• La Copa de Messi

     

     

     

    Leo merece un Mundial y Rusia 2018 ya empieza. La Selección no llega bien y no es candidata, pero tiene al mejor del mundo para ilusionar otra vez a todo un país.

  • “La familia ha dejado de ser una socia educativa”

     La psicopedagoga  Liliana González es actualmente una de las profesionales más escuchadas en temas vinculados a la infancia. 

     

     

    Por Cecilia Ghiglione 

    Psicopedagoga y cordobesa, Liliana lleva cerca de 50 años atendiendo niños y adolescentes en el consultorio y más de 30 en la docencia formando psicopedagogos y educadores especiales.  También ha escrito libros, el año pasado publicó el noveno, y da conferencias en todo el país donde habla sin reservas sobre la educación, los chicos y los padres.  Fue por la “viralización” de una de las charlas que dio en Tucumán  que su trabajo cobró mayor notoriedad. Sorprendida en su momento dijo: “hace años que hablo de los mismos temas y no me explico por qué tanta repercusión”.  

    Pensar en los niños de hoy nos lleva a hablar de la escuela y del lugar que hoy tiene esta institución. “La verdad es que está desprestigiada socialmente. En el discurso político parece ser que la escuela remedia todos los males, pero en la realidad viene faltando desde infraestructura hasta capacitaciones. La escuela está complicada por muchas razones: por la cultura de la imagen que  invadió la vida de los chicos y los aburre por más tecnología que haya; por la caída de la lectura en los adultos que no dan el ejemplo leyendo y los niños ven a los padres con pantallas en lugar de libros. Los niños no leen y cuando un niño tiene dificultades para leer, toda la escuela se hace difícil. Hay un gran sector de chicos que va a la escuela sin encontrarle sentido, asisten porque es obligatoria y hacen el mínimo esfuerzo para zafar.  Veo que la familia ha dejado de considerarse una socia educativa o piensa que la escuela tiene que hacer todo el trabajo que ella no hace; y en vez de acompañar critican, boicotean, usan el whatsapp para denostar  la figura del docente. Hay  una ruptura del pacto familia-escuela/escuela-familia que hay que sanar y volver a enamorarse porque este divorcio nos está haciendo mucho daño”.

     

    La escuela de estos tiempos

    Parece que la incorporación de tecnología en las aulas no es suficiente para generar esa empatía con los chicos. ¿Qué debería cambiar en las escuelas?

    Hay que empezar por la capacitación docente. Si los docentes no sienten vocación de verdad, sino tienen pasión y no sienten la alegría de enseñar por más que llenemos la escuela de tecnología no resulta porque es la dimensión humana la que está en cuestión. Bienvenida la tecnología pero a los fines de la investigación, no del copio y pego.  Los chicos tienen muy claro que si quieren saber cuánto mide el Everest lo buscan en Google, saben que esos conocimientos están en los servidores. Entonces,  la escuela ya no es el lugar para ir a buscar el conocimiento y después repetirlo de memoria como lo hacía yo en mi época. Los chicos tienen que usar los servidores pero a los fines de un proceso de investigación que produzca nuevos conocimientos y no para copiar.   Es así que, por un lado, la escuela debería pensar en el trabajo cooperativo, en el trabajo interdisciplinario entre varias materias y  en lo posible salir del aula para ver otros mundos.

     

    ¿Qué más imagina para esta escuela de hoy?

    Creo que hoy los chicos están tan mudos con las pantallas, tan sin mirar, tan sin hablar con otros, que me parece que la escuela debería ser  el espacio ideal para que se miren, aprendan a hablar y a escuchar al otro. Haría de la escuela un centro de debate a partir de temas que les interesen, donde la palabra explote y la verdad circule. Yo vengo de una escuela muda donde teníamos que estar callados. Hoy los chicos están callados porque no hay nadie en la casa con quien hablar o porque están enchufados con las pantallas. Si también van a seguir callados en la escuela…. La persona que no habla no produce pensamiento, la escuela tendría que ser el lugar de la palabra.

     

     

    Niñez y pantallas

    Además de docente y conferencista, el consultorio es un gran termómetro para ver qué está pasando con los niños y las pantallas. ¿Qué observa en sus pacientes?

    Veo a mamás que le ponen el Sapo Pepe en el celu o en la tablet para que el niño coma o tome la mamadera o dan el pecho con el celular en la mano. Esa mamá le está privando la mirada a ese niño. Los pediatras y neurólogos dicen que hasta los dos años cero pantalla y después de esa edad apenas dos horas por día y nunca dos horas antes de dormir. Y en muchas casas no está pasando esto, algunos duermen hasta con el celular debajo de la almohada. Por eso tenemos epidemias de chicos con hiperactividad que no pueden parar el cuerpo y tiene déficit de atención. Esto hace que se aburran en la escuela donde tienen que escuchar por muchas horas la misma voz del maestro y no puedan hacerle clic para que desaparezca. Hay que ponerse en la piel de los niños porque son dos culturas distintas: la de la imagen en la casa y la de la palabra en la escuela. Y no se están encontrando. Como psicopedagoga veo la terrible resistencia a la lectoescritura y hay mucha pobreza lingüística porque no saben escribir un cuento, por ejemplo. Claro, si resuelven  las emociones con emoticones que podemos esperar. 

     

    González  sostiene  que es la escuela el lugar donde los chicos tienen que poder a través de la palabra y agrega que “el sistema educativo tiene que acercarse urgente a los niños que no son los mismos alumnos de hace unos años”.  La experta considera, además, que los colegios deberían incluir el apoyo escolar dentro de sus horarios para que no tengan que buscarlo afuera ya que el tiempo lúdico de los chicos debe ser una prioridad.

    La especialista cita como ejemplo el modelo educativo finlandés, tanto en la formación docente que reviste carácter universitario como en la enseñanza  en el nivel secundario, donde los chicos inician el  primer año con poca dificultad y van incorporando herramientas para lograr aprender. “Acá es al revés, empiezan el primer año con un montón de materias que se terminan llevando y muchos sienten el fracaso y dejan la escuela”.

     

     

     

    Los límites y la hiperestimulación

    No toda la carga está sobre la escuela. ¿Qué pasa en el hogar para que a la escuela le resulte tan difícil acomodarse con los niños?

    Los padres no tienen que tener miedo a los límites. Si no pueden lograr que un niño de 3 años coma lo que ellos proponen o que no tengan una pantalla en la mano todo el día, menos van a poder poner límites a futuro. También tienen que leer más cuentos y hablar más en los hogares. Les digo a los padres que tienen que estar más atentos porque a un niño se le nota cuando vuelve mal de la escuela, sólo hay que mirarlo. Y por no ver esto a tiempo, muchos casos terminan en bullyng y cuando nos damos cuenta suele ser tarde y el niño viene sufriendo hace meses.

    Otro de los puntos que destaca la especialista en la pérdida de la lectura en los hogares. “Hoy en muchas casas no se leen cuentos. Yo les digo a los papás que no se obliguen a contar un cuento todas las noches pero que lo hagan con ganas, sin apurar el relato y con la magia para que los chicos vean que eso sale del libro”.

     

    ¿Qué sucede con los niños pequeños que llegan hiperestimulados a la escuela?

    Si hablás con fonoaudiólogos te van a contar que hoy hay explosiones de trastornos del lenguaje: niños que hablan mal, en neutro o con gestos robóticos. Hay padres que creen que sus hijos son más inteligentes porque repiten lo que ven en la televisión. Yo no quiero a un hijo o a un nieto que repita lo que escucha sino a alguien que haga cosas nuevas, que sea autor de algo. Me parece triste que se confunda la hiperestimulación con la inteligencia. Es más, hay padres que aseguran que los niños nacen más inteligentes porque le dan un celular y lo saben usar. No hay forma de decir que los chicos hoy nacen más inteligentes porque no hay un test para fetos ni para bebés. Yo sigo diciendo que los chicos nacen como siempre. Lo que ha cambiado es la sociedad que los espera: una mamá que mira el celular cuando le da de mamar, el papá que no está, etc.

    También trabajo con los padres la idea de que no todos los chicos nacen con la misma inteligencia (pensando que hay inteligencia emocional, matemática, lingüística) y la escuela tradicional termina condenando estas diferencias. Incluso observo que los padres sólo miran la parte izquierda de las libretas – matemáticas, ciencias, lengua – y todo lo que está a la derecha – plástica, música, educación física – no se valora por más que el niño sobresalga ahí. Incluso llegan a decir: lo único que me falta es que salga artista. No todo el mundo tiene que ser contador, abogado o médico…  Por supuesto que estoy generalizando, hay familias que lo hacen bien, docentes que hacen milagros a pura tiza y pizarrón porque sino pareciera que todo es apocalíptico. Yo por ahí tengo esta mirada sesgada porque lo que veo son personas con problemas, pero son un parámetro de lo que puede estar pasando.   Me duele cuando le digo a algunos padres que por lo menos le dedique media hora de calidad a sus hijos y me responden que no pueden. La verdad, entonces, sería preguntarse para que los trajeron al mundo. No creo que esto sea imposible, hay muchas familias que han dejado de ver los noticieros con los hijos a la hora de comer para estar con ellos y contarse cosas. Es posible.

     

     

     

  • “Sigo siendo un luchador social”

    El expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica estuvo en Córdoba  encabezando la presentación de la Fundación COLSECOR, de la que es presidente honorario. Antes, recibió el título Doctor Honoris Causa de manos de la Universidad Nacional de Córdoba.

  • 64 páginas

    Revista COLSECOR, Abril 2018

     

    Desde hace más de un año la propuesta editorial que realizamos desde la integración cooperativa, ha venido generando cambios significativos en el producto comunicacional: se mejoró la calidad del papel para la impresión y se amplió la producción de notas periodísticas. En línea con ese recorrido, la edición de abril suma 16 paginas. Es una apuesta fuerte del Consejo de Administración de COLSECOR que toma como referencia la creciente demanda de parte de las comunidades que quieren no tan solo informarse sino esencialmente, tener más elementos explicativos para comprender los contextos de la vida social que viven en los distintos planos temáticos que componen la realidad.

    Por estas razones es que se fue incorporando paulatinamente una importante cantidad de columnistas que, primero, tengan un alto compromiso al momento de la elaboración de los textos y que, en segundo término, se pueda lograr una experiencia de lectura que constituya el valor del gusto del receptor. Estamos convencidos que la revista también tiene que tener un saber especializado en la construcción de las narrativas para que sean entretenidas y que la descripción de la actualidad tiene que enunciarse desde distintos enfoques subjetivos.

    En un paso rápido por la revista número 272 van a encontrar una propuesta enriquecida y creemos que fundamentalmente un buen material de lectura.

    Incorporamos el panorama informativo del Congreso de la Nación que ofrece, Gabriel Sued, politólogo y periodista acreditado en el Parlamento. Nestor Piccone, Aleja Paez y Dante Leguizamón presentan tres exitosas producciones audiovisuales que se pueden observar en COLSECOR Play: Westworld, Outlander, CSI Miami y CSI NY. Alguien casi de modo exagerado dijo que las series son el periodismo del Siglo XXI. Tomamos registro de esa máxima y los resultados nos demuestra que algo de verdad hay en esa aseveración. Martin Becerra acerca con lucidez todos los meses, un análisis sobre los medios de comunicación y ayuda a desentrañar ese ecosistema sobre el que se apoya parte de la matriz con la se va moldeando la sociedad en estos días donde casi todo es digital. Luz Saint Phat y el Mundo Psi promueven pertinentes reflexiones que alumbran hábitos y conductas cotidianas de la sociedad y desde enero Gabriel Puricelli nos viene planteando un estado de situación de países que tienen relevancia geopolítica. China, Rusia, Alemania y Sudáfrica en abril. Por otra parte, Pablo Datri y el equipo Eco Digital hacen un trabajo serio en Educación Ambiental que se destaca. La buena pluma de Mareco y los grandes temas del país. Julian Capria y el historial valioso de cada provinciano, en un proyecto de 24 meses para recorrer los ADN culturales desde Jujuy a Tierra del Fuego. Aguirre y la conmoción social de los casos policiales que quedaron en la memoria de los argentinos. Matías Cerutti, un cronista todo terreno que nos trae historias de personajes, referencias ineludibles de los lugares donde vivimos y Ramón Becco que se sumerge en los orígenes de las fiestas populares con larga vida. Comenzamos una nueva propuesta con Julia Pazzi, la joven periodista que pregunta y escribe en tiempo real la visita a una entidad del Tercer Sector con relevancia en el país; en esta oportunidad, fuimos a la Cruz Roja. Martin Eula en seis páginas destinadas al deporte nos alimenta esa sed de inquietudes de simpatizantes apasionados que tenemos como argentinos por todo aquello que nos da una inconmensurable alegría al ganar como por las caídas estrepitosas de los ánimos ante las derrotas que nos hacen sufrir. Y, finalmente, Cecilia Ghiglione, integrante del área de Comunicación y medios de COLSECOR, en esta oportunidad se aproxima con curiosidad a la existencia de un proyecto cooperativo de locos que se hace en Rosario. Se llama Communitas y van a sorprender las razones por las que los fundadores eligieron el modelo de la economía social. No nos equivocamos cuando dijimos que la revista tiene mucho y de todo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Alemania y un gobierno en suspenso

    Por Gabriel Puricelli

    Coordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    Es el motor económico de Europa, pero la política la tiene en punto muerto. Alemania, la cuarta economía del mundo, es también la tercera potencia exportadora del mundo. Compra grandes volúmenes de bienes a otros países, pero tiene un gran saldo a favor dado el valor de lo que vende al extranjero. Ese superávit comercial es la envidia y el blanco frecuente de críticas de Donald Trump: el presidente de los EE.UU. no puede aceptar que su propio país importe más de lo que exporta y culpa de ello no sólo a Alemania, sino (sobre todo) a China y a México. Con una fuerte presencia en Argentina, visible en nuestras calles pobladas de Volkswagen y Mercedes Benz, Alemania es también un fuerte socio comercial de nuestro país, que en 2016 compró 3.000 millones de dólares de productos alemanes y le vendió 1.300 millones de dólares de productos argentinos. Nada de lo que pase en Alemania nos puede ser del todo indiferente y casi todo lo que pasa allí es determinante para el bloque político-económico que la tiene en su corazón, la Unión Europea. 

    Acostumbrados a un bipartidismo de lo más convencional, desde el fin de la II Guerra Mundial los alemanes han elegido gobiernos conservadores o socialdemócratas que se han sucedido sin demasiadas estridencias domésticas y con un imperturbable espíritu europeísta hacia afuera. Más de doce años hace que su actual canciller (jefa de gobierno) Angela Merkel lidera Alemania, tanto, que el nombre de la dirigente y el del país se hacen imposibles de disociar. Sin embargo, cuando los alemanes votaron, en septiembre pasado, los democristianos (CDU) y socialcristianos (CSU) quedaron muy lejos de tener las bancas necesarias en el parlamento (Bundestag) para poder constituir un nuevo gobierno. Esa unión de partidos, que es la base política de Merkel, perdió casi tres millones de votos y sus socios minoritarios en el gobierno desde 2013, los socialdemócratas (SPD), perdieron casi dos. Tras semejantes fugas, ni unos ni otros fueron despojados de su condición de primer y segundo partido del país, respectivamente, pero pasaron de representar a más de dos tercios de los votantes, a poco más de la mitad. 

    ¿Cómo es que “Mutti” Merkel, la dirigente política que tras tantos años al frente del gobierno algunos se aventuran a llamar “madre”, se encuentra ante el retiro de la confianza de tantos de sus compatriotas? La máxima de un viejo político italiano, Giulio Andreotti, que sostenía con mucho cinismo que “el poder desgasta al que no lo tiene” parece que ha perdido su vigencia. Estar en el poder hoy, en Europa, es cada vez más un obstáculo para seguir estando. Ya no son inmunes al desgaste ni siquiera los políticos que, como Merkel, pueden exhibir cuentas gubernamentales sanas e indicadores de crecimiento económico y niveles de empleo que son la envidia de sus vecinos. Hay un mar de fondo, un clima de ansiedad ciudadana que va más allá de la coyuntura, que ve en el futuro la imagen de una sociedad en la que muchos se ven abrumados por la presencia de una inmigración que se percibe en aumento perenne y por un multiculturalismo que tienen dificultades crecientes para aceptar. 

    Ese mar de fondo, cuando tiene la oportunidad de emerger como opción electoral, cuando aparecen partidos o líderes dispuestos a darle voz, lo hace con una fuerza que sorprende y, a veces, paraliza. Casi todos los vecinos de Alemania ya tenían en su escena electoral (en algunos casos, desde hace décadas) alguna oferta para satisfacer esa demanda: las ultraderechas del Frente Nacional en Francia, del Partido de la Libertad en Austria (desde hace pocos días, como parte del gobierno), del Partido Popular en Dinamarca, del gobernante partido Ley y Justicia en Polonia, del Interés Flamenco en Bélgica, del Partido por la Libertad en Holanda, de Libertad y Democracia Directa en República Checa. Luxemburgo era y sigue siendo la única excepción. 

     

     

    La versión alemana de esa oleada de radicalización de las derechas es la Alternativa por Alemania (AfD), el partido que actuó como una verdadera aspiradora de votos de clase media que antes se pronunciaban por los conservadores de Merkel y de votos de la clase trabajadora que los socialdemócratas contaron desde siempre como propios. Después de quedar fuera del Bundestag en 2013 por no alcanzar (por muy poco) el umbral mínimo del 5% exigido para poder ocupar bancas allí, la AfD casi triplicó sus votos para quedarse con 94 bancas. Fue la primera vez desde que el Bloque Pangermano (GB/BHE) perdió todas sus bancas, en 1957, que la extrema derecha consiguió representación parlamentaria. 

    Esa nueva presencia en el parlamento y sus propios desastrosos resultados electorales, los peores de la posguerra, sembraron dudas y contradicciones en en Partido Socialdemócrata. Bajo el liderazgo de Martin Schulz, se apresuraron a decir que no estaban dispuestos a ser de nuevo el socio menor de los conservadores en el gobierno, como lo eran hasta las elecciones y como lo han sido en dos oportunidades más desde los años ´60. Inicialmente, entonces, se impuso en el SPD la tesis de la necesidad de una “cura de oposición”, para reconstruir la propia base electoral, desmovilizada por los continuos compromisos con los “amienemigos” de la CDU/CSU, y para evitar que la AfD, con el tercer bloque parlamentario más numeroso, quedara al frente de la oposición. 

    Como en el sistema parlamentario vigente sólo se puede formar gobierno contando con el apoyo de una mayoría de los 709 diputados del Bundestag, a los conservadores sólo les quedaba la alternativa de formar gobierno con los liberales (FDP) y con los verdes. Dos meses duraron las negociaciones, hasta que los liberales se levantaron de la mesa diciendo que no había modo de que sus propuestas abiertamente favorables a las empresas y restrictivas con la inmigración se compatibilizaran con las salvaguardas ambientales que los verdes quieren imponer a esas mismas empresas y con la postura generosa con la inmigración de los ecologistas. Frente a ese sonoro fracaso, toda la expectativa se trasladó al SPD, que revirtió su decisión de pasar a la oposición y que, mientras esto se escribe, negocia la renovación del contrato de “gran coalición” con los partidos que apoyan a Merkel.

     En definitiva, a tres meses de realizadas las elecciones, la dirigente más votada por los alemanes sigue al frente de un gobierno interino que se ocupa sólo de cuestiones administrativas corrientes, que no puede enviar proyectos de ley al parlamento y no puede tomar iniciativas políticas. Eso seguirá siendo así hasta que se alcance algún acuerdo con el SPD y el parlamento consagre a Merkel como canciller reelecta. Si no hubiera acuerdo (con una coalición donde el SPD ponga a sus ministros en el gabinete o con un gobierno minoritario que el SPD se comprometa a no derribar, al menos por un tiempo, con un voto de censura en el Bundestag), Alemania podría verse obligada a repetir las elecciones, cosa que no ocurrió nunca en su historia moderna. Los resultados, por cierto, son aún más difíciles de prever que en septiembre pasado, cuando la elección ya vino preñada de sorpresas. 

    Después de mirar con cierta extrañeza la seguidilla de cambios políticos en la mayor parte de los países de la Unión Europea y de verse a sí misma como un oasis de normalidad política y de empuje económico, Alemania está (momentáneamente, al menos) atrapada en el pantano de la indecisión de un electorado que se rehusó a plebiscitar la continuidad matriarcal de Merkel. Aunque lo que ésta tenga por delante sea un cuarto período al frente del gobierno, si sigue allí será con un mandato tan lleno de dudas como en duda está el futuro de Alemania y de la Unión Europea, ahora que el optimismo ciudadano sobre el futuro ha sido reemplazado por el recelo. La cura de ese nuevo padecimiento, independientemente de la suerte de los dirigentes, no parece estar al alcance de la mano.

     

  • Banca Argentina

     

     

    Por Martín Eula | Periodista

     

    Casilda, Chabás y Rosario en la provincia de Santa Fe. Villa Domínguez, en Entre Ríos. Y Tapiales, en ese conglomerado llamado La Matanza en el conurbano de Buenos Aires.

    Jorge Sampaoli, Héctor Cúper y Juan Antonio Pizzi. José Pekerman. Y Ricardo Gareca.

    Argentina, Egipto y Arabia Saudita. Colombia. Y Perú.

    "Somos 44 millones de técnicos" es una frase ramificada que se alimenta y engorda como nunca cuando la Selección juega un Mundial. Un Mundial, el de Rusia, en el que cinco de esos 44 millones dejarán una marca histórica: cinco técnicos argentinos en una Copa del Mundo. Todos paridos por nuestro fútbol: extremista, pasional, desorganizado y ambivalente, pero que no deja de ser una referencia ineludible. Y éste caso es otra muestra cabal.

    El eléctrico Sampaoli llegó a la Argentina cuando la Selección veía un bloqueo en su camino lleno de espinas rumbo a Moscú. Sin dirigir en la Primera de nuestro país, hizo una carrera desde bien abajo, llevó a Chile a la gloria y está a meses de cumplir un sueño. Amante del rock, marcado por sus tatuajes, fanático de River (estudió la mítica Máquina que integraban Muñoz-Moreno-Pedernera-Labruna-Loustau), mira -o miraba- más cine que fútbol porque "un drama te puede permitir pensar para diagnosticar y tomar la decisión acertada". Bielsista a ultranza hasta ganar la Copa América 2015 (final contra Argentina), se hizo menottista y Guardiola le provocó un quiebre. Piensa que es absolutamente necesario cambiar los equipos todo el tiempo como una disputa intelectual y estratégica con el entrenador oponente. "Me duele que en mi país no se respete ni se valore a la Selección como se merece. Tuvimos al mejor futbolista en su momento, tenemos al mejor ahora y la impresión es que no lo queremos disfrutar. Sería bueno que volvamos a encantarnos con la bandera", dijo bastante antes de asumir y hoy disfruta, después del enorme partido en Quito -el de la clasificación- de ese país finalmente rendido a los pies de San Messi.

    El casi olvidado por estas pampas Cúper ya es un faraón. Después de 28 años, condujo a Egipto a un Mundial al darle equilibrio, solidez y presencia a un seleccionado que cuenta con una estrella como Mohamed Salah (Liverpool) y una leyenda en el arco (con 45 años, Essam El-Hadary se transformará en el hombre más veterano en una competencia semejante). En el medio, una pequeña reflexión: Messi y compañía cargan con la cruz de haber perdido tres finales seguidas; en sus 14 equipos que dirigió, Cúper suma 10 subcampeonatos (entre ellos dos de Champions League con el Valencia). Un verdadero tormento para cualquiera en un mundo que apesta por lo exitista. Un aliciente para seguir adelante y no claudicar para este hombre de 62 años que se dará un gusto enorme.

     

     

     

    El último en ingresar a este selecto grupo fue Pizzi. Crucificado por miles de chilenos por quedarse afuera en la última fecha, entró por la ventana al aprovechar una Arabia Saudita que evidentemente cambia entrenadores como de ropa interior. Macanudo, como lo llaman en Chile, reemplazó a Edgardo Bauza, el Patón que dirigió tres selecciones en la previa al Mundial y hasta dijo que se veía "campeón del mundo con Argentina", pero que quedó al margen. Pizzi jugó en Central, Barcelona y River, entre otros, y disputó Francia 98 con España. Dirigió en su país, Perú, Chile, España y México antes de recibir una propuesta millonaria en dólares y tentadora en lo deportivo, y superó a Ramón Díaz en esa carrera. Los saudíes, sin dudas, iban a ser dirigidos por un argentino...

    El maestro Pekerman, el hacedor de tantas figuras argentinas, el que nos distinguió por estilo de juego, resultados y Fair Play en tantos torneos juveniles, al que nadie pudo reemplazar en los Juveniles, el que dejó a Messi en el banco en la eliminación con Alemania en el Mundial 2006... Ese hombre de 68 años ya es un emblema para Colombia, al que comandará en un segundo Mundial seguido. Un logro nada menor para un país que va por su sexto Mundial. Lo hará con una camada de elite liderada por James Rodríguez y Radamel Falcao, a la espera de su gran revancha tras estar lesionado en el 2014. El 5º puesto en Brasil es la zanahoria a superar en lo que seguramente será el cierre de un ciclo muy exitoso.

    El nuevo héroe nacional en Perú es Gareca, que por ejemplo ya tiene una calle con su nombre en el centro de Cuzco, ahí donde en los 3.400 metros de altura cualquiera está más cerca de tocar el cielo con las manos. Eso sienten los peruanos gracias al Tigre porque después de 36 años estarán en una Copa del Mundo. Ex centrodelantero que se dio el gusto de jugar en Boca y en River, recorrió todos los pasos necesarios para ser un entrenador de selección. Y no uno más. Amante del buen fútbol, encontró en Perú a varios jugadores de buenas condiciones técnicas a los que les adosó sentido colectivo, confianza y creencia en una idea. Así, pasó de sumar cuatro puntos en las primeras seis fechas de Eliminatorias a un sprint final que terminó con el triunfo en el Repechaje sobre Nueva Zelanda que todavía se celebra en casi toda América.

    A Sampaoli le tocó un grupo peligroso, Pekerman afrontará una zona pareja y Gareca tiene a un cuco como Francia. Mientras que Cúper y Pizzi (estará en el partido inaugural contra Rusia) se verán las caras el 25 de junio, en el cierre del Grupo A.

     

    Fotos: Gentileza Olé 

  • Bette y Joan. La enemistad que nació del dolor

    Néstor Piccone | Periodista y psicólogo 

     

    “Las rivalidades nunca son por odio. Las rivalidades tienen que ver con el dolor. Son sobre el dolor.”

     

    Con estas palabras, Ryan Murphy, creador de la serie, le pone el tono afectivo con el que manejará los 8 episodios.

    En Feud: Bette y Joan, Murphy reivindica con pequeños ejemplos las enormes barreras que implicaba ser mujer en el cine, en los años donde Joan Crawford, interpretada por Jessica Lange y Bette Davis, por Susan Sarandon, eran grandes estrellas.

    El par amor-odio está en todas las relaciones humanas. En ese juego de ambivalencias se despliegan los encuentros de pareja, las relaciones laborales, las amistades. Cuando Hollywood era la meca del cine allí se jugaban todas las disputas de poder. El capitalismo se desplegaba en sus versiones más solapadas; todo llevaba el sello hollywodense: el éxito, la belleza femenina, la sexualidad, los modelos familiares todo bajo la hegemonía del patriarcado, el machismo, la misoginia y hasta el anticomunismo.

    Esos temas están inteligentemente revisitados en Feud: Bette y Joan.  Hasta el juego sutil de una enemistad sostenida desde el dolor.

    El dolor es un afecto que remite a una etapa de la vida muy primitiva, la de los primeros momentos del animal humano. A diferencia de otros animales, el humano siente dolor por la falta del cuerpo de la madre donde vivió durante 9 meses, por el calor de la madre de la que hasta los 8 meses se siente parte, por el pecho que le da pero también el que le niega. La piel el calor, es para el bebé un sucedáneo del cordón umbilical que lo unía a la madre.

    En Joan Crawford es ese corte el que produce el dolor que reactualizará a lo largo de toda la vida. Crawford se mueve entre el amor y el odio sin saberlo. La serie exhibe con sutileza pero a la vez muy crudamente, esa mujer que al no poder poner sus sentimientos en palabras, estos le definen su forma de vida.

    Joan Crawford, hija de una familia pobre, abusada a los 12 años, trasladada a un pupilado de monjas, madre soltera, para Hollywood es la imagen de la estrella, de la belleza de los años 30. Bette Davis, quien confiesa haber tenido sexo recién a los 27 años es el talento.

    En Feud: Bette y Joan la filmación de la película ¿Qué pasó con Baby Jane? es la anécdota que dispara una cinematográfica descripción del cine de los años 60.  La enemistad entre las actrices es incentivada por la industria y la prensa adicta para que tenga éxito.

    Mucho peso del entorno para dos mujeres aparentemente fuertes en la escena y el plató de filmación pero débiles y dolientes en la vida.

    Una vida que como todas sufre el paso del tiempo que se hace puñal en las arrugas, en la pérdida de las armas de seducción y el lento y manipulado palidecer del amor de sus admiradores.

    En las películas de los años 60, las grandes productoras como Warner Bros., Paramount o 20th Century Fox compiten por reponer a las viejas actrices al frente de los elencos. No le dan papeles amables, por el contrario en esos nuevos tiempos las películas serán de terror, en toda la extensión de la expresión.

    En algún momento se desliza por el guion de Feud: Bette y Joan que la idea de los productores es facilitar que los fanáticos “maten a sus ídolos,” una propuesta casi psicoanalítica similar a la de “matar (simbólicamente) a los padres” en la etapa adolescente.

    Feud: Bette y Joan es una serie de televisión, pero es a la vez, un excelente homenaje al cine. Los jóvenes podrán conocer la cocina de las películas de aquella época y los más viejos rememorar momentos culmines del séptimo arte.

    Desde la presentación que abre cada capítulo, esa que muchas veces molesta por su repetición, en Feud: Bette y Joan se disfruta. Es un corto de dibujo animado que sintetiza la historia que se narra. Es una obra maestra dentro de la serie. La música incidental acompaña y crea climas y los temas musicales pintan el paso de los años y las nuevas modas. De la orquesta y las big band de jazz, a las bandas de rock and roll.

    Feud: Bette y Joan, puede tomarse como una trivia. Ya que invita al espectador a reconocer en actores las personificaciones de Marilyn Monroe,  Frank Sinatra o Judy Garland.

    Acompañan a Jessica Lange y Susan Sarandon, Alfred Molina, en el rol del director Robert Aldrich; Stanley Tucci como Jack L. Warner, uno de los feroces hermanos. La excelente Judy Davis interpreta a una frustrada estrella reconvertida en hiriente chimentera top. Catherine Zeta Jones asume el papel de Olivia de Havilland.

    Feud: Bette y Joan es un homenaje al cine, al de sus comienzos, al de los años 60 pero también al de hoy, ese que a pesar de sus contradicciones internas sigue siendo una expresión del mundo que vivimos. Feud: Bette y Joan es también un homenaje a la mujer, la que puede encontrar en Crawford y Davis, expresiones que hoy irrumpen en la entrega de los Golden Globe, los Grammys o los mismísimos Oscars para denunciar los abusos de Hollywood.

     

     

    Feud: Bette y Joan.Temporada 1 – 8 episodios.

    Ganadora de 2 premios Emmy

    Disponible en FOX APP | COLSECORPlay (logos)

    Protagonizada por Jessica Lange, Susan Sarandon, Judy Davis, Jackie Hoffman, Alfred Molina, Stanley Tucci, Catherine Zeta-Jones y Kathy Bates.

    Creada por: Ryan Murphy, Jafee Cohen, Michael Zam

    La serie es una producción de Fox Television Studios.

     

     

  • Buenos Aires, el impacto de los contrastes

    Ilustraciones: Bibi González

     

    Es la provincia más grande y poblada del país. Entre una urbanidad que parece no tener final, la serenidad del campo y el regocijo del mar, cobija millones de historias y sensaciones distintas.

     

    Por Julián Capria | Periodista 

    “Si supiera que la tierra se desintegra mañana, igual plantaría mi manzano”. Justo allí donde rechinan los frenos de los trenes que llegan a la estación, el guardabarrera hace sonar su silbato y las inmensas multitudes con sus pasos ansiosos no dejan de fluir, el intenso agobio de la urbanidad de pronto se desvanece en un inesperado rincón florecido. 

    Sucede en una de las esquinas de la estación de Morón, uno de los sitios de tránsito constante en los que la densidad demográfica y la espesura social del conurbano bonaerense quedan claramente expuestas. Allí, hay un vivero que lleva el nombre de Martin Luther King, el autor de la frase del comienzo. 

    Es casi como un espejismo en el desierto. Hace un tiempo, entre flores, helechos, perales y durazneros, Ariel Burgos contaba que la idea fue de su compañero y socio, que era guardabarrera: se le ocurrió el día en que las ratas le comieron la vianda que llevaba para almorzar. 

    “La tierra es la base de la vida y yo, que fui peón golondrina, volví a conectarme con ella aquí. La gente de la ciudad no está acostumbrada a tratar con la naturaleza, Me acuerdo, por ejemplo, que una vez pasó un pibe y le preguntó a la madre por qué estaban los duraznos en el árbol”, contaba el hombre que había nacido en Metán, Salta. 

    Su historia era una entre la de millones de provincianos que habían ido a la gran concentración argentina en busca de una oportunidad en una manera completamente distinta de vivir. 

    Buenos Aires es el estado provincial más grande del país y contiene nada menos que a casi 17 millones de personas (16,66 registrados en 2015). Es el conurbano, como se denomina a la franja de territorio que rodea a la ciudad de Buenos Aires, el de la mayor densidad poblacional argentina y una de las más notables del mundo: se estima que en un espacio que representa el uno por ciento del territorio nacional vive casi un cuarto de los habitantes del país (9.916.715 habitantes según el censo nacional de 2010).

    La urbanidad parece por momentos no encontrar el final del mundo de asfalto. Hombres y mujeres se apiñan en la rutina de cada día en la que se atraviesan grandes distancias para llegar a los puestos de trabajo (la mayoría en la Capital Federal) y la rutina se vuelve una tesonera lucha cotidiana.

    Pero la provincia de Buenos Aires es de alguna manera un país en sí mismo, como que ha marcado desde siempre el pulso histórico y político de la Argentina. 

    Caben las más densas aglomeraciones urbanas, así como su pampa es un sinónimo identitario argentino cultural y sobre todo económico. La fecundidad de sus campos y sus privilegiadas pasturas fueron la base de sustentación ganadera del que fuera -y aún conserva resabios- el sector más influyente en la economía y el poder nacional, la oligarquía. 

    Es decir, esas tierras planas que van a dar al horizonte sin obstáculos frente a los ojos, cobijó a los que alguna vez fueron dueños de la Argentina, y también, aunque con mucho menos cobijo, al gaucho que se volvió ícono de la argentinidad. 

    En la relación con la vaca, el viejo símbolo de la fecundidad bonaerense, interviene el contacto directo que establece con ella la gente sencilla, la que hace la tarea rural. 

    “Hay que ver la calidad de las vacas y el trato que se les da. No hay que maltratarlas ni gritarles, y darles de comer cuando llegan al tambo, porque si no son capaces de patearte”, contaba hace unos años Gastón García Pereyra, un joven tambero en un campo cercano a Tandil. 

    Así como la distancia que hay entre la exultante urbanidad y la vasta serenidad de su llanura, Buenos Aires es tierra de contrastes: cabe la calma de la milonga campera y el frenesí de la bailanta, las rutas atestadas y la soledad de un galope, hasta el mar y la montaña de sus sierras. 

    La costa es el otro gran emblema bonaerense, el que establece con el resto del país una relación de fascinación porque es el escenario de disfrute de las vacaciones de verano, desde que Mar del Plata se plantó como una de las grandes referencias turísticas, primero disfrutada por una élite porteña, y luego abierta a la masiva llegada de trabajadores y clase media. 

    En el inmenso universo de la costa hay muchas tareas por hacer que atraen a multitudes de trabajadores en verano. Aunque hay algunos oficios que sólo son posibles en ese paisaje, como ser entrenadora de delfines. 

    Ese fue el caso de Sabrina Farabello, una chica nacida en San Clemente del Tuyú, hija de padres que trabajaban en el oceanario Mundo Marino. 

    “Este oficio no se aprende en ningún lado. Es una cuestión de tiempo y de encontrar la gente que te da pistas, que te va ayudando. Para entenderse con el animal tienen que ver la voz y la actitud corporal. Todos los días estamos con ellos la misma cantidad de horas. Aunque no hagamos espectáculos, los delfines tienen actividades”, relataba cuando ya trabajaba en Aquarium, en Mar del Plata. 

    Y desde bucólicos rincones de playa al frente y pinares a la espalda, como los de la pequeña y escondida Costa del Este (a pocos kilómetros de San Bernardo), pueden alentarse pequeñas historias que de pronto se vuelven una inspiración capaz de llegar al país entero. 

    Maridel Cano y Abel Acevedo son una pareja de artistas plásticos que un día dejaron el Gran Buenos Aires en busca del remanso del mar. En su casa, plantaron la propuesta “Arte en el bosque”, y de allí, en los días del Bicentenario de la Revolución de Mayo (2010) desplegaron una bandera argentina para escribir sobre ella. Poco a poco llegó a todas las provincias y recogió frases sobre una superficie de tela que se fue extendiendo hasta superar los 200 metros. 

    “La propuesta fue que la gente escribiera sus sentimientos. Hubo gente que nos dijo que no pudo escribir por la emoción que le produjeron los mensajes”, contaban sobre una tarea que al final se extendió hasta el Bicentenario de la Independencia (2106). 

    Fueron más de 5000 frases, pero algunas acaso podrían hablar por todas, como la que escribió un niño de siete años: “Patria del alma mía, yo sin vos no soy nada”. 

    Sí, la provincia de Buenos Aires es fuente de millones de sensaciones diferentes. Entre la velocidad, el paso lento y otros contrastes, lo que hace a Buenos Aires una sola entidad es su capacidad de impactar.

  • Carmona, uno de los dos presos más antiguos del país

     

    Por Dante Leguizamón | Periodista

     

    Roberto José Carmona en 1986 asesinó en Córdoba a una adolescente, Gabriela Ceppi, pero su historia delictiva se remonta a antes y después.

     

     

    Si alguien pregunta quién es el preso con más años de detención en el país, nombrará Carlos Robledo Puch: 45 años tras las rejas. Pero poco se sabe de la historia del segundo hombre que más tiempo lleva  tras las rejas en el país. Se trata de Roberto José Carmona, un  hombre que no cometió su serie de crímenes en libertad, sino en el interior de los institutos penitenciarios del país.

    Con 55 años Carmona lleva detenido 31, pero si se suma el tiempo que permaneció en un orfanato (desde los 4 a los 11 años) y alojado en institutos de menores (desde los 13 a los 18) la suma llega a los 43. Más tarde, tras cometer diferentes delitos menores pasó por la Cárcel de Olmos, la de Sierras Chicas y la de San Nicolás. También que conoció los penales de La Plata y Junín hasta que, en 1986, cometió su primer homicidio y llegó al Penal de San Martín en Córdoba. Más tarde fue alojado en los penales de Corrientes y Chaco.

     

    El primer crimen

    Al Fiat 600 de Guillermo Elena le patinaba el embrague pero se bancó sin chistar el viaje a Carlos Paz. Los chicos habían ido a bailar y cerca de las cuatro de la mañana ya estaban en el camino de regreso. Guillermo viajaba atrás. Adelante iban Gabriela Ceppi y Alejandro del Campillo, que se había hecho cargo de conducir.

    La preocupación aquella noche de enero de 1986 pasaba por saber si el motor iba a aguantar el viaje, pero fue la rueda derecha trasera la que los traicionó a la altura del polígono de tiro de la ruta 20, llegando a la ciudad capital.

    Inexpertos -Gabriela tenía 16; los chicos 17 y 18- trataban de cambiar la goma cuando vieron que un Ford Taunus se detenía y un hombre descendía caminando hacia ellos. En el expediente del caso se reconstruye el siguiente diálogo:

    —Hola chicos, ¿qué les pasó?

    Pregunta esa persona, que aparentaba ser apenas unos años mayor que ellos.

    —Pinchamos —contestan Guillermo y Ale­jandro.

    Amable, el hombre enfila hacia su auto para buscar un taco y una llave; los chicos comienzan a sentirse agradecidos de recibir ayuda.

    En el Taunus el conductor tardó un poco más de lo esperado, pero eso no despertó ninguna sospecha. Al acercarse al Fiat entregó la llave cruz y esperó. A los chicos les llamó la atención que se queda­ra un rato con la mirada como perdida. Sólo pronunció unas palabras dirigidas a Gabriela:

    —¿Tenés frío?

    Se sacó la campera de jean para apoyarla sobre los hombros de la adolescente. Unos minutos después el hombre introdujo su mano en la cintura y sacó un arma con la que apuntó a los chicos mientras decía las palabras que quedarían grabadas para siempre en las vidas de Guillermo y Alejandro.

    —Están asaltados.

    Los chicos se apuraron a decir que no tenían nada, pero terminaron entregándole hasta un reloj de poco valor que el ladrón se negó a aceptar. Cuando parecía que la pesadilla terminaba, Carmona se dirigió a Gabriela y le dijo que ella se iba con él.  

    —No. Dejala, no te la llevés… —reaccionó Guiller­mo, recibiendo una cínica respuesta de Carmona.

    —No te preocupés. Es un seguro, la voy a dejar más adelante.

    Segundos después los chicos vieron partir al secuestrador con su amiga. El asaltante llevaba en el bolsillo la llave del Fiat 600. Pasó mucho tiempo hasta que un taxi se detuvo y los chicos pudieron pedirle que los llevara a realizar la denuncia.

    Como todo caso policial impactante, el caso Ceppi fue tapa de los diarios del país. La noticia era relevante. Una adolescente había sido secuestrada cerca de la localidad turística más importante de la provincia. Como no había señales de Gabriela, la his­teria general se agudizó más debido a las pocas pistas que existían del secuestrador.

    Sólo un identikit, el Ford Taunus y un tatuaje en el brazo derecho del secuestrador en el que los chicos habían alcanzado a leer una palabra de moda en aquellos años: Rocky.

     

    La seguidilla

    Atar cabos fue complicado para la Policía. Esta enumeración la sabemos hoy, pero fue reconstruyéndose lentamente durante el mes siguiente al secuestro.

    El mismo día en que se llevó a Gabriela, un conductor a bordo de un Taunus –con un tatuaje de Rocky en el brazo– pasó por Villa María y al llegar a Villa Nueva levantó a un chico que hacía dedo. Era Norberto Ortiz, que volvía a La Carlota después de asistir a un festival de rock en La Falda. En el camino el conductor creyó que Ortiz había visto su arma, así que inventó una excusa: “No te asustes. Soy un Cabo del Ejército y tengo fa­miliares en La Carlota”. Alargando la mentira, el hombre del tatuaje le contó a su acompañante que había estado “de joda” en Alta Gracia y que iba rumbo a Pergamino, donde prestaba servicio en una base militar.

    Al pasar por Etruria encontraron a otro chico al costado de la ruta y lo invitaron a subir. Era Sergio Pieroni, que se dirigía a Chazón pero justo cuando estaban llegando a ese pueblo el conductor del tatuaje de Rocky se desvió y tomó un camino de tierra que llevaba a la laguna La Tunita.

    Allí nuevamente el hombre mostraría su otra cara. En este caso les exigió a los dos pasajeros que lo ayudaran a robar. Él se quedó con la carabina recortada y le entre­gó la nueve milímetros -sin balas- a Pieroni. Los hizo acompañarlo hasta el campamento de unos pescadores y, des­pués de tirar varias balas al aire, robó dinero, un reloj, una carpa, dos estéreos de auto y una carabina. Antes de escaparse se apoderó de las cosas de sus pa­sajeros, a quienes dejó allí con los pescadores. Se fue solo.

    En Canals también hubo noticias. Un hombre tatuado robó un Peugeot 505 y abandonó el Taunus. En Venado Tuerto, un Peugeot 505 evadió un control de la Caminera y en la localidad de María Teresa un hombre con un tatuaje de Rocky en el brazo robó una camioneta Toyota que más tarde aparecería abandonada en la localidad de Junín, en la provincia de Buenos Aires.

    Ninguno de estos cabos sueltos ayudó demasiado. La Policía de Córdoba seguía buscando a Gabriela. Hubo que esperar hasta el 11 de febrero –casi un mes después- cuando el diario La Capital de Rosario publicó una información que llamó la atención de los investigadores. En General Pacheco habían detenido a un hombre que manejaba un taxi Ford Taunus. El taxi era robado y cuando el conductor fue detenido resultó que en el vehículo mante­nía secuestrados al taxista dueño del auto y a una familia entera que había subido como pasajera.

    El hecho era similar a lo que había ocurrido con los jóvenes de Villa Nueva. El diario hablaba de un tal Roberto José Carmona.

    Según cuenta Carlos Campos, el investigador a cargo del caso, fue él quien se comunicó personalmente con la comisaría de General Pacheco y habló con el superior de turno pidiéndole que se fije si la persona detenida tenía un tatuaje en el antebrazo derecho. Media hora después recibió un llamado telefónico con la información que tanto esperaba.

    —No puedo leer toda la palabra, pero sí. Tiene un tatuaje y las primeras dos letras son “erre” y “o” (Ro).

     

    Roberto Carmona                                                        Gabriela Seppi 

     

     

    A los golpes

    Al día siguiente Carmona viajaba a Córdoba acompañado de cuatro policías. La clave de esta historia es entender que hasta ese momento no había certezas de que la persona detenida tuviera que ver con la desaparición de Gabriela Ceppi.

    El comisario Campos era uno de los que viajaba con Carmona hacia Córdoba aquel 14 de febrero. Según la descripción que le hizo al autor de esta nota, durante el trayecto Carmona, tranquilamente, confesó todo sólo después de que le hicieron sentir “que era el mejor delincuente del mundo”. Campos dice que Carmona les contó que inicialmente no pensaba hacerle daño a Gabriela y finalmente confesó que la violó y terminó matándola.

    Cuando llegó a Córdoba, un periodista de La Voz del Interior, Mario Mercuri, cruzó dos palabras con Carmona y éste, con la cara destrozada a golpes, afirmó que le habían pegado durante todo el viaje y que sólo así lo habían obligado a hablar. Lo mismo repitió en 2008 cuando fue entrevistado por el autor de esta crónica.

    Lo cierto es que por esos tiempos llegó a circular un rumor que indicaba que Carmona fue estaqueado en el patio interno del Cabildo Histórico (donde funcionaba la central de Policía) por varias horas, hasta que finalmente confesó que había matado a Gabriela y abandonado su cuerpo en un campo cercano a la localidad de Toledo.

     

    Condenado

    Durante el juicio, cuando Campos aseguró que Carmona le había confesado haber violado dos veces a Gabriela, el asesino reaccionó a los gritos. Dijo que él no era un violador y también aseguró que el mismo Campos lo había “ablandado a golpes” hasta que finalmente le prometieron que, si confesaba, iban a ser considerados con él.

    En su testimonio Carmona dijo que los policías habían inventado lo de la violación porque –al igual que él- no podían explicarse por qué la había matado. Allí fue clave el testimonio de una la psicóloga Liliana Angélica Licitra, a quien Carmona le había dicho que al matar a Gabriela “había sentido que se disparaba contra sí mismo”.

    Cuando el juez le preguntó a Licitra ¿a quién sentaría ella en el banquillo de los acusados? contestó:

    —Yo pondría en primer lugar a la sociedad. Por sus instituciones y por la manera en que se manejan a la hora de acompañar el crecimiento de los niños que albergan. Es evidente que, tal como los ha descripto el acusado, sólo pueden producir un psicópata. Pero también lo sentaría a Carmona, porque comprende y dirige sus actos por lo que, teniendo otras opciones, decidió matar.

    La suerte del asesino de Gabriela Ceppi estaba echada. La Cámara Quinta del Crimen lo condenó ese mismo año a reclusión perpetua (25 años) y le impuso una accesoria por tiempo indeterminado, una medida inconstitucional que significa que, aun cumpliendo la pena, el preso no podría salir en libertad. En sus alegatos los jueces citaron a uno de los testigos, el psiquiatra Eduardo Schoenemann, que calificó de psicópata a Carmona y aseguró que necesitaba “una reeducación” que ninguna institución penitenciaria argentina estaba en condiciones de darle. Además de encerrarlo para siempre, también lo estaban condenando a nunca ser tratado.

    En la cárcel Carmona se convirtió en un preso conflictivo. El primer incidente que trascendió ocurrió a los dos años de la condena, en 1988. Ese día un preso llamado Martín Candelario Castro recibió un puntazo –no demasiado profundo- en el estómago de manos del asesino de Gabriela. Se dijo que Castro se había negado a “entregarle su mujer” al asesino de Ceppi. A la noche, mientras Castro dormía, Carmona atacó de nuevo. El arma no era mortal, pero sí definitiva. Un litro de aceite hirviendo le desfiguró el rostro a Castro, que pasó a llamarse Freddy Krueger en el penal de San Martín.

    En diciembre de 1994 Carmona atacó con un arma blanca a otro reo llamado Héctor Vicente Bolea, que murió a raíz de las heridas recibidas. Bolea era un preso con prestigio y ascendencia, así que en los días siguientes un grupo de detenidos quiso linchar a Carmona. El Servicio Penitenciario lo salvó, pero se hizo imprescindible trasladarlo a la Prisión Regional del Norte, en la provincia de Chaco.

    Carmona volvió a matar cuando se enfrentó a dos internos. A uno le clavó un palo de escoba en el pecho, se trataba de Demetrio Pérez Araujo. El otro sobrevivió de milagro. Durante los procesos judiciales por estos delitos Carmona se negó a hacer declaraciones. Para él esos juicios eran una farsa.

    Años después aceptó hablar con el autor de esta nota. Este es un breve extracto de ese diálogo:

    —Durante el juicio en el año 86 dijiste que no sa­bías por qué lo habías hecho. ¿Respondiste esa pregunta en estos años?

    Veintidós años después del crimen de Gabriela Carmona es­cuchó y pareció divertirse. Respondió sobrador:

    —¿Tenés tiempo?

    —Sí. Sí tengo tiempo.

    —Yo no.

    Contestó él y citó una frase de Charles Manson, el emblemático asesino norteamericano: “Soy todo lo que ustedes quieran que yo sea, pero no saben quién soy”. Por ese entonces le quedaban unos años de cárcel y pensaba que iba a quedar en libertad cerca del año 2012. Temía que cualquier declaración lo complicara.

    Propensa a los mitos carcelarios, la sociedad cordobesa le inventó muchas amantes a Carmona, pero lo cierto es que estando privado de su libertad se enamoró de una mujer con la que mantiene una relación desde hace años. Esa mujer tiene un hijo que fue adoptado por Carmona. Aquella “accesoria por tiempo indeterminado” que lo mantenía preso lo mantuvo en Córdoba hasta el año 2014 en que empezó a gozar del beneficio de las salidas transitorias. Cuando parecía que volvería a vivir en libertad, 28 años después de caer preso, el asesino de Ceppi fue reclamado por la Justicia de Chaco que lo había condenado por el homicidio cometido mientras estuvo alojado en aquella provincia.

    En la actualidad Carmona ha vuelto a acceder a salidas transitorias, pero el tema se ha convertido en un problema para la Justicia. Cada seis meses viaja desde la ciudad chaqueña de Roque Sáenz Peña a Córdoba. Lo hace por cinco días para visitar a su esposa y a su hijo. Lo acompañan cuatro guardias y un chofer en una camioneta del Servicio Penitenciario, lo que implica un enorme gasto para el sistema penitenciario chaqueño.

    Durante un tiempo se le permitía dormir en la casa de la mujer, pero después se determinó que sólo debía estar seis horas en la casa y luego ir a dormir a un penal o a una comisaría. La última visita fue en agosto pasado.

     

  • Carnaval, el tiempo de la vieja alegría

     

    Por Alejandro Mareco | Periodista

     

    El Carnaval tiene diversos modos de expresarse, según las maneras de cada lugar, pero la misma razón esencial de ser. Una dosis de libertad y de permiso para traspasar límites la hacen una fiesta única.

  • Ciudadanía global

     [Revista COLSECOR] #Nov 

    Los organismos multilaterales en sus reuniones periódicas vienen incorporando desde hace algunos años como tema de debate la idea de Ciudadanía Global. Confluyen en ese ámbito las representaciones de los Estados Nacionales que conviven con las tensiones de la irrupción de conflictos locales de intolerancia y segregación cultural.

    El terrorismo violento se suscita en cualquier lugar del planeta. Ya no hay lugares seguros. Las olas migratorias buscan escapar del horror de muerte y hambre. Un fenómeno que se repite como una constante en la historia universal y que en la segunda década del Siglo XXI aparece en tendencia creciente.

    El dato nuevo es que las tecnologías de las comunicaciones expandieron el ejercicio de interrelaciones de los individuos y de la sociedad civil y las fronteras de los espacios físicos se desmarcan para dar lugar a una configuración cosmopolita que entra en colisión con la resistencia de pensamientos nacionalistas que enfrentan el presente con ideas de un pasado que ya no volverá.

    Parte de la realidad indica una conformación de importantes franjas sociales con ciudadanos atentos a la actualidad del mundo y a las mejores oportunidades para su progreso con mayor dignidad y en paz. En contradicción y sin matices de entendimiento, se afirman también las visiones que se abroquelan en la defensa de los territorios de las naciones y sus pueblos adjudicando el mal de males a la globalización.

    Las decisiones postergadas de las autonomías recrudecen y cobran mayor dimensión chocando definitivamente con los tiempos contemporáneos donde hay que abordar las integraciones como un orden mundial que, más que interdependencia, lo que reclama su elaboración es la ayuda humanitaria. Es decir, ni más ni menos que comenzar a diseñar la globalización de la solidaridad contemplando las diversidades y las minorías en la sociedad.

    El año próximo, Argentina será la sede de la reunión del G-20 y el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, asumirá el liderazgo del Foro que integra más del 60% de la población mundial y el 85% de la producción económica global. Es la primera vez que América Latina será epicentro de la gobernanza del planeta donde las metas del desarrollo sustentable de las Naciones Unidas serán los temas de relevancia en el dialogo que mantendrán las autoridades con mayores responsabilidades.

    Los ejes de la agenda, en cuanto a lo económico, será evaluar los impactos de las modificaciones en el trabajo que ocasiona la revolución tecnológica. Por otro lado, respecto al desarrollo social, político y cultural, se dará tratamiento a la estructuración de políticas públicas que permitan generar cohesión social, consolidando los procesos de una verdadera integración que establezca una posición abierta al mundo y que pueda enfrentar los riesgos de las divisiones que se están propiciando tanto en Europa como en otras partes del mundo.

    Los desafíos están enmarcados en la existencia de derechos humanos universales inclusivos como lo son el acceso al agua, la salud y la alimentación. Entendemos, desde la economía social que hay que promover un cambio social con acciones cooperativas respetando en sus identidades a todas las minorías, teniendo conciencia ambiental y ejerciendo la corresponsabilidad en las democracias para erradicar la pobreza.

    Finalmente queremos expresar que la idea de construir sociedades más justas y equitativas solo será posible si somos capaces de ser cada día mejores personas. Para ello tenemos que poner en marcha un modelo educativo humanista e intercultural que transforme la realidad. Argentina es un claro ejemplo de una experimentación exitosa de convivencia entre inmigrantes. Nada es caprichoso. Nos toca ser el país sede que permita orientar la idea de una ciudadanía global. Celebramos como cooperativas la interacción solidaria y el acontecimiento porque nuestras comunidades son un fiel reflejo del logro histórico que se supo conseguir.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Ciudadanos en busca de derechos digitales

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Inv. UBA, UNQ y Conicet

     

    La diseminación urbi et orbe de las tecnologías digitales que permiten comunicar volúmenes de información extraordinarios, junto con la transformación de los procesos productivos, afectan la organización de las actividades humanas donde para el ejercicio pleno de la ciudadanía es preciso redefinir los nuevos derechos comprendidos en las “sociedades informacionales”.

     

    El concepto de ciudadanía está en ebullición a raíz de la emergencia de la cultura digital. El ejercicio de derechos, el acceso a bienes y servicios y la creación de una institucionalidad que pueda contener la escala global de operaciones de las tecnologías digitales son cuestiones que desafían los marcos de regulaciones y el reconocimiento de derechos del mundo analógico. Hoy se expanden prácticas sociales (de producción, de consumo, de contacto y comunicación) masivas y personalizadas en red, constitutivas de un nuevo espacio público, pero hasta el presente hay pocos derechos consagrados para los usuarios, en general relativos a que reconozcan los derechos fundantes de la ciudadanía digital, así como su articulación con los derechos humanos y su proyección a los entornos digitales. 

    La ciudadanía está relaciona con el (y depende del) ejercicio de derechos. Para ello, los derechos estos deben estar previamente reconocidos y debe haber políticas que garanticen su concreción. Sin embargo, en el contexto de las llamadas “sociedades de la información” el reconocimiento de derechos y su promoción a través de políticas activas resultan tareas pendientes. Sobre todo en América Latina, región del mundo que se caracteriza por desigualdades que condicionan precisamente el ejercicio pleno de derechos sociales, culturales, políticos y económicos. 

    El ser ciudadano habilita a una persona o a un grupo social a participar activamente, con derechos y obligaciones, de determinada comunidad, generalmente nacional. En las últimas décadas, procesos de unificación geopolítica regional como en el caso de la Unión Europea, o de aceleración global de flujos económicos en el mundo (la globalización), motivaron debates fundamentales acerca de la constitución de ciudadanías supranacionales (la ciudadanía europea o la ciudadanía global). Desde luego que las redes digitales interconectadas en el mundo entero reforzaron estos debates, aún cuando no hayan madurado en instituciones planetarias capaces de contenerlos y de concretarlos. 

    Por cierto, el concepto de ciudadanía es problemático ya que no implica únicamente inclusión sino que, a la vez, regula el acceso. De hecho, en su versión tradicional la ciudadanía excluía (y en muchos países sigue excluyendo) a inmigrantes, menores de edad y a grupos que en algunos países son considerados “ilegales” como los refugiados y los llamados “inmigrantes económicos” o “sin papeles”. 

    Además de esa limitación inherente a la propia categoría, la ciudadanía está ligada a una comunidad de intereses de tipo cultural e histórico, en un sentido laxo, que el alcance global de las tecnologías digitales recombina en un formato original e inestable. El ejercicio de derechos en una demarcación geográfica está siendo cuestionado con la masificación de Internet y, de modo más abarcativo, con la aceleración de la globalización político-económica a partir de la década de 1990. 

    De su primera acepción afincada en el Ágora ateniense, el concepto de ciudadanía avanzó para comprender también derechos económicos y sociales. Sobre todo en los dos últimos siglos, la ciudadanía fue perdiendo su inicial carga reducida a la dimensión individual. Fue, pues, convirtiéndose en un concepto cada vez más social. Como dice el sociólogo Manuel Garretón, “en la actualidad, las relaciones de género, los medios masivos de comunicación, el medio ambiente y el lugar de trabajo han llegado a constituir nuevos espacios de discusión de los derechos de ciudadanía”. De modo que en la armonización entre la soberanía popular, la libertad y la igualdad ante la ley, la ciudadanía asume formas diversas. Ahora bien, ¿cuál es la ley del ciberespacio ante la que pueden reclamarse y ejercerse la libertad y la igualdad? ¿qué significa soberanía en entornos digitales? 

    La primera respuesta a estos interrogantes es que la regulación excede la sanción de leyes y, en consecuencia, la falta de regulación legal en las redes digitales es reemplazada con prácticas y con un régimen de propiedad que es concentrado, global, y que mercantiliza la lógica de funcionamiento de servicios y aplicaciones. Esta situación, sumada a las prácticas de vigilancia y controles ejercidas por agencias de seguridad y gobiernos, en muchos casos sin amparo legal, enfatiza la necesidad de pensar en los derechos de las ciudadanías digitales. Al no existir una “carta magna” sobre derechos en Internet consolidada a nivel mundial y al carecer de un poder instituido con legitimidad como para tomar decisiones que, a imagen y semejanza del Leviatán  del filósofo Thomas Hobbes, sean respetadas por el conjunto, el debate y las tensiones están a flor de piel. O, mejor dicho, a flor de red.

     

     

     Redes troncales submarinas de Internet

  • COLSECOR y las cooperativas asociadas en el camino de la modernización

     

    No existe la modernización de una sola vez y para siempre. Es palmaria la reflexión. Se trata de saber ubicarse en la época y gestionar la transición con planificación de los pasos para evolucionar.

    El entorno es cambiante. Hay que prevenir, anticiparse. Ejercer el control de las variables para un seguimiento exhaustivo. Es necesario tener tanto de motivación como de aplomo suficiente para encauzarse correctamente sobre la superficie en la que brotan, los problemas que merecen ser pensados como también las nuevas posibilidades que hay que descubrir.

    El que es indiferente a los hechos y no procura comprenderlos, ira al desván donde se guarda solo el pasado que queda en desuso. Es el temible punto ciego de la morgue habitada por lo anacrónico. No nos puede pasar.

    La dimensión temática que tratamos de plantear es la revitalización permanente de nuestras cooperativas y que ese precursor de voluntades y motivaciones nos permita elevarnos sobre todas las coyunturas con una conducta que abrace el destino del progreso. No está bueno caer en el vacío reprochable que ocasiona la falta de las decisiones que no se adoptaron a tiempo.

    Modernizar tiene que ser la principal acción cultural de las organizaciones sociales que representamos. Es apropiada, por la situación del cambio tecnológico y porque el momento indica que no se puede esperar. Si la inversión en productividad es para crecer también lo es para permanecer. No hay que contar con tanta astucia ni pericia para darse cuenta.

    Las ideas estimulan el rejuvenecimiento de las entidades y son vitales para la construcción de los objetivos que luego guiarán los procedimientos. Nadie puede ni piensa solo en el cooperativismo integrado en COLSECOR. Pudimos aprenderlo y nos sirvió para expandirnos.

    Ahora, en apenas 24 meses, el historial del proyecto asociativo arrojara el extenso registro de datos y circunstancias que nos marcaran el pulso de una buena calidad de vida institucional. Serán 25 años marcados por las atenciones a la inmediatez de las urgencias de las asociadas en los que no se perdió el rumbo, por ser abiertos y por cumplir con el deber de hacer una defensa honesta de la ética que le da sentido a los principios y valores del cooperativismo que siempre nace donde hay comunidades.

    Se viene un tiempo en los que hay que ser muy creativos en habilidades para descubrir los potenciales y de ese modo hacer viable la sociedad. Hay nuevas demandas que van a resetear la relación de los asociados con las propias cooperativas y los fundamentos y metodologías de las organizaciones tendrán que adaptarse con competencias de alta eficiencia para el trabajo.

    COLSECOR es una síntesis de los intereses comunes de las asociadas que permite crear y sostener una visión de conjunto en un presente con perspectiva. Trabajamos y estudiamos permanentemente. Somos conscientes que hemos ingresado a un tiempo de transición en la cultura, en la economía. Es en todos los campos sociales. El uso que hace la sociedad de las tecnologías que produce y consume todo lo pone en estado de mutación.

    Si bien hay que asomarse al mañana, eso no invalida hacer las lecturas atentas de las experiencias. Por esto es que debe haber una transferencia de conocimientos a nivel intergeneracional, para que los futuros dirigentes interpreten, representen y organicen con solidez la tarea en los cauces de la modernidad en el futuro próximo.

     

  • Contenido local e interés público

     

    Por Martín Becerra | Prof. e Investigador en la UBA, UNQ y Conicet

     

     

    Uno de los aspectos menos abordados y sin embargo más preocupantes de la transformación radical del ecosistema de medios de comunicación en todo el mundo es la desaparición de los productores y difusores de noticias y eventos locales que, en un escenario de concentración a gran escala de las comunicaciones, dejan de ser asunto de interés de los conglomerados dominantes del sector. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras describen el impacto de la digitalización de las comunicaciones en el periodismo local como un proceso grave, disruptivo y avasallador. Pero este desenlace fatal, que en la Argentina sólo en 2017 alcanzó a numerosos medios de comunicación de todos los tamaños y alineamientos político/ideológicos, podría evitarse en muchos casos y atenuarse en otros. 

    El desenlace es inevitable si se dejan la información y la cultura en manos del mercado exclusivamente y si se consagra su funcionamiento a la ley del más fuerte. Entonces sí, la desaparición de especies tiende a la progresiva desertificación de la comunicación local en primer lugar y, luego, amenaza la escala regional. Hay dos consecuencias visibles de ello: la pérdida de empleos y la disminución de perspectivas, géneros y puntos de vista en circulación en una sociedad. Consecuencias que son más dolorosas en ciudades y pueblos pequeños y medianos que en muchos casos ya quedaron sin prensa local y que en la actualidad ven que sus emisoras de radio y tv están al borde del cierre, toda vez que allí la escala económica es inferior a la de los grandes centros urbanos. 

    Además, en un contexto que a nivel normativo alienta la absorción de pequeños emprendimientos por parte de grandes grupos económicos y que en lo político descuida la promoción de la cultura local, la expectativa de supervivencia de empresas y actores no dominantes de la Argentina profunda es menguante. 

    Con todo, podría haber mejores noticias, aún en el complejo panorama global: si en lugar de adoptar un rol de espectador indolente el Estado formulara políticas activas, rescatara la concepción de que la cultura y la información tienen interés público -concepción inserta en la Constitución Nacional- y que su acceso diverso es imprescindible para la construcción de una sociedad democrática. Entonces sería posible aprovechar la potencialidad de las tecnologías digitales para alentar la producción de noticias y entretenimientos en el ámbito local. La cultura es, además de un espacio de identificación y recreación de valores y sentidos, un sector económico que genera empleo, riqueza y que colabora con la ampliación de las competencias intelectuales más amplias en la sociedad. Ello implica, claro está, asumir que no se trata de un sector librado a la mítica mano invisible del mercado sino que, como muchos otros servicios de interés relevante, precisa de apoyos con reglas de juego estables. 

    El interés público justifica la activa promoción de la cultura y las comunicaciones -tal como sostiene la Convención de la UNESCO para la Diversidad Cultural de 2005, ratificada por la Argentina y otros 143 países-, mediante sistemas de aliento directo, subsidios y concursos para promover la generación de contenido local, nacional, independiente y diverso. Sin apoyo público la cinematografía, el teatro, la edición de libros y la música no comercial perecerían, no sólo en la Argentina sino también en países centrales con potentes mercados como Francia, Alemania o Italia. Parte de esta importancia está reconocida en la legislación sobre comunicaciones que promueve a actores locales en ciudades de menos de 80 mil habitantes. 

    Por otro lado, gracias a la intervención de la Comisión Europea, de los tribunales europeos de competencia y justicia y, más recientemente, del Congreso de EEUU, los gigantes globales de Internet van tomando consciencia de que se necesita mucha mayor transparencia y garantías de rendición pública de sus procedimientos con los datos personales y colectivos que recolectan y gestionan. Parte de un nuevo ecosistema de comunicaciones podría estimular la circulación y jerarquización de contenidos locales en pos de un compromiso más sólido con la sostenibilidad de las comunidades. Para ello, nuevamente, es necesario que los Estados refuercen la noción de interés público ligada la cadena de producción y circulación social de información y cultura. 

    Estas oportunidades no estarán abiertas por siempre ni son excluyentes del contexto argentino, aunque en este caso interpela de modo directo las acciones definidas por el gobierno de Mauricio Macri tanto en lo que respecta a su fondo, como también a los métodos de toma de dichas decisiones.

     

     

    Artículo 2 (inciso 7) de la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales de la UNESCO (2005),  ratificada por la República Argentina: 

    “El acceso equitativo a una gama rica y diversificada de expresiones culturales procedentes de todas las partes del mundo y el acceso de las culturas a los medios de expresión y difusión son elementos importantes para valorizar la diversidad cultural y propiciar el entendimiento mutuo.”

     

  • Cromañón. La tumba del rock

     
    La tragedia de Cromañón dejó 194 muertos y todavía, 13 años después, sus víctimas esperan Justicia. Una trama de desidia, tragedia, heroísmo y… ¿Justicia?

     

    Por Dante Leguizamón |Periodista, Córdoba 

     

    El día 30 de diciembre de 2004 la banda de rock Callejeros cerraba una serie de tres recitales en República Cromañón, un local ubicado en la calle Bartolomé Mitre 3058 de once, en la ciudad de Buenos Aires. Por entonces había pocos lugares en la ciudad de Buenos Aires habilitados para recibir a tanta gente. Cromañón permitía el ingreso de unos 1500, aunque dicen que ese día no había menos de 3000.

    El control de acceso era responsabilidad de los integrantes de la banda. Los asistentes eran revisados y cacheados. Inspeccionaban ropa, zapatillas, carteras, bolsos, riñoneras. El objetivo era evitar que ingresaran con pirotecnia, pero muchos podían pasar sin control.

    Cromañón pertenecía a un histórico de la noche porteña, el empresario Omar Emir  Chabán. La organización del recital estuvo a cargo de Chabán y los miembros del grupo incluido su manager, Diego Marcelo Argañaraz.

    Chabán los había apoyado desde sus inicios y la banda había realizado varias presentaciones en Cemento, otro local explotado por él. Todos sabían que en el lugar no había control. La banda tenía a su cargo la impresión y venta de las entradas, el control de la recaudación, la contratación del personal de seguridad y la publicidad; Chabán decidía cuándo se abrían las puertas y en qué forma ingresaría el público. También era responsable de las condiciones de seguridad.

    Las ganancias eran repartidas en un 70 por ciento para Callejeros y un 30 para Chabán, que tenía como encargado del lugar a Raúl Alcides Villarreal.

    Esa noche, minutos después de las 22:30, Chabán se acercó a la cabina de sonido y a los insultos se dirigió al público diciendo que había en el lugar más de 6.000 personas, que no había ventilación y que, si se producía un incendio, iban a morir todos.

     

     

    La tragedia

    Cerca de las 22.50 Callejeros subió al escenario. El cantante, Patricio Santos Fontanet tomó el micrófono y le dijo al público que le hicieran caso a Chabán y no tiraran bengalas porque podían “morir todos”. En un video que puede verse en Internet,  Fontanet, pregunta:

    -¡¿Se van a portar bien?!

    El público le responde que sí. Fontanet vuelve a preguntar y empieza el primer tema. También las primeras bengalas y la pirotecnia. Mientras Callejeros sigue tocando, la media sombra del techo comienza a arder. El fuego avanza y algunas brasas caen mientras empieza a verse un humo espeso y tóxico. La media sombra se convierte en una lluvia de fuego. Aunque no lo saben, la tragedia está por comenzar justo en el momento en que en el video se ve al saxofonista advirtiendo lo que ocurre hace que la banda deje de tocar. En la investigación judicial que cimentó el juicio se especificó que la mayoría de las puertas de egreso estaban cerradas. Lo mismo ocurría con la salida alternativa de emergencia. Así comenzaron a generarse amontonamientos y avalanchas que dificultaron la evacuación. Todo se complicó porque instantes después de comenzado el incendio se cortó la luz.

     

     

     

    Relatos

    “La gente gritaba: `Loco, mañana es Año Nuevo’, ‘Yo quiero salir’, ‘Tengo un hijo’, ‘Mamá ayudame’”, cuenta Mauge, una chica que tenía 16 años aquel día. Su testimonio forma parte del libro “Generación Cromagnón”, excelente reconstrucción realizada por el sitio LaVaca.Org.   [Libro completo para descargar]

    Es sólo uno de los relatos de aquella noche donde queda en evidencia la impresión de muchos de que lograron sobrevivir dejando a otros detrás o, literalmente, pisando los cuerpos de los que no tenían fuerzas para escapar.

    En el mismo libro se encuentra el relato de Sonia que estaba en el sector vip. Desde ese lugar llamó por celular a su madre: “’Nos estamos quemando, te quiero un montón’, le dije. Pero no entendía nada y me decía: ‘Salí, salí’”.

    Sonia cuenta cómo logró sobrevivir: “Yo era una de las muertas. Me quise tirar por la baranda, pero nunca llegué. Me desmayé. El que me sacó a mí se llama Roberto, un chico de más de 40 años que salía de trabajar, pasaba por ahí y se puso a ayudar”.

    Muchos chicos cuentan que la única manera de salir fue sumarse a una especie de avalancha humana. Mientras caminaban sentían las manos de los que habían caído y pedían ayuda. Además de las irregularidades en el edificio (falta de sistema de extracción de aire, falta de grupo electrógeno, agregados en el predio que no figuraban en los planos y complicaban la circulación, ventanas que habían sido tapiadas, rejas con candados y varias cosas más) tampoco existía en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires una mecánica de reacción ante estas contingencias. En el libro citado se destaca el testimonio de Matías y Eliana, dos de los muchos héroes de aquella noche. Matías es músico, bailarín, poeta y presentador de la Murga Malayunta: “El humo te adormecía, te llevaba. Me estaba como desmayando y uno que venía atrás me dice: ‘Flaco, si te querés morir, morite, pero a mí dejame salir’”.

    Matías reaccionó y logró llegar hasta la puerta: “Llegué a la salida con los shorts en los tobillos: los iba rompiendo cuando caminaba. Tenía un pantalón corto rojo, del Manchester United y una remera negra de La Renga, las topper blancas, y calzoncillos grises. Me subí los pantalones y me hice un nudo con el elástico para ajustarlos”. El problema fue que Matías había quedado en juntarse con su novia y los amigos pero cuando llegó, no había nadie.

    “Me cruzo con otra amiga que me dice: ‘No encuentro a Darío’. Le digo: ‘Va a venir para acá, pero aguantá que voy a buscarlo’. Llego hasta la puerta, sale una piba y pum: se desvaneció ahí. La levanto, veo una ambulancia en la esquina, me acerco y arranca. Me pongo adelante con la piba en brazos. El chabón toca bocina y le grito que primero suba a la piba. Empecé a patearle la ambulancia. Baja una mina, pero estaba totalmente desbordada. Le pegué un cabezazo al parabrisas. Viene un chabón y le paso a la piba: ‘Sostenela porque falta mi novia y un montón de gente’ le digo y se la dejo. Me voy para la puerta”.

    Eliana también logró salir así que cuando Matías volvió de dejar a esa otra chica la vió a cinco metros de la puerta: “Salí para la otra esquina, no veía a Matías ni a los chicos. Lloraba de desesperación. Y de golpe él me abrazó. Pero yo no veía nada, estaba como ciega”, dice. No había tiempo para lamentarse así que Matías volvió a buscar a los otros amigos que faltaban y comenzó un periplo en el que no sabe cuántas vidas salvó.

    “Me acerco a la puerta y lo veo saliendo a Maxi. Se le habían caído los pedazos de la mediasombra, lo quemaron los chispazos. Uno miraba alrededor y no había bomberos, ambulancia ni defensa civil. Los amigos se fueron encontrando y empezaron a organizarse para llamar a las familias pero como el horror seguía y la ayuda no llegaba, decidieron seguir ayudando: “Llegamos a la entrada y una mujer nos dice: ‘Mi hijo está en una silla de ruedas’. ‘Tranquila, ahí lo traemos’. Le dije y me hice bien el nudo con el elástico del short. Nos paramos en la puerta. Dijimos: ‘A la una, a las dos, y a las...’, pegamos un respirón y entramos. No sé si nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando. Nos miramos y pensamos: ‘Hay que entrar, algo hay que hacer’. Había montones de personas apiladas estirando la mano gritando: ‘Sacame, sacame’. Empezamos a tirar, empezamos a sacar. Sacábamos, y los íbamos llevando para la esquina. Me acuerdo que a una piba la tuve que tirar de los pies para traerla para mi lado. La alzo y la llevo para la ambulancia. Llego y un chabón se me para adelante y me dice: ‘Bajale eso, bajale eso’. Era porque la piba estaba desnuda de arriba, se le había quedado la remera en el cuello. ¡Se le veían las tetas, ése era el problema! Y yo le gritaba: ‘Pelotudo, ¿no ves que se está muriendo? Dejame pasar o te mato’. Ahí sentí esto: la chica se me estira para atrás, y le sale todo negro de la nariz. Estaba muerta. Te digo la verdad: me di cuenta porque una vez tuve que sacrificar a mi perra, y se estiró así”.

    Eliana recuerda: “Se estiraban y les salía todo negro de la nariz a los chicos”. Cuando Matías regresó se encontró con Darío que le dijo que había encontrado a su hermana y la había podido sacar. Juntos volvieron a ingresar: “Saqué a un pibe que no sé cómo hice, porque era gordito, re-pesado. Justo llegan los bomberos, había pasado un montón de tiempo. Un pibe le dice a un bombero: ‘Dame la máscara’ y el tipo le contesta: ‘No, es mía’, pero tampoco la usaba para entrar. Yo llevaba al pibe ese, lo pongo en el piso, un bombero le tira agua y dice: ‘Mantenelo así, con las patas para arriba’. Y me sentía al pedo, como que no podía estar haciendo eso porque el chabón estaba volviendo en sí, pero había otra gente para sacar. Era la puerta del estacionamiento”.

    Matías dejó a ese chico con otros y volvió a seguir ayudando: “Al principio era ir hasta los que estaban tirados cerca de la puerta y agarrarlos. De a poco llegamos a los que estaban en la segunda puerta. No pasabas adentro porque estaban como apilados. Era entrar y salir, entrar y salir. Los llevaba para la esquina donde hay un puente, no para el lado de Plaza Once. Pero me acuerdo la imagen de ver todos pibes tirados así... solos. Empezamos a sacar para el otro lado porque ahí llegaban ambulancias”.

    Eliana y las amigas armaron un cordón humano para llevar pibes a la ambulancia. Chicos menores de 20 años organizados ante el desorden total de los responsables.

     

     

    Complicidades

    En la causa trascendió la responsabilidad del comisario Carlos Rubén Díaz, Subcomisario de la Policía Federal con quien Chabán tenía un acuerdo económico. Díaz dejaba pasar las contravenciones que –de ser castigadas- hubieran evitado la catástrofe. Aunque quienes llegaron a juicio fueron funcionarios de segunda y tercera línea de la ciudad, el episodio marcó –en términos políticos- el fin de la carrera del ex fiscal Aníbal Ibarra, cuyo mandato como Jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue revocado.

     

     

    La trama judicial

    El proceso judicial tuvo un complejo recorrido. En primera instancia sólo se condenó a Emir Omar Chabán a 20 años de prisión. Al mánager de Callejeros, Argañaraz y al Policía Díaz a 18. También a dos funcionarias municipales a dos años de cárcel.

    En el caso de los otros acusados, el Tribunal Oral Criminal 24 absolvió a los músicos. En 2011 la Sala III de la Cámara de Casación Penal modificó la carátula y el tribunal fijó nuevas penas. Un año después, Casación volvió a corregir la sentencia.

    El resultado fue el siguiente: Patricio Fontanet que había sido absuelto, fue condenado a 7 años de cárcel. Eduardo Vásquez, el baterista, a 6 años. Maximiliano Djerfy, guitarrista, fue condenado a 5 años, igual que el bajista Christian Torrejón y Elio Delgado, el otro guitarrista. Lo mismo ocurrió con el saxofonista Juan Alberto Carbone. También el escenógrafo fue condenado, en su caso a 3 años. El cambio en las condenas estuvo relacionado a Diego Argañaraz, el mánager, que vio reducida su pena de 18 a 5 años y a Chaván cuya pena se redujo de 20 a 10 años y 9 meses (murió en la cárcel el 17 de noviembre de 2014). Raúl Villareal que había sido condenado a 1 año de prisión, recibió una condena más amplia, de 6 y el policía Carlos Díaz pasó de una condena de 18 a otra de 8 años de prisión. Las funcionarias en tanto, vieron incrementadas sus condenas en algo más de un año y Gustavo Torres, director general de Fiscalización y Control de la ciudad, que había sido absuelto, fue condenado a 3 años y 9 meses de prisión.

    En los tiempos previos al juicio se activaron no menos de 1.500 civiles por un reclamo total de indemnizaciones de 750 millones de pesos.

    Uno de estos casos tuvo sentencia en agosto de 2017. La Ciudad de Buenos Aires fue condenada a pagar un millón de pesos en concepto de indemnización por "daño moral y psicológico" a una víctima. La sentaría jurisprudencia ante las otras demandas. Dicha resolución condena a la ciudad y la Nación a hacerse cargo cada una del 35 por ciento del monto total. El resto deben afrontarlo Callejeros y los organizadores.

    Aquel episodio dejó 194 muertos. En su gran mayoría chicos menores de edad. Repasar la trama de esta historia invita a pensar cuánto aprendimos y, sobre todo, cuán seguros estamos que algo así no pueda volver a ocurrir.

     

     

     

     

  • Cuando la Policía mató a los cooperativistas

     

     

    En 1974 un grupo de policías cordobeses protagonizó una masacre contra un grupo de cooperativistas.

    El hecho anticipaba el terrorismo de Estado y todavía continúa impune.

  • De puro Cabezón

     

     

    Por Pablo Beron

    Fotos: Gentileza Olé 

     

     

    Su nombre trae recuerdos y hace volar la memoria hasta aquellas noches gloriosas que lo tuvieron como uno de los actores principales de nuestra Liga Nacional durante las décadas del ‘80, ’90 y comienzos de los 2000. Nacido el 11 de febrero de 1965 en Hernando, Departamento de Tercero Arriba, Marcelo Gustavo Milanesio no pasa inadvertido dentro de la constelación de estrellas que tiene la historia de nuestro básquetbol y es, sin dudas, el mejor base que ha dado nuestra competencia doméstica y uno de los más destacados en la rica trayectoria de la Selección Argentina hasta la fecha. Sin embargo, es posible que algunas personas no conozcan al Cabezón más allá de lo que refleja su nombre colgado en el techo del Polideportivo Carlos Cerutti, acompañado de la ahora emblemática Nº 9, armadura que vistió entre 1985 y 2002, cuando defendía los colores de Atenas, único equipo con el cual disputó torneos oficiales en nuestro país.
    El Gringo no se fue por la puerta chica hace poco más de 15 años, sino que dejó la práctica profesional como debía ser: se retiró siendo campeón con el club que lo vio nacer, desarrollar y convertirse en la figura de la Liga por aquellos años. Marcelo se fue, pero antes cosechó siete títulos ligueros, dos Copa de Campeones y cinco torneos internacionales (dos Campeonatos Sudamericanos de Clubes Campeones, dos Ligas Sudamericanas y un Panamericano de Clubes), un Torneo de la Asociación Cordobesa, tres Atenas International Tournament y tres Campeonatos Argentinos de Selecciones Mayores representando a Córdoba. Pero su rica vitrina no se reduce solamente a las competencias con Atenas; más allá de lo conseguido con el Griego, fue campeón del Sudamericano de 1987 y en los Juegos Panamericanos de 1995 con la celeste y blanca.

     

    Resulta ineludible repasar la trayectoria de Milanesio, dado que su presencia en cualquier lugar representa un fragmento de historia para todos aquellos que, de alguna manera, transitaron los años gloriosos del elenco cordobés. Atenas dominó los primeros momentos de la Liga Nacional creada por León Najnudel en 1985, año en el que Marcelo Gustavo daba sus primeros pasos en la competencia. No debió esperar demasiado para festejar un título, ya que en su tercera temporada de la LNB se consagró y tuvo su revancha de la final perdida en el año de estreno del torneo, cuando cayó a manos del mismo adversario al que derrotó por 3-1 en el ’87, Ferro Carril Oeste, que llegaba como bicampeón. Al año siguiente, repetiría en el lugar más alto del podio, otra vez de la mano de Walter Garrone al frente del banco de suplentes, pero en esta ocasión barriendo 3-0 en la definición a River.
    La hegemonía del Griego volvió a cortarse en 1989, cuando otra vez los de Caballito, con Najnudel como entrenador y Miguel Cortijo y Sebastián Uranga en cancha, vencieron por 3-2 a Atenas. Pese a este revés, no debió esperar demasiado para volver a levantar la copa de campeón, ya que al año siguiente barrieron al Sport Club Cañadense, equipo que contaba con Julio Lamas y Sergio Hernández en el banco, y Luis Oroño, Diego Maggi y Alejandro Montecchia, entre otros, en sus filas. ¿Qué tuvo de especial esa consagración? Fue la primera en que el Cabezón se quedó con el trofeo al Mejor Jugador de las Finales, también conocido como MVP según su sigla en inglés.
    Tras la 1991/92, último título de esa etapa, debió esperar hasta 1998 y 1999 para volver a gritar campeón. Su despedida de la Liga Nacional llegó en 2002, año en el que, como no podía ser menos para su enorme trayectoria, volvió a coronarse en la elite de nuestra competencia. “Extraño mucho jugar al básquet. Hubo momentos en los que sentí alguna necesidad de volver o lamentarme el no haber estirado un poco más mi carrera, pero ya está. Ahora puedo mirar cualquier liga por televisión o ir a la cancha de Atenas, pero siempre voy a extrañar tener una actividad que me permitiera estar más cerca”, sostuvo Milanesio tiempo atrás.

     


    Más allá de que pasaron 15 años de su despedida, el Cabezón siempre se mantuvo firme en que eligió el momento indicado para despedirse y que nada le garantizaba que el físico lo acompañase mucho tiempo más. “En el momento que elegí dejar todo estaba súper convencido. No sé si se trataba del estrés, desgaste o simplemente cansancio. En mi interior sentía que mi nivel había comenzado a declinar y pensaba que era mi oportunidad de irme. Pude seguir un par de años, pero no me arrepiento”, manifestó.
    Luego de su alejamiento de las canchas, Milanesio tomó diversos rumbos para continuar con su vida. Es reconocido que tuvo una agencia de seguros, un restaurante llamado “M y M” y, además, diversos negocios inmobiliarios en una sociedad con un grupo de amigos. Sin embargo, lejos de quedar en el olvido por estas circunstancias, tras unos años distanciado del básquet debió volver a pisar un estadio, pero esta vez para ver los partidos desde afuera. Sergio Hernández, aquel asistente que cayó contra el equipo de Marcelo en las finales de 1990, lo convocó para ser parte del staff de la Selección Argentina de cara al Mundial de Turquía 2010. Lamentablemente, en aquel torneo el seleccionado perdió en los cuartos de final con Lituania y el sueño de la medalla quedó reducido a un quinto lugar.
    En su regreso al país, el Cabezón continuó con sus negocios, pero sólo hasta 2013, cuando asumió como asistente de Mario, su hermano, en Atenas. Pese a las expectativas, la experiencia no duró mucho: el 16 de diciembre de ese mismo año, tras un inicio de campaña con tres victorias y dos derrotas, la dirigencia del Griego decidió rescindir el contrato del cuerpo técnico de manera unilateral a horas de haber ratificado la continuidad de los DT’s en sus cargos. 
    Con los pies definitivamente fuera de la Liga Nacional, más allá de sus visitas al Cerutti para ver a Atenas, Marcelo tomó un rol distante de la actual conducción, expresando su disconformidad con algunas normas de la competencia, como el aumento del número de jugadores foráneos permitidos. “Este camino cambia nuestra esencia. Creo que si se despertara León (Najnudel) estaría muy enojado. No me puedo imaginar una Liga con muchos extranjeros, no miraría un partido en el cual solamente pueda verlos a ellos. El mayor problema de estas resoluciones es que atenta contra el desarrollo de los chicos argentinos. Sin dudas, se perjudicará su progreso por la falta de lugar en el equipo”, afirmó en aquella oportunidad.
    Hoy, su único contacto con el básquet se reduce a las diversas movidas solidarias que realiza, en las que demuestra que su mano, la visión y la clase que supo derrochar a lo largo de toda su carrera siguen estando en poder del hernandense. Con un balón o sin él, la única certeza que queda al final del camino es que nadie puede irse de este mundo sin ver, al menos una vez, a esta gloria de nuestro básquet. Porque hoy reluce una Generación Dorada, pero antes hubo un Milanesio.

     

     

     

  • Directo al Guinness

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    En Rusia, el arquero egipcio El-Hadary se transformará en el jugador más veterano en jugar un Mundial. La historia del Buffon africano dirigido por el argentino Héctor Cúper.

  • El año que pasamos y el tiempo por venir

     

    Revista COLSECOR - Diciembre 2017

     

    Cuando arribamos a la culminación del año encontramos el deseo de hacer reflexiones al calor del clima de los festejos. Suele ser una muy buena excusa la temporalidad de los últimos días de diciembre. La coyuntura que va del 24 al 31, nos sirve como vértice de apoyo para posar la mirada sobre algunas verdades que se desprenden de los hechos transcurridos en nuestras vidas. Se piensa en las causas que los generaron o en las circunstancias inesperadas que aparecieron.

    Las transformaciones en la vida cotidiana generan variados impactos. Vienen con emociones que nos invaden y ante ello, necesitamos abundancia de racionalidades para que sopesen con su aporte, un sentido de utilidad para entender aquello que paso para sacar el mejor provecho. Nunca es otro el mejor camino que el aprendizaje que podamos capitalizar.

    Hacemos esfuerzos para hacer pie con alientos afectivos de una institución familiar cada día más lejos de los modelos que supimos experimentar. Distinguimos el mundo de lo real y concreto en las realizaciones. Nos inquietan los proyectos pendientes, los sueños y aparece en la cabeza da cada uno, un gigantesco tablero que nos proporciona los registros que indica entre otras cosas, cómo le fue a cada uno: en su economía, a la familia, a los amigos, al pueblo donde habitamos, al país, a la sociedad.

    Le damos permiso a los consuelos y concedemos los perdones propios y ajenos. Un poco de indulgencia no viene mal. Provocamos los encuentros y facilitamos las satisfacciones en los efímeros brindis. Todo junto. Tanto, como también todos los saludos que van y vienen por las redes sociales. El nuevo universo del que somos parte.

    Así como los platos en las fiestas tienen que estar a tope en alimentos y sabores, las pantallas de los celulares encendidas no pueden carecer de la máxima carga posible. Rogamos la plena capacidad de conectividad y que los sistemas de comunicación no se caigan ni un solo instante, sobre todo después de la hora cero.

    Alguien puede entender las conductas de fin de año como una voluminosa bola de banalidad de la que es difícil escapar. Nos choca, la esperamos y no es nada fácil desestimarla. Pude ser cierto que las ansias de frivolidades y fantasías son un antídoto ante tanta desmesura de rigurosidad que nos ofrece una sociedad nerviosa.

    Las fiestas son un hecho social y cultural que cruza a todas las clases sociales; por tal motivo, en esta edición proponemos a nuestros lectores, algunos textos en muchos centímetros de papel.  

    A modo de anticipación les decimos que en esta edición van a encontrar en la revista, nuevas secciones con el aporte de colaboradores que elaboran enfoques y tratamientos de temas muy diversos.

    La tapa como la ven, no podía ser otra. Argentina clasifico al mundial 2018 de la mano del genial Lio Messi. De no haber entrado esos goles en Ecuador, el año que esperamos, definitivamente iba a ser muy triste. Pero zafamos y Rusia nos espera, tal vez para vivir otros momentos de alegrías acotadas. Justo en el medio del calendario. Propicio para pasar el invierno.

     

     

  • El Cordobazo, la rebeldía en las calles

     

     

    El 29 de mayo de 1969 se producía en la capital mediterránea un movimiento de protesta que unió a obreros, estudiantes y gran parte de la ciudadanía contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. A casi medio siglo, es un emblema aún ardiente en la memoria argentina.

     

     

     

     

      

    Alejandro Mareco | Periodista 

     

    “La sensación que tuve es que fue una reacción del pueblo contra el gobernador, en primer término, y contra el gobierno nacional, después”. El general Alejandro Lanusse, quien fuera el último eslabón presidencial de la dictadura cívico-militar que se presentó con el nombre de Revolución Argentina, describía así sus impresiones sobre el ánimo de los hechos al cabo de recorrer la ciudad todavía humeante, dos días después del gran estallido. 

    El 29 de mayo de 1969 había estallado en las calles de Córdoba un movimiento de rebelión popular que alcanzó una intensidad inusitada y dejó una profunda huella en el devenir argentino. 

    “Esa mañana, en Córdoba, reventaba todo el estilo ordenado y administrativo que se había venido dando a la gestión oficial”, escribiría Lanusse en su libro de memorias “Mi testimonio”. 

    Claro, era su mirada de las cosas. Pero acaso ese punto de vista de parte de uno de quienes no sólo creían tener todo el poder bajo sus botas sino además haber atrapado a la historia en un puño y ahogarla por la fuerza, de pronto se asombraban una vez más frente a la existencia real del pueblo. 

    Es decir, asistían estupefactos a una demostración de que el pueblo no era un concepto maleable sino un sujeto de la historia capaz de entrar en acción, capaz de desordenarlo todo en busca de otro orden. 

    Aquel 29 de mayo de hace casi medio siglo (se cumplirá el año próximo) los trabajadores, junto con los estudiantes sacaron sus protestas y su malestar a la arena pública y el impulso inicial pronto se vio multiplicado con la adhesión de gran parte de la ciudadanía. La ciudad quedó por unas horas en manos de la rebelión. 

    La historia suele ser retratada como un faro que guía la marcha a través del brumoso océano del tiempo: aunque, claro, son los propios hombres y mujeres los que dejan encendida la luz del pasado. En cierto sentido la historia, por sí misma, no es una fuente de la que brotan las respuestas más esenciales, sino el instrumento necesario para organizar las preguntas frente al presente y al porvenir. 

    Luego de la crónica de los hechos, cuando la búsqueda intenta llegar a la intimidad del sentido del acontecimiento y sus consecuencias, su razón y su carácter, suelen presentarse versiones diferentes. 

    El Cordobazo, ¿fue una pueblada absolutamente espontánea o una revuelta elaborada? Entre la iracundia general, ¿hubo violencia organizada? ¿Fue una señal de madurez revolucionaria o, en cambio, el reclamo aspiraba a restablecer la vigencia de la voluntad popular censurada entonces desde hacía una década y media? 

    Por lo pronto, fue uno de los grandes episodios de la rebelión popular de la historia argentina. Hubo otros, antes y después, pero aquel tenía además la ardorosa marca de una época de alto voltaje político, con multitudes en las calles de todo el planeta.

      

    Ardorosos años 

    Los años ’60 habían presentado un estado de inquietud política general, particularmente en la juventud que fue avanzando por diversos caminos ideológicos. 

    El tiempo argentino estaba marcado principalmente por la proscripción del peronismo y la supresión total de los derechos constitucionales con el derrocamiento del gobierno de Arturo Illia por parte de un movimiento militar y civil conducido por el general Juan Carlos Onganía. 

    En 1966, la dictadura no sólo anuló el sistema político democrático, disolviendo incluso los partidos, sino que también avanzó sobre la universidad, sobre los sindicatos, conculcó derechos como el de huelga y puso en práctica la censura, en una arremetida autoritaria que sólo sería superada por la gran dictadura que vendría 10 años después, la más feroz y sangrienta que sufrimos. 

    Entre tanto, el espíritu de la época estaba señalado por una efervescencia mundial que se conmovía con  episodios como los de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles europeas como el Mayo Francés y otras que sacudieron las ideas y las pasiones. 

    De distintos modos, la violencia se había ido incorporando a la arena política, hasta que finalmente terminó en la hoguera de los ‘70. 

    Lo precedieron episodios de rebeldía sucedidos poco antes en Corrientes y en Rosario, pero el que sería dado en llamar Cordobazo sería el punto más alto de la resistencia política a la dictadura autodenominada como Revolución Argentina, la piedra en el zapato de las ansias de perpetuidad del general Juan Carlos Onganía.

      

    Altos salarios en lucha  

    “Los salarios pagados a los obreros de la industria automovilística de Córdoba eran los más altos del país y teníamos a mediados de 1969, la tasa más baja de desempleo de los últimos 20 años. ¿Dónde estaba el problema social?”. Las palabras son de quien entonces fuera ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena  y las dijo al periodista Juan Carlos De Pablo en el libro “La Economía que yo hice”. 

    Los movimientos que calentaron el ambiente habían sido las asambleas y planteos gremiales generados a partir de la derogación del llamado sábado inglés, por el cual se pagaba jornada entera por cuatro horas trabajadas. 

    Sucede que, una vez resueltas las necesidades básicas, las reivindicaciones elementales, salarios y derechos, el paso que sigue es sumarse a la discusión por las grandes decisiones políticas. Por eso es que los sueldos bajos y la precariedad laboral son una manera de acorralar el horizonte político de los trabajadores. 

    Entonces, había más, mucho más en el contenido de la rebelión que se estaba gestando. 

    Córdoba era un centro agitado de la vida productiva argentina: desde la gran conmoción industrial de mediados del siglo 20, la ciudad se había convertido en una gran reunión de energías y destinos proletarios de la provincianía argentina. 

    El Smata, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, sería uno de los grandes protagonistas de la jornada. Pero "el Cordobazo se hace, no por reivindicaciones propias del Smata, sino por las reivindicaciones de toda la ciudadanía, sino por la lucha de la libertad y en contra de la tiranía", ha dicho Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista y presente en la intimidad de aquellas decisiones, desde su puesto junto al líder de Luz y Fuerza, Agustín Tosco. 

    "Al Cordobazo lo piensan Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (Smata) entre la primera y la segunda semana de mayo. Luego lo invitan a Agustín Tosco, quien acepta inmediatamente", apuntaría Garzón Maceda. 

    Para la historiadora Mónica Gordillo, el rasgo distintivo fue “la convergencia con la cuestión estudiantil”. 

    “Este sector venía movilizándose para reclamar frente a las intervenciones en las universidades. Los estudiantes de Corrientes habían sido reprimidos luego de una protesta que culminó con la muerte de uno de ellos y esto a su vez produjo una serie de marchas del silencio que causaron dos muertes más en Rosario”, dice la autora de “Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social”, escrito junto a James Brennan.

     

    Las horas calientes

    Momentos de dos días de acción en el centro y en los barrios de la ciudad de Córdoba. 

    El estallido del Cordobazo fue la coronación de un malestar que recorría todo el país. En Corrientes, Rosario y Tucumán había asomado la rebelión y como respuesta el  gobierno soltó una furiosa represión que se cobró la vida de dos estudiantes correntinos. Esto no hizo más que avivar el fuego, y en el ánimo cordobés se reabrió la herida por la muerte del estudiante y obrero mecánico Santiago Pampillón, provocada por una descarga policial en setiembre de 1966. 

    En ese clima, se decretó un paro general nacional para el 30 de mayo. En Córdoba, se resolvió extenderlo a 36 horas, desde las 11 de la mañana del 29, y ganar la calle. 

    A media mañana del día señalado se cortó el último hilo de calma. Alrededor de 3000 trabajadores de la fábrica IKA-Renault  abandonaron la planta de Santa Isabel y se pusieron en marcha hacia el centro. En el camino apareció la Policía con sus gases lacrimógenos y volaron las primeras piedras como respuesta a la represión. 

    Un poco más adelante, ya en el centro de la ciudad, sobre la ex plaza Vélez Sarsfield, la Policía volvió a cargar y esta vez sonaron disparos. Allí cayó muerto el joven Máximo Mena y entonces el enardecimiento se volvió feroz, sin retroceso. 

    Más gremios habían ganado ya las calles, los estudiantes ya se habían plegado y el ímpetu de la revuelta se redobló con la adhesión de los sectores medios. La acción policial sería respondida con piedras y otros objetos (memoriosos recuerdan que se arrojaban bolitas al paso de los caballos de la policía montada). Mientras tanto, se incendiaban autos para contener el avance uniformado y combatir los gases lacrimógenos. 

    Las barricadas  se armaban, en muchos casos, con la ayuda de los vecinos. Es decir, la espontaneidad de la reacción de la ciudadanía fue un rasgo esencial para  la intensidad que llegaron a alcanzar los hechos. 

    El paso de la multitud dejaba atrás vidrieras rotas (sobre todo de los negocios de empresas extranjeras) y en llamas algunos edificios públicos. La situación se presentaba fuera de control con focos esparcidos por toda la ciudad y algunos barrios tomados por los manifestantes. El más emblemático era el barrio Clínicas, entonces lugar de residencia de la mayoría de los estudiantes venidos desde otros lugares de la provincia y del país. 

    También aparecieron francotiradores y, a las cinco de la tarde, finalmente irrumpió en la acción el Ejército.                    

     Al día siguiente aún se registraban choques dispersos, pero a la medianoche, cuando las tropas rompieron el cerco con el que los estudiantes habían rodeado el barrio Clínicas, sobrevino el silencio y la ciudad quedó sola con su imagen devastada y sus heridas. 

    La lucha había dejado unos 15 muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos, entre ellos los líderes sindicales  Elpidio Torres y Agustín Tosco (luego condenados a prisión por un tribunal militar en juicio sumarísimo).También había quedado sentenciado el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, que caería finalmente un año después, en consonancia con la irrupción de Montoneros y el secuestro de Pedro Aramburu. 

    Casi dos años después, en marzo de 1971, la ciudad volvería a ser escenario de otra rebelión, llamada esta vez El Viborazo, en respuesta a la frase del gobernador interventor José Camilo Uriburu (reemplazante de Carlos José Caballero, que cayó con El Cordobazo): “En Córdoba anida una serpiente venenosa, cuya cabeza quizá Dios me depare el honor de cortar de un solo tajo”. 

    Finalmente, en 1973, la “Revolución Argentina” se retiraría de la escena sin haber alcanzado su máximo objetivo: detener el regreso al poder de Juan Domingo Perón.

     

    Identidad rebelde 

    Córdoba, la cuna de la Reforma Universitaria de 1918 -otro hito de rebelión-, estaba repleta de obreros y estudiantes, precisamente dos sectores que agitaban la respiración política de aquellos años, y que solían encontrarse en las calles para manifestar en la misma dirección. Aunque había muchas maneras de ver las cosas, el rechazo al gobierno militar afirmaba las coincidencias. 

    El Cordobazo confirmaría a la capital mediterránea como un faro rebelde, una personalidad acaso trazada por la desobediencia original de su fundador, Jerónimo Luis de Cabrera, que la plantó más allá de dónde le había sido ordenado. 

    Este episodio quedaría grabado a fuego en el rencor y la venganza que vendría luego con la dictadura que sobrevino en 1976, que en su feroz y sangrienta represión se ensañaría especialmente contra Córdoba, sus sindicatos, sus ideas, su cultura y particularmente contra su identidad industrial. 

    Como quedó patentizado en 1980 con el cierre de IME, la fábrica del Rastrojero, que entonces tenía 3000 empleados y una presencia dominante en el mercado de las pick ups diésel. Córdoba ya no volvería a ser la misma tras el paso devastador del represor Luciano Benjamín Menéndez. 

    En 2013, la Legislatura de la Provincia de Córdoba estableció al 29 de mayo como Día de las luchas populares. Y en la memoria argentina, aquellas calientes horas quedarán definitivamente ardiendo con el espíritu de la rebelión de un pueblo.