• La política en las redes sociales: de la satisfacción irracional al lazo social

    Luz Saint Phat | periodista 

    Cada vez más estas todavía novedosas plataformas de contenidos son utilizadas para plantear debates, visibilizar causas sociales o realizar denuncias. Aportes del psicoanálisis para pensar un fenómeno contemporáneo, cuyo efecto sobre lo real aún está en discusión.

  • La regulación de las fake news

     

    En Francia, Inglaterra y otros países se estudia cómo regular la diseminación de fake news, especialmente en contextos electorales. Pero las propuestas pensadas como remedio pueden ser perjudiciales.

  • La sociedad y el viejo manotazo de la violencia de género

    Hace 25 años, la ONU establecía el 25 de noviembre como el Día Mundial de la No Violencia Contra la Mujer. En Argentina, la toma de conciencia frente a este tremendo flagelo avanza, sobre todo a partir de la decisión de las propias mujeres de de salir a las calles y marchar juntas.

  • La tradición, del origen al destino

    n noviembre se celebra el Día de la Tradición, en homenaje a José Hernández, autor del “Martín Fierro”. Es la foto de un momento, pero no el único momento de las cosas: podemos y debemos formarnos tradiciones nuevas.

  • La transición como ley

     

    Macri habla de mejorar las comunicaciones pero hasta ahora carece de un plan integral

     

    El proyecto de “ley corta” en telecomunicaciones es centralista, atiende sólo las necesidades de grandes operadores y elude la consideración de cooperativas y PyMEs que atienden a gran parte de las comunidades fuera de los principales centros urbanos del país. Su debate en el Congreso es una oportunidad para superar la lógica fragmentaria con la que el gobierno ha guiado hasta ahora su política de comunicaciones.

  • La vida por celular

    Carlos Presman | Médico especialista en gerontología, docente y escritor 

     

    “Sabemos lo que nos da la tecnología pero no lo que nos quita”.

    Daniel Flichtentrei

     

    Tenía programado su celular a las 7:15 pero se despertaba antes de que sonara la alarma. Años con esa rutina. Ya no percibía la cama vacía: llevaba tiempo separado, no recordaba cuánto. Se levantaba a prepararse el café mientras la agenda del teléfono le indicaba los medicamentos de la mañana. Con el café aún humeante, revisaba los correos electrónicos, los mensajes de WhatsApp, Facebook, Instagram y Twitter. En general, no había nada nuevo.

    Durante el desayuno veía las noticias en el celular. Leía los titulares de los principales diarios, las publicidades y, al final, miraba las cotizaciones de monedas extranjeras y otros datos económicos. ¿Cuánto hacía que no leía el diario en papel o veía un noticiero por televisión? Luego consultaba el pronóstico del clima: la temperatura, las probabilidades de lluvia y dejaba esa información en la pantalla del celular mientras se vestía. ¿Cuánto hacía que no sentía frío, calor o se mojaba bajo la lluvia?

    A las 7:50 salía para la inmobiliaria donde trabajaba hacía una cantidad de años. En el auto encendía las aplicaciones GPS y Waze del celular que lo guiaban por el camino más corto y con menos tránsito. La conexión de Bluetooth le permitía atender el teléfono mientras manejaba. Tenía Spotify, así que iba escuchando la música preferida que bajaba cada semana. ¿Cuánto hacía que no se fijaba en las calles y que no iba a un recital?

    La recesión no aflojaba, no se vendía casi nada. Si debía renovar un alquiler o actualizar los precios al ritmo de la inflación en la página web de la empresa, usaba la calculadora del celular. ¿Cuánto hacía que no realizaba alguna cuenta mentalmente? Junto con los precios, actualizaba las imágenes de las viviendas, los terrenos, los departamentos para Airbnb y agregaba algún video breve del entorno que él mismo filmaba o bajaba de Google Street View. Todo con el celular. ¿Cuánto hacía que no usaba la máquina de fotos o la filmadora?   

    Con las nuevas tecnologías no tenía necesidad de moverse de su casa pero igual debía ir a la oficina. Se pasaba horas sentado en su escritorio, sin consultas, por lo que decidió bajarse la aplicación Ibook. Le llegó cantidad de novelas y textos clásicos de la literatura universal. No supo si fue por la pantalla o el tiempo que requería de atención, pero lo cierto es que no leyó ninguna. ¿Cuánto hacía que no leía en papel?

    Bajó también la aplicación Netflix que le cambió la vida. Llegó a estar toda la jornada laboral viendo series con el celular, incluso las seguía en su casa hasta la madrugada. ¿Cuánto hacía que no iba al cine o al teatro? Sólo detenía el capítulo cuando entraba algún mensaje de WhatsApp de su hijo, que se había ido a Nueva Zelanda. ¿Cuánto hacía que no hablaban?

    Durante el día le llegaban muchos mensajes: su ex mujer lo perseguía con reclamos, los políticos lo perseguían por el voto, ofertas imperdibles, campañas solidarias. Y los videítos de los grupos: los ex compañeros del colegio secundario, los del consorcio del edificio, los de la inmobiliaria, los del grupo de fútbol. Seguían por el celular todos los partidos de la Champions League y se pasaban los goles de Messi por el grupo “Aguante el Barça”. ¿Cuánto hacía que no se juntaban a jugar al fútbol?

    Casi infalibles, a la hora de la siesta le entraban los videos de Cacho, un amigo de Facebook a quien nunca vio personalmente. Jamás pudo saber de dónde sacaba ese material: imágenes sexuales de todo tipo, color, género, edad y especie. Pasaba entonces el celular a modo avión y se encerraba unos minutos en el baño. ¿Cuánto hacía que no tenía relaciones?

    Por la tarde, con el falso motivo de mostrar un departamento, se escapaba al shopping y al supermercado. Iba por las ofertas y publicidades que le habían entrado vía mail mientras leía los diarios por la mañana. Con el celular registraba el código de barras de los productos y también pagaba con el teléfono.

    ¿Cuánto hacía que no hablaba con alguien?

     

     

    La alarma del celular le recordó la medicación de la tarde y un anuncio de Facebook le avisó del cumpleaños de su mamá. De inmediato le mandó unos sms con emoticones y un saludo que bajó de YouTube. ¿Cuánto hacía que no iba a verla?

    Ya no recordaba ninguna fecha de cumpleaños salvo la propia, ni ningún número de teléfono incluido el propio. Sí recordaba una frase de la serie Dr. House: «Lo que no se usa se atrofia, se pierde». Pensó en su salud y decidió hacerse un chequeo con la aplicación Mediktor. Se controló con su celular la frecuencia cardíaca y la presión arterial, se hizo un trazado electrocardiográfico y una oximetría de pulso; de paso consultó con el especialista en salud mental por sus noches de insomnio. ¿Cuánto hacía que no lo atendía un médico?

    Pagó todo con débito desde el celular, revisó sus cuentas por Home Banking y de paso controló el resumen de la tarjeta de crédito. ¿Cuánto hacía que no tocaba dinero?

    A las 20:25 regresó a la oficina para el cierre. Hasta aquí su rutina normal, sin pensar en nada. ¿Para qué? Si todo lo resolvía su celular. Hasta que sucedió lo de esa noche.

    Tenía cargado en el teléfono la dirección de su casa y bastaba con subirse al auto y decir, por comando de voz, “a casa”. Estaba convencido de que había hecho eso. Era su hábito automático. Manejaba de manera refleja, siguiendo las indicaciones del GPS. Al oír “arribando a destino por la izquierda” se detuvo. La sorpresa fue mayúscula: el GPS lo había llevado a las canchas de fútbol 5 donde jugaba con sus amigos. El cartel que ocupaba todo el parabrisas no admitía equívocos: “Doña Pelota”. Volvió a encender el auto, aplicó otra vez el modo GPS y ahora, sin lugar a dudas, repitió “a casa”. De nuevo desconectó su cabeza y se dejó llevar.

    Desde que usaba el GPS había perdido el poder de orientación en el tiempo y el espacio. Como un autómata detuvo el auto y se bajó al instante de haber escuchado “arribando a destino por la izquierda”. Cuando encaró hacia donde debía estar su edificio, su departamento, se topó con la entrada de la casa de su madre. La verja le disparó infinidad de recuerdos, de aromas de infancia.

    Miró la hora en el celular: 21:48. Sabía que la vieja se iba a dormir temprano. Regresó al auto. Sentía palpitaciones. A pesar de que las manos le transpiraban, decidió cargar otra vez la dirección de su casa, esta vez por escrito. Se sentía al borde de una crisis de pánico, como las que tenía antes del nacimiento de su hijo. El andar bajo el mando del celular lo tranquilizó, puso música y se dijo que ya habría tiempo para explicarse lo sucedido. De última, haría los reclamos a la compañía del teléfono o a la empresa de la aplicación del GPS.

    Cuando según el celular había llegado a destino, otra vez no estaba en su casa. Se empezó a desesperar. Comenzó a hacer unos ejercicios de respiración que había aprendido en yoga y se puso un clonazepan sublingual. ¡Y el celular que se quedaba sin carga! Lo guardó en el bolsillo, cruzó la vereda e ingresó al hall de entrada del edificio donde lo llevó el GPS. El sitio le resultó familiar. Se acercó al portero eléctrico y reconoció dónde estaba al leer, al lado de 4ºA, “Dr. Kopelman Psiquiatría”. Se sentó en el cordón de la vereda. ¿Cuánto hacía que no se sentaba en la calle?

    Lo inundó una soledad sin fondo y tuvo ganas de llorar. ¿Cuánto hacía que no lloraba? Se quedó sentado un tiempo sin tiempo.

    Pensó en él. Pensó en ese día y en tantos días repetidos, rutinarios, alienados. Pensó en su vida. Pensó por él mismo. ¿Cuánto hacía que no pensaba? Pensó y comenzó a repetir, como un rezo laico, como un loco, solo: “recalculando, recalculando, recalculando…”.  

  • Las aulas de marzo: el regreso de la rutina y la esperanza

    Por Alejandro Mareco | Periodista

     

    El comienzo de las clases pone en funcionamiento la gran rutina que sigue al tiempo laxo del verano. La escuela juega otra vez su papel decisivo en el destino de la sociedad.

     

    Hay una mañana en la que los engranajes de los días, de las cosas, se vuelven a acomodar en su lugar y entonces sí, verdaderamente el mundo parece ponerse finalmente en acción. Esa es la mañana del gran lunes, porque no hay lunes más inmensamente lunes que el día en el que se abren las puertas de las aulas y cientos de miles de niños y chicos argentinos y miles de maestros comienzan a respirar el cotidiano aroma de las escuelas.

    Marzo es el mes en el que el imperio de la rutina deja atrás los escarceos soleados de las  vacaciones, el tiempo laxo del verano, e impone el rostro más riguroso de la rutina semanal. El nuevo orden de los días no sólo sucede en las escuela, sino en cada una de las casas que acomodan sus movimientos a los horarios de los estudiantes, y también en el espacio común: las calles, sobre todo en las ciudades en los que las unidades de transporte escolar vuelven a sumergirse en el oleaje del tránsito, y los mediodías se congestionan frente a las puertas de las escuelas.

    Hay nuevas multitudes en movimiento. Son los chicos que viven la frescura de su tiempo a plena luz. Cada cual lleva consigo, además, su circunstancias.

    Muchos han llegado con ansiedad al término de un azaroso verano, y encuentran otra vez un lugar de contención que en miles y miles de caso incluye un plato de comida, una merienda y la chance de sostener un lugar en la sociedad a través de la escuela pública.

    También atraviesan las calles los que tienen oportunidades educativas superiores, y las legiones de clase media que fluctúan entre escuelas públicas y privadas en busca de los viejos anhelos de encontrar en la educación la fuente de la que se bebe el agua del futuro.

    Sí, el aroma de las aulas que en estos confines del sur de planeta comienza a fluir en marzo (salvo escuelas que por condiciones geográficas de frío adverso tienen régimen distinto), impregnará definitivamente la memoria de los días de la infancia: goma, tinta, sudor, guardapolvo, uniforme nos dan el rastro claro de la infancia común que nos ha tocado vivir a muchas generaciones.

    Pero que hace no mucho más allá de un siglo que se asume como un recuerdo de la totalidad.

     

     

    Papel decisivo

    La escuela no sólo representa sino que es de hecho el comienzo de la vida social. Es la institución por la que la sociedad, el proyecto colectivo de la gran comunidad, toma a los chicos de cada uno de los hogares para sumarlos.

    Es el cuerpo nacional el que de algún modo interviene para ser parte del destino de los hijos argentinos, a los que dotará de un sentido de pertenencia y de instrumentos del conocimiento teórico y práctico para que se conviertan en instrumentos que contribuyan a desarrollar el porvenir del conjunto. Para eso, claro, se necesita un proyecto común, entender un horizonte

    Es lo que se espera que suceda. Pero las cosas casi siempre no son las ideales. Y menos en una nación atravesada por los barquinazos de la historia, por las mareas y contramareas que nos han hecho dar pasos adelante y pasos hacia atrás, algunas veces demasiados hacia atrás.

    Hace 138 años (1884), la ley de Educación Común impulsada por el gobierno de Julio Argentino Roca, le dio carácter laico, gratuito y obligatorio a la escuela argentina. Entonces, menos de uno de cada cinco habitantes de este suelo sabía leer y escribir. Luego al llegar al Centenario de 1910, esa ecuación se había modificado a dos de cada tres. En estos tiempos, el índice de alfabetismo en Argentina es inferior al dos por ciento.

    Esa condición obligatoria y gratuita de la escuela tendría un papel constructivo decisivo en la consolidación nacional y cultural de aquella Argentina que abrió sus puertas a las inmensas oleadas inmigratorias que a finales del siglo 19 y principios del 20 llegaron sobre todo de Europa hablando diversidad de lenguas y portando rastros de otras historias lejanas.

    El aula pública fue lentamente neutralizando esa torre de Babel en la que se convirtió el país, a medida que los pequeños inmigrantes y los hijos de los venidos de otras latitudes asumieron nuestra lengua y nuestra historia para sumarse a la maceración de una identidad común.

     

    “Buenos días, se-ño-ri-ta!

     Las mujeres al frente de las aulas, una constante de la educación argentina.

     

    "La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños".

    Las palabras fueron pronunciadas por Nicolás Avellaneda durante los días de su presidencia (1874-1880).

    La presencia de la mujer al frente de las aulas sería un rasgo definitivo de la educación argentina - y de muchos otros países -,  pues siguen siendo abrumadoramente mayoritarias, sobre todo en lo que a escolaridad primaria se trata.

    Pero el primer maestro del que se tiene registro en estas tierras fue el español don  pedro de Vega, en Santa Fe. Y tanta era su valoración, que tenía prohibido dejar la ciudad bajo pena de pagar una multa de “200 pesos castellanos”, según un acta capitular de mayo de 1577.

    Ya en el siglo 19, un grupo de maestras emblemáticas fueron las que Domingo Faustino Sarmiento convocó a venir desde Estados Unidos, en su presidencia (1868-1874). La tentación fueron los altos sueldos, que doblaban o triplicaban los 50 pesos horas que ganaban en Seattle, su lugar original. Claro que debían reunir condiciones muy precisas: provenir de buenas familias, ser muchachas jóvenes solteras, en incluso bien parecidas.

    Las exigencias para las maestras en los finales del siglo 19 serían aún más severas, y se estipulaban claramente en los contratos que firmaban.

    “No podían tomar alcohol en público, no podían usar vestido que se les viera el talón, no podían estar a solas en un coche con un hombre o en un salón, no podían ir a las heladerías porque eran algo así como bares, y no podían tener novio ni casarse. O sea, obviemos que tuvieran novio, si no que de un día para el otro dijeran bueno, me casan con tal, o me caso con tal, o mis padres me casan; bueno, al otro día perdían el trabajo. No podían. Era como una especie de sacerdocio, las querían 100 por ciento para enseñar. Y bueno, estas mujeres estaban dispuestas a eso, firmaban ese contrato. Era tal la vocación que estaban dispuestas a renunciar a todo”.

    La explicación es de la escritora Viviana Rivero, autora del libro “Mujer y maestra”, según consta en una entrevista del periódico Infobae.

    Pero también sería una maestra la iniciadora de la primera huelga docente en la historia de la educación argentina. Se produjo en 1881, durante la presidencia de Julio Argentino Roca,  en la Escuela Graduada y Superior de San Luis. Encabezadas por su directora, Enriqueta Lucero de Lallemant, las docentes reclamaron por un largo atraso en el pago de sus sueldos y contra recortes salariales de todos los empleados públicos que se venían aplicando desde 1874.  

    “Nos hemos resignado muchos años, con la esperanza de que esto mejorase; más viendo las nuevas dificultades que se presentan para el pago, no nos queda otro recurso que suspender las tareas escolares hasta que el Excelentísimo Gobierno tome las medidas que crea del caso”, plantearon.

    Muchas veces palabras similares volverían  a repetirse a lo largo de la historia de nuestras aulas y la constante postergación de los docentes.

     

     

    Historia y mitos

    Claro que la escuela fue cuestionada también por ser parte de la estrategia de un proyecto de país que muchas veces ha impuesto, hasta incluso con la fuerza, una manera de ver las cosas (la historia, los valores, el presente) y entender la educación.

    No bien entramos al aula el primer día de clase, empezaron a contarnos. Quizá comenzamos por pintar la escarapela, o a armarla con papel glasé o bolitas de papel crepé. Qué bien quedaba el celeste sobre el cuaderno blanco, sobre todo cuando estaba recién abierto, como nuestras mentes.

    Después, coloreamos la silueta argentina al final del sur. Éramos parte de un mundo en el que la porción que nos tocaba estaba rodeada por altas montañas y por un inmenso océano. Y adentro había ríos, desiertos, campos, ciudades.

    Pero, ¿por qué éramos argentinos, cómo se había hecho la patria? Entonces, la historia hizo su gran entrada en nuestras cabezas.

    Asomó apuntalada por mitos, como el de aquel lluvioso 25 de mayo de escarapelas y paraguas; es que había que consolidar la pertenencia argentina. Pasaron los grados y los docentes nos fueron fijando ideas, del mismo modo que habían sido fijada en ellos.

    Así fue que José de San Martín era un ser de bronce inmaculado en su moral y en su humanidad, un militar capaz de las hazañas más gigantes, aunque poco se habló de su convicción revolucionaria, de su proyecto americano, de su ansia de justicia que ayudó a cambiar el mundo de su tiempo. Y sobre Bernardino Rivadavia, identificado como el hombre del sillón y de las luces del progreso, poco se decía de su condición de enemigo interno de San Martín, de las provincias y de la causa americana.

    Sin  embargo, en la evolución social del país, la escuela pública significó durante décadas  una puerta a la oportunidad de progreso personal y colectivo. En algún pasaje del siglo 20, el país fue una gran referencia latinoamericana de la movilidad social, y la institución escolar tuvo en ese sentido un aporte decisivo. Los instrumentos del conocimiento repartidos hicieron posible que generaciones alcanzaran la chance de dar un salto cualitativo que, en medio de condiciones sociales favorables, se vio reflejado en el acceso a la formación universitaria, incluso de los sectores más bajos.

    Mientras tanto, la escuela ha sufrido con los dolores del país. Como pasó al despuntar el siglo 21, cuando en la profundidad de la crisis  se vio desbordada por la angustia de la necesidad. Los estragos de la pobreza nos hicieron retroceder décadas y se pronunció un abismo entre la educación pública y la privada.

    Pero es en las aulas donde se gesta la Argentina del futuro. Por eso, volver a clases es de algún modo volver a remontar el vuelo de la esperanza. la oportunidad todavía es posible.

     

     

  • Las hinchadas de la droga y la violencia

     

     

    Las disputas internas en la barra brava de Newell´s y la prolongada hegemonía de Andrés “Pillín” Bracamonte en la de Central se superponen con las disputas de clanes rivales en el negocio de la droga. Alianzas inestables y entendimientos provisorios en una escalada de violencia que no se detiene.

  • Las historias detrás de los héroes de la pelota

     

     

    La mesa está servida.  En la previa mundialista, el menú a la carta lo propone HBO con sus mejores ingredientes y las recetas más originales para contar historias humanas.

  • Las series, interpretaciones posibles de la era contemporánea

    Por Luz Saint Phat | Periodista

     

    En los últimos años, este tipo de contenidos ha tenido una expansión en la producción y en el consumo. Se abordan problemáticas actuales desde perspectivas que atrapan a la audiencia. El psicoanálisis ofrece una interesante mirada sobre este fenómeno.

  • Legalización del aborto: tras años de demora, el Congreso aborda un debate de fondo

     

    La discusión divide de manera transversal a la Cámara de Diputados, donde la reforma se votaría a principios de junio. Con una leve ventaja de los que se oponen a la medida, la definición está en manos de unos 40 legisladores que todavía no decidieron o no anunciaron su voto.

  • Llámame Bruna, un drama erótico que desafía al espectador

    Por Lic. Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

     Llámame Bruna, la serie realizada por la Agencia Nacional de Cine, dependiente del Ministerio de Cultural de Brasil que Fox Premium exhibe a través de ColsecorPlay, nos da la oportunidad  de penetrar en los meandros de la vida de una adolescente de clase media alta que decide adoptar la prostitución como forma de vida.

    La serie exhibe con gran honestidad intelectual, el contradictorio, escabroso pero siempre enigmático mundo del sexo pago.

    Para quienes gusten del porno, con Llámame Bruna no se sentirán defraudados, pero me atrevo a decir que quienes desechan o repudian el sexo explícito en la pantalla,  tal vez puedan transitar  los 14 capítulos -existentes hasta el momento- sin inquietarse demasiado.

    En esta serie las escenas eróticas son de alto voltaje pero sin provocar con la exhibición morbosa o de mal gusto.

    La temporada 2016 fue dirigida por Marcia Faria y la del año 2017 por Pedro Amorín y el argentino  Octavio Scopelleti. Un dato adicional: en los capítulos del segundo año aparece  Miriam Lanzani, chaqueña, separada actualmente del Animal Suelto Alejandro Fantino.

    En el capítulo especial que da inicio a la segunda etapa, los autores y actores definen que en Llámame Bruna, el sexo no es un recurso oportunista, o una sucesión de imágenes destinadas a excitar al espectador sino que la idea es introducirlo en una realidad social de seres muy vulnerables.

     

    Una historia real

    Llámame Bruna, está basada en la historia real  de Raquel Pacheco una adolescente,  de 17 años,  hija adoptiva de una familia de clase media alta. Raquel en busca de la independencia y la libertad personal, sin medir consecuencias, decide adentrase en el camino de la prostitución o según se lo mire en el trabajo del sexo.

    Sin agotar todos los personajes que se mueven en el mundo paralelo de la sexualidad comercializada, Llámame Bruna, exhibe una muestra bastante acabada de personalidades que conviven en cada personaje y tal vez en este juego dual resida la riqueza de la propuesta.

    La mujer casada que trabaja en el burdel por necesidad y no por deseo; el homosexual y una familia que no lo contiene en su opción de vida, la travesti que asume su elección de género, los proxenetas y los variopintos clientes, todos se entrelazan en la serie mostrando sus virtudes y miserias.

    A lo largo de los capítulos, hay momentos para todos los sentimientos humanos. Amor, odio, soledad, locura, abuso, ambición, compulsión, alegría, ternura se suceden en la pantalla casi sin estridencias ni golpes bajos.

    Bruna Surfistinha, nombre elegido por Raquel Pacheco para ejercer el oficio más antiguo del mundo, vive en constante tensión y si bien pone el cuerpo para asumir el desafío de su elección, la pelea de fondo se da en su cabeza y en su corazón. En la vida real el raid de Bruna corrió entre los 17 y los 21 años, edad en la que abandonó la experiencia.

    El éxito en una sociedad competitiva y consumista se mide por resultados monetarios y fundamentalmente por la instalación mediática. Surfistinha atraviesa sin descanso ese recorrido. Sorteando romances botineros, peleando un lugar en la prostitución Vip, cubriendo en ese devenir el juego habitual que propone  la espectacularización de la noticia.

      

    Ese objeto del deseo

    La actriz María Bopp es Raquel y Bruna a la vez. Y esa dualidad que la convierte en el objeto de deseo o envidia de los personajes que la rodean es también un anzuelo deseante para los espectadores, habituados a las sagas hiperrealistas de la televisión chimentera.

    El atractivo de María, Raquel, finalmente Bruna no está dado por la mera exposición de su cuerpo desnudo sino por la pulsión escópica que emana y generan sus ojos: síntesis del goce humano, que no siempre concluye en sonrisa o alegría sino que puede derramar en llanto, soledad y tristeza.

     

    Llámame BrunaDrama erótico.

    Producción de ANCINE, Brasil y  Fox distribuida por Fox Premium.

    Basada en la vida real de Bruna Surfistinha, ex trabajadora del sexo y ex actriz porno brasileña.

    Primer capítulo: octubre 2016; segunda temporada, en curso.

    Calificación: Más que menos.

    (Categorías posibles: 1. Lo más, 2.  Más que menos, 3. Menos que más. 4. Menos cero).

     

     

    MI EXPERIENCIA CON PROSTITUTAS

    Alguna vez como secretario de Comunicación y Difusión de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), por curiosidad y necesidad de información hube de alternar con la primera agrupación de mujeres que se reunían por el derecho al trabajo sexual.

    Acostumbrado a hablar con dirigentes sindicales me preguntaba por qué esas mujeres habían elegido organizarse sindicalmente.

    Debo confesar que a pesar de la amplitud de miras, con la que encaré el encuentro, guardaba mis prejuicios. Tenía para mí que se reunían para dejar de ser prostitutas y conseguir algún trabajo dignamente reconocido por la sociedad. Fue en los 90, esos tiempos donde por primera vez, en muchos años, los desocupados comenzaban a ser más que los empleados.

    Ante mi pregunta sobre por qué querían armar un sindicato, me contestaron que ellas “querían cobrar sin que nadie les robara parte de lo ganado y que la policía no les pegara.” O sea sin cafisho ni represión.

    De ese núcleo de mujeres que lideraba Elena Reynaga surgió luego AMMAR, Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas, un sindicato reconocido y respetado en varias ciudades argentinas.

    Con esas consignas como base lucharon contra los edictos policiales y los códigos de convivencia de muchas provincias y distritos. Trabajaron incansablemente contra el SIDA y bregaron por el uso del preservativo. Muchas consiguieron tener Obra Social y hasta lograron que algunas policías fueran menos bravas con ellas.

    La mayoría de las chicas dejaron de ser objetos de consumo para convertirse en sujetos de derecho. Muchas accedieron a distintos niveles de estudio y tal vez sin proponérselo, abandonaron la calle.

    La sindicalización les permitió discutir el modelo de sociedad en la que están insertas, bajando simultáneamente los niveles de discriminación en sus interlocutores.

    Llámame Bruna permite visualizar que detrás de los “taco aguja, las polleras cortas y los escotes amplios,” hay seres humanos, mujeres al fin, movilizadas laboralmente desde un trabajo que  no siempre se realiza para la obtención del goce ni por elección sino que la más de las veces se ejerce por obligación o necesidad.

  • Los argentinos, desconfiados de sus medios

     

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Investigador UBA, UNQ y Conicet

     

    La mayoría de los argentinos desconfía de la edición de noticias que presentan los medios de comunicación, confirmó un nuevo estudio comparativo entre 38 países que ubica a la Argentina como uno de los de menor credibilidad en la información política y de gobierno, lo que a su vez se corresponde con la grieta político-social que caracteriza el debate público en el país.

     

     

     

    En pleno 2018 las grandes marcas siguen invirtiendo sumas millonarias en los medios de comunicación y los políticos más notorios se desvelan por la imagen que reflejan tanto los medios tradicionales como los digitales. El Estado continúa siendo el principal anunciante y no sólo el gobierno nacional sino también los gobernadores e intendentes mantienen aparatos de propaganda, parte de cuya actividad es proveer a los medios y a los periodistas de insumos para su difusión. Así es que, para las organizaciones políticas y económicas, los medios tienen relevancia. Pero ¿qué tan significativos son para las personas de a pie que conforman las audiencias? 

    La sociedad argentina conforma un público bastante más desconfiado que el de otros países sobre las noticias de los medios, en particular de las políticas y de gobierno. La falta de credibilidad del público argentino erosiona el corazón del sistema de información masiva, restándole significación en lo cotidiano y, con el correr de los años, limando su eficacia y función. 

    Sólo el 37% de los argentinos cree que los medios cubren temas políticos razonablemente. En cuanto a las noticias del gobierno, un 38% dice que se cubren bien y un 57% que los medios lo hacen mal, según reveló un reciente informe de Pew Research Center en base a una encuesta realizada en 38 países de todos los continentes entre casi 42 mil personas en el primer semestre de 2017. El informe de Pew Research coincide con las series que históricamente publica otro estudio que abarca América Latina, el de Latinbarómetro. En efecto, algo peculiar ocurre entre los medios argentinos y su público, algo que distingue a la Argentina de la mayoría de los países donde se administran estos sondeos. 

    Según Katerina Matsa, directora de periodismo de investigación en Pew, “es interesante lo bajo que se ubica Argentina en la encuesta al valorar la cobertura de asuntos políticos de fondo”. Resulta difícil no relacionar la escasa confianza de los argentinos en las noticias políticas con el sesgo manifiesto que imprimen los medios y su constante editorialización de las mismas, que refleja de modo automático la ya famosa grieta político-social. De hecho, el 72% de los argentinos dice que es inaceptable que una organización de medios favorezca un partido político sobre otros cuando cubre noticias y, en este aspecto, la respuesta de los entrevistados en la Argentina se alinea con las de los demás 37 países del relevamiento. 

    La grieta constituye una variable para comprender tanto el apoyo directo de las empresas periodísticas a un sector político como, también, las respuestas del público relativas a la credibilidad de los medios. Así, entre los partidarios del gobierno de Mauricio Macri, un 48% dice estar satisfecho con la labor de los medios, mientras que entre los opositores a Macri sólo el 34% declara satisfacción con la cobertura noticiosa. La distancia de 14 puntos expresa una de las dimensiones de la grieta y su repercusión en el escenario informativo. 

    Tal vez por la decepción con el sistema de medios tradicional, el trabajo de Pew muestra que los argentinos son más proclives a buscar noticias en las redes sociales digitales (los argentinos lo hace en un 51% contra el promedio de 35% para todos los países del estudio). A la pregunta de cuántas veces al día usa Internet para informarse, el 30% de los entrevistados argentinos dice que varias veces al día (y un 39% dice usar redes sociales para informarse varias veces al día) y un 17% una vez por día. En total, la mitad de los encuestados del país usa Internet al menos una vez por día para acceder a noticias. Estos porcentajes varían según la edad (los menores de 50 años usan Internet y las redes más frecuentemente) y los ingresos (los de mayores ingresos usan más Internet y las redes para informarse), pero casi no hay variaciones por género y, desafortunadamente, la encuesta no desagrega entre grandes ciudades y pequeñas localidades, donde se apreciarían también diferencias debido a las deficientes condiciones de conectividad fuera de los principales centros urbanos. 

    El trabajo es un insumo para comprender una de las aristas de la crisis de los medios y su decreciente significación para la vida cotidiana de su público. Un problema que es político, sociológico y que dialoga con las transformaciones del espacio público.

     

    Fuente: Perfil.com 

  • Los discursos de la tolerancia

    Mario Riorda

    Politólogo. Director de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Austral 

     

     

    Definir qué cosa es tolerancia, o lo que se considera como respeto por la tolerancia no es nada sencillo. 

    Inicialmente, es oportuno tomar una reflexión (dada por la negativa, ciertamente), que el jesuita Osvaldo Pol hacía, advirtiendo que la tolerancia puede devenir en tres tipos básicos de desviaciones.

    La tolerancia porque hay desinterés.

    La tolerancia de los que no tienen nada que defender.

    Y una tolerancia escéptica y libertina, que descalifica a los otros desde el prejuicio.

    La que tolera porque en el fondo se desinteresa parece banal pero es la más violenta porque lo que esconde es una negación o subestimación del otro que ni siquiera llega a considerar.

    La tolerancia de los inseguros que no tienen ninguna certeza que defender. Es difícil imaginar personas sin ideas. Es más bien imposible. Pero sí hay personas sin compromiso. Escondidas en su comodidad o en su visión individual. El racionalismo, desde un discurso técnico, describe a esto como maximización de utilidades. Traducido: aunque la maximización es egoísmo, muchos maximizan del modo más egoísta posible. Sin ser parte de causas, defensas, reclamos, posturas públicas donde la idea de bienestar general sea importante.

    Se me ocurren algunas grandes ideas de las que es difícil no posicionarse en torno a ellas como la defensa del Estado de Derecho, el desenmascaramiento de las injusticias, la pobreza y la marginalidad, el análisis crítico de la globalización, el señalamiento de los extravíos recurrentes del compromiso social y la ausencia habitual de ética en el ámbito político, sumado a una defensa irrestricta de los valores democráticos, las libertades personales, morales, religiosas; la visión sobre el ambiente. Son algunos tópicos en la búsqueda de verdades contributivas a un orden social y político más justo. 

    La tolerancia escéptica y libertina parte del prejuicio de que los demás son incapaces y tontos. Esta última se evidencia en conductas condenables públicamente que cada día se tornan más y más visibles. Algunos se animaron a destapar la olla y lo políticamente correcto ya no prima. Probablemente siempre existieron prejuicios, pero costaba exteriorizarlos. Hoy no. Y no sólo no se pagan costos por hacerlos públicos, sino que los radicalismos ganan terrenos, ganan elecciones, ganan espacio.

    Son muchas las circunstancias en las que los rasgos identitarios de personas y grupos se superponen incluso a normas democráticas. La palabra cohesión suena difícil si no se la entiende solamente asociada al tribalismo. Un síntoma dado en la idea de que la lealtad a las pasiones es más fuerte que la lealtad a las normas comunes. Y aparecen quienes creen en la democracia, pero sus intereses se meten en el medio; creen en la idea de una nación, pero sus intereses se meten en el medio. Esto produce algo así como una erosión de las normas del consenso democrático. Justifican la violencia por la defensa de la identidad. Justifican secesiones por identidades, o también por no sentirse identificados frente a lo otro.

    Y encima aparece el miedo. Miedo a los temas clásicos de la agenda pública: al desempleo, a la inseguridad, a la inflación, al pasado, al futuro. El compromiso de clase es puesto en duda, aún en regiones con mayor desarrollo económico y social: dos tercios de los ciudadanos en Estados Unidos y Europa afirman que sus hijos estarán peor de lo que ellos están. Y miedo también a que exista una supremacía de normas morales opuestas al modo de pensar de cada uno. En este contexto, la pretensión de gobiernos que satisfagan a mayorías es bien difícil de concretarse. Timur Kuran afirma que en los ciudadanos es menor el riesgo de pérdida de confianza en el gobierno que el de la pérdida de confianza en el otro. Y el resultado es entonces bastante obvio y palpable: se gestan comunidades intolerantes. Mundos identitarios aislados sin conexión unos con otros salvo para diferenciarse. No se trata de aculturación ni de sincretismo. No es adoctrinamiento. Es la celebración de mi modo de pensar por otro procedimiento.

    Y por si fuera poco, los consumos son un éxtasis de contenidos que afianzan lo que quiero y en lo que creo. La cadena infinita y oculta de algoritmos -sólo por citar un acelerador de esta tendencia- funciona como una labor paciente que ensalza mis ideas y mis prejuicios, pero realizada de modo íntimo: un show sólo para mí y en mis redes. 

    Nada de lo anterior sería posible si no fuera realizado en base a información previa para que cada acto comunicacional desplegado hacia mí dependa de gustos, patrones de consumo, likes, comentarios, sentimientos, conductas, palabras clave. De ahí su eficacia. Incluyendo la eficacia de saber qué cosas odio o rechazo. 

    Por todo ello, y considerando pues las desviaciones de la tolerancia (lo que de por sí podría constituir una “intolerancia”, a secas), es necesario rescatar el valor del activismo social. Es necesario no claudicar en esa tarea. No hace falta negar la pasión porque es una llama de voluntad siempre encendida. Lo que activa la acción. Pero sí hace falta contraponerla o compensarla siempre con la razón. Esa transparencia que nos brindan el discernimiento y las ideas plurales. 

    Por lo que la tolerancia es virtud cuando sólo tolera lo tolerable, es decir que cuando tolera, advierte, corrige, enseña, toma partido; si bien es pacífica, no es zonza; si bien tolera al diferente, busca su zona en común, el punto de enlace y diálogo.

    Giovanni Sartori afirma que el pluralismo presupone una disposición tolerante y, estructuralmente, asociaciones voluntarias "no impuestas", afiliaciones múltiples, y también líneas de división, transversales y entrecruzadas. Agrega que pluralismo es vivir juntos en la diferencia y con las diferencias; pero lo es respetándose. Entrar en una comunidad pluralista es, a la vez, un adquirir y un conceder.

    Parafraseando entonces a André Béjin, ser tolerante puede permitir ser acusado eclecticismo, pero es el modo de ser firmes defensores y garantes, al menos en lo que humildemente se pueda, del valor irrenunciable y magno de la tolerancia.

  • Mapa del delito | Cuando las víctimas se convierten en victimarios

    Desde el caso del ingeniero Horacio Santos hasta el del médico Lino Villar Cataldo, los episodios de “justicia por mano propia” conmueven a la sociedad argentina. Un fenómeno que reaviva la discusión en torno a los problemas de la seguridad pública. 

    Osvaldo Aguirre| Escritor y periodista

     

    “Y no tendrás piedad: vida por vida, ojo por ojo, mano por mano, pie por pie”. El Deuteronomio, uno de los libros del Antiguo Testamento, formula con esas palabras lo que se conoce como Ley del Talión, un principio de reparación donde el castigo repetía el crimen cometido. Por mucho que el sentido de la administración de justicia se haya desarrollado a través de la moral, la ética y el Derecho, aquella concepción primitiva permanece latente y, como muestra la historia argentina reciente, se activa en períodos de crisis e incertidumbre social.

    La “justicia por mano propia”, como se llama a los crímenes cometidos en nombre de una Justicia que supuestamente no responde, evoca la antigua Ley del Talión. Desde el ingeniero Horacio Santos al médico Lino Villar Cataldo, sus ejecutores se convirtieron en figuras públicas y movilizaron reclamos a la clase política, donde las demandas legítimas de seguridad se confundieron con expresiones autoritarias.

    El caso Santos marcó el ingresó del término “justiciero” al lenguaje cotidiano. Y mostró el modo en que la representación de los delitos, las interpretaciones que se construían a través de los medios masivos, tenían efectos en términos políticos y justificaban decisiones en áreas en principio tan distantes como la economía.

    El 16 de junio de 1990, en Villa Devoto, Santos mató a Osvaldo Daniel Aguirre y Carlos González después de que le robaran el estéreo de su Renault Fuego. El ingeniero, entonces de 42 años, se había entrenado en el uso de armas y persiguió 20 cuadras a los ladrones, que estaban desarmados.

    Osvaldo Daniel Aguirre y Carlos González

     

    Santos se convirtió en el centro de una campaña impulsada por el periodista Bernardo Neustadt, a la que se sumaron dirigentes políticos y personalidades públicas. El entonces presidente Carlos Menem avaló tácitamente su reacción: “Yo no sé cómo habría obrado en una situación similar. Habría que estar adentro de su piel”.

    Neustadt fue más explícito. En un artículo titulado “¡Yo hubiera hecho lo mismo!" definió a Santos como “un líder social que había hecho lo que millones de argentinos en algún momento pensaron hacer” y lo justificó por “el hartazgo de ver tanta impunidad”.

    Lo revelador del episodio no son los detalles del hecho en sí, sino el modo en que registró, tempranamente, los efectos sociales del programa neoliberal. Hijo de un suboficial de bomberos, Santos había completado sus estudios con sacrificio y formado una familia con una arquitecta, también de origen modesto, y cuatro hijos. El ingeniero representaba en el imaginario de la época los valores de esfuerzo y superación de la clase media, y también sus oscuros temores; Aguirre y González, changarines desocupados, con antecedentes policiales menores, hacían presentes a los que comenzaban a quedar en los márgenes de la sociedad, expulsados por las transformaciones de la economía.

    El “justiciero” era una figura que ponía en cuestión el estado de la seguridad y el funcionamiento de la Justicia. La demanda de mayor severidad en las leyes no era nueva, ya que se puede seguir a lo largo del siglo 20 como reacción ante hechos que conmovieron a la opinión pública, pero se inscribía en un contexto específico: la fragmentación social y territorial de la población como efecto de la flexibilidad laboral, la desocupación y el empobrecimiento generalizado de la población. Fue Menem el que expuso la instrumentación política de las cuestiones de seguridad: si no había presupuesto para la Policía, argumentó, era porque las empresas del Estado resultaban deficitarias y en consecuencia había que privatizarlas.

    El debate se concentró en los límites de la legítima defensa y en la imputabilidad del ingeniero, que según sus defensores había actuado bajo emoción violenta, después de que le robaran el estéreo una docena de veces. Poco después, los mismos voceros periodísticos, judiciales y políticos que lo ungieron como modelo comenzaron otra campaña, esta vez en defensa del subcomisario Luis Abelardo Patti, detenido el 2 de octubre de 1990 por apremios ilegales a dos detenidos por un robo en Pilar. “Hizo todo bien”, declaró Menem sobre el policía que supuestamente encarnaba la mano dura ante el delito y terminó condenado por crímenes de lesa humanidad.

    Pese al apoyo que recibía, ratificado por encuestas del momento, Santos nunca accedió a la prensa. Mientras se sometía a un largo proceso judicial, que concluyó con su absolución, prefirió llegar a un acuerdo con los familiares de las víctimas, a quienes resarció con un departamento y dinero. Y no volvió a usar armas.

     

    En banda

    En los relatos periodísticos, el “justiciero” es aquel que reacciona ante un orden injusto, un abuso, algo que lo indigna y lo lleva a la acción ante la ausencia del Estado. Pero la chispa puede ser más amplia e involucrar a grupos de personas, como ocurrió en una serie de casos registrados en distintos puntos del país.

    La “justicia por mano propia” configura en esa versión una especie de movimiento donde se asocian gestos de la pueblada -la reacción espontánea de un grupo social- con prácticas de barbarie, como el linchamiento. La cobertura mediática -por ejemplo, el “acompañamiento” que hacen algunos canales de noticias de los vecinos que salen a la caza de presuntos delincuentes o destruyen sus bienes y viviendas- suele funcionar como un estímulo y a la vez una legitimación de esas acciones.

    Una característica de esos casos es la desproporción entre los delitos y el castigo: robos que no se llegan a producir, arrebatos de carteras y hurtos de teléfonos celulares pueden derivar en la ejecución callejera de los presuntos responsables. Otra es que la participación grupal diluye las responsabilidades: no hay a quién acusar.

    El linchamiento de David Moreira expuso el grado de violencia con que se consuman estos homicidios. El 22 de marzo de 2014 una turba de vecinos del barrio Azcuénaga, en la zona oeste de Rosario, lo atacó después de que intentara robarle el celular a una mujer embarazada. Un video que todavía puede verse en la web muestra que el joven, de 18 años, había sido reducido y estaba en el piso, sin reacción, cuando al menos dos hombres empezaron a darle patadas en la cabeza.

    Moreira murió unos días después. La brutalidad del caso fue replicada por comentarios en las redes sociales que justificaban el asesinato, tildaban de “zurdos” a quienes denunciaban el hecho y exhortaban a mantener silencio ante las averiguaciones de la Justicia.

    El 13 de agosto, el fiscal Florentino Malaponte, pidió seis años de prisión para tres hombres partícipes del crimen, bajo el cargo de homicidio en riña. Basta ver el video, sin embargo, para comprobar que la pelea no existió.

    La situación se repitió en la tarde del 11 de junio de 2015, cuando José Luis Díaz y Claudio Domínguez intentaron robar el celular de un adolescente en el barrio Quebrada de las Rosas, en la ciudad de Córdoba. Los ladrones llevaban una pistola de juguete, y como el adolescente se resistió comenzaron un forcejeo.

    Un grupo de vecinos rodeó a Díaz mientras Domínguez alcanzó a escapar. Entre 15 y 20 personas se reunieron para pegarle mientras estaba en el piso y después lo ataron a un poste para continuar con los golpes. Díaz murió el 24 de junio. Como en el caso de Moreira, la Policía se encontró con una especie de pacto de silencio en la investigación del episodio. Nadie parecía saber nada en el barrio. Finalmente fueron identificados tres vecinos como parte de los agresores.

    La pena de muerte fue también el castigo que recibió Cristian Cortez, de 18 años, por intentar el robo de un celular en la localidad de Rawson, en la provincia de San Juan.

    Cortez fue atacado por un grupo de jóvenes y adolescentes, pero no perdió la conciencia. Llegó a declarar sus datos en la comisaría local, donde lo llevó la policía, pero enseguida se descompuso y, tras entrar en coma, murió el 16 de marzo de este año.

    “Esto no es legítima defensa, es una salvajada, pidamos justicia siempre pero la violencia nunca se puede terminar con más violencia”, declaro Carolina Píparo en Twitter.

    Porque no se trataba ni siquiera de la Ley del Talión. La violencia de la “justicia” superaba a la del delito.

     

    Familiares de David Moreira

    En horario central

     El 18 de octubre de 2017 un grupo de vecinos del barrio Santa Rosa de Lima, en la ciudad de Santa Fe, acusó a Fabio Santiago Borda de violar a una adolescente de 14 años. Sin más trámite incendiaron la casa del sospechoso y lo apalearon en la calle.

    Borda, un vendedor ambulante de 57 años, falleció una semana después en el hospital José María Cullen. Los vecinos se basaron en la denuncia de la víctima, pero no dieron tiempo a la actuación de la Justicia. La causa fue archivada ante la muerte del hombre.

    “Fue terrible lo que le pasó a la nena y terrible que se siga haciendo justicia por mano propia. Entiendo que la gente se puede enojar pero nada justifica la muerte de alguien”, dijo la fiscal Alejandra Del Río Ayala.

    El 25 de abril de 2018 otro linchamiento alteró la vida cotidiana en la localidad bonaerense de José C. Paz. Vecinos del barrio Favaloro mataron a golpes a un hombre identificado como Ricardo Martínez,  acusado de violar a su propia hija, de 14 años.

    El cuadro estremecedor del hombre moribundo, rodeado por una turba que celebra su muerte y lo insulta, circuló en la web a través de un sitio de noticias relacionado con la policía bonaerense con una leyenda que justificaba el asesinato.

    Si esos crímenes involucran a sectores marginales de la sociedad, el del  médico Villar Cataldo ingresó al horario central de la televisión. El contrapunto entre los protagonistas, convertidos en arquetipos de valores opuestos, volvió a configurar un motivo central en el relato del hecho, como ocurrió con el ingeniero Santos, y el periodismo cumplió de nuevo un rol determinante desde el momento en que el médico apareció en el programa de Alejandro Fantino con un hematoma en la cara y contó su historia personal y los esfuerzos con que llegó a concluir sus estudios universitarios.

    Pero esa fue también una de las diferencias entre ambos casos: mientras el ingeniero rehuyó el asedio del periodismo, el médico recorrió los principales programas de la televisión abierta, incluyendo los almuerzos de Mirtha Legrand. El impacto que provocaban sus declaraciones y su historia de vida -había salvado los libros de medicina de un incendio en la humilde casa de los padres- se inscribió en la línea que había inaugurado Juan Carlos Blumberg: la víctima de un delito erigida en portavoz de reclamos.

    Pero la versión de Villar Cataldo tenía sus fisuras. La investigación judicial comprobó que los hechos no habían ocurrido tal como el médico los contaba, en la puerta de su casa de la localidad bonaerense de Loma Hermosa, el 26 de agosto de 2016. Según la fiscal Mayko, Villar Cataldo le disparó cuatro tiros a Ricardo Krabler cuando estaba desarmado y no había riesgo para su vida.

    La discusión se reavivó el 25 de septiembre, cuando el carnicero Daniel Oyarzún persiguió a un ladrón en la ciudad de Zárate, lo atropelló con su auto y lo mató. Desde el presidente de la Nación hasta el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, hubo entonces declaraciones de apoyo hacia las reacciones contra los delincuentes. “La víctima es el médico”, dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

    Ese es el sentido último que parece jugarse actualmente en algunas discusiones sobre la seguridad pública y en particular en la “justicia por mano propia”: la definición de quiénes son las víctimas del delito. La estigmatización de la defensa de los derechos humanos -como una defensa “de los delincuentes”- y la demonización del respeto a garantías constitucionales -bajo la etiqueta del “garantismo”- son presupuestos de un orden represivo donde ciertas personas y sectores pueden representarse como víctimas, a diferencia de otros a los que se niegan los derechos básicos. Hasta el derecho a la vida.

  • Me tocó ser hija de un genocida

     

     

    Erika Lederer  integra el colectivo de  hijas e hijos de represores que desmandaron el precepto familiar y con sus relatos dan testimonio de una de las épocas más oscuras del país. “No elegimos esto, pero es nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad”, dice.

     

    Ricardo Lederer, el padre de Erika, fue obstetra en la maternidad clandestina de Campo de Mayo a finales de los años `70.  Erika era una niña de apenas 5 años en esos tiempos tortuosos. Entre sus recuerdos hay una jirafa grande que le regalaron a los dos años y también las palizas que recibía por infiltrarse entre las botas durante los desfiles militares.

    Fue en tercer grado, en 1984, cuando algunas cosas del relato hegemónica familiar empezaron a no encajar, cuenta en una nota que escribió para la revista Anfibia movilizada por el testimonio de Mariana Dodero, la hija de Etchecolatz, a quien Erika abraza como a una hermana. “Mariana nos cuida bastante, vamos pensándonos y aprendiendo sobre todo porque la prensa nos pone en un lugar de sacrificio y eso es al pedo”.

    Usando la red social Facebook, Erika convocó a los hijos de represores que “no avalamos sus delitos” a juntarse con “la consigna de aportar datos y contar historias que a otros les sirvan”. Fue en mayo del año pasado, luego de la multitudinaria marcha en contra del fallo (finalmente fallido) de la Corte Suprema por la acordada del 2x1 que reducía las penas de los acusados por delitos de lesa humanidad.

    “No elegimos la familia que nos toca”, dice Erika, “pero podemos elegir cómo construirnos”.

     

    - ¿Cómo surge la necesidad de encontrase con otros hij@s de represores?

    El 2x1 generó en la sociedad en general un rechazo absoluto porque era volver atrás muchos años de lucha para los procesos de lesa humanidad, entonces en ese sentido nos pasó que sentimos que algo había que hacer y decir y no quedarse en el dolor propio. El intento fue decir: si tenemos datos, como hijos de genocidas, juntémonos los que perseguimos la lucha por la Verdad, la Memoria y la Justicia. Somos pocos, porque la mayoría pertenece a la misma ideología de sangre, pero juntémonos  con mucha humildad porque en realidad éramos niños en aquel momento. Yo nací en el 76, era chica, pero lo que podamos decir sirve para ir armando este rompecabezas que es la historia, que todavía le faltan tantas piezas. De hecho hay anécdotas que pueden servir para rellenar; por ahí no aportan datos concretos para una causa sino para generar un contexto, para comprender mejor una situación y también para reconstruir entre todos lo que fue el entramado más perverso de la época de la dictadura en el país. Y tomar parte en esta co-construcción de la historia. A mí me tocó ser hija de un genocida.

     

    - ¿Cuándo lo personal se volvió político?

    Más o menos desde los 9 años empecé a entender lo que está bien y lo que está mal y eso me parece que es la clave y el punto para interpelar la figura paterna, con mucho dolor. Y todo eso genera síntoma de alguna manera porque el mismo tipo que te abrazaba era el que hacía un parto clandestino. No quedaba otra que disociar porque en la mesa te sentabas con él a comer. No quiero quedarme en eso porque me hace mal hablar…

     

    El cuerpo entra en equilibrio, Erika vuelve a tener voz y sigue contando  que en ese tiempo -  cuando tenía 9 – le “empezó a caer la ficha” sobre su padre. “Primero lo habían escrachado en Página/12 porque era íntimo amigo de Camps. En casa hablaban mal del diario pero yo no sabía por qué”. También a esa edad le preguntó si había matado. La respuesta fue contundente y desgarradora. “Imaginá  esas preguntas, a esa edad, mi viejo era médico, el juramento hipocrático… de ahí ya no podes construir mucho más. Siempre me replicaron con cuestiones básicas pero no hay forma de argumentar lo que significa matar a nadie”.

     

    - ¿Cuándo pudiste contar por primera vez quién sos?

    Antes de aparecer en la marcha del 2x1, había un spot de Abuelas que decía: Soy hijo de tal…. Y a mí me salió escribir algo muy duro explicando que era la hija de un genocida. Pero me parecía muy amarillo y no lo publiqué.  Y se lo mande a Camilo, uno de los nietos que en ese momento no conocía, después fue mi primer abrazo reparador, y él me dijo que lo hiciera público. Me animé. Esa fue la primera vez que dije quién soy.

     

    El Capitán Médico (R) Ricardo Nicolás Lederer murió el 9 de agosto de 2012. Una misiva publicada en el diario El Pregón de La Plata, firmada por el Coronel (R) Guillermo César Viola,  señaló: “Otro Camarada que sin encontrarse aún en cautiverio, se  hallaba bajo proceso judicial”.   Lederer se suicidó a pocas horas de haberse difundido la noticia de la restitución del nieto 106, Pablo Javier Gaona Miranda, cuando se supo que con su firma abaló la identidad falsa con la que fue entregado a sus apropiadores. Erika también recordó que su padre estuvo involucrado en “los vuelos de la muerte sobre el  río de La Plata y fue carapintada”.

    “Según me cuentan mis vecinos, porque mi familia no me da información, la noche anterior a pegarse un tiro fueron a mi casa unos milicos a avisarle que lo iban a detener. O sea, todavía hay peligro de que eludan la Justicia, nosotros sabemos de lo que estos tipos son capaces, siguen vinculados al poder económico y se cuidan entre ellos, por eso no les daría prisión domiciliaria”.

     

    Álbum familiar

     

     

    Las marcas en el cuerpo

    El cuerpo es evidencia. Cuando “la mano que cura y te abraza es la misma que tortura y decide sobre la vida de los demás hay un devenir de disociaciones, ninguna gratuita”, dice Erika y recuerda de aquellos años de infancia sus problemas para vincularse, el asma y el miedo a hablar. También los golpes y las lecturas prohibidas de la adolescencia.

    “Me gustaba la filosofía pero estudié Derecho porque lo otro estaba vedado”. Todos esos años en la facultad sostuvo un único objetivo: recibirse para irse de su casa.

     

    - ¿Llegaste a pensar que no eras su hija por eso te hiciste un ADN en el Durand?

    En realidad me llamaron de Abuelas antes que mi viejo se mate, ante la posibilidad de que mi ADN fuera compatible con el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).  Yo realmente pensaba que no era hija de desaparecidos. Mi viejo pensaba y parafraseaba que le daría asco mezclar la sangre. Asco. Mi viejo está mencionado en el Nunca Más como el loco con pretensiones de depurar la raza, imagínate.  Entonces, yo de verdad pensaba que este no me hubiese adoptado si yo era hija de un desaparecido. Entonces, desde ese lugar yo sabía que no era hija de desaparecidos. Me hago el ADN y no da compatible con ninguno de esos datos. Y bueno, hay que hacerse cargo de lo que nos toca, pagaré el psicólogo, lo que sea. Me tocó esta pero pude construir desde un lugar seguro. La duda es un terreno muy fangoso. De golpe fue la primera certeza, era una mierda, pero era lo que tenía.

     

    - ¿Cómo tomó tu familia la decisión de contar quién era Ricardo Lederer?

    Cuando los familiares de genocidas tomamos estas decisiones y pedimos cárcel común el costo es alto al interior de nuestras familias. Yo no tengo familia, mis hijos no tienen con quien pasar las fiestas. El 24 a la noche, mis hijos lloraban porque no tenían a los primos ni a la abuela. Uno cuando toma una decisión ética debe asumir estas consecuencias. El año pasado atravesé algunos problemas de salud y ahí me di cuenta que no tenía a nadie, todos me cerraron la puerta. Ojo, lo volvería a hacer porque uno es un ser consecuente.

     

    - ¿Alguna vez tu papá se arrepintió de algo?

    Mi viejo jamás se arrepintió. No hay que olvidarse de eso, nunca se arrepintieron por eso  pedimos cárcel común porque nosotros sabemos de lo que estos tipos son capaces. Pensemos en Julio López.

     

    - ¿Cómo hij@s de represores, son víctimas también?

    Cuando me intentan encasillar como víctima, como víctima de mi viejo, yo digo que no. No soy víctima del Estado ni del Estado terrorista. En todo caso seré víctima de un delito común como cualquiera. Si tenés un padre que te cagó a trompadas, eso es violencia familiar, no es un delito de lesa humanidad. Me preocupa cuando nos quieren poner bajo el estigma de víctimas y serlo sería peligroso. No voy a hacer ese juego, hay que ir con humildad y sabiendo que no somos protagonistas. La espectacularidad no nos pertenece, nos somos héroes de nada. Hay que ser respetuosos de las verdaderas víctimas: los HIJOS, las Abuelas, las Madres. A mí como subjetividad no me sirve habitar ningún concepto de víctima porque eso te ancla y no podes hacer otra cosa. Eso también es una punta de cómo nos queremos manejar como colectivo: estamos al servicio de y si no servimos nos mandamos a guardar. Si durante 40 años me cayó mi viejo y de manera injusta, si me llaman de Abuelas para decirme que me calle, por supuesto. Lo que intentamos es coadyuvar a la construcción de la memoria, la verdad y la justicia. Si lo nuestro confunde nos vamos para seguir luchando, que se yo, por los derechos de los pibes en las villas. Yo soy hija de un tipo que hizo partos clandestinos pero a mí el Estado no me quitó la familia, no tengo gente desaparecida, la verdad es que fui a los colegios más caros. La pase mal, sí. Pero como cualquier persona que sufre violencia en la casa.  

     

     

    Álbum familiar 

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Mirar lejos

     

    Editorial | Revista COLSECOR, febrero 2018

     

     

    Es una idea fundacional que establece un marco de conductas para desarrollar la integración de las asociadas a COLSECOR. Implica examinar tendencias, observar mecanismos que se han naturalizados y que se han desviado del sendero critico en cuanto a los puntos de vista.

    El futuro, después de todo, es para nuestra entidad, un atributo propio del progreso constante para producir los cambios transformacionales.

    Nos hemos propuesto comenzar un trabajo profundo, en este 2018 que ha comenzado recientemente. Las acciones estarán dirigidas a explorar las numerosas oportunidades que tenemos como sector de la economía sin fines de lucro.

    Estamos convencidos que cuando llegan las verdades ultimas, muchas veces es demasiado tarde y sucede lo menos imaginado: se sepulta el destino de un buen proyecto con causas nobles en su origen por la simple razón de no haber logrado adaptarse a los tiempos que transcurrían.

    El recorrido que hemos diseñado para la experiencia que busca la generación de conocimientos, se asienta en ejes temáticos sobre los que se van a apoyar tópicos que delinean tanto desafíos como inquietudes.

    El criterio analítico predominante tiene que permitirnos construir las mejores argumentaciones para obtener las más claras conclusiones de utilidad y que el resultado promueva consistentes proyectos cooperativos en Argentina.

    Hay que convertir un ámbito para la reinvención sobre la experiencia de la Inter cooperación y una fuerte identidad para dar viabilidad a las organizaciones cooperativas sobre la base de las sinergias entre las autonomías de cada institución con un origen común.

    COLSECOR en los años noventa se convirtió en un instrumento nacido bajo esos parámetros. Hay que recuperar aquellas capacidades para una mejor perspectiva.

    En la agenda de prioridades cooperativistas tienen que emerger las creatividades e inteligencias de las organizaciones para nuevos emprendimientos solidarios que respondan con ideas innovadoras a los cambios que la sociedad y el mercado están ocasionando. Ejemplo: cómo hacemos frente a las acechanzas de la invención de la robótica que impactan en el mundo del trabajo en una economía cada día mas globalizada. Dilemas sobre los que hay que tomar iniciativas para deconstruir realidades y procedimientos que nos permitan reconvertirnos en una posición de sostenibilidad.

    También tenemos que consolidar la dirigencia social cooperativa con bases conceptuales y practicas comprendiendo la conducción como la guía de los procesos de cambios y la eficiente administración de las gestiones. Es clave la educación Cooperativa como un principio social del desarrollo de las comunidades para emanciparnos de las inequidades que impiden la dignidad humana.

    Hay faros de pensamientos que iluminan con sabiduría la doctrina cooperativista. Uno es el que proviene de la Corporación Cooperativa Mondragón. Su mentor, el vasco Arizmendiarreta, en su concepción filosófica, nos afirma que el trabajo es servicio, libertad y solidaridad y que el valor de lo irreductible se encuentra en la densidad comunitaria de la persona.

  • Mirtha en la ruta digital

    Por Aleja Páez | Investigadora y profesora universitaria

     

    Pese a llevar cincuenta años al aire, el programa de Mirtha Legrand es uno de los pocos que atraviesa exitosamente la crisis de la TV. La clave reside en una innovadora estrategia digital en redes y nuevos formatos.

    Con el lanzamiento de su 50° temporada en enero, Almorzando con Mirtha Legrand se convirtió en el programa más antiguo en el aire conducido por una misma persona en la televisión mundial. El hito se extiende si se considera que Legrand alcanza 77 años de carrera profesional, la mayoría de ellos al frente de los ciclos que llevan su nombre en el título.

    No resulta casual la nomenclatura, puesto que, tras su nacimiento en junio de 1968, Almorzando con las estrellas –luego rebautizado con la denominación actual- rápidamente se enfocó más en la figura de la conductora que en la de los invitados. En un formato inédito, la propuesta del director de Canal 9, Alejandro Romay, fue realizar almuerzos con personalidades en vivo, en una mesa encabezada por la artista. Lo que vino después fue un proceso de experimentación y crecimiento al ritmo del desarrollo de la televisión en el país.

    A lo largo de cinco décadas, el ciclo ha logrado prevalecer sin grandes modificaciones en su formato y una conductora nonagenaria, en un sistema televisivo preocupado por la volatilidad de las audiencias. Gran parte de su vigencia obedece a la capacidad de interpelar los gustos del público masivo y al estilo de la anfitriona, que armoniza una anacrónica estética aristocrática con una actitud en la que se autoproclama embajadora de las incertidumbres del ciudadano de a pie (“la gente dice que”). Otro tanto se debe a que se trata del único espacio que congrega simultáneamente a los protagonistas coyunturales de las agendas política y artística del país. Sin distinciones, todos ocupan lugares idénticos en la mesa y se someten a los cuestionarios y comentarios, a veces naif, a veces irreverentes de la diva.

    Sin embargo, en un contexto donde el encendido de la TV de aire tiende paulatinamente a la baja, se necesita más que la repetición de la fórmula para mantener el rating y retener a los anunciantes. Es por eso que desde 2013, el programa comenzó un proceso de adaptación digital y apertura hacia otros formatos, liderado por la productora Story Lab de Nacho Viale con la ayuda de Agustina Vivero, más conocida como Cumbio.

    Esta nueva apuesta arroja resultados más que llamativos. En el curso de los últimos cuatro años, luego de comenzar a generar contenidos sobre el ciclo desde los perfiles en redes sociales de Legrand y haber lanzado subproductos asociados, “Mirtha se volvió un negocio 360°”, según el propio Viale.

      

     

     

    Mirtha 360º   

    El año pasado, Nacho Viale fue uno de los principales disertantes en el Media Day de la Cámara Argentina de Agencias de Medios. Por primera vez, expuso sobre el modo en el que se planeó la transformación de los programas de Mirtha Legrand a partir de la activación de la presencia de la conductora en redes sociales y el lanzamiento de dos proyectos asociados: Recetazas y Lookazo. Desde su punto de vista, la televisión necesita cada vez más de las audiencias digitales y, por eso, convocan invitados que “generen conversación” más allá del programa.

    En ese camino, una de las primeras medidas fue pasar del modelo diario de lunes a viernes al fin de semana con dos emisiones, los sábados a la noche (La noche de Mirtha) y los domingos al mediodía con el clásico Almorzando…, en ese entonces en América TV.  La medida tuvo éxito en el rating y motivó que Canal 13, donde estuvo de 1976 a 1980, les propusiera regresar a su grilla en 2014.

    Aquella transición coincidió con la iniciativa de la productora del ciclo Agustina Vivero de administrar las redes de la diva, en especial Twitter. Hasta ahora los resultados la acompañan. La cuenta @mirthalegrand pasó de tener 200 mil seguidores, en 2013, a más de 1 millón en la actualidad. Y más destacable aún, según Twitter, fue el tercer usuario más mencionado en Argentina durante 2017. Por otro lado, de acuerdo con el Ranking Kantar Twitter TV Ratings Argentina de Ibope, que muestra a los 10 programas de TV abierta más conversados semanalmente, Legrand se mantiene siempre en las primeras posiciones. Este es un aspecto muy llamativo, si se tiene en cuenta que su principal target son personas de 50 años en adelante, lo cual no coincide necesariamente con la edad de la mayoría de la población activa en esa red social.

    Según Viale, la nueva estrategia digital les permite “transformar un producto del mundo viejo en uno para el mundo nuevo”, a partir de la ampliación demográfica su target, así: de un 80% de mujeres y un 20% de hombres pasar a un 60% - 40%, y de un rango de edad de 50+ acceder a uno de 55% 25-49 años, 26% 50+, 15% 13-24 años y 4% infantil. 

    La presencia en redes sociales se reforzó con la creación de los formatos multiplataforma Recetazas y Lookazos. El proyecto Recetazas se lanzó a comienzos de 2017 e incluye un canal en Youtube donde se genera contenido autónomo y relacionado con los programas de Legrand. Frente a cámara está Francisco Sade, chef oficial de los almuerzos y las cenas. Además, en diciembre pasado, Planeta editó un libro homónimo de Sade en el que se compilan los platos que se sirven en el programa. Por su parte, Lookazo tiene un canal de Youtube y, en especial, se usa como hashtag (temática en redes), para que los invitados compartan su vestuario y accesorios. Ambos emprendimientos echan mano de la fama de los invitados para viralizar clips con el clásico paneo para exhibir la ropa. Además, están patrocinados por los anunciantes del ciclo y un puñado de nuevas marcas.

    Habida cuenta de lo que Viale define como un “negocio 360º”, cabe preguntarse si todo es absolutamente novedoso en esta estrategia. O más bien se trata de un proceso de adaptación de las herramientas tecnológicas y nuevas formas de presentar el mismo tipo de contenidos. Después de todo, a diferencia de las estrellas nativas de las redes sociales, el recorrido de Mirtha Legrand por la ruta digital no parte desde cero sino que se apalanca en la explotación de figuras ya conocidas en el circuito mediático y en una forma similar de relacionarse con los anunciantes. 

     

     

  • Misión, visión y valores de la Fundación COLSECOR

     

     

     

    Misión

    La formulación de la misión representa la definición expresa del propósito principal que tiene la Fundación, por y para qué existe, qué identidad comparten las asociadas, hacia qué objetivos prioritarios deberán dirigir sus decisiones y prácticas. Algunas preguntas que van a orientar la definición de la misión son las siguientes: ¿quiénes somos? ¿Por y para qué existimos? ¿Qué pretendemos conseguir en el largo plazo?

    La Fundación COLSECOR es un instrumento organizativo para la integración y el fortalecimiento del sector cooperativo y de las capacidades de sus hacedores, que promueve la generación de información, el conocimiento aplicado en las prácticas y con valores solidarios, impulsando la participación socio comunitaria en defensa de los intereses colectivos al servicio de las personas, contribuyendo al desarrollo integral de nuestras comunidades.

     

    Visión

    La visión tiene la determinante función de proponer y proyectar los sueños colectivos de la Fundación, qué queremos ser en el mejor de los escenarios mediatos y deseables, hacia qué horizontes orientamos las acciones cotidianas.

    Implica responder las siguientes preguntas: ¿cuál deberá ser el estado ideal de la Fundación en el largo plazo? ¿De qué manera desean las asociadas que la Fundación se encuentre en un futuro mediato y deseable? ¿Cuáles son los sueños compartidos para la entidad?

    La Fundación COLSECOR consolidada como espacio de encuentro, generación de ideas y caja de resonancia de la Economía Social, como referente de cooperación e integración entre cooperativas que atiende con eficacia a las necesidades y demandas de sus asociadas, y como emblema de la promoción de transformaciones socioeconómicas en nuestras comunidades que contribuyan a una sociedad más justa, equitativa y solidaria.

     

    Valores

    Tenemos un sistema de valores que atraviesan nuestra toma de decisiones y un conjunto de atributos positivos que dan sentido a lo que hacemos. Éstos definen un posicionamiento ético desde el cual construimos el proyecto de la Fundación y contribuimos a transformar las realidades.

    Definimos diez valores que conforman el significado y diseñan las formas de organización de la actividad, constituyéndose en un soporte estructural a la cultura organizacional y a la metodología de trabajo. Estos valores son una representación de las creencias, las perspectivas trazadas, las aspiraciones, los conocimientos conformados y la identidad constituida en la Fundación.

    De este modo, los valores, orientan lo que hacemos cada día y se constituyen como un parámetro para verificar la coherencia de las decisiones y prácticas.

    Profundizando sobre nuestros valores, introducimos las siguientes preguntas: ¿cómo entendemos el significado de cada uno de estos valores? ¿Cómo orientan las acciones de la Fundación? ¿De qué manera se llevan a la práctica? ¿De qué modos se expresa el cumplimiento de estos valores en los procesos de gestión?

    La actividad de la Fundación se cimenta a partir de los siguientes valores: una conducta social ética, un sentido de cooperación e integración entre organizaciones de la Economía Social, procesos que están atravesados por la democracia interna, la participación de las entidades asociadas a COLSECOR y la organización comunitaria en cada población. A partir de esta base, gestamos vínculos solidarios y en condiciones de igualdad con los distintos hacedores del cooperativismo para contribuir al desarrollo integral de las personas, priorizando el territorioy generando las condiciones para el ejercicio de los derechos de la ciudadanía

    Estos diez valores constituyen el posicionamiento ético de la Fundación. Representan la plataforma desde la cual llevaremos a la práctica nuestra actividad, marcando una actitud de reflexión, de conocimiento, de compromiso y de cuidado con respecto a las organizaciones del sector, a las comunidades, a los entornos; en definitiva, a la realidad.

     

  • Morir de penal

    Prof. Dr. Carlos Presman

    La prensa de Dios lleva póster central,el bien y el mal definen por penal”.

    Divididos

     

    ¿El mundo gira como una pelota de fútbol o el fútbol gira como una pelota de mundo? Esa parece ser la cuestión en estos días del mundial donde participan decenas de países y millones de individuos lo seguimos por televisión.

    Si una circunstancia altera nuestra vida habitual, afectando nuestros horarios laborales, la alimentación, la respiración, los latidos cardíacos, el sueño y/o la sexualidad podemos decir que estamos enfermos. Si esa circunstancia es el mundial de fútbol podríamos afirmar que estamos frente a una pandemia y amerita que la analicemos como tal.

    Toda enfermedad es multicausal y participan en ella factores biológicos, psicológicos y sociales. Entonces el deporte fútbol, en tanto enfermedad, nos remite a las siguientes preguntas: ¿por qué nos enferma el fútbol?, ¿para qué nos enfermamos de fútbol?, ¿por qué el fútbol y no otro deporte?

    Desde una perspectiva biológica y antropológica, el fútbol es el único que se juega con la parte más inhábil del cuerpo humano: las piernas. Todos los demás deportes, individuales o grupales, se practican con las manos. Quizás en esta cualidad resida la fascinación y el deslumbramiento que nos provoca, a punto tal que algunas jugadas evocan los pasos del ballet.

    Desde la escucha psicológica convengamos que la educación tiene mucho que ver y el lenguaje encuentra en el fútbol las metáforas de todos los momentos de la vida. Así, todo comienza con “el pitazo inicial”; cuando una pareja nos echa, nos “sacan la roja”; cuando quedamos esperando, “estamos en el banco”; si tras ingentes esfuerzos se consuma el amor, “logramos meterla”; cuando todo acabó, “terminó el partido”; y cuando juegan mal, son “unos muertos”.

    Desde lo sociológico se sabe que las Olimpíadas, como sublimación de las guerras, dieron origen a los deportes. Entre estos, el boxeo es el juego madre donde sin interponer pelotas o redes, un tipo quiere liquidar al otro a las trompadas sin apelar a ningún eufemismo. El fútbol es, entre los deportes, el que menos requisitos posee: una pelota. Los demás apelan a raquetas, palos, aros, guindas o fichas blancas y negras. Es el deporte que, con mayor probabilidad que ningún otro, permite la tan ansiada movilidad social. Esta sería la causa por la que es más popular en los países más pobres.

    Ejercitarlo con los pies, desear meter el gol y la facilidad de su práctica con beneficios económicos parecen ser la tríada letal de la epidemia fútbol.

    En la gripe, el órgano más sensible es el árbol bronquial; en la pandemia fútbol es el aparato cardiovascular.

    El infarto de miocardio, que ocurre sólo en los humanos, sucede en la presencia de factores de riesgo como el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el sedentarismo, la obesidad y el estrés. Sin embargo permanece sin respuesta aún el mecanismo por el que aparece el infarto en determinada circunstancia. ¿Qué es lo que dispara la obstrucción coronaria total y el infarto en cada paciente?

    La bibliografía médica consignó un incremento en la mortalidad cardiovascular en Holanda cuando Francia le ganó por penales la final de la copa europea en 1996. En Inglaterra aumentaron un 25 por ciento las internaciones por infarto cuando Argentina la eliminó por penales en el mundial de 1998. La editorial de la prestigiosa revista médica British Medical Journalafirma: “además de los reparos de su corrección desde un enfoque deportivo, quizás la lotería de la eliminación por penales deba ser proscripta por razones de salud pública”.

    Un estudio publicado en el New England Journal of Medicineinforma que durante el mundial de 2006 se triplicaron los infartos en Alemania cuando definía contra Argentina su pase por penales a los cuartos de final.

    Es de esperar que en este mundial salgamos campeones pero además que sepamos disfrutarlo.

    Si bien hay que “poner el pecho” y “el corazón” en cada partido, ningún encuentro, por importante que sea, vale más que su salud.

    Por último, trate de vivir cada encuentro con humor, no vaya a ser que termine como un colega, amigo y paciente, que dejó de fumar, no tomó alcohol, no comió en exceso, miraba la tele mientras hacía bicicleta fija y hoy ve la final del mundial en el monitor de la unidad coronaria del Instituto Cardiológico. Encima, la mascarilla de oxígeno le impide alentar y, lo que es peor, no puede gritar: ¡gooooool!