• "El deterioro de Macri ha consolidado las tesis de Cristina"

    El consultor político Carlos Fara dice que el Gobierno pecó de ingenuidad y sostiene que en el círculo rojo hoy nadie ve bien lo que está haciendo Macri. Pero asegura que la sociedad quiere que el presidente termine su ciclo, que el peronismo ya no puede ser bombero de las crisis y que la mayor fortaleza de Cambiemos está en la oposición que avanza dividida hacia 2019. 

     

     

    Por Diego Genoud |Periodista 

     

    “La gente prefiere que Mauricio Macri termine el mandato y que lo termine lo mejor posible. La decepción ha sido fuerte y la angustia que siente su propio público es importante. Pero no hay alternativa tampoco”, dice Carlos Fara.

    Consultor político, analista y encuestador, acostumbrado a trabajar con candidatos y gobiernos de distinta orientación en toda América Latina, Fara se para lejos de las teorías apocalípticas pero advierte que la situación es complicada. Dice que vamos a vivir con el aliento del Fondo Monetario en la nuca, afirma que hoy es muy difícil encontrar a alguien en el círculo rojo que piense que Macri está haciendo bien las cosas y sostiene que los mercados son los primeros que desconfían de que cumpla el acuerdo que firmó con Christine Lagarde. Sin embargo, no descarta un triunfo electoral de Cambiemos, si la economía no colapsa antes. Porque, asegura, el peronismo avanza dividido hacia 2019 y el que rechaza la vuelta del PJ no tiene otra opción que no sea Macri.

     

    -La corrida bancaria trajo al Fondo y sepultó el entusiasmo que promocionaba Macri. ¿El Gobierno tuvo mala suerte, no quiso ver o subestimó los problemas que existían?

    -Creo que hubo cierta ingenuidad y algunos errores conceptuales. Todos sabíamos que la tasa de interés de Estados Unidos iba a subir en algún momento. Evitaría llamar mala suerte a un fenómeno que de alguna manera sabés que iba a pasar. El tablero de control no funcionó y hubo una sucesión de mala praxis en lo político y en lo económico.

     

    -Se acortaron los tiempos.

    -Sí, empezó el segundo tiempo y sabemos que va a ser más complicado que el primero, por más cambios que hagas. De acá hasta la elección, vamos a vivir con el aliento del Fondo Monetario en la nuca. Va a haber revisiones trimestrales y comentarios no positivos cuando no se alcancen las metas.

     

    -¿Qué podría jugar a favor del Gobierno a la hora de las elecciones?  

    -Primero, que el peronismo sigue fragmentado y la probabilidad de que siga así es alta. Segundo, que Cristina decida ser candidata. No va a ganar pero salir segunda la convierte en la jefa de la oposición. Tercero, el cansancio con el peronismo bombero que siempre viene a resolver las crisis del no peronismo. La sociedad está cansada de eso y creo que preferiría no volver a pasarlo.

     

    -Con esos argumentos, Cambiemos ganó ya dos elecciones. ¿Puede seguir siendo un activo después de cuatro años?
    -Puede seguir.

     

    -¿Para darle el triunfo o para mantener un núcleo de votantes?

    -Obviamente, no hay que descartar que vaya a una segunda vuelta, pero me parece que el final de la película todavía puede serle favorable.

     

     Dogmatismo vs pragmatismo

     -El Gobierno ajusta, va al Fondo y se endeuda pero también devalúa, analiza reinstalar retenciones, sube el techo paritario y busca escalonar la suba de tarifas que exigen las empresas. ¿Cuál es el modelo?

    -Intentaría no encasillarlo. No tiene un afán privatizador, tiene un afán ordenador de la economía más cercano a lo ortodoxo pero sin serlo por completo. El gradualismo quería mantener el valor del salario para que el consumo no se caiga y se enfrentó con la realidad de siempre de la Argentina. El principal problema no es el déficit fiscal sino el déficit de cuenta corriente: no alcanzan los dólares por más que hagas los deberes del ajuste. Ahora, el Gobierno está reconceptualizando en la práctica muchas cuestiones.

     

    -¿Cuáles serían?

    -El sólo hecho que haya desplazado a Sturzenegger, que era lo más parecido al pensamiento de Macri en materia económica, y la incorporación de Dante Sica, que viene del peronismo, fue funcionario de Duhalde y es claramente un tipo ligado a la lógica más productiva, me parece que es un despertar del Gobierno. Se dan cuenta de que no pueden quedar presos del discurso del déficit fiscal y el ajuste, como quedó De la Rúa. Con Sica, me parece que buscan un entusiasmo en el sector productivo que hasta hoy no existió.

     

    -¿Quién es el autor de este giro que se insinúa?

    -Las dos mesas perdieron: la económica y el control de la Jefatura de Gabinete. Pero tampoco prosperó la idea de un acuerdo más orgánico con el peronismo. Gana la política del realismo, la mesa chica real de Vidal y Rodríguez Larreta, que juegan sus propias fichas. Hasta la crisis, la pregunta era si Macri era un pragmático o un dogmático más y me parece que ahora está tratando de revelar la respuesta. Se ataron a ciertos dogmas desde la tríada con Quintana y Lopetegui hasta los 20 ministerios y cosas como pensar que los empresarios argentinos son buenos pero estaban maltratados.

     

    El peronismo y Cristina 

     

    -¿Cómo reacciona el peronismo ante la crisis, en el día a día y hacia 2019?

    -En el corto plazo, veo un peronismo cauteloso porque el Gobierno hizo sus movidas y hay que esperar para ver cómo le va. Mucho menos, cuando puso en Producción a alguien que podría haber sido ministro de un presidente peronista. El peronismo sabe que no puede comprarse el título de desestabilizador del gobierno no peronista. Necesitan que el Gobierno efectivamente termine y no llegue a una crisis terminal que les cargue sobre las espaldas algún grado de culpabilidad.

     

    -¿Usted descarta la posibilidad de que confluyan todos en un acuerdo y una PASO?

    -Lo veo más en los deseos y en las conversaciones que en la posibilidad de llevarlo a la práctica realmente. La mejor manera de que el peronismo se recupere sería matándola a Cristina. Eso significaría ganarle en una primaria de un peronismo amplio que los incluya a todos.


    -Ganarle a uno de sus herederos.

    -O a ella.

     

    -Pero a ella no le van a ganar.

    -Claro, por eso los mismos que lo dicen aclaran que no pueden ir a perder para entregarle todo. Lo veo muy complicado. Ahora ¿Cristina aceptaría eso? ¿Poner un candidato para que pierda una interna? Tengo mis dudas y veo que lo más probable es que Cristina se presente.

     

    -No tiene motivación para bajarse.

    -No. Y además el primer interesado en que Cristina compita es el Gobierno, que puede facilitarle muchas cosas a su campaña.

     

    -¿Qué cosas?

    -Desde espacios en los medios, recursos, no entorpecerla, torearla.

     

    La alternativa a Macri

     

    -¿Cómo ve al círculo rojo frente a Macri?

    -El año pasado, el círculo rojo quedó sorprendido con la elección de Macri y en los últimos meses volvió a confirmar todas las dudas que tenía sobre él. Macri no quería devaluar y ahora dice que esto favorece a las economías regionales. Es muy difícil encontrar a alguien en el círculo rojo que piense que el Gobierno está haciendo bien las cosas. En todo caso, algunos entienden que trata de arreglar un problema que el mismo gobierno creó.

     

    -¿El círculo rojo, que buscó desde 2008 un candidato que le gane al kirchnerismo, vuelve a pensar ahora en un peronismo moderado?

    -Sí, el tema es que no encuentra la figura. Los tipos apostaron a algo que efectivamente cierre. Por eso salió a girar la hipótesis Tinelli. A Massa le va a costar a mucho que vuelvan a confiar en él, Randazzo no mostró músculo, Schiaretti no tiene carisma.


    -No aparece el gobernador que pueda encarnar esa salida.

    -No, porque esta liga de gobernadores es la de menor volumen político que se recuerde. Y está el caso Urtubey, que de a ratos se queda solo porque el resto de los gobernadores desconfía y no cree que sea garantía de nada.

     

    -La liga de gobernadores ¿que preanuncia para el peronismo?

    -Es probable que sean el futuro del peronismo, a la corta o a larga. Pero el deterioro de Macri ha consolidado las tesis de Cristina, que cobran efecto en una parte de la sociedad. Por eso, su voto duro no se diluye. Eso le impide crecer a ese peronismo.

     

    -O sea que el kirchnerismo tiene más futuro del que le anunciaban.

    -Siempre me opuse a la idea de que el kirchnerismo se terminaba el 10 de diciembre de 2015. Primero porque Cristina tiene un liderazgo fuerte, segundo porque el kirchnerismo sedimentó ideológica y culturalmente la sociedad mucho más de lo que todo el mundo piensa y tercero porque tiene que surgir otro líder y otro núcleo político suficientemente fuerte. Hoy, hasta acá, los gobernadores están cada uno cuidando su propia quinta y no saben cómo salir de la situación.

     

    Perdón al Fondo 

     

    -El malentendido entre Macri y aliados naturales como los mercados o el campo ¿no pone en riesgo el gobierno más afín que podrían esperar esos sectores?

    -Insisto: hubo ingenuidad del Gobierno de pensar “nos conocemos con ellos y entonces nos van a entender”. Los mercados esperaban algo distinto a lo que quiere la opinión pública y el Gobierno jugó, con las encuestas en la mano, al gradualismo. Decía que no tenía plan B pero evidentemente estaba y era terminar en el Fondo Monetario.

     

    -Escribió sobre el waiver del Fondo. ¿En 2019, Macri va a desoír el acuerdo que acaba de firmar y lo compromete a un ajuste muy severo en el año electoral?

    -Los mercados son los primeros que desconfían. Es muy raro que vayas a cumplir con todo lo que te pide el Fondo, en medio del año electoral, siendo el gobierno más débil en el Congreso desde que llegó la democracia. No me llamaría la atención que el Gobierno haya llegado a una negociación rápida y prolija sobre algo que no está seguro de poder cumplir. Ahí vamos a ir a los waiver.

     

    -¿Persiste en el macrismo la ambición política de ganarle a todo el peronismo?

    -Creo que sí. Eso explica que no quieran ir a un acuerdo con el PJ ni sacarse una foto con ellos. El Gobierno dice “yo quiero hacer ciertas cosas” pero también dice “quiero ganar la elección”. Se tienen que olvidar de las encuestas por unos meses, porque van a pagar costos y no es un problema pagar costos. El tema es si vas a lograr algún objetivo de los que te propusiste al final del camino o no.

     

    -Las consultoras pronostican por lo menos dos trimestres de recesión. ¿El Gobierno tiene herramientas para recuperar la economía antes de las elecciones?

    Crecer al 3 por ciento anual como decía Macri ya no es posible: este año no y el año que viene hace falta mucho viento a favor. Entonces, el tema es cómo entrar en un ciclo de reducción de inflación. Que el año que viene se llegue a una inflación por debajo del 20 por ciento, que hace mucho no tenemos, sería razonable. Un año sin turbulencia, donde la gente se anime otra vez al consumo. Eso puede pasar.

     

    Cambiemos y las dos Argentinas

     

    -¿Quién está sufriendo más con Macri, a quién perjudicó más o quién le tiene menos paciencia?

    -El sector bajo y sobre todo el sector informal es el más angustiado. Incluso los que no lo votaron pero preferían que le fuera bien. La sensación es que con Cristina había inflación, había cepo, había Moreno, había Kicillof, pero había plata en la calle y la economía parecía que se movía. Eso ahora no está sucediendo. Lo sufre la clase media pero no recorta su nivel de vida básico. Abajo, en cambio, lo sienten más porque son los que viven de la changa, la construcción y hay una gran masa de servicios informales que se mueve cuando hay plata en la calle.

     

    -¿Puede terminar en un desborde?

    -Me parece que con algo de Stanley y algo de María Eugenia Vidal el Gobierno tomó nota de cómo hace para contener abajo. Por supuesto, no es la contención de la época de Cristina pero hasta acá ha logrado que la bomba no explote. Por eso pone mucho énfasis en que el Fondo no le pide recorte social y el recorte va a estar en la obra pública.

     

    -Mientras el oficialismo habla de volver al mundo y respetar la seguridad jurídica, la oposición pide más Estado y más integración social. ¿Macri y Cristina expresan dos visiones antagónicas que los trascienden?

    -Hay por lo menos dos Argentinas. La coalición de las instituciones, los valores, el trabajo y el esfuerzo, de generar oportunidades pero “tenés que laburar” y otra Argentina que te dice “dame pan para comer porque no tengo”. Uno es garantista y el otro es proveedor. Y hasta que no tengamos un proceso de crecimiento de mucho tiempo, consistente y sin turbulencias, esa es la grieta real y va a ser difícil superarla.

     

    -¿Cómo ve el papel de Carrió en la alianza de gobierno?

    -Estuvo bastante razonable dentro de todo. Estuvo bastante astuta y colaborativa aunque hay muchas cosas que no le gustan. Sabe que un tuit suyo puede matar a una persona, políticamente hablando. Ahora, Lilita quiere estar en la mesa de discusión 2019 y la mesa chica no quiere. Ahí se presentan los mayores interrogantes. ¿Ella va a poder opinar sobre la vicepresidencia, sobre los ministros o va a seguir siendo un francotirador como ahora? Si fuera por la mesa chica, lo segundo. Salvo que se venga todo abajo, como pasó con De la Rúa, ella tampoco tiene tanto margen para romper con el Gobierno. Ella no se puede convertir en el Chacho Álvarez de Cambiemos.

     

    -¿Por qué?

    -Porque me parece que los votantes de Cambiemos le dirían “ayudalo, romper no sirve en Argentina”.

     

    -¿No tiene mucho destino tampoco afuera?

    -Sola, me parece que no, salvo que se produzca una catástrofe y yo no creo eso. Creo que vamos a tener muchos problemas pero no una catástrofe 2001.


    Fotos: Juan Casas 

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  • Villa del Totoral | Plumas en el camino real

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  • ¿A quién traicioné yo? ¿A un gángster como Massera?


     

     

    Diego Genoud| Periodista 

     

    "Hace como tres meses y medio que no nado porque me agarré una intoxicación que me activó una gastritis crónica leve y después dos resfríos”, dice Martín Balza, sentado en el living de su departamento de Barrio Norte. A los 84 años, el exjefe del Ejército de Carlos Menem va tres o cuatro veces por semana al club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, frente al Hipódromo de Palermo, y sigue corriendo la competencia del Master Seniors. Lúcido, activo y atento, Balza atesora toda una vida de recuerdos y condecoraciones. Su cara en la tapa de la revista Newsweek, una foto con Fidel Castro en Bariloche en 1995 a los pocos meses de su autocrítica, una imagen a doble página de las tablas con Garry Kasparov en 1997 y una infinidad de documentos que guarda con obsesión.

    El exembajador de Néstor y Cristina Kirchner en Colombia y Costa Rica dice que Bolsonaro todavía es una incógnita, relativiza los proyectos del Gobierno para permitir que los militares hagan inteligencia interior y prefiere ubicar a Mauricio Macri como continuidad de un abandono presupuestario que, según remarca, sufren las Fuerzas Armadas desde que él concluyó su misión. Al final de una carrera que narra con detalle en “Bitácora de un soldado. Mis memorias de Perón a Kirchner”, el general que quedó en la historia por reconocer los crímenes de la Dictadura militar niega que haya habido un retroceso en el Ejército en materia de derechos humanos y discute con la pasión intacta. “¿Qué sector empresarial hizo autocrítica? ¿Qué sector sindical? ¿Qué sector de la Iglesia acá? No le tiremos al pobre papa Francisco. ¿La guerrilla? ¡Ninguno! Los medios de comunicación, los bancos, la Bolsa de Comercio, la Sociedad Rural elogiaban el Proceso y hasta el día de hoy ninguno hizo autocrítica”, dice.

     

    Este año vivió un momento incómodo durante la asunción del nuevo jefe del Ejército, Claudio Pasqualini.

    –Sí, pero no lo atribuyo a Pasqualini. Evité que el ministro Aguad viviera una situación incómoda porque no reaccioné. Vinieron cuatro mujeres y uno o dos civiles a decirme que era un “hijo de puta” y un “traidor”. No sé quién las invitó.

     

    Parece raro que hayan sido invitadas sin el aval del jefe del Ejército.

    –Las invitaciones las cursó el jefe del Ejército que se fue. Eso no quiere decir que Pasqualini no haya invitado a sus amigos. Estamos hablando de unas 60 ó 70 invitaciones a mujeres de condenados por delitos de lesa humanidad. Nunca vi algo así. Cuando yo era jefe, invitaba a las esposas o hijos de víctimas de la lucha contra la subversión, como en Formosa...  Además, ¿a quién traicioné yo? ¿A un gángster como Massera? ¿A quiénes torturaron y robaron? ¿A un coronel como Pascual Guerrieri que en 2002 llamó por telefóno a un hijo mío para decirle que nos iban a matar a toda la familia? Hoy tiene dos o tres perpetuas. ¿A quién? ¿A Videla, a Bussi, a Díaz Bessone?

     

     


    "En la asunción del nuevo jefe del Ejército, vinieron cuatro mujeres y uno o dos civiles a decirme que era un “hijo de puta” y un “traidor”. No sé quién las invitó. Estamos hablando de unas 60 ó 70 invitaciones a mujeres de condenados por delitos de lesa humanidad. Nunca vi algo así". 


     

     

    Deben decir que usted también actuó durante la Dictadura y después hizo la autocrítica más dura.

    –Hay miles de oficiales y suboficiales que durante la Dictadura actuaron donde tenían que actuar. Los delitos de lesa humanidad fueron de una élite, una élite de inteligencia. ¿Cuántos presos hay del Ejército entre imputados, procesados, condenados? ¿800? El Ejército en ese entonces tendría unos 7000 oficiales, cerca de 30.000 suboficiales sin contar los soldados y unos 1500 civiles de inteligencia. Yo estuve donde tenía que estar. Pero ninguno de estos hombres, con poder decisión y dominio del hecho, ¡ninguno se hizo responsable de las órdenes que daba! ¡Fueron cobardes! Suárez Mason lo dijo en el Estado Mayor en el año 79 y como yo estaba ahí destinado en una oficina de Artillería, lo escuché. Después lo repitió en Mar del Plata: “pasarán sobre mi cadáver antes que tocar un subordinado mío en la lucha contra la subversión”. Cuando empezó la cosa, se rajó a Estados Unidos, de ahí lo trajeron. ¡Cobarde!

     

    ¿Cómo era para usted estar en funciones durante la Dictadura?

    –No estuve nunca en un destino operativo durante la Dictadura. Fui jefe de unidad pero nunca fui jefe de área ni de zona, ni nada de eso. Además, los dos primeros años me agarra en Perú, desde fines del ‘75 hasta febrero del 78, haciendo dos cursos: uno en el Centro de Estudios Militares y el otro en la Universidad de San Marcos. Asciendo a teniente coronel en Perú. Después fui destinado como jefe del departamento Doctrina y Enseñanza de la Escuela de Artillería. Fue el año del conflicto con Chile y el del Mundial. Volví y estuve en el Estado Mayor y me designan jefe de unidad de Paso de los Libres en el ‘80.

     

    El Ejército hizo el trabajo sucio y fue un instrumento del poder económico.

    –Algunos hombres del Ejército. Sí. Todos estos que he nombrado. El golpe de Estado no fue para terminar con la subversión, que ya estaba terminada, fue para cambiar un sistema económico. Contra el terrorismo, respondieron con el terrorismo de Estado, que es mucho más grave. Tendrían que haber aplicado el rigor de la ley, que facultaba imponer la pena de muerte, de la que yo no soy partidario por motivos religiosos.

     

    ¿No hubo un retroceso con Milani primero y ahora con Pasqualini?

    –Milani asciende a oficial superior en 2001. La Constitución en los artículos 12, 13, 14 y 15 dice que el presidente provee los empleos militares con acuerdo del Senado en caso de ascenso a oficial superior, es decir, con el grado de coronel y general.

     

    ¿No lo tuvo?

    –Interesante. En el año 2001, yo llevaba dos años de retirado, Brinzoni elevó la propuesta de ascenso de tenientes coroneles a oficial superior, al grado de coronel, al ministro de Defensa Jaunarena y a De la Rúa. La Comisión de Acuerdos del Senado y los 72 senadores aprueban ¡sin ninguna objeción! el ascenso del teniente coronel Milani a coronel. El Ejército manda los pliegos y una síntesis del legajo. ¿Cómo aprobaron ese pliego? El escándalo fue cuando tuvo que ascender de coronel a general. Él ascendió tres veces más, de coronel a general, de general de brigada a general de división y de general de división a teniente general. Ahí sí, en ese ascenso, tuvo 39 votos a favor y 30 en contra. ¿El Cels no conocía el legajo de Milani? ¿Verbitsky no lo conocía a Milani?

     Garré lo promovía.

    –¿Y Garré conocía a Verbitsky? ¿Quién lo propuso?


    Garré lo sigue defendiendo y Cristina Kirchner nunca lo cuestionó. ¿Para usted Milani fue un retroceso como jefe del Ejército o no?

    –Yo no estoy para objetar decisiones de otro. Respondo por mis decisiones durante ocho años al frente del Ejército. Además jamás vi el legajo de Milani.

     

    Pero habrá visto a la familia Ledo que lo denunciaba.

    –Sí, denuncias, pero hasta ahora no tiene ninguna condena.

     

     ¿Usted hubiera promovido a un militar denunciado?

    –No, no, no. Lo hubiera tenido stand by hasta aclarar la situación en la Justicia. Pero tampoco por una denuncia puedo crucificar a un tipo.

    Denuncia de los organismos de derechos humanos que hicieron todas las denuncias mientras la ley beneficiaba a los represores.

    –Bueno, pero entonces… la ley es la norma de carácter general que rige la convivencia social. ¿Queremos vivir en un marco legal o manejarnos con tribunales populares?

     

    Y si la ley es impunidad, Obediencia Debida, Punto Final e Indulto…

    –No sé, no sé, no sé. La amnistía es una facultad del Poder Legislativo. El Poder Ejecutivo puede indultar a condenados por la Justicia Federal, como dice la Constitución. Los indultos de Menem fueron los que originaron todos los quilombos. Si se indulta a un procesado, hay injerencia del Ejecutivo en el Poder Judicial y se le impide a ese procesado demostrar su inocencia en un juicio. Menem firmó 270 indultos para miembros de las organizaciones armadas irregulares, militares de la Dictadura y también para Rico, Seineldín y todos los que se habían levantado contra la Democracia. Fue una ley de amnistía encubierta. Esos indultos fueron inconstitucionales. La Corte Suprema los declaró así en 2007.

     

    ¿Lo discutió alguna vez con Menem?

    –En septiembre de 1994, 1995, yo le había entregado a Menem una invitación para un acto en el Regimiento de Patricios. Cuando me estoy por ir, me dice: “me han dicho que hay algunas cosas que yo he hecho que usted no está de acuerdo”. Le dije: “es probable, señor Presidente. Pero eso no altera la subordinación”. “Por ejemplo ¿qué cosas?”, me dice. “Los indultos, señor Presidente”. “Pero yo lo hice para pacificar”.  “Sí, señor, pero usted indultó a Seineldín y después el 3 de diciembre hubo que combatir. Seineldín fue dos veces indultado”.

     


    ¿A quién traicioné yo? ¿A un gángster como Massera? ¿A quiénes torturaron y robaron? ¿A un coronel como Pascual Guerrieri que en 2002 llamó por teléfono a un hijo mío para decirle que nos iban a matar a toda la familia? Hoy tiene dos o tres perpetuas. ¿A quién? ¿A Videla, a Bussi, a Díaz Bessone?


     

    ¿Hay sectores que aprovechan la designación de Pasqualini, cuya esposa es hija de un represor, para forzar un retroceso dentro del Ejército y una reivindicación de la Dictadura?

    –No, en absoluto creo que pueda darse. No hay dudas de la inserción del Ejército en las instituciones republicanas y en los valores democráticos. Ahora, que hay sectores no sólo en la fuerza -y también en la civilidad, de distintos partidos políticos- que dicen con el Proceso en el fondo…

     

     ¿El mensaje del Gobierno no se presta a confusión?

    –No se puede reivindicar lo irreivindicable. El tema de derechos humanos en el mundo está arraigado. Torturar, violar mujeres, afanar propiedades ¿qué tiene que ver eso con los valores cristianos?

     

     

    PH: Juan Casas 

     

    En el libro critica mucho a un fiscal de alto protagonismo, Stornelli.  

    –Conmigo fue un mediocre y falló en todo. Porque yo apelé y la Cámara dijo que no había nada para imputarme ni a mí ni a los otros generales acusados ni al Ejército. Ningún militar del Ejército fue a juicio ni por las armas ni por Río Tercero, los que fueron eran de Fabricaciones Militares y dependían de Defensa.

    Atribuye la actuación de Stornelli a que es hijo de un militar de la Dictadura.

    –No me cabe ninguna duda. Yo dejé cesante a su padre, además él tenía muy buena relación con los carapintadas y su esposa era sobrina del último ministro del Interior de Videla. Yo no puedo ordenar que se entregue una lapicera, todo salió de Fabricaciones Militares. Me querían hacer pagar la llamada “autocrítica”.  

    Empieza el libro con una pregunta: “¿Cuándo caduca el pasado?”. ¿Lo sabe ahora, después de escribirlo?

    –Borges creo que se preguntó eso. Si tuviera la respuesta, la daría. El problema de la memoria es que a veces incluye el olvido.

     

    El 13 de junio de 1982 le dejó a usted otra pregunta: ¿por qué Dios me permitió vivir?

    –Ese día fueron los combates más intensos. Fue terrible, era el día de mi cumpleaños. La artillería británica abrió fuego desde las 10, 11 de la mañana hasta las cuatro de la tarde, después a la noche hubo bombardeos navales y de la Fuerza Aérea. Al mediodía hubo un intenso fuego de contraartillería con los ingleses. Intenso fuego terrestre, aunque ellos, de repente, interrumpían el fuego y se hacían una pasadita con avioncitos también. Yo estaba recorriendo una de mis baterías al sur de Puerto Argentino. Me acuerdo de dos cosas. Un soldado correntino me gritó: “póngase el casco mi teniente coronel”. Yo estaba sin casco. Porque el casco es pesado, molesta. Me emocionó. Porque el tipo me estaba cuidando: me lo puse.

     ¿Qué más recuerda?

    –Nos tiramos cuerpo a tierra y a 10, 15 metros, el cabo primero Ángel Quispe, un jujeño, también se tira. Se produce una pausa de fuego, tres, cuatro minutos. Entonces corro hasta mi puesto de comando que era un contenedor reforzado con tambores de 200 litros, con turba. Se sacudió todo, lo vemos a 20 metros a Quispe boca abajo. Entonces, grito al médico, viene y lo damos vuelta. Estaba entero. Sangraba por la boca, por los oídos y por la nariz. La onda explosiva lo había matado. Me acuerdo de que lo vi, le hice la señal de la cruz, le corté la identificación y dije “llévenlo al lugar de reunión de muertos”. Muchos habrán dicho: “justo fue Quispe. ¿Por qué no Balza?”.

     ¿Encontró la respuesta que buscaba?

    –Y qué sé yo. Los designios de Dios son difíciles de interpretar. Están fuera del alcance nuestro.

     

  • ¿Tener un proyecto?

    Tener proyecto tiene buena fama, tanta que es visto como necesidad. Incluso en la vida personal. El tema es cuál proyecto.

  • “Dado el nivel de la crisis, hay que celebrar el bajísimo nivel de conflictividad”

    PH: Juan Casas


    Dice que Mauricio Macri ganó dos elecciones con una alianza social similar a la que logró Carlos Menem en los años 90, asegura que el Gobierno no conoce ni entiende las demandas de la clase media y advierte que puede perder esos votos en las presidenciales de 2019. Alejandro Katz está entre los intelectuales que recibieron un baño de desilusión durante los tres años de Cambiemos en el poder. No ahorra críticas al capitalismo prebendario ni busca excusas para defender al oficialismo pero sigue apostando por la única variante conocida para enfrentar a las distintas versiones del peronismo en el año electoral. Ensayista, traductor, editor y miembro del Club Político, Katz sostiene que la meritocracia se basa en anécdotas personales que no pueden proyectarse al resto de la sociedad, sugiere que la carencia de roce social del gabinete tiene consecuencias políticas y afirma que el Gobierno ataca al pasado porque no sabe muy bien cómo producir un futuro mejor. Además asegura: “Dado el nivel de la crisis, hay que celebrar el bajísimo nivel de conflictividad”. 

     

     Diego Genoud | Periodista

     

    –Después de las elecciones de 2017, escribió sobre el desafío que representaba para Cambiemos interpretar el resultado. ¿Lo hizo bien el Gobierno?

    Ex post, es evidente que siempre la política interpreta mal a la realidad. Después de la crisis cambiaria, es fácil decir que el Gobierno se equivocó pero buena parte de los problemas tiene que ver con no haber escuchado, en distintos momentos, distintas voces y advertencias cooperativas. Abrir la cuenta de capitales de un modo imprudente con finanzas públicas muy frágiles y exponerse sin ninguna necesidad a la presión de los especuladores financieros. Que no se podía devaluar y subir tarifas sin que todo eso se fuera a la inflación y golpeara en los hogares. Decisiones muy mal tomadas por ceguera ideológica y por encierro. 

    –¿Qué cambia con la corrida de 2018?

    –Hasta ese momento, se mantenía la ilusión de que el Gobierno tenía las herramientas para conducir la economía. Un sector de la sociedad estaba dispuesto a pagar todos los costos a cambio de alejarse del pasado. La corrida cambiaria modifica la ecuación. Es mucho más difícil renovar una ilusión cuando, en tres años de gestión, el Gobierno ha mostrado muy poca capacidad de conducir adecuadamente la economía. No pensó que el kirchnerismo utilizaba herramientas de política económica que son genuinas y pueden ser necesarias. Pensó que el control del mercado de cambios era parte de la psicosis de Kicillof y no una decisión que los gobiernos chilenos tomaron en todos los momentos en que fue necesario.

    –¿El Gobierno incineró el activo del futuro y lo perdió como promesa viable?

    –El Gobierno se apalancó en el pasado para producir una idea de futuro. Pero en tres años no consiguió que ese futuro fuera creíble. Todo indica que no sabe muy bien cómo producir un futuro de mejor calidad. Por lo tanto tiene que volver a recordarnos que lo que había era peor.

     

    De Menem a Cambiemos 

    –Pese a todo, el Gobierno sigue teniendo un piso envidiable.

    –Hay un porcentaje que se construye en el rechazo al kirchnerismo y quizás, más generalmente, al peronismo. Siempre hubo en Argentina un sentimiento antiperonista intenso, que no siempre encontró una expresión donde afirmarse. Pero no es sólo antikirchnerismo, hay otras razones.

     –¿Cuáles serían? 

    –Cambiemos marcó un espacio político claro, una gobernabilidad orientada al mercado, con niveles de apertura mayor y reinstauró una cierta idea de pluralidad que el kirchnerismo estaba estrechando. Eso le sigue pareciendo muy valioso a mucha gente. En muchos casos, es gente que no padece estrecheces pero en otros hay una clase media que sufre dificultades por la recesión, que ha perdido ingresos con la devaluación pero que prefiere esto y está dispuesta a sostenerlo.

    –Esa es la fortaleza de Cambiemos.

    –Cambiemos ganó dos elecciones con una alianza similar a la que logró Menem desde el peronismo, entre las élites y los sectores populares. Quizás no son las mismas élites ni los mismos sectores populares, pero Cambiemos ganó con mucho voto de sectores subalternos y ha mostrado interés en hacer una política orientada a la contención social. Es lo mismo que ha hecho el peronismo, al menos desde el regreso de la democracia. Es una formación tradicional del conservadurismo popular en Argentina.

    –¿Qué pasa con la clase media?

    –El Gobierno no tiene una política para los sectores medios, no los conoce ni le importa conocerlos. Cree que los sectores medios son generadores de conflicto y de costos que demandan cosas muy caras, como un dólar barato para veranear en el exterior. Son los sectores que extienden más fácilmente su disconformidad, que crean los climas de opinión favorables o contrarios. Si Cambiemos tuvo votos de la clase media, los tuvo por el hartazgo que generaba Cristina. Pero son los votos más volátiles.

    –¿Y a dónde pueden ir esos votos?

    –Muchos pueden estar volviendo al cristinismo, muchos pueden volar a un candidato del peronismo federal que no estamos viendo, que sepa interpelarlos, como puede ser Lavagna. No sabemos cómo generar una política de clases medias, una política de distribución equitativa de la renta, la riqueza y el poder. Implica no política asistencial y política de acumulación del capital, sino políticas de desarrollo y de bienes comunes. Por eso en los últimos 40 años hemos tenido más concentración de riqueza del capital productivo y más pobreza y marginalidad. La clase media es molesta, es incómoda.

    –¿El radicalismo dejó de expresarla para siempre?

    –El radicalismo ha perdido el rumbo desde el fin del gobierno de Alfonsín y no ha tenido capacidad de repensarse. El PRO, guste o no, ha podido interpelar a la sociedad, si se quiere, despolitizándola. Pero eso es político. Ha podido captar un estado de la opinión, ciertas demandas colectivas, ciertas voluntades de transformación difusas, y ha sabido construir un discurso en relación con esas percepciones. El radicalismo no tiene un discurso, repite consignas antiguas y no se lo ve interpelando audiencias.

     

     Macrismo, meritocracia y capitalismo 

    –Remarca que la movilidad social está muerta y el aprendizaje y el esfuerzo no alcanzan ya. ¿Qué tipo de horizonte común imagina?

    –Hoy los trayectos vitales dependen fundamentalmente de la cuna, no del esfuerzo ni del aprendizaje. La evidencia anecdótica no construye nada. La movilidad social no es el caso de alguien exitoso, es la capacidad real de una sociedad de construir un futuro mejor, de una sociedad a otra. En Argentina es doblemente grave porque ocurría antes y ya no ocurre pero es un problema que existe en todas las sociedades occidentales. Eso no nos exime de buscar soluciones, si creemos que la movilidad social es un valor compartido. El primer elemento para que el destino no dependa de la cuna es la construcción de bienes públicos de calidad. Ahora, no veo que este Gobierno tenga una voluntad en esa materia, como no lo veía antes.

     

    “El Gobierno se apalancó en el pasado para producir una idea de futuro. Pero en tres años no consiguió que ese futuro fuera creíble y todo indica que no sabe muy bien cómo producirlo. Por eso vuelve a recordarnos que lo que había era peor”.

     

    –¿No lo ven como una necesidad?

    –No advierten que no son productos de una sociedad meritocrática. En la medida en que se imaginan como productos de sí mismos, piensan que todos tienen la oportunidad de producirse de ese modo. Ahí hay un problema. En segundo lugar, ellos imaginan que la primera instancia de mejoramiento de la sociedad es el mercado y el mercado no va a producir ni bienes públicos de calidad ni condiciones para que los ciudadanos puedan desarrollar planes de vida autónomos. Cada vez que se apuesta al mercado lo que se hace es postergar la creación de oportunidades para quienes la necesitan hoy.

    –Parece difícil que el Gobierno cambie esa percepción.

    –Hay problemas ideológicos, de imaginación; problemas de experiencias de vida, de grupo de pertenencia. No creo que sean gratuitas las trayectorias en escuelas privadas, la falta de experiencia del uso del transporte colectivo, la falta de experiencia de la dificultad financiera doméstica. Es muy difícil que todas esas carencias de experiencia no impacten sobre la visión del mundo, que orienta las decisiones de la política.

    –Usted critica mucho al capitalismo rentístico y prebendario. ¿Cree que Macri puede combatirlo?

    –Yo ahí pondría una buena carta a favor de Macri. Quiso contribuir a que el capitalismo argentino sea más competitivo y menos rentístico, más abierto, más innovador, más schumpeteriano si se quiere. Quizás quiere todavía aunque no sé si tiene las condiciones para lograrlo.

    –¿Por qué?

    –No hay capacidad de vincular la dinámica del capitalismo a la que Macri aspira con la existencia de privilegios que no son identificados como tales. La promoción industrial en Tierra del Fuego le ha costado al país 3000 millones de dólares por año. 30.000 millones de dólares en 10 años destinados a cinco empresas y 10.000 personas. En mi idea de capitalismo competitivo, es uno de los primeros temas a desarticular. ¿Por qué no ha ocurrido? ¿Porque el amigo Caputo es uno de los empresarios de la isla? Puede ser. ¿Porque los tres senadores de la isla son esenciales para las leyes del Gobierno? No sé. Pero un capitalismo competitivo elimina los privilegios y en lo que va del Gobierno no ha habido preocupación por ese tema. Otro ejemplo: la telefonía celular que todavía no está regulada como servicio público, lo cual supone permanentes abusos de las compañías sobre los consumidores sin un Estado regulador.

    –Salta a la vista también la megafusión Cablevisión-Telecom, que el Gobierno además defiende.

    –Ese es otro ejemplo. Estoy dispuesto a ser un ciudadano capitalista pero quiero serlo en un entorno en el que todos lo sean. Doy otro caso: la ley de promoción del software, que es una ley bien diseñada para estimular una industria naciente con alto potencial de exportaciones que genera trabajo de calidad y no exige insumos importantes para crear valor. Ahora una empresa que cotiza en la Bolsa de Nueva York y vale 1000 millones de dólares no puede estar bajo ese régimen.

     

    Cristina sobre el peronismo 

    –¿Por qué no nació, tres años después, el peronismo postkirchnerista?

    –Porque no tienen una sola idea que la sociedad haya considerado valiosa como para querer adoptarla. Entre Urtubey y su educación católica en las escuelas y De Mendiguren y su idea de una industria bebé que siempre tiene que ser protegida, no encuentro nada que pueda apasionarla. Es un peronismo moderno es cierto, pero es la modernidad del siglo XIX.

     

    “Hay funcionarios que se creen producto de una sociedad meritocrática. Las trayectorias en escuelas privadas, la falta de experiencia del uso del transporte colectivo, la falta de experiencia de la dificultad financiera doméstica, todas esas carencias, impactan sobre la visión del mundo que orienta las decisiones de la política”.

     

    –¿Por qué sigue vigente Cristina como principal referencia opositora?

    –No lo sé. Creo que la base de la adhesión a Cristina está en los sectores populares, donde la política del kirchnerismo fue muy pregnante. Pensemos que se trata de personas a las que la crisis de 2001 sumió en la miseria absoluta sin horizonte de ningún tipo. Para ellos, el kirchnerismo tuvo un discurso de reconocimiento importante que permitió ciertos umbrales de dignidad, de un mínimo precario bienestar material. El kirchnerismo nunca se preocupó porque dejaran esa situación con políticas públicas, como la de la escrituración de tierras, que este Gobierno está instrumentando ahora y hubiera empoderado mucho más que cualquier discurso. Pero el kirchnerismo mantiene un vínculo de lealtad por razones muy comprensibles. El Gobierno actual prometió una prosperidad que no llegó. Para el asalariado, una inflación del 48 por ciento es terrible y el futuro es una fuente de incertidumbre y de amenazas permanentes. Hay gente que no hace un voto ideológico y le quita el apoyo al Gobierno; es comprensible.

    –¿Cómo se explica la paciencia social ante un cuadro complejo y sin perspectivas de mejora en el corto plazo?

    –Dado el nivel de la crisis, hay que celebrar el bajísimo nivel de conflictividad. Con 45 por ciento de inflación, 10 por ciento de desempleo, caída del 15 o el 20 por ciento del salario real, la conflictividad social es muy baja. ¿Por qué? Hay organizaciones que se convierten en interlocutores del Gobierno, negocian y ejercen una representatividad que organiza la demanda. Y eso es una suerte, porque son sectores que quedan menos desguarnecidos y porque afectan menos la gobernabilidad. Entre los sectores medios bajos y medios, pesa la memoria del 2001 y la muy extendida convicción de que es mejor que las cosas no estallen. Esto es una crisis económica, pero no es crisis de la institucionalidad, no es una ruptura de los contratos. Eso no ha ocurrido y creo que nadie quiere que ocurra, salvo algunos que desean que todo eso hunda.

  • “Estamos llenos de contenidos globales pero no tenemos contenidos cercanos”

    El colombiano Omar Rincón no es sólo periodista, es también académico y ensayista en temas de cultura, medios y comunicación política. Su mirada aguda y cínica es siempre bienvenida para ayudarnos a desplegar una visión crítica de la enmarañada realidad que nos atrapa diariamente.

     

     Por Cecilia Ghiglione | Periodista 

     

    —¿Cómo ves hoy los medios públicos? 

    —Los medios públicos están en un mal momento en América Latina porque se siguen utilizando como propaganda política o simplemente como algo por cumplir. En Argentina pasaron de ser un proyecto político de gobierno a ser simplemente un estorbo, los deben tener ahí para mostrar que no son tan autoritarios.  En Colombia los medios públicos se salvaron de una ley que quería acabarlos a partir de la desfinanciación.  Digamos que, dicho de una forma un poco sarcástica, son como un mueble que tienen todos los gobiernos y no saben bien qué hacer. Y es una lástima porque realmente podrían servir muchísimo, sobre todo cuando el mundo se volvió cada vez más privado. Ante el predominio de las redes sociales, de las plataformas digitales, de la TV privada más interesada en los negocios; los medios públicos son como el último baluarte que nos queda con relación a otro tipo de contenidos y de estéticas. Pero en este momento ningún gobierno de América  Latina los está contemplando como algo que sirva. Hay una tendencia en la región a decir que lo público no sirve y otra vez escuchamos que lo privado es más eficiente.  En Argentina, donde actuó más rápido el actual gobierno fue en la Ley de medios y ahí hay un mensaje clarísimo de que no les interesa lo público, no les interesan los derechos del ciudadano sino el negocio para unos pocos. El caso argentino es extremo pero de alguna manera las empresas de telecomunicaciones están haciendo mucha fuerza para quedarse con todo el negocio del entretenimiento, que es el negocio del futuro, de los bienes simbólicos. Lo increíble del caso argentino es que nada es para la ciudadanía. La televisión pública que tenían, la están destruyedo. COLSECOR  mismo es un modelo de negocio que no existe en ninguna otra parte, también hacen lo posible para cercarlo.  A mí me impresiona el cinismo y la arrogancia con que están destruyendo todo, hay una gran carga de odio. Es muy complicado construir sociedad así porque además lo que hace este modelo es poner a los argentinos a pelearse entre sí en lugar de enfrentar al poder. El problema argentino es su mayor éxito: la clase media que se volvió fascista y no quiere que nadie tenga sus privilegios que fueron construidos por la educación pública que ahora quieren destruir. Pero también Argentina es la solidaridad de la gente. El otro día participé en Salta de un encuentro por los trabajadores despedidos de Agricultura Familiar y fue maravilloso, la gente se juntaba. Hay que cuidar eso porque es lo que están tratando de romper. Están promoviendo el capitalismo del yo para romper la vida colectiva.  

     

    —¿Y qué está sucediendo con la TV tradicional, más allá de si es privada o pública? 

    —El concepto de la televisión clásica ha muerto, no se puede seguir pensando en la televisión como un aparato que da entretenimiento o relajación sino que hoy hablaríamos de entretenimiento audiovisual expandido, lo que significa que la categoría es entretenimiento y no televisión, donde el ciudadano se convierte en el programador de su entretenimiento.  En ese panorama de pantallas múltiples o expandidas hay tres características básicas. Una, es que cada pantalla narra distinto, tiene una estética diferente y emociones distintas; y ese es el error más común que cometen muchos operadores que hacen el mismo contenido para todas las pantallas. En segundo término, cada una implica una posibilidad de interacción diversa: hay momentos del día en que quiero ser descerebrado, otros en los que quiero ver televisión clásica y popular, y otros donde quiero videojuegos. Esto también implica modelos de negocios diferentes. Si pensamos que el televidente es el programador, la televisión que triunfaría es aquella de plataformas donde tengo todo disponible y yo mismo decido el menú. Pero también la televisión abierta clásica va a seguir existiendo para la información local porque eso no lo hace nadie. La que está en entredicho es la TV por cable que es jurásica porque de nada sirve tener tantos canales cuando ya podemos escoger los que queremos. Creo que en ese escenario surgen tres tendencias de contenidos y de creatividad. Una, es que estamos llenos de contenidos globales, pero no tenemos contenidos cercanos. Entonces, la regla de oro es: si quiero llegar a mi gente, tengo que hacer televisión para mi gente porque para la otra ya hay de todo.  Esto implica crear formatos y contenidos para la cercanía, que no sean masivos. Segundo, tenemos que hacer medios que pongan más al ciudadano en pantalla, que ellos sean las estrellas y no los periodistas; el ciudadano quiere estar en las pantallas. Tercero, de alguna forma hay que hacer menos televisión y  trabajar más colaborativamente porque técnicamente no podemos tener este exceso de producción audiovisual para que nadie la vea. Si cada canal hiciera media hora de producción al día y se juntaran en una única plataforma probablemente tendríamos una televisión de muchísima mejor calidad y más potente para el ciudadano. Casi que nos toca generar la cancha donde los ciudadanos se junten a pasarla bien. 

     

    —¿Qué estrategias debería pensar un medio local para ocupar ese espacio de ciudadanía? 

    —Yo siempre he dicho que hay tres tipos de programación. Hay televisión muy barata y es la que se hace con los ciudadanos. Esto que te digo es fatal, pero es cierto. Si tú tienes un canal local puedes convertir en celebrities a toda la gente de la comunidad y le dedicas 10 horas a que el ciudadano sea productor de sus propias historias y cuentos. Luego está la televisión de mantenimiento, tampoco te cuesta mucho, la que tienes por convenio. En ese sentido COLSECOR es una excelente oportunidad para brindar horas compartidas de programación a todos los canales. Eso te permite conocer cosas de la región, otras historias parecidas, casi una televisión turística, cultural y patrimonial. Una tercera televisión, la más pequeñita, tiene que ver con la calidad que te aumenta la autoestima. Se dedica a narrar en serio la localidad. Por ejemplo, una serie sobre la historia de la comunidad que la ponga en valor y se pueda compartir con otros canales y repetir cuantas veces quiera. Esa es una manera de pensar, la segunda es que de alguna manera hay que “desnoticiar” la televisión. En Argentina, sobre todo, hay un exceso de querer hacer noticias y esa información se vuelve inútil y ahí está parte del problema. Es que todos los programas son de entrevistas o de noticieros y creo que eso tiene a todos absolutamente cansados. Tenemos que empezar a buscar otras maneras de contar ya sea a través de la ficción o en formatos que se parezcan mucho más a la comunidad. Habría que darse la posibilidad de experimentar y de fracasar si se quiere. La parte complicada es convencer a la gente que hace televisión local que tiene que arriesgarse a hacer otra cosa. En la televisión local haría muchísimo directo porque la comunidad está ahí, está cercana. Imagínate que todos los días se haga televisión desde un barrio y sea el barrio el que se cuenta hasta generar un tejido social. Se pueden hacer muchas cosas, pero nos da miedo innovar. No es un problema de los canales locales porque todos hacen exactamente lo mismo. Ahora que pasó el Mundial de fútbol, fue como una tragedia porque fueron más periodistas que jugadores y todos fueron a hacer lo mismo. Para colmo de males, se fueron hasta Moscú y montaron un set de televisión igualito al que tenían acá en Argentina. ¿Para qué se fueron hasta allá si parece que estuvieron en Buenos Aires y no en Rusia? El asunto es que de alguna forma, no van al mundo a narrar distinto sino que van al mundo a repetir lo mismo. Las universidades tampoco están enseñando a hacer cosas distintas, critican el noticiero pero enseñan a hacer lo mismo, no hay creatividad. Hay un síndrome de producción pero sin saber para qué. Estamos haciendo mucha televisión que no vemos. Hay que volver al minimalismo porque hay exceso de pantallas y poco tiempo para ver televisión. 

     

    —¿Cómo juegan las redes sociales en la producción de la realidad? 

    —Las redes se han vuelto tristemente la noticia. La gente opina ahí y los periodistas leen lo que la gente dice; y está buenísimo hacerlo pero hay que pasar a otra etapa. Las redes permiten hacer una televisión cooperativa donde cada uno pueda producir sus propias imágenes más allá de participar solamente con un tuit. Ahora está sucediendo algo interesante en la política, y también sucedió en el Mundial, y es que la gente empieza a producir memes como forma de opinión tal que se podría dedicar un programa a verlos. Pero no solamente la cuestión es pasarlos y celebrarlos sino que estaría bueno dar criterio sobre lo que la gente manda, hacer una devolución sobre lo que se está diciendo. El meme como columna de opinión me parece maravilloso, funciona y está demostrado que la gente sí puede crear cosas buenas, malas, grotescas o no. El papel de uno como periodista o emisor de mensajes tiene que ser el de evitar la polarización, la grieta, y mirar los sentidos, buscar cosas de construcción colectiva.  

     

    —Las redes  “gratuitas” en el fondo tienen un costo ¿Hay ciertos riesgos para el ciudadano al participar exponiéndose allí? 

    —Lo que debemos tener es más conciencia crítica sobre nuestros datos. Nosotros cada vez que entramos a internet  o a una red social o a una plataforma dejamos una huella de lo que hacemos. Eso se configura como dato y se vende a empresas o políticos para manipularnos y controlarnos mejor. En ese sentido estamos dando datos para que hagan negocio: el petróleo de hoy son nuestros datos. Como ciudadanos debemos tener conciencia y resistirnos a ser un dato, somos seres humanos y antes de consumir deberíamos pensar por qué lo hacemos, antes de ver un meme deberíamos preguntarnos si es verdad y así. Esta conciencia crítica es fundamental y falta aprender mucho sobre esto porque cuando uno entra a una red gratuita, por más que le haya dado datos falsos y piensa que engaña al algoritmo, lo que usted hace con esa red social el algoritmo sí lo vio. Creo que es complicado que tomemos conciencia de nuestra vida íntima.

  • “La educación es un derecho y un bien social”

    Hugo Juri es el actual rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), espacio al que accede por segunda vez. Médico, docente e investigador, ocupó otros cargos ejecutivos relacionados con la educación como la titularidad, por menos de un año, en el Ministerio de Educación durante la gestión De la Rúa.

  • “La familia ha dejado de ser una socia educativa”

     La psicopedagoga  Liliana González es actualmente una de las profesionales más escuchadas en temas vinculados a la infancia. 

     

     

    Por Cecilia Ghiglione 

    Psicopedagoga y cordobesa, Liliana lleva cerca de 50 años atendiendo niños y adolescentes en el consultorio y más de 30 en la docencia formando psicopedagogos y educadores especiales.  También ha escrito libros, el año pasado publicó el noveno, y da conferencias en todo el país donde habla sin reservas sobre la educación, los chicos y los padres.  Fue por la “viralización” de una de las charlas que dio en Tucumán  que su trabajo cobró mayor notoriedad. Sorprendida en su momento dijo: “hace años que hablo de los mismos temas y no me explico por qué tanta repercusión”.  

    Pensar en los niños de hoy nos lleva a hablar de la escuela y del lugar que hoy tiene esta institución. “La verdad es que está desprestigiada socialmente. En el discurso político parece ser que la escuela remedia todos los males, pero en la realidad viene faltando desde infraestructura hasta capacitaciones. La escuela está complicada por muchas razones: por la cultura de la imagen que  invadió la vida de los chicos y los aburre por más tecnología que haya; por la caída de la lectura en los adultos que no dan el ejemplo leyendo y los niños ven a los padres con pantallas en lugar de libros. Los niños no leen y cuando un niño tiene dificultades para leer, toda la escuela se hace difícil. Hay un gran sector de chicos que va a la escuela sin encontrarle sentido, asisten porque es obligatoria y hacen el mínimo esfuerzo para zafar.  Veo que la familia ha dejado de considerarse una socia educativa o piensa que la escuela tiene que hacer todo el trabajo que ella no hace; y en vez de acompañar critican, boicotean, usan el whatsapp para denostar  la figura del docente. Hay  una ruptura del pacto familia-escuela/escuela-familia que hay que sanar y volver a enamorarse porque este divorcio nos está haciendo mucho daño”.

     

    La escuela de estos tiempos

    Parece que la incorporación de tecnología en las aulas no es suficiente para generar esa empatía con los chicos. ¿Qué debería cambiar en las escuelas?

    Hay que empezar por la capacitación docente. Si los docentes no sienten vocación de verdad, sino tienen pasión y no sienten la alegría de enseñar por más que llenemos la escuela de tecnología no resulta porque es la dimensión humana la que está en cuestión. Bienvenida la tecnología pero a los fines de la investigación, no del copio y pego.  Los chicos tienen muy claro que si quieren saber cuánto mide el Everest lo buscan en Google, saben que esos conocimientos están en los servidores. Entonces,  la escuela ya no es el lugar para ir a buscar el conocimiento y después repetirlo de memoria como lo hacía yo en mi época. Los chicos tienen que usar los servidores pero a los fines de un proceso de investigación que produzca nuevos conocimientos y no para copiar.   Es así que, por un lado, la escuela debería pensar en el trabajo cooperativo, en el trabajo interdisciplinario entre varias materias y  en lo posible salir del aula para ver otros mundos.

     

    ¿Qué más imagina para esta escuela de hoy?

    Creo que hoy los chicos están tan mudos con las pantallas, tan sin mirar, tan sin hablar con otros, que me parece que la escuela debería ser  el espacio ideal para que se miren, aprendan a hablar y a escuchar al otro. Haría de la escuela un centro de debate a partir de temas que les interesen, donde la palabra explote y la verdad circule. Yo vengo de una escuela muda donde teníamos que estar callados. Hoy los chicos están callados porque no hay nadie en la casa con quien hablar o porque están enchufados con las pantallas. Si también van a seguir callados en la escuela…. La persona que no habla no produce pensamiento, la escuela tendría que ser el lugar de la palabra.

     

     

    Niñez y pantallas

    Además de docente y conferencista, el consultorio es un gran termómetro para ver qué está pasando con los niños y las pantallas. ¿Qué observa en sus pacientes?

    Veo a mamás que le ponen el Sapo Pepe en el celu o en la tablet para que el niño coma o tome la mamadera o dan el pecho con el celular en la mano. Esa mamá le está privando la mirada a ese niño. Los pediatras y neurólogos dicen que hasta los dos años cero pantalla y después de esa edad apenas dos horas por día y nunca dos horas antes de dormir. Y en muchas casas no está pasando esto, algunos duermen hasta con el celular debajo de la almohada. Por eso tenemos epidemias de chicos con hiperactividad que no pueden parar el cuerpo y tiene déficit de atención. Esto hace que se aburran en la escuela donde tienen que escuchar por muchas horas la misma voz del maestro y no puedan hacerle clic para que desaparezca. Hay que ponerse en la piel de los niños porque son dos culturas distintas: la de la imagen en la casa y la de la palabra en la escuela. Y no se están encontrando. Como psicopedagoga veo la terrible resistencia a la lectoescritura y hay mucha pobreza lingüística porque no saben escribir un cuento, por ejemplo. Claro, si resuelven  las emociones con emoticones que podemos esperar. 

     

    González  sostiene  que es la escuela el lugar donde los chicos tienen que poder a través de la palabra y agrega que “el sistema educativo tiene que acercarse urgente a los niños que no son los mismos alumnos de hace unos años”.  La experta considera, además, que los colegios deberían incluir el apoyo escolar dentro de sus horarios para que no tengan que buscarlo afuera ya que el tiempo lúdico de los chicos debe ser una prioridad.

    La especialista cita como ejemplo el modelo educativo finlandés, tanto en la formación docente que reviste carácter universitario como en la enseñanza  en el nivel secundario, donde los chicos inician el  primer año con poca dificultad y van incorporando herramientas para lograr aprender. “Acá es al revés, empiezan el primer año con un montón de materias que se terminan llevando y muchos sienten el fracaso y dejan la escuela”.

     

     

     

    Los límites y la hiperestimulación

    No toda la carga está sobre la escuela. ¿Qué pasa en el hogar para que a la escuela le resulte tan difícil acomodarse con los niños?

    Los padres no tienen que tener miedo a los límites. Si no pueden lograr que un niño de 3 años coma lo que ellos proponen o que no tengan una pantalla en la mano todo el día, menos van a poder poner límites a futuro. También tienen que leer más cuentos y hablar más en los hogares. Les digo a los padres que tienen que estar más atentos porque a un niño se le nota cuando vuelve mal de la escuela, sólo hay que mirarlo. Y por no ver esto a tiempo, muchos casos terminan en bullyng y cuando nos damos cuenta suele ser tarde y el niño viene sufriendo hace meses.

    Otro de los puntos que destaca la especialista en la pérdida de la lectura en los hogares. “Hoy en muchas casas no se leen cuentos. Yo les digo a los papás que no se obliguen a contar un cuento todas las noches pero que lo hagan con ganas, sin apurar el relato y con la magia para que los chicos vean que eso sale del libro”.

     

    ¿Qué sucede con los niños pequeños que llegan hiperestimulados a la escuela?

    Si hablás con fonoaudiólogos te van a contar que hoy hay explosiones de trastornos del lenguaje: niños que hablan mal, en neutro o con gestos robóticos. Hay padres que creen que sus hijos son más inteligentes porque repiten lo que ven en la televisión. Yo no quiero a un hijo o a un nieto que repita lo que escucha sino a alguien que haga cosas nuevas, que sea autor de algo. Me parece triste que se confunda la hiperestimulación con la inteligencia. Es más, hay padres que aseguran que los niños nacen más inteligentes porque le dan un celular y lo saben usar. No hay forma de decir que los chicos hoy nacen más inteligentes porque no hay un test para fetos ni para bebés. Yo sigo diciendo que los chicos nacen como siempre. Lo que ha cambiado es la sociedad que los espera: una mamá que mira el celular cuando le da de mamar, el papá que no está, etc.

    También trabajo con los padres la idea de que no todos los chicos nacen con la misma inteligencia (pensando que hay inteligencia emocional, matemática, lingüística) y la escuela tradicional termina condenando estas diferencias. Incluso observo que los padres sólo miran la parte izquierda de las libretas – matemáticas, ciencias, lengua – y todo lo que está a la derecha – plástica, música, educación física – no se valora por más que el niño sobresalga ahí. Incluso llegan a decir: lo único que me falta es que salga artista. No todo el mundo tiene que ser contador, abogado o médico…  Por supuesto que estoy generalizando, hay familias que lo hacen bien, docentes que hacen milagros a pura tiza y pizarrón porque sino pareciera que todo es apocalíptico. Yo por ahí tengo esta mirada sesgada porque lo que veo son personas con problemas, pero son un parámetro de lo que puede estar pasando.   Me duele cuando le digo a algunos padres que por lo menos le dedique media hora de calidad a sus hijos y me responden que no pueden. La verdad, entonces, sería preguntarse para que los trajeron al mundo. No creo que esto sea imposible, hay muchas familias que han dejado de ver los noticieros con los hijos a la hora de comer para estar con ellos y contarse cosas. Es posible.

     

     

     

  • “La polarización es jugar con fuego y precisa nervios de acero”

    Raúl Baglini, el autor del célebre teorema que se aplica a la política y el poder dentro y fuera de Argentina, dice que la dispersión del peronismo le sirve a Macri para ganar elecciones pero lo complica para gobernar. Analiza las dificultades de Cambiemos en el poder, habla del rol del radicalismo y sostiene que Carrió descubrió, por fin, el sentido de pertenencia.

  • “Queremos organizaciones con perspectiva de género”

    Feminista y cooperativista, Gisela Wild entiende que la consigna “por más mujeres en los puestos de decisión” no se negocia; pero agrega que también es necesario tener perspectiva de género para impulsar el cambio cultural.

  • “Sigo siendo un luchador social”

    El expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica estuvo en Córdoba  encabezando la presentación de la Fundación COLSECOR, de la que es presidente honorario. Antes, recibió el título Doctor Honoris Causa de manos de la Universidad Nacional de Córdoba.

  • “Tenemos un gobierno amnésico que no tiene idea del pasado”

    Beatriz Sarlo es dueña de una rara vitalidad que le permite ser una opinión considerada por fuera del círculo académico, sin desviarse nunca de su propósito de leer, analizar y producir una mirada sobre la cultura contemporánea. Ensayista, escritora y autora de un continente de libros clave, Sarlo no se deja arrastrar por demandas ajenas: elige cómo, cuándo y ante quién hablar. Así sobrevivió a las festividades de un kirchnerismo que no pudo deglutirla y así se convirtió rápido en un juicio ingrato para el macrismo que ahora pierde el entusiasmo. Destacada por muchos como la intelectual más importante de la Argentina, publicó en agosto su último libro, “La intimidad pública”, una serie de ensayos breves -y a contracorriente- en los que trabaja la frontera difusa entre lo público y lo privado; la competencia despiadada por llamar la atención y ganar fama en la era de las selfies y las redes sociales; y el populismo tecnológico que expande el reinado de la subjetividad y la ilusión de una igualdad que se restringe al mundo de la opinión. En la charla que sigue, habla también de Mauricio Macri, del debate social por el aborto y de la posibilidad de que la lógica del escándalo también se apodere de la política

     

     

    Por Diego Genoud | Periodista 

     

    Entre las conclusiones que aporta el libro se destaca que estamos ante el fin de la intimidad y ante la victoria del escándalo como género. 

    –De algún modo veo que, en el mundo de los privados, las estrategias para mostrarse reproducen las de los famosos. Darse a conocer públicamente es una tendencia irrefrenable en este momento. Para los famosos, es su modus vivendi: de ahí sacan el sueldo. Con las selfies, se puede hasta monetizar el nacimiento de un hijo o la emergencia de una pasión o una traición. Pero también funciona en los que no son famosos ni lo serán jamás. Sobre todo las chicas muy jóvenes imitan las poses de las famosas.

     

    Marca un contraste entre las estrellas y los famosos y habla de una lógica del escándalo que es parte de una nueva cultura plebeya. ¿Por qué?

    –Algunos escandalosos tienen una vida muy corta en las redes y en las revistas, hay que ponerse a pensar qué es lo que saben hacer. Saben unos pasitos de baile, algunos saltitos y algo más. Por ejemplo, Pampita ¿qué sabe hacer? Es una pregunta que se le puede hacer a cualquiera. Sarlo ¿qué sabe hacer? Bueno, yo podría contestar pero es difícil saber qué sabe hacer Pampita, que está en la cima de la pirámide. Este estilo no toca a los grandes actores de cine y de teatro, que no recurren a eso. Es un estilo que crece en las redes y en la televisión, probando que hoy son una plataforma única.

     

    ¿Por qué afirma que la maternidad y el escándalo, antes mundos disociados, son ahora complementarios?

    –Hay una disposición al uso público de la maternidad. Desde que nacen, los chicos aparecen o levemente pixelados o sin pixelar, lo cual sabemos que va en contra de disposiciones. Muchas veces, las fotos de dos famosos semidesnudos evocan la foto de la madre con un bebé en brazos.

     

    “Es probable que en el peronismo haya una cierta impaciencia y una cierta desesperación. Si Cristina dice voy a la reorganización del partido, ahí tienen un problema. Y si Cristina dice no voy, también tienen un problema”.

     

     Dice que algunas corrientes del feminismo ven a la maternidad como moda, a contramano de Simone de Beauvoir que la veía como un mandato impuesto.

    –Es la versión feminista de que las mujeres se empoderan porque pueden hacer algo, tener un hijo, que los hombres no pueden. Es una línea muy débil de la teoría feminista contemporánea pero existe. Son mujeres que pueden practicar la radical independencia: no es que van a tener tres hijos y después no saben cómo les dan de comer. Son muy independientes por sus ingresos, en algunos casos más que sus propias parejas masculinas. Esto es una transformación respecto del mundo de los pobres y de las capas medias. Es un mundo muy irreal en un punto.

     

    Esta forma de comunicar trasciende el espectáculo y toca a la política, que también cae en los privilegios de una élite.

    –Sí, hablo de una diputada, convencida feminista, que lo hizo una sola vez. Quizás no tuvo en cuenta que una mujer que amamanta en una estación de trenes está pasando por una situación de violencia. Aunque los principios digan que no debe ser así, lo es. Está siendo mirada, observada, incluso en algunos casos puede estar siendo cuestionada.

     

    “Estamos en una sociedad de imitación. Se imitan poses, palabras, frases. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un reparto más plebeyo o más democrático de todo lo que tiene todo el mundo”.

     

    Se reproduce la diferencia.

    –Por supuesto, es tal cual. Lo que hace una diputada o una gerenta no es lo que hace la generalidad de las mujeres y me gustaría someter a todas las que tienen el poder de amamantar en público a que sus auxiliares también lo hagan. 

       

    Política, escándalo y peronismo

     

    ¿Cómo afecta la lógica del escándalo a la política?

    –Por suerte, poco. Si uno piensa por ejemplo en Palito Ortega y en Reutemann, tuvieron recorridos mediocres pero no fueron elegidos por escandalosos sino por sus imágenes de padres de familia. En Estados Unidos, Trump es el primer presidente escandaloso de la historia, que puede decir “le pago” o “no le pago” a una chica de Playboy.

     

     Dijo que si Tinelli es vivo, no se va a meter en política. ¿Existe una posibilidad para él, a medida que la crisis recrudece?

    –Depende. De lo que haga este gobierno y de la reorganización del peronismo. En principio, Duhalde pronunció el nombre Tinelli y es todavía uno de los grandes políticos del justicialismo. A mí me corrió frío por la espalda porque sé que Duhalde no tira nombres de manera fortuita. Es un político que respeto porque logró timonear la crisis de 2001.

     

    También pronunció el nombre de Lavagna.

    –Bueno, si a mí me decís que pronuncia el nombre de Lavagna, una dice sí. 

     

     Sorprende que Pichetto admita conversaciones con Tinelli, mientras se enoja con el Gobierno por el ataque a la política.

    –Es probable que en el peronismo haya una cierta impaciencia y una cierta desesperación. Si Cristina dice yo voy a la reorganización del partido, ahí tienen un problema. Y si Cristina dice no voy porque sigo en Unidad Ciudadana, también tienen un problema. Y Macri también tiene un problema ahí, porque la necesita para presentarse, otra vez, como el encargado de frenarla con sus guerreros.

     

    Entre la ansiedad y la ilusión de igualdad

     

    Primacía de la subjetividad y de la opinión, la competencia por atraer y ganar a los demás para una idea. ¿Qué implica esa nueva forma de ser y estar?

    –La ansiedad predomina. Si hubiera grabaciones de famosos y políticos de los últimos 40 años, yo creo que la gente habla muchísimo más rápido ahora. Predomina la disputa por la palabra. En los programas de media tarde, se ve la tensión que tiene que ver con la ansiedad por llamar la escucha del otro. Eso sin duda se traslada: estamos en una sociedad de imitación.

     

    ¿A qué se refiere?

    –En la década del 30, una mujer podía imitar el sombrero de una mujer de Hollywood. Hoy se imitan poses, palabras, frases. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un reparto más plebeyo o más democrático de todo lo que tiene todo el mundo.

     

    Y hay, como dice el libro también, una ilusión democratizadora.

    –Una completa ilusión. Por eso, yo oscilo entre llamarlo democrático o plebeyo. Porque democrático es cuando realmente se está haciendo un reparto que cambia las condiciones culturales o económicas de las otras personas. Pero sí, el derecho a la opinión se ha expandido y todo el mundo opina. 

     

    Atribuye ese reinado de la opinión a subjetividades que están a la intemperie, sin el armazón de las creencias y las ideologías.

    –Quiebre de la autoridad. Un colectivo formado por estudiantes del Nacional Buenos Aires o el Carlos Pellegrini puede cambiar el sistema de género de la lengua española y todos tenemos que empezar a hablar en catalán y a decir “les maestres”, “les mucheches”, “les jóvenes”. Se sienten con derecho de avanzar sobre la quiebra de autoridad. Me parece bárbaro porque eso siempre amplía derechos, a veces de manera ridícula y a veces de manera positiva.

     

     Usted se excusa por no participar del nuevo código.

    –Soy mujer hace siete décadas. Mi inclusión tuvo que ver con otras batallas, tuvo que ver con que debía ser la mejor en latín si quería tener una ayudantía en latín. Tuvo que ver con frenar a los compañeros que podían pensar que eran mejores que las mujeres simplemente por ser hombres. La quiebra de la autoridad está bien. Si los chicos del Pellegrini y el Nacional quieren hablar en catalán, que hablen. Yo no.

     

     

     

     

     

    “El debate por el aborto es la primera experiencia de acción en la esfera pública para una generación.Cuando vos tenés 17, 18, 20 años y es tu primera movilización, tu primera gran batalla política,no te la olvidás nunca más en la vida. Eso es incluso de más largo plazo,porque la ley tarde o temprano va a salir”.

     

     

     

     

     

     La primera vez 

     

    ¿Cuál es su balance del debate por el aborto legal?

    –La ley va a volver porque es muy transversal y hay apoyo de los bloques mayoritarios. Tenés a Pichetto que está con la ley y está dando una batalla muy respetable, tenés a Lipovetsky y Lospennato que son del PRO y están con la ley.

     

    -A Cristina también.

    –Sí, pero no dio ninguna batalla, se plegó a la postura de su bloque. Pero el mismo día que entró la ley en el Senado, Pichetto recibió a la gente que estaba impulsando el proyecto. Y Lospennato y Lipovetsky estuvieron en todas las movilizaciones. Eso vuelve, le guste o no a Marcos Peña, pero sí a la mujer de Marcos Peña. Le guste o no al Papa, eso vuelve.

     

     ¿Qué es lo que más valora de este proceso?

    –Que es la primera experiencia de acción en la esfera pública que tuvo una generación. Cuando vos tenés 17, 18, 20 años y es tu primera movilización, tu primera gran batalla política, no te la olvidás nunca más en la vida. La mía fue la lucha por la enseñanza laica y la defensa del petróleo, acusábamos -creo que sin razón- a Frondizi. Quedás marcado. Eso es incluso de más largo plazo. Pero esta primera experiencia de chicas -y también chicos- de 16, 17 y 18 años. Uno me paró y me dijo: vine por mi mamá. Extraordinaria razón me dio. ¿A dónde irán, se organizarán como movimiento social? eso ya depende incluso de generaciones más grandes, que ya están en la política. Pero esto ya no se borra.

     

     Es decir que están naciendo ahora nuevas subjetividades y una nueva generación en la política.

    –Como nació el movimiento de derechos humanos. Con la primera vuelta de las Madres. No estaba y tardó años en nacer y hay conflictos en ese movimiento y los seguirá habiendo, como pasa en los movimientos sociales. Es gente que por primera vez se tomó un colectivo para ir a la plaza.

     

     Pasado y macrismo 

     

    ¿Cómo se redefine el pasado en el tiempo de la velocidad, cuando dependemos de Google para acceder a la historia disponible?

    –Es muy difícil esa pregunta. Lo que sé es que la plataforma en la que te enterás del pasado, tiene un cierto grado de importancia. En mi casa, estaba la primera edición de la historia de San Martín escrita por Mitre. Varios años después, descubrí que estaba en la casa de Borges. Es decir, que había una comunidad cultural. No sé si eso existe en el presente.

     

    ¿Cómo opera el pasado en la política actual?

    –Un presidente de derecha, como es Macron, habla permanentemente de la República, que en Francia es recordar una historia que comienza con la Revolución Francesa y sigue con la escuela del siglo XIX, de Ferrière. Macron tiene eso permanentemente en la cabeza. Nosotros, en este momento, tenemos un gobierno amnésico. No era el caso del gobierno anterior. Todo el mundo sabe que yo no fui kirchnerista pero no era un gobierno amnésico.

     

     El macrismo borra ese pasado y cae a su manera en la historia, como parte de con una corriente clara de intereses.

    –Ojalá cayera en la historia. Porque si no, no hubiera sido tan torpe en la reforma de las Fuerzas Armadas. ¿Vos te imaginás un gobierno en Brasil que vaya a encarar Bolsa Familia y no mida, vea y converse lo que hizo el gobierno anterior? Son muy verticalistas. No conozco ningún gobierno más verticalista que este, después de la Dictadura. Es para gente amnésica que no tiene idea del pasado. Porque el pasado no tiene interés en sus vidas y yo creo que para Macri tampoco el pasado tiene interés en su vida.

     

    Fotos: Juan Casas 

  • 64 páginas

    Revista COLSECOR, Abril 2018

     

    Desde hace más de un año la propuesta editorial que realizamos desde la integración cooperativa, ha venido generando cambios significativos en el producto comunicacional: se mejoró la calidad del papel para la impresión y se amplió la producción de notas periodísticas. En línea con ese recorrido, la edición de abril suma 16 paginas. Es una apuesta fuerte del Consejo de Administración de COLSECOR que toma como referencia la creciente demanda de parte de las comunidades que quieren no tan solo informarse sino esencialmente, tener más elementos explicativos para comprender los contextos de la vida social que viven en los distintos planos temáticos que componen la realidad.

    Por estas razones es que se fue incorporando paulatinamente una importante cantidad de columnistas que, primero, tengan un alto compromiso al momento de la elaboración de los textos y que, en segundo término, se pueda lograr una experiencia de lectura que constituya el valor del gusto del receptor. Estamos convencidos que la revista también tiene que tener un saber especializado en la construcción de las narrativas para que sean entretenidas y que la descripción de la actualidad tiene que enunciarse desde distintos enfoques subjetivos.

    En un paso rápido por la revista número 272 van a encontrar una propuesta enriquecida y creemos que fundamentalmente un buen material de lectura.

    Incorporamos el panorama informativo del Congreso de la Nación que ofrece, Gabriel Sued, politólogo y periodista acreditado en el Parlamento. Nestor Piccone, Aleja Paez y Dante Leguizamón presentan tres exitosas producciones audiovisuales que se pueden observar en COLSECOR Play: Westworld, Outlander, CSI Miami y CSI NY. Alguien casi de modo exagerado dijo que las series son el periodismo del Siglo XXI. Tomamos registro de esa máxima y los resultados nos demuestra que algo de verdad hay en esa aseveración. Martin Becerra acerca con lucidez todos los meses, un análisis sobre los medios de comunicación y ayuda a desentrañar ese ecosistema sobre el que se apoya parte de la matriz con la se va moldeando la sociedad en estos días donde casi todo es digital. Luz Saint Phat y el Mundo Psi promueven pertinentes reflexiones que alumbran hábitos y conductas cotidianas de la sociedad y desde enero Gabriel Puricelli nos viene planteando un estado de situación de países que tienen relevancia geopolítica. China, Rusia, Alemania y Sudáfrica en abril. Por otra parte, Pablo Datri y el equipo Eco Digital hacen un trabajo serio en Educación Ambiental que se destaca. La buena pluma de Mareco y los grandes temas del país. Julian Capria y el historial valioso de cada provinciano, en un proyecto de 24 meses para recorrer los ADN culturales desde Jujuy a Tierra del Fuego. Aguirre y la conmoción social de los casos policiales que quedaron en la memoria de los argentinos. Matías Cerutti, un cronista todo terreno que nos trae historias de personajes, referencias ineludibles de los lugares donde vivimos y Ramón Becco que se sumerge en los orígenes de las fiestas populares con larga vida. Comenzamos una nueva propuesta con Julia Pazzi, la joven periodista que pregunta y escribe en tiempo real la visita a una entidad del Tercer Sector con relevancia en el país; en esta oportunidad, fuimos a la Cruz Roja. Martin Eula en seis páginas destinadas al deporte nos alimenta esa sed de inquietudes de simpatizantes apasionados que tenemos como argentinos por todo aquello que nos da una inconmensurable alegría al ganar como por las caídas estrepitosas de los ánimos ante las derrotas que nos hacen sufrir. Y, finalmente, Cecilia Ghiglione, integrante del área de Comunicación y medios de COLSECOR, en esta oportunidad se aproxima con curiosidad a la existencia de un proyecto cooperativo de locos que se hace en Rosario. Se llama Communitas y van a sorprender las razones por las que los fundadores eligieron el modelo de la economía social. No nos equivocamos cuando dijimos que la revista tiene mucho y de todo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • A conquistar América

    Por primera vez, todos los equipos argentinos pasaron de ronda en la Libertadores y el sorteo deparó un clásico en octavos de final: River-Racing. Boca, Independiente, Estudiantes y hasta Atlético Tucumán sueñan con la madre de todas las Copas.

  • A tecnologías innovadoras, nuevos procesos de pensamiento

    Una articulación posible entre TICs, educación y psicología cognitiva permite comprender las formas de conocer y aprender en un mundo atravesado por las pantallas. Una oportunidad para recuperar el valor de la educación formal como espacio de reflexión y creación.

  • Alemania y un gobierno en suspenso

    Por Gabriel Puricelli

    Coordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.

     

    Es el motor económico de Europa, pero la política la tiene en punto muerto. Alemania, la cuarta economía del mundo, es también la tercera potencia exportadora del mundo. Compra grandes volúmenes de bienes a otros países, pero tiene un gran saldo a favor dado el valor de lo que vende al extranjero. Ese superávit comercial es la envidia y el blanco frecuente de críticas de Donald Trump: el presidente de los EE.UU. no puede aceptar que su propio país importe más de lo que exporta y culpa de ello no sólo a Alemania, sino (sobre todo) a China y a México. Con una fuerte presencia en Argentina, visible en nuestras calles pobladas de Volkswagen y Mercedes Benz, Alemania es también un fuerte socio comercial de nuestro país, que en 2016 compró 3.000 millones de dólares de productos alemanes y le vendió 1.300 millones de dólares de productos argentinos. Nada de lo que pase en Alemania nos puede ser del todo indiferente y casi todo lo que pasa allí es determinante para el bloque político-económico que la tiene en su corazón, la Unión Europea. 

    Acostumbrados a un bipartidismo de lo más convencional, desde el fin de la II Guerra Mundial los alemanes han elegido gobiernos conservadores o socialdemócratas que se han sucedido sin demasiadas estridencias domésticas y con un imperturbable espíritu europeísta hacia afuera. Más de doce años hace que su actual canciller (jefa de gobierno) Angela Merkel lidera Alemania, tanto, que el nombre de la dirigente y el del país se hacen imposibles de disociar. Sin embargo, cuando los alemanes votaron, en septiembre pasado, los democristianos (CDU) y socialcristianos (CSU) quedaron muy lejos de tener las bancas necesarias en el parlamento (Bundestag) para poder constituir un nuevo gobierno. Esa unión de partidos, que es la base política de Merkel, perdió casi tres millones de votos y sus socios minoritarios en el gobierno desde 2013, los socialdemócratas (SPD), perdieron casi dos. Tras semejantes fugas, ni unos ni otros fueron despojados de su condición de primer y segundo partido del país, respectivamente, pero pasaron de representar a más de dos tercios de los votantes, a poco más de la mitad. 

    ¿Cómo es que “Mutti” Merkel, la dirigente política que tras tantos años al frente del gobierno algunos se aventuran a llamar “madre”, se encuentra ante el retiro de la confianza de tantos de sus compatriotas? La máxima de un viejo político italiano, Giulio Andreotti, que sostenía con mucho cinismo que “el poder desgasta al que no lo tiene” parece que ha perdido su vigencia. Estar en el poder hoy, en Europa, es cada vez más un obstáculo para seguir estando. Ya no son inmunes al desgaste ni siquiera los políticos que, como Merkel, pueden exhibir cuentas gubernamentales sanas e indicadores de crecimiento económico y niveles de empleo que son la envidia de sus vecinos. Hay un mar de fondo, un clima de ansiedad ciudadana que va más allá de la coyuntura, que ve en el futuro la imagen de una sociedad en la que muchos se ven abrumados por la presencia de una inmigración que se percibe en aumento perenne y por un multiculturalismo que tienen dificultades crecientes para aceptar. 

    Ese mar de fondo, cuando tiene la oportunidad de emerger como opción electoral, cuando aparecen partidos o líderes dispuestos a darle voz, lo hace con una fuerza que sorprende y, a veces, paraliza. Casi todos los vecinos de Alemania ya tenían en su escena electoral (en algunos casos, desde hace décadas) alguna oferta para satisfacer esa demanda: las ultraderechas del Frente Nacional en Francia, del Partido de la Libertad en Austria (desde hace pocos días, como parte del gobierno), del Partido Popular en Dinamarca, del gobernante partido Ley y Justicia en Polonia, del Interés Flamenco en Bélgica, del Partido por la Libertad en Holanda, de Libertad y Democracia Directa en República Checa. Luxemburgo era y sigue siendo la única excepción. 

     

     

    La versión alemana de esa oleada de radicalización de las derechas es la Alternativa por Alemania (AfD), el partido que actuó como una verdadera aspiradora de votos de clase media que antes se pronunciaban por los conservadores de Merkel y de votos de la clase trabajadora que los socialdemócratas contaron desde siempre como propios. Después de quedar fuera del Bundestag en 2013 por no alcanzar (por muy poco) el umbral mínimo del 5% exigido para poder ocupar bancas allí, la AfD casi triplicó sus votos para quedarse con 94 bancas. Fue la primera vez desde que el Bloque Pangermano (GB/BHE) perdió todas sus bancas, en 1957, que la extrema derecha consiguió representación parlamentaria. 

    Esa nueva presencia en el parlamento y sus propios desastrosos resultados electorales, los peores de la posguerra, sembraron dudas y contradicciones en en Partido Socialdemócrata. Bajo el liderazgo de Martin Schulz, se apresuraron a decir que no estaban dispuestos a ser de nuevo el socio menor de los conservadores en el gobierno, como lo eran hasta las elecciones y como lo han sido en dos oportunidades más desde los años ´60. Inicialmente, entonces, se impuso en el SPD la tesis de la necesidad de una “cura de oposición”, para reconstruir la propia base electoral, desmovilizada por los continuos compromisos con los “amienemigos” de la CDU/CSU, y para evitar que la AfD, con el tercer bloque parlamentario más numeroso, quedara al frente de la oposición. 

    Como en el sistema parlamentario vigente sólo se puede formar gobierno contando con el apoyo de una mayoría de los 709 diputados del Bundestag, a los conservadores sólo les quedaba la alternativa de formar gobierno con los liberales (FDP) y con los verdes. Dos meses duraron las negociaciones, hasta que los liberales se levantaron de la mesa diciendo que no había modo de que sus propuestas abiertamente favorables a las empresas y restrictivas con la inmigración se compatibilizaran con las salvaguardas ambientales que los verdes quieren imponer a esas mismas empresas y con la postura generosa con la inmigración de los ecologistas. Frente a ese sonoro fracaso, toda la expectativa se trasladó al SPD, que revirtió su decisión de pasar a la oposición y que, mientras esto se escribe, negocia la renovación del contrato de “gran coalición” con los partidos que apoyan a Merkel.

     En definitiva, a tres meses de realizadas las elecciones, la dirigente más votada por los alemanes sigue al frente de un gobierno interino que se ocupa sólo de cuestiones administrativas corrientes, que no puede enviar proyectos de ley al parlamento y no puede tomar iniciativas políticas. Eso seguirá siendo así hasta que se alcance algún acuerdo con el SPD y el parlamento consagre a Merkel como canciller reelecta. Si no hubiera acuerdo (con una coalición donde el SPD ponga a sus ministros en el gabinete o con un gobierno minoritario que el SPD se comprometa a no derribar, al menos por un tiempo, con un voto de censura en el Bundestag), Alemania podría verse obligada a repetir las elecciones, cosa que no ocurrió nunca en su historia moderna. Los resultados, por cierto, son aún más difíciles de prever que en septiembre pasado, cuando la elección ya vino preñada de sorpresas. 

    Después de mirar con cierta extrañeza la seguidilla de cambios políticos en la mayor parte de los países de la Unión Europea y de verse a sí misma como un oasis de normalidad política y de empuje económico, Alemania está (momentáneamente, al menos) atrapada en el pantano de la indecisión de un electorado que se rehusó a plebiscitar la continuidad matriarcal de Merkel. Aunque lo que ésta tenga por delante sea un cuarto período al frente del gobierno, si sigue allí será con un mandato tan lleno de dudas como en duda está el futuro de Alemania y de la Unión Europea, ahora que el optimismo ciudadano sobre el futuro ha sido reemplazado por el recelo. La cura de ese nuevo padecimiento, independientemente de la suerte de los dirigentes, no parece estar al alcance de la mano.

     

  • AMLO y la cuarta revolución mexicana

     El 1 de julio, los mexicanos eligieron presidente a Andrés Manuel López Obrador. AMLO, como abrevian todos su nombre, promete “una cuarta revolución”, tras una elección que ratifica que la tercera es la vencida.

     

    Por Gabriel PuricelliCoordinador del Programa de Política Internacional delLaboratorio de Políticas Públicas.  

     

  • Atlanta sabe de negros

    La serie presentada por Fox Premium TV & APP es un audaz, divertido, por momentos increíble formato de comedia que interpela a espectadores con ganas de romper con lugares comunes.

  • Banca Argentina

     

     

    Por Martín Eula | Periodista

     

    Casilda, Chabás y Rosario en la provincia de Santa Fe. Villa Domínguez, en Entre Ríos. Y Tapiales, en ese conglomerado llamado La Matanza en el conurbano de Buenos Aires.

    Jorge Sampaoli, Héctor Cúper y Juan Antonio Pizzi. José Pekerman. Y Ricardo Gareca.

    Argentina, Egipto y Arabia Saudita. Colombia. Y Perú.

    "Somos 44 millones de técnicos" es una frase ramificada que se alimenta y engorda como nunca cuando la Selección juega un Mundial. Un Mundial, el de Rusia, en el que cinco de esos 44 millones dejarán una marca histórica: cinco técnicos argentinos en una Copa del Mundo. Todos paridos por nuestro fútbol: extremista, pasional, desorganizado y ambivalente, pero que no deja de ser una referencia ineludible. Y éste caso es otra muestra cabal.

    El eléctrico Sampaoli llegó a la Argentina cuando la Selección veía un bloqueo en su camino lleno de espinas rumbo a Moscú. Sin dirigir en la Primera de nuestro país, hizo una carrera desde bien abajo, llevó a Chile a la gloria y está a meses de cumplir un sueño. Amante del rock, marcado por sus tatuajes, fanático de River (estudió la mítica Máquina que integraban Muñoz-Moreno-Pedernera-Labruna-Loustau), mira -o miraba- más cine que fútbol porque "un drama te puede permitir pensar para diagnosticar y tomar la decisión acertada". Bielsista a ultranza hasta ganar la Copa América 2015 (final contra Argentina), se hizo menottista y Guardiola le provocó un quiebre. Piensa que es absolutamente necesario cambiar los equipos todo el tiempo como una disputa intelectual y estratégica con el entrenador oponente. "Me duele que en mi país no se respete ni se valore a la Selección como se merece. Tuvimos al mejor futbolista en su momento, tenemos al mejor ahora y la impresión es que no lo queremos disfrutar. Sería bueno que volvamos a encantarnos con la bandera", dijo bastante antes de asumir y hoy disfruta, después del enorme partido en Quito -el de la clasificación- de ese país finalmente rendido a los pies de San Messi.

    El casi olvidado por estas pampas Cúper ya es un faraón. Después de 28 años, condujo a Egipto a un Mundial al darle equilibrio, solidez y presencia a un seleccionado que cuenta con una estrella como Mohamed Salah (Liverpool) y una leyenda en el arco (con 45 años, Essam El-Hadary se transformará en el hombre más veterano en una competencia semejante). En el medio, una pequeña reflexión: Messi y compañía cargan con la cruz de haber perdido tres finales seguidas; en sus 14 equipos que dirigió, Cúper suma 10 subcampeonatos (entre ellos dos de Champions League con el Valencia). Un verdadero tormento para cualquiera en un mundo que apesta por lo exitista. Un aliciente para seguir adelante y no claudicar para este hombre de 62 años que se dará un gusto enorme.

     

     

     

    El último en ingresar a este selecto grupo fue Pizzi. Crucificado por miles de chilenos por quedarse afuera en la última fecha, entró por la ventana al aprovechar una Arabia Saudita que evidentemente cambia entrenadores como de ropa interior. Macanudo, como lo llaman en Chile, reemplazó a Edgardo Bauza, el Patón que dirigió tres selecciones en la previa al Mundial y hasta dijo que se veía "campeón del mundo con Argentina", pero que quedó al margen. Pizzi jugó en Central, Barcelona y River, entre otros, y disputó Francia 98 con España. Dirigió en su país, Perú, Chile, España y México antes de recibir una propuesta millonaria en dólares y tentadora en lo deportivo, y superó a Ramón Díaz en esa carrera. Los saudíes, sin dudas, iban a ser dirigidos por un argentino...

    El maestro Pekerman, el hacedor de tantas figuras argentinas, el que nos distinguió por estilo de juego, resultados y Fair Play en tantos torneos juveniles, al que nadie pudo reemplazar en los Juveniles, el que dejó a Messi en el banco en la eliminación con Alemania en el Mundial 2006... Ese hombre de 68 años ya es un emblema para Colombia, al que comandará en un segundo Mundial seguido. Un logro nada menor para un país que va por su sexto Mundial. Lo hará con una camada de elite liderada por James Rodríguez y Radamel Falcao, a la espera de su gran revancha tras estar lesionado en el 2014. El 5º puesto en Brasil es la zanahoria a superar en lo que seguramente será el cierre de un ciclo muy exitoso.

    El nuevo héroe nacional en Perú es Gareca, que por ejemplo ya tiene una calle con su nombre en el centro de Cuzco, ahí donde en los 3.400 metros de altura cualquiera está más cerca de tocar el cielo con las manos. Eso sienten los peruanos gracias al Tigre porque después de 36 años estarán en una Copa del Mundo. Ex centrodelantero que se dio el gusto de jugar en Boca y en River, recorrió todos los pasos necesarios para ser un entrenador de selección. Y no uno más. Amante del buen fútbol, encontró en Perú a varios jugadores de buenas condiciones técnicas a los que les adosó sentido colectivo, confianza y creencia en una idea. Así, pasó de sumar cuatro puntos en las primeras seis fechas de Eliminatorias a un sprint final que terminó con el triunfo en el Repechaje sobre Nueva Zelanda que todavía se celebra en casi toda América.

    A Sampaoli le tocó un grupo peligroso, Pekerman afrontará una zona pareja y Gareca tiene a un cuco como Francia. Mientras que Cúper y Pizzi (estará en el partido inaugural contra Rusia) se verán las caras el 25 de junio, en el cierre del Grupo A.

     

    Fotos: Gentileza Olé