• Plaza de Mayo, entre la guerra y la paz

    Espacio privilegiado desde la fundación de Buenos Aires, a su alrededor se construyeron edificios que simbolizaron el poder. Buena parte de la historia argentina la tuvo como escenario para marchas, protestas y festejos.

  • Plebeyos y elegantes en el largo camino del carnaval porteño

     

     

    Aunque la página oficial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dice que el primer corso porteño se hizo en el año 1869, parece que la celebración venía desde mucho tiempo antes.

     

    Por Ramón Becco| Cronista de historias y leyendas populares

     

    Un joven de 28 años, llamado  Juan Bautista Alberdi,  allá por el año 1838 escribió en la revista La Moda que por ese entonces el carnaval era una “costumbre antiquísima.” El futuro redactor de la Constitución Nacional si bien no dejó constancia de lo que hoy nadie acierta en encontrar: ¿cuál fue la verdadera fecha de nacimiento del carnaval porteño?

    Sin entrar en disquisiciones para saber qué podía ser antiquísimo para Alberdi bien podemos conjeturar que dada las características del juego con agua, los disfraces, el endemoniado baile y los “permitidos” erótico-afectivos, la cosa en Buenos Aires venía de cuando llegaron los españoles.

    Traficando fechas los europeos tenían el carnaval en la primavera, pero siguiendo el calendario católico, aquí se convirtió en el fin del verano. Los gauchos seguramente se sumaron al festejo, puede ser que ellos aportaran el juego de mojar, ya que antes de las bombitas de agua se utilizaban las vejigas de animales, que llenas de agua u otros líquidos se convertían en el “vejigazo.” Los esclavos negros le dieron la impronta del baile y candombe y la igualación de clases por unos escasos 4 días  fue una costumbre que los griegos, egipcios y romanos alentaron, imponiendo desde hace más de 2000 años el todo vale carnavalesco.

    Pero dejemos que nos lo cuente el propio Alberdi. Osado para la época describió los juegos de mojar al señor o a la doncella.   “Podemos estrellar un huevo –decía Alberdi- relleno de lo que nos de la gana, sobre la frente más dorada, sobre las niñas de los más bellos ojos, sobre la nieve del más casto seno.”

    Y como para cubrirse de la picaresca sin ponerse colorado, el joven Alberdi, que por ese entonces se escondía bajo el seudónimo de Figarillo, escribió que la idea de mojar en carnaval venía de “las tradiciones de los liberales abuelos.”

    Camino a convertirse en el principal legislador nativo, Juan Bautista pontificaba que “las costumbres son las leyes de leyes” y en la misma nota de la revista La Moda decía indulgente que los huevazos o vejigazos  no podían afectar la moral y las buenas costumbres, total, decía: “¿que se pierde con que las chicas tengan tres días de confianza con los mozos, después del año que se están mirando sin tocarse, como si fueran alfeñiques?”

    El permitido, la transgresión que habilita el carnaval  es a fin de cuentas el núcleo central de la celebración.

    Y es así que la historia pagana del carnaval resistió a casi todos los intentos de encorsetarla, tanto que el catolicismo romano hizo una adaptación que llega hasta nuestros días.

    Le guste a quien le guste, la vida de los ricos y los pobres, durante el carnaval,  se pone patas para arriba. Es una revolución controlada, nunca exenta de revanchas menores y fundamentalmente de libre circulación de los deseos más escondidos.

    En el Siglo XX, bajo los gobiernos conservadores sufrió recortes y prohibiciones que se revierten con los movimientos populares. Las dictaduras militares intentaron cercarlo levantando los feriados, pero ni así pudieron vencerlo.

    Atrincherado en el barrio cuando viene la mala, no abandona el territorio y, por las dudas, se multiplica en decenas de corsos como una guerra de guerrillas cultural que ataca con colores y bombos, denunciando los pesares  del año que pasó.

    Este año de 2018, aunque el carnaval  se celebra los días 12 y 13 de febrero, los corsos porteños se multiplican durante todo el mes, cortando el tránsito en las principales avenidas porteñas.

    Las murgas porteñas, tras largos años de pelea, no sólo contribuyeron a recuperar los feriados negados por los dictadores sino que lograron que los corsos y las murgas tuvieran apoyo del gobierno autónomo de la Ciudad. Concursos y talleres de formación se  multiplican durante todo el año por los barrios porteños en escuelas, clubes y plazas que retumban al son del bombo con platillo, ícono del carnaval de Buenos Aires.

    Cada año el carnaval permite el lucimiento de más de 100 murgas, consideradas, desde hace años como Patrimonio Cultural de la Ciudad y desfilan en aproximadamente 30 corsos.

    Los nombres llaman al debate y la sonrisa. Están los que dan cuenta de la geografía del barrio como  “Gambeteando al alambrado,” los que reivindican algún héroe barrial como “Los goyeneches de Saavedra” o los que resumen su destreza dando cuenta  que están “Acalambrados de las Patas.”

    Los Arlequines de la R (por  Belgrano R) se cruzan solidariamente con Chiflados, Desfachatados, Lunáticos, Descontrolados o Viciosos de los suburbios o del centro.

    Plebeyos o Elegantes, nombres que se replican dan cuenta cabal de las identidades que afloran  en carnaval. Expresión de los pobres que ratifican su pertenencia poco aristocrática, luciendo brillosas levitas y exageradas galeras ridiculizando elegancias de patrones y señoronas, siempre con guantes blancos que dibujan en el aire, los giros endemoniados de los pasos murgueros.

     

  • Por primera vez una mujer lidera el cooperativismo americano

     

     

     

     

    Graciela Fernández  preside la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (Cudecoop) y es la primera mujer en estar al frente de Cooperativa de las Américas, la celda egional de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI).

     

     

     

     

     

     Cecilia Ghiglione| Periodista Redacción COLSECOR

     

    La representante uruguaya fue elegida en octubre durante la quinta Cumbre Cooperativa que se realizó en Buenos Aires. En una charla con Revista COLSECOR destacó el trabajo fundacional que viene realizando el Comité de Equidad de Género de Cooperativa de las Américas y el rol central que asume el movimiento en un continente que tiende a la disgregación de las instancias intergubernamentales. 

     No es la primera vez que Uruguay preside la organización regional pero sí es novedad que sea una mujer. ¿Qué significa esto en el contexto actual?

     –Para Uruguay la presidencia de Cooperativa de las Américas es un reconocimiento al esfuerzo realizado en los últimos años. A nosotros la cuarta Cumbre que se realizó en nuestro país nos marcó muy fuerte en cuanto a la visibilidad del movimiento cooperativo y fue un gran esfuerzo y compromiso para trabajar a nivel  del movimiento cooperativo de América. Desde el punto de vista de la mujer, yo te diría que acá hay un tema interesante porque desde hace unos años en el cooperativismo americano la Comisión de Género viene trabajando en forma constante y fuerte por la presencia de la mujer en cargos políticos. Parece hasta ridículo que estemos insistiendo en los términos de equidad de género en el movimiento cooperativo cuando en nuestros principios rectores está prevista la igualdad y la no discriminación de ningún tipo. Pero bueno, las cosas están así y creemos que esto significa un paso importante desde el punto de vista político.

     

     ¿Debería fijarse legal o reglamentariamente la participación de mujeres en órganos de gestión cooperativa?

    –En esto Uruguay tiene un tema pendiente en todos los espacios. En las cooperativas de base la presencia mayoritaria en los órganos de dirección es de hombres. Hay determinados lugares donde las mujeres podemos llegar a los codazos y eso tiene características particulares. Como charlábamos recién, las mujeres que llegan suelen ser jubiladas, sin hijos a cargo o estamos hablando de mujeres que hemos trabajado en el ambiente como profesionales universitarias y eso nos acerca como asesoras y nos abre un lugar. Pero la participación de las mujeres no es una cuestión que se dé en el ambiente cooperativo  de una forma fluida, normal y natural. Es decir, está atado a lo que sucede en la sociedad en general porque en Uruguay tampoco tenemos participación de mujeres en materia política. Se habla del tema de los cupos o de una participación obligatoria como se dio en la legislación chilena en materia cooperativa donde, de acuerdo al número de integrantes que tenga la entidad, tiene que haber cierto número de mujeres conformando el consejo directivo. En realidad a una le parece que no tendría que ser así, pero es una forma de comenzar. Si nosotros no ponemos disposiciones legales que respeten la conformación del consejo de administración con un número de mujeres integrantes, no creo que surja naturalmente. Creo que vamos a tener que legislar al respecto.

     

    La presencia de más mujeres no necesariamente se traduce en una mirada desde el propio género. Entiendo que vienen haciendo un trabajo interesante en este sentido.

    –Que hoy el consejo directivo de Cooperativa de las Américas (CoopAméricas) tenga una presidenta y vicepresidenta no es una cuestión numérica sino la consecuencia de la participación en la vida política que marca presencia de género y le da identidad de género al consejo. A su vez, el Comité de Género de CoopAméricas tiene una conformación de nuevas compañeras  que han tratado de traducir un criterio de política de género participativa, marcando que la mujer no participa porque en el medio social la limitan para eso. Yo no tengo que repetir que son las mujeres sobre quienes descansa el cuidado de la familia y eso las limita en la participación. El Comité de Género viene insistiendo en la participación no numérica, con identidad, y marcando una dimensión política clara de qué está sucediendo en nuestras sociedades actuales.

      

    El continente atraviesa momentos complejos en lo social, ambiental y económico. ¿Qué debe aportar el cooperativismo ante estos procesos?

    –Hay una serie de hechos que están marcando una desintegración de los organismos intergubernamentales de cooperación. En la quinta Cumbre el cooperativismo ha dado muestras, y si uno lee atentamente la declaración final podrá ver que estamos apostando a mantener sobre todo la integración de los países del continente y el diálogo social como herramienta básica para enfrentar cualquiera de los retos hoy presentes. El cooperativismo está en la vereda opuesta al discurso de muchos Estados con criterios individualistas; nosotros vamos a insistir sobre la base y el compromiso de mantener la equidad y la igualdad para lograr una economía con un tinte diferente, donde la persona humana es el centro de la cosa y donde los criterios sociales deben estar  presentes. No es sencillo hoy estar hablando de estos temas pero no podemos desperdiciar ni un solo minuto en no aportar y debatir sobre esta  situación. El idioma internacional que hoy está buscando una salida a estos desafíos globales es el mismo que hablamos nosotros todos los días: es el idioma de la cooperación y de la colaboración.

     

    En la conferencia de la Cumbre en Buenos Aires se refirió especialmente a los procesos migratorios en América como un flagelo. ¿Por qué en el sur se percibe como un fenómeno por momentos tan distante?

     –En esa presentación nosotros marcamos que existe una migración sur-sur forzada dentro de América Latina, con una situación muy compleja. En la reunión de la Otganización Internacional del Trabajo (OIT) hace poco en Panamá se habló de la desocupación en el continente entre los jóvenes de 15 a 24 años, hay más de 10 millones de desempleados, de la informalidad en los trabajadores que no están protegidos por la seguridad social de sus respectivos países; temas que no se venían tratando en América y hoy estamos viendo esa foto. No sólo en los mares europeos mueren inmigrantes. La inmigración es un flagelo en el continente y eso nos lleva a plantearnos el concepto de trabajo decente y la garantía de derechos fundamentales.

     

     


     

    Graciela Fernández  es doctora en Derecho y Ciencias Sociales.

    Su relación con el cooperativismo comenzó hace 25 años como abogada del Centro Cooperativista Uruguayo, un instituto de asistencia técnica en materia de vivienda. Desde hace una década preside esta organización, ubicada en Montevideo, desde donde han nacido muchas de las expresiones del cooperativismo uruguayo.

     

     

  • Por un lugar en el futuro

     

    Revista COLSECOR, octubre 

    COLSECOR cumplió el pasado 5 de mayo, 22 años de vida institucional. Faltan solo 32 meses para arribar a los 25 años como organización cooperativa. Como se sabe, todos los emprendimientos cuando arriban a un cuarto de siglo de existencia, ingresan en una etapa de profunda transformación.

  • Prostitución y trata de mujeres, asuntos del crimen organizado

     

    Alika Kinan, víctima de trata

     

    A 10 años de la sanción de la ley de prevención de la trata de personas, la captación y el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual persisten en todo el país. Algunos logros de las investigaciones no impiden que se reproduzcan las condiciones que favorecen esos delitos.

  • Queremos tanto a nuestras mascotas

    En la historia y el proceso evolutivo de la humanidad, los vínculos afectivos con otras especies han sido un factor importante del desarrollo productivo y social. La antrozoología es una interdisciplina que estudia científicamente la interacción entre los humanos y los animales y puede explicar por qué estas relaciones son percibidas como ventajosas. Datos de una investigación reciente.

  • Quién tiene el poder y para qué lo quiere

     

     

    La serie emblema de HBO anuncia que “el invierno está llegando” y con él su última temporada. Aquí una invitación a verla como una manera de entender el juego por acceder al poder.

  • Robledo Puch, la muerte con rostro humano

     

    Relatos Criminales 

     

    Hace 47 años que está preso y exige su libertad. El criminal más famoso de la historia argentina todavía provoca miedos profundos y revela aspectos de una violencia social solapada. 

     

    Osvaldo Aguirre| Escritor y periodista

    Desde hace 20 años, Carlos Eduardo Robledo Puch pide que se le otorgue la libertad condicional y le permitan salir de la cárcel de Sierra Chica, donde cumple una condena de reclusión perpetua con accesoria de prisión por tiempo indeterminado por 11 asesinatos cometidos entre 1971 y 1972, entre otros delitos. No le faltan argumentos: con 47 años en prisión la pena se encuentra virtualmente agotada, según los planteos reiterados de la defensa. Pero el rechazo de la Justicia a sus reclamos y el peso de la opinión pública lo mantienen detrás de las rejas.

    Desde el momento en que fue detenido, el 3 de febrero de 1972, en su casa de Villa Adelina, en la provincia de Buenos Aires, Robledo Puch no dejó de estar presente en los medios. Su impresionante saga de crímenes, la fuga de la cárcel de Olmos en 1973, el juicio oral en el que lo condenaron en 1980, los periódicos recordatorios de la prensa, sus declaraciones extravagantes y la película de Luis Ortega basada en su historia, entre otros episodios, recrearon la oscura fascinación que provoca su figura.

    El 23 de mayo fue internado en el Hospital Municipal de Olavarría por un cuadro de intoxicación con psicofármacos. Un rumor afirmó que había intentado suicidarse. Sin embargo, Robledo Puch mantiene las gestiones por su libertad ante la Cámara de Apelaciones y Garantías de San Isidro, de la que depende, y en consecuencia la esperanza de tener una vida fuera de la prisión.

    El 22 de marzo de 2017 la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires ordenó que fuera incorporado a un régimen “semiabierto de modalidad limitada”, dentro del penal de Sierra Chica, como paso previo a una posible libertad condicional. Si bien su conducta tiene una evaluación positiva, las pericias psiquiátricas y psicológicas siguen sucediéndose con informes que plantean dudas sobre el modo en que asume la propia historia criminal.

     

     

    Fuera de serie

    La captura de Robledo Puch sorprendió a sus contemporáneos. No respondía al prototipo del criminal: era un joven de clase media y provenía “de un hogar legítimo y completo, ausente de circunstancias higiénicas y morales desfavorables”, según el dictamen de Osvaldo Hugo Raffo (1930-2019), médico legista de la Policía bonaerense que contribuyó decisivamente al diagnóstico y a la imagen pública del múltiple criminal.

    Raffo describió a Robledo Puch como “un león herbívoro”, que podía ser inofensivo mientras estuviera encarcelado. La pena podía estar agotada pero el peligro se mantenía latente. “Es un psicópata agresivo, cruel homicida, incendiario, violador, destructivo y cobarde”, dijo, por si quedaba alguna duda de su opinión.

    Según un informe psicológico de octubre de 2018, Robledo Puch persiste en negar la responsabilidad de sus crímenes y en reivindicarse a sí mismo con una mezcla de rasgos mesiánicos y valores altruistas. “Frente a los delitos que se le imputan refiere que él solo comete robos. Dice: 'yo vaciaba las joyerías, luego iba y ayudaba a los pobres'. (…) Reitera que nunca asesinó a nadie. Utiliza reiteradamente a Dios como que fue predestinado por él para estar en este lugar -la cárcel-, ya que si no 'me juntaban en cucharitas en la calle por la vida que llevaba'”, sostuvieron los especialistas.

    La vida de Robledo Puch, hasta su detención, no fue en apariencia demasiado distinta a la de los jóvenes de su edad. Con su búsqueda desenfrenada de autos, vértigo y dinero, escribió Osvaldo Soriano en una gran crónica sobre el caso, “desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito”, para lo cual “tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo”.

    Una de sus frases célebres lo muestra como una especie de vocero de su generación: “Los jóvenes de ahora no nos conformamos con poco -declaró Robledo Puch en 1972-. Necesitamos coche y mucha plata para divertirnos. La mente de los tipos de mi edad cambió mucho”. Sus ideales parecían ser los básicos de la sociedad: la competencia, el individualismo, el afán de éxito inmediato.

     

    Los hechos y la leyenda

    Nacido el 22 de enero de 1952, Robledo Puch comenzó por robar una moto el 4 de febrero de 1969, por lo que fue enviado a un correccional de menores en La Plata. Parecía un chico que tenía una relación complicada con el padre, Víctor Elías Robledo Puch, empleado jerárquico en una empresa automotriz.

    La confesada “pasión por los fierros” se extendía a los autos, las motos y también a las armas. La amistad con Jorge Antonio Ibáñez, muerto en un dudoso accidente de tránsito cuando estaba con Robledo Puch, impulsó su carrera delictiva después de que se escapara de su casa el 10 de enero de 1971. Luego, el 15 de marzo de ese año, asesinó al encargado Félix Mastronardi, de 34 años, y al empleado Manuel de Jesús Godoy, de 23, en el club nocturno Enamour, de Olivos. Fueron sus primeros crímenes.

    Robledo Puch sorprendió a Mastronardi y Godoy cuando dormían. El doble crimen prefiguró los siguientes: mataba por la espalda, sin encontrarse en peligro y sin que ninguna de sus víctimas tuviera la posibilidad de defenderse. Asesinó a 11 personas sin necesidad.

    El espanto tuvo su máxima expresión el 9 de mayo de 1971 cuando se introdujo en un negocio de autopartes, en Olivos. En la planta alta del local vivía el encargado, José Carlos Bianchi, con su esposa y su hija de pocos meses. Robledo Puch e Ibáñez los encontraron dormidos, con el televisor encendido, y después de apoderarse de unas pocas cosas de valor asesinaron a Bianchi, hirieron y violaron a la mujer y trataron de asesinar a la bebé, que se salvó porque el disparo impactó en la cuna donde dormía.

    El 3 de febrero de 1972, el dueño de la ferretería industrial Masserio, en la localidad bonaerense de Carupá, se encontró con el sereno Manuel Acevedo, de 58 años, muerto de un tiro en la cabeza. En la administración había otro cadáver, el de un joven con una herida de bala en el pecho y quemaduras en la cara y en las manos. Era un desconocido, pero tenía los documentos entre sus ropas: se llamaba Héctor Somoza.

    Los policías fueron a la casa de Somoza. La madre dijo que el día anterior se había ido con su amigo Robledo Puch. En la casa de Villa Adelina, donde fueron a continuación, encontraron a plata robada en la ferretería de Carupá, cheques a nombre de la empresa, una colección de revólveres y gran cantidad de balas.

    No hubo muchas más pruebas para la acusación. Robledo Puch sostiene que las confesiones que le atribuyeron fueron el resultado de las torturas que recibió en la comisaría de Tigre donde fue alojado en los primeros días de su detención y que en las reconstrucciones de los crímenes se limitó a repetir un guion preparado por los policías.

    El 9 de febrero de 1972 un grupo de vecinos intentó lincharlo en medio de la reconstrucción de uno de los crímenes. Robledo Puch provocaba indignación por lo que había hecho y por las explicaciones insólitas que proporcionaba, o que le adjudicaban, y entonces despertaba la sed de sangre de muchos, que pedían la aplicación de la pena de muerte. El modo en que todavía hoy revela la violencia social solapada es notable en los comentarios que cada una de sus apariciones públicas provoca en foros de lectores y en las redes sociales.

    Robledo Puch causó rechazo por sus crímenes y por los desplantes y declaraciones en las que demostraba no tener la menor conciencia del dolor que había provocado. Frases como “que conste, maté siempre por la espalda”, “¿qué querían que hiciera, que los despertara?” en alusión a sus víctimas o “lo hice una vez, dos, tres, siempre fue fácil, el dedo en el gatillo y chau”, perduran como cifras del enigma de su personalidad.

    No obstante, Robledo Puch rechaza como inventos muchas de las afirmaciones que se le atribuyen, y de hecho es posible señalar cierta reelaboración mítica en un episodio clave de su historia. El 25 de noviembre de 1980, en la última jornada del juicio oral en que se lo condenó, al final de los alegatos dijo: “Esto es un circo romano y una farsa. Estoy juzgado y prejuzgado de antemano”. La declaración es citada una y otra vez desde entonces, en las crónicas y las memorias del caso, pero con el tiempo se le agregó una corrección significativa: “Esto es un circo romano y una farsa. Cuando salga los voy a matar a todos”.

    Los diarios de la época demuestran que la segunda versión es un invento posterior y que no amenazó a los jueces que lo condenaron a reclusión perpetua por 11 homicidios, dos violaciones y otros cargos por robos y daños. Lo que esa reelaboración pone al descubierto es el temor social a la libertad de Robledo Puch y su visión como un peligro para la seguridad que no ha sido conjurado.

    Su historia contiene enseñanzas e interrogantes respecto al crimen y al castigo que todavía no terminaron de despejarse. La crónica suele prestarse para disquisiciones acerca de los asesinos en serie y, no siempre con la terminología adecuada, sobre los trastornos de la personalidad, mientras otros aspectos permanecen sin ser analizados.

    Si Robledo Puch sigue siendo un peligro, la primera conclusión es que la cárcel no ha servido más que para mantenerlo bajo encierro. Como si lo hubieran ubicado en una especie de congeladora, para conservarlo tan irrecuperable como ingresó hace casi medio siglo, su caso es también el testimonio del fracaso del sistema penitenciario en la resocialización de los presos. Y si padece trastornos psiquiátricos, no ha recibido el tratamiento que merece como cualquier persona y por el que la sociedad debería también velar, en función de su propia seguridad. El criminal más famoso de la historia argentina podría mirarse en el espejo de Aníbal González Igonet, el Loco del Martillo, también alojado en Sierra Chica, que salió en libertad con el cuadro de enajenación que presentaba después de ser capturado por tres asesinatos, agravado por 43 años de encierro.

    Desde la cárcel, Robledo Puch se manifestó con frecuencia partidario de fenómenos que exaltan la violencia: los carapintadas, el antisemitismo y “el nacionalismo con z, porque mis abuelos eran alemanes”. Su fascinación por los regímenes que se basan en la eliminación física del opositor es significativa: “Me gusta la dictadura –dijo alguna vez-, hace falta una mano de hierro para encauzar el país”.

    Pero esa atracción hacia la muerte no es un atributo personal. La detención de Robledo Puch interrumpió su saga de crímenes, pero abrió otra historia de violencia: su primer lugar de detención, donde las torturas eran de rutina, fue un centro clandestino durante la Dictadura; su primer abogado desapareció en la misma época; a las palizas de los guardias se sumaron las de otros presos después de su fuga en 1973, cuando se mantuvo prófugo durante un par de días; fue testigo de innumerables crímenes en la cárcel y de motines sangrientos, como el de “los doce apóstoles”, en 1996, que según la leyenda incluyó actos de canibalismo.

    “Robledo Puch no es el monstruo inhumano que aparecía en la tapa de los diarios y revistas en la década del 70”, dice Rodolfo Palacios en El ángel negro, la feroz vida de Carlos Robledo Puch, el libro que dio origen a la película sobre el personaje. “En su adolescencia fue maltratado por sus amigos (le decían afeminado); lo he visto recordar a sus padres y llorar de emoción, angustiarse por un sueño recurrente que lo atormentaba (cuando le avisan que está en libertad y puede irse, llega el fin del mundo), denunciar con nombre y apellido a los violadores del penal que tienen privilegios”, agrega el periodista.

    Ese otro aspecto no lo exculpa de los hechos que cometió. En todo caso nos muestra que los criminales tienen rostro humano, son parte de la sociedad, y que la misma sociedad y los valores que consagra como modelos no son ajenos a su construcción. Las explicaciones también deberían buscarse dentro de la normalidad, como parecía aquel estado de cosas insospechables en el que vivió Robledo Puch mientras cometía sus crímenes.

     

     

  • Rusia y la era Putín, lejos de terminarse

     

    Gabriel Puricelli |  Coordi. Programa de Política Internacional del  LPP

     

     

    La URSS, que poco quiere decir para quienes hoy tienen menos de 50 años, se disolvió en 1991. Rusia, que era su corazón, su cabeza y la federación de repúblicas más grandes de aquella unión, retuvo de aquella el atributo más importante: el poder nuclear. Y lo retuvo de manera exclusiva. Con la anuencia de las otras potencias nucleares, Rusia se quedó con todas las ojivas nucleares que estaban repartidas por Ucrania, Kazajistán y los demás estados en los que se desmembró el gigante soviético. 

    Ese sólo recurso militar le permite a Rusia seguir teniendo al menos un atributo de potencia global. Sin embargo, eso no le ha alcanzado para retener el rol decisivo que tuvo en el mundo la URSS, actor indispensable de la derrota de la Alemania nazi y contradictor esencial de los EE.UU. durante 40 años de Guerra Fría. La disolución de la URSS es un crudo recordatorio de que el todo es mucho más que la suma de las partes. Más aún cuando ese todo formaba parte de un “mundo” que también se disolvió, con la caída del muro de Berlín como el hecho simbólico que marca ese estallido. 

    En moneda contante y sonante, la disolución de la URSS significó, inicialmente, un retroceso económico fabuloso para todos los países que surgen de esa diáspora. La dislocación del proceso productivo fue de la mano con una etapa de caos político (con intento de golpe de estado restaurador incluido) y no sería sino hasta el boom de los precios de las materias primas que Rusia podría estabilizar su economía y, con ella, su régimen político. 

    Recuperada de esa turbulencia, Rusia hoy no es más que la duodécima economía del mundo, tres puestos por debajo de nuestro vecino Brasil. Tampoco es el centro de un mundo: sólo su frontera centroasiática está bordeada de países amigos. El Báltico y la Mitteleuropa que alguna vez tuvieron a Moscú como capital de hecho, son áreas sobre las que hoy Rusia no proyecta casi ninguna influencia. 

    Rusia no es hoy, por lo tanto, una potencia global, pero sí sigue siendo una potencia nuclear, ha llegado a ser una potencia energética (gasífera, sobre todo) y proyecta la influencia política y militar necesaria para ser una potencia regional en su inmediato entorno (como lo vemos en Ucrania, con su apoyo a los separatistas rusófonos) y un poco más allá (como lo vemos en Siria, con su sostenimiento del régimen dictatorial laico de Bashar Assad). 

     

     

    Los equívocos de los que hablábamos al principio proyectan, sin embargo, una imagen más poderosa. La identificación (desde 1999) del nombre del país con el de un hombre, Vladimir Putin, refuerza ese efecto. Hace ya casi tres décadas que el ex-teniente general de la KGB soviética y ex-jefe de su agencia sucesora, la FSB rusa ocupa el cargo de jefe de gobierno (primer ministro) o jefe de estado (presidente). Después de reformar la constitución para alargar los mandatos presidenciales, su actual mandato de seis años (tuvo dos de cuatro entre 2000 y 2008) culmina en breve. No ha sido un período extraordinario como el de la primera década del siglo, cuando la suba a las nubes del precio del gas y de petróleo permitieron a la economía rusa recuperar todo el terreno perdido desde 1989, y sobre todo desde 1998, cuando bajo la presidencia de Yeltsin el país tocó fondo. La combinación de recesión y crecimiento anémico de estos últimos años no parecen amenazar la continuidad de Putin. Veamos por qué. 

    En cuanto a su régimen político, Rusia puede ser considerada un autoritarismo competitivo. En Rusia hay elecciones periódicas, pero habitualmente con algún candidato opositor proscripto o limitado en su capacidad de hacer campaña. Entre elecciones, el poder de Vladimir Putin carece de contrapesos en los otros poderes del estado. La oposición que siempre participa de las elecciones es la denominada “sistémica”. Dos partidos, además del oficialista Nuestra Rusia, están presentes siempre en el cuarto oscuro: un partido de nombre engañoso, el ultraderechista Liberal Democrático (PLD) y el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), una especie de club de nostálgicos desdentados del stalinismo. Ambos partidos tienen liderazgos casi vitalicios, Vladimir Zhrinovsky y Guennadi Ziuganov, quienes son intermitentemente, además, candidatos presidenciales. Este 18 de marzo, cuando la ciudadanía rusa concurra a las urnas, se encontrará con la boleta de Putin, con la del PLD postulando a Zhirinovsky y la del PCFR proponiendo al empresario Pavel Grudinin. 

    El gran ausente en estas elecciones es Alexei Navalny, alguien que probablemente en Europa occidental podría ser calificado como liberal. Como sucede desde el ascenso de Putin al poder, el poder judicial está siempre dispuesto a proscribir a cualquier candidato que se atreva a organizar o participar de manifestaciones callejeras no autorizadas o que (pretendidamente) reciba financiamiento extranjero para su campaña electoral o su actividad política habitual. Si además ese candidato adquiere visibilidad mediática o las encuestas lo posicionan en un lugar de popularidad, como ha sido el caso de Navalny tras el tímido movimiento de protesta contra la corrupción gubernamental de los últimos años, su exclusión de la competencia electoral puede darse por descontada. 

    Proscripto Navalny, cierto interés se concentra en Grudinin un empresario millonario que está al frente de la ex-granja colectiva (sovjoz) Lenin. La identificación de Grudinin con un programa como el del Manifiesto Comunista es seriamente puesta en cuestión por la mayoría de los comentaristas más informados, aunque el hecho de que lidere una empresa (hoy privada) que lleva el nombre del padre fundador del comunismo ruso y es un espejismo de la antigua producción colectiva parece ser suficiente para un partido de nostálgicos que recoge la mayoría de sus votos entre jubilados. Como dato adicional, la granja Lenin hoy conoce un gran éxito productivo y comercial, lo que ha hecho millonario a su propietario, pero también les ha dado a sus trabajadores la posibilidad de habitar buenas viviendas dentro del complejo de la granja y ganar salarios por encima de la media rusa. Grudinin fue diputado en el parlamento regional de Moscú por Nuestra Rusia, el partido de Putin. Abandonó el mismo con críticas a la corrupción, lo que le dio alguna visibilidad en la prensa opositora. Sin embargo, en lo que hoy puede entenderse como la decisión de ser candidato “sistémico” a la presidencia, pronto abandonó la insistencia en ese tema. Ya consagrado candidato, juró hacer una campaña “propositiva” (o sea, sin ataques a Putin). La intención de voto que se le atribuye (algo menos del 20%) ayudará sin dudas a mejorar el aspecto visual de la segura reelección de Putin, aún si no logra forzar la segunda vuelta que se realizaría el 8 de abril si Putin, por primera vez en 18 años, obtuviera menos del 50% de los votos.

     

  • San Martín, señalado por la historia y la libertad

    Es el máximo habitante del Olimpo argentino y, junto a Bolívar, el gran héroe americano. Cada vez que regresa agosto su figura se proyecta en lo alto de los Andes. Fue nuestro gran intérprete de la hora libertaria, del anhelo de independencia.

      

    Por Alejandro Mareco| Periodista

     

    Con el mismo sigilo con el que caía aquella noche temprana de julio sobre Yapeyú, atravesamos las calles quietas hasta llegar al lugar señalado, algo así como el sitio de la epifanía argentina y americana: la casa natal de José de San Martín. 

    El aire del pueblo todavía estaba estremecido por la espesura fría de la garúa. Pero había algo que estremecía más, como el presentimiento de una emoción profunda que daba vueltas en el pecho. 

    La casa natal contorneada de luces al final de la penumbra ya traía zozobra a las sensaciones. Pero fue en el interior de la otra casa, la de piedra que está al lado, que entre souvenirs y otros testimonios se confirmó la conmoción. 

    Una frase escrita de puño y letra por el Libertador sobre una hoja enmarcada y colgada en la pared, lo decía todo: “Seamos libres y lo demás no importa nada”. 

    Ese repentino estado de conciencia emocional sobre lo que representaban esas palabras, ese nombre y ese hombre en la fundación de un destino argentino y americano -para uno, sus antepasados y sus descendientes- suele ser un asunto de lágrimas comunes.

    José Ramón Lugo, entonces guía del lugar y un yapeyuano de pura cepa sanmartiniana, nos contaría cómo algunos de los miles de ojos que llegan sedientos acaso sólo por guardar unas fotos más en la memoria, de pronto empiezan a ver con el corazón y las miradas se enturbian, se empañan de otra garúa, la sentimental. 

    “Uno ve cómo la gente se emociona, incluso hasta el llanto. Es muy fuerte. Nosotros, los yapeyuanos, que estamos parados sobre la historia, no tenemos una dimensión precisa del sentimiento del visitante. A través de la expresión de los rostros, apenas si podemos calcular lo que están sintiendo”, nos decía.

     Allí, en ese rincón bajo el cielo correntino, el 25 de febrero de 1778 nació San Martín. En 1784, seis años después, se fue a vivir con su familia a España, y recién regresó en 1812 a Buenos Aires, con 34 años y al cabo de haber alcanzado el grado de teniente coronel en el ejército español. Pero venía a combatir por la causa americana, y así lo haría, hasta que después de liberar a Chile y Perú, garantizando así la libertad argentina, volvería a Europa en 1824. 

    Es decir, el máximo héroe de nuestra historia, el gran prócer fundacional americano y argentino, sólo vivió 18 años en este continente, incluyendo los seis de su infancia correntina. Puede parecer que el lejano ayer, un tiempo inaugural como de leyenda, es la sustancia de los héroes de la historia. Pero su condición esencial, la “inmortalidad” de la que se habla, es haber alcanzado la consistencia de persistir en un presente constante. 

    Convivimos con el nombre de San Martín en pueblos, ciudades, calles, teatros, cines, clubes, instituciones de todo tipo, con su cara en monedas y billetes (su rostro anciano ilustró el billete mayor emitido en estas tierras, el de un millón de pesos ley 18188), al menos hasta que llegaron los ahistóricos animales a dibujar nuestro dinero. 

    Su imagen sobre el caballo con el brazo y el dedo índice apuntando al cielo de la libertad, de la patria, está señalando el cielo del destino en decenas de plazas argentinas. 

    Y en estos confines del sur, mientras los vientos de agosto hacen que el invierno se meta en los huesos; en las aulas, sobre los renglones de los cuadernos, en la solemnidad de los actos escolares, se alza la figura de aquel gigante conquistando la eternidad de las nieves de los Andes, la eternidad de la memoria nacional.

     

    Héroe americano 

    Esa figura  de San Martín, cargada de dimensión mítica e idealización sobrehumana, ocupa el sitio más alto en el Olimpo de nuestros próceres. Su dimensión es mayor aún puesto que tiene estatura continental: junto con Bolívar, es el campeón de la libertad sudamericana. 

    Es decir, antes que nada, fue un héroe americano, pues no estaba en su concepción histórica ni política la fragmentación en todos estos países que surgieron como resultado de la puja de intereses de las oligarquías regionales. 

    “Bolívar y San Martín realizaron la unidad de la América latina, antes de formular la teoría de la unión”, ha dicho José María Torres Caicedo, escritor colombiano. 

    Es que “San Martín había asumido la misión de sustantivar la idea de Provincias Unidas de Sudamérica, emergente del acta de Tucumán. Y estaba dispuesto a lograr su objetivo malogrado por las escisiones, los localismos y los intereses partidarios. Para él no había más partido que el ‘americano’ ni más objetivo que la unificación nacional de Sudamérica independiente. Todo lo demás era accesorio y secundario”. Así lo refleja A. J. Pérez Amuchástegui, en su libro Ideología y acción de San Martín. 

    Esa dimensión sanmartiniana es parte también de una convención, de una mirada histórico-política que lo puso en ese sitial de máximo referente, “Padre de la patria” aceptado por todos. 

    “San Martín encarnaba la ideología de toda la revolución americana, en su condición de político militar desvinculado de los ganaderos y comerciantes”, sostiene Jorge Abelardo Ramos en su mítica obra Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. 

    En este punto de vista se encuadra su frase: “Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas”, según una carta que le escribe al caudillo santafecino Estanislao López. 

    Esta posición tenía que ver con negarse a combatir a los caudillos del Litoral y a los gauchos en armas de las montoneras según las órdenes de Buenos Aires, que lo quería activo en ese derrame de sangre propia antes que en la guerra por la libertad americana. 

    Su gran y genial desobediencia en 1819 a la orden de regresar de la campaña de Chile para aplastar al Litoral, lo puso en otro plano, más allá de la pequeñez del combate entre hermanos. A la altura de su trascendencia continental. 

    El otro gran patriota y uno de nuestros máximos héroes, Manuel Belgrano, en tanto, no pudo sustraerse y, ya gravemente enfermo, obedeció el mandato para regresar desde el norte a Buenos Aires para luchar contra los federales. En el camino de vuelta con sus tropas, el 8 de enero de 1820 se produjo el motín de Arequito, encabezado por los oficiales Juan Bautista Bustos y José María Paz que se negaron a ser parte de esa misión.

      

    LA GENIAL DESOBEDIENCIA   

    En enero de 1817, San Martín emprendió su campaña libertadora con la extraordinaria organización del cruce de los Andes, y dos años después, en 1819, Buenos Aires le ordenó regresar para arrasar a los caudillos del Litoral.

    Pero no obedeció, y así pudo sustraerse de combatir en favor del bando que comandaría Bernardino Rivadavia, su gran enemigo en estas tierras.

    “Todo era cuestión de aplazar un año la frenética ambición de expedicionar sobre el Perú que lo devoraba. Con sus tropas unidas al Ejército de Tucumán y a las de la Capital, podría haber concentrado diez mil hombres sobre Santa Fe y Entre Ríos y ahogar en el Uruguay (...) todos los caudillos montoneros sin dejar uno solo capaz de caminar sobre sus dos pies”, escribió el historiador Vicente Fidel López.

    Cuando estaba a punto de regresar definitivamente del Perú, Estanislao López le manifestaría en una carta:

    “Sé de una manera positiva, por mis agentes en Buenos Aires, que a la llegada de V.E. a aquella Capital será mandado a juzgar por el gobierno en un Consejo de Guerra de Oficiales generales, por haber desobedecido sus órdenes de 1819 haciendo la gloriosa campaña de Chile, no invadir Santa Fe, y la expedición libertadora del Perú. Para evitar ese escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y la del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes que se hallaba en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que a un solo aviso estaré con mi provincia en masa a esperar a V.E. en el Desmochado para llevarlo en triunfo hasta la Plaza de la Victoria”.

    Pero San Martín llegó sigilosamente a Buenos Aires en enero de 1824, recogió a su hija Merceditas y también sigilosamente se fue a Europa, donde permaneció hasta su muerte en  Francia, el 17 de agosto de 1850.

    Nunca fue sencillamente un guerrero retirado: es que su nombre, su figura sería siempre emblema de la causa americana.

     

    Lucidez, convicción, ardor 

     Era así de sencillo: o éramos todos libres o no lo era ninguno. Como San Martín  lo decía claramente en aquellas palabras colgadas en Yapeyú. Por eso tanta conmoción: la gigante determinación de aquel hombre que había nacido en ese rincón correntino nos dio identidad y destino. 

    “Seamos libres, lo demás no importa nada”. Esas palabras eran algo más que teoría o ideología: era la realidad puesta en términos concretos, en la encrucijada del momento y como resultado de una identidad recién amasada en tres siglos de colonialismo y milenios de existencia originaria. 

    O América daba una respuesta unísona al llamado de la historia, o no sería jamás. 

    Es difícil de comprenderlo en su estatura humana. Montado en el bronce y su nombre multiplicado en toda la toponimia del país, también se ha diluido su esencia de revolucionario americano y de hombre de intensa vocación política. 

    Hay momentos en los que la fuerza y la dimensión del llamado de la historia hacen que los hombres y las mujeres (que colaboraron activamente con San Martín en Mendoza) ofrenden sus suertes personales en aras de un anhelo superior, de un gran  sueño colectivo. 

    Quizás una de las maneras de sentirse parte de aquella gesta libertadora, de aquellas generaciones que persiguieron el sueño, es asumir que San Martín no fue un mesías ni un hacedor individual de la historia, pues a la historia la hacen los pueblos. 

    Por convicción, lucidez, ardor y valentía fue el hombre señalado para ponerse al frente de un pueblo que deseaba tanto la libertad y la independencia que no vaciló en regar de sangre estas tierras, sabiendo que sólo así era posible una patria verdadera. Y con ella, una mejor existencia en valores, derechos, cultura y recursos propios para sus hijos y los hijos de sus hijos. 

     

  • Santa Fe: maneras de una intensa vitalidad

    Por Julián Capria

     

    Humedecida por el paso del gran Paraná, es una provincia señalada por la fecundidad de sus tierras. Se trata de un acontecimiento humano sin pausas que cobija dos de los centros urbanos más importantes del país.

  • Se abre la grieta en el Congreso por la despenalización de las drogas

    El Poder Ejecutivo se apresta a enviar al Parlamento un anteproyecto de reforma del Código Penal elaborado por una comisión de especialistas. La propuesta incluye la despenalización de la tenencia y autocultivo de drogas para consumo personal.

     

    Por Gabriel Sued |Politólogo y periodista 

     

    Tras la convulsión generada por la batalla sobre la legalización del aborto, en el horizonte del Congreso emerge una discusión con fuertes implicaciones sociales y la potencia para abrir otra grieta transversal entre diputados y senadores: el debate sobre la despenalización de la tenencia de drogas y el autocultivo para consumo personal.

    Como sucedió con la interrupción voluntaria del embarazo, la discusión podría abrirla el Presidente, si envía sin cambios al Congreso el anteproyecto de reforma del Código Penal elaborado por una comisión de especialistas, encabezada por el juez federal de Casación Penal Mariano Borinsky. Esa propuesta no legaliza las drogas, sino que despenaliza la tenencia para consumo personal, siempre que sea en “escasa cantidad” y en un “ámbito de privacidad”.  

    En este caso, Mauricio Macri no podrá alegar neutralidad. La redacción final de la propuesta, que el Poder Ejecutivo recibirá antes de fin de año, depende de la Casa Rosada.

    La despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal es sólo un apartado de una reforma integral, de 540 artículos, que tiene como principales objetivos reforzar las herramientas penales para castigar el narcotráfico, la corrupción de funcionarios y empresarios, el terrorismo y el ciberdelito. Pero se convertirá sin dudas en uno de los puntos sobresalientes de una discusión que podría llevar meses y hasta incluso quedar en suspenso por los efectos de una campaña electoral anticipada.

    Aunque nunca llegó al recinto, el debate está presente en el Congreso hace años. En especial en la Cámara de Diputados, donde hay al menos tres proyectos con estado parlamentario para avanzar en la despenalización. Un repaso de los autores de esas iniciativas confirma que se trata de una discusión transversal: Nilda Garré (Frente para la Victoria), Victoria Donda (Libres del Sur) y Elisa Carrió (Coalición Cívica).

    En caso de que el Poder Ejecutivo ratifique la propuesta de la comisión de especialistas, será la primera vez que un presidente proponga una reforma de este tipo.

    El anteproyecto que recibió el Gobierno está lejos de suavizar las penas para los delitos vinculados con las drogas. Borinsky no integra el grupo de juristas a los que suele calificarse como “garantistas”. No se trata de una propuesta de legalización sino de despenalización restrictiva que se ajusta a la jurisprudencia de la Corte Suprema. El proyecto intenta cambiar el sujeto perseguido por el sistema penal: que deje de ser el consumidor y pase a ser el narcotraficante.

    Para eso, el nuevo Código aumenta las penas para los eslabones más peligrosos de la cadena del narcotráfico, como la fabricación, la producción y la comercialización, y crea como nueva figura penal la organización internacional dedicada a la venta de estupefacientes. Para los jefes de esas bandas se prevé una pena de hasta 25 años de prisión.

    En la búsqueda de un equilibrio que conforme a todos los sectores, en el texto del anteproyecto se señala que la tenencia de drogas para consumo sigue siendo delito, salvo que sea “escasa cantidad” y en un “ámbito de privacidad”. La misma regla se aplica al autocultivo. La propuesta se basa en el artículo 19 de la Constitución, que determina que “las acciones privadas de los hombres que no ofendan la moral ni derechos de terceros están exentas de la autoridad de los magistrados”.

    En este artículo se basó la Corte Suprema en el fallo Arriola, de 2009, para declarar inconstitucional el artículo 14 de la ley 23.737, que reprime con una pena de prisión de un mes a dos años la tenencia de estupefacientes para uso personal. El fallo sirve como jurisprudencia pero no impide que la policía detenga a miles de consumidores por la tenencia de cantidades escasas de drogas y que se abran miles de causas que todos los años terminan en el archivo. Para ajustar la legislación a la jurisprudencia del máximo tribunal hace falta que actúe el Congreso.

    El tema dividirá las aguas con rapidez, incluso al interior de las principales bancadas. Como antecedente sirve el debate de la ley que legaliza el uso medicinal del cannabis, sancionada en marzo del año pasado. Aunque fue aprobado por unanimidad en las dos cámaras, el proyecto abrió una fuerte discusión en Diputados. Los promotores de la iniciativa, en su mayoría familias con chicos que padecen enfermedades neurológicas, debieron conformarse con un texto restrictivo que no habilitó el autocultivo ni siquiera para uso medicinal. Los detractores del proyecto advirtieron que se trataba de un primer paso para abrir el debate sobre la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal.   

    El último intento serio por despenalizar la tenencia se dio en 2012, cuando los entonces diputados Diana Conti (FPV), Ricardo Gil Lavedra (UCR) y Donda acordaron un borrador de dictamen para derogar el artículo 14 de la ley de drogas. “Se permiten todos los actos derivados del consumo, tanto la tenencia de drogas como el cultivo de marihuana y las semillas”, decía el texto propuesto por los diputados, que nunca llegó a aprobarse ni siquiera en comisión.

    El nuevo proyecto de Donda, de marzo de este año, insiste en la derogación del artículo 14 de la ley de drogas, a la vez que modifica el artículo 5, para habilitar el autocultivo y la comercialización de semillas para consumo personal. También propone despenalizar la tenencia de “las hojas de coca en su estado natural destinado a la práctica del coqueo o masticación, o a su empleo como infusión”. A los mismos objetivos apunta el proyecto de Garré, presentado como reproducción de una iniciativa idéntica, de 2016.

    Acompañado por todos los diputados de la Coalición Cívica, el proyecto de Carrió promueve un “programa de prevención y asistencia pública integral de las adicciones”, propone el agravamiento de penas para la comercialización del paco y para las organizaciones de narcotráfico, e incluye una despenalización amplia de la tenencia de drogas para consumo personal. Señala que si “de la cantidad y el tipo de sustancia poseída y de las circunstancias de tiempo, lugar y modo” surgiere “que la tenencia es para uso personal, la persona “quedará eximida de pena”.  

     

    • El anteproyecto de Código Penal procura orientar el esfuerzo del sistema penal a la persecución de los narcotraficantes.
    • Sólo se despenaliza la tenencia para consumo personal cuando la cantidad es escasa y se da en un ámbito de privacidad.
    • La propuesta se ajusta a la jurisprudencia de la Corte Suprema en el fallo Arriola, de 2009.
    • En Diputados hay proyectos para despenalizar de Victoria Donda (Libres del Sur), Nilda Garré (FPV) y Elisa Carrió (CC).

     

     

     

  • Sin distinción de credo ni religión

     

    La Navidad más ecuménica de Argentina se celebra en

    Leandro N. Alem, Misiones.

     

     

     

    Por Ramón Becco, cronista viajero.

     

    La migración dejó una marca indeleble en la mayoría de las provincias argentinas. En Misiones, la diversidad cultural se expresa también a través de una sorprendente variedad de credos y prácticas religiosas.

    Quien recorre la provincia, además de visualizar una selva agredida por la mano del hombre (que aún así no empaña los hermosos paisajes), puede encontrar a la vera de los caminos: ermitas, capillas, Iglesias, oratorios que desde su arquitectura revelan la marca nacional que le dio origen.

    Leandro N. Alem junto a Oberá y Posadas son las únicas ciudades que cuentan con una secretaría de credos, una función pública que no se repite en otros municipios del país.

     

    Sabatistas, Protestantes y Católicos 

    En un registro del año 1931, la  maestra María Maidana de Zarza  daba cuenta que “en el radio de la escuela número 83 había una población muy numerosa.”  Al describir, lo que por entonces era la colonia misionera de Leandro N. Alem, legaba datos que hoy nos sirven para entender porque Argentina en el año 2013 eligió ese municipio para realizar  la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral.

    Escribía Zarza que en ese año  “el 70 por ciento de la población era alemana y que a la zona la poblaban “también brasileños, rusos y polacos.” Decía también que “los alemanes tienen una preparación general y un espíritu progresista.” Y precisaba que “la religión que profesan aquí en su mayoría es protestante, sabatistas y muy pocos católicos…”

    Y ahondando más en cómo eran las costumbres religiosas por el año 1931  relataba que “en los días de Fiesta y los domingos, se ve desfilar largas caravanas de carros, camiones y automóviles…”  y ya destacaba que  “los protestantes hacían lindas kermesses y fiestas populares y que los sabatistas respetaban el sábado, día en el que no sólo dejaban de trabajar sino que no aceptaban el pago de ninguna cuenta, ni sacrificaban ningún animal…” Leandro N. Alem comenzó a celebrar la navidad colectivamente en diciembre de 1995 y la idea surgió de buscar un encuentro  que permitiera  reunir a la gran cantidad de comunidades religiosas que se congregaban en la región.

     

    Fotos: Municipio de Alem, Misiones 

     

    Primero fueron encuentros corales de música cristiana y presentaciones teatrales; luego, año tras año, las propuestas comenzaron a enriquecerse con creatividad y participación. En el año 2016 con el aporte de los vecinos se construyó una ciudad de Belén para la que se juntaron más de 500 mil botellas de plástico. Recicladas, junto a ladrillos de poliestireno, arcilla, porcelana fría y otros materiales se convirtió en uno de los atractivos más originales de la Fiesta.

    Como toda Fiesta Nacional, la Navidad del Litoral tiene desfile de carrozas alegóricas, músicos y cantantes locales, de la provincia y los más famosos representantes del folklore nacional.

    El predio donde se realizan las distintas actividades  pertenece a la Cooperativa Agroindustrial de Misiones. La economía social  tiene hondo arraigo en la provincia de Misiones; y la ciudad de Alem una vez al año y en otra fecha produce la Fericoop, el encuentro más importante del cooperativismo en la provincia.

     

    La picada que fue colonia 

    En el año 1902 el presidente Julio A. Roca dando orden a la apertura de una picada que permitiera unir las costas de los ríos Paraná y Uruguay habilitó la colonización del lugar que por entonces era territorio nacional.

    En 1904 comenzaron a instalarse los primeros pobladores y la enumeración de sus apellidos es una descripción del país origen de su migración: Potschka, Jerke, Jansak, Reschke, Kruger; muchos, alemanes que provenían del Estado brasileño de Santa Catarina. En 1908 llegó a la picada Enrique Carlos Mecking para instalar  el primer almacén de ramos generales. En ese local, algunos años después, se habilitó la primera estafeta postal lo que llevó a que la ciudad se popularizara como Colonia Mecking. Recién en diciembre de 1926, esta picada conocida primero como San Javier - Cerro Corá pasó a llamarse Leandro N. Alem, la que recién alcanzaría status de municipio recién en 1945. La elección del nombre de Leandro N. Alem,  es un homenaje a uno de los próceres de la construcción democrática Argentina, fundador de la UCR, revolucionario del Parque, tuvo un final trágico en la ciudad de Buenos Aires.

     

    Su nombre, en Misiones, queda entonces unido al nacimiento de una de las ciudades más plurireligiosas del país y la Fiesta de la Navidad del Litora sirve para que los visitantes puedan conocer las creencias y los modos de celebrarlas de las distintas colectividades y credos que, aunque no coincidan en sus prácticas, se unen para este evento ecuménico.

     

     

    CUANDO PASA

    Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral

    Viernes 8 al domingo 10 de diciembre.

    Viernes 15 al domingo 17 de noviembre.

    Predio  de la Cooperativa Agroindustrial de Misiones.

     

     

     

  • Sivak, un desaparecido en la democracia

     

      

    Por Osvaldo Aguirre | Escritos y periodista

     

    El asesinato de Osvaldo Sivak, en 1985, fue un caso testigo de la mano de obra desocupada, como se conoció a los represores de la última dictadura que se dedicaron al delito común. El crimen, después del segundo secuestro del empresario, se convirtió en un hito de la historia reciente

     

     

    El secuestro extorsivo es la práctica por excelencia de lo que se llama crimen organizado. Su ejecución implica tareas de inteligencia, recursos económicos y capacidad de infiltración en las agencias policiales, un conjunto de requisitos que excluye a delincuentes comunes y exige la participación, la complicidad o al menos la protección de miembros de fuerzas de seguridad. Los casos tienen alto impacto público y a la vez suelen permanecer rodeados de secreto, protegidos por investigaciones superficiales o sospechosamente defectuosas. Las épocas de convulsión social señalan sus fechas más propicias en el calendario del delito, como ocurrió durante la Década Infame, la última dictadura militar y la crisis de 2001.

    La supuesta lucha contra la subversión económica fue la excusa con que  grupos de tareas de la dictadura se dedicaron al secuestro de empresarios. Los operativos, surgidos del Primer Cuerpo de Ejército, tuvieron sus ramificaciones más conocidas en la Superintendencia de Seguridad Federal y la sección Defraudaciones y Estafas, en la Policía Federal. La víctima que unió a esas bandas fue el ingeniero Osvaldo Fabio Sivak.

    “Esto es mitad trabajo y mitad negocio”, le dijeron a Sivak los policías que lo secuestraron el 7 de agosto de 1979, cuando detuvo su auto ante un semáforo en la esquina de Avenida del Libertador y Cerrito, en Buenos Aires.   Según explicaron, querían saber si la empresa que presidía, Buenos Aires Building, tenía vínculos con los Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo, y al mismo tiempo aprovechar la ocasión para obtener beneficios económicos.

    No bien consideraron que “aprobaba” el examen sobre la situación de su empresa, que daba créditos para comprar viviendas, los secuestradores pasaron a los “negocios”: pidieron un rescate de dos millones de dólares.

    Después de cumplir con una serie de postas, Samuel Sivak, padre de Osvaldo, y Julio Goyret, vicepresidente de Buenos Aires Building, llegaron en la noche del 9 de agosto a la esquina de Díaz Vélez y Sánchez de Bustamante con el rescate. Allí presenciaron una pelea entre dos grupos de policías: los que se presentaron para llevarse la plata -los subcomisarios José Ahmed y Alfredo Hugo Vidal, quienes trabajaban en Superintendencia Federal, al mando del coronel Alejandro Arias Duval- y los que acudían después que la familia denunciara el caso ante la Policía Federal.

    Ahmed y Vidal siempre argumentaron haber actuado por órdenes de superiores a los que no identificaron, y hasta pretendieron ampararse más tarde en la ley de obediencia debida. Según las investigaciones de Carlos Juvenal, un periodista que dedicó dos libros al caso y un tercero, Buenos muchachos, a la llamada “industria del secuestro extorsivo”, la liberación de Sivak se produjo porque los policías intentaron quedarse con más plata de la que pretendían sus jefes.

    La Justicia se mostró rápida de reflejos para cerrar la causa sin mayores averiguaciones. La dictadura lavaba la ropa sucia en casa: Ahmed y Vidal pidieron el retiro, junto con el comisario Antonio Fioravanti, el subcomisario Carlos Troncoso, el principal Ricardo Taddei y dos oficiales del ejército, Rafael López Fader -cuya pareja, Susana Cassain, trabajaba en Buenos Aires Building- y Roberto Fossa.

    López Fader -señalado además como uno de los que abordó a Sivak en la calle -, Fossa y Taddei - represor en el centro clandestino de detención El Banco - se incorporaron ese mismo día al Batallón de Inteligencia 601. Más que un castigo, una especie de reconocimiento de servicios ya que se trataba de otro organismo especializado en secuestros de empresarios.

                                        

     

    Una estructura intacta

    La investigación del caso Sivak se reactivó en octubre de 1985, después que Guillermo Patricio Kelly entregara a la Justicia una lista de los presuntos autores del secuestro. A causa de esa denuncia, Ahmed y Vidal terminarían condenados a siete años de prisión.

    El dato es que por entonces, mientras la Justicia resolvía, Sivak estaba nuevamente desaparecido. Había sido secuestrado el 29 de julio de 1985, cuando iba al consultorio de su psicoanalista. La familia recibió una nota manuscrita dirigida a Julio Goyret, donde el empresario decía que sus captores tenían “buena predisposición negociadora” y pedía mantener apartada a la policía y actuar “con inteligencia”.

    Si el capítulo inicial de la historia pasó desapercibido con la censura que impuso la dictadura a los medios, el segundo secuestro de Sivak se instaló como emergente de una ola de delitos que involucraba a policías y militares vinculados con la represión ilegal. En un contexto signado por el juicio a las Juntas militares (iniciado el 22 de abril de 1985) y la difusión del fenómeno del terrorismo de Estado, a partir del informe de la Conadep, el episodio tenía el sello característico de los grupos de tareas y abonaba la sospecha generalizada de que la estructura represiva se mantenía intacta.

    En esa serie se inscribieron entre otros los secuestros de Karina Werthein (14 de junio de 1978), Roberto Apstein (7 de noviembre de 1979), Julio Ducdoc (19 de noviembre de 1979, desaparecido), Sergio Meller (13 de noviembre de 1984), Rodolfo Clutterbuck (16 de octubre de 1988, desaparecido), Mauricio Macri (25 de agosto de 1991), y el primer caso Sivak, adjudicados a la “banda de los comisarios”, como se llamó a la organización de los hermanos José Ahmed -actualmente en libertad, declaró que votó a su ex secuestrado Macri en las últimas elecciones presidenciales- y Camilo Ahmed -suicidado en circunstancias sospechosas en 1992-, Alfredo Vidal y el subcomisario Samuel Miara, entre otros policías.

    El segundo secuestro de Sivak fue organizado por el oficial inspector Roberto Ignacio Buletti con un grupo de policías de Defraudaciones y Estafas. La Justicia les atribuyó además los secuestros y asesinatos de Eduardo Oxenford (el 8 de enero de 1978) y Benjamín Neuman (el 15 de febrero de 1982). Pero pasaron más de dos años hasta que la banda terminó en la cárcel.

    La investigación fue un modelo de negligencia. La Policía Federal no pudo rastrear ninguna de las llamadas telefónicas de los secuestradores, quienes cobraron un rescate de 1.100.000 dólares, y pretendió convencer a la familia Sivak de hipótesis extravagantes, como atribuir los hechos al servicio secreto israelí y a Franja Morada.

    “Las enormes dificultades del gobierno de Raúl Alfonsín para depurar las fuerzas de seguridad y sostener una política coherente hacia ellas hizo que el problema de los secuestros extorsivos se extendiera en el tiempo. En el caso de Osvaldo, el propio presidente lo leyó, en un primer momento, como parte de un plan de desestabilización contra su gobierno”, dice Martín Sivak en El salto de papá, el libro donde recuerda la historia familiar y en particular la de su padre, Jorge Sivak, quien se suicidó el 5 de diciembre de 1990, cuando el Banco Central decretó la quiebra de Buenos Aires Building.

     

    Osvaldo Sivak junto a su familia (1983)

     

    El escándalo

    La búsqueda de la familia fue encabezada por Marta Oyhanarte, esposa del secuestrado, y Jorge Sivak, el hermano. Entre otras acciones, publicaron avisos en los diarios donde ofrecían recompensas económicas a cambio de datos. La única respuesta, según recuerda Martín Sivak, fue la aparición de oportunistas y estafadores, a los que se agregaron pretendidos videntes que aseguraban que el desaparecido seguía con vida, en algún lugar de Paraguay.

    En noviembre de 1985 la investigación quedó a cargo del llamado Grupo Defensa, pomposa designación para un grupo de fabuladores que terminó por extorsionar en 300 mil dólares a la familia Sivak. Se trataba de los policías Mario Aguilar -cuyo currículum incluía denuncias como represor ante la Conadep-, Rubén Barrionuevo y Pedro Salvia, detenidos en abril de 1986.

    El episodio enfrentó a la familia Sivak con el gobierno radical, que pretendía desentenderse de los policías, y condujo a la interpelación del ministro de Interior, Antonio Tróccoli, en la Cámara de Diputados. La sesión tuvo pasajes escandalosos, primero cuando el diputado Roberto Digón hizo escuchar una grabación donde Tróccoli admitía lo que públicamente negaba -la relación de Aguilar y sus secuaces con el ministerio de Defensa- y antes del cierre por la irrupción de Jorge Sivak, hermano de Osvaldo, quien desde un palco le exigió al ministro, a los gritos, que dejara de mentir.

    El escándalo precipitó las renuncias de Germán López, ministro de Defensa, Antonio Di Vietri, jefe de la Policía Federal reemplazado por Juan Ángel Pirker, y finalmente del propio Tróccoli. El drama de la familia  -Sivak tenía cuatro hijas pequeñas- fue otro factor de interés para la prensa. Marta Oyhanarte se convirtió en una reconocida figura pública y se trasladaría a la política a través de la ONG Poder Ciudadano, de la que fue fundadora.

     

    Buletti dio la orden de matar 

    Roberto Ignacio Buletti “era uno de los policías que había ayudado a la familia durante el secuestro de 1979”, cuenta Martín Sivak en su libro. Recibió una recompensa en efectivo, con la que compró su primera casa, y un empleo en la empresa Buenos Aires Building como custodio.

    En principio,  era insospechable. Pero el 5 de febrero de 1987  fue detenido con otros policías en Salta, cuando llevaba tres kilos de cocaína. Más tarde se supo que el día del secuestro, en julio del ´85, había pedido licencia en la delegación de la Policía Federal en Mercedes, donde trabajaba. Y finalmente las confesiones de dos de sus cómplices, el oficial inspector Héctor Rubén Galeano y el oficial José Benigno Lorea terminaron por descubrir su verdadero rostro.

    La banda se completaba con Alberto Caeta -ex chofer del coronel Arias Duval-, Mario Bivorlasky, Carlos Lorenzatti, Ignacio Báez y Félix Roque Miera. Todos eran policías y tenían propiedades y gastos que no se condecían con sus ingresos.

    Cautivo en un sótano de Monte Chingolo, Sivak había sido asesinado el 12 de agosto de 1985, al día siguiente que Julio Goyret pagara el rescate cerca de la cancha de Independiente, en Avellaneda. Buletti ordenó su muerte porque creyó que el empresario le había reconocido la voz; poco antes del secuestro, como parte de los preparativos, se había presentado en Buenos Aires Building para pedir un préstamo de dinero.

    Encadenado de un tobillo a un catre, Sivak se tapaba la cabeza con una frazada cada vez que lo interrogaban sus captores. “No quería vernos la cara”, declaró Lorea. Un desesperado recurso para preservar la propia vida ante los policías, que montaron un negocio de venta de autopartes como pantalla.

    Sus restos fueron hallados el 5 de noviembre de 1987, en un descampado de la localidad de Abasto. Caeta se ahorcó en el Departamento Central de Policía después de confesar el asesinato de Oxenford; a su vez, Bivorlavsky se pegó un tiro en la cabeza cuando la policía lo detectó en una casilla de Las Toninas, donde se ocultaba. El resto de la banda cumpliría condenas de prisión.

    La resolución judicial no alcanzó para cerrar el caso. El crimen de Sivak  subsiste como un hito en la historia criminal argentina, al mostrar el modo en que los grupos de tareas se reciclaron como parte del crimen organizado a partir de la recuperación de la democracia. En 2016 la historia volvió a actualizarse con el fallo de un tribunal de Ejecución Penal que dio por cumplida la pena de reclusión perpetua a Buletti, recibido de abogado y con contactos con los hermanos Pablo y Sergio Schoklender después de su paso por la cárcel.

    El secuestro y asesinato de Sivak incluye preguntas todavía sin respuesta, revelaciones que no se profundizaron, sospechas que el tiempo contribuyó a reforzar. “La recurrente duda es si Roberto Ignacio Buletti, un oficial principal, efectivamente fue el jefe de la banda desde el comienzo”, planteó el periodista Carlos Juvenal en Buenos muchachos. “Faltan los peces gordos”, reclamó en ese sentido Jorge Sivak cuando cayeron los policías. Un capítulo central de la historia que permaneció en suspenso.

     

     

     

     

     

     

     

  • Socios del ritmo

     

    La consagración nacional les llegó cuando eran veteranos de la música tropical y ya habían puesto a bailar a varias generaciones de santafecinos. Con casi 50 años de trayectoria ininterrumpida siguen saliendo de gira.

  • Sudáfrica: promesa y realidad

     

    Por Gabriel PuricelliCoord. del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    El país cuya historia contemporánea se superpone con la trayectoria personal de esa insignia de la humanidad que fue Nelson Mandela, Sudáfrica, sigue lidiando con las consecuencias de un pasado de opresión de las mayorías, 27 años después de que su primer presidente democrático recuperara su libertad, después de (justamente) 27 años privado de ella. 

    Se trata del que fue el último país de África con un régimen de segregación racial, pero no el único donde los colonizadores europeos impusieron esa forma de opresión de la mayoría negra. Apartheidfue el nombre en la lengua afrikáans de los colonizadores holandeses que tuvo ese régimen odioso en Sudáfrica y en la ocupada Namibia. 

    Sudáfrica fue también una de las fronteras calientes de la Guerra Fría, lo cual explica en parte por qué duró tanto la protección tácita que recibió el régimen supremacista blanco de gobiernos como los de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, al menos durante un tiempo. Reagan llegó al extremo de poner el CNA en la lista de organizaciones terroristas que compila el Departamento de Estado de EE.UU., lista donde permaneció hasta 2008 (sic). No fue sino luego de la caída del Muro de Berlín que la minoría blanca gobernante (una parte de cuyos líderes estaban ya convencidos de la insostenibilidad del apartheid) se allanó finalmente a negociar con el Congreso Nacional Africano (CNA) de Mandela. 

    Sudáfrica empezó a destacarse como el país más industrializado de su continente ya bajo el régimen racista, pero la propiedad de la industria (y la pujante minería de diamantes y oro y la agricultura) estaba monopolizada por los descendientes de los colonos holandeses o ingleses. Cuando maduró el tiempo de la transición pacífica a la democracia, la instauración del principio de “un hombre, un voto” en las urnas carecía entonces de la mínima correspondencia con el poder económico. Ese fue uno de los puntos que el CNA puso sobre la mesa de la negociación con el gobernante Partido Nacional y, aunque hoy ya hay una larga lista de millonarios negros (incluido el actual presidente Cyril Ramaphosa), la participación de la mayoría negra en el poder económico sigue siendo un tema sin resolver. 

     

    Ramaphosa y Zuma

     

    Entre la liberación de Mandela, en 1990, y su elección como jefe de estado, en 1994, hubo un período de trabajosas negociaciones que fueron exitosas en desactivar el potencial de guerra civil que tenía el cambio de régimen. En medio de ellas, en 1993, el último presidente afrikáner, Frederik De Klerk, y Mandela recibieron el Premio Nobel de la Paz. Ambos líderes se propusieron evitar un retorno al período de fuerte represión estatal y violencia opositora que había marcado los años entre 1985 y 1989. Esa violencia y el endurecimiento de las medidas internacionales de boicot habían prácticamente frenado la economía sudafricana: Mandela quería tanto evitar mayor derramamiento de sangre, como asegurarse de que la economía del país estuviera en ascenso cuando a él le tocara inaugurar y luego consolidar la democracia. Las negociaciones sortearon obstáculos extraordinarios. Hubo episodios de violencia black-on-black entre el Partido de la Libertad Inkatha (conservador y mayoritariamente de etnia zulú) y el CNA (progresista y predominantemente de etnia xhosa) que hicieron temer una inestabilidad política luego de las elecciones democráticas. El más impactante hecho de sangre, sin embargo, fue el asesinato, de Chris Hani, Secretario General del Partido Comunista Sudafricano (SACP), en 1993, por un extremista blanco. Los comunistas eran (y son hasta hoy) parte de la Alianza Tripartita que fue el corazón del movimiento de resistencia y pasó a ser la columna vertebral del gobierno democrático, junto al Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU). Su líder asesinado era visto como un posible sucesor de Mandela, después de encabezar durante algunos años el ala paramilitar de la resistencia, el Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación). Las negociaciones superaron estos momentos, pero convencieron a Mandela de que la democracia en el país sería posible sólo si se evitaba la justicia retributiva con los responsables del apartheid. De allí surge una de las iniciativas por las que más es recordado su gobierno (1994-1999): la Comisión de Verdad y Reconciliación. Convencido de que el apartheid no oponía simplemente al estado y a la mayoría negra, sino a dos comunidades étnicas que se necesitaban para mantener el país en marcha (así una de ellas sólo representara el 10% de la población), Mandela optó por la justicia restaurativa, evitando la sanción de los crímenes políticos cometidos a cambio de confesiones y arrepentimientos y de compensaciones a las víctimas. 

    Mandela fue presidente y cumplió con casi todas las expectativas que había respecto de un período inaugural. El CNA emergió como el partido dominante, no obteniendo en ninguna elección presidencial menos del 60% de los votos. Los gobiernos del CNA posteriores a Mandela han lidiado de manera por lo menos despareja con las expectativas que suscitaron. La esperanza de la emancipación económica de la mayoría negra es una de las que menos se han cumplido: a pesar de un manejo macroeconómico relativamente prudente y de años de crecimiento económico casi ininterrumpidos, Sudáfrica es hoy un ejemplo de hiperdesocupación: en todo lo que va del siglo XXI, la tasa de desempleo nunca ha bajado de un astronómico 25%. 

    Una pregunta a la que se enfrentó el CNA una vez establecido como partido dominante era si iba a eludir la deriva autoritaria que ha sido típica de los movimientos de liberación africanos de la segunda mitad del siglo XX. La respuesta es positiva: la democracia nunca ha dejado de ser competitiva y enfrente del CNA siempre ha habido unas oposiciones vibrantes y con cuotas de poder provincial o municipal significativas. Pero no ha sido sólo la oposición la que se ha asegurado que no haya una deriva autoritaria: el propio pluralismo interno del CNA ha hecho su parte. En efecto, cuando el CNA percibió que el presidente iba en una dirección indeseada, se encargó de reemplazarlo: ninguno de los sucesores de Mandela ha podido finalizar su segundo mandato. En 2008, Thabo Mbeki fue forzado a renunciar, cuando, impedido de presentarse para un tercer mandato presidencial, buscó en cambio hacerse con la presidencia del partido. El autor de su caída fue Jacob Zuma, que tampoco ha logrado completar su segundo mandato: en febrero de este año el CNA lo forzó a renunciar antes de que los cargos de corrupción en su contra se transformaran en un lastre mortal para el partido en las elecciones de 2019. Cyril Ramaphosa, uno de los negociadores de Mandela en los ‘90, sindicalista devenido millonario con intereses en la minería y en la agricultura es el nuevo presidente y la nueva prueba de que los contrapesos institucionales en Sudáfrica funcionan. 

    El más pequeño de los BRICS, la tercera economía de África (aunque sólo detrás de Egipto y de Nigeria porque éstos tienen el petróleo del que Sudáfrica carece), es un actor internacional de peso y un poder regional. Miembro como la Argentina del G20, es un país luchando por parecerse a la promesa que trajo la llegada de la democracia. Ha sido capaz de sortear algunas de las trampas en las que cayeron sus vecinos, pero necesita recordarse a sí mismo todos los días las palabras de Madiba Mandela: “mientras haya pobreza, injusticia y persista una grosera desigualdad en el mundo, ninguno de nosotros puede de verdad descansar”.



  • Teatro del Libertador San Martín

    Texto y fotos: Bibiana Fulchieri

     

    Considerado como una de las máximas joyas arquitectónicas del país, “el Libertador” -como le dicen los cordobeses- es hermano del Teatro Colón de Buenos Aires, ambos nacidos de los planos del arquitecto italiano Francisco Tamburini.

    Este coliseo dio apertura el 26 abril de 1891 con una función especial de beneficencia y a partir de allí comenzó su historia, llena de datos curiosos, celebridades, leyendas…con gloria y algunas penas.

    Su monumentalidad está asentada en una superficie total de 3640 metros cuadrados. Tiene un subsuelo y cinco niveles donde es interesante observar cómo también se pueden marcar las jerarquías sociales a través de la arquitectura. Nació como un lugar para los sectores de gran poder adquisitivo y era sitio de rigurosa etiqueta- salvo el episodio del gobernador Eléazar Garzón que tomó mate en uno de sus palcos- donde se bebía champán.

    Por su escenario brillaron artistas de la talla del tenor italiano Enrico Caruso y las actrices Lola Membrives y Libertad Lamarque. En 1940 dirigió la orquesta el talentoso español Manuel de Falla.

    Hubo bodas celebradas allí y un funeral, el del socialista Deodoro Roca, una de las mentes más brillantes de la Córdoba de la Reforma Universitaria.

    Recientemente restaurado, luce con gran esplendor, aunque -dicen- perdura el fantasma del poeta Romilio Ribero, quien se refugió allí hasta su muerte, como si fuera su casa.

     

  • The Wire | Nadie hizo algo mejor

     

     

    Los tres negocios ilegales más importantes de la humanidad están vinculados, se financian entre sí y son el tráfico de drogas, de armas y de personas. El Estado, por acción u omisión, es siempre parte del negocio.

  • This is Us o los caminos de la vida

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

     

    Todas las familias guardan un secreto que cada uno relata a su manera.

     

    El relato familiar que construimos es fruto de distintas interpretaciones de la realidad; pequeños trozos de historia que nunca llegan a unirse para mostrarnos una única verdad.

    Pero que no sea la única realidad no quiere decir que todos esos pedazos de vida finalmente no puedan hacerse mito. El mito nacido del seno familiar sirve para encubrir historias o negar sucesos dolorosos, pero también para armar una base en la cual pararse para enfrentar cada momento de nuestras vidas.

    Ese juego en el que todos estamos incluidos no deja de reproducirse cada vez que alguien lo pone en palabras. Son hechos reales que no cesan de recrearse aún después de la muerte.

    This is Us, la serie estadounidense que Canal Fox volverá a emitir completa este mes, como anticipo antes del estreno de la 2ª temporada y que podemos encontrar en COLSECOR Play, nos permitió en sus primeros 18 capítulos internarnos en los pliegues de ese mito familiar que, como dijimos, no cesa de construirse.

    La serie con permanentes flashbacks nos mete en la historia de una pareja estadounidense de clase media que debe enfrentar el nacimiento de trillizos, con el agregado de que desde el primer momento debe asumir una pérdida.

    Una pérdida que intentarán superar con la adopción de otro bebe recién nacido al que conocen en la nursery al mismo tiempo que observan detrás de un vidrio a los dos hermanos sobrevivientes de ese parto traumático.

    This is Us comienza con el relato (en construcción) de los trillizos Kate, Kevin y Randall cuando están cumpliendo 36 años. Con un despliegue accesible y bien resuelto por el creador Dan Fogelman, los espectadores podemos construir los trozos de historia desde la mirada de cada uno de los integrantes de esa célula familiar y acceder a la información de vida que surge de los relatos parciales de los hermanos que expresan y sintetizan diversidades conflictivas: uno es flaco, actor famoso y sex symbol, la hermana es acomplejadamente gorda y el tercero, el adoptado, es negro.

    Pero si algo sobresale en la serie es que los personajes son dibujados en su inacabada formación de seres imperfectos que gozan y sufren una vida que los muestra sumergidos en las contradicciones del devenir estadounidense de mediados del siglo XX. Incluyendo, en ese ida y vuelta audiovisual, palabras, temas musicales y guiños que dan cuenta de la segregación y discriminación que vivían los negros, las huellas que dejó en la juventud la guerra de Vietnam y una cultura embebida en los destellos del hippismo americano. Con olor a marihuana, sabor a cerveza bajo los acordes disruptivos del rock, el blues o la música country a lo Creedence Clearwater Revival.

    Fogelman acierta cuando historiza partes de vida mostradas en un mismo lugar que cambian al ritmo de la transformación física y psicológica de los personajes. Un par de hallazgos audiovisuales que se agradecen por la rápida resolución de un relato que de otra manera podría demorarse innecesariamente, espantando a la audiencia.

    This is Us es un drama matizado por muchos momentos de comedia. Permite al público argentino encontrar similitudes de la vida diaria nacional con la estadounidense. Pero, conviene aclararlo, no está hecha para imponer modelos de vida. Y aunque parezca mentira logra momentos de suspenso en escenas simples de la vida cotidiana. Sea que se devenga en una muerte siempre anunciada, como al momento de un nacimiento que por anticipado no deja de entrañar riesgos. Suspenso y sorpresa en las actitudes siempre deplorables como en las acciones más reparadoras. Eso sí, Fogelman no condena a ninguno de sus personajes, pero tampoco nos propone monstruos ejemplares de perfección.

    La primera temporada deja inconclusa la mayoría de las historias de vida.

    Hay mucha televisión y cine en la serie. Pero también gestos y vivencias que permiten la identificación aunque más no sea parcial con algún rasgo, manía o adicción en la que todos caemos en algún momento de nuestro increíble y fantástico paso por la vida.

    La serie ha sido nominada y ha recibido varios premios. Sobresalen los trabajos de Milo Ventimiglia, el padre de la familia; Sterling K. Brown como el hijo adoptado, nunca del todo contenido por una realidad que condenaba al apartheid a todos los que no tuvieran piel blanca. Chrissy Metz es la querible mujer que no cesa de luchar contra la gordura y finalmente un entrañable Ron Cephas Jones dando encarnadura a William H. Will, alias Shakespeare, quien nos permite reconocer - en una breve pincelada- la siempre mítica y jazzística ciudad de Memphis.

    Quienes hayan visto House of Cards, podrán encontrar una versión del actor Gerald McRaney en un papel que lo aleja del millonario, influyente y corrupto Raymond Tusk. Aquí es el Doctor K, abreviatura de Nathan Katowsky, un médico tan comprometido con la salud pública como con la medicina que reconoce en los pacientes la integralidad de seres bio, psico, sociales.

    Una recomendación para almas sensibles: saquen los pañuelos. This is Us tiene escenas de fuerte contenido emocional. Pero ante tanta serie de superhéroes, políticos demolidos por empresarios devenidos en gobernantes y mundos distópicos, esta propuesta nos invita a hurgar en el cómo somos.

     

    This is Us: 1 temporada. Disponible completa en FOX App (logos FOX APP y COLSECORPlay)

    Elenco: Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Sterling K. Brown, Chrissy Metz, Justin Hartley, Susan Kelechi, Chris Sullivan, Ron Cephas Jones.

    Una serie de 20th Century Fox Television y otros.

    Creador: Dan Fogelman

  • Tiempos raros, gestiones discretas

     

    Mario Riorda  

    Dir. Maestría en Comunicación Políticia | Pte. ALICE (Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales) 

     


     

    No hay tendencia unívoca a escala regional. Electoralmente hablando, no se vislumbran bloques homogéneos que se consoliden en función de un efecto dominó. Los países y sus realidades se miran de reojo, cada partido usa el país que le conviene para poner de ejemplo o de contraejemplo. Pero cada país es autónomo. Ya no hay tsunamis electorales en bloque.

    Como en todas las elecciones, el factor local -nacional- de cada país explica centralmente los resultados. El voto castigo mayoritario hace catarsis de diferentes modos. Brasil se desahoga por derecha, México y Argentina por izquierda, y algunos países con híbridos novedosos, como El Salvador.

    Sin embargo no se puede negar que suele haber efectos contagio o de predisposición de buena parte del electorado de formar parte de modelos exitosos o extrapolables en la región. Pero atribuirle efectividad a eso es difícil hoy, aunque sí lo fue en algún momento y especialmente desde el caso de Venezuela, usado como mojón de diferenciación. Pero ahora, citando lo que pasó en la elección argentina, la derecha decía que no se podía volver a ser como Venezuela y la izquierda sostenía que fue la derecha la que nos convirtió en Venezuela. Relato crudo y estigmatizante de un modelo de país fallido que es el único caso del cual todos se intentan diferenciar.

    Es evidente que existe una ausencia de tendencias y esto se explica porque el registro de fracasos o fin de gobiernos cuestionados en estos tiempos es mucho mayor que los gobiernos que terminan razonablemente bien. Si me apuran y me piden qué país es un modelo, me costaría elegir uno. Notemos por ejemplo que el mayor crecimiento se dio en países con poca diversidad productiva: República Dominicana, Bolivia, Panamá y Paraguay. Pero que tampoco son modelos de institucionalidad consolidada.

    También hay centralidad de cuestiones asociadas a una merma del crecimiento económico, lo que hace más compleja la expansión del gasto público, especialmente tras las tempranas experiencias en gobiernos progresistas. Incluso muchos de estos han iniciado procesos de contracciones que contradicen la retórica mantenida durante años y una consiguiente complejidad nacional e internacional para no perder popularidad aceleradamente.

    Perdió peso la construcción de movimientos con líderes a escala regional que pregonen la idea de bloque. Nadie aparece encabezando un proyecto que acapare atención por la positiva. Nadie termina de liderar procesos regionales por más grandes que sean sus países. Incluso liderazgos como el de Bolsonaro en Brasil, no solo son discutidos hacia adentro, sino que la dureza (¿torpeza?) ideológica diplomática hace que tenga una dinámica compleja, en la relación con fuerte inserción en temas de otros países, como fue la tensión por su fuerte respaldo política a Macri en Argentina, desacreditando cualquier oferta opositora.

    También a esto se suman países como Chile, que no suele tener acostumbra a mirar la región como una prioridad, o los países de América Central que, con particularidades muy específicas de sus propios sistemas políticos partidarios, suelen tener poca visibilidad regional y menos impacto o influencia. Pero, curiosamente, entre países vecinos probablemente existan resultados opuestos en términos de tendencia.

    Incluso es muy visible que a los cambios hacia la derecha no les fue bien. Las gestiones desde la derecha están siendo castigadas, especialmente por grandes temas de la agenda que no supieron gestionar adecuadamente. Ampliación de expectativas no cumplidas y ausencia de proyectos, salvo su planteo explícito de rechazo al populismo. Pecaron de exceso de diferenciación con el pasado y fallaron en implementar su visión de futuro. La derecha intentó generar espacios novedosos, como la Alianza del Pacífico, pero los resultados electorales, aun manteniéndose vigente, han generado una ralentización de ese proceso.

    No hay que dejar de considerar que, tanto en gobiernos conservadores como progresistas, muchos de los triunfos no son –o no serán- tanto méritos de su buen gobierno, sino falta de méritos de articulación electoral de los respectivos actores de oposición. A pesar de esto, ya no es tan sencillo afirmar que tras el fin de era de muchos oficialismos, sea mucho más probable que los oficialismos, como en casi una década, tengan más chances de ganar que de perder en la mayoría de los desafíos electorales. Argentina ha demostrado esto con fuerza.

    Que muchos de los oficialismos no representen a amplias mayorías en la opinión pública, que tengan desempeños gubernamentales discretos -o bajos- en términos de aprobación de opinión pública, explicarán varios de los próximos resultados electorales, así como viene explicando parte de los dados en el último año. Esto es, un registro de elecciones altamente competitivas. La región no es la suma ni el promedio de sus partes. La región es cada parte, considerada individualmente.