• Vocación de vanguardia

     

    De estrella televisiva a cantautora experimental. Mucho más valorada en el extranjero que en Argentina, donde se la miró con desconfianza durante mucho tiempo, retrato de una artista que parece no tener prejuicios ni parámetros.

  • Voces y poemas de Justiniano Posse

     

    Retazos de la historia y personajes del pueblo donde nació y creció el mundialista Martín Demichelis, desde la palabra y la poesía de algunos de sus habitantes.

     

    Matías Cerutti| Viajero, cronista y narrador 

    Pito Campos| Ilustraciones 

     

    En julio del año pasado, los descendientes de José Marcellari se juntaron en un salón de eventos de Justiniano Posse para festejar un nuevo aniversario de la llegada de la familia al país. En 1906, don José había llegado desde Macerata junto a sus hijos Nicolás, Juan y Luis. Fue el primer desembarco de la familia en Argentina.

    –Mi abuelo es Nicolás Marcellari, que vino a la Argentina desde Italia con sus dos hermanos y su padre– cuenta Adriana mostrando las fotos del álbum familiar que se exponen en el salón de La Arboleda–. Eran barcos que llegaban repletos a Buenos Aires. Los que podían, trabajaban en el puerto un tiempo y luego se iban a trabajar la tierra a Santa Fe o a Córdoba. Mi abuelo, que tenía 16 años, estuvo un tiempo y se volvió a Italia con su padre. Allí se casó y vio nacer a Eduardo, mi papá. Cuando mi abuela estaba embarazada de mi tío Humberto, mi abuelo se volvió a la Argentina y se instaló aquí, en lo que más adelante se conocería como estancia “La Josefa”. Con el tiempo mandó a llamar a mi abuela que se vino con mi padre y mi tío, a quien mi abuelo todavía no conocía. Aquí nacieron mi tío Carlos y mi tío Marcelo que murió hace un mes y medio.

    El salón contiene a los Marcellari de varias generaciones. Sentados frente a largas mesas se reencuentran los descendientes de Nicolás, Juan y Luis. Mientras se escucha una guitarra y un bandoneón que afinan y prueban sonido para animar el evento, Adriana muestra fotos de Don José y su esposa María, del abuelo Nicolás con la abuela Teresa, de su padre y su tío Humberto cuando vivían en Italia, y de la casa donde nacieron los tíos Carlos y Marcelo. El dúo musical se larga con “Desde el alma”. Sentado junto a su primo Pablo, don Carlos, de 88 años, me espera para conversar sobre los primeros años de Justiniano Posse.

     

    Carlos y Pablo

    –Al pueblo lo veo bien– dice Pablo–. Nosotros hace nueve años que estamos aquí. Antes estábamos en el campo, pero ahora que uno es grande y empieza a tener problemas de salud, acá estamos tranquilos. 

    De fondo suena un pasodoble, Pablo ha tomado la palabra con entusiasmo, en su mirada se advierte que el encuentro familiar le sienta bien. Cuenta que la zona rural ha cambiado mucho en los últimos años.

    –Yo criaba chanchos en el campo, después lo dejé a mi hijo y me vine para el pueblo. Antes de venirme se estaba dejando la cría de animales para trabajar solo la agricultura. El campo antes estaba más poblado y había un boliche que se llamaba San José, íbamos a jugar a las bochas ahí. En la esquina del campo había una escuela, a la que fueron mis hijos. A mi mujer la conocí en un casamiento acá en Posse. Cuando éramos chicos veníamos al pueblo; nos traían. Vivíamos acá cerquita a siete kilómetros. Mi papá tenía un auto grandote. Me acuerdo que una vez, para el carnaval, le corrió toda la capota para atrás y nos vinimos todos a dar vueltas por el corso.

    Su primo Carlos, con la mirada hacia adentro, asiente las palabras de su primo, confirmando presencia y predisposición para exteriorizar recuerdos, toma la posta y continúa:

    –A mí me gustaba el fútbol. Alguna vez jugué para Teniente Origone, en tercera. Acá hay dos clubes y la gente venía mucho a ver los partidos, pero en el campo también había fútbol; la gente no podía venir al pueblo y en el campo había boliche, cancha de bochas y fútbol. Acá en este pueblo, el 90 por ciento eran descendientes de italianos, era todo agricultura, no había industria, las chacras eran más o menos mixtas. La diversión que tenía la gente eran los boliches. A veces venían los circos, los parques, las compañías de teatro; y la gente iba.

    –¿Te acordás del cine Pauloni? – pregunta Pablo.

    –Sí, era un cine con una máquina muy buena… había de todo, como todo pueblo de campaña. Nosotros íbamos a los bailes. Acá se bailaba tango y pasodoble. Ahora ya no, pero yo bailaba tango. El tango había que bailarlo, eh. Había que tener una habilidad, un porte. Me acuerdo que en la Primera Guerra Mundial en las filas del ejército francés, aprendían a bailar el tango. Era algo nuevo que había que aprender, y había que bailarlo bien. La letra del tango no es cualquier pavada como ahora… bla, bla … no, no, había una historia.

    –Claro… claro– comparte su primo.

    –A mí me gustaba la orquesta de Canaro, que nunca vino, pero sí vino Feliciano Brunelli. D’Arienzo vino a Monte Buey, y ahí fuimos todos. Esas orquestas venían porque la gente iba a los bailes. Desde el campo veníamos porque era música popular: el tango, el pasodoble, el vals. Con la particularidad de que el italiano es muy alegre. Una tía de mi cuñada, que estaba en Canadá, se casó con un oficial canadiense y se fue para allá. Ella decía que es como acá: el italiano es agricultor, es médico, es mecánico, porque el italiano se adapta a todo porque el italiano responde donde lo pongan. Y la tía decía, con humor: ¡hasta es mafioso y todo! Me hubiera gustado viaja, pero hace 60 años que me casé, uno tiene sus cosas que cuidar y antes era más difícil que ahora viajar. Igual, siempre estuvimos en contacto con parientes. Mi papá se mandaba cartas con los otros hermanos que se habían quedado en Italia. En el campo, hasta que uno tenía 10, 12 años, hablaba italiano. El que se hablaba en nuestra familia era el cercano a Roma, los que están al sur tienen su dialecto y los del norte, los piamonteses, tienen acento francés.

    También recuerda:

    –A mi papá le llegaba el diario italiano por correo. Cuando yo empecé a ir a la escuela aprendí a leer en italiano con esos diarios. A la escuela veníamos acá al pueblo y vivíamos en la pensión de la escuela. Era difícil, pero ahora hay más facilidades, los hijos de los colonos pueden ser médicos o ingenieros. Este es un país donde se puede estudiar una carrera, por eso viene mucha gente de afuera a estudiar porque acá es gratis. No es como en Norteamérica, ahí hay que pagar, eh; eso es muy bueno: que todo el mundo tenga la oportunidad. Yo nací acá pero mis hermanos más grandes, Eduardo y Humberto, nacieron en Italia. A veces íbamos al río. Al Carcarañá o a La Boca, que es la desembocadura del Saladillo. En esta zona se vive bien. Recién ahora, en los últimos años ha empezado a haber problemas con el agua. Las napas han subido mucho y se inunda, no sé cuál será el motivo. A mí me sabía decir Pérez, del Hotel España, que tenía un pozo de siete metros y tenía el fondo seco. Ahora noooo.

     

     

    Agricultor y cooperativista

    Ricardo Rosso tiene 69 años y también es descendiente de italianos. Su padre era hijo de piamonteses y fue uno de los fundadores de la cooperativa La Possense.

    -Este pueblo es un emblema del coopertivismo. En una época había tres cooperativas agropecuarias. Sumando la eléctrica y el banco teníamos cinco cooperativas conviviendo en un pueblo de menos de 8.000 habitantes. Las cooperativas eran independientes una de otras y se daba una sana competencia, pero llegó un momento en que se hizo necesaria la integración. Al principio esta alianza fue resistida por cooperativistas viejos, pero luego empezó a dar sus frutos y hoy gran parte del progreso de Posse se da gracias a esa integración; por ejemplo ahora se está asfaltando con capital netamente cooperativo.

    Yo soy de Posse, pero viví en el campo hasta los 13 años. Iba a la escuela rural Nacional 345, allí tuvimos un gran maestro, Honorato Laconi.

     

    “La escuela de campo su mayor amor”

    Testimonio de María Teresa Laconi, hija del maestro Honorato.

    -El padre de Honorato había decretado que uno de sus hijos sería sacerdote y el otro militar. Por eso entra al seminario cuando termina el secundario, pero pronto se da cuenta de que quería formar una familia, entonces lo deja y estudia magisterio. Cuando comienza a trabajar como maestro pide un traslado para el sur del país, pero lo trasladan al sur de la provincia y llega al pequeño poblado de Justiniano Posse para trabajar en la escuela de campo que distaba a 12 kilómetros del pueblo. Se iba todos los días en bicicleta. Junto a otros profesores fundaron el colegio secundario donde dieron clases ad honorem hasta que salieron los aportes provinciales. Le gustaba mucho escribir y publicaba poemas y textos en revistas de educadores que se editaban en la ciudad de Córdoba. Tuvo seis hijos, cuando estaba por nacer la séptima hija una inspectora le dijo que no podía tener dos direcciones, la del campo y la del pueblo. Como dejar una dirección le complicaba la economía familiar, rindió para inspector y se trasladó a Córdoba con toda su familia donde llegó a ser Director General de Escuelas Primarias y siguió siempre participando en la comunidad y escribiendo. Cuando estaba por terminar su libro de poemas le dio un infarto y murió un mes más tarde, tenía 64 años. Dos de sus hijos decidimos terminar el libro y lo publicamos. Su mayor amor ha sido siempre la escuela de campo, ser maestro en escuela de campo. Allí era feliz, mirando la pampa, contemplando los árboles, viendo a los chicos jugar al aire libre; gozaba con ello.

    Lejos de su querida escuela de campo y de Justiniano Posse, Laconi pasó los pesados años de la Dictadura militar en la ciudad de Córdoba y tuvo que padecer la detención por cinco años de uno de sus hijos.

     

    Homenaje de un veterano de guerra

    José Luis Alarcón es uno de los seis excombatientes de la guerra de Malvinas que residen en Justiniano Posse. El pasado 1 de abril ha presentado oficialmente su libro “Grabadas a Fuego”, selección de poemas sobre Malvinas. Es el décimo libro que publica Alarcón. Anteriormente ha editado un libro testimonial sobre su experiencia en la guerra, libros con cuentos para niños y otras obras poéticas entre las que se encuentran el himno a Justiniano Posse y un poema dedicado a Honorato Laconi.

    -Yo no lo conocí personalmente a Laconi –cuenta José Luis- pero es una de las grandes personalidades que hubo acá en el pueblo y después de leer su libro “Pampa, cielo y trigo” me decidí a escribir un poema en su memoria.

     

  • Xi Jinping, líder máximo de la China en ascenso

     

    Por Gabriel Puricelli  

    Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.

     

     

    Las extensiones verdes de soja, con las plantas ocupando hasta el terreno que separa el borde de la ruta del alambrado del campo no estarían allí si al otro lado del mundo un enorme país, un antiguo imperio, no hubiera empezado a cambiar su dieta. El demorado gran salto adelante de China, como el salto de cualquier gigante, reacomodó las cosas en los lugares más remotos del globo. Después de la muerte de Mao Tsé-tung, en 1976, la economía china era 12 veces más pequeña que la de EE.UU. Hoy a este gigante asiático (seguido la distancia por su vecina India) le bastaría incrementar en “apenas” un 50% su producto interno bruto para alcanzar a los EE.UU. En el camino, la dieta de gran parte de sus 1.400 millones de ciudadanos, en especial los que viven en sus pujantes megalópolis, incorporó carnes y transformó al arroz de plato principal en acompañamiento. Esa nueva dieta se empezó a surtir en parte con cerdos, cuya dieta, a su vez, es el alimento balanceado que se prepara con el poroto de soja que viene de Argentina, de Brasil, de Paraguay. 

    Bastaría observar este aspecto para darnos cuenta de que China está muchísimo más cerca de Argentina que lo que los mapas sugieren. Así y todo, y aunque lo que venimos de contar no es un hecho nuevo, China se nos antoja todavía exótica y lejana. Un hecho crucial, como la realización del congreso quinquenal del Partido Comunista chino (PCCh), que gobierna ese país desde la revolución de 1949, puede tener muchísima menos cobertura en los medios argentinos que una tormenta tropical en un destino vacacional que frecuentan nuestros conciudadanos de mayores ingresos. 

    El XIX Congreso del PCCh, que se reunió en Pekín entre el 18 y el 24 de octubre, es uno de los hechos políticos ocurridos fuera de nuestras fronteras que más importancia tiene para el futuro de la economía y la política exterior argentinas, aunque no suscite una curiosidad proporcional entre nosotros. Los congresos quinquenales del partido único son el momento en el que el régimen pasa revista a los logros y fracasos del lustro pasado y en el que se precisa la hoja de ruta para los próximos cinco años y se definen las metas de mucho más largo plazo para la planificación centralizada del vértice del partido. En este último congreso, se fijaron objetivos a alcanzar en los próximos centenarios de dos fechas claves de la mitología comunista china: llegar a ser una sociedad “moderadamente próspera” en 2021, a 100 años de la fundación del partido, y alcanzar el estatus de sociedad “completamente desarrollada y avanzada” en 2049, a un siglo de la revolución. 

     

    XIX Congreso del Partido Comunista Chino [18 al 24 de octubre de 2017 ] 

     

    El primer objetivo supone la eliminación de la pobreza. Significa, asimismo, que China continuará ampliando el universo de sus habitantes que acceden a esa dieta más sofisticada que continuará requiriendo importaciones de soja en gran escala. El segundo objetivo implica poner a China a la par con las sociedades de mayor desarrollo humano del planeta y como una potencia global. Ello va de la mano de demandas más sofisticadas, que incluyen (entre muchas otras) un impulso cada vez más decidido al abandono del motor de combustión en los vehículos (aspecto en el que China ya está hoy a la vanguardia) y su reemplazo por motores eléctricos que requieren de litio, mineral cuyas reservas mundiales están fuertemente concentradas en Argentina, Bolivia y Chile. Si recordamos que en la actualidad casi uno de cada cinco seres humanos es ciudadano chino, entenderemos cuán cruciales son las decisiones de mediano y largo plazo que toma ese país. No se trata simplemente de ver cómo ha avanzado la frontera agrícola en América del Sur para satisfacer la demanda de aquel: se trata de ver el trabajo a destajo de las minas de hierro de Australia para alimentar la siderurgia china, de ver cómo avanza también la soja, cómo se modernizan los trenes de pasajeros y de carga, cómo se llenan de nuevas grúas y dársenas los puertos en los países de África que están sobre el Océano Índico y sobre el Mar Rojo. El impacto de esta China en ascenso no deja casi ningún rincón del globo ajeno a los cambios. En la proyección global china, esa huella configura una nueva Ruta de la Seda, que ya no es tan sólo el camino terrestre de las caravanas comerciales que unieron en la Antigüedad a China con el Mediterráneo y las rutas marítimas que llegaban al Cuerno de África. En la última cumbre de la iniciativa “Una Franja, Una Ruta”, que lideró el Presidente Xi Jinping y de la que participó Mauricio Macri, aquel incluyó al Mercosur en la nueva carta marítima de esa nueva Ruta de la Seda. 

    El despliegue estratégico de China que dibuja esa ruta comercial coincide con el itinerario del ascenso pacífico al estatus de potencia global que el gigante asiático se fijó a sí mismo. China no sólo busca que su ascenso no resulte amenazante para Estados Unidos y sus aliados por razones tácticas (todavía carece del músculo militar para hacerles frente), sino que tiene raíces en el pensamiento clásico chino sobre el “mundo armonioso”. China se ve a sí misma como un país que aspira a ser el más respetuoso del derecho internacional (algo que algunos de los vecinos con los que comparte el Mar de China pondrían en discusión) y como un promotor de la democratización de las relaciones internacionales. La circunstancia de la elección de Donald Trump como un presidente de EE.UU. que sostiene ruidosamente la visión contraria, aislacionista y despreciativa de todo lo que sean reglas que puedan tratar de poner límites a su poder, hace que muchos países estén acogiendo con gusto la defensa china de un orden internacional basado en reglas. 

     

    Esa proyección de imagen de panda bueno hacia el exterior contrasta con la concentración de poder en las manos de un solo hombre que el Congreso del PCCh consagró. Xi Jinping, presidente de la república popular, pero antes, Secretario General del partido, hizo de la cita quinquenal la ocasión para escenificar y ratificar un poder que llevó a la revista británica The Economist a ponerlo en su tapa como “el hombre más poderoso del mundo”. En un evento como el congreso, cuidadosamente coreografiado, donde se miden y cargan de significado no sólo las palabras, sino también los gestos, hasta el más mínimo, varias cosas quedaron en evidencia. Xi habló durante dos horas y media, más que duplicando el promedio de sus más recientes antecesores en el cargo. El partido incorporó a su constitución el “pensamiento Xi Jinping” como una de sus fuentes doctrinarias, junto a Mao Tse-tung y Deng Xiaoping (y a Marx, Engels y Lenin). El congreso, contrariamente a lo que había sucedido con sus dos predecesores inmediatos, no fue el habitual congreso de mitad de mandato que posiciona a un claro sucesor, como fue el caso de la consagración del propio Xi como delfín, diez años atrás. Cada uno de estos tres hechos tiene una traducción: el primero define el poder que concentra actualmente el presidente, el segundo subraya el peso histórico de su liderazgo y el tercero indica que Xi podría tener en mente permanecer como líder más allá del límite no escrito de diez años en el cargo al que se habían atenido los presidentes Jiang Zemin y Hu Jintao. 

    Un líder autoritario que defiende la convivencia internacional, un comunista que lleva adelante la modernización capitalista más veloz que se haya conocido, Xi representa, junto a la China en ascenso, un ancla de certidumbre en un mundo turbulento y cambiante. En el otro lado del mundo, esa certidumbre se traduce en la continuidad de las actividades extractivas en la agricultura y en la minería para alimentar el ascenso de la que será la gran potencia, a más tardar, del siglo XXII.

     

     

  • Ya no hay más filtros

     

    Mario Riorda

    Director de Maestría en Comunicación Política (Universidad Austral)  | Pte. Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE)  


    “Estas son palabras privadas que te dirijo en público” narraba T.S. Eliot. Cosas que no se decían hoy son la característica visible de la política. De alguna manera resume la actual política sin recato, y peor, muchas veces, la política sin relato.

     

    La política sin recato 

    La política sin recato es la ausencia de límites en el decir. Límites estéticos o límites éticos, da igual. Vale todo. Esta es una visión pesimista. 

    Paul Scott, narrando la traumática salida británica del imperio indio a mitad del siglo pasado, escribía que los británicos “llegaron al final de sí mismos tal como eran”. Aunque él era crítico, esta podría ser, como contrapartida, una mirada optimista: vemos a los actores de la política sin maquillaje, sin pose, sin speech prefabricado, tal como son. Más auténticos, espontáneos. Sin filtro. Ya nada necesita ser tamizado con la orfebre actitud con la que se cuidaba antes a las palabras públicas.

    Y como se dice mucho, también se erra mucho. Se dice mucho porque Twitter te exige hablar a cada rato. Porque Facebook te avisa que hace mucho no has publicado. Porque Instagram te castiga en su algoritmo si no publicás seguido. Porque WhatsApp es la nueva conversación que agobia. La máquina mundial del hablar íntimo -y no tan íntimo- que no tiene descanso ni horario. No cesa.

    Por eso quienes antes pensaban desde la xenofobia, hoy profesan públicamente la xenofobia. Y no se cuidan. No tienen recato. Ser racista suele dar espacio a muchas voces. Votos incluso. Ser homofóbico también. Y potencia agrupaciones de intereses que se sedimentan con firmeza. Defender causas es más sancionar con palabras al que piensa distinto que apoyar mi punto de vista. Insultar es cool. Descalificar es valentía. Sin importar la razón. Eso agrupa. Te convierte en influencer de parcialidades.

    Martijn Schoonvelde, Anna Brosius, Gijs Schumacher y Bert N. Bakker analizaron 381.609 discursos políticos de países europeos. Y entre muchos hallazgos, destaco uno: lo “anti” funciona mejor. Por lo que la negatividad en las redes -que suele ser asfixiante- no es ni más ni menos que la expansión discursiva antinómica que la política ofrece desde sus propios actores en el día a día.

    Quizás la novedad es que ahora hay una escala industrial que es capaz de propagar y segmentar esa discursividad afianzando mucho más las tribus que defienden cada postura. Entonces la batalla ya no es vis a vis entre personalidades políticas sino que, como la violencia en el fútbol, también se enfrentan las hinchadas.

    Sin recato es también la ausencia de coherencia. El hoy vale más que el ayer. No hay sanciones a la contradicción. Políticos y políticas que dan vuelta de espacio en espacio sin sanción electoral porque la identidad partidaria ya no es un activo valioso. Se elogia la traición. Y más se elogia la redención. Acuerdos electorales, especulativos, coyunturales, son teñidos de alta política.

    Sin recato es el ego expuesto. En eventos inesperados y excepcionales donde nuevas capacidades y desafíos se ponen a prueba, los liderazgos quedan expuestos y a la intemperie. Desnudos. Es ahí, donde los y las líderes siempre hacen valer su condición de tal, su instinto de supervivencia y de superioridad. Ya lo afirma el psiquiatra y psicoanalista Otto Kernberg: “La patología narcisista y paranoide severa en el líder conduce a la intolerancia a la derrota”. Pero más. En la clásica obra sobre los modelos de decisión de los profesores Irving Janis y Leon Mann, se describe al individuo como un tomador de decisiones que no necesariamente se comporta como "un animal de sangre fría, una máquina calculadora siempre dispuesta a buscar la mejor solución, sino más bien como un simple mamífero de sangre caliente renuente a tomar decisiones, agobiado por conflictos, dudas y preocupaciones, luchando con incongruentes antipatías y lealtades, y buscando alivio por la posposición, por la racionalización (de lo que quiere hacer y no sabe realmente por qué) o (simplemente) negando responsabilidad por sus elecciones".

    Y todo esto lo vemos hoy, lo comentamos, porque no hay filtro. De nada.

     

    La política sin relato

    También podría entenderse con relatos planos, chatos, chiquitos. Hace muy poquito, un megaestudio de Kayla Jordan, Joanna Sterling, James Pennebaker y Ryan Boyd nos daba una primicia: los discursos son más simples. ¡Vaya novedad! Sí, tremenda, porque confirma tras analizar millones de discursos, textos políticos, intervenciones en las cámaras, 12.000 películas, transcripciones de la CNN y millares de artículos periodísticos que las ideas y los conceptos cotizan a la baja en la política. Que hay menos argumentación. Que los discursos se centran más en las personas y los hechos. Más personas y hechos que dejarían incómodo al mismísimo Pascal, porque las personas políticas ya no piensan para existir, existen en tanto y en cuanto opinan en tiempo real.

    Y además hay menos dudas porque la comunicación política se presenta más segura e intuitiva. La síntesis sería algo así como narrar la cotidianeidad de los hechos y mostrar seguridad en lo que se dice. Una especie de curso de hermenéutica de la realidad donde la verdad no es necesaria.

    El mismo estudio evidencia que los debates políticos -niños mimados de la democracia- son los que han demostrado la caída más abrupta del pensamiento analítico. El show debe continuar. Y no solo continúa, sino que se expande. Las redes son millones de microdiscursos o mejor dicho, de micromonólogos. Incluso, como se demuestra en diferentes estudios, el discurso dominante se infecta de bots en una campaña, y estos pueden crecer a niveles extraordinarios llegando a ser el 25 por ciento de las cuentas totales que interactúan en un proceso electoral. Y aunque el contenido no desborda por fuera de sus núcleos de adhesión, los relatos adquieren deformaciones impactantes, motivadas por las falsedades y los extremos.

    Pero no culpemos solo a las redes. Las redes no son el mensaje, las personas son el mensaje. Solo en Argentina, como ejemplo, de 1119 discursos de los principales políticos de oficialismo y oposición cuyas afirmaciones se constituyeron en noticias desde 2010 a 2018, el 49,86 por ciento de los discursos fueron totalmente falsos, insostenibles, engañosos; el 25,7 por ciento tienen una dimensión de verdad pero no son incuestionables; y solo el 25,73 por ciento de ellos, corresponden a discursos chequeados como verdaderos con datos verificables.

    Analizando campañas presidenciales en América Latina, junto a Natalia Aruguete, demostramos que las referencias a la imagen de los candidatos casi duplican a la política. La presentación de los liderazgos, sus cualidades personales y, sobre todo, sus valores e ideales, resaltando máximas y concepciones que guían sus respectivas maneras de obrar, superan ampliamente las propuestas de políticas en una relación aproximada de 4 a 1. Y además, las campañas son más negativas y esa negatividad, en modo ‘ataque’ está vinculada en su totalidad a ‘hechos pasados’. Ni siquiera hay debate predominante sobre el futuro, sino pura retrospectividad, esto es, discutir el pasado.

    Incluso, la máxima simplificación es cuando los discursos se autodefinen como no-ideológicos porque en realidad, desde la política -que es inherentemente ideológica- lo que se intenta hacer es negar la propia política, lo que en sí mismo es un acto circular, vale decir, un acto meramente político también. Y digo máxima simplificación, porque desde el sentido común no se elaboran argumentos para definir la propia identidad, sino que los discursos son espejos de lo que o de quien se quieren diferenciar. Aquí hay pereza intelectual, ausencia de relato original, y también hay ausencia de recato porque solo la existencia del otro -y su descalificación- justifica mi identidad, mi ser. Así funciona la política sin filtro.

  • Yamila Cafrune. Cafruneando

     

     

    Por Cecilia Ghiglione | Redacción COLSECOR

     

    En enero, Yamila recorrerá los principales  escenarios festivaleros. El jueves 25  de estará en el Festival de Cosquín siendo parte central del homenaje a su padre y convocando a artistas que se identifican con su cancionero. “Muchos de quienes lo acompañaron hoy están grandes así que vamos a ver cómo será esa convocatorio”, contó Yamila en la previa de la organización de la actuación del festival de Cosquín. 

    Sobre Cafruneando, el show con el cual está celebrando los 80 años que en agosto pasado hubiese cumplido su padre Jorge Cafrune, Yamila dice que prefiere hablar de la “fiesta de cumpleaños del papi” antes que de homenaje porque “no queremos que sea algo lastimero sino un festejo con guitarreada como a él le gustaría”. También aclara  que espectáculo  tiene fecha de caducidad en agosto de este año, porque no quiere que sea un festejo eterno “como el de los Chalchas”. Por esas cuestiones que nos marcan los números, el 1º de febrero se cumplirán 40 años de la desaparición física de Cafrune, que es la edad que tenía cuando murió. 40 40 80 por si a alguien le gusta el número.

     

     

    ¿Qué recuerdos tenés de tu papá ya que tenías  12 años cuando murió?

    Los momentos con él eran muy cortos porque siempre estaba viajando. Yo en realidad estaba muy enojada con la gente, esto nunca lo dije en realidad, lo celaba porque quería que mi papá fuera mío. Yo quería estar sola con él, aun cuando fueran mis abuelos o mis tíos… Los recuerdos que tengo de él como papá son como los que puede tener cualquiera con el suyo; era de hacer muchas bromas, hablaba bastante a pesar de ser un tipo parco cuando tenía actuaciones, le gustaba contar sus anécdotas  pero también era muy estricto en la educación y en lo que quería para nosotras. No permitía determinadas cosas, como todo padre. Eso no le impedía que te abrazara, te dieron un beso y te llenara la cara de pelos.

     

    ¿Estaba entre sus pretensiones que estudiaras abogacía?

    No, ni abogada ni canto.  No quería ninguna de las dos cosas. Un día me preguntó

    - ¿Qué va a ser Ud. m´ hija? 

    - Cantora -  le digo

    - No, cantora no.

    - Bueno, abogada.

    -Tampoco – me respondió.

    Cuando le pregunté por qué me contestó, con otras palabras que no puede repetir,  que era un mundo donde estaba uno muy solo. Y no se equivocó.

     

    En 1992, estrenando título de abogada otorgado por la Universidad Nacional de Córdoba, Yamila comenzó su carrera artística. Este hecho tuvo una casualidad absoluta, dice. 

    “En realidad yo siempre cante en mi casa y  en reuniones de amigos. Ya recibida de abogada, me fui a Cosquín a cantar a una esquina,  fuera del festival  – donde le hacían un reconocimiento a su papá -  Ahí me escucha  Julio Mahárbiz y me invita al escenario mayor al otro día.  Ahí empecé a cantar”

     

    ¿Y la abogacía quedó de lado?

    Haciendo caso a mi mamá me recibí. Y la abogacía me ha ayudado, con esto del canto nadie te asegura tantas actuaciones por mes y hay una familia que sostener así que en momentos de vacas flacas  me ha ayudado.

     

     

    Muerte por accidente

    En la madrugada del 31 de enero de 1978, cuando marchaba a caballo rumbo a Yapeyú para depositar un cofre con tierra de Boulogne-sur-Meren homenaje al general Jose de San Martín, Jorge Cafrune fue atropellado por una camioneta de la que nunca se supo más nada. Mal herido, después de pasar varias horas a un costado de la ruta, murió el 1º de febrero. Después de sostener por muchos años la versión oficial del accidente, la familia impulsa la reapertura de la causa. 

    “La inocencia de cierta edad se va dejando atrás. En la época en que mi papá murió, en el 78, era pleno gobierno de Videla, y no se podía averiguar nada. Es más, si preguntabas desaparecías vos. Y mi mamá tenía cuatro hijas, no podía darse el lujo de ponerse a averiguar nada más que lo mínimo indispensable. En ese momento, todo se planteó como un accidente y hasta el día de hoy la persona que lo acompañaba a caballo me sigue diciendo: “Fue un accidente Yamilita”. Esta persona es Fermín Gutiérrez, le dicen “Chiquito” y vive en Rodriguez

     

    ¿Qué nuevos datos han surgido para sembrar la duda?

    Fueron apareciendo algunos testimonios. Hay una señora  – Graciela Geuna, sobreviviente del campo clandestino de concentración La Perla,  Córdoba – que dijo en el juicio contra los represores que escuchó decir - por entonces al teniente primero Carlos Enrique Villanueva  - que a Cafrune había que matarlo porque había cantado en Cosquín una zamba no autorizada. Si bien fue un comentario dentro del testimonio, la muerte de mi viejo si no fue dictada por los militares les vino como anillo al dedo para achacársela ellos. También hay un relato de un exiliado en España en este sentido, ambos testimonios se escucharon en el marco del juicio La Perla.  

    Hoy, mediante un abogado, estamos pidiendo el desarchivo de la causa. Si se comprueba que hay nuevos elementos y se llega a que se trató de un delito de lesa humanidad no estaría prescripta la causa.

    Dos testimonios importantes, el de la testigo de La Perla y otro de España de una persona exiliada. Ambos aparecieron en el marco del juicio de La Perla.

     

     

     ¿Cómo es llevar el apellido Cafrune y forjar un recorrido artístico propio?

    Está claro que yo no pretendo ser Jorge Cafrune, yo soy Yamila. Tengo mi forma de tocar la guitarra, mi gusto por las canciones, me gusta tocar acompañada mientras que mi viejo se acompañaba solo, yo canto tangos él no. Yo sé que lo que hago es con mucho respeto, no me pongo a especular en hacer tal cosa porque me da más plata. Con lo que tengo soy feliz, tengo que trabajar y ganar dinero pero para vivir y no para comprarme un yate. También es inevitable que siga siendo la hija de Cafrune, pero no canto lo mismo que él.

     

    Además de cantora sos una difusora del folklore nacional. ¿Cómo ves la escena actual?

    Yo creo que la música nacional tiene un potencial que no conocemos. Yo misma desconozco lo que se hace en lo más profundo de las provincias. Pero el que diga que el folklore está muriendo está equivocado. Existe una música genuina que debería ser rescatada por las comisiones de los festivales. Muchas veces el mercado está por encima de la calidad y lo que no  garpa no llega a los grandes escenarios.

     

  • Zambas en el viejo jardín de la Independencia

     

    Es un manantial lleno de abundancias naturales y humanas, con raíces ancladas en lo milenario, más la antigua hidalguía criolla y la cultura inmigrante. Desde la casa de aquel eterno 9 de julio de 1816, mantiene la vigilia de la historia argentina.