• Fuego, espanto y muerte para empezar el nuevo siglo

     

    El ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, paralizó de pánico y estupor a una gran parte del planeta. Estados Unidos sufría una feroz agresión en su territorio; su respuesta llevaría el fuego de la guerra a Afganistán, Irak y más allá.

  • Fundación COLSECOR | Identidad colectiva y horizonte de largo plazo

  • Fútbol: sentimiento, intereses y drama verdadero

    La gran pasión de las multitudes argentinas despertó con el siglo 20 y desde entonces se convirtió en uno de los bastiones de la cultura popular, así como en caldo de violencia y grandes intereses. Muchos episodios lo han conmocionado, y uno de los más controvertidos fue el que tuvo que ver con la superfinal de la Copa Libertadores 2018.

  • G20: la sombra de Trump sobre la cumbre de Buenos Aires

    Argentina se apresta a ser anfitriona del G20. Trump, que ha confirmado su presencia, ha aguado la fiesta en las dos últimas cumbres en las que estuvo: ¿pasará lo mismo en Buenos Aires?

     

    Por Gabriel Puricelli

    Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.

     

    Establecido en 2008, cuando el mundo se asomaba al abismo de la crisis desatada con la quiebra del banco Lehman Brothers, el Grupo de los 20 (G20) tendrá su decimotercera cumbre en Buenos Aires, el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Los 20 socios de este grupo, 19 países y la Unión Europea, producen hoy tres cuartas partes del producto interno bruto del mundo. La idea de sentarlos alrededor de una mesa surgió del reconocimiento por parte de Estados Unidos tanto de que se hacía necesario un mecanismo de coordinación macroeconómica ante un momento difícil, como de que en el mundo había una ecuación de poder en la que China y los llamados países emergentes tenían un papel que ya no se podía soslayar.

    Esas dos constataciones fueron suficientes para decidir jerarquizar una instancia que ya había puesto en marcha en 1999 el entonces Ministro de Finanzas de Canadá, Paul Martin, bajo la forma de una reunión periódica de ministros de economía y finanzas y presidentes de bancos centrales, y transformarla en una reunión de jefes de gobierno. Desde el primer encuentro a ese nivel, en 2008 en Washington, sucesivos líderes se han reunido en 12 ocasiones, a ritmo anual desde 2011. En 2009 y 2010, mientras duró la Gran Recesión, estuvieron obligados a reunirse dos veces cada año.

     

    El G20 no existiría si los países de mayor desarrollo relativo, que en 1977 establecieron el Grupo de los 7 en su configuración actual (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) no hubieran llegado a la conclusión de que era imprescindible el reconocimiento político de los poderes emergentes y la coordinación macroeconómica y financiera con ellos para salir de la espiral descendente que había desatado la quiebra del banco de inversión de Nueva York. La apuesta inicial de sumar a Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México y Sudáfrica rindió algunos frutos: evitó respuestas proteccionistas que hubieran podido limitar el comercio internacional en un momento en que se necesitaba de su dinamismo para relanzar la actividad económica y estableció acuerdos de regulación financiera (conocidos como Basilea III) que obligaron a los bancos del mundo a aumentar sus reservas de capital para hacerlos menos vulnerables a eventos como la crisis de las hipotecas en Estados Unidos.

    Nacido bajo el signo de esa crisis, cuando la recuperación de la economía global se mostró firme, algo del interés inicial de los países del G7 se debilitó y la ruptura entre Estados Unidos y Europa Occidental, por un lado, y Rusia, por el otro, a raíz de la anexión por parte de esta última de la península de Crimea, en 2014, puso en duda su continuidad. Sin embargo, una circunstancia ayudó a salvarlo: ese año, la organización de la cumbre anual le tocó a Australia, un país que tenía (como varios otros dentro del grupo) un interés muy fuerte en preservarlo. En tanto Australia no forma parte ni del G7, ni es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, el G20 es para ese país la instancia internacional más importante de la que participa. Al país-continente del sur lo sucedió otro en la misma condición: Turquía, en 2015. Se puede decir que los poderes medianos rescataron al G20 de su pérdida de relevancia en un momento clave.

    Para la cumbre de 2016, en China, país que sí está en el Consejo de Seguridad, pero no en el G7, el proceso parecía recuperar una velocidad de crucero: aún sin recuperar la centralidad de sus primeros años, todo apuntaba hacia su consolidación.

    Sin embargo, en enero de 2017 llegó a la Casa Blanca un presidente que vendría a hacer trizas la siempre problemática relación de Estados Unidos con el multilateralismo. Con Donald Trump, la idea de que para el poder casi absoluto de la superpotencia es conveniente buscar algún consenso con las otras naciones en algunos temas de interés común para obtener el asentimiento de éstas a aquel poder fue reemplazada por la noción cruda de que ese poder se va a imponer cuando y como lo considere necesario y que cualquier negociación va a ser de a dos y no en mesas que incluyan actores no indispensables. La cumbre del G20 del año pasado en Hamburgo fue testigo de la puesta en práctica de ese nuevo enfoque, alejado tanto del intervencionismo de alta intensidad de los años de George W. Bush, como del más solapado y prudente de Barack Obama.

     Aislado en su fortaleza, Trump se desentiende de los asuntos del mundo en tanto éstos no afecten de manera directa la vida en su país y rehúsa poner límites a las acciones de su país que puedan ser nocivas para el resto del planeta. Una expresión clara de esa visión fue el retiro de Estados Unidos del Tratado de París sobre cambio climático y del plan de acción apoyado por el resto del G20. La cumbre de Alemania, estaba destinada a ser un momento de discordia: por primera vez en su historia, los líderes emitieron un comunicado en el que convivían dos visiones distintas sobre el asunto crucial del calentamiento global.

    Sin sospechar que esos eran los Estados Unidos que se venían, Argentina se había postulado en la cumbre de Hangzhou para ser sede de la cumbre en 2018. Como anfitriones no sólo de esta reunión de jefes de estado en Buenos Aires, sino de la multitud de reuniones ministeriales y de grupos temáticos que han tenido lugar desde principios de año, nuestro país sabe bien que Estados Unidos tiene hoy tan poca vocación de acordar como la que mostró en Hamburgo. Tiene, además, enfrentamientos bilaterales abiertos y en su fase álgida con otros dos miembros del G20: China y Turquía.

    Con el cambio de gobierno en 2015, Argentina entró en una fase de optimismo internacionalista que la llevó a ofrecerse como anfitriona de varios eventos que representan importantes desafíos logísticos y que ofrecen interesantes oportunidades de visibilidad. Esa apuesta al multilateralismo se ha topado con un entorno internacional cada vez más receloso de la apertura y la colaboración. La reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio llevada a cabo en Buenos Aires en diciembre de 2017 concluyó en un sonoro (y previsible) fracaso, a pesar de haber brillado en términos logísticos. ¿Es ese el destino de la cumbre del G20?

    De los múltiples obstáculos que la cumbre debía atravesar, hay uno que parece haber sido franqueado: Trump ha confirmado su participación. El nubarrón que pendía sobre el evento era la posibilidad de que el presidente estadounidense eligiera seguir radicalizando su actitud: pasó de manifestar un desacuerdo puntual en Hamburgo a, más recientemente, en junio pasado, retirar (con notificación vía Twitter) su firma del comunicado de la cumbre del G7 en Canadá. En Buenos Aires, una cumbre sin la representación del país más importante del grupo hubiera sido un fracaso desde el principio: con su presencia, ¿lo terminará siendo en el final?

    La situación del mundo desde la llegada de Trump no deja de ensombrecerse: que los líderes del mundo lleguen pronto a una Argentina también ensombrecida es una postal elocuente de esta hora.

     

     

     

  • General Acha, y una historia para el cine

    Por Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador  

     

    Una mujer se entera a los 60 años de que podría ser hija de un hacendado que dejó una herencia de 40 millones de dólares.  A partir de ese momento comienzan a ocurrir una serie de acontecimientos que convierten a esta localidad del sur de La Pampa en el escenario de un macabro policial negro.

     

    “Mirá esos muchachos lo mal que están y lo bien que podrían estar con la plata de Rufino Otero”, escuchó Miguel Juárez en medio de un asado.  Hasta ese momento nadie se había atrevido a mencionar ese parentesco delante de los Juárez, pero el vino de esa noche no le permitió medir el tono del comentario a Pancho Larzábal, ni tampoco  percatarse de que uno de ellos estaba presente en el lugar.

    Era 1997, hacía 14 años que Rufino Otero había muerto dejando  26 campos por un total de 50 mil hectáreas, 15 casas, 5000 cabezas de ganado, y hasta dos aviones.

    Cuando Rufino Otero murió todo eso quedó para su mujer,  Elisa Arenaz, quien poco antes de morir, en 1990, dejó toda la herencia en manos de su sobrino Darío Sarasola Arenaz.

    El rumor que daba vueltas por el pueblo era que doña Eva Paole, viuda de Raúl Juárez y madre de Miguel, Horacio y José, era hija de Rufino Otero.

    El 2 de agosto de 1999, Eva Paole  presentó  una demanda de filiación por la supuesta paternidad de Rufino Otero y una reivindicación de bienes, es decir, el reclamo de la herencia de Otero.

    El 29 de septiembre de 1999, la justicia comprobó que la tumba de Rufino Otero había sido profanada.  

     

    Portal de ingreso a la localidad 

     

    El show de los muertos

    “Ese no es Rufino”, afirmó Omar Otero, sobrino y médico personal de Rufino Otero, cuando abrieron el Cajón para corroborar las denuncias de profanación del cadáver.

    Eva Paole podía demostrar ser hija biológica de Rufino Otero con un estudio de ADN, ahora, con la confirmación de la profanación del cadáver del hacendado, se iniciaba una nueva batalla legal. Esta causa a cargo del juez  Álvarez quedó estancada.

    Tras las denuncias de Eva Paole, la justicia había ordenado la inhibición de los bienes de Sarasola, sospechosamente, los abogados que por aquel entonces defendían a Paole no  impulsaron este expediente y un año después esta orden se levantó. Además pidieron estudios de ADN para Eva Paole y el cadáver que estaba en el féretro de Otero, estos estudios se hicieron en el año 2003 y, obviamente, el cotejo genético dio negativo.

    En 2006 se hizo un nuevo cotejo genético, esta vez entre los cadáveres de los padres de Rufino Otero y el cuerpo que se encontró en el féretro, con lo cual se confirmó el cambio de cadáveres, pero la muestra no fue suficiente para corroborar si eran o no los abuelos de Eva Paole.

    Mientras los Juárez trataban de dar con alguna veta de la justicia que impulsara sus demandas, el caso seguía dando vueltas por los bares, las esquinas, las plazas de Acha y, ahora también por las radios y los diarios del país.

    En 2007, un informante anónimo  se contactó con diferentes medios de comunicación contando que el cuerpo que ocupaba la tumba de Otero pertenecía a Alberto Salvini, un hombre que había muerto en la calle en 1989 y que debía estar sepultado en el cementerio de Toay, localidad pegada  a Santa Rosa de La Pampa.  El hijo de Salvini pidió a la justicia que se abriera la tumba de su padre, cuando los forenses fueron hasta allí se encontraron con el cadáver de una mujer.

    El informante dijo también que toda esta información había sido entregada a la policía en 2004, y que una de las personas que habían participado del cambio de cadáveres era un  pintor llamado Hugo Bustos, que además trabajaba en el sector de la funeraria de la cooperativa de Santa Rosa.

    Hugo Bustos murió, junto a su hijo, el 18 de mayo de 2004 en un “extraño accidente”: se desengancho el andamio en el que estaban parados mientras pintaban el décimo piso de un edificio en Santa Rosa.

     

    El largo camino hacia la identidad

    Con nuevos abogados Eva Paole logró que se hicieran estudios de ADN de su madre, Josefa Paole, y de la madre de Rufino Otero, Justina Portas.  También se analizaron todos los patrones genéticos obtenidos de los restos cadavéricos de los hermanos de Rufino.  Todos estos estudios, cotejados  con el patrón genético de Eva Paole, dieron información necesaria para que el Pricai (Primer Centro Argentino de Inmunogenética, dependiente de la Fundación Favaloro) estableciera que existía un 99.999 % de probabilidad de que Rufino Otero sea el padre biológico de Eva Paole.

    Eva tuvo que esperar hasta septiembre de 2012 para que la justicia pampeana sentenciara que era hija de Rufino Otero.  La sentencia fue emitida por el Juez Claudio Soto cuando la jueza titular, Gabriela Pibotto, quien estuvo a cargo de la extensa causa, se encontraba de licencia con carpeta médica.

    Mientras tanto, los bienes dejados por Rufino Otero se seguían vendiendo.  La jueza Gabriela Pibotto había rechazado dos medidas cautelares para inhibir los bienes en manos de Darío Sarasola, quien, según registros oficiales, muere en el año 2007.

    A pesar de la sentencia del Juez Soto, la bicicleta judicial seguía pedaleando en falso.  Cansada de tanto vericueto y de instancias  de apelación, sumado a la muerte de su hijo Miguel, Eva Paole terminó arreglando con los abogados de los herederos de Darío Sarasola por una cifra muchísimo menor a lo que le correspondía como heredera del millonario hacendado.

     

    Ingreso a la estancia donde trabajó la madre de Eva Paole y donde ella misma vivió y trabajó sin saber que era la hija del sueño

     

    Orgullo y prejuicio

    “Es un tema escabroso”, me dice alguien de la cooperativa cuando le digo que ando buscando información sobre la herencia de Otero. “Darío Sarasola se equivocó, tendría que haber arreglado desde un principio”, asevera convencido un vecino de Acha, que además es abogado.

    “El dinero,  y las relaciones de poder lo llevaron a creerse capaz de cualquier cosa”, Mauro, un camionero conversando en la estación de servicio.

    Cuando Sarasola se quedó con la fortuna de Otero se fue a vivir a un country a Buenos Aires y desde allí solía venir de visita a sus estancias acompañado de personajes como  la ex esposa de Carlos Menem, Zulema, y su hija Zulemita, el corredor de autos Silvio Oltra, quien falleció junto a Carlitos Menem en un accidente en helicóptero, el ex senador nacional y ex secretario de Agricultura, Antonio Berhongaray y el ex fiscal de la Cámara de Casación Penal, Juan Martín Romero Victórica.

    “estaba acorralado”, dice Jessica Juárez, nieta de Eva Paole,  una de las que sostiene la teoría de que Sarasola no está muerto: “Había testigos que vieron gente de su entorno cuando murió el pintor que cambió los cadáveres en Toay.  Se lo vio pocos días antes por Acha y nadie sospechaba que estuviera gravemente enfermo, además el panteón de su familia está en este pueblo y él fue enterrado en Bs As, nadie que yo conozca vio su cadáver el día del supuesto entierro”.

     

    La Chacha

    Eva abre la puerta de su casa. Me presento y le cuento que vengo de Córdoba para hablar con ella.  Ella amaga a cerrar la puerta, dice que no tiene ganas de hablar de ese tema por el que seguramente la estoy buscando.  Pero se queda, y habla.  Eva Paole nació en General Acha hace 80 años.  Ella es de ahí. De Acha; desde siempre.  Ella está cansada y decidió hace un tiempo no volver a hablar del tema.  Pero Eva Paole, viuda de Juárez, es del pueblo.  Y si alguien golpea su puerta ella atiende.  Eva tiene valores claros y no es irrespetuosa con sus visitas.  Eva Paole, “la Chacha”, sabe ahora que su apellido verdadero es Otero, pero “no me sale decirlo”, dice.

    La Chacha se relaja, sonríe, y habla.  Dice que decidió firmar un acuerdo por migajas vencida por el cansancio y la injusticia. “Tendrían que estar todos presos, toda esa mafia de abogados, jueces y empresarios corruptos”, y ahora sí habla con bronca. Le pregunto por qué firmó ese acuerdo cuando ya se había demostrado que era hija de Otero, entonces su cuerpo se desinfla y sus ojos se tildan como si estuviesen detrás de unas lentes 3 D mirando su autobiografía. “Éramos cuatro, ahora somos tres.  Todo esto nos desgastó mucho y mi hijo mayor murió  en el medio.  Esto no se terminaba más, se dilataba y estaban todos comprados, tenía que seguir luchando hasta que quedaran todos presos.  Pero yo nunca quise nada, lo único que quería era saber si Otero era mi padre. Lo que me dieron es para mis hijos y mis nietos”.

     

    La casa donde vive la Chacha frente al hospital local 

     

    La madre de Eva, Josefa, vivía en General Acha pero trabajaba en la estancia de Rufino Otero.  Cuando Eva se casó con Raúl Juárez, éste empezó a trabajar de capataz para Otero y se fueron a vivir a la laguna de Utracán.  La chacha piensa ahora que seguramente su marido también sabía que Otero era su padre. “En Acha todos lo sabían, y yo me vine a enterar a los 60 años”.  

    La laguna de Utracán es un remanso de flora y fauna autóctona rodeada por un bosque de chañares y caldenes en medio de la pampa patagónica agroganadera. La laguna, que ahora es un hermoso  balneario de agua salada que la municipalidad de Acha concesiona a unos encargados, era parte de la estancia San Ernesto, donde Josefa trabajaba de mucama.  De todo lo que los Sarassola se habían quedado, lo que más le dolía a  Eva era esta Estancia. “yo no quería que se la quedaran ellos”, afirma con sólida y aquilatada firmeza.

    En Utracán, pegada a la estancia San Ernesto, se encuentra la Escuela Hogar N° 13 Justina P. de Otero.  “Lleva el nombre de la madre de Rufino”, aclara Eva.  ¿Su abuela?, Le pregunto, ella sonríe y dice con desencanto “Sí, mi abuela”.  

    Cuando Eva tenía 26 años y vivía en la laguna de Utracán, Raúl Juárez murió fulminado por un rayo.  Don Rufino (que además de empleador del obrero fallecido en ejercicio de su tarea,  era el padre biológico de la viuda), dejó a la chacha y sus hijos viviendo en el rancho del capataz.

    “Cuando mis hijos vinieron con eso de que Otero era mi padre empecé a relacionar algunos hechos, como la relación de confianza que tenía mi marido con el patrón y la ayuda indirecta que nos dio después de la muerte de Raúl, como dejarnos  algunos animales y que viviéramos en San Ernesto”.

    Eva ni se imaginaba lo que en realidad le correspondía y consideraba a Don Rufino un buen hombre que reconocía el trabajo de un empleado honesto. Ella decidió volver  a Acha  y empezar de nuevo con la ayuda de sus hijos quienes, con menos de 13 años, tuvieron que salir a trabajar.

    “Mis hijos pudieron salir adelante, nos costó mucho esfuerzo. No me quejo de nada, todo lo hice por ellos y mis nietos.  La gente de Acha me conoce, me quiere y me apoya”.  Eva Paole, la Chacha, apoyada en el picaporte de la puerta de ingreso a su casa, se estremece en un inocente lamento de niño despojado de un deseo: “no puedo dejar de pensar que diferente hubiese sido todo”.

    Eva sigue viviendo en su casita frente al hospital de Acha con su jubilación mínima. Pero la Chacha sigue siendo noticia en General Acha porque, como si fuera una fantochada de la diosa fortuna, de vez en cuando se gana el telebingo o la lotería.

     

    Apuntes de Acha
    General Acha, primer capital de la provincia de La Pampa, fue fundada el 12 de agosto de 1882 cuando el genocidio planificado por el Gral. Roca llega a Quetré Huitrú Lauquen  y se le ordena al general Manuel J. Campos ocupar militarmente el valle cubierto de antiguos caldenes, que con el tiempo también irían siendo erradicados de su territorio. Dos años después de su fundación se establece oficialmente la capital pampeana en General Acha y allí funcionaría hasta 1900, momento en que se la traslada a Santa Rosa de Toay.  Queda todavía el juzgado y cuando se decide su traslado, en 1904, un importante grupo de vecinos intenta impedirlo enfrentándose a la policía y ocultando documentación. Este hecho, “la revolución de Acha”, finalizó con la llegada de refuerzos policiales que detuvo a los manifestantes y se los llevó a Santa Rosa, junto con el organismo judicial.
     Así, sin originarios, ni caldenes, ni capital, ni juzgado, el pueblo de Acha siguió su camino. Quedó el tendido de vías férreas y el modelo agroexportador con el cual el Estado argentino se acopló a la distribución mundial de trabajo. Evidentemente, esta combinación fue bastante conveniente para algunos hacendados como Otero.Punta y Acha.
  • Grooming, las redes del abuso sexual infantil

     

    Desde 2013 el ciberacoso virtual está penalizado por la ley y la Justicia ha desarrollado numerosas causas. Sin embargo, el problema todavía es poco conocido y difícil de prevenir, sobre todo por parte de los adultos.

     

    Osvaldo Aguirre| Escritor y periodista 

     

    En su perfil de Facebook decía llamarse Sole y tener 10 años de edad. Entre sus contactos había 73 niños y niñas de distintas ciudades del país. En realidad se trataba de un adulto de 26 años, que participaba en foros internacionales de pedófilos y perseguía a menores en internet bajo esa falsa identidad. El caso se conoció en la ciudad de Zárate en 2010, cuando el grooming, el término que designa el ciberacoso, apenas era conocido en Argentina. Y fue solo el principio.

    Leandro Nicolás Fragosa, el acosador en cuestión, terminó condenado en 2013 a 10 años de prisión por corrupción de menores, luego de que un padre advirtiera que le enviaba videos y mensajes pornográficos a su hija, de 9. Algo estaba cambiando: el 13 de noviembre de ese año el grooming fue incorporado al artículo 131 del Código Penal argentino, en el capítulo que penaliza los delitos contra la identidad sexual.

    La ley estableció así una pena de entre seis meses y cuatro años de prisión para “el que, por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual”.

    El caso de Micaela Ortega, la nena de 12 años asesinada en 2016 en Bahía Blanca por un hombre, Jonathan Luna, que la captó a través de Facebook haciéndose pasar por una menor, señaló un hito en el interés público sobre el grooming. Sin embargo, para los especialistas todavía es un problema desconocido, difícil de prevenir y de perseguir y mal contemplado por la legislación.

    “El grooming está instalado en la agenda de los medios, pero no en la agenda de la sociedad. Una cosa es haberlo escuchado nombrar y otra es saber de qué se trata”, advierte el abogado Hernán Navarro, director de Grooming Argentina, una ONG pionera en la prevención y la concientización sobre el problema.

    Navarro admite que actualmente “se habla más del tema”, pero las encuestas  impiden ser demasiado optimistas. Según datos de diciembre de 2017, afirma, “el 70 por ciento de la sociedad desconoce por completo de qué se trata”. Y lo dice también por experiencia propia: en el Congreso de Educación Sexual Integral realizado en mayo de este año en Santiago del Estero, “había 2000 personas en el auditorio y ante la pregunta sobre quiénes sabían qué era el grooming levantaron la mano apenas 22”.

     
    La punta del iceberg

    Entre otras acciones, Grooming Argentina elaboró la aplicación GAPP,  disponible para IOS y Android. “Es una herramienta que permite denunciar un caso de grooming en tiempo real. Con solo tocar un botón la víctima se comunica con nuestro WhatsApp y activa el protocolo de actuación, que tiene que ver con viabilizar la denuncia. Somos un nexo con la Justicia”, explica Navarro.

    La aplicación apunta también a dar mayor visibilidad al acoso virtual. “Lamentablemente hay pocas denuncias, por un lado por desconocimiento y también porque la propia revictimización, el pudor, el miedo de contar la situación vivida, hacen que los chicos borren contenidos y elementos probatorios, y no tenemos la evidencia para aportar en un proceso penal”, agrega el director de Grooming Argentina.

    Los casos difundidos a través de la prensa muestran que, como la violencia de género, el grooming es una práctica que atraviesa a todas las clases sociales. Y con frecuencia involucra a figuras de autoridad para niños, niñas y adolescentes, personas que están precisamente encargadas de su cuidado o que desempeñan algún rol en la educación o en la vida social de los menores.

    En octubre de 2017, un profesor de música y subdirector de coro en dos escuelas privadas de Merlo, en la provincia de Buenos Aires, fue condenado a seis meses de prisión en suspenso por acosar a través de la web a una alumna de 14 años. Un mes después, un profesor de educación física de la localidad de Fortín Olmos, en Santa Fe, fue a su vez imputado por corrupción de menores agravada y grooming contra cinco estudiantes.

    Juan Valdez, el profesor imputado en Fortín Olmos, fue detenido además por el femicidio de Rosalía Jara, de 19 años, con quien tenía una hija de tres. Jara desapareció en julio de 2017 y sus restos fueron hallados en agosto de este año en un paraje rural a 50 kilómetros de su casa, con huellas de golpes.

    También en noviembre de 2017 fue imputado por grooming el párroco de la localidad de Monte Vera, cerca de la ciudad de Santa Fe. El sacerdote, de 41 años, se contactó con una menor de 16 a través de Instagram, y su condición hizo que el caso tuviera algo que generalmente falta en el grooming: repercusión social.

     

    Imágenes perdidas

    En noviembre de 2016 la Fiscalía de la ciudad de Buenos Aires detectó a un groomer que había acosado a 90 menores en todo el país. Bajo 18 perfiles falsos de Facebook, el acosador había recopilado más de 1000 fotografías y 100 videos de sus contactos, niñas y adolescentes de entre 11 y 16 años.

    El acosador, radicado en Perú, se hacía pasar por un adolescente y logró mantenerse en la web durante más de dos años. Después de construir una relación de confianza con las menores, trataba de obtener fotos de situaciones sexuales.

    “La pornografía infantil es el material de abuso sexual infantil -señala Hernán Navarro-. Lamentablemente es un negocio muy rentable y Argentina se encuentra entre los 10 países del mundo con mayor tráfico de pornografía infantil. El grooming es un medio para nutrir ese negocio”.

    Las imágenes que empiezan a circular en internet son irrecuperables. “Por eso trabajamos mucho en las escuelas con la prevención del sexting, las prácticas donde se envían contenidos sexuales explícitos o de desnudez o semidesnudez sin advertir que el contenido se puede compartir o viralizar. Esta práctica está creciendo entre los adolescentes. Todo lo que subimos a las redes sociales hace a nuestra identidad y a nuestra reputación digital, y por eso es necesario que los chicos cuiden su privacidad”, dice Navarro.

    En octubre de 2017 la justicia de Bahía Blanca condenó a Jonathan Luna a la pena de prisión perpetua por el crimen de Micaela Ortega, en lo que fue el primer juicio por un caso de grooming y femicidio a partir de la sanción de la ley. Luna contactó a la menor a través de Facebook y se hizo pasar por una nena de su misma edad, para atraerla hacia un encuentro personal donde la asesinó mediante golpes y estrangulación, después de que ella se resistiera a una violación.

    La respuesta de la Justicia es más dudosa en otras causas, como la que enfrenta Walter Ezequiel Onieva, acusado por grooming, abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción agravada contra cinco menores de entre 10 y 12 años en la ciudad de Reconquista, en Santa Fe.

    Onieva, de 27 años e hijo de un alto exjefe de la policía santafesina, se mantuvo prófugo y según la querella borró pruebas de sus delitos. Después de presentarse y de pasar un período bajo arresto domiciliario, no solo obtuvo el beneficio de la libertad sino que se le permitió el acceso a Internet, el medio que había utilizado para agredir a las menores.

    La abogada de dos de las niñas, Luciana González, denunció que Onieva aprovechó la situación para molestar a las víctimas y a los testigos. Una audiencia de apelación tuvo que ser suspendida cuando allegados al acosador agredieron en los tribunales de Reconquista a los familiares de las menores y a la abogada.

    El juez Mauricio Martelossi, cuestionado por su actuación en otros casos de delitos contra la integridad sexual, justificó los beneficios para Onieva con una argumentación digna de mejor causa: prohibir el acceso a Internet al acosador, dijo, “sería una medida muchísimo más gravosa que inclusive la prisión en dependencia de la policía o de los servicios penitenciarios”. El 13 de octubre, la Cámara de Apelación Penal de la ciudad de Vera revocó la libertad de Onieva y le prohibió el uso de la web y las redes sociales.

     

    Una mala legislación

    “Nosotros somos críticos de la ley de grooming -dice Hernán Navarro-. Pensamos que no alcanza a tutelar el bien jurídico protegido, la integridad sexual de niños, niñas y adolescentes en los entornos digitales. Es una norma ambigua que no es precisa en su redacción y posibilita interpretaciones diversas. Además no contempla agravantes ni ningún tipo de inhabilitación  para aquellos condenados que por ejemplo sean encargados de la educación de los niños y niñas, y es un delito excarcelable”.

    La penalización del grooming es similar a la del abuso sexual simple. “Si le tuviera que poner un título a la ley, diría que hay una buena intención del legislador escondida en una mala legislación, que debe ser modificada en forma urgente”, destaca el director de Grooming Argentina.

    Navarro cree sin embargo que “por más que agravemos las penas no vamos a corregir la conducta de los groomers, porque son pedófilos” y se inclina por “trabajar en detección temprana, en reducción de daño, en medidas preventivas, con una norma que pueda tutelar ese bien jurídico”.

    El patrón de los groomers consiste básicamente en disimular su identidad para captar la confianza de las víctimas y colocarse en una situación de fuerza para obligarlas a preservar el contacto y mantener el secreto. También pueden encontrarse en grupos de Facebook, como ocurrió en el caso de S., una menor de 13 años de la ciudad de Buenos Aires que el 19 de octubre de 2016 ingresó a un lugar virtual “para encontrar gente para charlar y conocerse” y fue contactada por un hombre de 43 años, Ramiro Alfredo Melgarejo.

    Según la investigación judicial, Melgarejo logró que la menor le enviara fotos con y sin ropa y cuando ella se negó a enviar más imágenes la amenazó con difundir en Facebook las fotos que ya tenía y le envió mensajes de texto y un  video con una escena sexual a su celular. El hombre fue detenido por la intervención de la madre de la menor y en enero de 2018 resultó condenado a tres años de prisión en suspenso por ciberacoso y amenazas.

    “Los groomers son depredadores sexuales -afirma Navarro-. Acechan y rodean a las víctimas hasta lograr lo que buscan. En la mayoría de los casos los ataques comienzan y terminan en el espacio digital, no trascienden al campo físico”. La característica del ciberacoso no disminuye su gravedad, al contrario: “El grooming es la nueva modalidad del abuso sexual infantil. Un abuso que nada tiene que ver con un contacto físico, un abuso donde la novedad son las tecnologías de comunicación y que provoca daños muy serios, sobre todo teniendo en cuenta las edades de las víctimas”.

     

    Un derecho perdido

    Navarro suele decir que dejar a los chicos solos en Internet es como abandonarlos en la calle. “El único responsable del grooming es el mundo adulto -enfatiza-. El adulto tiene que ser el adulto responsable hasta la mayoría de edad, en el cuidado, el acompañamiento, la protección de los chicos en todas las etapas de la niñez y la adolescencia. El adulto de hoy tiene una falsa percepción de la seguridad y del control sobre sus hijos, piensa que por darles  acceso a la tecnología y tenerlos en la casa ya están controlando. Pero si no hay supervisión, si no hay pautas y prácticas responsables, los chicos están solos”.

    Para Navarro, “el derecho a la intimidad parece un derecho perdido con la irrupción de Internet, la velocidad con la que viajan los contenidos y con esa falta de percepción de los riesgos por parte de los chicos”. Pero el foco vuelve a plantearse sobre un mundo adulto “que es analfabeto en materia digital y que en el imaginario de los adolescentes no aparece como capaz de brindar ayuda porque no habla el mismo idioma ni entiende las redes sociales”.

    La prevención incumbe entonces a los adultos. “Preguntarnos cómo se vinculan los chicos en sus entornos digitales, cómo nos preparamos para acompañarlos y no tomar decisiones apresuradas sin advertir el riesgo y la vulnerabilidad de los niños, niñas y adolescentes. Tenemos que comenzar por promover un adulto responsable en los entornos digitales”.

     

     

  • Hay que darles pelota

     

     

    El fútbol femenino vive un momento histórico en la Argentina. La AFA prometió una (semi) profesionalización y es un gran paso adelante, pero falta muchísimo. Las claves de un fenómeno que tiene como abanderada a Macarena Sánchez.

  • Hernando, tierra de héroes

    Además de contar con varios veteranos de guerra, la localidad de Hernando es, en proporción a sus habitantes, una de las ciudades del país con más pérdidas humanas por la guerra de Malvinas. Esta es la historia de Fabricio y Horacio, dos amigos que dejaron su vida en la batalla de Pradera del Ganso.

  • Hiroshima: la humanidad frente al espanto nuclear

     

    El 6 de agosto de 1945 una bomba atómica sobre la ciudad japonesa trajo a la Tierra una versión del Apocalipsis y les mostró a los seres humanos que ya estaban en condiciones de destruirse a sí mismos, mundo incluido. Desde entonces, hemos quedado pendientes de ese frágil hilo, esperando que la voluntad de la guerra sea capaz de respetarlo.

     

    Alejandro Mareco| Periodista 

     

    "De repente tenía frente a mí una gigantesca bola de fuego. Era al menos cinco veces más grande y 10 veces más brillante que el sol. Venía directamente hacia mí una poderosa llama de un notable color amarillo pálido, casi de color blanco. El ruido ensordecedor vino después. Era el sonido del universo en explosión. En ese instante sentí un dolor punzante que se extendió por todo mi cuerpo. Fue como si un balde de agua hirviendo hubiese sido arrojado sobre mi cuerpo y fregado mi piel".

    Shinji Mikamo tenía 19 años el 6 de agosto de 1945, uno de los días más dramáticos en la historia de la especie humana y su evolución en el camino del conocimiento, de la ciencia y de la guerra.

    Ese día la humanidad le vio los ojos al fin del mundo y lo hizo a través de las cuencas vacías, quemadas, evaporadas que quedaron ausentes de mirada y de vida en las caras de los habitantes de la ciudad japonesa señalada.

    Su desgarrador relato de sobreviviente cuenta una visión intransferible, que solo pueden saber en toda la dimensión íntima del espanto aquellos que fueron capaces de verla.

    Tan magnífica había sido la escala de destrucción alcanzada por la bomba atómica, tan retorcidas sus manifestaciones en el aire, en las cosas y sobre todo en los cuerpos de la gente, que no hubo manera de calificar y describir lo que había sucedido sino apelando a una versión del tan temido Apocalipsis bíblico.

    Y para aquellos que vieron el estallido sin poder volver a respirar fue tan real como definitivo.

    Nunca el ser humano había alcanzado a construir con sus propias manos una versión tan acabada del Apocalipsis.

    La especie terminaba de mostrarse a sí misma que era capaz de autodestruirse. Ya de algún modo lo venía anunciando en su febril y cada vez más devastador modo de hacer la guerra, que en las dos infernales grandes guerras del siglo 20 dejó de ser un asunto de combatientes uniformados para involucrar a toda la población, blanco de devastadores bombardeos.

    Pero a partir de entonces quedaba claro que era posible acabarlo todo de un solo manotazo. Desde entonces, hemos quedado pendiente de ese frágil hilo, esperando que la voluntad de la guerra sea capaz de respetarlo.

    Tras el espanto de los 50 millones de muertos y del infame holocausto que los nazis desataron contra el pueblo judío, la segunda gran guerra del siglo 20 dejaría en escena un mundo diferente.

    El gran protagonismo cambiaba de manos: Estados Unidos y la Unión Soviética desplazaban a Europa del centro de decisiones que había tenido por siglos. Eran los nuevos colosos en la lucha por la supremacía planetaria, y de alguna manera la bomba atómica en acción fue el capítulo inaugural y condicionante del enfrentamiento contenido que por los próximos años sería llamado Guerra Fría.

    No solo los sordos contendientes sino todo el planeta sabía del inmenso riesgo que representaba una confrontación caliente entre ambos. El terror nuclear hizo su aparición en el planeta y congeló por un instante la sangre de la especie.

     

    Sacar provecho de “lo más terrible” 

    "Parece ser lo más terrible que se haya descubierto nunca, pero se le puede sacar el máximo provecho". Harry Truman, el presidente de Estados Unidos que dio la orden de lanzar la bomba, dejó escrito esa escalofriante frase en su diario personal. También apuntaba allí: “Hemos descubierto la bomba más terrible de la historia mundial. Es la destrucción masiva predicha en la era de Mesopotamia, después de Noé y su fabulosa Arca”.

    En la mañana del 16 de julio de 1945, en el desierto de Nuevo México, un ensayo exitoso puso en marcha la cuenta regresiva para el uso real contra poblaciones japonesas.

    Los blancos señalados serían las ciudades de Hiroshima (de unos 400.000 mil habitantes entonces), el 6 de agosto, y Kokura, tres días después. Aunque en este último caso las nubes obligaron a cambiar de objetivo a último momento: así entró Nagasaki (240.000 habitantes) en la historia del horror. En Hiroshima, el día del ataque murieron 100.000 personas, número que creció a 140.000  al final del año. En Nagasaki fueron 74.000.

    Lo que se repitió en ambas fueron las desgarradoras escenas. Primero el resplandor, luego el calor que evaporó cuerpos o los dejó humeantes, momificados en el gesto de espanto del final de sus vidas (la temperatura superó los 500 grados), y luego el desfile de los sobrevivientes agonizando, atravesando las calles como fantasmas sedientos que clamaban por agua.

    "Mis pies estaban carbonizados y torpes. Con cada paso o algo así, yo tropezaba sin querer un brazo o una pierna y oía a la persona quejarse de dolor. Me sentí como un buitre... cruzar ese puente, dejando atrás a todos esos heridos que iban a morir. Lentamente, con mi corazón rompiéndose en innumerables pedazos, seguí adelante. Hice todo lo posible por seguir exactamente los pasos de mi padre, deseando -y creyendo- que él conociera la ruta hacia nuestra salvación".

    Shinji Mikamo derramaría estas memorias en una entrevista con la cadena BBC, de Londres, en 2014. También confesaría que le pidió a su padre, con quien estaba al momento de la explosión (las 8.15 de la mañana), que lo dejara atrás, que lo dejara morir. 

    Pero Fukuichi, su padre, le dijo: “¿Te quieres morir? No digas eso con tanta ligereza. En tanto que permanezcas vivo, te recuperarás algún día. Ese día llegará. Solo aguanta un poco”.

    En abril de 1945 ya se había rendido la Alemania nazi; solo quedaba luchando Japón frente a Estados Unidos, Reino Unido y China. Unos días antes de los ataques, el 26 de julio se demandó la rendición incondicional de los japoneses, con la siguiente advertencia: “La alternativa es la destrucción inmediata y total".  El gobierno de Japón la rechazó a la espera de que una nueva propuesta dejara al menos a salvo al emperador Hirohito en su función.

    Si el ataque en Hiroshima tenía la clara intención de demostrar el inmenso poder destructivo con que ahora contaba Estados Unidos, el segundo venía a decir que no era una sola y ocasional bomba atómica lo que tenía en sus manos.

     

    Voces en la radio 

    El 15 de agosto se conoció la rendición total: los japoneses escucharon por primera vez en la radio la voz del emperador Hirohito: “El enemigo ha comenzado a emplear una bomba nueva y enormemente cruel cuya capacidad de provocar daños resulta incalculable y que se cobra el tributo de numerosas vidas inocentes".

    Truman y los Estados Unidos siempre justificaron el uso de la devastación nuclear para salvar vidas de soldados norteamericanos, que hubieran debido invadir la isla para lograr su rendición. Nunca nadie pidió perdón por semejante aberración.

    Quedaba claro igual que era un acto de promoción de su poder frente a la competencia en ciernes con los soviéticos, la declaración de Estados Unidos como el país guerrero más fuerte del planeta.

    Además, para invadir hubiera tenido que pedir ayuda a los soviéticos y compartir el cartel; estos por su parte, después del ataque a Hiroshima, le declararon la guerra a Japón y lanzaron una invasión a la isla.

    La Unión Soviética pronto llegaría a dominar la tecnología para tener su propia bomba, así como Inglaterra, Francia y China. Esos cinco países (hoy Rusia ocupa el lugar de la URSS), no casualmente miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, fueron los únicos autorizados a contar con semejante arma cuando en 1968 se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear. India, Pakistán, Israel no se plegaron, mientras que Corea del Sur se apartó en 2003. De los primeros dos países se conoce su posesión de armas nucleares, mientras que Israel no las ha declarado. 

    Mientras tanto, hace unas semanas Rusia confirmó su renuncia al tratado sobre misiles de alcance medio y corto, luego de que Estados Unidos hiciera lo propio en febrero último. Esto representa toda una inquietud especialmente para Europa, al alcance de esos misiles.

    Mientras estas líneas se escriben, suena en la computadora la emisión de una FM de Hiroshima (a través de la aplicación Radio Garden). Voces chispeantes, llenas de juventud y mañana, se mezclan con músicas en las que abundan artistas e incluso maneras norteamericanas. 

    Entonces, regresa la imagen de Shinji arrastrándose por las calles de Hiroshima, perdiendo girones de su carne incendiada. Y a su lado, Fukuichi, su padre, diciéndole: “Ya ha pasado lo peor”.

    Y a la vuelta de las décadas, Shinji que ya no culpaba a los Estados Unidos sino a la mismísima guerra. “La falta de voluntad de la gente para comprender a aquellos que tienen valores diferentes, eso es lo que tiene la culpa".

     

    El fantasma de Chernóbil 

    “Antes del 26 de abril de 1986, el mundo tenía una ilusión de seguridad. Después de esa fecha ya nadie puede tener garantías en el mañana. Los acontecimientos en la central de Fukushima confirmaron esta amarga verdad”.

    Esto decía en 2011, al cumplirse 25 años del accidente en la central de Chernóbil, el entonces presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich.

    Era un momento particularmente adverso: al tremendo episodio de 1986, la mayor catástrofe nuclear en uso civil de la tecnología que había vivido, se había sumado otro momento dramático en la central de la ciudad japonesa de Fukushima (a pocos kilómetros de Hiroshima), como consecuencia de un terremoto.

    La catástrofe y el gran fantasma que sembró Chernóbil acerca del uso de la energía nuclear regresaron a la consideración de las masas a partir de la miniserie de televisión del mismo nombre. Se trata de una creación de Craig Mazin, sostenida en una coproducción entre los canales HBO de Estados Unidos y Sky del Reino Unido. Se estrenó en Estados Unidos en mayo de 2019 y es la gran atracción mundial del momento.

    Una calamitosa sucesión de fallas humanas cometidas en el intento de comprobar la resistencia del sistema de refrigeración del reactor en caso de un corte de energía provocó la catástrofe: la temperatura se elevó rápidamente dando lugar a la explosión.

    Se estima que en el momento murieron 54 personas, mientras que los efectos posteriores de la radiación y de la contaminación fueron devastadores, aunque las cifras son distintas según las fuentes. La Organización Mundial de la Salud las estableció, una década después, en 9.335.

    Mientras tanto, se evacuaron más de 90.000 personas de los alrededores de la central de Chernóbil, que al momento del accidente formaba parte de la Unión Soviética. En Fukushima, en tanto, los daños fueron menores a estos: no murieron personas ese día y estimaciones indican que a largo plazo las consecuencias provocaron 1.600 fallecimientos.

    La generación de energía a través de la tecnología nuclear es una de las salidas más concretas y baratas con las que se cuenta a disposición, nada indica que su uso vaya a ser postergado. Hay unas 450 centrales nucleares funcionando en una treintena de países (un centenar en Estados Unidos), mientras que unas 50 están en construcción. 

    Argentina, uno de los pocos países en el planeta que tiene la capacidad de construir centrales y exportar energía, tiene tres en funcionamiento: Atucha I, Atucha II y Embalse, que aportan el 6 por ciento de la energía total producida en el país. Mientras, en el mundo el aporte nuclear llega al 11 por ciento.

    "Hay todo un mito con la energía nuclear, que genera pestes, monstruos de tres ojos pero estamos ante la energía menos contaminante porque, al no quemar ningún combustible, no provoca combustión”, dijo el subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, Julián Gadano, en una nota periodística de Infobae.

    “Argentina es un lugar donde las centrales nucleares se gestionan con la seguridad por encima de todo. Chernobyles una serie muy bien realizada, pero es ficción”, explicó.

  • Inés Estévez. La actriz que se reveló cantante después de los 50

    Por Cecilia Ghiglione

    Cantante y actriz, actriz y cantante. Inés se define como ambas, aunque también escribe novelas, enseña teatro y dirige. También es mamá de dos niñas. Luego de un retiro voluntario de la actuación por varios años, volvió al cine y se la vio en los últimos meses en la pantalla chica en El Maestro. Pero Estévez fue por más y a los 52 años  decidió reinventarse levantando la voz.

    Hace dos años se animó a cantar en público de la mano de Javier Malosetti, por entonces su pareja. Hoy la relación sentimental con el músico concluyó, pero Estévez reconoce en él no sólo a su mentor musical sino a un ser especial que la redescubrió como artista.

    Del otro lado del teléfono, mientras toma un descanso en el rodaje de una nueva película, Inés dice que “la música siempre estuvo presente en mi vida” pero que hacerlo en público no estaba en sus planes. “Mi padre, Carlos Augusto, era oficinista pero un amante del jazz; tocaba de oído. Tenía un grupo donde se juntaban una vez por semana y me llevó con él desde los 8 años. Un tipo hermoso, alto, rubión y un soñador. Mi madre, que todavía vive, fue profesora de francés y era muy amante de la lírica. La música es algo que me acompañó toda mi vida pero nunca pensé tomármelo seriamente por respeto,  porque me parece que hay gente formada para eso. Pero, bueno, se dio así y estamos ahora haciendo giras con la banda”.

    Antes de imaginarse cantando sobre un escenario, Inés grabó algunos singles e intervino en bandas sonoras (Matar al abuelito), allá lejos y hace tiempo. Pero todo sucedió  bajo el amparo de un  estudio de grabación y nada hacía suponer este presente solista, frente al público, de swing, bossa y jazz  con la Esteves&Magic3.

     

    ¿Cuándo se puso seria la cosa arriba del escenario?

    Cuando en esa relación afectiva tan profunda, tan hermosa y valiosa que tuvimos con Javier Malosetti nos dimos cuenta que nuestros padres (Walter Malosetti y Carlos Estéves) escuchaban la misma música y los mismos intérpretes. Él en El Palomar y yo en mi casa de Dolores. Creo que algo digitaron los viejos, amantes de la música los dos, bohemios, colgados, disfrutadores de la vida. Entre esas coincidencias Javier me llevó de la mano y armamos ese binomio que terminó resultando en 50 shows en un año.

     

     Y ahora, ¿cómo es la Inés sin su mentor?

    Cuando nos separamos con Javier  desestimé en un primer momento seguir, pero la banda quiso y acá estoy como solista, con un montón de shows e invitados, quizá con un disco en vivo. Todas mis fichas están puestas acá, es algo que me abruma pero me fascina, es lo primero que produzco en mi vida por propia cuenta.

     

    La Inés cantante tuvo ahora que educar sus cuerdas vocales ya que es larga la lista de presentaciones.

    ¿La experiencia actoral te ayuda al momento de enfrentar al público en un escenario?

    A mí no, no sé a otras personas; esto es muy personal. La actuación requiere de una disciplina que compromete todo mi ser: el cuerpo, el espíritu la memoria, la concentración, el estado físico y mental. Son muchas horas que requieren estudio previo. Cantar tiene una bohemia, puedo tomarme un vino y salir a cantar. De todas maneras, lo que compensa es que cuando actúo tengo la protección de la ficción, la loca que grita no soy yo, es el personaje; mientras que cuando cantando me paro frente al público, lo miro a los ojos y eso me genera un pequeño terror  extra.

     

    Se la escucha feliz, a pesar de las presentaciones, los rodajes, las clases y la maternidad, mientras repite que “no esperaba vivir esta experiencia después de los 50”.

    ¿Parece que no sos fácil de encuadrar?

    Soy atípica. Recién supe que podría ser madre, que podía hacerme cargo de la vida de otro después de los 40. A los 52 estoy empezando una nueva carrera y con gran intensidad mientras que otros empiezan a pensar en jubilarse.

     

    Hace unos años, en 2006, decidiste dejar de actuar. ¿Qué pasó y que hizo que volvieras?

    Yo no tengo formación académica, me forme trabajando en el cine y el teatro  que era lo más parecido al arte. Cuando empecé a trabajar en televisión con más visibilidad coincidió con el momento de la hipercomunicación, de la explosión de Internet  y lo audiovisual en ese momento empezó a ser de las ramas del arte lo más alejado del hecho artístico, empezó a ser la fama un valor en sí mismo y yo no estaba acostumbrada a eso, no sabía manejarlo, no tenía ese entrenamiento  que sí tenían muchos de mis compañeros para lidiar con el tema; para mí era muy ajeno todo. Para mí la actuación era exclusivamente artística y ese ir contra ese sistema que le daba lo mismo quien estaba ahí por el arte que por la experiencia de la notoriedad me confundió. Después de meses de pensarlo tuve un accidente en un rodaje televisivo bastante bravo y ahí me tomé unas vacaciones con el objetivo de dejar la actuación.

      

         

    Con pasado de bailarina  Inés dice que su única formación académica fue la danza entre los 4 a los 13 años, en Dolores, todo lo demás ha sido pura experiencia. Desde septiembre se la puede ver en la miniserie El Maestro (El Trece y TNT), encarnando a la villana Paulina, un personaje “quebrado”, según la propia actriz.

    “Me atrajo el proyecto apenas me lo propusieron porque responde a los trabajos de Polka que revisten calidad”, dice, “además de trabajar con Julio Chávez (Prat) con quien compartí poco y hace mucho tiempo”.

    “Me gustan los personajes que ofrecen el desafío de las contradicciones, me interesan especialmente porque tienen una amplitud expresiva muy superior. Así que lo disfruté muchísimo”.

    A pesar de estar formada en la danza, “soy la única de los personajes centrales que no baila”, agrega.

     

     

    En este paréntesis de la actriz llegaron a la vida de Inés (que en ese momento compartía con el actor Fabián Vena)  sus hijas: Vida (8) y Cielo (7). “Adopten hermanitos porque es hermoso”,  dice orgullosa  de sus hijas.  

    Siempre te has ocupado de desmitificar  la maternidad como un estado idílico.

    Mi estado como madre sigue siendo un sacerdocio; hago lo que puedo, como puedo, lo mejor que puedo. Yo creo que tener hijos es un acto que requiere de una entrega  que en general nos excede. Está muy identificado para el lado idílico pero la paternidad y la maternidad no son así. Ser padres es una tarea irrenunciable y que demanda toda la energía  de uno. En mi caso  particular hay un plus que tiene que ver con la condición de mis dos hijas con quien tengo tenencia compartida con el papá, los dos estamos muy atentos a ambas. Después de mucho buscar hemos logrado buscar soluciones terapéuticas que acompañen la condición de ambas que no entran dentro de los cuadros patológicos típicos. Esa fue la mayor sorpresa, que los lugares dedicados a la educación especial también son dogmáticos; hay colegios para hipoacúsicos, para chicos down, para autistas  pero cuando el chico no reviste la patología específica sino que tiene un retraso madurativo, que es una condición producto de vivencias que tuvieron, era muy difícil encontrar un ámbito que las cobijara. Finalmente encontré una institución maravillosa, sostenida por una comisión de padres que todos los meses aportamos lo que cada uno puede de manera anónima para ayudar a la institución porque las coberturas de las obras sociales no alcanzan.

     

    Sos en general muy crítica del sistema educativo.

    Hay lugares y profesionales importantes pero en materia de inclusión hay mucho por hacer todavía,  me refiero a que la enseñanza acepte que cada ser humano es singular y no necesariamente está capacitado para adherir al manual de rigor, es un cráter que tiene el sistema educativo.

     

    Como usuaria frecuente en twitter, ¿qué pensas de las redes sociales?

    Antes me rehusaba a usarlas pero después aprendí a sacarles el jugo….  Con el tiempo vi que podía ser un lugar desde donde aportar una mirada, de búsqueda, de verdad porque me parece que la verdad es algo imbatible. Me parecen una herramienta interesante desde donde intento ser constructiva, ayudar, despertar conciencia y también difundo mi trabajo. Me molesta el anonimato en las redes, esa falsa valentía que produce un perfil falso…. 

     

     PH Alejandra López 

  • Inmigrantes | La eterna búsqueda de un lugar bajo el sol

    El 18 de diciembre la ONU conmemora el Día Internacional del Migrante, en medio de reacciones de intolerancia. En Argentina, las grandes olas que llegaron sobre todo desde Europa, entre finales del siglo XIX y principios del 20, dejaron una profunda marca en la identidad común.

     

     

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    De todas las capacidades con las que la naturaleza y la evolución dotaron a los seres humanos, la de pararse sobre dos piernas fue decisiva en su camino a la conquista del planeta.

    Acaso todavía era un homínido cuando empezó a sentir no sólo que le daba en la cara una brisa más fresca que los vapores calientes que subían desde el piso cercano para su vieja condición de cuadrúpedo, sino que fue capaz de mirar más allá, de descubrir con sus propios ojos el horizonte y,  con él, la tentación de andar, de perseguir esa inalcanzable línea en la que se reúnen el cielo y la tierra.

    Caminar fue todo un verbo decisivo para la humanidad. La especie, algo más frágil en algunos otros aspectos, no podía competir con otras en velocidad pero tenía una virtud única: la capacidad de andar más lentamente pero con persistencia y resistencia, de modo de derrotar las más apabullantes distancias.

    Todos los hombres y mujeres venimos de África: allí en el paisaje de la sabana nació la humanidad. Y si hoy estamos repartidos en todo el mundo es porque un día fuimos capaces de treparnos sobre nuestros pies y salir hacia otros rumbos.

    Hay pueblos enteros que han marchado por generaciones en búsqueda de lugares más hospitalarios, como lo cuenta el relato bíblico sobre los 40 años que el pueblo judío anduvo en el desierto guiado por Moisés, desde Egipto a la tierra prometida.

    Nuestra capacidad para dejar atrás las condiciones de la naturaleza original ha sido la clave del éxito de la humanidad.

    Aquellas legiones que atravesaron continentes en busca de lugares donde fuera posible sobrevivir con la provisión de la naturaleza, con el andar de los siglos se convirtieron en los inmigrantes que por diferentes razones, desde la guerra hasta el hambre, dejaron sus países originales por otros donde fueran acogidos.

    Bien lo sabemos todos los hijos de este continente: luego de la feroz conquista, América fue la tierra de promisión para millones de europeos acorralados, como así también de asiáticos.

    Y sobre todo bien lo sabemos los argentinos, que amasamos nuestra identidad con el enorme impacto que trajo la inmigración de finales del siglo XIX y que se sostuvo en multitudinario flujo hasta mediados del 20.

    De esas grandes oleadas de inmigrantes están salpicados de nombres y apellidos nuestros pueblos y ciudades.

    El preámbulo de la Constitución de 1853 ya se dirigía “a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Luego, la intención de atraer población extranjera, sobre todo europea, para desplegarla por el vasto territorio nacional, se convertiría en una política de Estado.

     

    El mar, las guerras, el hambre

    El primer gran desafío de aquellos inmigrantes fue cruzar el mar. En el siglo XIX hacía ya tres centurias que de algún modo el mundo era un pañuelo, pues las orillas de los continentes estaban más conectadas con la aparición de los barcos a vapor y los progresos de la navegación comercial.

    Un sinnúmero de empresas marítimas se presentaban dispuestas a trasladar multitudes y llevarlas desde Europa hasta el otro lado del Atlántico por precios que eran relativamente accesibles, aunque los más humildes empeñaban su última moneda en un único billete, con el sueño y la promesa de llegar a destino, juntar dinero y enviar para los pasajes de la familia que había quedado en la otra orilla.

    En los afiches de las compañías que invitaban a cruzar el mar y se pegaban aun en los pueblitos más pequeños, proponían destinos bellos y venturosos. Uno de los más mentados era Argentina.

    Los inmigrantes se embarcaban con el imprescindible sueño de que el destino cumpliría sus promesas de prosperidad, pero para llegar debían atravesar un viaje que estaba lejos de ser una simpática aventura. Más bien era una larga y dificultosa experiencia, cuando no penosa, ya que acechaban todo tipo de incomodidades: hacinamiento, mala alimentación, incluso enfermedades. Las precarias condiciones de algunas naves llevaron a las autoridades de ciertos países a regular la cuestión sanitaria de los viajes.

    Eran a veces tan dramáticas estas situaciones que los capitanes solían manejarse con la decisión de arrojar al mar a aquellos enfermos que podían propagar su mal entre tanto pasajero hacinado, aun cuando se tratara de un niño que había contraído sarampión. Eran épocas sin médicos ni remedios para algunos males.

    De alguna manera, con los inmigrantes el mundo venía a estas tierras a través de los relatos más tremendos de las experiencias extremas vividas allá lejos.

    La ilusión de la prosperidad no fue el único motor que impulsó la marcha, sino que estas latitudes representaron un cobijo para miles de viajeros que llegaron con  la memoria atormentada por las guerras y las persecuciones.

    El mundo, como siempre ha sucedido, ardía en decenas de conflictos. Podía ser una guerra civil como la que enfrentó a España, conmovió tanto a los sentimientos argentinos y deparó además la llegada de multitudes.

    Podían ser feroces persecuciones en nombre de la intolerancia, como la que sufrió el pueblo armenio de parte de Turquía a comienzos del siglo 20 o la que padecieron los judíos en los pogromos rusos y luego en el tremendo Holocausto de la segunda gran guerra.

    Las dos inmensas guerras del siglo 20, que juntas provocaron 70 millones de muertos, desataron aluviones de inmigrantes en todas las direcciones. Llegaron aquí con el último aliento, abrazados al instinto de vivir por encima de todas las cosas. Muchos no pudieron volver jamás a sus tierras de origen ni al afecto familiar. Por ellos, nosotros supimos tanto del mundo, tanto de tantos horrores. 

    Y luego el hambre: millones venían marcados por el dolor de los estómagos vacíos. 

    Hemos visto escenas cotidianas así: cada vez que concluía el almuerzo, y mientras se levantaban las cosas que quedaban en la mesa, la abuela tomaba un pan de los que habían sobrado y le daba un beso sutil, íntimo, sin decir nada. No era un beso de despedida (el pan no iría a la basura sino que tal vez sería rallado o convertido en budín), sino un beso de amor, de gratitud y hasta de disculpa por desaprovechar su frescura. El pan era el preciso símbolo diario de la sobrevivencia.

    Oíamos extasiados y angustiados a la vez aquellas historias de hambrunas que dejó la devastación de la guerra, y cómo nuestros abuelos, sus familias se las ingeniaban para comer. Los platos populares, como la pizza, son ejemplos de cómo resolvían con lo mínimo que se tenía a mano.

     


    La larga fila de los desesperados

    Cuando se habla de los grandes valores de la libertad, muchos hablan sólo de la libertad de las mercancías: que las cosas, el dinero, traspasen todas las fronteras sin rendir cuentas; pero la gente no, que se quede en su lugar, a cumplir su papel de objeto del mercado, con las miserias de un destino que tantas veces ha sido impuesto por la voracidad de otros.

    Hoy, los migrantes del mundo que huyen del hambre, de las guerras, del sin destino, de la necesidad, parecen estar acorralados en un mundo central que se cierra para no distribuir recursos ni ceder privilegios.

    El 18 de diciembre ha sido la fecha elegida por las Naciones Unidas para conmemorar el Día Internacional del Migrante.

    “Reconocemos la contribución de los 258 millones de migrantes del mundo y celebramos su dinamismo”, dijo el año pasado el secretario general de la ONU, el portugués António Guterres.

    “Está más que probado que los migrantes generan beneficios económicos, sociales y culturales para todas las sociedades. Pese a ello, por desgracia, la hostilidad hacia los migrantes está aumentando en todo el mundo. Nunca ha sido tan urgente ser solidarios con ellos”, sostuvo además.

    En estos últimos años hemos asistido a dramáticos episodios que dan cuenta de la desesperación de los migrantes que abandonan territorios en conflicto, como es el caso de los ciudadanos sirios que huyen en busca de un lugar donde poder ejercer, simplemente, la vida. Muchos naufragan en el mar Mediterráneo sin terminar de conmover a las autoridades europeas.

    La larga fila de los desesperados no se detiene, y asume maneras nuevas, como la caravana de hondureños y guatemaltecos que buscaban llegar a México y atravesar el muro que levanta Estados Unidos.

    También ha dicho Guterres: “La migración es un fenómeno que ha existido siempre. Desde tiempos inmemoriales, las personas han migrado en busca de nuevas oportunidades y de una vida mejor. El cambio climático, la demografía, la inestabilidad, las desigualdades cada vez mayores y las aspiraciones a una vida mejor, así como las necesidades no satisfechas en los mercados laborales, nos indican que la migración seguirá existiendo”.

    Cuando los paisajes ya estaban pintados, los hombres todavía éramos acuarela seca. No hemos brotado del suelo como plantas, sino que siempre hemos llegado desde algún impreciso punto de partida.


     

    Raíces en el porvenir

    Sorpresa, confusión, soledad, miedo, nostalgia... todos esos rastros cabían en esos rostros raros, distintos. Pero en el fondo de aquellas intensas miradas de ojos bien abiertos, había una luz que titilaba como una estrella inapagable: era la luz de los soñadores dispuestos a la conquista de la vida en otra tierra.

    Traían en la memoria otros recuerdos, otros paisajes, otra historia, otros sabores, otros afectos; hablaban otra lengua, cantaban otras canciones, vestían otras ropas.

    Eran extraños sin disimulos en un país de criollos, de indios, de los frutos de la mixtura original de esta tierra. Hasta que fueron un aluvión y lo extraño ya no tuvo nada de extraño.

    Luego, a finales del siglo pasado, hijos de países vecinos y hermanos latinoamericanos protagonizaron los flujos inmigratorios hacia aquí. Incluso hasta estos días cuando en reacciones sin memoria ni enseñanzas tomadas de los valores de la historia, hay quienes convocan a hacer fronteras selectivas.

    En lo que va del siglo, también se incluyen caudalosas llegadas de inmigrantes asiáticos y africanos.

    Muchos argentinos también han necesitado ser acogidos en otras partes. Sucedió en los años de plomo y los exilios de la Dictadura, y en la abrupta crisis del comienzo de este siglo, que dejó a muchos sin presente y, sobre todo, a tantos jóvenes con la sensación de que aquí ya no los esperaba el futuro.

    Aquellos inmigrantes que plantaron su marca en la identidad argentina dejaron atrás el ayer y alcanzaron el horizonte de pertenencia en sus hijos, en el porvenir. Es decir, hundieron sus raíces más en el futuro y ya no en el pasado, que es la manera americana de hacerlo.

     

  • Intereses de la neutralidad de la red

     

    Por Martín Becerra (@aracalacana)

    Revista COLSECOR | DIC 

     

     

    Durante una década, la expansión de Internet fija y móvil en el mundo estuvo acompañada por la consagración del principio de “neutralidad de la red” que algunos países, incluso, institucionalizaron con leyes. Si bien el sentido de este principio fue cambiando con el tiempo y con la evolución de las tecnologías de conectividad, en general se lo define como el tratamiento de todo dato que circula por la red sin discriminación. Pero, como dice el refrán, el diablo está en los detalles… 

    En efecto, a los fines prácticos, se fue construyendo un consenso para restringir el principio de neutralidad de la red a los proveedores de servicios de conectividad (ISPs), mayormente operadores telefónicos y de tv cable. En vez de garantizar un tratamiento equivalente a datos de igual naturaleza (por ejemplo, datos audiovisuales por un lado, independientemente de quien los haya producido o comercializado; texto por el otro, sin importar su autoría o destino) y de atenuar la capacidad de priorizado y filtración de aplicaciones, datos y contenidos, y servicios, por parte de tanto de los proveedores de acceso a las redes como también por parte de los agregadores de contenidos, indexadores e intermediarios en las propias redes, el principio de neutralidad de la red se interesó sólo por los primeros (ISPs). Tal consenso contó con un importante activismo de organizaciones de la sociedad civil y el manifiesto sponsoreo de Google y Facebook. 

    De esta manera, se tendió un manto de sospecha y prevención sobre eventuales prácticas discriminatorias de las telecomunicaciones y de los cableros proveedores del servicio que, aún sin evidencia empírica de que estuvieran realizando priorización (y su contracara, la discriminación) de datos en la red, debían precautoriamente evitar toda maniobra que, al distinguir por origen o destino de la información, distinga su tratamiento y afecte su circulación en beneficio de unos y en perjuicio de otros. En cambio, se quitó –convenientemente- de responsabilidad a los llamados intermediarios de Internet en su capa de contenidos, sean buscadores, indexadores (como Google), plataformas de redes sociales (como Facebook, Youtube, Instagram o Twitter) generadores de aplicaciones (como WhatsApp) o servicios de empaquetamiento audiovisual (como Netflix o Spotify). 

     

    Ahora bien, frente a la evidencia de la injerencia rusa en las elecciones de EEUU, del bombardeo de noticias falsas en la elección británica que definió el Brexit o de las prácticas anticompetitivas consistentes en jerarquizar productos y servicios propios o asociados en los sistemas de indexación y búsqueda de datos en la red, cada vez se expande más la pregunta de por qué los gigantes digitales globales están exentos de respetar las reglas que ellos mismos promovieron para otros actores, más tradicionales, de la cadena de valor de Internet, como los ISPs. ¿No deberían Google y Facebook, por ejemplo, asegurar, también, la neutralidad y someterse al escrutinio público, con auditorías sobre el control, la gestión y la explotación de datos que realizan privadamente? 

    Hasta el algoritmo de los intermediarios de Internet, tan caprichoso a la hora de decidir la remoción de ciertos contenidos como dependiente de la captura de datos de individuos y organizaciones e inescrutable por parte de esos individuos y organizaciones, merece discutirse, a la luz de sentencias de tribunales europeos que condenaron por prácticas anticompetitivas a Google y Facebook. 

    Los intermediarios de conectividad, de edición, empaquetado, distribución y exhibición de contenidos, tienen hoy un control editorial sobre lo que puede ser accesible (o no) sin precedentes. Que los contenidos puedan ser hallados, que sean accesibles y que no sean discriminados, son condiciones fundamentales para la convivencia democrática, la libre expresión de ideas y la profundización del conocimiento. ¿Cómo asegurar que esas actividades respeten los principios de libertad de expresión y derecho a la cultura? 

    En una Internet con crecientes filtros y dispositivos de segregación y agregación de datos masivos a cargo de la discrecionalidad de conglomerados privados, el principio de la neutralidad de la red puede tener una segunda oportunidad de servir al interés público si comienza a exigirse la transparencia que en su momento se requirió sólo a los operadores del servicio de conectividad. La neutralidad no sólo involucra a los “fierros” sino, crecientemente, a la información misma.

     

  • Jujuy, una conmovedora aventura argentina

     

    Por Julián Capria

      

    El gran Éxodo del 23 de agosto de 1812 lo consagró como uno de los pueblos que más ofrendó a la Independencia. En sus maravillosos y célebres paisajes, se guarecen viejos desafíos humanos.

  • La amistad nos hace libres

     

    My Brilliant Friend, la novela basada en la saga de la escritora italiana Elena Ferrante es un canto a lo que hoy se llama sororidad  y conmueve a cada paso.

  • La brecha desde la periferia global

    Por Martín Becerra | Prof. e investigador UBA, UNQ y Conicet 

     

    La estructuración de la llamada brecha digital es más compleja de lo que supone el abordaje habitual, que reduce el problema a la tenencia de dispositivos de conexión.

  • La calle está dura

     

    En cada periodo de crisis económica crece la cantidad de vendedores en la vía pública. Subsisten envueltos en la informalidad. Cuando el trabajo deja de ser provisorio y se transforma en permanente, gestionan los permisos necesarios y se quedan en un puestito durante casi toda una vida. 

     

     Facundo Miño |Periodista 

     

    Cuatro repasadores por 100 pesos, tres alfajores por 20, dos turrones por 10, o tres encendedores por 20. Son las principales ofertas disponibles que anuncian los vendedores por las calles céntricas de la ciudad de Córdoba. En veredas y peatonales cada uno atiende su juego, saluda colegas y conocidos, sonríe a la clientela potencial y se prepara para una larga jornada de rebusque individual.

    Aunque a simple vista no se note, el comercio callejero tiene escalafón propio. En una escala de menor a mayor quienes realizan venta en mano trabajan en condiciones más precarias que los manteros y éstos, a su vez, tienen menos comodidades que los puesteros. La comodidad mencionada es tan relativa que roza el eufemismo. Tener un puesto implica contar con una habilitación municipal para funcionar –un dato para nada menor- pero son pequeñas estructuras metálicas que en muchos casos ni siquiera cuentan con un asiento. Tan a la intemperie como todo el resto del ecosistema que sobrevive con el menudeo y los clientes al paso. No son los únicos porque están quienes realizan venta ambulante: de hierbas (la peperina lidera el ranking de lo más solicitado), comidas y ensalada de fruta, medias, artículos de limpieza (plumeros, cepillos, escobillones), golosinas.

    Las jerarquías se expresan también en la negativa para contar su oficio. Porque no tienen tiempo, por la ocupación, porque recién llegan o porque ya se están yendo. Aunque nadie lo diga abiertamente no suelen dar notas periodísticas. Se disculpan y sugieren volver otro día. No es falta de interés sino temor o desconfianza. Prefieren el anonimato. Generalmente son actividades de mera supervivencia, informales. En carritos de frutas, salames, pan casero, praliné, puestos de diarios y de ropa evitan hablar con COLSECOR. En cambio, los trabajadores con puestos fijos tienen más predisposición.

    –Es una tradición familiar, mi bisabuelo cuando vino de Italia empezó vendiendo pescado y al poco tiempo se cambió a las flores. Ya hace 70 años que estamos en el rubro, soy la cuarta generación. Ya lo llevamos en la sangre.

    Valentín Adduci usa barba prolijamente descuidada y sonríe con orgullo para mencionar su linaje en el vínculo con el rubro. Tiene 24 años y pasó un tercio de ellos vendiendo flores en la peatonal. Es estudiante universitario de la Facultad de Ciencias Económicas y reparte su día entre el negocio y los últimos años de cursado. Don Adduci, el bisabuelo, comenzó en la vereda. Fue su abuelo quien unos años más tarde consiguió el permiso para establecerse de manera fija. Valentín cuenta que a cada rato se le acercan para preguntarle por el papá o por el abuelo porque muchos ya les compraban a ellos.

    A excepción de los domingos, se levanta a las 7 de la mañana para retirar el pedido de mercadería y armar los ramos que exhibe sobre un mostrador. Los sábados termina alrededor de las 15 pero los demás días se queda hasta las 20 cuando ya oscureció.

    –Mientras el centro esté abierto, nosotros abrimos– asegura.

    El plural que utiliza es para incluir a su hermano, estudiante de abogacía y jugador de fútbol, que viene a dar una mano. O al padre que se transforma en el comodín cuando los hijos deben ir a clases.

    Trabajan con flores de temporada. En agosto y septiembre venden fresias. De octubre a marzo se concentran únicamente en jazmines. De abril hasta agosto eligen rosas, gerberas o montoneras que son más caras y delicadas.

    –En otoño y en invierno se las puede mantener. Si traigo una rosa ahora en pleno mes de octubre se me hace pedazos. El calor, el sol y el viento las destruyen. Y no son baratas tampoco, son importadas y las afecta el precio del dólar.

    Esas flores vienen de Colombia y de Ecuador. Si la corrida financiera del dólar hubiera ocurrido en invierno, tendría un problema serio.

    –En casos así tratamos de no comprarlas y buscar otra alternativa. No puedo comprar un día a 80 pesos, al día siguiente a 100 y al tercer día a  70. La gente no se va a fijar en el dólar, va a decir que somos unos ladrones– ejemplifica–. O traemos otra flor o achicamos el ramo pero tratamos de mantener el precio fijo.

    Dice que mujeres mayores son el núcleo duro de la clientela. Y que los horarios más fuertes son la mañana bien temprano, el mediodía y la noche, cuando los demás comercios van cerrando.

    –El ramo de fresias que son éstas, bien primaverales vale 60 pesos– señala los paquetes envueltos en celofán con flores de distintos colores, forma acampanada y aroma intenso-. Tiene seis varas y con esa plata no te alcanza para pagar un café.

    El puesto exige un trámite de renovación anual que incluye la ausencia de deudas impositivas, un carnet sanitario y un certificado de buena conducta. Cada tanto aparece algún inspector municipal que revisa la documentación.

    En un rincón que no está a la vista del público, Adduci apila las cajas en las que trajo la materia prima. Las trajo hasta acá en un vehículo que es propiedad de su familia. Como tiene experiencia casi nunca falla en el cálculo y las cajas suelen regresar vacías.

    –Al no ser un producto de primera necesidad, se siente el bajón. En comparación con años anteriores bajaron mucho las ventas pero nos las rebuscamos. Tenemos una clientela fija y mantenemos precios bajos. Esa es nuestra clave para mantenernos.

     

    Comerciante todoterreno

    –Hoy sólo tuve dos ventas y ya es mediodía.

    La frase de Román Bulacio no suena a queja sino a descripción descarnada. Tiene 73 años y un largo historial de crisis sobre la espalda. A los 14 años perdió la visión en un episodio del que no brinda detalles. A los 15 comenzó como vendedor ambulante y nunca más abandonó el rubro. Vivió etapas mejores y peores. No se apichona pero sí parece resignado.

    En 1965 Bulacio puso un kiosco en la Ciudad Universitaria. Llegó a tener dos empleados fijos y lo cerró 27 años más tarde cuando se licitaron nuevos comercios y perdió la exclusividad. En aquella época pasaba todo el día fuera de su casa. Por lo que cuenta, la falta de visión no era un impedimento para aventuras y travesuras.

    –Cuando los estudiantes estaban en clases y faltaba para el recreo, con mis empleados nos metíamos en unos túneles de la cocina. Queríamos recorrerlos y salíamos llenos de telaraña. Había que pasar el rato porque me quedaba desde la mañana temprano hasta las 10 de la noche.

    Aunque ganaba mucho más que ahora, ya no extraña esa época. Sus hijos crecieron, ampliaron la familia y trabajan por su cuenta.

    Desde 1992 tiene un carrito en la peatonal, al costado del Cabildo. La tercera venta de un lunes flaco es un portadocumentos de 20 pesos. Tiene encendedores, cordones, medias, paraguas, enchufes, plantillas, bombillas, pegamentos, calculadoras y unos cuantos despertadores que suenan y suenan en forma continuada. Román habla largo rato sin prestarles atención. Lo conoce mucha gente y lo saludan al paso, él responde con un brazo extendido aunque algunas veces no llega a reconocer las voces.   

    –El comercio es un trabajo muy esclavo porque tenés que estar todo el día pero me gusta la calle, es mi vocación. Me gusta sobre todo cuando hay plata para que los clientes compren.

     

    Fotos: Fernanda Márquez 

     

    Bulacio dice que la crisis se nota en el bolsillo y pronostica meses duros. Avisa que todos los carritos de su tipo pertenecen originalmente a personas ciegas y por eso están permitidos. Agrega que los propietarios deben contar con un acompañante. El suyo fue a comprar mercadería. Con la inflación la plata se desvaloriza así que prefiere renovar el stock. Al mediodía va a almorzar a su casa. A la noche deja el carro en una playa de estacionamiento donde se guardan motos y paga un alquiler pequeño.

    Entre 2004 y 2008 pudo dar otro salto económico. Tuvo la concesión de un bar dentro de la sede local de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) al ganar la licitación entre 15 candidatos con discapacidad.

    –Figuré como empresario ahí dentro. Era todo en blanco porque estábamos en la boca del lobo –sonríe detrás de unos lentes negros con la humorada–. No seguí porque no me gustaba el ambiente, gente muy jodida, tienen otra cultura. Eran todos muy nariz parada.

     

    Economía de subsitencia

    La bolsa de pururú, el cubanito y las obleas cuestan 25 pesos; el mantecol, 10; dos paquetes de caramelos por 15; el praliné de maní vale 25, el de almendra o de nuez cuesta 50. El carrito está pintado de color rojo pero la mirada se detiene en los anuncios pegados sobre el vidrio. A la altura del mostrador, los productos ya empaquetados y listos para el consumo. Detrás de todo eso, sentados en pequeños bancos plásticos están Gabriel Piazzi y su esposa.

    –Acá entre los pralineros no hay un precio fijo. Depende de cada uno y de cuánto quiera vender. Mientras la gente camine por la calle se puede hacer un manguito más- explica Piazzi.

    Hace 31 años que está instalado prácticamente en la misma cuadra. Llega antes de las nueve de la mañana y se va a las ocho de la noche. Puede calcular cuánto venden los puestos de los alrededores con los que compite de acuerdo a la ubicación más o menos estratégica de cada carro. Mira las ofertas del resto, tiene claro dónde comprar sus insumos. Es, por supuesto, enemigo acérrimo de las marchas y protestas que cortan el tránsito y afectan lo que llama “un día normal”.

    –En los días de paro te tenés que quedar en tu casa, ni vale la pena venir. Las manifestaciones te cortan la calle y no te dejan laburar. El otro día traje 100 paquetes de cubanitos y me quedaron 60 sin vender. Pero lamentablemente no podés hacer nada, te la tenés que bancar y agachar la cabeza.

    Dice que en este rubro las estaciones fuertes, lógicamente, son el otoño y el invierno. Pero que igual viene durante el verano porque los demás puestos se van y al no tener competencia, algo gana.

    –Hacemos unas moneditas. Venimos temprano y nos vamos temprano, a las tres de la tarde. Pasar las tardes en casa vendría a ser como nuestras vacaciones. Los otros se van a los festivales, Jesús María o Cosquín pero ya estoy grande, tengo más de 60 años y si no lo hice antes, no lo voy a empezar a hacer ahora ¿no?

    En la parte inferior del carro hay una garrafa de 10 kilos que utilizan para prender el fuego y preparar la especialidad.

    –Esto lleva maní, azúcar y agua pero no le sale a cualquiera. A cada rato viene gente a preguntarnos cómo se hace porque lo intentan en sus casas y no les sale ni parecido. El praliné no lo hace cualquiera.

    De fondo, en una radio a muy bajo volumen suena Radio Popular pero la pareja parece no prestarle atención. Cuando alguien viene a comprar es ella quien atiende. Piazzi cuenta que una bolsa de maní de cinco kilos les dura dos días (la compra a 300 pesos) y que el kilo de nueces o almendras ronda los 500 pesos de costo. Dice también que las ventas son fluctuantes pero en promedio anda por los 1000 pesos diarios.

    –Por ahí veo a chicos jóvenes que andan con una cajita o dos para hacer una monedita en las paradas y me da cosa. Nosotros gracias a Dios tenemos el carrito. Acá estamos, así estamos y acá nos vamos a morir, me parece.

     

  • La ciencia como actitud

     

    “La mirada curiosa sobre el mundo no es exclusiva de los investigadores sino de cualquiera que quiera hacerlo”, sostiene Diego Golombek.

  • La comunidad organizada desde el cooperativismo

     

     

    Editorial | septiembre 2018

     

    El objetivo amplio como integración de entidades solidarias es el desarrollo local en el que está presente el cooperativismo de servicios públicos y particularmente, el de las comunicaciones. Desde la reciente Fundación COLSECOR nos planteamos construir en esas posiciones territoriales, economía social sostenible. En esa misión va la idea convergente que presenta al cooperativismo como comunidad organizada.

    La experiencia de 23 años con una convivencia consolidada de 220 organizaciones autónomas, nos impulsa con certezas para avanzar en la planificación institucional.

    Sabíamos que el nuevo espacio de trabajo debía despertar expectativas y que una razón fundamental para consagrar la propuesta era poner en valor la conducta convincente de intecooperación que se supo adoptar como sana costumbre.

    La buena ponderación se avala en la trayectoria comprobada por la construcción de consensos. Los logros de soluciones sobre la base de los equilibrios en las diversidades de dimensiones pequeñas, medianas y grandes con preeminencia en la importancia de la identidad colectiva con un horizonte compartido de largo plazo, fueron una realidad verificable.

    Hoy esos frutos nos permiten avanzar en los nuevos desafíos que estamos comenzando a diseñar para el futuro deseable.

    La orientación para recorrer los caminos implicara examinar contextos, conocer las capacidades y armonizar los intereses en el tiempo presente con los cambios situacionales que habitualmente suceden en el país que nos toca habitar. Por cierto, nada fácil.

    No perdemos de vista que una lectura posible para evaluar todo proyecto de empresas es el de la eficiencia. Somos tan exigentes con ese axioma que, en el caso de las cooperativas, esa eficiencia es social porque es medible por los asociados, en forma democrática y con amplitud participativa.

    Por tanto, la síntesis de las iniciativas será tanto con los datos de la dimensión socio-económica, como con los significados de la institucionalidad cultural. Para COLSECOR, la coincidencia de esas dos referencias tienen que ser los aspectos formativos para una verdadera legitimidad que quede clara a todas luces: en los procesos y las conductas como en los fines y los valores que se sedimentan en los hechos.

    De este modo, pretendemos motorizar unidades productivas en los estados municipales con trabajo digno y sustentable que se puedan movilizar con el vigor de escalas integradas a niveles provinciales en todo el país para una mayor inclusión con equidad distributiva que pueda redundar en cambios culturales con solidaridad.

    Para ello es fundamental una dirigencia social emprendedora que pueda activar gestiones que se apoyen sobre el registro de las constantes auditorias comunitarias que se tienen que realizar para la eficacia de los proyectos.

    La Fundación COLSECOR estará atenta con todos sus signos vitales: para observar, escuchar y sentir el contacto con las poblaciones, percibiendo los aromas de épocas y sabiendo de los gustos de una sociedad justa y ética que merece nuestra Argentina para la prosperidad de toda la ciudadanía en los lugares donde vivimos.

  • La construcción de la realidad

     

    Mario Riorda

    Director  de la Maestría en Comunicación Política (Univ. Austral)

    Pte. ALICE (Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales) 

     

     

    Entramos en épocas de promesas. Promesas que se realizan por convicciones y promesas como resultados de investigaciones en la opinión pública. Promesas que buscan hacerse realidad.

    La realidad es el resultado de la coordinación humana, es una construcción a través del lenguaje. Los términos por medio de los que conseguimos la comprensión de la realidad son productos de intercambios sociales situados histórica y culturalmente sostiene Kenneth Gergen.

    La realidad, producto de la coordinación humana, es vida con el lenguaje que comparto con mis semejantes y por medio de él. Por lo tanto, la comprensión del lenguaje es esencial para cualquier comprensión de la realidad.

    Hace 4 siglos, John Locke advertía que si no hay acuerdo entre quién habla y quién escucha acerca de la idea significada por la palabra, el argumento no será sobre cosas, sino sobre nombres.

    La función primaria del lenguaje es la construcción de mundos humanos contextualizados. Es el lenguaje el que posibilita la construcción de acciones conjuntas entre quienes comparten contextos específicos, y estas acciones tienen significados para quienes intervienen en ellas y las comprenden. Somos seres en contexto.

    La comunicación política es el espacio en donde se intercambian discursos contradictorios de los tres actores con capacidad de expresión política: los políticos, los periodistas de los medios de comunicación y la opinión pública, el reto de cada actor es definir la interpretación política de la situación. Y cada uno de esos actores intenta incidir en los otros.

    En campaña, los actores de la política prometen un cambio a partir del lenguaje, prometen una nueva realidad para dotar de significados a los eventos políticos. Quien gana las elecciones, cuando está en el gobierno, trata de generar lazos de confianza y una narrativa que haga posible la transmisión de esos sentimientos que construyan esos lazos de confianza.

    Un proceso de construcción de la realidad, en base a lenguajes simbólicos por los cuales la gente adquiera el sentido del mundo político le otorga al gobierno la posibilidad de construir universos simbólicos que lo doten de legitimidad. Pero ni ganar es sencillo ni mucho menos generar un relato legitimado en la sociedad una vez que se ha ganado.

    Esa doble construcción de la realidad -discurso electoral y legitimidad gubernamental- tiene al menos dos condicionantes muy grandes. Por un lado, el clima de opinión -o los climas- y por el otro lo que se llama clima de época.

    A mitad del siglo XVII en Inglaterra, Joseph Glanvill utilizó la expresión “climas de opiniones” por primera vez. Escribió: “Así que ellos [los dogmáticos], que nunca se han asomado más allá de la creencia en la que sus cómodos entendimientos fueron adoctrinados inicialmente, están indudablemente seguros de la verdad, y de la excelencia comparativa de lo que han heredado, mientras que las almas más grandes, que han trabajado los diversos climas de opinión, son más cautas en sus decisiones y más parcas al sentenciar”.

    “Clima de opinión” se refiere a las corrientes de opinión predominantes en una sociedad. Dice Noëlle-Neumann: “… rodea totalmente al individuo desde el exterior. El individuo no puede escapar de él. Pero simultáneamente está dentro de nosotros, ejerciendo la mayor influencia sobre nuestra sensación de bienestar. El término “clima”, además, trae a la mente la imagen del espacio y el tiempo, también incluye el sentido más completo de lo “público”.

    Por el contrario, el concepto de Zeitgeist, expresión del idioma alemán, significa "el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)”. Zeitgeist es la experiencia de un clima cultural dominante que define una era en el mundo. El concepto podría definir el alma o sentido de un periodo particular en la historia, como reflejo de las ideas y creencias del momento. Podría decirse que se refiere a la ética y moral de una era y un lugar, como también al espíritu colectivo de un tiempo y espacio como reflejo de su cultura: “cuando uno de los lados se yergue, se apodera de la muchedumbre y se despliega hasta el punto de los que se oponen a él tienen que retirarse a un rincón y, por el momento al menos, refugiarse en el silencio, a este predominio se le llama el espíritu de los tiempos (Zeitgeist), que, durante un período se sale con la suya” escribe Johann Wolfgang von Goethe.

    Por lo dicho, el clima de opinión parece ser considerado de manera general como un marco un tanto más débil a través del cual los líderes políticos toman sus decisiones. De acuerdo con esta definición, el clima de opinión puede o no influir las actitudes y opiniones o decisiones de un líder político. De hecho, puede haber un clima de opinión con varios ejes importantes en la agenda pública. Y puede ser cambiante y además no compartido por todos. No necesariamente efímero, pero sí cambiante. Los climas de opinión pueden variar en tiempos breves incluso, por la aparición de nuevos elementos, hechos conmocionantes o de alto impacto.

    En cambio, el clima de época condiciona mucho más la toma de decisiones porque define una porción de la historia en la que la sociedad está inmersa. Y si tiene cambios, los tendrá en el largo plazo. Las variaciones de los climas de época son bastante imperceptibles en lo cotidiano y necesitan de décadas para ser comprendidas. 

    Por eso, muchas veces, la realidad posibilita que se asocie, que haya una buena química entre las promesas y los climas de opinión. Aún entre quienes confrontan con esos climas de opinión.

    Sin embargo, las promesas de un cambio de época, de cambio de valores, son sólo buenas intenciones que escapan al cortoplacismo de un gobierno y mucho más de una campaña. Claro está que todos contribuyen -contribuimos- a ser parte de un clima de época y a sus transformaciones a lo largo del tiempo. Pero cuidado con quienes ofrecen un cambio total en el corto plazo. No es que no sea verdad. Es, según indica la historia, un imposible.  Cuando esto no se comprende, la frustración de expectativas está agazapada esperando…

  • La creación del valor compartido

     

     

    Revista COLSECOR, julio 2018

     

    Habrá que convenir que las tecnologías están configurando un presente donde nada es totalmente predecible. Es el marco situacional del cambio permanente en el que irrumpen las circunstancias novedosas que demandan decisiones de inversión en la economía, entre otras cosas. Las creencias ya no se condicen fácilmente con los hechos, que aun verificados, están cruzados por la innovación y cristalizados por el tiempo efímero.

    La racionalidad del funcionamiento cooperativista tiene que entender que hoy, toda validez de indicios de la realidad es absolutamente relativa. Se produce la extirpación del largo plazo. Suena duro al sentimiento de las necesidades de certezas. No es fácil para nadie porque, primero nos afecta como personas en todo orden de la vida y más aún cuando se participa en una organización de la sociedad civil con responsabilidad en el ejercicio de representación.

    Es un fenómeno que acompaña mientras se reducen los márgenes de inclusión. Problema tan actual como eterno que no se sabe bien què hacer para revertirlo. En un punto, es como la basura que no es reciclable y que solo se la intenta tapar con tierra pero que queda intacta por largos años. Todo un dilema que nos lleva a preguntarnos lo más básico: para què se la hace, si solo lo que produce, es un profundo mal para todos. La exclusión es a la sociedad, la garantía irremediable de injusticia. Como los desechos contaminantes son a la salud de las poblaciones.

    Los problemas no son inconexos, ni sus causas ni sus efectos. Si comenzamos un riego de soluciones con múltiples goteos de humanismo y fraternidad nos podemos dar cuenta de la tenacidad que requiere la tarea de aprendizaje. Hacer posible lo necesario, sin soltarle la mano a nadie en ningún caso cuando estamos embarcados en la causa de ayuda mutua y el progreso, disminuirá la incertidumbre porque podemos tener un proyecto con soluciones integradas.

    De nuestras entidades se esperan lecturas, interpretaciones y propuestas del mundo real. Para mundo creado ya tenemos la ficción que bastante entretiene. Abrir la reflexión en la sociedad y poner en la visión de las personas, la verdad, es una acción de tensión innegable. No pasa inadvertido el cooperativismo porque es un paradigma en permanente dialogo colectivo que cuestiona los limites estructurales que impiden la conformación de la dignidad de las personas cancelando su futuro.

    Con visión general, desde la mirada de los emprendimientos cooperativos, podemos decir que el reto de construir las oportunidades en la sociedad, es una larga marcha para cambiar situaciones y reglas viejas que no se adaptan a la etapa embrionaria de derechos que fueron postergados con resignación de porciones de libertad. Allí, las personas y los pueblos nuestros que están en los suelos argentinos buscan establecer un equilibrio en momentos de transición entre las manifestaciones del cambio y sus magnitudes.

    Para el cooperativismo, adquiere relevancia tener el desvelo de sostenerse aferrados a bases de colaboración reciproca que eviten las fragmentaciones. Ser sensibles al cambio es parte de la autodefensa creativa para una vital existencia.