• Tres historias de Bombal

     

     

    Un campeón de automovilismo post mortem, dos primas escritoras descendientes del fundador y un ciclista que disfruta de su propio laberinto.

  • Tres series que trascienden los estereotipos de géneros

     

    Aunque la homosexualidad siempre estuvo presente en la TV, la mirada por lo general no solía ser inclusiva. Qué pasa cuando hay producciones que se alejan de una visión peyorativa sobre los géneros no binarios.

  • True Detective | Ser padres hoy (y ayer)

    1ª Temporada 

     

    La tercera temporada de la serie escrita por Nic Pizzolatto llega en enero. Nuestro fanático describe cómo se construyen los detectives de la producción de HBO.

  • Últimos ritos de la democracia en Venezuela

     

    Una economía en la que sólo crece la pobreza, una crisis humanitaria que exilia a millones: la Venezuela que quiere seguir gobernando Maduro, en un segundo mandato para el que no ha sido elegido democráticamente.

  • Un ancho abrazo de la costa a la montaña

    Es la provincia más ancha del país y en su vastedad caben desde las extrañas mareas en San Antonio Oeste hasta San Carlos de Bariloche, el corazón blanco de los adolescentes argentinos.

  • Un equipo para Messi

    De una buena vez, la Selección necesita una estructura que contenga y potencie al mejor del mundo. ¿Se puede conseguir en menos de un mes? ¿Qué Argentina llegará a un nuevo Mundial? Lo que piensa Jorge Sampaoli.

  • Un largo camino al trono

     

    Llegó casi de casualidad y en pocos años consiguió lo que ninguna mujer podía desde la muerte de Gilda, ser indiscutida dentro de la movida tropical. La cumbia empieza a quedarle chica.

     

    Por Valentina Cardozo| Periodista 

     

    La apertura habitual de cada comienzo de año en Showmatch duró media hora. Con esas cifras excesivas que la distinguen, tuvo la participación de 500 artistas pero al día siguiente solo se hablaba de Karina “La Princesita”. Acompañada únicamente por una violonchelista, interpretó Hey Jude, el clásico de The Beatles. La escena duró menos de dos minutos pero fue suficiente para convertirse en la gran sorpresa de aquella noche del 28 de abril de 2014.

    Hasta ese momento, la enorme mayoría del público colocaba a Karina Tejeda como una simple cantante tropical. Era una muchacha que estaba de novia con el futbolista Sergio “Kun” Agüero (y por ende, enfrentada a todo el clan Maradona) y la voz detrás de cumbias románticas muy exitosas como Corazón mentiroso.

    Enseguida aparecieron las críticas por la pronunciación en inglés, por el “sacrilegio” de meterse con los Beatles. “Grasa” fue uno de los calificativos más utilizados. Para muchos, ella pertenecía al mundo de la bailanta y allí debería quedarse. Aquella aparición televisiva sirvió también para mostrar que podía salirse de su zona de confort.

    “¿Viste que hay muy pocas mujeres en la cumbia? El recuerdo de Gilda es demasiado fuerte. Ella no solo cantaba bien; además era humilde, trabajadora, madre de familia y tenía un pasado como maestra”. La frase corresponde a Daniel “La Tota” Santillán, conductor histórico de Pasión de Sábado, el programa más importante de la TV argentina dedicado al género musical. Conocedor del rubro, el presentador analizaba el panorama y daba los motivos que dificultaban la inserción femenina. En la comparación inmediata con semejante figura, nadie parecía estar a la altura. Ni Dalila, ni La Piba ni Rocío Quiroz (tres mujeres que precedieron a La Princesita) pudieron vencer a esa sombra.

    Karina Tejeda tenía tres años una tarde de 1989 cuando escuchó a su mamá tarareando una canción mientras lavaba los platos. Le preguntó por qué no cantaba en televisión. La señora respondió que no se animaba. La nena, en cambio, estaba decidida.

    -Le dije “yo no tengo vergüenza y yo sí voy a cantar en televisión”. Cada vez que lo cuento me sigo sorprendiendo de la seguridad con que lo comuniqué.

    Hay pocos detalles de su vida privada. Se expone poco. En 2017 contó pormenores de una infancia atravesada por episodios violentos.

    –Cada vez que llegaba mi papá a casa cambiaba el clima. Seguro que había algo mal hecho. Muchas veces mi mamá después de ser golpeada, entraba toda ensangrentada a buscarnos al colegio. Una vez terminó internada por los golpes.

    Cuando Karina tenía 10 años la madre dijo basta y se fue con ella y su hermano Ezequiel a cuestas. La huida derivó en un periodo de carencias. En una entrevista con la revista Pronto, reveló:

    –Nunca pudimos tener una casa porque mi mamá trabajaba todo el día y con lo que ganaba, solo le alcanzaba para alquilar una piecita. Ahí adentro estaban las camas, una cocina y el baño. Me daba vergüenza, siempre ocultaba dónde vivía y decía que mi casa era la que estaba al lado.

     

    Sueños conquistados

    Las privaciones no la alejaron de su objetivo. Ya en la secundaria las compañeras le elogiaban la voz e insistían para que cantara. En un pequeño grabador, con micrófono en mano, entonaba los temas que le pedían. No le gustaba escucharse, sentía que tenía la voz muy finita. A los 14 comenzó a ensayar con gente del barrio. Incentivada por el tecladista que era como el líder, armó su primera composición.

    –Era un tema re pop, todavía recuerdo que me dije a mí misma: “wow...puedo hacerlo”. Me movía mucho en bicicleta, me acuerdo de ir por las calles de Munro rumbo a clases y de repente me encontraba tarareando algo. Tenía que parar y ponerme a escribir.

    La cumbia y su trono femenino vacante todavía no aparecían en el horizonte. A los 15 subió por primera vez a un escenario. Actuó en fiestas privadas con versiones melódicas y algunos tangos.

    –Me había presentado a cuanto casting encontrara pero siempre me faltaba algo. Fui a los castings de Bandana, de Operación Triunfo. Horas y horas de hacer cola y esperar. Siempre había un “no” en el medio.

    Un llamado telefónico empezaría a abrirle las puertas. La familia Serantoni, dueña de gran parte del circuito bailantero (programa de TV, emisoras de radio, sellos discográficos, agencia de representantes, boliches) la tenía en su radar y quería incluirla en un proyecto nuevo. Karina  comenzó a grabar el disco debut justo el día después de terminar el colegio secundario. 

    –Me enganché con toda la movida y con el público. Me enamoró el ambiente de la cumbia, me encantó el sonido, el acordeón, el teclado, la percusión. No era fácil que una mujer sea aceptada y sin embargo me pasó todo lo contrario– explicaba.

    El primer disco salió en 2004. Los fines de semana hacía viajes interminables en una combi para actuar en vivo. Llegó a hacer 10 shows distintos en una misma noche. Por aquella época, posiblemente sin saberlo, el nombre elegido ya mostraba signos de querer convertirse en la heredera de Gilda.

    - Pasé a ser "La Princesita" porque incluso "La Princesa" me parecía una exageración, yo no era nadie. Algunos pretendían que me llamaran "La Reina", "La Número 1". Por mi insistencia de tener un apodo que se ajustara más al lugar que ocupaba, fue como quedó hasta hoy "La Princesita".

    No tardaron en llegar los éxitos: primero dentro del circuito y luego a nivel masivo. Corazón mentiroso, Con la misma moneda y Basta superaron el ámbito específico de la cumbia y cualquier persona las puede tararear. Hasta ahora grabó ocho discos, tres DVD en vivo e hizo gala de un enorme poder de convocatoria. Obtuvo seis Premios Gardel y un Konex. Desde hace una década es una especie de monarca sin corona.

    –Sigo siendo la misma, la que ama a la movida tropical, la que está orgullosa de los lugares, teatros y estadios que pude llenar pero mi instinto me dice que también tengo que incorporar temas lentos o tangos a mi repertorio, que siempre fueron muy bien recibidos.

    La relación con Agüero terminó en 2017 pero los continuos viajes a Inglaterra (donde todavía vive el futbolista) para encontrarse durante el noviazgo redefinieron su carrera. Abandonó la maratón de shows por fin de semana, se abrió hacia otros ritmos, Flavio Mendoza la contrató para actuar en una obra de teatro, volvió al programa de Tinelli como participante del torneo de baile, estudiará comedia musical en una academia de Nueva York. Aunque diga que sigue siendo la misma, no lo es. La anhelada corona cumbiera queda atrás porque La Princesita ahora quiere conquistar otro reino.

  • Un mundo de sensaciones

     

    Texto y fotos: Bibiana Fulchieri

     

     

    Lo más simple para describir el “fenómeno Güemes” es compararlo con el porteño barrio de San Telmo, aunque el Paseo de las Artes en Córdoba capital tiene su particular amalgama de propuestas por demás seductoras.   

    Este sitio tan peculiar está inmerso en lo que fuera históricamente “El Abrojal” -un barrio orillero a la Cañada-, refugio de malevos, fantasmas y míticas leyendas del antiguo Pueblo Nuevo, que nacía al sur del Bulevar San Juan con la construcción de 60 casas proletarias idénticas, edificadas a instancias del Intendente Luis Revol. Ahora devenido en epicentro de una movida comercial y cultural que reúne artesanos, ferias al aire libre, antigüedades, ropa vintage, plantas, juguetes, comestibles, anticuarios y locales con galerías de arte, tiendas de diseño cordobés, bares, restaurantes, boliches, escenarios callejeros “a la gorra” con música, teatro, magia, performances, malabares, aprovechando los miles de paseantes que se renuevan continuamente.

    Aunque este mundo de sensaciones tiene su lado oscuro, lo que llaman “gentrificación”: al ponerse de moda estos barrios de clases populares se reciclan las propiedades y los antiguos habitantes son expulsados hacia las periferias, cada vez más alejados del centro, cada vez más invisibles.

     

  • Una app para ayudar a chicos con autismo

     

    Permite que los niños que padecen este trastorno usen la tecnología para comunicarse, interactuar o ver contenidos.

     

     

    Un grupo de estudiantes y graduados de la carrera de Ingeniería en Sistemas de Información de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Buenos Aires desarrolló Pspecs, una aplicación para niños que conviven con TEA (Trastorno del Espectro Autista), con la que llegaron a ser finalistas del concurso de apps del Enacom.

    La idea de surgió porque la esposa de Juan Brito, uno de los desarrolladores, trabaja con niños con autismo: “Ella notaba que los chicos se inclinaban a usar la tecnología para comunicarse, interactuar o ver contenidos, y buscó aplicaciones para poder trabajar mejor con ellos y no encontró desarrollos de calidad, o los que encontraba estaban en inglés. Así surgió la necesidad”, contó el profesional.

    Los desarrolladores destacaron que Pspecs brinda la posibilidad de adecuar la tecnología a la etapa de aprendizaje y orientación que está atravesando el niño.

    "A medida que va avanzando, la tecnología va complejizándose, acompañando el proceso terapéutico. Es común que se comience por la identificación de pictogramas. En la terapia, en el plano físico, utilizan tarjetas. El objetivo de la app es usar la tecnología para reemplazar este entorno analógico por uno digital e ir incorporando otras herramientas, e ir armando frases", explicaron los creativos.

    La aplicación "está diseñada para contener a tres tipos de usuarios: los niños, los padres y los profesionales. Cuando el niño es capaz de armar frases, puede enviarlas por este medio a profesionales y familiares, y recibir ellos también respuestas. Siempre depende de la etapa en que estén y los estímulos que puedan manejar”.

    También incluirá la funcionalidad de enviar informes de cómo utilizan los niños la app "y así ayudar a que las personas de su entorno y el equipo profesional pueda llevar un mejor control del avance de los chicos en el uso de la aplicación y así poder ajustar donde sea necesario el aprendizaje de este tipo de comunicación".

    Según explicaron los desarrolladores, por la particularidad de los chicos nunca tuvieron  oportunidad de experimentarla en las salas ya que sería una práctica invasiva para los pacientes así que los ajustes y las observaciones fueron aportadas por los mismos terapeutas. En algunas ocasiones se grabaron videos de cómo usaban la aplicación.

    El desarrollo, que surgió como propuesta para la materia Proyecto Final de la carrera, es uno de los seis finalistas de la categoría “Proyectos en vías de desarrollo” del concurso de apps del Enacom.

    [RevistaCOLSECOR] Noviembre 

  • Una década de encuentros cooperativos

     

    Dos días, cuatrocientas personas y veintisiete disertantes son los números que dejó la 10ª Jornada de COLSECOR, el 29 y 30 de mayo pasados en la ciudad de Córdoba.

  • Una década de gastronomía federal y algo más

     

     

     

    Lo que comenzó como un especial de verano en 2009, hoy es lo más visto de la TVP. Cocineros Argentinos se toma en serio la tarea de llevar la cocina de todas las provincias a la pantalla de la TV.

  • Una exuberancia verde, lejos de los viejos fantasmas

    Padeció décadas de abandono y atraso porque pendía sobre ella la hipótesis de conflicto con los países vecinos. Ríos caudalosos, esteros, lagunas y un esplendor natural marcan el ánimo de las distintas maneras de habitar esa tierra donde viven varios pueblos originarios.

  • Una gran razón celeste y blanca

    De la convicción y el coraje del prócer sobran los testimonios y los hechos, pero más allá de haberse calzado el traje de guerrero porque la Revolución lo necesitaba, la historia le reservaba el honor de ser el creador de la gran metáfora nacional. La izó por primera vez el 27 de febrero de 1812, debió sobreponerse a las amonestaciones de Buenos Aires por ese acto.

  • Una impresora 3D de medicamentos

    Es la primera en Argentina y funciona en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Fue fabricada por una pyme nacional, a partir del requerimiento de científicos de esa unidad académica. Permite producir pastillas o cápsulas, combinando distintos materiales a partir de diseños creados en la computadora. La variedad de formas geométricas que puede producir posibilita controlar el momento y lugar exacto en el cual el fármaco se libera en el organismo. Promete ser de gran utilidad en el ámbito de la medicina personalizada, fabricando remedios “a la medida” de cada paciente.

  • Una radiografía de la desigualdad

    La irrupción de las mujeres en la calle, a partir de las movilizaciones de Ni Una Menos, ha cambiado por completo la discusión pública al punto de envejecer a los partidos políticos en su representación. En medio de ese debate, los conceptos de la economía feminista son claves para entender las asimetrías entre mujeres y varones en el mercado laboral. En esta entrevista, Mercedes D´Alessandro explica por qué es necesario hablar de una economía feminista.  

  • Unas gotitas

     

    Carlos Presman | Médico especialista en gerontología, docente y escritor

     

    “Más vale prevenir que curar”

                         Refrán popular

     

     

    La dueña de casa fue a sacarse sangre con la bioquímica de la esquina. En un pueblo, es casi como ir a la peluquería.

    -Che, te cuento que conseguí empleada doméstica, una jovencita que tendrá unos 20 años, viene del campo y es súper solícita, calladita, lo único que dice es “lo que usted mande patrona”, y limpia, no sabés, viene del campo, cerca del paraje Las Peñas, estoy re conforme, espero que me dure y no se me vaya a la Capital. ¿Ya está?

    - Sí, cerrá el brazo y esperá unos minutos. Te voy a analizar hormonas tiroideas aunque no te las pidieron, estoy haciendo un curso de eso, que Cacho después te lo agregue al pedido. Me alegro de lo de la empleada, pero fijate si sabe leer, los chicos de esa zona son analfabetos y mirala, porque lo más seguro es que esté embarazada. El sábado pasá a buscar los resultados y nos tomamos unos mates.

    En esos días, la señora de la casa confirmó las presunciones de la bioquímica. El sábado no les iban a alcanzar la yerba y las pavas para chusmear sobre la empleada.

    -¡Mirá que sos bruja eh! No sabe leer y está esperando un bebé, me lo confesó con orgullosa timidez. Si así sos para los análisis te tendrían que dar el Premio Nobel de Química. Parece que el padre es el sordomudo que vino con ella. Está trabajando de mozo en el bar frente de la plaza. ¿Podés creer un mozo sordomudo? Pero se da maña, lee los labios, tiene una memoria de elefante y es súper simpático. Pasa todas las mañanas a verla antes de entrar a trabajar. Hacen una linda parejita.

    -Che, los análisis te dieron todos bien, inclusive los de la tiroides, esos kilos de más son por lo que comés, empezá por cambiar el azúcar por edulcorante si querés ponerte la malla en el verano. El colesterol, una piba de 15. El resto que te lo mire Cacho. De paso, a esa chica vamos a tener que acompañarla y cuidarle bien el embarazo y el bebé. Mandala cuando vos quieras y le hago los análisis de la gestación. Además en el curso nos enseñaron que sacándole unas gotitas al bebé, poniéndolas en un papel de filtro se pueden diagnosticar un montón de enfermedades. La más importante es el hipotiroidismo, que si no lo tratás apenas nacen quedan con déficit intelectual. Terminan como el hijo de la Sofía, medio bobos. ¿Podés creer que una gota de sangre les puede cambiar la vida al bebé y a la familia? Encima se manda así, sobre estos papelitos de filtro, seca, al Hospital de Niños. Ellos después te llaman y le dan el tratamiento. Se llama pesquisa neonatal. Tomá el sobre con los análisis y saludos a la empleada. Y no por agrandada, pero no estaría mal lo del Nobel…

    La empleada concurrió a todos los controles del embarazo regularmente y siempre acompañada por su marido. El parto se lo hizo el doctor Cacho en el Hospital Regional de Alcira Gigena con la presencia del esposo. Apenas nació la bebé, le tomaron del talón unas gotitas de sangre que enviaron a la Capital. La bautizaron María de los Milagros, la madrina fue la bioquímica y el padrino el dueño del bar de la plaza.   

    Malvina era residente de pediatría en el Hospital de Niños de Córdoba. Salió de 24 horas de guardia y siguió haciendo consultorio externo hasta terminar con la lista de pacientes. Tenía sueño, cansancio y hambre, mala combinación para atender chicos en el mediodía del verano. Ser médico de niños no es lo mismo que tratar adultos, en esa etapa de la vida una decisión puede cambiar definitivamente el rumbo de una persona. Como senderos que se bifurcan, cuanto más temprano el desvío más alejado será el destino final. Además no es sólo el niño; son la madre, el padre, los hermanos, la familia que rodea al pequeño. Y cómo influye la pobreza, más en el hospital público, que cuando llega el paciente ya atravesó varias etapas de la enfermedad y muchas veces es tarde, o además es un desnutrido, o no tiene posibilidades de realizar el tratamiento. Todo eso junto pensaba Malvina cuando la bioquímica entró sin golpear, casi a los gritos:

    -Es de la pesquisa, el primero que diagnosticamos, tiene la TSH por las nubes, es del interior, de Alcira Gigena, se llama María de los Milagros Santillán, teníamos un teléfono, así que ya la llamamos y están viniendo para acá. Nos lo mandó la bioquímica que hizo el curso de capacitación. Estamos chochas, el primer hipotiroidismo congénito que pesquisamos después de tantos análisis. 

    A Malvina se le fueron el sueño, el cansancio y el hambre. Avisó a su casa que llegaría tarde y se fue rajando al laboratorio a ver la ficha. Allí las bioquímicas y ella vivían una algarabía propia de una fiesta de cumpleaños o festejo de graduación mientras preparaban los nuevos análisis de confirmación diagnóstica, la levotiroxina para el tratamiento y las instrucciones para los padres.

    De Alcira Gigena vinieron en el auto de la bioquímica madrina con la preocupación lógica por la salud de la beba. Los cuatro entraron en la consulta, el padre sordomudo podría leer las indicaciones y explicárselas con señas a la madre, la bioquímica se encargaría de los controles mientras la bebé dormía en brazos de su madre después de mamar.

    Malvina tenía todo preparado en la consulta. Era su primer paciente con hipotiroidismo congénito y sentía una inmensa responsabilidad. No toleraría un error, así que le dio a la madre todas las indicaciones escritas con mucha prolijidad; mientras le explicaba lo importante que era la medicación y el seguimiento. Sabía que el cerebro de María de los Milagros dependía ahora, no sólo del amor y la lactancia materna, sino de la administración precisa de la hormona tiroidea. La madre, seria, sin aspavientos, comenzó a llorar. Malvina la contuvo aclarándole el excelente pronóstico que tenían los recién nacidos tratados a tiempo.

    La madre le aclaró que no lloraba por la enfermedad de su beba sino por la bronca de no saber leer, porque le dolía en el alma poner en riesgo la salud de su hija al no poder descifrar las indicaciones. Testigo del momento, su marido la abrazó, le hizo señas que se quedara tranquila, que él sí podía leer. Después se apoyó ambas manos en el corazón para acariciarle luego la cabeza a su esposa y a su beba. Malvina rehizo todo el papelerío agregando dibujitos para las pastillas y relojitos para el horario. Al terminar la consulta el sordomudo rodeó el escritorio, le hizo señas a la doctora para que se pusiera de pie, la abrazó con fuerza, le acarició la cabeza y le besó agradecido las manos. 

    Malvina llegó pasadas las 20 a su casa y durante la cena tuvo que escuchar los reproches de su marido. No entendía cómo se quedaba trabajando después de la guardia por ese sueldo miserable y donde no existían las horas extras como las que tenía él en la Municipalidad.

    Ella le contó el caso de María de los Milagros, de la bioquímica madrina, de la madre analfabeta, y de su padre sordomudo. Él sólo acotó que tenía un sueño bárbaro y que estaba podrido de las historias del hospital, suficiente tenía ya con los problemas municipales.

    Se fueron a acostar casi a la medianoche. Ella a pesar de llevar casi dos días sin dormir no podía conciliar el sueño, recordaba las escenas vividas y sonreía.

    - Y encima ahora no te podes dormir. ¿Me querés contar que te causa gracia?

    Ella no le respondió, pero en ese instante hubiera deseado un abrazo como le brindó el sordomudo. Cuántos momentos de nuestras vidas no tienen palabras, se preguntaba Malvina.  

    Durante meses y años la familia concurrió puntualmente a los controles y a retirar la levotiroxina que le daban como parte del tratamiento.

    Pasaron 11 años, Malvina terminó la residencia y quedó como médica de planta en el servicio de endocrinología del hospital.

    Una siesta de verano, mientras terminaba con los últimos pacientes de consultorio externo, la invadieron las mismas ideas que tenía cuando salía de la guardia. Se cuestionaba si valía la pena el tiempo que le daba al hospital y le restaba a su familia, lo injusto del sistema sanitario en donde el médico que más ganaba era el que recibía coimas de los laboratorios o de los aparatos de diagnóstico. De lo perverso del modelo, donde se gana más si el paciente está más enfermo y la prevención no existe porque no se paga; todo eso pensaba cuando ingresó María de los Milagros con la mamá.

    Sin decir una palabra, con el respeto de la gente humilde, le entregó un sobre. Malvina lo abrió y sacó una foto donde se la veía en la culminación del ciclo primario. Era la abanderada. Se detuvo en la prolijidad del guardapolvo, la mirada de las escoltas, la sonrisa de felicidad y orgullo. Dio vuelta la foto y las lágrimas le impedían leer con claridad la nota manuscrita del reverso. María de los Milagros Santillán, abanderada de la  Escuela Provincial Domingo F. Sarmiento.  Alcira Gigena.  10 de diciembre 2017.

    -Lo escribió mi mamá, doctora. Yo le enseñé.  

    Malvina volvió a llegar tarde a su casa, sus dos hijos y el marido la esperaban para cenar. Durante la comida ella les mostró la foto y les contó la historia con lujo de detalles. Su esposo, que escuchó el relato sin mediar palabra, puso la foto en un marco y la colgó en la habitación de los hijos. Se fueron a acostar y esa noche, en silencio, la abrazó. 

  • Vacaciones, la otra manera de vivir

    La idea de un tiempo placentero, distendido y lento regresa con cada verano. La palabra vacaciones suena como tocada por una varita, aunque se trata de un concepto que tiene una larga historia cultural y social.

     

     

    Por Alejandro Mareco | Periodista

     

    Andar liviano de ropas, con los pies sin aprietos y la piel, casi toda la piel, al aire. Atravesar los días con el tiempo laxo, sin apremios ni apuros; con los minutos largos para demorar los sabores en la boca, para jugar al juego que más nos gusta, para disfrutar de los afectos con la risa y las caricias fáciles. Y dejarse estar sin pensamientos, con los pies en el agua o tendidos bajo el sol, con la mirada perdida en el horizonte infinito que queda más allá del mar, o sobre el cielo que está del otro lado de las montañas.

    Sí, hay otra manera posible de vivir: las vacaciones.

    La palabra “vacaciones” es de esas que suenan como tocadas por una varita: es la idea misma de un tiempo placentero, distendido, lento y en reposo, algo así como lo contrario de la forma en la que sobrellevamos la larga rutina de un año: tensos, concentrados, apurados y agotados.

    “Necesito unas vacaciones”, dice una frase que tantos repetimos tantas veces al año cuando el aliento ardoroso de los días nos dejan sin aliento. La invocación es por unos generosos momentos de plenitud, libres de presión y de opresión.

    Pero no sólo se trata de un período de descanso para el alma y el cuerpo, es decir, de estar tirado sin hacer nada, entregados al “dolce far niente” (dulce hacer nada), en posición horizontal y con el cerebro desconectado.

    El otro condimento al que va indisolublemente la idea de vacaciones es el viaje, es decir, estar a distancia del escenario habitual, en otra parte y en medio de un paisaje inspirador, cambiando por completo la lógica y el sentido de la rutina.

    Ni estar tirado sin hacer nada ni viajar para hacer esto o aquello como nociones separadas hacen a la idea de vacaciones. En el imaginario general, y como para muchos argentinos cansados del trajín, se  necesita de ambas cosas para construir la ilusión de otra manera de vivir.

    Mientras tanto, como siempre sucede, las cosas que sentimos como tan naturalmente parte de nuestras vidas, de nuestras necesidades y de nuestros modos de satisfacerlas, las vacaciones tienen una historia cultural y también una social.

     

    Primeros veraneos 

    Un dato de referencia del principio de esta historia lo ubica al emperador Adriano, en la Roma del siglo II. El hombre del gran poder de entonces no sólo se hizo una villa de descanso en Tivolli, sino que los caminos de uso comercial que mandó a construir para unir la capital del Imperio con Galia, hoy España, comenzarían a ser usado por familias patricias y funcionarios que en los veranos empezaron con la costumbre de escapar hacia las playas. El agobiante calor de Roma y la presencia de mosquitos que contagiaban la malaria y otras enfermedades, cuentan, fungieron como estímulos para la incipiente costumbre del “veraneo”.

    Esas rutas quedaron en desuso en la Edad media, pero las vacaciones harían su propio camino al andar. Durante mucho tiempo serían una prerrogativa de los sectores más altos de la sociedad. En el siglo 19, por ejemplo, los aristócratas franceses salían de sus fastuosas residencias de París con rumbo a las playas del norte, en la región de Champagne. En su larga caravana de carruajes, llevaban un plantel de sirvientes, más caballos, mascotas e incluso al médico de la familia.

    De una modo similar llegaban las familias de la oligarquía porteña cuando se trasladaban a las sierras de Córdoba dispuestas a pasar los tres meses del verano en hoteles como el Edén, en La Falda, y el Sierras, en Alta Gracia: O al Hotel Bristol, si iban a las playas de Mar del Plata. La diferencia es que llegaban en el ya vigente ferrocarril, desde los finales del siglo 19.

    El tren fue el medio de transporte que con su capacidad de derrotar las distancias trasladando a gentíos completos. Entonces, la posibilidad de viajar comenzó a ampliarse para otros sectores de la sociedad, sobre todo la clase media.

    Es decir, apareció en la escena la posibilidad del turismo como fenómeno masivo. La tecnología nueva lo hacía posible, y todo se pronunciaría aún más con la irrupción del automóvil, ya en el albor del siglo 20. Con él, la fiebre de abrir caminos de fácil tránsito, incluso asfaltados, avanzaba en todas las direcciones, incluso hasta el mar o al corazón de la montaña.

    A finales del siglo 19, en Europa comenzaron a aparecer las guías de viajes, de algún modo un comprobante de la presencia de un nuevo hábito que luego asumiría la definición de “industria sin chimeneas”, por el inmenso movimiento de dinero que era capaz de generar, y de entregar a los sitios señalados como destino.

    La famosa Guía Michelín, que comenzó a ser distribuida en forma gratuita con el comienzo del siglo 20 _exactamente en 1900_, estaba totalmente emparentada con el automóvil y la posibilidad de emprender viaje. De ese modo, alentaba a los automovilistas a viajar y a gastar gomas.

    En nuestro país, jugarían un papel importante en la promoción del auto y de los viajes la tarea de asociaciones civiles como el Automóvil Club Argentino y el Touring Club.

    El próximo salto vendrá cuando en las legislaciones laborales empiezan a reconocerse el derecho de las vacaciones pagas y se alientan a los trabajadores a viajar. Pasa en algunos países de Europa luego de la primera gran guerra del siglo 20, pero el turismo recién se afirmaría después de la segunda guerra.

     

     

    Cantando, los argentinos se conocen a sí mismos  

    En enero de 1961, en la calle principal de Cosquín, la misma que también era la ruta que atravesaba el valle de Punilla con rumbo hacia el norte del país, se levantó un muro. Pero esta vez, no había sido hecho para separar sino para reunir.

    Es que éste tenía como misión hacer que amenguaran la marcha los viajeros que pasaban rápidamente por la ciudad todavía temerosos de respirar aire impregnado de tuberculosis, puesto que durante medio siglo el lugar había sido el destino de cientos, quizá miles de enfermos. Llegaban portando el temible mal en soledad, y en busca de lo que se consideraba el bienhechor aire serrano.

    Con ese muro, Cosquín, que aspiraba a un destino nuevo, no sólo quería disipar los viejos fantasmas sino también que invitaba al país a cantar. Así nacía el Festival Nacional de Folklore, que se convertiría en un lugar de encuentro nacional: argentinos provenientes de todas las provincias mostraron sus músicas regionales y conocieron la de los demás.

    Los grandes festivales de cultura argentina que tuvieron como escenario a Córdoba, vendrían montados en ese auge de la sed de miles de argentinos de pasar sus vacaciones en el bello paisaje del corazón geográfico nacional.

    Representaron una manera de conocerse entre sí de los habitantes de las distintas provincias, y no sólo en cuanto a la música y a los versos que daban cuenta de los modos de vivir en los diferentes paisajes, sino también personalmente. Es decir, por primera vez, un salteño podría mirarse a los ojos con un sanjuanino, y encuentros así.

    Esto es lo que también venía sucediendo desde hacía unos años a partir de los nuevos caminos y rutas, de los autos y los costos más accesibles para viajar y del turismo social, a través del  cual miles de trabajadores se reunían con otros en una de las colonias que hacían posible unas bien baratas vacaciones.

    Fue así, en esos lugares donde se almorzaban tres platos y postre, con espacios para el deporte y la recreación, que argentinos de distintas procedencias comenzaron a verse las caras.

     

     

    La conquista de las vacaciones 

    En Argentina, el 23 de enero de 1945, a través de un decreto de la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación, a cargo del entonces coronel Juan Perón estableció el derecho de los trabajadores a gozar de un período de vacaciones pagas. A partir de entonces, y mediante un programa oficial del peronismo de acceso al turismo social, multitudes de argentinos comenzaron a desplazarse por el país cuando llegaba la estación señalada: el verano.

    “Para los trabajadores se trató de una reivindicación muy importante, hay un proceso de conquista de las vacaciones como un bien anhelado por la sociedad al igual que la adquisición de la casa propia”, afirma Elisa Pastoriza, en su libro “La conquista de las vacaciones”.

    De algún modo, el concepto de “veraneo” sostenidos por las familias adineradas que podían trasladarse hacia un centro de recreación natural y demorarse los tres meses de la estación, cambiaba por el de vacaciones.

    Las nuevas multitudes en vacaciones se dirigen a los mismos centros que ya tenían una infraestructura lista, y contribuyen a desarrollarla aún más, como pasa con Mar del Plata y lugares de las sierras de Córdoba. Las colonias de vacaciones de los gremios se multiplican, para el encuentro de trabajadores venidos de todas partes que así comenzaban a conocer el país.

    De alguna manera, esa nueva presencia social en los centros de veraneo también se haría parte de la grieta de entonces, acaso la grieta de siempre.

     

    “Habría que analizar hasta donde todo el odio que la oligarquía le tenía a Perón se debía a las leyes y disposiciones en favor de los trabajadores o, pura y simplemente, a que les llenó Mar del Plata de ‘grasas’ y ‘cabecitas negras’. Además, los sindicatos empezaron a comprar hoteles, los hoteles de la oligarquía, nada menos: así, por ejemplo, el Hurlingham fue adquirido por la Confederación de Empleados de Comercio (…) Era el acabose”. Lo dice Norberto Galasso en el “Perón, formación, ascenso y caída (1893-1955)”.

    Sí, el sencillo acto de armar los bolsos y salir a disfrutar de unos venturosos días de verano, están impregnados de una historia cultural y social. Como el acto mismo de tomar sol a destajo para luego poder lucir cuerpos con la piel con el color del bronce.

    Si uno se fija en las fotos de las veraneantes de hace un siglo, las verán excesivamente cubiertas de ropa para el propósito de refrescarse en la playa. No sólo se trataba de los mandatos morales que ordenaban cubrir el cuerpo, sino también con el prejuicio de que una piel bronceada se identificaba con aquellos que atravesaban sus jornadas de trabajo al sol, es decir, que eran campesinos o tenían oficios al aire libre.

    Vestidos o desvestidos, las vacaciones son al fin otra manera de vivir, otra manera de reír. Lo sabemos todos los que alguna vez nos hemos asomado a esos días de minutos largos.

     

     

  • VACACIONES: El desafío de liberarse de las exigencias y la rutina

    Luz Saint Phat | Periodista 

     

    Llegó el verano, una época del año donde gran parte de los argentinos decide tomarse un merecido descanso. No obstante, para algunos, el cambio puede ser difícil. Muchas veces se presentan malestares psíquicos o físicos. Conectarse con el placer y los vínculos puede ser una propuesta válida.

  • Viejos son los trapos

    La Superliga tiene 58 jugadores mayores de 35 años, una edad a la que varios llaman "de jubilación" en el fútbol. Las razones de un fenómeno que por suerte enaltece a Guiñazú, Bértoli, Braña, Maxi Rodríguez, Ponzio y varios "viejitos" más. 

     

     Martín Eula |Periodista

    Pito Campos | Ilustrador

     

    "Hay gente que se jubila a los 65 años y se siente rara. Está incómoda porque quiere ir al trabajo, seguir con su rutina. Nosotros nos jubilamos a los 35, 36 años. Y es muy duro ser jubilado a los 36. Decís '¿y ahora? ¿Y ahora qué hacemos?'. Hay una vida por delante y enfrentarla no es fácil". Días antes de su debut como entrenador de Banfield, Hernán Crespo describía un mal que atormenta a la mayoría de los jugadores de fútbol profesional. Verdaderos elegidos por jugar muy bien a este deporte que mueve montañas y asegurarles un futuro económico a sus familias y -cientos de ellos- a varias generaciones, se enfrentan a una especie de abismo con el retiro.

    El exdelantero de la Selección fue uno de ellos y contó a corazón abierto una sensación generalizada que se hace carne en el final de la carrera. Tanto tiempo haciendo una actividad que -justamente- el inexorable paso del tiempo se los impide a una edad prematura para cualquier otra profesión. Ser técnico como el caso de Crespo, manager, dirigente, empresario y/o comentarista deportivo son distintas actividades que desarrollan los ex, pero de ninguna manera logran paliar lo que sintieron en pantalones cortos dentro de una cancha.

    En los clubes de la Superliga Argentina hay varios "jubilados" que se resisten a finalizar sus carreras, dan el ejemplo, son polos de consulta constantes y corren, juegan, atajan como cualquier pibe o maduro que no pudo dar el salto a Europa.

    Sebastián Bértoli es el abanderado en ese sentido. A los 41 años es el arquero de Patronato de Paraná. "Sigo disfrutando", dice el también concejal de su ciudad, hombre del ascenso profundo que jugó al básquet, manejó un taxi y le llegó la hora en Primera División cuando ya ningún jugador nacido en 1977 alcanzó algo semejante en la actualidad.

    El club de los 40 lo completan otros seis futbolistas con distinta continuidad y ascendencia en sus clubes. Sin dudas la principal atracción es Pablo Guiñazú, el más longevo de los jugadores de campo, en general único volante central de Talleres, capaz de correr a un pibe de 20 en el último minuto de un partido. ¿El secreto? "Un fernecito y un asado con la familia y los amigos", sonríe antes de explicar: "Busco vivir plenamente, algo que me llena el alma y me lleva a intentar transmitirlo en el campo de juego. Además, pesa mucho el cariño de los hinchas y lo que corren y se esfuerzan los chicos, eso también me mantiene vivo en la cancha. Y también está el cuidado personal, claro".

    Fabián Cubero no es sólo el padre de los hijos de Nicole Neumann y, por lo tanto, conocido hasta por la persona que jamás vio un partido de fútbol (¿habrá alguna en nuestro país?). “Poroto” es un emblema de Vélez, con una gran preparación física y temperamento, y en un equipo repleto de jóvenes es muy necesario más allá de que Gabriel Heinze le da pocos minutos. Rodrigo Braña es otro que deja la piel, entiende como pocos lo que es la mística pincharrata y se mantiene en el siempre exigente y especial Estudiantes. Adrián Bastía, como Guiñazú y Braña, es otro 5 de 40 años que brinda un argumento esencial para que se produzca este fenómeno: "Soy consciente de que el retiro se acerca y entonces vivo el día a día de la mejor manera. Disfruto de entrenar, de estar con mis compañeros, de una pretemporada y de los partidos, claro. Desde los cinco años corro atrás de una pelota y soy feliz donde estoy", sostiene el Polaco de Colón. De nuevo la palabra "disfrutar" como elemento central de la historia. Dos arqueros completan el sexteto de las cuatro décadas: Cristian Lucchetti es titular en Atlético Tucumán mientras que Mauricio Caranta espera como relevo en Talleres.

    Cuando dirigió a San Lorenzo y River, el chileno Manuel Pellegrini siempre decía que el gran problema del fútbol argentino era que no tenía figuras entre 25 y 28 años en sus torneos, edad en la que un futbolista alcanza -en promedio- el cenit de su carrera. Hace 19 años que el ingeniero dejó nuestro país por lo que no es difícil concluir en que ese desguace se profundizó: con pibes que cada vez se van más pibes, es ahí donde cobran trascendencia los grandes. Como agregado nada menor, la suba del dólar del año pasado provocó un desfase gigante con el peso que pegó de lleno en las tesorerías de los clubes con contratos -muchos de ellos- dolarizados.

    Inmunes a todo, los veteranos están y mueven a los fanáticos. Con 38 años, Maximiliano Rodríguez regresó a Newell's para ponerle cierre a una gran carrera. Ya cerca de los 39, José Sand volvió a Lanús tras un breve paso por Colombia y se mantiene vigente como Santiago Silva en Gimnasia. Nereo Fernández da garantías en el siempre confiable Unión y el Pichi Mercier es otro volante de marca que orilla los 40 y enseña en Atlético Tucumán.

    "Ponzio está... digamos que rejuvenecido, es la verdad. Me acuerdo de cuando llegamos, a mediados del 2014, parecía el actor de la película Náufrago, era Tom Hanks: estaba barbudo, despeinado, demacrado en la cara, estaba mal... Y mirá ahora. Eso es el fútbol, cuando un jugador agarra confianza". Marcelo Gallardo describió a su capitán, al único jugador que -ya sin Maidana ni Mora- lo acompaña desde el inicio de su ciclo en Núñez, al mediocampista que volvió a River en la peor hora y hoy es un ídolo que está a la altura de los grandes ídolos del club. Con 37 años, ya es el jugador -junto a Astrada- que más títulos festejó en River y, parece, todavía tiene cuerda para un rato más. Las exigencias del medio, del club donde juega y del entrenador que lo dirige le elevan la vara de manera sistemática. Con un año menos, Javier Pinola corrió casi a la par del Pity Martínez en esa corrida histórica para el 3-1 a Boca en el Santiago Bernabéu. El zaguero central lo hizo al minuto 120 de un partido abrasivo en todo sentido.

    Cholo Guinazú 

    Apenas llegó a Boca para iniciar la reconstrucción post caída en la final de la Libertadores y post era Barros Schelotto, Gustavo Alfaro -viejo zorro en estas lides- elogió, valoró y ungió a Carlos Tevez como líder y factor distintivo del nuevo equipo. A los 35 años, el Apache afronta el último año con contrato con el club y podría coincidir con el año de su adiós.

    Que River y Boca tengan a quienes tienen como referencias de sus planteles desnuda todavía más este fenómeno.

    Pero claro, de los 35 a los 37, esa edad que Crespo expuso como de jubilación prematura, no sólo es potestad de los gigantes de nuestro fútbol. Lisandro López es un toque de distinción, de docencia y de goles en Racing. Fabricio Coloccini es clave en San Lorenzo, donde Belluschi derrocha talento y Román Martínez busca mostrar su vigencia. Licht juega y patea los penales como los dioses en Gimnasia. Gelabert y Ardente son claves en San Martín de San Juan. Nelson Ibáñez ataja en Newell's y Figueroa genera juego. Damonte, Araujo y el paraguayo Antony Silva sostienen a Huracán.  El Chino Luna aprovecha los minutos que tiene en Tigre. Lugüercio, Pavone, la Gata Fernández y Andújar se suman a Braña para bancar a Estudiantes. Machín y Pisculichi son motores en Argentinos. Germán Herrera ataca en Rosario Central. Renzo Vera y Pablo Ledesma rinden en Patronato.

    De los 26 equipos de la Superliga solamente Independiente y Godoy Cruz de Mendoza no cuentan con jugadores de 35 años en adelante en sus planteles. En los otros 24 se acumulan 58 hombres que lejos están de mostrarse como jubilados en una cancha pero que cada vez más están más cerca de ese momento.

     

  • Vientos, guitarras y el algarrobo de la eternidad

     

    Hay historias muy viejas y muy nuevas en este universo cuyano cuyos habitantes son conocidos como “puntanos”. La capital siente el aliento frío del viento Chorrillero, mientras que Villa Mercedes vibra con los sonidos de su Calle Angosta y en Merlo, los versos de Antonio Esteban Agüero le siguen cantando al algarrobo abuelo.

      

    Por Julián Capria |Periodista

           Bibiana González | Ilustraciones 

     

    Hay algo en la voluntad firme del viento que desde hace milenios llega desde el sur y al dar contra la montaña gira y se suma a la constante marcha hacia el sureste del río Los Chorrillos.

    Esa voluntad se parece al destino, a la porfía de abrir un rumbo y crear un lugar donde vivir, y es acaso esa sensación fría y húmeda que la ciudad de San Luis siente desde hace un puñado de siglos.

    Es el Chorrillero, un bravo viento casi particular de San Luis, que una y otra vez tersa la cara de la ciudad metiéndose entre las viejas calles angostas y gestos de rastros coloniales, y entre tanta vitalidad renovada de un andar cotidiano y un paisaje urbano que ajustan sus relojes al nuevo tiempo.

     “El viento fue la primera sorpresa que me dio San Luis cuando me mudé; recuerdo aún aquellas sensaciones: un frío azote en el invierno y un alivio en los días calientes del verano”.

    Marita Londra, fina cantautora de música argentina llegó a la capital puntana al final de su adolescencia, proveniente de Entre Ríos. “Pero no es el único viento”, aclara. Hay otros que atraviesan la respiración y el ánimo de la ciudad, como el mismo Zonda, un emblema cuyano.

    Sí, la ciudad tuvo hasta su propia “Casa del viento”. Y aunque fue llamada así por el poeta Armando Tejada Gómez ya que por sus habitaciones y pasillos el Chorrillero andaba casi a sus anchas, en realidad fue refugio de la música folklórica argentina y, en especial, de la de la región.

    “Recuerdo que el viento entraba por todos lados, al no tener un reparo de nada, el Chorrillero estaba embravecido, no había paredes colindantes ni resguardos, la gente entraba por los costados, por el fondo y por el frente de la casa, así era mi casa, siempre llena de folkloristas y amigos”, contaba hace unos días a El Diario de la República Nilda Contreras, “La Pocha”, quien acompañó a su esposo Roberto Ledesma en sostener un lugar que se hizo leyenda. Entre los folkloristas y amigos se contaban muchos notables, como Mercedes Sosa.

    Marita Londra, que transitó la casa, celebra que la Universidad Nacional de San Luis haya incorporado, como sus vecinas cuyanas, una carrera musical como el Profesorado en Música Popular Latinoamericana. “Antes la música cuyana se transmitía ‘de oreja’, y ahora los músicos pueden desarrollarse de otro modo e investigar los sonidos de raíz”.

    Tanta sed de presente y futuro que muestra la ciudad es sencilla de reconocer para los ojos forasteros. Mientras tanto, en los últimos años se han ido sumando vecinos que vienen de los grandes centros urbanos en busca de una serena dimensión provinciana como la de San Luis.

     

    La punta solitaria 

    Aunque los documentos hayan desaparecido, se sostiene que San Luis fue fundada por Luis Jufré de Loaysa y Meneses, teniente corregidor de Cuyo, el 25 de agosto de 1594.  Luego fue abandonada, refundada dos años después y trasladada para evitar inundaciones.

    Loaysa y Meneses venía desde Mendoza atravesando paisajes llanos y áridos, hasta que en el horizonte apareció la punta que dibujaba la sierra. Así fue que “la punta” se convirtió en referencia para situar a San Luis en medio del paisaje, y sus habitantes pasaron a ser puntanos. El lugar también fue conocido como “Punta de los Venados”, por la abundancia de tales animales.

    Y serían muchos los puntanos que se pusieron a las órdenes del general José de San Martín y su empresa libertaria. Es todo un capítulo orgulloso de su historia. Tal vez por eso se tiene la sensación de que el monumento al Libertador que se alza en la plaza Independencia, en el viejo corazón de la ciudad, tiene un magnetismo especial, espacialmente para los niños que suelen jugar a su alrededor.

    En ese casco histórico de la ciudad de San Luis, junto a la Iglesia de Santo Domingo sobre la calle 25 de Mayo, en el Centro Artesanal San Martín de Porres ha funcionado una fábrica artesanal de alfombras y tapices que en su momento le dieron gran fama al lugar. Uno de sus tapices llegó a manos del papa Juan Pablo II. Ahora, Silvia Ené y Nélida Gómez, las dos tejedoras que sostuvieron el saber, podrán transmitir sus conocimientos en la nueva fábrica artesanal de alfombras.

    A solo 20 kilómetros de la capital, se asoma La Punta, esta vez como nombre propio. Es quizá la más grande de las ciudades nuevas del país: fue fundada ya en pleno siglo 21 (2003) sobre un espacio especialmente trazado y edificado. Sigue en proceso de afirmación y crecimiento, y para eso cuenta con argumentos que la apuntalan como la vanguardista Universidad de La Punta, que cuenta con su observatorio y su parque astronómico.

    La ciudad también tiene el estadio Juan Gilberto Funes, nominado así en honor a uno de los jugadores puntanos más destacados del fútbol argentino.

    Entre las singularidades del lugar, bien vale apuntar la réplica del Cabildo histórico de 1810, que fue construido al calor del entusiasmo por el Bicentenario de Revolución de Mayo.

    “Para el que nunca tuvo la oportunidad de tener algo propio, La Punta es un horizonte”, nos decía en aquellos días de 2010 Marcos Reynoso, uno de los vecinos del lugar nuevo que ofrecía facilidades para acceder a una casa. Mientras, el contexto de los cerros esperaba paciente la llegada de los gentíos.

     

    Mercedes y sus guitarras 

    A unos 100 kilómetros de la capital, hay otro gran corazón puntano: Villa Mercedes. Y aunque su condición de segunda ciudad poblada está marcada por la Ley de Promoción Industrial que atrajo la radicación de fábricas, su nombre trae consigo un viejo sonido de guitarras.

    Y no hay nada como las guitarras de la región.

    “Las guitarras merceditas (o sanluiseñas o cuyanas, que son similares) tienen como rasgo distintivo el punteo. Y punteamos hasta la boca de la guitarra. Antes se tocaba con dedo, pero cuando fueron muchas las guitarras juntas hubo que pasarse a la púa para hacerse oír. Así aprendimos a tocar de ida y vuelta y logramos mucha velocidad. Además, nuestra guitarra es protagonista permanente, hace la introducción y aprovecha todos los silencios para adornar”.

    Ese que nos contaba la esencia de la guitarra mercedina era nada menos que don Félix Máximo María, un hombre que ha regalado deleites e identidad musical y ha recogido tantos reconocimientos y honores (por ejemplo acaba de ser bautizada con su nombre la Escuela Generativa de Casa de la Música de Mercedes). Ha sido uno de Las Tres Guitarras Mercedinas, y también el miembro más antiguo de las legendarias Cien Guitarras Mercedinas.

    Es además hijo de don Calixto, uno de los señalados en la célebre e inmensamente popular cueca “Calle Angosta”, un emblema mercedino que lo refiere a todo el país. “Muchos creían que el apellido de mi papá era Casinada; claro, ‘Zabalita’: ‘Don Calixto, casi nada’”.

    Cuando habla de “Zabalita” habla de José Inocencio Zabala, el autor de esa cueca tantas veces multiplicada por intérpretes. “Aunque él tenía el sueño de que la grabara Mercedes Sosa, cuando lo hizo, no llegó a escucharla, murió antes”, nos contaba.

    La Calle Angosta, junto a las vías y la estación de tren, era un camino de salida y llegada de la ciudad de carros y carretas, y andando el siglo 20 aparecieron los almacenes y los boliches para guitarrear. Desde hace más de 30 años, ahora en un flamante anfiteatro, se lleva a cabo el Festival Nacional de la Calle Angosta.

     

    El árbol y su poeta 

    Los rastros de los seres humanos en territorio puntano no son tan antiguos como el viento pero se remontan a milenios. Lo prueban las pinturas rupestres en la Gruta de Intihuasi, cercana a La Carolina, donde los testimonios tienen unos 8000 años. Esta gruta es uno de los yacimientos arqueológicos prehistóricos más destacados del continente.

    Entre tanto, en el camino hacia adentro de la provincia, a casi 180 kilómetros hacia el sur de San Luis, el Pueblo Ranquel es toda una visión. Se trata de un pequeño caserío con las viviendas dispuestas en círculo y construidas todas de material aunque de una manera simbólica que representa a las antiguas tolderías. Fue construido luego de que el gobierno provincial le cediera tierras en 2007.

    Unos pocos años después, el cacique José Manuel Barreiro nos contaba: “El cacique lleva la responsabilidad de un pueblo. Somos curas, pastores, tratando de que se viva en armonía, vivimos del alquiler de la tierra para pastoreo y criamos caballos criollos. En el centro del trazado del pueblo hay hornos de barro. Es para que los use el que quiera. Acá tomamos lo que necesitamos”.

    Más al norte, camino a Merlo, aparece La Toma, localidad que alguna vez fue el centro del esplendor del mármol ónix, y su verde y blanco tan abundante en adornos y bijouterie de la época. “Acá había una juventud con tan buenos sueldos que se abrió una sucursal de la casa de ropa Suixtil Ñaró, muy famosa en los ‘70”, nos supo contar José “Pepe” Gil sobre el mostrador de su negocio de piedras.

    Y al final del norte puntano, en el límite con la Córdoba transerrana, se levanta Villa de Merlo, la ciudad que se convirtió en uno de los rincones turísticos del país con algunos de esos notables hoteles en su paisaje.

    Entre los distintos atractivos, hay uno que particularmente conmueve, o dos, que parecen uno: el gran árbol y su poeta. El algarrobo abuelo, que tiene más de 1200 años y es dueño de una imponencia que solo pudo ser retratada por un vecino mayor de Merlo, Antonio Esteban Agüero, que lo llamó “La catedral de los pájaros” (poema “Cantata del algarrobo abuelo”).

    “Este algarrobo fue un templo de los indios. Que luego haya sido ‘de los Agüero’, como algunos lo conocen, me da un poco de culpa. De todos modos me alivia que haya mestizaje en la familia”, nos decía Vicente Agüero Adaro, sobrino del poeta, en el patio de la casa contigua al lugar donde impacta el árbol.

    En las asombrosas ramas del algarrobo de Merlo, ese que parece eterno como en los versos de Agüero, asoma un profundo rastro de tiempo y misterio, dos de las savias de las que se nutren las venas de San Luis.