• De puro Cabezón

     

     

    Por Pablo Beron

    Fotos: Gentileza Olé 

     

     

    Su nombre trae recuerdos y hace volar la memoria hasta aquellas noches gloriosas que lo tuvieron como uno de los actores principales de nuestra Liga Nacional durante las décadas del ‘80, ’90 y comienzos de los 2000. Nacido el 11 de febrero de 1965 en Hernando, Departamento de Tercero Arriba, Marcelo Gustavo Milanesio no pasa inadvertido dentro de la constelación de estrellas que tiene la historia de nuestro básquetbol y es, sin dudas, el mejor base que ha dado nuestra competencia doméstica y uno de los más destacados en la rica trayectoria de la Selección Argentina hasta la fecha. Sin embargo, es posible que algunas personas no conozcan al Cabezón más allá de lo que refleja su nombre colgado en el techo del Polideportivo Carlos Cerutti, acompañado de la ahora emblemática Nº 9, armadura que vistió entre 1985 y 2002, cuando defendía los colores de Atenas, único equipo con el cual disputó torneos oficiales en nuestro país.
    El Gringo no se fue por la puerta chica hace poco más de 15 años, sino que dejó la práctica profesional como debía ser: se retiró siendo campeón con el club que lo vio nacer, desarrollar y convertirse en la figura de la Liga por aquellos años. Marcelo se fue, pero antes cosechó siete títulos ligueros, dos Copa de Campeones y cinco torneos internacionales (dos Campeonatos Sudamericanos de Clubes Campeones, dos Ligas Sudamericanas y un Panamericano de Clubes), un Torneo de la Asociación Cordobesa, tres Atenas International Tournament y tres Campeonatos Argentinos de Selecciones Mayores representando a Córdoba. Pero su rica vitrina no se reduce solamente a las competencias con Atenas; más allá de lo conseguido con el Griego, fue campeón del Sudamericano de 1987 y en los Juegos Panamericanos de 1995 con la celeste y blanca.

     

    Resulta ineludible repasar la trayectoria de Milanesio, dado que su presencia en cualquier lugar representa un fragmento de historia para todos aquellos que, de alguna manera, transitaron los años gloriosos del elenco cordobés. Atenas dominó los primeros momentos de la Liga Nacional creada por León Najnudel en 1985, año en el que Marcelo Gustavo daba sus primeros pasos en la competencia. No debió esperar demasiado para festejar un título, ya que en su tercera temporada de la LNB se consagró y tuvo su revancha de la final perdida en el año de estreno del torneo, cuando cayó a manos del mismo adversario al que derrotó por 3-1 en el ’87, Ferro Carril Oeste, que llegaba como bicampeón. Al año siguiente, repetiría en el lugar más alto del podio, otra vez de la mano de Walter Garrone al frente del banco de suplentes, pero en esta ocasión barriendo 3-0 en la definición a River.
    La hegemonía del Griego volvió a cortarse en 1989, cuando otra vez los de Caballito, con Najnudel como entrenador y Miguel Cortijo y Sebastián Uranga en cancha, vencieron por 3-2 a Atenas. Pese a este revés, no debió esperar demasiado para volver a levantar la copa de campeón, ya que al año siguiente barrieron al Sport Club Cañadense, equipo que contaba con Julio Lamas y Sergio Hernández en el banco, y Luis Oroño, Diego Maggi y Alejandro Montecchia, entre otros, en sus filas. ¿Qué tuvo de especial esa consagración? Fue la primera en que el Cabezón se quedó con el trofeo al Mejor Jugador de las Finales, también conocido como MVP según su sigla en inglés.
    Tras la 1991/92, último título de esa etapa, debió esperar hasta 1998 y 1999 para volver a gritar campeón. Su despedida de la Liga Nacional llegó en 2002, año en el que, como no podía ser menos para su enorme trayectoria, volvió a coronarse en la elite de nuestra competencia. “Extraño mucho jugar al básquet. Hubo momentos en los que sentí alguna necesidad de volver o lamentarme el no haber estirado un poco más mi carrera, pero ya está. Ahora puedo mirar cualquier liga por televisión o ir a la cancha de Atenas, pero siempre voy a extrañar tener una actividad que me permitiera estar más cerca”, sostuvo Milanesio tiempo atrás.

     


    Más allá de que pasaron 15 años de su despedida, el Cabezón siempre se mantuvo firme en que eligió el momento indicado para despedirse y que nada le garantizaba que el físico lo acompañase mucho tiempo más. “En el momento que elegí dejar todo estaba súper convencido. No sé si se trataba del estrés, desgaste o simplemente cansancio. En mi interior sentía que mi nivel había comenzado a declinar y pensaba que era mi oportunidad de irme. Pude seguir un par de años, pero no me arrepiento”, manifestó.
    Luego de su alejamiento de las canchas, Milanesio tomó diversos rumbos para continuar con su vida. Es reconocido que tuvo una agencia de seguros, un restaurante llamado “M y M” y, además, diversos negocios inmobiliarios en una sociedad con un grupo de amigos. Sin embargo, lejos de quedar en el olvido por estas circunstancias, tras unos años distanciado del básquet debió volver a pisar un estadio, pero esta vez para ver los partidos desde afuera. Sergio Hernández, aquel asistente que cayó contra el equipo de Marcelo en las finales de 1990, lo convocó para ser parte del staff de la Selección Argentina de cara al Mundial de Turquía 2010. Lamentablemente, en aquel torneo el seleccionado perdió en los cuartos de final con Lituania y el sueño de la medalla quedó reducido a un quinto lugar.
    En su regreso al país, el Cabezón continuó con sus negocios, pero sólo hasta 2013, cuando asumió como asistente de Mario, su hermano, en Atenas. Pese a las expectativas, la experiencia no duró mucho: el 16 de diciembre de ese mismo año, tras un inicio de campaña con tres victorias y dos derrotas, la dirigencia del Griego decidió rescindir el contrato del cuerpo técnico de manera unilateral a horas de haber ratificado la continuidad de los DT’s en sus cargos. 
    Con los pies definitivamente fuera de la Liga Nacional, más allá de sus visitas al Cerutti para ver a Atenas, Marcelo tomó un rol distante de la actual conducción, expresando su disconformidad con algunas normas de la competencia, como el aumento del número de jugadores foráneos permitidos. “Este camino cambia nuestra esencia. Creo que si se despertara León (Najnudel) estaría muy enojado. No me puedo imaginar una Liga con muchos extranjeros, no miraría un partido en el cual solamente pueda verlos a ellos. El mayor problema de estas resoluciones es que atenta contra el desarrollo de los chicos argentinos. Sin dudas, se perjudicará su progreso por la falta de lugar en el equipo”, afirmó en aquella oportunidad.
    Hoy, su único contacto con el básquet se reduce a las diversas movidas solidarias que realiza, en las que demuestra que su mano, la visión y la clase que supo derrochar a lo largo de toda su carrera siguen estando en poder del hernandense. Con un balón o sin él, la única certeza que queda al final del camino es que nadie puede irse de este mundo sin ver, al menos una vez, a esta gloria de nuestro básquet. Porque hoy reluce una Generación Dorada, pero antes hubo un Milanesio.

     

     

     

  • Directo al Guinness

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    En Rusia, el arquero egipcio El-Hadary se transformará en el jugador más veterano en jugar un Mundial. La historia del Buffon africano dirigido por el argentino Héctor Cúper.

  • El mundial a sus pies

     

    Por Martín Eula | Periodista 

     

    Después de 32 años, con la final con Alemania en el Maracaná todavía dando vueltas por las cabezas de millones de futboleros y luego del padecimiento que fue la Eliminatoria, Argentina llegará a Rusia 1018 -el Mundial ya golpea nuestras puertas- con la chapa que le da tener al mejor jugador del mundo, el mote de amenaza y el desafío de transformarse en candidata a partir de la generación de un equipo. Y con la certeza, claro, de ya conocer quiénes serán sus tres primeros rivales.

    El sorteo, ese show que despierta las más variadas interpretaciones, deparó un grupo que no es de la muerte pero de ninguna manera se lo puede calificar de la suerte. Y dos frases, de dos hombres de ideologías parecidas y campeones del mundo, lo testifican: "No me gusta la zona. Islandia es una piedra, con jugadores heroicos, y Croacia tiene al mejor mediocentro del mundo (por Luka Modric)", diagnosticó Jorge Valdano. "Con Islandia y Nigeria son seis puntos seguros", aseveró César Luis Menotti. El jueguito, como el fútbol mismo, es hermoso. Y lo será hasta el mismo día del debut, el 16 de junio en Moscú.

    Argentina va a depender mucho de Argentina y eso también genera una ambigüedad. Diez días con dos amistosos en marzo y una concentración de tres semanas y media justo antes de viajar a Rusia serán los momentos de esa preparación final en la que Jorge Sampaoli tendrá la misión y la obligación de formar una estructura y darle una identidad definida a la Selección para no depender pura y exclusivamente de Messi. Y los jugadores deberán ayudar y ser funcionales, liberarse de la mochila de las finales perdidas, estar enfocados y ser con Argentina lo que son en sus poderosos clubes europeos.

     

    ¿Quiénes son?

    "Es algo bonito y romántico jugar nuestro primer partido en un Mundial contra una Selección con la historia de la Argentina y en la que juega Messi". Heimir Hallgrímsson es dentista, fue entrenador de un equipo femenino y es el técnico que llevó a Islandia al Mundial después de un gran trabajo de base, una Eurocopa soñada en 2016 y de ganar su zona en las Eliminatorias Europeas (dejó segunda a Croacia). Un país con menos de 100 futbolistas profesionales, el de menos habitantes en jugar una Copa del Mundo en su historia, va a llegar liberado pero jamás se apartará de un método incorporado y que le dio tantos resultados: son un bloque, corren todos, ocupan espacios y son rápidos para contragolpear. El Everton inglés pagó 50 millones de euros -su compra más cara- por Gylfi Sigurdsson, la estrella de un equipo que va a ser un desafío para nuestros relatores: todos sus jugadores terminan en "son".

     

     

     

     

    Un peligro

    Uno de los armadores del Real Madrid. Un sostén del Barcelona. Un atacante devenido en volante de la Juventus. Dos futbolistas dinámicos y con gol del Inter. El arquero del Monaco. Un zaguero del Liverpool. Otro defensor del Atlético de Madrid. El centrodelantero del Milan... A Modric, Rakitic, Mandzukic, Perisic, Brozovic, Subasic, Lovren, Vrsaljko y Kalinic se les suman tipos que también juegan en las principales ligas de Europa. Si Islandia es una piedra, Croacia es mucho más que un ladrillo. Es la gran amenaza y contra quien -lógica mediante- la Selección dirimirá ser primera en el Grupo D. Una gran generación de jugadores que a veces peca de cierto individualismo.

     


     

    Los candidatos y algo más

    La cátedra -¿existe una cátedra en el fútbol?- indica que Brasil, Alemania y Francia son los favoritos. Y que España y Argentina arrancan en un segundo escalón de favoritismo.

    Tite le devolvió la alegría a Brasil, le dio una identidad definida y barrió con las cenizas del 1-7 con Alemania en su propia casa. Diez triunfos y dos empates en Eliminatorias y armar un bloque para explotar al genial Neymar transformaron al Scratch en un verdadero cuco al que, encima, le tocó una zona amena (Suiza, Serbia y Costa Rica no emergen como amenazas serias ante tanto potencial).

    Alemania, aunque a Sampaoli no le guste cómo juega, arrastra un trabajo que debería actuar de modelo, jamás se durmió en la comodidad que puede darte un título y llegará a Rusia con una renovación que mezclará el pasado-presente (Müller-Kroos) con el presente-futuro (Kimmich-Werner). Ganó todos sus partidos de Eliminatorias y Joachim Löw dispone de futbolistas como para armar dos equipos de primerísimo nivel (México, Suecia y Corea serán sus primeros escollos).

    Francia se ganó ese status, más que nada en la opinión de los futbolistas rivales, por una generación de jugadores jóvenes (y otros no tanto) que asustan. Lloris al arco, Varane y Umtiti como zagueros. Kanté y Pogba en el medio. Griezmann, Lacazette y Mbappé en la ofensiva le dan forma a una columna firmísima. Y se van a privar de Benzema. Con Dinamarca, Perú y Australia conformarán una zona que en la Argentina se mirará con suma atención.

    Y España mantiene su esencia de jugar al fútbol. Ahora con Julen Lopetegui en el banco, se sostiene en los cracks del Barcelona y el Real Madrid y se vio oxigenada con el talento de Isco y Asencio, y la presencia de Saúl Iñíguez, un producto del Cholo Simeone en el Atlético de Madrid. El 15 de junio, en Sochi, los españoles tendrán la primera gran prueba ante Portugal y el estelar Cristiano Ronaldo. Y atención con los últimos campeones de Europa, que a la omnipresente presencia de su estrella le agregaron solidez.

    Inglaterra y Bélgica, en tanto, buscarán el 1 en el Grupo G ante los supuestamente débiles Panamá y Túnez. Para los ingleses será la oportunidad de mostrarle al mundo a un grupo de jóvenes de enorme jerarquía que fueron moldeados por el argentino Mauricio Pochettino en Tottenham (Harry Kane, Walker, Dier y Dele Alli). A los belgas se les caen las figuras de los bolsillos, desde su arquero Courtois hasta el talento goleador de Edin Hazard pasando por la potencia de Romelu Lukaku.

    Un sorteo que no deparó grupos de la muerte ni nada parecido, sí aportó una zona que puede ser considerada la más pareja: es la que conforman la Colombia de Pekerman, la Polonia de Lewandowki, la siempre ordenada Japón y el peligro africano que es Senegal. Mientras que en la zona que abrirá la Copa del Mundo, Uruguay surge como un posible candidato de la mano de Suárez-Cavani y una renovación en la mitad de la cancha que hizo el Maestro Tabárez. El Egipto de Héctor Cúper, con Salah como estrella, puede disputarle ese posible liderazgo. A Rusia lo ampara la localía y Arabia Saudita (con Pizzi en el banco) arranca en desigualdad de poderío y condiciones.

    Un menú abierto, en definitiva, y que siempre debe estar atento a las sorpresas como la que dio Costa Rica en Brasil 2014.  


    El enigma

    Un Mundial sin tener enfrente a Nigeria no parece ser un Mundial para la Argentina. Por quinta vez, tercera de manera consecutiva, los africanos se le plantarán a Messi con esa mezcla de inconsciencia, roce en diferentes ligas, anarquía potencia y talento que caracteriza a sus futbolistas. Dirigidos por un alemán (Gernot Rohr), con Obi Mikel de capitán y bandera y con delanteros rapidísimos que actúan en la Premier League, Nigeria refleja como ningún rival lo que es el grupo de Argentina: factible pero bajo ningún punto de vista ganable solamente por inercia o por nombres.

      

     

    El camino

    "Son rivales con pocas obligaciones y mucho entusiasmo. Van a dar pelea pero dependerá de nosotros", explicó Sampaoli, quien al mismo tiempo aceptó que mirará con atención el Grupo C, en el que Francia -un verdadero peligro- es favorita, Dinamarca y Perú asoman como potenciales segundos y Australia aparece en un tercer orden. De ellos saldrá el rival de octavos de final si la Selección ratifica credenciales y supera la ronda inicial como líder de su zona. En tal caso, España o Portugal en cuartos y Alemania o Inglaterra en semifinales serían los rivales en el camino a otra final. En caso de un segundo puesto, Francia, de nuevo España o Portugal y Brasil aparecerían como los obstáculos rumbo al domingo 15 de julio en el estadio Olímpico de Moscú. Porque está bien recordar que nos encantan los extremos y pasamos del temor paralizante por no estar en Rusia a la ilusión movilizante de llegar al último partido.

    Y hay una razón que sustenta ese sentimiento. En un Mundial no puede faltar el distinto y Messi se ganó al acceso casi solo en aquella patriada en la altura de Quito... "Tenemos que establecer una forma y ser la Argentina que queremos ser. Y tenemos al mejor del mundo y de la historia", dijo Sampaoli sobre el equipo y sobre el 10 que merece emular a Maradona.

    Porque seamos sinceros: Messi tiene que ser campeón del mundo.

     

     Fotos: gentileza Olé 

  • El único héroe en este Lío

     

     

     

     

    Por Martín Eula | Fotos: Gentileza Olé 

     

    Y una noche fue el que todos los argentinos quieren-querían-queríamos que fuera.

    Somos bravos, inconformistas, soberbios, criticones, exigentes, pasionales... Somos tan argentinos que nos cuesta disfrutar en su justa dimensión a un tipo que trasciende fronteras, al que le rinden pleitesía vaya donde vaya, en quien depositamos varias de nuestras frustraciones para endilgarle cualquier derrota, un faro que hace mucho ya se sentó en la mesa de los grandes de la historia del fútbol.

    "¿Cómo no vamos a ir al Mundial? Somos Argentina". Todos se lo preguntaron y la mayoría se respondió solo sin necesidad de esperar una respuesta. Argentina hizo todo lo posible para quedarse afuera de Rusia. La AFA fue un cambalache interminable por la que pasaron tres presidentes en los dos años y dos días que duraron las Eliminatorias. Hubo tres entrenadores diferentes -con sus estilos contrapuestos, naturalmente-en la Selección. Se mudó la localía como se cambia un cuadro de lugar y como si un estadio tapara tanto desmadre y ganara partidos. Se hicieron cuentas y se armaron conjeturas de las más disparatadas. Se caminó por la cornisa con los pies enjabonados como el bendito fútbol argentino patina desde hace mucho tiempo.

    Y una noche, el genio se embarró las patas, frotó la lámpara y rescató a todos: a un equipo que no es tal, a una dirigencia "nueva" con indisimulables vicios viejos (hasta llevaron a un brujo a Ecuador) y a un país futbolero en estado de alerta total. Tan argentinos somos, tan extremistas, que enseguida aparecieron encuestas sobre si la Selección era candidata a ganar el Mundial. De terapia intensiva a la gloria en 90 minutos...

     

    "Los argentinos piensan que saben todo sobre fútbol. Siempre digo que si hubiéramos llegado a una final del Mundial y a dos finales de Copa América para otro país, habría sido diferente. Pero esto es Argentina", sostuvo en julio pasado en el programa Alma de Potrero el pibe que juega como en el potrero, que es un competidor nato, un insaciable, un talento único, un futbolista por el que debemos agradecer ser contemporáneos y no necesitar que nuestros abuelos nos cuenten lo que hacía en una cancha.

    Hastiado por las desprolijidades de la dirigencia (hasta llegó a criticarla desde un vuelo hacia la final del torneo), sacudido por una nueva caída en un partido decisivo en el que una foto suya rodeada de chilenos recorrió el planeta, apuntado por renovadas críticas y fundamentalmente triste, el capitán dijo basta en los pasillos del gigantesco MetLife de Nueva Jersey. En junio del 2016, se iba de la Selección vacío. Poco más de dos meses después volvía luego de que Edgardo Bauza, reemplazante de Gerardo Martino, viajara a Barcelona para una "charla de fútbol en la que no hablamos de su regreso" como misión básica en su desembarco como sorpresivo entrenador del seleccionado. Un año después, y luego de que la FIFA le redujera la sanción de uno a cuatro partidos por insultar a un árbitro, recibía en su casa de Casteldefells a Jorge Sampaoli, el hiperquinético director técnico que lo había amargado con Chile en la Copa América 2015 y a quien valoraba y valora por sus ideas de juego.

    Los tres goles en Quito, esa actuación -salvando las distancias- a la altura de las de Maradona en México 86 y Kempes en la final de Argentina 78, espantaron fantasmas, enterraron críticas, disimularon miserias, cubrieron errores generales y se gritaron desde Ushuaia a La Quiaca. "Hubiera sido una locura no estar en el Mundial, no sólo para mí sino también para toda la Argentina. Esto nos da paz porque estábamos todos inquietos. Estaba el temor de quedar afuera, pero lo logramos y ahora la Selección va a crecer, va a ser otra", dijo en las entrañas del estadio Atahualpa de Quito, rompió su silencio con un discurso maduro, no necesitó maradonear ni vengarse públicamente de nadie, utilizó un mensaje componedor, alimentó públicamente un liderazgo que ejercita a su manera en lo privado.

    Ahora es donde emerge el enorme desafío de acá a junio del año que viene: armar un equipo, rodear al mejor del mundo, buscarle un lugar cercano al área rival como en Ecuador, ponerle jugadores que le pasen la pelota y no se obnubilen con su presencia. De los ocho partidos que faltó en Eliminatorias, Argentina ganó apenas uno; en los diez partidos que disputó, la Selección perdió sólo uno y ganó seis. Las estadísticas muchas veces necesitan concepto: ésta es demasiado contundente como para necesitar una explicación. En esa decena de encuentros, los tres entrenadores que lo dirigieron usaron seis esquemas tácticos diferentes y el único jugador que repitió junto a él del medio hacia adelante en cada partido fue Di María. Y hubo cinco centrodelanteros goleadores en sus equipos que no lograron trasladar esa eficacia al seleccionado: Higuaín, Agüero, Pratto, Icardi y Benedetto (hubo un partido de Alario, pero Bauza lo puso de volante por derecha). Un contexto que de tan variable resultó desconcertante. Es cierto que esto es un deporte en el que le tenés que pasar lo mejor posible la pelota a un compañero y no se requiere de pócimas mágicas o soluciones científicas, pero necesitas un armado y una idea que sostengan al distinto. No mimarlo como se dijo erróneamente muchas veces: el mimo queda para otros escenarios de la vida.

    Y ahí, perseverante y sufrido, estuvo él. El que no transmite nada. El que no suda. El que digita las convocatorias por sus amigos. El que acá no juega como allá. El que no canta el himno... "No siento que tenga que hacerlo. Cada persona siente el himno nacional de diferente manera y la mía es sentirlo dentro de mi cuerpo mientras lo escucho". Sensatez y sentimientos. Un liderazgo -vale la pena insistir- distinto. La necesidad de no vociferar para transmitir -a sus compañeros- e igual ser escuchado. La luz que alumbra el horizonte de la Selección.

    En Rusia también estará. Irá por la madre de todas las revanchas. Es de esperar que ahora ya sin la presión por resultados urgentes, Sampaoli pueda armar una formación confiable en el puñado de amistosos que habrá hasta el comienzo de la Copa del Mundo. Los nombres los conocemos todos porque jugaron (casi) todos. Una mochila los acompañó en el duro camino y él se encargó de liberarlos. El llanto de Enzo Pérez, apenas consumaba la clasificación, refleja como nada ni nadie el desahogo.

    Un desahogo que tiene padre, tutor y encargado. Y se llama Lionel Andrés Messi.

     

     

  • La gran Willy

    El Genio

    -¿Qué hacen los campeones?

    -Se entrenan cuatro horas por día.

    -Entonces, yo me voy a entrenar seis horas por día.

  • Nuestra Champions

     

    Martín Eula | Periodista 

     

    "En Europa, por la Champions, te ponen una alfombra roja cuando llegás a jugar de visitante. Acá, vas a Brasil y te cascotean el micro". Marcelo Gallardo hizo historia con River: ganó la Libertadores como jugador y después como entrenador, una potestad de muy pocos a nivel continental. Y también jugó la Liga de Campeones con el Monaco francés a comienzos de este siglo.

    "Los argentinos y los brasileños estamos un paso por encima de otras ligas, por historia más que por actualidad. Por eso, Boca es candidato a ganarla como el resto de los equipos del país y de Brasil". Guillermo Barros Schelotto distinguió a ese equipo copero de Carlos Bianchi que marcó una época y habla con absoluto conocimiento de causa.

    "Independiente siempre tiene que jugar la Libertadores. Es la obligación y un enorme desafío". Ariel Holan, el mejor entrenador de la Argentina en el 2017, se embadurnó de gloria como hincha y hoy se da el gusto de hablar, codearse y ser acompañado por Bochini, Bertoni, el Chivo Pavoni y Pepé Santoro.

    "Es la Copa más difícil de los últimos años". Eduardo Coudet jugó la Libertadores, también la dirigió y es un animal futbolero parido por nuestras pampas que, como tal, ha escuchado miles de historias alrededor de esta copa que es la madre de todas las copas.

    River, Boca, Independiente y Racing participarán juntos en la misma edición de una Libertadores por primera vez. Una confluencia que alimenta la competividad de un torneo que reúne a 17 campeones, todos con el natural derecho de apostar por la final. Estudiantes, desde hace un tiempo ya con Juan Sebastián Verón como presidente -siempre un Verón en la raigambre pincharrata-, y el sorprendente Atlético Tucumán también se postulan. Como Banfield, que deberá superar el Repechaje.

    Que en las últimas 10 ediciones haya habido 20 finalistas distintos -y por lo tanto 10 campeones diferentes- refleja de forma contundente que las candidaturas deben ser ratificadas y que cualquier equipo, más allá de su nombre, puede transformarse en una amenaza. Y el sorteo actuó en consecuencia, con grupos parejos en los que por supuesto hay favoritos aunque no por el sólo hecho de serlo un equipo va a pasar a octavos de final sin necesidad de transpirar.

    River irá por la revancha después de la increíble y polémica caída con Lanús en las semifinales del año pasado. Ese golpe desnudó falencias y Gallardo pidió refuerzos. El animal competitivo que lleva adentro no tolera porrazos semejantes -propios de otros River- y prepara una nueva reinvención para su indudable legado. En su grupo, Flamengo aparece como la principal amenaza después de ser finalista de la Sudamericana y Emelec de Ecuador es un viejo conocido para los millonarios -se enfrentaron en la edición anterior-. Quien llegue de la fase previa le dará al Grupo 4 mayores (Independiente Santa Fe de Bogotá sería el caso) o menores dificultades.

     

     

    Boca, que regresa a lo internacional tras un año afuera de las copas, vive una situación similar a su eterno rival en cuanto a complejidades en su zona (la 8): Palmeiras es el grande brasileño con el que vivirá una reedición de duelos memorables y Alianza Lima de Perú, un rival accesible pero al mismo tiempo de cuidado. Del Repechaje podrían caer pesados como Junior de Barranquilla u Olimpia de Paraguay. El Mellizo Barros Schelotto viene macerando su formación desde hace mucho tiempo, con un año de liderazgo en la competencia interna, y le agregó refuerzos de calidad para cubrir las ausencias iniciales de los estelares Gago y Benedetto. Para buena parte de América, Boca es un candidato de fierro no sólo por historia, como señala su entrenador.

    Independiente vivió un cierre de año de locos: el Holan que le devolvió la mística y un título internacional al Rey de Copas se fue y volvió en un abrir y cerrar de ojos. Deberá mantener la idea, el juego y la mentalidad más allá de los vaivenes y afrontar un grupo (el 7) de real riesgo contra esa potencia que es Corinthians -cómodo campeón del Brasileirao- y Millonarios de Bogotá -dirigido por el argentino Miguel Angel Russo-. Los venezolanos de Deportivo Lara surgen como el rival para no dejar puntos.

    Racing, con Diego Milito como flamante dueño del fútbol profesional, tiene un horizonte similar al de su vecino de Avellaneda, con el siempre amenazante Cruzeiro y la Universidad de Chile como adversarios de sumo peligro. Y del Repechaje le podría venir algo similar como Vasco de Gama o Universitario de Perú. Con Coudet en el banco y la continuidad de esa verdadera joya que es el delantero Lautaro Martínez, la Academia tendrá planteos más ofensivos que lo que tenía con Diego Cocca.

    Estudiantes, mientras termina de construir su estadio, se renueva y espera que Lucas Bernardi cristalice finalmente su idea, sabe que deberá fajarse con Santos de Brasil y deberá ir a la ciudad más alta que reciba a la Copa: Cusco, de donde es Real Garcilaso. Y Banfield, Nacional de Uruguay o Chapecoense podrían completar el grupo 6. Atlético Tucumán, en tanto, vive un momento de gracia y cayó en una zona parejísima (la 3) contra Peñarol de Montevideo, Libertad de Paraguay y The Strongest de Bolivia (con la altura como aliada): el Decano de Ricardo Zielinski irá por mucho más que la simple presencia.

     

    Marea Argentina

    Como una réplica de lo que pasará en el Mundial, en este caso a mayor escala, Argentina será el país que más entrenadores le aportará a la Copa Libertadores: serán 18 entre los 47 equipos que participarán del torneo. Y pueden ser más teniendo en cuenta los vaivenes de un cargo sin estabilidad. A Gallardo, Barros Schelotto, Holan, Coudet, Bernardi, Zielinski y Falcioni (todos los equipos de acá son dirigidos por técnicos de acá) se les suman una variada gama de hombres y nombres.

    Miguel Angel Russo llega como campeón en Millonarios de Bogotá y con el sello de ser el último en sacar campeón de América a Boca, en el 2007 con un genial Riquelme: será rival de Independiente. Desde Colombia, también, Atlético Nacional de Medellín contrató a Jorge Almirón para volver a ser, luego de que el Negro llevara a Lanús a una inédita final de Libertadores. Chile también aporta dos compatriotas: Pablo Guede, el ex San Lorenzo, dio la vuelta con Colo Colo y cayó en el grupo de Atlético Nacional (vivirá una reedición con Almirón de aquella final en la que Lanús goleó al Ciclón), mientras que Angel Guillermo Hoyos es el conductor de la Universidad de Chile, rival de Racing. El cordobés que jugó y dirigió a Tallares, y estuvo cerca de Messi en las Inferiores del Barcelona, tiene como misión levantar internacionalmente a un gigante chileno.

    Muchos ojos estarán puestos en Paraguay porque Sebastián Saja iniciará su carrera como entrenador en Guaraní mientras que Daniel Garnero -su predecesor- se hizo cargo de un grande como Olimpia. Si nos trasladamos imaginariamente a Bolivia, Carlos Ischia asumió en The Strongest (adversario de Atlético Tucumán) y Néstor Clausen regresó a Oriente Petrolero. 

    El carrusel continúa con Pedro Troglio en Universitario de Perú y Oscar Ibañez (ex arquero que se nacionalizó peruano) en Real Garcilaso, al que enfrentará Estudiantes. Finalmente, Gabriel Schurrer es el técnico de Independiente del Valle, el equipo ecuatoriano que en el 2016 eliminó a River y a Boca, nada menos.

     

     

    Marcelo Gallardo, DT River 

     

    Habrá 103.850.000 dólares en premios, seis destinados al campeón (tres más que que los recibió Gremio de Porto Alegre en el 2017). Hasta fines de mayo de disputará la fase de grupos y recién después del Mundial de Rusia comenzará la verdadera Copa, como habitualmente se denominan los cruces desde octavos de final. Al ser anual, ahora los equipos deben rezar para que en el mercado de pases de mitad de año los clubes europeos no se llevan a sus principales figuras (con Lucas Alario, River es el último ejemplo de este padecimiento).

    La llaman tentación. Es una obsesión. Todos compiten para jugarla. Miles de historias de amontonan alrededor de la Copa Libertadores. Siete equipos argentinos buscarán levantarla el 28 de noviembre o el sábado 1 de diciembre, si es que comienza una nueva era con una final única para una Copa única. Para nuestra Champions sin alfombra roja.