• La familia piamontesa vive

    La gastronomía es el corazón de la Fiesta Nacional de la Familia Piamontesa que desde el año 1974 se celebra en Luque, 100 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba.

  • Plebeyos y elegantes en el largo camino del carnaval porteño

     

     

    Aunque la página oficial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dice que el primer corso porteño se hizo en el año 1869, parece que la celebración venía desde mucho tiempo antes.

     

    Por Ramón Becco| Cronista de historias y leyendas populares

     

    Un joven de 28 años, llamado  Juan Bautista Alberdi,  allá por el año 1838 escribió en la revista La Moda que por ese entonces el carnaval era una “costumbre antiquísima.” El futuro redactor de la Constitución Nacional si bien no dejó constancia de lo que hoy nadie acierta en encontrar: ¿cuál fue la verdadera fecha de nacimiento del carnaval porteño?

    Sin entrar en disquisiciones para saber qué podía ser antiquísimo para Alberdi bien podemos conjeturar que dada las características del juego con agua, los disfraces, el endemoniado baile y los “permitidos” erótico-afectivos, la cosa en Buenos Aires venía de cuando llegaron los españoles.

    Traficando fechas los europeos tenían el carnaval en la primavera, pero siguiendo el calendario católico, aquí se convirtió en el fin del verano. Los gauchos seguramente se sumaron al festejo, puede ser que ellos aportaran el juego de mojar, ya que antes de las bombitas de agua se utilizaban las vejigas de animales, que llenas de agua u otros líquidos se convertían en el “vejigazo.” Los esclavos negros le dieron la impronta del baile y candombe y la igualación de clases por unos escasos 4 días  fue una costumbre que los griegos, egipcios y romanos alentaron, imponiendo desde hace más de 2000 años el todo vale carnavalesco.

    Pero dejemos que nos lo cuente el propio Alberdi. Osado para la época describió los juegos de mojar al señor o a la doncella.   “Podemos estrellar un huevo –decía Alberdi- relleno de lo que nos de la gana, sobre la frente más dorada, sobre las niñas de los más bellos ojos, sobre la nieve del más casto seno.”

    Y como para cubrirse de la picaresca sin ponerse colorado, el joven Alberdi, que por ese entonces se escondía bajo el seudónimo de Figarillo, escribió que la idea de mojar en carnaval venía de “las tradiciones de los liberales abuelos.”

    Camino a convertirse en el principal legislador nativo, Juan Bautista pontificaba que “las costumbres son las leyes de leyes” y en la misma nota de la revista La Moda decía indulgente que los huevazos o vejigazos  no podían afectar la moral y las buenas costumbres, total, decía: “¿que se pierde con que las chicas tengan tres días de confianza con los mozos, después del año que se están mirando sin tocarse, como si fueran alfeñiques?”

    El permitido, la transgresión que habilita el carnaval  es a fin de cuentas el núcleo central de la celebración.

    Y es así que la historia pagana del carnaval resistió a casi todos los intentos de encorsetarla, tanto que el catolicismo romano hizo una adaptación que llega hasta nuestros días.

    Le guste a quien le guste, la vida de los ricos y los pobres, durante el carnaval,  se pone patas para arriba. Es una revolución controlada, nunca exenta de revanchas menores y fundamentalmente de libre circulación de los deseos más escondidos.

    En el Siglo XX, bajo los gobiernos conservadores sufrió recortes y prohibiciones que se revierten con los movimientos populares. Las dictaduras militares intentaron cercarlo levantando los feriados, pero ni así pudieron vencerlo.

    Atrincherado en el barrio cuando viene la mala, no abandona el territorio y, por las dudas, se multiplica en decenas de corsos como una guerra de guerrillas cultural que ataca con colores y bombos, denunciando los pesares  del año que pasó.

    Este año de 2018, aunque el carnaval  se celebra los días 12 y 13 de febrero, los corsos porteños se multiplican durante todo el mes, cortando el tránsito en las principales avenidas porteñas.

    Las murgas porteñas, tras largos años de pelea, no sólo contribuyeron a recuperar los feriados negados por los dictadores sino que lograron que los corsos y las murgas tuvieran apoyo del gobierno autónomo de la Ciudad. Concursos y talleres de formación se  multiplican durante todo el año por los barrios porteños en escuelas, clubes y plazas que retumban al son del bombo con platillo, ícono del carnaval de Buenos Aires.

    Cada año el carnaval permite el lucimiento de más de 100 murgas, consideradas, desde hace años como Patrimonio Cultural de la Ciudad y desfilan en aproximadamente 30 corsos.

    Los nombres llaman al debate y la sonrisa. Están los que dan cuenta de la geografía del barrio como  “Gambeteando al alambrado,” los que reivindican algún héroe barrial como “Los goyeneches de Saavedra” o los que resumen su destreza dando cuenta  que están “Acalambrados de las Patas.”

    Los Arlequines de la R (por  Belgrano R) se cruzan solidariamente con Chiflados, Desfachatados, Lunáticos, Descontrolados o Viciosos de los suburbios o del centro.

    Plebeyos o Elegantes, nombres que se replican dan cuenta cabal de las identidades que afloran  en carnaval. Expresión de los pobres que ratifican su pertenencia poco aristocrática, luciendo brillosas levitas y exageradas galeras ridiculizando elegancias de patrones y señoronas, siempre con guantes blancos que dibujan en el aire, los giros endemoniados de los pasos murgueros.

     

  • Sin distinción de credo ni religión

     

    La Navidad más ecuménica de Argentina se celebra en

    Leandro N. Alem, Misiones.

     

     

     

    Por Ramón Becco, cronista viajero.

     

    La migración dejó una marca indeleble en la mayoría de las provincias argentinas. En Misiones, la diversidad cultural se expresa también a través de una sorprendente variedad de credos y prácticas religiosas.

    Quien recorre la provincia, además de visualizar una selva agredida por la mano del hombre (que aún así no empaña los hermosos paisajes), puede encontrar a la vera de los caminos: ermitas, capillas, Iglesias, oratorios que desde su arquitectura revelan la marca nacional que le dio origen.

    Leandro N. Alem junto a Oberá y Posadas son las únicas ciudades que cuentan con una secretaría de credos, una función pública que no se repite en otros municipios del país.

     

    Sabatistas, Protestantes y Católicos 

    En un registro del año 1931, la  maestra María Maidana de Zarza  daba cuenta que “en el radio de la escuela número 83 había una población muy numerosa.”  Al describir, lo que por entonces era la colonia misionera de Leandro N. Alem, legaba datos que hoy nos sirven para entender porque Argentina en el año 2013 eligió ese municipio para realizar  la Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral.

    Escribía Zarza que en ese año  “el 70 por ciento de la población era alemana y que a la zona la poblaban “también brasileños, rusos y polacos.” Decía también que “los alemanes tienen una preparación general y un espíritu progresista.” Y precisaba que “la religión que profesan aquí en su mayoría es protestante, sabatistas y muy pocos católicos…”

    Y ahondando más en cómo eran las costumbres religiosas por el año 1931  relataba que “en los días de Fiesta y los domingos, se ve desfilar largas caravanas de carros, camiones y automóviles…”  y ya destacaba que  “los protestantes hacían lindas kermesses y fiestas populares y que los sabatistas respetaban el sábado, día en el que no sólo dejaban de trabajar sino que no aceptaban el pago de ninguna cuenta, ni sacrificaban ningún animal…” Leandro N. Alem comenzó a celebrar la navidad colectivamente en diciembre de 1995 y la idea surgió de buscar un encuentro  que permitiera  reunir a la gran cantidad de comunidades religiosas que se congregaban en la región.

     

    Fotos: Municipio de Alem, Misiones 

     

    Primero fueron encuentros corales de música cristiana y presentaciones teatrales; luego, año tras año, las propuestas comenzaron a enriquecerse con creatividad y participación. En el año 2016 con el aporte de los vecinos se construyó una ciudad de Belén para la que se juntaron más de 500 mil botellas de plástico. Recicladas, junto a ladrillos de poliestireno, arcilla, porcelana fría y otros materiales se convirtió en uno de los atractivos más originales de la Fiesta.

    Como toda Fiesta Nacional, la Navidad del Litoral tiene desfile de carrozas alegóricas, músicos y cantantes locales, de la provincia y los más famosos representantes del folklore nacional.

    El predio donde se realizan las distintas actividades  pertenece a la Cooperativa Agroindustrial de Misiones. La economía social  tiene hondo arraigo en la provincia de Misiones; y la ciudad de Alem una vez al año y en otra fecha produce la Fericoop, el encuentro más importante del cooperativismo en la provincia.

     

    La picada que fue colonia 

    En el año 1902 el presidente Julio A. Roca dando orden a la apertura de una picada que permitiera unir las costas de los ríos Paraná y Uruguay habilitó la colonización del lugar que por entonces era territorio nacional.

    En 1904 comenzaron a instalarse los primeros pobladores y la enumeración de sus apellidos es una descripción del país origen de su migración: Potschka, Jerke, Jansak, Reschke, Kruger; muchos, alemanes que provenían del Estado brasileño de Santa Catarina. En 1908 llegó a la picada Enrique Carlos Mecking para instalar  el primer almacén de ramos generales. En ese local, algunos años después, se habilitó la primera estafeta postal lo que llevó a que la ciudad se popularizara como Colonia Mecking. Recién en diciembre de 1926, esta picada conocida primero como San Javier - Cerro Corá pasó a llamarse Leandro N. Alem, la que recién alcanzaría status de municipio recién en 1945. La elección del nombre de Leandro N. Alem,  es un homenaje a uno de los próceres de la construcción democrática Argentina, fundador de la UCR, revolucionario del Parque, tuvo un final trágico en la ciudad de Buenos Aires.

     

    Su nombre, en Misiones, queda entonces unido al nacimiento de una de las ciudades más plurireligiosas del país y la Fiesta de la Navidad del Litora sirve para que los visitantes puedan conocer las creencias y los modos de celebrarlas de las distintas colectividades y credos que, aunque no coincidan en sus prácticas, se unen para este evento ecuménico.

     

     

    CUANDO PASA

    Fiesta Nacional de la Navidad del Litoral

    Viernes 8 al domingo 10 de diciembre.

    Viernes 15 al domingo 17 de noviembre.

    Predio  de la Cooperativa Agroindustrial de Misiones.