• “Los hombres son producto de una máquina social de producción de violencia”

     

     

    ENTREVISTA | Pionera en los estudios de género en la Argentina, la psicoanalista Irene Meler reflexiona sobre el “entrenamiento en la violencia” que atraviesa las relaciones sociales y destaca que los femicidas “son como el rostro que no queremos ver de nosotros mismos”.

  • “Macri quería ser presidente y es posible que vaya al infierno por eso”

     

    Diego Genoud |Periodista 

    Juan Casas |Fotos

    A contramano de la corriente, como todos en su familia, Rafael Bielsa se define como kirchnerista pero asegura que una candidatura de Cristina Fernández para enfrentar a Mauricio Macri abre la puerta al peor escenario. El excanciller de Néstor Kirchner sigue pensando que la unidad de todo el peronismo es posible, pide dejar de lado el show de egos y advierte que, si gana, la expresidenta puede enfrentar una realidad endemoniada en la que gobernar se le complique “muchísimo”. Hoy replegado en el sector privado, Bielsa dice que hace falta apostar al mediano plazo, ve al fracaso del Presidente como consecuencia lógica de su pensamiento y cuestiona la “diplomacia de manada” que elige Cambiemos para volver al mundo. Además, sostiene: “El pensamiento épico de Cristina no tiene plafón en la Argentina que viene, marcada por el sacrificio”.

     

    –¿A qué dedicó su esfuerzo y su interés político desde que Macri es presidente?

    –Desde que Macri asumió, me puse a pensar qué alternativa opositora podía ser la más conveniente. En un primer momento, pensé en una convergencia entre distintas facciones del peronismo. Yo soy peronista, soy kirchnerista, peronista lo fui siempre, kirchnerista desde 2002, nunca me moví de ese lugar ni me voy a mover. Empecé con Lavagna hace tres años y la fertilidad de mis esfuerzos está a la vista: cada uno anda por su lado.

     

    –En diciembre dijo “tengo un pálpito y veo que la unidad es posible”. ¿Falló ese pálpito?

    –Sigo creyendo porque lo que no disciplina la razón lo termina disciplinando el espanto. Me parece que los fuegos de artificio que hoy vemos van a ser disciplinados por lo que se avecina. No sé si las consecuencias de tener que afrontar los servicios de una deuda de 100.000 millones de dólares en el 2020 son perceptibles. Para mí sí, porque trabajo de leer cotizaciones, diagramas de flujos, cronogramas de barras y de verificar retracción de inversiones. Veo cómo funciona la economía del mundo y en Argentina nada lleva al optimismo. Sería un llamado a la sensatez y a la definición de un modelo que va a necesitar de mayorías parlamentarias. El pálpito lo sigo teniendo. Más que pálpito, la esperanza, que es el sueño de los insomnes.

     

    –¿El peronismo puede encontrar una fórmula a tiempo?

    –Cuando yo empecé a hablar con Roberto, él se rió. A los seis, siete meses de la asunción de Macri, le planteé que iba a haber una coyuntura histórica. El peronismo puede haber adoptado en distintos momentos históricos distintas expresiones. Uno se puede burlar de eso o puede odiar eso. Yo no. Para mí populismo es una hermosa palabra, que ha sido resignificada y tendremos que volver a resignificar. El problema del populismo, en la última parte de nuestro gobierno, fue su falta de sustentabilidad. En el futuro, va a haber que exigirle muchísimo sacrificio a toda la sociedad argentina y para pedir sacrificio vos tenés que empezar mostrando el tuyo. ¿Y qué mejor que una mesa de individuos, que tienen el bastón de mariscal en la mochila y dicen “yo no voy a ser” para empezar a construir un camino?

      

    La mesa del peronismo

     

    –¿Cómo sería esa mesa imaginaria para la unidad del peronismo?

    –Sería una primera cena. ¿Quién debería estar? Cristina, Roberto, Duhalde, Scioli, Felipe Solá, Schiaretti, Uñac, Sergio Massa, Pichetto, Urtubey. Y me olvido de alguno. Es mucho más difícil que los invitados vengan a esa mesa a que se coman el postre.

     

    –¿Quién está sentado hoy a esa mesa? ¿Duhalde solo?

    –No, no. Porque muchos de esos actores se reúnen de manera bilateral y no pública. Esto tendría que ser algo sin ningún tipo de promesa, de una manera seria. Es el mínimo respeto que uno le puede rendir a la mayoría de los argentinos que está sufriendo. Y tratar de alcanzar sobre 10 puntos, 10 identificaciones de problemas básicos y 10 abordajes a esos problemas. Argentina tiene un problema de redistribución del ingreso, de productividad, de no saber si la industria nacional se vincula con la manufactura o con el conocimiento...

     

     


     “Sigo creyendo en la unidad porque lo que no disciplina la razón lo termina disciplinando el espanto. Me parece que los fuegos de artificio que hoy vemos van a ser disciplinados por lo que se avecina”.

     


     

    –Pensar a mediano plazo.

    –Tomar decisiones respecto de eso demanda un período de seis años. ¿Cuánto tiempo lleva formar un ingeniero, un especialista en biología molecular?  Si vos me decís tomamos 150.000 millones de dólares del Fondo y lo dedicamos al desarrollo nacional y al conocimiento”, es una cosa. Si los tomamos para erogaciones corrientes, es otra. ¿Por qué razón Vietnam sale airoso en las calificaciones Pisa en matemática y es un caso de estudio de las universidades del mundo? Un país que tiene la tercera parte de nuestro ingreso per cápita. Porque saben que la formación de ingenieros de conocimiento les va a dar la posibilidad de un salto como el que dio Corea del Sur. Tienen un modelo y un propósito.

     

    –¿Qué consecuencias tiene la imposibilidad de llegar a un acuerdo de ese tipo entre los opositores a Macri?

    –Y me parece que en un show de los egos, en la pelea por un porcentaje del cero, se le falta mucho el respeto a los que hoy sufren en serio. Estoy muy en contacto con esos sectores, los que por ejemplo pierden el hábito de la limpieza, del baño, del cumplimiento de un horario, de tener un laburo al que ir todos los días. ¿Quién tiene la culpa de eso? No sé, no me importa. Me importa que tengo cuatro hijos varones, de 26 años a 8 años y yo quiero que vivan en Argentina. Que la patria, que es la tierra de los padres, sea su patria.

     

     Horno para todos

     

    –Si el peronismo y la oposición que es mayoría en la sociedad no se unen, ¿pueden perder con el peor Macri?

    –La realidad, que es la verdad, va empujando a Cristina a ser candidata. No estoy seguro de que ella lo apetezca, desde las razones por las cuales una persona quiere el poder: desde la ambición, desde la realización, desde el lugar en la historia. No veo presente ninguna de esas razones en Cristina y creo que para ella la aceptación sería un acto de generosidad y renunciamiento. Ahora, la realidad la va llevando y si efectivamente queda Cristina contra Macri las chances se emparejan en el balotaje. Están los kirchnerófilos y los kirchnerfóbicos pero hay una gran parte de la población que no está en eso. Entonces, creo que es el peor escenario para Argentina. Porque el pensamiento de Cristina, que es un pensamiento épico, reivindicativo, de extensión de derechos, de empoderamiento de sectores desapoderados, tiene muy poco plafón en la Argentina que viene. La Argentina que viene es una Argentina de sacrificio compartido.

     


    “El pensamiento de Cristina, que es un pensamiento épico, de empoderamiento de sectores desapoderados, tiene muy poco plafón en la Argentina que viene. La Argentina que viene es una Argentina de muchísimo sacrificio compartido, equitativo”.

     


     

    –Usted dice que Cristina puede ganar pero gobernar se le puede complicar mucho.

    –Muchísimo, muchísimo, incalculablemente se le puede complicar el gobierno. Si gana, que es lo que yo desearía frente a este Macri, que no es el peor Macri. Macri es uno solo.

     

    –Sí, pero antes era una esperanza para sectores que le permitieron llegar al 51 por ciento en balotaje.

    –No te quepa duda. Como dice Santa Teresa, se va mucho más al cielo por las plegarias que Dios escucha que por las que no escucha. Macri quería ser presidente y es posible que vaya al infierno por eso. Macri siempre fue lo que estamos viendo. Ahora está padeciendo y no me da ninguna alegría. Pero también me parece que la sociedad argentina tiene que tener una dosis de autocrítica. La pregunta que yo me hago todos los días: ¿quién pudo pensar que esto iba a ser distinto?

     

    –Macri vendió la promesa de que nadie iba a perder nada.

    –Nosotros nos equivocamos. Nuestro gobierno abusó de la comunicación directa, de una retórica convocativa que la sociedad no acompañaba. Cansamos, no fuimos capaces de demostrar que el modelo podía sostenerse en el tiempo. Dejamos envejecer el sistema de asistencialismo, que es un modelo para un momento, no es un modelo permanente. Dejamos crecer los subsidios de manera insostenible. Son autocríticas que nos tenemos que hacer y la verdad es que no he visto que las hayamos hecho públicamente.

     

    –¿Pero por qué entonces el peronismo vuelve a Cristina, después de todo eso y de haber perdido ella incluso una elección en 2017?

    –¿Y porque le vamos a pedir a las grandes mayorías que sofistiquen su razonamiento si no lo hacen los dirigentes? Las grandes mayorías populares tienen el recuerdo de una década donde ganaron derechos, donde vivieron mejor, donde fueron más respetados y se pudieron dar pequeñísimas recompensas de la vida cotidiana. Hay que decir la verdad. ¡La verdad es que estamos en el horno! Y solo le podemos prometer a la gente ejemplaridad.

     

    –¿Quién está en el horno? ¿El país o el peronismo?

    –El peronismo es una expresión de la argentinidad, guste o no. Expresa el deseo del subsuelo de la patria sublevada frente a los que acumulan, que son menos y han acumulado más. Ese sentimiento sigue vivo, en Argentina se llama peronismo, en otros lugares se llama de otra manera. Las clases sociales siguen existiendo. ¿Cómo no van a existir si Warren Buffet dijo “los ricos les estamos dando una paliza a los pobres”?

     

    –En todo este tiempo en que no habló con Cristina, habló mucho con Massa. ¿Hay posibilidad de un acuerdo entre ellos?

    –Lo veo posible. Cristina es una mujer muy inteligente y Sergio es excepcionalmente inteligente. Por supuesto, la política es timing y no es un modelo matemático, si no, las elecciones se resolverían en una computadora. Creo que ese acercamiento sería bueno para los dos. Le veo un solo inconveniente, que forma parte de una lógica bilateral, que no le rinde homenaje a los que más sufren. El peronismo es colectivo, es multitudinario, es aluvional, de muchedumbre. Es mejor Cristina y Massa juntos que solos. ¿Es lo mejor? No. Lo mejor es tener a todos hoy.

     

    –¿Y qué es lo posible hoy?

    –No sé qué es lo posible porque no estoy en modo político activo. Kennedy decía: “Si la política es el arte de lo posible, entonces el arte de la política es hacer más ancha esa posibilidad”. No me gustan las descalificaciones, no me gustan los exabruptos, no me gustan los esfuerzos por diferenciarse. ¿Qué palabra más linda hay que igualarse? El tema es con quién te igualás.

     

    –¿Cómo se resuelve en el peronismo la gran pregunta de quién conduce?

    –Si predomina la razón, de una manera. Si predomina el espanto, de otra. Si se juntan 10 dirigentes de primer nivel, ese grupo genera una dinámica y ahí los mejores son mejores y los peores son peores. Y las buenas ideas son mejores que las malas y los apetitos de cada uno pueden ser satisfechos en la medida de un acuerdo colectivo. Esa es la solución virtuosa.

     

     

    Diplomacia de manada 

     

    –¿Cuál es el saldo del G20 y la puesta en escena del apoyo internacional?

    –Descreo profundamente de la diplomacia del club house, de la diplomacia del ceremonial y el casco de estancia. La diplomacia es una cosa dura donde vos le decís de movida al que te quiere apurar: “Mire, yo puedo esperar cuatro años, 40 años, 400 años. Las Malvinas son mías, no me importa cuánto tengo que esperar”. Esa frase amilana mucho más a un británico que una bravata o un halago sin consecuencias. ¿En qué redundan las efemérides del G20 o el caso del “querido rey”? O redundan en un papelón como el de José Luis Borges o en un rédito de uso interno, que es lo que siempre el neoliberalismo argentino cuestionó.

     

    –Macri diría “yo tengo relaciones autónomas con China y Estados Unidos”.

    –Sí, muy autónomas no son porque China apoya a Venezuela y vos estás en el grupo de Lima. ¿A dónde te lleva esa diplomacia de manada?

     

    –Muchos piensan que con Bolsonaro y con Piñera, la región no da para un regreso de Cristina y ni siquiera del peronismo.

    –No está dicho que el peronismo solo pueda expresarse en términos altisonantes y dándole clase de Laclau al G20. Lavagna es peronista.

     

    –Sí, pero Massa y Pichetto están más cerca de Macri en el caso Venezuela.

    –Son peronistas y eso es ser distinto a Macri. Macri no es un gobierno oligárquico, es un gobierno de élite. Ningún peronismo se parece a Macri, salvo los que quisieron parecerse a Macri porque pensaron que eso les podía convenir electoralmente. La región puede dar o puede no dar. Bolsonaro es un exabrupto de la historia y se va a extinguir. No forma parte de la fisiología de Brasil, sino de la patología de Brasil, un país que adoro. Me tiene sin cuidado Bolsonaro porque sé que es un episodio y la historia no se puede pensar en términos de coyuntura. A lo mejor, no es el mejor momento para pensar en el kirchnerismo, en términos de lo que expresó como fenómeno de época. Pero ¿dónde está dicho que el peronismo no se puede expresar de una manera diferente? ¿En qué manual está escrito?

  • “Queremos organizaciones con perspectiva de género”

    Feminista y cooperativista, Gisela Wild entiende que la consigna “por más mujeres en los puestos de decisión” no se negocia; pero agrega que también es necesario tener perspectiva de género para impulsar el cambio cultural.

  • “Sigo siendo un luchador social”

    El expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica estuvo en Córdoba  encabezando la presentación de la Fundación COLSECOR, de la que es presidente honorario. Antes, recibió el título Doctor Honoris Causa de manos de la Universidad Nacional de Córdoba.

  • “Tenemos un gobierno amnésico que no tiene idea del pasado”

    Beatriz Sarlo es dueña de una rara vitalidad que le permite ser una opinión considerada por fuera del círculo académico, sin desviarse nunca de su propósito de leer, analizar y producir una mirada sobre la cultura contemporánea. Ensayista, escritora y autora de un continente de libros clave, Sarlo no se deja arrastrar por demandas ajenas: elige cómo, cuándo y ante quién hablar. Así sobrevivió a las festividades de un kirchnerismo que no pudo deglutirla y así se convirtió rápido en un juicio ingrato para el macrismo que ahora pierde el entusiasmo. Destacada por muchos como la intelectual más importante de la Argentina, publicó en agosto su último libro, “La intimidad pública”, una serie de ensayos breves -y a contracorriente- en los que trabaja la frontera difusa entre lo público y lo privado; la competencia despiadada por llamar la atención y ganar fama en la era de las selfies y las redes sociales; y el populismo tecnológico que expande el reinado de la subjetividad y la ilusión de una igualdad que se restringe al mundo de la opinión. En la charla que sigue, habla también de Mauricio Macri, del debate social por el aborto y de la posibilidad de que la lógica del escándalo también se apodere de la política

     

     

    Por Diego Genoud | Periodista 

     

    Entre las conclusiones que aporta el libro se destaca que estamos ante el fin de la intimidad y ante la victoria del escándalo como género. 

    –De algún modo veo que, en el mundo de los privados, las estrategias para mostrarse reproducen las de los famosos. Darse a conocer públicamente es una tendencia irrefrenable en este momento. Para los famosos, es su modus vivendi: de ahí sacan el sueldo. Con las selfies, se puede hasta monetizar el nacimiento de un hijo o la emergencia de una pasión o una traición. Pero también funciona en los que no son famosos ni lo serán jamás. Sobre todo las chicas muy jóvenes imitan las poses de las famosas.

     

    Marca un contraste entre las estrellas y los famosos y habla de una lógica del escándalo que es parte de una nueva cultura plebeya. ¿Por qué?

    –Algunos escandalosos tienen una vida muy corta en las redes y en las revistas, hay que ponerse a pensar qué es lo que saben hacer. Saben unos pasitos de baile, algunos saltitos y algo más. Por ejemplo, Pampita ¿qué sabe hacer? Es una pregunta que se le puede hacer a cualquiera. Sarlo ¿qué sabe hacer? Bueno, yo podría contestar pero es difícil saber qué sabe hacer Pampita, que está en la cima de la pirámide. Este estilo no toca a los grandes actores de cine y de teatro, que no recurren a eso. Es un estilo que crece en las redes y en la televisión, probando que hoy son una plataforma única.

     

    ¿Por qué afirma que la maternidad y el escándalo, antes mundos disociados, son ahora complementarios?

    –Hay una disposición al uso público de la maternidad. Desde que nacen, los chicos aparecen o levemente pixelados o sin pixelar, lo cual sabemos que va en contra de disposiciones. Muchas veces, las fotos de dos famosos semidesnudos evocan la foto de la madre con un bebé en brazos.

     

    “Es probable que en el peronismo haya una cierta impaciencia y una cierta desesperación. Si Cristina dice voy a la reorganización del partido, ahí tienen un problema. Y si Cristina dice no voy, también tienen un problema”.

     

     Dice que algunas corrientes del feminismo ven a la maternidad como moda, a contramano de Simone de Beauvoir que la veía como un mandato impuesto.

    –Es la versión feminista de que las mujeres se empoderan porque pueden hacer algo, tener un hijo, que los hombres no pueden. Es una línea muy débil de la teoría feminista contemporánea pero existe. Son mujeres que pueden practicar la radical independencia: no es que van a tener tres hijos y después no saben cómo les dan de comer. Son muy independientes por sus ingresos, en algunos casos más que sus propias parejas masculinas. Esto es una transformación respecto del mundo de los pobres y de las capas medias. Es un mundo muy irreal en un punto.

     

    Esta forma de comunicar trasciende el espectáculo y toca a la política, que también cae en los privilegios de una élite.

    –Sí, hablo de una diputada, convencida feminista, que lo hizo una sola vez. Quizás no tuvo en cuenta que una mujer que amamanta en una estación de trenes está pasando por una situación de violencia. Aunque los principios digan que no debe ser así, lo es. Está siendo mirada, observada, incluso en algunos casos puede estar siendo cuestionada.

     

    “Estamos en una sociedad de imitación. Se imitan poses, palabras, frases. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un reparto más plebeyo o más democrático de todo lo que tiene todo el mundo”.

     

    Se reproduce la diferencia.

    –Por supuesto, es tal cual. Lo que hace una diputada o una gerenta no es lo que hace la generalidad de las mujeres y me gustaría someter a todas las que tienen el poder de amamantar en público a que sus auxiliares también lo hagan. 

       

    Política, escándalo y peronismo

     

    ¿Cómo afecta la lógica del escándalo a la política?

    –Por suerte, poco. Si uno piensa por ejemplo en Palito Ortega y en Reutemann, tuvieron recorridos mediocres pero no fueron elegidos por escandalosos sino por sus imágenes de padres de familia. En Estados Unidos, Trump es el primer presidente escandaloso de la historia, que puede decir “le pago” o “no le pago” a una chica de Playboy.

     

     Dijo que si Tinelli es vivo, no se va a meter en política. ¿Existe una posibilidad para él, a medida que la crisis recrudece?

    –Depende. De lo que haga este gobierno y de la reorganización del peronismo. En principio, Duhalde pronunció el nombre Tinelli y es todavía uno de los grandes políticos del justicialismo. A mí me corrió frío por la espalda porque sé que Duhalde no tira nombres de manera fortuita. Es un político que respeto porque logró timonear la crisis de 2001.

     

    También pronunció el nombre de Lavagna.

    –Bueno, si a mí me decís que pronuncia el nombre de Lavagna, una dice sí. 

     

     Sorprende que Pichetto admita conversaciones con Tinelli, mientras se enoja con el Gobierno por el ataque a la política.

    –Es probable que en el peronismo haya una cierta impaciencia y una cierta desesperación. Si Cristina dice yo voy a la reorganización del partido, ahí tienen un problema. Y si Cristina dice no voy porque sigo en Unidad Ciudadana, también tienen un problema. Y Macri también tiene un problema ahí, porque la necesita para presentarse, otra vez, como el encargado de frenarla con sus guerreros.

     

    Entre la ansiedad y la ilusión de igualdad

     

    Primacía de la subjetividad y de la opinión, la competencia por atraer y ganar a los demás para una idea. ¿Qué implica esa nueva forma de ser y estar?

    –La ansiedad predomina. Si hubiera grabaciones de famosos y políticos de los últimos 40 años, yo creo que la gente habla muchísimo más rápido ahora. Predomina la disputa por la palabra. En los programas de media tarde, se ve la tensión que tiene que ver con la ansiedad por llamar la escucha del otro. Eso sin duda se traslada: estamos en una sociedad de imitación.

     

    ¿A qué se refiere?

    –En la década del 30, una mujer podía imitar el sombrero de una mujer de Hollywood. Hoy se imitan poses, palabras, frases. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un reparto más plebeyo o más democrático de todo lo que tiene todo el mundo.

     

    Y hay, como dice el libro también, una ilusión democratizadora.

    –Una completa ilusión. Por eso, yo oscilo entre llamarlo democrático o plebeyo. Porque democrático es cuando realmente se está haciendo un reparto que cambia las condiciones culturales o económicas de las otras personas. Pero sí, el derecho a la opinión se ha expandido y todo el mundo opina. 

     

    Atribuye ese reinado de la opinión a subjetividades que están a la intemperie, sin el armazón de las creencias y las ideologías.

    –Quiebre de la autoridad. Un colectivo formado por estudiantes del Nacional Buenos Aires o el Carlos Pellegrini puede cambiar el sistema de género de la lengua española y todos tenemos que empezar a hablar en catalán y a decir “les maestres”, “les mucheches”, “les jóvenes”. Se sienten con derecho de avanzar sobre la quiebra de autoridad. Me parece bárbaro porque eso siempre amplía derechos, a veces de manera ridícula y a veces de manera positiva.

     

     Usted se excusa por no participar del nuevo código.

    –Soy mujer hace siete décadas. Mi inclusión tuvo que ver con otras batallas, tuvo que ver con que debía ser la mejor en latín si quería tener una ayudantía en latín. Tuvo que ver con frenar a los compañeros que podían pensar que eran mejores que las mujeres simplemente por ser hombres. La quiebra de la autoridad está bien. Si los chicos del Pellegrini y el Nacional quieren hablar en catalán, que hablen. Yo no.

     

     

     

     

     

    “El debate por el aborto es la primera experiencia de acción en la esfera pública para una generación.Cuando vos tenés 17, 18, 20 años y es tu primera movilización, tu primera gran batalla política,no te la olvidás nunca más en la vida. Eso es incluso de más largo plazo,porque la ley tarde o temprano va a salir”.

     

     

     

     

     

     La primera vez 

     

    ¿Cuál es su balance del debate por el aborto legal?

    –La ley va a volver porque es muy transversal y hay apoyo de los bloques mayoritarios. Tenés a Pichetto que está con la ley y está dando una batalla muy respetable, tenés a Lipovetsky y Lospennato que son del PRO y están con la ley.

     

    -A Cristina también.

    –Sí, pero no dio ninguna batalla, se plegó a la postura de su bloque. Pero el mismo día que entró la ley en el Senado, Pichetto recibió a la gente que estaba impulsando el proyecto. Y Lospennato y Lipovetsky estuvieron en todas las movilizaciones. Eso vuelve, le guste o no a Marcos Peña, pero sí a la mujer de Marcos Peña. Le guste o no al Papa, eso vuelve.

     

     ¿Qué es lo que más valora de este proceso?

    –Que es la primera experiencia de acción en la esfera pública que tuvo una generación. Cuando vos tenés 17, 18, 20 años y es tu primera movilización, tu primera gran batalla política, no te la olvidás nunca más en la vida. La mía fue la lucha por la enseñanza laica y la defensa del petróleo, acusábamos -creo que sin razón- a Frondizi. Quedás marcado. Eso es incluso de más largo plazo. Pero esta primera experiencia de chicas -y también chicos- de 16, 17 y 18 años. Uno me paró y me dijo: vine por mi mamá. Extraordinaria razón me dio. ¿A dónde irán, se organizarán como movimiento social? eso ya depende incluso de generaciones más grandes, que ya están en la política. Pero esto ya no se borra.

     

     Es decir que están naciendo ahora nuevas subjetividades y una nueva generación en la política.

    –Como nació el movimiento de derechos humanos. Con la primera vuelta de las Madres. No estaba y tardó años en nacer y hay conflictos en ese movimiento y los seguirá habiendo, como pasa en los movimientos sociales. Es gente que por primera vez se tomó un colectivo para ir a la plaza.

     

     Pasado y macrismo 

     

    ¿Cómo se redefine el pasado en el tiempo de la velocidad, cuando dependemos de Google para acceder a la historia disponible?

    –Es muy difícil esa pregunta. Lo que sé es que la plataforma en la que te enterás del pasado, tiene un cierto grado de importancia. En mi casa, estaba la primera edición de la historia de San Martín escrita por Mitre. Varios años después, descubrí que estaba en la casa de Borges. Es decir, que había una comunidad cultural. No sé si eso existe en el presente.

     

    ¿Cómo opera el pasado en la política actual?

    –Un presidente de derecha, como es Macron, habla permanentemente de la República, que en Francia es recordar una historia que comienza con la Revolución Francesa y sigue con la escuela del siglo XIX, de Ferrière. Macron tiene eso permanentemente en la cabeza. Nosotros, en este momento, tenemos un gobierno amnésico. No era el caso del gobierno anterior. Todo el mundo sabe que yo no fui kirchnerista pero no era un gobierno amnésico.

     

     El macrismo borra ese pasado y cae a su manera en la historia, como parte de con una corriente clara de intereses.

    –Ojalá cayera en la historia. Porque si no, no hubiera sido tan torpe en la reforma de las Fuerzas Armadas. ¿Vos te imaginás un gobierno en Brasil que vaya a encarar Bolsa Familia y no mida, vea y converse lo que hizo el gobierno anterior? Son muy verticalistas. No conozco ningún gobierno más verticalista que este, después de la Dictadura. Es para gente amnésica que no tiene idea del pasado. Porque el pasado no tiene interés en sus vidas y yo creo que para Macri tampoco el pasado tiene interés en su vida.

     

    Fotos: Juan Casas 

  • 64 páginas

    Revista COLSECOR, Abril 2018

     

    Desde hace más de un año la propuesta editorial que realizamos desde la integración cooperativa, ha venido generando cambios significativos en el producto comunicacional: se mejoró la calidad del papel para la impresión y se amplió la producción de notas periodísticas. En línea con ese recorrido, la edición de abril suma 16 paginas. Es una apuesta fuerte del Consejo de Administración de COLSECOR que toma como referencia la creciente demanda de parte de las comunidades que quieren no tan solo informarse sino esencialmente, tener más elementos explicativos para comprender los contextos de la vida social que viven en los distintos planos temáticos que componen la realidad.

    Por estas razones es que se fue incorporando paulatinamente una importante cantidad de columnistas que, primero, tengan un alto compromiso al momento de la elaboración de los textos y que, en segundo término, se pueda lograr una experiencia de lectura que constituya el valor del gusto del receptor. Estamos convencidos que la revista también tiene que tener un saber especializado en la construcción de las narrativas para que sean entretenidas y que la descripción de la actualidad tiene que enunciarse desde distintos enfoques subjetivos.

    En un paso rápido por la revista número 272 van a encontrar una propuesta enriquecida y creemos que fundamentalmente un buen material de lectura.

    Incorporamos el panorama informativo del Congreso de la Nación que ofrece, Gabriel Sued, politólogo y periodista acreditado en el Parlamento. Nestor Piccone, Aleja Paez y Dante Leguizamón presentan tres exitosas producciones audiovisuales que se pueden observar en COLSECOR Play: Westworld, Outlander, CSI Miami y CSI NY. Alguien casi de modo exagerado dijo que las series son el periodismo del Siglo XXI. Tomamos registro de esa máxima y los resultados nos demuestra que algo de verdad hay en esa aseveración. Martin Becerra acerca con lucidez todos los meses, un análisis sobre los medios de comunicación y ayuda a desentrañar ese ecosistema sobre el que se apoya parte de la matriz con la se va moldeando la sociedad en estos días donde casi todo es digital. Luz Saint Phat y el Mundo Psi promueven pertinentes reflexiones que alumbran hábitos y conductas cotidianas de la sociedad y desde enero Gabriel Puricelli nos viene planteando un estado de situación de países que tienen relevancia geopolítica. China, Rusia, Alemania y Sudáfrica en abril. Por otra parte, Pablo Datri y el equipo Eco Digital hacen un trabajo serio en Educación Ambiental que se destaca. La buena pluma de Mareco y los grandes temas del país. Julian Capria y el historial valioso de cada provinciano, en un proyecto de 24 meses para recorrer los ADN culturales desde Jujuy a Tierra del Fuego. Aguirre y la conmoción social de los casos policiales que quedaron en la memoria de los argentinos. Matías Cerutti, un cronista todo terreno que nos trae historias de personajes, referencias ineludibles de los lugares donde vivimos y Ramón Becco que se sumerge en los orígenes de las fiestas populares con larga vida. Comenzamos una nueva propuesta con Julia Pazzi, la joven periodista que pregunta y escribe en tiempo real la visita a una entidad del Tercer Sector con relevancia en el país; en esta oportunidad, fuimos a la Cruz Roja. Martin Eula en seis páginas destinadas al deporte nos alimenta esa sed de inquietudes de simpatizantes apasionados que tenemos como argentinos por todo aquello que nos da una inconmensurable alegría al ganar como por las caídas estrepitosas de los ánimos ante las derrotas que nos hacen sufrir. Y, finalmente, Cecilia Ghiglione, integrante del área de Comunicación y medios de COLSECOR, en esta oportunidad se aproxima con curiosidad a la existencia de un proyecto cooperativo de locos que se hace en Rosario. Se llama Communitas y van a sorprender las razones por las que los fundadores eligieron el modelo de la economía social. No nos equivocamos cuando dijimos que la revista tiene mucho y de todo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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    Por Gabriel Puricelli

    Coordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    Es el motor económico de Europa, pero la política la tiene en punto muerto. Alemania, la cuarta economía del mundo, es también la tercera potencia exportadora del mundo. Compra grandes volúmenes de bienes a otros países, pero tiene un gran saldo a favor dado el valor de lo que vende al extranjero. Ese superávit comercial es la envidia y el blanco frecuente de críticas de Donald Trump: el presidente de los EE.UU. no puede aceptar que su propio país importe más de lo que exporta y culpa de ello no sólo a Alemania, sino (sobre todo) a China y a México. Con una fuerte presencia en Argentina, visible en nuestras calles pobladas de Volkswagen y Mercedes Benz, Alemania es también un fuerte socio comercial de nuestro país, que en 2016 compró 3.000 millones de dólares de productos alemanes y le vendió 1.300 millones de dólares de productos argentinos. Nada de lo que pase en Alemania nos puede ser del todo indiferente y casi todo lo que pasa allí es determinante para el bloque político-económico que la tiene en su corazón, la Unión Europea. 

    Acostumbrados a un bipartidismo de lo más convencional, desde el fin de la II Guerra Mundial los alemanes han elegido gobiernos conservadores o socialdemócratas que se han sucedido sin demasiadas estridencias domésticas y con un imperturbable espíritu europeísta hacia afuera. Más de doce años hace que su actual canciller (jefa de gobierno) Angela Merkel lidera Alemania, tanto, que el nombre de la dirigente y el del país se hacen imposibles de disociar. Sin embargo, cuando los alemanes votaron, en septiembre pasado, los democristianos (CDU) y socialcristianos (CSU) quedaron muy lejos de tener las bancas necesarias en el parlamento (Bundestag) para poder constituir un nuevo gobierno. Esa unión de partidos, que es la base política de Merkel, perdió casi tres millones de votos y sus socios minoritarios en el gobierno desde 2013, los socialdemócratas (SPD), perdieron casi dos. Tras semejantes fugas, ni unos ni otros fueron despojados de su condición de primer y segundo partido del país, respectivamente, pero pasaron de representar a más de dos tercios de los votantes, a poco más de la mitad. 

    ¿Cómo es que “Mutti” Merkel, la dirigente política que tras tantos años al frente del gobierno algunos se aventuran a llamar “madre”, se encuentra ante el retiro de la confianza de tantos de sus compatriotas? La máxima de un viejo político italiano, Giulio Andreotti, que sostenía con mucho cinismo que “el poder desgasta al que no lo tiene” parece que ha perdido su vigencia. Estar en el poder hoy, en Europa, es cada vez más un obstáculo para seguir estando. Ya no son inmunes al desgaste ni siquiera los políticos que, como Merkel, pueden exhibir cuentas gubernamentales sanas e indicadores de crecimiento económico y niveles de empleo que son la envidia de sus vecinos. Hay un mar de fondo, un clima de ansiedad ciudadana que va más allá de la coyuntura, que ve en el futuro la imagen de una sociedad en la que muchos se ven abrumados por la presencia de una inmigración que se percibe en aumento perenne y por un multiculturalismo que tienen dificultades crecientes para aceptar. 

    Ese mar de fondo, cuando tiene la oportunidad de emerger como opción electoral, cuando aparecen partidos o líderes dispuestos a darle voz, lo hace con una fuerza que sorprende y, a veces, paraliza. Casi todos los vecinos de Alemania ya tenían en su escena electoral (en algunos casos, desde hace décadas) alguna oferta para satisfacer esa demanda: las ultraderechas del Frente Nacional en Francia, del Partido de la Libertad en Austria (desde hace pocos días, como parte del gobierno), del Partido Popular en Dinamarca, del gobernante partido Ley y Justicia en Polonia, del Interés Flamenco en Bélgica, del Partido por la Libertad en Holanda, de Libertad y Democracia Directa en República Checa. Luxemburgo era y sigue siendo la única excepción. 

     

     

    La versión alemana de esa oleada de radicalización de las derechas es la Alternativa por Alemania (AfD), el partido que actuó como una verdadera aspiradora de votos de clase media que antes se pronunciaban por los conservadores de Merkel y de votos de la clase trabajadora que los socialdemócratas contaron desde siempre como propios. Después de quedar fuera del Bundestag en 2013 por no alcanzar (por muy poco) el umbral mínimo del 5% exigido para poder ocupar bancas allí, la AfD casi triplicó sus votos para quedarse con 94 bancas. Fue la primera vez desde que el Bloque Pangermano (GB/BHE) perdió todas sus bancas, en 1957, que la extrema derecha consiguió representación parlamentaria. 

    Esa nueva presencia en el parlamento y sus propios desastrosos resultados electorales, los peores de la posguerra, sembraron dudas y contradicciones en en Partido Socialdemócrata. Bajo el liderazgo de Martin Schulz, se apresuraron a decir que no estaban dispuestos a ser de nuevo el socio menor de los conservadores en el gobierno, como lo eran hasta las elecciones y como lo han sido en dos oportunidades más desde los años ´60. Inicialmente, entonces, se impuso en el SPD la tesis de la necesidad de una “cura de oposición”, para reconstruir la propia base electoral, desmovilizada por los continuos compromisos con los “amienemigos” de la CDU/CSU, y para evitar que la AfD, con el tercer bloque parlamentario más numeroso, quedara al frente de la oposición. 

    Como en el sistema parlamentario vigente sólo se puede formar gobierno contando con el apoyo de una mayoría de los 709 diputados del Bundestag, a los conservadores sólo les quedaba la alternativa de formar gobierno con los liberales (FDP) y con los verdes. Dos meses duraron las negociaciones, hasta que los liberales se levantaron de la mesa diciendo que no había modo de que sus propuestas abiertamente favorables a las empresas y restrictivas con la inmigración se compatibilizaran con las salvaguardas ambientales que los verdes quieren imponer a esas mismas empresas y con la postura generosa con la inmigración de los ecologistas. Frente a ese sonoro fracaso, toda la expectativa se trasladó al SPD, que revirtió su decisión de pasar a la oposición y que, mientras esto se escribe, negocia la renovación del contrato de “gran coalición” con los partidos que apoyan a Merkel.

     En definitiva, a tres meses de realizadas las elecciones, la dirigente más votada por los alemanes sigue al frente de un gobierno interino que se ocupa sólo de cuestiones administrativas corrientes, que no puede enviar proyectos de ley al parlamento y no puede tomar iniciativas políticas. Eso seguirá siendo así hasta que se alcance algún acuerdo con el SPD y el parlamento consagre a Merkel como canciller reelecta. Si no hubiera acuerdo (con una coalición donde el SPD ponga a sus ministros en el gabinete o con un gobierno minoritario que el SPD se comprometa a no derribar, al menos por un tiempo, con un voto de censura en el Bundestag), Alemania podría verse obligada a repetir las elecciones, cosa que no ocurrió nunca en su historia moderna. Los resultados, por cierto, son aún más difíciles de prever que en septiembre pasado, cuando la elección ya vino preñada de sorpresas. 

    Después de mirar con cierta extrañeza la seguidilla de cambios políticos en la mayor parte de los países de la Unión Europea y de verse a sí misma como un oasis de normalidad política y de empuje económico, Alemania está (momentáneamente, al menos) atrapada en el pantano de la indecisión de un electorado que se rehusó a plebiscitar la continuidad matriarcal de Merkel. Aunque lo que ésta tenga por delante sea un cuarto período al frente del gobierno, si sigue allí será con un mandato tan lleno de dudas como en duda está el futuro de Alemania y de la Unión Europea, ahora que el optimismo ciudadano sobre el futuro ha sido reemplazado por el recelo. La cura de ese nuevo padecimiento, independientemente de la suerte de los dirigentes, no parece estar al alcance de la mano.

     

  • Algoritmos que ayudan a encontrar el amor y que hasta te salvan la vida

     

    En el mundo del conocimiento hay fórmulas para todo y la información es el verdadero elixir de esta era. Cómo se entrenan para hacer que nuestra vida sea más fácil y cada vez más predecible.

  • AMLO y la cuarta revolución mexicana

     El 1 de julio, los mexicanos eligieron presidente a Andrés Manuel López Obrador. AMLO, como abrevian todos su nombre, promete “una cuarta revolución”, tras una elección que ratifica que la tercera es la vencida.

     

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.  

     

  • Ánimos y colores a través de un inspirado pincel

     

    El vino, la gran montaña y el eco del paso de San Martín son las principales señas de identidad mendocina. El espíritu de sus estaciones y sus conmovedores paisajes completan un retrato único y atractivo.

     

    Por Julián Capria |Ilustraciones: Bibi González

     

    “No podría haber dado mejor carta de presentación”. Con estas palabras, el 24 de mayo de 1846 José de San Martín le abría las puertas de su casa de Grand Bourg, Francia, a Domingo Faustino Sarmiento. Es que el sanjuanino se había anunciado, simplemente, como “un cuyano”.

    El pueblo mendocino, fragmento del pueblo cuyano, fue el adoptivo del Libertador. Allí encontró el calor, la ayuda, el afecto y el aliento necesarios para emprender el gran sueño de la libertad continental. Fue desde El Plumerillo, un sitio pegado a la ciudad de Mendoza, desde donde en enero de 1817 emprendió el histórico cruce de la Cordillera de los Andes.

    Mendoza es un milagro al pie de la gran montaña americana, la que toca el cielo del continente, el cerro Aconcagua.

    Sus tierras secas, áridas como un desierto, un día despertaron a la fecundidad cuando el agua les llegó palmo a palmo, dosificada por la mano humana. Las acequias, los canales encendieron la chispa de la fecundidad, y a partir de ahí las fincas, las parras, las uvas y finalmente el vino, toda una señal de identidad no sólo frente al resto de los argentinos sino también frente al mundo.

    Es una historia de desafíos, algunos gigantes, como el que volvió a poner de pie a la capital después del tremendo terremoto del 20 de marzo de 1861, que causó la muerte de poco menos de la mitad de la población (4.247 personas entre unos 11.500 vecinos).

    Y parte de su alma está en esas nieves definitivas, tan atractivas para el turismo como una adversidad a vencer, como lo hizo San Martín.

    Su hazaña libertaria y su figura es una  presencia constante en el espíritu mendocino, que lo recuerda de múltiples maneras y en numerosos sitios, como el Cerro de la Gloria. La escena del Cruce de los Andes, esculpida allí, se volvió familiar para todos los argentinos pues estaba impresa en los billetes de cinco pesos, antes de que la historia fuera erradicada de nuestro papel moneda.

    Durante décadas y décadas, en las viejas casas mendocinas, aquellas de grandes patios, en cada reunión de vecinos se hablaba de las hazañas y las anécdotas de José de San Martín así como de las de los cuyanos que siguieron sus pasos.

    Cuando los abuelos ya no estuvieron para contar sus historias contemporáneas al héroe, las rescataron sus nietos y más acá las hojas más nuevas de los árboles genealógicos. El tiempo acaso no ha podido con la persistencia de los relatos.

    Al menos esa es la sensación que se ha tenido hace un tiempo frente a Milka Vicchi de Reboredo Correas, por muchos años presidenta de las Damas Pro Gloria.

    “San Martín paseaba en el centro mendocino del brazo con Remedios y saludaba a todos. Para cada uno tenía una palabra, un pedido claro porque a quién le expusiera su fervor patriota él simplemente le explicaba una a una sus necesidades. De los preparativos de la campaña de Los Andes participaron unas 3.500 mujeres, pero mucho más allá del pequeño círculo que bordó la Bandera de Los Andes, las damas participaron en la hechura de los uniformes, en el teñido de telas y la elaboración de los alimentos como el charqui para cruzar la montaña. En fin, fue toda una gran tarea de los cuyanos”, supo contarnos.

     

     Celebración del vino 

    El propio San Martín fue uno de los grandes entusiastas del vino mendocino. Una famosa anécdota cuenta que, en condición de anfitrión, cambió vinos y envases: puso mendocino en botella española y viceversa. La idea era reírse y darles una lección a sus comensales que rápidamente salieron a elogiar al que identificaron como español, según el envase.

    El vino es el gran sello de la identidad productiva de Mendoza, rasgo que comparte con su vecina San Juan. De todos modos, más del 60 por ciento de la producción de vino argentino sucede en Mendoza.

    La provincia es una capital mundial del vino. “Los distintos valles vitivinícolas que encontramos en Mendoza presentan características propias, jugando un rol muy importante la altitud a la que se cultivan los distintos viñedos y en función de esta variable es que se pueden cultivar distintas variedades y obtener diferentes vinos”, explicó el enólogo José Galante a la página Wines of Argentina.

    La historia tiene más de 400 años. Entre las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII surgieron las primeras bodegas y viñedos. Las bodegas estaban integradas a la casa, a través de una galería sombra o un galpón de adobe en el fondo de la propiedad. Su usaban lagares donde se pisaba la uva “a pata” y después se fermentaban en tinajas de barro.

    Muchos nombres a través de sus bodegas han jalonado el prestigio del elixir mendocino. Por ejemplo el de la familia Bianchi, asentada en San Rafael.

    “La primera vendimia familiar fue en 1928 y en 1934 se ganó un premio a la máxima calidad: Los jurados vinieron a Mendoza a ver si era cierto que se había hecho aquí el vino que habían probado. Era nuestro el borgoña que ya se hacía con malbec, variedad que se convertiría en una insignia del vino de la familia y del vino argentino también”, nos explicaba Sylvia Bianchi en 2010.

    En su casa el vino seguía siendo parte de un rito diario, sobre todo a la hora de la noche. “Se trata de degustarlo, saborearlo lentamente. Después de la cena en casa solemos abrir una botella y miramos televisión con el vino en la copa tomándolo sin prisa”, nos decía.

    La Fiesta de la Vendimia es la gran celebración de esa fecundidad. En 2011 la revista National Geographic la ubicó en segundo lugar en su ranking de fiestas de cosecha, detrás del Día de Acción de Gracias estadounidense. En 2019, comenzará el próximo 25 de febrero con la bendición de los frutos y avanzará hasta la plenitud de la celebración, ya en marzo.

     

    En la gran montaña

    La gran montaña, todo un imán de pasiones empecinadas, es otro símbolo mendocino. Además de la constancia del montañismo, la nieve es el gran escenario deportivo para la práctica del esquí.

    Su poder es capaz de marcar historias como la de Andrés García, un hombre cuya devoción por Los Andes comienza desde pequeño pero que recién se hizo plena en la adultez.

    “Estudié agricultura y me recibí de enólogo, aunque me fui a trabajar a campos sembrados con papas en San Carlos. Recién cuando tenía 50 años me decidí a jugarme por mi pasión por la montaña”, nos decía tiempo atrás en el centro de esquí de Los Penitentes, donde era jefe de seguridad.

    Fue el primero en escalar 10 cerros de más de 5000 metros de altura, y este récord vale contarlo pues se trata de desafíos complicados porque suponen el descubrimiento de la senda.

    “Ya llevo muchos años acá, pero a quienes recién están descubriendo y experimentando en este mundo les diría que se preparen muy bien físicamente. Es muy común encontrar chicos que quieren arrancar por el Aconcagua, pero es como querer correr una maratón profesional sin haberse preparado o salir a correr antes. Es fundamental entender que ir a la montaña tiene que ser algo de disfrute y de alegría”, le decía en 2017 al diario Los Andes, a los 83 años de vida.

    En plena cordillera, en el camino más transitado hacia Chile, aparece Puente del Inca, un pequeño paso sobre un abismo de río y manantiales, pero con un estallido de colores que rompe la monotonía andina.

    Le da nombre una pequeña aldea a la que un día llegó casi adolescente Gustavo Campanario para trabajar una temporada como albañil. “Una de las cosas típicas que hacemos aquí es sumergir piezas (vasijas, o zapatillas comunes, herraduras y otras cosas) en el agua para que se costrifiquen, es decir se cubran con una capa de minerales”, contaba hace unos años.

    Cuando llega el invierno, todo el lugar se vuelve blanco. “Hay días enteros en que no puedo salir de la casa. Pero, qué quiere que le diga, yo lo disfruto con una mujer y mis hijos encerrados y frente al fueguito”, decía, y no era difícil creerlo.


    El otoño original

    Los álamos siempre firmes como el día que llegaron a detener el viento en Mendoza, abren su calidoscopio en una rara sensación de grises. Más allá, el fondo de la multitud de hojas que se mecen en los árboles o se dejan rodar en el piso por la brisa, muestra todos los suspiros del amarillo al verde. Mientras, las vides parecen haberse vuelto rojas después de parir el vino, aunque de un rojo dorado, casi como el color de la fecundidad.

    Hacia lo alto, el marrón de la montaña sube y sube hasta el azul, para luego volverse blanco celeste, así en la piedra como en el cielo. Y hasta ahí llegamos con los ojos: todo volverá a nacer cada vez que la luz despierta al día.

     

    El pincel del otoño mendocino tiene la magia de los colores contagiados frente a frente para pintar en exclusiva armonía el cuadro de un paisaje que después de la abundancia del verano tiene otra manera de sostenerse esplendorosamente vivo.

    “Para quien no ha vivido en Mendoza, otoño son cosas que inventó el amor”. Así escribió Jorge Sosa en la bella “Tonada de otoño”, que musicalizó Damián Sánchez, uno de los grandes retratos del ánimo mendocino, en el paisaje y en el corazón de su gente.

    “Estaba en la terminal de ómnibus de Mendoza, en un atardecer de abril, con los cerros azules, el cielo en degradé de negro a naranja y los sauces amarillos”, recordaría Sosa en una entrevista en Radio Nacional Folklore cómo fue que se presentó la chispa. “Había visto el otoño en varios lugares y me surgió esa frase… No es lo mismo el otoño en Mendoza”. Entonces, se subió al colectivo y escribió la canción en un solo impulso.

    El alma otoñal de Mendoza -como también el de sus otras estaciones- es una puerta que pueden abrir sus poetas y sus cantores; sus guitarristas empapados de cuecas y tonadas que extraen de las cuerdas un jugo tan original y único como el del vino.

    Pero también su pueblo, que vive en armonía con el paisaje, tiene la llave. Todos los ánimos y los colores más profundos caben en la inspiración del pincel mendocino.

  • Aprender ( de los errores) de quienes lideran

  • Ardores de nieve en el final del mundo

    Es el último bastión de la australidad y uno de los rincones más bellos del planeta. Ushuaia se afirmó con la célebre y severa cárcel que se abrió al despuntar el siglo 20. Luego, la isla sería el destino de legiones de argentinos que fueron a buscar allí una oportunidad.

  • Asombros y destellos al amparo del sol

    Al clima desértico y a la tragedia de dos terremotos supieron sobreponerse los sanjuaninos para plantar la identidad cuyana que los distingue. Mientras tanto, el vino colorea sus paisajes profundos.

  • Atlanta sabe de negros

    La serie presentada por Fox Premium TV & APP es un audaz, divertido, por momentos increíble formato de comedia que interpela a espectadores con ganas de romper con lugares comunes.

  • Banca Argentina

     

     

    Por Martín Eula | Periodista

     

    Casilda, Chabás y Rosario en la provincia de Santa Fe. Villa Domínguez, en Entre Ríos. Y Tapiales, en ese conglomerado llamado La Matanza en el conurbano de Buenos Aires.

    Jorge Sampaoli, Héctor Cúper y Juan Antonio Pizzi. José Pekerman. Y Ricardo Gareca.

    Argentina, Egipto y Arabia Saudita. Colombia. Y Perú.

    "Somos 44 millones de técnicos" es una frase ramificada que se alimenta y engorda como nunca cuando la Selección juega un Mundial. Un Mundial, el de Rusia, en el que cinco de esos 44 millones dejarán una marca histórica: cinco técnicos argentinos en una Copa del Mundo. Todos paridos por nuestro fútbol: extremista, pasional, desorganizado y ambivalente, pero que no deja de ser una referencia ineludible. Y éste caso es otra muestra cabal.

    El eléctrico Sampaoli llegó a la Argentina cuando la Selección veía un bloqueo en su camino lleno de espinas rumbo a Moscú. Sin dirigir en la Primera de nuestro país, hizo una carrera desde bien abajo, llevó a Chile a la gloria y está a meses de cumplir un sueño. Amante del rock, marcado por sus tatuajes, fanático de River (estudió la mítica Máquina que integraban Muñoz-Moreno-Pedernera-Labruna-Loustau), mira -o miraba- más cine que fútbol porque "un drama te puede permitir pensar para diagnosticar y tomar la decisión acertada". Bielsista a ultranza hasta ganar la Copa América 2015 (final contra Argentina), se hizo menottista y Guardiola le provocó un quiebre. Piensa que es absolutamente necesario cambiar los equipos todo el tiempo como una disputa intelectual y estratégica con el entrenador oponente. "Me duele que en mi país no se respete ni se valore a la Selección como se merece. Tuvimos al mejor futbolista en su momento, tenemos al mejor ahora y la impresión es que no lo queremos disfrutar. Sería bueno que volvamos a encantarnos con la bandera", dijo bastante antes de asumir y hoy disfruta, después del enorme partido en Quito -el de la clasificación- de ese país finalmente rendido a los pies de San Messi.

    El casi olvidado por estas pampas Cúper ya es un faraón. Después de 28 años, condujo a Egipto a un Mundial al darle equilibrio, solidez y presencia a un seleccionado que cuenta con una estrella como Mohamed Salah (Liverpool) y una leyenda en el arco (con 45 años, Essam El-Hadary se transformará en el hombre más veterano en una competencia semejante). En el medio, una pequeña reflexión: Messi y compañía cargan con la cruz de haber perdido tres finales seguidas; en sus 14 equipos que dirigió, Cúper suma 10 subcampeonatos (entre ellos dos de Champions League con el Valencia). Un verdadero tormento para cualquiera en un mundo que apesta por lo exitista. Un aliciente para seguir adelante y no claudicar para este hombre de 62 años que se dará un gusto enorme.

     

     

     

    El último en ingresar a este selecto grupo fue Pizzi. Crucificado por miles de chilenos por quedarse afuera en la última fecha, entró por la ventana al aprovechar una Arabia Saudita que evidentemente cambia entrenadores como de ropa interior. Macanudo, como lo llaman en Chile, reemplazó a Edgardo Bauza, el Patón que dirigió tres selecciones en la previa al Mundial y hasta dijo que se veía "campeón del mundo con Argentina", pero que quedó al margen. Pizzi jugó en Central, Barcelona y River, entre otros, y disputó Francia 98 con España. Dirigió en su país, Perú, Chile, España y México antes de recibir una propuesta millonaria en dólares y tentadora en lo deportivo, y superó a Ramón Díaz en esa carrera. Los saudíes, sin dudas, iban a ser dirigidos por un argentino...

    El maestro Pekerman, el hacedor de tantas figuras argentinas, el que nos distinguió por estilo de juego, resultados y Fair Play en tantos torneos juveniles, al que nadie pudo reemplazar en los Juveniles, el que dejó a Messi en el banco en la eliminación con Alemania en el Mundial 2006... Ese hombre de 68 años ya es un emblema para Colombia, al que comandará en un segundo Mundial seguido. Un logro nada menor para un país que va por su sexto Mundial. Lo hará con una camada de elite liderada por James Rodríguez y Radamel Falcao, a la espera de su gran revancha tras estar lesionado en el 2014. El 5º puesto en Brasil es la zanahoria a superar en lo que seguramente será el cierre de un ciclo muy exitoso.

    El nuevo héroe nacional en Perú es Gareca, que por ejemplo ya tiene una calle con su nombre en el centro de Cuzco, ahí donde en los 3.400 metros de altura cualquiera está más cerca de tocar el cielo con las manos. Eso sienten los peruanos gracias al Tigre porque después de 36 años estarán en una Copa del Mundo. Ex centrodelantero que se dio el gusto de jugar en Boca y en River, recorrió todos los pasos necesarios para ser un entrenador de selección. Y no uno más. Amante del buen fútbol, encontró en Perú a varios jugadores de buenas condiciones técnicas a los que les adosó sentido colectivo, confianza y creencia en una idea. Así, pasó de sumar cuatro puntos en las primeras seis fechas de Eliminatorias a un sprint final que terminó con el triunfo en el Repechaje sobre Nueva Zelanda que todavía se celebra en casi toda América.

    A Sampaoli le tocó un grupo peligroso, Pekerman afrontará una zona pareja y Gareca tiene a un cuco como Francia. Mientras que Cúper y Pizzi (estará en el partido inaugural contra Rusia) se verán las caras el 25 de junio, en el cierre del Grupo A.

     

    Fotos: Gentileza Olé 

  • Barry, un asesino sin culpa, pero con humor

     

     

    La serie de humor negro habla de las contradicciones que todos tenemos dentro y de lo difícil que es ser lo que uno quiere ser en el mundo en que vivimos.

  • Bayer: El último libertario

     

    Historiador y cronista de luchas silenciadas, escribió dos libros que siguen vigentes casi 50 años después de ser publicados. El exilio obligado por la Dictadura le cambió la vida para siempre.   

  • Bette y Joan. La enemistad que nació del dolor

    Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

    “Las rivalidades nunca son por odio. Las rivalidades tienen que ver con el dolor. Son sobre el dolor.”

     

    Con estas palabras, Ryan Murphy, creador de la serie, le pone el tono afectivo con el que manejará los 8 episodios.

    En Feud: Bette y Joan, Murphy reivindica con pequeños ejemplos las enormes barreras que implicaba ser mujer en el cine, en los años donde Joan Crawford, interpretada por Jessica Lange y Bette Davis, por Susan Sarandon, eran grandes estrellas.

    El par amor-odio está en todas las relaciones humanas. En ese juego de ambivalencias se despliegan los encuentros de pareja, las relaciones laborales, las amistades. Cuando Hollywood era la meca del cine allí se jugaban todas las disputas de poder. El capitalismo se desplegaba en sus versiones más solapadas; todo llevaba el sello hollywodense: el éxito, la belleza femenina, la sexualidad, los modelos familiares todo bajo la hegemonía del patriarcado, el machismo, la misoginia y hasta el anticomunismo.

    Esos temas están inteligentemente revisitados en Feud: Bette y Joan.  Hasta el juego sutil de una enemistad sostenida desde el dolor.

    El dolor es un afecto que remite a una etapa de la vida muy primitiva, la de los primeros momentos del animal humano. A diferencia de otros animales, el humano siente dolor por la falta del cuerpo de la madre donde vivió durante 9 meses, por el calor de la madre de la que hasta los 8 meses se siente parte, por el pecho que le da pero también el que le niega. La piel el calor, es para el bebé un sucedáneo del cordón umbilical que lo unía a la madre.

    En Joan Crawford es ese corte el que produce el dolor que reactualizará a lo largo de toda la vida. Crawford se mueve entre el amor y el odio sin saberlo. La serie exhibe con sutileza pero a la vez muy crudamente, esa mujer que al no poder poner sus sentimientos en palabras, estos le definen su forma de vida.

    Joan Crawford, hija de una familia pobre, abusada a los 12 años, trasladada a un pupilado de monjas, madre soltera, para Hollywood es la imagen de la estrella, de la belleza de los años 30. Bette Davis, quien confiesa haber tenido sexo recién a los 27 años es el talento.

    En Feud: Bette y Joan la filmación de la película ¿Qué pasó con Baby Jane? es la anécdota que dispara una cinematográfica descripción del cine de los años 60.  La enemistad entre las actrices es incentivada por la industria y la prensa adicta para que tenga éxito.

    Mucho peso del entorno para dos mujeres aparentemente fuertes en la escena y el plató de filmación pero débiles y dolientes en la vida.

    Una vida que como todas sufre el paso del tiempo que se hace puñal en las arrugas, en la pérdida de las armas de seducción y el lento y manipulado palidecer del amor de sus admiradores.

    En las películas de los años 60, las grandes productoras como Warner Bros., Paramount o 20th Century Fox compiten por reponer a las viejas actrices al frente de los elencos. No le dan papeles amables, por el contrario en esos nuevos tiempos las películas serán de terror, en toda la extensión de la expresión.

    En algún momento se desliza por el guion de Feud: Bette y Joan que la idea de los productores es facilitar que los fanáticos “maten a sus ídolos,” una propuesta casi psicoanalítica similar a la de “matar (simbólicamente) a los padres” en la etapa adolescente.

    Feud: Bette y Joan es una serie de televisión, pero es a la vez, un excelente homenaje al cine. Los jóvenes podrán conocer la cocina de las películas de aquella época y los más viejos rememorar momentos culmines del séptimo arte.

    Desde la presentación que abre cada capítulo, esa que muchas veces molesta por su repetición, en Feud: Bette y Joan se disfruta. Es un corto de dibujo animado que sintetiza la historia que se narra. Es una obra maestra dentro de la serie. La música incidental acompaña y crea climas y los temas musicales pintan el paso de los años y las nuevas modas. De la orquesta y las big band de jazz, a las bandas de rock and roll.

    Feud: Bette y Joan, puede tomarse como una trivia. Ya que invita al espectador a reconocer en actores las personificaciones de Marilyn Monroe,  Frank Sinatra o Judy Garland.

    Acompañan a Jessica Lange y Susan Sarandon, Alfred Molina, en el rol del director Robert Aldrich; Stanley Tucci como Jack L. Warner, uno de los feroces hermanos. La excelente Judy Davis interpreta a una frustrada estrella reconvertida en hiriente chimentera top. Catherine Zeta Jones asume el papel de Olivia de Havilland.

    Feud: Bette y Joan es un homenaje al cine, al de sus comienzos, al de los años 60 pero también al de hoy, ese que a pesar de sus contradicciones internas sigue siendo una expresión del mundo que vivimos. Feud: Bette y Joan es también un homenaje a la mujer, la que puede encontrar en Crawford y Davis, expresiones que hoy irrumpen en la entrega de los Golden Globe, los Grammys o los mismísimos Oscars para denunciar los abusos de Hollywood.

     

     

    Feud: Bette y Joan.Temporada 1 – 8 episodios.

    Ganadora de 2 premios Emmy

    Disponible en FOX APP | COLSECORPlay (logos)

    Protagonizada por Jessica Lange, Susan Sarandon, Judy Davis, Jackie Hoffman, Alfred Molina, Stanley Tucci, Catherine Zeta-Jones y Kathy Bates.

    Creada por: Ryan Murphy, Jafee Cohen, Michael Zam

    La serie es una producción de Fox Television Studios.