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Largas lagunas de la historia

A 55 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba un pueblo, que debe su nombre a una laguna que ya no existe, encuentra nuevas vertientes que refrescan la mirada hacia su propia identidad.

 

Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador 

Pito Campos | Ilustraciones 

 

Convencidos de que Quiroga no rechazaría esta vez los consejos de su caballo moro, más de 4000 hombres pasaban la noche alrededor de innumerables fogatas en cercanías de la laguna Cachicoya. El invierno anterior habían sido víctimas y testigos de la soberbia del “Tigre de los Llanos” quien, desafiando la autoridad del equino, decidió no evitar el enfrentamiento con los unitarios. El manco Paz los arrasó en La Tablada con un ejército que no superaba en cantidad a la mitad de los federales alistados para esa batalla. Historias como esas se escuchaban aquella noche en Cachicoya y se colaban entre las chispas que desprendían los leños de algarrobo seco, que ardían como los capiangos: aquellos soldados que, se comentaba, devenían en ferocísimos tigres en medio de las contiendas cuando Facundo entraba en sintonía con la sabiduría ecuestre.

Era febrero de 1830, la guerra civil entraba en una instancia cúlmine. Los federales intentaban por segunda vez (el primer intento había sido La Tablada) recuperar el territorio cordobés que había sido arrebatado por el centralismo porteño, en la batalla librada en la zona que ahora se encuentra bajo las aguas del lago San Roque, cuando el mismo general Paz venció al gobernador Bustos, en abril de 1829.

Empecinado en refutar las supersticiones que hasta sus mismos soldados repetían y buscando consolidar su reputación de gran estratega, el jefe unitario José María Paz sorprendió a los federales sin dar tiempo a que el caudillo riojano consultara a su cuadrúpedo consejero. Sobre todo para que no llegaran los refuerzos que avanzaban desde el norte de la provincia. El feroz enfrentamiento terminó por robustecer el poder de los unitarios que no solo dominaron Córdoba, sino que avanzaron hacia el noroeste apoderándose de La Rioja, Tucumán, Mendoza, San Juan y Santiago del Estero.

La batalla se conoce como Oncativo o Laguna Larga, que es la traducción de Cachicoya.

 

La noche del museo 

Vestigios de aquella sangrienta noche guarda, entre muchas otras cosas que recuerdan momentos más felices que han sucedido por estos lares, el Museo Cachicoya. Con sede en la estación de ferrocarril de Laguna Larga, este museo se vio afectado en los últimos años por problemas edilicios y por reiterados robos que causaron importantes bajas en los objetos de exhibición.

Abrió por primera vez sus puertas hace más de dos décadas, cuando Emanuel  Vottero exhibió su colección con solo 13 años y figuró en el Libro Guinness de los récords de 1998 como el fundador de un museo más joven de la historia. En aquel momento el recinto llevaba como nombre el apellido de Emanuel, quien ahora forma parte de la comisión que trabaja, junto a otras instituciones de la comunidad, para poner en condiciones el edificio y volver a abrir las puertas al público. 

 

Una joya compartida 

La localidad de Laguna Larga tiene alrededor de 7000 habitantes y como tantos otros pueblos de la zona se encuentra atravesada por las vías del tren. De un lado se encuentra la calle General Paz y del otro la calle Facundo Quiroga; de un lado la Sarmiento, del otro la Juan Manuel de Rosas; de un lado la 9 de Julio, del otro la 25 de Mayo. De un lado la calle San Martín, del otro la Belgrano; de un lado el Sportivo, del otro el club Newell’s Old Boys. Pero también, como en todo pueblo, hay personalidades que borran las fronteras de las vías, tal es el caso de Paulo Dybala. Sobre el  paredón blanco que da a la calle A. P. Justo del Sportivo Laguna Larga se puede leer con letras rojas “Con el fútbol y con su gente, con el dorado de la espiga de trigo y el rojo que enciende los corazones, recibimos a nuestro campeón Paulo ‘La Joya’ Dybala”. Fue en este club donde el goleador de la Juventus lució sus primeras gambetas y mojó las primeras redes, luego pasó a jugar para Instituto de Córdoba. Cuando estaba en quinta división la dirigencia de “La Gloria” lo dio a préstamo al club Newell’s de su pueblo para que pudiera acompañar a su padre que se encontraba con problemas de salud. En el rojinegro lagunense La Joya salió campeón de su categoría y dejó la estela de su estilo, regalando a su pueblo una muestra fiel de las jugadas que muy pronto partiría a desparramar por los grandes estadios del mundo. En julio de este año, sus excompañeros lo recibieron con un hermoso mural realizado por el artista Nicolás Paira sobre el lateral de una de las tribunas del estadio.

 

Tejerina y Catalina

El padre Manuel Alberto Tejerina fue nombrado párroco de Laguna Larga el 24 de septiembre de 1929 y se quedó en esta localidad hasta 1993, cuando murió luego de un accidente en la iglesia. Ha sido la persona más influyente de la historia de la localidad. Participó en la creación de la primera banda de música, la primera banda de teatro, una escuela, talleres de capacitación para mujeres y la fundación de los dos clubes. Cada institución que surgía en el pueblo, si no era iniciativa de Tejerina, seguro que su nombre aparecía en la comisión. Un viernes 17 de junio de 1993, con 93 años, el padre Manuel se preparaba para decir la misa cuando sus manos resbalaron del marco de la sacristía. Luego de caer, se levantó lúcido, pero al llegar al comedor de la Casa Parroquial, perdió el conocimiento. Murió tres días después. Su sepelio fue el de mayor convocatoria que se haya visto por la zona. En principio sus restos fueron trasladados a la localidad de La Cruz, donde había nacido y se encontraban familiares directos. Tiempo después fueron traídos nuevamente a Laguna Larga, donde lo volvió a recibir una multitud pocas veces vista en la región, y hoy descansan frente a la iglesia donde tantas veces se lo escuchó brindar la ceremonia.

Junto al padre Tejerina, en la memoria colectiva de Laguna Larga destaca la actividad comunitaria de una mujer, que al igual que el sacerdote, tiene su propio monumento en una plaza de esta localidad. Catalina Rodríguez venía desempeñando desde principios del 1900 una importante labor enseñando, entre otras cosas, a leer y a escribir a los niños de su pueblo. Se calcula que a mediados del siglo 20 uno de cada tres pobladores de Laguna Larga había pasado por sus aulas. A partir de la década del 30, la dupla Catalina-Tejerina sería inolvidable y trascendental para la población surgida a la vera de la laguna Cachicoya. En 1958 la señorita Catalina, la mujer con más hijos adoptivos del pueblo, murió en su querida localidad, donde hoy una calle céntrica y una escuela llevan su nombre.

 

Activismo cultural

La señorita Catalina Rodríguez ha dejado su impronta en Laguna Larga. Su obra no solo no se olvida sino que se sigue develando y reconstruyendo. Detrás de la mujer caritativa, siempre atenta a lo que el párroco necesitara, comandando el coro y la limpieza de la parroquia, poniendo cuerpo y trabajo donde hiciera falta para cubrir alguna necesidad; detrás de esa figura por la que siempre ha sido valorada en la comunidad, y detrás de esos actos tangibles e inmediatos, se puede vislumbrar el legado de una mujer activa que militaba implícitamente por derechos que a la luz de este siglo recién podemos comprender. El mandato social, en los años en que Catalina destinaba esfuerzos en capacitar y empoderar a mujeres, era el casamiento con el mejor postor, a fin de asegurarse un porvenir más allá de las elecciones que cada corazón pudiera señalar.

Un grupo de jóvenes autoconvocados de la localidad, rescatando esta faceta de la reconocida maestra, han denominado a su colectivo de activismo contracultural “Catalina Clandestina”.

“Le pedimos prestado la mitad de nuestro nombre a Catalina Rodríguez –dice el manifiesto del colectivo- maestra que en un contexto histórico comandado por hombres, se animó a tomar las riendas de nuestra comunidad educativa. Nos sentimos identificados con su lugar de lucha, el margen”. El grupo comenzó realizando actividades culturales a beneficio de escuelas y otras instituciones locales, con el tiempo consideraron la necesidad de un espacio físico estable y se propusieron poner en condiciones una casa abandonada que había sido, hace muchos años, la sede de una desaparecida cooperativa agrícola del pueblo. Presentaron un proyecto en el Concejo Deliberante y fueron dando vuelta la imagen física y funcional de la casa. La sesión en que se trató el proyecto quedará en el recuerdo por la cantidad de jóvenes que asistieron esa jornada, que terminó declarando a la casona gestionada por el Colectivo Cultural Catalina Clandestina (CCCC)  como “de interés municipal”. Luego de más de un año refaccionando el espacio, contando con la aprobación de gran parte de la comunidad y recibiendo colaboraciones y donaciones de los vecinos, en diciembre pasado inauguraron la casona y en marzo de este año comenzaron a desarrollarse talleres y actividades. El inmueble queda sobre la Ruta 9, cuenta con una sala principal (donde se dan las prolongadas y necesarias asambleas que fundamentan un movimiento motorizado por el consenso horizontal, apartidario y autogestivo), una biblioteca que ya supera los 1000 libros, una sala de ensayo, un espacio de lectura, una huerta comunitaria y se proyecta activar el funcionamiento de una radio. En la casona hay una feria de productores locales, dan apoyo escolar y talleres de historia, filosofía, telar artesanal y teatro. Los talleres culturales son a la gorra y lo recaudado se dona a alguna institución de la localidad.

 

Nuevos trapos 

A medida que nos acercamos a Laguna Larga empezamos a encontrar señales, guiños de su historia, atisbos de su identidad. Sobre el kilómetro 642 de la Ruta 9 un monumento recuerda aquel sangriento enfrentamiento entre unitarios y federales. Entrando al pueblo, un inmenso algarrobo declarado “árbol distinguido” por la Secretaría de Ambiente de la Provincia es el vestigio de lo que fuera la vegetación en aquellos años de guerra civil. Una vez dentro del pueblo, a ambos lados de la ruta, los clubes hacen referencia en sus muros al jugador de fútbol más importante que ha salido de las canteras lagunenses. En el corazón de la ciudad se encuentran los monumentos a las personas más destacadas, relevantes e influyentes de la localidad: el padre Manuel y la señorita Catalina. Las vías del ferrocarril trazando la línea divisoria, le dan el toque final: el peinado engominado, raya al medio, la estática imagen de presentación de una idiosincrasia empantanada.

Los talleres de filosofía e historia que propone el CCCC invitan a un revisionismo para atreverse a observar con detenimiento los cimientos de la identidad. La batalla de Oncativo, cómo se vivió la Dictadura en Laguna Larga, la diversidad sexual y la obra del padre Tejerina son algunos de los temas que se plantean intentando trazar apuntes para una sociología lagunense. Lo recaudado es a beneficio del Museo Cachicoya, que espera muy pronto reabrir sus puertas para hacer un aporte a esta saludable introspección.

Entre la ciencia y la religión, entre los capiangos y el liberalismo extractivista y fanfarrón; entre la moralina y el descontrol, y entre la “santa Catalina” y la clandestinidad, se encuentra la identidad de un pueblo activo que se debate entre la gomina y los raros peinados nuevos.