• Carnaval, el tiempo de la vieja alegría

     

    Por Alejandro Mareco | Periodista

     

    El Carnaval tiene diversos modos de expresarse, según las maneras de cada lugar, pero la misma razón esencial de ser. Una dosis de libertad y de permiso para traspasar límites la hacen una fiesta única.

  • Ciudadanía global

     [Revista COLSECOR] #Nov 

    Los organismos multilaterales en sus reuniones periódicas vienen incorporando desde hace algunos años como tema de debate la idea de Ciudadanía Global. Confluyen en ese ámbito las representaciones de los Estados Nacionales que conviven con las tensiones de la irrupción de conflictos locales de intolerancia y segregación cultural.

    El terrorismo violento se suscita en cualquier lugar del planeta. Ya no hay lugares seguros. Las olas migratorias buscan escapar del horror de muerte y hambre. Un fenómeno que se repite como una constante en la historia universal y que en la segunda década del Siglo XXI aparece en tendencia creciente.

    El dato nuevo es que las tecnologías de las comunicaciones expandieron el ejercicio de interrelaciones de los individuos y de la sociedad civil y las fronteras de los espacios físicos se desmarcan para dar lugar a una configuración cosmopolita que entra en colisión con la resistencia de pensamientos nacionalistas que enfrentan el presente con ideas de un pasado que ya no volverá.

    Parte de la realidad indica una conformación de importantes franjas sociales con ciudadanos atentos a la actualidad del mundo y a las mejores oportunidades para su progreso con mayor dignidad y en paz. En contradicción y sin matices de entendimiento, se afirman también las visiones que se abroquelan en la defensa de los territorios de las naciones y sus pueblos adjudicando el mal de males a la globalización.

    Las decisiones postergadas de las autonomías recrudecen y cobran mayor dimensión chocando definitivamente con los tiempos contemporáneos donde hay que abordar las integraciones como un orden mundial que, más que interdependencia, lo que reclama su elaboración es la ayuda humanitaria. Es decir, ni más ni menos que comenzar a diseñar la globalización de la solidaridad contemplando las diversidades y las minorías en la sociedad.

    El año próximo, Argentina será la sede de la reunión del G-20 y el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, asumirá el liderazgo del Foro que integra más del 60% de la población mundial y el 85% de la producción económica global. Es la primera vez que América Latina será epicentro de la gobernanza del planeta donde las metas del desarrollo sustentable de las Naciones Unidas serán los temas de relevancia en el dialogo que mantendrán las autoridades con mayores responsabilidades.

    Los ejes de la agenda, en cuanto a lo económico, será evaluar los impactos de las modificaciones en el trabajo que ocasiona la revolución tecnológica. Por otro lado, respecto al desarrollo social, político y cultural, se dará tratamiento a la estructuración de políticas públicas que permitan generar cohesión social, consolidando los procesos de una verdadera integración que establezca una posición abierta al mundo y que pueda enfrentar los riesgos de las divisiones que se están propiciando tanto en Europa como en otras partes del mundo.

    Los desafíos están enmarcados en la existencia de derechos humanos universales inclusivos como lo son el acceso al agua, la salud y la alimentación. Entendemos, desde la economía social que hay que promover un cambio social con acciones cooperativas respetando en sus identidades a todas las minorías, teniendo conciencia ambiental y ejerciendo la corresponsabilidad en las democracias para erradicar la pobreza.

    Finalmente queremos expresar que la idea de construir sociedades más justas y equitativas solo será posible si somos capaces de ser cada día mejores personas. Para ello tenemos que poner en marcha un modelo educativo humanista e intercultural que transforme la realidad. Argentina es un claro ejemplo de una experimentación exitosa de convivencia entre inmigrantes. Nada es caprichoso. Nos toca ser el país sede que permita orientar la idea de una ciudadanía global. Celebramos como cooperativas la interacción solidaria y el acontecimiento porque nuestras comunidades son un fiel reflejo del logro histórico que se supo conseguir.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Ciudadanos en busca de derechos digitales

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Inv. UBA, UNQ y Conicet

     

    La diseminación urbi et orbe de las tecnologías digitales que permiten comunicar volúmenes de información extraordinarios, junto con la transformación de los procesos productivos, afectan la organización de las actividades humanas donde para el ejercicio pleno de la ciudadanía es preciso redefinir los nuevos derechos comprendidos en las “sociedades informacionales”.

     

    El concepto de ciudadanía está en ebullición a raíz de la emergencia de la cultura digital. El ejercicio de derechos, el acceso a bienes y servicios y la creación de una institucionalidad que pueda contener la escala global de operaciones de las tecnologías digitales son cuestiones que desafían los marcos de regulaciones y el reconocimiento de derechos del mundo analógico. Hoy se expanden prácticas sociales (de producción, de consumo, de contacto y comunicación) masivas y personalizadas en red, constitutivas de un nuevo espacio público, pero hasta el presente hay pocos derechos consagrados para los usuarios, en general relativos a que reconozcan los derechos fundantes de la ciudadanía digital, así como su articulación con los derechos humanos y su proyección a los entornos digitales. 

    La ciudadanía está relaciona con el (y depende del) ejercicio de derechos. Para ello, los derechos estos deben estar previamente reconocidos y debe haber políticas que garanticen su concreción. Sin embargo, en el contexto de las llamadas “sociedades de la información” el reconocimiento de derechos y su promoción a través de políticas activas resultan tareas pendientes. Sobre todo en América Latina, región del mundo que se caracteriza por desigualdades que condicionan precisamente el ejercicio pleno de derechos sociales, culturales, políticos y económicos. 

    El ser ciudadano habilita a una persona o a un grupo social a participar activamente, con derechos y obligaciones, de determinada comunidad, generalmente nacional. En las últimas décadas, procesos de unificación geopolítica regional como en el caso de la Unión Europea, o de aceleración global de flujos económicos en el mundo (la globalización), motivaron debates fundamentales acerca de la constitución de ciudadanías supranacionales (la ciudadanía europea o la ciudadanía global). Desde luego que las redes digitales interconectadas en el mundo entero reforzaron estos debates, aún cuando no hayan madurado en instituciones planetarias capaces de contenerlos y de concretarlos. 

    Por cierto, el concepto de ciudadanía es problemático ya que no implica únicamente inclusión sino que, a la vez, regula el acceso. De hecho, en su versión tradicional la ciudadanía excluía (y en muchos países sigue excluyendo) a inmigrantes, menores de edad y a grupos que en algunos países son considerados “ilegales” como los refugiados y los llamados “inmigrantes económicos” o “sin papeles”. 

    Además de esa limitación inherente a la propia categoría, la ciudadanía está ligada a una comunidad de intereses de tipo cultural e histórico, en un sentido laxo, que el alcance global de las tecnologías digitales recombina en un formato original e inestable. El ejercicio de derechos en una demarcación geográfica está siendo cuestionado con la masificación de Internet y, de modo más abarcativo, con la aceleración de la globalización político-económica a partir de la década de 1990. 

    De su primera acepción afincada en el Ágora ateniense, el concepto de ciudadanía avanzó para comprender también derechos económicos y sociales. Sobre todo en los dos últimos siglos, la ciudadanía fue perdiendo su inicial carga reducida a la dimensión individual. Fue, pues, convirtiéndose en un concepto cada vez más social. Como dice el sociólogo Manuel Garretón, “en la actualidad, las relaciones de género, los medios masivos de comunicación, el medio ambiente y el lugar de trabajo han llegado a constituir nuevos espacios de discusión de los derechos de ciudadanía”. De modo que en la armonización entre la soberanía popular, la libertad y la igualdad ante la ley, la ciudadanía asume formas diversas. Ahora bien, ¿cuál es la ley del ciberespacio ante la que pueden reclamarse y ejercerse la libertad y la igualdad? ¿qué significa soberanía en entornos digitales? 

    La primera respuesta a estos interrogantes es que la regulación excede la sanción de leyes y, en consecuencia, la falta de regulación legal en las redes digitales es reemplazada con prácticas y con un régimen de propiedad que es concentrado, global, y que mercantiliza la lógica de funcionamiento de servicios y aplicaciones. Esta situación, sumada a las prácticas de vigilancia y controles ejercidas por agencias de seguridad y gobiernos, en muchos casos sin amparo legal, enfatiza la necesidad de pensar en los derechos de las ciudadanías digitales. Al no existir una “carta magna” sobre derechos en Internet consolidada a nivel mundial y al carecer de un poder instituido con legitimidad como para tomar decisiones que, a imagen y semejanza del Leviatán  del filósofo Thomas Hobbes, sean respetadas por el conjunto, el debate y las tensiones están a flor de piel. O, mejor dicho, a flor de red.

     

     

     Redes troncales submarinas de Internet

  • Cómo combatir a los ciberespías

    Las principales amenazas y las medidas de seguridad que hay que tomar.

  • Con el mate en una mano y el mouse en la otra

    Aunque sin estadísticas oficiales, se calcula que en Argentina hay dos millones de personas que tienen la oficina en su propio hogar. Tienen flexibilidad horaria pero muy poca estabilidad. No les afecta el clima ni les preocupa el transporte para ir a trabajar. Cruzan los dedos para que no se corte la conexión a Internet.

  • Contenido local e interés público

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Investigador en la UBA, UNQ y Conicet

     

     

    Uno de los aspectos menos abordados y sin embargo más preocupantes de la transformación radical del ecosistema de medios de comunicación en todo el mundo es la desaparición de los productores y difusores de noticias y eventos locales que, en un escenario de concentración a gran escala de las comunicaciones, dejan de ser asunto de interés de los conglomerados dominantes del sector. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras describen el impacto de la digitalización de las comunicaciones en el periodismo local como un proceso grave, disruptivo y avasallador. Pero este desenlace fatal, que en la Argentina sólo en 2017 alcanzó a numerosos medios de comunicación de todos los tamaños y alineamientos político/ideológicos, podría evitarse en muchos casos y atenuarse en otros. 

    El desenlace es inevitable si se dejan la información y la cultura en manos del mercado exclusivamente y si se consagra su funcionamiento a la ley del más fuerte. Entonces sí, la desaparición de especies tiende a la progresiva desertificación de la comunicación local en primer lugar y, luego, amenaza la escala regional. Hay dos consecuencias visibles de ello: la pérdida de empleos y la disminución de perspectivas, géneros y puntos de vista en circulación en una sociedad. Consecuencias que son más dolorosas en ciudades y pueblos pequeños y medianos que en muchos casos ya quedaron sin prensa local y que en la actualidad ven que sus emisoras de radio y tv están al borde del cierre, toda vez que allí la escala económica es inferior a la de los grandes centros urbanos. 

    Además, en un contexto que a nivel normativo alienta la absorción de pequeños emprendimientos por parte de grandes grupos económicos y que en lo político descuida la promoción de la cultura local, la expectativa de supervivencia de empresas y actores no dominantes de la Argentina profunda es menguante. 

    Con todo, podría haber mejores noticias, aún en el complejo panorama global: si en lugar de adoptar un rol de espectador indolente el Estado formulara políticas activas, rescatara la concepción de que la cultura y la información tienen interés público -concepción inserta en la Constitución Nacional- y que su acceso diverso es imprescindible para la construcción de una sociedad democrática. Entonces sería posible aprovechar la potencialidad de las tecnologías digitales para alentar la producción de noticias y entretenimientos en el ámbito local. La cultura es, además de un espacio de identificación y recreación de valores y sentidos, un sector económico que genera empleo, riqueza y que colabora con la ampliación de las competencias intelectuales más amplias en la sociedad. Ello implica, claro está, asumir que no se trata de un sector librado a la mítica mano invisible del mercado sino que, como muchos otros servicios de interés relevante, precisa de apoyos con reglas de juego estables. 

    El interés público justifica la activa promoción de la cultura y las comunicaciones -tal como sostiene la Convención de la UNESCO para la Diversidad Cultural de 2005, ratificada por la Argentina y otros 143 países-, mediante sistemas de aliento directo, subsidios y concursos para promover la generación de contenido local, nacional, independiente y diverso. Sin apoyo público la cinematografía, el teatro, la edición de libros y la música no comercial perecerían, no sólo en la Argentina sino también en países centrales con potentes mercados como Francia, Alemania o Italia. Parte de esta importancia está reconocida en la legislación sobre comunicaciones que promueve a actores locales en ciudades de menos de 80 mil habitantes. 

    Por otro lado, gracias a la intervención de la Comisión Europea, de los tribunales europeos de competencia y justicia y, más recientemente, del Congreso de EEUU, los gigantes globales de Internet van tomando consciencia de que se necesita mucha mayor transparencia y garantías de rendición pública de sus procedimientos con los datos personales y colectivos que recolectan y gestionan. Parte de un nuevo ecosistema de comunicaciones podría estimular la circulación y jerarquización de contenidos locales en pos de un compromiso más sólido con la sostenibilidad de las comunidades. Para ello, nuevamente, es necesario que los Estados refuercen la noción de interés público ligada la cadena de producción y circulación social de información y cultura. 

    Estas oportunidades no estarán abiertas por siempre ni son excluyentes del contexto argentino, aunque en este caso interpela de modo directo las acciones definidas por el gobierno de Mauricio Macri tanto en lo que respecta a su fondo, como también a los métodos de toma de dichas decisiones.

     

     

    Artículo 2 (inciso 7) de la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales de la UNESCO (2005),  ratificada por la República Argentina: 

    “El acceso equitativo a una gama rica y diversificada de expresiones culturales procedentes de todas las partes del mundo y el acceso de las culturas a los medios de expresión y difusión son elementos importantes para valorizar la diversidad cultural y propiciar el entendimiento mutuo.”

     

  • Córdoba | Un viejo faro en el corazón del Interior

    La universidad pública y el estallido industrial de mediados del siglo 20, entre otros imanes como el turismo, atrajeron legiones de argentinos a ese corazón mediterráneo. La música del cuarteto, el humor y otros rasgos cotidianos la identifican claramente.

  • Crímenes de odio, la violencia invisible

    El juicio por el asesinato de la militante trans Diana Sacayán puso en escena las muertes provocadas por desprecio a la identidad de género. Un delito que agrava la pena por homicidio, pero de rara aplicación en las resoluciones judiciales.

     Por Osvaldo Aguirre | Escritor y periodista 

     

    MAPA DEL DELITO | Fue un fallo histórico, pero tuvo poca repercusión en los medios. El 17 de junio el Tribunal Oral en lo Criminal número 4 de la ciudad de Buenos Aires condenó a Gabriel David Marino a la pena de prisión perpetua por el asesinato de la militante trans Diana Sacayán y consideró como agravantes la violencia de género y también el odio a la identidad de género, un delito contemplado en el Código Penal pero que parece inexistente.

    “Se trata del primer asesinato de una persona travesti que es calificado como un crimen por prejuicio o discriminación y con violencia de género, y en el cual por primera vez en nuestro país el sistema de justicia llama por su nombre: travesticidio”, señaló Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (Ufem). “Es decir –agregó en su alegato durante el juicio-, a diferencia de lo que ha venido ocurriendo con los crímenes cometidos contra personas travestis trans -básicamente, impunidad-, en este caso la Justicia respondió en línea de las exigencias internacionales de los organismos de derechos humanos”.

    Gabriel Marino fue una de las dos personas –la investigación continúa para identificar a su cómplice- que asesinó a Sacayán dentro de su departamento ubicado en Avenida Rivadavia 6747, en el barrio de Flores, entre la noche del 10 y la madrugada del 11 de octubre de 2015. Ambos atacaron a la víctima con un cuchillo de cocinero, la golpearon, la ataron de pies y manos, la amordazaron y la apuñalaron para causarle múltiples heridas. “El altísimo grado de violencia guarda relación directa con la identidad de género travesti y su militancia”, sostuvo el fiscal Ariel Yapur, quien invocó precisamente como parte de la acusación el artículo 80, inciso 4, del Código Penal, que castiga con prisión perpetua al que mata a otra persona por odio racial, religioso, de género, a la orientación sexual, identidad de género o su expresión.

     

    Un antecedente paradigmático

    En octubre de 2000, Amnistía Internacional publicó el informe “Crímenes de odio, conspiración de silencio”, que relevaba denuncias de tortura y malos tratos basados en la identidad sexual en diversos países. El documento incluyó el caso de Vanessa Ledesma, una transexual que murió mientras se hallaba bajo custodia en el Precinto 19 –excomisaría 13- de Córdoba.

    Ledesma había sido detenida el 11 de febrero de aquel año durante una pelea en un bar. La policía informó que su muerte, cinco días después, se produjo por paro cardíaco. Pero la autopsia mostró que el cuerpo tenía señales de tortura, incluso hematomas graves.

    “Los transexuales afrontan un grado muy elevado de discriminación y de abusos –destacó Amnistía en el informe-. A menudo se los trata como los máximos «fuera de la ley del género», y se los castiga no sólo por transgredir las barreras que la sociedad ha construido en torno al género, sino, en algunos casos, por cambiar de sexo biológico. Para muchos, la «condena» por esta transgresión es la violencia, incluida la tortura”.

    La muerte de Ledesma resultó paradigmática de la trama que sostiene la impunidad en los crímenes de odio: las amenazas y el hostigamiento de la policía hacia los denunciantes, como le ocurrió a Vanessa Piedrabuena, de la Asociación Travestis Unidas de Córdoba; la administración burocrática de la Justicia, que derivó la causa entre diversos fiscales y jueces sin que ninguno se preocupara por la investigación hasta su cierre por falta de pruebas el 14 de marzo de 2002; la mirada discriminatoria de los medios de comunicación, como la crónica que le dedicó el diario La Voz del Interior.

     

    Ensañamiento y desprecio

    Los crímenes por odio presentan particularidades en su modo de ejecución. El fenómeno del overkilling, la extrema agresividad identificada por especialistas como rasgo también en los femicidios, es característico: en ellos hay “especial ensañamiento en el modo de ejecutar el crimen, utilización de múltiples armas homicidas, desprecio en el descarte del cuerpo y señales de violencia excesiva en la escena del crimen, entre otras cuestiones”, dijo la fiscal Labozzetta durante el juicio por la muerte de Sacayán.

    La especificidad de los asesinatos de travestis “se concentra en estar destinados a la eliminación/erradicación del colectivo travesti trans por razones de discriminación estructural”, señaló Labozzetta. No se trata de una metáfora sino de ideas y propósitos conscientes, como se comprobó en el caso de la banda neonazi Bandera Negra, cuyos integrantes fueron condenados a prisión en mayo pasado en Mar del Plata y que sostenían que las travestis “son aberraciones de la humanidad y no tienen perdón de Dios”.

    En uno de los escasos estudios sobre la cuestión (disponible online) el juez de ejecución penal José Milton Peralta señala que “los homicidios por odio merecen una pena más intensa que los comunes porque suelen presentar una fenomenología aberrante consistente en aumentar deliberada e intensamente el sufrimiento de las víctimas”.

    El asesinato de la joven trans Vanesa Zabala, ocurrido el 29 de marzo de 2013 en la ciudad santafesina de Reconquista, demostró el grado de ferocidad al que alude Peralta. La víctima fue atacada por seis personas –entre ellas dos menores- y murió por traumatismo de cráneo después de ser arrojada contra los hierros de la estructura de unos carteles de publicidad. Tenía múltiples golpes, cortes en la cara –con una tijera- y un desgarro anal por haber sido empalada con el caño recortado de un ventilador.

    La investigación fue impulsada por organismos de derechos humanos y familiares de Vanesa. El 20 de diciembre de 2017 el tribunal de sentencia de la ciudad de Vera condenó a los cuatro acusados a prisión perpetua, pero no incluyó el agravante por odio a la identidad de género.

    Si los jueces no lo consideraron probado, Ana Virginia Abasto, condenada por el asesinato, lo proclamó a los gritos: “Que se mueran todos los putos. ¿Qué me importan las familias ni nada? Que se pudran todos los putos”, vociferó, mientras la sacaban esposada de la sala de audiencias, rumbo a la cárcel donde deberá pasar, como mínimo, los próximos 35 años.

     

    Neonazis en acción

    El Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Mar del Plata en 2015 terminó de la peor manera. Las cámaras de televisión registraron los incidentes el 11 de octubre de ese año, cuando dos jóvenes corpulentos y de cabezas rapadas agredieron a golpes a un grupo de mujeres que se manifestaban a favor del aborto frente a la Catedral local. Se trataba de Nicolás Caputo y Oleksandr Levchenko, un joven ucraniano que ostentaba un escudo de madera con la cruz esvástica, integrantes del grupo neonazi Bandera Negra.

    La agresión no surgió al azar. Otro integrante de la banda, Gonzalo Paniagua, tenía el programa del Encuentro Nacional de Mujeres, donde había subrayado los talleres de debate sobre anticoncepción y aborto, “lo que permite inferir que el grupo seguía las actividades (realizadas en el Encuentro) para definir sus acciones”, dijeron los jueces del Tribunal Oral Federal en lo Criminal de Mar del Plata, que condenaron a siete miembros del grupo a penas de entre cuatro y nueve años de prisión efectiva.

    Las actividades del grupo, organizado por Alan Olea, Caputo y Paniagua, se formalizaron en enero de 2014, cuando anunciaron la conformación de la rama marplatense del Frente Skinhead Buenos Aires (un video de esa reunión aún se puede ver en YouTube). Hacían el saludo nazi, se identificaban con consignas del nazismo e idolatraban a Marcelo Scalera, una especie de mártir skinhead fallecido en abril de 1996 en una pelea en el Parque Rivadavia, en Buenos Aires.

    Además realizaban “entrenamiento de combate” y fantaseaban con hacer “arrestos civiles”, en los que privarían de la libertad a sus enemigos. “Todos sus delitos son delitos de odio que tienen una alta motivación discriminatoria: atacan porque las víctimas son judíos, homosexuales, del colectivo LGBT, bolivianos «que no merecen tocar dinero argentino», punks, anarquistas”, señalaron los jueces marplatenses.

    Así, apalearon en grupo y causaron lesiones a Tamara Mora Paz, una travesti en situación de calle que sobrevivía mediante la prostitución, “únicamente por el desprecio hacia la condición transgénero de la víctima”; hostigaron con cuchillos y manoplas a tres adolescentes punks y les advirtieron que los matarían “uno por uno”; amenazaron a una joven por manifestarse como feminista y atea; apalearon y provocaron graves lesiones a militantes anarquistas, en un ataque cuidadosamente planificado, entre otros hechos.

     

    La zona de La Perla se transformó en una especie de coto de caza del grupo, que propinaba golpizas y hostigamientos a trabajadoras sexuales por su orientación de género o por su origen racial –una mujer dominicana fue atacada por “tener olor a negra”, dijeron- y a militantes de la comunidad LGBTI, y provocaba daños a locales de instituciones sociales ideológicamente opuestas. Lejos de ocultarse, se jactaban de sus delitos en las redes sociales y difundían discursos donde la xenofobia se combinaba con el delirio: “No a la ocupación boliviana en Salta –dijeron en una especie de comunicado-. No a la indiferencia del gobierno Argentino. Sí a la Patria. Todos por Salta. Evo fuera de Salta o conocerás el verdadero lamento Boliviano. Viva la soberanía Argentina ¡Argentina para los argentinos!”.

    Si bien terminó con una condena judicial, el caso de los neonazis marplatenses mostró que las conductas de odio y discriminación no responden a fenómenos aislados sino que enraízan en cuestiones culturales –como el machismo y el menosprecio de las mujeres- y cuentan con la indiferencia y la tolerancia de funcionarios y sectores de la sociedad: los policías marplatenses  desalentaban a las víctimas para hacer las denuncias; en el juicio oral el fiscal Juan Manuel Pettigiani le restó gravedad a los hechos, negó que hubiera motivos de odio y pidió penas leves y absoluciones; el presunto ideólogo del grupo, Carlos Gustavo Pampillón, conocido por sus declaraciones xenófobas y discriminatorias y procesado por otros daños, recibió el beneficio de una probation.

     

    La palabra justa

    Gabriel Marino la conoció el 9 de septiembre de 2015 en el Cenareso. Ganó su confianza, se convirtió en su pareja y un mes después la asesinó. Diana Sacayán murió víctima de la violencia contra la que luchaba. “Las lesiones fueron de extrema brutalidad, y, por su pluralidad y especificidad, estuvieron dirigidas a marcar el rasgo específico típico del odio”, dijo el juez Adolfo Calvete, presidente del Tribunal que juzgó el hecho.

    En el curso del proceso, parte de la discusión giró en torno al reclamo de los querellantes y la fiscalía para que el caso sea considerado como travesticidio. “Los asesinatos de personas LGBTI no suelen categorizarse como crímenes de odio o crímenes por prejuicio y en consecuencia terminan siendo investigados y juzgados como crímenes particulares. Esto perpetúa su invisiblización y, así, favorece el sostenimiento de su impunidad”, planteó la fiscal Mariela Labozzetta.

    “Este camino tiene una finalidad de sentido, dar cuenta de que estamos frente a un fenómeno –agregó la titular de la Ufem-. Un fenómeno complejo, estructural, sistemático, que afecta a un colectivo amplio de personas y que es específico. Las travestis, como las mujeres, son asesinadas por ser tales, por su identidad de género, por confrontar los estándares de normalidad. Estos crímenes se repiten, se sostienen, se multiplican y hasta ahora no tenían nombre. Son invisibles. Si no tienen nombre, no tienen reconocimiento. Y si no se les reconoce existencia, no tienen amparo y tampoco tienen consecuencias”. A partir del juicio por el crimen de Diana Sacayán, se llaman travesticidios y reciben la pena máxima que contempla el Código Penal.

     

     

  • Cromañón. La tumba del rock

     
    La tragedia de Cromañón dejó 194 muertos y todavía, 13 años después, sus víctimas esperan Justicia. Una trama de desidia, tragedia, heroísmo y… ¿Justicia?

     

    Por Dante Leguizamón |Periodista, Córdoba 

     

    El día 30 de diciembre de 2004 la banda de rock Callejeros cerraba una serie de tres recitales en República Cromañón, un local ubicado en la calle Bartolomé Mitre 3058 de once, en la ciudad de Buenos Aires. Por entonces había pocos lugares en la ciudad de Buenos Aires habilitados para recibir a tanta gente. Cromañón permitía el ingreso de unos 1500, aunque dicen que ese día no había menos de 3000.

    El control de acceso era responsabilidad de los integrantes de la banda. Los asistentes eran revisados y cacheados. Inspeccionaban ropa, zapatillas, carteras, bolsos, riñoneras. El objetivo era evitar que ingresaran con pirotecnia, pero muchos podían pasar sin control.

    Cromañón pertenecía a un histórico de la noche porteña, el empresario Omar Emir  Chabán. La organización del recital estuvo a cargo de Chabán y los miembros del grupo incluido su manager, Diego Marcelo Argañaraz.

    Chabán los había apoyado desde sus inicios y la banda había realizado varias presentaciones en Cemento, otro local explotado por él. Todos sabían que en el lugar no había control. La banda tenía a su cargo la impresión y venta de las entradas, el control de la recaudación, la contratación del personal de seguridad y la publicidad; Chabán decidía cuándo se abrían las puertas y en qué forma ingresaría el público. También era responsable de las condiciones de seguridad.

    Las ganancias eran repartidas en un 70 por ciento para Callejeros y un 30 para Chabán, que tenía como encargado del lugar a Raúl Alcides Villarreal.

    Esa noche, minutos después de las 22:30, Chabán se acercó a la cabina de sonido y a los insultos se dirigió al público diciendo que había en el lugar más de 6.000 personas, que no había ventilación y que, si se producía un incendio, iban a morir todos.

     

     

    La tragedia

    Cerca de las 22.50 Callejeros subió al escenario. El cantante, Patricio Santos Fontanet tomó el micrófono y le dijo al público que le hicieran caso a Chabán y no tiraran bengalas porque podían “morir todos”. En un video que puede verse en Internet,  Fontanet, pregunta:

    -¡¿Se van a portar bien?!

    El público le responde que sí. Fontanet vuelve a preguntar y empieza el primer tema. También las primeras bengalas y la pirotecnia. Mientras Callejeros sigue tocando, la media sombra del techo comienza a arder. El fuego avanza y algunas brasas caen mientras empieza a verse un humo espeso y tóxico. La media sombra se convierte en una lluvia de fuego. Aunque no lo saben, la tragedia está por comenzar justo en el momento en que en el video se ve al saxofonista advirtiendo lo que ocurre hace que la banda deje de tocar. En la investigación judicial que cimentó el juicio se especificó que la mayoría de las puertas de egreso estaban cerradas. Lo mismo ocurría con la salida alternativa de emergencia. Así comenzaron a generarse amontonamientos y avalanchas que dificultaron la evacuación. Todo se complicó porque instantes después de comenzado el incendio se cortó la luz.

     

     

     

    Relatos

    “La gente gritaba: `Loco, mañana es Año Nuevo’, ‘Yo quiero salir’, ‘Tengo un hijo’, ‘Mamá ayudame’”, cuenta Mauge, una chica que tenía 16 años aquel día. Su testimonio forma parte del libro “Generación Cromagnón”, excelente reconstrucción realizada por el sitio LaVaca.Org.   [Libro completo para descargar]

    Es sólo uno de los relatos de aquella noche donde queda en evidencia la impresión de muchos de que lograron sobrevivir dejando a otros detrás o, literalmente, pisando los cuerpos de los que no tenían fuerzas para escapar.

    En el mismo libro se encuentra el relato de Sonia que estaba en el sector vip. Desde ese lugar llamó por celular a su madre: “’Nos estamos quemando, te quiero un montón’, le dije. Pero no entendía nada y me decía: ‘Salí, salí’”.

    Sonia cuenta cómo logró sobrevivir: “Yo era una de las muertas. Me quise tirar por la baranda, pero nunca llegué. Me desmayé. El que me sacó a mí se llama Roberto, un chico de más de 40 años que salía de trabajar, pasaba por ahí y se puso a ayudar”.

    Muchos chicos cuentan que la única manera de salir fue sumarse a una especie de avalancha humana. Mientras caminaban sentían las manos de los que habían caído y pedían ayuda. Además de las irregularidades en el edificio (falta de sistema de extracción de aire, falta de grupo electrógeno, agregados en el predio que no figuraban en los planos y complicaban la circulación, ventanas que habían sido tapiadas, rejas con candados y varias cosas más) tampoco existía en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires una mecánica de reacción ante estas contingencias. En el libro citado se destaca el testimonio de Matías y Eliana, dos de los muchos héroes de aquella noche. Matías es músico, bailarín, poeta y presentador de la Murga Malayunta: “El humo te adormecía, te llevaba. Me estaba como desmayando y uno que venía atrás me dice: ‘Flaco, si te querés morir, morite, pero a mí dejame salir’”.

    Matías reaccionó y logró llegar hasta la puerta: “Llegué a la salida con los shorts en los tobillos: los iba rompiendo cuando caminaba. Tenía un pantalón corto rojo, del Manchester United y una remera negra de La Renga, las topper blancas, y calzoncillos grises. Me subí los pantalones y me hice un nudo con el elástico para ajustarlos”. El problema fue que Matías había quedado en juntarse con su novia y los amigos pero cuando llegó, no había nadie.

    “Me cruzo con otra amiga que me dice: ‘No encuentro a Darío’. Le digo: ‘Va a venir para acá, pero aguantá que voy a buscarlo’. Llego hasta la puerta, sale una piba y pum: se desvaneció ahí. La levanto, veo una ambulancia en la esquina, me acerco y arranca. Me pongo adelante con la piba en brazos. El chabón toca bocina y le grito que primero suba a la piba. Empecé a patearle la ambulancia. Baja una mina, pero estaba totalmente desbordada. Le pegué un cabezazo al parabrisas. Viene un chabón y le paso a la piba: ‘Sostenela porque falta mi novia y un montón de gente’ le digo y se la dejo. Me voy para la puerta”.

    Eliana también logró salir así que cuando Matías volvió de dejar a esa otra chica la vió a cinco metros de la puerta: “Salí para la otra esquina, no veía a Matías ni a los chicos. Lloraba de desesperación. Y de golpe él me abrazó. Pero yo no veía nada, estaba como ciega”, dice. No había tiempo para lamentarse así que Matías volvió a buscar a los otros amigos que faltaban y comenzó un periplo en el que no sabe cuántas vidas salvó.

    “Me acerco a la puerta y lo veo saliendo a Maxi. Se le habían caído los pedazos de la mediasombra, lo quemaron los chispazos. Uno miraba alrededor y no había bomberos, ambulancia ni defensa civil. Los amigos se fueron encontrando y empezaron a organizarse para llamar a las familias pero como el horror seguía y la ayuda no llegaba, decidieron seguir ayudando: “Llegamos a la entrada y una mujer nos dice: ‘Mi hijo está en una silla de ruedas’. ‘Tranquila, ahí lo traemos’. Le dije y me hice bien el nudo con el elástico del short. Nos paramos en la puerta. Dijimos: ‘A la una, a las dos, y a las...’, pegamos un respirón y entramos. No sé si nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando. Nos miramos y pensamos: ‘Hay que entrar, algo hay que hacer’. Había montones de personas apiladas estirando la mano gritando: ‘Sacame, sacame’. Empezamos a tirar, empezamos a sacar. Sacábamos, y los íbamos llevando para la esquina. Me acuerdo que a una piba la tuve que tirar de los pies para traerla para mi lado. La alzo y la llevo para la ambulancia. Llego y un chabón se me para adelante y me dice: ‘Bajale eso, bajale eso’. Era porque la piba estaba desnuda de arriba, se le había quedado la remera en el cuello. ¡Se le veían las tetas, ése era el problema! Y yo le gritaba: ‘Pelotudo, ¿no ves que se está muriendo? Dejame pasar o te mato’. Ahí sentí esto: la chica se me estira para atrás, y le sale todo negro de la nariz. Estaba muerta. Te digo la verdad: me di cuenta porque una vez tuve que sacrificar a mi perra, y se estiró así”.

    Eliana recuerda: “Se estiraban y les salía todo negro de la nariz a los chicos”. Cuando Matías regresó se encontró con Darío que le dijo que había encontrado a su hermana y la había podido sacar. Juntos volvieron a ingresar: “Saqué a un pibe que no sé cómo hice, porque era gordito, re-pesado. Justo llegan los bomberos, había pasado un montón de tiempo. Un pibe le dice a un bombero: ‘Dame la máscara’ y el tipo le contesta: ‘No, es mía’, pero tampoco la usaba para entrar. Yo llevaba al pibe ese, lo pongo en el piso, un bombero le tira agua y dice: ‘Mantenelo así, con las patas para arriba’. Y me sentía al pedo, como que no podía estar haciendo eso porque el chabón estaba volviendo en sí, pero había otra gente para sacar. Era la puerta del estacionamiento”.

    Matías dejó a ese chico con otros y volvió a seguir ayudando: “Al principio era ir hasta los que estaban tirados cerca de la puerta y agarrarlos. De a poco llegamos a los que estaban en la segunda puerta. No pasabas adentro porque estaban como apilados. Era entrar y salir, entrar y salir. Los llevaba para la esquina donde hay un puente, no para el lado de Plaza Once. Pero me acuerdo la imagen de ver todos pibes tirados así... solos. Empezamos a sacar para el otro lado porque ahí llegaban ambulancias”.

    Eliana y las amigas armaron un cordón humano para llevar pibes a la ambulancia. Chicos menores de 20 años organizados ante el desorden total de los responsables.

     

     

    Complicidades

    En la causa trascendió la responsabilidad del comisario Carlos Rubén Díaz, Subcomisario de la Policía Federal con quien Chabán tenía un acuerdo económico. Díaz dejaba pasar las contravenciones que –de ser castigadas- hubieran evitado la catástrofe. Aunque quienes llegaron a juicio fueron funcionarios de segunda y tercera línea de la ciudad, el episodio marcó –en términos políticos- el fin de la carrera del ex fiscal Aníbal Ibarra, cuyo mandato como Jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue revocado.

     

     

    La trama judicial

    El proceso judicial tuvo un complejo recorrido. En primera instancia sólo se condenó a Emir Omar Chabán a 20 años de prisión. Al mánager de Callejeros, Argañaraz y al Policía Díaz a 18. También a dos funcionarias municipales a dos años de cárcel.

    En el caso de los otros acusados, el Tribunal Oral Criminal 24 absolvió a los músicos. En 2011 la Sala III de la Cámara de Casación Penal modificó la carátula y el tribunal fijó nuevas penas. Un año después, Casación volvió a corregir la sentencia.

    El resultado fue el siguiente: Patricio Fontanet que había sido absuelto, fue condenado a 7 años de cárcel. Eduardo Vásquez, el baterista, a 6 años. Maximiliano Djerfy, guitarrista, fue condenado a 5 años, igual que el bajista Christian Torrejón y Elio Delgado, el otro guitarrista. Lo mismo ocurrió con el saxofonista Juan Alberto Carbone. También el escenógrafo fue condenado, en su caso a 3 años. El cambio en las condenas estuvo relacionado a Diego Argañaraz, el mánager, que vio reducida su pena de 18 a 5 años y a Chaván cuya pena se redujo de 20 a 10 años y 9 meses (murió en la cárcel el 17 de noviembre de 2014). Raúl Villareal que había sido condenado a 1 año de prisión, recibió una condena más amplia, de 6 y el policía Carlos Díaz pasó de una condena de 18 a otra de 8 años de prisión. Las funcionarias en tanto, vieron incrementadas sus condenas en algo más de un año y Gustavo Torres, director general de Fiscalización y Control de la ciudad, que había sido absuelto, fue condenado a 3 años y 9 meses de prisión.

    En los tiempos previos al juicio se activaron no menos de 1.500 civiles por un reclamo total de indemnizaciones de 750 millones de pesos.

    Uno de estos casos tuvo sentencia en agosto de 2017. La Ciudad de Buenos Aires fue condenada a pagar un millón de pesos en concepto de indemnización por "daño moral y psicológico" a una víctima. La sentaría jurisprudencia ante las otras demandas. Dicha resolución condena a la ciudad y la Nación a hacerse cargo cada una del 35 por ciento del monto total. El resto deben afrontarlo Callejeros y los organizadores.

    Aquel episodio dejó 194 muertos. En su gran mayoría chicos menores de edad. Repasar la trama de esta historia invita a pensar cuánto aprendimos y, sobre todo, cuán seguros estamos que algo así no pueda volver a ocurrir.

     

     

     

     

  • Cuando la Policía mató a los cooperativistas

     

     

    En 1974 un grupo de policías cordobeses protagonizó una masacre contra un grupo de cooperativistas.

    El hecho anticipaba el terrorismo de Estado y todavía continúa impune.

  • De puro Cabezón

     

     

    Por Pablo Beron

    Fotos: Gentileza Olé 

     

     

    Su nombre trae recuerdos y hace volar la memoria hasta aquellas noches gloriosas que lo tuvieron como uno de los actores principales de nuestra Liga Nacional durante las décadas del ‘80, ’90 y comienzos de los 2000. Nacido el 11 de febrero de 1965 en Hernando, Departamento de Tercero Arriba, Marcelo Gustavo Milanesio no pasa inadvertido dentro de la constelación de estrellas que tiene la historia de nuestro básquetbol y es, sin dudas, el mejor base que ha dado nuestra competencia doméstica y uno de los más destacados en la rica trayectoria de la Selección Argentina hasta la fecha. Sin embargo, es posible que algunas personas no conozcan al Cabezón más allá de lo que refleja su nombre colgado en el techo del Polideportivo Carlos Cerutti, acompañado de la ahora emblemática Nº 9, armadura que vistió entre 1985 y 2002, cuando defendía los colores de Atenas, único equipo con el cual disputó torneos oficiales en nuestro país.
    El Gringo no se fue por la puerta chica hace poco más de 15 años, sino que dejó la práctica profesional como debía ser: se retiró siendo campeón con el club que lo vio nacer, desarrollar y convertirse en la figura de la Liga por aquellos años. Marcelo se fue, pero antes cosechó siete títulos ligueros, dos Copa de Campeones y cinco torneos internacionales (dos Campeonatos Sudamericanos de Clubes Campeones, dos Ligas Sudamericanas y un Panamericano de Clubes), un Torneo de la Asociación Cordobesa, tres Atenas International Tournament y tres Campeonatos Argentinos de Selecciones Mayores representando a Córdoba. Pero su rica vitrina no se reduce solamente a las competencias con Atenas; más allá de lo conseguido con el Griego, fue campeón del Sudamericano de 1987 y en los Juegos Panamericanos de 1995 con la celeste y blanca.

     

    Resulta ineludible repasar la trayectoria de Milanesio, dado que su presencia en cualquier lugar representa un fragmento de historia para todos aquellos que, de alguna manera, transitaron los años gloriosos del elenco cordobés. Atenas dominó los primeros momentos de la Liga Nacional creada por León Najnudel en 1985, año en el que Marcelo Gustavo daba sus primeros pasos en la competencia. No debió esperar demasiado para festejar un título, ya que en su tercera temporada de la LNB se consagró y tuvo su revancha de la final perdida en el año de estreno del torneo, cuando cayó a manos del mismo adversario al que derrotó por 3-1 en el ’87, Ferro Carril Oeste, que llegaba como bicampeón. Al año siguiente, repetiría en el lugar más alto del podio, otra vez de la mano de Walter Garrone al frente del banco de suplentes, pero en esta ocasión barriendo 3-0 en la definición a River.
    La hegemonía del Griego volvió a cortarse en 1989, cuando otra vez los de Caballito, con Najnudel como entrenador y Miguel Cortijo y Sebastián Uranga en cancha, vencieron por 3-2 a Atenas. Pese a este revés, no debió esperar demasiado para volver a levantar la copa de campeón, ya que al año siguiente barrieron al Sport Club Cañadense, equipo que contaba con Julio Lamas y Sergio Hernández en el banco, y Luis Oroño, Diego Maggi y Alejandro Montecchia, entre otros, en sus filas. ¿Qué tuvo de especial esa consagración? Fue la primera en que el Cabezón se quedó con el trofeo al Mejor Jugador de las Finales, también conocido como MVP según su sigla en inglés.
    Tras la 1991/92, último título de esa etapa, debió esperar hasta 1998 y 1999 para volver a gritar campeón. Su despedida de la Liga Nacional llegó en 2002, año en el que, como no podía ser menos para su enorme trayectoria, volvió a coronarse en la elite de nuestra competencia. “Extraño mucho jugar al básquet. Hubo momentos en los que sentí alguna necesidad de volver o lamentarme el no haber estirado un poco más mi carrera, pero ya está. Ahora puedo mirar cualquier liga por televisión o ir a la cancha de Atenas, pero siempre voy a extrañar tener una actividad que me permitiera estar más cerca”, sostuvo Milanesio tiempo atrás.

     


    Más allá de que pasaron 15 años de su despedida, el Cabezón siempre se mantuvo firme en que eligió el momento indicado para despedirse y que nada le garantizaba que el físico lo acompañase mucho tiempo más. “En el momento que elegí dejar todo estaba súper convencido. No sé si se trataba del estrés, desgaste o simplemente cansancio. En mi interior sentía que mi nivel había comenzado a declinar y pensaba que era mi oportunidad de irme. Pude seguir un par de años, pero no me arrepiento”, manifestó.
    Luego de su alejamiento de las canchas, Milanesio tomó diversos rumbos para continuar con su vida. Es reconocido que tuvo una agencia de seguros, un restaurante llamado “M y M” y, además, diversos negocios inmobiliarios en una sociedad con un grupo de amigos. Sin embargo, lejos de quedar en el olvido por estas circunstancias, tras unos años distanciado del básquet debió volver a pisar un estadio, pero esta vez para ver los partidos desde afuera. Sergio Hernández, aquel asistente que cayó contra el equipo de Marcelo en las finales de 1990, lo convocó para ser parte del staff de la Selección Argentina de cara al Mundial de Turquía 2010. Lamentablemente, en aquel torneo el seleccionado perdió en los cuartos de final con Lituania y el sueño de la medalla quedó reducido a un quinto lugar.
    En su regreso al país, el Cabezón continuó con sus negocios, pero sólo hasta 2013, cuando asumió como asistente de Mario, su hermano, en Atenas. Pese a las expectativas, la experiencia no duró mucho: el 16 de diciembre de ese mismo año, tras un inicio de campaña con tres victorias y dos derrotas, la dirigencia del Griego decidió rescindir el contrato del cuerpo técnico de manera unilateral a horas de haber ratificado la continuidad de los DT’s en sus cargos. 
    Con los pies definitivamente fuera de la Liga Nacional, más allá de sus visitas al Cerutti para ver a Atenas, Marcelo tomó un rol distante de la actual conducción, expresando su disconformidad con algunas normas de la competencia, como el aumento del número de jugadores foráneos permitidos. “Este camino cambia nuestra esencia. Creo que si se despertara León (Najnudel) estaría muy enojado. No me puedo imaginar una Liga con muchos extranjeros, no miraría un partido en el cual solamente pueda verlos a ellos. El mayor problema de estas resoluciones es que atenta contra el desarrollo de los chicos argentinos. Sin dudas, se perjudicará su progreso por la falta de lugar en el equipo”, afirmó en aquella oportunidad.
    Hoy, su único contacto con el básquet se reduce a las diversas movidas solidarias que realiza, en las que demuestra que su mano, la visión y la clase que supo derrochar a lo largo de toda su carrera siguen estando en poder del hernandense. Con un balón o sin él, la única certeza que queda al final del camino es que nadie puede irse de este mundo sin ver, al menos una vez, a esta gloria de nuestro básquet. Porque hoy reluce una Generación Dorada, pero antes hubo un Milanesio.

     

     

     

  • Del saqueo y el dolor a la luz de la mixtura

    El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegaba a estas tierras e iniciaba la gran aventura de la globalización. La conquista sembró sangre y muerte, pero hoy ya no celebramos la raza sino la diversidad.

     

     Por Alejandro Mareco | Periodista 

    José Nasello | Ilustraciones 

     

    Cristóbal Colón ya sabía que el mundo era redondo. Por eso, cuando después de 72 días de navegación sin toparse con ninguno de los abismos tan temidos por algunas teorías-leyendas de entonces el vigía gritó que había tierra a la vista, acaso sintió el embriagador sabor de la victoria, sólo reservada para aquellos audaces que empeñan hasta la vida en sus convicciones. 

    Pero en esa lonja de tierra firme que quebró la larga monotonía de mar y cielo en aquel 12 de octubre de 1492, había mucho más que la confirmación de la circularidad del planeta y, en consecuencia, de que también era posible llegar a Asia navegando hacia el oeste. 

    Por empezar, al final de su largo viaje, Colón había inventado la aventura de la globalización para la humanidad. 

    Y más allá de los enormes efectos que el episodio significaría para el conocimiento científico, el impulso original había sido la búsqueda de riquezas a través del comercio: en el “mercado” europeo de entonces había ansiedad (“demanda”) de consumos exóticos. Pero no era el Asia de los sabores raros, las especias y las telas de ensueños que había grabado en las quimeras los relatos de Marco Polo, con la que se había topado. 

    Era un continente entero, gigante, tan extendido de sur a norte y de norte a sur que casi acariciaba los dos polos. Semejante coloso era desconocido para los saberes europeos y de sus navegantes que no se habían atrevido a alejarse demasiado de las orillas conocidas. 

    Ese continente que estaba detrás de las islas caribeñas que inicialmente alcanzaron sus carabelas, era un pequeño universo con prodigios naturales que cambiarían la vida cotidiana de los próximos siglos: papa, maíz, tomate, tabaco, cacao. Y, sobre todo, tenían oro y plata, el gran desvelo de la voracidad de aquellos tiempos. 

    Pero además de alimentos y riquezas, también había hombres y mujeres, millones de seres humanos desplegados en distintos pueblos y culturas que tenían su manera de relacionarse con la naturaleza, los dioses y entre sí, a través de sociedades con reglas, valores y organizaciones propias. 

    La ignorancia sobre su existencia hizo que Europa se sintiera “descubridora” de estas tierras que luego se llamarían América. 

    Del mismo modo podría decirse que los originarios americanos de entonces “descubrieron” con la llegada de los españoles, que había otra porción de humanidad allende los mares. 

    América no era un mundo nuevo, pues existía hacía milenios y había desarrollado culturas de siglos, con sus propias sofisticaciones. 

    La conciencia de que no se trataba de Asia sino de un lugar diferente con el que no había necesidad de obtener riquezas a través del comercio  sino que la diferencia tecnológica-cultural de entonces ofrecía la posibilidad de un inmenso saqueo por la fuerza, abrió uno de los procesos más oscuros de la historia de la humanidad: la conquista y la colonización.

     

    La tragedia de la conquista 

    Es decir, el 12 de octubre de 1492 se puso en marcha uno de los capítulos más feroces y sangrientos de dominación territorial, física, cultural y espiritual de la historia. 

    Las riquezas arrancadas del suelo americano por el imperio español y también por Portugal durante más de tres siglos tienen una dimensión inconmensurable, pero lo más terrible fue la matanza de millones y millones de hijos de estas tierras. 

    Perdieron su vida no sólo por las guerras para defenderse de los conquistadores sino también por las condiciones de explotación infrahumana a las que se vieron forzados para extraer los bienes, así como el hambre, las enfermedades y el dolor espiritual en el que fueron arrinconados. 

    “Europa encontró una justificación científica y filosófica de esta empresa colonial. Un mundo tan diferente de la colosal civilización europea tenía que ser salvaje o ‘bárbaro’, como llamaron los romanos a los extranjeros. Aunque los mayas conocieran el cero o tuvieran un calendario superior al gregoriano, conocido recién en 1582. Aunque la hermosa capital azteca Tenochtitlán, fuera 10 veces mayor que Londres y que Madrid”, ha escrito el ensayista argentino Raúl Dargoltz. 

    El sitio web Wikipedia señala que antes de la llegada de los españoles, en América Latina había una población de aproximadamente 70 millones de originarios, y 150 años más tarde quedaban sólo tres millones y medio. “Los indios fueron el combustible del sistema productivo colonialista español”, ha sostenido el intelectual brasileño Darcy Ribeiro. 

    La “leyenda negra” de la conquista española (y portuguesa) es verdadera, aunque se la haya presentado muchas veces como fruto de una invención propagandística antihispánica. 

    Sí vale señalar que de todos modos, la colonización fungió como un  aglutinador cultural de América Latina, que encontró en el idioma castellano (o portugués, en la porción brasileña) un denominador común para el desarrollo del conocimiento, la integración regional y la cultura compartida. Aunque no haya sido eso parte de las intenciones originales. 

    “Latinoamérica fue el producto de una violación, pero así como el hijo nacido del abuso puede hablar el idioma del padre sin estar obligado a ensalzar al propio ofensor, así nosotros, hijos de América Latina, hablamos el idioma de España y Portugal y defenderemos la cultura heredada y mezclada, sin tener por ello la obligación de hacer la apología de la Conquista que, como toda conquista, es siempre un acto repudiable y odioso”, ha sostenido Roberto Ferrero, historiador. 

    Ferrero también advierte sobre una mirada exclusivamente indigenista, y pone el acento en la condición latinoamericana del mundo nuevo. “Como ya lo dijo perspicazmente Bolívar en su célebre Discurso de Bucaramanga ‘No somos indios ni somos europeos’. Somos latinoamericanos, y como tales, tanto la corriente hispanista como la indigenista, con sus verdades parciales, nos son esencialmente ajenas”. 

     

    Raza o diversidad 

    Un siglo después de declarada la independencia del dominio de España, en 1917 un decreto del entonces presidente Hipólito Yrigoyen declaraba al 12 de octubre jornada festiva nacional por tratarse del “Día de la Raza”. 

    Acaso en ese momento el concepto vino empapado de las circunstancias: el país se había conmocionado por la llegada de inmensas legiones de inmigrantes. La decisión saludaba a la hispanidad ya desde otra mirada de la historia. Incluso, se entendía como raza a la reivindicación de los sectores tradicionales que fungían como los “dueños” de la pertenencia argentina. 

    En sus fundamentos, el decreto sostenía: “La España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la nación americana”. 

    Y casi otro siglo después, en 2010, cuando la revisión histórica de los hechos, la conciencia de lo padecido por los pueblos originarios más la persistencia de situaciones de discriminación sobre estos ya había abierto una gran huella, por decreto de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner el 12 de octubre pasó a ser “Día de la Diversidad Cultural Americana”. 

    El objetivo fue “promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios”. 

    En estas tierras americanas, en especial en Argentina que tanto se vio conmovida por la inmigración europea de finales del siglo XIX y comienzos del 20 (y por corrientes de múltiples procedencias también), el concepto de afirmación de la raza es de lo más disonante. 

    Si es que hay algo que distingue a gran parte de nuestro continente, y sobre todo a nuestro país, es la mixtura. En consecuencia, va de suyo la superación del estigma de la identificación por raza, que tantas desventuras ha causado y causa en el mundo. 

    Nuestro orgullo debería ser esa mixtura y el respeto por cada una de las partes de esa mezcla, comenzando por los pueblos que habitaban aquí en comunión con la naturaleza de esta parte del mundo, los que vivieron el dolor y el saqueo que sustentó siglos de prosperidad europea. 

    América es un mundo nuevo no sólo porque hace 523 años era desconocido para los europeos, sino porque la razón de la sangre americana no se aferra al ayer –como en el mundo viejo– sino, sobre todo, al futuro. 

    Esta es nuestra gran ofrenda al futuro de los hombres. América es el proyecto de la fecundidad de la mixtura: al cabo de la colonización y de la inmigración, sumada a la esclavitud que diseminó en inmensas proporciones también la raíz africana, este continente lleva en sus entrañas un variopinto racial que, si alguna vez termina de asomar como un esplendor, será una luz para la humanidad entera.   

     

    Américo Vespucio y el nombre de un continente

    “Cuando las cosas llegaron al límite, en medio de una horrible tempestad, plugo al Todopoderoso mostrarnos el continente, una tierra nueva y un mundo desconocido”. 

    En estas palabras escritas en una carta a Lorenzo de Médicis está la semilla de la razón por la cual el marinero florentino Américo Vespucio terminaría dándole su nombre a todo el inmenso nuevo continente, en desmedro de lo que aún parece más lógico: que del nombre de Cristóbal Colón surgiera el bautismo de estas tierras.

    El relato de sus aventuras que él situó en un nuevo mundo, identificándolo como un continente distinto a los conocidos, fue lo que hizo que el geógrafo alemán Martin Waldseemüller, miembro de una sociedad de científicos aficionados, en 1505 publicara un mapamundi incluyendo esta porción de la tierra con el nombre de América, en honor a Vespucio, a quien consideraba el descubridor. 

    Pero los relatos de las aventuras por el nuevo mundo que hizo Vespucio pronto fueron señalados como poco confiables. Entre otras cosas, hablaba de mujeres insaciables en la lujuria, sumamente deseables  (“ninguna tienen los pechos caídos”) y de hombres devoradores de hombres (“Conozco a un hombre que tiene la fama de haber devorado más de 300 cadáveres…”). 

    Cuando los cuestionamientos arreciaron, Waldseemüller quiso retroceder pero ya era tarde. Los relatos de sexo y antropofagia le habían dado enorme fama a Vespucio y el nuevo continente quedó grabado en la gente con su nombre. 

    “Hoy en día se sabe que Américo Vespucio jamás realizó ese viaje, si fue un año más tarde con Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa como piloto y él como subordinado de este último, en todo caso, el mérito sería de Ojeda y Juan de la Cosa por estar al mando. Aún así, Colón ya había conseguido este logro en su tercer Viaje, la expedición de Ojeda y De la Cosa no hizo otra cosa que seguir la ruta que un año antes había realizado Colón”, sostiene el sitio web www.cristobal-colon.com que exalta la figura del almirante. 

    Es posible que semejante honor de darle su nombre al continente desconocido le reportara numerosos cuestionamientos. Pero uno de esos críticos fue nada menos que Fray Bartolomé de las Casas que lo llamó “mentiroso” y “ladrón” al “pretender tácitamente aplicar a su viaje y a sí mismo el descubrimiento de la tierra firme, usurpando al almirante Cristóbal Colón lo que tan justamente se le debía”. 

    Ralph Waldo Emerson, el insigne escritor y poeta  estadounidense, escribió: “Extraño, que el Nuevo Mundo no debería tener mejor suerte, que la América amplia debe llevar el nombre de un ladrón: Amerigo Vespucci, el vendedor de pepinillos de Sevilla”. Lo de “vendedor de pepinillos” aparentemente es por su ocupación anterior de vendedor de provisiones para los barcos. 

    Tal vez las palabras de Emerson estén cargadas de ironía, pero coinciden con los detractores del marinero florentino que, de todos modos, méritos ha de tener para haber alcanzado semejante lugar en la historia. Al menos, estaría entre los primeros que comprendió que se trataba de un nuevo continente.

  • Demanda social a la TV

    Las demandas sociales a la televisión muestran que, aún en una etapa crítica para los medios tradicionales, socialmente se percibe la necesidad de que haya un espacio de responsabilidad en las versiones sobre lo real que ponen en circulación. 

  • Derecho al olvido o cómo borrarse de la web

    ¿Se puede exigir a los buscadores que eliminen datos que se consideran perjudiciales para la vida personal? La protección de la privacidad versus el derecho a la información.

     

    Por Roxana González| Periodista

     

    Uno es lo que el ciberespacio dice de uno. Todo queda allí archivado, a la vista del mundo: el propio y el de los otros. A veces se trata de información que uno mismo ofrece, con mayor o menor grado de conciencia, voluntariamente.  

    Pero también están esos datos que se filtran, como ocurrió en el caso de Facebook y Cambridge Analytica, que otros comparten con el fin de hacer daño. O, en el mejor de los casos, que se difunden para informar sobre algún asunto que se considera relevante. ¿Y si ese dato se considera personal? ¿Cuál es el límite entre lo público y lo privado? Son muchas las cuestiones que hay que considerar y todo depende desde qué perspectiva se consideran. Y sobre todo, del lugar donde se encuentre el usuario.  

    En Europa, desde 2014, los ciudadanos pueden solicitar a los buscadores que supriman o quiten información personal que se considera obsoleta, irrelevante o que carece de interés público. Esto es conocido como derecho al olvido y surge a partir del caso Mario Costeja.  

    Costeja es un abogado español que se embarcó en una lucha contra Google porque quería que el buscador dejara de indexar una publicación donde su nombre aparecía vinculado a un embargo por una deuda. Costeja consideraba que el tema ya estaba solucionado (la deuda ya estaba saldada), no era relevante y por lo tanto tenía que desaparecer de la web. 

    Su caso llegó al Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea en 2014 y le dio la razón. Desde entonces, los usuarios pueden solicitarles a los buscadores que eliminen los links que lleven a páginas donde se incluyan datos personales para hacer valer su derecho al olvido. 

    Así es que los diferentes buscadores como Google, Yahoo o Bing cuentan con una solicitud para que los usuarios completen y pidan que se respete este derecho. Esas solicitudes son luego evaluadas y la empresa decide si las acepta o no.  Y el usuario, en caso de que no esté de acuerdo con la negativa, puede iniciar acciones legales para que se retire esa información. Así funciona en la Comunidad Europea. 

    De hecho, a fines de abril Google se vio forzado a borrar información sobre un exconvicto en Inglaterra. Fue porque el juez Mark Warby entendió que debía primar el derecho al olvido para preservar la intimidad de la persona. El caso en cuestión era sobre un empresario que había sido condenado a seis meses de prisión hacía 10 años por interceptar comunicaciones. 

    Ahora bien, ese mismo juez le negó la solicitud a otro empresario que también pedía que se eliminara una condena previa. Pero en ese caso, el magistrado dijo que la persona había continuado haciendo otros engaños y “no se había mostrado arrepentido”. 

    Como se ve, en gran parte la capacidad de hacer valer el derecho al olvido depende del tema o juez en cuestión. Cabe destacar, igualmente, que este derecho al olvido (así, tal como se conoce) rige sólo en  la Comunidad Europea y que ahora además quedó regulado por una nueva ley de protección de datos (GDPR, por sus siglas en inglés) que entró en vigencia en Europa a partir del 25 de mayo. En esta norma se especifica que “este derecho no es absoluto, sino que se protegen también otros derechos como el derecho a la libertad de expresión y a la investigación". 

     

    La situación en Argentina

    En Argentina están contemplados los derechos ARCO (acceso, rectificación, cancelación y oposición) en la ley 25.326 de Protección de Datos Personales. Allí se establece, por ejemplo, que el usuario puede pedir supresión de datos personales cuando haya información errónea o falsa. Se establece, sin embargo, una excepción: “La supresión no procede cuando pudiese causar perjuicios a derechos o intereses legítimos de terceros, o cuando existiera una obligación legal de conservar los datos”. 

    También se remarca que los antecedentes penales o contravencionales “sólo pueden ser objeto de tratamiento por parte de las autoridades públicas competentes, en el marco de las leyes y reglamentaciones respectivas”.

    Y en cuanto a la información crediticia, se destaca que “sólo se podrán archivar, registrar o ceder los datos personales que sean significativos para evaluar la solvencia económico-financiera de los afectados durante los últimos cinco años. Dicho plazo se reducirá a dos años cuando el deudor cancele o de otro modo extinga la obligación, debiéndose hacer constar dicho hecho”. 

     

    La responsabilidad de los buscadores 

    En la Argentina, según surge de los fallos en los casos María Belén Rodríguez y Valeria Gimbutas, la responsabilidad de los buscadores surge cuando no eliminan la información no bien son intimados a hacerlo por medio de una orden judicial. 

    A su vez, se establece una excepción y es que en el caso de ilicitudes manifiestas y groseras -como ser la difusión de videos o fotos íntimas, información que desbarate investigaciones judiciales o que hagan apología a la violencia, racismo u otras formas de violencia- alcanza con solicitar que se retire la información por medio de una carta documento.  

    Se estima que hay unos 50 casos en el país en los que los buscadores fueron hallados responsables por la Justicia. Uno de los más conocidos fue el de Jesica Cirio que le ganó a Google por la aparición su nombre en sitios de prostitución vip y fue indemnizada con 500 mil pesos.  

    Pero no es el único ejemplo de demandas a buscadores por indexar información que se consideraba lesiva del honor o errónea: también lograron torcerle el brazo a los gigantes informáticos Paola Krum, Nicole Neumann, Analía Maiorana y Wanda Nara, entre otras. 

    En la actualidad hay un proyecto de ley sobre la responsabilidad de los intermediarios de Internet que tiene media sanción del Senado. Allí se describen como intermediarios o proveedores de Internet a los buscadores, los sitios, los proveedores de conectividad y servicio de almacenamiento.  

    Según se destaca en el proyecto de ley, los proveedores de Internet no serán responsables por los contenidos de terceros, excepto cuando habiendo sido notificados por medio de una orden judicial sobre una remoción o bloqueo, no cumplan con ese pedido.  

    Como se ve, para solicitar que se quite un contenido se debe apelar primero a expedir una solicitud al buscador, pero no hay un mecanismo que garantice que el mero pedido vaya a implicar que se bloquee o borre la información.

  • Desinformación: échale la culpa a Internet

     

    Desde los medios tradicionales y la política se manifiesta una creciente preocupación sobre el impacto de las fake news y las campañas de desinformación en Internet. Pero ¿es Internet el problema?

  • Directo al Guinness

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    En Rusia, el arquero egipcio El-Hadary se transformará en el jugador más veterano en jugar un Mundial. La historia del Buffon africano dirigido por el argentino Héctor Cúper.

  • El año que pasamos y el tiempo por venir

     

    Revista COLSECOR - Diciembre 2017

     

    Cuando arribamos a la culminación del año encontramos el deseo de hacer reflexiones al calor del clima de los festejos. Suele ser una muy buena excusa la temporalidad de los últimos días de diciembre. La coyuntura que va del 24 al 31, nos sirve como vértice de apoyo para posar la mirada sobre algunas verdades que se desprenden de los hechos transcurridos en nuestras vidas. Se piensa en las causas que los generaron o en las circunstancias inesperadas que aparecieron.

    Las transformaciones en la vida cotidiana generan variados impactos. Vienen con emociones que nos invaden y ante ello, necesitamos abundancia de racionalidades para que sopesen con su aporte, un sentido de utilidad para entender aquello que paso para sacar el mejor provecho. Nunca es otro el mejor camino que el aprendizaje que podamos capitalizar.

    Hacemos esfuerzos para hacer pie con alientos afectivos de una institución familiar cada día más lejos de los modelos que supimos experimentar. Distinguimos el mundo de lo real y concreto en las realizaciones. Nos inquietan los proyectos pendientes, los sueños y aparece en la cabeza da cada uno, un gigantesco tablero que nos proporciona los registros que indica entre otras cosas, cómo le fue a cada uno: en su economía, a la familia, a los amigos, al pueblo donde habitamos, al país, a la sociedad.

    Le damos permiso a los consuelos y concedemos los perdones propios y ajenos. Un poco de indulgencia no viene mal. Provocamos los encuentros y facilitamos las satisfacciones en los efímeros brindis. Todo junto. Tanto, como también todos los saludos que van y vienen por las redes sociales. El nuevo universo del que somos parte.

    Así como los platos en las fiestas tienen que estar a tope en alimentos y sabores, las pantallas de los celulares encendidas no pueden carecer de la máxima carga posible. Rogamos la plena capacidad de conectividad y que los sistemas de comunicación no se caigan ni un solo instante, sobre todo después de la hora cero.

    Alguien puede entender las conductas de fin de año como una voluminosa bola de banalidad de la que es difícil escapar. Nos choca, la esperamos y no es nada fácil desestimarla. Pude ser cierto que las ansias de frivolidades y fantasías son un antídoto ante tanta desmesura de rigurosidad que nos ofrece una sociedad nerviosa.

    Las fiestas son un hecho social y cultural que cruza a todas las clases sociales; por tal motivo, en esta edición proponemos a nuestros lectores, algunos textos en muchos centímetros de papel.  

    A modo de anticipación les decimos que en esta edición van a encontrar en la revista, nuevas secciones con el aporte de colaboradores que elaboran enfoques y tratamientos de temas muy diversos.

    La tapa como la ven, no podía ser otra. Argentina clasifico al mundial 2018 de la mano del genial Lio Messi. De no haber entrado esos goles en Ecuador, el año que esperamos, definitivamente iba a ser muy triste. Pero zafamos y Rusia nos espera, tal vez para vivir otros momentos de alegrías acotadas. Justo en el medio del calendario. Propicio para pasar el invierno.

     

     

  • El arte de elegir para otros

    En Argentina el precio de los libros está fijado por las editoriales para que los comercios pequeños convivan con las grandes cadenas. La especialización temática es clave para sobrevivir en un mercado donde la oferta supera largamente a la demanda.

  • El Cordobazo, la rebeldía en las calles

     

     

    El 29 de mayo de 1969 se producía en la capital mediterránea un movimiento de protesta que unió a obreros, estudiantes y gran parte de la ciudadanía contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. A casi medio siglo, es un emblema aún ardiente en la memoria argentina.

     

     

     

     

      

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    “La sensación que tuve es que fue una reacción del pueblo contra el gobernador, en primer término, y contra el gobierno nacional, después”. El general Alejandro Lanusse, quien fuera el último eslabón presidencial de la dictadura cívico-militar que se presentó con el nombre de Revolución Argentina, describía así sus impresiones sobre el ánimo de los hechos al cabo de recorrer la ciudad todavía humeante, dos días después del gran estallido. 

    El 29 de mayo de 1969 había estallado en las calles de Córdoba un movimiento de rebelión popular que alcanzó una intensidad inusitada y dejó una profunda huella en el devenir argentino. 

    “Esa mañana, en Córdoba, reventaba todo el estilo ordenado y administrativo que se había venido dando a la gestión oficial”, escribiría Lanusse en su libro de memorias “Mi testimonio”. 

    Claro, era su mirada de las cosas. Pero acaso ese punto de vista de parte de uno de quienes no sólo creían tener todo el poder bajo sus botas sino además haber atrapado a la historia en un puño y ahogarla por la fuerza, de pronto se asombraban una vez más frente a la existencia real del pueblo. 

    Es decir, asistían estupefactos a una demostración de que el pueblo no era un concepto maleable sino un sujeto de la historia capaz de entrar en acción, capaz de desordenarlo todo en busca de otro orden. 

    Aquel 29 de mayo de hace casi medio siglo (se cumplirá el año próximo) los trabajadores, junto con los estudiantes sacaron sus protestas y su malestar a la arena pública y el impulso inicial pronto se vio multiplicado con la adhesión de gran parte de la ciudadanía. La ciudad quedó por unas horas en manos de la rebelión. 

    La historia suele ser retratada como un faro que guía la marcha a través del brumoso océano del tiempo: aunque, claro, son los propios hombres y mujeres los que dejan encendida la luz del pasado. En cierto sentido la historia, por sí misma, no es una fuente de la que brotan las respuestas más esenciales, sino el instrumento necesario para organizar las preguntas frente al presente y al porvenir. 

    Luego de la crónica de los hechos, cuando la búsqueda intenta llegar a la intimidad del sentido del acontecimiento y sus consecuencias, su razón y su carácter, suelen presentarse versiones diferentes. 

    El Cordobazo, ¿fue una pueblada absolutamente espontánea o una revuelta elaborada? Entre la iracundia general, ¿hubo violencia organizada? ¿Fue una señal de madurez revolucionaria o, en cambio, el reclamo aspiraba a restablecer la vigencia de la voluntad popular censurada entonces desde hacía una década y media? 

    Por lo pronto, fue uno de los grandes episodios de la rebelión popular de la historia argentina. Hubo otros, antes y después, pero aquel tenía además la ardorosa marca de una época de alto voltaje político, con multitudes en las calles de todo el planeta.

      

    Ardorosos años 

    Los años ’60 habían presentado un estado de inquietud política general, particularmente en la juventud que fue avanzando por diversos caminos ideológicos. 

    El tiempo argentino estaba marcado principalmente por la proscripción del peronismo y la supresión total de los derechos constitucionales con el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia por parte de un movimiento militar y civil conducido por el general Juan Carlos Onganía. 

    En 1966, la dictadura no sólo anuló el sistema político democrático, disolviendo incluso los partidos, sino que también avanzó sobre la universidad, sobre los sindicatos, conculcó derechos como el de huelga y puso en práctica la censura, en una arremetida autoritaria que sólo sería superada por la gran dictadura que vendría 10 años después, la más feroz y sangrienta que sufrimos. 

    Entre tanto, el espíritu de la época estaba señalado por una efervescencia mundial que se conmovía con  episodios como los de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles europeas como el Mayo Francés y otras que sacudieron las ideas y las pasiones. 

    De distintos modos, la violencia se había ido incorporando a la arena política, hasta que finalmente terminó en la hoguera de los ‘70. 

    Lo precedieron episodios de rebeldía sucedidos poco antes en Corrientes y en Rosario, pero el que sería dado en llamar Cordobazo sería el punto más alto de la resistencia política a la dictadura autodenominada como Revolución Argentina, la piedra en el zapato de las ansias de perpetuidad del general Juan Carlos Onganía.

      

    Altos salarios en lucha  

    “Los salarios pagados a los obreros de la industria automovilística de Córdoba eran los más altos del país y teníamos a mediados de 1969, la tasa más baja de desempleo de los últimos 20 años. ¿Dónde estaba el problema social?”. Las palabras son de quien entonces fuera ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena  y las dijo al periodista Juan Carlos De Pablo en el libro “La Economía que yo hice”. 

    Los movimientos que calentaron el ambiente habían sido las asambleas y planteos gremiales generados a partir de la derogación del llamado sábado inglés, por el cual se pagaba jornada entera por cuatro horas trabajadas. 

    Sucede que, una vez resueltas las necesidades básicas, las reivindicaciones elementales, salarios y derechos, el paso que sigue es sumarse a la discusión por las grandes decisiones políticas. Por eso es que los sueldos bajos y la precariedad laboral son una manera de acorralar el horizonte político de los trabajadores. 

    Entonces, había más, mucho más en el contenido de la rebelión que se estaba gestando. 

    Córdoba era un centro agitado de la vida productiva argentina: desde la gran conmoción industrial de mediados del siglo 20, la ciudad se había convertido en una gran reunión de energías y destinos proletarios de la provincianía argentina. 

    El Smata, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, sería uno de los grandes protagonistas de la jornada. Pero "el Cordobazo se hace, no por reivindicaciones propias del Smata, sino por las reivindicaciones de toda la ciudadanía, sino por la lucha de la libertad y en contra de la tiranía", ha dicho Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista y presente en la intimidad de aquellas decisiones, desde su puesto junto al líder de Luz y Fuerza, Agustín Tosco. 

    "Al Cordobazo lo piensan Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (Smata) entre la primera y la segunda semana de mayo. Luego lo invitan a Agustín Tosco, quien acepta inmediatamente", apuntaría Garzón Maceda. 

    Para la historiadora Mónica Gordillo, el rasgo distintivo fue “la convergencia con la cuestión estudiantil”. 

    “Este sector venía movilizándose para reclamar frente a las intervenciones en las universidades. Los estudiantes de Corrientes habían sido reprimidos luego de una protesta que culminó con la muerte de uno de ellos y esto a su vez produjo una serie de marchas del silencio que causaron dos muertes más en Rosario”, dice la autora de “Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social”, escrito junto a James Brennan.

     

    Las horas calientes

    Momentos de dos días de acción en el centro y en los barrios de la ciudad de Córdoba. 

    El estallido del Cordobazo fue la coronación de un malestar que recorría todo el país. En Corrientes, Rosario y Tucumán había asomado la rebelión y como respuesta el  gobierno soltó una furiosa represión que se cobró la vida de dos estudiantes correntinos. Esto no hizo más que avivar el fuego, y en el ánimo cordobés se reabrió la herida por la muerte del estudiante y obrero mecánico Santiago Pampillón, provocada por una descarga policial en setiembre de 1966. 

    En ese clima, se decretó un paro general nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, se resolvió extenderlo a 36 horas, desde las 11 de la mañana del 29, y ganar la calle. 

    A media mañana del día señalado se cortó el último hilo de calma. Alrededor de 3000 trabajadores de la fábrica IKA-Renault  abandonaron la planta de Santa Isabel y se pusieron en marcha hacia el centro. En el camino apareció la Policía con sus gases lacrimógenos y volaron las primeras piedras como respuesta a la represión. 

    Un poco más adelante, ya en el centro de la ciudad, sobre la ex plaza Vélez Sarsfield, la Policía volvió a cargar y esta vez sonaron disparos. Allí cayó muerto el joven Máximo Mena y entonces el enardecimiento se volvió feroz, sin retroceso. 

    Más gremios habían ganado ya las calles, los estudiantes ya se habían plegado y el ímpetu de la revuelta se redobló con la adhesión de los sectores medios. La acción policial sería respondida con piedras y otros objetos (memoriosos recuerdan que se arrojaban bolitas al paso de los caballos de la policía montada). Mientras tanto, se incendiaban autos para contener el avance uniformado y combatir los gases lacrimógenos. 

    Las barricadas  se armaban, en muchos casos, con la ayuda de los vecinos. Es decir, la espontaneidad de la reacción de la ciudadanía fue un rasgo esencial para  la intensidad que llegaron a alcanzar los hechos. 

    El paso de la multitud dejaba atrás vidrieras rotas (sobre todo de los negocios de empresas extranjeras) y en llamas algunos edificios públicos. La situación se presentaba fuera de control con focos esparcidos por toda la ciudad y algunos barrios tomados por los manifestantes. El más emblemático era el barrio Clínicas, entonces lugar de residencia de la mayoría de los estudiantes venidos desde otros lugares de la provincia y del país. 

    También aparecieron francotiradores y, a las cinco de la tarde, finalmente irrumpió en la acción el Ejército.                    

     Al día siguiente aún se registraban choques dispersos, pero a la medianoche, cuando las tropas rompieron el cerco con el que los estudiantes habían rodeado el barrio Clínicas, sobrevino el silencio y la ciudad quedó sola con su imagen devastada y sus heridas. 

    La lucha había dejado unos 15 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos, entre ellos los líderes sindicales  Elpidio Torres y Agustín Tosco (luego condenados a prisión por un tribunal militar en juicio sumarísimo).También había quedado sentenciado el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, que caería finalmente un año después, en consonancia con la irrupción de Montoneros y el secuestro de Pedro Aramburu. 

    Casi dos años después, en marzo de 1971, la ciudad volvería a ser escenario de otra rebelión, llamada esta vez El Viborazo, en respuesta a la frase del gobernador interventor José Camilo Uriburu (reemplazante de Carlos José Caballero, que cayó con El Cordobazo): “En Córdoba anida una serpiente venenosa, cuya cabeza quizá Dios me depare el honor de cortar de un solo tajo”. 

    Finalmente, en 1973, la “Revolución Argentina” se retiraría de la escena sin haber alcanzado su máximo objetivo: detener el regreso al poder de Juan Domingo Perón.

     

    Identidad rebelde 

    Córdoba, la cuna de la Reforma Universitaria de 1918 -otro hito de rebelión-, estaba repleta de obreros y estudiantes, precisamente dos sectores que agitaban la respiración política de aquellos años, y que solían encontrarse en las calles para manifestar en la misma dirección. Aunque había muchas maneras de ver las cosas, el rechazo al gobierno militar afirmaba las coincidencias. 

    El Cordobazo confirmaría a la capital mediterránea como un faro rebelde, una personalidad acaso trazada por la desobediencia original de su fundador, Jerónimo Luis de Cabrera, que la plantó más allá de dónde le había sido ordenado. 

    Este episodio quedaría grabado a fuego en el rencor y la venganza que vendría luego con la dictadura que sobrevino en 1976, que en su feroz y sangrienta represión se ensañaría especialmente contra Córdoba, sus sindicatos, sus ideas, su cultura y particularmente contra su identidad industrial. 

    Como quedó patentizado en 1980 con el cierre de IME, la fábrica del Rastrojero, que entonces tenía 3000 empleados y una presencia dominante en el mercado de las pick ups diésel. Córdoba ya no volvería a ser la misma tras el paso devastador del represor Luciano Benjamín Menéndez. 

    En 2013, la Legislatura de la Provincia de Córdoba estableció al 29 de mayo como Día de las luchas populares. Y en la memoria argentina, aquellas calientes horas quedarán definitivamente ardiendo con el espíritu de la rebelión de un pueblo.

     

     

  • El debate público limitado

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Investigador UBA, UNQ y Conicet

    Las redes sociales digitales como Facebook o Twitter permiten el acceso masivo y global a información y a contactos valiosos, a la vez que son una prolongación y una recreación del debate político y social e inauguran problemas relativos a la custodia y preservación de datos personales y a la amenaza a quienes ejercen la crítica.