• Misión, visión y valores de la Fundación COLSECOR

     

     

     

    Misión

    La formulación de la misión representa la definición expresa del propósito principal que tiene la Fundación, por y para qué existe, qué identidad comparten las asociadas, hacia qué objetivos prioritarios deberán dirigir sus decisiones y prácticas. Algunas preguntas que van a orientar la definición de la misión son las siguientes: ¿quiénes somos? ¿Por y para qué existimos? ¿Qué pretendemos conseguir en el largo plazo?

    La Fundación COLSECOR es un instrumento organizativo para la integración y el fortalecimiento del sector cooperativo y de las capacidades de sus hacedores, que promueve la generación de información, el conocimiento aplicado en las prácticas y con valores solidarios, impulsando la participación socio comunitaria en defensa de los intereses colectivos al servicio de las personas, contribuyendo al desarrollo integral de nuestras comunidades.

     

    Visión

    La visión tiene la determinante función de proponer y proyectar los sueños colectivos de la Fundación, qué queremos ser en el mejor de los escenarios mediatos y deseables, hacia qué horizontes orientamos las acciones cotidianas.

    Implica responder las siguientes preguntas: ¿cuál deberá ser el estado ideal de la Fundación en el largo plazo? ¿De qué manera desean las asociadas que la Fundación se encuentre en un futuro mediato y deseable? ¿Cuáles son los sueños compartidos para la entidad?

    La Fundación COLSECOR consolidada como espacio de encuentro, generación de ideas y caja de resonancia de la Economía Social, como referente de cooperación e integración entre cooperativas que atiende con eficacia a las necesidades y demandas de sus asociadas, y como emblema de la promoción de transformaciones socioeconómicas en nuestras comunidades que contribuyan a una sociedad más justa, equitativa y solidaria.

     

    Valores

    Tenemos un sistema de valores que atraviesan nuestra toma de decisiones y un conjunto de atributos positivos que dan sentido a lo que hacemos. Éstos definen un posicionamiento ético desde el cual construimos el proyecto de la Fundación y contribuimos a transformar las realidades.

    Definimos diez valores que conforman el significado y diseñan las formas de organización de la actividad, constituyéndose en un soporte estructural a la cultura organizacional y a la metodología de trabajo. Estos valores son una representación de las creencias, las perspectivas trazadas, las aspiraciones, los conocimientos conformados y la identidad constituida en la Fundación.

    De este modo, los valores, orientan lo que hacemos cada día y se constituyen como un parámetro para verificar la coherencia de las decisiones y prácticas.

    Profundizando sobre nuestros valores, introducimos las siguientes preguntas: ¿cómo entendemos el significado de cada uno de estos valores? ¿Cómo orientan las acciones de la Fundación? ¿De qué manera se llevan a la práctica? ¿De qué modos se expresa el cumplimiento de estos valores en los procesos de gestión?

    La actividad de la Fundación se cimenta a partir de los siguientes valores: una conducta social ética, un sentido de cooperación e integración entre organizaciones de la Economía Social, procesos que están atravesados por la democracia interna, la participación de las entidades asociadas a COLSECOR y la organización comunitaria en cada población. A partir de esta base, gestamos vínculos solidarios y en condiciones de igualdad con los distintos hacedores del cooperativismo para contribuir al desarrollo integral de las personas, priorizando el territorioy generando las condiciones para el ejercicio de los derechos de la ciudadanía

    Estos diez valores constituyen el posicionamiento ético de la Fundación. Representan la plataforma desde la cual llevaremos a la práctica nuestra actividad, marcando una actitud de reflexión, de conocimiento, de compromiso y de cuidado con respecto a las organizaciones del sector, a las comunidades, a los entornos; en definitiva, a la realidad.

     

  • Miss Bolivia | Pequeña gigante

     

    Nació en La Paternal, vivió parte de su adolescencia en Estados Unidos y fue acompañante terapéutica durante la tragedia de Cromañón. Perfil de una artista que reivindica la pista de baile y es portavoz de una nueva generación de mujeres arriba del escenario.

     

    Valentina Cardozo | Periodista 

     

    Cuando recién empezaba a dar pequeños shows bajo el seudónimo de Miss Bolivia, a María Paz Ferreira la despidieron del Canal de la Ciudad en el que trabaja como productora porque “no encajaba con el perfil”. Un poco antes se había separado de su novia de entonces. Sin empleo ni casa ni pareja, se mudó a una panadería abandonada en La Boca con el dato que le pasaron unas amigas.

    —Me instalé en una cocinita que había ahí, con un colchón en el piso. Fue mi búnker durante un año y medio en el que viví con lo poquito que me dejaba la música. Ahí resigné el confort para siempre. Me curtí. Aprendí de veras a vivir con muy poco— recordó en una entrevista.

    Corría el año 2007 y era bastante difícil imaginar este presente como figura destacada de la música argentina, siempre en progresivo ascenso. Sus videos alcanzan millones de reproducciones en YouTube; sus composiciones forman parte de manifestaciones feministas que reclaman aborto legal, seguro y gratuito. La convocan a programas de televisión para que cante, cuente y opine. Hasta pudo comprarse una casa, gracias a “Tomate el palo”, un hit que es parte del repertorio en canchas de fútbol, tarareado por chicos y jubilados. Se casó con un científico que trabaja en Conicet y que pronto se convertirá en rabino. La pareja ya inició los trámites para adoptar.

    Paz nació en Buenos Aires en 1976, hija de riocuartenses que se habían mudado a la capital. La madre era secretaria de una multinacional petrolera; el padre vendía lotes, terrenos y estancias a comisión. Mientras el matrimonio duró, la familia pasaba las vacaciones en Río Cuarto. Después del divorcio, todo cambió.

    O casi. Porque la niña siguió siendo alumna ejemplar. Incluso en la adolescencia, con toda la rebeldía a cuestas, mantuvo un impecable desempeño escolar. Tanto como para acceder a una beca y terminar los dos últimos años del secundario en Fort Ann, un pueblito de 1.500 habitantes dentro del estado de Nueva York, habitado en su enorme mayoría por blancos anglosajones. Allí, dice, se sintió minoría. “Las distintas éramos una chica negra y yo”.

    Terminado el colegio, Paz se quedó un tiempo más en Estados Unidos. Conoció el hip hop, la marihuana y a muchos hippies que vivían en casas rodantes y seguían la misma banda que ella: Grateful Dead. Durante un año asistió a todos los shows mientras conseguía trabajos temporales o elaboraba comida casera para vender.

     

    Cromañón y después 

    El regreso a la Argentina se produjo en el apogeo menemista. Sin muchas opciones laborales, vendía milanesas de soja que repartía a domicilio en bicicleta. Se inscribió en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y egresó con medalla de honor y un título como Licenciada con especialización en políticas comunitarias y preventivas.

    —El diploma se lo terminó comiendo mi gato. Como sale tan caro hacerlo de nuevo, decidí dejarlo así—contó hace un tiempo, en la misma línea desprendida que tenía cuando se mudó a La Boca.

    Comenzó a trabajar en Buenos Aires Presente, el servicio de contención psicológica del Gobierno de la Ciudad. Estaba de guardia la noche del 30 de diciembre de 2004 cuando se produjo el incendio de Cromañón que dejó 130 muertos durante un recital de Callejeros. En el cementerio de Chacarita le tocaba recibir a padres que iban a reconocer los cuerpos de sus hijos en bolsas cerradas hasta el pecho. Nunca jamás escuchó a nadie gritar así. Un padre comenzó a aspirar pegamento ahí mismo, otro salió corriendo a la calle para que lo atropellara un auto. Cada ocho personas que atendía, necesitaba esconderse en un mausoleo para llorar, llorar y llorar. El estrés postraumático después de aquella noche resultaba inevitable. Pidió licencia.

    —Pasaron todos estos años y a veces todavía escucho esos gritos.

    Cuando ya no pudo seguir de licencia, pidió traslado a otra área y llegó a un canal de televisión en el que aprendió a producir con escasos recursos, experiencia que le sería de utilidad en su primera etapa artística. De aquel empleo la echaron. Fue en ese momento en el que Paz Ferreira empezó a convertirse en Miss Bolivia, una criatura que mantiene la curiosidad y el desempeño académico pero que también es capaz de gritar una frase memorable detrás de otra.

    Quizás las letras plagadas de juegos de palabras, citas del lunfardo, oda al baile, libertades sexuales y aventuras nocturnas al borde de la cornisa generan una falsa impresión. Quizás su licuadora estética (hip hop mezclado con cumbia; algunas cuotas de reggae, pop y punk como ingredientes ocasionales) la coloque erróneamente en una etiqueta de entretenimiento pasajero. Nada más alejado de sus intenciones. La nena que aspiraba a ser abanderada y la universitaria estudiosa siguen presentes.

    La artista de 43 años y 1,53 metros de estatura aprovecha cada espacio con un micrófono disponible para romper con la monotonía y lanzar mensajes disruptivos, como en 2017, cuando la invitaron a almorzar con Mirtha Legrand.    

    —Estos zapatos me los compré en Once. Este chupín es de Mora Mía, Natalia, una amiga. Esta remera es de feria americana. Esta campera la compré, también, en un negocio de Once. Estos anillos son del Barrio Chino y salen 50 pesos. Me pintó y me peinó mi amiga personal Mechi Moréteau. Y, a la gilada, ni cabida- dijo con frescura.

    No fue el único momento destacado de aquella mesa. Contó también que durante mucho tiempo tuvo novias pero que en ese momento estaba enamorada y casada con un hombre. Legrand, sorprendida, la felicitó por “confesar su homosexualidad”. Rápida de reflejos, Miss Bolivia habló del deseo nómade y cambiante.

    —Nunca fui prejuiciosa. Nunca tuve un totalitarismo o absolutismo del tipo “solo me gustan las mujeres”-le contestó.  

    A esas intervenciones mediáticas las define como “ir a tirar bombas”, plantear otras realidades y otras miradas mediante un discurso sólido y argumentado pero nada elitista. Las repercusiones continúan hasta hoy, cuando la siguen llamando para charlar en TV. Mientras eso ocurre, el videoclip de “Paren de matarnos”, una canción surgida al calor de las demandas de Ni Una Menos y protagonizada por actrices reconocidas, aumenta su exposición. La premisa que la guía es la misma que tenía cuando dormía en el colchón de la panadería abandonada: coherencia entre lo dicho y lo hecho. O en sus propias palabras:

    —Que el audio pegue con el video y que la acción pegue con el discurso.

  • Morir de penal

    Prof. Dr. Carlos Presman

    La prensa de Dios lleva póster central,el bien y el mal definen por penal”.

    Divididos

     

    ¿El mundo gira como una pelota de fútbol o el fútbol gira como una pelota de mundo? Esa parece ser la cuestión en estos días del mundial donde participan decenas de países y millones de individuos lo seguimos por televisión.

    Si una circunstancia altera nuestra vida habitual, afectando nuestros horarios laborales, la alimentación, la respiración, los latidos cardíacos, el sueño y/o la sexualidad podemos decir que estamos enfermos. Si esa circunstancia es el mundial de fútbol podríamos afirmar que estamos frente a una pandemia y amerita que la analicemos como tal.

    Toda enfermedad es multicausal y participan en ella factores biológicos, psicológicos y sociales. Entonces el deporte fútbol, en tanto enfermedad, nos remite a las siguientes preguntas: ¿por qué nos enferma el fútbol?, ¿para qué nos enfermamos de fútbol?, ¿por qué el fútbol y no otro deporte?

    Desde una perspectiva biológica y antropológica, el fútbol es el único que se juega con la parte más inhábil del cuerpo humano: las piernas. Todos los demás deportes, individuales o grupales, se practican con las manos. Quizás en esta cualidad resida la fascinación y el deslumbramiento que nos provoca, a punto tal que algunas jugadas evocan los pasos del ballet.

    Desde la escucha psicológica convengamos que la educación tiene mucho que ver y el lenguaje encuentra en el fútbol las metáforas de todos los momentos de la vida. Así, todo comienza con “el pitazo inicial”; cuando una pareja nos echa, nos “sacan la roja”; cuando quedamos esperando, “estamos en el banco”; si tras ingentes esfuerzos se consuma el amor, “logramos meterla”; cuando todo acabó, “terminó el partido”; y cuando juegan mal, son “unos muertos”.

    Desde lo sociológico se sabe que las Olimpíadas, como sublimación de las guerras, dieron origen a los deportes. Entre estos, el boxeo es el juego madre donde sin interponer pelotas o redes, un tipo quiere liquidar al otro a las trompadas sin apelar a ningún eufemismo. El fútbol es, entre los deportes, el que menos requisitos posee: una pelota. Los demás apelan a raquetas, palos, aros, guindas o fichas blancas y negras. Es el deporte que, con mayor probabilidad que ningún otro, permite la tan ansiada movilidad social. Esta sería la causa por la que es más popular en los países más pobres.

    Ejercitarlo con los pies, desear meter el gol y la facilidad de su práctica con beneficios económicos parecen ser la tríada letal de la epidemia fútbol.

    En la gripe, el órgano más sensible es el árbol bronquial; en la pandemia fútbol es el aparato cardiovascular.

    El infarto de miocardio, que ocurre sólo en los humanos, sucede en la presencia de factores de riesgo como el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el sedentarismo, la obesidad y el estrés. Sin embargo permanece sin respuesta aún el mecanismo por el que aparece el infarto en determinada circunstancia. ¿Qué es lo que dispara la obstrucción coronaria total y el infarto en cada paciente?

    La bibliografía médica consignó un incremento en la mortalidad cardiovascular en Holanda cuando Francia le ganó por penales la final de la copa europea en 1996. En Inglaterra aumentaron un 25 por ciento las internaciones por infarto cuando Argentina la eliminó por penales en el mundial de 1998. La editorial de la prestigiosa revista médica British Medical Journalafirma: “además de los reparos de su corrección desde un enfoque deportivo, quizás la lotería de la eliminación por penales deba ser proscripta por razones de salud pública”.

    Un estudio publicado en el New England Journal of Medicineinforma que durante el mundial de 2006 se triplicaron los infartos en Alemania cuando definía contra Argentina su pase por penales a los cuartos de final.

    Es de esperar que en este mundial salgamos campeones pero además que sepamos disfrutarlo.

    Si bien hay que “poner el pecho” y “el corazón” en cada partido, ningún encuentro, por importante que sea, vale más que su salud.

    Por último, trate de vivir cada encuentro con humor, no vaya a ser que termine como un colega, amigo y paciente, que dejó de fumar, no tomó alcohol, no comió en exceso, miraba la tele mientras hacía bicicleta fija y hoy ve la final del mundial en el monitor de la unidad coronaria del Instituto Cardiológico. Encima, la mascarilla de oxígeno le impide alentar y, lo que es peor, no puede gritar: ¡gooooool!

     

     

     

     

  • Mujeres fuera de cuadro

    Barricada en barrio Alberdi | Archivo La Voz

     

    Las 195 páginas del libro de la periodista y fotógrafa Bibiana Fulchieri visibilizan la participación de las mujeres en las luchas sociales y políticas en los años 60 y 70, en Córdoba. La obra desnuda la ideología patriarcal y dominante de una época poniendo luz en los recortes de la historia oficial.

  • Navidad y Año Nuevo: tiempo de ¿fiesta?

     

    ¿Las personas otorgan real importancia a las celebraciones del mes de diciembre o, al contrario, están obligadas a participar? Una interpretación desde el psicoanálisis de orientación lacaniana sobre el consumo, la religiosidad y las emociones que se ponen en juego en esta época.

  • No bombardeen la comarca

     

     

    Tornquist está ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Es cabecera del partido homónimo y forma parte de la hermosa comarca turística Sierras de la Ventana.

    En 1955, este apacible y tranquilo lugar estuvo a punto de ser escenario de una cruenta batalla entre las fuerzas del Ejército  y la Armada Argentina. 

  • No creo en las ideologías pero que las hay, las hay

    Mario Riorda Politólogo. Director de la Maestría en Comunicación Política de la Univ. Austral  

     

    No poca gente plantea la negación de la existencia de ideología. ¿Puede un discurso político no ser ideológico? La respuesta es contundente: no. La discursividad política es intrínsecamente ideológica. Mayoritariamente ideológica. Sin importar si es buena o mala. 

    Una parte de las tesis dominantes explica que la transformación del discurso político ofrece un abandono de los proyectos ideológicos de carácter radical para dar lugar a proyectos más moderados, centralistas. Se caracterizan por un supuesto mayor pragmatismo, con el fin de ocupar diferentes espacios del poder político. Argentina representa en su oficialismo esta versión que niega lo ideológico. 

    Pero el mundo es muy poco condescendiente con esta tesis. Desde 1950 en adelante, incluyendo el momento en que la política empezó a seguir el estilo que la televisión de entretenimiento le imponía, siempre alguna tesis habló del fin de la ideología. Pero esas tesis fracasaron estrepitosamente. El filósofo húngaro István Mészáros alerta que la propia tesis de la desaparición de las ideologías es un término en sí mismo absolutamente ideológico. 

    El propio Mauricio Macri, como candidato, esbozó aproximaciones de su posicionamiento e ideas políticas: “Nuestra ideología es resolver, hacer, construir cosas concretas alrededor de las ideas del progreso que todos tenemos”. Nótese la idea de pragmatismo de fondo. Y desde ahí aparecieron conceptos acuñados como gobierno posideológico, transideológico o muchos neologismos parecidos que caían en la idea libre de tomar herramientas que antes hubieran sido incompatibles. 

    El filósofo Alejandro Rozitchner, signado como un importante responsable en los discursos del presidente, es contundente en su definición: “Nosotros creemos que izquierda y derecha no son términos relevantes… es mucho más relevante la diferencia entre viejo y nuevo… Mauricio plantea el liderazgo de un Estado menos ideológico y más real, al servicio de la gente”. Nuevamente el pragmatismo. 

    Quizás estas respuestas permitan acumular más apoyos incluyendo antes que excluyendo, una estrategia para sumar en una distancia cada vez más afianzada entre representantes y representados. Por eso plantean una relativa desideologización o despolitización del mensaje. Pero lo cierto es que por más banal que sea su formato de presentación, es difícil concluir que un mensaje político esté despolitizado. Quien se posiciona sobre temas públicos de modo superficial, hablando de lo que todos hablan con posturas “políticamente correctas”, sólo puede hacer más comprensible esa idea. Pero el contenido laxo y abstracto, con el correr del tiempo, suele generar una verdadera frustración de expectativas cuando deviene en políticas públicas concretas. 

    Las ideologías pueden ser vistas como atajos para que el votante obtenga información de modo más simple; otros sostienen que son “sentimientos o imágenes ideológicas” que orientan al elector con alguna racionalidad. La ideología funciona así como “hoja de ruta” para partidos y electores a partir de lemas y valores. Ello ya es un avance para el elector que empieza a razonar orientado en principios fundamentales sin necesitar conocer la totalidad de las posiciones en torno a la agenda. Estudios demuestran que el elector usa criterios ideológicos para distinguir a partidos políticos y que hay coherencia entre autodefinirse ideológicamente y votar a un partido que se autoproclame cercano a la postura personal. Giovanni Sartori sostiene que las ideologías son sistemas de ideas orientadas a la acción, que ofrecen previsiones de futuro y propuestas de solución de problemas para comprender y estructurar la información y poder ofrecer propuestas prácticas vinculadas con la toma de decisiones. 

    Norberto Bobbio, al hablar de ideologías pone el eje en la igualdad. Afirma que una ideología se aproxima a la izquierda si, aún sabiendo que hay personas iguales y desiguales, la toma de decisión se aproxima más a pensar en derechos y deberes que los hagan más iguales que desiguales. ¿Su objetivo? Remover obstáculos que hagan a la desigualdad. Por el contrario, un partido más de derecha confiesa que las igualdades son ineliminables, vale decir, hay diversidad. ¿En qué se sostienen? En la tradición, la herencia y el apego a la historia. 

    Lo cierto es que, salvo extremos, ni la izquierda plantea absurdamente que todos son –o deban ser- iguales en todo, ni tampoco que la derecha propugna por más desigualdad. Esta última suele plantear la compensación como modo de sostener una diferencia dada sin romper un orden establecido. 

     Plantear la desaparición de las ideologías es incongruente. Es una pose en un momento. Hay quienes ocultan su ideología y proponen soluciones únicas amparadas en una ilusión tecnocrática que intenta borrar fronteras ideológicas con respuestas cerradas. Hay una carga ideológica no explicitada pero existente en esta postura. 

    Existen quienes, por desconocimiento o ausencia de usinas de ideas, directamente desconocen las ideologías y las descalifican. El zigzag de sus políticas y decisiones sobrecarga peligrosamente de incoherencia y frustraciones al electorado. 

    Y también quienes creen que nuevos hechos en la agenda no pueden ser etiquetados como de derecha o izquierda. A lo que cabe responder que nada impide que esos hechos no puedan ser tamizados por decisiones que se acerquen o se alejen de la igualdad. 

    ¿Cuál ideología es mejor? Es un juicio de cada persona. La definición ideológica forma parte de verdades trans-científicas. La subjetividad explica, en base a valores, que cada persona se recueste a uno u otro lado. Pero no es un tema desdeñable por el tamaño de sus efectos. Piense en políticas más próximas a la igualdad o más cerca de las diferencias. Dependerá del prisma ideológico con que se mire a cada política para juzgarlas buenas o malas. 

    A las ideologías no hay que pedirles todas las soluciones sino comprenderlas como una orientación de los valores que guiarán las acciones. Una ideología no es Wikipedia, es sólo una brújula necesaria para políticos y ciudadanos desconcertados. 

    El lenguaje ideológico es el cómo, compañero insustituible del pensamiento ideológico. Cuando este no aparece del todo comprensible, hay que hurgar en el set lingüístico, algo así como una mirada del mundo a través de un determinado conjunto de palabras y conceptos que lo diferencian de otras ideologías. Cada partido o liderazgo va armando un constructo lingüístico propio, autónomo, que se diferencia de otros. Macri transitó un sendero discursivo apostando a las expectativas de optimización personal, donde hacía explícita la enumeración de negativos a los que hay que vencer. “Somos distintos”, repetía. Una puesta en escena de la política actuando como prédica evangélica, como nos relata Byung-Chul Han, o bien como lógica de “psicología positiva” con mensajes esperanzadores, motivantes. 

    Son los mismos líderes los que encabezan el uso característico, porque son los mismos hablantes los que acarrean algo irrepetible dado que el estilo son las personas. Habiendo pasado ya tres años de un gobierno, cuando el discurso político pudiera no ser del todo claro para definir la ubicación ideológica, ahí estarán sus políticas (no todas, pero sí la mayoría) y sus efectos en la sociedad, que terminan hablando más de la ubicación ideológica que lo que el liderazgo y sus palabras lo han hecho.

     

     

  • Nuestra Champions

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    "En Europa, por la Champions, te ponen una alfombra roja cuando llegás a jugar de visitante. Acá, vas a Brasil y te cascotean el micro". Marcelo Gallardo hizo historia con River: ganó la Libertadores como jugador y después como entrenador, una potestad de muy pocos a nivel continental. Y también jugó la Liga de Campeones con el Monaco francés a comienzos de este siglo.

    "Los argentinos y los brasileños estamos un paso por encima de otras ligas, por historia más que por actualidad. Por eso, Boca es candidato a ganarla como el resto de los equipos del país y de Brasil". Guillermo Barros Schelotto distinguió a ese equipo copero de Carlos Bianchi que marcó una época y habla con absoluto conocimiento de causa.

    "Independiente siempre tiene que jugar la Libertadores. Es la obligación y un enorme desafío". Ariel Holan, el mejor entrenador de la Argentina en el 2017, se embadurnó de gloria como hincha y hoy se da el gusto de hablar, codearse y ser acompañado por Bochini, Bertoni, el Chivo Pavoni y Pepé Santoro.

    "Es la Copa más difícil de los últimos años". Eduardo Coudet jugó la Libertadores, también la dirigió y es un animal futbolero parido por nuestras pampas que, como tal, ha escuchado miles de historias alrededor de esta copa que es la madre de todas las copas.

    River, Boca, Independiente y Racing participarán juntos en la misma edición de una Libertadores por primera vez. Una confluencia que alimenta la competividad de un torneo que reúne a 17 campeones, todos con el natural derecho de apostar por la final. Estudiantes, desde hace un tiempo ya con Juan Sebastián Verón como presidente -siempre un Verón en la raigambre pincharrata-, y el sorprendente Atlético Tucumán también se postulan. Como Banfield, que deberá superar el Repechaje.

    Que en las últimas 10 ediciones haya habido 20 finalistas distintos -y por lo tanto 10 campeones diferentes- refleja de forma contundente que las candidaturas deben ser ratificadas y que cualquier equipo, más allá de su nombre, puede transformarse en una amenaza. Y el sorteo actuó en consecuencia, con grupos parejos en los que por supuesto hay favoritos aunque no por el sólo hecho de serlo un equipo va a pasar a octavos de final sin necesidad de transpirar.

    River irá por la revancha después de la increíble y polémica caída con Lanús en las semifinales del año pasado. Ese golpe desnudó falencias y Gallardo pidió refuerzos. El animal competitivo que lleva adentro no tolera porrazos semejantes -propios de otros River- y prepara una nueva reinvención para su indudable legado. En su grupo, Flamengo aparece como la principal amenaza después de ser finalista de la Sudamericana y Emelec de Ecuador es un viejo conocido para los millonarios -se enfrentaron en la edición anterior-. Quien llegue de la fase previa le dará al Grupo 4 mayores (Independiente Santa Fe de Bogotá sería el caso) o menores dificultades.

     

     

    Boca, que regresa a lo internacional tras un año afuera de las copas, vive una situación similar a su eterno rival en cuanto a complejidades en su zona (la 8): Palmeiras es el grande brasileño con el que vivirá una reedición de duelos memorables y Alianza Lima de Perú, un rival accesible pero al mismo tiempo de cuidado. Del Repechaje podrían caer pesados como Junior de Barranquilla u Olimpia de Paraguay. El Mellizo Barros Schelotto viene macerando su formación desde hace mucho tiempo, con un año de liderazgo en la competencia interna, y le agregó refuerzos de calidad para cubrir las ausencias iniciales de los estelares Gago y Benedetto. Para buena parte de América, Boca es un candidato de fierro no sólo por historia, como señala su entrenador.

    Independiente vivió un cierre de año de locos: el Holan que le devolvió la mística y un título internacional al Rey de Copas se fue y volvió en un abrir y cerrar de ojos. Deberá mantener la idea, el juego y la mentalidad más allá de los vaivenes y afrontar un grupo (el 7) de real riesgo contra esa potencia que es Corinthians -cómodo campeón del Brasileirao- y Millonarios de Bogotá -dirigido por el argentino Miguel Angel Russo-. Los venezolanos de Deportivo Lara surgen como el rival para no dejar puntos.

    Racing, con Diego Milito como flamante dueño del fútbol profesional, tiene un horizonte similar al de su vecino de Avellaneda, con el siempre amenazante Cruzeiro y la Universidad de Chile como adversarios de sumo peligro. Y del Repechaje le podría venir algo similar como Vasco de Gama o Universitario de Perú. Con Coudet en el banco y la continuidad de esa verdadera joya que es el delantero Lautaro Martínez, la Academia tendrá planteos más ofensivos que lo que tenía con Diego Cocca.

    Estudiantes, mientras termina de construir su estadio, se renueva y espera que Lucas Bernardi cristalice finalmente su idea, sabe que deberá fajarse con Santos de Brasil y deberá ir a la ciudad más alta que reciba a la Copa: Cusco, de donde es Real Garcilaso. Y Banfield, Nacional de Uruguay o Chapecoense podrían completar el grupo 6. Atlético Tucumán, en tanto, vive un momento de gracia y cayó en una zona parejísima (la 3) contra Peñarol de Montevideo, Libertad de Paraguay y The Strongest de Bolivia (con la altura como aliada): el Decano de Ricardo Zielinski irá por mucho más que la simple presencia.

     

    Marea Argentina

    Como una réplica de lo que pasará en el Mundial, en este caso a mayor escala, Argentina será el país que más entrenadores le aportará a la Copa Libertadores: serán 18 entre los 47 equipos que participarán del torneo. Y pueden ser más teniendo en cuenta los vaivenes de un cargo sin estabilidad. A Gallardo, Barros Schelotto, Holan, Coudet, Bernardi, Zielinski y Falcioni (todos los equipos de acá son dirigidos por técnicos de acá) se les suman una variada gama de hombres y nombres.

    Miguel Angel Russo llega como campeón en Millonarios de Bogotá y con el sello de ser el último en sacar campeón de América a Boca, en el 2007 con un genial Riquelme: será rival de Independiente. Desde Colombia, también, Atlético Nacional de Medellín contrató a Jorge Almirón para volver a ser, luego de que el Negro llevara a Lanús a una inédita final de Libertadores. Chile también aporta dos compatriotas: Pablo Guede, el ex San Lorenzo, dio la vuelta con Colo Colo y cayó en el grupo de Atlético Nacional (vivirá una reedición con Almirón de aquella final en la que Lanús goleó al Ciclón), mientras que Angel Guillermo Hoyos es el conductor de la Universidad de Chile, rival de Racing. El cordobés que jugó y dirigió a Tallares, y estuvo cerca de Messi en las Inferiores del Barcelona, tiene como misión levantar internacionalmente a un gigante chileno.

    Muchos ojos estarán puestos en Paraguay porque Sebastián Saja iniciará su carrera como entrenador en Guaraní mientras que Daniel Garnero -su predecesor- se hizo cargo de un grande como Olimpia. Si nos trasladamos imaginariamente a Bolivia, Carlos Ischia asumió en The Strongest (adversario de Atlético Tucumán) y Néstor Clausen regresó a Oriente Petrolero. 

    El carrusel continúa con Pedro Troglio en Universitario de Perú y Oscar Ibañez (ex arquero que se nacionalizó peruano) en Real Garcilaso, al que enfrentará Estudiantes. Finalmente, Gabriel Schurrer es el técnico de Independiente del Valle, el equipo ecuatoriano que en el 2016 eliminó a River y a Boca, nada menos.

     

     

    Marcelo Gallardo, DT River 

     

    Habrá 103.850.000 dólares en premios, seis destinados al campeón (tres más que que los recibió Gremio de Porto Alegre en el 2017). Hasta fines de mayo de disputará la fase de grupos y recién después del Mundial de Rusia comenzará la verdadera Copa, como habitualmente se denominan los cruces desde octavos de final. Al ser anual, ahora los equipos deben rezar para que en el mercado de pases de mitad de año los clubes europeos no se llevan a sus principales figuras (con Lucas Alario, River es el último ejemplo de este padecimiento).

    La llaman tentación. Es una obsesión. Todos compiten para jugarla. Miles de historias de amontonan alrededor de la Copa Libertadores. Siete equipos argentinos buscarán levantarla el 28 de noviembre o el sábado 1 de diciembre, si es que comienza una nueva era con una final única para una Copa única. Para nuestra Champions sin alfombra roja.

     

     

     

     

  • Nueva York en tiempos de sexo, drogas y rock and roll

    La década de los ´70 llama a nostalgia. En ocho capítulos esta serie de HBO nos transporta a un mundo que ya no existe. The Deuce son postales en movimiento de New York, New York.

     

    Por Néstor Piccone | Periodista y licenciado en psicología

     

    The Deuce es la calle 42 de Manhattan. Siempre fue la cara oscura, el rostro pobre de Nueva York. Contracara de la Quinta Avenida, expresión de la opulencia y la riqueza.

    The Deuce, la serie de HBO con una primera temporada de ocho capítulos, se mete en Nueva York justo en el momento en el que el mundo se encaminaba hacia un nuevo orden económico. La historia confirma que de manera lenta pero sistemática la Gran Manzana dejó atrás el descontrol para encaminarse hacia el apogeo de las Torres que tendrá en las Gemelas su símbolo máximo, hoy también destruido.

    Pero la serie no pone el ojo en la gran política, sino en los movimientos casi imperceptibles de quienes  habitan el Times Square. No es tampoco el Manhattan que pintó Woody Allen en blanco y negro. Elige el registro de aquellos que hicieron de la pornografía un negocio rentable y “respetable” por sobre la prostitución de poca monta.

    La serie, plena de color, música de época y referencia a los “queridos ‘70” es también el principio del fin de un estilo de vida surgido en los márgenes de la sociedad. Una mirada tal vez nostálgica de un pasado que sucumbió ante la avasallante gentrificación producida a comienzos de los años 80.

    La gentrificación es una herramienta menos cruenta que las topadoras o la represión física. Es un mecanismo sistemático en el que las élites económicas se quedan con barrios y territorios emblemáticos de los pobres y las clases medias. Un modelo de expropiación socio-cultural por el que los sectores de la financierización de la economía se apropian de espacios sociales multiétnicos y pluriculturales.  

     

    La Nueva York de The Deuce es la de los autos con musculatura, grandes como barcos, esos fabulosos Cadillac o Continental, amplios, ostentosos, especies de transatlánticos que desaparecerían en el naufragio que inundó el mundo de petrodólares y abrió una nueva forma de guerra que pondría en el escenario económico a los jeques árabes, terceros en discordia junto a los protagonistas de la Guerra Fría.

    El acceso a esos superautos aparece en la serie como un signo de ascenso social.

    En The Deuce está el rock yanqui, Village People, Talking Heads. En segundo plano aparece la guerra de Vietnam. Se ilustra con las marquesinas de fondo blanco iluminadas con letras negras donde gana la promoción de películas emblemáticas como Mash, con los jóvenes Donald Sutherland y Elliott Gould, o Patton con el rebelde George C. Scout, que en 1972 rechazaría la estatuilla del Oscar otorgada por su actuación como el general Patton. En esas vidrieras irrespetuosas también se puede ver a Marilyn con Frank Sinatra,  Albert Camus mezclado con Elvis Presley y el cine bizarro de  Mondo Trasho con Bernardo Bertolucci del Último tango en París.

    En The Deuce se encuentran migrantes, minorías radicalizadas, homosexuales y trabajadores que alguna vez construyeron  una isla, la de Manhattan, plena de tolerancia, autodeterminación y transgresión. La serie es una foto de archivo del New York perdido, irreconocible desde una actualidad en la que se exhibe impúdica una city, meca del consumo, ocupada por turistas, fondos buitres y chicos ricos.

    The Deuce es sexo, drogas y rock and roll al alcance de la mano.

    Las miradas de su creador, el periodista de policiales David Simon y su colaborador George Pelecanos son de añoranza, de nostalgia, de saudade. El final del último capítulo deja esa sensación. No es la patológica mirada cargada de miedo al futuro con la que nos suele pegar la melancolía.

    Pero Simon también dispara sobre la pantalla chispazos de cinismo típicos de la novela negra. Sabe de crímenes, de policías, de corrupción, de prostitución, chulos, proxenetas o cafishos de poca monta. Sabe de violencia, de muerte, pero también de vida, de deseo. Por eso en The Deuce casi siempre gana lo imprevisible, la esperanza de que en esas pequeñas vidas algo mejor puede venir.

    Un puñado de personajes arquetípicos da vida a la serie. Los mellizos Vincent y Frankie Martino, interpretados por el mismo James Franco se dividen para componer al tanito castigador por un lado;  y al gringo laburante y solidario, por el otro. Un dato colateral que podría hacerle daño a la continuidad de la serie en próximas temporadas es marcado por el hecho de que Franco fue alcanzado por denuncias de abuso impulsadas por el movimiento feminista MeToo (Yo también).

    Un pilar de la tira es Maggie Gyllenhaal. Una actriz excelente que le pone el cuerpo - sin maquillaje ni photoshop-  a una prostituta que lucha por convertirse en una independiente trabajadora del sexo. Los mellizos y Maggie son la expresión de tres formas de caminar, vivir y trabajar en la calle 42.

    La intelectualidad o el snobismo también forman parte de la trama. Ese perfil irrumpe en el submundo de la noche neoyorkina a través de la actuación de Margarita Levieva, una actriz de origen ruso. Encarna a una joven estudiante de clase media que intercambia copas y experiencias  de vida por libros de Emanuel Kant. Levieva no está para redimir a nadie. El cruce con mujeres venidas del interior de EEUU que prefieren un incierto futuro, pero futuro al fin; se parece mucho al desafío que ella asumió cuando abandonó la comodidad de una familia rica. El cruce de culturas está a la vista todo el tiempo en la 42.

    Dos personajes negros darán cuenta del cambio político que le impondrán a Manhattan alcaldes como el famoso Rudolph Giuliani, que sin aparecer en la serie se presiente en los sinuosos giros de los comisionados u oficiales. Lawrence Gilliard interpreta a un policía negro que duda en asumir a pleno la corrupción de la fuerza. Una duda que crece al ritmo del romance con una periodista, negra como él, Natalie Poul, que investiga la ruta del dinero de la prostitución, la droga, el juego y la política neoyorkina.

    También están las historias de los proxenetas pymes y los despachantes de video XXX, reconvertidos en los novedosos saunas o salas de masajes y en cabinas de video dadas al placer masturbatorio.

    En The Deuce hay mafiosos italianos, mezclados con judíos e irlandeses, pero en esta historia los mafiosos son “capitos” que nunca alcanzarán la altura de Corleone, el padrino de Francis Ford Coppola, quedando más cerca de los Buenos Muchachos de Martin Scorsese.

    Finalmente la serie desnuda como puede ser el nuevo mundo neoyorkino y se insinúa a través de las facilidades que el poder otorga al cine porno. Es la competencia con los filmes suecos o daneses la que dará a luz en la realidad y en la ficción a una de las películas más taquilleras del género: Garganta Profunda. Esa historia que hizo famosa a Linda Lovelace, con el extraño defecto de tener el clítoris en un lugar impensado.

    Pero nada es tan explícito en The Deuce. La lucha del Poder Negro (Black Power) está en las menciones a la activista Angela Davis y los peinados afro, los mismos que dieron forma a Hair, la comedia musical, emblema hippie que recorrió el mundo.

    Los nostálgicos podrán disfrutar la multiplicidad de guiños que despliega The Deuce. Para los más jóvenes es una buena oportunidad de conocer un mundo que ya no está pero que dejó huella en la sexualidad, en los consumos transgresores y en el rock, o el punk. 

     

    The Deuce

    1ª temporada disponible en HBO GO | COLSECORPlay

    Una producción original de HBO

    Creadores: George Pelecanos and David Simon

    Guion: George Pelecanos and David Simon

    Protagonistas: Maggie Gyllenhaal, James Franco. Margarita Levieva, Lawrence Gilliard Jr.

    La 2ª temporada desde el 9 de septiembre en HBO y HBO GO

     

     

     

     

  • Oficios | Ciencia en disputa

     

    A partir del conflicto por los recortes en los ingresos a carrera del Conicet, los científicos argentinos adquirieron protagonismo en las discusiones sobre su rol como trabajadores del Estado. Un mundo exigente en el que precarización y curiosidad andan de la mano.

  • Oficios | El llamado de la sirena

     

     

    Los bomberos voluntarios dejan su vida cotidiana de lado cuando los llaman a intervenir. No tienen salario ni viáticos. Conviven en un ambiente familiar y de camaradería para realizar una actividad tan necesaria como poco conocida.

     

    Facundo Miño| Periodista

     

    Un escape de gas provoca una explosión que derrumba un edificio completo y genera serios daños en otros dos cercanos. Mueren 22 personas, otras 60 resultan heridas. La onda expansiva afecta unas 200 viviendas en los alrededores. Los medios de comunicación de todo el país se ocupan del tema. El suceso ocurrió en 2013 y se lo considera la peor tragedia de la historia reciente en Rosario.

    Mientras se abre un inesperado debate sobre las medidas de seguridad y las inspecciones en los edificios, un equipo numeroso trabaja en silencio, en medio de las ruinas para rescatar víctimas. Durante una semana, hombres y mujeres que llegaron desde distintas partes de la provincia de Santa Fe buscan sobrevivientes entre escombros y nubes de polvo.

    Para Mauricio Visconti esa tragedia marcó un punto de inflexión en la percepción social sobre los bomberos voluntarios de Argentina. A partir de entonces, muchas personas se enteraron de lo que significaba tener ese oficio que no tiene retribución económica ni viáticos, se hace ad honorem como un servicio a la comunidad.

    Visconti tiene 43 años y trabaja como remisero cuentapropista en Bigand, a 80 kilómetros de la ciudad de Rosario. Es también oficial principal del cuerpo activo de ese pueblo. Desde hace dos años está cargo del cuartel, compuesto por 24 varones y cuatro mujeres.  

    –Como todo chico, cuando me preguntaban que quería ser de grande, respondía bombero. Siempre tuve esa vocación de ayudar– cuenta.

    Cuando Mauricio tenía 18 años, a fines de los años 90, cada aspirante mayor de edad solamente debía manifestar su voluntad, anotarse en una lista, recibir una instrucción de pocos meses y conseguir el aval de sus superiores para comenzar a formar parte de la institución.

    –La mitad de mi vida, la mejor mitad de mi vida, la he pasado dentro del cuartel– asegura.

    El cuartel al que se refiere es un galpón de 900 metros cuadrados con vestuarios y 42 camas que suelen utilizar con delegaciones externas para cursos y capacitaciones. Además, es el lugar de encuentro de todos los integrantes. Los sábados a la noche hacen guardias activas en forma rotativa. Los demás días, cada vez que alguien tiene un rato libre se da una vuelta para realizar tareas de mantenimiento.

    Visconti dice que los tiempos cambiaron y que los nuevos integrantes deben sortear un proceso de selección bastante más riguroso, acorde a la profesionalización que fue adquiriendo la tarea. Cualquier aspirante debe aprobar un curso de 200 horas reloj que se va rindiendo mensualmente. Dice también que los habitantes del pueblo valoran muchísimo el trabajo desinteresado de sus miembros.

    –Bomberos es la institución mas honorable del país y creo que del mundo. Es un grupo de personas que dejan parte de su vida por los demás; toca la sirena a las dos de la mañana y dejan de lado lo que están haciendo y no saben si van a volver, todo para ayudar al prójimo.

     Bomberos de Bigand, Santa Fe

    Otra perspectiva

    Al mismo cuartel de Bigand llegó por curiosidad hace 10 años Natalí Flores y se quedó definitivamente. Ocupa el cargo de sargento (este año piensa rendir para acceder al escalafón de oficiales) y es la mujer más antigua del cuerpo.

    –Se tiene muy arraigada la figura del hombre vinculada a los bomberos voluntarios. Cuando entraron mujeres cambió totalmente la perspectiva que tenía. Una vez que te metés te das cuenta de que podés tener la misma pasión, la misma resistencia y los mismos niveles que los de un hombre. No tiene nada que ver el género, forma parte de un cambio cultural que se dio en muchos ámbitos– dice.

    La década en funciones le dio experiencias de todo tipo. Acostumbrada ya a su labor, Natalí destaca el valor de las capacitaciones en psicología de la emergencia que reciben. Por un lado les permite contar con estrategias de intervención en momentos de tensión; por el otro, les brinda herramientas para despegarse de las situaciones traumáticas que van sedimentando con el paso de los años.

    –Somos personas comunes y corrientes con ciertas herramientas y habilidades y un espíritu de ayudar desinteresadamente. Nos pasó en las inundaciones de Sanford que nos miraban como si fuéramos héroes porque los fuimos a rescatar. Tenés que cuidarte de no largarte a llorar en ese momento. Pareciera que no tenés sentimientos pero esas cosas nos marcan un montón a lo largo de la carrera.

    Natalí tiene 32 años, es ama de casa. Su hijo ya cumplió siete y se mueve por el cuartel con la soltura de quien se crió en ese espacio.

    –Viene desde que estaba en la panza. A los 20 días de nacido ya lo llevé a un curso. Siempre está atrás mío. De las cuatro mujeres, tres somos mamás y venimos a las capacitaciones con nuestros hijos que se quedan sentaditos esperando mientras estudiamos. Nos ha pasado de dejarlos a cargo de algún compañero al que le toca quedarse cuando nosotras salimos a atender alguna emergencia.

    Existe un espíritu de camaradería especial entre los bomberos. Hace poco una de las mujeres tuvo un accidente en una salida y cuando Natalí llegó al hospital para ver cómo estaba se encontró con la totalidad de sus compañeros, también fueron a verla.

    –Es como una familia. Cuando vamos a otra provincia y nos encontramos con gente de otro lado, nos sentamos a la mesa y nos ponemos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida. Es un ambiente muy familiar.

    El clima de fraternidad facilita la dedicación y ayuda a explicar la cantidad de horas que cada miembro entrega de modo cotidiano. Y así se hace frecuente también que otros familiares se acerquen para integrarse. Lo más habitual es el traspaso de la pertenencia de una generación a otra.

      

     

    Bomberos de Villa Huidobro, Córdoba 

    Línea fundadora 

    Cuando era chico, Cristian Giménez salía de la casa familiar y se iba a la vereda de enfrente para jugar en un baldío con máquinas agrícolas abandonadas. Cuando era un poco más grande, atravesaba la calle y armaba una canchita de fútbol con los amigos en el mismo descampado. Tiempo después, allí se construyó el cuartel y como su papá fue uno de los fundadores, el adolescente Cristian mantuvo la costumbre de cruzarse. Junto a sus cuatro hermanos estaban anotados como aspirantes menores.

    En Villa Huidobro (“el último pueblo de Córdoba antes de llegar a La Pampa”, lo describe Giménez) se fogueó. Aunque legalmente no estaba habilitado, apagaba incendios de pastizales. La precocidad caracterizaría su carrera. Hizo el curso antes de los 18, fue suboficial a los 19 y rindió el examen para oficial a los 24 años (“el más joven de la promoción en toda la provincia”, dice con orgullo). En 1999 en un lapso de pocos meses a sus dos jefes los convocaron para cargos superiores y quedó a cargo del cuartel. Pero al año siguiente renunció por diferencias insalvables con la comisión directiva de entonces (funciona de manera similar a una cooperadora escolar, encargada de la parte administrativa y contable del cuartel, no forma parte del cuerpo activo). Regresó recién en 2012 cuando su esposa le contó sus ganas de participar. Enseguida Cristian aprobó una adaptación curricular y poco después accedió al cargo de instructor. Desde 2017 está a cargo del cuartel del pueblo.

    –Sentimos el respeto de toda la comunidad más allá de que cuando se produce una emergencia siempre hay alguno que te anda diciendo lo que tenés que hacer o te insulta porque cree que llegaste tarde y no se da cuenta de que sonó la sirena y te fuiste al cuartel a cambiarte y saliste lo más rápido que pudiste– dice.

    Giménez es empleado de una empresa constructora que prepara armazones encastrados de gran volumen. Los últimos seis meses los pasó en Córdoba capital, con regresos cada 15 días al pueblo natal. De los 23 integrantes del cuartel de Villa Huidobro, 12 cursaron la capacitación con él como instructor y cuatro de ellos van a asumir próximamente como oficiales. Para definir su tarea, apela a una característica común, el llamado a cualquier hora.

    –Cuando toca la sirena uno se olvida del trabajo y de los problemas; te agarró en tu casa, en la calle o en el trabajo y no importa. Hasta que no se termina, no hay nada más. Después, cuando volvemos, hablamos con los patrones si hace falta explicar algo. Pero casi nunca hay problemas.

    Bomberos de Lugue, Córdoba 

     Fuego y mucho más 

    En Argentina existen alrededor de 900 cuarteles de bomberos voluntarios diseminados por toda la geografía del país. Sus atribuciones exceden largamente el apagado de incendios. Existen distintas divisiones a nivel regional: materiales peligrosos (sobre todo químicos), accidentes de tránsito, rescates en altura, K9 (binomio humano-perro rastreador de personas), acuáticas (para inundaciones), forestales, búsqueda y rescate en estructuras colapsadas (Brec, en la jerga), socorrismo.

    Para muchas de esas acciones se requiere una indumentaria específica. Cada integrante debe contar con un equipo estructural completo que se compone de un chaquetón, un pantalón, botas, guantes, antiparras, monjita (una capucha diseñada para trabajar con altas temperaturas) y un equipo de respiración autónoma (lo que suele confundirse con el tubo de oxígeno).

     –Vestir a un bombero cuesta arriba de 100.000 pesos– calcula Marcelo Peralta, miembro de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Luque, provincia de Córdoba.

    El mantenimiento de una estructura conformada por individuos, cuartel, vehículos, capacitaciones, seguros, infraestructura, equipamiento y gastos cotidianos inherentes al funcionamiento se obtiene mediante subsidios fijos (nacionales, provinciales y municipales). Aun así, es frecuente que cada cuerpo cuente con un sistema de asociados que aportan cuotas mensuales y otro de donaciones para cubrir algunos montos.

    Marcelo tiene 21 años y es estudiante de medicina. Durante los fines de semana y las vacaciones -de invierno y de verano- regresa al pueblo. Apenas pisa Luque, enciende el handy y avisa que ya está disponible. Se suma a los otros 16 que conforman el cuerpo. Además, integra el departamento de prensa y tiene  facilidad para explicar tareas y funciones.

    –Nosotros salvaguardamos vidas, bienes y medio ambiente. Son los ejes en los que trabajamos. Tratamos de enfocarnos en la prevención. Por eso decimos que el mejor accidente es el que no se produce y el mejor bombero no es aquel que hace todo sino el que sabe distinguir cuáles son sus límites.

    Peralta destaca que en Luque, por suerte, no se están produciendo hechos graves en los últimos años. De todos modos, después de cada participación, utilizan una técnica denominada defusing que consiste en generar una sesión informal en un clima de apoyo mutuo.

    –Cada uno relata lo que hizo en tiempo pasado para que quede mentalmente como un recuerdo. Comentamos lo que se hizo bien y lo que habría que mejorar. La idea es cerrar el rompecabezas, se hace un aplauso al final y cada uno se retira a su casa.

    Dice que ningún integrante quiere perderse un suceso. Evita usar palabras negativas para referirse a los hechos en los que actúan para restarle dramatismo y disminuir el factor emocional.

    –Por una cuestión psicológica no le decimos siniestro ni nada que se le parezca, hablamos de intervenciones. Cada intervención tiene una carga dramática por detrás y apenas volvemos al cuartel buscamos la manera de desprendernos de esa carga. Así como dejamos la ropa, también tenemos que dejar estas historias. Los que elegimos ser bomberos somos nosotros, no nuestras familias.

  • Oficios | Las horas contadas

    Aunque el avance tecnológico de los teléfonos celulares amenaza con ponerlos al borde de la extinción, los relojeros se las ingenian para resistir el embate. La reputación y la experiencia son claves para continuar vigentes.

  • Osvaldo Soriano | La lengua popular

    Criado en pueblitos de provincia, llegó a Buenos Aires para describir con agudeza las paradojas del país mediante personajes imperfectos y bien argentinos. Pese a que pasaron más de 20 años desde que falleció sus libros se siguen vendiendo.

     

    Facundo Miño| Periodista 

     

    La leyenda comenzaba más o menos así. Un muchacho regresaba a Tandil, el pueblo de la infancia y conseguía trabajo como sereno en una empresa metalúrgica. Las noches eran largas, para no aburrirse leía historietas y novelas policiales. Después se animó a llevar una desvencijada máquina de escribir. En una modesta oficina se sentaba a tipear los primeros cuentos de su autoría. El tiempo dejaba de pasar lento y los amaneceres lo encontraban en plena actividad, tratando de dar forma a esos relatos. De allí en más, el resto de su vida, no pudo -posiblemente tampoco quiso- escribir o trabajar durante el día.

    Osvaldo Soriano se hizo aliado inseparable de la noche. Aceptarle una invitación a cenar significaba que muy probablemente el encuentro terminara cerca de las siete de la mañana y ningún bar, bodegón o cantina quedara abierto. Rara vez se despertaba antes de las tres de la tarde; rara vez se acostaba antes de que despuntaran las primeras luces del alba. Así lo describían quienes lo conocieron desde fines de la década del 60, cuando llegó a Buenos Aires, hasta su muerte prematura en 1997, a los 54 años, víctima de un cáncer de pulmón.

    Nació de casualidad en Mar del Plata y vivió en distintos pueblos del interior como Río Cuarto, San Luis y Cipolletti, destinos a donde era enviado Soriano padre, un empleado de Obras Sanitarias. Osvaldo quería ser futbolista y llegó a jugar en ligas regionales pero nunca dio el salto hacia los clubes importantes. Frustrado el sueño con la pelota, ya convertido en un joven, fue empleado en la metalúrgica por un tiempo y luego entró al diario El Eco de Tandil.

    De allí pasó a Primera Plana, la revista más importante del país aunque dejaría de publicarse apenas unos meses más tarde. Soriano peregrinaría por otras revistas y diarios hasta convertirse en un cronista respetado y admirado por sus colegas.

    Cuando se produjo el golpe de Estado de 1976 se exilió en Bruselas y en París. Tres años antes había publicado Triste, solitario y final, la primera novela. No habrá más penas ni olvidoy Cuarteles de invierno fueron obras emblemáticas que salieron en España con muy buenas ventas pero recién tendrían edición en Argentina en 1983, sobre el filo del retorno de la democracia. Fanático de San Lorenzo, buscaba cualquier excusa para llamar por teléfono desde Europa a Buenos Aires cada domingo y preguntar cuál había sido el resultado de su amado club. Mientras tanto, colaboraba con el diario italiano Il Manifesto.

    Pese a vender un impresionante número de libros, el regreso a Argentina con Catherine Brucher, su esposa de nacionalidad francesa, no fue sencillo. Estuvo en distintas revistas sin lograr acomodarse del todo, sin encontrar un lugar hasta el nacimiento de Página 12, diario en el que formó parte de la generación fundadora.  

    –Creo que no se respeta mucho el trabajo que uno hizo afuera. Exiliado si no es una mala palabra por lo menos te pone entre paréntesis- dijo en una entrevista.

     

    Retratar la argentinidad 

    Durante los años 80 Soriano se convirtió en el autor más leído de la época. “Un argentino que escribía como un argentino”, lo definía Adolfo Bioy Casares. “Una sabiduría popular escrita en un idioma absolutamente popular. Se metía bien en las venas de lo que es el argentino y eso es lo que lo hizo triunfar tanto”, afirmaba su amigo Osvaldo Bayer.

    –En el fondo, mis libros plantean por infinitésima vez en la literatura argentina el problema de la identidad. Yo hago historias de tipos como todos. Por eso mis personajes son contradictorios y se parecen tanto a los comunes mortales– explicaba el autor.

    No exagera Soriano, tampoco lo hacen sus colegas. 

    No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de invierno retratan la violencia política de la década del 70 desde dos bandos enfrentados dispuestos a matar y morir en nombre de Perón en un pueblo inexistente llamado Colonia Vela. A sus plantas rendido un león cuenta las desventuras de un cónsul argentino en África que está “livianito de papeles”: todos los meses debe pedirle a su par británico que llame al banco para cobrar su sueldo y vive un dilema cuando estalla la guerra de Malvinas. En Una sombra ya pronto serásel protagonista es un ingeniero en desgracia que viaja hacia ningún lado en el medio de la pampa en pleno ajuste menemista.

    Las novelas posteriores, las recopilaciones de artículos y cuentos desperdigados continuaron abordando la misma pregunta obsesiva sobre la identidad nacional, con relatos insólitos y muchísimo humor. Cada libro lo consagraba un poco más. Por entonces lo llamaban “el último gran bestseller argentino”.   

    En 1995 la editorial Norma pagó 500.000 dólares –una cifra enorme incluso en aquellos años- para obtener los derechos de publicación de toda su obra. Vendía. Vendía mucho más que sus contemporáneos. La sorpresiva muerte dejó textos inconclusos y una posterior disminución en la circulación pero nunca fue olvidado.

    De hecho, la editorial Seix Barral compró los derechos por 120.000 dólares en 2003. Resultó un negocio redondo. Entre 2004 y 2016 vendió más de 400.000 ejemplares, un promedio superior a los 30.000 anuales. Sin campañas publicitarias ni exhibiciones destacadas en las vidrieras, se sostiene en el tiempo. En librerías de usados y saldos editoriales, dos décadas después del fallecimiento, sigue en la lista de los autores más solicitados.

    Por supuesto, el mundo académico lo miraba con algo de desconcierto y bastante de suficiencia. Le cuestionaban la estructura simple en las narraciones, le adjudicaban escaso vuelo literario. Se decía que sus historias eran puro hueso, no les sobraba ni una letra. No encontraban valor en esas formas, como si simple fuera sinónimo de superficial. Todo lo contrario.

    Soriano, el narrador popular, el amante de los gatos, el futbolero fanático de San Lorenzo, el amigo de las noches sin fin tomaba distancia de cualquier postura elitista. La descripción que hacía del oficio es sencilla y, a la vez, bellísima.

    –Un escritor está siempre igual de solo que un corredor de maratón. De esa soledad debe sacarlo todo: música celeste y ruido de tripas. Y también la peregrina ilusión de que un día, alguien decida abrir su libro para ver si vale la pena robarle horas al sueño con algo tan absurdo y pretencioso como una página llena de palabras.

  • Outlander: más que un viaje a través del tiempo

     

    Viajes en el tiempo, guerra, amor e intrigas. Así es Outlander, la travesía de una enfermera inglesa del siglo XX que se traslada accidentalmente 200 años atrás y se ve atrapada en la Escocia de los clanes rebeldes.

  • Palacio Ferreyra | Emblema de arquitectura y arte

  • Pampa y fierros

    El norte de La Pampa vive el automovilismo con una intensidad que se ve en pocos lugares de nuestro país. En un garaje de Caleufú nació la leyenda del TC pampeano y de Ricardo Lencioni, emblemático animador del deporte motor del caldenal.

  • Participación de los asociados en las cooperativas

     

    Editorial | Revista COLSECOR, marzo 2019

     

    Una de las problemáticas más mentadas en el sector cooperativo se vincula con el papel que asumen los asociados dentro del proyecto colectivo. Con frecuencia parte de la dirigencia cooperativista destaca la pasividad de estos actores en los procesos de acción y decisión de las organizaciones. Un primer paso será preguntarnos por qué motivos los asociados no participan o lo hacen poco, ¿cuáles son las causas detrás de esta problemática?

    Seguramente en las raíces más profundas encontremos la primacía de valores culturales como el individualismo o la competencia, que son disfuncionales a toda construcción colectiva. La interiorización de estos valores promueve, entre otras cosas, la apatía, no identificación y desinterés hacia procesos grupales, la insolidaridad hacia sus comunidades o la ausencia de corresponsabilidades con el contexto próximo y con un proyecto común. En última instancia, la preeminencia de estos valores genera una limitación en el ejercicio de la ciudadanía en las comunidades.

    Sin embargo, también podemos hallar orígenes más cercanos a las organizaciones para indagar sobre esta falta de participación. Entendemos que existen algunos factores controlables por las organizaciones que limitan o desmotivan a los asociados a participar. Por ejemplo, detrás de esta problemática podemos encontrar aspectos como la ausencia o la ineficacia de las estrategias, instancias y mecanismos dispuestos por las cooperativas para la participación, la comunicación, el desarrollo de aptitudes o de un sentido de pertenencia hacia un proyecto común.

    Esto contribuye a que, en muchos de los núcleos sociales locales, las cooperativas no tengan la capacidad de despertar el interés y sean percibidas por sus asociados como espacios poco atractivos, o incluso cerrados.

    Para dimensionar de forma más precisa la cuestión de la falta de participación es importante identificar también cuáles son algunas de sus consecuencias. Como punto de partida, cuanto menor es la participación de los asociados en los procesos de debate, deliberación y decisión de las cooperativas, menos garantizada estará la calidad y la eficacia de la democracia interna, tendiendo a una mayor concentración del poder de las entidades en pocas manos, voces y conciencias.

    Asimismo, ¿qué tipo de relación de pertenencia se genera con un asociado que no participa? Al debilitarse lazos de confianza, compromiso y solidaridad, cuando un asociado no participa se puede asumir como un mero consumidor o cliente que recibe un servicio de una organización que, sea cooperativa o sociedad anónima, el vínculo se expresa básicamente en grados de satisfacción – insatisfacción con dicha prestación.

    Cuando los asociados no se conciben como parte de una propiedad colectiva con derechos y obligaciones, se está poniendo bajo amenaza uno de los ejes fundamentales de la identidad y cultura, el ADN cooperativo.

    Finalmente, cuando existen niveles bajos de participación se dificulta que las cooperativas puedan conocer, gestionar y dar una respuesta efectiva a las necesidades e inquietudes de sus asociados. Esto, a su vez, tiende a generar una falta de satisfacción, de motivación e identificación de sus asociados con el proyecto cooperativo, formando todo un vaciamiento participativo.

     

  • Patrona de patronales

      

    Por Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador

     

    Entre el 9 y el 18 de agosto de cada año, más de 100.000 personas llegan a Villa de Soto para conmemorar el onomástico del patrono San Roque; aquel que nos libra de las pestes, las epidemias, las falsas acusaciones, las mordidas de perros y hasta de los sobreprecios del infierno inflacionario.

  • Pigüé | La búsqueda del reencuentro en la cueva de los espíritus.

    Cerro Curamalal @pitocampos

     

    Matías Cerutti| Viajero, cronista y narrador

      

    Marcos amanece  y el sol de las nueve le besa los ojos, le lava la cara. Más allá del puente, y del arroyo, Bea y José respiran el aroma de su huerto. José cosecha unas chauchas tan blancas como su barba; Bea se queda mirando el cielo de Pigüé, claro, transparente, tan inmenso como el entusiasmo que siente Marcos ante la inminente visita de Walter. 

    Walter es siempre lento para despabilarse, su cuerpo se envuelve y sus ojos se reencuentran con su infancia. Descorre la cortina de la ventanilla del ómnibus que lo ha traído hasta su pueblo; descubre que ama ese lugar. Cuando el colectivo sale de la ruta 33 y encara hacia el paso a nivel, el adoquinado le provoca un cosquilleo que Walter siente  que le espolea el alma. Pasa por el parque municipal y observa una caravana de autos que esperan con las luces de giro titilando impacientes.  Es viernes y el parque está empezando a llenarse  de vecinos. Se estremece al pensar que seguramente sus familiares deben estar encendiendo el fuego para dar comienzo al  ritual gastronómico y festivo. Recuerda que es el cumpleaños de uno de sus primos y se persuade de que habrá función, de que esta noche, los de su sangre, estarán todos allí: en el parque municipal Fortunato Chiaparra; pero Walter no vuelve para verlos a ellos.

    Marcos toma la bicicleta y pedalea en dirección a la Huerta Primitivos. Quiere ver a Bea y José para comprarles un malbec y elegir las verduras y hortalizas con las que espera agasajar a Walter. A Marcos lo moviliza visitar a la pareja de horticultores, es la sensación de volver a la tierra. Es como lo que siente Walter cuando regresa a Pigüé, pero en escala. Cuando llega, José está rodeado de niños. A decir verdad, José es un niño más a sus 70 años. Les muestra una azada con rueda que él mismo se fabricó. Los pequeños sueñan con tener un monociclo como ése, y una huerta donde poder usarlo. Beatriz Carames, la profesora de huerta del Centro de Formación Profesional, recibe a Marcos con un mate. Marcos la saluda y se paraliza al ver las lombrices de la compostera. No sabe si es por el color de las californianas, el amontonamiento de anélidos, o el olor de la tierra compostada, pero detenerse en ese lugar es el retorno a un momento preciso de su pasado, su espíritu se muda al instante en que vio por primera vez una compostera; iba a la escuela primaria y con Walter se quedaron apreciando esa fábrica natural de procesamiento de residuos, con el mismo semblante  que tiene ahora un par de lustros después y con un mate en la mano. Eran épocas en que se promovía la separación de residuos en los hogares del distrito de Saavedra, antes del incendio de la planta de reciclaje. De pronto la suave voz que se oye, desde abajo del ala del sombrero del horticultor, lo trae de regreso al aquí y ahora.

    –Lo  que les gusta a las lombrices son las semillas de las uvas -dice José mientras levanta la tierra de la compostera,  –todos los años hago 1.200 litros de vino, los desechos los tiro acá y cuando las semillas se empiezan a pudrir a las lombrices les encanta.-

    Marcos recorre el huerto, admira el entusiasmo con el que José merodea, interviene y muestra los cultivos. La mañana es un concierto de pájaros que ambientan el espectáculo de la maravilla que se genera cuando la especie humana se embelesa en el acto sublime de relacionarse amorosamente con el entorno. “¿Qué nos pasó?”, se pregunta Marcos que se sabe público, espectador fuera del reparto, que saldrá de la función para volver a su rutina cotidiana, tan distante a ese prodigio cultural.

    Llegan más espectadores. Gente que busca el alimento al pie de la mata, como los niños que antes admiraban la azada de José y que ahora se divierten cosechando cherrys con Bea.

    Unas décadas atrás, Bea y José llevaban sus cosechas al mercado central, donde eran mezcladas con vegetales que habían sido tratados con agroquímicos y pesticidas. Ahora, cada día es mayor el número de personas que intentan una alimentación saludable y buscan el servicio de productores como Huerta Primitivos.

    Marcos vuelve pedaleando, trae colgando del manubrio un bolsón con verduras y vino tinto. Piensa en Walter, que ya lo debe estar esperando en la puerta de su casa. Piensa en Walter cuando pasa por la casa museo de Numa Ayrinhac, aquel pintor al que su familia también le negó el saludo por haber retratado a Evita y Perón. Cuando toma la calle España ya lo ve sentado en el cordón de la vereda jugando con las formas que toma su sombra sobre el empedrado. Se saludan con forzada indiferencia, es que hay como un aire extraño al encontrase así.  Entran y están un rato sin hablar, hasta que Walter dice que se muere por comer aligot.

    –Vamos a tener que salir a comprar tomme– responde el anfitrión–.Comemos unas verduritas y esta tarde salimos a buscar el queso, ¿te parece?

    El visitante asiente. Ya se relajan y conversan con más naturalidad. Mientras cocinan Marcos le habla de la Huerta Primitivos y de lo que le sucede cuando está en ese lugar. Nunca se sabe hacia dónde puede derivar un diálogo cuando dos personas descomprimen el deseo de encontrarse. Hablaron de los colonos aveyroneses que fundaron Pigüé, de las inclemencias del invierno, del origen de las cooperativas agrícolas, de los monocultivos, del omelette más grande del mundo, de la masacre de la conquista del desierto, de las características de cazadores y recolectores de los antiguos pobladores, y de la etimología de los nombres Pigüé y Curamalal.   

    –Cuando vinieron los españoles –comenzó a explicar Walter– el ganado que trajeron se dispersó por toda la pampa. Los mapuches, al haber abundancia, habían aprendido a manejar técnicas ganaderas. Utilizaban las propiedades geográficas de estos cerros, que se encajonan y forman un valle cerrado, esto les permitía hacer la concentración de hacienda y engordarla  para luego venderla en Chile.

    -Ah, por eso el nombre del cerro, Cura Malal en araucano quiere decir corral de piedra.

    -Pi Hue era para los pampas lugar de encuentro o de parlamentos. Se juntaban en esta zona para hacer los concilios entre diferentes tribus.

    -¿En el arroyo Pi Hue?

    -Sí, pero yo creo que el verdadero lugar de encuentro era la Cueva de los Espíritus.

    Fue entonces cuando los dos se sumergieron en un cómplice silencio. Mientras, un pensamiento compartido les recorría el cuerpo. Habían escuchado muchas historias sobre la Cueva de los Espíritus. Cosas como que en su interior profundo, a 50 metros, se escuchan voces de antiguos pobladores, o que la zona es un lugar sagrado donde los originarios buscaban la trascendencia del cuerpo humano; como un portal del tiempo. Las pinturas rupestres que allí se encuentran plasmadas tienen sin duda origen sagrado, algunos aseguran que tienen relación con festividades del sol y la luna, con la comunicación con dioses, o con la consagración de un encuentro a niveles elevados de espiritualidad. Lo cierto es que ninguno de los dos había visitado esta gruta y toda la conversación había llegado hasta ese punto; sus vidas habían llegado a ese punto. Sentían  la necesidad de salir a volar hacia un nuevo cielo; irse de sus cuerpos.

    Consiguieron una bicicleta para Walter y el sábado muy temprano, por la mañana, estaban saliendo para el Cura Malal Grande.

    –Por suerte es enero- dijo Walter al notar que a esa hora ya se podía apreciar el amanecer. Cuando pasaban por el paraje La Hornera, vieron un búho que se acicalaba meticulosamente parado en un poste cercano a un galpón. Más adelante, Marcos reconoció la entrada al Monasterio Católico Bizantino de la transfiguración.

    -Uno de los hieromonjes de este monasterio hizo un trabajo de recopilación de plantas medicinales con paisanos de la zona y relevó más de 200 especies, identificando sus propiedades- le comentó a Walter sabiendo que se interesaría por acceder a esa información.

    -Si volvemos, podemos pasar y preguntar acerca de eso –agregó.

    Luego de pasar por la estancia Las Grutas, se entretuvieron viendo como el Arroyo Escondido aparecía y desaparecía del paisaje.  Dejaron las bicicletas y comenzaron a escalar la montaña.

    La Sierra de Cura Malal es parte de la formación geológica de Ventania, un cordón montañoso del sureste de la provincia de Buenos Aires, de 180 kilómetros de largo. Estas sierras se formaron al producirse un choque de las placas tectónicas entre la plataforma Patagónica y la de Gondwana, que en ese momento estaban unidas en un sólo continente llamado Pangea. Luego, con la apertura del océano Atlántico, hace 200 millones de años, quedó dividido y es por eso que puede apreciarse la continuación del Cordón de Ventania en el Cordón del Cabo en Sudáfrica y los Montes Ellsworth en Antártida. El plegamiento y fracturamiento sufrido por estas rocas, seguido de la acción de los agentes climáticos, meteorización, erosión y colapsos de rocas, ha dado origen a las cavidades como las que hoy visitan Marcos y Walter.

    A medida que se acercaban a la cueva, la ansiedad les hacía temblar las piernas y acelerar el ritmo cardíaco. Predispuestos a encontrar la revelación, el instante trascendental de sus vidas, una respuesta o, al menos, una salida.

    Cuando se alcanzan situaciones o lugares que ya fueron sobrepasados por las expectativas puede acontecer que simulemos éxtasis al ver concretarse un acto que fue previamente imaginado, o bien, que se destaquen todos aquellos mínimos detalles que no fueron preconcebidos en los ensayos previos del instante anhelado. El desánimo golpeó a los dos jóvenes de tal forma al ver que sobre los simbolismos centenarios, quizá milenarios, sobresalían nombres como Esther González, Cacho López, o egocentrismos plasmados en frases como Pato 88, o Boquita campeón. Les costaba racionalizar el objetivo por el cual habían llegado hasta allí arriba, pero estaban convencidos de que no había sido para escribir “Marcos y Walter” con un aerosol. No hubo lugar para respuestas cuando Marcos volvió a preguntarse en voz alta, y en nombre de la especie humana, “¿Qué nos pasó?”.

     

  • Plata dulce, muerte amarga

    Yiya Murano fue condenada a prisión perpetua por los asesinatos de tres amigas que le habían prestado dinero para colocar en plazos fijos. Una historia policial que encuentra su sentido en el contexto en que ocurrió, los años de la especulación financiera y el terrorismo de Estado durante la última Dictadura.