• Alemania y un gobierno en suspenso

    Por Gabriel Puricelli

    Coordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    Es el motor económico de Europa, pero la política la tiene en punto muerto. Alemania, la cuarta economía del mundo, es también la tercera potencia exportadora del mundo. Compra grandes volúmenes de bienes a otros países, pero tiene un gran saldo a favor dado el valor de lo que vende al extranjero. Ese superávit comercial es la envidia y el blanco frecuente de críticas de Donald Trump: el presidente de los EE.UU. no puede aceptar que su propio país importe más de lo que exporta y culpa de ello no sólo a Alemania, sino (sobre todo) a China y a México. Con una fuerte presencia en Argentina, visible en nuestras calles pobladas de Volkswagen y Mercedes Benz, Alemania es también un fuerte socio comercial de nuestro país, que en 2016 compró 3.000 millones de dólares de productos alemanes y le vendió 1.300 millones de dólares de productos argentinos. Nada de lo que pase en Alemania nos puede ser del todo indiferente y casi todo lo que pasa allí es determinante para el bloque político-económico que la tiene en su corazón, la Unión Europea. 

    Acostumbrados a un bipartidismo de lo más convencional, desde el fin de la II Guerra Mundial los alemanes han elegido gobiernos conservadores o socialdemócratas que se han sucedido sin demasiadas estridencias domésticas y con un imperturbable espíritu europeísta hacia afuera. Más de doce años hace que su actual canciller (jefa de gobierno) Angela Merkel lidera Alemania, tanto, que el nombre de la dirigente y el del país se hacen imposibles de disociar. Sin embargo, cuando los alemanes votaron, en septiembre pasado, los democristianos (CDU) y socialcristianos (CSU) quedaron muy lejos de tener las bancas necesarias en el parlamento (Bundestag) para poder constituir un nuevo gobierno. Esa unión de partidos, que es la base política de Merkel, perdió casi tres millones de votos y sus socios minoritarios en el gobierno desde 2013, los socialdemócratas (SPD), perdieron casi dos. Tras semejantes fugas, ni unos ni otros fueron despojados de su condición de primer y segundo partido del país, respectivamente, pero pasaron de representar a más de dos tercios de los votantes, a poco más de la mitad. 

    ¿Cómo es que “Mutti” Merkel, la dirigente política que tras tantos años al frente del gobierno algunos se aventuran a llamar “madre”, se encuentra ante el retiro de la confianza de tantos de sus compatriotas? La máxima de un viejo político italiano, Giulio Andreotti, que sostenía con mucho cinismo que “el poder desgasta al que no lo tiene” parece que ha perdido su vigencia. Estar en el poder hoy, en Europa, es cada vez más un obstáculo para seguir estando. Ya no son inmunes al desgaste ni siquiera los políticos que, como Merkel, pueden exhibir cuentas gubernamentales sanas e indicadores de crecimiento económico y niveles de empleo que son la envidia de sus vecinos. Hay un mar de fondo, un clima de ansiedad ciudadana que va más allá de la coyuntura, que ve en el futuro la imagen de una sociedad en la que muchos se ven abrumados por la presencia de una inmigración que se percibe en aumento perenne y por un multiculturalismo que tienen dificultades crecientes para aceptar. 

    Ese mar de fondo, cuando tiene la oportunidad de emerger como opción electoral, cuando aparecen partidos o líderes dispuestos a darle voz, lo hace con una fuerza que sorprende y, a veces, paraliza. Casi todos los vecinos de Alemania ya tenían en su escena electoral (en algunos casos, desde hace décadas) alguna oferta para satisfacer esa demanda: las ultraderechas del Frente Nacional en Francia, del Partido de la Libertad en Austria (desde hace pocos días, como parte del gobierno), del Partido Popular en Dinamarca, del gobernante partido Ley y Justicia en Polonia, del Interés Flamenco en Bélgica, del Partido por la Libertad en Holanda, de Libertad y Democracia Directa en República Checa. Luxemburgo era y sigue siendo la única excepción. 

     

     

    La versión alemana de esa oleada de radicalización de las derechas es la Alternativa por Alemania (AfD), el partido que actuó como una verdadera aspiradora de votos de clase media que antes se pronunciaban por los conservadores de Merkel y de votos de la clase trabajadora que los socialdemócratas contaron desde siempre como propios. Después de quedar fuera del Bundestag en 2013 por no alcanzar (por muy poco) el umbral mínimo del 5% exigido para poder ocupar bancas allí, la AfD casi triplicó sus votos para quedarse con 94 bancas. Fue la primera vez desde que el Bloque Pangermano (GB/BHE) perdió todas sus bancas, en 1957, que la extrema derecha consiguió representación parlamentaria. 

    Esa nueva presencia en el parlamento y sus propios desastrosos resultados electorales, los peores de la posguerra, sembraron dudas y contradicciones en en Partido Socialdemócrata. Bajo el liderazgo de Martin Schulz, se apresuraron a decir que no estaban dispuestos a ser de nuevo el socio menor de los conservadores en el gobierno, como lo eran hasta las elecciones y como lo han sido en dos oportunidades más desde los años ´60. Inicialmente, entonces, se impuso en el SPD la tesis de la necesidad de una “cura de oposición”, para reconstruir la propia base electoral, desmovilizada por los continuos compromisos con los “amienemigos” de la CDU/CSU, y para evitar que la AfD, con el tercer bloque parlamentario más numeroso, quedara al frente de la oposición. 

    Como en el sistema parlamentario vigente sólo se puede formar gobierno contando con el apoyo de una mayoría de los 709 diputados del Bundestag, a los conservadores sólo les quedaba la alternativa de formar gobierno con los liberales (FDP) y con los verdes. Dos meses duraron las negociaciones, hasta que los liberales se levantaron de la mesa diciendo que no había modo de que sus propuestas abiertamente favorables a las empresas y restrictivas con la inmigración se compatibilizaran con las salvaguardas ambientales que los verdes quieren imponer a esas mismas empresas y con la postura generosa con la inmigración de los ecologistas. Frente a ese sonoro fracaso, toda la expectativa se trasladó al SPD, que revirtió su decisión de pasar a la oposición y que, mientras esto se escribe, negocia la renovación del contrato de “gran coalición” con los partidos que apoyan a Merkel.

     En definitiva, a tres meses de realizadas las elecciones, la dirigente más votada por los alemanes sigue al frente de un gobierno interino que se ocupa sólo de cuestiones administrativas corrientes, que no puede enviar proyectos de ley al parlamento y no puede tomar iniciativas políticas. Eso seguirá siendo así hasta que se alcance algún acuerdo con el SPD y el parlamento consagre a Merkel como canciller reelecta. Si no hubiera acuerdo (con una coalición donde el SPD ponga a sus ministros en el gabinete o con un gobierno minoritario que el SPD se comprometa a no derribar, al menos por un tiempo, con un voto de censura en el Bundestag), Alemania podría verse obligada a repetir las elecciones, cosa que no ocurrió nunca en su historia moderna. Los resultados, por cierto, son aún más difíciles de prever que en septiembre pasado, cuando la elección ya vino preñada de sorpresas. 

    Después de mirar con cierta extrañeza la seguidilla de cambios políticos en la mayor parte de los países de la Unión Europea y de verse a sí misma como un oasis de normalidad política y de empuje económico, Alemania está (momentáneamente, al menos) atrapada en el pantano de la indecisión de un electorado que se rehusó a plebiscitar la continuidad matriarcal de Merkel. Aunque lo que ésta tenga por delante sea un cuarto período al frente del gobierno, si sigue allí será con un mandato tan lleno de dudas como en duda está el futuro de Alemania y de la Unión Europea, ahora que el optimismo ciudadano sobre el futuro ha sido reemplazado por el recelo. La cura de ese nuevo padecimiento, independientemente de la suerte de los dirigentes, no parece estar al alcance de la mano.

     

  • Algoritmos que ayudan a encontrar el amor y que hasta te salvan la vida

     

    En el mundo del conocimiento hay fórmulas para todo y la información es el verdadero elixir de esta era. Cómo se entrenan para hacer que nuestra vida sea más fácil y cada vez más predecible.

  • AMLO y la cuarta revolución mexicana

     El 1 de julio, los mexicanos eligieron presidente a Andrés Manuel López Obrador. AMLO, como abrevian todos su nombre, promete “una cuarta revolución”, tras una elección que ratifica que la tercera es la vencida.

     

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.  

     

  • Ánimos y colores a través de un inspirado pincel

     

    El vino, la gran montaña y el eco del paso de San Martín son las principales señas de identidad mendocina. El espíritu de sus estaciones y sus conmovedores paisajes completan un retrato único y atractivo.

     

    Por Julián Capria |Ilustraciones: Bibi González

     

    “No podría haber dado mejor carta de presentación”. Con estas palabras, el 24 de mayo de 1846 José de San Martín le abría las puertas de su casa de Grand Bourg, Francia, a Domingo Faustino Sarmiento. Es que el sanjuanino se había anunciado, simplemente, como “un cuyano”.

    El pueblo mendocino, fragmento del pueblo cuyano, fue el adoptivo del Libertador. Allí encontró el calor, la ayuda, el afecto y el aliento necesarios para emprender el gran sueño de la libertad continental. Fue desde El Plumerillo, un sitio pegado a la ciudad de Mendoza, desde donde en enero de 1817 emprendió el histórico cruce de la Cordillera de los Andes.

    Mendoza es un milagro al pie de la gran montaña americana, la que toca el cielo del continente, el cerro Aconcagua.

    Sus tierras secas, áridas como un desierto, un día despertaron a la fecundidad cuando el agua les llegó palmo a palmo, dosificada por la mano humana. Las acequias, los canales encendieron la chispa de la fecundidad, y a partir de ahí las fincas, las parras, las uvas y finalmente el vino, toda una señal de identidad no sólo frente al resto de los argentinos sino también frente al mundo.

    Es una historia de desafíos, algunos gigantes, como el que volvió a poner de pie a la capital después del tremendo terremoto del 20 de marzo de 1861, que causó la muerte de poco menos de la mitad de la población (4.247 personas entre unos 11.500 vecinos).

    Y parte de su alma está en esas nieves definitivas, tan atractivas para el turismo como una adversidad a vencer, como lo hizo San Martín.

    Su hazaña libertaria y su figura es una  presencia constante en el espíritu mendocino, que lo recuerda de múltiples maneras y en numerosos sitios, como el Cerro de la Gloria. La escena del Cruce de los Andes, esculpida allí, se volvió familiar para todos los argentinos pues estaba impresa en los billetes de cinco pesos, antes de que la historia fuera erradicada de nuestro papel moneda.

    Durante décadas y décadas, en las viejas casas mendocinas, aquellas de grandes patios, en cada reunión de vecinos se hablaba de las hazañas y las anécdotas de José de San Martín así como de las de los cuyanos que siguieron sus pasos.

    Cuando los abuelos ya no estuvieron para contar sus historias contemporáneas al héroe, las rescataron sus nietos y más acá las hojas más nuevas de los árboles genealógicos. El tiempo acaso no ha podido con la persistencia de los relatos.

    Al menos esa es la sensación que se ha tenido hace un tiempo frente a Milka Vicchi de Reboredo Correas, por muchos años presidenta de las Damas Pro Gloria.

    “San Martín paseaba en el centro mendocino del brazo con Remedios y saludaba a todos. Para cada uno tenía una palabra, un pedido claro porque a quién le expusiera su fervor patriota él simplemente le explicaba una a una sus necesidades. De los preparativos de la campaña de Los Andes participaron unas 3.500 mujeres, pero mucho más allá del pequeño círculo que bordó la Bandera de Los Andes, las damas participaron en la hechura de los uniformes, en el teñido de telas y la elaboración de los alimentos como el charqui para cruzar la montaña. En fin, fue toda una gran tarea de los cuyanos”, supo contarnos.

     

     Celebración del vino 

    El propio San Martín fue uno de los grandes entusiastas del vino mendocino. Una famosa anécdota cuenta que, en condición de anfitrión, cambió vinos y envases: puso mendocino en botella española y viceversa. La idea era reírse y darles una lección a sus comensales que rápidamente salieron a elogiar al que identificaron como español, según el envase.

    El vino es el gran sello de la identidad productiva de Mendoza, rasgo que comparte con su vecina San Juan. De todos modos, más del 60 por ciento de la producción de vino argentino sucede en Mendoza.

    La provincia es una capital mundial del vino. “Los distintos valles vitivinícolas que encontramos en Mendoza presentan características propias, jugando un rol muy importante la altitud a la que se cultivan los distintos viñedos y en función de esta variable es que se pueden cultivar distintas variedades y obtener diferentes vinos”, explicó el enólogo José Galante a la página Wines of Argentina.

    La historia tiene más de 400 años. Entre las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII surgieron las primeras bodegas y viñedos. Las bodegas estaban integradas a la casa, a través de una galería sombra o un galpón de adobe en el fondo de la propiedad. Su usaban lagares donde se pisaba la uva “a pata” y después se fermentaban en tinajas de barro.

    Muchos nombres a través de sus bodegas han jalonado el prestigio del elixir mendocino. Por ejemplo el de la familia Bianchi, asentada en San Rafael.

    “La primera vendimia familiar fue en 1928 y en 1934 se ganó un premio a la máxima calidad: Los jurados vinieron a Mendoza a ver si era cierto que se había hecho aquí el vino que habían probado. Era nuestro el borgoña que ya se hacía con malbec, variedad que se convertiría en una insignia del vino de la familia y del vino argentino también”, nos explicaba Sylvia Bianchi en 2010.

    En su casa el vino seguía siendo parte de un rito diario, sobre todo a la hora de la noche. “Se trata de degustarlo, saborearlo lentamente. Después de la cena en casa solemos abrir una botella y miramos televisión con el vino en la copa tomándolo sin prisa”, nos decía.

    La Fiesta de la Vendimia es la gran celebración de esa fecundidad. En 2011 la revista National Geographic la ubicó en segundo lugar en su ranking de fiestas de cosecha, detrás del Día de Acción de Gracias estadounidense. En 2019, comenzará el próximo 25 de febrero con la bendición de los frutos y avanzará hasta la plenitud de la celebración, ya en marzo.

     

    En la gran montaña

    La gran montaña, todo un imán de pasiones empecinadas, es otro símbolo mendocino. Además de la constancia del montañismo, la nieve es el gran escenario deportivo para la práctica del esquí.

    Su poder es capaz de marcar historias como la de Andrés García, un hombre cuya devoción por Los Andes comienza desde pequeño pero que recién se hizo plena en la adultez.

    “Estudié agricultura y me recibí de enólogo, aunque me fui a trabajar a campos sembrados con papas en San Carlos. Recién cuando tenía 50 años me decidí a jugarme por mi pasión por la montaña”, nos decía tiempo atrás en el centro de esquí de Los Penitentes, donde era jefe de seguridad.

    Fue el primero en escalar 10 cerros de más de 5000 metros de altura, y este récord vale contarlo pues se trata de desafíos complicados porque suponen el descubrimiento de la senda.

    “Ya llevo muchos años acá, pero a quienes recién están descubriendo y experimentando en este mundo les diría que se preparen muy bien físicamente. Es muy común encontrar chicos que quieren arrancar por el Aconcagua, pero es como querer correr una maratón profesional sin haberse preparado o salir a correr antes. Es fundamental entender que ir a la montaña tiene que ser algo de disfrute y de alegría”, le decía en 2017 al diario Los Andes, a los 83 años de vida.

    En plena cordillera, en el camino más transitado hacia Chile, aparece Puente del Inca, un pequeño paso sobre un abismo de río y manantiales, pero con un estallido de colores que rompe la monotonía andina.

    Le da nombre una pequeña aldea a la que un día llegó casi adolescente Gustavo Campanario para trabajar una temporada como albañil. “Una de las cosas típicas que hacemos aquí es sumergir piezas (vasijas, o zapatillas comunes, herraduras y otras cosas) en el agua para que se costrifiquen, es decir se cubran con una capa de minerales”, contaba hace unos años.

    Cuando llega el invierno, todo el lugar se vuelve blanco. “Hay días enteros en que no puedo salir de la casa. Pero, qué quiere que le diga, yo lo disfruto con una mujer y mis hijos encerrados y frente al fueguito”, decía, y no era difícil creerlo.


    El otoño original

    Los álamos siempre firmes como el día que llegaron a detener el viento en Mendoza, abren su calidoscopio en una rara sensación de grises. Más allá, el fondo de la multitud de hojas que se mecen en los árboles o se dejan rodar en el piso por la brisa, muestra todos los suspiros del amarillo al verde. Mientras, las vides parecen haberse vuelto rojas después de parir el vino, aunque de un rojo dorado, casi como el color de la fecundidad.

    Hacia lo alto, el marrón de la montaña sube y sube hasta el azul, para luego volverse blanco celeste, así en la piedra como en el cielo. Y hasta ahí llegamos con los ojos: todo volverá a nacer cada vez que la luz despierta al día.

     

    El pincel del otoño mendocino tiene la magia de los colores contagiados frente a frente para pintar en exclusiva armonía el cuadro de un paisaje que después de la abundancia del verano tiene otra manera de sostenerse esplendorosamente vivo.

    “Para quien no ha vivido en Mendoza, otoño son cosas que inventó el amor”. Así escribió Jorge Sosa en la bella “Tonada de otoño”, que musicalizó Damián Sánchez, uno de los grandes retratos del ánimo mendocino, en el paisaje y en el corazón de su gente.

    “Estaba en la terminal de ómnibus de Mendoza, en un atardecer de abril, con los cerros azules, el cielo en degradé de negro a naranja y los sauces amarillos”, recordaría Sosa en una entrevista en Radio Nacional Folklore cómo fue que se presentó la chispa. “Había visto el otoño en varios lugares y me surgió esa frase… No es lo mismo el otoño en Mendoza”. Entonces, se subió al colectivo y escribió la canción en un solo impulso.

    El alma otoñal de Mendoza -como también el de sus otras estaciones- es una puerta que pueden abrir sus poetas y sus cantores; sus guitarristas empapados de cuecas y tonadas que extraen de las cuerdas un jugo tan original y único como el del vino.

    Pero también su pueblo, que vive en armonía con el paisaje, tiene la llave. Todos los ánimos y los colores más profundos caben en la inspiración del pincel mendocino.

  • Atlanta sabe de negros

    La serie presentada por Fox Premium TV & APP es un audaz, divertido, por momentos increíble formato de comedia que interpela a espectadores con ganas de romper con lugares comunes.

  • Banca Argentina

     

     

    Por Martín Eula | Periodista

     

    Casilda, Chabás y Rosario en la provincia de Santa Fe. Villa Domínguez, en Entre Ríos. Y Tapiales, en ese conglomerado llamado La Matanza en el conurbano de Buenos Aires.

    Jorge Sampaoli, Héctor Cúper y Juan Antonio Pizzi. José Pekerman. Y Ricardo Gareca.

    Argentina, Egipto y Arabia Saudita. Colombia. Y Perú.

    "Somos 44 millones de técnicos" es una frase ramificada que se alimenta y engorda como nunca cuando la Selección juega un Mundial. Un Mundial, el de Rusia, en el que cinco de esos 44 millones dejarán una marca histórica: cinco técnicos argentinos en una Copa del Mundo. Todos paridos por nuestro fútbol: extremista, pasional, desorganizado y ambivalente, pero que no deja de ser una referencia ineludible. Y éste caso es otra muestra cabal.

    El eléctrico Sampaoli llegó a la Argentina cuando la Selección veía un bloqueo en su camino lleno de espinas rumbo a Moscú. Sin dirigir en la Primera de nuestro país, hizo una carrera desde bien abajo, llevó a Chile a la gloria y está a meses de cumplir un sueño. Amante del rock, marcado por sus tatuajes, fanático de River (estudió la mítica Máquina que integraban Muñoz-Moreno-Pedernera-Labruna-Loustau), mira -o miraba- más cine que fútbol porque "un drama te puede permitir pensar para diagnosticar y tomar la decisión acertada". Bielsista a ultranza hasta ganar la Copa América 2015 (final contra Argentina), se hizo menottista y Guardiola le provocó un quiebre. Piensa que es absolutamente necesario cambiar los equipos todo el tiempo como una disputa intelectual y estratégica con el entrenador oponente. "Me duele que en mi país no se respete ni se valore a la Selección como se merece. Tuvimos al mejor futbolista en su momento, tenemos al mejor ahora y la impresión es que no lo queremos disfrutar. Sería bueno que volvamos a encantarnos con la bandera", dijo bastante antes de asumir y hoy disfruta, después del enorme partido en Quito -el de la clasificación- de ese país finalmente rendido a los pies de San Messi.

    El casi olvidado por estas pampas Cúper ya es un faraón. Después de 28 años, condujo a Egipto a un Mundial al darle equilibrio, solidez y presencia a un seleccionado que cuenta con una estrella como Mohamed Salah (Liverpool) y una leyenda en el arco (con 45 años, Essam El-Hadary se transformará en el hombre más veterano en una competencia semejante). En el medio, una pequeña reflexión: Messi y compañía cargan con la cruz de haber perdido tres finales seguidas; en sus 14 equipos que dirigió, Cúper suma 10 subcampeonatos (entre ellos dos de Champions League con el Valencia). Un verdadero tormento para cualquiera en un mundo que apesta por lo exitista. Un aliciente para seguir adelante y no claudicar para este hombre de 62 años que se dará un gusto enorme.

     

     

     

    El último en ingresar a este selecto grupo fue Pizzi. Crucificado por miles de chilenos por quedarse afuera en la última fecha, entró por la ventana al aprovechar una Arabia Saudita que evidentemente cambia entrenadores como de ropa interior. Macanudo, como lo llaman en Chile, reemplazó a Edgardo Bauza, el Patón que dirigió tres selecciones en la previa al Mundial y hasta dijo que se veía "campeón del mundo con Argentina", pero que quedó al margen. Pizzi jugó en Central, Barcelona y River, entre otros, y disputó Francia 98 con España. Dirigió en su país, Perú, Chile, España y México antes de recibir una propuesta millonaria en dólares y tentadora en lo deportivo, y superó a Ramón Díaz en esa carrera. Los saudíes, sin dudas, iban a ser dirigidos por un argentino...

    El maestro Pekerman, el hacedor de tantas figuras argentinas, el que nos distinguió por estilo de juego, resultados y Fair Play en tantos torneos juveniles, al que nadie pudo reemplazar en los Juveniles, el que dejó a Messi en el banco en la eliminación con Alemania en el Mundial 2006... Ese hombre de 68 años ya es un emblema para Colombia, al que comandará en un segundo Mundial seguido. Un logro nada menor para un país que va por su sexto Mundial. Lo hará con una camada de elite liderada por James Rodríguez y Radamel Falcao, a la espera de su gran revancha tras estar lesionado en el 2014. El 5º puesto en Brasil es la zanahoria a superar en lo que seguramente será el cierre de un ciclo muy exitoso.

    El nuevo héroe nacional en Perú es Gareca, que por ejemplo ya tiene una calle con su nombre en el centro de Cuzco, ahí donde en los 3.400 metros de altura cualquiera está más cerca de tocar el cielo con las manos. Eso sienten los peruanos gracias al Tigre porque después de 36 años estarán en una Copa del Mundo. Ex centrodelantero que se dio el gusto de jugar en Boca y en River, recorrió todos los pasos necesarios para ser un entrenador de selección. Y no uno más. Amante del buen fútbol, encontró en Perú a varios jugadores de buenas condiciones técnicas a los que les adosó sentido colectivo, confianza y creencia en una idea. Así, pasó de sumar cuatro puntos en las primeras seis fechas de Eliminatorias a un sprint final que terminó con el triunfo en el Repechaje sobre Nueva Zelanda que todavía se celebra en casi toda América.

    A Sampaoli le tocó un grupo peligroso, Pekerman afrontará una zona pareja y Gareca tiene a un cuco como Francia. Mientras que Cúper y Pizzi (estará en el partido inaugural contra Rusia) se verán las caras el 25 de junio, en el cierre del Grupo A.

     

    Fotos: Gentileza Olé 

  • Bette y Joan. La enemistad que nació del dolor

    Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

    “Las rivalidades nunca son por odio. Las rivalidades tienen que ver con el dolor. Son sobre el dolor.”

     

    Con estas palabras, Ryan Murphy, creador de la serie, le pone el tono afectivo con el que manejará los 8 episodios.

    En Feud: Bette y Joan, Murphy reivindica con pequeños ejemplos las enormes barreras que implicaba ser mujer en el cine, en los años donde Joan Crawford, interpretada por Jessica Lange y Bette Davis, por Susan Sarandon, eran grandes estrellas.

    El par amor-odio está en todas las relaciones humanas. En ese juego de ambivalencias se despliegan los encuentros de pareja, las relaciones laborales, las amistades. Cuando Hollywood era la meca del cine allí se jugaban todas las disputas de poder. El capitalismo se desplegaba en sus versiones más solapadas; todo llevaba el sello hollywodense: el éxito, la belleza femenina, la sexualidad, los modelos familiares todo bajo la hegemonía del patriarcado, el machismo, la misoginia y hasta el anticomunismo.

    Esos temas están inteligentemente revisitados en Feud: Bette y Joan.  Hasta el juego sutil de una enemistad sostenida desde el dolor.

    El dolor es un afecto que remite a una etapa de la vida muy primitiva, la de los primeros momentos del animal humano. A diferencia de otros animales, el humano siente dolor por la falta del cuerpo de la madre donde vivió durante 9 meses, por el calor de la madre de la que hasta los 8 meses se siente parte, por el pecho que le da pero también el que le niega. La piel el calor, es para el bebé un sucedáneo del cordón umbilical que lo unía a la madre.

    En Joan Crawford es ese corte el que produce el dolor que reactualizará a lo largo de toda la vida. Crawford se mueve entre el amor y el odio sin saberlo. La serie exhibe con sutileza pero a la vez muy crudamente, esa mujer que al no poder poner sus sentimientos en palabras, estos le definen su forma de vida.

    Joan Crawford, hija de una familia pobre, abusada a los 12 años, trasladada a un pupilado de monjas, madre soltera, para Hollywood es la imagen de la estrella, de la belleza de los años 30. Bette Davis, quien confiesa haber tenido sexo recién a los 27 años es el talento.

    En Feud: Bette y Joan la filmación de la película ¿Qué pasó con Baby Jane? es la anécdota que dispara una cinematográfica descripción del cine de los años 60.  La enemistad entre las actrices es incentivada por la industria y la prensa adicta para que tenga éxito.

    Mucho peso del entorno para dos mujeres aparentemente fuertes en la escena y el plató de filmación pero débiles y dolientes en la vida.

    Una vida que como todas sufre el paso del tiempo que se hace puñal en las arrugas, en la pérdida de las armas de seducción y el lento y manipulado palidecer del amor de sus admiradores.

    En las películas de los años 60, las grandes productoras como Warner Bros., Paramount o 20th Century Fox compiten por reponer a las viejas actrices al frente de los elencos. No le dan papeles amables, por el contrario en esos nuevos tiempos las películas serán de terror, en toda la extensión de la expresión.

    En algún momento se desliza por el guion de Feud: Bette y Joan que la idea de los productores es facilitar que los fanáticos “maten a sus ídolos,” una propuesta casi psicoanalítica similar a la de “matar (simbólicamente) a los padres” en la etapa adolescente.

    Feud: Bette y Joan es una serie de televisión, pero es a la vez, un excelente homenaje al cine. Los jóvenes podrán conocer la cocina de las películas de aquella época y los más viejos rememorar momentos culmines del séptimo arte.

    Desde la presentación que abre cada capítulo, esa que muchas veces molesta por su repetición, en Feud: Bette y Joan se disfruta. Es un corto de dibujo animado que sintetiza la historia que se narra. Es una obra maestra dentro de la serie. La música incidental acompaña y crea climas y los temas musicales pintan el paso de los años y las nuevas modas. De la orquesta y las big band de jazz, a las bandas de rock and roll.

    Feud: Bette y Joan, puede tomarse como una trivia. Ya que invita al espectador a reconocer en actores las personificaciones de Marilyn Monroe,  Frank Sinatra o Judy Garland.

    Acompañan a Jessica Lange y Susan Sarandon, Alfred Molina, en el rol del director Robert Aldrich; Stanley Tucci como Jack L. Warner, uno de los feroces hermanos. La excelente Judy Davis interpreta a una frustrada estrella reconvertida en hiriente chimentera top. Catherine Zeta Jones asume el papel de Olivia de Havilland.

    Feud: Bette y Joan es un homenaje al cine, al de sus comienzos, al de los años 60 pero también al de hoy, ese que a pesar de sus contradicciones internas sigue siendo una expresión del mundo que vivimos. Feud: Bette y Joan es también un homenaje a la mujer, la que puede encontrar en Crawford y Davis, expresiones que hoy irrumpen en la entrega de los Golden Globe, los Grammys o los mismísimos Oscars para denunciar los abusos de Hollywood.

     

     

    Feud: Bette y Joan.Temporada 1 – 8 episodios.

    Ganadora de 2 premios Emmy

    Disponible en FOX APP | COLSECORPlay (logos)

    Protagonizada por Jessica Lange, Susan Sarandon, Judy Davis, Jackie Hoffman, Alfred Molina, Stanley Tucci, Catherine Zeta-Jones y Kathy Bates.

    Creada por: Ryan Murphy, Jafee Cohen, Michael Zam

    La serie es una producción de Fox Television Studios.

     

     

  • Boca Social, el brazo comunitario

    Aunque no  suele aparecer en las noticias, Boca Juniors desarrolla programas comunitarios para fortalecer el lazo con su barrio de origen. Organiza fútbol amateur, orquestas infantiles, ejercicios para adultos mayores y actividades para la familia.

  • Bolsonaro: el precio de las promesas inclumplidas de la democracia brasileña

     

    Con Bolsonaro presidente, Brasil se adentra en la experiencia desconocida de un gobierno de extrema derecha surgido del voto, tras hacer promesas de pinochetismo económico y bajo la sombra de la tutela militar.

  • Cáncer: crean plataforma de búsqueda de drogas selectivas

     

    El desarrollo tecnológico permite buscar, con una alta capacidad de análisis, compuestos activos selectivos con un blanco preciso: atacar únicamente a las células tumorales, sin dañar a las saludables.

  • Canto de amor a una tierra entrañable

     

    A través de la chacarera se convirtió en uno de los formidables estandartes de identidad regional de la cultura argentina. Los patios de tierra son una especie de universo especial. Es una provincia que ha padecido una gran devastación forestal, entre otros estigmas pero que tiene respuestas originales.

     

    Por Julián Capria | Periodista 

          Bibi González | Ilustraciones 

     

    “Cuando salí de Santiago todo el día lloré”, dice, para empezar nomás, la chacarera doble “Añoranzas” de don Julio Argentino Jerez, que de himno popular pasó a ser himno oficial reconocido en la Constitución santiagueña en 1998. El pueblo cumpliría el pedido del autor (“Mañana, cuando me muera/ si alguien se acuerda de mí/ llévenme donde nací/ si quieren darme la gloria…”) y en la primavera de 1954, apenas acaecida su muerte, traería sus restos de Buenos Aires a La Banda.

    “Fue mucho mi penar/ andando lejos del pago/ tanto correr/ pa’ llegar/ a ningún lado”,  confiesa “Entre a mi pago sin golpear”, la chacarera con letra de Pablo Raúl Trullenque y música de Carlos Carabajal, compuesta a comienzos de los ’80.

    Son incontables las chacareras (y zambas también, como “Nostalgias Santiagueñas”, de los legendarios Hermanos Ábalos) que les han contado a los propios santiagueños y a los argentinos todos la dolorida intensidad de lo que sienten los hijos de esta provincia cuando el destino los arranca del pago.

    Es una manera también de transmitir el embrujo de una tierra que a través de la chacarera se convirtió en uno de los más formidables estandartes de identidad regional de la cultura y, a la vez, referente de lo argentino.

    “El santiagueño es fundamentalmente muy nostálgico, muy aquerenciado a sus costumbres, a su música, a sus comidas. El que se va de Santiago, por más lejanos que sean los lugares adonde vaya, siempre tiene presente sus cosas, sus chacareras, su empanada, su locro. Siente el desarraigo de un modo muy fuerte”.

    Lo dice Mario “Musha” Carabajal, uno de los baluartes del conjunto Los Carabajal, que lleva ya más de medio siglo en los escenarios de la música argentina conservando, recreando y transmitiendo la savia original.

    El grupo representa a la familia de la ciudad de La Banda, uno de los grandes apellidos del canto criollo. Hoy lo integran, además, Cali y Walter Carabajal, más Blas Sansierra, y por sus fijas han pasado los fundadores Agustín y Carlos Carabajal, más Cuti, Roberto, Peteco… El país sabe de quiénes estamos hablando.

    Musha vive desde hace ya algunas décadas en Buenos Aires, como la mayoría de los artistas santiagueños, aunque hay varios que viven en Córdoba (Julio Paz y Roberto Cantos, del Dúo Coplanacu, Raly Barrionuevo). Pero es en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires en donde se concentran legiones de santiagueños en general: “Hay tantos como los que viven en el mismo Santiago”, dice el músico.

    Una inmensa parte de los santiagueños, sobre todo de los artistas que expresan la cultural del pago, vuelven siempre a renovar la savia original. Para Musha también el regreso es una constancia y el principal punto de contacto con esa savia es el patio de tierra de la familia.

    “Es el espacio más importante que tiene la casa, donde se reúnen la familia, los amigos, donde está el horno. En el de mi casa, mi padre que era empleado del correo y músico, se reunía a guitarrear y venían Pablo Raúl Trullenque, Don Sixto Palavecino, Los Hermanos Simón; bailó Juan Saavedra. Se convivía en un estado de euforia tan fuerte que esos días quedaron marcados en la memoria de cada uno de nosotros”.

    Fue en el patio de María Luisa Paz de Carabajal, la madre de 12 hijos varones y abuela del gran clan familiar que hace muchos años, cuando ella cumplió 50, donde se montó una fiesta que luego se transformó en una fuerte tradición que atrae a miles de visitantes en la tercera semana de agosto, aunque ella ya no esté.

    Pero los patios siguen vivos, “siguen teniendo esa magia, ese misterio”, dice el Carabajal. “Son las verdaderas peñas. Allí está la historia musical y cultural de Santiago, y es lo que buscan los visitantes, ya que casi no hay peñas como se las conoce en otras partes”.

     

     

    Bombos y guisos

     

    En la otra orilla del río Dulce, en Santiago del Estero capital, hay uno de esos patios emblemáticos que cada domingo se llena de cientos de visitantes que llegan para sentir de cerca el sentido del pulso santiagueño.

    Es el legendario patio de “El Indio” Froilán González, de los más reverenciados hacedores de bombos argentinos, uno de esos enormes artesanos (artistas) de la patria.

    Está dispuesto a la manera de un cosmos cotidiano. Froilán y su inmensa compañera Tere Castronuovo, hermanos y sobrinos tienen alrededor unas casas en las que se incluyen dormitorio y baño. Luego, todas las demás actividades se hacen en ese escenario común de la vida: el trabajo, el canto, la comida, a la luz del patio.

    Una vez hace unos años, cuando el sol estaba en lo alto, fuimos invitados a comer un guiso que ya palpitaba en una gran olla, con sus aromas de infancia y su vieja fórmula para entenderse con los mediodías del Interior despojado y pobre.

    Nos sentamos entre los comensales frente al tablón, junto a los parientes y empleados de Froilán. Ese es el momento comunitario de los patios, el de compartir la mesa. Nadie sacaba los ojos y los otros sentidos del plato; para más, en la olla se advertía abundancia. “Es que siempre debe haber más por si viene alguien”. En efecto, se iría sumando gente.

    “El Indio” contaba que en las fiestas domingueras en el patio, a las que va mucha gente (más de 1000 personas por domingo, la mayoría turistas), se cocinan guisos para aquellos que no tienen con qué pagar otra comida. “Si vieras las mujeres con tacos altos y vestidas con ropa cara que hacen la cola, ansiosas por probar una comida popular”, decía.

    Desde allí, cada invierno, en los días previos a la celebración de cumpleaños de la ciudad (25 de julio) sale la impactante “Marcha de los bombos”. Son más de 1000 bombistos con sus instrumentos (los bombos legüeros, llamados así porque su sonido es capaz de atravesar una legua) que enfilan hacia el Parque Aguirre, el centro de la celebración.

    La capital es llamada “Madre de ciudades” pues fue la primera en fundarse en lo que sería territorio argentino y porque desde allí partirían corrientes de colonizadores para fundar otras ciudades.

    Fue Juan Núñez del Prado quien primero erigió la ciudad de Barco, en 1550 y cerca del río Lules. Sería trasladada y refundada en 1551 y 1552, hasta que Francisco de Aguirre lo hizo por tercera vez y de modo definitivo en 1553 en las orillas del río Dulce. Hoy, junto a La Banda y a El Zanjón, conforman el gran conglomerado urbano de la provincia (361.000 habitantes en el censo de 2010).

     

     Hacha y quebracho

     

    Mientras tanto, el interior santiagueño sostiene su espesura natural. Sin embargo, en el destino de los recursos quedó grabada a fuego la devastación de los inmensos montes repletos de quebracho colorado que sumergió a tantos en las sombras de la casi esclavitud y el hacha como único horizonte. Una inmensa porción de la riqueza forestal de Santiago se fue con aquellas voraces talas de los contratistas ingleses del ferrocarril, que dejó además un impacto ecológico y climático.

    El drama fue profundizado en el gran libro de Raúl Dargoltz, Hacha y quebracho, que también tiene una impactante versión teatral. Revela el pasado y así apunta incluso sobre el mito de la pereza santiagueña, sobre el que se ha montado un humor estigmatizante.

    Para prologar esa obra, el director de teatro Rafael Nofal escribiría un comentario con una profunda mirada de Santiago, su historia, su gente, su paisaje y su cultura.

    “Santiago es tierra de paradojas y contrastes. De la memoria mítica de bosques umbríos, de sachayoj protectores de maravillosos animales y árboles indestructibles que poblaban esos bosques rodeados por ríos que desbordaban en esteros de edénica fertilidad; pasamos al salitral inmenso, al desierto interminable, al secadal que condena a sus habitantes a la tristeza eterna. Esta tierra alberga y albergó como no podía ser de otra manera a hombres diversos: desde el criollo corajudo y peleador como el Silverio Leguizamón de Canal Feijóo al hombre manso pero igualmente heroico como Zenobio Campos. Hombres de prodigiosas utopías pagadas con la muerte como Saint Germes y otros de mirada corta y mezquina. En esta tierra cohabitaron franceses, daneses, árabes y judíos con los descendientes de los juríes y aun de los negros que alguna vez fueron traídos como mano de obra esclava. Aquí se cobijó el quichua, idioma imperial que se adoptó como propio. Aquí conviven el ritmo alegre y festivo de la chacarera con el quejido de la vidala”.

    La madera sigue siendo un destino, por ejemplo bien al norte, en Campo Gallo. Adrián Vittar, dueño de una empresa forestal, supo contar hace un tiempo: “Mi padre, Fortunato, llegó de Siria en 1922. En aquella época toda la explotación forestal estaba en manos de compañías multinacionales, sobre todo de capitales ingleses. El árabe, al que llamaban ‘turco’, se dedicaba al comercio. No era fácil ejercer esa actividad donde había tanto monte y los hacheros eran cautivos de sus empresas y  la entrada de vendedores estaba prohibida”.

    Sobre el límite con Tucumán, la provincia tiene su perla turística: las termas de Río Hondo, una ciudad asentada sobre un gran lago subterráneo de aguas termales que florecen en todas partes.

    “Aquí cualquiera puede acceder a ella y tenerla en su propia casa. Hay que perforar hasta los 80 ó 90 metros; casi siempre se la encuentra a esa profundidad. El agua que buscamos tiene entre 50 y 60 grados de temperatura; es la que resulta benéfica por su calor y sus minerales”, nos contó Alejandro Mormina, perforador de oficio.

    Mientras tanto, el argumento que atrae legiones al corazón urbano de la provincia, es el turismo cultural. “Es lo más complicado de lograr, y aquí, tenemos la raíz, la chacarera, la amistad, el patio de tierra, el canto, la poesía, la danza”, dice Musha Carabajal.

    Desde lo profundo de sus montes, de sus ríos, el corazón del Santiago del Estero ha latido con tanta fuerza y convicción que marca fuerte su pulso en lo profundo del interior del país. Es ese Santiago de la chacarera que con su sonido original se ha convertido en un bastión de identidad nacional; es ese Santiago que se hace querer de tanto sentimiento que le ponen los santiagueños al cantar la inmensidad de su amor por su tierra.

  • Carmona, uno de los dos presos más antiguos del país

     

    Por Dante Leguizamón | Periodista

     

    Roberto José Carmona en 1986 asesinó en Córdoba a una adolescente, Gabriela Ceppi, pero su historia delictiva se remonta a antes y después.

     

     

    Si alguien pregunta quién es el preso con más años de detención en el país, nombrará Carlos Robledo Puch: 45 años tras las rejas. Pero poco se sabe de la historia del segundo hombre que más tiempo lleva  tras las rejas en el país. Se trata de Roberto José Carmona, un  hombre que no cometió su serie de crímenes en libertad, sino en el interior de los institutos penitenciarios del país.

    Con 55 años Carmona lleva detenido 31, pero si se suma el tiempo que permaneció en un orfanato (desde los 4 a los 11 años) y alojado en institutos de menores (desde los 13 a los 18) la suma llega a los 43. Más tarde, tras cometer diferentes delitos menores pasó por la Cárcel de Olmos, la de Sierras Chicas y la de San Nicolás. También que conoció los penales de La Plata y Junín hasta que, en 1986, cometió su primer homicidio y llegó al Penal de San Martín en Córdoba. Más tarde fue alojado en los penales de Corrientes y Chaco.

     

    El primer crimen

    Al Fiat 600 de Guillermo Elena le patinaba el embrague pero se bancó sin chistar el viaje a Carlos Paz. Los chicos habían ido a bailar y cerca de las cuatro de la mañana ya estaban en el camino de regreso. Guillermo viajaba atrás. Adelante iban Gabriela Ceppi y Alejandro del Campillo, que se había hecho cargo de conducir.

    La preocupación aquella noche de enero de 1986 pasaba por saber si el motor iba a aguantar el viaje, pero fue la rueda derecha trasera la que los traicionó a la altura del polígono de tiro de la ruta 20, llegando a la ciudad capital.

    Inexpertos -Gabriela tenía 16; los chicos 17 y 18- trataban de cambiar la goma cuando vieron que un Ford Taunus se detenía y un hombre descendía caminando hacia ellos. En el expediente del caso se reconstruye el siguiente diálogo:

    —Hola chicos, ¿qué les pasó?

    Pregunta esa persona, que aparentaba ser apenas unos años mayor que ellos.

    —Pinchamos —contestan Guillermo y Ale­jandro.

    Amable, el hombre enfila hacia su auto para buscar un taco y una llave; los chicos comienzan a sentirse agradecidos de recibir ayuda.

    En el Taunus el conductor tardó un poco más de lo esperado, pero eso no despertó ninguna sospecha. Al acercarse al Fiat entregó la llave cruz y esperó. A los chicos les llamó la atención que se queda­ra un rato con la mirada como perdida. Sólo pronunció unas palabras dirigidas a Gabriela:

    —¿Tenés frío?

    Se sacó la campera de jean para apoyarla sobre los hombros de la adolescente. Unos minutos después el hombre introdujo su mano en la cintura y sacó un arma con la que apuntó a los chicos mientras decía las palabras que quedarían grabadas para siempre en las vidas de Guillermo y Alejandro.

    —Están asaltados.

    Los chicos se apuraron a decir que no tenían nada, pero terminaron entregándole hasta un reloj de poco valor que el ladrón se negó a aceptar. Cuando parecía que la pesadilla terminaba, Carmona se dirigió a Gabriela y le dijo que ella se iba con él.  

    —No. Dejala, no te la llevés… —reaccionó Guiller­mo, recibiendo una cínica respuesta de Carmona.

    —No te preocupés. Es un seguro, la voy a dejar más adelante.

    Segundos después los chicos vieron partir al secuestrador con su amiga. El asaltante llevaba en el bolsillo la llave del Fiat 600. Pasó mucho tiempo hasta que un taxi se detuvo y los chicos pudieron pedirle que los llevara a realizar la denuncia.

    Como todo caso policial impactante, el caso Ceppi fue tapa de los diarios del país. La noticia era relevante. Una adolescente había sido secuestrada cerca de la localidad turística más importante de la provincia. Como no había señales de Gabriela, la his­teria general se agudizó más debido a las pocas pistas que existían del secuestrador.

    Sólo un identikit, el Ford Taunus y un tatuaje en el brazo derecho del secuestrador en el que los chicos habían alcanzado a leer una palabra de moda en aquellos años: Rocky.

     

    La seguidilla

    Atar cabos fue complicado para la Policía. Esta enumeración la sabemos hoy, pero fue reconstruyéndose lentamente durante el mes siguiente al secuestro.

    El mismo día en que se llevó a Gabriela, un conductor a bordo de un Taunus –con un tatuaje de Rocky en el brazo– pasó por Villa María y al llegar a Villa Nueva levantó a un chico que hacía dedo. Era Norberto Ortiz, que volvía a La Carlota después de asistir a un festival de rock en La Falda. En el camino el conductor creyó que Ortiz había visto su arma, así que inventó una excusa: “No te asustes. Soy un Cabo del Ejército y tengo fa­miliares en La Carlota”. Alargando la mentira, el hombre del tatuaje le contó a su acompañante que había estado “de joda” en Alta Gracia y que iba rumbo a Pergamino, donde prestaba servicio en una base militar.

    Al pasar por Etruria encontraron a otro chico al costado de la ruta y lo invitaron a subir. Era Sergio Pieroni, que se dirigía a Chazón pero justo cuando estaban llegando a ese pueblo el conductor del tatuaje de Rocky se desvió y tomó un camino de tierra que llevaba a la laguna La Tunita.

    Allí nuevamente el hombre mostraría su otra cara. En este caso les exigió a los dos pasajeros que lo ayudaran a robar. Él se quedó con la carabina recortada y le entre­gó la nueve milímetros -sin balas- a Pieroni. Los hizo acompañarlo hasta el campamento de unos pescadores y, des­pués de tirar varias balas al aire, robó dinero, un reloj, una carpa, dos estéreos de auto y una carabina. Antes de escaparse se apoderó de las cosas de sus pa­sajeros, a quienes dejó allí con los pescadores. Se fue solo.

    En Canals también hubo noticias. Un hombre tatuado robó un Peugeot 505 y abandonó el Taunus. En Venado Tuerto, un Peugeot 505 evadió un control de la Caminera y en la localidad de María Teresa un hombre con un tatuaje de Rocky en el brazo robó una camioneta Toyota que más tarde aparecería abandonada en la localidad de Junín, en la provincia de Buenos Aires.

    Ninguno de estos cabos sueltos ayudó demasiado. La Policía de Córdoba seguía buscando a Gabriela. Hubo que esperar hasta el 11 de febrero –casi un mes después- cuando el diario La Capital de Rosario publicó una información que llamó la atención de los investigadores. En General Pacheco habían detenido a un hombre que manejaba un taxi Ford Taunus. El taxi era robado y cuando el conductor fue detenido resultó que en el vehículo mante­nía secuestrados al taxista dueño del auto y a una familia entera que había subido como pasajera.

    El hecho era similar a lo que había ocurrido con los jóvenes de Villa Nueva. El diario hablaba de un tal Roberto José Carmona.

    Según cuenta Carlos Campos, el investigador a cargo del caso, fue él quien se comunicó personalmente con la comisaría de General Pacheco y habló con el superior de turno pidiéndole que se fije si la persona detenida tenía un tatuaje en el antebrazo derecho. Media hora después recibió un llamado telefónico con la información que tanto esperaba.

    —No puedo leer toda la palabra, pero sí. Tiene un tatuaje y las primeras dos letras son “erre” y “o” (Ro).

     

    Roberto Carmona                                                        Gabriela Seppi 

     

     

    A los golpes

    Al día siguiente Carmona viajaba a Córdoba acompañado de cuatro policías. La clave de esta historia es entender que hasta ese momento no había certezas de que la persona detenida tuviera que ver con la desaparición de Gabriela Ceppi.

    El comisario Campos era uno de los que viajaba con Carmona hacia Córdoba aquel 14 de febrero. Según la descripción que le hizo al autor de esta nota, durante el trayecto Carmona, tranquilamente, confesó todo sólo después de que le hicieron sentir “que era el mejor delincuente del mundo”. Campos dice que Carmona les contó que inicialmente no pensaba hacerle daño a Gabriela y finalmente confesó que la violó y terminó matándola.

    Cuando llegó a Córdoba, un periodista de La Voz del Interior, Mario Mercuri, cruzó dos palabras con Carmona y éste, con la cara destrozada a golpes, afirmó que le habían pegado durante todo el viaje y que sólo así lo habían obligado a hablar. Lo mismo repitió en 2008 cuando fue entrevistado por el autor de esta crónica.

    Lo cierto es que por esos tiempos llegó a circular un rumor que indicaba que Carmona fue estaqueado en el patio interno del Cabildo Histórico (donde funcionaba la central de Policía) por varias horas, hasta que finalmente confesó que había matado a Gabriela y abandonado su cuerpo en un campo cercano a la localidad de Toledo.

     

    Condenado

    Durante el juicio, cuando Campos aseguró que Carmona le había confesado haber violado dos veces a Gabriela, el asesino reaccionó a los gritos. Dijo que él no era un violador y también aseguró que el mismo Campos lo había “ablandado a golpes” hasta que finalmente le prometieron que, si confesaba, iban a ser considerados con él.

    En su testimonio Carmona dijo que los policías habían inventado lo de la violación porque –al igual que él- no podían explicarse por qué la había matado. Allí fue clave el testimonio de una la psicóloga Liliana Angélica Licitra, a quien Carmona le había dicho que al matar a Gabriela “había sentido que se disparaba contra sí mismo”.

    Cuando el juez le preguntó a Licitra ¿a quién sentaría ella en el banquillo de los acusados? contestó:

    —Yo pondría en primer lugar a la sociedad. Por sus instituciones y por la manera en que se manejan a la hora de acompañar el crecimiento de los niños que albergan. Es evidente que, tal como los ha descripto el acusado, sólo pueden producir un psicópata. Pero también lo sentaría a Carmona, porque comprende y dirige sus actos por lo que, teniendo otras opciones, decidió matar.

    La suerte del asesino de Gabriela Ceppi estaba echada. La Cámara Quinta del Crimen lo condenó ese mismo año a reclusión perpetua (25 años) y le impuso una accesoria por tiempo indeterminado, una medida inconstitucional que significa que, aun cumpliendo la pena, el preso no podría salir en libertad. En sus alegatos los jueces citaron a uno de los testigos, el psiquiatra Eduardo Schoenemann, que calificó de psicópata a Carmona y aseguró que necesitaba “una reeducación” que ninguna institución penitenciaria argentina estaba en condiciones de darle. Además de encerrarlo para siempre, también lo estaban condenando a nunca ser tratado.

    En la cárcel Carmona se convirtió en un preso conflictivo. El primer incidente que trascendió ocurrió a los dos años de la condena, en 1988. Ese día un preso llamado Martín Candelario Castro recibió un puntazo –no demasiado profundo- en el estómago de manos del asesino de Gabriela. Se dijo que Castro se había negado a “entregarle su mujer” al asesino de Ceppi. A la noche, mientras Castro dormía, Carmona atacó de nuevo. El arma no era mortal, pero sí definitiva. Un litro de aceite hirviendo le desfiguró el rostro a Castro, que pasó a llamarse Freddy Krueger en el penal de San Martín.

    En diciembre de 1994 Carmona atacó con un arma blanca a otro reo llamado Héctor Vicente Bolea, que murió a raíz de las heridas recibidas. Bolea era un preso con prestigio y ascendencia, así que en los días siguientes un grupo de detenidos quiso linchar a Carmona. El Servicio Penitenciario lo salvó, pero se hizo imprescindible trasladarlo a la Prisión Regional del Norte, en la provincia de Chaco.

    Carmona volvió a matar cuando se enfrentó a dos internos. A uno le clavó un palo de escoba en el pecho, se trataba de Demetrio Pérez Araujo. El otro sobrevivió de milagro. Durante los procesos judiciales por estos delitos Carmona se negó a hacer declaraciones. Para él esos juicios eran una farsa.

    Años después aceptó hablar con el autor de esta nota. Este es un breve extracto de ese diálogo:

    —Durante el juicio en el año 86 dijiste que no sa­bías por qué lo habías hecho. ¿Respondiste esa pregunta en estos años?

    Veintidós años después del crimen de Gabriela Carmona es­cuchó y pareció divertirse. Respondió sobrador:

    —¿Tenés tiempo?

    —Sí. Sí tengo tiempo.

    —Yo no.

    Contestó él y citó una frase de Charles Manson, el emblemático asesino norteamericano: “Soy todo lo que ustedes quieran que yo sea, pero no saben quién soy”. Por ese entonces le quedaban unos años de cárcel y pensaba que iba a quedar en libertad cerca del año 2012. Temía que cualquier declaración lo complicara.

    Propensa a los mitos carcelarios, la sociedad cordobesa le inventó muchas amantes a Carmona, pero lo cierto es que estando privado de su libertad se enamoró de una mujer con la que mantiene una relación desde hace años. Esa mujer tiene un hijo que fue adoptado por Carmona. Aquella “accesoria por tiempo indeterminado” que lo mantenía preso lo mantuvo en Córdoba hasta el año 2014 en que empezó a gozar del beneficio de las salidas transitorias. Cuando parecía que volvería a vivir en libertad, 28 años después de caer preso, el asesino de Ceppi fue reclamado por la Justicia de Chaco que lo había condenado por el homicidio cometido mientras estuvo alojado en aquella provincia.

    En la actualidad Carmona ha vuelto a acceder a salidas transitorias, pero el tema se ha convertido en un problema para la Justicia. Cada seis meses viaja desde la ciudad chaqueña de Roque Sáenz Peña a Córdoba. Lo hace por cinco días para visitar a su esposa y a su hijo. Lo acompañan cuatro guardias y un chofer en una camioneta del Servicio Penitenciario, lo que implica un enorme gasto para el sistema penitenciario chaqueño.

    Durante un tiempo se le permitía dormir en la casa de la mujer, pero después se determinó que sólo debía estar seis horas en la casa y luego ir a dormir a un penal o a una comisaría. La última visita fue en agosto pasado.

     

  • Carnaval, el tiempo de la vieja alegría

     

    Por Alejandro Mareco | Periodista

     

    El Carnaval tiene diversos modos de expresarse, según las maneras de cada lugar, pero la misma razón esencial de ser. Una dosis de libertad y de permiso para traspasar límites la hacen una fiesta única.

  • Ciudadanía global

     [Revista COLSECOR] #Nov 

    Los organismos multilaterales en sus reuniones periódicas vienen incorporando desde hace algunos años como tema de debate la idea de Ciudadanía Global. Confluyen en ese ámbito las representaciones de los Estados Nacionales que conviven con las tensiones de la irrupción de conflictos locales de intolerancia y segregación cultural.

    El terrorismo violento se suscita en cualquier lugar del planeta. Ya no hay lugares seguros. Las olas migratorias buscan escapar del horror de muerte y hambre. Un fenómeno que se repite como una constante en la historia universal y que en la segunda década del Siglo XXI aparece en tendencia creciente.

    El dato nuevo es que las tecnologías de las comunicaciones expandieron el ejercicio de interrelaciones de los individuos y de la sociedad civil y las fronteras de los espacios físicos se desmarcan para dar lugar a una configuración cosmopolita que entra en colisión con la resistencia de pensamientos nacionalistas que enfrentan el presente con ideas de un pasado que ya no volverá.

    Parte de la realidad indica una conformación de importantes franjas sociales con ciudadanos atentos a la actualidad del mundo y a las mejores oportunidades para su progreso con mayor dignidad y en paz. En contradicción y sin matices de entendimiento, se afirman también las visiones que se abroquelan en la defensa de los territorios de las naciones y sus pueblos adjudicando el mal de males a la globalización.

    Las decisiones postergadas de las autonomías recrudecen y cobran mayor dimensión chocando definitivamente con los tiempos contemporáneos donde hay que abordar las integraciones como un orden mundial que, más que interdependencia, lo que reclama su elaboración es la ayuda humanitaria. Es decir, ni más ni menos que comenzar a diseñar la globalización de la solidaridad contemplando las diversidades y las minorías en la sociedad.

    El año próximo, Argentina será la sede de la reunión del G-20 y el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, asumirá el liderazgo del Foro que integra más del 60% de la población mundial y el 85% de la producción económica global. Es la primera vez que América Latina será epicentro de la gobernanza del planeta donde las metas del desarrollo sustentable de las Naciones Unidas serán los temas de relevancia en el dialogo que mantendrán las autoridades con mayores responsabilidades.

    Los ejes de la agenda, en cuanto a lo económico, será evaluar los impactos de las modificaciones en el trabajo que ocasiona la revolución tecnológica. Por otro lado, respecto al desarrollo social, político y cultural, se dará tratamiento a la estructuración de políticas públicas que permitan generar cohesión social, consolidando los procesos de una verdadera integración que establezca una posición abierta al mundo y que pueda enfrentar los riesgos de las divisiones que se están propiciando tanto en Europa como en otras partes del mundo.

    Los desafíos están enmarcados en la existencia de derechos humanos universales inclusivos como lo son el acceso al agua, la salud y la alimentación. Entendemos, desde la economía social que hay que promover un cambio social con acciones cooperativas respetando en sus identidades a todas las minorías, teniendo conciencia ambiental y ejerciendo la corresponsabilidad en las democracias para erradicar la pobreza.

    Finalmente queremos expresar que la idea de construir sociedades más justas y equitativas solo será posible si somos capaces de ser cada día mejores personas. Para ello tenemos que poner en marcha un modelo educativo humanista e intercultural que transforme la realidad. Argentina es un claro ejemplo de una experimentación exitosa de convivencia entre inmigrantes. Nada es caprichoso. Nos toca ser el país sede que permita orientar la idea de una ciudadanía global. Celebramos como cooperativas la interacción solidaria y el acontecimiento porque nuestras comunidades son un fiel reflejo del logro histórico que se supo conseguir.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Ciudadanos en busca de derechos digitales

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Inv. UBA, UNQ y Conicet

     

    La diseminación urbi et orbe de las tecnologías digitales que permiten comunicar volúmenes de información extraordinarios, junto con la transformación de los procesos productivos, afectan la organización de las actividades humanas donde para el ejercicio pleno de la ciudadanía es preciso redefinir los nuevos derechos comprendidos en las “sociedades informacionales”.

     

    El concepto de ciudadanía está en ebullición a raíz de la emergencia de la cultura digital. El ejercicio de derechos, el acceso a bienes y servicios y la creación de una institucionalidad que pueda contener la escala global de operaciones de las tecnologías digitales son cuestiones que desafían los marcos de regulaciones y el reconocimiento de derechos del mundo analógico. Hoy se expanden prácticas sociales (de producción, de consumo, de contacto y comunicación) masivas y personalizadas en red, constitutivas de un nuevo espacio público, pero hasta el presente hay pocos derechos consagrados para los usuarios, en general relativos a que reconozcan los derechos fundantes de la ciudadanía digital, así como su articulación con los derechos humanos y su proyección a los entornos digitales. 

    La ciudadanía está relaciona con el (y depende del) ejercicio de derechos. Para ello, los derechos estos deben estar previamente reconocidos y debe haber políticas que garanticen su concreción. Sin embargo, en el contexto de las llamadas “sociedades de la información” el reconocimiento de derechos y su promoción a través de políticas activas resultan tareas pendientes. Sobre todo en América Latina, región del mundo que se caracteriza por desigualdades que condicionan precisamente el ejercicio pleno de derechos sociales, culturales, políticos y económicos. 

    El ser ciudadano habilita a una persona o a un grupo social a participar activamente, con derechos y obligaciones, de determinada comunidad, generalmente nacional. En las últimas décadas, procesos de unificación geopolítica regional como en el caso de la Unión Europea, o de aceleración global de flujos económicos en el mundo (la globalización), motivaron debates fundamentales acerca de la constitución de ciudadanías supranacionales (la ciudadanía europea o la ciudadanía global). Desde luego que las redes digitales interconectadas en el mundo entero reforzaron estos debates, aún cuando no hayan madurado en instituciones planetarias capaces de contenerlos y de concretarlos. 

    Por cierto, el concepto de ciudadanía es problemático ya que no implica únicamente inclusión sino que, a la vez, regula el acceso. De hecho, en su versión tradicional la ciudadanía excluía (y en muchos países sigue excluyendo) a inmigrantes, menores de edad y a grupos que en algunos países son considerados “ilegales” como los refugiados y los llamados “inmigrantes económicos” o “sin papeles”. 

    Además de esa limitación inherente a la propia categoría, la ciudadanía está ligada a una comunidad de intereses de tipo cultural e histórico, en un sentido laxo, que el alcance global de las tecnologías digitales recombina en un formato original e inestable. El ejercicio de derechos en una demarcación geográfica está siendo cuestionado con la masificación de Internet y, de modo más abarcativo, con la aceleración de la globalización político-económica a partir de la década de 1990. 

    De su primera acepción afincada en el Ágora ateniense, el concepto de ciudadanía avanzó para comprender también derechos económicos y sociales. Sobre todo en los dos últimos siglos, la ciudadanía fue perdiendo su inicial carga reducida a la dimensión individual. Fue, pues, convirtiéndose en un concepto cada vez más social. Como dice el sociólogo Manuel Garretón, “en la actualidad, las relaciones de género, los medios masivos de comunicación, el medio ambiente y el lugar de trabajo han llegado a constituir nuevos espacios de discusión de los derechos de ciudadanía”. De modo que en la armonización entre la soberanía popular, la libertad y la igualdad ante la ley, la ciudadanía asume formas diversas. Ahora bien, ¿cuál es la ley del ciberespacio ante la que pueden reclamarse y ejercerse la libertad y la igualdad? ¿qué significa soberanía en entornos digitales? 

    La primera respuesta a estos interrogantes es que la regulación excede la sanción de leyes y, en consecuencia, la falta de regulación legal en las redes digitales es reemplazada con prácticas y con un régimen de propiedad que es concentrado, global, y que mercantiliza la lógica de funcionamiento de servicios y aplicaciones. Esta situación, sumada a las prácticas de vigilancia y controles ejercidas por agencias de seguridad y gobiernos, en muchos casos sin amparo legal, enfatiza la necesidad de pensar en los derechos de las ciudadanías digitales. Al no existir una “carta magna” sobre derechos en Internet consolidada a nivel mundial y al carecer de un poder instituido con legitimidad como para tomar decisiones que, a imagen y semejanza del Leviatán  del filósofo Thomas Hobbes, sean respetadas por el conjunto, el debate y las tensiones están a flor de piel. O, mejor dicho, a flor de red.

     

     

     Redes troncales submarinas de Internet

  • Clásico y moderno

     

    No escapa de las tradiciones pero tampoco se ata al pasado. Retrato de un folclorista que llegó a Córdoba para estudiar música y se convirtió en un artista  referente de las causas populares.

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  • Cómo combatir a los ciberespías

    Las principales amenazas y las medidas de seguridad que hay que tomar.

  • Cómo maridar el libro y la TV y no claudicar en el intento

     

     

    En los ‘80, Los 7 Locos (TPV) osó llevar por primera vez la crítica literaria a la televisión. Tres décadas después, el ciclo repite con éxito la fórmula de reunir dos expresiones culturales supuestamente antagónicas.

  • Con el mate en una mano y el mouse en la otra

    Aunque sin estadísticas oficiales, se calcula que en Argentina hay dos millones de personas que tienen la oficina en su propio hogar. Tienen flexibilidad horaria pero muy poca estabilidad. No les afecta el clima ni les preocupa el transporte para ir a trabajar. Cruzan los dedos para que no se corte la conexión a Internet.