS

                                     

                                                          CASOS SEGÚN EL TIPO DE VIOLENCIA                                                                                             

    CASOS SEGÚN VÍNCULO CON EL AGRESOR

     

     

  • El fenómeno del rugby femenino en Córdoba

     

    La Unión Cordobesa de Rugby es la que más jugadoras tiene en el país. Le valoran la organización y el trabajo de base de un deporte que tiene a Los Pumas como emblema pero que las chicas practican con pasión. Testimonios de un fenómeno que ya es una realidad.

     

     

    Catalina Sarrabayrouse| Periodista 

     

     Se solía creer que (había) hay deportes para hombres y otros para mujeres. Que (había) hay tareas asignadas específicamente para alguno de los dos géneros. Pero los tiempos han cambiado y las divisiones ya quedaron atrás. Y el rugby, nada menos que el rugby, es un ejemplo de esto. Históricamente este deporte tuvo como característica la heterogeneidad y como valor primordial, la unión. La individualidad no da buenos resultados, pero el equipo empujando conjuntamente hacia en un scrum, por caso, garantiza el éxito.

    En la provincia de Córdoba el rugby practicado por mujeres tiene cada vez más fuerza y empuje, porque el deporte no conoce de géneros sino de pasión y dedicación. El calendario deportivo se divide en dos etapas, la primera es el Torneo Femenino Clasificatorio 2018, que se juega en modalidad seven (siete jugadoras) y en el que participan seis equipos: Universidad Nacional Córdoba, Universitario, La Tablada, Aero Club de Río Cuarto, Murciélagos de Almafuerte y Jockey Club Villa María. En la primera mitad el conjunto campeón fue el primero. Para la segunda etapa el sistema de juego cambió ya que se trabaja para lograr la transición de la modalidad 7 a 15 y por eso esta etapa se disputa con 10 jugadoras. Actualmente sólo tres provincias se animan a intentarlo: Córdoba, Tucumán y Buenos Aires. En Desarrollo, en tanto, participan Conas, Carlos Paz, Estudiantes, Arroyito, Mañke, Alta Gracia A y B, San Francisco, Jockey Club de Río Cuarto, Los Cuervos de Bell Ville A y B y Río Tercero.

    Renata Giraudo defendió los colores de Argentina en la Selección, actúa en Universitario y relata: “Actualmente el equipo más fuerte es Universidad Nacional, se ha desempeñado de manera excelente. Cuenta con jugadoras experimentadas y un flujo que les ayuda a que los entrenamientos sean con mucha gente y así se pueden desarrollar muchas más cuestiones que tienen que ver con la técnica y la táctica del rugby. Al resto nos pasa que no tenemos tantas jugadoras y eso nos limita en los entrenamientos, o no tenemos cambios. Cuesta porque el rugby femenino está en desarrollo”.

    En Córdoba no sólo se disputa el torneo local sino que además compiten en el Circuito de Selecciones Femenino 2018, donde participan también las selecciones de Entre Ríos, Santa Fe y Rosario. Y la Unión Cordobesa de Rugby cuenta con la mayor cantidad de jugadoras fichadas, siendo así la abanderada en el fomento de esta disciplina.

    Estas chicas desafían los estereotipos y rompen con los mandatos que reducen al rugby a un deporte específico para los hombres. En cada entrenamiento o partido ellas demuestran  lo importante que son la perseverancia y la constancia, taclean con fuerza cualquier comentario retrógrado. La feminidad no está ligada al deporte que se practique y el rugby y su heterogeneidad permiten que todas sean igual de importantes dentro de la cancha. Algunas disfrutan de jugar con sus uñas rojas y otras prefieren dejar el esmalte y el maquillaje en una caja para otra ocasión. Varias eligen salir con pollera y otras prefieren los jeans holgados. Están las que eligen las rastas, como también quienes escogen la planchita. Aun así, nada de esto determina su desempeño dentro de la cancha y taclear con fuerza a las rivales o patear a la H con determinación no implica perder la feminidad.

    Ante esto, Renata explica en charla con COLSECOR: “Creo que actualmente se han roto muchos estereotipos en relación a la mujer. Yo soy  de las que piensan que las mujeres y los hombres somos distintos con sus características particulares y eso es lo lindo de ser mujer y de ser hombre. Podemos jugar al rugby y no lo vamos a hacer nunca como los hombres, porque tenemos distintas características, pero le aportamos nuestra esencia al deporte. Se rompen los estereotipos yendo para adelante, siguiendo un sueño, haciendo todos los deberes en este deporte que es muy exigente. Difundirlo y mostrar a muchas chicas de que existe este deporte, se puede jugar, es lindo y hay que promocionarlo. De hecho me ha pasado de contarle a gente que juego al rugby y hasta que no lo vieron, no lo dimensionaron, o no me creían. Después de vernos, me aceptaban: ‘Che, loca ¡está bueno lo que hacen!’”.

    El rugby y los valores juegan históricamente en la misma cancha. El concepto es que todas las jugadoras son iguales de necesarias. Las más altas y sus zancadas son fundamentales, las más grandes son una pieza clave a la hora de empujar hacia el ingoal. Así como también se busca inculcar siempre respeto a las autoridades dentro de la cancha. Se necesita ir para atrás para así poder avanzar y empujando de manera unida se puede llegar al objetivo. Es por esto que Renata, como tantas otras jugadoras cordobesas, eligen hacer del rugby una forma de vivir: “Tiene muchos significados. En mi familia hubo mujeres con personalidades fuertes. Jugar al rugby representa un poco eso. Las mujeres y niñas que decidieron jugarlo tienen actitud. Es un deporte que se basa en el contacto físico. Más allá de que le pongamos un montón de palabras lindas, es un deporte rudo y creo que representa mi actitud frente a muchas situaciones. También representa una forma o un estilo de vida. Inculca muchísimos valores. En mi caso, algunos los traía desde casa, otros me los inculcaron mediante otros deportes que he realizado y a todo lo que aprendí lo trato de poner en práctica todos los días. Representa una filosofía de vida y la alegría de disfrutar de hacer algo que realmente me llena. Por eso me dedico  todos los días, y le pongo muchas ganas ya que es una felicidad muy fuerte”.

    Uno de los momentos más emblemáticos del rugby argentino fue el Mundial 2007, año en el que se logró el tercer puesto, el mejor resultado de la historia de este deporte. Uno de los integrantes, uno tan importante que llevaba la cinta de capitán, supo ver el futuro: de Agustín Pichot se trata. En el partido inaugural, Los Pumas le ganaron a Francia por 17- 12 y mientras la hinchada festejaba con locura, el cuerpo técnico emocionado se agarraba la cabeza, él juntó al equipo en ronda, se paró en el medio y con la voz ronca de tanto gritar predijo el futuro: “Esto recién empieza”. Así como Pichot supo predecir esto, algo similar ocurre con el rugby femenino. Esto recién empieza y el futuro es prometedor.

     

    "Córdoba tiene presente y futuro"

    Sofía González es la capitana de la Selección de Rugby Femenino y analiza el presente de Córdoba: “Creció muchísimo el rugby femenino de Argentina pero hay una gran diferencia entre Buenos Aires y el resto de las provincias porque hay más desarrollo del rugby juvenil que en nuestro ámbito. Eso ayuda al deporte. Al tener una base de jugadoras chicas y formarlas desde pequeñas, ayuda a que sigamos creciendo. Espero que en algún momento se dé lo que ocurre en el interior del país también en Buenos Aires. En Córdoba tienen un muy buen presente y si siguen trabajando así les espera un gran futuro”.

    Actualmente en Buenos Aires hay 12 clubes que pertenecen a la URBA: Centro Naval, La Plata Rugby, Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, Ezeiza, DAOM, Alma Fuerte, Atlético San Andrés, Lanús Rugby, Municipalidad Berazategui, SITAS, Universitario de La Plata y Porteño Rugby. Las chicas compiten en la modalidad seven, mientras se busca poder llegar al rugby convencional de 15.

     

  • El giro de Facebook

     

    Facebook está en pleno proceso de mutación hacia un modelo que sería compatible con mayores niveles de regulación estatal, así como con prácticas de transparencia y auditoría independiente de la compañía que son inéditas en los gigantes digitales globales.

     

    Martín Becerra |Profesor e Investigador UBA, UNQ y Conicet 

     

    El 15 de noviembre último, Mark Zuckerberg publicó un documento que anticipa un giro trascendente en la política de Facebook y que, si bien en principio alude sólo a la plataforma que creó en 2004, introduce líneas maestras que afectarán en a otras empresas del conglomerado (Instagram o WhatsApp), y que podrían repercutir en el resto del ecosistema digital global (por ejemplo, en YouTube, de Google). 

    En su texto, Zuckerberg reconoce que la plataforma ha sido escenario de acciones funestas para el objetivo de “poner el poder en manos de la gente”. Y promete crear un organismo de apelaciones que sea “independiente, transparente y vinculante” para arbitrar en cuestiones muy sensibles que la compañía gestiona. Se trata de una de las respuestas más osadas desde que la empresa se vio involucrada en escándalos de venta masiva de datos de los usuarios, acusaciones de manipulación electoral, denuncias de sesgo algorítmico y litigios por abuso de posición dominante. 

    El uso de herramientas tecnológicas para “interferir en las elecciones, difundir información errónea e incitar a la violencia” es citado por el dueño de Facebook para reconocer la tensión entre permitir la expresión de cientos (miles, en verdad) de millones y gestionar los límites a las expresiones que pudieran ser violentas, inadecuadas u ofensivas. Es que la noción misma de qué es una expresión violenta, o inadecuada, u ofensiva, varía según el país y el tiempo histórico. Así, mientras que ciertas expresiones antisemitas están prohibidas y se califican como discurso de odio en Alemania o Israel, en cambio, están permitidas en Estados Unidos. O bien las imágenes de desnudos, inofensivas en España o Francia, sin embargo están vedadas en Arabia Saudita. Esta tensión puede resumirse también en la dicotomía que muchos gobiernos (incluidos los de Estados Unidos, China o Rusia) postulan entre libertad de expresión y seguridad (a expensas del derecho a expresarse libremente). 

    Facebook emplea unas 30.000 personas en vigilar el cumplimiento de sus estándares, informa Zuckerberg. Esos estándares son definidos por la compañía sin participación de sus usuarios ni de los representantes democráticos de los países en donde ésta comercializa servicios. 

    En la historia de la plataforma, el proceso de revisión de contenidos ha sido “reactivo y manual” a partir de denuncias de los propios usuarios. Pero con Inteligencia Artificial (IA), Facebook realiza “proactivamente” la revisión de contenidos “potencialmente problemáticos”, según su fundador. Importa recordar que lo “problemático” refiere a los términos y condiciones de la propia empresa. Una de las zonas de mayor aplicación de la IA en Facebook es el contenido “terrorista”. Otra, creciente en importancia, es la manipulación electoral, donde el conglomerado de Zuckerberg no sólo enfoca lo que sucede en su plataforma más masiva, sino también en sus otros servicios, como WhatsApp, para detener la profusión de cuentas falsas que, según el documento, “son el origen de gran parte del spam, la información errónea y las campañas de información coordinada”. 

    Una vez que esta fase actual de la identificación proactiva de contenido “inadecuado” madure, Zuckerberg anunció que estarán en condiciones de “dar a las personas un mayor control de lo que ven”, de revisar más seriamente el sesgo del algoritmo que programa la empresa y de crear un “proceso de apelaciones de contenido” que sea independiente (de Facebook), transparente y vinculante. 

    Resta conocer los detalles acerca del organismo que, según Zuckerberg, tendrá facultades inéditas en el gobierno de cualquiera de los gigantes digitales globales y que será complementado por nuevas regulaciones que el conglomerado está discutiendo con distintos gobiernos en todo el mundo. El giro anunciado es de gran calado y el tiempo dirá si, con su volumen descomunal, Facebook tiene la agilidad como para honrar la palabra de su inventor.

     

     

     

     

  • El hombre de la calle Garibaldi

     

    En mayo de 1960, un comando del Mossad secuestró a Adolf Eichmann en un suburbio de San Fernando. El criminal de guerra nazi llevaba una vida rutinaria, bajo la insospechable apariencia de un empleado de la fábrica Mercedes Benz. Fue el caso que empezó a develar la trama de protección que rodeó a los fugitivos del Tercer Reich.

  • El largo invierno del Brexit

    Votar por irse de la Unión Europea ha resultado mucho más sencillo para el Reino Unido que irse en la práctica. Ante el riesgo de un divorcio no pactado surgen nuevas divisiones que ponen en riesgo el gobierno.

     

     Gabriel Puricelli | Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas

     

    El pragmatismo realista por el que son conocidos los británicos se puede sintetizar en un apotegma que circula como un dicho de los más habituales en el inglés hablado: no hay tal cosa como un almuerzo gratis. En el debate parlamentario del 15 de enero, cuando el parlamento británico rechazó por una mayoría aplastante el acuerdo de retiro del Reino Unido de la Unión Europea (UE) que había negociado la primera ministra Theresa May con el vértice de Bruselas, el líder de los nacionalistas escoceses en la Cámara de la Comunes parafraseó: “no hay tal cosa como un buen Brexit”. A casi tres años del referéndum en el que una ajustada mayoría de ciudadanos del reino se decidió por la salida (British Exit), su gobierno se encuentra completamente paralizado y al borde de la crisis y la disolución, atrapado por su incapacidad de asegurar el divorcio menos malo posible.

    Entre la sencilla pregunta “¿El Reino Unido debería permanecer como miembro o abandonar la Unión Europea?” y los miles de arreglos comerciales, aduaneros, políticos y administrativos que hay que deshacer para concretar la separación hay una distancia sideral. Desmadejar las normas comunes concebidas y puestas en práctica en 46 años de asociación, intentando evitar efectos bruscos en la vida económica y comercial del país y en los planes de vida de cientos de miles de británicos y norirlandeses que viven en otros países de la UE y de ciudadanos de esos países que viven en el Reino Unido se ha revelado trabajoso, casi imposible. Para dar una idea aproximada de la complejidad, hasta ahora estamos hablando tan sólo de un acuerdo de separación temporario, hasta que las condiciones de una nueva asociación (estrictamente comercial, no política) entre el Reino Unido y la UE hayan sido acordadas, a más tardar el 31 de diciembre de 2020.

    Los efectos prácticos de la separación son múltiples. Van desde las condiciones en que miles de toneladas de mercancías cruzan el Canal de la Mancha todos los días para mantener abastecidos los supermercados y las farmacias y para asegurarle al país su principal ingreso de divisas, hasta el estatus migratorio de quienes aprovecharon durante las pasadas décadas la libertad de movimiento de las personas.

    La cuestión de la integración con el resto de Europa Occidental siempre fue motivo de división en el Reino Unido. El país ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) en 1973 y sólo dos años después el gobierno de entonces consultó a la ciudadanía sobre la permanencia en el bloque: dos tercios dijeron que sí y un tercio se opuso. Para 2016, no sólo las condiciones se habían invertido (en lugar de ser convocados a ratificar una situación de hecho, los ciudadanos fueron convocados a decidir si querían abandonar un acuerdo vigente y abrazar una hipótesis), sino que los actores políticos habían invertido sus roles: en 1975, los laboristas habían convocado al referéndum porque estaban divididos frente a la cuestión de la integración europea; en 2016, fueron los conservadores los que forzaron un nuevo referéndum porque no podían ponerse de acuerdo entre ellos acerca del papel a jugar en (o fuera) de la UE. En 1974 los laboristas se presentaron a las elecciones prometiendo un referéndum; en 2015, fueron los conservadores. Junto a esa inversión de roles respecto de cuál era el partido más euroescéptico, la opinión y la actitud de la ciudadanía también habían variado: no sólo la antigua mayoría preeuropea se había encogido, sino que la predisposición a aceptar pasivamente una decisión del Gobierno (como la entrada a la CEE sin consultar, en 1973) se había transformado en una abierta resistencia a ciertos consensos de la elite política.

    Muchos de los políticos encargados de poner en práctica la decisión ciudadana de 2016, incluida la primera ministra May son antiguos convencidos de la impractibilidad de la separación. Hoy están obligados a poner en práctica un mandato referendario que no vino con manual de instrucciones. Con ello, nuevas divisiones se han consolidado. La principal opone a partidarios de un Brexit blando y a los de uno duro. May ha sido la cabeza visible de los primeros, esperanzados en una separación que supusiera cambios casi exclusivamente en política migratoria y en materia de acuerdos comerciales extrarregionales. Como si el Reino Unido viajara de colado en la UE, sin pagar su parte de las expensas comunes del bloque. Del otro lado están los que minimizan los riesgos de un divorcio sin acuerdo. Estos últimos fueron el factor decisivo para bochar el acuerdo al que May había llegado con la UE.

    El mayor motivo de discordia es la solución que el acuerdo proponía (y que la UE continúa proponiendo) a la cuestión de la frontera terrestre entre la porción norirlandesa del Reino Unido y la República de Irlanda. La total libre circulación en la isla que ocupan la república y los seis condados irlandeses del Ulster, que siguen bajo la soberanía de la monarquía, fue uno de los resultados del acuerdo del Viernes Santo, que terminó con el conflicto civil entre unionistas y partidarios de una Irlanda unificada. Lo que habían pactado la UE y May no afectaba en lo inmediato esa circulación, ya que el Reino Unido seguiría siendo parte de una misma unión aduanera con la UE hasta el último día de 2020. Sin embargo, la cláusula del documento referida al día después desató la controversia: si en ese momento no hubiera modo de implantar de controles aduaneros que no restrinjan la circulación, Irlanda del Norte seguiría dentro de la unión aduanera con la UE y el resto del Reino Unido no. Así, una aduana separaría a Irlanda del Norte no de la República, sino de Gran Bretaña, algo inaceptable para los unionistas, que son no sólo la primera minoría política de esa comunidad, sino que tienen una bancada de diputados en Londres sin los cuales el gobierno de May caería, por falta de mayoría parlamentaria.

    Los perdedores del referéndum de 2016, entretanto, se esperanzan. Ante la certeza del caos logístico (el transporte de carga, demorado en los nuevos controles podría tardar días, en vez de horas, en ir y venir desde el continente) y económico de un divorcio sin acuerdo, esperan que haya suficientes arrepentidos entre quienes votaron por irse de la UE como para forzar una nueva consulta. La opción tendría tal vez fuerza si toda la oposición y los eurófilos del oficialismo conservador la abrazaran. Sin embargo, el líder laborista Jeremy Corbyn, euroescéptico a lo largo de buena parte de su carrera, se rehúsa a impulsar un nuevo people vote, porque sabe que para ganar una elección su partido necesita el apoyo de una parte de quienes siguen convencidos de que hay que divorciarse de la UE.

    Justo cuando el invierno boreal debía empezar a quedar atrás, el Reino Unido está sumido en la incertidumbre. Del debate parlamentario de enero quedan las palabras de Michael Gove, ministro de Medio Ambiente, que citó al héroe de ficción Jon Snow para decir, como si se tratara (y tal vez así sea) de Game of Thrones, que si su país rechaza el acuerdo que la UE está dispuesta a ofrecer, winter is coming.

    .

  • El lenguaje inclusivo en el territorio de las luchas justas

    La irrupción en el lenguaje del uso de la e, antes fueron la @ y la x, como una nueva manifestación de los hablantes para referirse a un genérico no masculino que incluya a todes ha venido a encender algunos debates en la sociedad, y en la academia en particular, con posiciones que defienden y otras que critican su utilización. Especialistas hablan de este fenómeno que trasciende lo local.

  • El mal de la concentración económica en las comunicaciones

     

     

     

    La Comisión Nacional de Defensa de la Competencia cuando afirma que “la competencia es un instrumento fundamental para aumentar el bienestar del consumidor, fortalecer la competitividad de la industria y promover la innovación y el desarrollo económico” está determinando el verdadero sentido del rol importante que tiene que desempeñar.

    La CNDC al momento de desaprobar toda acción empresaria que intenta conformar una posición de concentración económica con conductas anticompetitivas que impiden la democrática promoción de la competencia, está garantizando la equidad en la Nación Argentina.

    En los últimos días de diciembre del 2017 el organismo público mencionado junto al Ente Nacional de Comunicaciones, ENACOM, se encuentran evaluando las condiciones de la probable fusión de las empresas Cablevisión y Telecom. Desde COLSECOR presentamos los aportes colaborativos en un documento público donde básicamente decimos que la finalidad de la CNDC tiene que establecer los límites razonables a los licenciatarios de Servicios TIC con poder significativo de mercado. Los limites son: no permitir el ingreso de las prestaciones de sus servicios en las comunidades de menos de 80 mil habitantes tal como lo señala el Decreto 1340/16.

    En los lugares donde se encuentran las cooperativas brindando servicios de comunicación, las redes son comunitarias. Entendemos que es imprescindible que se adopten políticas públicas que destinen sus acciones con el fin de incentivar con recursos públicos, provenientes del Servicio Universal y con ventajas fiscales para que se consolide tanto la sostenibilidad como el proceso de modernización de dichas redes.

    La generación de condiciones socioeconómicas para que haya ciudades inteligentes a partir de las infraestructuras de las comunicaciones convergentes es vital para que las tecnologías tengan una función social en la productividad.

    Se deben establecer reglas de regulación asimétrica para proteger y reforzar la economía local, la economía solidaria y las fuentes de trabajo, delimitando zonas de exclusión para la operación de servicios por parte de la fusión entre Telecom y Cablevisión en localidades con menos de 80.000 (ochenta mil) habitantes, tal como lo establece el Decreto del Presidente de la Nación, en las que existan actores locales como las cooperativas y pymes que brinden esos servicios.

    La decisión presidencial en el mismo instrumento resolutivo previó evitar el abuso de posición dominante de los jugadores más potentes con acceso a recursos que les han estado vedados a los más pequeños. Creemos que la CNDC debería exigir el cumplimiento del Decreto en este aspecto fundamental.

    La concentración económica en las comunicaciones representa un enorme obstáculo en términos de tarifas razonables de interconexión nacional e internacional; o, en el caso de la televisión por cable, cuando logra determinar un costo excesivo de las señales audiovisuales para las cooperativas, creando de esta manera, una real discriminación en el acceso a contenidos de interés relevante.

    Las comunicaciones convergentes representan un eje fundamental en el desarrollo social sostenible de las 270 urbanizaciones ubicadas en 20 provincias de la República Argentina donde brindan servicios las entidades integradas en COLSECOR. La sociedad civil que se organiza en torno a nuestras cooperativas puede expresar un legítimo testimonio basado en las prácticas sociales solidarias que han permitido a lo largo de muchas décadas, la cohesión para el pleno ejercicio de los derechos de la ciudadanía.

    La intención del documento nace en la convicción democrática y en la férrea idea de hacer un verdadero desarrollo federal del país.

     

     

  • El mejor de la historia

    Como nos gusta discutir todo, incluso más que disfrutar, el retiro de Ginóbili reabrió el debate sobre quién es el deportista más grande de la Argentina. Manu se sentó definitivamente en la mesa con Maradona, Fangio, Vilas y Monzón, ésa que merodea Leo Messi.

     

     

    Por Martín Eula| Periodista 

     

     

    Primero disfrutar, también emocionarse, y enseguida comparar. 

    Así fuimos, así somos y así seremos. 

    El retiro de Emanuel Ginóbili despertó una inmensa y justificada pleitesía por un hombre que fue un ejemplo a partir de su sentido de pertenencia, su entendimiento cabal de lo que es un equipo, su inteligencia, su gen competitivo, su esfuerzo y su talento. Y al mismo tiempo, reabrió ese debate de mil puertas acerca de quién es (y por qué) el mejor deportista de la historia de la Argentina. 

    Más bajo, más chiquito y menos musculoso que todos esos mastodontes extraordinarios que son los basquetbolistas estadounidenses, el tipo llegó a la NBA hace 16 años con las dos manos agarraditas en su espalda y se va lleno de gloria y con las principales estrellas (ya retiradas, en plena vigencia y camino a serlo) rendidas a sus pies. 

    Manu les compitió, les ganó, fue superado y los superó, los marcó y lo marcaron, jugó con ellos y los hizo jugar, aprendió de ellos y les enseñó. Cayó en una estructura, la de San Antonio Spurs, ideal para su manera de ser y forma de actuar en una cancha de básquetbol, con Gregg Popovich como insignia exigente y referencial. Que una de sus jugadas, el Eurostep, sea parte de los manuales de la NBA es apenas un eslabón más de un legado eterno. Los cuatro anillos (títulos) en esa competición son la gloria misma pero al mismo tiempo un detalle. 

     

     

    El legado de Ginóbili trasciende un campeonato o un premio más o menos. La Generación Dorada es el mejor equipo de la historia del deporte argentino y un modelo que debería imitar el resto, empezando por el fútbol. Se lo escuchó mil veces hablar de roles y ahí estuvo, como una pieza más para lograr lo que parecía imposible: un oro olímpico en Atenas, mostrándole al mundo que se les podía ganar a los NBA como ya lo había hecho y lo seguiría haciendo. Jamás se puso por encima de lo colectivo. 

    "Fuiste a Italia y nos representaste bien. Llegaste a Estados Unidos y nos representaste bien. Si vas a la Luna también nos vas a representar bien. Yo dejé la posta y la agarraste vos: llevaste la bandera argentina y no es fácil", lo mimó Diego Maradona hace ya 13 años, cuando Manu todavía no era lo que es ahora. Porque hoy, Ginóbili se sentó en esa mesa imaginaria con Diego, Juan Manuel Fangio, Carlos Monzón y Guillermo Vilas. Y la que también, por supuesto, merodea Lionel Messi. Un banquete de elegidos a partir de sus logros y la marca que ya dejaron. 

    Maradona es una leyenda, una llave por la que cualquier argentino que anduvo por el lugar más recóndito del mundo no debió repetir su país de origen cuando mencionó el apellido del 10. Fue campeón del mundo en México, donde eliminó a Inglaterra cuatro años después de la guerra de Malvinas con la Mano de Dios y el gol que ningún mortal podrá repetir en un Mundial. Sus habituales controversias no mancillan su hazaña. Estuvo a un polémico penal en contra (a favor de Alemania) de volver a levantar la Copa del Mundo en Italia 90 con un tobillo a la miseria, ahí donde es Dios de la pasional Nápoles porque con el Napoli les ganó el Scudetto a los ricos y poderosos del norte. 

    Su nombre fue tan o más conocido que el del Papa a nivel mundial, algo que hoy sucede con Lionel Messi. Pero claro, Messi no ganó una Copa del Mundo, como nos encanta contar las costillas porque nos creemos los mejores del mundo y le endosamos a un fenómeno todas nuestras miserias y frustraciones. En ningún lugar de la tierra Messi ha sido tan criticado y cuestionado como en su propio país y, por si alguno se olvidó, Messi nació y se crió en la Argentina. Y es un genio más allá de no haber logrado un Mundial. "Es el mejor del mundo y yo fui uno más en la NBA. Se destacó más lo mío porque vengo de un país que no tenía una tradición de jugadores de básquet de cierto éxito... Pero Messi es uno de los mejores de la historia, no del mundo actualmente", reflexionó el propio “Gino” post retiro. Escuchar a distintos jugadores afirmar que sigue siendo el número uno luego de quedar quinto en los premios The Best sustentan su vigencia, ratifican su condición y avalan la frase de Ginóbili. Y esto sucede desde hace poquito más de una década. 

    Y si Manu hizo más popular el básquetbol, vaya si Guillermo Vilas acercó el tenis a las masas y generó que ese deporte de raigambre elitista llegara al pueblo. Conquistó cuatro torneos de Grand Slam (Roland Garros, el US Open y dos Abiertos de Australia), llegó a otras cuatro finales y fue número uno del mundo -no autentificado por los números- en 1977. Y arañó la Copa Davis en el 81. Por personalidad, técnica y esa zurda genial -como las de Diego, Leo y Manu-, Willy está donde debe estar.

    A los golpes se hizo y terminó Carlos Monzón, el campeón del mundo entre 1970 y 1977, que defendió 14 veces su corona mundial de la exigente categoría mediano cuando las categorías y las asociaciones de boxeo no eran el dislate que son ahora. Ingresó al Salón de la Fama en 1990, dos años después de ser declarado culpable del asesinato de Alicia Muñiz y cinco años antes de morir en un accidente automovilístico en una salida restringida de la cárcel. Cara y ceca demasiado absoluta de un deporte bravísimo per se

    Si un título del mundo es la razón para meterse en la historia, Juan Manuel Fangio dio cinco razones para entrar por la puerta grande. Quíntuple campeón de la Fórmula 1 (1951, 54, 55, 56 y 57) y dos veces subcampeón, sólo fue superado por Michael Schumacher en 2003 (después llegaría a siete). "Fangio está en un nivel más alto del que yo me veo a mí mismo", dijo por entonces el hoy convaleciente piloto alemán. El Chueco dejó, además, aquella genial rivalidad deportiva con los Gálvez, una especie de River-Boca del automovilismo en el siempre popular Turismo Carretera. 

    De ninguna manera se puede obviar a Roberto de Vicenzo, integrante del Salón de la Fama del Golf Mundial por sus 230 abiertos ganados alrededor del planeta, entre ellos cuatro torneos del PGA Tour, el Abierto Británico y una copa mundial por equipos con la Argentina. 

    Es necesario lo cuantitativo porque el deporte, la competencia misma, remite a vencer a un oponente por más lineal que suene. Es el máximo desafío que se plantea todo mortal cuando se entrena y se prepara. Y hoy en día, la preparación es indispensable: obvio que sin talento ninguno de estos monstruos hubiera llegado a donde llegó, pero actualmente se necesita un grado de profesionalismo que antes podía evitarse. 

    Y en ese sentido, Ginóbili también es un ejemplo por el cambio en la alimentación y en los cuidados que hizo en la última etapa de su carrera, cuando todo el mundo se preguntaba cómo hacía para jugar como jugaba con 40 años. Ahí fue clave Paulo Maccari, su primo y fisioterapeuta personal que tiene una clínica en España. Por un lado, le sacó el gluten, los cereales, los lácteos, la harina, el azúcar, el pimiento, el tomate, las berenjenas y, más que nada, las pastas: su alimentación fue en base a grasas buenas de pescado, el coco, las almendras, las nueces y los huevos de granja. Por otro lado, le suprimió el frío, los antiinflamatorios y la elongación en los post partidos o entrenamientos: "Todo es relajación, no hace falta torturar al deportista", explicó Maccari. A eso, se le suma una vida privada ordenada y una gran relación con el equipo, con esa gran familia -también- que es San Antonio Spurs. 

    Pero claro, no se trata sólo de alimentarse bien, cuidarse mejor y estar en armonía en tu casa y en el club. Después está el factor Ginóbili de adaptar su genio a las necesidades colectivas. "Fue un jugador especial y un ser humano especial, uno de esos tipos que se transforma en el alma y el corazón de tu equipo, siendo un ejemplo de competitividad. Una anomalía en ese sentido. Tiene la misma actitud que tenían Michael (Jordan), Kobe (Bryant), Magic (Johnson), Larry (Bird), esos jugadores. Tiene la misma actitud y juega con ese mismo fuego. Ha sido gran parte de cualquier éxito que hayamos tenido y verlo a esta edad, dándonos estos partidos, que te remontan a otros tiempos, es emocionante", lo describió Popovich, su mentor en Estados Unidos, el hombre que demostró que un sexto hombre (primer suplente) puede ser determinante, el entrenador que ya lo consultó por cuestiones tácticas y estratégicas para la próxima temporada, el mismo que lo puso a la altura de los mejores de la historia. 

    Porque ahí está Emanuel Ginóbili. Allá y acá también.

     

      

     

     

     

  • El mirador del universo, en la Puna salteña

    En Salta, el Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (Iate) de la UNC, construye junto con un consorcio internacional el Centro Astronómico Macón. Se trata de un conjunto de observatorios que, una vez finalizados, serán los que estarán a mayor altura en todo el país. Ubicado en la localidad de Tolar Grande, ese complejo comienza a formar parte del mapa científico internacional a fuerza de aportes y colaboraciones que siguen expandiendo las fronteras de la astronomía.

     

    Por Josefina Cordera |Redacción UNCiencia

    Cuesta una siesta de doce horas acostumbrarse a Tolar Grande, el último pueblo antes de la frontera con Chile. Ubicado a los pies de los Andes, casi sobre el salar Arizaro, el verde no tiene cabida en la paleta de colores. A más de 3500 metros de altura, no crece un árbol, la única vegetación es la tola, un arbusto.

    Entre 2003 y 2009, científicos del Iate y del Observatorio Astronómico de Córdoba (OAC) de la Universidad Nacional de Córdoba estudiaron las condiciones y la calidad del cielo de Tolar Grande. Determinaron que óptimo para la astronomía observacional: el cielo está despejado más del 93% de las noches del año y carece de contaminación lumínica gracias a la distancia que lo separa de grandes urbes.

    En el proceso de construir el Centro Astronómico Macón (CAM)  la primera tarea de los astrónomos fue solicitar permiso a los habitantes para instalar la base de observaciones en el cerro Macón, lugar sagrado de las comunidades originarias del lugar.

    Cuando finalicen los trabajos, un conjunto de domos resguardarán los telescopios con los cuales se recabarán datos para proyectos científicos internacionales como Toros (junto con la Universidad de Texas Brownsville, Estados Unidos), Abras (en cooperación con el Instituto de Astronomía, Geodesia y Ciencias de la Atmósfera – USP, Brasil), e Ison (junto con el Instituto Keldysh de Matemática Aplicada de la Academia Rusa de Ciencias, la Conae y el gobierno de Salta).

    Actualmente, el único que está en pie es el domo para Abras.
    El CAM está a 4650 metros sobre el nivel del mar. No se lo ve desde el pueblo porque se levanta en la ladera contraria. Para llegar, es necesario recorrer 15 kilómetros de montaña. Quienes han llegado al domo sostienen que allí la noche es tan oscura que ni siquiera pueden ver sus manos.

     

     

    Tolar Grande

    En el centro de este pueblito de casas que se pueden contar subiendo a cualquiera de los cerros que lo rodean, la municipalidad local construye el Centro de Integración Urbana (CIU). En ese edificio, se instalará un telescopio para que los habitantes de Tolar o quienes lleguen de visita puedan conocer cómo se estudia el universo desde la ciencia occidental.

    Tolar Grande tiene uno de los mejores cielos del país para realizar observaciones nocturnas. Y el CIU permitirá que todos tengan la posibilidad de ver algunos de los fenómenos que ocurren a millones de años luz, que maravillan y generan preguntas al hombre desde el inicio de los tiempos.

    Cada mes, astrónomos cordobeses llegan a este rincón de la Puna para acondicionar el CIU y avanzar en trabajos de investigación.

    Tolar es un universo de posibilidades para la astronomía argentina, no solo por los proyectos de observación que se planean impulsar desde allí –que van desde el monitoreo de objetos potencialmente peligrosos para la Tierra  hasta colaboraciones para conocer más sobre las ondas gravitacionales–, sino por el intenso trabajo con la comunidad local que hace de este proyecto una verdadera experiencia científica y de divulgación.

     

  • El mundial a sus pies

     

    Por Martín Eula | Periodista 

     

    Después de 32 años, con la final con Alemania en el Maracaná todavía dando vueltas por las cabezas de millones de futboleros y luego del padecimiento que fue la Eliminatoria, Argentina llegará a Rusia 1018 -el Mundial ya golpea nuestras puertas- con la chapa que le da tener al mejor jugador del mundo, el mote de amenaza y el desafío de transformarse en candidata a partir de la generación de un equipo. Y con la certeza, claro, de ya conocer quiénes serán sus tres primeros rivales.

    El sorteo, ese show que despierta las más variadas interpretaciones, deparó un grupo que no es de la muerte pero de ninguna manera se lo puede calificar de la suerte. Y dos frases, de dos hombres de ideologías parecidas y campeones del mundo, lo testifican: "No me gusta la zona. Islandia es una piedra, con jugadores heroicos, y Croacia tiene al mejor mediocentro del mundo (por Luka Modric)", diagnosticó Jorge Valdano. "Con Islandia y Nigeria son seis puntos seguros", aseveró César Luis Menotti. El jueguito, como el fútbol mismo, es hermoso. Y lo será hasta el mismo día del debut, el 16 de junio en Moscú.

    Argentina va a depender mucho de Argentina y eso también genera una ambigüedad. Diez días con dos amistosos en marzo y una concentración de tres semanas y media justo antes de viajar a Rusia serán los momentos de esa preparación final en la que Jorge Sampaoli tendrá la misión y la obligación de formar una estructura y darle una identidad definida a la Selección para no depender pura y exclusivamente de Messi. Y los jugadores deberán ayudar y ser funcionales, liberarse de la mochila de las finales perdidas, estar enfocados y ser con Argentina lo que son en sus poderosos clubes europeos.

     

    ¿Quiénes son?

    "Es algo bonito y romántico jugar nuestro primer partido en un Mundial contra una Selección con la historia de la Argentina y en la que juega Messi". Heimir Hallgrímsson es dentista, fue entrenador de un equipo femenino y es el técnico que llevó a Islandia al Mundial después de un gran trabajo de base, una Eurocopa soñada en 2016 y de ganar su zona en las Eliminatorias Europeas (dejó segunda a Croacia). Un país con menos de 100 futbolistas profesionales, el de menos habitantes en jugar una Copa del Mundo en su historia, va a llegar liberado pero jamás se apartará de un método incorporado y que le dio tantos resultados: son un bloque, corren todos, ocupan espacios y son rápidos para contragolpear. El Everton inglés pagó 50 millones de euros -su compra más cara- por Gylfi Sigurdsson, la estrella de un equipo que va a ser un desafío para nuestros relatores: todos sus jugadores terminan en "son".

     

     

     

     

    Un peligro

    Uno de los armadores del Real Madrid. Un sostén del Barcelona. Un atacante devenido en volante de la Juventus. Dos futbolistas dinámicos y con gol del Inter. El arquero del Monaco. Un zaguero del Liverpool. Otro defensor del Atlético de Madrid. El centrodelantero del Milan... A Modric, Rakitic, Mandzukic, Perisic, Brozovic, Subasic, Lovren, Vrsaljko y Kalinic se les suman tipos que también juegan en las principales ligas de Europa. Si Islandia es una piedra, Croacia es mucho más que un ladrillo. Es la gran amenaza y contra quien -lógica mediante- la Selección dirimirá ser primera en el Grupo D. Una gran generación de jugadores que a veces peca de cierto individualismo.

     


     

    Los candidatos y algo más

    La cátedra -¿existe una cátedra en el fútbol?- indica que Brasil, Alemania y Francia son los favoritos. Y que España y Argentina arrancan en un segundo escalón de favoritismo.

    Tite le devolvió la alegría a Brasil, le dio una identidad definida y barrió con las cenizas del 1-7 con Alemania en su propia casa. Diez triunfos y dos empates en Eliminatorias y armar un bloque para explotar al genial Neymar transformaron al Scratch en un verdadero cuco al que, encima, le tocó una zona amena (Suiza, Serbia y Costa Rica no emergen como amenazas serias ante tanto potencial).

    Alemania, aunque a Sampaoli no le guste cómo juega, arrastra un trabajo que debería actuar de modelo, jamás se durmió en la comodidad que puede darte un título y llegará a Rusia con una renovación que mezclará el pasado-presente (Müller-Kroos) con el presente-futuro (Kimmich-Werner). Ganó todos sus partidos de Eliminatorias y Joachim Löw dispone de futbolistas como para armar dos equipos de primerísimo nivel (México, Suecia y Corea serán sus primeros escollos).

    Francia se ganó ese status, más que nada en la opinión de los futbolistas rivales, por una generación de jugadores jóvenes (y otros no tanto) que asustan. Lloris al arco, Varane y Umtiti como zagueros. Kanté y Pogba en el medio. Griezmann, Lacazette y Mbappé en la ofensiva le dan forma a una columna firmísima. Y se van a privar de Benzema. Con Dinamarca, Perú y Australia conformarán una zona que en la Argentina se mirará con suma atención.

    Y España mantiene su esencia de jugar al fútbol. Ahora con Julen Lopetegui en el banco, se sostiene en los cracks del Barcelona y el Real Madrid y se vio oxigenada con el talento de Isco y Asencio, y la presencia de Saúl Iñíguez, un producto del Cholo Simeone en el Atlético de Madrid. El 15 de junio, en Sochi, los españoles tendrán la primera gran prueba ante Portugal y el estelar Cristiano Ronaldo. Y atención con los últimos campeones de Europa, que a la omnipresente presencia de su estrella le agregaron solidez.

    Inglaterra y Bélgica, en tanto, buscarán el 1 en el Grupo G ante los supuestamente débiles Panamá y Túnez. Para los ingleses será la oportunidad de mostrarle al mundo a un grupo de jóvenes de enorme jerarquía que fueron moldeados por el argentino Mauricio Pochettino en Tottenham (Harry Kane, Walker, Dier y Dele Alli). A los belgas se les caen las figuras de los bolsillos, desde su arquero Courtois hasta el talento goleador de Edin Hazard pasando por la potencia de Romelu Lukaku.

    Un sorteo que no deparó grupos de la muerte ni nada parecido, sí aportó una zona que puede ser considerada la más pareja: es la que conforman la Colombia de Pekerman, la Polonia de Lewandowki, la siempre ordenada Japón y el peligro africano que es Senegal. Mientras que en la zona que abrirá la Copa del Mundo, Uruguay surge como un posible candidato de la mano de Suárez-Cavani y una renovación en la mitad de la cancha que hizo el Maestro Tabárez. El Egipto de Héctor Cúper, con Salah como estrella, puede disputarle ese posible liderazgo. A Rusia lo ampara la localía y Arabia Saudita (con Pizzi en el banco) arranca en desigualdad de poderío y condiciones.

    Un menú abierto, en definitiva, y que siempre debe estar atento a las sorpresas como la que dio Costa Rica en Brasil 2014.  


    El enigma

    Un Mundial sin tener enfrente a Nigeria no parece ser un Mundial para la Argentina. Por quinta vez, tercera de manera consecutiva, los africanos se le plantarán a Messi con esa mezcla de inconsciencia, roce en diferentes ligas, anarquía potencia y talento que caracteriza a sus futbolistas. Dirigidos por un alemán (Gernot Rohr), con Obi Mikel de capitán y bandera y con delanteros rapidísimos que actúan en la Premier League, Nigeria refleja como ningún rival lo que es el grupo de Argentina: factible pero bajo ningún punto de vista ganable solamente por inercia o por nombres.

      

     

    El camino

    "Son rivales con pocas obligaciones y mucho entusiasmo. Van a dar pelea pero dependerá de nosotros", explicó Sampaoli, quien al mismo tiempo aceptó que mirará con atención el Grupo C, en el que Francia -un verdadero peligro- es favorita, Dinamarca y Perú asoman como potenciales segundos y Australia aparece en un tercer orden. De ellos saldrá el rival de octavos de final si la Selección ratifica credenciales y supera la ronda inicial como líder de su zona. En tal caso, España o Portugal en cuartos y Alemania o Inglaterra en semifinales serían los rivales en el camino a otra final. En caso de un segundo puesto, Francia, de nuevo España o Portugal y Brasil aparecerían como los obstáculos rumbo al domingo 15 de julio en el estadio Olímpico de Moscú. Porque está bien recordar que nos encantan los extremos y pasamos del temor paralizante por no estar en Rusia a la ilusión movilizante de llegar al último partido.

    Y hay una razón que sustenta ese sentimiento. En un Mundial no puede faltar el distinto y Messi se ganó al acceso casi solo en aquella patriada en la altura de Quito... "Tenemos que establecer una forma y ser la Argentina que queremos ser. Y tenemos al mejor del mundo y de la historia", dijo Sampaoli sobre el equipo y sobre el 10 que merece emular a Maradona.

    Porque seamos sinceros: Messi tiene que ser campeón del mundo.

     

     Fotos: gentileza Olé 

  • El museo como experiencia ciudadana

    En Coronda se promueve un concepto revolucionario.

  • El negocio de la violencia

    Durante casi dos décadas la banda de los Monos controló el tráfico de drogas en la zona sur de Rosario y se impuso a sangre y fuego contra sus competidores. Después de las condenas de prisión que recibieron sus líderes, el grupo vuelve a desafiar a la Justicia con atentados intimidatorios.

  • El único héroe en este Lío

     

     

     

     

    Por Martín Eula | Fotos: Gentileza Olé 

     

    Y una noche fue el que todos los argentinos quieren-querían-queríamos que fuera.

    Somos bravos, inconformistas, soberbios, criticones, exigentes, pasionales... Somos tan argentinos que nos cuesta disfrutar en su justa dimensión a un tipo que trasciende fronteras, al que le rinden pleitesía vaya donde vaya, en quien depositamos varias de nuestras frustraciones para endilgarle cualquier derrota, un faro que hace mucho ya se sentó en la mesa de los grandes de la historia del fútbol.

    "¿Cómo no vamos a ir al Mundial? Somos Argentina". Todos se lo preguntaron y la mayoría se respondió solo sin necesidad de esperar una respuesta. Argentina hizo todo lo posible para quedarse afuera de Rusia. La AFA fue un cambalache interminable por la que pasaron tres presidentes en los dos años y dos días que duraron las Eliminatorias. Hubo tres entrenadores diferentes -con sus estilos contrapuestos, naturalmente-en la Selección. Se mudó la localía como se cambia un cuadro de lugar y como si un estadio tapara tanto desmadre y ganara partidos. Se hicieron cuentas y se armaron conjeturas de las más disparatadas. Se caminó por la cornisa con los pies enjabonados como el bendito fútbol argentino patina desde hace mucho tiempo.

    Y una noche, el genio se embarró las patas, frotó la lámpara y rescató a todos: a un equipo que no es tal, a una dirigencia "nueva" con indisimulables vicios viejos (hasta llevaron a un brujo a Ecuador) y a un país futbolero en estado de alerta total. Tan argentinos somos, tan extremistas, que enseguida aparecieron encuestas sobre si la Selección era candidata a ganar el Mundial. De terapia intensiva a la gloria en 90 minutos...

     

    "Los argentinos piensan que saben todo sobre fútbol. Siempre digo que si hubiéramos llegado a una final del Mundial y a dos finales de Copa América para otro país, habría sido diferente. Pero esto es Argentina", sostuvo en julio pasado en el programa Alma de Potrero el pibe que juega como en el potrero, que es un competidor nato, un insaciable, un talento único, un futbolista por el que debemos agradecer ser contemporáneos y no necesitar que nuestros abuelos nos cuenten lo que hacía en una cancha.

    Hastiado por las desprolijidades de la dirigencia (hasta llegó a criticarla desde un vuelo hacia la final del torneo), sacudido por una nueva caída en un partido decisivo en el que una foto suya rodeada de chilenos recorrió el planeta, apuntado por renovadas críticas y fundamentalmente triste, el capitán dijo basta en los pasillos del gigantesco MetLife de Nueva Jersey. En junio del 2016, se iba de la Selección vacío. Poco más de dos meses después volvía luego de que Edgardo Bauza, reemplazante de Gerardo Martino, viajara a Barcelona para una "charla de fútbol en la que no hablamos de su regreso" como misión básica en su desembarco como sorpresivo entrenador del seleccionado. Un año después, y luego de que la FIFA le redujera la sanción de uno a cuatro partidos por insultar a un árbitro, recibía en su casa de Casteldefells a Jorge Sampaoli, el hiperquinético director técnico que lo había amargado con Chile en la Copa América 2015 y a quien valoraba y valora por sus ideas de juego.

    Los tres goles en Quito, esa actuación -salvando las distancias- a la altura de las de Maradona en México 86 y Kempes en la final de Argentina 78, espantaron fantasmas, enterraron críticas, disimularon miserias, cubrieron errores generales y se gritaron desde Ushuaia a La Quiaca. "Hubiera sido una locura no estar en el Mundial, no sólo para mí sino también para toda la Argentina. Esto nos da paz porque estábamos todos inquietos. Estaba el temor de quedar afuera, pero lo logramos y ahora la Selección va a crecer, va a ser otra", dijo en las entrañas del estadio Atahualpa de Quito, rompió su silencio con un discurso maduro, no necesitó maradonear ni vengarse públicamente de nadie, utilizó un mensaje componedor, alimentó públicamente un liderazgo que ejercita a su manera en lo privado.

    Ahora es donde emerge el enorme desafío de acá a junio del año que viene: armar un equipo, rodear al mejor del mundo, buscarle un lugar cercano al área rival como en Ecuador, ponerle jugadores que le pasen la pelota y no se obnubilen con su presencia. De los ocho partidos que faltó en Eliminatorias, Argentina ganó apenas uno; en los diez partidos que disputó, la Selección perdió sólo uno y ganó seis. Las estadísticas muchas veces necesitan concepto: ésta es demasiado contundente como para necesitar una explicación. En esa decena de encuentros, los tres entrenadores que lo dirigieron usaron seis esquemas tácticos diferentes y el único jugador que repitió junto a él del medio hacia adelante en cada partido fue Di María. Y hubo cinco centrodelanteros goleadores en sus equipos que no lograron trasladar esa eficacia al seleccionado: Higuaín, Agüero, Pratto, Icardi y Benedetto (hubo un partido de Alario, pero Bauza lo puso de volante por derecha). Un contexto que de tan variable resultó desconcertante. Es cierto que esto es un deporte en el que le tenés que pasar lo mejor posible la pelota a un compañero y no se requiere de pócimas mágicas o soluciones científicas, pero necesitas un armado y una idea que sostengan al distinto. No mimarlo como se dijo erróneamente muchas veces: el mimo queda para otros escenarios de la vida.

    Y ahí, perseverante y sufrido, estuvo él. El que no transmite nada. El que no suda. El que digita las convocatorias por sus amigos. El que acá no juega como allá. El que no canta el himno... "No siento que tenga que hacerlo. Cada persona siente el himno nacional de diferente manera y la mía es sentirlo dentro de mi cuerpo mientras lo escucho". Sensatez y sentimientos. Un liderazgo -vale la pena insistir- distinto. La necesidad de no vociferar para transmitir -a sus compañeros- e igual ser escuchado. La luz que alumbra el horizonte de la Selección.

    En Rusia también estará. Irá por la madre de todas las revanchas. Es de esperar que ahora ya sin la presión por resultados urgentes, Sampaoli pueda armar una formación confiable en el puñado de amistosos que habrá hasta el comienzo de la Copa del Mundo. Los nombres los conocemos todos porque jugaron (casi) todos. Una mochila los acompañó en el duro camino y él se encargó de liberarlos. El llanto de Enzo Pérez, apenas consumaba la clasificación, refleja como nada ni nadie el desahogo.

    Un desahogo que tiene padre, tutor y encargado. Y se llama Lionel Andrés Messi.

     

     

  • El Vaticano critica la globalización y revisa sus abusos

     

     

    El microestado que lidera el papa Francisco, un ejemplo de “poder blando”. Crítico de la globalización, tiene cuentas pendientes con víctimas de abusos que debe saldar para poder defender a los excluidos de aquella.

     

    Gabriel Puricelli | Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.

     

    Si lo despojamos de todo otro atributo, el Vaticano es el microestado más pequeño del mundo. Enclavado en medio de Roma, con una superficie de menos de medio kilómetro cuadrado y poco más de 900 habitantes permanentes, es más de 50 veces más pequeño y tiene menos de un décimo de la población de Tuvalu, un país de Oceanía que pocos han oído siquiera nombrar y que tal vez termine siendo el primero en desaparecer por el crecimiento del nivel del mar debido al cambio climático. Sin embargo, a nadie se le ocurriría sugerir que el Vaticano es menos importante en el mundo que Tuvalu.

    En el orden internacional vigente las relaciones entre estados no están determinadas por ninguna norma de cumplimiento obligatorio, en tanto cada estado es soberano. El lugar que cada uno ocupa en la jerarquía existente viene dado por el poder a su disposición: su poderío militar, el tamaño y la internacionalización de su economía, la envergadura de su territorio y de su población. Esos atributos constituyen el poder duro del que disponen los estados. Sin embargo, hay atributos de poder blando que también sirven para determinar su importancia relativa. Entre ellos podemos citar la reputación, las habilidades diplomáticas o la disposición a someterse a normas como las que surgen de los tratados.

    El Vaticano posee algunos de esos atributos, pero (por encima de todo) posee la condición única de ser un estado cuyo jefe es reconocido como su máximo líder por 1.300 millones de seguidores, quienes (además) se encuentran repartidos por todos los estados que integran la comunidad internacional. A diferencia de las otras religiones con mayor número de adherentes (el islam y el hinduísmo), la Iglesia Católica Apostólica Romana tiene un clero organizado de manera vertical y centralizada y tiene una única capital mundial: el Vaticano.

    El poder blando del estado que lidera el papa Francisco es en parte el eco del poder duro que alguna vez tuvieron sus predecesores, que controlaron hasta el siglo XIX porciones significativas de la península itálica y cuyos ejércitos pelearon batallas que pueblan los libros de historia.

    No se trata, sin embargo, de un capital destinado automáticamente a agotarse: el Vaticano ha sabido cultivar el arte de la mediación entre estados como un modo de mantener ese capital. Argentinos y chilenos hemos sido beneficiarios de un logro suyo relativamente reciente: en 1978, el enviado del papa Juan Pablo II, cardenal Antonio Samoré, logró sentar a la mesa de negociaciones a los dictadores que, desde Buenos Aires y Santiago, se aprestaban a obligar a millones a combatir en una guerra fratricida por el control de tres islotes en el Canal de Beagle. La condición mayoritariamente católica de ambos pueblos le permitió al Vaticano ejercer presión sobre las dictaduras una amenaza tácita: contraponer la lealtad religiosa de sus feligreses a la obediencia forzada de éstos a la fuerza bruta de las armas.

    El reconocimiento de los otros estados le permite también acrecentar su poder blando: tradiciones como la de conceder a los embajadores del Vaticano (los nuncios apostólicos) la condición de “decanos” del cuerpo diplomático en cada país los inviste de una jerarquía formalmente superior a la de los embajadores de países con un poder duro inconmensurablemente superior al del Vaticano.

    Es por todo ello que su diplomacia cuenta e importan sus definiciones. Bajo el papado actual, el Vaticano se ha propuesto ayudar a promover mejores condiciones de vida para las periferias, concepto que no se refiere simplemente al sur del mundo, sino a todas las regiones de menor desarrollo humano: la periferia puede ser tanto el Congo, como una metrópolis desindustrializada del centro-oeste de los Estados Unidos como Detroit; pueden ser las villas y asentamientos de Rosario y Córdoba o Kosovo. Francisco lo ha graficado con sus dos primeros viajes dentro de Europa, visitando la isla italiana de Lampedusa, punto neurálgico de llegada de la emigración africana, y Albania, el país más pobre del continente. Esa definición de las periferias, para Francisco, es parte de una modernización de la doctrina social de la Iglesia que abarca una crítica de la globalización en tanto produce lo que ha llamado la “economía del descarte”. De allí se desprenden las preocupaciones prioritarias actuales del Vaticano: el combate a la trata de personas y la protección de los derechos de los migrantes. La condena del “descarte” incluye asimismo uno de los temas morales sobre los cuales la Iglesia se mantiene inflexible: el aborto. Esta crítica de la globalización se enlaza con la denuncia del consumismo y su impacto en la degradación ambiental y el cambio climático que contiene la encíclica de 2015, Laudato si(Alabado seas).

    Otra reorientación que se ha consolidado en estos años es la de un Vaticano que deja atrás las inercias del mundo bipolar de la Guerra Fría y sus prohibiciones (más o menos) tácitas para el “Occidente cristiano”. 2018 ha sido el gran año de la apertura hacia China, luego de años de abrirse hacia el conjunto de Asia. El Vaticano ha logrado que el gobierno chino permita que el Papa (como sucede en los demás países del mundo) sea el que decide quiénes son los obispos, a cambio de aceptar la validez de los títulos de los nombrados hasta ahora por ese gobierno. El acuerdo, con el que la Iglesia busca un mayor desarrollo del catolicismo en China, se ha alcanzado sin que se modifique el statu quo sobre Taiwán. Así, el gobierno de Pekín entabla relaciones con el Vaticano en condiciones que no le acepta a ningún otro estado del mundo: a pesar de que mantiene relaciones con lo que considera una provincia rebelde de la única China.

    Francisco llegó a Roma prometiendo también una reforma puertas adentro. Uno de los cambios que dejará su mandato es un reequilibrio geográfico: el Colegio Cardenalicio que elija a su sucesor será el primero que tendrá menos integrantes europeos que de los demás continentes. Otro cambio es la descentralización del poder eclesiástico desde la curia vaticana hacia las diócesis. Para esa tarea convocó a un grupo de cardenales (hoy conocido como C5), como una forma de colectivizar las decisiones sobre la reforma. El grupo original, el C9, se encogió, entre otras razones, porque dos de sus miembros fueron denunciados como responsables de los actos aberrantes que más han mellado la imagen contemporánea de la Iglesia: los abusos sexuales. Esta es la cuestión más urgente que ocupa hoy al Vaticano: en febrero habrá una reunión de todas las diócesis del mundo en Roma para decidir acciones de prevención y reparación.

    A la hora de intentar entender el Vaticano y por qué este importa, es imprescindible inocularse contra la exageración y la sobreestimación que campea en nuestro país desde que un compatriota fue llamado a Roma para servir como papa. Las acciones que se emprenden desde Roma son las de un estado que es a la vez peculiar y uno más de los estados del mundo, y ejerce el poder que tiene, ni más, ni menos.

     

     

  • El verdugo en el umbral

    La historia del petizo orejudo, el primer asesino en serie de la Argentina.

  • El viejo anhelo de la paz, ¿sólo una quimera?

    Cada 21 de septiembre también es el Día Internacional de la Paz, según lo estableció Naciones Unidas hace 25 años. Mientras tanto, es posible que la humanidad no haya tenido un minuto sin guerras desde hace milenios.


    Por Alejandro Mareco |Periodista

     

    Acaso no hay mayor tesoro para la humanidad desde que habita la Tierra y el tiempo, ni mayor anhelo para los hombres y mujeres que atraviesan la sencillez cotidiana de los días, que vivir en paz. Simplemente eso: poder ejercer la existencia en mínima armonía con los pares (familia, vecinos, pueblos, países) tanto como con la fecundidad proveedora de la naturaleza y el trabajo.

    Por eso es que desearle la paz al prójimo es el saludo esencial de las grandes religiones monoteístas. Pero tal vez ese deseo tan viejo ha sido el más quimérico de alcanzar por una especie que ha llegado muy lejos en el desarrollo de su conocimiento científico y de sus hazañas tecnológicas; capaz de domesticar la materia, la energía y muchas de las fuerzas adversas de su escenario vital, el planeta.

    Es posible que las originales luchas por territorios de caza, por espacios de supervivencia, hayan encendido la chispa de los enfrentamientos desde los primeros momentos. Y que de las disputas individuales se pasaran a las grupales. Y que luego de combatir por necesidad, se haya pasado a hacerlo para mantener privilegios en detrimento de una situación más frágil para otros grupos. O, visto de otro modo, que la decisión de romper ese cerco de privilegios y ventajas haya alimentado las luchas de los postergados.

    En 2012, el hallazgo arqueológico de una treintena de cadáveres con claros rasgos de haber muerto en forma violenta hace unos 10.000 años, cerca del lago Turkana, en Kenia, fue interpretado por algunos científicos como una prueba de la existencia de una manera de guerra entre pueblos cazadores recolectores.

    Incluso, hay quienes sostienen que las guerras han funcionado como un instrumento para el control del número de población posible en relación con los recursos disponibles y el desarrollo alcanzado en algunos momentos. La Guerra de Troya tiene una mirada posible en ese sentido, entre tantas otras.

    Entretanto, en medio de esas contiendas se han enarbolado banderas ideológicas, religiosas, culturales, nacionales.

    Las guerras probablemente no hayan tenido descanso en la historia de la humanidad. Es difícil pensar que en algún momento, al menos en un rincón del planeta, no existieran dos bandos combatiendo a matar o morir.

    El paroxismo llegó en el siglo 20 con las dos gigantes conflagraciones que extendieron el conflicto a una enorme porción del planeta, involucrando a numerosos países, aunque el eje del combate fue la lucha de poder en el viejo centro del mundo que era Europa. Pero además se trataron de momentos de la historia en los que asomaría el protagonismo de Estados Unidos, y luego, lo que sería la otra cara del poder en el globo, la Unión Soviética.

    Las cosas fueron demasiado lejos. El final de la Segunda Guerra Mundial demostraría que el febril desarrollo científico y tecnológico de los instrumentos para matar en el que tanto empeño se había puesto, había dado finalmente con el arma de la autodestrucción de la especie y del planeta.

    Las bombas atómicas que en 1945 cayeron sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lanzadas desde aviones estadounidenses, congelaron por un instante la sangre de los hombres y mujeres.

    Habíamos dado con la fórmula para arrasarlo todo. “No es nada honroso para el talento humano, en la edad de oro de la ciencia, haber concebido el modo de que un proceso multimilenario tan dispendioso y colosal pueda regresar a la nada de donde vino por el arte simple de oprimir un botón”, diría el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

    Pero lejos de retroceder, poco después las potencias le harían firmar al mundo un acuerdo por el que sólo cinco países (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, China y la Unión Soviética, lugar asumido luego por Rusia) podían tener armas nucleares; es decir, quedaban en condiciones de amenazar al resto. La vieja metáfora del poder se repetía: lobos al cuidado de las ovejas.

    Más allá de que las experiencias son intransferibles –es decir, no pueden comprenderse de un modo cabal si los sentidos y sentimientos no han estado involucrados–, es probable que lo que sintieron los habitantes de aquellas ciudades japonesas no pudiera ser expresado en palabras, pues los conceptos de cualquier idioma no estaban ni están preparados –acaso no lo estén nunca– para significar algo tan tremendo.

    Los niños, mujeres y hombres de Hiroshima y Nagasaki le vieron los ojos al espectro del fin del mundo. La conciencia humana, nosotros, aún no se atreve a mirar los suyos.

     

     

    De próceres guerreros y paz con los vecinos

    Es posible que casi todos los pueblos del mundo, pueblos que son naciones o sólo alcanzaron la estatura de países (“Somos argentinos porque no pudimos ser americanos; somos un país porque no pudimos ser una nación”,

    decía el  pensador Jorge Abelardo Ramos), seamos hijos de la guerra.

    Ése ha sido el modo de ganarnos nuestro lugar en la historia y, sobre todo, en el presente. Bien lo sabemos desde Estados Unidos hasta la Argentina: dar batalla contra los imperios de hace dos siglos y más fue nuestro modo de amanecer.

    Por eso es que la mayoría de los próceres que nutren nuestro Olimpo patrio son guerreros, héroes del tiempo fundacional que nos puso en la historia.

    Que los tiempos de paz pueden ser nuestros mejores tiempos, lo ha mostrado el grado de convivencia que alcanzamos con los vecinos latinoamericanos, en la conciencia de que la unidad regional nos alcanzará una mejor oportunidad para todos.

    Pero las hipótesis de conflicto durante mucho tiempo carcomieron la relación con los vecinos. Por ejemplo, Brasil.

    Alguna vez, Formosa fue una tierra casi abandonada a su suerte, donde el Estado nacional no invertía en infraestructura, ni atendía a sus pobladores, ni le preocupaba que pudieran portar la condición de argentinos los pueblos originarios que habitaban ese paisaje. Una de las razones principales de ese abandono fue el viejo fantasma de guerra con Brasil.

    Las relaciones entre Argentina y Brasil habían nacido a sablazo puro en nuestros primeros años de existencia. La reunión llegó en la década de 1860 cuando, junto con Uruguay, se formó la Triple Alianza que salió a destruir al Paraguay de Solano López, que de manera independiente había alcanzado un desarrollo admirable (y envidiable) por aquellos tiempos y fue reducido prácticamente a cenizas.

    La victoria no sirvió para sellar una amistad, acaso por lo poco noble que había sido el motivo del acercamiento. Así es que seguimos mirándonos con recelo. Y el mapa de la desconfianza se propagaba: por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Chile, con quien estuvimos siempre en tensión por cuestiones limítrofes, se suponía aliado de Brasil.

    El desvelo tuvo una pausa a mitad del siglo 20, cuando el gobierno de Juan Perón planteó el ABC (Argentina, Brasil, Chile) junto con sus colegas de entonces, Getulio Vargas, en Brasil, y Carlos Ibáñez, en Chile. “Lo único que hay que vencer son intereses; pero cuando los intereses de los países entran a actuar, los de los hombres deben ser vencidos por aquellos; esa es nuestra mayor esperanza”, diría en su recordado discurso integrador en la Escuela de Guerra, en noviembre de 1953.

    Finalmente, en marzo de 2004 se creó el Día de la Amistad Argentino-Brasileña. Así lo convinieron los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva, en conmemoración de la Declaración de Iguazú, que en 1985 firmaron los entonces mandatarios Raúl Alfonsín y José Sarney, puntapié inicial del Mercosur.

    Esa impronta se proyectó al subcontinente fecundando en la creación de la Unión Sudamericana de Naciones. Acaso el espejo fue la unión de los países europeos, que tres décadas después de masacrarse mutuamente entendieron que como bloque regional cuidarían mejor sus intereses.

    La rivalidad con Brasil sobrevive en el folklore del fútbol, en las críticas muchas veces mal intencionadas sobre el saldo de la balanza comercial, entre otras dificultades en el intercambio. Pero las viejas hipótesis de guerra han sido cerradas como se cierran las heridas de los pueblos maduros: la paz es también un buen negocio.

     

     

    Pobreza y justicia 

    La Liga de las Naciones, creada en 1919, al finalizar la primera gran guerra del siglo 20, no pudo detener la segunda, que vendría apenas 20 años después. Luego, al final de la segunda, en octubre de 1945 se crearían las Naciones Unidas, que tampoco podría acallar tantos sangrientos combates esparcidos en el mundo a un costo de millones y millones de vidas desde entonces.

    Pero antes de que se apagara el hasta entonces más violento de los siglos, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Día Internacional de la Paz, dedicado “a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo entre ellos”. Primero lo ubicó en el almanaque en el segundo martes de septiembre, pero en 2001 estableció una fecha fija: cada 21 de septiembre.

    Más allá de lo que puede parecer sólo una declaración de deseos, el espíritu de la creación del Día Mundial de la Paz, como también se lo conoce, consideró que no es posible alcanzar un mundo pacífico si no se logra el desarrollo social y económico de todas las personas y se garantiza la protección de sus derechos.

    En ese sentido, se han planteado objetivos sostenibles que apuntan a temas que tienen que ver con un mínimo punto de partida de justicia, distribución de recursos económicos y sociales capaces de hacer posible un estado de armonía elemental.

    Pobreza, hambre, salud, educación, cambio climático, igualdad de género, agua, saneamiento, electricidad, medioambiente y justicia social son algunos de esos objetivos, recursos y desafíos sobre los que se debe trabajar para que la paz finalmente tenga una oportunidad, como cantaba John Lennon.

    Incluso existe desde hace algunos años una disciplina del conocimiento llamada irenología (Irene significa paz), o estudios de la paz y los conflictos. Se ocupa del estudio multifactorial de los conflictos internacionales y concibe la paz no sólo como la ausencia de guerra, sino como un concepto positivo que incluye la justicia, el desarrollo económico y social equilibrado y el conocimiento y respeto mutuo entre las naciones.

    Albert Einstein, el científico sobre cuyos descubrimientos se afirmó la tecnología nuclear, decía: “La ciencia es un instrumento poderoso. La forma en que se utiliza, será una bendición o una maldición para la humanidad”. Luego, en 1922, el mismo Einstein escribiría: “El desarrollo de la tecnología ha hecho que las economías del mundo sean interdependientes, por lo que cada guerra tiene efectos mundiales”.

    Sí, cada una de las guerras como a las que asistimos en estos días, nos atañen a todos.

    No hay dudas de que no hay camino de paz posible si siguen causando estragos la ambición, la voracidad y los privilegios a costa del sufrimiento de miles de millones. Es sobre los más débiles sobre los que se descarga el monstruo de la guerra.

     

  • El viejo romance de un pueblo y el agua

    Está rodeada y atravesada por cursos caudalosos y pequeños que definen su ánimo. Es una de las provincias agroganaderas más fecundas. Ha sido protagonista de la historia nacional. Desde la vida a orillas del Paraná hasta la alegría de los carnavales de Gualeguaychú contiene un gran universo.